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murió arnost lustig


Autor checo que sobrevivió los campos de concentración nazis.
Murió el 26 de febrero en Praga, según informó una portavoz de la clínica universitaria Kralovske Vinohrady, el escritor checo Arnost Lustig, que escapó de un transporte nazi hacia la muerte y convirtió el Holocausto en el principal tema de su obra. Tenía 84 años.
Lustig sobrevivió los campos de concentración de Theresienstadt, Auschwitz y Buchenwald. En 1945 escapó de un tren que lo llevaba a Dachau cuando la locomotora fue destruida por un bombardero americano.
En el Holocausto murieron muchos miembros de la familia Lustig, pero su madre y hermana sobrevivieron. Su experiencia del sufrimiento judío se reflejó en sus cuentos y novelas, en las que los personajes luchan por conservar la dignidad humana.
Entre sus obras se incluyen ‘A Prayer for Katerina Horovitzova’, ’Diamonds of the Night’, ‘The Unloved: From the Diary of Perla S.’, ‘Darkness Cast No Shadow’, ’Lovely Green Eyes’ y ‘Dita Saxova’.

Lustig, que nació en Praga el 21 de diciembre de 1926, estudió periodismo y cubrió la guerra árabe-israelí de 1948 para la radio checa.
Llegó a Estados Unidos en los años setenta y trabajó como profesor de literatura en la Universidad Americana de Washington, D.C. Volvió a Praga tras jubilarse en 2003.
Lustig recibió dos veces el Premio Nacional del Libro Judío y fue uno de los finalistas del Premio Internacional Man Booker en 2009.
16 de marzo de 2011
5 de marzo de 2011
©los angeles times


la hermana de la profesora


"Si "alguien sabe algo sobre dónde desapareció mi hermana, en qué fecha, si alguien sabe algo acá, por favor que me lo diga."
Argentina. En el marco de la causa Díaz Bessone, declaró durante la tarde de ayer Mirta Wurm, hermana de Hilda Juana Wurm. Hilda fue secuestrada a los 36 años en octubre de 1976 y permanece desaparecida. "Ella era profesora de filosofía y militaba en Montoneros. Una vez me comentó que trabajaba con Lescano en la educación de adultos así que cuando mataron a Lescano y a Rodríguez Araya ella dijo, "ahora me toca a mí", relato Mirta Wurm en referencia a Eduardo Luis Lescano quien fue docente y secretario del Ministerio de Educación de la Provincia, asesinado en septiembre de 1975, y a Felipe Rodríguez Araya abogado de presos políticos asesinado en la misma fecha.
En otro tramo de su declaración Wurm dijo emocionada: "A mi hermana la respeto muchísimo, era una idealista, dio su carrera, sus pertenencias, y cuando no le quedó nada, dio su vida". La testigo cerró su testimonio preguntando al Tribunal y a las partes si "alguien sabe algo sobre dónde desapareció mi hermana, en qué fecha, si alguien sabe algo acá, por favor que me lo diga", convirtiéndose así de testigo a interrogadora.
Por la desaparición de Hilda se encuentra procesado Ramón Genaro Díaz Bessone.
Los testimonios continuarán hoy a partir de las 9.30. La primera en declarar será Liliana Rosa Paz y luego será el turno de Marta Vénera.
15 de marzo de 2011
©rosario 12

