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los límites del testimonio


El peculiar problema de los testigos en los juicios de lesa humanidad. Una y otra vez tienen que repetir experiencias terribles frente a sus torturadores, en causas que superponen torturas y aberraciones. El fiscal Crous, del Tribunal Federal Oral N0 4, logró que los testimonios de víctimas del Vesubio sean leídos. El problema de sentar "excepciones".
[Alejandra Dandan] Argentina. La pregunta atraviesa buena parte de los juicios de lesa humanidad: ¿es necesario que las víctimas vuelvan a contar lo que pasaron? Semanas atrás, a pedido del fiscal Félix Crous, el Tribunal Oral Federal N0 4 aceptó incorporar por lectura los testimonios de algunas víctimas del Vesubio que están con vida, pero no en condiciones de declarar por distintas razones. Eso es una excepción para la lógica penal, ya que el testimonio forma parte del derecho de un juicio justo para los acusados. Aun así, y pese al carácter excepcional, la decisión del TOF fue celebrada porque acelera un debate no sólo sobre el presente de los juicios sino sobre los que están por venir: las segundas partes de los juicios orales ya terminados y en donde si todo sigue así, podría darse el absurdo de que los mismos testigos tengan que volver a decir todo de nuevo, pero para acusar a otros represores.
Crous planteó el pedido en una audiencia. "Voy a ingresar en un tema que aparece en todos estos juicios –dijo– y que es qué valor tiene, y si hay que atenerse a una virtual inexistencia o inutilidad de las declaraciones que han brindado los testigos en un cuarto de siglo de impunidad, en la medida en que sigan vivos, o si debemos conformarnos con la siniestra paradoja de que su testimonio vale si muere", explicó en referencia a que tal como está el derecho, un testimonio vale "por lectura" cuando un testigo está muerto. Los testigos en cuestión no están en condición de declarar por razones de salud física o psíquica. Crous habló de preservar la "integridad personal", y dijo: "Entendemos que es un modo de resguardar el derecho de las personas a no ser revictimizadas y esto no afecta el derecho de los imputados: pedimos una medida de protección excepcional para estos procesos particulares y pedimos que se repare que estamos en procesos excepcionales". En esa línea, en un planteo en el que habló de la responsabilidad del Estado, punzó al Tribunal para instarlo a discutir políticas a "riesgo de parecer lisonjero". Y un dato: "Que las víctimas en momentos de absoluta imposibilidad muchas de ellas además de llevar la carga culposa de haber sobrevivido no tengan que cargar la carga culposa de no haber podido declarar".
El TOF 4 aceptó. No fue el único ni la primera vez. Pero la decisión, dice Crous, aparece en un momento en el que empieza a discutirse, entre el ministerio público fiscal y los querellantes, qué hacer con las segundas partes de los juicios que se están desarrollando en este momento o que ya terminaron. En ellos va a juzgarse a nuevos represores por los mismos casos. Con esa lógica, cada uno debería volver a declarar todo de nuevo. Uno de los fundamentos es el llamado fallo Benítez: "En el fallo se declaró la nulidad de la sentencia condenatoria porque estaba basado sólo en declaraciones incorporadas por lectura sin el control de la defensa", explica en este caso Guillermo Friele, fiscal de la causa Orletti, en referencia a ese fallo que es uno de los argumentos de estos debates. "La Corte entendió que de esa manera se estaba vulnerando el legítimo derecho de defensa en juicio, ahora bien –agregó–, la cuestión radica en cómo es interpretado ese precedente jurisprudencial."
En Orletti, por ejemplo, no sucedió lo que sucedió en el juicio del Vesubio, ni lo que había sucedido antes en el juicio del circuito Atlético-Banco-Olimpo en los que se aceptaron las excepciones. "Yo tuve que desistir de varios testigos que no querían venir a declarar", dice Friele a Página/12. "El más paradigmático fue el caso de G. V., que se había fugado a los tiros del centro clandestino. Ella no quiso prestar declaración por distintos motivos, aunque el principal era que tenía un problema psicológico por el cual temía enfrentarse con los represores que la tuvieron cautiva", indicó. El problema se agravó en ese caso porque la fiscalía pidió incorporar un certificado médico y sobre esa base pidió la incorporación por lectura del testimonio. La defensa se opuso: pidió que a la mujer la revisen los peritos del Cuerpo Médico Forense; el Tribunal –en ese caso el TOF 1– aceptó pero la mujer se negó al chequeo y entonces el Tribunal rechazó incorporar por lectura su testimonio. "Como se puede ver –continúa el fiscal–, las interpretaciones varían según los Tribunales, pero mi opinión personal es que en estos juicios, por las características especiales que tienen, debería hacerse lugar a la incorporación por lectura." Para Friele, el TOF de Vesubio abrió con la decisión una nueva "posibilidad jurisprudencial" para interpretar una excepción más a la prohibición de hacerlo.
Gabriela Sosti es fiscal adjunta de Alejandro Alagia, impulsor de la acusación en el juicio ABO (Atlético-Banco-Olimpo). Ella piensa que éste es uno de los temas que desvelan a fiscales y querellantes. "La mayoría le damos vueltas y vueltas al tema. Se lo está pensando, hay consideraciones técnicas muy variadas y de difícil solución. Creo que la argumentación tiene que seguir ahondando en las particularidades de este tipo de juicios. Pasó algo similar con el tema del plazo razonable con las prisiones preventiva y finalmente Casación mayormente interpreta estas normas hoy día de otra manera. Nosotros también tuvimos casos de personas enfermas y con certificados que acreditan esas dolencias y el Tribunal los ha incorporado por lectura". Y dice: "El tema no es ese sino el de las futuras nuevas convocatorias a sobrevivientes que han declarado tantas veces y que si bien no manifiestan problemas psíquicos o físicos, lo cierto es que están hartos de que el Estado los revictimice una y otra vez en pos de cumplir un requisito formal no carente de hipocresía y ficcionalidad excesiva".

