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terror kurdo y chií


[Anthony Shadid y Steve Fainaru] Residentes hablan de creciente clima de temor.
Basra, Iraq. Milicias chiíes y kurdas, que operan a menudo como parte de las fuerzas de seguridad del gobierno iraquí, son responsables de una ola de secuestros, asesinatos y otros actos de intimidación para consolidar su control de territorios en el norte y sur de Iraq y ahondando la división del país a lo largo de líneas étnicas y sectarias, de acuerdo a líderes políticos, familias de las víctimas, activistas de derechos humanos y funcionarios iraquíes.
Mientras diputados iraquíes disputan sobre la redacción de la constitución en Bagdad, fuarzas representadas por las milicias y los partidos chiíes y kurdos que las controlan están creando sus propias instituciones de autoridad, que no obedecen a gobiernos elegidos, dijeron activistas y funcionarios. En Basra, en el sur dominado por los chiíes, y en Mosul en el norte kurdo, así como ciudades y pueblos en sus cercanías, muchos residentes dicen que están indefensos frente al creciente poder de las milicias, que instilan un clima de temor que hace recordar a muchos la época del ex presidente Saddam Hussein.
Los partidos y sus brazos armados operan a veces independientemente, y otras veces como parte de unidades del ejército y policía iraquíes adiestradas y equipadas por Estados Unidos y Gran Bretaña y controladas por el gobierno central. Su creciente autoridad les ha permitido apropiarse de territorio, enfrentarse a los que perciben como sus enemigos y proporcionar protección a sus seguidores. Su surgimiento se ha producido debido al vacío de poder en Bagdad y su propio éxito en las elecciones de enero.
Desde la formación de un gobierno esta primavera, Basra, la segunda ciudad de Iraq, ha presenciado docenas de asesinatos, cobrándose la vida de ex miembros del partido gobernante de los baazistas, líderes políticos sunníes y funcionarios de partidos chiíes rivales. Muchos han sido cometidos por hombres uniformados en vehículos policiales, de acuerdo a líderes políticos y familias de las víctimas, y algunos de los cuerpos agujereados de balas son arrojados en la noche en un terreno cubierto de basura conocido como El Lote. El gobernador de la provincia dijo en una entrevista que las milicias chiíes han infiltrado la fuerza policial; un funcionario iraquí calculó que hasta un 90 por ciento de los agentes eran leales a los partidos religiosos.
En todo el norte de Iraq, los partidos kurdos han empleado una red previamente desconocida de al menos cinco centros de detención para encarcelar a cientos de árabes sunníes, turcomanos y de otras minorías, que son secuestrados y trasladados en secreto desde Mosul, la tercera ciudad de Iraq, y de territorios que se estiran hasta la frontera iraní, de acuerdo a dirigentes políticos y familias de los detenidos. Nominalmente bajo la autoridad del ejército iraquí respaldado por Estados Unidos, las milicias han golpeado y amenazado a funcionarios de gobierno y líderes políticos considerados enemigos de los intereses kurdos; un ensangrentado funcionario fue paseado en un camión por la ciudad, dijeron testigos.
"No veo ninguna diferencia entre Saddam y el modo en que los kurdos se están comportando aquí", dijo Nahrain Toma, que encabeza una organización de derechos humanos, Betnahrain, que tiene oficinas en el norte de Iraq y ha recibido varias amenazas de muerte.
Toma dijo que las tácticas estaban erosionando lo que quedaba de la credibilidad de Estados Unidos, debido a que las milicias operan bajo lo que muchos iraquíes consideran la bendición de las fuerzas americanas y británicas. "Nadie quiere tener nada que ver con los americanos", dijo. "¿Por qué? Porque le dieron el poder a los kurdos y a los chiíes. Los demás no tienen derechos".
"Ese es el problema", dijo Majid Sari, asesor en el ministerio iraquí de Defensa en Basra, que viaja con un séquito de seguridad de 25 soldados iraquíes escogidos. "Están tomando dinero del estado, están robando ropas del estado, están apropiándose de vehículos del estado; son leales a los partidos". Al que lo desapruebe, dijo, "lo encontrarás muerto en la calle al día siguiente".
Funcionarios británicos, cuya autoridad se extiende en Basra y partes del sur de Iraq, han calificado los asesinatos de "completamente inaceptables".
"Estamos conscientes de que las acusaciones de que hombres con uniformes de policía, sean policías de verdad o no, están cometiendo serios crímenes en Basra", dijo Karen McLuskie, un portavoz británico. "Estamos explicando nuestras preocupaciones a las autoridades iraquíes al más alto nivel.
