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declaró chichín ruani


‘Chichin’ Ruani, secuestrado en el ’76 y liberado en diciembre de 1983, declaró ayer en tribunales. Ruani declaró en la causa que juzga a Díaz Bessone, Lofiego y la Patota durante dos horas, precisó la identidad de torturadores y de otros detenidos y rememoró detalle por detalle, en un notable esfuerzo de memoria, después de 34 años.
[Sonia Tessa] Argentina. A Ángel ‘Chichín’ Ruani lo secuestró personal policial de Robos y Hurtos, el 21 de agosto de 1976, en la vivienda de Doctor Riva entre Balcarce y Oroño, donde estaba con su novia, Azucena Solana, Antonio Fernández y un vecino que se había acercado a devolver una pala. En la misma casa fue golpeado y torturado con una picana eléctrica portátil, y le hicieron el submarino: le sumergían la cabeza en un balde con agua casi hasta el límite de la asfixia. Los cuatro fueron llevados a la entonces Jefatura de Policía. Estuvieron en ese lugar dos días. Los golpearon y picanearon. Desde allí, el lunes 23 fue trasladado a otro sector de la Jefatura, al centro clandestino de detención que funcionaba en el Servicio de Informaciones. Enseguida comenzaron los golpes. No sólo con trompadas y patadas, sino también con palos. Y de nuevo la picana. Le preguntaban nombres de compañeros, citas... El subjefe del centro clandestino de detención, Raúl Guzmán Alfaro, se acercó para decirle que si no colaboraba se arrepentiría. Ruani escuchó los llantos y gritos de su novia, que era torturada en la habitación de al lado. Después, lo ataron a él a la camilla donde lo atormentaron varias veces. Estuvo amarrado hasta el jueves. Cuatro días. El 31 de agosto lo trasladaron a la cárcel de Rosario, y luego de llevarlo a varios penales del país -que incluyó otro período de detención en el SI entre noviembre de 1978 y enero de 1979 , lo liberaron el 3 de diciembre de 1983, una semana antes de la asunción del presidente Raúl Alfonsín. Ruani declaró ayer en la causa Díaz Bessone durante dos horas, precisó la identidad de torturadores y de otros detenidos, rememoró detalle por detalle, en un notable esfuerzo de memoria, después de 34 años.
Durante los cuatro días que estuvo atado en la parrilla, Ruani fue torturado varias veces. Antes de la primera sesión, se le acercó José Rubén Lofiego, quien le aseguró que se conocían y le dijo que ese día no iba a estar para los tormentos. El Ciego había participado del operativo fallido para su primer secuestro, el 1º de julio de 1976. En esa oportunidad, Ruani pudo escapar corriendo, refugiarse en una casa de Sarmiento y Ocampo, caminar por los techos para esconderse durante unas horas en una terraza. Por eso, en agosto, cuando lo atraparon, los torturadores le decían: "Ahora perdiste. Casi perdemos el laburo porque te escapaste".
Al día siguiente, volvió Lofiego, y los tormentos fueron peores. Le pegaron, lo picanearon en los ojos, sobre todo en el izquierdo. Además de ‘El Ciego’, recuerda a ‘la Pirincha’, César Peralta. Después de dos días, "frenan un poco", y entonces "aparece un señor que se hacía apodar el Cura" y que le dijo que se portara bien y colaborara, "en nombres de Dios y de su familia". Era Mario Alfredo Marcote.
Ruani era militante desde 1972 de "diversas agrupaciones estudiantiles y territoriales que conformaron el movimiento peronista montonero". Ayer dijo: "Por esa militancia me buscaron y fue acosada mi familia".
El jueves siguiente a su secuestro, Ruani fue sacado de la parrilla y quedó alojado en una habitación al costado de la sala de torturas, cerca de la oficina de Lofiego. Tenía hambre y sed. Como otros detenidos, pidió ir al baño y tomó agua del inodoro. Estuvo varios días contra la pared, esposado y vendado. Allí escuchó cómo torturaban a una chica de Villa Constitución, militante comunista. En esa circunstancia, reconoció la voz de José ‘El Pollo’ Baravalle, militante de la UES que fue secuestrado y luego colaboró con la patota de Feced. Imputado en esta causa, El Pollo se suicidó en Italia en agosto de 2008. "A esa chica la torturan mucho, mucho. Se le reían, entraron en una discusión sobre sus genitales. Lofiego le ponía los dedos en los genitales y después me los ponía en la boca a mí, para que conociera el sabor. Ese era el grado de perversidad que había en ese lugar", relató. También dijo, con pesar, que nunca supo quién era esa chica.
Después de esos días infernales, el viernes, uno de los integrantes de la patota Ruani cree que fue la Pirincha , se le acercó a preguntarle si había comido. "Me traen algo, hacía desde el sábado anterior que no comía nada", recordó. Ese mismo día se le acercó Lofiego, quien le sacó la venda para curarle una lesión provocada por una patada entre los ojos. "Me pide que lo mire. Me torturó y después me curó", dijo. El 31 de agosto fue trasladado a la cárcel de Rosario. A fines de ese mes, lo llevaron a Coronda. Desde ese penal lo trasladaron a Rosario para hacerle un consejo de guerra en el Comando del Segundo Cuerpo de Ejército. Lo presidió el mayor Fernando Soria. Lo condenaron a 15 años. De ese consejo obligaron a participar a su abuelo, a quien le dijeron que su nieto era un delincuente subversivo, y que Chichín era su nombre de guerra. El abuelo respondió: "Le dicen Chichín desde que nació".
El silencio pesaba en la sala. Entre el público, algunas personas lagrimeaban, y en todas las caras era palpable el dolor. En su larga exposición, Ruani deslizó algunas -pocas ironías. Como cuando se refirió a un auto de la patota, un 128 rojo en el que fue trasladado en varias oportunidades. "Parece que lo tenían alquilado", dijo con sorna.
Desde Coronda fue llevado nuevamente al Servicio de Informaciones, donde permaneció en el subsuelo desde noviembre de 1978 hasta enero de 1979. Allí pudo ver la cara de muchos integrantes de la patota. Ayer mencionó a ‘Archi’, por José Carlos Scortecchini.
La emoción sólo lo ganó cuando recordó a sus compañeros desaparecidos. Uno de ellos, Conrado Galdame, a quien vio detenido el 16 de diciembre de 1978, debajo de la escalera del SI. Ruani y otros seis detenidos estaban alojados en el sótano. Oyeron unos cuantos tiros. Al día siguiente, en la portada del diario La Capital, se hablaba de tres muertes en enfrentamiento, entre ellas, la de Galdame. "Sé que la parte de Galdame no está contenida en este juicio. No entiendo por qué, porque creo que es el hecho más emblemático del terrorismo de Estado, que determinó el desarme de la patota", apuntó Ruani, quien también recordó a Analía Minetti, y Horacio Melilli, dos militantes amigos suyos que pasaron por el SI. En esos momentos, el dolor le atenazó la garganta.
"Más allá de toda la voluntad que tenemos en el juicio, en el recuerdo de ellos están mis ansias de declarar y volver a hacerlo tantas veces como sea necesario. Creo que esta es la séptima vez", dijo al final de su testimonio. En ese momento, resultó transparente el enorme valor de la palabra de los sobrevivientes en estos juicios postergados por 26 años. Ruani identificó a Lofiego y a Marcote en las ruedas de reconocimiento de 1984, en la justicia provincial.
El público colmó la sala de audiencias, y también la auxiliar, donde hubo gente parada frente a la pantalla que proyecta el juicio. Cuando terminó de declarar, Ruani abrazó a su madre, que estaba sentada en la primera fila, recibió la ovación del público y salió de la sala, en un largo desfiladero de abrazos. Es que Chichín es querido y respetado no sólo por sus antiguos compañeros, históricos militantes de los organismos de derechos humanos, sino también por jóvenes que acompañan estos procesos. "Tenía razón Seminara (Eduardo, testigo de la semana pasada). Después de declarar te sentís más liviano", dijo Chichín en la puerta de Oroño al 900.
9 de noviembre de 2010
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los perros vagos del señor miranda


