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mamá osa mata a su bebé y se suicida


Una madre osa escapó de su jaula y abrazó a su cría hasta causarle la muerte para salvarla de una dolorosa vida entregada a la extracción de bilis.
China. La prensa china informó sobre el extraordinario caso de una madre osa que, para salvar a su cría de una vida de torturas, la mató ahogándola y luego se suicidó.
Los osos pertenecían a una granja ubicada en una remota área del noroeste de China. Los osos de la granja son mantenidos en cautiverio para extraerles la hiel de su vesícula biliar, que es utilizada como remedio en la medicina tradicional china.
Se informó que los osos son mantenidos en jaulas conocidas como jaulas antivuelco o de seguridad, en las que los osos no tienen espacio para moverse y son literalmente aplastados.
La hiel es extraída haciéndoles un agujero permanente o fístula en el abdomen y vesícula biliar.
Como el agujero no es cerrado nunca, los animales contraen infecciones y enfermedades de todo tipo, incluyendo tumores, cánceres y pueden llegar a morir de peritonitis.
Los osos son vestidos con un chaleco de hierro, ya que a menudo tratan de matarse golpeándose el estómago, porque no pueden soportar el dolor.
Una persona presente en la granja en reemplazo de un amigo presenció el procedimiento e informó a reminbao.com que era inhumano.
El testigo también dijo que la madre osa escapó de su jaula cuando oyó gritar a su cría en momentos en que un trabajador se disponía a pinchar su estómago para extraerle su hiel.
Los trabajadores escaparon cuando vieron a la madre osa correr hacia su cría.
Incapaz de liberar a su cría de su cautiverio, la madre la abrazó y finalmente la ahogó.
Luego la dejó caer al suelo y corrió hacia una pared para golpear contra ella su cabeza, logrando matarse.
Muchos practicantes de la medicina tradicional china han denunciado el uso de la hiel de oso para algunos tratamientos médicos. La hiel puede ser reemplazada por hierbas y sintéticos, que son además más baratos.
La bilis de oso es usada tradicionalmente para remover el "calor" del cuerpo así como para tratar las fiebres altas, las enfermedades hepáticas y la irritación de ojos.
15 de agosto de 2011
5 de agosto de 2011
©asiaone
cc traducción mQh

verdad que se abre paso


Una verdad busca abrirse paso en los testimonios del juicio.
[Óscar Pellegrini] Argentina. He sentido la necesidad de sumarme al debate público que se viene sosteniendo en medios locales y nacionales a partir de la "Carta Abierta" que más de sesenta sobrevivientes del Servicio de Informaciones de la Jefatura de Policía de Rosario enviaran a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, relativa a la Causa Díaz Bessone (con juicio oral en curso en el TOF2 de nuestra ciudad), cuestionando la modificación de la posición de dicha Secretaría al desistir de la imputación que oportunamente y en forma bien fundada formulara en la requisitoria de elevación a juicio, a los procesados Ricardo Chomicki y Nidia Folch, dos de los cinco colaboradores que habiendo compartido un pasado de militancia, terminaron formando parte de la patota represiva. Entiéndase: secuestrando, torturando, violando e incluso matando a antiguos compañeros.
Estas imputaciones, sostenidas por distintos actores del juicio, se basan en las declaraciones de los sobrevivientes, quienes, con sus testimonios de lo vivido allí, se convierten de este modo en la prueba viva de lo sucedido, permitiéndonos saber al conjunto social una aproximación a la verdad histórica de lo acontecido en ese centro clandestino de detención, tortura y desaparición de personas, sito en pleno centro de nuestra ciudad.
Es de destacar que tan valiosos testimonios se dan bajo la presión no sólo de lo que significa el relato de los hechos en sí, como causa eficiente de la actualización de angustias asociadas a las experiencias traumáticas que se relatan y que nos aproximan a lo inimaginable del horror vivido; sino que además se suma que esos relatos se producen en el ámbito judicial en esta instancia oral ante la presencia de los propios torturadores. Pero lo que es aún más grave si pensamos que lo que se actualiza es del orden del terror, es que estos seis verdugos imputados en esta causa están en libertad por decisión tanto de la Cámara de Casación como de este mismo Tribunal Oral, a pesar de los antecedentes dictados por la Corte Suprema de Justicia.
Es difícil imaginar una autoridad mayor para tener un concepto sobre este centro de detenciones clandestinas que la reconstrucción que hemos podido escuchar a lo largo de las audiencias en la voz de unos ciento cincuenta sobrevivientes-testigos que han vivido la experiencia en carne propia en el Servicio de Informaciones de la Policía Provincial de Rosario y que llevan más de treinta años de reflexiones sobre lo acontecido en ese sitio de horror, por donde han pasado más de dos mil personas, de las cuales más de cuatrocientas se encuentran aún desaparecidas.
En el caso particular de Chomicki, el único de esos cinco civiles colaboradores que está esperando sentencia en el juicio oral, han cobrado difusión en medios locales las incongruencias que presenta en sus propias declaraciones, lo que, sumado a la masa de testimonios de las víctimas, arrojan dudas no sólo acerca de la fecha de su pretendida detención sino acerca de la existencia misma de tal detención y de su pretendida condición de víctima.
Desestimar esas imputaciones, no ser consecuente con la búsqueda de los aún prófugos de esta causa, genera un cono de sombra sobre lo que debe ser dicho para iluminar al conjunto social lo acontecido en ese sitio de exterminio y que hoy por fin se juzga, dando lugar a nichos donde cierta "obediencia debida" parece querer hacerse un lugar dentro de la particularidad de este centro clandestino de detención, generando una suerte de inimputabilidad para ciertos crímenes según su agente. Una suerte de "no ha lugar", que Althusser, en su particular tragedia, reclamando llevar su voz como imputado, nombrara de "lápida sepulcral del silencio".
Lejos de significar un "aplastamiento del problema de la lógica concentracionaria" -como argumentaron desde esos ámbitos para oponerse a las propias víctimas que padecieron el horror- dar lugar a estas voces en este juicio oral es introducir en el debate crucial de su sustanciación histórica, la intimidad de sus contradicciones, acercarnos a la verdadera trama de su horror y que la Justicia pueda cumplir más eficazmente su rol en esta construcción colectiva de memoria.
Erigirse en quien sabe lo que "esta sociedad debe y quiere enjuiciar" y sostener la "lógica concentracionaria" como una verdad universal ya dada como argumentos para no acusar a los civiles colaboradores, plantea dos conceptos que nos alejan de la construcción de los procesos de verdad en el marco de las luchas histórico-sociales con sus contradicciones.
En el marco de este debate, sería una buena muestra de salud mental que como sociedad podamos hacernos cargo de estas contradicciones que han tomado estado público en el transcurrir de este juicio oral y reconstruir nuestra verdad histórica con el aporte de la justicia.
[El autor es coordinador del Equipo de Acompañamiento Del Programa de Protección de Testigos en la Provincia de Santa Fe.]
15 de agosto de 2011
©rosario 12

