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el fin del mundo que conocemos


El liberalismo político y económico, por separado o en combinación, no pueden proporcionar la solución a los problemas del siglo XXI. Una vez más, ha llegado la hora de tomarse en serio a Marx.
[Eric Hobsbawm] No está claro hasta qué punto pueden llenar las imaginadas comunidades étnicas, religiosas, de género, de estilo de vida y otras identidades colectivas el vacío dejado por el retroceso de las viejas ideologías de la izquierda socialista. Políticamente, el nacionalismo étnico tiene más posibilidades, puesto que se aplica a las arraigadas exigencias políticas xenófobas y proteccionistas de la clase obrera que resuenan más que nunca en una era que combina la globalización y el desempleo de las masas: "nuestra" industria para la nación, no para los extranjeros; prioridad de los empleos nacionales para los nacionales, abajo con la explotación por el extranjero rico y el pobre inmigrante extranjero, etcétera. Teóricamente, las religiones universales como el catolicismo romano y el Islam imponen sus propios límites a la xenofobia, pero tanto la identidad étnica como la religión funcionan como barreras potenciales contra la vertiginosa globalización capitalista que destruye las viejas formas de vida y las relaciones humanas sin proporcionar alternativa alguna. El riesgo de un acusado desplazamiento de la política hacia una derecha radical demagógica confesional o nacionalista es probablemente mayor en los antiguos países comunistas de Europa y Asia occidental y del Sur, y menos en Latinoamérica. La crisis económica puede aportar un cambio relativo hacia la izquierda similar a lo ocurrido bajo F. D. Roosevelt durante la Gran Depresión en Estados Unidos, pero esto no es probable que suceda en otra parte.
Y sin embargo, algo ha cambiado para mejor. Hemos redescubierto que el capitalismo no es la (o no es la única) respuesta, sino la pregunta. Durante medio siglo su éxito se ha dado por sentado, de tal forma que su mismo nombre cambió sus asociaciones tradicionalmente negativas por otras positivas. Empresarios y políticos podían ahora disfrutar no sólo de la libertad de la "libre empresa", sino de ser francamente capitalistas. Desde la década de 1970, el sistema, olvidando los temores que le condujeron a reformarse a sí mismo después de la Segunda Guerra Mundial y los beneficios económicos de su reforma en la posterior "edad de oro" de las economías occidentales, revirtió a la extrema, o incluso podría decirse que patológica, versión de la política de laissez-faire ("el gobierno no es la solución, sino el problema") que finalmente implosionó en 2007-2008. Durante los casi veinte años posteriores al fin del sistema soviético, sus ideólogos creían que habían alcanzado "el fin de la Historia", "una imperturbable victoria del liberalismo político y económico" (Fukuyama), un crecimiento en un definitivo y permanente orden mundial político y social autoestabilizador del capitalismo, incontestado e incontestable tanto en teoría como en la práctica.
[‘Cómo cambiar el mundo: Marx y el marxismo 1840-2011.’ Eric Hobsbawm Crítica 496 páginas.]

Nada de esto es ya sostenible. Los intentos del siglo XX por tratar la historia del mundo como un juego de suma cero económico entre lo público y lo privado, puro individualismo y puro colectivismo, no han sobrevivido a la manifiesta bancarrota de la economía soviética y la economía del "fundamentalismo de mercado" entre 1980 y 2008. El retorno a una de estas economías no es más posible que el retorno a la otra. Desde 1980 es evidente que los socialistas, marxistas o de otra índole, se quedaron sin su tradicional alternativa al capitalismo, a menos que o hasta que reflexionen sobre lo que querían decir con el término "socialismo" y abandonen la presunción de que la clase obrera (manual) será necesariamente el principal agente de la transformación social. Pero también quedaron indefensos aquellos que creían en la reductio ad absurdum de la sociedad de mercado de 1973-2008. Puede que no esté en el horizonte un sistema alternativo sistemático, pero la posibilidad de una desintegración, incluso de un desmoronamiento, del sistema existente ya no se puede descartar. Ninguna de las partes sabe qué sucedería o qué podría suceder en este caso.
Paradójicamente, ambas partes tienen interés en regresar a un gran pensador cuya esencia es la crítica del capitalismo y de los economistas que no fueron capaces de reconocer a dónde conduciría la globalización capitalista, pronosticada por él en 1848. Una vez más es evidente que las operaciones del sistema económico han de ser analizadas históricamente, como una fase y no como el fin de la Historia, y de manera realista, es decir, no en términos de un equilibrio de mercado ideal, sino de un mecanismo intrínseco que genera crisis periódicas susceptibles de cambiar el sistema. La actual puede ser una de ellas. De nuevo resulta obvio que incluso entre importantes crisis, "el mercado" no tiene respuesta al principal problema al que se enfrenta el siglo XXI: que el ilimitado crecimiento económico cada vez más altamente tecnológico en busca de beneficios insostenibles produce riqueza global, pero a costa de un factor de producción cada vez más prescindible, el trabajo humano, y, podríamos añadir, de los recursos naturales del globo. El liberalismo político y económico, por separado o en combinación, no pueden proporcionar la solución a los problemas del siglo XXI. Una vez más, ha llegado la hora de tomarse en serio a Marx.
15 de agosto de 2011
14 de agosto de 2011
©página 12

marx está de vuelta


A los 94 años, después de publicar sus extraordinarias memorias (‘Tiempos interesantes’), el gran historiador inglés Eric Hobsbawm –que dedicó su vida a analizar y explicar la era moderna, desde la Revolución Francesa hasta los estertores del siglo XX– tenía un libro más por escribir: ‘Cómo cambiar el mundo.’
[Fernando Bogado] Tras sentirse parte de la generación con la que se extinguiría el marxismo de la vida política e intelectual de Occidente, las crisis financieras, la espiral conflictiva del capitalismo y los cambios en América latina le dieron la alegría de volver a su querido Marx. En el libro, despeja con su habitual lucidez las malas interpretaciones, archiva los preceptos que envejecieron y despliega las herramientas que ofrece el autor de ‘El capital’ para entender el mundo en el siglo XXI y hacerlo un lugar mejor.

