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estuvo preso en guantánamo


Busca su exoneración. En Francia, el argelino disfruta su retorno a la vida.
[Edward Cody] París, Francia. Cuando la pesadilla finalmente terminó -siete años en Bahía Guantánamo, dos de ellos alimentado forzosamente a través de un tubo en la ventana derecha de su nariz, la larga lucha para proclamar su inocencia ante un juez, y finalmente diez días de hospitalización-, Lakhdar Boumediene celebró con un almuerzo de pizza en una pequeña picada parisiense.
"Cuando estábamos en el restaurante", dijo Boumediene el lunes poco después de la comida que marcó su alta de la custodia médica y su retorno a la sociedad normal, "le dije a mi esposa que me volvía a sentir hombre por primera vez, saboreando cosas, recogiendo cosas con mis dedos, almorzando con mi mujer y mis dos hijas".
Boumediene, 43, había estado en una clínica militar francesa en observación física y psicológica desde su llegada a París el 15 de mayo a bordo de un avión del gobierno de Estados Unidos que lo trasladó allá -esposado- desde la cárcel militar de Bahía Guantánamo, Cuba.
En lo que describe como un feo error de las autoridades estadounidenses, Boumediene, un ciudadano argelino, pasó siete años allá como el sospechoso de terrorismo No. 10005. Más tarde se convirtió en el querellante en un histórico caso de la Corte Suprema, Boumediene v. Bush, que en junio de 2008 otorgó a los detenidos de Guantánamo el derecho a una revisión judicial de su encarcelamiento.
Boumediene, en una larga entrevista en un suburbio de París, dijo que se unió al caso para representar a las decenas de prisioneros retenidos en Guantánamo acusados de ser "combatientes enemigos", sin el derecho a impugnar la acusación ante un tribunal.
Más tarde un juez de distrito en Washington ordenó su liberación. Representa algo nuevo: decenas de prisioneros a los que el gobierno de Estados Unidos decidió liberar pero no puede porque ningún país los acepta y la mayoría de los estadounidenses no los quiere en suelo estadounidense.
A petición del gobierno de Obama, Francia accedió a aceptar a Boumediene, aunque parece reluctante a acoger más detenidos. Gran Bretaña aceptó en febrero a un ex prisionero de Guantánamo y ha prometido aceptar a un segundo. En total, dicen activistas de derechos humanos, Washington está buscando hogar para cerca de sesenta prisioneros, detenidos sin juicio tras los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono el 11 de septiembre de 2001 y ahora en proceso de ser liberados.
La versión de los hechos según Boumediene es imposible de verificar independientemente. Pero se describió a sí mismo como daño colateral de esas detenciones. Trabajaba como cooperante en Bosnia cuando fue arrancado de la vida y, dijo, interrogado interminablemente sobre algo sobre lo que no sabía nada.
Boumediene, que en la época era un cooperante de la Media Luna Roja, fue detenido en Bosnia en octubre de 2001 junto con otros cinco argelinos acusados de conspirar para volar las embajadas de Estados Unidos y Gran Bretaña en Sarajevo, cargos que fueron más tarde retirados. En enero de 2002 los seis fueron entregados a funcionarios norteamericanos y trasladados a Guantánamo, pese a las resoluciones de varios tribunales de Bosnia de que no había motivos para deportarlos.
Estados Unidos tenía gran interés en los detenidos porque uno de los seis argelinos, Belkacem Bensayah, estaba acusado por investigadores estadounidenses de ser un operativo de al Qaeda en Bosnia. Además, la policía bosnia había descubierto un trozo de papel en casa de Bensayah, con un número y un nombre manuscritos que correspondían con los de un importante líder de al Qaeda en Afganistán.
Boumediene, en la entrevista, dijo que no conocía bien a Bensayah, pero que, como compatriota argelino Bensayah se había acercado a la Media Luna Roja a pedir ayuda para su familia. Además, dijo, la esposa de Bensayah pidió ayuda después de la detención de su marido, y Boumediene le dio dinero para que buscara un abogado. Boumediene dijo que los funcionarios norteamericanos concluyeron que esas relaciones lo vinculaban con las actividades de al Qaeda en Bosnia.
