el león de macaco
Dicen en Antioquia que el paramilitar alias ’Macaco’ lo usaba para intimidar a sus víctimas. Incluso, que el león era alimentado con carne humana. Historia de un animal que tuvo que padecer una violencia que no le tocaba.
[José Luis Novoa] Colombia. "Siquiera que se llevaron el horror de esta vereda", dijo aliviado un campesino de Cáceres (Antioquia) la tarde del sábado 19 de marzo del año pasado, cuando un contingente de 12 policías y tres funcionarios del zoológico Santa Fe, de Medellín, sacaron dopado a ese animal de menos de 100 kilos, con las patas amarradas a una jaula para que no fuera a causar un destrozo mayor al despertar del anestésico, en los puros huesos, con mechones ralos en donde debía haber una melena magnífica y la piel salpicada de manchas parecidas a la sarna. Eso era un león o lo que quedaba de él.
Aún había combates en la zona. La Policía intentaba, tras cuatro días de operativos, tomar el control de 159 propiedades de paramilitares y narcotraficantes, 24 de ellas de Carlos Mario Jiménez, alias ’Macaco’, el paramilitar extraditado a Estados Unidos en mayo de 2008. En la zona se decía que ’Macaco’ usaba ese animal para intimidar o cobrar deudas. Investigadores oficiales le dijeron días después a El Nuevo Herald que "no descartaban" que el león hubiera comido personas, por los antecedentes en Colombia de tigres, leones y cocodrilos usados como máquinas perfectas para desaparecer cuerpos.
Ahora, un año y medio después, el león parece un cachorro cuando ve a sus cuidadores. Les gruñe y abre su jeta, mostrando su arsenal de dientes desde el otro lado de la reja en un gesto que pareciera el preludio de una agresión, pero que para sus cuidadores es un gato grande que ronronea y que quiere que le rasquen la panza. Le gusta arrimarse a la reja y que lo acaricien. Le gustan los baños de agua y, a veces, jugar con la comida —fetos de las vacas sacrificadas en el matadero de Medellín— lanzándola un par de veces al aire antes de meterle el diente en algún rincón de su jaula.
A mí me ignora. Lo vi antes, como cualquier visitante, desde la reja externa. Fijó un momento su mirada en mí. No encontró nada familiar y me descartó. Luego entrecerró los ojos con cierto desdén para volver a dormitar. Ahora, en el área más cercana, a la que no tienen acceso los visitantes, me han dejado con él a solas mientras el cuidador atiende por un momento otros asuntos. Nos separa una reja de alambre y mi propia prudencia. Me han explicado diez veces que no me confíe. Ni me mira, teniéndome al frente, con mis ojos buscando los suyos. Soy como un vidrio a través del que sigue los movimientos de quienes conoce. Ni un solo gesto para mí. No existo.
La jaula donde vive es de unos diez metros por diez y cinco metros de altura. Ni una sola planta en el interior, pero sí un pequeño jardín en el área de seguridad que la rodea. Adentro hay un pozo sin agua y cinco troncos verticales. A veces se sube en el más alto de ellos, como una columna antigua, y se queda un rato contemplando el panorama. Veintitrés barrotes verticales delimitan su mundo. Ahora es el rey de cien metros cuadrados. Pronto doblará sus dominios.
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"Flaco, feo, ojeroso, desnutrido, nervioso, con el pelo hirsuto, casi sin músculos. Muy deplorable". Así describe la veterinaria Marta Cecilia Ocampo al animal que recibió. Para colmo, sufría de esteatorrea, una clase de diarrea grasosa y nauseabunda que delataba una pésima alimentación. Una garra delantera estaba torcida hacia afuera. Así sigue y así se quedará. No sufrió ninguna fractura sino que es otra señal de mala nutrición. Un león necesita comer pelos, piel, huesos y vísceras, llenos de nutrientes que no tiene el simple corte magro que a nosotros nos parece la mejor carne. Una pata así es señal de falta de calcio y fósforo en la primera edad, explica la veterinaria. Les iba a tomar tiempo recuperarlo, incluso saber si sobreviviría.