Imaginen la escena: Eric Hobsbawm, reconocido historiador inglés de corte marxista, y George Soros, una de las mentes financieras más importantes del mundo, se encuentran en una cena. Soros, quizá para iniciar la conversación, quizá con el objetivo de continuar alguna otra, le pregunta a Hobsbawm qué opina de Marx. Hobsbawm elige dar una respuesta ambigua para evitar el conflicto, y respondiendo en parte a ese culto a la reflexión antes que a la confrontación directa que caracteriza sus trabajos. Soros, en cambio, es concluyente: "Hace 150 años este hombre descubrió algo sobre el capitalismo que debemos tener en cuenta".
La anécdota parece casi seguir la estructura del chiste ("Soros y Hobsbawm se encuentran en un bar..."), pero es el mejor ejemplo que el historiador inglés encuentra para mostrar, al comienzo de su nuevo libro, esa idea que está flotando en el aire desde hace tiempo: el legado filosófico de Karl Marx (1818-1883) está lejos de haberse clausurado y, muy por el contrario, las publicaciones especializadas de la actualidad, el discurso político cotidiano, la organización social de cualquier país no hacen otra cosa más que invocar a su fantasma para tratar de lidiar con ese angustiante problema que ha tomado el nombre histórico de "capitalismo".
En el libro, recientemente publicado en castellano, que lleva el sugerente título de ‘Cómo cambiar el mundo’, Hobsbawm vuelve a ofrecer su indiscutible talento para plantear las proposiciones de aquel filósofo alemán que siguen teniendo una vigencia definitoria para construir el presente.
Repasemos antes la presunción de muerte que se colgó al cuello de Marx durante el último cuarto del siglo XX: la crisis del petróleo de 1973 desencadenó un proceso político y económico que organizó eso calificado por Hobsbawm como reductio ad absurdum de los lineamientos de la economía de mercado. La situación generó la aparición de gobiernos conservadores en EE.UU. y Gran Bretaña (con Ronald Reagan y Margaret Thatcher a la cabeza de sus naciones), al mismo tiempo que implicó en diversos territorios la implantación de economías de claro corte financiero, situación que en Latinoamérica trajo aparejada la aparición de gobiernos de facto que impusieron este tipo de organización por la fuerza, suplantando las estrategias de desarrollo industrial y sustitución de las importaciones por facilidades para los capitales golondrina, la especulación y la desestructuración de las organizaciones sindicales (sumado, claro está, a las estrategias de represión dispuestas desde ya mucho antes de los golpes, como lo muestra la historia nacional). Aquella serie de cambios culminó con la caída del Muro de Berlín y el bloque soviético en 1989–1991, llevando a su lógica conclusión lo que era obvio para todo el mundo luego de 1960: la URSS no podía resistir mucho más tiempo con su particular versión del marxismo y su economía planificada. Francis Fukuyama, pensador norteamericano de corte neoliberal, se apropió de algunos lineamientos de la filosofía hegeliana para dar la sentencia final acerca de esta sucesión de acontecimientos: estábamos frente al "fin de la Historia", la desaparición del mundo organizado en bloques opuestos que había marcado el destino de todo lo conocido desde finales de la Segunda Guerra Mundial en adelante.
Es en este panorama conciliador de economía globalizada y aparente pacificación social que, a lo largo de la década de los ‘90, todo el mundo dio por enterrado el pensamiento marxista, incluso, con ciertas justificaciones de índole éticas: el nombre de Karl Marx venía siempre de la mano del de Joseph Stalin, entre muchos otros. Marx no era sólo una mala palabra para un gurú económico, sino también para un ciudadano de las zonas más pobres de Rusia, que veía con placer cómo caían las estatuas de Lenin, Stalin y el propio Marx.
¿Quién hubiera dicho entonces que veríamos una foto de Sarkozy leyendo ‘El capital’ y al papa Benedicto XVI elogiando la capacidad analítica de su autor?
Entre 2007 y 2009 (2001, para nosotros), una serie de crisis del sistema capitalista financiero (o "capitalismo tardío" tal como lo han identificado pensadores como Frederic Jameson o Jürgen Habermas), demostraron que lo que se pensó como el comienzo de una era de tranquilidad en términos políticos, sociales y sobre todo económicos allá por 1989 no era tal cosa. El mercado librado pura y exclusivamente a la "mano invisible" de Adam Smith, amparado por la domesticación del Estado, empezó a resquebrajarse sin necesidad de conflicto con otro sistema económico-político.

