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américa latina

memoria y verdad en el salvador


Una roca de granito liso con casi treinta mil nombres en homenaje a los caídos o desaparecidos en la guerra civil de los años ochenta, y la lista sigue creciendo.
[Ken Ellingwood] San Salvador, El Salvador. Se yergue solemne en una sombreada esquina de un parque de la ciudad, un incongruente emblema del dolor entre la feliz algarabía de las familias de picnic y los niños que persiguen ajados balones de fútbol.
Un granito que es un eco del monumento en homenaje a los soldados caídos en Vietnam, el memorial de noventa metros de largo y color gris plomizo es una gigantesca lápida de la guerra civil que desgarró a El Salvador en los años ochenta.
Grabado con cerca de treinta mil nombres, el Monumento a la Memoria y la Verdad es un listado de los muertos y desaparecidos en el conflicto, que terminó en 1992. Está incompleto. Oficialmente, la guerra entre las guerrillas de izquierdas y el gobierno militar de extrema derecha se cobró la vida de 75 mil personas, con miles de desaparecidos más. No todos los nombres de las víctimas de la guerra eran conocidos cuando empezó el proyecto del monumento, así que la lista sigue aumentando.
El monumento, erigido hace cinco años por la alcaldía de izquierda de la ciudad, atrae a visitantes de todo el país que lloran a sus seres queridos que cayeron víctimas de la violencia política o que, en muchos casos, simplemente desaparecieron.
Un nombre inscrito en esta reluciente roca es a menudo lo más parecido a una sepultura que tienen muchas familias. Las pulcras hileras de nombres representan trozos de historia, fibras de recuerdos y angustia personal.
"Son historias", dijo Cipriana Rivera, 73, una mujer de piel cobriza con una falda de flores y un polo que buscaba el nombre de su marido, que desapareció en 1979 o 1980. "Esas son las historias que ocurrieron".
Su historia, como la de muchos de ese turbulento periodo, no tuvo un final real. Su marido, Tomás Candelaria, de algo más de cuarenta años, activo en una cooperativa campesina en la ciudad rebelde de Suchitoto, salió un día de casa y no volvió nunca más.
Rivera asume que fue asesinado, pero nunca confirmó su muerte. En la época se enteró de que en esa zona habían encontrado un cuerpo. El hombre no tenía los incisos, como su marido, y lucía una cicatriz sobre el ojo derecho, como su marido.
Pero Rivera nunca vio el cuerpo, que fue enterrado a toda prisa por el ejército. Podría haber sido su Tomás, dijo, dejando ver sus dientes revestidos de plata. O no.
Los nombres inscritos están ordenados por año y categoría: asesinado o desaparecido. El último año listado es 1992, cuando la guerra terminó con un acuerdo de paz que implicó el retorno del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FFMLN, a la vida política, junto con sus enemigos de la extrema derecha.
Una comisión de la verdad recomendó la construcción de un monumento para ayudar a la sociedad salvadoreña a curar sus heridas, pero la idea no llegó a ninguna parte hasta que una coalición de organizaciones de derechos humanos se encargó del proyecto.
Logró el apoyo de la alcaldía de San Salvador, por entonces en manos del FFMLN. El monumento de tres metros de alto fue descubierto en diciembre de 2003, con casi veintiséis mil nombres de hombres, mujeres y niños. En marzo se agregaron paneles con 3.169 nombres más.
"Es un lugar donde se pueden liberar los dolores del pasado", dice Carlos Henríquez Consalvi, que jugó un papel determinante en la creación del monumento. "Es también un lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender la historia contemporánea de El Salvador y construir una cultura de paz".
Pero aquí el pasado es inevitablemente político, y muchos derechistas probablemente ven el monumento como teñido por los prejuicios. Por ejemplo, todas las muertes son descritas como "homicidios". El monumento describe los abusos y masacres de civiles cometidas por la derecha, pero no menciona los excesos de los rebeldes.
Su mayor punto de atracción es personal. El monumento es un lugar preferido durante la celebración anual del Día de los Muertos, cuando cientos de familias salvadoreñas recuerdan a sus seres queridos colocando flores y velas a los pies de la lisa muralla de piedra.
Durante los otros días, los visitantes llegan en grupos de dos o tres, deletreando las ordenadas hileras de nombres y pasando los dedos sobre las inscripciones. Esta mañana, Rivera llegó con su nieto de treinta, que dijo que su padre murió en una emboscada del ejército en 1985.
El joven, Tomás Arévalo, tenía entonces siete años. Dijo que conservaba tres fotografías de su difunto padre, pero el nombre grabado aquí -Tomás Francisco Arévalo- era igualmente un vínculo tangible.
Rivera se tendría que satisfacer con ver el nombre de su yerno. Su marido no está en la lista. No todavía.
El monumento todavía tiene espacio para más nombres.

ken.ellingwood@latimes.com

Alex Renderos contribuyó a este informe.

14 de agosto de 2008
28 de julio de 2008
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tendal en la guerra de los paramilitares


