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vuelve stalin


[David Holley] Stalin de vuelta en su pedestal.
Moscú, Rusia. La última estatua pública de José Stalin en Moscú está abandonada en un cementerio posmoderno de los monumentos de la era comunista aquí, y le falta una parte de su nariz.
Pero a más de 800 kilómetros en la ciudad conocida antes como Stalingrado, el infame líder soviético está recibiendo más respeto.
Las autoridades en Volgogrado están planeando descubrir la próxima semana una estatua cuando Rusia celebre su 60 aniversario de su victoria sobre la Alemania nazi. Los partidarios del dictador lo ven simplemente como un reconocimiento debido del papel clave que jugó en la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, para los detractores la medida refleja una peligrosa y creciente infatuación con un tirano al que muchos rusos veneran como un símbolo de fortaleza -sin importar que haya matado a millones de sus propios ciudadanos.
"El retorno de Stalin al pedestal... significaría la rehabilitación política de uno de los dictadores más sangrientos de la historia moderna", declaró Memorial, una organización rusa de derechos humanos, sobre los planes del monumento de Stalin y otros líderes de tiempos de guerra en Volgogrado, donde se libró una de las batallas más críticas de la guerra.
A pesar de airadas críticas de un pequeño número de activistas demócratas en Rusia, Stalin parece estar ganando la partida a medida que el Kremlin se prepara para tres días de importantes eventos internacionales conmemorando el aniversario de la victoria de los aliados en Europa el 8 de mayo de 1945. Una de las famosas citas de Stalin sobre la guerra -"Nuestra causa es justa. La victoria será nuestra"- aparece prominentemente en los carteles de las celebraciones.
En la librería Reading City, una vitrina está llena de ejemplares de ‘Stalin: Throne of Ice', un comprensivo estudio del dictador. "Sin Stalin, ni esta Gran Victoria ni este país en general habrían sido posibles", dice el autor Alexander Bushkov. "Esos fueron tiempos heroicos, y no volverá a nacer gente como él".
La librería tiene unas dos docenas de títulos sobre Stalin, que refleja un agudo aumento en el interés en el último año, dijo Olga Patina, 24, dependienta.
"Es nuestra historia. No podemos cambiarla o deshacernos de ella", dijo. "Durante la guerra nuestras abuelas y abuelos lucharon y murieron con el nombre de Stalin en los labios.
"No creo que podamos encubrir a Stalin", agregó. "Por otro lado... tenemos que recordar que todos somos humanos, y que cometer errores está en la naturaleza del ser humano. Algunos cometen pequeños errores, y otros cometen grandes errores".
Una reciente encuesta del Centro de Investigación de la Opinión Pública de Rusia halló que la mitad de los encuestados tenían una visión favorable de Stalin, un 20 por ciento describiendo su papel en la vida del país como "muy positiva" y 30 por ciento calificándola "algo positiva". Sólo un 12 por ciento lo describió como "muy negativo".
En la Rusia de hoy, Stalin es una especie de chico de póster para los que favorecen un estado más fuerte y están enojados por la erosión postsoviética de la seguridad del trabajo y beneficios sociales pagados por el gobierno.
Alexander Prokhanov, que se define como estalinista y editor del diario nacionalista de izquierda Zavtra, dijo que el "renacimiento neo-estalinista" era sobre todo el rechazo de las medidas de liberalización lanzadas desde fines de los años ochenta, especialmente su efecto de arrojar a la pobreza a muchos segmentos de la sociedad.
"Cuando los ‘demócratas', los ‘reformistas', subieron al poder, destruyeron al estado fuerte", dijo Prokhanov. "La Rusia de hoy odia a esos reformistas y adora todo lo que destruyeron. En otras palabras, la gente quiere a Stalin justamente debido a que los reformistas lo odian".
Igor Dolutsky, autor de un libro de texto para la escuela secundaria prohibido por ser demasiado crítico tanto de presidente Vladimir V. Putin como de Stalin, dijo que los recuerdos populares del dictador constituían un muro que causaría grandes daños en el futuro.
"La esencia de este mito es que la violencia, el terror y la represión pueden ser usadas efectivamente para construir un gran país", Dolutsky dijo. "Creo que el retorno a las tradiciones estalinistas es en realidad peligroso".Putin se ha cuidado de no asociarse demasiado estrechamente con la nostalgia de Stalin. Pero él y otros a su alrededor todavía usan el simbolismo del estado fuerte, dijo Dolutsky.
Las estimaciones sobre el número de víctimas de Stalin varían ampliamente, pero la mayoría de los historiadores dicen que entre 10 y 20 millones de personas murieron en purgas, hambrunas, deportaciones y campos de trabajo como resultado de sus políticas desde que llegó al poder a mediados de los años 20 hasta su muerte en 1953. Además, la Unión Soviética sufrió al menos 20 millones de muertos entre soldados y civiles durante la Segunda Guerra Mundial.
Pocos rusos ignoran el hecho de que Stalin mató a enormes cantidades de personas. Pero para cada categoría de sus delitos existe una especie de explicación, que los que lo respetan a menudo interpretan al menos como una justificación parcial de sus actos.
Durante su vida la imagen de Stalin entre los ciudadanos era reforzada por medio del culto a la personalidad fomentado por un poderoso aparato de propaganda. Tres años tras su muerte, los crímenes de Stalin fueron denunciados por el líder del Partido Comunista Nikita Khruschev, y las omnipresentes estatuas de Stalin fueron retiradas.
