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[Henry Chu] El flujo de drogas plantea preguntas sobre la guerra de los dos países contra los narcóticos.
Cartagena, Colombia. Cada tantos días, una lancha rápida cargada con una o dos toneladas de cocaína sale desde algún lugar de la irregular costa caribe del país, encaminada hacia una entrevista en alta mar.
Allá, el precioso cargo es transferido a un barco pesquero anodino, que la lleva de contrabando a algún puerto en México, Haití u otro lugar. Luego, el cargamento prosigue viaje por carretera o mar hasta su destino final en las calles de Los Angeles, Nueva York y otras ciudades norteamericanas, donde recauda cerca de 100 dólares por gramo.

A veces, las autoridades colombianas y norteamericanas son informadas de la partida de alguna lancha por el radar u otros medios de inteligencia, y se puede montar una operación conjunta. Pero más a menudo, protegido por la oscuridad, la neblina y las agitadas aguas, el barco se escabulle -otra batalla perdida en la guerra del gobierno contra las drogas.
Después de varios años y billones de dinero de los contribuyentes americanos gastados en la lucha contra el tráfico de drogas, la cocaína sigue llegando desde Colombia a Estados Unidos en lo que parecen ser cantidades siempre crecientes, poniendo en entredicho la efectividad de las campañas antinarcóticos de los dos países.
Los correos de drogas han demostrado capacidad de adaptación e inteligencia a la hora de encontrar nuevas rutas para sus transportes, la mayoría de los cuales se realizan más bien por mar que por tierra o aire, dicen las autoridades.
Al mismo tiempo, un programa que empezó hace cinco años, de fumigación de las plantaciones de coca de Colombia, anunciado por el gobierno de Bush como un importante logro, ha tenido poco impacto en el suministro total, a juzgar por la disponibilidad y precio de la cocaína en las calles. Funcionarios americanos reconocen que el acceso a la cocaína, sus niveles de pureza y su precio en la calle siguen siendo los mismos.
Los desalentadores resultados se dan a conocer en momentos en que el gobierno de Bush se encuentra pidiendo una extensión de la ayuda del Plan Colombia, una estrategia de cinco años para combatir el tráfico de drogas que expira a fines de este año. Estados Unidos ha destinado unos 3 billones de dólares al proyecto, aumentando fundamentalmente la flota colombiana de aviones y embarcaciones militares y adiestrando a soldados y policías.
"El plan está dando resultados", dijo Bush a periodistas el mes pasado durante una visita a su rancho de Texas del presidente colombiano Álvaro Uribe, que pidió más dinero y apoyo para el Plan Colombia durante una visita a Washington la semana pasada.
Funcionarios de ambos países mencionan el número de cargamentos de cocaína requisados como prueba de que el Plan Colombia está produciendo sus frutos. Este años, fuerzas colombianas y americanas incautaron en agosto 45 toneladas de la droga en operaciones conjuntas, de las 33 toneladas del año pasado, dijo el almirante Alfonso Díaz, director de operaciones de la base naval colombiana de Cartagena, en la costa caribe. Separadamente, la marina colombiana requisó 23 toneladas adicionales hacia fines de agosto.
Pero Díaz reconoció que cerca de 420 toneladas probablemente eludieron a las autoridades en el mar este año, la mitad destinada a Estados Unidos. Sólo eso puede satisfacer dos tercios de la demanda americana calculada, que ha subido la década pasada, de acuerdo a un estudio nacional sobre el consumo de drogas publicado por el gobierno norteamericano el año pasado. Colombia, donde se cultiva el 75 por ciento de la coca, sigue siendo la principal fuente de cocaína de Estados Unidos.
Los crecientes esfuerzos tampoco han logrado traducirse en precios más altos en la calle, que es lo que debiera esperarse si el abastecimiento se redujera. En lugar de eso, un gramo de cocaína cuesta ahora menos, no más, que cuando se introdujo el plan Colombia en 2000, de acuerdo a la Oficina Nacional de Políticas de Control de Drogas de la Casa Blanca.
El zar de las drogas norteamericano, John P. Walters, dijo en un discurso el 31 de agosto que la campaña para erradicar las plantaciones de amapola han proporcionado al Plan Colombia algunos éxitos en su esfuerzo por reducir la pureza y aumentar el precio de la heroína, otra droga que proviene de Colombia.
Pero reconoció que, con respecto a la cocaína, "no hemos visto todavía los mismos cambios". La estabilidad del abastecimiento y del precio presenta un interrogante para funcionarios y expertos a la luz de los publicitados logros del programa de fumigación de la coca, que Estados Unidos ha financiado y promovido.
En junio, Naciones Unidas informó que la fumigación aérea había reducido a la mitad el área de tierra dedicada a la plantación de coca en Colombia, de 80.000 hectáreas en 1999 a unas 40.000 hectáreas en 2004. (Estados Unidos calcula que quedan unas 113.000 hectáreas). Las avionetas que arrojan glisofato, un herbicida común, zumban rutinariamente sobre plantaciones en estados como Putumayo en el sur de Colombia, donde se concentra gran parte de las plantaciones de coca.
Sin embargo, en un ominoso desarrollo, el informe observaba que la coca se plantaba ahora en 23 de los 32 estados, o departamentos, de Colombia, un país del tamaño de California y Texas juntos, lo que hace difícil la erradicación y la vigilancia.
"Rocían fuertemente en departamentos como Putumayo o Guaviare, pero entonces aparece en nuevos departamentos, como Meta", dijo Adam Isacson, analista en el Centro de Política Internacional de Washington. "Un montón de las nuevas plantaciones de coca en nuevas áreas no son detectadas".