La Revolución No Es un Sueño Eterno
Lo dijo muy bien el Times tras el derrumbe financiero del 2008: "Ha vuelto". ¿Quién? Marx. Tres años después, el panorama no ha mejorado y en este clima poco prometedor, muchos revisan su figura para recuperar qué es lo que dijo y qué se puede extraer de su análisis con el objetivo de superar las crisis que aquejan por estos días a las principales economías del mundo globalizado (basta revisar cómo empezamos cada semana con un nuevo "lunes negro", por no sumar más días al calendario).
A los 94 años, Hobsbawm observa acertadamente que Marx había dictaminado cuál sería el destino del capitalismo de seguir la línea que a mediados del siglo XIX insinuaba con perfecta claridad: la concentración del capital en unas pocas manos generarían un mundo en donde sólo un número muy pequeño de personas tendrían el mayor número de riquezas, mientras que el sistema no podría seguir el ritmo de su propio crecimiento desproporcionado. La cantidad de riquezas generadas y el continuo aumento de la población no permitirían el desarrollo igualitario de todos los individuos, a lo que se sumaba que el ritmo de crisis cíclicas terminaría aumentando con el tiempo hasta llegar al punto de la inevitable caída del sistema.
En 2002, el economista hindú Meghnad Desai ya anunciaba en un trabajo, ‘La venganza de Marx’, en donde afirmaba que muchos han creído que el pensamiento del alemán se extinguió con la caída de los estados socialistas, pero las tesis y observaciones realizadas en los trabajos iniciales van mucho más allá de esos 70 años de gobiernos comunistas que constituyen sólo un "episodio" del viraje al socialismo: los marxismos no opacan a las observaciones de Marx, y es ese núcleo básico lo que hay que volver a leer.
Hobsbawm coincide con Desai: una cosa son los trabajos originales y otra la manera en que esos libros (con sus avatares particulares, sus malas traducciones o sus publicaciones tardías) formaron escuelas a lo largo de todo el mundo. Esa historia de la escuela marxista es la que se terminó con la caída del Muro, no la fuerza política y filosófica de los primeros planteos. Este renacer de Marx es lo que entusiasma ahora a un Hobsbawm que se presentaba como un tanto decepcionado con la idea de que, durante la década del ‘80 hasta finales de 2000, el "mundo marxista quedó reducido a poco más que un conjunto de ideas de un cuerpo de supervivientes ancianos y de mediana edad que lentamente se iba erosionando".
¿Cuáles son esas ideas? ¿Qué cosas de Marx hay que conservar? En primer lugar, la naturaleza política de su pensamiento. Para él, cambiar el mundo es lo mismo que interpretarlo (parafraseando una de las míticas ‘Tesis sobre Feuerbach’); Hobsbawm considera que hay un temor político en varios marxistas a verse comprometidos en una causa, sabiendo de antemano que para entrar a la lectura de Marx tuvo que haber primero un anhelo de tipo político: la intención de cambiar el mundo.
En segundo lugar, el gran descubrimiento científico de Marx, la plusvalía, también tiene lugar en este ensayo histórico de prueba y error. Reconocer que hay parte del salario del obrero que el capitalista lo conserva para sí con el objetivo de aumentar las ganancias con el paso del tiempo es encontrar la prueba de una opresión histórica, el primer paso para llegar a una verdadera sociedad sin clases, sin oprimidos. Los obreros son conscientes de esa injusticia y sólo mediante una organización política coherente podrán "dar vuelta la tortilla". A diferencia de lo que creían los gurúes de la globalización, ni los obreros ni el Estado son conceptos en desuso: Hobsbawm aclara que "los movimientos obreros continúan existiendo porque el Estado-nación no está en vías de extinción".
Por último, la existencia de una economía globalizada demuestra aquello que Marx reconoció como la capacidad destructora del capitalismo, más un problema a resolver que un sistema histórico definitivo. Hobsbawm llama la atención, desde el filósofo alemán, a esa "irresistible dinámica global del desarrollo económico capitalista y su capacidad de destruir todo lo anterior, incluyendo también aquellos aspectos de la herencia del pasado humano de los que se beneficio el capitalismo, como por ejemplo las estructuras familiares". El capitalismo es salvaje por naturaleza y su final –al menos, el final de la idea clásica de capitalismo– es evidente para cualquier persona en el mundo.
Es muy difícil decir que del análisis de Marx se pueda sacar un plan de acción "a prueba de balas". La teoría marxista clásica habló muy poco de modelos de Estado o de lo que sucedería una vez instalada la revolución y sí mucho de análisis económico: pensando lo que sucede es que se puede saber cómo actuar. Lo que Marx dio fueron herramientas, no recetas dogmáticas. Como bien dice Hobsbawm, los libros de Marx "no forman un corpus acabado, sino que son, como todo pensamiento que merece este nombre, un interminable trabajo en curso. Nadie va ya a convertirlo en dogma, y menos en una ortodoxia institucionalmente apuntalada".
Pero claro, la vida te da sorpresas: si bien hay planteos de Marx que se conservan, hay muchos otros que el curso de la Historia (y los hombres que la viven) ha cambiado. Por ejemplo, una de las paradojas del siglo es que si bien Marx creía que la revolución se terminaría dando en todo el mundo ("¡Trabajadores del mundo, uníos!"), los alzamientos que terminaron con el marxismo en el poder durante el siglo XX se dieron en países bien diferentes de Alemania, Inglaterra y Francia, el triángulo en que, para Marx, empezaría todo.
A su vez, el marxismo se mezclaría con movimientos de cambio o grupos que reconocían diferentes injusticias sociales en territorios insospechados. En Rusia, por ejemplo, la filosofía marxista se mezcló con el nacionalismo agrario narodnik, al menos, en un primer momento. En China, la revolución se dio en una cultura agrícola no occidental, imperial y milenaria. A su vez, todos esos modelos de país concordaban muy poco con la idea original: tal como afirma Hobsbawm, "en el período posterior a 1956, una gran mayoría de marxistas se vieron obligados a concluir que los regímenes socialistas existentes, desde la URSS hasta Cuba y Vietnam, estaban lejos de lo que ellos mismos habrían deseado que fuese una sociedad socialista, o una sociedad encaminada al socialismo".
Quizás el artículo más determinante es aquel dedicado a la redacción del ‘Manifiesto del partido comunista’, el texto breve de 1848 en donde Marx y Engels declaraban la inevitable presencia de un partido que no era, en esos tiempos, el mismo tipo de organización que el siglo XX conocerá luego de las propuestas operativas de Lenin. El objetivo fundamental de la creación de un PC era distinguir su propuesta de la de toda otra forma de avatar socialista, sobre todo en sus variables utópicas: de Saint-Simon a los falansterios de Fourier, donde la libertad sexual (y las correspondientes "orgías coreografiadas") se equiparaba a una libertad laboral. Un siglo y pico después, tal vez ese PC haya sido mal entendido.
Pensar la transición de sociedades agrarias a sociedades socialistas, o revisar el cambio histórico del feudalismo al capitalismo, ha sido uno de los puntos que más preocuparon al último Marx: allí se encuentra la posibilidad de entender desde el presente los movimientos revolucionarios en naciones con estructuras agrarias como las presentes en Latinoamérica, Africa o algunas zonas de Oriente. Más allá de las condiciones para que se dé el cambio (descontento social, conciencia del conflicto, etc.), el marxismo clásico del siglo XIX sostenía la necesidad de ciertas condiciones objetivas para la revolución: desarrollo industrial y comercio a gran escala (lejos de las artesanías y el comercio "cara a cara"). América latina conoció la refutación de estas condiciones en el Che Guevara: donde había una necesidad, no había sólo un derecho, sino también una posible revolución. Hobsbawm, atento a este tipo de experiencias, demuestra el interés particular que existe por revisar el cambio al socialismo fuera de los límites de Europa.

