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círculo íntimo de al-qaeda 1


[Robert F. Worth] La vieja guardia yihadista sigue activa.
Cinco años después de los atentados del 11 de septiembre, Osama bin Laden es una figura disminuida. El presidente Bush ha empezado a mencionarlo de nuevo en sus últimos discursos, pero sobre todo para realzar el éxito estadounidense en la neutralización y aislamiento de los cabecillas de al-Qaeda. El año pasado, la CIA desmanteló la Alec Station, la unidad destinada a la cacería de bin Laden y sus principales lugartenientes. El gobierno norteamericano parece considerar al terrorista más famoso del mundo como una estrella apagada, todavía fugitivo en un escondite en la montaña, pero en gran parte irrelevante. Ahora se pone mayor énfasis -al menos en público- en una nueva generación de yihadistas en Europa, Asia y América del Norte, cuyos nombres nadie conoce. Al-Qaeda es vista como amenazadora no tanto a causa de sus famosos cabecillas sino porque es considerada como un virus ideológico -una espora que flota invisible a través de las fronteras y se duplica a sí misma en todas partes donde hay jóvenes descontentos y conexiones con internet.
Sin embargo, con ocasión del quinto aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001, al-Qaeda fue capaz de distribuir un nuevo video mostrando a bin Laden y otros yihadistas cuando planeaban los atentados de 2001; y otro video en el que Ayman al-Zawahiri, el miope lugarteniente de bin Laden, amenaza con nuevos atentados en Israel y los países del Golfo Arábigo. A principios de julio, Zawahiri también apareció en otro video afirmando que los militantes británicos que perpetraron los atentados en el metro y un autobús en Londres el año pasado no eran, después de todo, terroristas domésticos. En lugar de eso, dijo, eran veteranos de un anticuado campo de adiestramiento de al-Qaeda, presumiblemente en Pakistán o Afganistán. Si no estaba mintiendo -y es raro que los cabecillas de al-Qaeda hagan esas afirmaciones-, el video de Zawahiri parece sugerir que la vieja guardia todavía conserva algún poder. De acuerdo a varios informes de prensa, al menos uno de los británicos detenidos en agosto en una conspiración para hacer explotar aviones de pasajeros sobre el Atlántico, también tendría vínculos con al-Qaeda.
Esto está lejos de constituir evidencias convincentes de que al-Qaeda fue responsable de la conspiración. Pero sería imprudente asumir que los atentados en el metro y en el autobús o la conspiración frustada contra los aviones fueron enteramente el trabajo de novicios autodidactas. A pesar de la cháchara sobre que al-Qaeda ha entrado en una nueva fase basada en redes anónimas, los grupos terroristas son a menudo organizaciones similares a las sectas, en las que dominan los líderes carismáticos. Esto ha sido así en el caso de bin Laden, y de Abu Musab al-Zarqawi en Iraq; y será probablemente así también en el caso de futuros grupos terroristas, no importa lo remotos que sean sus seguidores.
Para escribir ‘The Looming Tower', Lawrence Wright pasó casi cinco años localizando a ex compañeros y amigos de bin Laden y Zawahiri en Egipto, Arabia Saudí, Yemen y Sudán, algunos de los cuales -por lo que sé- no habían hablado nunca con periodistas.[1] También recurrió a investigación de archivos y trató de reconciliar versiones contradictorias de algunos acontecimientos. El resultado es un fascinante relato de cómo era la vida dentro del circulo íntimo de al-Qaeda. Por ejemplo, Wright informa que a Umm Abdullah, ‘la primera en rango' de las cuatro esposas de bin Laden, le gustaba correr en el patio interior de su terreno en Afganistán en ropa de gimnasia de estilo occidental y se sentía atraída por caros cosméticos y lencería americanos. Wright muestra que bin Laden, en Arabia Saudí, Sudán o Afganistán, no rompía con sus orígenes como hijo de uno de los empresarios más ricos de Arabia Saudí.