última querella en causa díaz bessone


Por genocidio y los delitos internos. El equipo jurídico de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones políticas revisarán las pruebas contra los seis imputados en la causa y pedirán las condenas desde hoy, a las 9.30.
Argentina. Las abogadas del equipo jurídico de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas cerrarán hoy, desde las 9.30, los alegatos de las querellas en la causa Díaz Bessone, que se tramita en el Tribunal Oral Federal Nro 2 de los Tribunales Federales de Rosario. "La Liga es el único organismo que es querellante como tal en la causa", dijo la abogada Leticia Fascendini. La acusación que sostendrán será el de genocidio, "con la alternativa de condenar por los delitos de derecho interno que más se acercan: homicidio triplemente calificado, aplicación de tormentos agravados, privación ilegítima de la libertad calificada y desaparición forzada de personas, una figura recientemente agregada al Código Penal y que se ajusta perfectamente a algunos de los hechos más graves ventilados en la audiencia", explicó Fascendini.
El equipo, que también integran Gabriela Durruty, Jessica Pellegrini y Daniela Asinari, representa a los querellantes particulares Marta Bertolino, Eduardo Seminara, Azucena Solana, José Aloisio, Elida Luna, María Inés Luchetti de Bettanin, María Inés y Francisco Oyarzabal, Daniel Laus, Marcelo Jalil, Marcelo Márquez, Patricia Costanzo, María Barjacoba, Liliana Gómez, Alfredo Vivono y Josefina Victoria González.
Según describieron las abogadas, esta querella "incluye a un grupo de sobrevivientes que integra el grueso de aquellos que abrieron la causa en enero de 1984 y que persistió en sus planteos hasta la actualidad". La causa, que fue conocida como Causa Feced, tuvo un derrotero jurídico a partir de enero de 1984, cuando la abogada Delia Rodríguez Araya encabezó una presentación colectiva en los tribunales provinciales. Luego pasó a la justicia militar, a la federal, y fue alcanzada por las leyes de impunidad, pero se reactivó a partir de 2003, con la derogación de las leyes de obediencia debida y punto final.
La causa pasó de llamarse Feced (por Agustín, el gendarme que fue interventor de la policía rosarina, muerto oficialmente en 1984, pero visto con vida posteriormente) a su actual denominación: Ramón Genaro Díaz Bessone, que fue jefe del Segundo Cuerpo de Ejército hasta el 12 de octubre de 1976, y uno de los ideólogos del terrorismo de estado en la Argentina. También se juzga en esta causa a los policías José Rubén Lofiego, Mario Alfredo Vergara, José Carlos Antonio Scortecchini y Ramón Rito Vergara. El otro acusado es Ricardo Chomicki, un civil que fue secuestrado y se convirtió en colaborador de la patota. Todos están acusados por privación ilegítima de la libertad y torturas, mientras Díaz Bessone y Lofiego también enfrentan la acusación de homicidio. La Secretaría de Derechos Humanos y la agrupación Hijos no querellan contra Chomicki, pero sí lo hace el equipo jurídico que comienza hoy con su alegato. "Invitamos a llenar la sala en Oroño 940", convocó Fascendini para hoy.
15 de agosto de 2011
©rosario 12