La Cintura Cósmica de Marx
En una entrevista realizada para el diario The Guardian por Tristram Hunt –quien acaba de publicar, oh casualidad, la biografía de Engels también reseñada en estas páginas– y aparecida en enero de este año, Eric Hobsbawm habló con entusiasmo de la recuperación de cierto lenguaje económico y político que se creía clausurado luego del auge liberal de las últimas décadas del siglo XX: "Hoy en día, ideológicamente, me siento más en casa en Latinoamérica porque sigue siendo la única parte del mundo donde la gente todavía habla y conduce su política en el viejo lenguaje, en el lenguaje del siglo XIX y del XX del socialismo, el comunismo y el marxismo". Si bien la pregunta apuntaba a la salida de Lula del gobierno y la ubicación de Brasil dentro del grupo de naciones con perspectivas de liderazgo mundial (el BRIC, junto a Rusia, India y China), la respuesta renueva la repercusión de la coyuntura política latinoamericana dentro del panorama mundial y la presencia de diversos gobiernos de izquierda y centroizquierda en el continente.
Uno de los últimos artículos del libro, "Marx y el trabajo: el largo siglo", señala precisamente que las organizaciones proletarias con fines políticos no necesariamente van de la mano de la teoría marxista. El mejor caso para explicar su punto lo encuentra en nuestro intrigantes pagos: "Los socialistas y comunistas, frustrados desde hace tiempo en Argentina, no podían comprender cómo un movimiento obrero radical y políticamente independiente podía desarrollarse, en la década de 1940, en aquel país, cuya ideología (el peronismo) consistía básicamente en la lealtad a un general demagogo".
La victoria de partidos obreros en el continente, alimentados por la perspectiva marxista de justicia y progreso igualitario pero no ligados a organizaciones de neto corte comunista, presenta la posibilidad de una transición a un Estado socialista no mediada por una revolución, tal como se planteo en los términos de la URSS y la histórica Revolución del ‘17, o como el imaginario actual lee el devenir de la revolución cubana de 1959. En definitiva, hay cosas que la misma Historia, no Marx o sus muchas interpretaciones, han demostrado que son inviables: el socialismo ruso fracasó por mantener una economía de guerra a corto plazo que se proponía objetivos difíciles que implicaban esfuerzos y sacrificios excesivos (desde concentrar todo el excedente y el esfuerzo productivo con tal de conquistar el espacio exterior a cambiar las prácticas de producción agraria). Separar a Lenin y a Stalin del pensamiento de Marx es un acontecimiento dado en los últimos años que puede mostrar las facetas más interesantes para una teoría del presente. Es decir, algo necesario que permite pensar las circunstancias actuales para apuntalar el cambio dentro de la compleja geografía latinoamericana.
El marxismo ha tenido varias crisis a lo largo de su historia. Desde que se propuso poner a Hegel "patas para arriba" y transformar todo el discurso de lo espiritual en atención a lo material, ya en 1890 aparecieron los primeros críticos a los planteos básicos de esta filosofía. Sin embargo, hay algo en las ideas de Marx que sigue interpelando al hombre contemporáneo, que sigue hablando de un cambio no considerado como mero anhelo existencial o aspiración utópica, sino como situación posible de llevar a cabo en la actualidad, ante todo, por la vía democrática y partidaria. Como bien pregunta Soros, y como escribe Hobsbawm: "No podemos prever las soluciones de los problemas a los que se enfrenta el mundo en el siglo XXI, pero para que haya alguna posibilidad de éxito deben plantearse las preguntas de Marx".
14 de agosto de 2011
©página 12

murió francesco quinn


Actor de cine y televisión. Conocido por su papel en 'Pelotón.' Hijo de Anthony Quinn.
[Claire Noland] Francesco Quinn, el hijo actor de la leyenda del cine, Anthony Quinn, tuvo un promisorio debut con un papel secundario en la película ‘Pelotón’ [Platoon] antes de hacer carrera como periodista de televisión y producciones de video. Murió el viernes tarde. Se cree que su muerte se debió a un ataque al corazón. Tenía 48 años.
Quinn colapsó en la calle donde vivía en Malibú cuando, con uno de sus hijos, se dirigía a casa desde una tienda cercana, informó el teniente James Royal, de la comisaría de Lost Hills, del Departamento de Policía de Malibú del condado de Los Angeles. Fue declarado muerto en el Centro Médico Santa Mónica-UCLA. La agente de Quinn, Arlene Thornton, dijo en una declaración que todavía no se había determinado la causa de su muerte, pero se creía que había sufrido un ataque al corazón.
Uno de los trece hijos de Anthony Quinn, el actor galardonado con un Oscar y recordado por su rol protagónico en ‘Zorba el griego’ [Zorba the Greek], Francesco Daniele Quinn nació en Roma en 1963. Su madre, Iolanda Addolori, era una asistente de vestuario italiana que conoció a su padre en el plató de la película ‘Barrabás’ [Barabbas] y más tarde se casó con él. La pareja tuvo dos hijos más.
Los ancestros de Francesco Quinn -Anthony descendía de mexicanos e irlandeses- le permitieron representar a toda una gama de personajes.
Después de su papel como un soldado que traficaba en drogas, Rhah, en ‘Pelotón’ [Platton], el largometraje de Oliver Stone de 1986 sobre la Guerra de Vietnam que ganó un Oscar a la mejor película, Quinn trabajó en más de una docena de películas. En ‘La mujer tonto’ [The Tonto Woman], una película de vaqueros basada en una historia de Elmore Leonard que, en 2008, fue nominada al Oscar al mejor corto de live-action, fue un pistolero mexicano.
En televisión tuvo roles recurrentes en series en horario prime, incluyendo ‘Alerta roja’ [JAG], ‘24’ y ‘El escudo’ [The Shield], y, de 1999 a 2001, fue el guionista Tomás del Cerro en el culebrón ‘Jóvenes e inquietos’ [The Young and the Restless.] También fue el joven Santiago en la versión para la televisión de ‘El viejo y el mar’ [The Old Man and the Sea] de Ernest Hemingway, en la que su padre fue el personaje principal.
Le sobreviven su esposa, Valentina Castellani-Quinn, y tres hijos. Previamente estuvo casado con Julie McCann.
Su padre murió en 2001, a los 86 años.
[Tony Barboza contribuyó a este artículo.]
14 de agosto de 2011
8 de agosto de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

nueva derecha se muere en la cuna


columna de lísperguer
Ministro Hinzpeter amenaza con nueva ley para endurecer penas por desorden público.

