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peligro fascista en francia


[Sebastian Rotella] Como en 2002, el bravucón de la extrema derecha se postula candidato a presidente. Algunos dicen que podría sorprender.
Niza, Francia. Esta agradable, ligeramente descolorida ciudad de palmeras y brisas marinas ha sido conformada por corrientes migratorias: trabajadores del norte de África, jubilados de clase media de Lyon y París, viejos franceses que huyeron de Argelia después de que la antigua colonia conquistara su independencia.
La mezcla mediterránea, a veces difícil, hace de Niza un bastión de Jean-Marie Le Pen, el candidato de la extrema derecha que ha emergido una vez más como una importante fuerza a una semana de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas.
En 2002, Le Pen sorprendió al país al llegar a las eliminatorias presidenciales, que ganó el presidente Jacques Chirac. Cinco años después, ha ganado fuerza pese a persistentes acusaciones de que es racista y antisemita. Las encuestas y análisis políticos sugieren que el tenaz ex paracaidista podría incluso propinar otra sorpresa electoral.
A medida que cultiva una imagen más moderada y bonachona, su partido del Frente Nacional ha atraído a electores de los asediados viñedos de Beaujolais, círculos de intelectuales parisienses antiguamente de izquierdas e, increíblemente, los barrios de vivienda social dominados por los inmigrantes de Niza y otras ciudades.
Independientemente de los resultados que logre Le Pen en contraste con los candidatos favoritos Nicolas Nicolas Sarkozy, Segolene Royal y François Bayrou en las elecciones del 22 de abril, "sus" temas han dominado los debates de campaña.
"Al principio parecía que se habían puesto de acuerdo para no hablar de nuestros temas, porque en los últimos treinta años hemos sido los únicos que se han atrevido a hablar sobre la criminalidad, la inmigración y otros temas", dijo Bruno Ligonie, líder del Frente Nacional local. "Pero el único problema que preocupa aquí a los franceses es si pueden salir a la calle sin ser golpeados o robados... Sarkozy nos ha robado votos proponiendo un ministro de inmigración e identidad. Royal habla de la bandera, del himno nacional. Eso prueba que teníamos razón".
De cualquier modo, aparentemente es una prueba de que los franceses están preocupados sobre la capacidad de su sociedad de integrar a los inmigrantes musulmanes y combatir la delincuencia juvenil y el fundamentalismo islámico. Los disturbios a nivel nacional de 2005 ayudaron a empujar al Frente Nacional hacia el mundo político convencional, que ha reconocido a regañadientes la capacidad callejera de Le Pen para articular los temores e indignación de los trabajadores.
"Mientras más votos reciba Le Pen, más gente estará dispuesta a reconocer en voz alta que lo apoyan", dijo François Rossi, analista político del diario Nice Matin. "Esta vez el gran tema de la campaña es la inmigración y la identidad. El modelo francés de inmigración es un fracaso y todo el mundo lo sabe, en la derecha y en la izquierda".
Las agencias de sondeos, sorprendidos por los inesperados resultados del Partido Socialista hace cinco años, encuentran difícil evaluar las posibilidades de Le Pen. Este año las elecciones son muy estrechas. Y algunos electores se muestran reluctantes a confesar que piensan votar por él debido a la intensa aversión que todavía inspira.
La mayoría de las encuestas muestra a Sarkozy, de centro-derecha, encabezando las intenciones de voto con un 25 por ciento; Royal, socialista, unos pocos puntos detrás; y el centrista Bayrou detrás de ella con alrededor de un veinte por ciento. Aunque Le Pen está en cuarto lugar, aumentó fuertemente en las últimas semanas a un 16 por ciento, superando sus resultados en el mismo momento en la campaña de 2002.
Le Pen parece capaz de un esprint de último minuto, dicen funcionarios de gobierno, operativos de partidos y analistas políticos. Y esta ciudad será un campo de batalla clave.
"Creo que Le Pen ha sido una vez más subestimado y que obtendrá un 17 o 18 por ciento de los votos", dice Bernard Asso, subalcalde de Niza y líder regional del partido Unión por un Movimiento Popular, de Sarkozy. "Cuando haces trabajo político en la calle, todo el mundo habla o de Sarkozy o de Le Pen".
