Blogia
mQh

libertad y terrorismo


[Richard Bernstein] ¿Qué es la libertad de expresión, y qué el terrorismo? En cuatro países hay nuevas leyes de dudosa constitucionalidad.
Berlín, Alemania. Los predicadores musulmanes radicales han odiado a Occidente durante décadas -al menos desde que el escritor egipcio Sayyid Qutb visitara Estados Unidos a fines de los años cuarenta y aborreció de lo que vio. Y, sin embargo, en estos días, Occidente hace frente a algo más bien nuevo para preguntarse colectivamente: ¿Qué hacer con los imanes que viven en Londres, París, Roma y otras ciudades occidentales que predican el asesinato de los no creyentes?
En realidad, el difunto Qutb mismo, que sigue ejerciendo una enorme influencia en el mundo del islam radical, puede haber odiado lo que llamaba el "primitivismo" del Occidente y considerarlo una amenaza para la civilización, pero nunca llamó al terrorismo.
No se puede decir lo mismo de muchos de los Qutbs de los últimos días, que han llegado a Occidente para insultarlas. Ahí está, por ejemplo, el caso de Abu Qatada, conocido también como Omar Mahmoud Abu Omar, el que, de acuerdo a investigadores españoles, es el "embajador en Europa" de Osama bin Laden.
Qatada y al menos una docena de otros, representan algo nuevo y, ciertamente desde los atentados de Londres el mes pasado, algo extremadamente peligroso: residentes musulmanes en Occidente que han importado una ira radical y auto-inmoladora de Oriente Medio a sus países de adopción, predicando la violencia y el odio, y, de acuerdo a varios gobiernos europeos, reclutando a veces soldados para la guerra santa.
¿Qué hacer con ellos? En toda Europa, los gobiernos han adoptado medidas conspicuamente severas contra los radicales en su medio, y están mucho más dispuestos que antes a deportarlos.
En Francia, Nicolas Sarkozy, ministro del Interior, anunció una política de "tolerancia cero" hacia los musulmanes que predican la violencia o reclutan hombres para guerras en otros lugares, como Iraq. La semana pasada, los franceses deportaron a Argelia a dos imanes, uno de los cuales, Reda Ameuroud, había sido arrestado antes en lo que se llamó una "operación antiterrorista preventiva" en un barrio de París que alberga a una mezquita conocido por la atracción que ejerce entre radicales.
Alemania, aunque de momento no ha sido blanco de ataques terroristas, ya antes de los atentados de Londres había iniciado una campaña contra los islamitas de los que se creía que estaban violando las estrictas leyes del país contra la incitación al odio racial. Hace un par de meses, por ejemplo, Alemania prohibió el grupo islámico Hizb ut-Tahrir y ha deportado discretamente a algunos de sus miembros.
Los portavoces del grupo niegan que prediquen el odio o que sean partidarios de la violencia, pero los alemanes están afligidos de haber cobijado sin saberlo a tres de los secuestradores del 11 de septiembre de 2001, miembros de una célula secreta de al Qaeda en Hamburgo. Solamente en Bavaria, de acuerdo a informes publicados, desde noviembre de 2004 se ha expulsado a 14 "extremistas y predicadores del odio".
Algunos abogados y activistas de derechos humanos dicen que la Convención Europea de Derechos Humanos prohíbe enviar a alguien a países donde pueden ser maltratados, torturados o condenados a la pena de muerte.
Y aunque Gran Bretaña se encuentra en medio de conversaciones con 10 países musulmanes, incluyendo a Jordania, Argelia y Marruecos, para asegurarse de que los deportados reciban un trato humanitario, defensores de derechos humanos y portavoces musulmanes moderados han criticado la ausencia de garantías para asegurarse de que no se les maltratará.
Más allá de eso, esos grupos se preguntan: en la represión de los radicales, ¿no están las democracias violando sus propios valores y, de este modo, otorgando una victoria no intencionada a los terroristas?
Un objetivo de los terroristas es provocar respuestas que intensificarán la ira del mundo musulmán. La réplica a este argumento es que el odio ya existía, y no se debe admitir que fomenten la violencia contra los países mismos que les han dado refugio.
Aquí haremos una revisión de cómo cada país está tratando a sus extremistas.

