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nacionalismo en europa


[Daniel Williams y Craig Whitlock] Enciende la rebelión en la Unión Europea. Para muchos, la identidad lleva precedencia sobre la unidad.
Roma, Italia. Al borde del mercado abierto de Campo de' Fiori, la pregunta que se hacía Ruggero Ruggeri, un tendero de 70 años, era esta: ¿Qué sabe alguien de la Comisión Europea en Bruselas sobre buffalo mozzarella, un producto genuino italiano?
Los tenderos italianos quieren su queso fresco flotando en salmuera, que lo mantiene húmedo, explicaba Ruggeri la semana pasada. Y quieren poder decir a su tendero cuánto cortar de las perlinas ‘trenzas' del queso.
En lugar de eso, debido a las reglas de la Unión Europea que entraron en vigor hace dos años, el mozzarella debe ser empaquetado en plástico con la fecha de caducidad estampada por todas partes. "El mozzarella pierde todo su sabor en una bolsa de plástico", dijo. "¿Y cómo cortarlo a pedido del cliente? Nuestros clientes se han quejado. A la gente ya no le gusta".
Un resentimiento similar está resonando en toda la Unión Europea EU en estos días cuando el bloque se enfrenta a la rebelión dentro de sus fronteras de gente que dice que se ha hecho demasiado grande, demasiado rápido y se ha convertido en ingobernable ahora que supervisa a 25 países con una población de más de 450 millones de habitantes. Las objeciones varían de país a país, pero se suman a la misma cosa, al deseo de poner freno a más de 50 años de integración.
En Francia, los votantes rechazaron el 29 de mayo una propuesta de constitución europea con 55 contra 45 por ciento. Tres días después en Holanda, otro miembro fundador del bloque cuando se formó en 1952, fue rechazada por un 62 contra 38 por ciento de los votos. Pocos votantes han en realidad leído el voluminoso documento, pero el voto al ‘No' fue un modo de protestar contra la integración que ha sido el proyecto mascota de las elites políticas durante medio siglo, pero que ha sido rara vez expuesto a la ciudadanía.
Muchos de los opositores de la constitución dicen que ellos son partidarios de una Europa unida. Ha hecho más fácil el viaje entre fronteras, y ha proporcionado la conveniencia de una moneda común en 12 países. Mucha gente cree que ha contribuido a subir su nivel de vida entre los más altos del mundo y a mantener la paz entre los países miembros durante más de medio siglo.
Pero los opositores se inquietan de que el proyecto de uniformidad amenaza las costumbres locales y peculiaridades culturales que consideran parte de su modo de vida.
En Francia los votantes al ‘No' a menudo dijeron que estaban convencidos de que la UE impondría lo que es conocida con sorna como la economía anglosajona a todos sus miembros, desmantelando completamente el estado de bienestar francés con su énfasis en la conservación del empleo y una generosa red de seguridad social.
Para otros opositores, el problema era la inmigración. Creen que las minorías musulmanas de sus países son ya demasiado grandes y que la constitución finalmente abrirá el camino para la integración de Turquía, un país predominantemente musulmán de 70 millones de habitantes.
Otras preocupaciones son provinciales, pero despiertan sin embargo emoción. Algunos húngaros, por ejemplo, temen que la UE sobrecargue de medidas que han empleado tradicionalmente para alimentar forzadamente a los gansos para producir foie grass. En España, la gente teme que un mandato de la UE prohíba las corridas de toro.
"Todas las reglas de la UE cambiaron el modo en que hacemos negocios", dijo Ruggeri, cuya tienda en Roma es un monumento histórico.
El hombre con delantal blanco que atiende el mostrador de quesos y carnes dijo que no sabía de ninguna epidemia que resultara del modo tradicional de vender mozzarella que justificara los reglamentos sobre el empaquetamiento.
"Luego está el bacalao", se quejó. "Ya no lo puedes vender mojado y por piezas. Tendrá que ser seco y los clientes están obligados a remojarlos en casa".
Apenas estaba comenzando. "Ah, y cambiaron las reglas del mascarpone. Ahora hay que cortarlo y empaquetarlo en cantidades reglamentarias, como un cuarto de kilo, o medio kilo. Antes lo teníamos a la mano, fundido, y sacábamos la cantidad que quisiera el cliente".
"En resumen, tengo una opinión negativa de la UE", dijo Ruggeri. "Quiero que Italia se retire. No sé qué hemos ganado, aparte del pasaporte de la UE".