carabineros torturan a estudiantes


Denuncian que carabineros golpeó y torturó a estudiantes en Santiago y Valparaíso.
Chile. Un estudiante de Valparaíso y otro de Santiago fueron violentamente golpeados por carabineros el 9 de agosto pasado. Ambos casos ocurrieron al interior de buses policiales, según denuncian estudiantes. Mientras las cámaras de televisión se preocupaban en buscar destrozos en el Paseo Bulnes los policías torturaban a un joven que portaba una cámara. Pese a los insistentes llamados de otros jóvenes y la presencia de la directora del Instituto de Derechos Humanos a ningún medio le interesó cubrir el hecho.
La imagen más persistente en la memoria televisiva del pasado 9 de agosto es la de un vehículo incendiándose en el centro de Santiago y un edificio atacado por manifestantes. Una imagen repetida por los medios durante varios días y que provoca que más de alguien convoque a aumentar la represión policial.
Claro que los medios han invisibilizado dos hechos que hace días circulan por Internet y que cuestionan seriamente los procedimientos policiales. En ambos casos policías son denunciados de golpear –y hasta torturar en uno de ellos- a estudiantes que estaban manifestándose por una educación pública gratuita y de calidad.
El primer hecho ocurre en Valparaíso, en donde es agredido el estudiante de Historia de la Universidad de Valparaíso (UV), Fernando Andrés Zurita Tapia de 21 años, quien luego de marchar pacíficamente por la avenida Pedro Montt fue arrestado por carabineros y golpeado al interior de un bus de la institución, lo que le provocó una fractura nasal.
Según detalla la Federación de Estudiantes de la UV, a eso de las 15:50 hrs. el estudiante se encontraba en la pasarela de la calle Errázuriz, observando el enfrentamiento entre carabineros y los estudiantes, mientras sus acompañantes sacaban fotos. En ese instante aparece el bus policial, deteniendo a todo aquel que se encontrara en la cercanías de los disturbios, sin discriminar a quienes estaban realizando destrozos. Es así como Fernando es rodeado por dos carabineros en moto, siendo arrastrado y posteriormente subido a patadas y manotazos al interior del bus policial.
El bus estuvo dando vueltas por la calle Brasil y Errázuriz, los carabineros tiraban palabras de grueso calibre contra los 20 ó 25 detenidos que estaban al interior del bus. Luego de detener a varios estudiantes más, un carabinero identificado con las iniciales F.M.G. dijo "saquémosle la cresta a uno de ellos para que sientan en carne propia como nos la sacaron a nosotros".
En ese momento otro carabinero (que aún no ha sido identificado) se acerca a Fernando y lo toma del polerón. Fue tal la fuerza que este quedó rasgado. Este carabinero lo lanza contra cuatro o cinco carabineros que estaban en la parte delantera del bus y allí lo empiezan a empujar entre los cinco tirándose al estudiante uno a otro como jugando al tontito. Luego de dejarlo aturdido comenzaron los golpes: "Primero me tiraron del pelo por todos lados los cinco, luego vinieron los combos en la cabeza".
El carabinero F.M.G. lo golpea en el lado derecho de la mandíbula, lo tira al suelo y entre todos le pegan patadas, es ahí cuando le llega uno de los combos en la nariz dejándole una severa fractura, acto seguido lo lanzan con el resto de los detenidos, las mujeres comienzan a llorar.
En este instante uno de los carabineros se le acerca a Fernando y le pregunta irónicamente: ¿Qué le pasó mijo? ¿Por qué está sangrando? y casi perdiendo el conocimiento el estudiante le respondió: ustedes me golpearon. El carabinero seriamente le contesta: no, si nosotros no golpeamos a nadie, tú solo te pegaste con la puerta.
El lugar de destino fue la Segunda Comisaría de Valparaíso ubicada en la calle Colón, donde les tomaron los antecedentes a los detenidos y después de una hora y media lo llevaron al hospital Van Buren.
En el recinto asistencial le hicieron los respectivos exámenes los cuales arrojaron fractura en la nariz y daño parcial al ojo, lo cual le impedía enfocar bien. Estuvo esposado, todo el tiempo, los mismos médicos le pidieron a los carabineros que le sacaran las esposas. A eso de las 21:30 Hrs, dejaron al estudiante en libertad.
Uno de los detenidos, intento grabar como el pegaban a Fernando, en ese instante un carabinero se le acerca y le dijo que dentro del bus no corría la ley, y obligándolo a apagar el celular.
Fernando realizará las correspondientes acciones legales contra los carabineros, recibiendo el apoyo de tres de los detenidos que estuvieron presentes en la golpiza y que están dispuestos a testificar.
Fernando Zurita, según el último informe médico, requiere una Cirugía de Alta Complejidad.