La oscura red de asesinatos en el rompecabezas de las bandas narco colombianas. Los asesinatos de Héctor ‘Monoteto’ Duque Ceballos y Jorge Alexánder Quintero Gartner, en Unicenter hace pocos días, son apenas la punta del iceberg de un mundo en el que bandas de paramilitares se disputan los gajos del imperio de los carteles de la droga.
[Katalina Vásquez Guzmán] Medellín, Colombia. Reinaldo Ríos fue descuartizado. Sus asesinos, los mismos que enviaron sicarios para acribillar a Monoteto, en Argentina, y a Job, en Medellín, usaron una motosierra para darle muerte. Fue asesinado junto a otros seis civiles en Yondó, un pueblito a trescientos kilómetros de Medellín, en las que se conocieron como masacres paramilitares a campesinos, que hacían parte de la siniestra estrategia de expansión de ese grupo ilegal en la década pasada por todo el país. Los otros dos asesinados, en cambio, eran también paramilitares y narcotraficantes, y son los muertos más sonados de la que sería la nueva etapa del movimiento "para" en Colombia, que se da por la nueva acomodación de rutas del narcotráfico y control territorial, y que ahora impacta también otros países de Latinoamérica.
De ese terror en el que son expertos los paramilitares desde hace tres décadas, cuando surgieron los primeros grupos de autodefensas para combatir la guerrilla, están llenas hoy las calles de Medellín. Lo que pasó en Buenos Aires es una muestra sencilla, aunque cruel, de la forma cómo se persiguen y asesinan los paras en esta ciudad, conocida mundialmente por ser la cuna del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria, quien también tiene historia en la conformación de escuadrones paras. El grupo MAS (muerte a secuestradores) fue creado por él y otros capos en 1981 tras el secuestro, por parte del grupo insurgente M-19, de Marta Nieves, miembro de la familia Ochoa que integraba el Cartel de Medellín. El grupo tenía como fin proteger a los familiares de los narcos, pero también a la clase social adinerada, de las extorsiones y secuestros ejecutados por las distintas guerrillas como medio de financiación para su lucha.
Narcotráfico y paramilitarismo hicieron una alianza mortal desde que los grupos de autodefensa –que se ampararon en principio en leyes nacionales del año 1964– construyeron, además de la organización política, estructuras militares para cultivar y comercializar la cocaína colombiana. Muchos narcos, que no eran autodefensas pero que veían amenazado su negocio cuando la guerrilla empezó a usar la coca como bastión financiero, se aliaron con los primeros otorgando armas y mercenarios. Desde los años ochenta, asesinatos horribles como ahora el de Reinaldo Ríos fueron pan de cada día. Y los paramilitares cometían, por año, hasta cien masacres donde acribillaban y enterraban en fosas comunes a hombres, mujeres y niños. Lo hacían, a veces, a nombre de un proyecto político de acabar con la insurgencia. Métodos como el de la motosierra, aprendidos de mercenarios llegados de otros países para entrenarlos, como Yair Klein, delataban propósitos también mafiosos.
Por eso hoy no es raro ver cómo los paramilitares, a quien el presidente Alvaro Uribe les abrió las puertas para volver a la legalidad, sean los mismos narcos que ordenan muertes a diestra y siniestra para no perder el control o ganar nuevas rutas y tierras, en los negocios ilegales. El comercio de la cocaína es el principal de ellos y ha cobrado, en lo que va del año, más de 150 homicidios en Colombia y, ahora, en la Argentina.
Héctor Duque Ceballos, alias ‘Monoteto’, era el hombre de confianza y lugarteniente de ‘Macaco’, paramilitar extraditado a Estados Unidos junto a otros trece comandantes en mayo pasado. Las fuerzas oscuras del movimiento lo persiguieron, primero, en Venezuela y Brasil, y el 24 de julio pasado lo alcanzaron en el shopping Unicenter de Buenos Aires. El killer o los killers –aún no se precisa cuántos fueron– les dispararon con dos pistolas calibre 40 a él, a Jorge Alexánder Quintero Gartner y a Julián Andrés Jiménez Jaramillo. El último sobrevivió. Pero los primeros se sumaron a la lista de las bajas ordenadas por los mismos paras que se disputan el poder tras la extradición masiva a Norteamérica, como lo hizo Antonio López, alias ‘Job’. Este había regresado a Medellín dos días antes de su muerte, tras pasar varios meses en Bogotá en supuestas labores de la corporación que dirigía y que se encargaba de apoyar a los ex paramilitares que entregaron las armas, en el proceso de desmovilización iniciado en 2003, durante el primer gobierno de Alvaro Uribe. A la hora del almuerzo, cuando apenas trascurrían diez minutos de su llegada al lugar, dos hombres abrieron fuego contra Job.
Macaco, cuyo nombre real es Carlos Mario Jiménez, fue el primero en sonar como responsable de los crímenes. Que lo traicionaron y por eso merecieron la muerte, se dijo en principio. La de Job es una muerte vinculada, dijeron otros, a alias ‘Don Berna’, otro jefe para extraditado. El diario El Tiempo informó que quizá Job y un abogado cercano a Berna estaban polemizando por algunos bienes que, supuestamente, el comandante extraditado no entregó a la Justicia colombiana –como parte del acuerdo de los desmovilizados en el marco de la movida para volver a la legalidad–, o por documentos del grupo criminal que Job amenazaba con publicar. Nada de ello ha sido confirmado y, entre tanto, otra versión toma fuerza en las calles de Medellín y el país.
"Hasta hace seis meses los grupos paramilitares estaban unidos. Pero hoy hay una división, a raíz de la extradición a Estados Unidos. Cuando estaban en Colombia, los líderes lograron manejar todavía (desde las cárceles) los mandos medios de sus estructuras. Pero desde allá no tienen nada qué hacer, y ahora son esos mandos medios los que están en una puja", le explicó a PáginaI12 el investigador Ariel Fernando Avila, coordinador del Observatorio del conflicto urbano de la Corporación Nuevo Arcoiris. Avila le dijo a este diario que no cree que Macaco haya ordenado las muertes de Monoteto y Job, pues aún antes de ser llevado a Estados Unidos estaba aislado en ultramar en un bote de la marina. "Creo, más bien, que son los hombres leales a Macaco los que están siendo exterminados", aseguró.
Fieles o no a sus antiguos jefes, los hombres asesinados por cuentas de la disputa narcopara son cada vez más, especialmente en Medellín, donde hay más de cuatro mil ex combatientes de los bloques de autodefensa. El personero de esta ciudad (cargo semejante a la Defensoría del Pueblo), Jairo Herrán, le contó a PáginaI12 qué está pasando en el mundo criminal: "En este momento hay una coyuntura crítica. Los grupos armados ilegales diseñaron una estrategia aprendida de las viejas tesis marxistas leninistas que consiste en la combinación de las formas de lucha. Los grupos reinsertados están combinando la estrategia de lo político y lo militar. Eso se traduce en que ellos hacen un trabajo social en las comunidades, se insertan en organizaciones comunitarias, deportivas, barriales y toman el circuito económico del barrio. Y por otro lado, tienen el control de lo militar, manejan las bandas y grupos armados ilegales".
Los grupos ilegales a los que se refiere Herrán empiezan a recibir nombres como reconstituidos, reconfigurados, de nuevo tipo, o ‘bacrim’ (bandas criminales). Y están conformados por los paramilitares que se desmovilizaron pero siguieron delinquiendo, como son los comandantes extraditados. Avila, de la Corporación Arcoiris, explica que "ese primer grupo es llamado emergente y son aquellos que nacieron donde hubo una desmovilización. Un segundo grupo son los disidentes, es decir, quienes entraron al proceso de Justicia y Paz y se salieron. Otros son los rearmados, o sea aquellos que entraron al proceso de desmovilización y luego tomaron las armas de nuevo".
Las Aguilas Negras son un ejemplo de ello. También las hay Blancas y Doradas, y comparten lista con el Ejército Antisubversivo de los Llanos, la Banda de los Nevados, y el grupo del Cacique Nutibara en Medellín, que fue el primer bloque de autodefensas en desmovilizarse y que hoy se hace llamar de la misma manera.
Daniel Barrera, alias ‘El Loco’, nunca se desmovilizó. A diferencia de los narcos que compraron, literalmente, bloques de autodefensa para aparecer como militantes políticos y acceder a los beneficios otorgados por Uribe (volver a la legalidad, recibir salarios y educación, y pagar tan sólo hasta ocho años de prisión por los crímenes cometidos aun cuando fueran de lesa humanidad), El Loco continuó su vida de mafioso. Hoy es el capo más importante del Centro y el Oriente del país, y es su organización la que se está quedando con las principales zonas de cultivo y rutas de la cocaína.
Otro capo, alias ‘Don Mario’, está peleando a sangre y fuego las estructuras y bandas de la Oficina de Envigado, grupo criminal que existe desde Pablo Escobar y opera aún en Medellín. Esta semana, en visita a esta ciudad, Uribe les ordenó a sus policías y militares acabar con la organización. "Tiene mi respaldo", dijo. Sin embargo, no se refirió a la descomposición social que viven Medellín y Colombia como escenarios de disputa de organizaciones narcoparamilitares resultantes de, entre otras circunstancias históricas y políticas, un proceso de negociación con las autodefensas en el que muchos narcos se legalizaron y otros tantos que nunca entregaron armas aprovecharon las condiciones para armarse. Un informe del Ministerio de Defensa, en 2006, ya alertaba sobre lo que se vive hoy. Habla de 22 grupos paramilitares ilegales nuevos con 2500 hombres en armas.
"Después de los pactos de paz (con autodefensas) hay unas seis mil personas en armas según informes de inteligencia", asegura el personero de Medellín, quien además resaltó que el origen del movimiento paramilitar tuvo gran fuerza en esa ciudad y el departamento de Antioquía, durante los años en que el presidente Uribe fue gobernador. Un decreto para conformar cooperativas de seguridad fue puesto en marcha por Uribe y así nacieron las Convivir, declaradas más tarde ilegales, pero que, como los narcoparas supuestamente desmovilizados, conservan sus estructuras. Tentáculos de esas mafias alcanzan a sus enemigos hasta el sur del continente y, como en el caso de la parapolítica, penetran las instituciones y organismos de seguridad para quedar en la impunidad. El de Reinaldo Ríos, como el de Monoteto y Job, son crímenes oscuros que las autoridades colombianas aún no pueden explicar. Los paras y los narcos tienen a Medellín en un clima de terror que pinta los días, cada vez más, del ambiente vivido durante la época de Escobar y los carteles. El terror que provocan referencias como las de la motosierra que descuartizó a Reinaldo Ríos es, ahora, también de exportación.