"La Organización Báder, una de las milicias más poderosas del sur de Iraq y acusada de muchos de los asesinatos, negó toda participación en ellos. El jefe del grupo en Basra, Ghanim Mayahi, dijo que su organización solamente proporcionaba "apoyo y ayuda" a la policía con milicianos con armas livianas. "No hay ley, no hay orden y la policía tiene miedo de las tribus. Báder no tiene miedo y puede hacer frente a las amenazas".
En el norte, funcionarios kurdos reconocieron que sospechosos de terrorismo en toda la región han sido llevados a varios centros de detención kurdos, pero dijeron que la práctica fue iniciada por el gobierno iraquí con la autorización de las fuerzas armadas norteamericanas. "Es una cuestión de espacio; no hay dónde meterlos y aquí es seguro", dijo Karim Sinjari, ministro del Interior del Gobierno Regional del Kurdistán y un veterano funcionario del Partido Democrático del Kurdistán.
Sin embargo, en junio funcionarios norteamericanos negaron cualquier implicación y pidieron el fin de las "detenciones extrajudiciales". Un memorándum del ministerio de Asuntos Exteriores de la época advertía que los secuestros en la disputada ciudad de Kirkuk en el norte habían "exacerbado enormemente las tensiones a lo largo de líneas puramente étnicas" y amenazaban la posición de Estados Unidos.
Tanto en el norte como en el sur de Iraq, los partidos y sus milicias defienden sus tácticas como un modo de apuntalar la seguridad en un ambiente cada vez más descontrolado. En parte, dicen, su poder refleja su éxito en las elecciones nacionales y locales de enero, en las que el Partido Democrático del Kurdistán y su contraparte, la Unión Patriótica del Kurdistán, y el Consejo Supremo de la Revolución Islámica chií en Iraq y otros partidos islámicos ganaron abrumadoramente en sus regiones respectivas.
Pero los críticos acusan que están luchando por el control con las fuerzas de seguridad para reclamar la ocupación de hecho de territorio y autoridad, dividiendo efectivamente a Iraq incluso mientras los diputados en Bagdad negocian sobre la constitución permanente. "Tenemos la impresión de que nuestros hermanos islámicos quieren poder, independientemente de la ley e independientemente del estado", dijo Rahi Muhajir, que dirige el Partido Comunista en Nasiriyah, a 210 kilómetros al norte de Basra. "Quieren autoridad y se quieren quedar sobre bases permanentes".

Su Propia Justicia
En las calles de Basra, un gris y deprimente puerto de 1.5 millones de habitantes en las riberas del río Shatt al Arab, la fuerza de policía local de 13.600 hombres se ha convertido tanto en un instrumento de temor como de seguridad. Mohammed Musabah, el gobernador de Basra, reconoció que la policía estaba infiltrada por los partidos religiosos, el más poderoso de los cuales es el Consejo Supremo. Su jefe de policía, Hassan Sawadi, fue más lejos. Dijo a un diario inglés, el Guardian, que había perdido el control de tres cuartos de su fuerza policial y que los milicianos dentro de sus filas estaban usando sus posiciones para asesinar a los opositores. Poco después, dijo Musabah, el ministerio del Interior prohibió a Sawadi volver a hablar en público.
Desde mayo los dirigentes políticos estiman que en Basra se han cometido unos 65 asesinatos. Entre ellos estaba el de un teniente coronel en el ministerio de Defensa, un agente de policía de la era del Partido Baaz, un comerciante con lazos con el gobierno de Hussein, dos profesores universitarios y un funcionario municipal que había tratado de combatir la corrupción. También fue asesinado un periodista norteamericano, pero las circunstancias son poco claras.
Musabah, cuyo propio partido islámico Fadhila se cree que tiene una creciente influencia en la fuerza de policía, dijo que había emitido nuevas órdenes para tratar de identificar los coches policiales usados en los asesinatos: Los vehículos deben llevar al lado unos grandes números, y no pueden utilizar cristales teñidos. Trató de desbandar a dos de los grupos más notorios -la policía de inteligencia y asuntos internos-, aunque agentes de menor rango dijeron que todavía operan como una fuerza encubierta en la dirección de la Organización Báder, el brazo armado del Consejo Supremo.
Muchos residentes de Basra dicen que el poder sigue en manos de los que tienen armas. Dicen que los partidos políticos -el Consejo Supremo y el partido Fadhila en particular- se dan cuenta de que ejercer poder sobre la policía es el modo más seguro de obtener influencia y combatir a los rivales.