Cafeterías de Hachís Holandesas
Arian Klunder, 26, tiene la costumbre de fumar porretes en su trabajo en Amsterdam. Su patrón, de hecho, lo alienta a colocarse con los clientes. Es un privilegio que se obtiene con ser el encargado de la cafetería Kadinsky, uno de los muchos bares de marihuana y hachís que contribuyen a la reputación de extrema tolerancia de la ciudad holandesa.
Los coffee shops, como se conocen los locales donde se vende hierba, son técnicamente ilegales, pero han sido toleradas durante largo tiempo por el gobierno holandés. Sin embargo, hace poco un escenario de pesadilla se ha extendido a través del colocón perfumado de hachís. ¿Podría la UE obligar a Holanda a reprimir sus propios y apreciados antros de drogas?
Aunque funcionarios holandeses han dicho a sus ciudadanos que no se preocupen, la mera idea de que unos burócratas de la Comisión Europea en Bruselas puedan interferir con su sustento fue suficiente para persuadir a Klunder, 26, a votar contra la constitución europea propuesta. "Incluso la posibilidad de que eso pueda pasar es razón suficiente para decir No", dijo.
Los opositores holandeses también especularon que la UE podría eventualmente anular las permisivas políticas del país sobre el aborto, la eutanasia y el uso de drogas.
Legisladores locales que hicieron campaña a favor de la constitución trataron de tranquilizar a los votantes de que la soberanía del país no estaba en peligro. "Cada país tiene su propia cultura, cada país su propia identidad nacional. Bruselas no afecta eso, y justamente", escribió el ministro de Justicia Piet Hein Donner en una carta pre-electoral al diario De Volkskrant.
Pero muchos votantes no fueron convencidos, incluyendo a Klunder. Observó que la constitución erosionaría principios permanentes de la UE de que un solo país pueda bloquear la legislación. Un país pequeño como Holanda quedaría a merced de sus vecinos, dijo. "Holanda tiene una voz muy pequeñita".
"Si cierras los coffee shops en Amsterdam, la economía se hundiría", agregó. "No se trata solamente de mochileros con tres dólares en los bolsillos. Hay hombres de negocios y gente corriente que vienen aquí a relajarse y a fumar un porrete y gastar dinero. Podríamos hacer dinero con queso y tulipanes, pero los coffee shops son mucho más rentables".

La Libra Británica
Los refunfuños financieros contra la UE resuenan en Gran Bretaña, que hasta el momento ha resistido los llamados a abandonar la libra esterlina a favor del euro.
Tim Martin, 50, fundador de JD Wetherspoons -una cadena de 650 bares en todo el Reino Unido-, financió hace cuatro años una campaña de 70.000 dólares contra la propuesta de que Gran Bretaña adoptara el euro. El dinero pagó miles de posavasos, jarras y carteles que mostraban el símbolo del euro y el lema: "Apuntemos".
Su oposición no ha disminuido. ¿La fuente de su resentimiento? Los recuerdos de la crisis monetaria de 1992, cuando la libra británica y otras monedas europeas, asociadas en un intento pre-europeo de regulación de las tasas de cambio, bajaron fuertemente de valor.
"Ese año habíamos duplicado nuestros beneficios, pero los bancos tuvieron pánico y empezaron a suspender todos los préstamos", recordó. JD Wetherspoons sobrevivió y se ha expandido desde entonces, pero el episodio dejó a Martin con una profunda desconfianza de la integración económica. "Yo no soy economista, pero soy pragmático" dijo en una conferencia telefónica. "Y no puedo ver que una sola moneda funcione alguna vez si no hay un solo gobierno que la administre y con atribuciones de recaudación de impuestos".
En estos días, los británicos están entre los más declarados escépticos de una mayor consolidación europea. El primer ministro Tony Blaur ha jurado convocar a un referéndum sobre la constitución europea en el curso del próximo año, pero ha restringido sus planes desde que franceses y holandeses rechazaran la constitución.
Hace una década mucha gente en Gran Bretaña vio la adopción del euro como algo inevitable, pero Martin dijo que la marea había cambiado. "Ahora hay un cambio", dijo. "La gente dice que no la quieren. Están hasta la tusa con Europa".

Whitlock informó desde Amsterdam. Glenda Cooper en Londres también contribuyó a este reportaje.

10 de junio de 2005
6 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh

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