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quemaron radio dijla


[Tina Susman] En Bagdad. Un día después de que mataran a un guardia durante una balacera, los atacantes volvieron al estudio y lo saquearon y convirtieron en un montón de escombros humeantes.
Kareem Yousif sabía que sería un día difícil cuando un grupo de hombres armados trató de secuestrar a cuatro de sus empleados cuando se dirigían a su trabajo en la camioneta de la compañía. Los miembros del personal de Radio Dijla escaparon ilesos, pero no así la inconformista emisora de radio.
Horas después del fracasado intento de secuestro el jueves, editores, guardias de seguridad y otros empleados de la emisora pelearon con decenas de hombres armados que atacaron el edificio, matando a un guardia e hiriendo a otros dos. Expulsaron a los asaltantes, pero a la noche siguiente, volvieron para terminar el trabajo.
El sábado, la emisora era un montón de ruinas todavía humeantes, una baja más en una guerra en que las voces independientes deben hacer frente a mortíferas repercusiones.
Yousif, director suplente de la emisora, y Ahmed Rikabi, su fundador, responsabilizaron a grupos asociados al Qaeda del ataque del jueves, que ocurrió durante el Día Mundial de la Libertad de Prensa.
"Nosotros somos símbolo de unidad. Lo que estamos haciendo contradice completamente su manera de pensar", dijo Rikabi.
Rikabi empezó Radio Dijla, que significa Tigris en árabe, en abril de 2004 en Jamiya, un barrio residencial de Bagdad. La emisora abrió en un chalet de dos niveles en una calle perpendicular a la calle principal y empezó a emitir noticias y programas de llamados. La zona estaba dominada por los sunníes, y vivían allí montones de admiradores de Saddam Hussein, que había sido derrocado el año anterior, dijo Rikabi.
Pero los empleados pertenecían a toda una variedad de grupos religiosos y étnicos, y Rikabi creía que el enfoque no sectario y apolítico de la radio les protegería de ser atacados.
Pensó en abrir una emisora después de trabajar un año como director de la Iraqi Media Network norteamericana, que operaba en una tienda cerca del aeropuerto de Bagdad y luego desde un edificio que, desde entonces, se ha convertido en la sede del parlamento iraquí.

Diálogo Intelectual
Mientras la operación patrocinada por Estados Unidos defendía un punto de vista pro-americano, Radio Dijla tenía la intención de ser un órgano independiente al que cualquiera podía llamar y expresar su opinión sobre cualquier cosa, desde el tiempo hasta la presencia militar norteamericana.
"Nunca dijimos lo que pensábamos", dijo Rikabi, que habló desde Londres, donde pasa la mayor parte del tiempo debido a que ha recibido amenazas de muerte. "Nunca cerramos los micrófonos porque alguien expresara una opinión que rechazábamos".
Al principio, dijo, los radioyentes que llamaban eran a menudo groseros e incluso se insultaban unos a otros.
"Pero poco a poco, nos dimos cuenta de que el diálogo se hacía más intelectual, más cultivado. Después de un rato, la gente se acostumbró a oír opiniones diferentes", dijo.
Se trataba de una fórmula inédita en Iraq, donde el debate político había sido reprimido durante décadas. Pero a medida que se extendía la guerra sectaria en Iraq y la resistencia sunní, Radio Dijla fue succionada por la refriega.
Hace un año, el chofer de Yousif y un guardia fueron matados a balazos. En los últimos nueve meses, mataron a un editor y otros tres empleados, incluyendo al director de noticias, que había sido secuestrado. Ninguno ha sido encontrado.
El último ataque empezó a las 8:30 de la mañana del jueves, cuando dos sedanes, cada uno transportando hombres armados, intentó hacer parar a la camioneta de la compañía que llevaba a sus empleados al trabajo. El chofer de la camioneta eludió la trampa, y los secuestradores huyeron después de un tiroteo con los guardias de la radio.