Algunos escritores han propuesto que lo que pasó el 11 de septiembre de 2001 era prácticamente inevitable como la expresión de un movimiento yihadista más amplio cuyos participantes individuales casi no importan. Algunos han acusado al gobierno de Bush de exagerar la importancia de bin Laden, sea por razones políticas o por ignorancia. Los cabecillas de al-Qaeda capturados desde el 11 de septiembre pueden haber contribuido a difundir el mito en un intento de minimizar su propia participación en la organización y obtener así clemencia. De acuerdo a Fawaz Gerges, comentarista sobre Oriente Medio y estudioso del islam radical, el influyente informe de la Comisión del 11/9 aumenta la estatura de bin Laden debido a que descansa muy fuertemente en el testimonio de ese tipo de prisioneros, cuyo testimonio fue obtenido después de torturas por asfixia y otros apremios. [2] Esa acusación no se puede hacer contra Wright, cuya versión se basa en gran parte en entrevistas con ex yihadistas. Su libro incluye un postscriptum comentando sus fuentes y una lista de la gente que entrevistó, información que es bienvenida en un terreno en el que las fuentes son a menudo poco fiables y donde la erudición ha sido a menudo deficiente.
La conclusión de Wright es algo polémica. Uno se puede preguntar, escribe, "si el 11 de septiembre o alguna tragedia similar habría ocurrido sin que lo dirigiera bin Laden. La respuesta, ciertamente, es negativa. En realidad, las placas tectónicas de la historia estuvieron moviéndose, fomentando un período de conflicto entre Occidente y el mundo musulmán; sin embargo, el carisma y la visión de unos pocos individuos dio forma a la naturaleza de esta contienda".
Wright propone una explicación paralela de la incapacidad norteamericana para impedir los atentados del 11 de septiembre. No fue, escribe, simplemente un fracaso atribuible a la falta de comunicación entre el FBI y la CIA. En lugar de eso, las vendettas personales entre importantes funcionarios, como entre John O'Neill, jefe de contraterrorismo del FBI, y Michael Scheuer, su contraparte de la CIA, impidieron que las dos agencias compartieran información, como deberían haber hecho.
A veces, Wright parece ir demasiado lejos, presentando a bin Laden y sus colegas como representando a todo el movimiento yihadista, y tiene poco que decir sobre las divisiones políticas entre los musulmanes, y sobre los diferentes objetivos de grupos como la Hermandad Musulmana en Egipto, y Hezbollah en el Líbano. Pero entrega un relato finamente ponderado tanto de la colaboración entre los terroristas, como de la rivalidad entre la CIA y el FBI.

Notas
[1] Wright ha dicho que su interés en escribir el libro surgió tras haber escrito, en colaboración con el guión de la película ‘The Siege' de 1998, en la que un grupo de terroristas hacer volar el Edificio Federal de Manhattan, provocando una represión de los sospechosos de terrorismo y de las libertades civiles. En un momento en ‘The Looming Tower', Wright describe que los lugartenientes de bin Laden miraban películas de Hollywood en videos en su terreno en Afganistán cuando se esforzaban por refinar la trama que provocaría los atentados del 11 de septiembre de 2001. En las notas a este pasaje, escribe: "En interés de una revelación completa, la película del propio autor, ‘The Siege', fue también vista por miembros de al-Aqeda".
[2] Véase Fawaz A. Gerges, ‘The Far Enemy: Why Jihad Went Global' (Cambridge University Press, 2005), pp. 16–21. El tratamiento de Gerges a la importancia de las personalidades carismáticas en los grupos yihadistas (pp/ 34-42) me parece convincente.

Libro reseñado:
The Looming Tower: Al-Qaeda and the Road to 9/11
Lawrence Wright
Knopf
469 pp.
$27.95

10 de octubre de 2006
©new york review of books
©traducción mQh
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