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el tiempo en la mente animal


[Carl Zimmer] Algunos experimentos demuestran que las aves pueden anticipar el futuro.
Los humanos son viajeros del tiempo natos. Puede que no seamos capaces de enviar nuestros cuerpos al pasado o al futuro, no todavía al menos, pero podemos enviar a nuestra mente. Podemos revivir acontecimientos que pasaron hace mucho, o proyectarnos en el futuro.
Nuevas investigaciones sugieren que las dos direcciones del viaje en el tiempo están íntimamente entrelazadas en el cerebro humano. Varios psicólogos sostienen que la experiencia de volver a vivir el pasado evolucionó en nuestros ancestros como un modo de planear el futuro y que el surgimiento del viaje mental en el tiempo fue crucial para el éxito de nuestra especie. Pero algunos expertos en conducta animal no creen que seamos únicos a este respecto. Refieren varios experimentos recientes que sugieren que los animales pueden visitar tanto el pasado como el futuro.
Las primeras pistas sobre los juegos mentales del viaje en el tiempo provinieron de personas con lesiones cerebrales que les hacían olvidar detalles autobiográficos, sin olvidar la información que recogían en el camino. Un hombre conocido en la literatura científica como K.C., por ejemplo, podía jugar ajedrez sin recordar que lo hubiera jugado nunca. K.C. podía recordar frases que los psicólogos le habían enseñado sin recordar las lecciones.
K.C. había perdido lo que los psicólogos llaman ahora una memoria episódica. Endel Tulving, un psicólogo canadiense, definió la memoria episódica como la capacidad de recordar detalles de experiencias personal: qué ocurrió, dónde, cuándo, etcétera.
El doctor Tulving dijo que la memoria episódica es distinta de otros tipos de memoria que no implican experiencias personales. La gente puede recordar cómo entrar al metro, por ejemplo, sin recordar la primera vez que lo hizo.
La memoria episódica fue también única de nuestra especie, sostuvo Tulving. Sostuvo, para empezar, que la memoria episódica exigía autoconciencia. No te puedes recordar a ti mismo si no sabes que existes. También sostuvo que no había evidencias de que los animales tuvieran experiencias, incluso si esas experiencias los impresionan.
Muchos expertos en conducta animal coinciden con Tulving, incluso aunque en realidad no han experimentado ni probado la idea. Pero cuando Nicola Clayton, una psicóloga comparativo oyó por primera vez la proposición, tuvo otra reacción. "Se me empezaron a erizar las plumas", dijo la doctora Clayton, de la Universidad de Cambridge. "Pensé, espera un momento, eso no tiene sentido".
Clayton empezó a experimentar con arrendajos para ver si satisfacían alguno de los criterios para medir la memoria episódica. Los arrendajos pueden ocultar varios miles de piezas de alimento todos los años y recordar la ubicación de cada uno de ellas. Clayton se preguntó si acaso las aves simplemente recordaban las ubicaciones, o si recordaban la experiencia de ocultar los alimentos.
Hizo un experimento utilizando dos tipos de alimentos: larvas de polillas y cacahuetes. Los arrendajos prefieren las larvas a los cacahuetes cuando las larvas son todavía frescas. Cuando las larvas han muerto por un par de horas, las aves prefieren los cacahuetes. Clayton dio a las aves la oportunidad de ocultar ambos tipos de alimento y luego las metió en otra jaula. Más tarde las volvió a meter en las jaulas con los escondites, en algunos casos después de horas y en otros después de cinco días.
El tiempo que los arrendajos pasaron fuera de sus escondites tuvo un enorme efecto en el tipo de alimento que buscaban. Los pájaros que esperaron cuatro horas tendieron a excavar las larvas, y los que tuvieron que esperar cinco días ignoraron las larvas y excavaron los cacahuetes. (Para asegurarse de que no estaban simplemente olfateando a las larvas podridas y evitando así esos lugares, Clayton se deshizo de los alimentos tan pronto como los arrendajos los iban escondiendo y rellenó los escondites con arena fresca).
En 1998, Clayton y sus colegas publicaron los resultados del experimento, declarando que los arrendajos cumplían con los requisitos de la memoria episódica. Desde entonces, Clayton se ha dedicado a estudiar más profundamente la memoria de los arrendajos. El año pasado, por ejemplo, su equipo descubrió que los arrendajos no solamente recuerdan cuándo y dónde ocultaron el alimento sino también si acaso fueron observados en ese momento. Si un arrendajo se da cuenta de que, al ocultar el alimento lo está observando otro, tiende excavar más tarde el escondite y volver a esconder el alimento en otro lugar. Otros científicos han seguido el ejemplo de Clayton y empezado a investigar indicios de memoria episódica en otros animales. Cuando las ratas exploran un laberinto, por ejemplo, son capaces de recordar qué tipo de alimento vieron en el camino. Los colibríes recuerdan dónde y cuándo visitaron flores individuales en busca de néctar. Los macacos recuerdan dónde pusieron el alimento, pero no cuándo.
Algunos investigadores, sin embargo, no se muestran convencidos por estos estudios.
"Los animales viven sobre todo en el presente", dijo Thomas Suddendorf, psicólogo comparativo de la Universidad de Queensland en Australia.
