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el estado palestino


El único modo de impedir la votación en Naciones Unidas es presentar una mejor solución. Editorial de The New York Times.
Una votación en Naciones Unidas sobre la incorporación de Palestina podría ser un desastre. Sin embargo, pese al poco tiempo que queda para que se reúna la Asamblea General de Naciones Unidas, Estados Unidos, Israel y Europa no han mostrado suficiente sentido de urgencia, ni audacia, para tratar de encontrar una solución de compromiso. La necesidad de acción es incluso más apremiante después de que, en los últimos días, estallaran alarmantes tensiones entre Israel y dos importantes actores regionales: Egipto y Turquía.
La semana pasada, Estados Unidos hizo un desganado esfuerzo para que los palestinos renunciaran a la votación a cambio de nuevas conversaciones de paz. El tono no convenció. El presidente palestino, Mahmoud Abbas, dijo que los estadounidenses no hicieron ninguna propuesta concreta. "Para ser franco, llegaron demasiado tarde", dijo. Su frustración es comprensible. Desde que asumiera el presidente Obama, las únicas negociaciones directas entre el primer ministro Benjamin Netanyahu, de Israel, y Abbas, en septiembre de 2010, duraron apenas dos semanas.
Las dos partes comparten la culpa con Obama y los líderes árabes, aunque la mayor responsabilidad recae sobre Netanyahu, que ha usado cualquier excusa para torpedear los esfuerzos de paz. Pero la mejor ruta hacia el reconocimiento de un estado palestino siguen siendo las negociaciones.
Estados Unidos y sus asociados del Cuarteto (la Unión Europea, Naciones Unidas y Rusia) deberían poner un mapa y un acuerdo sobre la mesa, con un cronograma para concluir las negociaciones y una votación formal sobre el estado palestino en Naciones Unidas. El aspecto básico: un estado palestino basado en sus fronteras previas a 1967 con canjes de tierras acordados mutuamente y garantías para la seguridad de Israel. El Consejo de Seguridad y la Liga Árabe deben apoyar cualquier plan con todas sus fuerzas.
Para que los palestinos sean admitidos plenamente en Naciones Unidas, deben contar con la aprobación del Consejo de Seguridad. El gobierno ha declarado que vetará toda resolución en ese sentido, asegurando así un mayor aislamiento de Israel y del propio Washington. Si el Consejo de Seguridad no aprueba la admisión, los palestinos han dicho que solicitarán a la Asamblea General la condición de observador mejorado como estado no miembro. Incluso la más modesta votación de la Asamblea General, que los palestinos ganarán con toda certeza, les allanará el camino para incorporarse a decenas de organismos y convenios y fortalecerá su capacidad de iniciar acusaciones contra Israel en el Tribunal Penal Internacional. Pero Israel seguirá controlando territorios palestinos, lo que provocará su descontento después de la euforia inicial.
El Congreso ha amenazado con cortar su ayuda de millones de dólares a la Autoridad Palestina si insiste en una votación en Naciones Unidas. En lugar de amenazar a los palestinos, el Congreso debería presionar a Netanyahu para que vuelva a la mesa de negociaciones.
Israel ha dicho que cortará millones de dólares en transferencias de remesas a la autoridad. Esas medidas contraproducentes podrían provocar la caída de los líderes palestinos más moderados, dar mayor poder a Hamas y hacer trizas la vital cooperación en seguridad entre Israel y la autoridad.
Es asombroso que a esta altura del partido, Estados Unidos y Europa siguen divididos sobre algunos aspectos de la propuesta de negociaciones de paz, como la exigencia de Israel de que se lo reconozca como un estado judío.
Obama en particular necesita mostrar un liderazgo más firme presionando a Netanyahu y Abbas para que reanuden las negociaciones. Si se llega a votar en Naciones Unidas, Washington y sus aliados tendrán que limitar los daños, lo que incluirá continuar el financiamiento de la Autoridad Palestina.
[La foto proviene de marxism.org]
14 de septiembre de 2011
11 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

piden perpetua para díaz bessone


Pedido de penas de Familiares y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Solicitaron prisión perpetua para Díaz Bessone y Lofiego y 25 años de prisión para Marcote, Vergara, Scortechini y Chomicki. Es la primera querella que reclamó condena para el ex militante que terminó siendo miembro de la patota de Feced.
[José Maggi] Argentina. El equipo jurídico de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas de Rosario y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, culminó ayer su alegato y pidió que se condene a la pena de prisión perpetua e inhabilitación perpetua y absoluta a Ramón Genaro Díaz Bessone y a José Rubén Lofiego y a la pena de 25 años de prisión e inhabilitación perpetua y absoluta a Mario Alfredo Marcote, Ramón Rito Vergara, José Carlos Antonio Scortechini y Ricardo Miguel Chomicki, por ser autores del delito de genocidio.
El rasgo distintivo de este pedido que conmovió a los presentes en la sala de audiencias del tribunal federal fue el pedido contra Chomicki, ex militante devenido en miembro de la patota de Feced a quien calificaron como "como partícipe necesario en los delitos de la privación ilegal de libertad agravada por mediar violencias y amenazas y por su duración, en perjuicio de José Aloisio, Gustavo Píccolo, Ana María Moro de Cheroni, María Inés Luchetti de Bettanin, Elba Juana Ferraro de Bettanín, Juan Carlos Ramos, Generoso Ramos Peralta, Juan Alberto Fernández, Marcelino Panicalli, Francisca Van Bove de Espinoza, Benito Espinoza, Máximo Antonio Mur y Analía Minetti".
Asi como el delitos de "privación ilegal de libertad agravada por mediar violencias y amenazas y por su duración, en concurso real con el delitos de tormentos agravados por tratarse de perseguidos políticos de Mirta Isabel Castellini, Osvaldo Daniel Bas y Mansilla, Adrián Jorge Sánchez y Hugo Cheroni". Todo esto "en concurso real con el delito de asociación ilícita agravada en carácter de miembro" por lo que pidieron la pena de 25 años de prisión e inhabilitación absoluta y perpetua.
En su alegato Gabriela Durruty argumentó que "todas las víctimas cuya suerte se investiga en esta causa sufrieron delitos de tal magnitud que repugnan a la humanidad como tal. El recuerdo de tales acontecimientos se vuelve insoportable cuando ante ellos la sociedad reacciona como si fuesen un acontecer más dentro del orden corriente de las cosas, cuando en realidad ha obedecido a un orden que en nuestro presente nunca aceptaríamos voluntariamente como orden corriente de nuestra vida social. Aquello que permanezca como injusto en la memoria social tiene que ser declarado injusto en la memoria jurídica, y la memoria jurídica ha de coincidir con la memoria social", apuntó la letrada que conforma una equipo junto a Leticia Fascendini, Daniela Asinari y Jesica Pellegrini.
"Si algún sentido tiene en estos casos la sanción penal, es precisamente redignificar a las víctimas y la disuasión o prevención general negativa. El concierto de las naciones no pudo imaginar crímenes más terribles. Por eso los calificó de lesa humanidad. Por eso son imprescriptibles", señaló Durruty.
Un planteo novedoso que introdujo la querella fue solicitar además la condena por el delito de Desaparición Forzada Agravada recientemente incorporado al Código Penal cometido contra Oscar Manzur, Carlos Ignacio Kruppa, Osvaldo Matoski Severin y Alberto Tion.
Las abogadas solicitaron además al Tribunal que los penados cumplan sus condenas en cárceles comunes, al cuidado del Servicio Penitenciario Federal y desde el momento mismo del dictado de la sentencia. "Si luego de la búsqueda de justicia durante tantos años, frente a quienes se resistieron a ello, no se los condena a cumplir su condena en una cárcel común, es una forma de seguir perpetuando la impunidad y de desbaratar todo el sistema jurídico argentino, que se caracterizará por tener las cárceles llenas de personas socialmente excluidas condenados por delitos menores, y a los genocidas cómodamente en su casa, burlando nuevamente la ley".
Cabe destacar que de los seis imputados en la causa, sólo Díaz Bessone se encuentra con prisión domiciliaria, el resto permanece en libertad.
La audiencia continuará hoy a las 9.30. Se esperará la evolución del estado de salud del imputado Díaz Bessone quien a través de su abogado manifestó encontrarse enfermo. De proseguir la audiencia comenzará el alegato de la Fiscalía a cargo de Gonzalo Stara.
14 de septiembre de 2011
13 de septiembre de 2011
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minobras paralelo en oriente antioqueño


