la amenaza de al qaeda
Las distintas ramas vengaran a su líder, afirma el experto Guidère. Mathieu Guidère es uno de los grandes especialistas en la red terrorista. El autor de ‘Los Mártires de Al Qaida’ analiza las repercusiones de la muerte de Osama, así como el fracaso ideológico y la supervivencia de la organización.
[Eduardo Febbro] París, Francia. El casi fantasma que desde hace diez años tiene en vilo a los servicios de inteligencia del mundo entero ha muerto sin que ello signifique que la principal amenaza que encarnaba Bin Laden, es decir, el terrorismo de masas a escala global, haya desaparecido. Analistas y especialistas en Al Qaida ponen de relieve que, a pesar de los golpes recibidos, la organización de Osama bin Laden conserva un poder de destrucción considerable a través de las ramas que se le fueron asociando en los últimos años. Estados Unidos y los gobiernos de Europa han reforzado la seguridad o elevado los niveles de alerta. ¿Mito o realidad, especulación o, una vez más, negocio del miedo? La respuesta es compleja, a imagen y semejanza de un personaje como Bin Laden y de una organización tan atípica como Al Qaida. El universitario francés Mathieu Guidère sugiere que, a corto plazo, Al Qaida conserva su poder de amenaza. Mathieu Guidère es uno de los grandes especialistas mundiales en Al Qaida. Guidère es el autor de libros destacados sobre Al Qaida y el terrorismo: ‘Los Mártires de Al Qaida’, ‘Los Nuevos Terroristas’, ‘Al Qaida a la Conquista del Maghreb’, ‘Manual de Reclutamiento de Al Qaida’.
En esta entrevista con Página/12, Mathieu Guidère analiza las repercusiones de la muerte de Bin Laden, la amenaza que conlleva, el futuro incierto de Al Qaida, su fracaso ideológico y su supervivencia. Según el experto francés, una vez desaparecido Bin Laden, el futuro de Al Qaida se juega en el éxito o el fracaso de las revoluciones árabes que estallaron en Túnez, Egipto, Libia, Siria o Yemen.
La muerte de Bin Laden dio paso a una suerte de miedo planetario, globalizado. Analistas y medios de prensa occidentales plantean con insistencia la posibilidad de represalias a gran escala por parte de los miembros de Al Qaida. Sin embargo, en los últimos años, la red dio muestras más bien de un agotamiento de sus capacidades operativas. ¿Usted considera que esa alerta mundial se justifica?
Si nos referimos al esquema histórico de la organización, constatamos que cada vez que un jefe importante de Al Qaida resultó muerto la organización creó brigadas de mártires, o sea de kamikazes, que perpetraron atentados suicidas a fin de vengar la muerte de los jefes. Y como Bin Laden murió en manos de fuerzas occidentales, está considerado como un mártir y, por consiguiente, será vengado en un período de tres a seis meses después de su muerte. A corto plazo se producirá sin dudas un refuerzo de Al Qaida con una serie de acciones protagonizadas por sus distintas ramas, que buscarán vengar la muerte de Bin Laden. Por ejemplo, se puede pensar en la rama yemenita de la red terrorista o en Al Qaida en el Maghreb Islámico. Esas ramas, esas brigadas, podrían perpetrar atentados contra los intereses norteamericanos a través del mundo para vengar el asesinato de Bin Laden por parte de los norteamericanos. Ello explica el miedo que hay actualmente. Ese miedo se fundamenta en la historia y en la manera de pensar y de actuar de los grupos jihadistas que están repartidos por el mundo.
Usted está convencido entonces de que la amenaza global que Al Qaida representa sigue vigente a pesar de todos los golpes que recibió.
Sí, a corto plazo sí. Pienso que en los meses que vienen oiremos hablar de Al Qaida. No ya de Al Qaida en Afganistán. En ese país, al igual que en Pakistán, la organización de Bin Laden es muy débil. En este sentido, la muerte de Bin Laden puede llegar a cambiar los motivos o la forma en que se justifican las guerras en otros países. Por ejemplo, hablar de la presencia de Al Qaida en Afganistán o Pakistán como justificativo de la presencia occidental en esos países ya no tendrá el mismo peso que antes. La muerte de un símbolo como Bin Laden puede trastornar la justificación que Estados Unidos expone para apoyar su intervención en la región. Si el principal motivo era la lucha contra el terrorismo y contra Al Qaida, la muerte de Bin Laden y la casi eliminación de la rama pakistaní de Al Qaida, la rama Afpak, tornará más ardua la justificación de la presencia norteamericana en Afganistán o sus intervenciones en Pakistán. En todo caso, hay otros países donde Al Qaida sigue activa. Desde 2003 la organización está estructurada en ramas regionales. Cada vez que en un país musulmán surgió un grupo armado sólido, Bin Laden y Al Zawahiri, el número dos de Al Qaida, le pusieron el sello de Al Qaida para que así se vuelva una rama más de la organización. En este sentido, las ramas de Al Qaida en Yemen, AGPA; Al Qaida en la Península Arábiga, o en el Maghreb, AQMI; Al Qaida en el Maghreb Islámico, van a tener un año con mucha actividad a raíz de la muerte de Bin Laden.
