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casta militar tiene los pañales sucios


columna de lísperguer
Nuevo director de Carabineros, general González, fue acusado de participación en un caso de desaparición forzada durante la dictadura.

Es una lástima que este general aparezca implicado en esa desaparición, que es ciertamente un asesinato. Que la Corte Suprema lo haya absuelto, sobre todo después de sus acostumbrados fallos de dudosa legitimidad (cuando, por ejemplo, aplican prescripción en casos de derechos humanos, que son imprescriptibles, o amnistía en casos de delitos inamnistiables) con que se han destacado los jueces de la II Sala, hará sacar a muchos la conclusión contraria. Es penoso, y está empezando a ser patético, que la tercera edad pinochetista, todavía con la ilusión de no pagar por sus crímenes, no sea capaz de acumular coraje para soltar las riendas y dejar que el país vuelva a respirar. Sus amigos debieran decirles que si creen que alguna vez tuvieron un papel justificable, llevan demasiado tiempo sosteniendo una quimera enfermiza y que ciertamente nadie los necesita.
Una condición indispensable para la fundación de una nueva derecha decente es precisamente que de verdad rompa lazos con el pinochetismo, con el que nunca debió aliarse, y jure lealtad a los principios de la democracia y la libertad y vuelva a iniciar su liberalismo a partir de los derechos humanos y las libertades personales, y no de la bruta e inútil codicia capitalista.
Una derecha reformulada atraería a muchos ciudadanos que hoy día van por la vida votando por la izquierda. Este general, así como todos los otros asociados de algún modo al pinochetismo, debiesen apartarse y dejar el espacio para oficiales capaces de entender los nuevos retos de Chile, el principal de los cuales es ciertamente la construcción de una democracia verdadera y legítima.
lísperguer

nuevo general de carabineros


Nuevo general director de Carabineros declaró en 2003 por desaparición de agente DINE.
Santiago, Chile. El general Gustavo González Jure, que asume este jueves en una ceremonia en la que estará presente el Presidente Sebastián Piñera, declaró ante la Justicia en el marco de una investigación por la desaparición del agente de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), Guillermo Jorquera. Se descartó cualquier participación suya en el caso.
El nuevo general director de Carabineros, Gustavo González Jure, que asume este jueves en una ceremonia en la que estará presente el Presidente Sebastián Piñera, declaró ante la Justicia en 2003 en el marco de una investigación por la desaparición del agente de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), Guillermo Jorquera.
Según señala La Tercera¸ González -entonces coronel- entregó su testimonio por una sola vez el 29 de abril de 2003. La Justicia descartó cualquier participación suya en el caso.
Jorquera fue detenido el 23 de enero de 1978 cuando intentaba asilarse en la embajada de Venezuela. Ese día, el cabo Carlos Garrido estaba de punto fijo en el lugar y –en 2002- declaró que tras impedir su ingreso a la sede diplomática, González Jure "informó esta situación por radio y se llevó al sujeto a la comisaría" de Providencia, siendo éste entregado luego al Ejército. González, en su declaración, dijo no recordar el episodio, señala La Tercera.
La Corte Suprema, en este caso, condenó en 2008 como autor de secuestro calificado al general en retiro Héctor Orozco Sepúlveda, ex jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE).
"Lo mejor es preguntar al tribunal si yo tengo alguna participación en este asunto", respondió González al ser consultado sobre el asunto, añade el matutino.
16 de septiembre de 2011
15 de septiembre de 2011
©la nación