Los Límites
Quienes están en esta posición, están analizando ahora alternativas. Entre otras, la posibilidad de usar por ejemplo las grabaciones que hace el Incaa de las audiencias, o usar los testimonios escritos. En ese contexto, el testigo podría ser llamado a declarar sólo para agregar información puntual sobre el nuevo imputado, y para responder preguntas de los defensores. Pero eso es sólo parte del comienzo de una discusión larga y compleja en la que las partes están esperando además algún tipo de intervención de la Corte de Justicia de la Nación como para fijar algunos criterios.
Sobre esa base, existen posturas disidentes o un poco distintas. Especialmente sobre la decisión de pensar plantear estos juicios con carácter "excepcional". Uno de ellos es Javier de Luca, integrante del equipo de fiscales de la causa a Luis Patti. "En mi opinión dice si un testimonio se corresponde con otras pruebas, el asunto pasa a ser de valoración de las pruebas y no de invalidez de tomar esa prueba para valorarla". Pero sostiene de todos modos que "es un tema muy delicado y nada tiene que ver que las víctimas sean de delitos de terrorismo de Estado, porque el problema sigue siendo del Poder Judicial y del Ministerio Publico Fiscal, que tenemos la obligación de apurarnos y de poner todas las pruebas sobre la mesa para que la defensa las controle. Las víctimas de cualquier delito tienen los mismos derechos que los de estos casos."
Rodolfo Yanzón es querellante. Integra el equipo de Kaos, a cargo de la acusación en juicios como ABO, Esma y Orletti. Yanzón está entre quienes vienen pensando alternativas hace tiempo. Evalúa incluso la idea de usar las grabaciones del Incaa en próximos debates. Pero como su compañera Carolina Varsky del Cels advierte los problemas del carácter de "excepción". "Esto se viene dando hace tiempo con estos juicios", dice. "Nosotros ya en 2007, con el juicio a Febres, lo habíamos planteado. Es un tema realmente delicado porque se trata de conciliar el interés de las víctimas y el de los imputados, con el agregado de que protegiendo el derecho de los imputados estamos protegiendo el futuro de estos juicios, cosa que muchos, lamentablemente, no ven o no pueden ver". Su postura, explicó, "es que la regla es que si la defensa se opone a la incorporación por lectura de una declaración testimonial en un juicio oral, la declaración no se incorpora. Como excepción, y sólo como excepción, la regla cede frente al derecho de una víctima sólo si se trata de una persona que no está en condiciones de afrontar el trance de la declaración en juicio oral de modo verificable y si se trata de un testimonio relevante, es decir que tenga carácter de único". Para Yanzón, deben darse los dos elementos.
25 de abril de 2011
24 de abril de 2011
©página 12