Las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio reemplazaron al Estado y en varios años intervinieron áreas rurales llevando soluciones concretas. Historia de un ‘paraestado’.
Colombia. Construcción, pavimentación y mantenimiento de vías, viviendas de interés social, escuelas, hogares de la tercera edad, estadio y hasta plaza de toros hacen parte del inventario suministrado por Luis Eduardo Zuluaga Arcila, alias ‘MacGuiver’, quien fue comandante del Frente José Luis Zuluaga, de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (ACMM), a la Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y la Paz.
Las obras las hizo este frente paramilitar en las poblaciones de Sonsón, San Francisco y Argelia, en el Oriente Antioqueño entre 1998 y 2006, y según documentos conocidos por VerdadAbierta.com, implicaron inversiones por 6.630 millones de pesos.
El ex jefe paramilitar, recluido en la cárcel La Picota, de Bogotá, ha dicho en diversas ocasiones que si bien estuvo al frente de una organización militar antisubversiva, también adelantó acciones políticas y sociales a través de las cuales, según él, protegía derechos y representaba intereses de sectores desatendidos por el Estado.
"Si bien es cierto que en el accionar armado se debían tomar decisiones difíciles de comprender para poder defender la honra, bienes y a los ciudadanos del común, también entendíamos que era de suma prelación e importancia apoyar con las dificultades de orden social que padecían algunas de las comunidades a las que el grupo en si defendía y apoyaba, en vista que el Estado no estaba presente", explicó alias ‘MacGuiver’, sin que hasta el momento haya explicado de dónde sacó los recursos para adelantar las obras.
De acuerdo con la argumentación del ex jefe paramilitar, el Estado no le había dado vivienda digna a las comunidades, ni había construido vías de acceso a sus parcelas que facilitaran la entrada y salida de insumos agrícolas y cosechas. Al hacer una valoración de las obras de infraestructura, se destacan justamente las inversiones en la construcción, mantenimiento y pavimentación de carreteras secundarias y terciarias, que suman 3.430 millones de pesos.
Una de las obras más conocidas en el Oriente antioqueño es la carretera que une al municipio de San Francisco con la autopista Medellín – Bogotá en el sitio La Mañosa. La carretera, de 8,8 kilómetros, fue construida entre octubre de 2005 y junio de 2007, y contó con todos los permisos ambientales y visitas técnicas de la Corporación Autónoma Regional de las cuencas de los ríos Negro Y Nare (Cornare). En ella, según alias ‘MacGuiver’, se invirtieron 1.920 millones de pesos.
Pero no fue la única carretera. A ella se le suman cinco más cuyo aspecto más relevante fue lograr la interconexión vial entre varias veredas del corregimiento La Danta, jurisdicción del municipio de Sonsón y con salida al Magdalena Medio, así como con diversas veredas y corregimientos de los municipios vecinos de Argelia y San Francisco. En total, construyó cinco vías terciarias.
La primera de ellas, que tiene una longitud de 38 kilómetros, une el caserío de La Danta con el poblado del corregimiento Guadualito, en Argelia, y su construcción tuvo un costo de 620 millones de pesos; la segunda, de 11 kilómetros de longitud, va de la vereda La Mesa al río Samaná, atravesando la vereda San Rafael, y que requirió una inversión de 85 millones de pesos; la tercera, enlaza a través de 7 kilómetros a la vereda La Hermosa, del corregimiento San Miguel, de Sonsón, con la vereda Pocitos, corregimiento Aquitana, del municipio de San Francisco, en la que se invirtieron 70 millones de pesos; la cuarta vía une las veredas El Remanso y Piedras Blancas del corregimiento La Danta, son 10 kilómetros cuya construcción costó 60 millones de pesos; la quinta carretera, de 16 kilómetros de longitud y 160 millones de pesos de inversión, va de la vereda San Antonio a la vereda Caño Seco, también en zona del corregimiento La Danta.
Además de la construcción de vías, el Frente José Luis Zuluaga invirtió varios cientos de millones de pesos en el mantenimiento, arreglo y pavimentación de varias vías que conectaban varias veredas de corregimiento La Danta. En total, se responsabilizaron de cuatro carreteras terciarias entre los años 1998 y 2006 a las cuales les hacían intervenciones preventivas cada semestre. Se trata de las vías de las parcelas California-Vereda San Antonio-San Juan-Patio Bonito; autopista Medellín-Bogotá – vereda Alta Vista, acceso al corregimiento Aquitania del municipio de San Francisco; la carretera que de la autopista Medellín-Bogotá conduce al corregimiento La Danta; y la vía entre los corregimientos La Danta y San Miguel, del municipio de Sonsón. Por último consignaron como obra del frente paramilitar la pavimentación de las principales calles del caserío de La Danta en asfalto frío.
Las obras viales realizadas por este grupo paramilitar de las ACMM pusieron en el centro del proyecto vial al corregimiento La Danta, un fortín de alias ‘MacGuiver’, dada su cercanía al Magdalena Medio. Conocedores de esta subregión explican que las zonas intervenidas no sólo beneficiaron a los campesinos, sino a narcotraficantes, dado que esta región ha tenido una tradición histórica de cultivos de hoja de coca y laboratorios de procesamiento.
Además, hay quienes hacen consideraciones de índole militar. "Las carreteras son perjudiciales para la guerrilla, pues por ellas penetra más fácil el Ejército", dijo un especialista en estos temas y también conocedor de la zona que pidió la reserva de la fuente. Y es que resulta que aquellas vías que traspasaron las fronteras de Sonsón y llegaron a regiones de los municipios de San Francisco y Argelia, tocaban territorios históricos de las guerrillas del Eln y las Farc, facilitando no sólo el acceso de las fuerzas paramilitares, sino las del Ejército.
Pero el Frente José Luis Zuluaga de las ACMM no sólo se dedicó a la construcción y mantenimiento de carreteras. En su intención de ganar adeptos a su causa y de fortalecer su control para-estatal en el corregimiento La Danta, construyó en varias veredas 90 viviendas de interés social, en las que invirtió 1.950 millones de pesos. Se beneficiaron campesinos de las veredas San Antonio, Piedras Blancas y del caserío del corregimiento.
Adicional a ello, invirtieron recursos en la construcción de una escuela primara, una placa polideportiva y la adecuación de un terreno comunitario para desarrollar actividades agrícolas para los pobladores de la vereda Piedras Blancas; también construyeron una escuela en la vereda El Porvenir e hicieron obras de mejoramiento de la institución educativa de la vereda La Quiebra, del municipio de San Francisco. Así mismo, se adecuó la Casa del Abuelo del corregimiento La Danta.
Tres obras más reportadas a la Fiscalía llaman la atención: la primera de ellas es la construcción del centro de salud del corregimiento, en el que se invirtieron 750 millones de pesos, de los cuales el frente paramilitar puso 330 millones. Los 420 millones restantes los colocó la comunidad a través de actividades sociales como bingos, actividades deportivas y fiestas culturas, así como a través de peticiones por parte de la junta administradora local a la empresa privada. "No es un secreto para nadie que los paramilitares construyeron ese centro de salud", dijo una persona conocedora en Sonsón, en cuya jurisdicción está el corregimiento La Danta.
Las dos obras restantes reportadas como construidas por orden de alias ‘MacGuiver’ son una plaza de toros, en la que se invirtieron 65 millones de pesos, y un estadio con pista atlética, graderías, parqueaderos e iluminación, que le significó a los paramilitares una inversión de 720 millones de pesos.
Su posición estratégica lo hizo atractivo para los grupos armados ilegales. En él hicieron presencia comandos de las guerrillas de las Farc y el Eln, pero después de 1994, cuando llegó allí el Frente José Luis Zuluaga de las ACMM, la relación de poder cambió y los paramilitares hicieron de este caserío su santuario, y se convirtieron en un Estado paralelo que combinó "los proyectos sociales" con mecanismos de terror que acabaron con la vida de cientos de personas que de alguna u otra forma se le atravesaron en sus negocios o sus planes de dominio. Su justificación era que estaban matando guerrilleros.
13 de septiembre de 2011
5 de septiembre de 2011
cc verdad abierta

