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sombría odisea de argelino


[Craig S. Smith & Souad Mekhennet] Argelino cuenta sombría odisea en manos de Estados Unidos.
Argel, Argelia. Hace dos años, una variopinta colección de prisioneros pasaron noche tras noche repitiéndose sus números de teléfono unos a otros en las oscuras y sucias celdas donde estaban secuestrados en Afganistán. Se pusieron de acuerdo en que cualquiera que saliera, llamaría para ponerse en contacto con las familias de los otros para decirles que todavía estaban vivos.
Al menos dos de esos hombres están ahora libres y, gracias a ese ejercicio de memorización, están nuevamente en contacto.
El caso de uno de ellos, Kahled el-Masri, un ciudadano alemán que fue retenido como parte del programa de entregas antiterrorista de Estados Unidos, se dio a conocer el año pasado y funcionarios alemanes y estadounidenses han reconocido que fue detenido equivocadamente por Estados Unidos. Pero la historia del otro, un argelino llamado Laid Saidi, no ha sido contada nunca antes y presenta nuevas acusaciones contra el programa de detenciones secretas de Estados Unidos.
En mayo de 2003, Saidi fue expulsado de Tanzania, donde dirigía un la rama local de la Fundación Islámica Al Haramain, una organización benéfica internacional con sede en Arabia Saudí que fomentaba la versión fundamentalista wahhabi del islam y que, desde entonces, ha sido prohibida tras ser acusada de financiar a grupos terroristas. Los diarios de Tanzania reportaron entonces la expulsión de Saidi, pero no se sabía adónde se había marchado.
En una entrevista reciente, Saidi, 43, dijo que después de ser expulsado, fue entregado a agentes estadounidenses y trasladado por avión a Afganistán, donde fue retenido durante 16 meses antes de ser entregado a Argelia y dejado en libertad sin haber sido nunca acusado ni se le haya dicho porqué había sido encarcelado. Reconoció que llevaba un pasaporte falso cuando fue secuestrado, pero dijo que no estaba vinculado al terrorismo.
Con una túnica blanca y un gorro blanco en la oficina de su abogado aquí, muestra los dos zapatos blancos que le dieron sus secuestradores antes de devolverle su libertad en agosto de 2004. La única otra evidencia física que ofreció de su encarcelamiento eran unas cicatrices en sus muñecas que dijo que le causaron cuando fue encadenado al cielo raso de una celda durante cinco días.
"A veces lloro cuando pienso en esto", dijo durante su primera entrevista sobre su encarcelamiento. "No pensaba que volvería a ver a mi familia de nuevo".
Auque las acusaciones de tortura de Saidi no pueden ser verificadas, sí es posible corroborar otros elementos de su historia.
Funcionarios estadounidenses, tanzanianos y argelinos se han negado a comentar las acusaciones de Saidi, pero Masri dijo que vio a Saidi en la cárcel afgana donde fue retenido. Los fiscales alemanes que están investigando el secuestro de Masri quieren ahora entrevistar a Saidi, dijo Martin Hofmann, un fiscal de Munich.
Además, una investigación criminal sobre la muerte en 2002 de dos detenidos afganos en el centro de detención militar estadounidense en Bagram, al norte de Kabul, constató que los prisioneros eran a menudo encadenados al cielo raso de sus muñecas como una forma de castigo, como dijo Saidi que había sido su caso. Los oficiales, sin embargo, dijeron que la práctica se dejó de lado después de esas muertes.
Un portavoz de la CIA se negó a comentar las acusaciones de Saidi. "Aunque la CIA, como regla, no comenta públicamente este tipo de acusaciones, la agencia ha declarado repetidas veces que no aprueba la tortura", dijo el portavoz, Paul Gimigliano. Agregó que las entregas, el proceso de trasladar a sospechosos de terrorismo a terceros países para ser interrogados, "son una herramienta antiterrorista que Estados Unidos ha estado utilizando durante años en conformidad con sus leyes y obligaciones impuesta por tratados".