los abusos de guantánamo


759 informes secretos destapan las vejaciones de Guantánamo. Los documentos revelan que el principal propósito de la prisión era "explotar" toda la información de los reclusos a pesar de la reconocida inocencia de muchos de ellos. El 60% fue conducido a la base militar sin ser una amenaza "probable".
[Mónica Ceberio Belaza, Luis Doncel, José María Irujo, Francisco Peregil] Guantánamo creó un sistema policial y penal sin garantías en el que solo importaban dos cuestiones: cuánta información se obtendría de los presos, aunque fueran inocentes, y si podían ser peligrosos en el futuro. Ancianos con demencia senil, adolescentes, enfermos psiquiátricos graves y maestros de escuela o granjeros sin ningún vínculo con la yihad fueron conducidos al presidio y mezclados con verdaderos terroristas como los responsables del 11-S. EL PAÍS ha tenido acceso, junto con otros medios internacionales y a través de Wikileaks, a las fichas militares secretas de 759 de los 779 presos que han pasado por la prisión, de los cuales unos 170 siguen recluidos. Las tripas de la cárcel quedan recogidas en 4.759 folios firmados por los más altos mandos de la Fuerza Conjunta de la base y dirigidas al Comando Sur del Departamento de Defensa en Miami. La radiografía de una prisión creada por George W. Bush en 2002 al margen de las leyes nacionales e internacionales llega en un mal momento para el presidente, Barack Obama. Cerrar el penal fue su primera promesa tras asumir el cargo en enero de 2009. El anuncio, hace un mes, de que reanudaría los juicios en las comisiones militares fue el reconocimiento de su fracaso.
Los informes, fechados entre 2002 y 2009, que en la mayoría de los casos tienen como finalidad recomendar si el preso debe continuar en el penal, ser liberado o trasladado a otro país, documentan por primera vez cómo valoraba EE UU a cada uno de los internos y lo que sabían de ellos. Revelan un sistema basado en delaciones de otros internos, sin normas claras, basado en sospechas y conjeturas, que no necesita pruebas para mantener a una persona encarcelada largo tiempo -más de nueve años en 143 casos- y que establece tres niveles de riesgo que se definen con apenas una frase. El más alto solo implica que la persona "probablemente" supone "una amenaza para EE UU, sus intereses y aliados"; el medio, que "quizá" lo suponga; y el bajo, nivel en el que aparecen catalogados presos que han estado ocho y nueve años en la prisión, que es "improbable" que sea un riesgo para el país.
Hay casos, según revelan los informes secretos, en los que ni siquiera el Gobierno de EE UU sabe los motivos por los que alguien fue trasladado a Guantánamo, y otros en los que ha concluido que el detenido no suponía riesgo alguno o este era bajo: un anciano de 89 años con demencia senil y depresión que vivía en un complejo residencial en el que apareció un teléfono por satélite; un padre que iba a buscar a su hijo al frente talibán; un mercader que viajaba sin documentación; un hombre que hacía autostop para comprar medicinas.
EE UU determinó que 83 presos no suponían ningún riesgo para la seguridad de la nación, y de otros 77 se reconoce que es "improbable" que sean una amenaza para el país o sus aliados. El 20% de los presos fue conducido al penal de forma arbitraria según las propias valoraciones de los militares estadounidenses. Si a ese dato se añade el de aquellos que solo "quizá pudieran entrañar un peligro, 274 en total, se concluye que EE UU no ha creído seriamente en la culpabilidad o amenaza de casi el 60% de sus prisioneros. Se encarcelaba a los presos fundamentalmente para "explotarlos", según su propia terminología; por si sabían algo que pudiera ser útil.
Guantánamo es una cárcel, pero la prioridad no es imponer sanciones por delitos cometidos. Solo siete presos han sido juzgados y condenados hasta el momento: seis en las comisiones militares de la base y uno en un tribunal civil de Nueva York. Lo que se pretende fundamentalmente, según muestran los informes, es obtener información a través de los interrogatorios. Uno de los dos parámetros que se maneja para decidir si se puede liberar o no a un preso es precisamente su "valor de inteligencia", según la terminología empleada en las fichas secretas.
La prisión funciona como una inmensa comisaría de policía sin límite de estancia. Las fichas secretas muestran a unos reclusos tratados como presuntos culpables que deben demostrar no solo su inocencia sino su falta de conocimiento sobre Al Qaeda y los talibanes para obtener la libertad. El único delito que las autoridades adjudican a algunos de ellos ha sido tener un primo, amigo o hermano relacionado con la yihad; o vivir en un pueblo en el que ha habido ataques importantes de los talibanes; o viajar por rutas usadas por los terroristas y, por lo tanto, conocerlas bien.
A pesar de su empeño en obtener información en la lucha contra el terrorismo, nueve años y tres meses después de la apertura de Guantánamo los informes secretos revelan que solo el 22% de los presos ha presentado un nivel de interés alto para los servicios de inteligencia de EE UU. En el 78% restante, el valor informativo de los presos era medio o bajo, según reconocen los propios militares.
Los detenidos vieron las caras de muchos interrogadores: militares, agentes de la CIA y policías de sus propios países que desfilaron en secreto por sus celdas, entre ellos españoles, y les tomaron declaración esposados y encadenados por una argolla al suelo. La declaración más relajada fue la que prestaron sentados frente al polígrafo. La actividad en los campos de entrenamiento terrorista en Afganistán, los experimentos con explosivos, armas químicas o biológicas, el trato y cercanía a Osama Bin Laden, Ayman Al Zahawiri o el mulá Mohamed Omar eran objetivos prioritarios.
Los expedientes no especifican qué métodos se usan para obtener la información en el penal. La palabra tortura apenas aparece en los casi ochocientos documentos. Sin embargo, lo que sí aparece son las delaciones que la mayoría de ellos arrojan sobre sus antiguos compañeros de lucha y que se suman por cientos. En cada expediente suele haber un apartado bajo el epígrafe "Razones para continuar la detención". Si el propio recluso no admite haber jurado lealtad a Bin Laden o haber luchado contra Estados Unidos en las montañas de Tora Bora, son sus propios compañeros quienes aparecen con nombres y apellidos delatándole o identificándole. La lista de delatores va desde la jerarquía más alta a la más baja de los extremistas. De uno de los presos se dice: "Es una de nuestras más valiosas fuente de información y continúa proveyendo información valiosa sobre inteligencia". Otro aparece citado en numerosos informes porque declaró: "Ninguno de los que estábamos en Tora Bora somos inocentes". Su genérica declaración se utiliza como argumento para mantener detenidos a numerosos reclusos.