Los orígenes de la extrema derecha aquí en el sudeste de Francia se remontan a la presencia de los partidos pro-nazis de la Segunda Guerra Mundial. Más tarde, cuando los franceses dejaron Argelia en 1961 después de una sangrienta guerra, muchos antiguos colonos franceses, conocidos como pieds noirs, se asentaron en Niza, Marsella y otras ciudades sureñas. Eran furiosamente nacionalistas y despreciaban al presidente Charles de Gaulle, líder de la derecha tradicional, al que responsabilizaban de la pérdida de Argelia.
En los años setenta y ochenta, una afluencia de inmigrantes de África del norte y subsahariana espolearon el surgimiento del Frente Nacional, especialmente entre los trabajadores que vivían en o cerca de barrios industriales donde se asentaron los inmigrantes. Hace poco, la costa sureña se ha convertido en una especie de Franja de Sol francesa, concentrando a jubilados y personas de la tercera edad que tienden a resentir las elites parisienses, los altos impuestos y la generosa burocracia de la seguridad social.
"Debido a que esta es una zona fronteriza, la gente aquí es más sensible a cuestiones sobre la inmigración y los extranjeros", dijo Ligonie la semana pasada en una entrevista en la sede del Frente Nacional aquí. Las discretas oficinas del partido ocupan un apartamento en un barrio multiétnico a unas cuadras de la estación de trenes y de un polvoriento boulevard que está siendo remodelado, donde matones adolescentes holgazanean y pasan en coches a altas velocidades haciendo sonar música rap y norafricana a todo volumen. A diferencia de las sedes de otros partidos políticos, no hay signos exteriores de la presencia del Frente Nacional. El timbre en la entrada ha sido destruido en un acto de aparente sabotaje político.
"No es fácil ser miembro del Frente Nacional", dijo Ligonie, un hombre bronceado, de aspecto pulcro y un fino orador. "Teníamos una imagen terrible porque nos demonizaron".
Esa imagen se suavizó durante el año pasado cuando Marine Le Pen, la hija del candidato, se encargó de la estrategia de comunicaciones. El viejo Le Pen parece reír más y gruñir menos. Pero todavía tiene sus momentos. Hace poco se burló de Sarkoze, que tiene raíces húngaras y greco-judías, llamándolo "el candidato de la inmigración".
La observación hizo recordar los días de escandalosos bochinches de Le Pen, cuando se refirió al Holocausto como "un detalle de la historia" y buscaba el enfrentamiento físico con sus rivales.
Sin embargo, Ligonie insiste en que el partido no tolera actitudes antisemitas o contra los inmigrantes. Tampoco le agrada la etiqueta de "extrema derecha".
"No somos ni de izquierda ni de derecha, sino franceses", dijo. "No hay nada en nuestro programa, en nuestro discurso, que sea antisemita. Y también hay judíos en el Frente Nacional".
La plataforma de Le Pen exige medidas drásticas, tales como la retirada de Francia de la Unión Europea y el cierre de las fronteras y la exclusión de los inmigrantes de la seguridad social. Curiosamente, sin embargo, ha logrado hacerse con un lugar en las mismas comunidades de inmigrantes que cree que son una amenaza para el futuro de Francia. Ha extendido la mano a los ciudadanos franceses de origen extranjero, argumentando que son las víctimas de primera línea de la inmigración excesiva, de la delincuencia y el desorden.
"En los barrios de viviendas sociales hay muchos que votan por Le Pen", dijo Rossi, un periodista político. "Los franceses que viven en esas áreas, y muchos franceses de origen árabe. La psicología es simple. Son personas bien asentadas en Francia, especialmente hombres de negocios con familias, que viven en apartamentos, que se ven confrontados diariamente a los problemas de la juventud en los proyectos de vivienda social. Y ellos quieren autoridad y seguridad".
Uno de los líderes musulmanes más importantes de Francia, Kamel Kabtane, reconoció en una entrevista reciente que Le Pen había ganado algún apoyo en las comunidades de inmigrantes. Kabtane, un inmigrante de Argelia e imam de la principal mezquita de Lyon, dijo que el canoso candidato había logrado consolidar la fuerza de su partido por ser consistentemente franco y abierto.
"Dice en voz alta lo que otros dicen en voz baja", dijo Kabtane. "Y creo que debemos hacer todo lo posible para impedir que sea elegido".

rotella@latimes.com

20 de abril de 2007
16 de abril de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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