columna de lísperguer
Insisten en llamar perros vagos a los que atacaron a dos mujeres en Peñaflor.

Es irritante que cada vez que ocurren incidentes como este de Peñaflor, algunas autoridades y parte de la opinión pública reaccionen pidiendo o anunciando campañas punitivas contra los perros vagos. En este caso, como en muchos anteriores, no se trata de perros vagos, sino de perros con dueño. (En un noticiario oí decir a un periodista: "Los perros vagos del señor Miranda"). Y el problema de fondo no es el control de la población canina sino cómo regulamos la tenencia de perros peligrosos. Ser perro vago no es una condición ontológica; sólo significa que fue abandonado por su dueño. Muchos dueños adiestran a sus perros como vigilantes, y este es el principal foco de peligro, porque nada obliga a sus dueños a adiestrarlos profesionalmente, para que estos incidentes no terminen con la muerte de otros.
lísperguer


el almirante y el cardenal


Tras sufrir un derrame cerebral, la justicia suspendió juicio por robo de bebés y saqueo de los bienes de detenidos asesinados.
[Horacio Verbitsky] Por una ironía de la historia, ayer se murió el ex almirante Emilio Massera y debutó ante un tribunal el cardenal Jorge Bergoglio. Así volvieron a cruzarse la rama naval de la dictadura y la Iglesia Católica, en la ciudad de Buenos Aires, donde Massera montó su aparato de torturas y exterminio y en la que Bergoglio encabeza la principal diócesis del país. Uno y otro recibieron de la justicia argentina un trato reverente.
Massera fue detenido por primera vez en plena dictadura, cuando el esposo de su amante no volvió de un paseo en el yate oficial del Comandante en Jefe de la Armada. A ese procesamiento se sumó el segundo en 1985, junto con Jorge Videla y Ramón Agosti. Por última vez de uniforme, se quejó ante la Cámara Federal de la veleidosa sociedad que le daba la espalda luego de haberlo consentido. Durante años rumió su mayor rencor contra los grandes empresarios, cuyos privilegios tuvo la ingenuidad de creer que compartiría para siempre. Indultado por Menem, recorrió canales de televisión prestando un servicio a la sociedad que muchos no valoraron en aquel momento. Su gesto tenso, la repetición de consignas vacías, el despecho y la amenaza en cada palabra, sirvieron para que los más jóvenes aprendieran de primera mano el horror. El señor de la ESMA volvió a caer en 1998, horas después que Pinochet en Londres, por robo de bebés y saqueo de los bienes de sus víctimas. Pero el proceso se suspendió porque en 2002 sufrió un derrame cerebral. La justicia de Roma, donde debía responder por la desaparición de personas de nacionalidad italiana, envió a la Argentina un perito médico. Su dictamen, en febrero de 2009, fue que fingía y que estaba en condiciones de enfrentar el proceso. Al mes siguiente se le realizó un nuevo peritaje argentino. El dictamen ratificó que Massera carecía de la posibilidad de comprender las resoluciones judiciales. Así lo certificaron incluso los peritos designados por las víctimas. Desde entonces, nadie volvió a molestar a uno de los tres jefes de la primera dictadura militar, quien vivió en su casa, con su familia, hasta su internación final. Murió de viejo, a los 85 años. Esa es la diferencia entre el terrorismo de Estado y el estado de derecho, en el que hasta el peor asesino goza de las garantías que en el apogeo de su poder negó a sus víctimas.
Bergoglio tuvo el privilegio de eludir la declaración pública en el tribunal que juzga los crímenes de la dictadura. En cambio los jueces aceptaron visitarlo en su arquidiócesis. Reconoció que en 1999 habló conmigo sobre el secuestro de sus entonces subordinados en la Compañía de Jesús, Orlando Yorio y Francisco Jalics. Pero dijo que nunca oyó hablar de la isla ‘El Silencio’, en el Tigre, propiedad del Arzobispado porteño, a la que fueron trasladados los prisioneros de la ESMA en 1979 para que no los encontrara la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Eso no es cierto, ya que en aquella entrevista Bergoglio me dio los datos precisos sobre el expediente sucesorio del solterón empleado de la Curia que figuraba como dueño de la propiedad. El papel manuscrito que me entregó se reproduce en esta página.
También negó haberse entrevistado en el Colegio Máximo con el obispo de Morón, Miguel Raspanti. Esto contradice el testimonio de la catequista de Morón Marina Rubino, quien estudiaba teología en el Máximo. Un mediodía, al salir de sus cursos, encontró allí a Raspanti. Marina sabía que sus profesores Jalics y Yorio y un tercer jesuita que trabajaba con ella en el colegio de Castelar, Luis Dourron, habían pedido pasar a la diócesis de Morón. Le dijo que los tres eran intachables, que no dudara en recibirlos. Raspanti le aclaró que la situación era más complicada. No podía recibirlos en la diócesis por "las malas referencias que Bergoglio le había mandado". Estaba muy angustiado "porque en ese momento Orlando y Francisco no dependían de ninguna autoridad eclesiástica y, me dijo:

–No puedo dejar a dos sacerdotes en esa situación ni puedo recibirlos con el informe que me mandó. Vengo a pedirle que simplemente los autorice y que retire ese informe que decía cosas muy graves".

Bergoglio dijo a los jueces que cuando los curas fueron secuestrados mantuvo un diálogo duro con Massera, a quien visitó para salvarlos. También le preguntaron por su visita a la Cancillería al pedir un trámite especial para la renovación del pasaporte de Jalics, una vez que quedó en libertad. Contestó que le había dicho al funcionario que lo atendió que Jalics estuvo detenido junto con Yorio, que ambos fueron acusados de guerrilleros pero que "no tenían nada que ver". No es eso lo que dicen los documentos del archivo de Culto. Según el funcionario Anselmo Orcoyen, Bergoglio le dijo que Jalics tuvo "actividad disolvente en Congregaciones religiosas femeninas (Conflictos de obediencia)". Fue "detenido en la Escuela de Mecánica de la Armada 24/5/76 XI/76 (seis meses) acusado con el padre Yorio. Sospechoso contacto guerrilleros. Vivían en pequeña comunidad que el superior Jesuita disolvió en febrero de 1976 y se negaron a obedecer solicitando la salida de la Compañía el 19/3. Ningún Obispo del Gran Buenos Aires lo quiso recibir". Orcoyen añade que Bergoglio le comunicó esos hechos "con especial recomendación de que no se hiciera lugar a lo que solicita".
Cuando en la megacausa ESMA se trate el secuestro de Yorio y Jalics, es probable que estos hechos vuelvan a ventilarse, pero en otros términos, y que Bergoglio no pueda acogerse a los privilegios que el Código Procesal Penal concede por su jerarquía a algunos testigos, pero no a los imputados. Tal vez entonces envidie las brumas mentales que aliviaron el final de Massera.
9 de noviembre de 2010
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el jefe más maquiavélico