Pero en ningún momento se informa de en qué circunstancias los presos han admitido su supuesta culpa o incriminado a otros. A veces, un preso declara sufrir tortura, pero el propio redactor del informe se encarga de afirmar que esa declaración no tiene ninguna credibilidad. A algunos, sin embargo, no había manera de arrancarles información. "Estoy preparado para estar en Guantánamo 100 años si es necesario, pero no revelaré información", espetó el kuwaití Khalid Abdullah Mishal al Mutairi a sus interrogadores.
A pesar de que los documentos son extremadamente protocolarios, por debajo del lenguaje administrativo se vislumbran informaciones que aportan un retrato de las condiciones de vida en el presidio. Cuando se habla de la conducta del detenido, por un lado se registran las infracciones disciplinarias y por otro las agresiones. Cualquier incidente se hace constar sin apenas detalles: "Inapropiado uso de los fluidos corporales, comunicaciones desautorizadas, daño sobre las propiedades del Gobierno, incitar y participar en disturbios de masa, intento de ataques, ataques, palabras y gestos provocativos, posesión de comida y contrabando de objetos que no son armas..."
Todo se contabiliza y registra. Pero tan solo se aporta información concreta sobre el último incidente disciplinario. Y es ahí, precisamente, en ese pasaje fugaz de apenas un renglón, donde aparecen destellos de la dura vida en Guantánamo: la mayoría de los presos han lanzado orina y heces a los vigilantes. Nunca se especifica cuál es el castigo que sufren por esas acciones ni en qué contexto se perpetraron. Otros reclusos han sido expedientados por cubrir la ventilación de su celda con papel higiénico, devolver un libro a la biblioteca subrayado o con marcas, rechazar la comida o negarse a salir de la ducha.
Las fichas ofrecen además una breve biografía de casi todos los hombres que han pasado por las celdas de Guantánamo. La gama de motivos que les llevaron a participar en la yihad o a tener vínculos con redes islamistas es muy variada: abarca desde el saudí que se comprometió con la causa tras ver un vídeo donde se mostraban las tropelías que los rusos cometieron contra los musulmanes en Chechenia pasando por el francés que viajó a Afganistán para continuar sus estudios del Islam y vivir en un Estado puramente islámico hasta el saudí que, deseoso de encontrar una esposa, entró en un campo de entrenamiento con la esperanza de adelgazar. "En el verano de 2001, un hombre sugirió al detenido viajar a Afganistán para cumplir con sus obligaciones religiosas durante dos meses. El régimen de entrenamiento físico le brindaría también la oportunidad de perder peso", asegura la ficha de Abdul Rahman Mohammed Hussain Khowlan.
Los informes son textos fríos, de prosa funcionarial. Apenas se detienen en cuestiones personales como los intentos de suicidio, el estado de salud o las huelgas de hambre y, en el caso del rosario de presos con enfermedades psiquiátricas, uno de los rostros más ocultos y retorcidos de Guantánamo, se limitan a constatar si, a pesar de su trastorno (acompañado muchas veces de múltiples intentos de quitarse la vida), puede ser útil seguir haciéndoles preguntas.
Al afgano Kudai Dat, diagnosticado de esquizofrenia, trataron infructuosamente de hacerle un interrogatorio final a pesar de que había sido hospitalizado con síntomas agudos de psicosis. Cuando mejoró lo llevaron ante el polígrafo, provocando de nuevo alucinaciones en el enfermo, según un informe del equipo de "salud del comportamiento" de la prisión. Su pronóstico a largo plazo era "pobre". A pesar de la ficha médica, la autoridad militar decía que fingía los ataques de nervios y se recomendó mantenerlo en la base. Pasó cuatro años encerrado. Tres presos se han suicidado en el penal.
De la documentación no solo se extraen conclusiones sobre la motivación que llevó a tantos hombres a Kabul, Kandahar o a las montañas de Tora Bora. También es posible dibujar un perfil con los puntos en común de la mayoría. Da igual que tuvieran nacionalidad de algún país europeo, argelina, yemení o filipina.
Antes de entrar en la prisión estadounidense, muchos viajaron constantemente a través del mundo árabe-musulmán. Abundan los relatos de hombres que cruzan la frontera de Pakistán a Afganistán a pie o que se citan con otros activistas en una mezquita de la ciudad paquistaní de Lahore. Las fichas explican también cómo los islamistas se apoyan entre sí a través de una red de puntos de encuentro -seis de los siete franceses detenidos pasaron por una casa de huéspedes, a la que denominan "de los argelinos", en la ciudad afgana de Jalalabad-, del dinero que les proporcionan miembros de la red -los documentos mencionan que muchos detenidos son arrestados con 10.000 dólares, la cantidad típica que Al Qaeda entrega a sus activistas-, o de organizaciones de caridad como Al Wafa que, según las autoridades de EE UU, contribuyen a financiar las actividades terroristas.
Pero en muchas ocasiones el hecho de viajar por la zona se convierte en una actitud sospechosa que envía sin más al penal a decenas de personas. En una nota de apenas dos páginas se relata el paso de Imad Achab Kanouni por Alemania, Albania, Pakistán y Afganistán. En el apartado de razones para justificar su estancia en Guantánamo, se le acusa de no haber podido explicar las condiciones de su viaje a Afganistán. No hay ni una sola prueba que le incrimine. A pesar de ello, el general Geoffrey Miller -responsable también de la prisión iraquí de Abu Ghraib- recomienda su permanencia en la prisión.
Los informes también afectan a España; a Hamed Abderramán, el denominado talibán ceutí, condenado por la Audiencia Nacional y luego absuelto por el Tribunal Supremo al inhabilitar las pruebas obtenidas sin ninguna garantía por policías españoles en el penal; y a Lachen Ikasrrien, un marroquí residente en España que corrió la misma suerte judicial que Hamed y que se negó durante cinco años de presidio a reconocer vínculos con Al Qaeda.
Los tres presos acogidos por España en 2010, un palestino, un yemení y un afgano son una pequeña muestra de las patologías del penal. Uno es un enfermo mental con problemas graves al que mantuvieron durante años encarcelado y sometido a interrogatorios; otro, que estuvo a las órdenes de Bin Laden en Tora Bora, se prestó a colaborar con EE UU; y al tercero, contra el que no llegó a haber nunca pruebas fehacientes, lo califican de problemático. Es, sin embargo, el único que por el momento ha logrado hacer una vida relativamente normal en nuestro país.
EL PAÍS continuará desarrollando las cuestiones más destacadas de los informes secretos del Departamento de Defensa sobre Guantánamo.
25 de abril de 2011
©el país