para quién es el cortijo


El Cortijo: ¿para las víctimas o para el papá de Mancuso? Una finca a nombre de Salvatore Mancuso está en disputa. El papá del ex jefe paramilitar asegura que es suya, mientras la Fiscalía exige que sea para reparar a las víctimas. La Corte decidirá.
Colombia. La Corte Suprema será quien tenga la última palabra sobre El Cortijo, una finca ubicada en Córdoba que tiene dos reclamantes: Salvatore Mancuso D’Angiolela, el papá del ex jefe paramilitar Salvatore Mancuso Gómez; y la Subunidad de Bienes de Justicia y Paz, la unidad especializada de la Fiscalía que investiga los bienes de los paramilitares para reparar a las víctimas.
La disputa por El Cortijo data desde hace cinco años, pero volvió a los estrados judiciales en agosto de 2011. Después de pasar por varias instancias y cuando la Fiscalía esperaba un fallo a favor, una magistrada de Justicia y Paz en Bucaramanga los sorprendió con la decisión. Después de escuchar a las partes, le dio la razón al papá de Mancuso y anuló la medida de protección que había sobre El Cortijo. La Fiscalía apeló y el caso quedó de nuevo en suspenso mientras la Corte, que es máxima autoridad, tome una decisión.
VerdadAbierta.com cuenta paso a paso cómo una finca que era para Reforma Agraria, con destino a campesinos sin tierra, terminó a nombre del ex jefe paramilitar del Bloque Catatumbo que, según registros de Justicia y Paz, dejó 70.000 víctimas en el nororiente del país. También cuáles han sido las reclamaciones sobre el predio y cuáles son los argumentos de las partes.

La Permuta
El 22 de abril de 1983 el Instituto Colombiano de Reforma Agraria, Incora, le adjudicó El Cortijo 1 Parcela 2 a un campesino que no tenía tierra. A cambio de recibir el título, el campesino se comprometía a explotar la tierra durante 15 años y a pagarle al Estado durante este mismo tiempo un crédito como precio simbólico por esa tierra que le adjudicaron.
La parcela tiene 13,75 hectáreas y está ubicada en la vereda Los Pericos, en zona rural de Montería en la vía que comunica a la capital de Córdoba con el municipio de Planeta Rica. Según lo documentó la Fiscalía, el campesino no pudo pagar el crédito y en lugar de llegar a un acuerdo con el Estado accedió a una permuta que le ofreció Salvatore Mancuso D’Angiolela. "El señor se enamoró de El Cortijo y le propuso al campesino que le diera esa finca a cambio de un terreno y unas bestias en otra zona", dijo un investigador que estudió el caso.
Sin embargo, como lo establece la Reforma Agraria, el campesino no podía hacer un trueque de la finca y por eso el 31 de enero de 1986, pese a que Mancuso padre ya vivía en el predio, el Incora emitió una resolución de caducidad administrativa. Es decir, anuló la adjudicación de 1983 y el predio pasó a ser bien fiscal o de la Nación.
"Pero el señor Mancuso D’Angiolela seguía insistiendo en el predio y le pidió al Incora que se lo adjudicara. Sin embargo, uno de los requisitos para ser beneficiario de Reforma Agraria es tener nacionalidad colombiana, y el señor es italiano. Todo indica que el señor buscó a un hijo que sí tenía la nacionalidad y que era técnico agrario", contó el investigador.
Así el 11 de junio de 1991 el Incora le adjudicó El Cortijo a Salvatore Mancuso Gómez, quien para entonces tenía 27 años y había estudiado administración agropecuaria. Mancuso ingresó a la ilegalidad a finales de la década de 1990 cuando se volvió cómplice de los hermanos Carlos y Vicente Castaño que, como su familia, tenían tierras ganaderas en Córdoba. La Casa Castaño lo encargó del ala militar de las Auc y de combatir el Eln en el Catatumbo, el Nudo de Paramillo y el Sur de Bolívar.
A finales de 1997 un fiscal de la Unidad de Derechos Humanos de Cúcuta emitió una orden de captura contra Mancuso, por los crímenes ocurridos en la región. El 31 de diciembre de 1997 Mancuso comenzó el trámite para transferirle El Cortijo a su padre y lo hizo ante la Notaría 1 de Montería. Sin embargo, el ex jefe paramilitar ni la familia nunca registraron esa escritura en la Oficina de Instrumentos Públicos, como lo estipula la Ley para que la propiedad quedara en firme. Desde 1991, entonces, el predio sigue siendo de Mancuso hijo.

Mancuso en Justicia y Paz
El 10 de diciembre de 2004 Salvatore Mancuso participó en la desmovilización del grupo paramilitar que delinquió desde 1999 en el Catatumbo, una rica región con relieve montañoso y selvático al nororiente del país, donde los paramilitares asesinaron a 5.700 personas y desplazaron a otras 40.000, según el estudio ‘Tantas vidas arrebatadas’ de la Fundación Progresar.
Antes de ser extraditado a Estados Unidos por cargos de narcotráfico, el 17 de mayo de 2007 Salvatore Mancuso confesó ante un fiscal de Justicia y Paz los bienes, adquiridos legal e ilegalmente, que estaban bajo su nombre. Ese día ofreció para reparar a las víctimas por lo menos 20 propiedades, entre ellas una isla, pero hizo claridad en que no ofrecía El Cortijo. "Está con mi nombre pero no es mío", dijo en la audiencia.
Ese día Mancuso anunció que sobre El Cortijo cursaba un proceso de pertenencia, es decir, que alguien lo estaba reclamando. Ese alguien era su padre, quien el 26 de enero de 2007 lo había demandado. El tipo de demanda que presentó el padre de Mancuso argumentaba ‘prescripción adquisitiva de dominio’, es decir, que debían declararlo dueño del predio porque llevaba viviendo allí los 20 años que estipula la Ley.
El 8 de marzo de 2007 Mancuso hijo fue notificado de la demanda y el 12 de junio del mismo año, en una respuesta favorable hacia su padre, dijo que pese a que su nombre aparecía en los papeles de la finca, en Montería sabían que su papá era el propietario. Para que la justicia corroborara eso, el ex jefe paramilitar solicitó que se practicaran varias pruebas para que la justicia tuviera certeza sobre lo que solicitaba la demanda. La justicia no practicó las pruebas señalando que esta petición debía ser personal y Mancuso estaba preso.
En junio de 2007, una vez el ex jefe paramilitar mencionó el listado de propiedades a su nombre, un magistrado de Justicia y Paz decretó una medida cautelar de embargo sobre estos bienes, entre ellos, El Cortijo. En otras palabras, los bienes de Mancuso fueron protegidos y embargados para entregarlos al Fondo de Reparación de Víctimas.