Torturas al Interior de Bus Policial en Santiago
En el Paseo Bulnes de Santiago el mismo día serios incidentes se produjeron en torno al bus policial B-261, que se instaló en la esquina del paseo peatonal con Tarapacá.
Óscar Arias Rojas, a través de una carta que ha circulado en las redes sociales, acusa que su hermano fue torturado al interior de dicho vehículo policial.
Según constató El Ciudadano in situ pese a que varias personas reclamaban haber visto los golpes a un estudiante al interior de dicho bus a camarógrafos y periodistas de los principales canales de TV, estos prefirieron enfocarse en los disturbios entre carabineros y manifestantes que se producían un par de cuadras hacia el sur.
En la ocasión ni la presencia de Lorena Fríes, directora del Instituto Nacional de Derechos Humanos, y su demanda ante los policías para saber del estado del muchacho logró que dejaran ver al joven agredido por la policía.
La carta de Arias cuenta que "alrededor de las 13:30 horas mi hermano estaba en el Paseo Bulnes junto a un grupo de manifestantes cuando apareció un operativo de carabineros (el trío carro lanza gases, carro lanza aguas y bus de fuerzas especiales) a dispersar la manifestación. En ese momento no había actos de violencia ni vandalismo de parte de los que ahí se reunían".
Luego de que uno de los carros gaseara a la multitud, el joven comenzó a sacar fotos para dejar registro de lo que ahí sucedía. Además de su cámara llevaba dos tarjetas de árbitro: una amarilla y otra roja, como en el fútbol, para manifestarse en forma más lúdica.
Arias relata que "mostrar una tarjeta roja bastó para que el carro lanza aguas dirigiera un chorro sobre su cabeza. Resbaló, se desorientó, y mientras trataba de volver en sí vio como un piquete de seis carabineros de fuerzas especiales se dirigían a él. Se puso de pie. Trataron de someterlo y mi hermano forcejeó. Mientras un carabinero le apretaba el cuello los otros le hacían zancadillas y trataban de quitarle su cámara. Mi hermano mide 1,70 metros y es corpulento. Pero seis carabineros de fuerzas especiales es un exceso. Lo levantaron tomándolo de sus brazos y piernas y lo subieron al bus. ¿Por qué arrancar? En su ingenuidad su mayor preocupación era la cámara, que no era de él".
Arriba del bus sólo habían carabineros, ningún civil: "Lo tiraron al suelo y recibió golpes de pies y manos de todos los carabineros que subieron con él. La cámara se la quitaron y la destruyeron a machacazos. La memoria flash donde se guardan las fotos digitales se la quedó uno de los carabineros. Mi hermano fue valiente: no quería entregar la cámara, así que mientras lo pateaban uno de los carabineros tomó su cabeza entre sus manos y le aplicó presión en los ojos, hasta dejarlo semi inconsciente.
"Mientras recibía esta paliza los carabineros gozaban. Lo humillaron por salir a marchar. Le dijeron: ¿no te gusta salir a marchar? Luego lo amenazaron: le dijeron te vamos a matar. Se lo dijeron varias veces mientras lo molían. Le dijeron si te vemos de nuevo en la calle te vamos a matar. Te vamos a reventar, oíste, ¿no te gusta salir a marchar? Mi hermano ya no sentía los golpes y sólo pensaba en que no podía ser: ¿acaso en realidad lo iban a matar? Les pidió por favor que no le pegaran más, les pidió que ya no más. Pero aún siguieron unos momentos. Después de un rato se cansaron y la golpiza terminó.
"Las personas afuera del bus escuchaban los golpes adentro y comenzaron a gritar: ¡le están pegando!, ¿quién es, alguien sabe quién es? ¿cuál es tu nombre? ¿cuál es tu RUT?. Mi hermano recuerda haberlos escuchado pero no podía hablar, sólo atinaba a defenderse, a cubrirse de las botas, los puños, los palos. Hay una grabación de lo que parece ser el bus donde estaba mi hermano
"Al fin todo terminó. Lo dejaron botado en el suelo del bus, aturdido. Después lo trasladaron a un retén móvil y lo tuvieron dando vueltas por Santiago. No le explicaron por qué lo detuvieron, ni le leyeron sus derechos, ni siquiera le dijeron a donde iba.
"Llegó a la comisaría y ahí estuvo hasta las 23 horas. En el intertanto lo llevaron a constatar lesiones: en la misma comisaría, un hombre de delantal blanco y estetoscopio era el doctor. Le miró un poco sus ojos heridos y ásperamente le dijo no tienes nada, ándate. En las horas en la comisaría  vio decenas de detenidos. Varios niños de entre 10 y 12 años. Varios estudiantes. Solo dos tipos con el aspecto de los que siempre se ven destruyendo semáforos y robando locales comerciales. Vio a otros heridos, vio a uno que tenía las piernas quebradas.
"Antes de soltarlo le presentaron unos papeles para que firmara. Mi hermano pidió leerlos. Le dijeron no puedes, firma y te vas. Si no firmas te quedas. Pero quiero leerlos, no puedo firmar algo sin leerlo. Si no quieres firmar te quedas. Después de 10 horas detenido por supuesto lo hizo, pero sin su firma.
"Mis padres lo fueron a buscar y lo llevaron a una clínica para que viera a un doctor: lo vieron cuatro. El oftalmólogo le explicó que los efectos de la tortura que recibió variaban en condiciones normales desde un desmayo hasta un ataque al corazón. Además de sus ojos heridos tiene múltiples contusiones y dos costillas rotas. Afortunadamente las astillas no le perforaron los pulmones, una consecuencia común en caso de una paliza. Le advirtieron que debe mantener reposo durante la semana porque puede tener episodios de pérdida de visión".
Arias concluye acusando que un carabinero se quedó con la tarjeta de memoria de la cámara, la que fue destruida por la policía, y que no hubo testigos del hecho al interior del carro policial.
15 de agosto de 2011
14 de agosto de 2011
©el ciudadano

otoño del sicario


El lujo, los excesos y la violencia emergen como los contenidos más fascinantes de una nueva narrativa y una nueva crónica periodística en América latina. La crítica ecuatoriana Gabriela Polit se dedicó a investigar la narcoliteratura que creció como expresión estética, en especial en Colombia y México.
[Emilio Ruchansky] De paso por Argentina, Polit habla en esta entrevista de los libros de Fernando Vallejo, del periodista mexicano Alejandro Almazán, de los sicarios como los nuevos antihéroes románticos y de los narcos como caudillos que aspiran a un Estado paralelo.