un mes en el infierno


Testimonio de José Francisco Reydo, secuestrado en el 76. La Patota fue a buscar a su novia a su casa y se lo llevaron a él. Por haber vivido apremios sabe lo que significa aguantarse sin hablar. "Los que cuestionan al compañero que cantó no tienen idea de lo que es la tortura", dijo.
[Sonia Tessa] Argentina. José Francisco Reydó fue secuestrado el 14 de octubre de 1976 en su casa, en Balcarce 712. Su ex esposa, Alicia, estaba ayer entre el público que fue a escuchar su testimonio en la causa Díaz Bessone. Entonces era su novia. Ella les abrió la puerta, pero los represores no la reconocieron. Se lo llevaron a él. Por ella le preguntaron esa madrugada, y durante los 32 días que duró la tortura. Los dos eran militantes de la Juventud Universitaria Peronista, y él se enorgullece porque Alicia jamás cayó. Cuando Francisco lo cuenta, se le llenan los ojos de lágrimas, igual que cuando recuerda a Eduardo Lauss, una de las víctimas de la masacre de Los Surgentes. Francisco pudo ver a Lauss y a José "Ciruja" Oyarzabal en el Servicio de Informaciones, en el sector llamado La Favela. Los tres eran estudiantes de derecho. Lauss y Oyarzábal fueron sacados del SI para la masacre de la localidad cordobesa.
Reydó estuvo desaparecido hasta el 17 de noviembre, cuando lo pasaron a la enfermería de la Alcaidía de Jefatura, donde recibió el respeto de los presos comunes. Un día, en enero de 1977, lo llevaron sólo por unas horas de nuevo al SI, antes de trasladarlo a Coronda. En el SI vio a Juana Bettanín y María Inés Luchetti, madre y esposa del que fuera diputado nacional de La Tendencia, Leonardo Bettanín, asesinado en Rosario el 2 de enero de 1977. Juana, de 54 años, le contó que había sido torturada y violada. "Me puse loco cuando supe toda esta cuestión", relató a Rosario/12. Reydó les pidió ayer a los jueces que tomen las agresiones sexuales como delito de lesa humanidad.
De los torturadores, mencionó a José Rubén "El Ciego" Lofiego, Mario Alfredo Marcote y Raúl Guzmán Alfaro. Pero también se refirió a los compañeros de cautiverio. "Tuve la suerte, la bendición de haber estado al lado de compañeros como Gustavo Pícolo, que es mi amigo del alma y el Cabezón (Carlos) Pérez Rizzo, que me dieron una fortaleza enorme, enorme", contó ayer, al tiempo que afirmó haberse preparado para tolerar la tortura. Así, simuló ataques de epilepsia que le permitieron evitar la tortura por un par de días. "Que Alicia no haya caído nunca para mí es una bendición, un triunfo enorme", afirmó Reydó.
Por haber vivido la tortura sabe lo que significa aguantarse sin hablar. "Los que cuestionan al compañero que cantó no tienen idea de lo que es la tortura. Ninguno de nosotros va a criticar a aquellos compañeros que han dicho algo, han cantado una cita, un control o una casa. Sí decimos de aquellos que cantaron, torturaron y salieron a marcar compañeros, a esos no los vamos a perdonar nunca", dijo Reydó en abierta alusión a Ricardo Miguel Chomicky, uno de los acusado en esta causa.
A Lauss y Oyarzábal los vio en La Favela también. El 17 de octubre de 1976, la patota los sacó del centro clandestino de detención junto a Sergio Jalil, Daniel Barjacoba, Cristina Costanzo, Cristina Márquez y Analía Murgiondo. Los mataron cerca de Los Surgentes, en Córdoba. "No fui testigo del momento en que los llevan, pero sí estuve con el Ciruja y Eduardo en La Favela. Eduardo no me dijo nada, solamente me puso la mano en el hombro y esa mano en el hombro era amor, comprensión, compañerismo, ternura, solidaridad. No hacía falta que hablara. Y me destrozó", rememoró Reydó con los ojos húmedos. También dijo que Sergio Jalil fue para él "un gran referente" desde los tiempos en que compartieron la escuela secundaria en la Dante Alighieri. "Lo que vi de ellos en el momento que estuve en La Favela fue una entrega de amor que nunca te vas a olvidar", dijo ayer.
Reydó fue trasladado a Coronda, donde las condiciones de detención estaban pensadas para aniquilar la subjetividad de los militantes. Pero resistieron. "Nosotros teníamos un compromiso ante el resto de los compañeros, un comportamiento que seguíamos al pie de la letra y una resistencia a este plan sistemático de destrucción del ser humano", expresó Reydó, quien dio un ejemplo de esa organización. El 12 de abril de 1979 le avisaron que lo liberarían. El tenía un espejo de un centímetro por un centímetro que escondía en su boca, entre las encías. Era el que usaba para las guardias en las que debía vigilar que no llegara ningún guardiacárcel mientras los presos conversaban. Cuando lo llamaron para la revisación previa a la libertad, decide tragar el dispositivo realizado con papel de aluminio. Pero la salida se demora unos días. A Reydó le tocaba hacer la guardia, con ese espejito que había ingerido. "Lo defequé, lo busqué y lo encontré, lo lavé y volví a ponerlo en la boca, para poder cumplir con mi guardia", contó el testigo en la sala de audiencias el testigo.
La vida en Coronda era dura. No podían hablar ni siquiera en los recreos, pero igual lo hacían. No tenían permitida la lectura de libros ni diarios. Se las ingeniaban. "Teníamos seguridad montada porque no nos podían agarrar dando clases, que era lo que hacíamos de lunes a viernes, o contándonos películas para recreación, una actividad de los sábados y domingos. Todos los días, a las 20, teníamos el noticiero con las novedades que traían nuestros familiares", relató sobre la forma de sortear las restricciones de la cárcel.
Cuando lo liberaron, en 1979, un militar lo amenazó con matarlo si se quedaba en Rosario y Francisco decidió ir a vivir a Buenos Aires. El jueves siguiente comenzó a participar en las rondas de las Madres de Plaza de Mayo.
15 de marzo de 2011
©rosario 12