‘Ping-pong Judicial’
Pese a la medida cautelar y el embargo, el papá de Mancuso siguió insistiendo. Con base en la demanda que había presentado en junio de 2007, en la que argumentaba posesión por 20 años, solicitó al Juzgado Segundo Civil del Circuito de Montería que lo declarara propietario. El 16 de febrero de 2010 un juez de ese circuito le dio la razón y profirió sentencia a su favor sin tener en cuenta que el predio estaba protegido.
Con la sentencia a favor Mancuso padre aún no podía registrar El Cortijo como suyo. Para registrarlo en la Oficina de Instrumentos Públicos, necesitaba que a la finca le levantaran la medida de protección y el embargo. Así el caso volvió a los tribunales en Barranquilla, donde se llevan los juicios de los paramilitares que delinquieron en la Costa Atlántica y el nororiente del país, y en abril de 2010 un magistrado negó que se levantara la medida cautelar.
Mancuso padre apeló esta decisión y el caso pasó a la Corte Suprema. En octubre de 2010 el Alto Tribunal consideró que el magistrado no estudió la pretensión del padre de Mancuso y se limitó a "fallar conforme a la Ley" pero desconociendo lo que la Ley establece respecto a la participación de terceros en el proceso de Justicia y Paz, en este caso, el padre de Mancuso.
La Corte devolvió el proceso nuevamente al magistrado, señalando que debía escuchar los argumentos y recibir las pruebas. Tras la descentralización de la Unidad de Justicia y Paz y el nombramiento de magistrados especializados en otras ciudades del país, el caso fue presentado en los Tribunales de Santander donde ahora se lleva el juicio contra Mancuso.
En agosto de 2011 la magistrada de Justicia y Paz en esa ciudad escuchó a las partes y en su decisión levantó la medida de protección que había sobre la finca. La Subunidad de Bienes de la Fiscalía apeló la decisión y de nuevo, el caso fue llevado a la Corte Suprema. Eso significa que El Cortijo seguirá en manos del Fondo de Reparación de las Víctimas y no podrá ser negociado.

Los Argumentos
En los alegatos presentados ante las diferentes instancias judiciales, Mancuso padre argumenta que tiene posesión desde 1986 cuando negoció la tierra con el campesino beneficiario de El Cortijo. Que no pudo tener el título porque el Incora le dijo que era extranjero y que por eso acudió a su hijo que tenía estudios en agronomía y administraba la finca de su esposa.
Mancuso padre hace cuentas y asegura que en su caso sí funciona la prescripción adquisitiva de dominio, es decir, que se le debe declarar dueño porque la Ley otorga dominio cuando alguien acredita 20 años de posesión. En sus cálculos, teniendo en cuenta que presentó la demanda en 2007, hay precisamente 20 años contando desde 1986 cuando negoció con el campesino.
En la versión libre, Salvatore Mancuso explicó que incluyó a El Cortijo en el listado de sus bienes porque no quería ocultar nada pero insistió, como lo hizo en respuesta a la demanda, que su padre era el dueño real de la finca.
Pero otros son los argumentos de la Subunidad de Bienes de Justicia y Paz. Para la Fiscalía, el "Incora actuó de forma irregular" cuando autorizó que Mancuso Gómez transfiriera el dominio de la finca El Cortijo a su padre sin haberla explotado durante 15 años, como lo estipula la Ley.
Además considera que Mancuso padre no tiene derecho a la propiedad por "prescripción adquisitiva de dominio" porque ésta solo se acredita cuando la posesión es ininterrumpida durante 20 años. Y según constan los documentos del Incora, Mancuso padre no fue poseedor legal entre 1986 y 1991, porque durante ese período el Incora emitió una resolución de caducidad y el bien pasó a ser de propiedad de la Nación. Solo hasta 1991, con la nueva adjudicación, el predio tuvo un nuevo propietario que es Mancuso hijo.
Según las cuentas de la Fiscalía, si Mancuso padre interpuso una demanda en 2007 y argumenta posesión desde 1986 no lo puede hacer. Porque en realidad solo puede acreditar 16 años (entre 1991, fecha de la adjudicación a su hijo, y 2007 fecha de la demanda).
A partir de esto, la Fiscalía solicitó una compulsa de copias para investigar al Juez Segundo del Circuito de Montería, por considerar que actuó de forma irregular al proferir sentencia a favor de Mancuso padre sin que éste cumpliera los requisitos de Ley. Es decir, los 20 años de posesión.
Después de cinco años en los estrados judiciales, la Corte será quien determine si El Cortijo terminará en las manos del padre de Mancuso o de las víctimas del conflicto armado.
13 de septiembre de 2011
5 de septiembre de 2011
cc verdad abierta

derecho al anonimato


En noviembre, la Corte Suprema oirá los alegatos en un caso que podría redefinir el alcance de la noción de privacidad en una época de crecientes y omnipresentes tecnologías de vigilancia, como los dispositivos GPS y el software de reconocimiento facial.
[Jeffrey Rosen] El caso, Estados Unidos contra Jones, gira sobre un dispositivo GPS que la policía, sin una orden judicial válida, instaló en el coche de un sospechoso de tráfico de drogas en Washington D.C. Seguidamente la policía rastreó sus desplazamientos durante un mes y utilizó la información para un juicio en que fue condenado por conspiración para vender cocaína. La pregunta que debe responder la corte es si este procedimiento violó o no la Cuarta Enmienda de la Constitución, que prohíbe los registros e incautaciones irrazonables de nuestras "personas, casas, documentos y enseres."
Es imperativo que la corte lo crea así. De otro modo los estadounidenses ya no podrán contar con el mismo grado de anonimato en espacios públicos de que han gozado legítimamente desde la época de la fundación del país.
Dos cortes de apelaciones federales han defendido el uso de dispositivos GPS sin orden judicial en casos similares, argumentando que cuando estamos en lugares públicos no podemos esperar que se resguarde nuestra privacidad y que las tecnologías de seguimiento sólo hacen más fácil y efectiva las labores de vigilancia pública.
Pero en un visionario escrito de agosto de 2010, el juez Douglas H. Ginsburg, de la Corte de Apelaciones del Distrito del Circuito de Columbia rechazó el alegato. Ninguna persona razonable -argumentó- espera que sus desplazamientos en espacios públicos sean rastreados veinticuatro horas al día, siete días a la semana, y por eso tenemos el derecho a esperar que se resguarde nuestra privacidad en todos nuestros desplazamientos públicos.
"A diferencia de los desplazamientos de uno en un solo día", escribió el juez Ginsburg, "el total de nuestros desplazamientos en el transcurso de un mes en realidad no están expuestos al público porque la probabilidad de que alguien observe todos esos desplazamientos es igual a cero."
El juez Ginsburg se dio cuenta de que, en la práctica, la vigilancia total durante un mes es imposible sin tecnologías modernas como el dispositivo GPS, y por ello es cualitativamente diferente de la vigilancia pública tecnológicamente más limitada que la Corte Suprema ha defendido en el pasado (como usar un beeper para ayudar a la policía a seguir a un coche durante un trayecto de 160 kilómetros).
El caso en la Corte Suprema es una apelación contra la opinión del juez Ginsburg. Si la corte rechaza su lógica y toma partido por los que sostienen que no debemos esperar que se resguarde la privacidad de nuestros desplazamientos en espacios públicos, es probable que la vigilancia se amplíe y transforme radicalmente nuestra experiencia tanto de los espacios públicos como de los virtuales.
Porque lo que está en juego en el caso en la Corte Suprema es más que simplemente el futuro de los seguimientos con GPS: también existe la vigilancia online. Facebook, por ejemplo, anunció en junio que implementaría una tecnología de reconocimiento facial que escanea las fotos en su base de datos y sugiere automáticamente identificaciones que asocian cada rostro con un nombre. (Después de la conmoción pública, Facebook dijo que los usuarios podrían optar por no utilizar el sistema de reconocimiento.) Con la ayuda de este tipo de clasificación de fotos, funcionarios policiales podrían subir una foto a Facebook, digamos de un manifestante antiguerra anónimo, e identificarlo.
También existe el fantasma de la vigilancia por video. En 2008, en un congreso de Google sobre el futuro de la ley y la tecnología, Andrew McLaughlin, entonces director de políticas públicas en Google, dijo que en algunos años agencias públicas y compañías privadas pedirán a Google subir transmisiones en vivo de cámaras de vigilancia públicas y privadas de todo el mundo. Si las transmisiones fueran conectadas y archivadas, cualquiera con un buscador sería capaz de pulsar sobre la imagen de alguien en cualquier calle vigilada y seguirlo en sus desplazamientos.
Para conservar nuestro derecho a algún grado de anonimato en público no podemos confiar solamente en los tribunales. Felizmente, quince estados han implementado leyes que imponen sanciones penales y civiles por el uso de dispositivos de seguimiento electrónico y restringen su uso sin una orden judicial. Y, en junio, el senador demócrata Ron Wyden, de Oregón, y el representante republicano Jason Chaffetz, de Utah, presentaron un proyecto de Ley de Privacidad y Vigilancia Geolocal, que ofrecerá protección federal contra la vigilancia pública.
La ley requerirá que el gobierno obtenga una orden judicial antes de adquirir información geolocalizada sobre un ciudadano estadounidense o un extranjero que reside legalmente en el país; impondrá sanciones penales por el uso secreto de dispositivos electrónicos para trazar los desplazamientos de alguien y prohibirá que los proveedores de servicios comerciales compartan información geolocal sobre sus clientes sin el consentimiento previo de estos -una restricción necesaria en momentos en que las compañías privadas recurren crecientemente al rastro de celulares.
Es alentador que tanto demócratas como republicanos en el Congreso se unan para defender las expectativas de resguardo del anonimato en espacios públicos que los estadounidenses han dado por sentado durante tanto tiempo. Pronto, jueces liberales y conservadores de la Corte Suprema tendrán la oportunidad de enfrentarse al mismo reto.
Si no están a la altura de las circunstancias, nuestra vida pública podría transformarse de maneras que sólo podemos empezar a imaginar.
[El autor es profesor de derecho en la Universidad George Washington y compilador de un libro de próxima aparición, ‘Constitution 3.0: Freedom and Technological Change.’]
13 de septiembre de 2011
12 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