"Los partidos ejercen su poder a través de las fuerzas de seguridad para imponer sus opiniones políticas", dijo Jamal Khazaal, dirigente del Partido Islámico Iraquí sunní en Basra, que lleva una pistola y viaja con una escolta armada. "El jefe de policía ya no puede controlar a sus propias fuerzas. Ya no es un secreto".
Ammar Muther, miembros de la Policía de Fronteras iraquí desde hace 30 años, trajo a su padre desde la ciudad de Amarah, a 180 kilómetros de Basra, en diciembre. Su padre, un antiguo baazista e ingeniero de misiles en la guerra de Irán-Iraq de 1980-1988, Muther Abadi, había escapado una vez a un intento de asesinato por policías de Basra, que viajaban hacia Amarah en dos furgonetas. Muther pensó que su padre estaría más seguro con él en su casa en Basra.
Un frío día de es mes, recordó Muther, estaba en el centro de la ciudad cuando sonó su móvil. Era su cuñado, y sus palabras sonaron urgentes y cortantes. "Ven inmediatamente a casa", le dijo a Muther entonces.
Cuando Muther llegó, su padre había muerto. Seis policías uniformados con máscaras negras habían entrado a su casa, le dijeron sus familiares. Pusieron una pistola contra la cabeza de su esposa y la encerraron, con su madre y los niños, en el dormitorio. El padre trató de escapar, pero la policía lo capturó. Se agarró a la puerta cuando lo sacaban.
"Los vecinos se limitaron a mirar", dijo Muther. "¿Qué otra cosa podían hacer? Era la policía.
"Muther buscó a su padre secuestrado durante cinco horas en las calles de Basra. Cuando el sol se empezó a poner, abandonó la búsqueda y volvió a casa. Minutos después, un amigo entró corriendo a su casa, llorando. Había oído que el padre de Muther había sido asesinado.
Esa tarde, el cuerpo del padre fue encontrado en El Lote, entre latas oxidadas y botellas de agua. Le habían disparado cinco veces -dos en el pecho, dos en la cara y una vez en la sien.
"Impusieron su propia justicia", dijo Muther, secándose los ojos.

Un Laberinto de Prisiones
Los secuestros generalizados han impuesto el temor en todo el norte de Iraq y llevado a familias a desesperadas búsquedas de familiares que desaparecen en un laberinto de prisiones en el Kurdistán, la región semi-autónoma controlada por dos partidos kurdos. Informes sobre los desaparecidos se extienden a través de un arco que cruza las fronteras siria, kurda e iraní.
Hussein Saad Hussein, 60, dijo que había empezado a buscar a su hijo Amar en diciembre, después de que el trabajador de hotel de 33 años de Mosul fuera detenido en un allanamiento conjunto americano-iraquí, junto a otros tres hombres, incluyendo al sobrino y al cuñado de Hussein. Hussein dijo que no había oído nada durante semanas hasta que unos detenidos liberados le dijeron que habían visto a Amar en una cárcel en la ciudad kurda de Dahuk. Envió a su hija Sukaina a la prisión, pero allá "negaron que estuviera ahí", dijo Hussein.
En marzo, el Comité Internacional de la Cruz Roja, que supervisa las prisiones, envió cartas del sobrino y cuñado de Hussein. Las cartas estaban datadas el 15 de marzo y llegaron desde un centro de detención no en Dahuk, sino en Irbil, una ciudad dominada por el Partido Democrático del Kurdistán. "Dios sabe, y tú sabes..." escribió el sobrino de Hussein. Los censores habían borrado las otras palabras.
"Nota: Escribí esta carta en presencia de Amar", escribió el sobrino. "Está conmigo en el mismo cuarto".
Hussein envió a Sukaina a Irbil a buscar a Amar. "Ella les mostró las cartas", dijo Hussein. "Dijeron: ‘No, esa gente no está aquí'".
"Semanas más tarde, Hussein se enteró por detenidos liberados que Amar y los otros habían sido trasladados a otra cárcel en la ciudad balneario de Shaklawa, a 32 kilómetros al nordeste de Irbil. Sukeina encontró allá a su hermano. "Las condiciones son mejores en Shaklawa que en Irbil", dijo Hussein, seco. "Cuando duerme puede estirar las piernas".
Los kurdos tienen a los detenidos en prisiones en Irbil, Sulaymaniyah, Dahuk, Akrah y Shaklawa, de acuerdo a activistas de derechos humanos, dirigentes políticos y detenidos liberados.