carlotto recibió premio de unesco


Estela de Carlotto recibió el Premio Fomento de la Paz en la sede de la UNESCO junto a Cristina Kirchner. El organismo concedió ayer su distinción más importante a las Abuelas de Plaza de Mayo en reconocimiento a su labor. Estela de Carlotto agradeció: "Tenemos el compromiso de no renunciar a la lucha". También habló CFK.
[Victoria Ginzberg] París, Francia. "Abuelas de la Plaza, el mundo las abraza." La frase resonó en el gran salón de la Unesco en el momento en que la directora del organismo internacional, Irina Bokova, y el ex presidente de Portugal Mario Soares concretaban la entrega formal a Estela de Carlotto del premio Félix Houphouët-Boigny de Fomento de la Paz. "No somos heroínas ni diferentes, sólo somos mujeres, madres, abuelas", resumió después la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Y le contestó una ovación.
Desde temprano, los alrededores de la Place de Fontenoy, donde queda la sede de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), se fue llenando de gente que hacía fila bajo un estricto operativo de seguridad. La parte superior de la torre Eiffel se podía ver con solo levantar la cabeza. Túnicas brillantes, pañuelos, vestidos y sombreros de colores fuertes poblaban el lugar, ya que la distinción otorgada a las Abuelas fue establecida por los países africanos (lleva el nombre del primer presidente de Costa de Marfil independiente) y sus delegaciones eran mayoría.
Adentro, los argentinos se ubicaron en las primeras filas del auditorio. Allí estaban las abuelas Rosa Roisinblit, Elsa Oesterheld y Buscarita Roa, los nietos que recuperaron su identidad y los funcionarios que habían acompañado a la Presidenta en su viaje a París. En el escenario, delante de una pared con el logo de la Unesco y las banderas de todos los países miembro, se sentaron Estela de Carlotto, Cristina Kirchner, Bokova, Soares (fue el presidente del jurado), el ministro de Justicia y Libertades francés, Michel Mercier, y una decena de representantes de naciones africanas. En un costado se ubicó el coro de la Unesco, que dio inicio a la ceremonia con el "Laudate Dominum" de Mozart.
El acto continuó con los discursos de casi todos los que estaban en el escenario, empezando por los presidentes de los países que habían impulsado la creación del premio y que dedicaban varios minutos a agradecerse una y otra vez entre ellos. Pero el lugar distaba de ser solemne. Cada vez que uno de los jefes de Estado se acercaba al micrófono, una barra lo vivaba con melodías de cancha, chiflidos y agite de banderines. "Son los groupies", describió una persona del lugar.
Cuando le tocó el turno a Cristina Kirchner, los argentinos no fueron menos y alentaron y aplaudieron de pie. "Hoy estoy aquí en mi doble condición. No solamente como presidenta de la República Argentina, sino como una ciudadana más", comenzó CFK. "Quiero hacer un homenaje –dijo– en la figura de Estela a todos aquellos que durante muchísimos años reclamaron justicia. Estas mujeres jamás preconizaron o hicieron uso de la violencia. Al contrario, aun cuando casi todos habían perdido las esperanzas, siguieron reclamando ante los tribunales, ante los jueces del país, ante el Parlamento argentino, ante los distintos Poderes Ejecutivos, justicia, memoria y verdad. Recuerdo haber dicho en mi intervención en la Cámara de Senadores (en el debate por la anulación de las leyes de punto final y obediencia debida) que no sé si a mí