5 de agosto de 2008
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la cocaína y la guerra en colombia


Nuevas estrategias en producción de cocaína eluden campañas represivas y siguen financiando a grupos paramilitares y guerrillas.

[Simón Romero] Pasto, Colombia. Junto con los logros de Colombia en la lucha contra los rebeldes de izquierda este año, ciudades como Medellín han presenciado una extraordinaria recuperación. Y en los barrios ricos de Bogotá, la capital, es casi imposible olvidar que el país sigue presa de una guerra endemoniadamente compleja que empezó hace cuatro décadas.
Pero en las montañas del departamento de Nariño se cuenta otra historia. Aquí, y en otros lugares en el campo, la violencia y el miedo siguen implacables, subrayando lo difícil que es terminar con una guerra que se alimenta del comercio de drogas que es inmune a las campañas financiadas por Estados Unidos para ponerle fin.
Persisten testarudamente el desenfrenado cultivo de coca, las desapariciones forzadas, los asesinatos, el desplazamiento de familias y la colocación de minas terrestres, el sello de un conflicto rural que amenaza con prolongarse durante años, y sin las espectaculares acciones que las guerrillas emprendían en las grandes ciudades colombianas en el pasado.
Para aquellos sorprendidos en el fuego cruzado, los rumores de un posible fin de la guerra parecen decididamente prematuros, incluso considerando la muerte, este año, de varios líderes guerrilleros, la deserción de cientos de rebeldes cada mes, y el rescate de importantes rehenes, como la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt.
"Los grupos armados son como la malaria, y evolucionan para resistir su erradicación y seguir matando con más eficiencia", dijo en una entrevista Antonio Navarro Wolff, gobernador de Nariño y ex guerrillero de la ahora desaparecida organización M-19. "Nariño muestra que los guerrilleros pueden haber perdido su posibilidad de victoria, pero no su capacidad de seguir provocando sufrimientos".
Hoy, una vertiginosa gama de grupos armados controlan las zonas rurales de Nariño. Entre ellos se incluyen no solamente las guerrillas izquierdistas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, sino también las milicias de extrema derecha, que operan bajo nombres como las Águilas Negras, o Fuerzas de Autodefensa Campesina de Nariño.
Su presencia refleja la naturaleza simbiótica de las organizaciones armadas y el comercio de drogas, que se sustentan mutuamente.
En Nariño, flanqueada por el Océano Pacífico al occidente y Ecuador al sur, los campesinos cocaleros han esquivado hábilmente casi una década de campañas de fumigación reorganizando fincas de tamaño industrial en parcelas más pequeñas que son mucho más difíciles de encontrar y de fumigar desde el aire. Pagan impuestos, y protección, a las varias partes implicadas en el conflicto.
Naciones Unidas informó en junio que el cultivo de coca en Colombia aumentó en 2007 en un veintisiete por ciento, llegando a cubrir cien mil hectáreas -el primer aumento significativo en cuatro años. Con un treinta por ciento, Nariño presenció el mayor aumento que cualquier otro departamento colombiano (un distrito administrativo), llegando a cubrir veinte mil hectáreas.
La expansión ha permitido que Colombia siga siendo de lejos el mayor productor de coca del mundo, y el proveedor del noventa por ciento de la cocaína consumida en Estados Unidos.
También ha hecho que el conflicto alimentado por las drogas se vuelva un virus resistente en extensas zonas del país, donde aumentos de dos dígitos en la producción de coca en al menos otros tres departamentos: Putumayo, Meta y Antioquia. En Nariño, casi todas las semanas funcionarios de gobierno, líderes católicos y colaboradores de organizaciones de ayuda informan sobre acciones de los rebeldes o de grupos paramilitares.
En la última semana de junio, cuatro maestros de áreas remotas de la provincia fueron asesinados por una columna de las FARC llamada Mariscal Sucre, una de las tres unidades de las FARC activas en la zona. Los rebeldes dijeron que los maestros, todos ellos asignados hace poco a escuelas remotas por funcionarios de la iglesia católica, eran informantes del ejército.
"Los guerrilleros dejaron los cuerpos de dos de los maestros frente a sus escuelas, impidiendo que las familias pudieran brindarles cristiana sepultura", debido a que las familias no se atrevieron a retirar los cuerpos, dijo Eduardo Muñoz, director de derechos humanos de Simana, el sindicato de maestros de Nariño.
Apenas tres semanas antes, en abril, las FARC provocaron un apagón para los trescientos mil habitantes de la costa del Pacífico, con un ataque contra una central eléctrica. Soldados colombianos también encontraron ocho depósitos de procesamiento de combustible -con 77 mil barriles de petróleo- utilizados por las guerrillas como combustible y en el procesamiento de la coca en cocaína en laboratorios improvisados.
A nivel nacional, las FARC todavía recaudan entre doscientos a trescientos millones de dólares al año por concepto de impuestos a los campesinos cocaleros y coordinando las redes de transporte de la cocaína, de acuerdo a Bruce Bagley, especialista en la lucha contra las drogas en los Andes y que enseña en la Universidad de Miami.
Hace una década recaudaban quinientos millones de dólares, dijo Bagley, pero es todavía suficiente como para financiar a las FARC después de las recientes deserciones y asesinatos que han reducido sus filas a cerca de nueve mil, después de contar con diecisiete mil combatientes.
Igualmente, aunque la cuota de las FARC en el tráfico de cocaína se ha reducido, la cuota de Colombia en la producción mundial de cocaína sigue estable en cerca del sesenta por ciento. Eso significa oportunidades para los nuevos traficantes, como las milicias de la extrema derecha colombiana y pandillas armadas de pequeña escala que están ocupando el terreno de los carteles desintegrados.
