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¿hay otro camino para iraq?


[David S. Broder] Quizás la solución para Iraq sea crear zonas relativamente autónomas, antes que aferrarse al modelo centralista.
El lunes, para conmemorar el tercer aniversario de la aparición del presidente Bush en el USS Lincoln para anunciar que "las operaciones de combate más importantes en Iraq han terminado", el líder demócrata del Senado, Harry Reud, de Nevada, emitió un comunicado de prensa en el que el texto de Bush es contrastado con mordaces observaciones sobre el hecho de que desde la fanfarronada de entonces, en Iraq todo ha salido mal.
Fue un golpe retórico bajo, dirigido aparentemente a debilitar todavía más el apoyo público de la guerra, pero sin ofrecer una estrategia alternativa para terminarla.
Esa misma mañana, otro senador, Joe Biden, de Delaware, expuso una aproximación mucho más útil y responsable en un discurso ante el Consejo de Asuntos Mundiales en Filadelfia; en un artículo de opinión en el New York Times, escrito con Leslie Gelb, presidente emérito del Consejo de Relaciones Exteriores; y en una conferencia telefónica conmigo mientras conducía de Filadelfia a Washington.
Biden, el demócrata más importante en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, es un partidario de la guerra que -como John McCain- han sido un consistente crítico de la estrategia militar y diplomática del gobierno. Esta semana, después de su sexto viaje a la zona de guerra, dijo que el peligro de la violencia religiosa -una guerra civil incipiente entre chiíes y sunníes- es tan grande que Estados Unidos debe redefinir sus objetivos políticos en Iraq. En lugar de apostar todo a la creación de un gobierno unido en Bagdad, dijo Biden, deberíamos estimular el desarrollo de autoridades regionales separadas, aunque vinculadas, en el norte de Iraq para los kurdos, en el sur de Iraq para los chiíes y en el centro de Iraq para los sunníes.
La actual constitución da a las 18 provincias de Iraq el derecho a formar grupos regionales. Biden retendría el control de la defensa, la política exterior y los recursos petrolíferos en manos del gobierno central ahora en camino de formación, pero dejaría que los gobiernos centrales manejaran gran parte de sus propios asuntos.
Esto no es, me dijo, dividir el país. Es el reconocimiento de lo que considera una realidad -que las partes componentes de la sociedad iraquí necesitan "espacio vital" para arreglar sus relaciones, antes que seguir por el camino actual en que milicias leales a uno u otro lado cometen asesinatos arbitrarios y limpiezas étnicas.
Es esta violencia la que representa el mayor peligro para la seguridad de Iraq y lo que hace imposible que las tropas estadounidenses fijen una fecha de partida.
La visión de Biden es que los sunníes continuarán apoyando a la resistencia antes que aceptar un gobierno unificado que sea dominado por los chiíes y en el que los kurdos en el norte y los chiíes en el sur monopolicen los ingresos por el petróleo. Dadles un territorio propio, el centro, y garantízales una cuota -digamos del 20 por ciento- de los ingresos totales por el petróleo y se considerarán bien pagados.
En cambio, los chiíes continuarían teniendo un rol dirigente en el gobierno nacional, sin tener que hacer frente a la virulenta resistencia respaldada por los sunníes. Y los kurdos, que claramente quieren tanta autonomía como la que puedan obtener, estarían dispuestos a conceder un grado similar de autonomía a sunníes y chiíes.
En esas circunstancias, dice Biden, las milicias rivales se quedarían en casa -o de desbandarían. Y en esas condiciones, Estados Unidos podría anunciar con algo de realismo sus intenciones de retirar al grueso de sus militares para 2008, dejando solamente una fuerza residual para vigilar que se respete el acuerdo político.
El plan tiene otras partes: una cumbre regional y un "grupo de contacto" formado por países vecinos que controlarían que los compromisos sean respetados, y la reanudación de la ayuda económica estadounidense, condicionada al respeto por los derechos de las mujeres y las minorías.
También hay riesgos, los que Biden reconoce, en este enfoque. El gobierno central podría ser muy débil como para hacer frente a amenazas externas. La autonomía regional conduciría a una división permanente del país.
Pero ofrece dos analogías que recomiendan esta apuesta: Uno son los Artículos de la Confederación, que sirvieron como parada en el camino para que los 13 estados originales formaran un gobierno más fuerte que fue plasmado en la Constitución. Y es similar a los acuerdos de Dayton que terminaron la guerra en los Balcanes y crearon dos entidades, que ahora forman una Bosnia unificada.
En una época en que la mayoría de la gente no ve más que desesperada discordia en Iraq, es saludable tener a alguien que ofrezca alternativas que puedan producir progreso.

davidbroder@washpost.com

4 de mayo de 2006
©washington post
©traducción mQh
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