me hubieran arrebatado un hijo y no lo hubiera podido ni siquiera llorar o llevar una flor a su tumba, si hubiera tenido la entereza y la fortaleza para reclamar justicia, memoria, verdad en el tono y en la forma en que estas mujeres lo hicieron. Creo que esto es lo distintivo de ellas. No es solamente haber logrado recuperar identidad, sino haber podido persistir sin caer en esas falencias de la condición humana, que son muchas veces los instintos de venganza o de querer hacer justicia por la propia mano. Nada más alejado de estas mujeres que parecían muy débiles, que algunos calificaron de locas y creo que eran las más cuerdas y las más racionales en aquellos momentos en la Argentina."
También describió al país como "un modelo de lo que debe ser un estado de derecho respetuoso de la vigencia de los derechos humanos en forma irrestricta" y recordó al ex presidente Néstor Kirchner. "Quiero decirles–-agregó– que la Argentina necesita de la memoria, necesita de la verdad, necesita de la justicia para dar vuelta esa página dolorosa que vivimos. Queremos dar vuelta esa página dolorosa, queremos recuperar a los nietos que nos faltan todavía y queremos, además, que, finalmente, se termine dando justicia a todos aquellos que la han reclamado."
Antes, la directora de la Unesco dijo que como madre y como abuela saludaba la lucha de las Abuelas y su valentía: "A través de sus gestiones, ustedes han abierto el camino para una nueva Argentina". La última en hablar fue Carlotto, que agradeció a la Unesco en nombre de todas las Abuelas y también elogió a Néstor y Cristina Kirchner.
Dijo que las mujeres que integran la organización que preside están lejos de ser el prototipo de la abuela de cabello blanco y anteojos caídos sobre la nariz que se abraza a su nieto en un sillón mientras le cuenta historias: "No estamos sentadas, el sillón está tan vacío como los brazos. En constante peregrinaje por el mundo en busca de nuestros hijos y nietos nació una lucha colectiva de Madres, Abuelas y Familiares que reclamaban por sus seres queridos". Carlotto señaló que su tarea está guiada por amor y sentimientos pacíficos, pero que eran implacables en la convicción de buscar la verdad y la justicia y que, por su tarea, que tiene repercusiones en diferentes ámbitos, las llaman "abridoras de caminos".
"Tenemos el compromiso de no renunciar a la lucha. Y la advertencia de que este despojo no podrá repetirse en ningún lugar del mundo porque habrá mujeres que, como nosotras, se levanten para defender el cachorro. Se sabrá que hay lucha en paz para que nunca más sea posible tal despojo. No somos heroínas ni somos diferentes, sólo somos mujeres, madres, abuelas", cerró su discurso y fue aplaudida por todo el auditorio, del que formaban parte, entre otros, la ex primera dama francesa Danielle Mitterrand, el ex primer ministro Lionel Jospin y el actual alcalde de París, Bertrand Delanoe.
Como cierre de la ceremonia del premio que ya recibieron Lula, Nelson Mandela, Yasser Arafat, Yitzhak Rabin y Shimon Peres, entre otros, el pianista y embajador Miguel Angel Estrella tocó con su cuarteto cuatro ritmos del Unasur, entre ellos "Alfonsina y el mar". CFK y Carlotto escuchaban desde el escenario. La presidenta de Abuelas miraba al público. La sala estaba oscura, pero sabía que allí cerca estaban ocho de los 105 chicos que habían recuperado su identidad. Uno de ellos, Horacio Pietragalla, la miraba y lloraba.
15 de septiembre de 2011
©página 12

