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cartas para la historia


[Kirk Johnson] La historia de una nación.
Boulder, Colorado, Estados Unidos.Para la mayoría de los estudiantes universitarios, los mensajes instantáneos son tan efímeros como los temas que estudian normalmente. Un parpadeo y se acabó.
Ethan Cowan, 20, estudiante de cine, salvaguarda sus mensajes en su ordenador para leerlos más tarde. Pero en su familia, no es una sorpresa.
Cowan proviene de una larga línea de archiveros -archiveros realmente dedicados.
"Lo lleva en los genes", dice su madre, Linda Cowan.
La familia Cowan archiva los mensajes -lo que la gente llama en estos días, cartas- escritos unos a otros, así como correspondencia con amigos eminentes, como Ralph Waldo Emerson, sermones leídos por predicadores de la familia y ensayos variados enviados a casa cuando salían de viaje, desde hace unos 200 años.
La colección, de al menos 75 mil documentos totalizando cientos de miles de páginas que llenan 200 cajas, es una de los tesoros familiares privados más grandes que han emergido en los últimos años, dicen expertos en genealogía. Ha sido almacenado en áticos, cobertizos y almacenes durante años, y más recientemente en la casa de los Cowan aquí en Boulder, donde fueron entrevistados una mañana hace poco. Sus contenidos abarcan desde lo escandaloso (un pariente encarcelado por malversación), hasta lo misterioso (una esclava escapada que buscó refugio en el norte) y lo histórico (el poblamiento de Chicago).
Ahora la actual dueña de la colección, la abuela de Cowan, Mary Leslie Wolff, 82, está negociando la donación de los documentos -llamados la Colección Histórico-Familiar Ames, por la rama paterna del árbol- a alguna sociedad histórica del Este, donde empezó la familia. Wolff rehusó decir dónde podría terminar la colección, debido a que todavía se encuentra en conversaciones.
Historiadores y bibliotecarios dicen que la colección es probablemente tan extraordinaria por su vigor intelectual como por su edad y tamaño. Es esencialmente un diálogo de historia: la larga conversación de una familia de clase media, culta, y su intervención en los temas que definieron los primeros períodos de Estados Unidos y su migración hacia el oeste, incluyendo el movimiento abolicionista de antes de la Guerra Civil, los primeros movimientos feministas y los hallazgos de la geología que sacudieron los presupuestos religiosos sobre la edad de la tierra. Los escritores de la familia hablaron de todo esto, a menudo extensamente. Eran comunes las cartas de diez a doce páginas.
"Toda vez que alguien encuentra un archivo como este que se concentra en una sola familia en profundidad, se ha encontrado una mina de oro", dice David S. Ouimette, que administra la colección genealógica de la Biblioteca Histórico-Familiar de la Iglesia Mormona de Salt Lake City.
"Y no suenan como si estuvieran observando los acontecimientos de la época, porque eran participantes", agregó Ouimette, que no ha visto la colección. "Eso es lo que pone carne en el asador".
Una serie de cartas, por ejemplo, trata sobre una esclava escapada llamada Mary Walker que buscó refugio en una rama abolicionista de la familia en Filadelfia, los Leslie, durante una visita de su amo en los años de 1850. Walker, después de esconderse durante un tiempo, fue finalmente enviada más hacia el norte, a vivir con parientes de los Leslie en Massachusetts.
Pero la historia no termina ahí. Cuando la Guerra Civil asolaba al país, las cartas muestran un intento de reunir a Walker con su familia en Carolina del Norte. Un amigo que era oficial en el ejército del general William Tecumseh Sherman, que entonces avanzaba hacia el sur, fue encargado de ocuparse de los hijos de Walker, y aparentemente tuvo éxito, porque finalmente la familia se trasladó al norte para unirse con ella.
Otra serie de cartas ofrece una vívida y temprana imagen del todavía precario asentamiento en Chicago por un miembro de la familia que había viajado en 1836 desde el oeste de Filadelfia hasta Missouri para ver unas tierras que había comprado. La tierra no tenía demasiado valor, escribió el autor, Peter Leslie -el tatarabuelo de Wolff- en una carta a sus hijos. Pero cuando llegó a lo que llama "Chicago junto al Lago Michigan", Leslie reconoció de inmediato que era un territorio que prosperaría.
"La ciudad tiene más ventajas naturales que cualquier lugar que haya conocido hasta ahora y está destinado a ser la Nueva York del oeste", escribió en una carta en la que describe la construcción y el ajetreo de la nueva ciudad, entonces de apenas unos años. Se estaban levantando hoteles en todas partes, se vivía una fiebre de la tierra y por doquier se advertía la ambición.
"La gente del oeste tienen una obsesión con hacer una ciudad", escribió. "Esta debe hacerse realidad".
La señora Cowan, la hija de la señora Wolff, dijo que recientemente había estado revisando las cartas del hijo de Leslie, J. Peter Leslie, que era geólogo en Filadelfia a fines del siglo 19. Muchas de esas cartas, dijo, se leen como si fueran una novela: empiezas con una y tienes que seguir con las siguientes para saber qué pasó.
"Ahora mismo hay un pariente en la cárcel, por malversación de fondos", dijo. "Escapó a Canadá, pero su conciencia lo abrumó, volvió y se entregó él mismo".
Por qué su familia archivó cosas que muchas otras habrían arrojado a la basura o perdido, sigue siendo un misterio, dijo Wolff. Un temprano ancestro en Massachusetts empezó a hacer rodar la pelota en el siglo 18; la colección de cartas del tamaño de un ático de esa rama familiar fue donada a la Sociedad Histórica de Massachusetts hace muchos años.
Empezando por Massachusetts y Filadelfia, donde se asentaron los primeros inmigrantes de la familia tras llegar desde Escocia, las cartas empezaron a apilarse a medida que el clan, como otros muchos de esa época, se movía poco a poco hacia el oeste -a Minnesota en los años de 1850, a Colorado un siglo después.
"Creo que un montón de gente tiene esa obsesión, pero en algún momento la abandonan y se deshacen de ella", dijo Wolff.
Cowan dijo: "Pero ellos no, ellos no se deshacían de nada".
En la época actual dominado por lo instantáneo y lo desechable, incluso el papel en que fueron escritas las cartas puede parecer extraño -tan perdurable, al menos la cosecha de la década de 1850 que aparentemente ni el polvo del carbón de la estufa del trastero ni la cola de un álbum de recortes de un ancestro ferviente pudieron dañar.
Incluso algunos de los temas que apasionaron a la gente entonces se pueden volver a ver, con el tiempo, como novedosos, como la poesía. Miembros de la familia transcribieron los poemas de que gustaban, o quizás los escribieron ellos mismos, a un libro que Cowan dice que nadie ha tratado todavía de leer.
"Ni siquiera sabemos dónde está ahora", dijo.
Cowan, estudiante del Instituto Oberlin en Ohio, que dijo que pensaba convertirse quizás algún día en escritor, alzó la vista bruscamente a la mención de poesía no leída del siglo 19.
"Qué guay, ¿le puedo echar un vistazo?", preguntó.

29 de enero de 2006

©new york times
©traducción mQh

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