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huérfanos en rumania


[Elisabeth Rosenthal] Una nueva ley para "la protección y fomento de los derechos del niño" no ha hecho nada para proteger a Vasile, un niño de 7 años que ha vivido toda su vida en un orfelinato de Botosani.
Bucarest, Rumania. Hace más de dos años, Becky Hubbell, un gerente farmacéutico de Overland Park, Kansas, presentó los papeles requeridos para adoptar al niño de ojos grandes y pelo negro, al que ella y su marido habían conocido durante las misiones médicas aquí.
Pero antes de que completara el proceso, el gobierno aprobó su nueva ley sobre el bienestar del niño, que en lo esencial prohíbe las adopciones internacionales.
La medida ha dejado a cientos de familias sin los niños que contaban como propios. Más importante, dicen los detractores, la amplia ley deja a miles de niños rumanos abandonados empantanados indefinidamente en instituciones o con padres adoptivos.
"Tienes un hijo en tu corazón y has hecho todos los trámites y está claro que el niño también quiere una familia", dijo Hubbell. "Pero para Vasile, el tiempo está pasando sin la estabilidad de una familia. Y eso es más difícil de compensar".
Cuando en 2002 los funcionarios en Bruselas exigieron que Rumania que pusiera orden en el caótico y a veces corrupto sistema de bienestar del niño como condición para su admisión en la Unión Europea, los políticos rumanos saltaron a la palestra. La Ley 272, escrita en colaboración con asesores de la Unión Europea, busca terminar con décadas de mala gestión en sólo unos años, con leyes que muchos opositores dicen ahora que eran rígidas y poco prácticas.
En respuesta a las críticas de que los huérfanos estaban creciendo en instituciones estériles, el gobierno ordenó que ningún niño menor de 2 podía vivir en una; la nueva ley, observó, favorecía la reunificación de los niños con sus familiares biológicos, o colocarlos en familias de acogida. En respuesta a cargos de que las adopciones extranjeras eran tan mal gestionadas que a veces parecía tráfico de niños, el gobierno declaró que no habría más.
Los expertos aplaudieron el objetivo principal: estimular a las familias rumanas a seguir juntas y poner fin a una tradicional práctica de abandonar a los niños no deseados. Pero muchos defensores de los niños dudan que este pobre país, apenas 15 años después de una brutal dictadura, sea capaz de encontrar buenas condiciones de vida para su enorme población de niños huérfanos y abandonados. Muchos niños actualmente en orfelinatos y hospitales, dicen, se quedarán estancados.
"Hay buenas intenciones detrás de la ley -proporcionar más asistencia a las madres, mantener a los niños fuera de instituciones- y todos creíamos que el sistema necesitaba más normas", dijo Gabi Mihaela Comanescu, directora de programas de la Fundación Pro Niños de Rumania.
"Pero hay problemas. Por ejemplo, hay niños de más edad que son igual de adoptables que siempre, pero no hay nadie que los quiera adoptar ahora. También, la ley dice que los niños abandonados menores de 2 deben vivir en hogares adoptivos, pero por lo que sé no hay suficientes".
El resultado no intencionado es que los niños abandonados están pasando ahora sus primeros preciosos años en un pabellón de hospital. Cerca de 10.000 niños son abandonados anualmente en hospitales, de acuerdo a un nuevo estudio de Unicef, y cerca de 50.000 niños están a cargo del estado.
La inusual tradición rumana de abandonar a los niños empezó en 1966 con la prohibición del control de la natalidad por Nicolae Ceausescu, el antiguo dictador, para aumentar la población. Dentro de un año, las mujeres empezaron a abandonar a sus hijos no deseados en orfelinatos y hospitales del estado. Su lógica era que "el gobierno los quería, así que el gobierno debería criarlos", de acuerdo al informe de Unicef.
El abandono de niños ha continuado en el mismo nivel durante 40 años, dijo Pierre Poupard, director de la oficina de Unicef en Bucarest, aunque el control de la natalidad está ahora ampliamente disponible en la Rumania post-comunista. Ahora, las madres abandonan a sus bebés porque no pueden criarlos.
Antes de que la Ley 272 entrara en vigor el 1 de enero, políticos de Francia, Italia y Estados Unidos, entre otros, presionaron enérgicamente al gobierno para que reconsiderara la prohibición sobre las adopciones internacionales, o al menos permitiera los casos cuya tramitación ya había empezado. En enero el nuevo primer ministro rumano, Calin Popescu-Tariceanu, dijo que "no olvidaré a las familias extranjeras" que habían iniciado los trámites para adoptar a niños rumanos. Sin embargo, hasta la fecha no se ha hecho nada.