guantánamo al descubierto


Nuevas revelaciones sobre el campo de concentración y torturas norteamericano en Bahía Guantánamo.
[Andy Worthington] Estados Unidos. En la nueva revelación de documentos clasificados de Estados Unidos, Wikileaks saca a luz la verdad del evidente ícono de la Administración de Bush y su "Guerra contra el terror" -- la prisión en la bahía de Guantánamo, Cuba, que abrió sus puertas el 11 de enero de 2002 y que hoy permanece aún abierta, en la Administración del Presidente Obama, a pesar de las fallidas promesas de cerrar tan criticado lugar en el primer año de su gobierno.
En miles de páginas de documentos que abarcan desde el año 2002 al 2008, nunca antes vistos por los medios y el público en general, los casos de la mayoría de los prisioneros detenidos en Guantánamo - 758 de un total de 779 - son descritos en detalle en los memorandos que Fuerza de Tarea Conjunta en la Bahía de Guantánamo ( JTF-GTMO por sus siglas en inglés) enviara al Comado Sur de los Estados Unidos, en Miami, Florida.
Estos memorandos, que contienen las recomendaciones de la JTF-GTMO sobre circunstancias como si los prisioneros en cuestión debían continuar detenidos o podían ser liberados (más bien transferidos hacia sus países de origen o a otros gobiernos) aportan cuantiosa y crucial información, nunca antes revelada al público, por ejemplo, evaluaciones de la salud de los prisioneros y en el caso de la mayoría de los 171 prisioneros que aún permanecen detenidos, aportan fotografías (que en su mayoría salen a la luz por primera vez).
Los documentos también aportan información de los 201 prisioneros que salieron de Guantánamo entre 2002 y 2004, la cual, a diferencia de la información de los demás prisioneros (resúmenes de la evidencia y transcripciones de los tribunales, que se harían públicos como resultado de la solicitud judicial interpuesta por distintas agrupaciones de periodistas en 2006), nunca antes se ha hecho pública.
La mayoría de los documentos revelan deplorables niveles de incompetencia bastante familiares para los expertos que han estudiado a la prisión de Guantánamo con detenimiento. Allí, hombres inocentes están detenidos por error (o como consecuencia de las jugosas recompensas ofrecidas por Estados Unidos a los aliados a cambio de sospechosos que pudieran pertenecer a al-Qaeda o a los talibanes). También permanecen allí numerosos soldados de rango militar insignificante, reclutados forzosamente por los talibanes en Afganistán y Pakistán.
Más allá de los casos que no se conocían con anterioridad, los documentos también sacan a luz las historias de otros 397 prisioneros que salieron de Guantánamo desde septiembre de 2004 hasta el día de hoy y de siete hombres que murieron en prisión.
Los memos aparecen firmados por el Comandante de Guantánamo y califican a los prisioneros en cuestión como de bajo, mediano o alto riesgo. Aunque dicha clasificación no es concluyente sobre si un prisionero debía ser trasladado hacia otra ubicación, ya que las decisiones de traslado se tomaban en un nivel de comando más alto, representan no solo las opiniones de la JTF-GTMO sino también de la Fuerza de Tarea de Investigación Criminal, creada por el Departamento de Defensa para conducir las interrogaciones de la "Guerra contra el Terror" y también de los BSCTs, los equipos científicos de comportamiento humano conformados por psicólogos, que tenían la última palabra para determinar el abuso al que los prisioneros eran sometidos al ser interrogados.
Es crucial mencionar que los documentos también aportan información detallada de la inteligencia usada para justificar la detención de los prisioneros. Para muchos lectores esta será la sección más fascinante de los documentos, ya que ofrece una visión extraordinaria de la labor de inteligencia de los Estados Unidos, pero hay que advertir que aunque muchos de los documentos claman y prometen prueba de la asociación de los prisioneros con al-Qaeda u otras organizaciones terroristas, se requiere extrema cautela al analizarlos.
Los documentos aportan las aseveraciones de testigos - en la mayoría de casos, de los mismos compañeros de prisión - cuyas declaraciones son poco confiables, o bien por haber sido obtenidas por medio de métodos de tortura u otras formas de coerción (algunas veces no en la propia Guantánamo, sino que en diversas prisiones secretas manejadas por la CIA) o porque aportan testimonios falsos para tratar de asegurar un mejor tratamiento en Guantánamo.
Aparecen de forma regular en todos los documentos una serie de testigos cuyas palabras deben considerarse "poco fiables", incluyen los siguientes detenidos de "alto valor" o prisioneros fantasmas.
Por favor note que el ISN y el número entre paréntesis que sigue los nombres de los prisioneros se refiere a la abreviatura del Número Serial de Reclusión por medio del cual los prisioneros son identificados mientras se encuentran en custodia de las autoridades de los Estados Unidos en conflictos armados.
Abu Zubaydah (ISN 10016), el supuesto detenido de "alto valor" secuestrado en Pakistán en marzo de 2002, quien pasó cuatro años y medio detenido en prisiones secretas de la CIA, incluyendo facilidades ubicadas en Tailandia y Polonia. Abu Zubaydah fue sometido a la técnica de tortura conocida como "submarino" ("waterboarding" en inglés), una forma controlada de asfixia por ahogamiento, en 83 distintas ocasiones mientras se encontraba bajo la custodia de la CIA en agosto de 2002. Abu Zubaydah fue trasladado a Guantánamo junto con otros 13 detenidos de "alto valor" en septiembre de 2006.
A Ibn al-Shaykh al-Libi (ISN 212), el emir de un campo de entrenamiento militar del cual Abu Zubaydahera el portero, y quien, a pesar de que su campo de entrenamiento fuera cerrado por los talibanes en el año 2000, al rechazar que éste fuera tomado por al-Qaeda, lo describen los documentos como un comandante militar de Osama bin Laden en Tora Bora.
Inmediatamente después de su captura en diciembre de 2001, al-Libi fue entregado por la CIA a Egypto, donde, luego de ser sometido a tortura, confesó falsamente que efectivos de al-Qaeda habían sostenido reuniones y discusiones con Saddam Hussein para obtener armas químicas y armas biológicas. Aunque Al-Libi se retractó de dicha mentira, fue esa información falsa la que usara la Administración Bush para justificar la invasión a Irak en marzo de 2003. Al-Libi nunca fue enviado a Guantánamo, aunque en algún momento, probablemente en 2006, la CIA lo envió de vuelta Libia, donde fue encarcelado y donde murió, a causa de un aparente suicidio, en mayo de 2009.
Sharqawi Abdu Ali al-Hajj (ISN 1457), un ciudadano yemení, también conocido como Riyadh ‘el Facilitador’, quien fue capturado en una redada domiciliaria en Pakistán, en febrero de 2002, y lo describen como "un facilitador de al-Qaeda". Después de su captura fue transferido a una prisión para tortura que el Estado de Jordania opera para la CIA, donde permaneció cerca de dos años, para luego permanecer detenido en facilidades estadounidenses en Afganistán. Lo enviaron hacia Guantánamo en septiembre de 2004.
Sanad Yislam al-Kazimi (ISN 1453), un yemení, quien fue secuestrado en los Emiratos Árabes Unidos en enero de 2003 y después retenido en tres distintas prisiones secretas, que incluyen la ‘Prisión Oscura’ cerca de Kabul y otra prisión dentro de las facilidades de la Base Aérea de Bagram. En febrero de 2010, el juez Henry H. Kennedy Jr. de la Corte Distrital de Washington D.C. concedió la petición de habeas corpus del prisionero yemení Uthman Abdul Rahim Mohammed Uthman, en gran parte por su rechazo a aceptar el testimonio ofrecido por Sharqawi al-Hajj o Sanad al-Kazimi. El Juez se expresó así: "La Corte no fallará basándose en los testimonios de Hajj or Kazimi porque existe evidencia irrefutable que consta en autos, que en el momento en el que declararon, al ser interrogados, ambos hombres habían sido torturados".
Otros incluyen a Ahmed Khalfan Ghailani (ISN 10012) y Walid bin Attash (ISN 10014), dos de los detenidos de "alto valor" transferidos a Guantánamo en septiembre de 2006, después de haber permanecido cautivos en prisiones secretas de la CIA.
25 de abril de 2011
24 de abril de 2011
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©traducción wikileaks