"Lo que determinó el inicio de su decadencia fue su temeridad al confrontar con poderes demasiado grandes, a los que no podía vencer a largo plazo".
[Claudio Uriarte] Argentina. Fue de lejos el jefe más maquiavélico, torcido, barroco, dúplice, oportunista y complejo que tuvo el engendro de siete años de duración que se llamó a sí mismo Proceso de Reorganización Nacional. También fue de lejos el más ambicioso, y el más inescrupuloso a la hora de tratar de concretar su deseo: conquistar el poder absoluto. Porque el ex almirante Emilio Eduardo Massera quiso para sí mismo mucho más que el rol de represor y estafador por el que hoy se lo recuerda de modo excluyente. Fue el más político de los jefes militares de entonces; la represión y la sangre no eran para él más que escalones para lograr sus ambiciones de máxima, en que se imaginaba nada menos que como un nuevo Perón.
Eso lo define como un marino atípico. Desde el apoyo del almirante Domecq García a las bandas rompehuelgas de la Liga Patriótica de la primera parte del siglo hasta el rol del almirante Rojas como jefe del ala dura de la Revolución Libertadora de 1955, desde la temprana convocatoria antiperonista del almirante Vernengo Lima en los días críticos del "gobierno a la Corte" en 1945 hasta el bombardeo aeronaval de la Plaza de Mayo en 1955 y los fusilamientos ilegales de guerrilleros en la Base Naval Almirante Zar en 1972, la Marina de Guerra argentina siempre había encarnado una sola, ininterrumpida línea de conducta como el arma más consistentemente reaccionaria, y de imaginario más aristocratizante, de las que surcaron el proceso político argentino. Pero Massera, un ambicioso oficial de inteligencia cuyo rol más importante en el legajo de servicios había sido la jefatura del Servicio de Informaciones Navales, vio en 1972 la oportunidad y la aprovechó sin asco: el país giraba a la izquierda, la vuelta de Perón era imparable y en estas condiciones era posible que un joven contraalmirante saltara dos promociones y descabezara a las reliquias sobrevivientes del gorilismo para postularse como el jefe naval con que el peronismo podía tratar y hacer negocios. "Masserita: usted se equivocó de tren –le dijo una vez Perón–: en vez de ir a Campo de Mayo se metió en el de Río Santiago."
Efectivamente, se parecía mucho más a un militar que a un marino, por lo menos en el campo de las ambiciones políticas. Pero la pertenencia a la Marina, que por naturaleza es un arma aislada del contexto general, en barcos lejanos o en abstractos ejercicios de Estado Mayor, y que además nunca representó más de un tercio de la cantidad de hombres del Ejército, era una limitación efectiva. Massera resolvió superarla ganando implantación territorial. Y, en tiempos de la dictadura, eso significaba multiplicar todo el tiempo el papel de la Armada en la represión ilegal. Por eso fue posible el enorme rol de la ESMA –en cuyas primeras operaciones participó en persona– dentro de las operaciones represivas; por eso Massera pudo concretar una decisión aparentemente absurda como la de abrir un Liceo Naval en una provincia mediterránea como Córdoba.
Durante el tercer gobierno peronista, Massera había convertido a la Marina en el arma más sólidamente identificada con el poder político. Muerto Perón, se consagró a seducir platónicamente a su viuda, a la que halagaba con ramos de flores, cajas de bombones y reverencias. Cuando el gobierno de Isabel empezó a tambalearse, hizo de la Armada la fuerza más cerradamente defensora de su derrocamiento. El golpe del 24 de marzo no fue planeado en el Edificio Libertador, del Ejército, sino en el más discreto Edificio Libertad, de la Marina, donde desde octubre de 1975 habían empezado a multiplicarse unos misteriosos cartelitos con la inscripción "Area restringida". Todo esto tenía el objeto de negociar de antemano un papel inéditamente protagónico para su fuerza dentro del Proceso que se venía. Lo logró a un grado antes inimaginable, logrando establecer el principio de la subdivisión del poder del Estado en un 33 por ciento para cada una de las tres armas. Ministerios, embajadas, radios y televisiones fueron repartidos de acuerdo a este principio de poder feudalizado. Eso favorecía las competencias y las intrigas internas. Y Massera era un intrigante de primera línea.