"Ganar algunas batallas no es lo mismo que ganar la guerra", dice Bagley. "Las FARC y otros grupos sobrevivirán mientras mantengan sus refugios, el flujo de dinero de la droga y enormes y remotas regiones sin conexión con la economía nacional".
Un área semejante es El Rosario, una municipalidad a tres horas de Pasto, la capital de Nariño, en un vehículo motorizado por las serpenteantes rutas a lo largo de la cordillera de los Andes.
Hace una década, la coca era un cultivo poco común en la zona, dijeron campesinos de El Rosario. Entonces, las campañas de erradicación del Plan Colombia, los cinco billones aportados por Estados Unidos para las campañas contrainsurgentes y antinarcóticos, obligaron al cultivo de coca a emigrar de otras partes del país hasta aquí.
Para los campesinos cocaleros, las campañas de erradicación sólo han empujado a la coca -y a los grupos que viven de ella- a regiones incluso más aisladas del país. Ahora que la coca se ha convertido en su fuente de ingresos, los campesinos están determinados a continuar su cultivo.
En una remota zona, a 45 minutos por un camino de tierra, Liborio Rodríguez tiene un pequeño terreno con coca en una ladera que ha sido atacada con fumigaciones aéreas y una campaña de erradicación directa en los últimos años.
"Sé que no hay nada eterno, pero no me iré de esta tierra", dijo Rodríguez, 41, mientras él y unos seis trabajadores recogían hojas de coca bajo el ardiente sol, haciendo pausas para beber chicha, una bebida alcohólica a base de maíz. "Después de todo lo que hemos tenido que aguantar, creo que aquí igual podemos sobrevivir".
Él y los otros campesinos dicen que han desarrollado estrategias para proteger sus plantaciones de coca, plantando parcelas más pequeñas debajo de la canopia forestal y mojando las hojas de la planta con jugo de caña de azúcar, que se cree impide que los herbicidas a base de fosfato se adhieran a ella.
En un ejemplo de consecuencias no intencionadas, los fosfatos repelidos por las plantas de coca pueden introducirse en la tierra y servir como fertilizante, dicen algunos botánicos, ayudando a aumentar el rendimiento de la coca.
Otros campesinos cocaleros han desarrollado especies híbridas de coca que crecen más cerca del suelo y pueden ser cosechadas entre cuatro y seis veces al año, casi el doble que los niveles previos.
Enfrentados al inesperado aumento del cultivo de coca en Nariño y otras regiones, los funcionarios colombianos se consuelan con las conclusiones de Naciones Unidas de que la producción de cocaína en el país permaneció estable en 2007, con cerca de 660 toneladas.
Y dicen que el cultivo de coca pudo haber sido mucho mayor que las cien mil hectáreas medidas el año pasado si no fuera por las fumigaciones aéreas y las campañas de erradicación manual, combinadas con ataques para interceptar cargamentos de cocaína y los golpes que las fuerzas armadas han propinado a las FARC en numerosos reductos rurales.
Sin embargo, aunque los niveles de prohibición son prometedores, el crecimiento del cultivo de la coca también promete a las FARC y grupos rivales nuevas oportunidades para beneficiarse del tráfico de cocaína.
Un grupo paramilitar, los Águilas Negras, han causado tanto terror a los habitantes de El Rosario, que difícilmente mencionan el nombre de la milicia cuando comentan las extorsiones mensuales a las que son sometidos.
En otras partes de Nariño los habitantes informan similarmente que mercenarios paramilitares están aumentando, pese a los esfuerzos del gobierno por desmovilizar a los más de treinta mil mercenarios paramilitares en los últimos años.
Estas milicias, camufladas a veces con uniformes -con las letras ACN, las iniciales de Autodefensa Campesina de Nariño, u ONG, Organización Nueva Generación-han desplazado a los campesinos cercanos a la costa del Pacífico, según testimonios recogidos por organizaciones de ayuda, a medida que grupos paramilitares, guerrillas y pequeñas bandas de narcotraficantes luchan por el control de las rutas de transporte.
Las cifras del gobierno sugieren que los desplazamientos están disminuyendo en Nariño, con cerca de 7.500 personas desalojadas de sus casas en lo que va de año, en comparación con casi treinta mil en 2007. Pero otras organizaciones pintan un panorama más desolador.
Codhes, una importante organización de derechos humanos, dice que los desplazamientos en Colombia aumentaron en un 38 por ciento el año pasado, a más de trescientas mil personas, con Nariño emergiendo como "el centro de la crisis humanitaria de Colombia", dice Jorge Rojas, director de la organización.
Organizaciones aparentemente marginales persisten en bolsones de malestar rural. Otra organización rebelde de izquierda, el Ejército de Liberación Nacional, ELN, tiene al menos cien combatientes en la zona, según dijeron funcionarios locales y colaboradores de organizaciones de ayuda.
Un rival de las FARC que se ha visto enormemente disminuido en los últimos años, el ELN normalmente ha evitado participar en el tráfico de cocaína. Pero sus riquezas son tan tentadoras, dicen líderes comunitarios, que una columna renegada de la organización en Nariño, los Comuneros del Sur, se ha labrado una nueva oportunidad financiándose con el comercio en drogas.
En junio, tres niños del grupo indígena awá entraron a una zona rural sembrada de minas terrestres por el ELN, dijeron líderes comunitarios. Los niños, de ocho, doce y quince años, murieron instantáneamente, convirtiéndose en parte del grupo de treinta y una víctimas de bombas terrestres este año en Nariño, una lúgubre cifra que incluye a diecinueve civiles, según el gobierno colombiano.
"Nuestra opinión es que todos los lados se están volviendo más fuertes", dijo un líder awá, que pidió no ser identificado por temor a las represalias de los rebeldes. "¿En qué lugar del mundo pueden decir las autoridades que están ganando cuando sus opositores continúan plantando coca y colocando bombas?"