Los campesinos pueden haber modificado sus métodos para burlar a los fumigadores, dijo Isacson, agregando que había informes sumarios de una nueva cepa de coca que permite un rendimiento más alto de cocaína.
"Los satélites son totalmente inútiles cuando se trata de ubicar plantaciones de menos de media hectárea, y en lugares como Putumayo nadie es tan idiota en estos días como para cultivar coca en terrenos grandes y fáciles de detectar", dijo Isacson.
"Ahora hay más terrenos pequeños y más distribuidos. Se cultiva un montón en la sombra, entre matorrales altos -lugares que son más difíciles de localizar".
Además, los cocaleros están plantando más cosechas en parques nacionales, que no pueden ser fumigados por consideraciones ambientales. Pero el gobierno colombiano declaró el viernes que tenía la intención de fumigar también en los parques.
Al estudiar en junio la petición de Bush de más ayuda para Colombia, el Comité de Apropiaciones del Senado expresó que "el programa de erradicación aérea no responde a las expectativas y el cultivo de coca se está trasladando a nuevas ubicaciones... No hay indicaciones de que haya disminuido la cantidad de cocaína que entra a Estados Unidos".
David Murray, asistente especial de Walters, dijo que estaba convencido de que la fumigación de las plantaciones de coca y una fuerte prohibición habían significado un golpe para la industria de la cocaína. Pero confirmó que los índices claves de precio y pureza se habían mantenido constantes.
"Creemos que el impacto será gradual", dijo Murray. Aconsejó tener paciencia, pero dijo que no sabía cuándo se observarían cambios en la pureza y precio.
Funcionarios colombianos ofrecen otra explicación de la constante disponibilidad de cocaína en las calles de Estados Unidos: Ahora, los traficantes están usando los excedentes que habían almacenado antes.
"En mi opinión, han acumulado algunas cantidades de drogas y las están embarcando para satisfacer la demanda antes de ser erradicados para siempre", dijo el almirante Díaz sobre los transportistas de drogas, muchos de los cuales son combatientes en la guerra en Colombia, que dura ya 41 años, entre guerrillas de extrema izquierda y grupos paramilitares de extrema derecha.
Pero Francisco Thoumi, un experto en drogas de Bogotá reconocido internacionalmente , se burló de la idea de los alijos.
La demanda mundial de cocaína ha subido en los últimos años, dijo, lo que alienta a los vendedores a vender lo más posible, no a acumularla. Y con las agresivas campañas del gobierno de Uriba para combatir a la guerrilla y desmantelar a los paramilitares, mantener alijos importantes de droga sería demasiado peligroso.
"No conozco ningún tipo de negocio que tenga menos incentivos que este para mantener existencias", dijo Thoumi. "Los riesgos son simplemente demasiado altos".
A pesar de todos los confiscaciones de cocaína reportadas por las autoridades norteamericanas y colombianas, dijo Thoumi, la proliferación de pequeñas operaciones de tráfico -la mayoría de los grandes carteles se han derrumbado- ha hecho más difícil su persecución.
"Es más difícil de interceptar", dijo. "Existen muchas rutas diferentes".
De acuerdo a la Agencia Antidrogas DEA [Drug Enforcement Administration], cerca de dos tercios de la cocaína embarcada hacia Estados Unidos llega a través del corredor América Central-México.
El año pasado, la ruta preferida fue la del Océano Pacífico. Pero este años, los correos de drogas han trasladado más operaciones al Caribe, con cargamentos casi distribuidos igualmente entre las dos masas de agua, dijo Díaz, el almirante colombiano.
Las embarcaciones preferidas son las llamadas lanchas rápidas, equipadas con varios motores, con lo que pueden alcanzar velocidades de hasta 60 nudos. Cada una puede cargar hasta 3 toneladas de cocaína y viajar casi 563 kilómetros con el tanque lleno. Normalmente, las lanchas rápidas descargan su contrabando en un barco de pesca, o repostan y trasladan la mercadería a puntos de transferencia como México, Haití o Puerto Rico y cada vez más Jamaica.
Las lanchas rápidas han demostrado ser un verdadero dolor de cabeza para las autoridades -pequeñas, rápidas motas perdidas en inmensas expansiones de océano y difícil de detener, si acaso son detectadas, lo que desde ya es una hazaña.
Oficiales de la marina colombiana se quejan de no tener suficientes sistemas de radar para detectarlas o helicópteros para localizarlas e interceptarlas desde el aire. Por cada 1.600 kilómetros de frontera marítima en el Caribe, la base naval aquí en Cartagena tiene apenas ocho buques patrulleros, proporcionados por Estados Unidos, que alcanzan velocidades que pueden competir con las lanchas rápidas. Tienen cuatro helicópteros.
Detener una sola lancha es una operación complicada que puede tomar hasta ocho horas y exige el esfuerzo combinado de dos lanchas, dos helicópteros y otros dos aviones ligeros. Los correos de drogas se han arrojado sobre los motores para impedir que los francotiradores los pudieran dañar o han lanzado su carga al mar cuando la captura es inminente. Envolver la cocaína en café es un popular medio porque obstaculiza el olfato de los perros sabuesos.
"Estos tipos cambian de táctica con gran velocidad", dijo Díaz.
Tiene confianza en que las fuerzas colombianas y americanas logren expulsar a los narcotraficantes, a pesar de la escualidez de evidencias en las calles americanas. Pero Díaz reconoció que la ley de la oferta y la demanda continuaría trabajando contra ellos.
"Habrá tráfico de drogas mientras haya consumidores", dijo.

19 de septiembre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

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