para confundir justicia con venganza


Terminó la defensa de los represores en el juicio a Bignone, Riveros y Patti. Pedidos de absolución, acortamiento de eventuales penas y reclamo de prisión domiciliaria fueron el eje de las defensas.
[Alejandra Dandan] Argentina. Durante los alegatos, las querellas ya habían dicho que una de las secuelas de la dictadura era obligarlas a montar no sólo la estructura de las pruebas, sino a desmontar cada una de las mentiras que se habían construido para aniquilarlas. Cuando se pronuncian los alegatos de las defensas en los juicios orales de estos días, suele parecer que todo ese mismo proceso sigue poderosamente en pie. En José León Suárez, ayer se escuchó el alegato de la defensa oficial de Omar Riveros, Reynaldo Bignone y Martín "El Toro" Rodríguez. El abogado Juan Carlos Tripaldi intentó mostrarse deferente con las víctimas, pero una y otra vez hizo una marcha atrás en el tiempo para cuestionar la legitimidad del Estado como ámbito de recolección de pruebas en los procesos de verdad y justicia. Y como si no hubiese habido causa 13, con cierta ironía criticó el valor de los relatos aportados por los testigos: "Les propongo a cualquiera de ustedes –dijo– que intenten recordar dónde y cómo festejaron sus cumpleaños cuatro años atrás".
Como sucedió sólo en los primeros días de audiencia, en el auditorio municipal de San Martín –donde se lleva adelante el juicio oral a Luis Abelardo Patti y los otros imputados–, se sentó Reynaldo Bignone, en su calidad de ex jefe del Comando de Instituto Militares con asiento en Campo de Mayo. Al lado se acomodó Martín "El Toro" Rodríguez, uno de los torturadores del centro clandestino, y Fernando Meneghini, ex comisario de Escobar. No estuvo Riveros y Patti se mantuvo como siempre, metros atrás de la sala, en medio del descampado, dentro de una ambulancia.
Antes del comienzo, los militantes y víctimas del terrorismo de Estado de Escobar colgaron los carteles con los nombres de los más de cuarenta desaparecidos en territorio de Patti. Dos de los antiguos militantes cuelgan y descuelgan esos enormes carteles cada uno de los días de audiencia, y se los vuelven a llevar a veces en auto, muchas a bordo de los maltrechos espacios del tren.

Sobre los Testigos
Adentro, la presidenta del Tribunal Oral Federal 1, Lucila Larrandart, vapuleada en las jornadas anteriores por los dichos del ex camarista Alfredo Bisordi, reconvertido en abogado de Patti, encabezó la audiencia. Era la segunda y última jornada de alegatos de la defensa oficial. Tripaldi y Carlos Palermo defienden a los tres militares procesados. Además de pedir absoluciones y disminución de las eventuales condenas, adelantaron un pedido para que la prisión se cumpla en los domicilios. En ese contexto, Tripaldi habló de la reclusión como "una venganza" y que la decisión de mandarlos a una cárcel común es "condena a muerte encubierta, vedada por la Constitución y las políticas de derechos humanos".
Algo de esa lógica atravesó todo el alegato: hubo un discurso que parecía perfectamente cuidado en sus tonos, con una marcada idea de respeto hacia las víctimas y los familiares, pero que finalmente terminaba desbarrancando y mostrando posiciones como ésas.
Uno de los puntos de su alegato fue una evaluación de las pruebas de los casos. El defensor debía los elementos con los que la acusación construyó la prueba para sostener que las víctimas fueron secuestradas, asesinadas o desaparecidas por los acusados. Entre los casos de ayer, evaluó la prueba sobre el homicidio del diputado Diego Muniz Barreto. Las querellas sostienen que lo secuestraron en Escobar, que primero estuvo en la comisaría, luego en Campo de Mayo y finalmente lo inyectaron y arrojaron al cauce de un arroyo encerrado adentro de un auto. Con él estaba su secretario privado Juan José Fernández, que sobrevivió. Le contó a un escribano amigo lo que le había pasado, escribió todo en una carta y peleó durante años en contra de la teoría oficial que decía que aquella muerte había sido producto de un accidente.
Tripaldi no sólo insistió con la teoría del accidente, negó que hayan estado en Campo de Mayo y en Escobar; cuestionó cada línea de la carta, no admitió siquiera que la haya escrito Fernández, pero se detuvo especialmente en dos testimonios que sostuvieron durante el juicio las presencias en Campo de Mayo. Uno es el testimonio del sargento Víctor Ibáñez y otro el de Cacho Scarpati, uno de los pocos sobrevivientes del Campo.
Con Scarpati se remitió a una vieja resolución de la Cámara de Apelaciones que rechazó en una ocasión su testimonio como si luego no hubiese sido objeto de prueba, una y otra vez, en muchos otros juicios. A Ibáñez, en cambio, intentó descalificarlo y lo ubicó como eventual arrepentido, pero uno de los principales problemas no técnicos sino políticos de su argumentación es que para eso socavó o cuestionó peligrosamente (dado que es un defensor oficial y no privado) espacios construidos desde el Estado o desde los organismos de derechos humanos para acumular documentos y pruebas durante años sobre la represión ilegal mientras se había mutilado el camino de la Justicia.
Una de las veces le disparó a la ex Dipba, hoy a cargo de la Comisión Provincial por la Memoria, donde trabajan peritos del Poder Judicial, alguno de los cuales declaró en el juicio. Un testimonio que el abogado cuestionó porque el empeño que pusieron los peritos para encontrar las pruebas –empeño del que hablaron– no garantizaría el derecho de justicia y defensa de sus defendidos. El otro espacio cuestionado fue el ámbito de la Secretaría de Derechos Humanos de Nación, el primer espacio en el que Ibáñez dio testimonio. A tono con lo que había sucedido en otro de los juicios, entre los problemas que enumeró se refirió a que la Secretaría de Derechos Humanos "está fuera del control judicial".
La causa 13 suele ser criticada, entre otras cosas, porque consagró en su fallo la teoría de los dos demonios. Uno de los aportes que nadie discute, en cambio, es la elaboración que hizo el Tribunal sobre el peso de la prueba testimonial. El relato de los sobrevivientes se tomó como prueba superlativa de la existencia de los campos y de lo que sucedió con los desaparecidos. Este es otro de los puntos contra los que apuntó el defensor oficial. Cuestionó el testimonio de un médico, por ejemplo, preguntándose cómo era posible que recuerde 34 años después detalles de lo que había sucedido con uno de los cuerpos. Pero, además, explicó que la mayoría de los relatos de quienes declararon no podrían usarse como prueba porque pertenecen a familiares, a víctimas o amigos de las víctimas, no pueden ser consideradas pruebas "independientes" ni "indiscutibles".
Uno de los cuestionados fue nuevamente Ibáñez. En ese caso, dijo que lo suyo había sido producto de una "astuta preparación", porque recordó que a las tres de la mañana del día en el que asesinaron a Diego Muniz Barreto un compañero lo despertó para decirle que lo habían mandado con dos prisioneros a la puerta. Tiempo después ambos se dieron cuenta de que los dos prisioneros eran Muniz Barreto y Fernández. La hora coincide con el momento en el que deberían haber salido de Campo de Mayo para llegar al arroyo a la hora en la que lo sitúan los otros testigos. Allí fue cuando Tripaldi mencionó lo de la fiesta de cumpleaños.
Pero el problema es que de lo que se acordó no era de un cumpleaños, sino de la preparación de un homicidio, decía afuera la hija de una de las víctimas. Cuestiones que de momento y afortunadamente no parecen intercambiables.
16 de marzo de 2011
15 de marzo de 2011
©página 12