Sin embargo, si tomamos como marco los últimos años, y en particular lo que deja flotando el conjunto de las revoluciones árabes, el mensaje de Bin Laden parecía haberse diluido. Las revueltas democráticas en Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Siria o Bahrein son como un certificado de defunción de la ideología de Al Qaida.
Sí, pero esto no tiene nada que ver con la muerte de Bin Laden. Hoy se trata de lealtad ante lo que representó. Sus adeptos sienten la obligación moral de vengar su muerte porque la responsabilidad de la muerte de Osama no recae en musulmanes. De hecho, en este contexto, no se trata de que Al Qaida sea fuerte o débil sino de una cuestión de lógica interna de la organización.
Con todo, no se puede obviar el hecho mayor de que las revueltas árabes y las aspiraciones que las desencadenaron le dieron un golpe mortal a la ideología de Bin Laden.
Yo no diría un golpe mortal porque esas revoluciones aún no triunfaron, están en curso. Es cierto que esas revoluciones suscitaron interrogantes y confusiones dentro del movimiento terrorista de Al Qaida. Bin Laden y sus seguidores siempre llamaron a derribar a los regímenes mediante la violencia, pero el proceso que se inició en varios países tuvo como resorte la acción popular. Los jihadistas de Bin Laden llamaban a la violencia y promovían el recurso al terrorismo contra esos regímenes. Ahora bien, lo que ocurrió en Túnez y Egipto demostró que pueblos pacíficos podían cambiar de régimen sin utilizar la violencia o el terrorismo. En cierta forma, Al Qaida perdió la batalla ideológica y también a su principal cabeza. Es como una suerte de principio del fin. Resulta claro que la organización no sabe qué posición adoptar frente a esos movimientos populares. Una de sus grandes derrotas está precisamente allí, en la derrota ideológica de una organización que fue incapaz de sacar del poder a ciertos regímenes a los que combatía mientras que la revuelta pacífica de la población sí consiguió ese cambio. Ahora bien, ello no significa que Al Qaida perdió la guerra, porque si en el futuro esas revoluciones no culminan con éxito, no conducen a un cambio de régimen o a la democratización, podemos temer, al contrario, que grupos como Al Qaida salgan reforzados.
Usted sugiere que el éxito de las revoluciones árabes condicionará la desaparición o el resurgimiento de Al Qaida.
Sí, efectivamente. A mediano y a largo plazo todo dependerá de las revoluciones árabes. Si éstas culminan con éxito será el fin de Al Qaida. Pero si esas revoluciones fracasan y no desembocan en algo interesante para los países, podemos temer que Al Qaida se torne más fuerte y se vuelva más poderosa que antes. Lo peor que puede pasar es que las reformas anheladas no se llevan a cabo y que, por consiguiente, los países se vean arrastrados a un ciclo de violencia. En todos esos países donde estallaron las revueltas persisten fuerzas conservadoras que intentarán frenar los cambios. En eso se juega la influencia de Al Qaida.
El mundo entero ha celebrado la muerte de Bin Laden. No obstante, no puede dejarse de lado el hecho de que Bin Laden es una emanación de la política norteamericana. Washington, Arabia Saudita y las monarquías del Golfo le suministraron fondos para que Bin Laden articulara a los combatientes que peleaban en Afganistán contra la invasión soviética. Bin Laden y Al Qaida son, a su manera, hijos de Occidente.
Sí, pero hay que distinguir a Al Qaida de antes de la primera Guerra del Golfo y a Al Qaida después de esa guerra. Al Qaida de antes de la primera Guerra del Golfo es el resultado de una colaboración de todos los países occidentales, principalmente Estados Unidos, que utilizaron al movimiento contra los soviéticos. Pero esa Al Qaida no es la que conocemos hoy. La Al Qaida actual y su discurso islamista radical y antioccidental es una creación de Bin Laden después de la primera Guerra del Golfo. Osama estaba contra la intervención norteamericana a partir del suelo de Arabia Saudita. Sin dudas, los orígenes de Al Qaida se sitúan en la guerra contra los soviéticos durante su ocupación de Afganistán, mientras que la Al Qaida que conocemos hoy surge de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Son dos fases distintas, casi dos movimientos dispares.