celebran natalicio del demonio


Con esvásticas, efigies, himnos y discursos amenazantes, 122 personas se reunieron para conmemorar el natalicio 122 de Adolfo Hitler, en un salón del centro de Bogotá. Un equipo de SEMANA vivió con ellos tres horas de locura y fanatismo.
Bogotá, Colombia. La cita es en la entrada de la Biblioteca Nacional, en medio de la soledad típica de los fines de semana en el céntrico barrio Las Nieves de Bogotá. Mientras la mayoría católica de la ciudad se prepara para el Domingo de Ramos, los invitados llegan para la conmemoración del natalicio de Adolfo Hitler.
Se hacen llamar Tercera Fuerza (TF).Visten con prendas oscuras; algunos llevan abrigos para hacerles el quite a la insistente llovizna y al frío. Con el cabello a ras y las botas relucientes, que no esconden su condición de aparente milicia, uno de los jefes admite que los periodistas de SEMANA ingresen al lugar de la cita, el salón de un hotel cercano al que solamente se accede con invitación y que está custodiado por la Policía.
Se llama Diego y le dicen ’el Comandante’. El hombre se toma a pecho su papel y prohíbe hacer su trabajo al reportero gráfico hasta que todo esté listo. Es joven, tiene la cabeza rapada, las manos cuidadas, un bigote diminuto y un fuerte olor a loción que, inevitablemente, recuerda a las viejas barberías. "Es un homenaje en este mes al natalicio de nuestro gran líder", manifiesta y, en seguida, responde una llamada en su celular. "Sí, ’Cuchito’, sí, sí, ya todo está listo", le dice con respeto casi reverencial.
A lado y lado del recinto se levantan un par de imágenes de Adolfo Hitler, acompañadas en su parte inferior con el lema de la Alemania nazi: "Ein Volk, ein Reich, ein Führer" ("Un pueblo, un imperio, un líder"). Son 122 años de su natalicio, el mismo número de los convidados a la reunión. Dos banderas rojas flanquean su figura, con la inequívoca esvástica dentro de un círculo blanco.

Nacionalsocialismo a la Criolla
Diego porta con evidente soberbia su uniforme negro, sobre el que se asoman varias insignias. Una es el águila imperial del extinto Partido Nacional Socialista de los Trabajadores antes de que se alzara con el poder y fundara el Tercer Imperio Alemán. En otra pueden verse las letras T y F, también con la antigua grafía germana.
Dice que son "una asociación cultural" que defiende "una herencia cultural y ética, amor a nuestra nación y la pertenencia a la familia nacionalsocialista". Y aclara que solo recurren a la violencia para "defender el ideal, no para imponerlo". Se califican de anticapitalistas y antiizquierdistas, "de ahí que seamos la tercera fuerza", concluye.
No se consideran ilegales. Se acogen a los artículos 19 y 20 de la Constitución Política, que garantizan la libertad de opinión y el derecho a expresar pensamientos y opiniones sin fronteras. Esa puerta les permite ser uno de los grupos seguidores del nacionalsocialismo en Latinoamérica con mayores garantías, a diferencia de adeptos nazis en el sur del continente, donde las restricciones son mucho más fuertes.
Están regidos por un triunvirato que toma las decisiones y las imparte a varios departamentos. Elaboran proyectos en diferentes frentes: propaganda, economía, defensa y admisiones y selección. ’El Comandante’ habla de contar con 8.000 militantes en Bogotá, Medellín, Cali, Pasto, Barranquilla y Bucaramanga, una cifra a todas luces exagerada.
La cúpula se reúne dos veces por semana y el adoctrinamiento se hace con lecturas y cine-foros. Tienen además entrenamiento físico -de tipo militar- que se lleva a cabo en parques o mediante actividades como caminatas y campamentos. La Orden, como se autodenominan también, se sostiene con una cuota fija mensual de dinero que cobra a sus miembros.
Los aspirantes deben llenar un formato de ingreso (en el que la fotografía, por supuesto, es esencial). Hablan de aceptar solo a aquellos que correspondan a perfiles de "personas correctas, alejadas de los vicios, con una vida ejemplar -al menos deben trabajar o estudiar- y no tener antecedentes penales o haber causado escándalos públicos".
Pero ¿quién es ’el Comandante’? Un técnico judicial que trabaja como coordinador de seguridad en una empresa, cumple horarios, es soltero, no tiene hijos y vive con su mamá.