Desarrolló una maniobra increíble. Para dentro de las Fuerzas Armadas, era el portavoz de la línea dura; para fuera, era el almirante culto y aperturista de los discursos de estilo literario que decía que "nadie muere por el Producto Bruto Interno", se oponía a la política económica neoliberal de José Alfredo Martínez de Hoz y desplegaba una incesante actividad internacional con epicentros en el Vaticano y la logia Propaganda 2 de Licio Gelli. Pero lo más llamativo es lo que trató de hacer en sus cárceles. En un momento, Massera logró tener en una discreta prisión domiciliaria naval a Isabel Perón, a los peronistas de "centro" como Lorenzo Miguel y Carlos Saúl Menem en el buque 33 Orientales y a los Montoneros, a los que quería recuperar, en la ESMA, como una parodia carcelaria del Movimiento Nacional Justicialista. Y si para dentro de la Junta representaba a la línea dura, de modo de favorecer la quiebra del Ejército entre los comandantes de cuerpo y Jorge Rafael Videla, para afuera buscaba negociar con los Montoneros las reglas de la posguerra.
Paradójicamente, lo que determinó el inicio de su decadencia fue su temeridad al confrontar con poderes demasiado grandes, a los que no podía vencer a largo plazo. Uno de ellos fue el Establishment. Massera fue responsable sucesivamente de las desapariciones del empresario textil radical y embajador procesista en Venezuela Héctor Hidalgo Solá, de la diplomática argentina Elena Holmberg Lanusse –que empezaba a denunciar sus contactos extranjeros con los Montoneros, incluyendo una presunta entrevista en París con Mario Eduardo Firmenich– y del empresario Fernando Branca, con quien había tenido negocios turbios y de cuya esposa, Martha Rodríguez MacCormack, él era amante. Algunos miembros del equipo económico de Martínez de Hoz, como el ex secretario de Hacienda Juan Alemann, nunca dejaron de sospechar que Massera había estado detrás de una misteriosa ola de atentados dinamiteros realizados contra ellos en 1979, como tampoco dejó de estarlo nunca el radical Ricardo Yofre, subsecretario general de la Presidencia de Videla, ante una bomba en el palier de su casa. Dentro de este revoltijo sangriento se mezclaban promiscuamente móviles políticos, sexuales y de negocios, lo que convirtió a Massera en un personaje muy peligroso a los ojos de muchos de los que reinan pero no gobiernan. E incluso para sus propios camaradas. Un vicealmirante de su Gabinete de Asuntos Especiales me comentó años después: "Que matara por política vaya y pase, pero hacerlo por una cuestión de faldas...". Quizá sea innecesario recordar que Massera, "El Negro", era también el Don Juan número uno de la dictadura, disfrutando que el mundo comentara sus romances con modelitos como Graciela Alfano y escritoras como Marta Lynch.
Otro de los dioses desafiados fue el Ejército. Aunque Massera tenía muy buenas relaciones con Guillermo Suárez Mason y otros generales exponentes de la línea dura, desde el desbarranque militar tras la aventura de Malvinas en 1982 el grueso del Ejército empezó a resentir sus intrigas y conspiraciones y decidió acabar políticamente con él. La primera vez que Massera estuvo preso no fue en democracia, sino en los últimos tiempos de la dictadura militar, por orden del juez procesista Oscar Salvi, por la causa de la desaparición de Fernando Branca y, de acuerdo a algunas fuentes, por instigación del Batallón de Inteligencia 601.
Pero el núcleo de su fracaso político radicó en que el cumplimiento de su proyecto dependía de demasiados condicionantes que se cancelaban mutuamente. Dependía de que la dictadura se mantuviera, pero no tanto como para que él quedara en los márgenes de su historia; que hubiera cierta apertura política, pero de modo que sólo pudieran emerger él y su raquítico Partido de la Democracia Social; tras pasar a retiro en 1978 empezó a hablar crecientemente como un político de la oposición, pero dependía al mismo tiempo de los recursos de una Marina que seguía siendo parte de la Junta. La tarea de ser al mismo tiempo la encarnación del Proceso y del Antiproceso fue excesiva, incluso para él. Y cuando la dictadura desapareció en desbande, ya no hubo modo que su "movimiento político" de laboratorio, relaciones públicas, diarios inventados, noche y niebla pudiera sobrevivir en la política de la vida real.
Por eso, incapaz de saciar su sed política, pasó sus últimos años rodeado de un pequeño grupito de amigos y colegas, cada vez más viejos y aislados, para reaparecer algunas veces en público y constituirse en el defensor político de todo lo actuado por la dictadura desde 1976, cuando antes había tratado de surgir como su crítico. Muchas veces amagó con la publicación de sus Memorias, y la mano de muchos escritores fantasma pasó sucesivamente por sus páginas, pero el libro nunca quedó en nada más que fárragos de materiales caóticos e incoherentes, como si algunas cosas se resistieran a ser escritas.
[El autor publicó ‘Almirante Cero. Biografía no autorizada de Emilio Eduardo Massera’. Uriarte murió en julio de 2007. Esta nota permanecía inédita hasta hoy.]
9 de noviembre de 2010
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sensación de alivio