absolución o nuevo juicio


columna de lísperguer
Dirigentes mapuches reinician huelga de hambre líquida para reclamar un nuevo juicio.

Es casi imposible no creer que este juicio no sea un montaje de la fiscalía y policías con la intención de criminalizar y paralizar al movimiento de recuperación de tierras. Las demandas de los condenados son justas. La principal: Llaitul se le retiraron los cargos por la ley antiterrorista y el inverosímil atentado contra el fiscal se convirtió en un delito común. Sin embargo, la acusación se sustenta en declaraciones de testigos secretos, una aberrante figura sólo válida en la ley antiterrorista. Otros encausados fueron absueltos, desechando obviamente a los testigos secretos. Esas declaraciones, obtenidas en el proceso por la ley antiterrorista, no pueden ser consideradas válidas, por haber sido obtenidas con amenazas y apremios ilegítimos y porque están fuera de lugar en la justicia civil. Es increíble que la clase política permita que algunos chilenos sean juzgados por esa infame ley. Sólo lo explica la falta de dignidad.
lísperguer

el das y la visita de job


Al tiempo que Andrés Peñate señaló a José Obdulio Gaviria y Bernardo Moreno de promover acciones del DAS, el general Naranjo dejó entrever que visita de ’Job’ fue organizada por Gaviria.
Colombia. A finales de 2008, la confrontación entre el gobierno de Álvaro Uribe y la Corte Suprema de Justicia ya estaba al rojo vivo. Los cables diplomáticos de la Embajada de Estados Unidos en Colombia dejaron clara evidencia de esa candente relación. Y en Washington se supo que, con sustento en fuentes de la mayor credibilidad, detrás de la pugna entre los dos poderes públicos hubo un personaje que en la trasescena incentivó esta pelea: el exasesor presidencial José Obdulio Gaviria.
En agosto de 2008, el entonces embajador William Brownfield remitió un reporte detallando esa tensa disputa, y el informe empezó con un comentario del entonces asesor de Palacio Jorge Mario Eastman, quien reconoció que las relaciones entre el presidente Uribe y la Corte ya estaban en un punto de no retorno. El director de la Policía, general Óscar Naranjo, estuvo de acuerdo, pero luego observó que así como algunos magistrados tenían sesgo político, algunos asesores de Uribe habían orquestado casos para desacreditar a la Corte.
El exasesor Eastman aseguró que Uribe tenía una historia con el magistrado Iván Velásquez que tenía origen en el departamento de Antioquia y que el jurista, al igual que otros integrantes de la Corte Suprema, querían ir tras los aliados de Uribe y del presidente mismo. Y luego opinó que el Gobierno creía que algunos magistrados tenían nexos con los paramilitares y con la oposición, pero que él carecía de pruebas. De todos modos, añadió Eastman, la Casa de Nariño no tenía interés en desacreditar al magistrado Iván Velásquez.
El director de la Policía, general Óscar Naranjo, se expuso más. Expresó que algunos magistrados habían permitido a políticos que tuvieran influencia en asuntos judiciales y que el encarcelamiento de parapolíticos durante las indagatorias era poco común y generaba sospechosos sesgos políticos. Incluso, comentó que el magistrado Yesid Ramírez había tenido relaciones con el narcotraficante italiano Giorgio Sale, pero que la mayoría de los magistrados estaban limpios de cualquier situación ilegal.
El general Óscar Naranjo aseveró que el presidente Uribe lo empujaba constantemente a que reforzara la seguridad de los magistrados de la Corte y por eso no creía que él estuviera envuelto en una campaña de desprestigio contra la corporación. En cambio apuntó que su asesor José Obdulio Gaviria estaba detrás de la campaña de desprestigio del magistrado Iván Velásquez utilizando a paramilitares en Medellín y que el senador Mario Uribe había planeado una acción similar a través del paramilitar conocido con el alias de Tasmania.
Un cable posterior, también fechado en agosto de 2008, tras recoger las incidencias de la polémica pública entre el presidente Uribe y el magistrado de la Corte Suprema Francisco Javier Ricaurte, consignó las opiniones del presidente del alto tribunal. Y Ricaurte admitió su incomodidad con Uribe, manifestando que era inaceptable que criminales conocidos ingresaran a la Casa de Nariño. Ricaurte observó que o Uribe creía que la Corte lo investigaba, o que sus amigos podían incriminarlo o que estaba cediendo a presiones de sus aliados.