Desde los 5 hasta los 80
Las puertas del salón se abren y poco a poco ingresa la concurrencia. La gran mayoría de los que pasan por la puerta no superan los 25 años. Algunos hombres asisten de saco y corbata oscuros, y la mayoría porta brazaletes rojos con la esvástica. Las mujeres llevan vestidos elegantes y abundan las de cabello liso tinturado de colores claros, con cortes nada convencionales.
También ingresan niños, de la mano de sus padres. "Es gente que está dentro de esta comunidad y participa activamente en las actividades. Estamos así más cómodos que si dejamos los niños junto con los hijos de extraños", explica Diego.
Aparece entonces en escena ’Cuchito’, que se niega a revelar su identidad. "¿Verdad que es sorprendente ver a tantos jóvenes entusiastas?", se complace. Explica que, en su mayoría, se trata de personas con estudios superiores, estructurados e ilustrados y de niveles medio y alto. "Son ejemplares, de buen origen socioeconómico, aunque tenemos trabajo de base en barrios de todos los estratos", apunta.
 "Esperamos tener en unos cinco años unos 100.000 militantes, para que podamos constituir un partido. De otra forma, solo seguiremos en la difusión de nuestro mensaje", expresa, sin rubor.

El ’Negacionismo’
Sobre la pantalla que sirve de telón de fondo a la reunión se proyectan algunos de los discursos del Führer en alemán, con una traducción en una letra de un tamaño apenas visible.
Solo hay gente blanca en el lugar. ’Cuchito’ se ve a gatas para explicar el evidente racismo. Dice que ahí manda el ’racialismo’, en el que -según dice- todas las razas están enfrentadas a la judía. Y enseguida echa mano de su posición antisemita con el argumento del "negacionismo", para intentar pasar por alto el Holocausto, el asesinato de seis millones de judíos en los campos de concentración instituidos por Hitler y demás jerarcas del nazismo. Casi que con desprecio lo denomina como "holocuento".
La convención no es nueva. De hecho, es la tercera vez que se realiza en el mismo sitio. "Son gente que alquila el salón tres horas, se toma un vinito y se les reparte un par de pasabocas, pero cuando arrancan, el ambiente se pone como pesado", confiesa uno de los meseros. Justo en ese momento resuena el primer saludo de "Heil Hitler".
Y si bien no es la cervecería alemana, la Bürgerbräukeller, de Múnich, desde donde Hitler intentó asestar su primer golpe de Estado, hay en el recinto, en el himno Al viento las banderas, en el aspecto de algunos de los asistentes y en el fondo lúgubre del lugar, un ambiente que rememora aquellos tiempos escalofriantes del siglo XX cuando la visión pangermanista, mesiánica y antisemita de un líder diabólico llevó a la humanidad a una conflagración que causó la muerte a 60 millones de personas.
A renglón seguido se cantan con fervor las estrofas de Cara al sol, himno de la Falange Española, que muchos saben de memoria. Y tras un sonoro "Heil Hitler" se brinda con vino dulce español con cubo de hielo incluido.
Las intervenciones se extienden por cerca de dos horas. Un novato, con la candidez propia del primíparo ingenuo, habla de lo orgulloso que está de su ingreso al movimiento y del soporte que prestará a futuro a su hijo, "un niño blanco".
Una joven también se dirige al público y hace un tributo a la imagen del Führer, mientras otra cuestiona el papel de igualdad que asume la mujer de hoy, que -según dice- naturalmente debe ser el sustento de su hogar. En alguna exposición, incluso, se critica al carrusel de los Nule. Un "Sieg Heil" triplicado contesta a destiempo la audiencia.
Un nuevo grito rasga el aire: "¡Viva Colombia! ¡Viva España!". Quien lo lanza es un veterano periodista español, Fabio Roca Vidales, militante falangista de 78 años de edad. A continuación, le entregan el título honorario de comandante en jefe de la asociación. Lo acepta con visible emoción antes de exclamar "Heil Hitler".
Como cierre, ’el Comandante’, suelta su encendida pieza oratoria. Nuestro movimiento es "pacífico, pero no pacifista", advierte. Y remata: "Si leyes, personajes y oscuras fuerzas del poder nos censuran y nos acallan la voz, como ha ocurrido en tantos otros países con ciertos camaradas, TF está dispuesto a tomar las armas, a ingresar a la clandestinidad y a morir, como todo nacionalsocialista, en una trinchera y con un fusil al hombro".
El telón baja. Son las diez de la noche. Durante tres horas Hitler tuvo espacio para volver del más allá. Una oportunidad que en varios países del mundo no solo sería un escándalo, sino un delito.
25 de abril de 2011
24 de abril de 2011
©semana

castigo de fiscal rata debe ser ejemplar


columna de lísperguer
Fiscal Peña pagó a testigos falsos para inculpar a anarquistas.