Un Programa Tenebroso
Saidi es uno de los pocos hombres que reclaman públicamente haber sido secuestrados en el marco del programa de entregas de prisioneros
y luego maltratados o torturados, antes de ser liberados sin cargos ni explicaciones. Como los prisioneros liberados desde el centro de detención militar estadounidense de Bahía Guantánamo en Cuba, representan no solamente un creciente problema político, sino un potencial problema jurídico para Estados Unidos y los aliados de este que han participado en los secuestros extrajudiciales.
La repercusión internacional de las entregas continuó el miércoles cuando fiscales en Milán detuvieron a dos agentes de inteligencia italianos por acusaciones de que ayudaron a la CIA en el secuestro, en 2003, de un clérigo radical egipcio en Italia. El clérigo fue entonces enviado a Egipto, donde se encuentra encarcelado.
Saidi fue secuestrado cuando Estados Unidos y Arabia Saudí reprimían a Al Haramain, sobre la que Estados Unidos declaró posteriormente que había proporcionado "apoyo financiero y operacional" para los atentados con bomba contra las embajadas en Kenia y Tanzania en 1998. Pero no se sabe de qué sospechaban las autoridades a Saidi.
En julio de 2004, un informe de la inteligencia alemana sobre Al Haramain tomó nota de la expulsión de Saidi, pero dice que "no está claro todavía si existe una evaluación concreta de que esta persona tenga vínculos con el terrorismo". Agregaba que "el gobierno de Tanzania justificó su procedimiento con el argumento poco verosímil de que había quebrantado las normas legales de extranjería".
Aparte los fiscales alemanes, el Consejo de Europa, un grupo internacional de seguimiento de derechos humanos, quiere entrevistar a Saidi como parte de su investigación sobre si algún país europeo violó la Convención Europea de Derechos Humanos al participar en el programa de entregas.
Saidi dijo que creía que sus secuestradores eran estadounidenses, porque hablaban inglés y parecían estar a cargo de la cárcel afgana. Dijo que esperaba entablar una demanda contra el gobierno más tarde este año. "Todavía no sabemos a quién demandar", dijo Mostefa Bouchachi, el abogado de Saidi. "No sabemos quiénes son los responsables, si la CIA o el FBI".
Saidi dijo que abandonó Argelia en 1991 escapando de la violencia que entonces acosaba al país. Estudió en Yemen y se mudó primero a Kenia y luego a Tanzania a principios de 1997. Empezó a trabajar para Al Haramain y se convirtió en director de su representación en la ciudad costeña de Tanga, una ocupación que le dio prominencia pública.
Dijo que durante ese tiempo usó un pasaporte tunecino falso y vivía bajo el nombre de Ramzi ben Mizauni ben Fraj. Dijo que había perdido su pasaporte y que había comprado uno falso porque tenía miedo de ir a la embajada argelina mientras Argelia estaba inmersa en una guerra civil con los fundamentalistas. Negó que tuviera otro motivo para ocultar su identidad o que las actividades de Al Haraimain no fueran solamente benéficas.
Funcionarios de la inteligencia de Estados Unidos han sospechado durante largo tiempo que Al Haramain estaba implicada en el financiamiento del terrorismo, de acuerdo al informe de la Comisión 9/11. Las sospechas surgieron tras los atentados con bomba contra las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania en agosto de 1998. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, las autoridades estadounidenses y saudíes dijeron que parte del dinero de Al Haramain estaba siendo desviado hacia grupos terroristas y que la organización había sido infiltrada por gente con vínculos con esos grupos.
Para 2003, varias sucursales de Al Haramain fueron clausuradas y al año siguiente las autoridades saudíes disolvieron la organización.
No está claro si la represión de Al Haramain condujo a la detención de Saidi, pero el sábado 10 de mayo de 2003 agentes de la policía tanzaniana rodearon su coche cuando salía de su trabajo, de acuerdo a Saidi, su esposa y boletines de prensa de la época. Esa noche la policía lo llevó a Dar es Salaam y lo encarceló.
"Pensé que me habían arrestado por llevar un pasaporte falso, pero no se los dije", dijo.
Tres días después, dijo, fue empujado en un Land Rover blanco y conducido a la frontera malawi, donde fue entregado a malawianos de paisano que eran acompañados por dos hombres caucasianos de edad mediana que llevaban vaqueros y camisetas de manga corta. Hablaban inglés con los malawianos, dijo Saidi.
Fue entonces que se dio cuenta de que algo terrible estaba pasando.