aceleran juicio político de romano


El proceso para destituir al juez Romano podría comenzar en octubre y concluir antes de fin de año. El jury se reunió para analizar cómo avanzar con el enjuiciamiento al camarista mendocino que huyó a Chile. Mientras, el juez Bento evalúa pedir la captura internacional de Romano por delitos de lesa humanidad. Para la fiscalía, perdió la inmunidad de arresto.
[Irina Hauser] Argentina. El Jurado de Enjuiciamiento se reunió ayer para encaminar los trámites del juicio político al camarista mendocino Otilio Romano, que huyó a Chile el 24 de agosto pasado, un día antes de terminar suspendido en su cargo por haber actuado como fiscal y juez subrogante en complicidad con el terrorismo de Estado. Los integrantes del jury hicieron cálculos para acelerar el enjuiciamiento respetando todos los pasos y plazos y estimaron que podría comenzar entre fines de octubre y noviembre. Las audiencias se pueden hacer en ausencia del acusado. Mientras tanto, el juez Walter Bento analiza –en función de un planteo del fiscal Omar Palermo– la posibilidad de pedir la captura internacional y detención de Romano en la causa en la que está procesado como partícipe primario en 103 casos de secuestros, torturas, desapariciones y otros delitos de lesa humanidad.
Todo indicaría que el dilema del juez Bento pasa por un punto: si Romano tiene o no inmunidad de arresto. Para que pierda formalmente su cargo tiene que destituirlo el jury de enjuiciamiento, y para eso habrá que esperar todavía algunas semanas. Sin embargo, el fiscal Palermo considera que ya no goza de la protección de los fueros y por eso pidió su captura y detención en un dictamen de catorce páginas. Sostuvo que la "inmunidad de arresto" es "una protección a la función judicial", pero "en modo alguno puede blindar de impunidad a la persona del funcionario". Señaló que la suspensión de Romano y las pruebas en la causa penal muestran que con su fuga "está eludiendo la acción de la Justicia". "La inmunidad –sostiene el fiscal– ya no protege a la función que ha sido abandonada por el propio enjuiciado" y "se está volviendo el instrumento garantizador de la impunidad" frente a los delitos de lesa humanidad que se le atribuyen.
Apurar el paso del jurado de enjuiciamiento despejaría un punto de discusión, si es que el proceso terminara, como se perfila, en la destitución. Por ahora, la situación real es que Romano tiene ocho meses de visa transitoria para estar en Chile, mientras el gobierno vecino analiza si le da el asilo político que pidió. Ayer tenía la posibilidad de presentarse a dar argumentos ante la Comisión de Reconocimiento de la Condición de Refugiado, pero no lo hizo. El presidente de la Corte Suprema chilena, Milton Juica, dijo ayer que si bien hay un mecanismo político ante pedidos de refugio, "también hay un mecanismo jurisdiccional si las autoridades judiciales argentinas requieren a los tribunales chilenos para el pedido de extradición correspondiente". Es decir, el juicio de extradición se hará sólo cuando haya un pedido de algún juez argentino y de todos modos podría llevar varios meses.
"La importancia de que el juez Bento pida la captura y detención es que eso garantiza dos cosas: que Romano se queda sin refugio, porque Chile debe aplicar las convenciones contra la tortura, las desapariciones forzadas y de refugiados, que excluyen de ese beneficio a los acusados de crímenes de lesa humanidad. Pero además, aunque demore la extradición, podría quedar detenido en territorio chileno", le dijo a Página/12 el abogado Pablo Salinas, del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos de Mendoza, impulsor de las causas contra el camarista suspendido.
Bento le pidió ayer al Consejo de la Magistratura que le notifique en forma oficial la situación de Romano. Enseguida le contestaron que está suspendido y se debe sustanciar el juicio político. Una de las variantes que analiza el magistrado es exigir a Romano su inmediata comparecencia en la causa. En despachos judiciales mendocinos y organismos de derechos humanos temen que si nadie pide su captura, escape de Chile a otra parte.
En la reunión de ayer, el jury, que preside la jueza tucumana Alicia Noli, pasó en limpio la situación y calculó cuál sería la fecha más próxima en que podrían comenzar las audiencias. Como Romano no se presentó ni puso abogados, le asignaron una defensora oficial, Fabiana León. Le notificaron la acusación y tiene diez días para contestar, que se cumplen la semana próxima. Luego hay 15 días para la producción de pruebas y luego un mes para las partes. A menos que alguien desista de algún paso, es difícil que el proceso comience antes de noviembre. El jurado, de todos modos, apuesta a dictar sentencia antes de fin de año. Si Romano no es expulsado de Chile ni vuelve al país, León lo representará en el juicio político.
En el Congreso, los diputados Diana Conti, Remo Carlotto y Adela Segura presentaron un proyecto para repudiar la fuga de Romano. En el texto dicen que es "indispensable que Chile devuelva a Romano" para juzgarlo. En Mendoza, presentó un proyecto de repudio el diputado justicialista Gustavo Arenas.
13 de septiembre de 2011
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persiguen a activistas en segovia