Los comentarios del magistrado Ricaurte obedecían a que se había develado el escándalo de la visita de emisarios del jefe paramilitar, alias Don Berna a la Casa de Nariño, que el magistrado denunció públicamente como parte de un plan para descarrilar las investigaciones de la parapolítica. En el mismo cable diplomático, el entonces embajador William Brownfield registró los términos de la nueva pelea e incluyó el diagnóstico del general Óscar Naranjo, quien dijo que esas reuniones eran organizadas por el asesor José Obdulio Gaviria.
Cerrando el año 2008,con la reseña de la renuncia de la entonces directora del DAS, María del Pilar Hurtado, y mientras el senador Gustavo Petro arreciaba en sus denuncias de que el DAS estaba recaudando información sobre él y su partido, el Polo Democrático, el general Óscar Naranjo volvió a ser la fuente central de un nuevo cable diplomático, fechado el 24 de octubre de 2008, en el que precisó sin tapujos que el entonces asesor presidencial José Obdulio Gaviria había impulsado al DAS a que hiciera inteligencia política y que la tormenta iba a seguir.
Ya entrado el año 2009, con la opinión pública exacerbada y la discusión de fondo de la eventual segunda reelección presidencial, la Embajada de Estados Unidos en Colombia envió el 3 de febrero un extenso cable registrando la decisión del presidente Uribe de retirarle al DAS la potestad de adelantar interceptaciones telefónicas. Y agregó un detalle inédito: la colaboración de la DEA al CTI para recolectar información sobre líneas intervenidas. Un aspecto técnico que permitió a la Fiscalía avanzar en sus diversas pesquisas judiciales.
El mismo cable reseñó que a pesar de que el entonces asesor presidencial José Obdulio Gaviria seguía negando estar involucrado en el escándalo del DAS, tanto el general Óscar Naranjo como el exdirector del DAS Andrés Peñate habían insistido por separado que Gaviria había impulsado al DAS a espiar a las opositores políticos del Gobierno. El magistrado Iván Velásquez, citado en el cable, observó que las acciones de vigilancia que tenía el DAS en su contra estaban desalentando la cooperación de testigos en sus investigaciones.
Dos reportes diplomáticos más, del 4 y el 13 de mayo de 2009, detallaron la controversia periodística que se armó a raíz de los hallazgos del CTI y la Procuraduría respecto a los procedimientos del DAS para sostener una vigilancia sistemática en contra de los opositores, al término de los cuales, y después de registrar las negativas de los implicados, una vez más quedó por escrito la opinión del general Naranjo y Peñate, en el sentido de que José Obdulio Gaviria y Bernardo Moreno habían empujado al DAS a espiar a los opositores del Gobierno.
El 22 de mayo, la Embajada de Estados Unidos en Colombia envió a Washington un cable revelador. Los medios de comunicación habían develado las interceptaciones al dirigente del Polo Carlos Gaviria Díaz y, en medio de la tormenta, el entonces asesor José Obdulio Gaviria comentó a los asesores de la delegación diplomática que el DAS había sido infiltrado por la oposición para desprestigiar al Gobierno y que él sí se había reunido con los directores de Inteligencia y Contrainteligencia del DAS, pero para discutir el caso Asensio Reyes.
A su vez, el entonces secretario de la Presidencia, Bernardo Moreno, precisó que los medios de comunicación habían sacado el escándalo del DAS solamente para bloquear la reelección del presidente Uribe, pero que la Fiscalía no tenía evidencias de interceptaciones a magistrados. El exdirector del DAS Andrés Peñate, cuyos comentarios fueron incluidos en el cable, sugirió lo contrario, dejó entrever que Carlos Arzayús pudo haber sido el responsable, pero que el presidente Uribe nunca lo había presionado por reportes sobre la oposición.
No obstante, añadió que sí le había fomentado que coordinara con José Obdulio Gaviria cuando empezó a encontrar problemas políticos en el debate de la reelección. Según Peñate, él renunció al DAS antes que permitir presiones de José Obdulio Gaviria, Bernardo Moreno y otros asesores, porque los dos exfuncionarios citados vivían obsesionados con la idea de que la Corte Suprema de Justicia mantenía nexos con los paramilitares para desprestigiar el gobierno de Uribe, sobre todo después del arresto de su primo Mario Uribe.