Gran Bretaña: Farsa Después de la Represión
Los terroristas del 7 de julio que se suicidaron, matando a 52 víctimas, a bordo de tres vagones del metro y un autobús de dos pisos, no deben haber imaginado que su acción provocaría una transformación de las opiniones de los británicos sobre el contraterrorismo y las libertades civiles.
Las reglas han cambiado. Y también el país.
Entre el montón de leyes antiterroristas anunciadas por el primer ministro Tony Blair antes este mes, había medidas destinadas a erradicar a los extremistas, incluyendo la amenaza de cerrar mezquitas, la deportación de clérigos fundamentalistas extranjeros y la posible extensión del período de detención sin cargos, de 14 días a tres meses.
Algunas organizaciones islámicas serán prohibidas. Se hará un listado de predicadores islámicos no bienvenidos, de fuera del país y, dentro, de sitios en internet, centros y librerías militantes, dijo Blair.
El gobierno anunció planes de montar "tribunales especiales" que sesionarán en secreto para decidir si se puede extender la detención sin cargos, utilizando evidencias que son inadmisibles en un tribunal normal. Y Charles Clarke, el ministro del Interior, anunció después de una serie de redadas en la madrugada de que se detuvo a 10 personas que serán deportadas, un proceso que podría tomar meses si los detenidos apelan la orden de deportación. El gobierno no dará a conocer su identidad ni explicitará sus supuestas faltas.
La mayoría de los deportados han sido detenidos en la prisión de Belmarsh desde poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, cuando Gran Bretaña aprobó una ley que permite la detención indefinida sin cargos, de nacionales extranjeros sospechosos de estar implicados en actividades terroristas.
Entre los detenidos, según abogados, se encontraba Abu Qatada, un jordano de origen palestino que ha sido mencionado como el guía espiritual de los atacantes del 11 de septiembre.
Otros prominentes clérigos se han metido en líos con leyes diferentes. Abu Hamza al-Masri, nacido en Egipto, es buscado en Estados Unidos por cargos relacionados con el terrorismo y puede ser extraditado. Y el jeque Omar Bakri Mohammed, nacido en Siria y fundador del grupo supuestamente disuelto de Al Muhajiroun, fue detenido la semana pasada durante una visita al Líbano. Bakri posee la doble ciudadanía siria-libanesa. Una vez que salió de Gran Bretaña, las autoridades utilizaron leyes existentes para revocar sus derechos de residencia en Gran Bretaña y prohibir su retorno.
Blair también quiere mayores poderes para prevenir el terrorismo. Ha dejado en claro que las autoridades británicas harán un mayor uso de "órdenes de control" -semejante al arresto domiciliario- e introducirá los nuevos delitos automáticos de ensalzar, preparar o incitar a cometer actos terroristas, independientemente de la nacionalidad del transgresor.
Blair también ha dicho que prohibirá a varios grupos militantes, incluyendo a Hizb ut-Tahrir, que aboga por el establecimiento de un califato islámico, aunque dice que sus métodos son pacíficos, y los "grupos sucesores" de Al Muhajiroun.
Las medidas contra los musulmanes británicos serán un test de la severidad con la que quiere actuar Blair. Desde ya, tres aliados británicos de Bakri han hecho declaraciones que pueden violar las nuevas leyes.
Abu Uzair, líder de la Secta del Salvador -sucesora de Al Muhajiroun- ha declarado en televisión que "la bandera de la yihad se ha izado en el Reino Unido".
Anjem Choudary, amigo de Bakri y antiguo portavoz de Al Muhajiroun, calificó a los secuestradores del 11 de Septiembre, de "mártires espléndidos". [Alan Cowell]

Australia: Musulmanes Ponen Freno a Clérigo
Con una población en gran parte homogénea -92 por ciento de caucasianos; 65 por ciento de cristianos; menos musulmanes que budistas-, Australia parecería un lugar improbable para los extremistas islámicos. Pero después de los atentados de Londres, el primer ministro de Australia, John Howard, se ha unido a Gran Bretaña al sugerir que serán necesarias nuevas leyes para enfrentarse a los extremistas islámicos, incluyendo la deportación de clérigos que predican la violencia.
Pero de momento no ha seguido el ejemplo de Tony Blair, el primer ministro británico, con su represión de grupos extremistas. De hecho, el fiscal general de Australia dijo que el país no tiene de momento una justificación jurídica para prohibir al grupo radical Hizb ut-Tahrir, que ha llamado a atacar a las fuerzas de la coalición en Iraq. El grupo fue prohibido en Gran Bretaña, pero funcionarios australianos no tienen pruebas de que el grupo esté vinculado a los recientes atentados en Londres y otros actos de violencia. La presión para reprimir en Australia se ha visto en parte mitigada por los esfuerzos de musulmanes moderados, que son la inmensa mayoría, para vigilar a los fundamentalistas radicales.
El consejo de imanes de Melbourne prohibió a un conocido clérigo radical, el jeque Mohammed Omran, hablar con los medios de comunicación. Omran dice que los americanos mismos están detrás de los atentados del 11 de Septiembre, y niega que fueran musulmanes los responsables de los atentados de Londres.
"Deberías callarte un rato", le dijeron los imanes a Omran, de acuerdo al presidente del consejo, el imán Rexhep. Reflejando la opinión de muchos no-musulmanes en Australia, agregaron, de acuerdo a Rexhep: "Si no te gusta vivir aquí, nadie te obliga a que te quedes". [Raymond Bonner]