Fuera de Este Mundo
Poco después de la expulsión, un abogado que representaba a la esposa de Saidi presentó una declaración jurada
ante un tribunal tanzaniano diciendo que los documentos de inmigración mostraban que Saidi había sido deportado por la frontera entre Kasumulu, Tanzania, y Malawi.
Después de estar retenido durante una semana en una cárcel en las montañas de Malawi, dijo Saidi, llegó un grupo de personas en un todoterrenos: una mujer caucasiana de pelo canoso y cinco hombres de negro con pasamontañas igualmente negros.
Los malawianos le vendaron los ojos y le quitaron la ropa, dijo. Oyó que le tomaban fotos. Luego, dijo, le quitaron la venda y los agentes cubrieron sus ojos con algodón y cinta de pegar, le metieron un tapón en su ano y unos pañales desechables antes de volver a vestirlo. Dijo que le taparon los oídos, le esposaron las manos y lo llevaron a un avión, donde lo arrojaron al suelo.
"Fue un viaje largo, del sábado en la noche al domingo en la mañana", recordó Saidi. Cuando el avión aterrizó, lo llevaron a lo que describió como una "prisión oscura" donde se tocaba una ensordecedora música occidental. Las luces no se encendían casi nunca.
Llegaron los hombres de negro, dijo, y recuerda que uno de ellos le gritó, a través de un intérprete: "Estás en un lugar que no pertenece a este mundo. Nadie sabe dónde estás, y nadie te defenderá".
Fue encadenado por una mano a una pared en una celda sin ventana y dejado con un cubo y una botella en lugar de un retrete. Estuvo ahí durante casi una semana, dijo, y luego le vendaron la vista y amarraron de nuevo, y lo llevaron a otra cárcel. "Allá, me pusieron en un cuarto, me suspendieron por los brazos y ataron mis pies al suelo", recordó. "Me quitaron la ropa muy rápidamente y me sacaron la venda". Un hombre viejo, con canas en las sienes, entró al cuarto con una joven mujer con el pelo rubio hasta los hombros, dijo. Hablaban inglés, del que Saidi entiende muy poco, y lo interrogaron durante dos horas por medio de un intérprete marroquí. Al final, dijo, pensó que le dirían porqué estaba allí, pero el interrogatorio sólo lo dejó más confundido.
Dijo que los interrogadores se concentraron en una conversación telefónica que dijeron que había sostenido con la familia de su mujer en Kenia sobre aviones. Pero Saidi dijo que no recordaba haber hablado con nadie sobre aviones.
Dijo que los interrogadores lo encadenaron durante cinco días, desnudo y sin comida. "Me golpearon y me arrojaron agua fría, me escupieron y a veces me dieron agua sucia para beber", dijo. "El estadounidense me dijo que yo moriría allí".
Dijo que sus pies y piernas se la hincharon dolorosamente debido a fue obligado a estar de pie con las muñecas colgando del cielo raso. Después de que le quitaran las cadenas, dijo, fue devuelto a la cárcel "oscura" y un doctor le dio una inyección para las piernas.
Después de pasar una noche allá, fue trasladado a una tercera prisión. Dijo que los guardias en esta cárcel eran afganos, y uno le dijo que estaba en las afueras de Kabul.
Había dos hileras de seis celdas en el sótano, el que describió como "sucio, ni siquiera apto para animales". Las celdas tenían una pequeña apertura en la puerta recubierta de zinc a través de cual los prisioneros podían verse unos a otros cuando eran sacados o metidos a sus celdas. Hablaban en la noche.
"Allí es donde conocí a Khaled el-Masri", dijo Saidi. Un trazado de la cárcel que dibujó se correspondía estrechamente con un dibujo de Masri.
Masri fue secuestrado en Macedonia en diciembre de 2003, y se reveló más tarde que, aparentemente, había sido confundido con un sospechoso de terrorismo de nombre similar. Dijo que pudo ver algunas veces a Saidi en Afganistán. Pero dijo que sus celdas estaban lo suficientemente cerca como para que pudieran hablar en las noches.
"Al principio de nuestro período juntos en la cárcel, yo estaba en la última celda y él estaba dos celdas más allá", dijo Masri por teléfono desde Alemania. "Toda vez que tenía que ir a los servicios o me llevaban a un interrogatorio, tenía que pasar frente a su puerta".
Masri y Saidi dijeron que conocieron también a otros prisioneros, incluyendo a dos hermanos paquistaníes de Arabia Saudí, cuyo número de teléfono también fue memorizado por Masri. Utilizando ese número, el New York Times localizó a familiares de los hermanos, Abdul al-Rahim Ghulam Rabbani y Mohammed Ahmad Ghulam Rabbani, que dijeron que hace dos años la Cruz Roja les había dicho que los hermanos estaban detenidos en Afganistán. Documentos del Pentágono muestran que dos hombres de esos nombres están ahora retenidos en Bahía Guantánamo.