Los rusos que respetan a Stalin le atribuyen no sólo el mérito de la victoria de la Unión Soviética en su titánica lucha contra la Alemania nazi, sino también por transformar a un débil país agrario en una superpotencia industrializada y con armas nucleares. Esos logros, dicen, superan sus errores.
"Durante Stalin había ley y orden, y la gente tenía un objetivo en la vida. Eso explica por qué la gente corriente realmente no sintió el peso de todas esas terribles represiones", dijo Karl Voinov, 82, ingeniero jubilado y antiguo funcionario del Partido Comunista. "Éramos patriotas, y podíamos ver que la vida del país estaba mucho mejor".
La encuesta del Centro de Investigación de la Opinión Pública de Rusia encontró las opiniones más favorables sobre Stalin entre los mayores de 60; 67 por ciento de ellos dijeron que su papel histórico era positivo. El menor apoyo ocurre en el grupo etario de 25-34, con un 38 por ciento considerándolo positivamente y un 47 por ciento críticamente. En el grupo etario 18-24, un 45 por ciento tenía opiniones positivas, en comparación con el 39 por ciento que lo miraba negativamente y un 16 por ciento sin opinión.
La falta de voluntad para condenar resueltamente a Stalin ha tenido repercusiones en la diplomacia del país, incluyendo la planificación de las celebraciones del aniversario.
Moscú espera recibir a unos 50 presidentes extranjeros y directores de organizaciones internacionales, incluyendo al presidente Bush, en los principales eventos del 9 de mayo -la fecha en que los rusos celebran el fin de la guerra y porque en la Unión Soviética ya era el día siguiente cuando se rindieron los alemanes. Una cumbre de la Comunidad de Estados Independientes, una floja agrupación de ex estados soviéticos, se celebrará el 8 de mayo, y se planea una cumbre entre Rusia y la Unión Europea el 10 de mayo.
Pero los preparativos se han visto agriados por la negativa de los presidentes de Lituania y Estonia a asistir a las celebraciones del Día de la Victoria. Ellos dicen que la derrota nazi fue seguida por una ocupación de décadas de sus países por tropas soviéticas -por la que Moscú se ha negado a ofrecer excusas.
El controvertido monumento que será erigido en Volgogrado muestra a Stalin con el presidente Franklin D. Roosevelt y el primer ministro británico Winston Churchill en la conferencia de Yalta en 1945. El bronce de 11 toneladas, cuyo molde ya se encuentra en un taller en San Petersburgo, será descubierto el 9 de mayo frente al museo de la Batalla de Leningrado, dijo Boris Usik, su director.
"Es muy difícil entender todo esta agitación sobre el monumento", dijo Usik. "Para nosotros simboliza un acontecimiento importante en la historia de nuestro país. No es que estemos ardiendo de deseo por jurar lealtad al pasado".
Pero Usik agregó que él pensaba que el período de Stalin salía favorecido en una comparación con los últimos 15 años en Rusia, especialmente en términos de desarrollo económico.
"La gente no tiende a asociar el nombre de Stalin con un régimen dictatorial y represiones", dijo.
Los retractores dicen que esto es así parcialmente debido a que no se ha hecho casi nada para transformar los sitios de los crímenes de Stalin en monumentos en memoria de sus víctimas.
Hay muy pocos lugares en Rusia hoy que honren la memoria de los que fueron asesinados por Stalin. Un proyecto está en un terreno de ejecuciones y sepultura cerca del pueblo de Butovo, 27 kilómetros al sur de Moscú. Ahora está bajo gestión de la Iglesia Ortodoxa Rusa.
Las ejecuciones tomaban lugar aquí "a una escala industrial" durante el Gran Terror, dijo el Padre Kirill Kaleda, que ayuda a supervisar la Iglesia de los Nuevos Mártires de Butovo construida en el sitio. "En algunos días ejecutaban a 500 personas o más".
Los archivos muestran que entre agosto de 1937 y octubre de 1938, durante el punto álgido de las represiones de Stalin, se ejecutó y enterró en Butovo a 20.765 personas, dijo Kaleda.
"La mayoría eran residentes de la región de Moscú, aunque podías encontrar gente ejecutada que venía de todo el mundo, incluyendo a Estados Unidos", dijo.
"Cuando vi la lista por primera vez, me asombró ver a mucha gente corriente entre los ejecutados -obreros, campesinos. Se ejecutó a políticos famosos, y a oficiales militares e intelectuales. Aquí ejecutaron a casi 1.000 personas debido a sus creencias ortodoxas".
Entre los asesinados estaba su abuelo, Vladimir A. Ambartsumov, un importante sacerdote ruso ortodoxo.
"Cuando nuestra familia descubrió que nuestro abuelo fue matado y enterrado aquí, participé en organizar una parroquia aquí y construir una iglesia", dijo Kaleda. "Descubrimos en 1989 que a mi abuelo lo habían asesinado, y en 1994 nos enteramos de que estaba aquí. Antes de eso, en los años cincuenta, nos dijeron que había muerto en 1943 de una enfermedad al riñón en un campo de trabajo".
Le horroriza la posición de que todo esto esté de algún modo justificado. La nostalgia por Stalin, dijo, "es simplemente demencia".

2 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
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