Italia: Deportación, y Más Deportaciones
El imán estaba casado con una mujer italiana llamada Barbara, aseguraba haberse reunido con Osama bin Laden y advertido que las tropas italianas en Afganistán e Iraq serían atacados con toda justificación. Y en noviembre de 2003, el imán, Abdel Kader Fadlallah Mamour fue deportado a su nativa Senegal desde su casa en las cercanía de Turín -la primera vez que Italia utilizó una ley que permite la expulsión de los imanes radicales. Otros siete musulmanes más, clasificados de extremistas, fueron expulsados, en la represión en Italia después de que en un atentado en Iraq murieran 19 soldados italianos.
La ley en Italia, un país con toda una historia de terrorismo doméstico, ha permitido desde 1998 la expulsión de imanes radicales, y desde 2003 el país ha usado esa ley para enviar a casa en Senegal, Argelia, Marruecos y Túnez a sospechosos, de acuerdo a documentos del ministerio del Interior. Pero las nuevas leyes antiterroristas aprobadas el 21 de julio tras los atentados de Londres, anticipan una política de expulsión más agresiva: Extiende el derecho de expulsión a los prefectos regionales, que son los principales personeros del ministerio del Interior en las provincias italianas. La semana pasada, la prensa informó que el ministerio estaba preparando la expulsión de otros seis radicales. Las leyes atacan específicamente la difusión del odio, en contraste con el delito mayor de participación en actos terroristas. Permiten la expulsión sobre la base de "proselitismo o difusión de mensajes del fundamentalismo extremista", dicen los documentos del ministerio. Desde los atentados de Londres, y en medio de una acrecentada vigilancia de las mezquitas, Italia parece estar actuando más rápidamente contra personas que residen ilegalmente en el país. El 2 de agosto, ocho palestinos a los que las autoridades clasificaron de ser predicadores fundamentalistas fueron expulsados de cerca de la ciudad de Perugia por no tener documentos adecuados para vivir o trabajar en Italia.
En el pasado Italia no se ha mostrado aprensiva a la hora de expulsar a extranjeros. Con la fuerte oposición de grupos de derechos humanos, el año pasado el país empezó inmediatamente a enviar a casa a la mayoría de los miles de extranjeros que arriesgan sus vidas al cruzar cada verano mares traicioneros, en botes pequeños, desde el norte de África. La nueva ley antiterrorista aprobada en julio también permite pinchazos más agresivos y almacenaje de archivos telefónicos -medidas que han sido aplicadas en el pasado sólo contra sospechosos de ser de la mafia o de grupos terroristas italianos.
En un país con una vasta experiencia en la persecución de mafiosos, se ha hablado de luchar contra el terrorismo de la misma manera. Hay discusiones sobre ampliar el delito de conspiración, que ha sido útil para procesar a mafiosos aquí y en otros países, en investigaciones del terrorismo internacional. [Ian Fisher]

Canadá: Un Imán en un Limbo Legal
Canadá es el país del multiculturalismo -tanto así que Ontario está considerando si aceptar la ley de la sharia para la resolución de algunos asuntos familiares entre adultos consintientes.
Eso no es decir que Canadá se encoja de hombros ante los decretos de los imanes radicales. Canadá tiene severas leyes contra la predicación del odio, y la comisión del país que regula la radio y la televisión permitieron que Al Jazeera saliera al aire sólo si los distribuidores de televisión por satélite o cable supervisaban sus programas 24 horas al día. La agencia también permitió que las compañías de cable alteren o borren "comentarios abusivos" en programas de Al Jazeera.
Pero cuando se trata de los imanes, Canadá no ha actuado con tanta resolución, de momento. El jeque Younus Kathrada, un clérigo musulmán nacido en Sudáfrica que da sermones en una mezquita de Vancouver, consternó al país a fines del año pasado refiriéndose a los judíos como "hermanos de los monos y de los cerdos". En sermones publicados en el sitio en internet de la mezquita, dijo que todos los musulmanes, si se les permitía, se harían mártires y que el islam apoya una guerra santa para convertir a los no-creyentes, "de modo que la palabra de Alá sea la única".
El jeque Kathrada dijo que sus comentarios fueron sacados de contexto. Pero sus palabras son consideradas especialmente peligrosas después de que se revelara que un hombre que asistía a sus sermones fue supuestamente matado mientras luchaba junto a rebeldes en Chechenia.
Pero, ¿constituían sus palabras un delito? La policía de Vancouver empezó a investigar los comentarios como un posible delito de odio, y la pesquisa ha sido transferida a una unidad nacional especial de investigaciones antiterroristas. Todavía habrá que ver lo lejos que llegue la investigación. Los investigadores dicen que podría ser deportado de Canadá si se lo declara una amenaza para la seguridad, ya que es residente pero no ciudadano canadiense. Pero Kathrada fue citado en el diario The Toronto Star hace poco diciendo que la policía no lo había ni interrogado ni hablado con él.
Sin embargo, desde los atentados de Londres funcionarios canadienses han hecho comentarios cada vez más severos sobre los peligros de la seguridad, y una encuesta la semana pasada mostró que los canadienses son partidarios de medidas de seguridad más severas, por encima de las libertades civiles. El Globe y Mail y CTV concluyeron que un 72 por ciento de los canadienses apoyan la colocación de cámaras de video en lugares públicos, y un 81 por ciento favorece "la deportación o el encarcelamiento de cualquiera que apoye públicamente a los terroristas". [Clifford Krauss]

14 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh


0 comentarios