La persecución contra defensores de DDHH en Segovia. Dos líderes del Comité de DD.HH de esta población de Antioquia cuentan cómo tanto miembros de la fuerza pública, como paramilitares persiguieron con saña a su organización hasta silenciarla.
Colombia. Más de veinte años después, los pocos sobrevivientes que dejó el exterminio contra el Comité de Derechos Humanos de Segovia aún temen regresar.  Sienten que la sangrienta persecución desatada en su contra durante la década del noventa aún no ha terminado.
"No regresamos porque no tenemos seguridad de ninguna naturaleza", afirma Teresa, quien se exilió con José*. Ellos son activistas del Comité de Derechos Humanos de la población en el Nordeste antioqueño. Miembros de la fuerza pública, en complicidad con sicarios y paramilitares, acosaron con asesinatos y atentados permanentes a esta organización entre los años 1999 y 2000. Ellos coinciden en que como tienen denuncias directas contra oficiales, no se sienten seguros de regresar a su pueblo. Allí ya no están los paramilitares de antes, con sus campamentos, pero como dice uno de estos activistas "hay una prolongación de esos poderes que sigue asesinando".
El Comité fue estigmatizado como guerrillero, y por eso muchos de sus integrantes fueron asesinados, desaparecidos y otros se vieron obligados a abandonar sus familias y huir de la región. Teresa y José,  dos de esos sobrevivientes, todavía con  muchas prevenciones, se atrevieron a narrar lo ocurrido.
"El Comité de Derechos Humanos de Segovia nació después de la masacre del 11 de noviembre de 1988", cuenta Teresa. Este dejó a 43 personas muertas y a 53 más heridas. Fue perpetrada por paramilitares del MRN (Muerte a Revolucionarios del Nordeste) al mando de Fidel Castaño y apoyada por miembros del Ejército y la Policía. Actualmente la justicia investiga si el ex congresista y ex diputado por el partido Liberal César Pérez García, quien se encuentra en prisión, fue autor intelectual de ese crimen.
"Luego de la masacre, la represión contra la población fue muy dura. La Unión Patriótica tenía mucho respaldo en la zona, no sólo en Segovia, también en Remedios y Zaragoza –continúa Teresa –. Por esa razón, cualquier poblador de esos municipios era considerado guerrillero. Al pasar por un retén militar no podíamos decir que éramos de esos municipios. Si la cédula era de alguno de esos lugares era un indicio de que se pertenecía a la UP. Eso fue una estigmatización muy fuerte".
Esa situación llevó a Estelia Manjarres, una monja de la comunidad de las Hermanas Carmelitas, a convocar a un grupo de profesores, dirigentes sociales, líderes sindicales, trabajadores comunitarios, comerciantes y funcionarios públicos a trabajar por la defensa de los derechos humanos de Segovia.
"La hermana Estelia vivía muy preocupada por los problemas de pobreza, exclusión y miseria que vivía Segovia, a pesar de ser un pueblo rico en oro y  donde circulaba mucho dinero. Pero también le inquietaba el conflicto armado, entonces nos invitó a conformar el Comité de Derechos Humanos", relata José.
Inicialmente, el Comité acompañó a las comunidades campesinas más vulnerables. Entre los años 1989 y 1990, los activistas se concentraron en ese tipo de actividades. "Éramos muy asistencialistas –agrega José— pero de la noche a la mañana, y sin mayores explicaciones, la comunidad Carmelita trasladó a la hermana Estelia, entonces entramos en un receso mientras nos reorganizábamos".
Del receso, que duró cerca de seis meses, los sacó una serie de asesinatos cometidos en la zona de tolerancia de Segovia. Para esa época, varios docentes comenzaron a liderar el Comité. "Lo reactivamos cinco personas con una visión menos asistencialista, y más de denuncia. Empezamos también a recibir asesoría y capacitación de algunas organizaciones no gubernamentales de Medellín y Bogotá", dice José.
En 1990 llegó a la zona la primera brigada móvil del Ejército, y a finales de 1991, llegó la segunda. Ambas tenían la tarea de vigilar las obras de construcción del Oleoducto de Colombia, que atravesaba varios municipios del Nordeste y del Bajo Cauca, y perseguir a los altos mandos del Eln quienes, según ellos suponían, transitaban por esas zonas hacia el Magdalena Medio. Los batallones Bomboná, Contraguerrilla 47 Héroes de Tacines y Palagua, así con el Comando Operativo 9, apoyaron sus labores.
Durante el desarrollo de las obras del oleoducto la guerrilla hostigó el Ejército. Esto llevó a los militares a detener arbitrariamente a los líderes campesinos. "A muchos de ellos se les aisló y se les impidió que fueran asistidos por abogados", dice José.
Teresa cuenta que las comunidades, en especial los niños, le tenían pavor al Ejército. "De hecho, cuando la tropa entraba a las veredas, las comunidades de inmediato se desplazaban al casco urbano y solo regresaban cuando los soldados salían de ellas. De ese tamaño era el miedo".
Según los registros del Comité, se presentaron violaciones de mujeres, golpizas, destrucción de las juntas de acción comunal por encarcelamiento, asesinato y desaparición de dirigentes comunales acusados de guerrilleros. "Esas circunstancias nos llevaron a dedicarnos a la denuncia. En respuesta, los oficiales de esa brigada comenzaron a cuestionar nuestro trabajo", asegura Teresa.
A comienzos de la década del noventa la situación en el Nordeste antioqueño era de constante agitación. Las distintas organizaciones sociales convocaban a paros cívicos, movilizaciones y foros de deliberación pública sobre la situación de derechos humanos. En esos movimientos participaban por igual campesinos, indígenas de la etnia Embera-Chamí y simpatizantes de la UP, que reclamaban del Estado mayor atención sobre un territorio que concentra grandes yacimientos de oro.
"Nosotros, desde el Comité, acompañábamos todas esas iniciativas –afirma Teresa –y por eso los de las fuerza pública comenzaron a señalarnos. Decían que nos tenían que quitar de encima porque no los íbamos a dejar trabajar. Esos eran los comentarios que hacían los militares. Y había mucha vigilancia sobre todos nosotros".
El año de 1992 es recordado por los sobrevivientes del Comité por dos circunstancias paradójicas: de un lado, es el año en que la Alcaldía de Segovia les reconoce su existencia como organización ciudadana defensora de derechos humanos; de otro, es el año en el que surgieron las Autodefensas del Nordeste Antioqueño (ANA), una organización armada ilegal. La ANA aterrorizaba a todo el mundo presumiendo que tenía apoyo del Ejército, de la Policía, de las compañías mineras de la región y del MAS (Muerte de Secuestradores) del Magdalena Medio. "La idea era intimidar a todos simpatizantes de la UP y a los que hacían parte de los movimientos sociales", dice José.
Pese a esas circunstancias tan adversas, el Comité de Derechos Humanos de Segovia no detuvo sus labores. "Repartíamos las denuncias concretas en documentos y pequeños boletines en todo el pueblo", añade el defensor de derechos humanos.  
La persistencia en esos trabajos los llevó a buscar alternativas subregionales para darle mayor peso al trabajo que venían haciendo en Segovia. Fue así como se realizó en 1993 el Primer Foro por los Derechos Humanos del Nordeste Antioqueño en el municipio de Remedios.
Según Teresa y José fue todo un éxito. "Concluimos que era fundamental constituir el Comité de Derechos Humanos del Nordeste y Bajo Cauca –dice Teresa—. Se determinó que la sede sería Remedios y sus coordinadores serían Vicente Peña Pacheco, Personero de esa localidad, y Jesús Ramiro Zapata, educador de Segovia. De allí salimos fortalecidos".
La decisión de los activistas de derechos humanos de regionalizar el Comité produjo, según ellos, una reacción airada por parte de la fuerza pública. "Ese año comenzaron a hacernos inteligencia y a involucrarnos en procesos judiciales como insurgentes. Nos pusieron alias y muchos estábamos en listas. En ellas estaban el Alcalde de Segovia, una juez de familia y varias personalidades del pueblo, todos sindicados de pertenecer a las Farc y al Eln", asegura Teresa.
A la par de las persecuciones de la Fuerza Pública contra los integrantes del Comité, surgió un grupo que reemplazó a ANA. Se trató de ‘Fuerza del Pueblo en Acción’. Apareció en mayo de 1993 en Segovia con grafitis, pero no duró mucho tiempo. Se les sindica de algunos crímenes, pero ninguno contra defensores de derechos humanos.
Los años siguientes se convirtieron en una pesadilla para el Comité. En 1994 arreciaron las amenazas y las detenciones contra sus integrantes, circulaban listas donde estaban incluidas sus directivas. "Todo eso fue orquestado por un capitán de la Policía llamado Juan Vargas –sostiene Teresa–. Él murió varios años después cuando se había integrado a grupos paramilitares".