Colombia y México comparten el gusto por la cumbia, las playas de arena blanca y también una guerra permanente contra las drogas, sponsoreada por el gobierno norteamericano. En las dos últimas décadas, los periodistas y escritores que retratan la narcocultura en ambos países resultaron favorecidos por la industria cultural. Por lo pronto, el tema resulta tentador, narrativamente hablando. Abundan la traición, la lujuria, el riesgo y los crímenes en medio de una constante ilegalidad. Al mismo tiempo, la representación estética del fenómeno implica tomar ciertas posturas políticas y éticas. No tomarlas también configura una postura ¿o solo una pose? La investigadora ecuatoriana Gabriela Polit recorrió los dos países y entrevistó autores y lectores en busca de "hacer mapas de producción" de las novelas de narco en ciudades emblemas del narcotráfico como Medellín en Colombia y Culiacán en México. Es probable que no exista una división internacional del trabajo del narrador, pero sí hay tendencias. Y son más editoriales que literarias o periodísticas. "Ahora lo que caracteriza a América latina son novelas de violencia –dice Polit–, de ciudades sumamente violentas con protagonistas que son jovencitos y donde está muy presente esa idea del ángel caído porque los sicarios son chicos, con caras de niños, matando de una forma brutal."
Polit es profesora de literatura en la Universidad de Austin, en el estado norteamericano de Texas, y a principios de este mes estuvo como invitada en el taller de ‘Crónicas de narcocultura’ en la Universidad de San Martín, auspiciado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Entre otros libros, publicó en 2008 ‘Cosas de hombres. Escritores y caudillos en la literatura latinoamericana del siglo XX’ (Beatriz Viterbo Editores) y una serie de artículos con diversos enfoques sobre narcotráfico, género y literatura.
‘Sicarios, Delirantes y los efectos del narcotráfico en la literatura colombiana’ y ‘La persuasiva escritura del crimen: literatura y narcotráfico’ son dos ensayos en los que Polit analiza, entre otros textos, ‘La Virgen de los Sicarios’ del colombiano (nacionalizado mexicano) Fernando Vallejo y ‘Entre Perros’, del periodista mexicano Alejandro Almazán. Ambas obras están narradas en primera persona, pero a través de un trabajo de hipercontextualización, Polit desgrana los modos de producción, la visión del conflicto, las elecciones éticas y los riesgos estéticos de ambos autores. Y todo esto, sin caer en lo políticamente correcto.

Fernando Vallejo
Un Paisa Provocador
El artículo de Polit ‘Sicarios, Delirantes...’ comienza con una cita de Carlos Monsiváis, extraída de ‘El narcotráfico y sus legiones’, que trasluce una primera postura de esta investigadora ecuatoriana. "La emergencia del narco no es ni la causa ni la consecuencia de la pérdida de valores; es, hasta hoy, el episodio más grave de la criminalidad neoliberal", escribió Monsiváis. Basada en el filósofo Emmanuel Levinas, Polit reafirma que "hay una dimensión ética en la lectura crítica" en ese artículo.

Usted señala que Vallejo, en ‘La Virgen de los Sicarios’, se limita a reproducir la imagen imperante de los sicarios y eso garantiza el éxito de su propuesta y refuerza una imagen hegemónica.
Cuando leí esa novela estaba leyendo la producción literaria con un pie en un cuestionamiento ético, pero el planteamiento se modificó cuando fui a Medellín y entendí algo del campo cultural local y la percepción que hay de Vallejos ahí. Creo que la respuesta para hablar de la ética es una hipercontextualización. El planteamiento ético siempre responde a una cantidad de matrices y parámetros que la ubican específicamente y un poco eso fue lo que me hizo dar el salto: "Ok, leo novelas y son trabajos de ficción y me interesa la literatura como un discurso, pero quiero conocer cuál es el entramado social y cultural desde donde se producen y dónde se perciben". Ahí me di cuenta de que mirar la narrativa del narco en esta hipercontextualización me acercaba a algo de la narrativa de lo que te aleja el mercado cultural. El mercado cultural que ofrece por igual una novela buena como ‘La Virgen de los Sicarios’ o una novela mediocre como ‘Rosario Tijeras.’

Su lectura involucra las relaciones sociales de la producción literaria.
Hago una lectura no solo estrictamente literaria, más cultural de esta producción y, a la vez, a mí lo que me interesa es leer una novela que disfrute. Puede ser la prosa, la manera en cómo se crean los ambientes, las atmósferas. Yo creo que esa novela es buena por un planteamiento literario pero muy problemática dentro del contexto colombiano.

Usted critica la misoginia de Vallejo, por ejemplo.
Mi falta de tolerancia no es porque soy mujer solamente, sino porque toda la cultura del narco, y eso creo se aplica a varios lugares, es de un discurso tan misógino y las violencias masivas, las matanzas de las que oímos, esconden una violencia interna, de espacios íntimos, con niños, que lo que está dejando como rezago es una cultura que achata cualquier logro, tanto en Sinaloa como en Medellín. Yo no entrevisté a una sola escritora en ninguno de los dos lugares. Visité las librerías, los teatros y no vi mujeres. Y no digo que no haya, pero no tienen el mismo acceso que los hombres.

¿Cuál es su lectura sobre los elementos inmanentes del fenómeno de la ficción sobre el mundo del narco?
Que tiene un montón de elementos para grandes relatos policiales: hay muerte, violencia, dinero. Además está la condición misma de un negocio ilegal, donde las leyes vienen por cuestiones más atávicas: lazos familiares, por ejemplo, y también otra serie de elementos que regulan un negocio ilegal y no pasan por la modernidad de un Estado sino por todas las relaciones que establecen justamente fuera de ese Estado. Llevado a la ficción, obviamente tiene un campo: la tradición, el machismo, la religión, la virgen, las imágenes, lo sagrado, lo profano, el honor, todo siempre atravesado por la corriente de sangre. Es un campo muy fértil.

¿Tiene raíces literarias?
Si pienso en las novelas de caudillos, que investigué antes de llegar al narco, tienes un montón de cosas que se repiten: hay una cosa ambigua entre lo detestable que es el caudillo y lo fascinante que es una hipermasculinidad que todo lo puede, el poder que tiene. Es muy parecido a lo que pasa con el narco. Novelas como ‘El Señor Presidente’, ‘Yo el Supremo’, ‘El otoño del patriarca’, ‘La muerte de Artemio Cruz’, incluso ‘Fin de fiesta’ o ‘El incendio y las vísperas’ de Beatriz Guido. Desde el punto de vista de género, que está en ella y en algunas autoras mexicanas, cuando hablan de caudillos tienen una percepción de esa masculinidad como algo que los personajes tuvieron que ir construyendo, mientras que para los escritores, ese super poder, ese autoritarismo, es algo que viene dado con ese personaje. Esa perspectiva devela una construcción de la masculinidad como cierta pose. Diría que el caudillo es un arquetipo masculino que después se reproduce con otras características, en lo narco.