1 de agosto de 2008
27 de julio de 2008
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cuba cede tierras agrícolas


Gobierno cubano permitirá acceso de granjeros privados a tierras agrícolas.
[Marc Lacey] Ciudad de México. El viernes el presidente Raúl Castro continuó la introducción de cambios en Cuba con el inicio de un plan para estimular la decaída producción alimentaria de la isla, permitiendo a granjeros privados acceso a tierras agrícolas nacionales en desuso en terrenos de hasta cuarenta hectáreas.
Después de la revolución de 1959, Cuba expropió la mayor parte de las grandes haciendas. Lo único que faltó en el último anuncio en el diario Granma, del Partido Comunista, es que anunciara el retorno a la empresa privada de antes de la revolución.
Con el nuevo sistema, los granjeros privados que han continuado existiendo en el sistema socialista de Cuba, tendrán acceso a tierras por períodos de hasta diez años, con contratos renovables si se cumplen las condiciones y se pagan los impuestos. Cooperativas y granjas estatales tendrían derecho a más tierras, por hasta veinticinco años. Pero los terrenos seguirían en manos del estado, que controla el noventa por ciento de la economía de la isla.
El nuevo plan, mencionado hace algunos meses pero anunciado formalmente recién este viernes, tiene la intención de estimular la producción de alimentos en momentos en que Cuba empieza a sentir los efectos del aumento global del precio de los alimentos. El año pasado, Cuba gastó casi 1.5 billones de dólares en importaciones de alimentos, gran parte de estos de productores en Estados Unidos que recibieron un permiso especial otorgado por Washington para eludir el embargo comercial. Este año, la cuenta de importaciones de alimentos de la isla subirá, según se espera, a otro billón de dólares, dijeron unos funcionarios sobre el tema de la seguridad nacional.
El gobierno de Cuba dio a conocer cifras el mes pasado que muestran que la tierra agrícola en barbecho o sin usar aumentó en un 55 por ciento en 2007, desde el 46 por ciento cinco años antes, informó la Associated Press.
El anuncio del viernes reconoce las dificultades que enfrenta el país a la hora de alimentarse a sí mismo. "Por varias razones, hay un considerable porcentaje de tierras nacionales todavía vacantes, de modo que debe ser entregada a individuos o grupos, como propietarios o usuarios en un intento de aumentar la producción de alimentos y reducir las importaciones", dice el decreto del gobierno.
El plan parece parcialmente diseñado para estimular a más cubanos, que son atraídos hacia las ciudades, a la búsqueda de oportunidades de trabajo en el sector agrícola. A las personas que no se emplean actualmente en la agricultura, recibirán hasta 14 hectáreas para su cultivo, dijo el gobierno.
Castro asumió provisionalmente las funciones de su hermano Fidel, enfermo, en julio de 2006. Pero ha empezado a imprimir su propio sello al país solamente desde febrero, cuando se convirtió formalmente en el segundo presidente de Cuba en el último medio siglo. En los últimos meses ha permitido que cubanos con suficiente dinero puedan adquirir celulares y ordenadores, cuya adquisición estaba previamente restringida. Les ha permitido alquilar coches y visitar hoteles turísticos y ha abierto la posibilidad de gestionar taxis particulares. Y le ha quitado los topes a los salarios oficiales, permitiendo la entrega de bonos de productividad.
Pero se ha mantenido firme en cuanto a la disidencia política, continuando con la insistencia de su hermano en que las críticas abiertas al sistema y al gobierno implican deslealtad.
Muchos cubanos disfrutan de los cambios pese a que se quejan amargamente de que el acceso a artículos de consumo no fuera acompañado de un aumento de los salarios.
En el discurso con ocasión de la clausura de la Asamblea Nacional antes este mes, el presidente dejó en claro que estaba rediseñando algunos aspectos del país. El ideal de que todo el mundo, de médicos a jornaleros, ganen lo mismo, sin considerar la productividad, está desapareciendo. "El socialismo significa justicia social e igualdad, pero igualdad de derechos, de oportunidades, no de ingreso", dijo. "La igualdad no es el igualitarismo".
En el discurso, Castro avisó a los cubanos de que vienen tiempos difíciles. "Es mi deber hablar con franqueza, porque no sería ético crear falsas expectativas", dijo. "Decirles otra cosa sería engañarles".
Luego exhortó a los cubanos a lograr la autosuficiencia de la isla. "Debemos volver a la tierra", dijo.