En mayo de 1994 se pasó de las intimidaciones a los hechos: asesinaron al primer integrante del Comité, Andrés Posada, un líder sindical minero de la Frontino Gold Mines. Los directivos del Comité salieron huyendo a Bogotá y a Medellín.
Pero no sólo los activistas de Segovia estaban siendo sometidos a esa presión. El hostigamiento a las personas que se vinculaban a los movimientos sociales en el Nordeste también se estaba dando en el municipio de Amalfi, cuna de los hermanos Castaño Gil, fundadores de las Autodefensas Campesinas de Córdoba de y Urabá (Accu).
"Allí también la emprendieron de manera selectiva contra todo aquel que perteneciera a los movimientos sociales. Muchos, temerosos, se volaron por potreros, y fueron a dar a Remedios y Vegachí. De ahí se fueron hacia Medellín", relata José y luego explica que  comenzaron a perseguir a los activistas de El Bagre y Zaragoza. "Estaban haciendo una tenaza contra Segovia y Remedios".
No obstante esa situación, el Comité por los Derechos Humanos del Nordeste y Bajo Cauca decidió hacer en junio de 1994 el segundo foro y seleccionaron a El Bagre como sitio de encuentro. Lo llamaron "Por Vida, Paz y Dignidad". De acuerdo con José, hacerlo allí fue un error.
"Ese municipio estaba bajo control armado del paramilitarismo. Éramos conscientes de ello. Ese paramilitarismo venía de Caucasia. La gente fue con mucho temor de denunciar. Allí vimos las debilidades del Comité y aceptamos que no funcionó", admite este activista. "Para finales de 1994, no había Comité subregional, así como tampoco movimientos sociales en Amalfi, El Bagre y Zaragoza. Los derrotaron con la intimidación, las amenazas y los asesinatos".
Pero en Segovia querían persistir en la defensa de los derechos humanos y continuaron en su labor de denunciar los atropellos militares y policiales y de grupos armados ilegales contra las comunidades campesinas. Con ese ánimo iniciaron el año 1995, pero muy rápido fueron entendiendo que las circunstancias empeorarían. Ese año se presentaron los primeros crímenes en Remedios.
De acuerdo con José, en julio de 1995 hizo aparición en Segovia el grupo ‘Muerte a Comunistas y Guerrilleros’ (Macogue), una organización paramilitar que venía operando desde años atrás en diversas regiones del país y que se atribuyó el asesinato del senador Manuel Cepeda Vargas, ocurrido el 10 de agosto de 1994 en Bogotá.
El primero en recibir amenazas directas de Macogue fue el sacerdote Jorge Mira. Según los activistas entrevistados, el mensaje era claro: "En el cementerio iban a faltar tumbas y en el hospital camas para toda la gente que tendrían que recibir". Esas intimidaciones se concretaron el 22 de abril de 1996, cuando un comando paramilitar irrumpió en las calles de los barrios El Tigrito y La Paz, de Segovia, y asesinó a 15 personas, desapareció a dos más y dejó otras 15 heridas.
En esa ocasión, las investigaciones contra los autores materiales condujeron a la vinculación al proceso penal del capitán del Ejército Rodrigo Cañas Forero, adscrito al Batallón Bomboná. De acuerdo con diversos testigos, el oficial facilitó el transporte del grupo armado desde el aeropuerto de Otú, en Remedios. El capitán Cañas fue capturado en Medellín el 7 de mayo de 1996. Inicialmente fue absuelto por un Juez Regional de Medellín, pero el fallo fue apelado y el 30 de junio de 1999 fue condenado a 50 años de prisión por el Tribunal Nacional.
Después de esta masacre, el 10 de mayo de 1996, el entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez declaró a Segovia y Remedios como Zona Especial de Orden Público. "A finales de 1996 corría el rumor en Segovia de que un nuevo grupo paramilitar empezaría a operar desde el 20 de diciembre de ese año y que tenía en la mira a muchos activistas de derechos humanos –narra José—. Pero realmente empezó a operar en Segovia el 2 de enero de 1997".
Tanto José como Teresa recuerdan que dos días antes, el 31 de diciembre de 1996, el gobernador Uribe Vélez estuvo en la sede del Batallón Bomboná durante buena parte de la tarde. Cerca de esa guarnición militar estaba el barrio El Tigrito, donde se había ubicado el campamento del nuevo grupo paramilitar, el Grupo de Autodefensas del Nordeste (GAN), cuyo logo era una escoba.
El primer homicidio cometido por el GAN fue el de Isaías Gil, un campesino de la vereda Platanares, quien hacía parte del Comité. También asesinaron a los activistas Jaime Ortiz Londoño, Nazareno Rivera, Margarita Guzmán Restrepo y Luis Alberto Lopera Múnera. Se calcula que entre enero y septiembre, cuando fue desmantelado ese grupo, perpetraron 247 homicidios contra pobladores de Segovia y Remedios. "Muchos de los asesinados tenían una característica en común: habían sido detenidos por los militares en el pasado", explica José.
Esta cantidad de homicidios del GAN preocupó a las autoridades regionales y nacionales, así como a las organizaciones defensoras de derechos humanos y exigieron resultados concretos contra los homicidas. "Lo que se dio fue un montaje para desmantelarlo, afirma José. Según él, reclutaron a unos jóvenes días antes y los hicieron aparecer como los autores de los asesinatos. "A quienes realmente participaron en los asesinatos no los cogieron y huyeron,  pero lo que supimos después es que fueron asesinados de manera selectiva en Medellín", dice José.
Asegura este activista que los integrantes de ANA, Macogue y GAN eran sicarios de bandas de delincuentes de Medellín, y algunos ex guerrilleros y ex policías, todos prestándole un servicio clandestino a la fuerza Pública.
En 1998, una cierta calma se comenzó a vivir en Segovia. Los líderes desplazados retornaron, entre ellos, Jesús Ramiro Zapata. Pero ya no tenían la misma fuerza con la que habían iniciado en 1989. Estaban golpeados por las muertes de sus amigos y aún se sentía la presión, pues seguían vinculados a procesos penales.
Esa relativa tranquilidad se rompió a comienzos del año 2000, cuando llegó a la subregión del Nordeste antioqueño el Bloque Metro de las ACCU, liderado por Carlos Mauricio García Fernández, alias ‘Doblecero’, que buscaba ampliar su radio de terror a buena parte de esa zona minera. Se inició entonces otra fase de exterminio. Jesús Ramiro Zapata fue asesinado el 3 de mayo.
Fue la primera acción de las ACCU y el último crimen contra Comité de Derechos Humanos de Segovia. "En una reunión que tuvieron los educadores con los paramilitares una de las docentes se atrevió a pedir una explicación de ese asesinato y el jefe paramilitar de la zona, un ex guerrillero identificado como Cesar Alberto Restrepo, le dijo que sólo cumplía órdenes", cuenta José.
A partir de ese momento, el Comité se quedó con unos cuantos integrantes, todos ellos escondidos en Medellín. "Los que se quedaron en Segovia, sindicalistas, maestros y defensores de derechos humanos,  tuvieron que hablar con los hombres del Bloque Metro y en esas reuniones, les advertían que se tenían que quedar "quietos" y así lo hicieron", reconoce José.  
El exterminio fue de tal magnitud que sus efectos se sienten aún hoy. Quienes sobrevivieron no se atreven a regresar.
"No tenemos seguridad de ninguna naturaleza, no confiamos en la fuerza pública, y tampoco hay condiciones ni en Segovia, ni en Remedios, ni en el Nordeste, para desarrollar un trabajo de derechos humanos, de reorganización del tejido social. Todo fue exterminado, todas las expresiones del movimiento social fueron aniquiladas", asegura José.
"Siempre se ha dicho que la masacre de 1988 fue una retaliación contra la UP –dice Teresa—. Eso tiene algo de cierto, pero no del todo. Lo que se vislumbró desde 1983, con los primeros ataques a la población civil, fue una estrategia política y militar para favorecer el control económico de la región. Todo se concentró en la minería".
José agrega que en otras regiones del departamento la violencia paramilitar se dio y se detuvo, pero, según él, en el Nordeste continúa, entre otras razones por la existencia de un filón aurífero que comienza en el municipio de Yolombó, Antioquia, y va a morir en la Serranía de San Lucas, Sur de Bolívar. "En la región hay una reserva aurífera para muchos años y por eso creemos que todo ese exterminio que vivimos le abrió paso a los capitales extranjeros. En los socavones está la explicación a la aniquilación del movimiento social del Nordeste antioqueño", concluye José.
[* Nombres cambiados por sugerencia de las personas entrevistadas.]
13 de septiembre de 2011
5 de septiembre de 2011
cc verdad abierta