4 de mayo de 2011
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Colombia. No tuvo la cantidad de escoltas de un exjefe paramilitar. Tampoco fue visible en los medios de comunicación durante las negociaciones en Santa Fe de Ralito. Teodosio Pabón Contreras fue un desconocido para el país, pero entre el mundo de los paramilitares era alias ‘El Profe’, el asesor de Carlos Castaño y jefe político de tres bloque paramilitares.
[Eduardo Febbro] París, Francia. En aquellos años de pesquisa inicial –septiembre/octubre 2001–, Bin Laden era un emblema en las calles de Peshawar. Esta ciudad paquistaní fronteriza con Afganistán había visto surgir de sus callejuelas mugrientas el mito y la realidad. Bin Laden se había instalado allí para tejer su imperio de terror con la inagotable ayuda que, en esos tiempos de Guerra Fría y con Afganistán invadido por las tropas de la ex Unión Soviética, le proporcionó Estados Unidos. En la casi totalidad de las escuelas coránicas de Peshawar y sus alrededores el retrato de Bin Laden era omnipresente. Desde lo alto de un muro su barba tupida presidía todos los encuentros con los líderes islamistas radicales de Pakistán. Las celebraciones por su muerte contrastan con los años en que Washington le entregaba armas, millones de dólares y apoyo logístico. Bin Laden supo ser un disciplinado soldado doble: el de la causa norteamericana primero, el de su propia venganza después.
[Raúl Kollmann] Pakistán. Al menos por ahora, son poco contundentes las evidencias de que en la operación de Abbottabad los comandos norteamericanos mataron a Osama bin Laden. Los especialistas consultados por este diario sostienen que Washington tendrá que mostrar pruebas más convincentes que las exhibidas hasta el momento. Las desconfianzas parten de una serie de preguntas que todavía siguen sin respuesta, y ayer se hablaba de la divulgación de un video de la operación. El asesor en seguridad y contraterrorismo de Barack Obama, John Brennan, dijo que no quieren dar demasiados datos ni mostrar demasiada evidencia para no frustrar futuras operaciones. También se hizo saber que la prueba de ADN dio positiva, aunque nada fue exhibido.
Honduras. Una Corte de Apelaciones de Honduras anuló este lunes los juicios por corrupción contra el ex presidente Manuel Zelaya, derrocado en un golpe de Estado en 2009, hecho que allana el camino para el retorno del país a la Organización de Estados Americanos (OEA).
Osama
[Alejandra Dandan] Argentina. Licha de la Cuadra era Alicia Zubasnabar de la Cuadra, la primera presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Ayer, durante casi cuatro horas, el Tribunal Oral Federal 6 escuchó el testimonio de una de sus hijas, que llegó a la audiencia con una enorme valija de viaje. Adentro de la valija, Estela de la Cuadra tenía papeles que uno a uno sacó durante todo el relato, papeles con los que las Abuelas documentaron la búsqueda desesperada de sus nietos con originales de las solicitadas, las cartas a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, al entonces arzobispo Raúl Primatesta y al ahora cardenal Jorge Bergoglio. Estela, que aún sigue buscando a Ana, la hija de su hermana, volvió a preguntarle al Tribunal lo que pregunta en cada uno de los juicios: "¿Cómo es que Bergoglio dice que hace sólo diez años sabe del robo de bebés?". Y preguntó varias veces: "¿Por qué no lo citan? ¿No amerita que diga qué pasó con Ana de la Cuadra?". El fiscal Martín Niklison recogió el mensaje al final de la audiencia y acompañado por las querellas de Abuelas de Plaza de Mayo y de María Isabel Chorobick de Mariani pidió al Tribunal esa misma citación.
[Atilio A. Boron] Un signo más de los muchos que ilustran la profunda crisis moral de la "civilización occidental y cristiana" que Estados Unidos dice representar lo ofrece la noticia del asesinato de Osama bin Laden. Más allá del rechazo que nos provocaban el personaje y sus métodos de lucha, la naturaleza de la operación que terminó con su muerte es un acto de incalificable barbarie perpetrado bajo las órdenes directas de un personaje que con sus conductas cotidianas deshonra al Nobel de la Paz.