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guerreros y gallinas


[Joel Stein] El polémico escrito del periodista, que le significó una avalancha de cartas de odio y amenazas.
Yo no apoyo a nuestras tropas. Esta es una opinión particularmente difícil de sostener, especialmente si eres el tipo de persona a la que le gusta colocar pegatinas en el coche. Apoyar a las tropas es una posición sobre la que no se atrevería a orinar ni el mismo Calvino.
Claro que me gustan las tropas. Los tipos tienen agallas, son jóvenes y están dispuestos a todo. Si entras a una oficina de reclutamiento y firmas por ocho años de peligros desconocidos, seguro que me gustaría pasar un rato contigo en Las Vegas.
Y no tengo problemas con la gente -con los que estuvieron a favor de la guerra en Iraq- que apoya a las tropas. Si crees que invadir Iraq fue una buena idea, entonces debes apoyar a las tropas, indiscutiblemente. Cúbrete con esos magnetos y brazaletes patrióticos y otras baratijas con las que los chinos hacen su pasta ahora.
Pero no estoy a favor de la guerra. Y no estar a favor de la guerra y decir que apoyas al mismo tiempo a las tropas, es una de las posiciones más gallinas que han adoptado los pacifistas alguna vez -eso es ser gallina por definición. Es como si una de las lecciones que aprendieron en Vietnam no fue la de evitar conflictos en el extranjero sin que haya intereses nacionales urgentes, sino no olvidar que hay que montar un desfile después.
Apoyar ciegamente a nuestros soldados, me temo, los mantendrá más tiempo en el extranjero por aprobar en silencio a los halcones que los mandaron allá -y que pueden algún día querer enviarlos a otra parte. Créanme, un tipo que piensa que el 50.7 por ciento es un mandato no es un tipo que se vaya a amilanar por las sutilezas de un desfile por participar correctamente en una guerra injusta. Lo que quiere es un pastelito de harina.
Además, esas pequeñas cintas amarillas no son realmente para las tropas. Necesitan armaduras, períodos más cortos y un show USO con el reparto de ‘Laguna Beach’.
El verdadero propósito de esas cintas es aliviar algo de la culpa que sentimos por haber votado para enviarlos a la guerra y luego no hacer ningún otro sacrificio por ellos que aguantar dos apariciones de Wolf Blitzer al día. Aunque deberían darnos una cinta aparte por eso.
Entiendo la culpa. Sabemos que estamos mandando a los reclutas a hacer nuestro trabajo sucio, y queremos parecer agradecidos.
Después de haber concluido que habíamos cometido un error, no queremos culpar a los soldados a los que dimos órdenes de disparar. O incluso a nuestros representantes, que fueron engañados por informaciones falsas. Y ciertamente no a nosotros mismos, que no pudimos oponernos a una guerra que apenas entendíamos.
Pero culpar al presidente es demasiado fácil. La verdad es que la gente que aprieta el gatillo es en última instancia responsable, sea que obedezca órdenes o no. Un ejército de gente que toma decisiones éticas individuales puede ser ineficiente, pero un ejército de gente que ignora la moral es horroroso. Un ejército que ignora su moral es, dicho sea de paso, el apodo que dio Jack Abramoff a la Cámara de Diputados.
Yo simpatizo con la gente que se enroló para proteger a nuestro país, especialmente después del 11 de septiembre de 2001, y que fueron llevados con engaños a pelear en Iraq. Me enfurezco cuando me engañan y le doy a un pop-up, así que puedo imaginar cómo se sienten.
Pero cuando te enrolas voluntariamente en el ejército estadounidense, sabes de antemano que no vas a ser enviado a impedir una invasión desde México o Canadá. Así que estás firmando voluntariamente para ser un instrumento bélico del imperialismo norteamericano, para mejor o peor. A veces tienes suerte y te envían a pelear contra el genocidio étnico en Kosovo, pero otras veces es Vietnam.
Y a veces, por razones que no comprendo, te envían a matar el tiempo en Alemania.
Ya sé que todo esto es fácil de decir para un tipo que creció en la opulencia, que fue un buen estudiante y que en sus sacrificios por su país ni siquiera ha sido miembro de un jurado. Pero en realidad no es tan fácil decirlo porque cualquiera que esté remotamente asociado con los militares podría venir a pegarme. Yo aparezco en la guía de teléfonos.
No estoy predicando que escupamos a los veteranos que vuelven como se hizo después de la Guerra de Vietnam, pero no deberíamos estar celebrando a la gente por hacer algo que pensamos que no era una buena idea. Todo lo que estoy pidiendo es que demos a los soldados que retornan lo que necesitan: hospitales, pensiones, salud mental y un retorno seguro e inmediato. Pero, por favor, nada de desfiles.
En serio, el tráfico es insoportable.

24 de enero de 2006

©los angeles times
©traducción mQh

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