Signos Ominosos
A eso del mediodía, Yousif observó misteriosos movimientos en las tranquilas calles de los alrededores. Había demasiados coches desconocidos recorriendo la zona. Cogió un teléfono y llamó a las fuerzas de seguridad iraquíes.
"Expliqué que estaban pasando cosas raras en el barrio", dijo Yousif. Pero antes de que llegaran refuerzos, la emisora estaba sitiada.
Un proyectil lanzado con un lanzagranadas hizo volar la puerta principal de la radio, matando al guardia que estaba detrás. Más hombres armados, utilizando sus armas automáticas y RPGes, dispararon desde los tejados en torno a la mansión. Cuando dos guardias de la emisora que estaba en el tejado cayeron heridos, los asaltantes irrumpieron por la entrada principal y empezaron a tratar de hacerse camino hacia el primer piso.
Yousif y sus empleados tenían justamente un plan para esa eventualidad, y lo pusieron en acción. Todo el mundo corrió al primer piso, donde se guardaba un arsenal de armas. Algunos cogieron armas. Otros, incluyendo a Yousif, cogieron sus propias pistolas.
Productores, anfitriones de telediarios, guardias y otros empleados se apostaron en la parte de arriba de las escaleras y dispararon contra los atacantes que trataban de llegar al primer piso.
"Todo el mundo estaba disparando. Estuvimos disparando durante 20 minutos", dijo Yousif. "Trataron de matarnos. Cuando trataron de avanzar, les disparamos".
Algunos de los asaltantes llevaban máscaras. Otros lograron subir al tejado de la emisora, de modo que los empleados se encontraron encajonados entre fuerzas hostiles. Otros empleados buscaron refugio en las oficinas, algunos gritando y llorando.
Finalmente, los asaltantes se marcharon, aparentemente conscientes de que las fuerzas de seguridad entrarían pronto en escena.
Cuando llegaron, las fuerzas de seguridad evacuaron al personal, pero Yousif dijo que ellos no respondieron a sus llamados a que les proporcionaran escoltas armados para volver al chalet más tarde, de modo que pudieran retirar los ordenadores y otros equipos.
El viernes noche, la gente del vecindario llamaron a casa a Yousif para informarle que habían oído ruidos extraños. Luego lo llamaron para decirle que el edificio estaba en llamas. Pero era demasiado tarde como para salvar algo.
Yousif, sonando muy debilitado por la falta de sueño, dijo que había pedido repetidas veces mejor protección.
"Hemos pedido al gobierno más de una vez que protegiera esta calle. Todas las semanas matan o secuestran a alguien aquí", dijo. "Pero se vienen por una semana, y luego, cuando se marchan, todo vuelve a lo mismo".
"Jamiya se ha convertido en un cementerio de periodistas", dijo, mencionando toda una lista de ataques contra otras órganos de prensa y periodistas en la zona.
Uno de esos ataques ocurrió la semana pasada. Una de las personalidades mejor conocidas de la radio iraquí, Amal Mudarris, escapó apenas de la muerte cuando le dispararon en la cabeza frente a su casa en el barrio.
El mes pasado estalló un camión bomba cerca de las oficinas de Bagdad TV en Jamiya. También en abril otro conocido periodista, el reportero radial Khamail Khalaf, fue encontrado muerto en un barrio adyacente dos días después de ser secuestrado.
Yousif y Rikabi habían hecho planes de mudarse a un lugar más seguro.
"Pero ellos fueron más rápidos", dijo Yousif sobre los atacantes.
Radio Dijla no emitió el sábado, pero su página web siguió funcionando, publicando un reportaje sobre el ataque contra la emisora, junto con el usual repertorio de noticias misceláneas, incluyendo una receta para macarrones con albóndigas y datos sobre cómo tener unas uñas perfectas.
Los radioyentes ofrecieron ayuda.
Rikabi dijo que su objetivo era salir nuevamente al éter con una programación limitada dentro de 72 horas. Dijo que los radioyentes habían llamado para ofrecer de todo, incluso vender sus joyas de oro y casas para ayudar a financiar el renacimiento de la emisora y mudarla a una ubicación más protegida.
Encontrar un lugar así en Bagdad, sin embargo, sería difícil.
"Si te mudas a una zona chií, el personal sunní no se aparecerá a trabajar. Si te mudas a una zona sunní, los chiíes se quedarán en casa", dijo Rikabi, que calcula que ha perdido a unos treinta empleados debido a problemas de seguridad. Ahora, la radio tiene un personal de unas 55 personas.
"Probablemente deberíamos buscar un lugar en medio del río", dijo con una tibia sonrisa. "Que no es ni sunní ni chií".

susman@latimes.com

7 de mayo de 2007
5 de mayo de 2007
©los angeles times

©traducción mQh
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