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tensiones por brutalidad policial


[Christopher Maag] Asesinato de una madre con su bebé expone las tensiones raciales de la ciudad.
Lima, Ohio, Estados Unidos. El aire en el Southside es pestilente y denso, lleno de los gases que despide una refinería de petróleo y el humo del diesel de un galpón de trenes, con rumores sobre disturbios y recriminaciones, y furiosas preguntas: ¿Por que está Tarika Wilson muerta? ¿Por qué disparó la policía contra su bebé?
"Esto apesta, y la policía lo sabe", dijo Jason Upthegrove, presidente de la seccón Lima de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color, N.A.A.C.P. "Ya no estamos pidiendo respuestas. Las estamos exigiendo".
Algunos hechos ya se conocen. Un equipo de fuerzas especiales llegó a la casa de alquiler de la señora Wilson en un barrio del Southside temprano en la noche del 4 de enero para arrestar a su compañero, Anthony Terry, por sospechas de tráfico de drogas, dijo Greg Garlock, jefe de policía de Lima. Los agentes echaron abajo su puerta y entraron con las armas en la mano, dijo vecinos que presenciaron el allanamiento.
Momentos después, la policía abrió el fuego, matando a Wilson, 26, e hiriendo a su hija de catorce meses, Sincere, dijo el jefe Garlock. Un agente que participó en el allanamiento, el sargento Jopeph Chavalia, un veterano con 31 años de servicios, ha sido enviado a casa con permiso administrativo.
Más allá de estas magras certezas, lo que hay son sobre todo rumores y rabia. La policía se niega a rendir cuentas sobre el allanamiento, a la espera de una investigación del fiscal general de Ohio.
La gente negra de Lima, desde los ciudadanos más pobres a líderes religiosos y profesionales, se quejan de que policías canallas les detienen regularmente sin causa alguna, apuntándoles con sus armas a la cabeza y maltratándoles físicamente. Dicen que el asesinato a balazos de Wilson es sólo el último ejemplo de una larga tradición en la que unos pocos agentes de policía blancos tratan a los afro-americanos como personas peligrosas.
"En esta ciudad reina el demonio", dijo C.M. Manley, pastor de la Iglesia Bautista Misionera Nuevo Lucero. "La policía me acosa. Acosan a mi familia. Pero saben que si me pasa algo, la gente quemará esta ciudad".
Investigaciones internas no han producido evidencias de acoso policial, dijo el jefe Garlock. Sin embargo, funcionarios locales reconocen que la percepción de que existe un racismo sistemático ha abierto una profunda brecha.
"La situación es muy tensa", dijo el alcalde David J. Berger. "Se han hecho graves amenazas. La gente ha empezado a portar armas para protegerse".
Rodeada por tierras agrícolas conocidas por sus raíces germano-católicas e ideología política conservadora, Lima es la única ciudad en el área circundante con una importante población afro-americana. Familias negras, incluyendo la de Manley, llegaron a Lima en los años cuarenta y cincuenta para trabajar en lo que es ahora la Husky Energy Lima Refinery y otra fábricas a lo largo de los lindes sureños de la ciudad. Los negros constituyen el 27 por ciento de sus 38 mil habitantes, dijo Berger.
Muchos negros viven todavía a sotavento de la refinería. Muchos blancos de la fuerza de policía viajan desde pueblos agrícolas cercanos, donde una cara negra es tan común como una aparición de la virgen. De los 77 agentes de policía de Lima, sólo dos son afro-americanos.
"Si me jubilo con una frustración, será que no fui capaz de lograr el equilibrio racial del cuerpo de policía", dijo el jefe Garlock, que se incorporó a la policía en 1971 y ha sido jefe durante los últimos once años.
Tarika Wilson tenía seis hijos, de edades de ocho a un año, de cinco padres, todos ellos traficantes de drogas, dijo Darla Jennings, madre de Wilson. Pero Wilson misma nunca usó drogas ni permitió que las vendieran en su casa, dijo Tania Wilson, su hermana.
"Se dedicaba a criar a sus hijos, sin demasiada ayuda de sus padres, y la comunidad la respetaba por eso", dijo el tío de Wilson, John Austin.
El compañero de Tarika Wilson, Terry, fue investigado durante un largo tiempo, dijo el jefe Garlock, pero Wilson nunca fue sospechosa de nada.
Durante el allanamiento, Sincere, el menor, recibió un balazo en su hombro izquierdo y en una mano. Tres semanas después de la balacera, sigue recuperándose, dijo una portavoz del Hospital Pediátrico Nationwide, de Columbus.
Minutos después de la balacera, a eso de las ocho de la tarde, una cincuentena de personas se reunió frente a la casa de Wilson e insultaron a la policía, dijeron vecinos. Al día siguiente, se reunieron frente a la casa trescientas personas, que marcharon los tres kilómetros que los separaban del ayuntamiento.
Muchos manifestantes creen que vieron francotiradores en el tejado del cuartel de policía. Los hombres en el tejado eran en realidad fotógrafos, dijo el jefe Garlock.
"Me tiene sin cuidado lo que diga la policía", dijo Tania Wilson. "Yo no confiaba en ellos, incluso antes de que mataran a mi hermana".
Marchas más pequeñas han continuado llegando al ayuntamiento cada semana desde el asesinato. La N.A.A.C.P. realizará un mitin el sábado para ventilar sus quejas sobre la brutalidad policial. La organización pedirá que el ministerio de Justicia investigue al departamento de policía y la oficina del prosecutor del condado de Allen, dijo Upthegrove.
Junior Cook es vecino de Tarika Wilson. Dice que vio desde su corredor cuando el equipo de las fuerzas especiales pasó corriendo por su jardín y segundos más tarde vio cómo un agente de policía salía de la casa de Wilson llevando un bebé ensangrentado envuelto en una manta.
"Los polis de Lima son racistas", dijo Cook, 56. "¿Si no cómo se explica que hayan disparado contra una madre con su bebé en los brazos?"

10 de febrero de 2008
30 de enero de 2008
©new york times
cc traducción mQh
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