La mayoría de las veces la gente -no sólo los vándalos ni los manifestantes- se cubre el rostro para protegerse de las lacrimógenas lanzadas por carabineros y para impedir que los fotógrafos e infiltrados de la policía puedan tomar fotos o identificarlos. Es comprensible que ningún chileno quiera tener su foto en los archivos de la policía, porque no se sabe qué pueden hacer con ella. En esto no hay nada ilegal. Y muchas veces los carabineros incurren en conductas violentas y abusivas porque se sienten protegidos por la visera de sus cascos, que dificultan su identificación -como lo demostró el caso del fotógrafo agredido en Valparaíso por un agente, cuya identificación tomó meses. Lagos Weber tiene por lo demás razón en que hay suficientes leyes que castigan los desórdenes públicos. No se necesitan más. Tampoco se necesita amenazar a los estudiantes con estropearles la vida metiéndolos en la cárcel y dejando a sus padres con deudas millonarias impagas si continúan participando en manifestaciones, que es evidente que es la intención del ministro vocero de la brevísima nueva derecha -que, como la otra, dejó la decencia y la racionalidad en casa. En lugar de coartar el derecho a manifestarse con iniciativas inconstitucionales, el ministro debería exigir un mayor profesionalismo de Carabineros.
lísperguer

pacos torturaron a estudiantes


Dirigentes de la UFRO interpondrán querella contra Carabineros por torturas contra estudiantes. Pacos entraron a recinto universitario.
Temuco, Chile. Estudiantes de la Universidad de La Frontera en Temuco interpondrán una querella contra Carabineros y contra quienes resulten responsables de los violentos hechos registrados en la casa de estudios el pasado martes y donde la fuerza policial habría detenido ilegalmente y golpeado a los estudiantes que permanecen dentro del recinto.
Junto con la querella se presentará un recurso de protección para que Carabineros no vuelva a entrar a la casa estudios producto de los violentos hechos ocurridos luego de la marcha que convocó a 15 mil personas el pasado martes y que terminó con cerca de 30 detenidos en las afueras de la universidad.
Los estudiantes aseguran haber sido arrodillados y golpeados injustificadamente por parte de Carabineros, lo que trajo problemas de salud que muchos acarrean hasta el día de hoy, por ello interpondrán una querella contra la Institución y el Estado. Así lo informó Felipe Valdebenito presidente de la FEUFRO.
La Red de Organizaciones Sociales y Ciudadanas de Temuco repudió estos actos catalogándolo como tortura. De esta forma lo explicó Teolinda Olivares, miembros de la red de agrupaciones.
Los estudiantes aseguran que no habían visto jamás una represión de esta magnitud, que haya traído graves consecuencias físicas por los golpes en la cabeza que recibieron algunos estudiantes.
14 de agosto de 2011
©radio biobío