¿Cuáles son las diferencias y las similitudes?
Con el caudillo es un mapa más claro políticamente, se critica a un tirano desde la izquierda. Ahora el Mal es mucho más etéreo, entonces ¿cómo representar a ese sicario que es víctima y verdugo a la vez? Cuando uno piensa en los muchachos de 17 años matando por plata no los puedes tomar como verdugos solamente. Hay una historia por la que llega a eso y ahí salgo de la ficción. Fui a los archivos de Medellín para ver cómo se reportaba la muerte de Rodrigo Lara Bonilla, el ministro de Justicia, que fue el hito de la aparición del sicario, y si tú ves las fotos de los diarios un mes antes, el narco está en la página 6 o 7, es una noticia desperdigada. El asesinato convierte en guerra el asunto del narco pero solo aparece la cara de un muchachito contratado por Pablo Escobar. Pero era el autor material, no ideológico. Ya no hay un mundo donde el escritor, el poeta, de manera romántica, al escribir contra el tirano de alguna manera lo asesina aunque sea metafóricamente.

¿Cómo considera la literatura de Fernando Vallejo en este contexto?
‘La Virgen de los Sicarios’ se sostiene en profundos pilares literarios que no funcionan en otras novelas que tratan de acercarse al realismo y terminan siendo clichés. Leí bastantes artículos para escribir el mío y la crítica iba de la A la Z: los que veían una ironía o un protofascismo, creo que todos se sostenían. Más allá del logro o no logro de novelas como ésta, donde creo que mi trabajo podría aportar algo es en entender que el narcotráfico es un gran paraguas bajo el que están cosas totalmente distintas, y hay que entender estos contextos muy acotadamente para entender las diferencias que hay dentro de la cultura narco.

Usted analiza el filtro ético del uso de este género.
Yo creo que Vallejo, la persona y el personaje, tiene una postura muy clara en sus declaraciones en público. Es como una extensión de esa estética que presenta. Hace como una performance y es muy coherente consigo mismo en ser un provocador.

Ser provocador no equivale a ser irresponsable.
No es responsable y ese es el éxito en sus novelas, que es un poco lo que sigue manteniendo por fuera de las novelas. Tiene una irreverencia muy arraigada, eso es muy paisa, muy antioqueño. Es lo que hace que los paisas sí lo lean como una ironía, una ironía compartida.

Alejandro Almazán
El Refugio Literario
Alejandro Almazán vive amenazado, más de una vez caminó custodiado. Es un cronista de la cultura narco en Sinaloa, sede de uno de los cárteles más grandes de narcotráfico mexicano, donde la guerra contra las drogas se cobró más 40 mil muertos en menos de un lustro. Ganó el premio nacional de periodismo de su país en 2004, con Lino Portillo, asesino a sueldo, y escribió una novela llamada ‘Entre perros’, en primera persona, sobre un periodista que juega sucio para tener primicias. "Yo prefiero, donde la verdad es importante, escribir ficción", dijo Virgina Wolf. Polit la cita. En parte, explica el paso trasnochado que hace Almazán del periodismo a la ficción.

Cuando menciona a Vallejo da la impresión de una mirada de la élite sobre los sicarios, en cambio Almazán, por venir del periodismo, parece hacer un movimiento opuesto, de abajo hacia arriba. ¿Cómo es ese otro movimiento?
En el caso de Almazán, yo creo que él pelea mucho en la novela por desprenderse de la mirada periodística para incurrir en la construcción de personajes más épicos. Para mí, esa novela refleja lo que está pasando ahora en México. La imposibilidad de narrar esa violencia, al menos en Almazán, da paso a un giro cuando se enfrenta a la cuestión del asesino que narra el placer de matar, un momento espectacular de la novela. No te narra solo el asesinato, ni que el tipo es un hijo de puta, te narra que el tipo siente placer, que realmente disfruta haciendo eso. Y lo más interesante: Almazán no redime al narrador en ningún momento.

Hay una oposición a Vallejo porque Almazán explica las condiciones de emergencia del narrador y de los personajes.
Totalmente, además Vallejo redime al narrador. En ‘Entre perros’, el narrador comete bajezas comparables a la bajeza del asesino. Pero no hay redención. El problema del libro de Almazán es que te cuenta la historia del narco en México de los ’80 para acá, hay una sobreexplicación. Pero la parte que me gusta, en ese mapa cultural, es que te está dando cuenta de un momento muy fuerte en México, en donde narrar la violencia es complejo y él lo lleva a ese extremo de mostrarte el placer del asesino y del narrador, te pone esa trampa y no los redime.

¿Por dónde se filtra la postura del escritor sobre lo que narra el narrador ficticio? Hay diferencias entre Vallejo y Almazán en ese punto.
La diferencia es que yo leo la novela de Almazán y me voy a ver su vida, veo sus crónicas, me doy cuenta de que lo que nutre la novela son sus crónicas. El entrevistó a un asesino, que habla de la misma manera que habla el asesino de su novela, Almazán vivió experiencias muy tenaces porque cuando escribió esta crónica vivió amenazado. Me doy cuenta de que la ficción tiene un empalme con la autobiografía y hace un profundo recorrido introspectivo. En el libro de Fernando Vallejo, el yo, que también se llama Fernando, es un yo literario. Vallejo plantea un género "autobiográfico" pero a la vez constantemente lo problematiza, como un género literario que no puede existir. Cuando lo lees no estás viendo si es realidad o no, sino cómo explora a fondo un género literario, con pilares cimentados en la literatura de Balzac o Dostoievski. Las referencias de Almazán son las historias de narcos de México, las referencias de Vallejo son literarias: está metido en el lodo, haciendo literatura, y está narrando literatura casi casi como un esteta.