revelaciones en caso raquel negro


Un bebé aislado y sin nombre. Una enfermera contó que hubo un bebé internado como NN y aislado del resto en la sala de neonatología del Instituto Privado de Pediatría. Se presume que sería el mellizo varón de Raquel Negro y por cual se juzga a seis represores.
[Juan Cruz Varela] Paraná, Argentina. Cierta conmoción causó en la sala de audiencias el testimonio de una enfermera del Instituto Privado de Pediatría. No tanto por la contundencia ni por la sensación que dejó en el ambiente de que tal vez guardara para sí algún dato, sino por lo sorpresivo del testimonio. Ciertamente, nadie lo esperaba; y entonces obligó a reorientar algunas estrategias en el juicio contra seis represores por robo de bebés. "Me parece que había un niño proveniente del Hospital Militar, pero estuvo poco tiempo, tal vez un día y medio o dos; lo tenían separado, estaba aislado en otro sector de la sala de neonatología, en una incubadora de emergencia que se utilizaba para chicos en riesgo; eso me quedó grabado", dijo Imelda Princic. Fue toda una novedad lo que contó la enfermera que trabajó solo unos meses en el Instituto Privado de Pediatría (IPP). "El que le daba atención era el doctor (Miguel Alberto) Torrealday", dijo al tribunal, aludiendo a uno de los dueños de la institución y actual asesor del Ministerio de Salud de Entre Ríos, que declaró dos veces la semana pasada en este juicio. Además, un militar retirado afirmó que mujeres detenidas eran trasladadas a Paraná a tener familia y luego desaparecían y sus hijos tenían "destino desconocido".
La enfermera volvió a poner de relieve el rol que desempeñó uno de los propietarios del instituto privado al que fueron derivados los hijos mellizos de Raquel Negro y Tulio Valenzuela, nacidos durante el cautiverio de su madre en el Hospital Militar de Paraná en marzo de 1978.
La sala de neonatología del IPP estaba dividida en dos espacios, uno para incubadoras y otro para cunas, pero también tenía un codo en el que había una incubadora sin caparazón, separada del resto, cerca de la sala de enfermeras, donde se ubicaba a chicos "con alguna situación especial o de mayor gravedad", según dijo. Lo que llamó la atención a esta mujer es que "este nene estaba bien, normal", pero también el hecho de que en la tarjeta de identificación que tenían la incubadoras ésta decía NN.
El chico provenía, según dijo, del Hospital Militar, pero no recuerda que le hubieran comentado que se tratara del hijo de una "guerrillera" o "extremista", como refiriera otra enfermera, y tampoco que alguien fuera a visitarlo mientras duró su estadía en la sala de neonatología. Sin embargo, cuando preguntó al médico por qué la tarjeta decía NN, Torrealday "primero no quiso contestar y después dijo que la familia estaba viendo qué hacer con el bebé". Luego de varias repreguntas, y con ciertas dudas, terminó por manifestar que el médico le refirió que "los familiares del chico no sabían si le pondrían el apellido del padre o de la madre", aunque ella misma consideró que "fue una respuesta medio confusa con la que me quiso conformar". Y acotó: "En esa época no se podía preguntar y si alguien preguntaba, los médicos no contestaban".
Más tarde declaró un militar retirado que se desempeñaba en el predio donde funcionaban los batallones de comunicaciones e ingenieros -allí estaba el centro clandestino de detención más importante de la provincia de Entre Ríos- y también el Hospital Militar. Joe Erbetta, que hacía guardia en la barrera de ingreso, contó que cada persona que ingresaba quedaba registrada en una planilla y apuntó que "en los primeros años ingresaban muchos agentes de inteligencia, pertenecientes a lo que en esa época se llamaban grupos de tareas. Llegaban desde Rosario, Santa Fe y Paraná y, por lo general, estaban vestidos de civil". A pedido de los fiscales, se paró frente a los seis represores imputados y reconoció a Juan Daniel Amelong como uno de ellos.
Erbetta dijo además que el coronel Ulises Schort, que era jefe de distrito militar, le contó sobre la presencia de mujeres que eran trasladadas desde otros centros clandestinos de detención a dar a luz en Paraná. "Entraban mujeres embarazadas a parir en el Hospital Militar", dijo sin poder precisar cuántas ni con qué frecuencia. "Schort tenía reuniones permanentes con Trimarco y después me comentaba que estaban pasando cosas raras, que ingresaban mujeres a tener familia y que luego las mujeres desaparecían y los hijos tenían destino desconocido. Incluso en ese momento se mencionó mucho un parto de mellizos". Pero no pudo dar más datos.
El militar tiene un hermano que fue secuestrado el 16 de agosto de 1976 y permanece desaparecido. El 10 de septiembre, menos de un mes después, fue convocado a la oficina del general Juan Carlos Trimarco, entonces el jefe de la represión en Entre Ríos, quien lo amenazó apuntándole con un arma para que no busque más a su hermano; y a partir de ese momento tuvo limitados sus movimientos dentro del predio.
Ayer declaró también el periodista Carlos Del Frade, quien dio cuenta de los encuentros y entrevistas que tuvo con Eduardo Costanzo, el ex agente de inteligencia e integrante de la patota rosarina que rompió el pacto de silencio militar.
15 de septiembre de 2011
©rosario 12