Se desconoce el número total de detenidos. En junio, las fuerzas armadas estadounidenses dijeron que habían apuntado 180 casos solamente en Kirkuk; dirigentes políticos calcularon que había más de 500. Wisam al Saadi, director adjunto de la Organización Islámica por los Derechos Humanos, dijo que 120 familias de Mosul que buscaban a familiares el mes pasado habían presentado quejas. Nawazad Qadir, director de la sección en Irbil de la Sociedad de la Medialuna Roja, dijo que cientos de personas están detenidas en esa ciudad, y cientos más en otras cárceles.
Un ex detenido, Abdul Raheem Faraj, 41, un activista de derechos humanos de Mosul, dijo que fue detenido el 21 de noviembre en un allanamiento conjunto americano-iraquí en el centro de Mosul. Dentro de horas, dijo, los americanos le dijeron que lo consideraban inocente y pensaban dejarlo en libertad. Una hora después de eso, dijo, milicianos kurdos le vendaron la vista, lo metieron en el maletero de un sedán Opel y lo llevaron a Dahul. Dijo que había pasado allá seis meses y cuatro días, la mayor parte de las veces en un cuarto sin ventanas en un sótano en un centro controlado por la policía secreta kurda, la Asayesh.
"Violaron mis derechos. ¿A quién se supone que debo acusar?", dijo la semana pasada. "¿A los americanos? Son los americanos los que dieron a los kurdos la oportunidad de hacer esto".

Tienen las Armas
En todo el sur de Iraq el Consejo Supremo y otros partidos islámicos han consolidado su control de las ciudades a lo largo de los valles sureños de los ríos Tigris y Eúfrates a través de una mezcla de patronaje y coerción, dijeron vecinos y dirigentes políticos.
En Nasiriyah, el ayuntamiento dominado por los partidos islámicos que llegaron al poder en las elecciones de enero, decidió formar un nuevo batallón de policía de 287 miembros. Cada miembro del consejo debía nombrar a siete policías, dijo Muhajir, el dirigente comunista, dando a los partidos islámicos más fuertes una abrumadora mayoría. "La formación de la fuerza policial es para servir a los partidos", dijo.
En las ciudades del sur, dijeron varios dirigentes políticos, otros nombramientos en las fuerzas de seguridad, la defensa civil, la burocracia y las compañías de propiedad del estado exigen una recomendación del partido que puede costar entre 100 y 1.000 dólares.
"Los partidos se han convertido en negocios", dijo Khazaal, el líder de partido en Basra.
El lado coercitivo del poder de los partidos son las milicias. En ciudades como Nasiriyah, el Consejo Supremo y las fuerzas leales al joven clérigo Moqtada Sáer todavía mantienen fuerzas armadas que operan dentro de la fuerza policial e independientemente.
El Ejército Mahdi de Sáder, considerada la fuerza más poderosa en las calles, envió este mes lo que llama un batalló de 240 hombres a detectar coches-bomba en Suq al-Shuyukh, al sudeste de Nasiriyah. Se apostaron en las entradas, salidas y cruces de la ciudad durante 48 horas, dijo Ali Zaidi, el comandante de la milicia en Nasiriyah. "El Ejército Mahdi está en todas partes", dijo.
El Consejo Supremo ha actuado agresivamente para hacerse con el control de las fuerzas de policía en ciudades como Nasiriyah, Amarah y Diwaniyah, ayudado por el control del partido del ministerio del Interior en Bagdad.
En febrero, 70 hombres que pertenecían a su milicia atacaron el cuartel general del jefe de policía de Nasiriyah, el general Mohammed Hajami, en un intento de expulsarlo. Docenas de rondas de metralla y granadas hicieron agujeros en la fachada del edificio. Aunque Hajami calculaba que un 70 por ciento de sus hombres eran leales a los partidos islámicos y no a él, él y un puñado de leales rechazaron a los atacantes.
Dos meses después, Hajamo viajó a Italia para un curso de adiestramiento. Su séquito de seguridad tomó libre. Mientras estaba fuera, la milicia del Consejo Supremo volvió a aparecerse por su cuartel con cuatro furgonetas y un coche policial, recordaron sus ayudantes. Los milicianos irrumpieron en la oficina vacía de Hajami. Esta vez, y sin disparar un solo tiro, el Consejo Supremo instaló a un nuevo jefe de policía.