21 de julio de 2008
19 de julio de 2008
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quién era pedro antonio marín


Pedro Antonio Marín, jefe de las FARC, murió a fines de mayo. En esta nota de Los Angeles Times, se hace un retrato del comandante de la guerrilla.
[Chris Kraul] Bogotá, Colombia. Murió Pedro Antonio Marín, el tenaz campesino colombiano que dirigió la organización subversiva más grande de América del Sur hacia su apogeo y, al mismo tiempo, a su desintegración, informó un guerrillero. Se piensa que tenía 77 años.
En un video transmitido el domingo en el canal de televisión Telesur Venezuela, Timoleón Jiménez confirmó la muerte de Marín el 26 de marzo, tras sufrir un ataque al corazón. El gobierno colombiano, que informó que había iniciado una campaña de bombardeos en la región donde se creía que acampaba Marín al momento de su muerte, quiere hacer una autopsia. El cuerpo de Marín no se ha recuperado.
Bajo las banderas de la reforma agraria y justicia social, Marín era conocido por sus alias Manuel Marulanda y Tirofijo. Construyó y convirtió a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, en una fuerza que hace unos años contaba con casi veinte mil hombres. Las FARC de esa época estuvieron a punto de asaltar la capital.
Pero las decisiones estratégicas que tomó Marín en los años ochenta para financiar a las FARC por medio del tráfico de drogas, el secuestro y el terrorismo redujo el apoyo popular del que dependía el éxito de la organización subversiva de izquierda.
En los últimos meses, el directorio de las FARC ha sufrido varios asesinatos, capturas y entregas, y sus filas se han reducido por las deserciones. Las fuerzas armadas de Colombia, que han recibido billones de dólares en equipos y adiestramiento estadounidenses, han "tomado la iniciativa", escribió Antonio Caballero en la revista Semana del Lunes.

Nacido en el seno de una familia campesina en el estado cafetero de Quindio, Marín abandonó la escuela después del quinto básico para trabajar como obrero agrícola. Quedó profundamente afectado por La Violencia, el levantamiento de fines de los años cuarenta que se cobró la vida de varios de sus parientes y redujo a cenizas la ciudad, Ceilán, donde vivía.
Le dijo a su biógrafo Arturo Alape, de haber presenciado masacres y haber visto "diez o quince cuerpos flotando en el río Cauca". Se incorporó a un grupo de autodefensa del Partido Liberal a principio de los años cincuenta, que operaba como una pequeña organización guerrillera y desplegó de inmediato sus cualidades como líder. Fue entonces que adoptó el apodo Marulanda.
Aunque más tarde las FARC adoptaron la ideología y organización comunista, el objetivo inicial de Marín fue proteger a su familia y otros campesinos de las incursiones de las pandillas del Partido Conservador. "No nos llamábamos guerrilleros nosotros mismos. No sabíamos qué era una guerrilla", contó Marín a Alape para su biografía de 1989.
Pero Marín se desplazó hacia la izquierda después de un encuentro con Jacobo Arenas en los años cincuenta, cuando se cree que recibió adiestramiento militar con entrenadores comunistas. En esa época, a Marín lo llamaban ‘Tirofijo’, por sus proezas con el rifle.
Formadas por Marín con otros 48 combatientes en 1964, las FARC empezaron a ganar poco a poco influencia en remotas áreas rurales en las montañas realizando funciones judiciales y policiales que el débil estado colombiano había abdicado, dijo el economista político Jaime Zuluaga. Marín estuvo en las sombras durante sus 44 años, concediendo rara vez entrevistas y apareciendo en público sólo durante las abortadas negociaciones de paz con el ex presidente Andrés Pastrana de 1999 a 2002.
Aunque las FARC nunca tuvieron el atractivo de los movimientos populares revolucionarios en China, Cuba o Vietnam, su mensaje resonó en las ciudades y universidades donde, a fines de los años noventa, podía contar con miles de milicianos, o guerrilleros urbanos, para mantenerlas informados y abastecidos.
Pero en una crítica reunión del directorio en 1982, Marín y el secretariado de las FARC tomaron la fatídica decisión de cambiar el objetivo de la organización de hacerse con la voluntad popular para el control militar de Colombia, autorizando el recurso a secuestros para reunir fondos. Más tarde en esa década, los rebeldes pasaron de imponer a los narcotraficantes ‘impuestos al transporte’, a apoderarse del negocio del tráfico ellas mismas.
"Cuando, primero el cartel de Medellín y luego el de Cali fueron desmembrados con muertes y convenios penales, el vacío consiguiente brindó a las FARC nuevas oportunidades para participar más profundamente en el tráfico de drogas", dice Bruce Bagley, politólogo y experto en Colombia en la Universidad de Miami.
"La parte buena fue una entrada de millones de dólares al año", dijo Baglet. "La parte negativa fue la pérdida de la coherencia ideológica y un creciente distanciamiento del campesinado y grupos de apoyo tradicionales de las FARC em el campo y en las ciudades". Los analistas coinciden en que el cultivo forzado de coca, el secuestro y el uso de tácticas terroristas, como la colocación de minas antipersonales -que matan a cuatrocientos civiles, la mayoría pobres, al año- y le costó a la organización el apoyo popular entre los pobres.
"Ahora la gente hace cosas por nosotros sólo a punta de pistola, no voluntariamente", dijo una comandante de alto nivel de las FARC, que utiliza el alias de Karina. De acuerdo a una grabación de su interrogatorio del ministerio de defensa, se rindió el 18 de mayo, diciendo que estaba cansada de andar esquivando al ejército.
Entretanto, las filas de las FARC han sido empujadas cada vez más a áreas remotas, por las fuerzas armadas colombianas con el apoyo de la aviación, la tecnología de inteligencia y el respaldo económico para un aumento del cuarenta por ciento, como parte paquete de ayudas para el Plan Colombia.
Los rebeldes están desastrosamente fragmentados y no se pueden reunir porque sus comunicaciones han sido intervenidas, dijo una fuente del gobierno norteamericano que estudia las FARC y habló a condición de preservar su anonimato debido a que no está autorizado para hacer comentarios.
Desde que en 2002 asumiera el cargo el presidente Uribe, las FARC también han sido derrotadas en el frente político, dice el comentarista político Alfredo Molana. Los programas sociales de Uribe que garantizan 180 dólares mensuales a miles de familias campesinas por no cultivar plantas prohibidas han logrado que las FARC "pierdan simpatía en la esas zonas".
Las tres conversaciones de paz entre los subversivos y el gobierno que terminaron en un fracaso en 2002, fueron los últimos intentos de negociación.
La reticencia de Marín puede provenir de sus amargas experiencias en los años ochenta, cuando el partido Unión Patriótica, en cuya fundación contribuyó como un paso hacia la paz, fue exterminado sistemáticamente por las milicias paramilitares que actuaron con colaboración con las fuerzas armadas colombianas.
Con el ejército colombiano a la zaga de las FARC, el sucesor de Marín, Alfonso Cano, debe hacer frente a la difícil tarea de parchar a la fragmentada organización o buscar la paz. Pero Cano tiene problemas propios. El ministerio de Defensa dice que ha detectado a Cano en el estado de Tolima y que lo capturara pronto.