ser negro en la libia rebelde


Fuerzas rebeldes han llevado a cabo campañas racistas contra libios negros y africanos subsaharianos desde que empezó la rebelión. Las nuevas autoridades libias han hecho poco o nada por detener las masacres.
[Leila Fadel] Trípoli, Libia. Vivienne miró a través de los barrotes de su celda en una cárcel de Trípoli donde las autoridades rebeldes la han mantenido durante cinco días. Es una más de un grupo de noventa inmigrantes nigerianos que fueron detenidos durante la batalla final aquí el mes pasado contra las tropas de Muamar Gadafi, acusada de posesión de armas y de matar a libios.
Vivienne dice que su único delito es su piel negra.
"Piensan que porque somos negros, estamos peleando por Gadafi", dijo esta semana, temerosa de decir cómo se llama. "Nos estábamos escondiendo. Teníamos miedo. Se oían tiros y estallidos de bombas." A su alrededor, otras mujeres -peluqueras, criadas, una embarazada- contaron la misma historia.
Desde que empezara la rebelión contra el gobierno de cuarenta y dos años de Gadafi en febrero pasado, muchos libios de piel oscura y africanos sub-saharianos temen por sus vidas. Han sido arrestados y asesinados, dicen, debido a la creencia de que están coludidos en el autocrático gobernante, que es acusado de utilizar a mercenarios africanos extranjeros para abatir a sus opositores y contaba con los libios negros como sus partidarios más incondicionales.
 De acuerdo a Refugees International, se calcula que más de un millón y medio de africanos sub-saharianos trabajan en Libia, un país de seis y medio millones de habitantes, la mayoría de ellos como jornaleros en trabajos mal pagados. La Organización Internacional para las Migraciones informó que ha evacuado de la capital a cerca de mil cuatrocientos inmigrantes y que otros ochocientos se han refugiado en el puerto pesquero de Janzour, al oeste de la ciudad.

Expulsados de Sus Casas
En un campamento improvisado en el puerto, los inmigrantes duermen envueltos en sábanas debajo de destartaladas embarcaciones y cocinan con fogatas en ollas de aluminio. Algunos dijeron que fueron sacados de sus casas a punta de pistola. Otros dijeron que huyeron cuando perdieron a parientes o se enteraron de que algunos amigos habían sido asesinados. Sin dinero, dicen, no quieren volver a casa, aunque creen que tampoco no se pueden quedar en Libia.
Peter Bouckaert, director de emergencias de Human Rights Watch, dijo que en la capital se cometieron actos violentos contra africanos sub-saharianos y libios negros durante toda la rebelión, y agregó que su organización había confirmado que Gadafi había usado a mercenarios extranjeros. Agregó que la persecución continuaba.
"Se trata de una violencia racista contra toda la gente de piel oscura", dijo Bouckaert. "En Trípoli, la situación de los africanos es muy grave."
Terminar con el racismo que alcanzó un punto crítico durante la rebelión es uno de los grandes retos a los que se enfrentan las nuevas autoridades rebeldes libias en momentos en que busca reemplazar al represivo régimen de Gadafi por una democracia transparente y responsable.
El rebelde Consejo Nacional de Transición ha llamado a la moderación y a poner fin a los ataques por venganza, pero mientras lucha por hacerse con el control del país, no ha hecho demasiado para poner freno a la persecución racial.
El viernes noche, tropas leales a la nueva autoridad libia lanzaron ofensivas militares contra dos de los últimos bastiones de Gadafi, de acuerdo a combatientes cuyos familiares estaban participando en el asalto. Los combates estallaron en las afueras de Sirte, a 480 kilómetros al este de Trípoli, y los combatientes entraron a la ciudad de Bani Walid, a 154 kilómetros al sudeste de la capital, donde se cree que se esconden tres hijos de Gadafi. Las ofensivas empezaron un día antes de que terminara el plazo impuesto por los rebeldes para que se entregaran las ciudades.
Entretanto, en Janzour las familias de inmigrantes duermen sobre colchones infectados de chinches. Antes de que las organizaciones de ayuda humanitaria empezaran a distribuir agua fresca y ayuda médica, bebían el agua del mar donde se aseaban. Las mujeres viven con miedo a ser violadas.
"Tienen que ser trasladadas a algún lugar donde estén seguras", dijo en Trípoli Niklas Bergstrans, el encargado de comunicaciones de Médicos sin Fronteras. "Es desalentador. No hemos visto ninguna acción concreta de parte del Consejo Nacional de Transición ni de otras organizaciones internacionales."
El viernes, Edobar Igwe, 27, estaba sentado a la sombra de una lancha pesquera. Lleva más de un mes durmiendo en el campamento de Janzour, después de llegar ahí huyendo de Misurata, a 210 kilómetros al este de Trípoli, cuando hombres armados llegaron a su casa y mataron a su novia, dijo.
Los habitantes de Misurata se muestran particularmente vengativos con los libios negros e inmigrantes africanos debido al uso como base, por parte de Gadafi, de la vecina ciudad predominantemente negra de Tawargha durante la larga batalla por la ciudad esta primavera. Muchas de sus mujeres, dicen, fueron violadas por vecinos de Tawargha y fuerzas gadafistas. Ahora Tawargha está abandonada. Los misuratanos dicen que si sus habitantes volvieran, serían probablemente golpeados o asesinados.
Igwe huyó hacia la capital y se ocultó hasta que oyó que Janzour era "un lugar seguro para los negros." Albañil nigeriano, llegó a Libia hace tres años, buscando trabajo.
"No me puedo quedar, y no puedo volver porque no tengo dinero", dijo. "Los rebeldes me robaron siete mil dólares. Nos atacan con armas de fuego si nos ven en la calle. Debido a la guerra, piensan que somos los que vinieron a pelear contra ellos. Pero yo no tengo armas."