El doctor Suddendorf sostiene que un arrendajo puede recordar el alimento y el lugar donde lo escondió sin tener un sentido de memoria de sí mismo. "La información no es realmente lo que caracteriza el viaje mental en el tiempo", dice Suddendorf. "Sé que en Suecia, en 1967, mi madre me dio a luz, pero eso no significa que yo pueda viajar atrás en el tiempo y volver a vivir ese acontecimiento".
La memoria episódica también depende de muchas otras facultades que sólo han sido claramente documentadas en la mente humana, dice Suddendorf. Dice que cree que evolucionó después de que nuestros ancestros se descolgaran de otros primates. Sin embargo, la ventaja no reside en conocer el pasado, sino en que proporciona "una ventaja a la hora de predecir el futuro", dijo.
Estudios recientes sobre gammagrafía refuerzan el vínculo que establece Suddendorf entre pasado y futuro. Daniel Schacter, psicólogo, y sus colegas de la Universidad de Harvard estudiaron hace poco cómo funciona el cerebro cuando la gente piensa en experiencias pasadas o imagina experiencias futuras. Construir una memoria episódica activa una distintiva red de regiones cerebrales. Cuando una persona agrega entonces detalles a la memoria, la red cambia, y algunas regiones se sosiegan y otras se encienden.
Los investigadores hicieron entonces que sus sujetos pensaran sobre sí mismos en el futuro. Muchas partes de la red de la memoria episódica se volvió a activar.
Suddendorf sostiene que estas redes yuxtapuestas para el viaje mental en el tiempo evolucionó hace 1.6 millones de años, por lo menos. Menciona las herramientas de piedra que hacían en esa época los homínidos. Los paleontólogos han determinado que las herramientas fueron trasladadas a varios kilómetros a la redonda desde los lugares en que se hicieron.
"Si has comido recién, la única razón por la que lleves contigo una herramienta, es que anticipes que la vas a usar en el futuro", dijo.
Suddendorf ha incitado a la acción a los psicólogos comparativos -"como un paño rojo a los toros", como dijo una psicóloga comparativa, Sara Shettleworth, de la Universidad de Toronto. Han estado buscando evidencias de que los animales también pueden planear el futuro.
Algunos estudios sugieren que no. Los monos capuchinos, por ejemplo, comen hasta quedar llenos y sacan el resto del alimento de sus jaulas, pese al hecho de que a la mañana siguiente no tendrán nada de comer.
Pero en otros estudios, los animales se ven más prometedores. "Experimentamos con monos ardilla para determinar si podían anticipar el futuro, y para nuestra sorpresa parece que lo hacen", dijo el doctor William Roberts, psicólogo comparativo de la Universidad de Ontario. Él y sus colegas dirigieron un experimento en el que se ofrecía a cada mono elegir entre un dátil o cuatro dátiles. No fue una sorpresa que los monos escogieran la última opción.
Pero entonces los científicos empezaron a retirar el agua antes de que se decidieran. Si los monos cogían los cuatro dátiles, los científicos les privaban de agua durante tres horas. Si escogían la primera opción (un dátil), los científicos reponían el agua en media hora. Los monos aprendieron a preferir la opción de un dátil. Aunque en ese momento no estaban sedientos, anticiparon la sed que sufrirían en el futuro. (Cuando los científicos dejaron a privarles de agua, los monos volvieron a preferir los cuatro dátiles).
Clayton puso a prueba hace poco el sentido de previsión de los arrendajos. Con sus colegas, colocó a los pájaros en tres compartimentos adyacentes durante seis días. Todas las mañanas las aves fueron encerradas durante dos horas en uno de dos cuartos. En uno, no recibían nada para comer. En el otro, había piñones en polvo (los arrendajos pueden comer el polvo, pero no ocultarlo). Para el resto del día, los pájaros podían moverse libremente en los tres cuartos y disfrutar de más piñones en polvo.
Al séptimo día, los científicos cambiaron los piñones en polvo por piñones enteros. Si querían, los arrendajos podían ocultar los piñones en bandejas de cubos de hielo que los científicos habían dejado en los dos cuartos de la mañana. "Si yo fuera pájaro, lo que haría sería coger algunas de estas provisiones y ocultarlas, de modo que al despertar mañana, pudiera tomar desayuno", dijo Clayton.
Clayton descubrió que los pájaros colocaron tres veces más piñones en el cuarto sin desayuno que el cuarto del desayuno. Sostiene que los resultados quieren decir que los pájaros pueden actuar de acuerdo a necesidades futuras, sabiendo lo que necesitan y dónde lo necesitarán.
Otros expertos en conducta animal dicen que es estudio es convincente. Incluso Suddendorf, que se ha mostrado muy severo de los estudios previos, está intrigado por los resultados de Clayton. Dijo que se pregunta cuánto tiempo pueden anticipar los pájaros: "¿Lo pueden hacer para algo que ocurrirá en una semana o el mes que viene, como hacen los humanos? ¿Se limita sólo al ocultamiento del alimento?"
"Es bueno que la gente lo esté estudiando", dice Suddendorf. "En cinco años, el panorama será mucho más claro. La investigación del futuro tiene mucho futuro".

6 de abril de 2007
©new york times
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