crímenes impunes en honduras


En el país centroamericano aumentan los asesinatos políticos. La semana pasada fueron asesinados un referente social cercano a Zelaya y un periodista, ambos miembros del Frente Nacional de Resistencia Popular. Ninguna de las muertes de periodistas ha sido esclarecida.
[Gustavo Veiga] Honduras. El crimen político avanza en Honduras con la precisión quirúrgica de un cirujano. La última semana asesinaron a un referente social cercano al ex presidente Manuel Zelaya en la capital, Tegucigalpa, y a un periodista en Puerto Cortés, al norte del país. Los dos tenían en común que integraban el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP). Los dos también terminaron agujereados a balazos. "Es una declaración de guerra, éste es un asesinato político que trae un mensaje para mí, para los que están alrededor mío con el fin de detenernos", dijo Mel Zelaya sobre la muerte de Mahadeo Roopchano Sadloo, un ciudadano de Surinam nacionalizado hondureño y al que se conocía popularmente como Emo. Había acompañado al mandatario depuesto desde el golpe de Estado del 28 de junio de 2009 e incluso se refugió con él en la Embajada de Brasil durante su asilo de cuatro meses. Medardo Flores trabajaba en la radio Uno de San Pedro Sula y administraba las finanzas del FNRP. Es el decimosexto periodista que pierde la vida desde febrero del año pasado.
Guillermo Amador Padilla, un exiliado hondureño en la Argentina, afirma que en su país existe una lista "con los nombres de diez dirigentes del FNRP que van a matar. Mi hermano gemelo René y yo estamos en ella". La denuncia comenzó a ser corroborada hace tiempo –se calcula que asesinaron a unos doscientos opositores desde el derrocamiento de Zelaya– y cobró fuerza con los crímenes de Sadloo y Flores. "Es hora de que pongamos atención a todo lo que está pasando. Parece que hay un plan, pero hay que desarticularlo...", dijo el ex presidente desde Tegucigalpa, ratificando las palabras de Padilla.
Emo, según el propio Zelaya, "era una de las diez personas más significativas del Frente y una de las más reconocidas a nivel mundial". Ataviado con una bandana de color rojo chillón, de larga barba canosa y encendida oratoria, el militante asesinado el martes 6 solía compartir actos y palco con el presidente derrocado. Cuando lo mataron, de cinco balazos, en su gomería del bulevar Suyapa, había llegado momentos antes de exigir la libertad del ex ministro zelayista Alberto Flores Lanza, quien se encuentra bajo arresto domiciliario acusado de fraude y abuso de autoridad. En el FNRP lo defienden con el argumento de que es un preso político del gobierno de Porfirio Lobo Sosa.
Al crimen del dirigente de 55 años se sumó el de Flores, un periodista de 62, graduado en la Escuela de Locutores del Instituto de Ciencias de la Comunicación de Radio Uno, en San Pedro Sula. Agricultor y ganadero también, es la segunda víctima del FNRP en una semana. Lo mataron de nueve balazos en Río Blanquito, departamento de Puerto Cortés, donde vivía "cuando lo emboscaron en el automóvil de regreso a su casa", informó el director de la emisora donde trabajaba, Arnulfo Aguilar. Flores se ocupaba de las finanzas del Frente en la zona norte del país y en la década del 80, durante la dictadura militar, se había marchado al exilio. No había pasado mucho tiempo desde el último caso de un periodista asesinado. El 19 de julio mataron a Nery Orellana en la frontera con El Salvador. Era director de una radio rural.
A pesar de que el presidente Lobo Sosa señaló que "los responsables de estos crímenes serán castigados" y de que "hemos tomado la decisión de poner toda la fuerza del Estado para dar con el paradero de los asesinos de Emo Sadloo", ninguna de las muertes de periodistas ha sido esclarecida, según los cables de agencias internacionales. Tampoco otros crímenes políticos cometidos por sicarios que han gozado de una gran impunidad desde que asaltó el poder el ex dictador Roberto Micheletti.
En Honduras esto resulta posible, entre otros motivos, porque la policía está involucrada en el delito en una proporción elevadísima. El 2 de septiembre, el subdirector de la Policía Nacional, Santos Simeón Flores, informó que entre 1999 y este año hubo 5270 denuncias contra efectivos de la fuerza por actos ilícitos. El director nacional de Investigación Criminal, Marco Tulio Palma, aportó otro dato alarmante el último viernes. En lo que va de 2011 ya hubo 4412 muertes, cuando en igual período de 2010 la cifra había llegado a 4391. Los especialistas hondureños en seguridad vaticinan que este año podría terminar con una tasa de 86 homicidios sobre 100 mil habitantes, una cantidad superior a la de México, país donde la lucha del ejército en las calles contra el narcotráfico elevó los índices de asesinatos hasta las nubes.
Con estas estadísticas, la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) maneja la hipótesis de que el asesinato de Emo se trató de un hecho de delincuencia común y desde el gobierno se ofrece una recompensa de 100 mil lempiras para dar con el o los autores. En ese sentido se expresó Palma: "Es un crimen de delincuencia común lo que está tomando más fuerza y es hacia allí a donde están apuntando los investigadores".
Muy distinta es la posición del FNRP. En un comunicado denuncia que "este nuevo acto de terror es un crimen político con el que se intenta desmovilizar y desmoralizar al Frente Nacional de Resistencia Popular. Responsabilizamos a la oligarquía y a las fuerzas represivas del Estado y exigimos que se esclarezca y se castigue a los autores materiales e intelectuales".
En el velatorio de Sadloo, sus compañeros del Frente detectaron a un agente de inteligencia infiltrado y lo entregaron a la Policía Nacional. Reydi Arturo Ardón Sánchez tenía en su poder una carta con su nombramiento como miembro de los servicios hondureños. Además de este detalle que evidencia su incompetencia, los integrantes del FNRP comprobaron que su rostro coincidía con una imagen que había distribuido su propia fuerza del presunto asesino. El periódico El Libertador publicó la fotografía del espía y el retrato hablado de quien sería el autor material de los disparos contra Emo. Y en efecto, hay cierta coincidencia entre los dos.
"La lucha está empezando, díganles a los sicarios que si quieren sangre hay gente aquí dispuesta para entregarla, porque ya estamos cansados y no van a pararnos con la muerte de ninguno de nosotros", señaló Zelaya, quien recordó a las casi doscientas víctimas de la represión política provocadas desde el golpe de junio de 2009. Otra cantidad similar de hondureños tuvo que exiliarse, como el gemelo Padilla. Para él todo comenzó después de que Micheletti, con respaldo del Congreso, el empresariado y las fuerzas armadas, destituyó al ex presidente. En el cuartel general de Casamata, en Tegucigalpa, la policía y el ejército se pusieron a "elaborar los perfiles de quienes integrábamos el Frente y de sus líderes. Ellos tienen cientos de personas identificadas como estudiantes, dirigentes sindicales y militantes sociales. A mí me advirtieron que mi fotografía y la de mi hermano estaban ahí. Están intentando provocar a la resistencia con estos crímenes. Quieren llevarnos a una guerra civil", concluyó el exiliado hondureño que por ahora sobrevive en Buenos Aires.
13 de septiembre de 2011
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