En la Cárcel
Encarcelada en Trípoli, Aisha Mohammed tiraba los barrotes de su celda. Ella y otras diez mujeres -de Chad, Mali y Nigeria, países donde se dice que Gadafi contrataba mercenarios- fueron detenidas por su propia protección, dijeron los combatientes rebeldes. De los 323 detenidos que hay allí, 188 son inmigrantes africanos, retenidos aparte por temor a que puedan portar enfermedades infecciosas, dijeron los gendarmes.
"Nos tratan como animales. Tú te tapas la nariz cuando traes la comida", le gritó Mohammed al gendarme. "No somos animales. Sólo queremos volver a casa."
La peluquera dijo que fue detenida cuando se dirigía a una tienda y lleva dieciocho días en la cárcel.
Mohammed al Dhamoudi, el alcaide de la cárcel, desechó las acusaciones de las mujeres de que eran maltratadas, mostrando la clínica y las provisiones de alimentos. "Aquí las tratamos bien, y si no hicieron nada, las dejaremos marcharse", dijo. "Las enviaremos a sus países de origen, si Dios quiere."
Las autoridades todavía tienen que instalar un sistema judicial para procesar a los detenidos, aunque ahora necesitan órdenes de detención.
"Lo que realmente falta es un proceso judicial que distinga de manera inmediata, rápida, con una investigación imparcial y un juicio, entre las personas desafortunadas que fueron detenidas debido al color de su piel o a su condición y las que cometieron atrocidades", dijo Salah Barghani, abogado de derechos humanos que trabaja con los detenidos. "Más del cincuenta por ciento de estas personas deberían ser liberadas. No pueden ser todos mercenarios."
15 de septiembre de 2011
9 de septiembre de 2011
©washington post
cc traducción c. lísperguer

