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crisis alimentaria en zimbabue


Millones de personas pasan hambre, y se espera que esta cifra crezca. Se atribuye la hambruna a la economía colapsada, las malas cosechas y la política.
[Robyn Dixon] Provincia de Masvingo, Zimbabue. Parecen pájaros picoteando grano por grano, a los lados de los caminos del país. Mujeres y niños andrajosos se agachan para recoger los puñados de maíz que caen de los camiones que pasan. Esos preciosos granos es lo único que tienen para comer.
Millones de personas en todo Zimbabue están al borde de la muerte por inanición, debido fundamentalmente al fracaso de las cosechas de este año y la colapsada economía del país, además del hecho de que el presidente Robert Mugabe prohibió la ayuda humanitaria durante la última campaña electoral.
En la carretera de Harare, la capital, al sur de la provincia de Masvingo, un niño de tres años, Slupeth, recoge granos con su madre, Esnat, 36, y su hermana, Chipo, de veintiséis. Les toma medio día reunir medio kilo de harina de maíz, suficiente para un modesto almuerzo.
El niño ha perdido la mitad de su pelo; su piel es escamosa, y tiene los ojos llorosos. Las dos mujeres se ven demacradas, de mejillas prominentes, con muñecas como palo. En abril, la familia se quedó sin maíz.
"Nos dijeron que un camión había perdido granos hoy. De otro modo no tendríamos nada que comer", dijo Esnat, que tenía miedo de ser golpeada por partidarios del gobierno si nos decía su apellido.
Hace poco Mugabe derogó su prohibición de la ayuda extranjera, pero Richard Lee, portavoz del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, dijo que tomaría meses montar las distribuciones de ayuda humanitaria para que recuperasen toda su velocidad.
De las 1.7 millones de personas que necesitaron alimento urgentemente este mes, sólo una pequeña parte recibieron ayuda, dijo. Para noviembre, el Programa Mundial de Alimentos espera estar operando completamente. Cerca de cinco millones de personas necesitarán ayuda alimentaria a principios del próximo año, la época en que la escasez de alimento es normalmente peor, predijo Lee.
Un capitán de pueblo en la sureña provincia de Masvingo dice que en sus 76 años de vida nunca vio una hambruna tan intensa como ahora. La mayor parte de la gente de las zonas rurales se ha quedado sin harina de maíz, el alimento básico, junto con el aceite para cocinar, el azúcar e incluso la sal.
No comen otra cosa que colza, un vegetal frondoso parecido a la espinaca, y un fruto silvestre llamado hacha.
Esnat y Chipo hacían trabajitos por un cubo de maíz, pero ahora ya nadie tiene nada. Sus vecinos tienen tan poco que comer que no se les puede pedir a ellos. Mientras miran los camiones que pasan, la familia se alimenta de hacha.
Según creen aquí muchos, en Zimbabue el hambre es un elemento político. En tiempos de escasez, el partido ZANU-PF que ha gobernando durante veintiocho años, ha utilizado el Grain Marketing Board, el distribuidor de granos del estado, para castigar a los activistas opositores a nivel de aldeas y recompensar a sus partidarios.
Un miembro de la comisión, hablando a condición de conservar el anonimato por temor a las repercusiones, dijo que las distribuciones de alimentos a nivel de distrito -la única fuente de maíz- habían sido encargadas al ejército, a la Organización Central de Inteligencia [Central Intelligence Organization, CIO], la policía y al gobernador.
"Era más como una herramienta de campaña. Los que apoyaban a la oposición no estaban recibiendo nada porque la CIO quería entregar los granos directamente a sus partidarios", dijo.
Un diplomático que vio la distribución hace algunos meses describió un camión de Grain Marketing rodeado por jóvenes de ZANU-PF con camisetas y pañuelos del partido.
"Estaba claro que era una operación alimentaria del ZANU-PF, no una operación de GMB. Las dos se fundieron en una", dijo el diplomático.
Pasado el año electoral y el alimento repartido entre los partidarios, los silos están vacíos, dijo el funcionario de la comisión. Y en algunas áreas la cosecha fue apenas el cinco por ciento del nivel esperado.