Junto con los jueces pinochetistas infiltrados por el presidente Lagos en la Corte Suprema, el fiscal Peña pertenece al sector más arrastrado y vil del aparato judicial chileno. Este enano resentido, que no conoce ni escrúpulos ni ley, pidió hace apenas unas semanas presidio perpetuo para los acusados en el llamado Caso Bombas. Amparado en la ley antiterrorista, contrató a testigos protegidos para que declarasen falsamente, a cambio de dinero, para inculpar a los anarquistas encarcelados. Si la denuncia del diputado Aguiló se sostiene, este ex fiscal debiese ser despedido inmediatamente, procesado, encarcelado e inhabilitado a perpetuidad para el ejercicio de su profesión. Debe recordarse que el delito que quiere castigar este bruto es la colocación de bombas de ruido, que nunca causaron víctimas, y que la culpabilidad de los detenidos, apuntalada por testigos falsos pagados por el fiscal, está lejos de ser comprobada. Por eso, el castigo debe ser ejemplarísimo, ojalá perpetuo.
lísperguer

protestas en la catedral


Manifestación en la Catedral por los mapuches presos. Natividad Llanquileo, vocera de los comuneros presos que llevan 41 días en huelga de hambre en la cárcel de Angol, exigió la nulidad del juicio que los condenó por el homicidio frustrado del fiscal Mario Elgueta.
Santiago, Chile. Manifestantes a favor de la causa mapuche irrumpieron en la misa de Pascua de Resurrección en la Catedral Metropolitana, para exigir la libertad de los cuatro comuneros condenados a penas de entre 20 y 25 años de presidio, entre ellos Héctor Llaitul Carrillanca.
Los manifestantes estaban encabezados por Natividad Llanquileo, vocera de los presos mapuches que llevan 41 días en huelga de hambre en la cárcel de Angol, en demanda de la nulidad del juicio que los condenó por el homicidio frustrado del fiscal Mario Elgueta.
El arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, quien encabezaba la liturgia, manifestó que el incidente "es una expresión del dolor humano, más que interrupción es un clamor y nos pide que vivamos la Pascua tendiendo la mano a quienes sufre".
Agregó que "sé que están en huelga de hambre y esperamos retomar el diálogo con los voceros, quienes prometieron una visita. Estoy comprometido con el Ejecutivo en esto".
Dos fueron personas detenidas, pero luego recuperaron su libertad. Los manifestantes desplegaron un lienzo en que se leía: "Libertad a los presos políticos mapuches". También gritaron consignas a favor de los mapuches encarcelados.
La manifestación se produjo minutos después de finalizada la homilía y posteriormente Carabineros ingresó a la iglesia para dispersar a los manifestantes.

Protocolo Denuncias
En otro tema, Ezzati confirmó que este martes la Conferencia Episcopal presentará un protocolo para recibir denuncias de abusos sexuales. El documento elimina la prescripción en la justicia eclesiástica de los casos más graves.
Ezzati calificó este protocolo como "una importante señal de paz" ante las denuncias de abuso sexual a menores que han golpeado a la iglesia católica.
"Verán el día martes todo el protocolo, (que) también es un signo de la Pascua, es un signo de la vida. Del compromiso de la iglesia siempre de estar al lado de la vida", indicó.
Añadió que "lo hemos estudiado desde el año 2003, lo hemos madurado a la luz de las enseñanzas del Papa Benedicto. Y ustedes verán que será un gran signo de esperanza para Chile y también un signo que manifiesta la voluntad de la Iglesia de defender la vida en toda su dignidad".
25 de abril de 2011
24 de abril de 2011
©la nación

la marihuana como terapia y revelación


columna de lísperguer
Iglesia Católica de Uruguay apoya despenalización de la marihuana.
Las propiedades medicinales de la marihuana son ampliamente conocidas: se la utiliza en tratamientos del cáncer, el Alzheimer, el mal de Parkinson y en numerosas otras aplicaciones. Es menos conocido que se puede emplear eficazmente contra algunas drogadicciones -como el alcoholismo. Que lo acepte una autoridad eclesiástica (monseñor Cotugno, de la Conferencia Episcopal Uruguaya) es impresionante. El proyecto de ley presentado por partidos oficialistas para despenalizar el cultivo de marihuana, permitiendo 8 plantas por persona, y la tenencia de hasta 25 gramos, será probablemente aprobado porque, oh milagro, los partidos de derecha, que tradicionalmente se oponían a la despenalización, ahora son partidarios de la liberación total, sin el límite de 8 plantas. ¿Puede haber una mejor noticia? Tampoco hay que olvidar que la marihuana abre la puerta a experiencias religiosas de las que de otro modo nos veríamos privados.
lísperguer

fiscal rata ofreció dinero


Sergio Aguiló: "Fiscal Peña ofreció dinero en caso bombas". Defendiendo los proyectos presentados para modificar la ley antiterrorista, el diputado independiente, en entrevista con CNNChile, dijo que el ex fiscal Alejandro Peña, así como otros fiscales en el sur del país eran funcionarios del ministerio del Interior.
Valparaíso, Chile. "Creo que el fiscal (Alejandro) Peña ofreció dinero del Ministerio Público, con o sin autorización del fiscal nacional, porque la ley antiterrorista lo permite", afirmó el diputado independiente Sergio Aguiló, en entrevista exclusiva con CNNChile para tratar el caso bomba.
De acuerdo a las declaraciones del parlamentario el ex fiscal Alejandro Peña habría ofrecido pagar dinero a falsos informantes para inculpar a los jóvenes detenidos en el denominado caso bomba.
Esto a raíz de la denuncia que hizo un ex militante del Mapu Lautaro, Juan Linares, quien informó haber sido detenido por la policía civil la semana pasada con la supuesta intención de reclutarlo como informante para infiltrarse en grupos anarquistas y así obtener antecedentes que aportarían al denominado caso bombas.
"La ley antiterrorista es completamente antidemocrática, la dictó Augusto Pinochet bajo dictadura y la sigue amparando la derecha", señaló Aguiló.
Agregó el parlamentario que el ex fiscal Peña, actualmente funcionario del ministerio del Interior, es una persona sin escrúpulos, que al igual que otros fiscales en el sur del país, son empleados del ministerio de Rodrigo Hinzpeter.
"Es una persona que se sacó la careta, y que ha puesto en entredicho la independencia de los poderes del Estado, porque el Ministerio Público debe ser independiente", recalcó Aguiló.
25 de abril de 2011
24 de abril de 2011
©la nación