a 75 años de la guerra civil española


Los sueños, el hambre y la guerra.
[Jack Fuchs] Los 75 años que han pasado desde el inicio de la Guerra Civil Española me hacen reflexionar, aunque se mezclan en mi mente los recuerdos de lo vivido en aquella época en que era adolescente, mi mirada de entonces con mis vivencias unos años después, una vez comenzada la Segunda Guerra Mundial, y lo que sugiere el mundo en el que vivimos hoy. A mediados de los años ’30, yo vivía lejos de España, en mi Polonia natal, pero los acontecimientos me conmocionaban.
Yo siempre percibí la Guerra Civil Española como una especie de antesala de la guerra mundial. Allí, el ejército alemán probó sus nuevas armas y prestó ayuda al que, en un futuro no muy lejano, sería el dictador de España Francisco Franco. Ante tales movimientos, ningún país (excepto la Italia de Mussolini, con un régimen fascista como el que intentaba instalar Franco) intervino en la Guerra Civil Española por miedo a la declaración de una nueva guerra por parte de Alemania.
En las Brigadas Internacionales que lucharon apoyando a los republicanos españoles se congregaron hombres de 54 nacionalidades distintas. La nacionalidad más numerosa era la francesa, con una cifra cercana a los 10.000 hombres, buena parte de ellos de la zona de París. La mayoría no eran soldados, sino trabajadores reclutados por los partidos comunistas voluntariamente o veteranos de la Primera Guerra Mundial. Entre las demás, estaban también los norteamericanos, integrando la llamada Brigada Abraham Lincoln. Se trataba de una organización de voluntarios que se integraron a unidades de las Brigadas Internacionales, en apoyo de la República Española. Gran parte de sus integrantes eran miembros del Partido Comunista de los Estados Unidos o de otras organizaciones obreras socialistas. La Unión Internacional y la URSS enviaron asimismo hombres a luchar contra el franquismo. La diferencia era que estos últimos eran mandados oficialmente por el gobierno central.
En aquellos tiempos, yo tenía 14 años y vendía estampillas en Lodz para ayudar a los republicanos en su lucha. Para nosotros, con nuestra formación socialista, en mi caso pertenecía al Bund (Partido Socialdemócrata judío de Polonia), el gobierno republicano representaba claramente a la clase obrera y luchaba por la justicia social, por un mundo en paz, de fraternidad entre los hombres. Era lo que habíamos aprendido: debíamos ayudar al gobierno que representaba la lucha contra el fascismo de Franco, Mussolini y de Hitler.
En esos años, más precisamente en 1939, mientras Alemania firmaba el pacto Ribbentrop-Molotov, una paz artificial que todos sabían duraría poco, muchos jóvenes judíos de hogares muy practicantes decidían ir de Polonia a luchar a España en apoyo de los republicanos, cosa completamente incomprensible para sus padres y abuelos, para quienes, por otra parte, España constituía un territorio prohibido para los judíos a partir de la Inquisición en 1492. El gobierno polaco no permitió la salida de aquellos que deseaban ir a luchar a España, pero, a pesar de ello, muchos viajaron clandestinamente.
En los mismos años, sucedían matanzas terribles en la entonces URSS. Numerosos comunistas que habían escapado de Polonia cuando allí se prohibió la existencia de su partido habían sido recibidos con todos los honores en Moscú. Luego de un par de años, fueron juzgados, declarados espías y finalmente asesinados. Todo ello ocurría mientras también se producían los enfrentamientos y los miles de muertos en España.
En 1941, luego de la invasión de Rusia a Polonia, y con Alemania ocupando la otra mitad del país, dos líderes del partido socialista Bund son ejecutados por los rusos, acusados de haber sido espías nazis.
Todos los recuerdos me brotan, desordenados. Fechas, hechos, vivencias que bombardean mi cabeza ya anciana. En todo este caos encuentro un hilo conductor: la crueldad del hombre, su ensañamiento con él mismo. Ello no me tranquiliza. Todo lo contrario, me confunde cada día más. Trato de entender las diferencias entre las revoluciones, las guerras civiles. Sé que hay personas que se dedican a clasificar los hechos históricos, a ponerles nombres a los distintos conflictos humanos. Esa tarea se las dejo a ellos. Yo me resisto a creer que se pueden explicar las guerras, las matanzas y las crueldades. Las justificaciones siempre me incomodaron.
Empiezo a darme cuenta, a los 87 años, de que lo que extraño de mi infancia y mis primeros años de adolescencia es el sueño de un mundo sin guerras, un mundo de libertad, sin fronteras, sin hambre. Todo eso se esfumó y contemplo cómo nuestra civilización, mientras sigue avanzando científica y tecnológicamente, no ha podido resolver problemas básicos como el hambre y las guerras. Me asusta afirmar que, después de la Segunda Guerra Mundial, casi nada cambió. Las muertes en guerras civiles, revoluciones y conflictos entre países no cesaron. Los nacionalismos y los distintos tipos de discriminación se multiplican, brotan, y, ante ello, la humanidad no parece sorprenderse. Siempre excusas para matar, siempre guerras dentro de otras guerras, "justificadas" por los hombres en nombre de ideologías.
Cada vez hay más fronteras. Cada vez hay más conflictos. Todo parece demostrarme que mi sueño adolescente se apagó.
[El autor es escritor y pedagogo. Sobreviviente de Auschwitz.]
14 de septiembre de 2011
©página 12

