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gobierno quiere matar a saddam


[Bushra Juhi y Jamal Halaby] Al-Maliki cree que muerte de Saddam ayudaría a terminar con la resistencia.
Bagdad, Iraq. El primer ministro de Iraq dice que la ejecución de Saddam Hussein ayudaría a debilitar a la resistencia en momentos en que en el juicio del ex presidente se presentaron el jueves más testimonios sobre los ataques con gas venenoso contra pueblos kurdos hace dos décadas.
El primer ministro Nouri al-Maliki dijo que esperaba que el juicio, que empezó en agosto, no durara demasiado y que "pronto se dictará la sentencia de muerte contra este tirano criminal, sus ayudantes y los asesinos que colaboraron con él".
"Definitivamente, su ejecución terminará con las ilusiones de los que están apostando con retornar al poder bajo la bandera de Saddam y del Partido Baaz", dijo al-Maliki a los periodistas el miércoles en Nayaf.
Saddam y seis otros acusados están siendo procesados por su participación en la Operación Anfal, una ofensiva militar contra los kurdos en 1987-1988. La fiscalía dice que fueron asesinados unos 180 mil kurdos y cientos de pueblos fueron arrasados.
Saddam y otro acusado son acusados de genocidio, pero todos ellos podrían ser condenados a muerte si son hallados culpables.
Saddam también está esperando el veredicto final de un primer juicio en conexión con la muerte de 148 aldeanos chiíes en Dujail tras un intento de asesinato contra él en 1982. Ese veredicto se espera que se dicte este próximo mes; de ser hallado culpable, puede ser condenado a muerte en la horca.
Los dos juicios están siendo cuidadosamente observados por el gobierno iraquí, que lucha contra la resistencia en la que los partidarios de Saddam juegan un importante papel.
Los partidarios de Saddam han mantenido durante mucho tiempo que los juicios son injustos y que el gobierno dominado por los chiíes ha interferido en el proceso judicial -acusaciones que los nuevos líderes iraquíes han desmentido.
Durante la sesión del jueves, dos testigos declararon que los aldeanos huyeron despavoridos después de un ataque con armas químicas en el norte de Iraq en 1988; algunos de ellos se refugiaron en las montañas donde los aviones de la fuerza aérea iraquí los bombardearon.
"La gente de mi pueblo gritaba que estaban contaminados con armas químicas", declaró el testigo Abdullah Saeed, un kurdo de 79 años.
"Subimos a los niños, mujeres y otras personas infectadas con las armas químicas en tres camiones, para que huyeran del pueblo", dijo Saeed, recordando ese día en abril de 1988 cuando las tropas de Saddam bombardearon dos pueblos vecinos, causando nubes de humo que se deslizaron hacia su casa.
Un segundo testigo del mismo pueblo de Jalmard dijo al tribunal que mientras él y otros aldeanos huían de la nube química hacia las montañas, aviones de la fuerza aérea iraquí los habían bombardeado.
"Mi sobrino y otro hombre murieron entonces, y dejamos sus cuerpos en las montañas", declaró Bakir Qader Mohammad, 72.
Saeed dijo que cuando la gente salía del pueblo en una caravana de camiones, las tropas de Saddam los detuvieron y llevaron a un centro de detención donde las condiciones sanitarias eran espantosas.
El testigo Mohammed dijo que el campo a donde fueron enviados en el sur de Iraq, Nugrat Salman, era tan malo que murieron cientos de personas por desnutrición y enfermedades como el cólera.
Saeed declaró que al menos 1.800 de los 7.000 prisioneros de Nugrat Salman murieron de desnutrición.
Cuando el juez presidente interrogó las cifras que mencionaba Saeed, este dijo: "Antes de ser liberados del centro de detención, uno de los prisioneros robó un documento donde se mostraba esa cifra".
Saeed dijo que después de que cortaran el agua en el campo de detención, un grupo de prisioneros se acercó a un gendarme llamado Hajjaj -al que otros testigos han acusado de maltratar a los detenidos.
"Fuimos a ver a Hajjaj a suplicarle que nos diera agua, pero nos dijo: ‘Cortamos el agua para que mueran, aquí han llegado ustedes a morir'".
El tribunal volverá a reunirse el 30 de octubre.
El miércoles otros dos kurdos contaron al tribunal cómo pudieron sobrevivir las masacres realizadas por guardias que los llevaron en camiones al desierto, diciéndoles que estaban siendo trasladados hacia otro centro de detención.
Un testigo dijo que él había caído en una zanja llena de cuerpos. Dijo que trepó fuera y corrió por entre pilas de cadáveres en el desierto, las fosas comunes de otras víctimas de la ofensiva.
Los dos testigos recordaron a compañeros de detención recitando oraciones islámicas antes de morir, pidiendo a Dios perdón por sus pecados cuando se dieron cuenta de que iban a ser matados a tiros.

Juhi informó desde Bagdad y Halaby desde Amán, Jordania.

19 de octubre de 2006
©associated press
©traducción mQh
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