policías asesinan a jueza


Asesinaron de veintiún disparos de grueso calibre a la magistrada Patricia Ascioli en Brasil. Ascioli había ganado notoriedad tras procesar a policías acusados de integrar escuadrones de la muerte y a miembros de las milicias. Fue emboscada por hombres a bordo de dos motocicletas.
[Darío Pignotti] Brasilia, Brasil. La jueza brasileña Patricia Ascioli apareció acribillada en Río de Janeiro, aparentemente asesinada por los propios escuadrones de la muerte que ella denunció. Las armas de uso exclusivo de las fuerzas de seguridad halladas en los peritajes darían cuenta de eso. Un grupo de hombres le disparó a la magistrada de Río de Janeiro 21 tiros el viernes a la noche, y los peritos confirmaron que se trata de proyectiles calibre 40 y 45, correspondientes a armas que sólo pueden utilizar la policía o las fuerzas armadas de dicho estado.
En visita a Río de Janeiro, el ex candidato republicano John Mc Cain había hecho comentarios elogiosos a las políticas militaristas del gobernador Sergio Cabral, quien también contó con la bendición del presidente norteamericano Barack Obama.
Ascioli, de 47 años, había ganado notoriedad tras procesar a policías acusados de integrar escuadrones de la muerte y a miembros de las milicias, los grupos parapoliciales que ocupan ilegalmente favelas, donde combaten a las bandas de narcotraficantes. La guerra contra esos asentamientos lanzada en Río de Janeiro en 2008 instaló el principio de tire y luego pregunte, reforzada por la participación militar, y dejó decenas de muertos en la ofensiva de noviembre de 2010 en la favela Complexo do Alemao.
El titular de la Asociación de Magistrados de Brasil, Nelson Calandra, confirmó que el asesinato de la jueza Patricia Ascioli pudo haber sido perpetrado por miembros de escuadrones de la muerte, que ella había condenado. "De los 12 que perpetraron el atentado que mató a nuestra colega, muchos deben tener condenas", comentó el camarista Calandra, que se reunió con la jefa de la policía de investigaciones de Río, comisaria Marta Rocha, y el equipo que está trabajando en el caso.
"Sabemos que hay un número elevado de agresores, al menos más de uno", agregó el dirigente de la Asociación de Magistrados.
Hombres a bordo de dos motocicletas, presuntamente apoyados por otros en automóviles, fueron los responsables de la emboscada seguida de ejecución de la jueza, según declaró el comisario Felipe Ettore a cargo de la investigación. Ascioli había reconocido haber sido objeto de reiteradas amenazas, pero para desgracia les restó importancia.
La jueza no contaba con escolta en el momento de su asesinato. Hasta ahora fueron interrogadas 18 personas, entre ellos el prometido de la jueza, un policía con quien al parecer tenía una relación inestable.
La jefa de la policía de investigaciones de Río de Janeiro, comisaria Marta Rocha, observó personalmente hoy las diligencias realizadas en el Departamento de Homicidios, mientras decenas de efectivos trabajaban fuera del lugar para esclarecer el caso que conmocionó al país.
Un informe de la Naciones Unidas sobre ejecuciones sumarias, elaborado en 2007 por el especialista Philip Alston, consignó que la policía carioca es sospechada de realizar ejecuciones extrajudiciales a las que se disimula bajo el rótulo de enfrentamientos y mencionó la impunidad de los asesinos.
En 2010 la entidad elaboró un nuevo documento asegurando que casi ninguna medida fue tomada para resolver el grave problema de los asesinatos cometidos por policías en servicio o para reducir los asesinatos justificados como autos por resistencia a la autoridad, y la mayoría de esas muertes nunca es investigada de forma significativa.
Precisamente la jueza de la sala penal de San Conrado, en Río, había condenado a varios policías acusados de asesinar sospechosos, en algunos casos cuando éstos ya habían sido reducidos, o directamente fusilarlos.
Un caso de aparente ejecución sumaria ocurrió el mes pasado, cuando fue muerto y ocultado el cadáver del niño Juan Moraes, de 11 años, en Nova Iguazú, municipio ubicado en el Gran Río de Janeiro.
En un primer momento la policía insinuó que Moraes estaba junto a narcotraficantes que dispararon pero la pericia posterior, que halló el cadáver oculto lejos del lugar del crimen, constató que la víctima estaba desarmada, al igual que sus acompañantes.
La Secretaría de Seguridad Pública, que ha implementado medidas severas en las favelas, de cara al Campeonato del Mundo de 2014, reconoció que los policías actuaron fuera de la ley y los apartó de sus cargos hasta que haya un fallo de la Justicia.
La Asociación de Magistrados de Brasil cuestionó ayer la burocracia que permite a los acusados de homicidio permanecer en libertad hasta que haya una sentencia firme en su contra, lo cual habría permitido que condenados por la jueza continúen en libertad y puedan estar implicados en su muerte.
14 de agosto de 2011
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atrapan a ex comisario almeder


La Gendarmería lo ubicó en Buenos Aires, y lo detuvo por orden del juez federal Marcelo Bailaque, quien había recibido el pedido de la fiscal federal Mabel Colalongo. Almeder esta presos imputado por 22 secuestros y homicidios ocurridos en 1976.
[José Maggi] Argentina. El comisario retirado de la Policía Federal Federico Almeder es el primero de su fuerza que esta detenido en Rosario por crímenes de lesa humanidad. La última semana la Gendarmería lo ubicó en Buenos Aires, y lo detuvo por orden del juez federal Marcelo Bailaque, quien había recibido el pedido de la fiscal federal Mabel Colalongo. Almeder esta presos imputado por 22 secuestros y homicidios ocurridos en 1976, y estuvo presente en el operativo en el que fueron secuestrados Ricardo Klotzman y Cecilia Barral, embarazadas de nueve meses. En el mismo hecho resultó asesinado el comisario federal Norberto Etchepare, aunque la sospecha judicial es que fue ajusticiado por sus propios pares. Almeder tiene una foja de servicio sugestiva, y que revela su responsabilidad en los crímenes: fue curiosamente felicitado por sus superiores, y debidamente gratificado " por haber participado en operativos antisubversivos en Rosario", entre julio de 1976 y marzo de 1977 cuando fue destinado nuevamente a Buenos Aires. Es que en abril del 77 una familia rosarina lo denunció por secuestro, amenazas y extorsión.
Las felicitaciones no resultan menores en tiempos en que la Argentina vivía no solo la pena de muerte " de hecho", sino amparada por la propia ley 21.272 que establecía la pena capital para quien produjera lesiones graves a un miembro de las fuerzas armadas o de seguridad.
Podría decirse que Almeder logró ascender en su carrera policial de la mano de la aplicación de esta ley, que otorgaba un poder onmímodo a las "fuerzas del orden": a más cantidad de actos " heroicos" contra quienes atacaban el sagrado honor de esta nación, más progresaba.
Uno de sus compañeros de andadas, era Rubén Oscar Jaime, un rosarino que también tenía el uniforme federal para delinquir: en plena dictadura llegaba a los domicilio que elegía con autos caros y los secuestraba por orden de la superioridad, inventando excusas diversas. Hasta que un abogado del foro local decidió acompañarlo hasta la sede de 9 de Julio y Ayacucho y puso al descubierto la estafa. Lo exoneraron de la fuerza en el 77. Jaime también esta imputado en esta causa conocida con los nombres de sus dos de las víctimas: Klotzman/Barral, en referencia al jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo y su compañera.
Pero no solo la superioridad de la Federal había reconocido a Almeder por sus capacidad de eliminar "subversivos": ya llegada la democracia la Liga Patriótica Argentina, lo distinguió con una medalla y diploma de honor. La Liga Patriótica Argentina fue un grupo de ultraderecha creado por un rosarino nacido en 1875: Manuel Carlés, a partir de las huelgas de fines de 1918 y principio de 1919, que incluía tanto organizaciones paramilitares, como círculos sociales formales.
Igual actitud tuvo cuando en noviembre de 1920 se desató la huelga general de peones rurales en la provincia de Santa Cruz, hecho popularmente conocido como la Patagonia Rebelde, la Liga se alistó para frenar el paro. La Liga tuvo una actuación destacada en el conflicto que finalizó en enero de 1922, con un saldo de 1.500 trabajadores muertos.
La Liga Patriótica tiene en Almeder un exponente típico de quienes le dieron carnadura al sueño de luchar contra "el marxismo y el anarquismo" que atentan contra el sentido de la argentinidad.
De igual manera lo distinguieron a Benigno Varela el general que asesinó a más de 1500 obreros en la "Patagonia trágica", respondiendo sin dudas a los ideales de su fundador Manuel Carlés, quien llego en persona a Río Gallegos, para rendir homenaje y condecorar a Varela y sus hombres.
Aunque la doble moral es también un sino de este oscuro personaje: un confeso antiabortista que firma solicitadas pero que secuestra, tortura y asesina mujeres embarazadas. Es que Almeder tiene en su haber, el hecho de haber formado parte de la comitiva conjunta de policías federales y militares que arribaron el 2 de agosto de 1976 a la propiedad de Necochea 2050. Según obra en el expediente judicial en ese inmueble hubo "un operativo clandestino llevado adelante por el Destacamento de Inteligencia 121, donde fueron secuestrados Edgardo Silva, Ricardo Horacio Klotzman y Cecilia Beatriz Barral (embarazada a término) y fue asesinado Juan Alberto Tumbetta.
Klotzman y Barral fueron trasladados a la "Quinta Operacional de Fisherton, donde fueron vistos por última vez el 11 de agosto de 1976.
Se desconoce hasta la fecha también el destino de Silva.
La chiquita Klotzman/Barral resultó ser la nieta recuperada 103: identificada ahora como Josefina Kertz.
De esta comitiva formaban parte un agente de inteligencia Montalvo, que se sospecha es un policía federal que hasta estos días ha sido compañero de Almeder; Jorge Fariña, uno de los jefes de la inteligencia militar local en la dictadura y un policía federal de apellido Scunio, entre otros.
Luego de su paso por Rosario, Almeder pasó ya en democracia destinos porteños como la comisaría 26 y por la 53. Arrastro tras de si denuncias sobre lugares de veraneo poco creíbles para un salario policial; y hasta la denuncia de un beneficioso acuerdo con proxenetas porteños para explotar menores en prostíbulos de su jurisdicción. Ninguna de las causas llegaron a resolución contundente y así se fue de la fuerza en 2002, para recalar en una agencia de seguridad y vigilancia privada: Servin que presta servicios a distintas empresas nacionales de telefonía celular y medios de comunicación, se cuentan entre sus clientes de acuerdo a su website.
14 de agosto de 2011
©rosario 12