el plan de los genocidas


El alegato del fiscal federal Gonzalo Stara.
Argentina. En el marco de la causa Díaz Bessone ayer fue el turno del alegato del fiscal federal Gonzalo Stara, quien profundizó sobre "la formación y el plan de los genocidas". Entre sus argumentos el fiscal sostuvo que tanto el fallecido comandante Agustín Feced como el ex general Ramón Genaro Díaz Bessone "tenían en claro desde mucho antes del golpe del 76 cuáles eran sus responsabilidades para llevar adelante su lucha contra la subversión". Y que las torturas y desapariciones eran parte del plan sistemático premeditado.
En esta primera parte de la presentación, Stara analizó la estructura, ideología y normativas con las que los militares argentinos llevaron adelante el denominado "Proceso de Reorganización Nacional".
Retomó el documental ‘Escuadrones de la muerte. La escuela francesa de Marie-Monique Robin’, quien fue una de las testigos que desfiló ante el Tribunal Oral Federal Nº 2 a través de una teleconferencia desde Francia. En este trabajo mostró cómo el aparato militar local actuó bajo la influencia de la formación francesa y su experiencia en Argelia. Además, recolectó los testimonios de militares argentinos, entre ellos el principal imputado de la causa, Díaz Bessone, ex jefe del II Cuerpo del Ejército.
En sus relatos los represores reconocieron la aplicación de un plan sistemático en el que la detención, interrogatorios con torturas y posterior desaparición de personas fueron pensadas de antemano. Stara retomó una de las frases dichas por los militares en la que afirmaron que "no es necesario dañar mucho al enemigo ni mutilarlo, sino que para eso existe la picana", en relación al proceso de obtención de información.
Con este documental se intentó comprobar que las enseñanzas de la escuela francesa tuvo a "Díaz Bessone como su mejor alumno pero también a ex jefe de la policía Agustín Feced". Además de demostrar que la figura del desaparecido fue introducida y premeditada, ya que los mismos represores reconocieron que no mantenían a los detenidos presos porque en un futuro podían ser liberados por un gobierno constitucional teniendo la posibilidad "de volver a tomar las armas". Tampoco consideraron adecuada la opción del fusilamiento porque "se nos hubiese venido encima el Papa y el mundo".
El fiscal también detalló cómo cada jefe de los diferentes Cuerpos de Ejército tenía las directivas claras de cómo llevar adelante las acciones que se le asignaban y eso lo citó de un documento que fue llamado el Plan Ejecutivo para el Marco Interno de 1972.
14 de septiembre de 2011
©rosario 12

condenan a palmicultores por despojo


Condenan a dos palmicultores por desplazamiento forzado en Chocó.
Colombia. Luis Alberto Flórez Pérez, miembro de una asociación de palmicultores, e Iván Patiño Patiño, representante legal de una empresa palmicultora, fueron condenados por desplazamiento forzado en el Chocó.
El despojo se dio en las cuencas de los ríos Cacarica, Salaquí y Truandó en jurisdicción del municipio de Ríosucio, Chocó, entre 1997 y 2000. Foto Semana
En el proceso que se adelanta por los ataques realizados por grupos armados al margen de la ley en contra de pobladores de las cuencas de los ríos Cacarica, Salaquí y Truandó en jurisdicción del municipio de Ríosucio, Chocó, entre 1997 y 2000 cuando se inició el cultivo de palma y la práctica de la ganadería extensiva, los palmicultores Luis Alberto Flórez Pérez e Iván Patiño Patiño fueron condenados por su complicidad en el desplazamiento forzado que afectaron a la comunidad de las cuencas del Curbaradó y Jiguamiandó.
Flórez Pérez, quien hipotecó predios para obtener cuantiosos créditos, aceptó su responsabilidad únicamente por el delito de concierto para delinquir, mientras que Patiño Patiño reconoció haber incurrido en concierto para delinquir, desplazamiento forzado en calidad de cómplice, e invasión de áreas de especial importancia ecológica.
El Juzgado Penal Especializado del Circuito Adjunto de Quibdó los condenó a a cuatro años y dos meses y cinco años y dos meses de prisión, y a una multa de 1.800 salarios mínimos legales mensuales vigentes y 2.160 salarios mínimos legales mensuales vigentes respectivamente.
Flórez Pérez se encuentra preso en la Cárcel Nacional Modelo de Bogotá y Patiño Patiño está privado de la libertad en la cárcel de Itagüí, Antioquia.
14 de septiembre de 2011
30 de agosto
©fiscalía
vía verdad abierta