Los escritores que hoy trabajan sobre lo narco no indagan en el contexto en el que esto sucede: ¿lo ven como un impedimento?
Para mí o para ti narrar lo narco es hablar de un mundo que vemos allá. Para los sinaloenses y para los paisas, es narrar lo que están viviendo, entonces no hay tanta diferencia. Ellos están escribiendo aquí y tienen que salir; el tipo que fue su compañero de colegio ahora es un capo narco y se saludan. Hay una continuidad y una naturalización de un montón de cosas, que ni tú ni yo las tenemos. Entonces no se ponen a estudiar, un sinaloense me decía: "yo no escribo sobre narcotráfico, yo escribo novelas". En Medellín pasa lo mismo, escriben de lo que está pasando, nosotros podemos tener distancias, pero ellos no: ellos son parte de eso. De ese flujo que corre.

¿Estos escritores perpetúan ciertos prejuicios y valoraciones?
Es distinto en Sinaloa, por ejemplo, porque el narco tiene una historia larguísima, hablas con un tipo de Culiacán y te dice: "Hace 30 años era una ciudad chiquita donde todos jugábamos al fútbol, el rico, el hacendado, el pobre, todos íbamos a la misma cancha los domingos, la banda éramos siempre los mismos". De esos, muchos fueron a la cárcel, muchos pudieron ser sus amigos... Es distinto en Medellín, porque hay una larguísima historia de violencia, pero cuando sale el narco, se convierte en una larga violencia urbana que antes no se había vivido. Y con características totalmente nuevas: muchachitos jóvenes asesinando a diestra y siniestra, es un shock. Las narrativas de Sinaloa tienen un lenguaje donde no hay diferencias. El lenguaje del narco esta ahí, son los tipos. La sicaresca, si algo la caracteriza desde la crónicas de Alonso Salazar, es el glosario: hay que traducir a estos chicos.

Pero, literariamente, hay en la poética del narco algo que no tiene el caudillo: el caudillo va por el poder, quiere, en algún punto, ser presidente. El narco busca construir un estado paralelo.
Cuando hago ese análisis, me voy a la historia propia. El narco en México nace en el siglo XX de la mano del PRI: y si revisas la historia, de donde viene esto, surge esto, algo que sorprendió a muchos. En Colombia sí se generó de un momento para el otro, de golpe, en los años ’60 aparece algo que antes no había. No es como en México, que hay una tradición de gente que sembraba, que se cruzaba la frontera en burro, es muy distinto. Y se nota en la representación. El criminal, que es el narco como en las novelas del mexicano Elmer Mendonza, es el personaje central pero no el malo necesariamente: el malo en la trama es solo una pieza. En la sicaresca de Colombia, en cambio, es una mirada de un ser emergente, que bajó de la comuna y que empezó a matar.

Alguien dijo que la ética siempre le tuvo envidia a la estética. Desde ese lugar, un esteta puede evitar y hasta burlarse de la responsabilidad social de la novela.
Eso posiblemente lo digan narradores de ahora, en los años ’60 nadie se atrevía a decir eso. Era otro tiempo, los escritores se sentían una parte vital de un proceso histórico y social. Por ejemplo los escritores del boom latinoamericano eran un poco las vacas sagradas, se les preguntaba su opinión sobre los procesos sociales. Ahora mejor que no hablen. Yo creo que el papel del intelectual activo era mucho más fuerte en ese momento. Había toda una construcción del poeta civil, además la revolución cubana le dio una espectacularidad al mundo intelectual latinoamericano y europeo, que recayó sobre la responsabilidad de ser un intelectual, eso no es tan así ahora. Es otro el momento.
15 de agosto de 2011
14 de agosto de 2011
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los pacos también tienen hijos en la escuela


columna de lísperguer
Alcalde Zalaquett amenaza con pedir intervención militar si prosigue protesta estudiantil.

Mientras más graves las denuncias contra las actuaciones de la policía, más agudos los gritos y destempladas las amenazas del alcalde. Como el ministro Hinzpeter, ni una sola palabra sobre la infiltración policial de las manifestaciones (aparentemente para provocar disturbios y justificar las arremetidas de las fuerzas especiales), ni una sola sobre el espionaje de parlamentarios y activistas sociales (realizado por el servicio de inteligencia de Carabineros), nada sobre los montajes policiales, nada sobre las numerosas denuncias de corrupción de los altos mandos de Carabineros (el general Gordon que nombra a sus íntimos en cargos públicos) y los malos tratos y humillaciones con que tratan a sus subalternos. Pero, ante un peligro exagerado y en gran parte inexistente, amenazas brutas de pedir la intervención militar o subir las penas por el delito de desorden público.
Pero la política de optar por la represión y enviar a fuerzas especiales a golpear a niños de entre 11 y 15 años que podrían ser los propios hijos de esos efectivos podría ser contraproducente. Los hijos de esos carabineros también marchan y sus padresse darán cuenta poco a poco de que lo que corresponde hacer es simplemente desobedecer. ¿Por qué sacrificarse por una institución que está ahora en manos de una mafia de extrema derecha que disfruta de inmerecidos privilegios mientras la tropa apenas puede llegar a fin de mes, que paga diez veces más por concepto de alquiler que su jefe máximo (que paga 30 mil pesos por una mansión del estado), que es maltratada, humillada y echada a la calle cuando denuncia la corrupción de sus superiores? ¿Para qué arriesgar la vida por esos mafiosos y obedecer órdenes inhumanas y estúpidas y ganarse el odio de tu propia gente cuando te puedes ganar la vida trabajando en la seguridad civil?
¿Y ahora el alcalde amenaza con sacar a los militares a la calle para que maten a tus hijos? Incluso para los carabineros debe haber un límite.
lísperguer


guzmán es sinónimo de terror y barbarie


columna de lísperguer
Colocan artefacto explosivo en monumento al ideólogo de extrema derecha, Jaime Guzmán.