chris.kraul@latimes.com

10 de julio de 2008
27 de mayo de 2008
©los angeles times
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milicias reemplazan a pandillas


En Río de Janeiro, una milicia armada reemplaza con la suya propia la criminalidad de las pandillas de drogas.
[Alexei Barrionuevo] Río de Janeiro, Brasil. Cuando varios periodistas brasileños decidieron entrar clandestinamente aquí en mayo para hacer un reportaje sobre la vida en una de las cientos de barriadas que han surgido en los alrededores de Río, pensaban que la habían elegido cuidadosamente.
La barriada que eligieron, Batan, estaba bajo el control de una milicia que, en septiembre pasado, había expulsado a una pandilla de traficantes de drogas. Los periodistas asumieron que una barriada bajo el control de una milicia armada, que incluía entre sus miembros a agentes de policía en su tiempo libre, sería más segura que una controlada por vendedores de droga.
Se equivocaron. Y lo que vivieron se ha convertido en un escándalo público que ha centrado la atención sobre el creciente peligro que representan esas milicias, que han ocupado el lugar de las pandillas de traficantes como los violentos barones que controlan muchas de las barriadas de Río y sus negocios ilícitos, a menudo con vínculos con agentes de policía y políticos corruptos.
La noche del 14 de mayo, seis hombres encapuchados como ninjas entraron a una casa de alquiler donde estaban alojando una periodista de veintiocho años del diario O Dia, un fotógrafo y un chofer. Los capturaron a los tres, más un vecino, y los torturaron durante más de seis horas.
Les obligaron a jugar a la ruleta rusa, casi los asfixiaron con bolsas de plástico, les aplicaron descargas eléctricas y les golpearon y patearon. Los amenazaron con violar a la periodista, y con matar a todos los secuestrados, de acuerdo a los informes escritos que la periodista y del chofer de 31 años entregaron a la unidad del crimen organizado de la policía de Río.
Brasil está atravesando por un período de prosperidad económica que está sacando a millones de personas de la miseria. Pero en Río, el incidente, que salió a la luz en una serie de artículos de O Dia, se ha convertido en un notorio signo de las tensiones de esta ciudad, acosada por la violencia y un cuerpo policial escandalosamente corrupto.
Pese al crecimiento económico, las barriadas de Río -las favelas- se han multiplicado y ahora hay más de ochocientas. Las milicias se han multiplicado con ellas, a medida que las guerras contra las pandillas de traficantes de drogas se han cobrado su peaje entre las fuerzas policiales legales.
La baja moral y salarios insuficientes han llevado a agentes de policía, bomberos y personal de prisiones a buscar trabajos secundarios como milicianos, dicen agentes de policía y criminalistas que las han estudiado.
Las milicias han llenado el vacío de autoridad prometiendo seguridad a los vecinos a cambio de dinero y la posibilidad de apoderarse de muchos negocios ilegales -incluyendo el control del suministro de agua y gas natural, la gestión de tragaperras, las conexiones ilegales a la televisión por cable y, por supuesto, el negocio de las drogas.
Para muchas comunidades, las milicias son un mal menor. Se ganan la simpatía de los vecinos debido a que combaten a los "salvajes" traficantes de drogas de Río, dice Claudio Ferraz, jefe de la unidad de crimen organizado de la policía del estado de Río, conocida como Draco. Pero las milicias están reemplazando una delincuencia por otra, dijo.
"Son un ataque al principio de democracia’, dijo. "Son un tumor canceroso".
Las cerca de sesenta a cien milicias tienen importantes conexiones y están a menudo entrelazadas no sólo con la policía de la ciudad, sino también con políticos que les ofrecen protección a cambio de hacerse con los votos o dinero de los vecinos.
Jerônimo Guimarães Filho, concejal, fue detenido en diciembre pasado por sospechas de haber formado una milicia. Su jefe de personal, Kennedy dos Santos de Aragão, dijo que la acusación era falsa.
Álvaro Lins, congresista y ex jefe de policía de Río, también ha sido acusado de haber ayudado a formar milicias armadas, lo que "niega vehementemente" en su página web.
La policía de Río se ha mostrado reluctante a disciplinar a sus hombres debido a toda una historia de violentas represalias. Pero la iniciativa de Draco es la más visible de una "tímida represión" de las milicias, dijo Rodrigo Pimentel, un ex capitán de policía y co-autor de ‘Elite Squad’, un libro sobre la unidad de operaciones especiales de Río.
El año pasado, Draco detuvo a 140 personas, la mayoría de ellas agentes de policía de paisano o militares. De las fuerzas de policía de las más de cien comisarías de Río, sólo Draco, la unidad de crimen organizado de la policía del estado, ha estado investigando activamente las milicias, dijo Pimentel.
La semana pasada la policía detuvo a Davi Liberato de Araújo, 31, por sospechas de ser el número dos en la jerarquía de la milicia local, en conexión con la tortura de los periodistas.
Liberato de Araújo era un ladrón de coches que estaba cumpliendo una condena de más de seis años en un centro de rehabilitación y, de día, era miembro de una milicia. No pudo ser localizado para que comentara este artículo. La policía dijo que no tenía abogado.
Los periodistas también identificaron al hombre sospechoso de dirigir la milicia local como Odnei Fernando da Silva, 34, un ex guardia de prisiones que también trabajó en un hospital psiquiátrico antes de ser aceptado en el cuerpo policial.
Da Silva, que se hizo conocido en la favela por su máscara negra de ninja, todavía enfrenta cargos por maltratar a un reo y por intento de homicidio. Huyó antes de que la policía pudiera detenerlo en conexión con las torturas. Se encuentra fugitivo.