Al sur de Harare, el campo se vuelve más seco. El paisaje es polvoriento, con tierra roja y hierba seca y amarilla. Altísimas rocas ovales sobresalen majestuosamente, balanceándose unas sobre otras como en un truco de magia geológica.
En los pueblos la hambruna es tan aguda que es el único tema del que hablan. En un caso, el capitán -un hombre sabio tradicional y funcionario del ZANU-PF-, que se identificó solamente como Isaac, 76, dijo que en sequías pasadas uno podía recurrir a las tiendas. Pero sin cosecha, con las tiendas vacías y sin transporte para salir a comprar fuera, la gente se vio obligada a alimentarse de frutos silvestres. Pidió que guardáramos el secreto de su identidad por temor a las represalias.
"Nunca en mi vida vi una situación tan grave como la que estamos teniendo ahora", dijo.
Tsungirirai, una mujer de ochenta años, cuida a nueve nietos, alimentándolos solamente con vegetales. Se le acabó la sal y no puede vender su último ganado porque lo necesita para arar. Hace poco vendió su última cabra para comprar alimentos.
"No hay nada que yo pueda hacer. Me siento como si fuéramos caminando hacia la muerte. No podemos sobrevivir comiendo solamente verduras", dijo la mujer, que sólo reveló su nombre de pila. "A veces lloro sola cuando estoy en mi chocita. A veces los niños me ven llorando. Los más chicos lloran conmigo. Los mayores me dicen: "Hey, ¿crees que llorar ayuda?"
Isaac, el capitán, dice que los aldeanos recurren a él pidiéndole ayuda, pero que lo único que puede hacer es enviarlos al depósito del Grain Marketing Board, aunque sabe que ahí no hay nada.
"Me siento muy avergonzado. Es muy, muy duro", dijo. "Si ves el terrible estado en que está a gente, te dan ganas de llorar".
Pero los críticos dicen que los capitanes y jefes -los ojos y oídos del ZANU-PF en las zonas rurales- se han beneficiado del sistema durante años. Antes de las elecciones en marzo y junio, el gobierno repartió coches y tractores entre los jefes.
"Estaba bien cuando funcionaba a su favor", dijo el diplomático. "El consejo de jefes pudo levantarse en cualquier momento y oponerse al sistema, pero no lo hicieron".
La prohibición de Mugabe contra las organizaciones de ayuda internacionales también estuvo motivada políticamente, piensan algunos aldeanos. Durante la campaña presidencial antes de la primera ronda de votación a fines de marzo, Mugabe quería presionar a las zonas que favorecían al Movimiento por el Cambio Democrático, de la oposición, dijo un campesino de 52 años llamado Edward.
La mayoría de la gente de su aldea, tradicionalmente un área de fuerte apoyo al ZANU-PF, votó por el líder de la oposición, Morgan Tsvangirai, pero recularon en la segunda vuelta del 27 de junio, después de que el partido dominante realizara una violenta campaña por los votos.
"Sospechamos que él [Mugabe] quería que la gente sintiera el pinchazo para que votaran por el ZANU-PF", dijo Edward.
Él y sus cuatro hijos sobreviven con verduras cocidas.
"Me siento mal. Creo que debería ser capaz de hacer más por mi familia", dijo.  "Debería poder alimentarlos, porque no puedo dejar morir de hambre a mi familia".
Zimbabue era un exportador de granos, pero después de la expulsión de los colonos blancos, que empezó en 2000, la agricultura colapsó, dejando al país dependiente de la ayuda humanitaria y alimentos importados.
El funcionario de la comisión de granos culpó a la corrupción y a la baja producción agrícola. Incluso ahora que Mugabe se ha visto obligado a compartir el poder con el MCD, a los zimbabuenses les espera una larga espera, dijo.
"Los baúles están vacíos", dijo el funcionario. Tsvangirai, ahora primer ministro, "está empezando de cero".

robyn.dixon@latimes.com
10 de octubre de 2008
27 de septiembre de 2008
©los angeles times
cc traducción mQh
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