Sin justificar el aparente intento de volar el monumento al ideólogo de la extrema derecha, este acto obliga a reflexionar sobre su nefasto papel en la historia reciente de Chile como el político que destruyó su democracia y ayudó a instaurar un régimen de terror que terminó con la vida de más de tres mil ciudadanos. Su influencia aún se deja ver en la Constitución y en muchas de las instituciones de hoy, que siguen obstaculizando la recuperación de la democracia. Por su asociación con los episodios más execrables de nuestra historia, ni él ni su patrón, el general Pinochet, debiesen ser recordados nunca como héroes. Si se acepta que algunos rindan homenaje a un criminal, ¿no debiésemos admitir igualmente que se rinda homenaje a personajes como Hitler, Idi Amín Dada, Stalin, Pol Pot y otros notorios dictadores? Si se admite este culto, ¿por qué razón prohibiríamos la apología del odio racial, de la pedofilia, del canibalismo, del exterminio de algunas razas o nacionalidades, de la xenofobia, del satanismo? ¿Fomentar la democracia es lo mismo que promover los campos de concentración? ¿Tienen neo-nazis y fascistas derecho a ensuciar nuestras calles y espacios públicos con su culto a estos personajes siniestros?
Este es un monumento que no debió erigirse nunca.
lísperguer

buscando desesperadamente a engels


Engels también merece una fuerte revisión, una consideración de su aporte particular a la teoría marxista básica, más allá del ámbito de los expertos.
[Fernando Bogado] Si hay un dúo filosófico por excelencia en la historia del pensamiento occidental es el conformado por Karl Marx y Friedrich Engels (1820-1895), una amistad teórica que convierte muchas veces al segundo miembro de la asociación en una sombra detrás del título de "marxismo". Así al menos lo considera Tristram Hunt, quien escribió una de las pocas biografías de Engels, titulada ‘El gentleman comunista: la vida revolucionaria de Friedrich Engels’, editada recientemente en castellano por Anagrama.
Hunt hace un excelente repaso de la vida de Friedrich, desde sus días en el pueblo renano de Barmen hasta su ubicación en la sede de la empresa paterna en Manchester. Engels creció en un ambiente pietista: la religión conformaba una práctica cotidiana que no veía con malos ojos el lucro personal, hasta el punto de que el éxito en la vida terrena abría la posibilidad de conformar, con el paso del tiempo, la lista de los destinados a la salvación. Lejos de todo entretenimiento o práctica cultural, el joven Friedrich rechazó con ahínco este mundo en el que creció pese a seguir el mandato familiar de continuar con el emprendimiento familiar y seguir los lineamientos de la incipiente clase burguesa en plena conformación: haz dinero y evita mezclarte con los obreros.
A través de una investigación perfectamente documentada y de estilo llano, directo, pero no por eso menos atrapante, Hunt relata la transformación del joven Engels, desencantado con la vida en Barmen, en uno de los más asiduos frecuentadores de los bares de Berlín, donde entre cerveza y cerveza se discutían las posturas del hegelianismo reinante y se criticaban las vehementes clases que Schelling impartía con el fin de minimizar la importancia filosófica de su fallecido amigo Hegel. El texto logra plasmar la figura del biografiado como una suerte de resultado de su época: del pietismo a la insurrección juvenil, del dandismo de bares y discusiones filosóficas al encuentro con la realidad en las apestosas calles de Manchester, lugar en donde se distanciaría de los objetivos sociales de su familia aún más con el fin de visitar a los obreros en sus pubs y socializar con ellos en cada momento que pudiera, lejos de las reuniones con champagne y astucia verbal que su clase exigía.
El aporte de Engels a la filosofía marxista no puede ser negado: Hobsbawm acompaña los primeros títulos de cada uno de los trabajos de ‘Cómo cambiar el mundo’ con el nombre de los dos amigos, destacando siempre las similitudes y diferencias que podían plantearse en los aportes teóricos particulares de cada uno. El historiador inglés dedica un lúcido artículo a uno de los textos fundamentales de este dandy comunista: "Sobre Engels: La situación de la clase obrera en Inglaterra", donde releva la importancia de sus descripciones de los oscuros paisajes industriales de la Inglaterra decimonónica para entender el impacto que el traslado a Manchester significó para un miembro de la Juventud Hegeliana (hegelianismo de izquierda) que se encontró no sólo con la extrema miseria y la vida alienada de los obreros de fábricas como la suya, sino también con su fuerte componente revolucionario: si bien los movimientos de 1848 que incumbieron a Francia y a Alemania no causaron mucho impacto en Inglaterra, vale la pena considerar los movimientos cartistas de 1842 o la propia variante de socialismo utópico, el owenismo, determinante para el giro al socialismo científico.
Biografías como las de Hunt retoman el contexto contemporáneo de crisis financiera e ideológica casi con el mismo objetivo de Hobsbawm, sólo que cambiando de persona: Engels también merece una fuerte revisión, una consideración de su aporte particular a la teoría marxista básica, más allá del ámbito de los expertos.
15 de agosto de 2011
14 de agosto de 2011
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