Además, dijo Boumediene, un período que pasó en Pakistán a principio de los años noventa despertó las sospechas de los investigadores norteamericanos y puede explicar que su nombre terminara en una lista de sospechosos compartida por los servicios de seguridad argelinos con sus contrapartes estadounidenses.
Boumediene dijo que su estadía en Pakistán no tenía nada que ver con las escuelas religiosas madrassas de ese país -donde se educa a los futuros combatientes en una versión extrema del islam. En lugar de eso, dijo, fue supervisor de una escuela para huérfanos afganos financiada por Kuwait.
Pero durante su estadía tuvo que renovar su pasaporte en la embajada argelina en Islamabad. Debido a que muchos combatientes islamitas árabes se habían congregado en Pakistán, incluyendo a argelinos, la renovación de su pasaporte lo marcó como posible extremista para los servicios de seguridad argelinos.
Como consecuencia, cuando viajó a Argelia en diciembre de 1999, para visitar a su familia, dijo Boumediene, fue retenido en el aeropuerto, donde le dijeron que aparecía en una lista de personas que eran buscadas para ser interrogadas. Boumediene negó toda vínculo con los extremistas fundamentalistas argelinos, pero investigadores argelinos querían saber más sobre su viaje a Pakistán y confiscaron su pasaporte.
Cuando trataba de que le levantaran las sospechas para recuperar su pasaporte, contó Boumediene, un funcionario de la fiscalía le dijo que podría evitar mayores problemas con las autoridades argelinas si se inscribía para una amnistía que el presidente Abdelaziz Bouteflika estaba ofreciendo a los activistas islámicos. Reluctantemente, y todavía negando cualquier asociación con los extremistas argelinos, aceptó la amnistía del gobierno y recuperó su pasaporte.
Eso resolvió su problema en Argelia. Pero un documento donde aparecía en el listado de los militantes que habían sido amnistiados fue encontrado en su casa después de su detención en Bosnia y, especula Boumediene, sirvió para reforzar las sospechas norteamericanas sobre sus lazos con al Qaeda.
Boumediene dijo que fue interrogado más de 120 veces durante su estadía en el Campo Delta en Guantánamo, la mayoría de las veces sobre otros árabes y musulmanes extranjeros en Bosnia. "Al principio pensé que eran honestos, y les expliqué que era inocente y que deberían dejarme marchar", recordó. "Pero después de los dos primeros años, me di cuenta de que no eran correctos, y dejé de cooperar".
Durante un período de dieciséis días en febrero de 2003, dijo, fue interrogado día y noche, con métodos como levantarlo violentamente de la silla a la que estaba amarrado, de modo que los grilletes se incrustasen en su carne. Los interrogadores, vestidos algunos con uniformes militares y otros de paisano, eran asistidos por intérpretes árabes que parecían provenir mayormente de Egipto y el Líbano, dijo, y más tarde de Marruecos e Iraq.
"Eran como perros", dijo Boumediene sobre los intérpretes extranjeros, en su única demostración de ira. "Eran perros. A menudo empezaban ellos mismos los interrogatorios. Les decían a los interrogadores que ellos podían obtener más información".
En Navidad de 2006, dijo Boumediene, empezó una huelga de hambre en un intento de que alguien oyera sus declaraciones de inocencia. Dos veces al día, a eso de las seis de la mañana y a la una de la tarde, era amarrado a una silla de hierro y alimentado forzosamente por un tubo en la ventana derecha de la nariz que llegaba hasta su estómago.
Hasta una cena con sus abogados cuando estaba por salir de Guantánamo, dijo Boumediene, rompió su ayuno sólo dos veces -la primera cuando se enteró de la elección del presidente Obama y luego cuando el juez ordenó su liberación.
"No tengo idea de por qué me ocurrió esto", dijo. "Soy un musulmán como cualquier otro. Rezo y observo el ramadán. Pero no odio a nadie".
Agradecido de poder asentarse en Francia con la ayuda del gobierno, su primer objetivo es reunir nuevamente a su familia, dijo Boumediene. Pero en el camino, agregó, quiere demandar al gobierno estadounidense o a sus funcionarios.
"No sé si es posible", dijo. "Pero lo intentaré, así me tome cien años".

13 de junio de 2009
6 de mayo de 2009
©washington post 
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