"Que era fundamentalmente un asesino quedó claro cuando queriendo añadir a su figura un matiz de héroe de tragedia, terminó una ceremonia militar vivando a la muerte, remedando al fanático franquista que enfrentara de ese modo a don Miguel de Unamuno".
[Eduardo Jozami] Argentina. Me enteré de la noticia cuando estaba reunido con los coordinadores de nuestro Centro Cultural, en el mismo lugar en que el difunto erigió su obra más importante. Emilio Massera no quedará en la historia por su degradado proyecto político que desafiaba la inteligencia de los argentinos, tampoco por su forzada figura de centurión romano, forjada quizás en la lectura de Jean Larteguy, menos aún por su imagen de varón triunfante dispuesto siempre a exhibir nuevos trofeos. Massera será por siempre el creador del centro clandestino de la ESMA, el lugar emblemático del exterminio y la tortura, en el mismo predio en que hoy nos encuentra la noticia de su muerte.
La ex ESMA no perderá nunca esa connotación siniestra, porque en ese reconocimiento se funda precisamente nuestro trabajo de Memoria. Pero hoy es también un espacio de vida y de cultura. Centenares de jóvenes debatían hace pocos días en homenaje a Walter Benjamin, son muchos los visitantes que recorren muestras que, como la de Gustavo Germano, simbolizan la magnitud de la pérdida. A pocos metros, avanza la refacción del espacio de Abuelas, la Casa de la Identidad. Un poco más allá, el Espacio Cultural Nuestros Hijos desarrolla una variada e intensa actividad. Delegaciones de escolares visitan a diario el Centro de Detención. De a poco, el Espacio para la Memoria va tomando forma.
Para Massera, la ESMA debía servir para encumbrar dentro de la Junta Militar a la Marina, que ya no aceptaba el lugar subordinado que tuvo en anteriores golpes militares. En la competencia de las fuerzas por mostrar más éxitos en la represión ilegal, la Armada podía jactarse, gracias al trabajo tenaz del Tigre Acosta y sus sicarios, de los éxitos logrados. Pero el proyecto masserista exigía algo más que represión. Fundó un diario y un partido político. Hizo un guiño a la socialdemocracia, pero no se atrevió a usar ese nombre e invirtió los términos: democracia social. Planteó sus reparos con la política de Martínez de Hoz para facilitar el diálogo con sindicalistas y dirigentes peronistas. Pero la Marina soportaba mal esos arrestos populistas, lo prueba lo ocurrido con su diario: Convicción debía servir para acercar a algunos peronistas, pero tuvo que poner como director a un hombre de la Revolución Libertadora, el más reconocidamente antiperonista de los periodistas.
Creyó que su estampa varonil abonaría sus proyectos de liderazgo. Pero su figura gardeliana venía acompañada de las marcas de la muerte, como para que pocos se animaran a acercarse. Aunque nos duela reconocerlo tenía algo de argentino, de lo peor del machismo vernáculo. Pero lo que en cualquier compadrito de barrio parece más que nada un resabio costumbrista era, en el poderoso Almirante Cero, expresión consumada de prepotencia y desprecio por la mujer.
Se equivocó en toda la línea. Ignoró que nunca podría superar la subordinación impuesta por el Ejército, sobreestimó su propia influencia en un arma donde seguía siendo fuerte una tradición de antiperonismo aristocrático que se avenía mal con el proyecto masserista. Pero nada de esto hubiera sido definitivo si él, como los demás dirigentes golpistas, no se hubiera equivocado en lo más importante. Aunque sus propios errores –como el de Malvinas– aseguraron el desenlace, lo cierto es que terminó por ser inviable el proyecto concebido para iniciar una nueva era de la política argentina.
Se dice que en otros casos el crimen aparecía cubierto por una mística contrarrevolucionaria que adquiría forma de religión. En el supuesto más que dudoso de que realmente existieran estos austeros gladiadores, no fue uno de ellos Massera, que calculó pragmáticamente cada paso, llegando a liquidar a todo aquel que incomodara sus proyectos políticos, comerciales o amorosos. Que era fundamentalmente un asesino quedó claro cuando queriendo añadir a su figura un matiz de héroe de tragedia, terminó una ceremonia militar vivando a la muerte, remedando al fanático franquista que enfrentara de ese modo a don Miguel de Unamuno.
Quizás esta muerte provoque el examen de conciencia de quienes no fueron inmunes a su seducción, pero la mayoría de los argentinos no sentirá más que una sensación de alivio, la misma que se siente cada vez que un criminal deja la Tierra. Diez días atrás despedimos con dolor a un gran presidente argentino, no sólo porque era uno de los nuestros, sino porque advertíamos cuánto podía aún aportar a la obra inconclusa. La muerte de Emilio Massera, de quien se hizo acreedor como pocos al odio de los argentinos, nos parece tardía, demorada, como la de Videla y algunos otros que ya no significan nada en el país de hoy. Massera es un pasado que la sociedad ha condenado y que no habrá de volver. Así pensamos a diario, trabajando en este lugar que él cubrió de sangre treinta años atrás.
[El autor es director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.]
9 de noviembre de 2010
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condenado por la sociedad