"Si controlan a la policía, controlan la ciudad. De momento, es el único poder", dijo el hermano de Hajami, Kadhim, un agente de policía. "Incluso si cae el gobierno, se van a quedar, porque tienen las armas.
"La milicia del Consejo Supremo, conocida antes como las Brigadas Báder, se ha vuelto a bautizar como Organización Báder. Sus dirigentes dijeron que se han convertido en una organización civil, aunque conservan armas ligeras. Conservan su estilo clandestino, incubado durante dos décadas de exilio en Irán. La sede de la milicia en Basra no tiene letreros; sus líderes se niegan a dar sus números de teléfono.

Una Movida para Dominar
Las detenciones en el área de Mosul aumentaron después de que la fuerza policial de la ciudad, de 7.000 hombres, se derrumbara durante una ofensiva insurgente en noviembre, de acuerdo a dirigentes políticos, activistas de derechos humanos y familiares de los detenidos.
Desesperado por imponer el orden, los militares norteamericanos han introducido a la experimentada milicia kurda, los pesh merga, bajo los auspicios del nuevo ejército iraquí. Además de velar por la seguridad, los milicianos han ayudado a los kurdos a tomar control de gran parte de la meseta de Nineveh, un árido llano con docenas de ciudades y pueblos que incluyen a cristianos asirios y caldeanos, turcomanos y una secta poco conocida de musulmanes chiíes que se llaman shabak.
Muchos soldados kurdos llevan, en las mangas de sus uniformes del ejército iraquí, un parche con la bandera nacional roja, blanca y verde del Kurdistán, con su emblema de un sol dorado. En la autopista a Mosul, los puestos de control del ejército iraquí exhiben abiertamente la bandera kurda.
Qaraqosh, un pueblo de 25.000 habitantes a unos 32 kilómetros al sudeste de Mosul, demuestra cómo aplican los kurdos su creciente poder en el norte. Los kurdos, según todas las informaciones, no constituyen más del 1 por ciento de la población. Pero los dirigentes políticos kurdos no han ocultado sus intenciones de dominio: "Bajo el parlamento y gobierno de la región del Kurdistán, los asirios, caldeos y turcomanos disfrutarán de sus derechos", dice una pancarta en la fachada de la sede del Partido Democrático del Kurdistán.
Luqman Mohammed Rashid Wardak, miembro del comité local del partido que tiene el sol kurdo tatuado en el empeine de la mano derecha, dijo que esperaba que Qaraqosh fuera cedida a los kurdos después de que el área "se normalice". Entretanto, dijo, "estamos presentando nuestras ideas políticas a la gente". Wardak dijo que el Gobierno Regional Kurdo ya ha distribuido 6.000 dólares a familias pobres. "Debido a que este área no pertenece oficialmente a la región del Kurdistán", dijo, "el dinero llega al partido y el partido les paga a ellos". El partido tiene una "fuerza de protección" de 700 hombres, y paga a los guardias 150 dólares al mes.
Pero cuando la largueza no basta, el partido utiliza la fuerza. El 5 de diciembre, funcionarios locales del partido ordenaron al director de la oficina regional de tierras, Bahnam Habeed, que desobedeciera una orden del gobierno central de distribuir parcelas de tierra a ex oficiales y soldados del ejército iraquí.
Habeeb, que se negó a ser entrevistado, dijo al partido que él podía paralizar la distribución sólo si recibía una orden de una "autoridad mayor" -sea el gobierno provincial en Mosul o el gobierno central en Bagdad.
Quince minutos después, cinco furgonetas llenas de milicianos aparcaron frente al edificio, de acuerdo a testigos. Los milicianos sacaron de su silla al barrigudo Habeeb, 53, y lo golpearon con sus puños y la culata de sus rifles, dijeron testigos. Los soldados lo colocaron cabeza abajo en el piso de una furgoneta, pusieron sus botas en su espalda y piernas y lo llevaron a dar un paseo "para mostrar a todo el mundo lo que habían hecho", dijo un testigo que pidió no ser identificado por temor a las represalias.
"No existe la ley", dijo un funcionario de 40 años del ministerio del Transporte, que estuvo detenido el mes pasado en Dahuk durante cinco días. El funcionario dijo que un agente kurdo lo acusó de "escribir en internet contra los kurdos".
"‘Libertad' y ‘libertades' son sólo palabras escritas en un papel", dijo. "La ley ahora es que el pez más gordo se come al más chico".

Fainaru informó desde Qaraqosh.

21 de agosto de 2005
©washington post
©traducción mQh

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