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censura, despidos y asesinatos en china


[Howard W. French] A pesar de represión, la opinión pública quiere libertad.
Shanghai, China. Durante meses, las noticias sobre las noticias en China han sido terribles. Llevando a cabo su promesa de endurecer el control de lo que llama "propaganda", el gobierno del presidente Hu Jintao se ha preocupado de cerrar publicaciones, despedir y encarcelar a periodistas.
Más perceptiblemente, el gobierno ha reprimido a internet, cerrado sitios de bitácoras, filtrando páginas web y cuentas de correo electrónico de palabras prohibidas e intensificando el control de los mensajes de texto. El año pasado, Yahoo fue criticado por revelar la identidad de un periodista de internet, Shi Tao, que fue más tarde encarcelado. [El miércoles, el Comité para Proteger a los Periodistas declaró que actas judiciales subidos a un sitio chino en la red, mostraba que Yahoo había hecho lo mismo en 2003, lo que redundó en el encarcelamiento de otro escritor, Li Zhi].
Contra este sombrío telón de fondo, la noticia de que Google había accedido a utilizar las listas negras en su nuevo motor de búsquedas chino puede parecer como el último clavo en el ataúd de la libertad de información en este país. Los expertos chinos en internet estaban indignados con Google por colaborar con la campaña de censura del gobierno. "Para la mayoría de la gente se ha roto el acceso a recursos más diversificados", dijo Isaac Mao, un popular bloguero chino, en una reacción común. "La mayoría de los usuarios, los nuevos usuarios, sólo ven una versión comprimida de Google, y no pueden saber lo que no saben. Es como quitarle el cerebro a alguien de 30 y ponerlo otro de un niño de quince".
Algunos amenazaron que las compañías de internet que acataran las instrucciones del gobierno algún lo lamentarían. "Ponerse de lado del gobierno chino es lo mismo que ponerse de lado de Stalin o de Hitler", dijo Yu Lie, un conocido escritor disidente. "Las acciones de las compañías que apoyaron a Stalin y Hitler son recordadas por la historia, y tampoco el pueblo chino olvidará este tipo de medidas".
Si los chinos mantendrán el rencor a largo plazo es discutible. Pero los especialistas en la web tienen mucho más confianza en que el gobierno fracasará en sus esfuerzos por revertir una tendencia hacia mayor libertad de expresión que ha estado remodelando esta sociedad con crecientes poderosos efectos durante más de dos décadas.
El año pasado, China se ubicó en la posición 159, de 167 países en una encuesta sobre la libertad de prensa, informó Periodistas Sin Fronteras, el grupo internacional de derechos de París. Pero listas como estas no reflejan el rápido cambio puesto en marcha aquí, que escapa cada vez más al control del gobierno.
Un buen ejemplo es la reciente campaña del gobierno chino por refrenar a los blogueros que se meten demasiado a menudo en territorios delicados, criticando las políticas del estado o detallando la corrupción oficial. En diciembre, el gobierno ordenó a Microsoft y su servicio MSN que cerraran el sitiio de Michael Anti, uno de los blogueros más populares de China.
Aunque a Anti -que también es un empleado del buró de Pekín del New York Times- le cerraron su sitio, cualquier navegador chino puede elegir entre decenas de otros comentaristas online que son igualmente provocativos, y cada vez llegan más a internet.
Solamente Microsoft gestiona unos 3.3 millones de bitácoras en China. A lo que hay que agregar unos 10 millones de bitácoras de otros servidores de internet, y se hace claro la pesadilla en que se ha transformado China para los censores. Lo que es más, no existía en China hace tres años ni una sola bitácora, y hoy se agregan miles cada día a la red -algunos llevados por gente cuyas bitácoras previas fueron censuradas y simplemente cambiaron de nombre o de servidor. Nuevas tecnologías, como los podcasts, están haciendo más difícil el control.
"Internet es tecnología abierta, basada en un paquete de conexiones y en sistemas abiertos, y es totalmente diferente a los medios tradicionales como la radio o la televisión o los diarios", dice Guo Liang, un especialista en internet de la Academia China de Ciencias Sociales. "Al principio, la gente pudo haber pensado que controlarla sería más fácil que controlar los medios tradicionales, pero ahora se dan cuenta de que no es así".
Si internet está hoy en el centro de la guerra por la libertad de expresión, es solamente la última en una serie de peleas que, de momento, ha perdido el gobierno. Bajo la apariencia de un resuelto control del estado, un sector tras otro, incluyendo las editoriales, los diarios y las revistas, han sufrido una proceso similar de liberalización de facto, a menudo frente a la hostilidad oficial. La primera ola se produjo en el mundo de las editoriales, donde a principios de los años ochenta los censores se dieron cuenta de que no podían suprimir los libros que criticaban las políticas del estado o expresaban opiniones divergentes sobre cuestiones ideológicas. Un gran parte de la razón del debilitamiento de los censores fue la introducción de una economía de mercado, en la que los editores tienen que generar ganancias para sostener sus actividades. Libros túrgidos, políticamente correctos que deleitaban a los censores se vendían tan mal, que los editores que buscaban ganancias publicaron escritos a menudo más descarados y provocadores.
Los cambios en los medios de prensa también han sido impulsados por la búsqueda de beneficios. En momentos en que el estado está terminando las subvenciones de la mayoría de las editoriales, las publicaciones han buscado modos deshacerse con lectores. Las diversiones más osadas y el periodismo deportivo han sido grandes éxitos para muchas revistas y diarios.
Otros, sin embargo, han dado con la idea de los intereses públicos, de revelar la corrupción y escribir sobre problemas ambientales y la desigualdad social. A medida que crece el apetito de los lectores por este tipo de noticias, el gobierno se ha visto presionado para meter al genio de vuelta en la botella.
Se han cerrado diarios, se ha encarcelado a periodistas y editores -incluso se los ha matado, como a Wu Xianghu, editor de un diario que murió la semana pasada después de ser golpeado por la policía, que según se dice estaba indignada por un artículo que publicó sobre los abusos de poder en sus filas. Sin embargo, la tendencia no se ha revertido.
Editores como Li Datong del suplemento recientemente cerrado de un diario de Pekín, Bing Dian, oficialmente de propiedad de la Liga de la Juventud del Partido Comunista, han empezado a usar los tribunales para cuestionar las campañas del gobierno para silenciarlos. Pero muchos periodistas frustrados se han simplemente trasladado a las bitácoras, lo que les proporciona un espacio para escribir sobre lo que no pueden en sus funciones diurnas.
"Simbólicamente el gobierno puede haber tenido éxito con Google, pero los usuarios de la red son mucho más inteligentes y sofisticados, y la vida de los censores se hace cada vez más difcíl", dijo Xiao Qiang, líder de un proyecto de internet de la Universidad de California en Berkeley. "El flujo de información es cada vez más libre, de hecho. Si yo fuese miembro de la oficina de información del Consejo de Estado, ciertamente no pensaría que tenemos algo que celebrar".

9 de febrero de 2006

©new york times
©traducción mQh

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1 comentario

emilio -

Me parece lamentable la falta de libertad de expresión que hay actualmente en China. El gobierno chino se está equivocando con las medidas drásticas que está llevando a cabo censurando ciertos medios y páginas en Internet. Buena denuncia
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