Taty Almeyda, de Madres.
[ Gabriel Morini] Argentina. "Massera deja tras de sí mucho dolor, pero no por su muerte, sino por los 30 mil detenidos desaparecidos, y por no haberlo podido condenar legalmente", se lamentó Taty Almeyda, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. A su vez, hizo un llamado de atención hacia la Justicia para que acelere los tiempos en los que se están llevando a cabo los procesos contra los represores porque "se van a seguir muriendo", antes de que pueda condenárselos. Massera "ya está condenado por la sociedad y sobre todo por los 30 mil desaparecidos, más uno que es Néstor Kirchner que está junto a ellos y también lo condenó", apuntó la integrante de Madres.

¿Cuál fue su reacción apenas se enteró de la muerte de Massera?
Yo estaba yendo rumbo a Pergamino cuando lo escuché por la radio. Me impactó muchísimo. En el último tiempo me impactaron dos muertes de manera totalmente diferente: ésta y la de Néstor Kirchner. La del ex presidente fue muy negativa, y ésta también la lamenté mucho. Lo primero que pensé es que tendría que haber estado vivo este asesino para poder ser condenado, aunque la sociedad y, sobre todo, los treinta mil desaparecidos ya lo condenaron. Me pegó mucho en ese sentido, porque lamentablemente no pudo estar sentado en el banquillo de los acusados. Lamento no haberlo podido condenar legalmente, a través de la justicia legal, jamás la justicia por mano propia.

¿Qué significó Massera para el terrorismo de Estado?
Significó uno de los cerebros del horror, el artífice de los crímenes, de los asesinatos, de las detenciones. Uno de los peores criminales y genocidas, en el peor centro clandestino de detención que fue la ESMA. El amo de la vida y de la muerte. Y mirá cómo terminó: descerebrado. Y no me imagino lo que significó para aquellos familiares o para los mismos sobrevivientes, que han padecido en carne propia los tormentos. Con toda la historia que de él se sabe, el que no quiere enterarse es porque no lo quiere hacer. Fue el ideólogo, el que daba las órdenes en la ESMA y provocó tanto dolor y sufrimiento.

¿Qué representa que haya muerto sin poder volver a ser condenado?
Simbólicamente, deja 30 mil detenidos desaparecidos, una enorme cantidad de familiares, y también una gran cantidad de sobrevivientes, que pasaron por las manos de Massera. No deja dolor por su muerte, sino que deja mucha avidez de haber logrado esa justicia legal que no se pudo hacer. Es lamentable que se haya muerto, como ha sucedido con otros genocidas. Pero reitero que mi pensamiento es que ya está condenado por la sociedad y sobre todo por los 30 mil desaparecidos, que en este caso suman uno más, que es Néstor Kirchner, que está junto a ellos, todos juntos, y que también lo condenó. También tiene que ser un llamado de atención.