De acuerdo a la Oficina de Adopciones rumana, en 2002, 467 bebés fueron adoptados por extranjeros, aunque ya estaba en efecto una moratoria parcial. Antes de eso, varios cientos de niños rumanos fueron adoptados anualmente por familias de Italia, Francia, Israel y Estados Unidos, según grupos de adopción en esos países. Hoy la cifra es cero.
En lugar de eso, a los funcionarios municipales de bienestar del niño se les exige "reintegrar o integrar a los niños a sus familias biológicas o extendidas o colocarlos con una familia adoptiva rumana", dijo Theodora Bertzi, director de la oficina de adopción.
Nuevas familias están siendo preparadas para la adopción para satisfacer esa necesidad, dijo. Se está alentando a parejas rumanas (o abuelos que viven en el extranjero) a adoptar a niños indeseados. Los orfelinatos, llamados ‘centros de colocación', acogen a niños mayores de dos años cuando no cuentan con una familia.
Florin Catanescu, 28, se crió en esos centros después de ser abandonado al nacer por su madre esquizofrénica. Guapo y articulado, lleva su pasado en un pequeño álbum fotográfico decorado con las brillantes pegatinas de un niño. Se muestra escéptico sobre la Ley 272, al menos a corto plazo.
"Simplemente no creo que haya suficientes recursos en nuestro país para esta nueva ley, y las actitudes no cambian tan rápidamente", dijo Catanescu, que está fundando una organización no-gubernamental que ayuda a los niños que salen del centro a integrarse en la sociedad: encontrar trabajos, alquilar apartamentos, pedir un menú en un restaurante. "Los niños se quedarán estancados -todavía hay muchas familias que abandonan a los hijos".
Debido a que tantos niños son abandonados por razones económicas, siguen teniendo contacto con sus madres, incluso si viven en los orfelinatos durante años, haciendo difícil definir su condición familiar.
Bajo la antigua ley, si una madre desaparecía por más de seis meses, el niño podía ser dado en adopción. Pero la nueva ley, con su énfasis en la mantención de las familias biológicas, estipula que el derecho de la madre a su hijo es indefinido, y se extiende durante años de separación.
Para que un niño sea dado en adopción, la madre debe firmar un documento terminando formalmente la relación, lo que es imposible en casos como el de Vasile, en el que la madre ha desaparecido hace tiempo. Otros familiares deben también rechazar al niño.
En el Complejo de Servicios Comunitarios Sunbeam, un centro de colocación a 96 kilómetros de Bucarest, 15 de los 16 niños (de edades entre 4 a 9) han tenido contacto con sus familias biológicas. Una niña, de 4, es técnicamente adoptable. La ordenada casa de dos pisos, entre campos polvorientos, es mucho mejor que los enormes e impersonales orfelinatos que hizo del sistema de bienestar del niño de la Rumania comunista alto tan infame.
Una tarde reciente, jóvenes residentes se entretenían dibujando sobre mesas bajas y jugando con bloques. Pero antes de la Ley 272, cinco niños al año eran adoptados por familias extranjeras, dijo Letitia Stefanescu, la directora de la residencia.
La nueva ley "tiene muchos aspectos positivos", dijo Stefanescu, como ofrecer información preventiva y ayuda económica a jóvenes madres que pensaran abandonar a sus bebés. Pero reconoció el lado negativo de los niños a su cuidado: "Las adopciones internacionales les dieron la posibilidad de tener una familia".
Una bonita niña de 9 con trenzas, que sólo puede ser identificada como M.S., dijo: "Me gusta estar aquí, pero me gustaría más estar con mi mamá". La madre de la niña, que vive cerca, no la ha visitado durante años.
Stefanescu tiene fe en que los defectos del nuevo sistema sean solucionados: Nuevos programas alentarán u obligarán a algunas madres a recoger a sus niños abandonados; otros niños encontrarán hogares adoptivos. Tiene la esperanza, dijo, de que la niña de 4 sea adoptado por rumanos, incluso si tradicionalmente ellos no adoptan niños.
El informe de Unicef dijo que era crucial tomar medidas para prevenir abandonos futuros, como permitir a las madres a empezar a alojar con sus recién nacidos para fomentar el vínculo y prevenir el abandono.
Becky Hubbell, que pasa las vacaciones trabajando como voluntaria del orfelinato de Botosani, dice que está muy bien que el gobierno esté ayudando ahora a mantener juntas a las familias. Pero entretanto, dijo, "hay niños como Vasile, que no tienen otra opción que su adopción en el extranjero.
"Ya estamos ayudando a mantenerlo", dijo. "Seremos su familia, pase lo que pase".

18 de julio de 2005
23 de junio de 2005
©new york times
©traducción mQh

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