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revelan pasado pinochetista de piñera


Ex compañero de Sebastián Piñera revela su reacción tras enterarse del golpe militar. Presidente celebró destrucción de La Moneda -símbolo de la democracia chilena- y la muerte del presidente Salvador Allende.
James S. Henry, un economista estadounidense que fue compañero en la universidad de Harvard del actual presidente Piñera, escribió una columna para la revista Forbes en donde instó a recordar "El otro 11 de septiembre", en alusión al golpe militar ocurrido en Chile en 1973, según relata Cooperativa.
"Recuerdo con gran claridad el golpe de estado en Chile para 1973. En ese entonces asistía a un curso de economía para graduados en la Universidad de Harvard, que era dictado por uno de los discípulos del profesor de la Universidad de Chicago Milton Friedman, y uno de mis compañeros de estudios era Sebastián Piñera", señala el texto.
Entre sus recuerdos, Henry, quien compartía clases en ese tiempo con el Mandatario, cuenta lo siguiente: "Sebastián obtuvo de alguna manera la noticia de que el presidente Salvador Allende había sido derrocado", "estaba jubiloso" e incluso gritaba "¡Ganamos!".
"Nuestro profesor de economía aparentemente compartía la felicidad de Sebastián. Como muchos otros economistas estadounidenses, él veía el golpe de Pinochet como una gran victoria para las doctrinas económicas neoliberales que habían predicado durante décadas los economistas de Chicago, como el profesor Friedman y Arnold Harberger, hasta entonces sin mucha aceptación en el primer mundo", prosigue el texto, que analiza también la implementación de las teorías económicas impulsadas por los "Chicago Boys", considerando que Chile fue un "laboratorio neoliberal".
13 de septiembre de 2011
©publimetro

qué dirá juan gelman


El escritor y columnista de Página 12 rechaza indemnización monetaria por el asesinato de su nuera María Claudia García de Gelman y el robo de su nieta Macarena Gelman García, y exige reparación moral.
[Juan Gelman] Es la pregunta de un editorial que el diario El País de Uruguay publicó el sábado 10 pasado. "Cuando la Comisión de Derechos Humanos de la OEA –dice– condenó a Uruguay a pagar una indemnización a la familia Gelman, el escritor y ex guerrillero Juan Gelman proclamó que sus acciones ante ese foro no perseguían la obtención de dinero sino una reparación moral." Cita las declaraciones que el secretario de la Presidencia uruguaya, Alberto Brescia, había anunciado al diario el día anterior: "El gobierno uruguayo, en cumplimiento del fallo de la OEA, le pagará a la familia Gelman medio millón de dólares" y finaliza así: "¿Qué tendrá para decirnos Juan Gelman, constante crítico de los gobiernos uruguayos posdictadura?". Pues lo siguiente.
El párrafo 286 del dictamen señala: "Los representantes (de los demandantes, nota JG) comunicaron que el señor Juan Gelman manifestó su decisión de ser excluido como beneficiario de reparaciones referidas a indemnizaciones compensatorias, razón por la cual el Tribunal se abstiene de hacer cualquier determinación en ese sentido". El editorialista del diario uruguayo El País no puede, o no quiere, leer el fallo completo.
Y luego: "La Corte ha desarrollado en su jurisprudencia el concepto de daño material y los supuestos en que corresponde indemnizarlo" (párr. 290). En consecuencia, fijó "una cantidad, en equidad, por conceptos de daños materiales" (párr. 296), y destacó asimismo el daño inmaterial perpetrado (párr. 296). Cita en ese párrafo la sentencia dictada en el Caso de los "Niños de la Calle (Villagrán, Morales y otros) Vs. Guatemala" que precisa: el daño inmaterial comprende "tanto los sufrimientos y las aflicciones causados a las víctimas directas y a sus allegados, el menoscabo de valores muy significativos para las personas, así como las alteraciones de carácter no pecuniario en las condiciones de existencia de la víctima o su familia". El editorialista del diario uruguayo El País no puede, o no quiere, leer la jurisprudencia establecida.
Por último: según El País del viernes, el secretario Alberto Brescia "sostuvo que pretende separar este punto del fallo de la CIDH de otros aspectos que consideró ‘más de fondo y más simbólicos’, entre los que mencionó un acto público que se realizará este año y en el que los tres poderes del Estado harán un reconocimiento de la responsabilidad por las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura". El editorialista de El País no puede, o no quiere, leer cuáles son esas compensaciones morales, "de fondo, simbólicas" y mucho más importantes que, por el asesinato de mi nuera María Claudia García de Gelman y el robo de mi nieta Macarena Gelman García, el fallo de la Corte Interamericana detalla.
Esto se explica. El editorialista de El País uruguayo se limita a obedecer a la línea política del diario, un siempre acérrimo defensor de los secuestradores, asesinos, torturadores y ladrones de bebés que prohijó la dictadura en Uruguay. Y no puede, o no quiere, leer: "Los representantes (de los demandantes, nota de JG) comunicaron que el señor Juan Gelman manifestó su decisión de ser excluido como beneficiario de reparaciones referidas a indemnizaciones compensatorias, razón por la cual el Tribunal se abstiene de hacer cualquier determinación en ese sentido". Se repite por las dudas. A lo mejor, con suerte, el editorialista del diario uruguayo El País esta vez lo lee.
13 de septiembre de 2011
12 de septiembre de 2011
©página 12

dentro del cartel 4


¿Por qué empezaron a ser descubiertos y requisados los cargamentos de cocaína del cartel de Sinaloa en todo el territorio de Estados Unidos? El capo en México estaba exigiendo explicaciones. No tenía ni idea de que el Servicio de Control de Drogas (DEA) estaba tras sus pasos con la Operación Emperador Imperial. Cuarta y última entrega.
[Richard Marosi y Tracy Wilkinson] Calexico, California / Badiraguato, México. Los altos portones de hierro daban a una calzada flanqueada por palmeras que pasaba frente a la parroquia familiar, un tobogán de agua en forma de caracol y dos lagunas artificiales -una con a abundantes peces, la otra con motos acuáticas.
Con sus altos campanarios gemelos, cada uno coronado por una cruz, la hacienda en las esmeraldas colinas en las afueras de Culiacán, México, tenía un esplendor casi irreal. A Carlos ‘Charlie’ Cuevas le hacía pensar en Disneyland, aunque sin las sonrisas.
Cuevas, un narcotraficante de Calexico, México, había sido convocado por Víctor Emilio Cazares, presuntamente importante jefe del cartel de Sinaloa. Se decía que Cazares estaba molesto por una ola de recientes incautaciones de drogas por parte de las autoridades estadounidenses.
En una de esas operaciones, la policía había allanado un escondite en Paramount, al sudeste de Los Angeles, y confiscado casi 205 kilos de cocaína, con un valor de casi 3.3 millones de dólares.
Sospechaban de Cuevas no sólo porque él se había encargado del cargamento. Criado en California, era un extraño. No podía presentar orígenes sinaloenses. El patrón y sus amiguetes fuertemente armados se reían de su español con acento gringo y lo llamaban con un término peyorativo para referirse a su origen mexicano-americano.
Los choferes y centinelas de Cuevas también estaban bajo sospecha. Le habían ordenado que los llevara a México para ser interrogados. Pero no lo había hecho.
Cuevas le temía a su patrón -chupaba Pepto-Bismol para aliviar sus problemas de acidez- pero esta vez se le plantó.
"Estoy seguro que no es ninguno de mis hombres. Mátame si es alguno de ellos", dijo Cuevas.

En las Sombras
El careo reflejaba las frustraciones de un cartel confundido. Los embarques de cocaína estaban siendo requisados en todo el territorio estadounidense por la policía de Nueva Jersey y Nueva York, los agentes de la Patrulla de Carreteras de California, los policías del estado de Oklahoma y otros. La gama de agencias era una fachada para ocultar a la principal fuerza que estaba detrás de la mayoría de las confiscaciones: el Servicio de Control de Drogas [Drug Enforcement Administration, DEA].
Cazares no lo sabía, pero era un importante blanco en una de las investigaciones más importantes de la DEA en toda su historia sobre una organización criminal mexicana. La Operación Emperador Imperial estaba pelando las capas de una organización de distribución de drogas que contaba con cientos de camioneros, empaquetadores, correos de dinero y encargados de escondites en todo Estados Unidos.
La policía local se encargaba de las detenciones mientras los agentes de la DEA miraban desde la sombra, reuniendo evidencias y escuchando las conversaciones por celular.
Mantener en secreto la participación de la DEA era crucial.
A un importante sospechoso de tráfico de drogas como Cazares no le preocupaban las confiscaciones locales, pero una pesquisa federal lo pondría sobre alerta. Los teléfonos interceptados dejaron de sonar, las evidencias desaparecieron, los sospechosos pudieron escapar.
La DEA estaba permitiendo que el transporte de drogas continuara funcionando, de modo que los agentes pudieran ampliar su lista de objetivos. Seguirían allanando y requisando drogas y dinero, pero sin dar el golpe final.
El gobierno estaba tratando de desangrar a la organización.
No sería fácil. La economía de la cocaína generaba millones de dólares a la semana para un reputado barón de la droga como Cazares, cuyos contactos iban desde Colombia hacia el sur del Bronx. La cocaína comprada a productores sudamericanos por cerca de tres mil 600 dólares la libra se vendía a siete mil 200 dólares en Los Angeles, y a nueve mil en Nueva York.
El mayor coste era el transporte. Cuevas ganaba cerca de 250 dólares por libra transportando la cocaína por la frontera mexicano-estadounidense hacia centros de distribución en el área de Los Angeles.
Los camiones cobraran 250 dólares por libra hacia la Costa Este. En avión, un piloto de Carlsband, John Charles Ward, cobraba 450 dólares por libra.
A diferencia de los traficantes colombianos del pasado, los capos del cartel de Sinaloa no controlaban todo el sistema de distribución. Se dice que Cazares se asociaba con organizaciones criminales locales -los miembros de la banda del condado de Orange, los mafiosos italiano-canadienses, los dominicanos en el nordeste- para llevar las drogas a los usuarios.
El margen de ganancias a nivel de mayorista era impresionante: Después de descontar los costes de transporte, una tonelada de cocaína podía rendir 5.4 millones de dólares. En tres años, Cazares había introducido en Estados Unidos unas cuarenta toneladas, generando más de doscientos millones de dólares de ganancias.
Y eso creaba otro problema logístico: llevar el dinero de regreso a México.
De acuerdo a agentes federales y a la acusación de la fiscalía del condado de Los Angeles, de eso se encargaba la hermana de Cazares. Blanca, que aparecía frecuentemente en las páginas sociales de Culiacán y era conocida como "la Emperadora", controlaba las casas de cambio de Tijuana y otras ciudades fronterizas donde el dinero traído por correos desde California del Sur era convertido en pesos mexicanos. El dinero se cortaba en sumas no superiores a diez mil dólares y depositado en bancos a lo largo de la frontera.
Blanca Cazares podía retirar o transferir fondos a voluntad, distribuyendo beneficios entre los socios, distribuidores y su hermano.

Hacendado
A mediados de los años noventa, Víctor Cazares era un inmigrante ilegal con grandes ilusiones que vivía en una destartalada cabaña en la ciudad de Bell, al sudeste de Los Angeles.
Cuando la policía lo arrestó con una bolsa de drogas, dijo que trabajaba como paisajista, que ganaba cincuenta dólares al día y confesó que le gustaba la cocaína. Juró dejarla.
"Los planes del acusado eran trabajar y convertirse al cristianismo", escribió en su informe su agente de libertad condicional.
Para 2005, Cazares había vuelto a su país natal donde cumplió su promesa de construir una iglesia en su hacienda de diez hectáreas en Badiraguato, en las afueras de Culiacán. Cultivaba su reputación como un generoso hacendado y el gobierno mexicano le otorgó más de 129 mil dólares en subsidios para que criara ganado.
Cazares contrataba a lugareños para cosechar sus campos de tomate, pimiento, berenjena y calabaza, pagándoles el doble del salario habitual.
"Era un buen vecino. Le daba trabajo a la gente. Cuando pasaba, nunca dejaba de saludarte", dijo Guadalupe Rubio, que viven en un pueblo cerca de la hacienda.
Cazares era presuntamente el principal distribuidor de Joaquín ‘Chapo’ Guzmán, jefe del cartel de Sinaloa y uno de los traficantes más buscados del mundo.
Sin embargo, de muchos modos, actuaba mucho más como el vicepresidente de transporte de una firma estadounidense, obsesionado con temas logísticos y control de costes.
Mientras los soldados del cartel libraban guerra en ciudades mexicanas fronterizas, asesinando a cientos de rivales y agentes de policía, trabajadores en Estados Unidos preparaban la ruta de las drogas en el anonimato, conduciendo coches pequeños, alquilando casas modestas y llevando por lo general vidas apacibles sin llamar la atención.
Se evitaba derramar sangre en las calles de Estados Unidos. Las disputas se arreglaban en México, donde la disciplina y la venganza podían ejercerse en el peligroso campo en las afueras de Culiacán.

El Gato
Hacia 2006, el dinero llegaba a raudales y Cazares trataba de trazar cada centavo, según constató la pesquisa de la DEA. Llamaba a sus asociados en Estados Unidos a cualquier hora y hacían inventarios semanales de los envíos de cocaína que cruzaban el país.
Cuando las autoridades interceptaban cocaína o dinero, Cazares exigía que los subordinados entregaran pruebas de las confiscaciones: recortes de prensa, partes policiales, documentos judiciales. Si la confiscación era resultado del trabajo policial, la carga era descontada como uno de los costes del negocio. Si era considerada como error del distribuidor, Cazares exigía compensación.
Determinar la culpa exigía a veces métodos extremos, o al menos muy cercanos al interrogatorio. En esos casos, Cazares llamaba a reunión en su hacienda, como hizo después de un allanamiento en marzo de 2006 cerca de Los Angeles.
Cuevas había arreglado una entrega de tres toneladas de cocaína desde Mexicali a un centro de distribución en Paramount. La célula era supervisada desde México por un hombre conocido por sus subordinados sólo como "el Gato."
Apenas horas después de la entrega, la policía allanó el escondite del grupo.
Eligio ‘Pescado’ Ríos, que era el encargado del escondite, huyó a México para evitar ser detenido. Una vez al otro lado de la frontera fue capturado por soldados del cartel. Creyendo que pudo haber causado el allanamiento por descuido o por una traición deliberada, lo ataron a una cama y lo golpearon durante varios días.
Sin embargo, Cazares seguía sin saber por qué había ocurrido el allanamiento.
Así que Cuevas fue llamado para ser interrogado. Quizás las respuestas ayudarían a determinar quién debía pagar por las drogas requisadas y si alguien merecía una golpiza, o algo peor.
Al cruzar la mansión de Cazares, Cuevas miró maravillado el cristal reluciente del suelo del salón junto a una piscina interior. A Cazares le enorgullecía mostrar sus caballos bailarines, y los niños jugaban en un patio lleno de columpios y estructuras para trepar.
Cazares y Cuevas fueron acompañados por un tercer hombre que no fue presentado y que guardó silencio.
Cazares empezó a interrogar a Cuevas sobre el allanamiento en Paramount, sugiriendo que alguien de su grupo había sido seguido o se había convertido en informante.
Dijo que de acuerdo al Gato, el equipo de Cuevas tenía la culpa.
Cuevas responsabilizó al Gato.
En ese momento, Cazares introdujo al hombre silencioso que estaba junto a él. Era el Gato.
Discutieron acaloradamente.
Los choferes de Cuevas habían entregado las drogas, pero el encargado del escondite del Gato habían recibido el envío. Ninguno de los dos quería hacerse cargo de 3.3 millones de dólares.
Finalmente Cazares intervino.
Le impresionó el temple de Cuevas. Después de todo, Cuevas había viajado a Sinaloa sabiendo que podría no volver, y había defendido a su equipo, incluso a los que tenían demasiado miedo como para viajar con él.
Al final, Cazares decidió no imponer ningún castigo. Fue una decisión pragmática, y ejemplificaba el tipo de distribución del cartel. Necesitaba que el Gato y Cuevas siguieran trabajando juntos, para que las drogas siguieran fluyendo. Y Cuevas todavía le debía dinero por requisas pasadas.
Sin embargo, sí trataron de intimidarlo. Antes de permitirle volver a casa a California, le mostraron la habitación donde había estado Ríos. El colchón estaba lleno de sangre.

Hora de Intervenir
Cuando Cuevas volvió a Calexico, la DEA reanudó su vigilancia. Durante más de un año, la operación había logrado datos valiosos, pero ahora los agentes estaban preocupados de que su fachada pudiera ser descubierta.
Un concesionario de San Diego que arregló los frenos del BMW de Cuevas le informó que en el coche había encontrado un dispositivo de seguimiento -que habían instalado los agentes.
Temiendo que Cuevas huyera del país -había estado buscando casa en Culiacán- el grupo de trabajo decidió actuar. En la mañana del 20 de enero de 2007, un grupo especial de operaciones echó abajo la puerta trasera de la casa de Cuevas y lo arrestó en ropa interior. Ese día, y en un otro allanamiento el mes siguiente, el grupo arrestó a dos docenas de miembros de su equipo.
Una serie de barridas se encargó de otros actores en la cadena de suministro, desde la South Gate hasta el sur del Bronx. En total, las autoridades acusaron a 402 personas, requisaron dieciocho toneladas de cocaína y marihuana y 51 millones de dólares en dinero y propiedades durante los veinte meses que duró la Operación Emperador Imperial.
Cuevas se declaró culpable de tráfico de drogas y conspiración, dio testimonio contra algunos de sus antiguos socios y fue sentenciado a trece años de cárcel -mucho menos que algunos de otros acusados.
En cuanto a Cazares, un gran jurado federal lo acusó en febrero de 2007. Agentes federales mexicanos lo vieron en el centro de Culiacán más tarde ese año. Pero estaba protegido por veinte guardaespaldas fuertemente armados, y las autoridades desistieron.
Algunos meses más tarde, soldados mexicanos atacaron su hacienda, pero aparentemente Cazares había sido avisado. Vieron a tres hombres saltando una muralla para huir. El gobierno mexicano confiscó la propiedad.
Unos meses más tarde, los funcionarios se la devolvieron por razones que no están claras.
Sin embargo, los agentes podían enorgullecerse de lo que habían logrado con la Operación Emperador Imperial. Sus turnos de vigilancia a altas horas de la noche, las búsquedas en los tachos de basura y las tediosas sesiones de escuchas telefónicas, realizadas en un cuarto parecido a un búnker lleno de menús para llevar, habían dado importantes resultados.
Pudieron componer una elaborada imagen de cómo introducía el cartel las drogas en Estados Unidos y las distribuía por todo el país. Habían desmantelado su sistema de distribución y habían provocado importantes pérdidas económicas. Habían hecho el trabajo preliminar para una campaña posterior, la Operación Xcellerator, que resultó en 755 nuevas detenciones.
Pero el sentimiento de victoria fue atenuado por el hecho de que la capacidad de recuperación del cartel podía superar incluso las operaciones más vigorosas de la policía.
Cuando se anunció la acusación contra Cazares, la entonces administradora de la DEA, Karen Tandy, dijo: "Hoy hemos acabado con la infraestructura de este imperio en Estados Unidos... y lo hemos arrojado al tacho de basura de la historia."
Más de cuatro años después, el cartel continua introduciendo drogas a través de la frontera en Calexico.
Desde la detención de Cuevas se han formado varios otros equipos de traficantes y el puerto sigue siendo considerado una de las principales vías de acceso de la cocaína en la frontera sudoeste.
Se desconoce el paradero de Cazares. En su hacienda, el césped y la entrada flanqueada de palmeras siguen siendo cuidadosamente mantenidos. Los campesinos dicen que su madre viene de vez en vez y abre la parroquia de murallas blancas, llena de vitrales y decorada con pinturas de ángeles y un sereno Jesús.
richard.marosi@latimes.com
tracy.wilkinson@latimes.com
12 de septiembre de 2011
28 de julio de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

dónde está lópez 48


La investigación sobre el destino de López no dio resultados. En el último año, el juez federal Manuel Blanco no ordenó medida alguna, mientras se fueron perdiendo los recursos humanos a disposición de la pesquisa. Unos sesenta cuerpos NN fueron a parar al expediente, pero no aportaron nada.
[Adriana Meyer] Argentina. A cinco años de su desaparición, la investigación sobre el destino de Jorge Julio López no dio ningún resultado y está paralizada. Hubo diferentes hipótesis sobre las razones de la desaparición del testigo, entre ellas que un conocido suyo intentó convencerlo de desdecirse en el juicio y como se negó lo desapareció una patota integrada por ex militares y ex policías, con apoyo de uniformados en actividad. En los hechos, el final del juicio a Etchecolatz estuvo en vilo porque los abogados que iban a hacer su alegato en base a la existencia de un genocidio no tenían un poder de López, sino que eran sus patrocinantes. Esto es, era necesaria su presencia en la sala. Sin embargo, la querella de Justicia Ya presentó un recurso extraordinario que fue aceptado por los jueces, y así pudo haber sentencia, para decepción de la defensa del ex jefe de Investigaciones de la Bonaerense.
Los primeros meses la familia se sintió investigada. Ruben dice que fueron criticados por haber tenido "una actitud tranquila, por no haber salido a cortar calles, pero cuando tuvimos que hacer alguna crítica lo hicimos en la cara, y luego en los medios". Y agrega: "Al principio pensamos que podía estar extraviado, en la causa no hay una mínima pista de nada, no se puede acusar a nadie porque no hay una sola prueba real. (López) no estaba enfermo, pero pensamos que quizás ese día que se tenía que presentar ‘le saltó la térmica’. Los días siguientes encontramos sus escritos, vinieron psicólogos y pensamos que todo podía haber sido por lo que llaman stress postraumático. Estaba lo más bien hasta el domingo a las 10 de la noche". Como cada protagonista de la historia de López, su hijo mayor tiene su propia teoría sobre las razones de su desaparición. "Alguien se le acercó con algún motivo, antes de esa mañana. Se fue, cerró con llave, apagó la luz, no tomó mate, guardó la llave ahí (debajo de un rosal donde fue encontrada meses después) porque va a volver. Probablemente quien se lo llevó era conocido de él, para nosotros se va por su voluntad."
Irene asiente: "Lo sacaron engañado, quizá fue una venganza de las personas que perjudicó, pero no hay pruebas". Y se reprocha a sí misma por no haber "sentido nada" la noche del 17. Ruben agrega que él no estaba porque tenía que trabajar en Capital, y acota que su hermano tampoco se quedó con López a ver "los partidos que miraban siempre". De algo están convencidos: si no hubiera declarado estaría con ellos, dicen. "Teníamos miedo de que le pasara algo, nos reprochamos no haber ido a averiguar si alguien lo iba a proteger, por eso pedimos que se investigue quién tuvo la responsabilidad de hacerlo", explica Ruben. "Nunca se imaginaron que iba a volver a pasar una cosa así", agrega Irene. Se refieren a la denuncia que hizo la familia contra los funcionarios judiciales de la causa y las abogadas del testigo, hecho que consolidó la brecha entre los familiares de López y sus compañeras de cautiverio primero, y de querella después.
El juez federal del caso, Arnaldo Corazza, se apartó por "violencia moral" tras esa denuncia. Ruben López se pregunta si acaso la familia no sufrió lo mismo "cuando dejaron en la nada la denuncia de Atalaya o la de Misiones". Si bien ese magistrado no había logrado ningún avance, a partir de su apartamiento el expediente entró en una maraña judicial que sólo llevó a su actual parálisis. En el último año el juez federal Manuel Blanco no ordenó medida alguna, en medio del lento desmantelamiento de los escasos recursos humanos que la querella había arrancado a la burocracia judicial. El secretario que la Procuración había destinado para la instrucción se fue y nadie lo reemplazó. A principios de año la Policía de Seguridad Aeroportuaria, que tenía a su cargo el sistema de entrecruzamiento de datos, renunció a la investigación. Las "brigadas de la Policía Federal", que en su momento había puesto el ministro Aníbal Fernández a disposición, están en Capital y como carecen de conducción judicial no tienen nada que hacer. En febrero el ministro de Seguridad y Justicia bonaerense, Ricardo Casal, acercó un testigo por cuyos dichos se armó el megaoperativo del parque Pereyra Iraola. El resultado fue negativo y el informante resultó ser "trucho". En los últimos días, una denuncia sobre un cadáver NN en una morgue judicial demostró cuán errática es esta investigación: sobre el mismo se habían dispuesto medidas en 2007, que finalmente no habían sido continuadas y provocaron que por más de cuatro años el cuerpo quedara allí. Unos sesenta cuerpos NN encontrados en todo el país fueron a parar al expediente, sin que aportaran nada.
La AEDD definió a la causa como el "monumento nacional a la impunidad". Para esa agrupación que nuclea a sobrevivientes de la dictadura, el día que coronaban sus esfuerzos de 30 años con la inminente condena al genocida Etchecolatz fue un volver a empezar. "Miles salimos a la calle en La Plata, bajo una lluvia torrencial, el viernes de la primera semana, gritando desesperadamente y después de tantos años ‘aparición con vida y castigo a los culpables’", recordaron. Esa noche, el gobernador bonaerense Felipe Solá y sus ministros les dijeron que "estaba en peligro la gobernabilidad de la Bonaerense porque al momento de la desaparición de López había en sus filas 3 mil efectivos que en los años 1976 y 1977 estuvieron destinados a dependencias donde funcionaron centros clandestinos, y a quienes ningún gobierno había separado e investigado". Hoy afirman que fue la evidencia de que el destino de López nunca sería esclarecido.
12 de septiembre de 2011
©página 12

fantasías fiscales europeas


Los europeos deben apartarse de las políticas austeras que están causando la recesión, no aliviándola. Deben estimular la demanda en las economías más fuertes, como Alemania, y posponer las políticas de austeridad en las más frágiles.
Los presidentes de Europa creen que pueden evitar el desastre económico sin emprender acciones de verdad. Siguen pretendiendo que no tendrán que pedir a los contribuyentes que ayuden a reforzar sus bancos frágiles, que dosis cada vez más grandes de austeridad permitirán que economías débiles como la griega paguen sus deudas, y que Europa puede continuar cosechando los beneficios de la unión sin las responsabilidades compartidas de una mayor unión fiscal.
Nadie más cree en esto. No lo creen los mercados crediticios, que han subido las tasas de interés sobre la deuda soberana. No lo cree el Fondo Monetario Internacional, que ha advertido en repetidas ocasiones que los principales bancos están descapitalizados. Y no lo cree la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, que la semana pasada pronosticó un crecimiento negativo en el próximo trimestre para Alemania, Francia e Italia, las tres economías más importantes de la zona del euro.
El temor inmediato es que uno o más importantes bancos europeos puedan quebrar. La confianza está cayendo en picado debido a que tienen cuantiosas obligaciones griegas, españolas e italianas. Una quiebra bancaria importante también podría dañar a la economía estadounidense, lo que ayuda a explicar los urgentes llamados de Washington la semana pasada de que Europa proponga una estrategia de recuperación y crecimiento. El secretario de Hacienda, Timothy Geithner, se reunió con los ministros de economía europeos para hablar sobre cuál podría ser esa estrategia. Pero de momento la canciller Angela Merkel (Alemania), el presidente Nicolás Sarkozy (Francia) y el primer ministro Silvio Berlusconi (Italia) no han mostrado el liderazgo político que se necesita para forjar una solución de largo plazo.
Entretanto, el mundo real persiste en inmiscuirse en las fantasías políticas europeas. La sana apariencia de los balances de bancos importantes desaparece cuando se tienen en cuenta los futuros saneamientos y las moras parciales. Se debe apartar capital para esta contingencia, y gran parte de este tiene que provenir de fondos públicos. A cambio, los gobiernos deben exigir participación en los beneficios futuros y regulaciones más estrictas.
Países como Italia y España ya encuentran imposible financiar su deuda sin compras de emergencia del Banco Central Europeo, que es la única solución a corto plazo. Emitir bonos europeos puede ser un paso en la buena dirección ya que Europa como un todo puede tomar prestado mucho más barato que sus países deudores.
Más importante, los presidentes europeos deben apartarse de las políticas austeras que están causando la recesión, no aliviándola. Deben estimular la demanda en las economías más fuertes, como Alemania, y posponer las políticas de austeridad en las más frágiles. Una razón por la que Grecia continúa fracasando en cuanto a lograr sus objetivos de déficit es que la recesión está reduciendo los ingresos fiscales casi tan rápidamente como el gobierno rebaja drásticamente el gasto. Ahora Italia, cuyas tasas de crecimiento la han situado detrás de Europa durante una década, está siendo obligada a ingerir el mismo y pésimo remedio.
Impulsar el crecimiento exige no solamente políticas monetarias y fiscales más fáciles, sino una continua presión para reformar los mercados laborales y la privatización de compañías públicas ineficientes. También exigirá una coordinación más centralizada de la política fiscal para los diecisiete países de la zona del euro. Sin embargo, la mayoría de ellos todavía le dan largas a la necesidad de implementar las modestas reformas que sus presidentes acordaron introducir en julio.
No hay tiempo que perder. La deuda y el colapso del sistema bancario en Europa este otoño podría fracturar el euro y empujar al planeta hacia una nueva recesión.
12 de septiembre de 2011
10 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

a cinco años de la desaparición de lópez


Historias de militancia y cautiverio del testigo cuyo paradero se desconoce desde el 18 de septiembre de 2006. Los familiares y compañeros de la Asociación de Ex Detenidos reconstruyen la vida de Jorge Julio López. "Me pareció perfecto lo que hizo, más allá de las consecuencias que tuvo", dice su hijo Rubén sobre la declaración del testigo en la causa Etchecolatz.
[Adriana Meyer] Argentina. La angustia se había apoderado de Irene luego de la primera desaparición de Tito, durante la dictadura. Ese vacío, como si le faltara una parte de sí misma, aumentaba de noche al punto de quitarle el sueño. Desde entonces sólo se dormía con pastillas y por eso la segunda vez no escuchó nada. "Me da bronca, me queda ese dolor de decir cómo no lo sentí porque la cama estaba abierta, como que se iba a acostar, y yo no sentí nada", dice Irene durante una larga charla que Página/12 mantuvo con ella y su hijo mayor, Ruben, en la casa de Los Hornos. Esta mujer de pocas palabras pone énfasis, casi por única vez, para expresar su impotencia por lo irreparable, por el cierre trágico de un ciclo que empezó en 1976. Así como desapareció dos veces, la última hace casi cinco años para nunca más aparecer, Jorge Julio López vivió varias vidas. Sus compañeros de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD) le rindieron homenaje con una edición especial de su revista, en la que reconstruyeron los detalles de su militancia y su cautiverio, y que completan el relato familiar de quien sobrevivió a los sicarios del Estado hace más de treinta años, y desapareció en democracia tras acusarlos por los delitos de lesa humanidad que cometieron.
Era callado, tranquilo, cuidaba sus plantas, no sólo los malvones que se veían en el jardín, también cultivaba tomate, acelga, orégano y perejil. En sus últimos días tenía que comer sin sal, Irene le preparaba pescado y pollo. "Típico de albañil, comía la carne vuelta y vuelta, así que de chico aprendí yo a hacer asado", dice Ruben. Y se ocupaba de sus perritas, a las que había enseñado a salir solas a la calle.
Jorge Julio López era hijo del español Eduardo López y de Consuelo Rodríguez. Había nacido el 25 de noviembre de 1929 en Elordi, un pueblo cercano a General Villegas. "Ahí pegó mucho la desaparición, cuando fui sin avisar se armó un revuelo enorme", cuenta su hijo mayor sobre uno de los tantos operativos de búsqueda de los que participó, en ese caso con la Policía Federal y la Secretaría de Inteligencia. Sus padres eran cuidadores de un campo de la zona, y Jorge Julio dejó los estudios primarios en cuarto grado para ayudarlos. Tenía cuatro hermanas y un hermano. Hizo el servicio militar en San Martín de los Andes y cuando terminó se fue a las afueras de La Plata, a trabajar en la zona de quintas. Allí conoció a quien sería su mujer, Irene, al parecer en un baile. Tras dos años de noviazgo se casaron en 1962 y tuvieron dos hijos, Ruben y Gustavo. Para entonces ya trabajaba en la construcción, oficio que aprendió de su primer patrón, el dueño de una empresa que hacía remodelaciones. Irene también tiene cinco hermanos y, al igual que su marido, trabajaba en las quintas. Pero sus habilidades iban más allá, cosía y tejía por encargo. "Tejí toda mi vida, a mano, me traían la revista con ese punto y así salía. Ahora se ríen, pero en ese momento se usaba mucho, tuve que dejar porque no me daba la vista. Me entretenía, por aquellos años no había televisión, no había nada. Sólo la radio", dice Irene. "No era muy conversador, no contaba cosas del trabajo, era muy cerrado. Después de que le pasó eso empezó a renegar más, a enojarse con la situación, pero no mucho, yo no quería que me hablara de esas cosas, de política nunca supe nada, y menos después de que pasó eso", cuenta sobre su esposo. En esa zona había por entonces apenas tres casas, Julio compró una pequeña en 68 y 140 y la fue ampliando con sus propias manos, luego con sus hijos.

Primera Desaparición
López tenía 47 años cuando se acercó a la Unidad Básica Juan Pablo Maestre, en Los Hornos. Un grupo de jóvenes platenses de la Juventud Peronista y de Montoneros, entre ellos Ambrosio de Marco y Pastor Asuaje, la habían creado en junio de 1973 con el nombre de ese militante de las FAR, secuestrado y asesinado. Un día López planteó que "esos que gritan Perón, Evita, Partido Socialista, no son peronistas", y a partir de entonces lo apodaron "Partido Socialista". Pero esas diferencias se saldaron rápido, como muestran sus palabras sobre Patricia dell’Orto, compañera de De Marco. "Llevó a chiquitos desamparados a Mar del Plata a conocer el mar, ella y otras chicas andaban en bicicleta para ahorrar, para darles de comer a esos chicos, eran mujeres de oro", describió López en uno de sus testimonios, reproducido en la edición especial de Tantas voces, tantas vidas, la publicación de la AEDD. Para Irene, "no era una unidad básica de otra cosa, por lo que yo sé, nunca fui, aunque a lo mejor era política, él iba un rato los fines de semana, cuando podía". El recuerdo de su hijo es que "iba a una unidad de ayuda social, hacían carreras de embolsados y daban chocolate y juguetes para el Día del Niño". Ruben agrega que "de ahí se llevaron a 10 o 12 personas la misma noche y los días siguientes". Se refiere al 27 de octubre de 1976, cuando López fue secuestrado por primera vez. "Serían las 10 de la noche, los chicos, que tenían 11 y 8 años, estaban durmiendo. Entraron por la puerta a la fuerza", dice Irene. Ruben le vio la cara a uno de la patota del represor Miguel Etchecolatz. La mujer cuenta que la pusieron contra la pared, que les pidió por los chicos y le dijeron que se quedara tranquila, que no les iba a pasar nada. "No sé por qué se lo llevaron, era un hombre de trabajo", agrega.
La familia fue al ex Regimiento 7, a Tribunales, a la comisaría de Los Hornos, pero no tuvo noticias de López durante seis meses. Según Ruben, cuando pasó por la comisaría 8ª, "donde los ponían bien para blanquearlos", supieron que estaba vivo por el cuñado de un vecino que era policía. El hijo apela una vez más a sus vivencias. "Cuando lo pasaron a la Unidad 9 lo visitábamos, era una sensación horrible ir a la cárcel, sólo nos daban media hora." Irene acota que su familia la ayudó durante esos tiempos, que hizo tareas de limpieza en una panadería porque "había que comer". Una vez que lo liberaron, dice, los patrones lo recibieron como si nada hubiera pasado. "Yo tenía miedo de que volviera a pasar lo mismo, entonces no quería que hable, así que muchas cosas se las guardó. Por eso muchas cosas no las sé, lamento haber sido así porque quizá tenía cosas para contar. Nosotros tampoco preguntábamos, era como un acuerdo", resume.
Los 160 días que estuvo detenido-desaparecido pudieron ser reconstruidos a partir de sus testimonios, que tenían un alto nivel de detalle. López estuvo en silencio muchos años, pero cuando se jubiló empezó a escribir lo que había vivido en papeles sueltos, hojas de publicidad, boletas y hasta bolsas de cal. Así armó carpetas que su familia sabía que existían pero no dónde estaban, hasta su segunda desaparición. Eran tres y las había guardado en una caja, en el doble fondo de una valija. Ruben confiesa que pudo leer apenas una parte porque le resultó "muy doloroso". Irene nunca quiso siquiera mirar el material con que López había hecho su catarsis. El paso que va del rompecabezas de textos y dibujos de su puño y letra, con las caras de represores y detenidos, hasta la decisión de declarar ante la Justicia lo pudo dar cuando lo contactaron los familiares de Patricia dell’Orto, a fines de los años ’90, y por la motivación de la promesa que le había hecho a ella cuando ambos estaban en cautiverio: si López salía tenía que decirle a su hija, Mariana, que su mamá la quería.

La Tortura
Lo subieron a un carromato, le pusieron un pulóver en la cabeza y lo ataron con las mangas y con un alambre. Fue torturado toda la noche. A la mañana sintió olor a chancho y se dio cuenta de que estaba en la antigua división Cuatrerismo de Arana, sabía que por ahí había un criadero de cerdos. En sus testimonios habló de fosas comunes, lo que se confirmó con el hallazgo de restos óseos en 2009. Allí la reconstrucción de los compañeros y el relato familiar se complementan. "Estaban calcinados, como decía mi viejo, que los mataban y los quemaban con cubiertas", afirma Ruben. En los reconocimientos judiciales de la causa Etchecolatz, López fue muy preciso y, junto a la sobreviviente Adriana Calvo, fallecida en 2010, identificó el recorrido de su calvario. Estuvo detenido junto a Francisco López Muntaner, uno de los chicos de la Noche de los Lápices, y con sus ex compañeros de la unidad básica, Ambrosio y Patricia. López pudo ver por un agujerito de su celda el fusilamiento de ambos. "Patricia pidió que no la mataran porque quería criar a su hijita", declararía años después. De Arana pasó a la comisaría 5ª de La Plata, luego a la 8ª y en marzo de 1977 a la Unidad 9, donde estuvo 812 días a disposición del PEN.
En 2006, cuando declaró ante el Tribunal 1 de La Plata estuvo acompañado por sus dos hijos, su sobrino y su nuera. "Ahí entendimos que aunque hubiéramos intentado convencerlo de que no declarara no lo habríamos logrado. Al haberlo escuchado me pareció perfecto lo que hizo, más allá de las consecuencias que tuvo. Cumplió su deber como ciudadano, hoy la gente tiene miedo hasta de salir de testigo de un choque", dice Ruben. Tras aquella audiencia, que se proyecta en cada aniversario y vuelve a estremecer, López planeaba festejar su cumpleaños y la condena a Etchecolatz con una gran comida a la canasta, en la que quería juntar a la familia y los compañeros. Pero el 18 de septiembre de 2006, cuando tenía que presentarse para los alegatos, no apareció. Fue su segunda desaparición.
Entonces volvió a profundizarse la distancia entre la familia y los organismos de derechos humanos que lo sostuvieron durante el juicio. Mientras Ruben López decía en TV que su papá podía estar extraviado, Adriana Calvo, Nilda Eloy y sus abogadas supieron casi de inmediato que no estaban ante una averiguación de paradero, como se caratuló la causa durante los primeros años, sino ante una nueva desaparición forzada. López había identificado y acusado a Etchecolatz y a otra media docena de genocidas.
12 de septiembre de 2011
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eua mantiene cárcel de guantánamo


Pese a la promesa de Obama, la cárcel de Guantánamo no cerró. La cárcel sigue funcionando como campo de concentración, y los funcionarios de la era Bush que justificaron las torturas a presos en Guantánamo y en las cárceles secretas de la CIA aún no han sido puestos en el banquillo de los acusados.
[Mercedes López San Miguel] Estados Unidos. La cárcel de Guantánamo, definida como un campo de concentración por algunos analistas, sigue abierta diez años después de los atentados contra las Torres Gemelas. Guantánamo fue una de las respuestas más criticadas de la administración de George W. Bush tras los ataques de 2001, como lo fueron la invasión a Afganistán e Irak. Su sucesor, Barack Obama, no pudo cumplir su promesa al asumir de cerrar el penal. Tampoco puso en el banquillo a los funcionarios de la era Bush que justificaron las torturas a presos en Guantánamo y en las cárceles secretas de la CIA en el nombre de la guerra contra el terrorismo.
Quien haya visto el documental Camino a Guantánamo se habrá impactado al observar de primera mano la recreación de las torturas y vejaciones que sufrieron cuatro veinteañeros británicos de origen paquistaní encarcelados en la prisión norteamericana por ser considerados terroristas. Que se haya comprobado que no tenían ningún vínculo con Al Qaida no repara las horas de angustia que vivieron. Sus relatos reflejan uno de los tantos testimonios de los prisioneros en este penal de la base naval estadounidense en Cuba. Un penal que empezó a albergar a "sospechosos" de terrorismo en enero de 2002 y debía ser cerrado a más tardar en enero de 2010.
Organizaciones defensores de los derechos humanos denunciaron el limbo jurídico en el que quedaron los 800 detenidos que pasaron por Guantánamo, sin poder acceder a un juicio en tribunales ordinarios. Según documentos de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), revelados en 2007 como parte de una demanda entablada por la Unión de Libertades Civiles de EE.UU., varios detenidos fueron sometidos desde 2002 a malos tratos y torturas físicas y psíquicas, como la exposición a temperaturas y sonidos extremos, la privación del sueño o la profanación del Corán.
Guantánamo no es el único lastre de la guerra preventiva. Durante la era Bush se develó que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) trasladó a unos 3000 sospechosos de terrorismo a sus centros clandestinos de detención (black sites), que tiene en todo el mundo. Según un informe de la Unión Europea de 2007, la CIA operó 1245 vuelos a través del territorio europeo. Allí los prisioneros fueron sometidos a "interrogatorios durísimos", que según las leyes internacionales corresponden a métodos de tortura, como por ejemplo el "submarino" (simulación de ahogamiento).
"La base naval de Guantánamo es un campo de concentración. Lo que la CIA hace hoy es igual que la Gestapo de Hitler. Mantiene prisiones secretas en diversos países donde tortura a los prisioneros", afirma a Página/12 desde Alemania Luiz Alberto Moniz Bandeira, politólogo y profesor de la Universidad de Brasilia. El cientista político señala que Obama continúa la política de Bush pero con otros métodos. "Obama pretende cambiar el concepto de la OTAN, contrariando el objetivo del tratado que creó a la alianza atlántica y darle la capacidad de policía global (global cop) para enfrentar las ‘nuevas amenazas’ como el terrorismo, los ataques cibernéticos y los misiles balísticos."
Los activistas de derechos humanos le reclaman y reprochan al mandatario demócrata que se niegue a procesar a los funcionarios que durante el gobierno de Bush aprobaron el uso de esos métodos de interrogatorio. Como el ex vicepresidente Dick Cheney, quien dijo sin ruborizarse a la cadena ultraconservadora Fox: "Esa práctica funcionó. Aportó datos secretos de relevancia vital".
Raúl Cerdeiras, filósofo y director de la revista Acontecimiento, señala a este diario la contradicción de Occidente. "Las grandes democracias no tienen empacho en decir que torturan y llegan a justificar la tortura. Invaden países y matan a poblaciones indefensas como la de Irak. El discurso en el que se basó George Bush para invadir era el de la cruzada contra el mal. En el momento en que un pensamiento que viene de la democracia plantea una cuestión casi religiosa del Eje del Bien y del Mal se convierte en fundamentalista. Bush dividió al mundo en dos: la democracia del lado del bien, el terrorismo del lado del mal. Esto muestra los límites del pensamiento democrático."
Con todo, Obama prohibió a sus hombres el uso del submarino y toda práctica de tortura en general, así como el cierre de las cárceles secretas de la CIA. En marzo pasado, el presidente emitió una orden ejecutiva para mantener un régimen de detenciones "legal, sostenible y conforme a principios", hasta que pueda cerrar el penal. Si es que puede.
El Congreso norteamericano pone trabas para destinar fondos a la clausura de Guantánamo, trasladar los presos a Estados Unidos y enjuiciarlos en tribunales federales. Hoy los detenidos allí son 171: afrontan la posibilidad de un juicio ante un tribunal militar, el traslado a sus países o detenciones indefinidas. Algunos de esos hombres en overol naranja puede que sigan presos de por vida, sin recibir un proceso justo.
12 de septiembre de 2011
11 de septiembre de 2011
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aceleran pedido de expulsión


Buscan acelerar el juicio político contra Romano. Si el jury avanza pronto y destituye al camarista prófugo, facilitaría su detención. Los encargados de juzgarlo se reunirán mañana para apurar la puesta en marcha del proceso.
[Irina Hauser] Argentina. El jurado de enjuiciamiento que tiene por delante la misión de realizar el juicio político al camarista mendocino prófugo Otilio Romano hará mañana una reunión de emergencia en la que sus integrantes tratarán de acordar una estrategia para acelerar el inicio de las audiencias, que originalmente estaban previstas para después del 23 de octubre. Si el jury avanzara pronto y resolviera la destitución, facilitaría la detención del juez, suspendido en sus funciones y procesado en una causa penal por 103 casos de torturas, secuestros, desapariciones, robo de bienes y allanamientos ilegales en los que se lo acusa de haber sido partícipe primario entre 1975 y 1983, cuando actuaba como fiscal y juez subrogante.
El fiscal de esa causa, Omar Palermo, pidió el viernes la captura y la detención de Romano porque considera que en su condición de fugitivo ya no lo protegen los fueros, que pretende usar "como garantía de impunidad". El juez Walter Bento decidirá esta semana los próximos pasos. Así las cosas, con o sin inmunidad de arresto, lo único que podría salvarlo es que el gobierno de Chile, que le dio una visa para quedarse ocho meses, también le otorgue el asilo político que pidió.
El juicio político podría comenzar sin él o hacerse íntegro en su ausencia, mientras exista la presencia permanente de un defensor oficial en las audiencias. Romano, de hecho, no presentó abogado defensor dentro del plazo que tenía para hacerlo. El trámite por el cual Chile debe resolver si lo expulsa o le da protección puede demorar uno o dos meses, aunque haya pedido judicial de captura. El juicio penal no se puede realizar sin el imputado presente.
Romano, un histórico todopoderoso de la Justicia de Mendoza, fue suspendido en sus funciones el 25 de agosto último por una decisión unánime y de todos los sectores del Consejo de la Magistratura. El camarista prófugo había logrado dilatar un año y medio el inicio del juicio político con toda clase de artimañas. En la acusación, se lo responsabilizó de haber actuado de manera "funcional" al terrorismo de Estado al haber "omitido en forma reiterada y prolongada" en el tiempo la investigación de "delitos de lesa humanidad de los que habría tomado conocimiento" como funcionario judicial. El dictamen está basado en las imputaciones penales de la Justicia mendocina.
Desde que se votó la suspensión, empezó a correr el reloj para el jurado de enjuiciamiento, que tiene por ley seis meses para dictar una sentencia. Los cálculos de los miembros del jury apuntaban a noviembre. La huida de Su Señoría, sin embargo, empujó a cambiar los planes. Sobre el final de la semana, los consejeros que actuarán como fiscales –el delegado del Ejecutivo, Hernán Ordiales, y el diputado K Carlos Moreno– pidieron informalmente al tribunal que intente acelerarlo. Ordiales le dijo a Página/12: "Pretendemos que el jurado inicie el enjuiciamiento a la mayor brevedad posible para poder salir de esta situación de incertidumbre e irregular; lo haremos desde ya respetando el debido proceso, el derecho de defensa y los plazos previstos. Es importante para que se pueda resolver la causa penal y hacer el juicio oral contra Romano".
Para los consejeros, el camarista todavía goza de la protección de los fueros, lo que impediría detenerlo, o en caso de que Chile lo mande capturado en breve, deberían liberarlo en Argentina a menos que ya esté destituido y haya perdido definitivamente el cargo. En cambio el abogado del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) Pablo Salinas –uno de los organismos impulsores de la investigación– y el fiscal Palermo creen que a esta altura, y con Romano en condición de prófugo, carece de inmunidad. "Los fueros protegen a un juez en su función judicial, no cuando está prófugo. Ahora debe ser detenido y extraditado", reclamó Salinas. Palermo se pronunció el igual sentido al pedir la captura.
Ahora el juez Bento tendría básicamente dos caminos: pedir la captura internacional y disponer la prisión preventiva, o dictar algo así como una "comparencia compulsiva" para que se presente sí o sí en el juzgado. Romano ya está encaminado a un juicio oral, con procesamientos confirmados en primera y segunda instancia. Los graves delitos que se le atribuyen podrían depararle en una sentencia las máximas penas. Bento tiene que responderle a Interpol un pedido para que explique el Estado de la causa, requerido en rigor por el Ministerio del Interior chileno. Seguramente cuando conteste informará sus próximos pasos.
En cualquier caso, el gobierno chileno tendrá que decidir si le da asilo político a Romano o bien, si la Justicia mendocina ordena detenerlo, tendrá que evaluar si le revoca la visa transitoria. Las normas de ese país excluyen la posibilidad de asilo a personas implicadas con "fundados motivos" en "delitos contra la humanidad".
El subsecretario del Interior de Chile, Rodrigo Ubilla, sugirió el viernes que el caso de Romano no sería utilizado en represalia por el asilo político que Argentina le dio al ex guerrillero Galvarino Apablaza. En la Casa Rosada todavía se reservan una cuota de duda, según pudo saber este diario. Ven el tema casi como "una prueba de amor" o de "solidaridad" del gobierno de Piñera "en un caso que involucra delitos de lesa humanidad".
12 de septiembre de 2011
11 de septiembre de 2011
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