¿Por qué?
Porque es un llamado de alerta para que se apuren los juicios, porque se van a seguir muriendo, y porque tenemos que condenarlos con la justicia. Por suerte, los juicios se multiplican a lo largo y a lo ancho del país, pero este hecho tiene que ser un llamado de atención para la Justicia. Hay que buscar las herramientas necesarias para que los juicios se apuren y esto de que los genocidas mueran sin ser condenados no vuelva a suceder. Vamos a ver qué pasa a futuro. Hay que acompañar a las Abuelas en el tema de los bebés apropiados en la ESMA. Yo creo, con seguridad, que todavía queda mucho por saber y mucho por hacer.
9 de noviembre de 2010
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se lleva muchos secretos


Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo.
[Gabriel Morini] Argentina. "Massera no fue loco nunca, fue un genocida siempre", aseguró Nora Cortiñas, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, apenas enterada de la muerte del dictador. Lamentándose por la protección que recibió por parte de las Fuerzas Armadas, Cortiñas aseguró que el represor no deja tras de sí más que haber sido "un asesino y un cobarde". "Se lleva a la tumba muchos secretos", apuntó la integrante de Madres, en referencia a los archivos con el paradero de miles de desaparecidos y de la identidad de los bebés apropiados en la ESMA.

¿Cómo recibieron la noticia de la muerte de Massera?
La recibimos con sorpresa por tanto silencio que hubo hasta ahora alrededor de este dictador. Este personaje fue un genocida y vivió oculto y protegido. Hubo un operativo del silencio total, que les habrá costado mucho a quienes lo ocultaron. Buscó siempre evadir la Justicia haciéndose el loco. Ese no fue loco nunca, fue un genocida siempre. Las Madres nunca les hemos deseado la muerte a estos personajes, sino, por el contrario, hemos deseado que la Justicia cayera sobre ellos y fueran a la cárcel común, por todos los delitos de lesa humanidad que cometieron.

Fue uno de los principales responsables del terrorismo de Estado.
Fue uno de los dictadores que primero dieron el golpe y que luego comenzaron con la matanza. Todos conocemos la historia de la ESMA y el terror que se vivió allí. Toda la gente que pasó por esa situación terrible, en el marco del terrorismo de Estado. Massera tuvo una participación muy intensa en todos los operativos que se hicieron. Además, la ESMA fue el lugar donde más bebés se apropiaron y donde hicieron que miles de personas pasaron por las mazmorras. Un personaje con una gran responsabilidad, con crímenes horrendos, protegido por todos lados.

¿Por quién fue protegido?
Por las Fuerzas Armadas, especialmente por la Marina. Se hizo pasar por enfermo y por loco. Cuando se declaró la inconstitucionalidad de los indultos, él no se prestó a los juicios a los que era convocado. Fue muy protegido para llegar a esa situación, salvándose de tener que presentarse en los juicios en Italia, por ejemplo. Han venido los médicos de allá a constatar que estaba en condiciones. La Justicia italiana reconoció que podía afrontarlos, mientras que los médicos de acá decían que no estaba en condiciones psicológicas.

¿Qué deja tras de sí esta muerte?
Quedará uno menos. Es la muerte de un asesino y un cobarde, que no enfrentó a la Justicia. No deja ninguna gloria para la carrera que siguió. Deja la cobardía, lo sucio, lo siniestro. El no enfrentar un juicio muestra la catadura de persona que era. Dentro de la historia de los militares, sólo deja la imagen de la basura que fue. Además, muere y se lleva a la tumba muchos secretos. Ese archivo que las Madres pedimos todos los días para que se conozcan los expedientes que contienen el destino de nuestros hijos e hijas. Eso es lo que se lleva a la tumba. Las Madres nunca quisimos venganza, sino que buscamos verdad y justicia. Igual las seguiremos buscando y exigiendo. Seguiremos tratando de saber qué pasó, seguiremos esperando que algún día se abran las gavetas de los jueces para saber a quiénes les dieron los bebés en falsas adopciones. Este es el final que dejan estos que tuvieron que sentarse en el banquillo de los acusados. No tienen otra historia más que la de haber sido genocidas.
9 de noviembre de 2010
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uno de los más siniestros


Los organismos de derechos humanos ante la muerte de Massera.
Argentina. Los organismos de derechos humanos decidieron no difundir, al menos por ahora, comunicados oficiales respecto de la muerte del represor Emilio Massera, uno de los principales responsables de la maquinaria de terror montada por el Estado argentino durante la última dictadura militar. Página/12 se puso en contacto con referentes de las organizaciones que luchan para que se conozca la verdad y se haga justicia sobre aquellos años, y todos coincidieron en que "la muerte biológica no cambia que ya era una persona condenada y que murió sometido a un proceso por los crímenes más graves que se cometieron en la Argentina", como supo apreciar el director ejecutivo del Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels), Gastón Chillier. También hay una opinión compartida sobre la necesidad de una mayor celeridad en los tiempos judiciales para evitar que mueran criminales sin condena. La titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, evitó explayarse porque "yo lo perseguí en vida".