Andrés Peñate, agregó el cable, insistió en que el presidente Uribe se había sobreactuado en el escándalo del DAS, abriéndole las puertas al CTI, que ya tenía expedientes que demostraban los seguimientos ilegales y los escrutinios a las finanzas de los magistrados y sus familiares. El exdirector del DAS dijo que si bien José Obdulio Gaviria y el exsecretario Bernardo Moreno seguramente no dieron órdenes para espiar a los magistrados, los funcionarios del DAS entendían lo que ellos estaban pidiendo y actuaron bajo presión.
Además, el reporte a Washington incluyó los comentarios de Peñate acerca de lo que él mismo denominó los expedientes tóxicos del exdirector del DAS Jorge Noguera, asumiendo que esos expedientes mostraban la creación del grupo G-3, instancias del entonces subdirector José Miguel Narváez, para conducir una guerra política en contra de los opositores que, según el cable, Narváez calificaba como suaves en la pelea que se tenía contra la guerrilla de las Farc.
Esos expedientes tóxicos, en criterio de Andrés Peñate, confirmaban que Narváez proveía opciones al líder paramilitar Jorge 40 y pasaba listas negras a las Fuerzas Militares. El exdirector del DAS atribuyó la lentitud de la Fiscalía en el caso Jorge Noguera a presiones del Gobierno al entonces fiscal Mario Iguarán para que no procediera. Y, además, sostuvo que él creía que esa presión obedecía a que Noguera había dado información al Gobierno para la reelección, incluyendo seguimientos a los magistrados de la Corte Constitucional.
En marzo de 2009, la relación entre la Corte y el gobierno Uribe ya estaba exacerbada, y entre los análisis sobre lo que estaba sucediendo y la reseña de los informes de los medios de comunicación, un cable diplomático registró los comentarios de los entonces secretarios de Presidencia, Bernardo Moreno y Edmundo del Castillo, en el sentido de que había magistrados de la Corte que tenían vínculos con el narcotraficante Giorgio Sale, exlíderes paramilitares e incluso con la guerrilla de las Farc. La Embajada destacó que no tenían pruebas.
En el mismo reporte, citando como fuente al entonces director de Derechos Humanos de la Vicepresidencia de la República, Carlos Franco, la Embajada de Estados Unidos precisó que según el entonces alto funcionario el DAS había estado espiando ilegalmente a los magistrados Yesid Ramírez e Iván Velásquez, pero que él mismo revisó después la carpeta de investigaciones del DAS contra el magistrados de la Corte Yesid Ramírez, pero que no había encontrado evidencias de actividades ilícitas.
En sucesivos cables posteriores, la Embajada de Estados Unidos siguió informando sobre la crisis del gobierno Uribe y la Corte Suprema, y en particular, el 22 de mayo, se incluyó un comentario de Andrés Peñate, en el cual dejó ver que ya estaba sintiendo miedo de que la Corte Suprema estuviera buscando chivos expiatorios, porque él pensaba que los magistrados iban a estar felices hasta que los altos funcionarios del Gobierno, especialmente José Obdulio Gaviria, estuvieran en prisión.
Cuatro meses después, un encuentro entre el presidente Uribe y el embajador Brownfield quedó registrado en un cable diplomático, en el cual, al tiempo que se mostró dispuesto de llegar al fondo del escándalo que estaba envolviendo al DAS, admitió su preocupación porque la canciller alemana Ángela Merkel, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y la alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, le hubieran advertido que su administración estaba en una nube negra como consecuencia del escándalo del DAS.
Lo dijo tras reconocer que después de un reporte del entonces fiscal Guillermo Mendoza se había enterado de que en investigaciones de fiscales de Bogotá y Fusagasugá se había terminado ordenando interceptar el teléfono del magistrado Iván Velásquez y que el DAS había descubierto que fiscales de Leticia y Chocó estaban interceptando teléfonos. Por eso exteriorizó su incomodidad con que esto no se supiera antes de que él viajara a Naciones Unidas y regañó al director del DAS, Felipe Muñoz, de poca destreza para resolver el caso.
El último cable recogió una vez más las expresiones de Andrés Peñate, claramente en un tono desesperado. Entonces dijo en la Embajada que el DAS tenía una larga tradición de espiar a la oposición, pero que Uribe nunca lo había hecho para fines políticos, porque el DAS lo hizo con él cuando era gobernador de Antioquia. En cambio, volvió a arremeter contra Bernardo Moreno, José Obdulio Gaviria y Edmundo del Castillo, agregando a Fabio Valencia Cossio como los asesores que presionaron al DAS para que siguieran el juego del espionaje doméstico.
15 de marzo de 2011
©el espectador

la restitución de un general homicida


El caso Nydia Érika Bautista. El largo proceso judicial que está detrás de la restitución del general (r) Álvaro Velandia H.
Colombia. El 30 de agosto de 1987, minutos después de terminar una celebración familiar y cuando transitaba por una calle del barrio Casablanca, en el suroccidente de Bogotá, desapareció la militante del M-19 Nydia Érika Bautista. Desde entonces han pasado 24 años y a pesar de que el caso dio lugar a una decisión de la justicia internacional contra el Estado, en el país no se ha saldado y, en su lugar, sigue vigente la pelea jurídica del general (r) Álvaro Hernán Velandia, a quien la Procuraduría destituyó hace 16 años por este episodio.
El último capítulo de este interminable expediente sucedió la semana pasada en el Consejo de Estado, cuando una Sala de Conjueces, por vía de tutela, ordenó la restitución de Velandia a su condición de general, reconociendo de paso los salarios y prestaciones dejados de percibir desde 1995. Tres de los magistrados titulares, entre ellos su presidente Mauricio Fajardo, se mostraron en desacuerdo con la sentencia, aunque más por la tradicional oposición a la tutela contra sentencias judiciales. Pero en sí mismo, el caso no tiene parecido.
A pesar de que la desaparición de Nydia Érika Bautista se investigó desde el mismo 30 de agosto de 1987, el asunto cobró importancia cuando un sargento identificado como Bernardo Garzón Garzón acudió a la Procuraduría y además de inculpar a inteligencia militar del hecho, dio las coordenadas exactas para localizar el cadáver. Y efectivamente, los restos mortales de la activista del M-19 fueron hallados en zona rural del municipio de Guayabetal (Cundinamarca). Esta particularidad reactivó la investigación en la Procuraduría General.
El en aquel momento procurador delegado para los Derechos Humanos, Hernando Valencia Villa, vinculó al caso al entonces coronel Álvaro Hernán Velandia, quien para la época de los hechos oficiaba como jefe del Comando de Inteligencia y Contrainteligencia Militar (Coici) en Bogotá. Pero a la hora de notificar su destitución en julio de 1995, al parecer se hizo por fuera de los términos legales pues se habían vencido los cinco años que tiene el Ministerio Público para adelantar sus procesos.
Desde entonces la pelea es de nunca acabar. El oficial, quien comandaba la Tercera Brigada en Cali cuando se produjo la decisión de la Procuraduría, recurrió el fallo. El Ministerio Público confirmó su decisión y el delegado Hernando Valencia, objeto de múltiples amenazas, marchó al exilio. Velandia, ya con cargo de general, tuvo que asumir la decisión del Gobierno de destituirlo con base en el fallo de la Procuraduría, pero decidió demandar al Estado a través de una acción de nulidad y restablecimiento del derecho.
En 1997, el Tribunal del Valle falló en contra del general (r) Velandia, quien alegando debido proceso ya había llevado su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El 23 de mayo de 2002, los entonces magistrados del Consejo de Estado Alejandro Ordóñez Maldonado —hoy procurador general— y Jesús María Lemus, en una sala de tres integrantes, revocaron la sentencia y ordenaron la restitución del general Velandia, con la indemnización económica respectiva. De inmediato aparecieron cuatro recursos.
En septiembre de 2009, la Sala Plena del Consejo de Estado desestimó los argumentos de sus antiguos colegas, le dio la razón al Tribunal del Valle y revivió la restitución del general Velandia. El oficial, quien además es abogado de la Universidad de Medellín y lleva más de una década complementando sus estudios en derecho procesal, regresó a la tutela. Fue necesario integrar una sala de tres conjueces para resolverla. Por dos a uno, la nueva instancia volvió a revivir las pretensiones del oficial, con las indemnizaciones del caso.
Ahora es el presidente de la corporación, magistrado Mauricio Fajardo, quien se opone, con el apoyo de la magistrada Susana Buitrago. Su argumento: el respeto a las decisiones de última instancia. Es decir que, por seguridad jurídica, la tutela no debe proceder contra sentencias judiciales. Esta oposición prevé una nueva instancia y que, definitivamente, este interminable caso terminará resolviéndose en la Corte Constitucional, organismo que tiene potestad para ser el órgano de cierre en materia de acciones de tutela.
En pocas palabras, un verdadero laberinto jurídico para un caso de tan extrema gravedad. En opinión de Yaneth Bautista, hermana de la desaparecida Nydia Érika y a raíz del caso fundadora de la Asociación de Familiares de Desaparecidos (Asfaddes), lo que se demuestra en este episodio es la enorme impunidad que lo ha rodeado. "Los responsables implicados en el caso, que son miembros de las Fuerzas Militares, van a terminar evadiendo cualquier acción de la justicia", agregó Yaneth Bautista.
A su vez, el general (r) Velandia Hurtado, consultado por El Espectador, observó que en el caso del sargento Garzón Garzón, hubo comprobada clonación de testigos; que tanto la justicia ordinaria como la justicia penal militar investigaron el caso y precluyeron a todos los procesados; que él está en su derecho de defender el debido proceso y su honor militar. "Yo creo en la justicia y he peleado y lo seguiré haciendo con los argumentos que me permite la ley dentro y fuera del país", agregó el exoficial.
No se trata de un general retirado más. El nombre de Álvaro Velandia Hurtado, entre enemigos acérrimos y defensores incondicionales, suscita controversia. Con más de 30 años de servicio activo, desde que recibió el grado de capitán se convirtió en uno de los oficiales determinantes en el área de inteligencia. Sus éxitos operativos llegaron tan rápido como los señalamientos en su contra. De hecho, cuando a principios de 1983 el entonces procurador Carlos Jiménez develó los presuntos nexos del MAS, fue incluido su nombre.
Entonces Velandia oficiaba como comandante del Batallón Patriota en Honda (Tolima), alcanzó a ser investigado y también absuelto. Luego fue inspector delegado para las Fuerzas Militares y gestor del Batallón Charry Solano hasta llegar a ser el director de Inteligencia del Ejército. Sus labores siempre las alternó con la cátedra en la Escuela Superior de Guerra. Cuando le llegó la destitución de la Procuraduría, hacía parte del Bloque de Búsqueda que terminó por capturar a los Rodríguez Orejuela.
A sus 69 años, Velandia es activo integrante de la Asociación de Militares Retirados (Acore) y dicta cátedra en la Universidad Nueva Granada. Todos los días revisa su caso y lo consulta con varios exmagistrados de la Corte Suprema de Justicia, y una y otra vez insiste en que nada tiene que ver con la muerte de Nydia Érika Bautista, pues "ella fue colaboradora del Ejército". En contraste, las organizaciones de Derechos Humanos lo siguen señalando de ser el autor intelectual de la desaparición de la militante del M-19. La Corte Constitucional dirá la última palabra.
15 de marzo de 2011
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reanudan procesos contra excongresistas


Reanudan proceso de excongresistas Sánchez y Torres por parapolítica. Se les acusa de haber establecido nexos con el excomandante paramilitar alias ‘El Alemán’.
Colombia. En la Sala de Audiencias de la Corte Suprema se reanuda el juicio que por parapolítica enfrentan los exrepresentantes a la Cámara por Chocó, Odín Sánchez y Édgar Eulises Torres, de quienes se dice recibieron apoyo del Bloque Élmer Cárdenas de las Autodefensas.
Freddy Rendón Herrera, alias ‘El Alemán’, quien comandaba la estructura armada, ratificó en la diligencia anterior ante la Sala Penal que el apoyo no solo había sido político sino de carácter financiero. El desmovilizado aseguró que ambos eran acreedores de la colaboración financiera que el Bloque Élmer Cárdenas, por él dirigido, entregó a dirigentes políticos del Urabá chocoano y antioqueño.
Según el exparamilitar, respaldaron con dinero candidaturas a alcaldías y gobernaciones, que recibían una cuota de 50 millones de pesos cada una, además de los 200 millones que, según él, recibían quienes aspiraban al Congreso, aportes que, sumados, equivaldrían a 2.000 millones de pesos en esa región del país.
El desmovilizado incluso denunció que Torres intentaba sobornar testigos para que lo favorecieran dentro de esta investigación penal, actuación que él mismo habría tratado de evitar para que aflorara la verdad.
En ese sentido, la Corte aportó una grabación en la cual parece escucharse la voz del exparamilitar dialogando con el político Robert Mendoza, a quien le reclama porque supuestamente estaba contactando a desmovilizados del Élmer Cárdenas para que el exlegislador intentara comprar sus testimonios.
Sin embargo, la voz que se identifica como la de Mendoza le señala a Rendón Herrera que se equivoca al afirmar que era el dirigente quien buscaba a quienes militaron en la estructura armada que éste dirigía, sino que era el alcalde de Ríosucio, Chocó, quien había desplegado una de esa actuaciones.
15 de marzo de 2011
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