mataron a emilio franco


Asesinaron a popular y exitoso actor, mecenas y dueño de un club. Inmigrante ilegal, se convirtió en actor de carácter en el prolífico circuito de películas mexicanas para DVD.

[Sam Quinones] Temprano una mañana de noviembre pasado, Emilio Franco y su esposa despertaron al oír los ruidos que hacían los hombres que habían entrado a su casa en Downey.
Cuando los dos intrusos entraron al dormitorio de la pareja, Franco los estaba esperando.
Años antes, alguien lo había amenazado con secuestrar a su hijo, y desde entonces mantenía junto a su cama una pistola calibre 45, cargada, dijeron sus abogados. De acuerdo a sus familiares, Franco forcejó brevemente con los extraños antes de que sonara un disparo.
Cuando la policía llegó, encontraron a uno de los intrusos mortalmente herido y Franco muerto, con un impacto de bala en su pecho. La esposa de Franco sobrevivió el ataque. El segundo asaltante huyó y aún no ha sido encontrado.
El asesinato no recibió demasiada atención en la prensa de habla inglesa. Pero la muerte de Franco causó consternación en la comunidad de inmigrantes mexicanos de Los Angeles y al otro lado de la frontera con México.
Franco era dueño de un club nocturno y director de espectáculos que ayudaba a promover la salvajemente popular escena musical de los narco-corridos que echaron raíces en California del Sur. Muchos cantantes empezaron sus carreras en los clubes de Franco, cantando a todo pulmón corridos sobre los narcotraficantes.
El fornido hombre de 53 años, de gruesas cejas y bigotes negro azabache, era también un exitoso actor que había aparecido en más de cuarenta películas mexicanas baratas, a menudo como barón de la droga y vengativo ranchero.
Los fiscales acusaron a Larry Trujillo, 30, de robo con homicidio por la muerte de Franco. Sin embargo, las autoridades dicen que el motivo del crimen sigue siendo un misterio y no saben si los dos hombres se conocían previamente.
Trujillo, que sigue hospitalizado, tiene antecedentes penales por receptación y posesión ilegal de arma de fuego. En junio fue llevado en camilla a su audiencia y se declaró inocente.
Entre las películas típicas de la carrera de Franco se encuentra ‘Corrido de Juan Marta’, la historia de un niño pobre que es testigo del asesinato de su padre a manos de un hacendado por robar unas gallinas. El niño venga el asesinato cuando se hace hombre y es capturado y ejecutado por un pelotón de fusilamiento. Franco fue el padre y el hijo en la película de 2001, que también produjo.
"Es asombroso que tuviera ese tipo de roles en el cine y luego muriera de la misma manera", dijo Héctor González, su abogado y amigo.