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Gastón Chillier (director ejecutivo del CELS): "Por un lado, Massera murió como una figura paradigmática de lo que fue el terrorismo de Estado, condenado por la Justicia en el Juicio a las Juntas y procesado en varias causas luego de la reapertura de los juicios. Sin embargo, para la Justicia argentina era un incapaz, por lo que no murió en prisión. Pero esto no mejora la imagen de que se murió una de las figuras más siniestras de la dictadura argentina. Para el CELS, no hace más que reforzar el compromiso con que los juicios avancen y terminen rápido, y así esta etapa dé lugar a una nueva. La sociedad argentina ya no dudaba de quién era Massera, o sea que en definitiva la muerte biológica no cambia que ya era una persona condenada y que murió sometido a un proceso por los crímenes más graves que se cometieron en la Argentina. Su muerte debería ayudar a aumentar la responsabilidad de los funcionarios de la Justicia para que la edad biológica no cierre las causas antes de la sentencia judicial".

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Carlos Lordkipanidse (miembro de la Asociación de ex Detenidos Desaparecidos, parte del Colectivo Justicia Ya!): "Tengo un sentimiento de profunda decepción, en el sentido de que este tipo muere impune y llevándose a la tumba la verdad acerca de los cinco mil desaparecidos de la ESMA y de los chicos apropiados. Por otro lado, siento alivio de saber que hay un genocida menos en la faz de la Tierra. No creo que cambie la situación en los Tribunales, pero a mí, si algo me genera alguna clase de expectativa, es que los que hoy están enfrentando los juicios se den cuenta de que todo llega y que alguno, en un acto de sinceramiento, aporte el grano de justicia que estamos buscando desde hace 30 años, diciendo la verdad de lo ocurrido y permitiendo que la Justicia alcance a condenar a los responsables de este genocidio. También hay que notar que justo el mismo día que murió Massera se dio la declaración del cardenal Bergoglio en la causa ESMA y esto tiene que ver con la complicidad entre la Iglesia y la dictadura en la barbarie. Queda avanzar con lo que queda, que es la complicidad de los civiles".

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Adolfo Pérez Esquivel (titular del Serpaj, miembro del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia): "Se sabía de la enfermedad de este hombre. Lamentablemente, la muerte le permitió eludir la Justicia. Pero creo que a pesar de su muerte, hay que expresar todo el daño que hizo al pueblo argentino a través de la represión. Cuando la Justicia se active, la mayoría ya va a haber muerto. Cuando la Justicia se demora tanto ya deja de ser justicia".

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Ulises Guede (miembro de HIJOS Zona Sur): "Nos pone contentos que haya muerto porque no va a joder más a nadie, pero el problema es que se murió y no en cana. Eso nos hace pensar que la Justicia es bastante lenta. Tenemos que ver cómo hacer para que la condena penal a estos genocidas les llegue en vida: no sólo el repudio y la condena social que habíamos logrado. Estaría bueno que estos tipos declaren, porque tienen mucho que decir, y con cada uno de estos que muere perdemos la oportunidad de enjuiciar a más cómplices. Y ojalá que no descanse nunca en paz".

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Rodolfo Yanzón (abogado de la Fundación Liga Argentina por los Derechos Humanos): "En primer lugar, hay que aclarar que murió condenado, a partir del fallo de la Corte Suprema que decidió declarar la nulidad del indulto. El interrogante que nos queda es si con esta muerte perdemos información sobre el paradero de las víctimas. Hay que hacer un llamado nuevamente a la Armada para que ponga a disposición de los jueces respectivos toda la información de la que dispone. También hay que resaltar que este señor quedó afuera de los juicios hace tiempo. Lo único que hizo la muerte fue resolver su situación, nosotros ya sabíamos que no íbamos a poder juzgarlo. Por eso no sentimos ni alegría ni pesar. Todos tenemos que reflexionar sobre la tardanza de la Justicia y sobre la triste realidad que nos permite recordar que en 1983 este señor llegó a ser candidato presidencial y que otros como él fueron gobernadores y legisladores, lo que nos lleva a pensar también en la complicidad de la clase política y de los medios de comunicación durante todo este tiempo".

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Hebe de Bonafini (titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo): "Yo lo perseguí en vida, ahora opinar no tiene sentido".

"Muere Impune"
La titular de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, Victoria Donda, aseguró que el represor Emilio Massera "muere impune", al sostener que "el único lugar posible para un genocida es la cárcel". La legisladora de Libres del Sur (parte del interbloque Proyecto Sur) es hija de desaparecidos y nació en la ESMA, donde fue robada de brazos de su madre a los pocos días de haber nacido. "Para la memoria de este pueblo, Massera aparecerá siempre como un ser nefasto, alguien a quien la historia terminará condenando al sitio más oscuro", manifestó Donda, que también agregó que el hecho de que Massera muera impune "representa un profundo agravio a la democracia, a sus instituciones" y a todos los que piensan, como ella, "que el único lugar posible para un genocida es la cárcel". El ex almirante "fue el gran maestro en la ESMA, por lo tanto fue el máximo responsable de la maternidad clandestina que funcionó dentro del centro de tortura", recordó la diputada antes de pedirle al Poder Judicial que haga "el máximo esfuerzo para que la causa ESMA avance al mayor ritmo posible" porque "no puede morirse otro genocida impune".
9 de noviembre de 2010
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