Un Terrible Malentendido
En la cárcel, dijo Saidi, era interrogado diariamente, a veces dos veces al día, durante semanas.
Finalmente, dijo, sus interrogadores le hicieron oír una cinta de la conversación en la que él supuestamente hablaba sobre aviones.
Pero Saidi dijo que estaba hablando sobre llantas, no sobre aviones, que su cuñado pensaba vender de Kenia a Tanzania. Dijo que había mezclado inglés y árabe y usó la palabra ‘tirat', haciendo el plural de ‘llanta' agregando la voz árabe ‘at'. Quienquiera que haya estado siguiendo la conversación entendió aparentemente la palabra como ‘tayarat', aviones, en árabe, dijo Saidi.
"Cuando oí la cinta, le pregunté al intérprete marroquí si acaso comprendía lo que estábamos diciendo en la cinta", dijo Saidi. Después de que el marroquí explicara a los interrogadores, dijo Saidi, nunca le preguntaron por esa conversación de nuevo.
"¿Por qué me han traído a Afganistán para hacerme esas preguntas?", dijo en la entrevista. "¿Por qué no me preguntaron en Tanzania? ¿Por qué me tenían que separar de mi familia? ¿Para torturarme?"
Saidi dijo que los interrogadores también lo acusaron de esconder proyectiles en su casa y de desviar fondos hacia Al Qaeda, acusaciones que rechaza vehementemente y que no han sido probadas nunca.
Sin embargo, cuando estaba en la cárcel, el ministerio de Hacienda estadounidense pidió a Naciones Unidas agregar la sucursal de Al Haramain de Tanzania a la lista de organizaciones benéficas que presuntamente financiaban a organizaciones terroristas.
En su anuncio de enero de 2004, el ministerio declaró que un ex director no identificado de Al Haramain en Tanzania era responsable de preparar el equipo que planificó los atentados con bomba contra las embajadas en 1998. Pero el ministerio de se negó a identificar al antiguo director o comentar el caso de Saidi.
Saidi dijo que los interrogadores le preguntaron repetidas veces sobre el director que lo precedió en Al Haramain, un saudí de nombre Muammar al-Turki. Pero dijo que no mantenía el contacto con él.
Saidi dijo que finalmente dejaron de interrogarlo. A fines de la primavera o principios del verano de 2004, dijo, fue trasladado por avión a Túnez, aparentemente debido a que sus secuestradores pensaban que era tunecino. Pero cuando unos árabes abordaron el avión, les dijo que era de Argelia y que su pasaporte tunecino era falso.
"No quería meterme en más problemas", explicó.
Pasó 75 días más en la cárcel, dijo. A fines de agosto de 2004, nuevamente se preparó para viajar. Sus secuestradores le dieron un par de zapatos blancos que todavía tiene. El vuelo duró diez o doce horas, y cuando el avión aterrizó, dijo, fue entregado a funcionarios de la inteligencia argelina. Lo retuvieron durante algunos días, luego le compraron ropa, le dieron una pequeña cantidad de dinero y lo llevaron a una parada de autobuses en el barrio de Bir Khadem, en Argel.
Después de 16 meses, Saidi recuperó su libertad. Se reunión con su mujer y sus hijos. Marsi había sido liberado algunos meses antes. Trató de contactarse con Saidi en el número de teléfono en Tanzania que había memorizado, pero esa línea había sido desconectada. Finalmente, Saidi le envió un mensaje de texto con un nuevo número de Argelia, al que Masri llamó.
"Conozco su voz", dijo Masri. "Y reconocí su voz cuando me hizo la primera llamada después de que lo dejaran en libertad".

Mark Mazzetti contribuyó desde Washington.

7 de julio de 2006
©new york times

©traducción mQh
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