Serie de Trabajos
Franco, nativo del estado de Sinaloa, entró ilegalmente a Estados Unidos cuando tenía trece años encaramado en un vagón de ferrocarril.
Trabajó como lavaplatos, luego en una compañía de fertilizantes y más tarde como obrero de la construcción y guardia de seguridad al mismo tiempo, haciendo normalmente dieciocho horas al día, contó su hijo Emilio Franco Jr. Cuando el dueño de la firma de seguridad se retiró, le vendió el negocio a Franco, contó su hijo.
Entre los clientes de Franco se encontraba Peter McDonnell, un inmigrante británico que administraba dos clubes nocturnos: el Irish Pub y más tarde Tiberius, una bolera remodelada que atendía a una numerosa población de inmigrantes mexicanos en el distrito de Pico-Union.
Franco aprendió a administrar esos clubes observando a McDonnell y decidió que intentaría meterse al negocio de los clubes nocturnos. Con sus ahorros de la construcción y la firma de seguridad, Franco compró varios bares pequeños en el área de Florence.
En esa época, miles de inmigrantes de los estados ganaderos del noroeste de México se estaban mudando desde áreas cercanas al centro de Los Angeles hacia ciudades en el sudeste del condado.
"Le llegó su oportunidad", dijo McDonnell, que siguió siendo su contador y amigo.
En 1991, Franco compró un pequeño club en el centro comercial Lynwood y lo rebautizó como El Farallón. Se convirtió en uno de los primeros clubes nocturnos mexicanos del sudeste del país que servía comidas, bebidas alcohólicas y música.
Hilda Portillo, amiga y dueña de un bar, dijo que instó a Franco a contratar bandas de Sinaloa, un estado mexicano conocido tanto por el narcotráfico como sus profundas tradicionales musicales. Muchos residentes del área de Lynwood eran de Sinaloa.
Franco acogía a cantantes aficionados y a los que habían grabado discos privadamente pero eran ignorados por las estaciones de radio o discográficas mexicanas. A menudo cantaban sobre tragedias, asesinatos y peleas entre familias -cosas habituales en los ranchos en casa.
Uno de ellos eran un delgado ranchero de Sinaloa llamado Chalino Sánchez.
Sánchez subía al escenario con un sombrero de vaquero y un arma cargada. Era famoso por cantar mal. Sus canciones equivalían a una historia oral de las asediadas aldeas del noroeste de México. Vendía sus casetes en ferias de trueques y en El Farallón y se convirtió en un personaje popular en la escena musical mexicana underground. Su creciente fama le ayudó a iniciar el club.
"El local se empezó a llenar con Chalino. Chalino era conocido entre gente de Sinaloa, que llenaban el local", recordó Portillo.
Sánchez fue asesinado después de una actuación en Sinaloa en 1992. Su muerte generó todo un culto a Chalino, que pronto se convirtió en una leyenda en California del Sur. Su imagen de tipo duro y valiente sigue atrayendo a jóvenes nacidos en Estados Unidos que antes se burlaban de la música con acordeón y tuba de sus padres inmigrantes,
Buscando a un reemplazante de Chalino, Franco abrió las puertas de su club a jóvenes sin experiencia, sobre todo nacidos en Estados Unidos.
Pronto, decenas de cantantes estaban cantando y vistiéndose como Sánchez y tocando en El Farallón, y finalmente firmando contratos.
"Todavía tenemos una foto del día en que cantamos en El Farallón", contó Edgar Rodríguez, del dúo Voces del Rancho. "Para los artistas que empezaban sus carreras las cosas fueron más fáciles."
Los narcotraficantes también frecuentaban clubes como El Farallón y su ahora difunto competidor, El Parral, en South Gate. Finalmente surgió la moda narco-chic: sombreros de cowboy y chaquetas de cuero, botas de cuero de avestruz y cinturones con enormes hebillas.
"El local se llenaba hasta los topes", contó Rodríguez. "Afuera se estacionaban grandes camiones enchulados."
Para algunos el ambiente era un poco rudo. Ramón Quintero, estudiante egresado de la Universidad de California en Berkeley que frecuentaba el club en los años noventa, recuerda una noche cuando un hombre en el estacionamiento sacó un arma simplemente para mostrarla. "Me fui rápidamente", contó Quintero.
Entretanto, Franco había encontrado una segunda carrera como actor de películas para DVD. Empezó con papeles secundarios, pero luego se convirtió en un actor de carácter, representando a barones de la droga y a rancheros empecinados en vengar el asesinato de sus seres queridos.
La mayoría de los guiones se basaban en historias de los ranchos, dijo Delfino López, productor de algunas de las películas de Franco. "La gente venía aquí a recordar su tierra natal", dijo López. "Él traía un trozo de México a la gente que vivía aquí."
En la vida real, Franco era un perfecto caballero, tan convincente como el canalla que representaba en las películas, dijo López. "No hay muchos como él, era de otra época. Su palabra valía su peso en oro."
Franco alquiló un rancho cerca de la Autopista 605 en City of Industry, lo convirtió en un lugar para rodeos y conciertos y lo bautizó como Rancho El Farallón.
Poseer bellos caballos y sillas de montar era el sueño de muchos inmigrantes que se habían criado con caballos, pero sólo montaban burros, contó el hijo de Franco.
En México, "¿quién tenía un caballo? Sólo los tipos con dinero", dijo. "A mi papá nunca le gustaron los coches. Le gustaban los caballos."

Rumores de Drogas
En la red se han difundido rumores de que el asesinato de Franco está relacionado con el tráfico de drogas.
"En esta etapa de la investigación, no hay nada que lo sugiera", dijo el sargento de policía de Downey, Alex Irizabal.
Algunos han asumido que debido a que a veces Franco hacía de criminal, era uno de ellos. Consecuentemente, tenía que esforzarse por defender su reputación. En 2002, demandó al ex alcalde de Lynwood, Ricardo Sánchez, por difamación e injurias por describir El Farallón como un punto de venta de drogas y prostitución. Ese caro litigio terminó cuando Sánchez escribió una carta diciendo que no sabía de ningún delito que se hubiese cometido en el club de Franco ni que hubiese cometido este.
Horas antes de su muerte, Franco y su viejo amigo, Peter McDonnell, estuvieron en casa de Franco recordando los viejos tiempos de cuando tenían clubes cerca del centro y lo lejos que había llegado Franco desde entonces.
"Al día siguiente alguien llamó y dijo ‘Mataron al señor Franco’. Casi me morí yo mismo", dijo McDonnell.
Una enorme foto de Franco ataviado con un traje de rodeo mexicano y montando un caballo blanco fue exhibida cerca de su ataúd durante su funeral en el Rose Hills Memorial Park & Mortuary en Whittier. Algunos de los presentes iban vestidos de traje. Otros llevaban sombreros y botas de vaqueros. Varios de los presentes eran alguaciles del sheriff.
Emilio Franco Jr. cantó ‘Un puñado de tierra’, una clásica canción mexicana sobre lo que se lleva un hombre, cuando muere.
13 de agosto de 2011
20 de julio de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh