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en kenia, leve sentencia por asesinato


Leve sentencia de prisión para aristócrata blanca provoca indignación. El juicio de Thomas Cholmondeley por asesinato expuso fisuras de clase y raza. Lleva tres años en la cárcel, y fue condenado a ocho meses de prisión.
[Tristan McConnell] Nairobi, Kenia. Ruidosas protestas estallaron en una atiborrada sala del tribunal hoy cuando Thomas Cholmondeley, heredero de una conocida familia de colonos blancos, fue sentenciado a ocho meses de cárcel por el asesinato, en 2006, de un cazador furtivo negro en la hacienda de su familia.
"Condeno al acusado a ocho meses de cárcel", declaró el juez Muga Apondi en la imponente sala del tribunal de paneles de maderas y atiborrada de periodistas y espectadores donde se representó el drama durante los últimos cuatro años.
Inmediatamente, los manifestantes en la galería pública desplegaron pancartas con la leyenda ‘Carnicero de Naivasha’ y empezaron a gritar consignas en kiswahili, el idioma local. La indignación puso al descubierto las fisuras de raza y riqueza que cruzan la sociedad keniata.
En la calle frente al Tribunal Superior de Nairobi, un hombre, que se negó a dar su nombre, dijo: "Si fuera negro, la sentencia habría sido diferente. Esa sentencia se explica por el color y la familia de ese hombre. ¡Es un insulto! Así es la justicia en Kenia", agregó, aludiendo a los defectos que muchos ven en el sistema judicial keniata.
El abogado defensor de Cholmondeley, Fred Ojiambo, la calificó de "sentencia justa". El fiscal acusador dijo que recurriría la sentencia, a la que llamó "demasiado indulgente".

Encuentro Fatal en Su Hacienda
El controvertido caso empezó hace tres años.
La tarde del 10 de mayo de 2006, cuando recorría con un amigo la hacienda de la familia de veintidós mil hectáreas, Cholmondeley sorprendió a una banda de cazadores furtivos.
Los cazadores cazaban con perros y estaban armados con arcos y flechas, pangas [machetes] y palos. Un cazador, un picapedrero llamado Robert Njoya, acarreaba sobre sus espaldas el cadáver decapitado y destripado de una gacela. Cholmondeley llevaba un rifle Winchester colgado sobre su hombro para protegerse de los búfalos.
Muchos de los decrecientes números de terratenientes blancos -descendientes de los primeros colonos del siglo veinte- han sufrido violentos robos en los últimos años y saben que una banda de ladrones es rara vez una buena noticia.
Cholmondeley apoyó una rodilla en el suelo y disparó tres veces, matando a dos de los perros y dejando a Njoya mortalmente herido. Cholmondeley se esforzó por parar la hemorragia y llevó a Njoya a toda prisa al hospital, pero no pudo impedir su muerte.
Cholmondeley rechazó la acusación de asesinato, diciendo que había disparado en defensa propia y matado a Njoya accidentalmente. Pero el juez Muga Apondi describió como una idea de último minuto la sorpresa que expresó Cholmondeley sobre la afirmación de su amigo en el estrado de testigos -un conductor de carreras llamado Carl ‘Flash’ Tundo- de que también llevaba un arma y podría haber disparado la bala asesina.
La semana pasada el juez Apondi declaró a Cholmondeley, que ha estado en prisión desde el incidente, culpable de homicidio, algo que sorprendió a muchos keniatas que se han acostumbrado a la idea de que a los ricos no se les encarcela.
Fue una doble sorpresa, porque Cholmondeley había asesinado anteriormente a otra persona y había quedado impune. La ocasión previa había sido en 2005, cuando disparó contra otro negro, Samson Sisina, un guardabosques encubierto. En esa ocasión el fiscal general de Kenia desechó el caso, contribuyendo a fortalecer la creencia de los privilegiados están por encima de la ley.

Historia de una Familia de la Elite
La historia familiar de Cholmondeley, desde la llegada de sus ancestros a Kenia hace más de cien años, hasta la segunda detención y juicio de Cholmondeley, resume las tensiones sobre raza y propiedad de la tierra que todavía existen.
Los primeros colonos británicos blancos llegaron a Kenia en los últimos días del siglo diecinueve dirigidos por Lord Delamere, el bisabuelo de Cholmondeley. Es tan famoso por sus salvajes escapadas, disparando contra botellas en bares, y entrando a restaurantes montado en su caballo, como por sus vigorosos esfuerzos por desarrollar la industria agrícola keniata.
Investigadores académicos calculan que los colonos se apropiaron de cerca de tres millones de hectáreas, fundando miles de extensas haciendas en el Rift Valley y en las laderas del Monte Kenia, llamado ‘The White Highlands’ durante la época colonial.
Lord Delamere -un título hereditario del que Cholmondeley es heredero- definió el esquema de las generaciones futuras, caracterizado por colonos playboys tal como fueron dramatizados en el libro y la película ‘Pasiones en Kenia’ [White Mischief].
Con la independencia de 1963, muchos blancos vendieron sus tierras y se marcharon del país, pero fueron las nuevas elites negras las que se beneficiaron de la redistribución, no la gente corriente. Sucesivos presidentes han seguido el ejemplo colonial de favorecer a su propia tribu, aumentando el resentimiento y avivando las tensiones que surgieron después de las polémicas elecciones del año pasado.
En la sentencia, el juez Apondi se refirió a esa "fealdad sin precedentes" y dijo: "Esta corte entiende los trasfondos... de la tierra y otras desigualdades".
Los latifundios blancos se ven ahora pequeños al lado de los de los políticos negros y sus familias, pero los descendientes de los colonos blancos que se quedaron en Kenia todavía llevan vidas de privilegio junto a los campesinos, que no tienen ni dinero ni tierras.

Años sin Juicio
No todos frente al Tribunal Superior estaban apenados.
"Están diciendo que hay una justicia para los blancos y los ricos y otra para los negros pobres, pero para mí está bien así", susurró un hombre, que no quiso dar a conocer su nombre. "Cholmondeley lleva ya tres años en la cárcel, ya ha sufrido bastante".
Pero todavía quedan signos de desigualdad en el hecho mismo de este juicio. Cholmondeley ha languidecido en un húmedo calabozo en una cárcel de alta seguridad en los últimos tres años, mientras su juicio avanzaba letárgicamente.
Pero el sobrecargado, infradotado y corruptible sistema judicial se enfrenta a un  atasco de más de ochocientos mil casos no procesados, de acuerdo al fiscal general de Kenia. Muchos de los detenidos ni siquiera tienen la esperanza de comparecer alguna vez ante un tribunal.

14 de junio de 2009
14 de mayo de 2009
©christian science monitor
cc traducción mQh
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