El zoológico Santa Fe, con 50 años de historia, está ubicado en el corazón industrial de Medellín. Como Simba, el anterior león, había muerto meses atrás de cáncer de riñón, tenían el espacio disponible para hacerse cargo. El equipo asignado para recogerlo tuvo que andar carretera. Hasta Cáceres, un municipio del bajo Cauca, fueron más de siete horas de viaje. El latifundio donde encontraron al león estaba a una hora y media del casco urbano del pueblo; la casa principal, a una hora de la entrada de la finca; la jaula del león, a más de media hora a pie desde la casa principal. Lejos de todo. Definitivamente no era un animal de exhibición.
La jaula fue construida con algún tipo de asesoría técnica, pero ubicada en un pésimo sitio: una hondonada sin mayor sombra en una región donde la temperatura promedio ronda los 30 grados. Los policías le dieron grasa de cerdo durante el par de días que lo tuvieron a cargo. Adentro, entre los barrotes, huesos ruñidos de distintos animales y carne descompuesta, pero ni una sola evidencia de restos humanos. Solo una jaula sucia, maloliente y un león que llevaba muchos días sin aseo.
Hace unos siete u ocho años a ’Macaco’ lo vieron, dice gente en Cáceres, con ese león todavía cachorro. Pero nadie sabe de dónde llegó. En el zoológico no saben de qué subespecie o de cuál región del África es. No hay pistas para determinar qué ruta o tipo de contactos se usó para entrarlo al país. De hecho, según la subteniente Andrea Sánchez, responsable de la Policía Ambiental en Medellín, el tráfico de especies exóticas está disminuyendo. Este año, por ejemplo, apenas han retenido un tigrillo, que es fauna local, y ni siquiera tenía que ver con el narcotráfico. Lo que sí han capturado es guacamayas, por las que los vendedores ilegales cobran entre 300.000 y un millón de pesos, según la cara del comprador. De resto, muchas iguanas y tortugas entre las 3000 capturas del primer trimestre en Medellín y sus alrededores.
Legalmente los animales exóticos incautados en Colombia tienen tres destinos: un centro de rehabilitación (como Villa Lorena, en Cali, que son muy escasos); un zoológico; o el sacrificio, es decir: la muerte. No hay más. No pueden venderse ni comprarse porque pertenecen al Estado. El león de ’Macaco’, pues, no es propiedad del zoológico.
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Al despertarse, el león gruñó, rugió y se rebulló en la parte trasera de la camioneta hasta que se cansó. Llegó a Medellín en la noche de ese mismo sábado. Ya en la jaula, el bulto de huesos con melena entró a una minúsculo cuarto adjunto, donde apenas cabe un hombre agachando la cabeza. Allí pasó los primeros cuatro días, sin asomarse. Se acomodó justo en un punto ciego para las dos minúsculas mirillas que hay en las paredes. Aunque la puerta siempre estuvo abierta no quiso salir a la jaula de exhibición, cercada durante las primeras semanas por una cobertura verde, como la de las obras públicas, para que nadie lo viera.
Al cuarto día se acomodó en el ángulo donde podía y lo podían ver. Era la primera señal de comunicación. Su cuidador le fue echando trozos de carne por la ventana. Empezó a decirle "nené" para llamar su atención y así quedó bautizado en el código interno del zoológico. El león comenzó a seguirlo con la mirada. Poco a poco salió por las noches a la gran jaula, para alimentarse y tomar agua. Fueron necesarios cuatro meses de cuidados para tenerlo en una situación estable. Subió de peso y llegó a los 150 kilos que tiene hoy (un macho puede pesar 200 kilos o hasta 250, en casos extraordinarios). La melena se le arregló y el pelaje volvió al color de caramelo quemado. El gran gato estaba de vuelta.
Ahora para Nené la historia de todos sus días es holgazanear y esperar su comida. Hace cuatro meses está acercándose a las que serán sus hembras: Josefina y Valentina, que llegaron de Cali y tienen dos años, pero a las que les faltan dos más para estar maduras sexualmente. Ya le abrieron la compuerta que separa ambas jaulas y ellas lo han aceptado como el macho dominante, pero ni se tocan. El proceso completo para que convivan como una manada de tres, con sus peleas, juegos y vida sexual les llevará al menos cuatro meses más.
Pero este león jamás será padre: no aparece en el Studbook una especie de ‘Quién es quién’ de los animales de zoológico donde se consigna la procedencia y la línea genética del animal. Además, ya hay suficientes leones en los zoológicos del país. Mantenerlo cuesta 3,6 millones de pesos al mes, más de 43 millones al año, incluidos alimentación, drogas y cuidadores, así que al zoológico tampoco le conviene tener una sobrepoblación pues no hay plata ni espacio. "¿Qué haríamos con más leones? ¿Qué responsabilidad sería eso?", dice la veterinaria. Entonces, Nené sí podrá montar a las leonas, pero los anticonceptivos harán su labor.
En la vida salvaje, entre hambres, sequías y peleas entre los machos dominantes, un león tiende a morir antes de los ocho años. En cautiverio pueden pasar de los 20 o, con excelente suerte, aproximarse a los 30. Sin novedades en el horizonte, a Nené le esperan al menos otros 12 años en cautiverio.
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Álvaro Múnera toreó de los 12 a los 18 años. A los 17 ganó el tradicional trofeo de El Colombiano en Medellín. Un año después en la plaza de Albacete, España, un toro lo enganchó por una pierna, sin cornearlo. Lo elevó por el aire, donde lo recibió y lo volvió a lanzar hacia arriba. En la segunda caída, contra el piso, se rompió la quinta vértebra y se rompió el cráneo. Quedó parapléjico. Ahora odia la fiesta taurina y los zoológicos, entre ellos el Santa Fe, que es el que tiene más cerca. "Son cárceles. Los animales allí están embalsamados en vida", dice.
Para Múnera, concejal de Medellín desde hace tres períodos en nombre de los defensores de animales, tener a un león en una jaula "es como si usted viviera toda su vida en un ascensor". Ha tenido que ver, entre otros, los desastres del narcotráfico y las especies exóticas, comenzando por la Hacienda Nápoles, la creación de Pablo Escobar a 135 kilómetros de Medellín, a quien no solo lo animaba la idea de tener su propio zoológico, sino fines más prácticos: la falsa creencia de que el olor de los excrementos de las fieras mayores espantaba y confundía a los perros antinarcóticos.
La hacienda original, me explica Múnera, fue dividida en tres: tierra para campesinos, un lote para una cárcel y otro, de 800 hectáreas, cedido en concesión por 20 años a una empresa privada para desarrollar un parque temático, con espacios abiertos donde los animales vivan en "semilibertad", como lo hacen los hipopótamos originales de Escobar, para los que el clima resulta incluso mejor que el original africano, porque no hay época de sequía y el agua abunda todo el año. "Todos los zoológicos del país no sumarán más de 30 hectáreas —calcula Múnera—, así que allí podrían caber sobrados" todos los animales exóticos incautados en Colombia.
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Poder. Esa es la razón fundamental por la que los narcotraficantes se hicieron a tantos animales exóticos: para demostrarlo ante los demás. "Tierras y animales" —me recuerda un antropólogo— han sido desde el comienzo de la civilización una manera bastante efectiva de mostrarlo. Además del regodeo de los narcotraficantes con los animales exóticos, que incluyó los zoológicos de Escobar y del clan Ochoa (Rosellón, en un punto entre Cartagena y Barranquilla), también hubo caballistas y rejoneadores mezclados con negocios sucios de tierras y narcotráfico. Nené, por ejemplo, no es el único animal incautado a la mafia en este zoológico. Dos jaguares hembras y un puma que andaba con collar y al que algún policía confundió con un perro que no ladraba, son algunos de ellos. En otros zoológicos hay más: rinocerontes, un tigre del que sí hay testigos de que se alimentaba de carne humana, jirafas, cebras y tantos otros.
Los paramilitares dieron un espeluznante paso más: usaron serpientes venenosas para ejecutar personas sin que pareciera una masacre. "Estas muertes se contaban como accidentes de la naturaleza. Así murieron muchos", le confesó José Gregorio Mangones, alias ’Carlos Tijeras’, a un fiscal. También usaron cocodrilos. A Rodrigo Mercado, alias ’Cadena’, lo vieron tirar en un estanque, "vivos o muertos", a seres humanos para alimentar a Alfredito, un caimán de seis metros de largo.
Sobre el león de ’Macaco’ aún no hay testimonios directos, por ahora solo el terror de los campesinos en Cáceres y la escondida ubicación de su jaula. Ningún funcionario del zoológico ha detectado algún patrón o comportamiento del que se pueda inferir que alguna vez mató y comió humanos. Los que saben aún no hablan y quizás nunca lo harán.
26 de noviembre de 2010
25 de noviembre de 2010
©soho
Colombia. Después de dos semanas de intenso debate, que el propio Gobierno calificó de "gran altura", la Comisión Primera de la Cámara de Representantes le dio el visto bueno al proyecto que busca la reparación integral a las víctimas de la violencia y la restitución de bienes a los despojados.
[Dennis McLellan] Murió Monica Johnson, guionista de cine y televisión mejor conocida por sus colaboraciones con el escritor y guionista Albert Brooks en ‘Un romance de hoy’ [Modern Romance; Idilio presente], ‘Perdidos en América’ [Lost in America; Desaparecidos en América] y otras comedias con Brooks. Tenía 64 años.
Colombia. El abogado Oswaldo Ochoa García fue asesinado por sicarios el jueves 25 de noviembre de 2010, cuando se transportaba en un taxi por el barrio Teusaquillo, en Bogotá, en horas de la madrugada. En el atentado también murió el chofer del taxi.
Colombia. A las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (Acmm), que fueron comandadas por Ramón Isaza alias ‘El Viejo’, se le imputarán 519 crímenes más durante una segunda jornada de formulación parcial de cargos, por los delitos que cometieron entre 1970 y 2006 en Antioquia, Caldas, Tolima, Santander, Cundinamarca, Boyacá, Putumayo, Caquetá, Meta y el sur de Bolívar.
Colombia. En una nueva audiencia, el ex coronel del Ejército, Carlos Alfonso Velásquez, y la ex alcaldesa de Apartó, Gloria Cuartas, ampliaron su testimonio en el juicio al general (r) Rito Alejo del Río, por el homicidio del campesino Marino López Mena, ocurrido el 27 de febrero de 1997 en el Chocó. Por parte de la defensa, a la diligencia asistió Harold Bedoya, ex comandante de las Fuerzas Militares. La versión de los dos primeros fue contraria a la rendida por el tercero.
Colombia. Este jueves la Fiscalía General de la Nación ordenó la recaptura del general (r) Miguel Maza Márquez por su participación en el magnicidio de Luis Carlos Galán Sarmiento. Su recaptura se ordena por el delito de homicidio agravado con fines terroristas.
Argentina. Ayer declararon también Graciela y Raúl Villarreal, dos hermanos que fueron secuestrados, cada uno de su vivienda, el 27 de septiembre de 1976. Graciela fue privada de su libertad por el propio José Lofiego, que se identificó ante la madre de la adolescente, de 18 años. Primero la llevaron a una casa nueva, con césped, y luego al Servicio de Informaciones, donde fue tan torturada que tuvo marcas y heridas por muchos días. Después de la tortura, la pusieron en una escalera. Al salir de la sala de tormentos, llevaban allí a un chico rubio, le preguntaron si la conocía, la sacaron a ella y lo dejaron a él. "Estábamos todos doloridos, se sentían voces de dolor", relató ayer Villarreal. Años después, ya en democracia, en una manifestación de Familiares con las fotos de los desaparecidos, identificó a aquel chico rubio como Roberto De Vincenzo, el joven cuyos restos se identificaron en marzo, y fue enterrado en Granadero Baigorria el 23 de octubre pasado. El relato de Villarreal fue exhaustivo también, lleno de dolor. En noviembre de 1976 la trasladaron a Devoto, donde estuvo presa hasta diciembre de 1978. En todo su testimonio estuvieron muy presentes los olores. Sobre la impunidad y el terror, contó que antes de la llegada de la democracia, un día Lofiego entró al comercio donde ella trabajaba, en Rioja y España, a preguntar el precio de un producto.