Los periodistas no han sido mencionados en ningún medio de comunicación y no han cedido entrevistas. Alexandre Freeland, uno de los redactores de O Dia, pidió al New York Times que no publicara sus nombres. Los periodistas, dijo, se están ocultando en las afueras de Río, por razones de seguridad. "Los milicianos los amenazaron de muerte", dijo Freeland. "Divulgar sus nombres los expondría demasiado".
Durante las torturas a los periodistas, los miembros de la milicia tuvieron el cuidado de utilizar técnicas que no dejan marcas visibles, como bolsas de plástico para asfixiar a sus víctimas, dijo Ferraz.
Pero las profundas cicatrices psicológicas eran obvias para los detectives. El fotógrafo "estaba completamente destrozado", dijo el jefe. "No se podía hablar con él. Miraba a sus hijos, los abrazaba, y se echaba a llorar".
Los periodistas alquilaron una pequeña casa en Batan a principios de mayo. Pensaban vivir ahí durante un mes y escribir un artículo sobre la economía ilegal en las barriadas, dijo Freeland.
No se identificaron a sí mismos como periodistas. Pero de algún modo su fachada fue descubierta. A las nueve de la mañana del 14 de mayo seis milicianos llamaron a la puerta. Da Silva, el líder local, dijo a la periodista que estaba detenida por "falsa identificación". Los milicianos exigieron rápidamente todas las grabaciones de audio y videos.
Al no encontrarlos en la casa, se pusieron violentos. Según su declaración a la policía, patearon y jugaron a la ruleta rusa con la periodista, jalando dos veces el gatillo.
Los milicianos los pasearon en un coche, amenazándolos con obligarlos a consumir cocaína y dejarlos en la favela Fumace para que fueran asesinados por traficantes de drogas, dijo la periodista a la policía.
Después de que los prisioneros fueran trasladados a otra ubicación, llegaron más milicianos. Torturaron al grupo durante al menos dos horas. Desnudaron a la periodista, y en un momento le preguntaron su había tenido sexo con cinco hombres. La periodista recordó que le habían colocado una bolsa de plástico en la cabeza durante gran parte de la sesión de torturas y que se desmayó varias veces, de acuerdo a informes y funcionarios policiales.
Varios milicianos dijeron a la periodista que la persona que decidiría finalmente qué hacer con ellos era un hombre conocido como "el Coronel". Aunque la bolsa de plástico le impedía ver, la periodista dijo a la policía que entre sus torturadores reconoció la voz de un secretario de un asambleísta del estado al que había conocido en un restaurante en Batan.
El asambleísta, Jairo Souza Santos, es conocido por el Coronel Jairo, y en la prensa brasileña ha sido mencionado repetidas veces como alguien que tiene vínculos con las milicias. Gabriel Oliven, portavoz de Santos, negó el miércoles que Santos estuviese implicado de algún modo en las milicias, diciendo que el asambleísta no ha estado nunca en Batan.
Oliven dijo que Santos, un agente de policía jubilado, estaba "totalmente contra las acciones de las milicias" y las consideraba "bandidos en uniforme".
Los milicianos obligaron a los periodistas a revelar sus nombres de usuarios y contraseñas de sus cuentas de correo electrónico. Luego los llevaron a una casa donde el fotógrafo había guardado sus equipos y lo obligaron a destruir las fotografías de los milicianos. Finalmente, a las cuatro y media de la mañana, da Silva ordenó que liberaran a los rehenes.
Durante una visita la semana pasada, Batan se veía tranquila, pero de tanto en tanto las patrullas policiales cruzaban la favela. Los vecinos dijeron que no creían que la fuerte presencia policial fuera a durar demasiado tiempo.
Aunque algunos vecinos lamentaron el incidente con los periodistas, la mayoría de los entrevistados dijeron que se sentían más seguros con la milicia. Sin embargo, pocos se mostraron dispuestos a revelar sus nombres cuando hicieron comentarios sobre el grupo armado, diciendo que temían que hubiera represalias.
Ricardo Perreira y dos amigos, todos vecinos de Batan, dijeron que la presencia de la policía parecía, de momento, haber terminado con la milicia. Pero temían que una vez que la policía se marchara, otra pandilla ocupara su lugar y se apoderara de la favela, comenzando nuevamente otro ciclo de violencia.
"Aquí nadie acepta las pandillas de traficantes", dijo Perreira, 30. "Esto va a ser un infierno. Ahora estamos en las manos de Dios".

Mery Galanternick contribuyó al reporteo.

5 de julio de 2008
13 de junio de 2008
©new york times
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la central lechera de chávez


En Venezuela, el nuevo negocio del estado es una central lechera. Su adquisición personifica la filosofía de Chávez.
[Juan Forero] Barquisimeto, Venezuela. Mauricio Herrera se define a sí mismo como un dedicado soldado de la autoproclamada revolución del presidente Hugo Chávez. Así que cuando los trabajadores del petróleo que se oponían a Chávez montaron una huelga en 2002, Herrera fue uno de los fieles que, en la compañía petrolera nacional, restableció la producción.
Ahora que el gobierno se encuentra afligido por la escasez de alimentos, Herrera fue llamado para que lleve a cabo las órdenes del presidente en un ramo enteramente diferente: los lácteos.
Ingeniero químico con treinta y dos años de experiencia en el petróleo, Herrera está trabajando en Leche Los Andes, una central lechera que fue adquirida recientemente por la compañía petrolera del estado. Es responsable de la gestión de una empresa venerable con dos plantas de pasteurización, 52 distribuidoras y tres mil empleados. Sus instrucciones son aumentar la producción y mitigar la escasez de leche en Venezuela.
En un país en el que el estado interviene cada vez en la economía, nacionaliza compañías, controla las divisas y fija los precios, la compra de Los Andes en esta ciudad al occidente del país personifica la filosofía estatista de Chávez.
La estrategia ha desalentado la inversión privada en Venezuela, al mismo tiempo que algunos alimentos se vuelven escasos. Pero desde que Chávez asumiera el cargo en 1998, ha rescatado del control del petróleo de manos de empresas multinacionales de la energía y nacionalizado la compañía de teléfonos, de la electricidad y más recientemente el consorcio argentino que controlaba la producción de acero.
Pasando de la producción de yogur y copos de avena -productos que Herrera dice con desdén que los antiguos dueños producían sólo para generar ganancias-, Leche Los Andes ha aumentado en ocho veces su producción de leche en un intento por alcanzar lo que gobierno llama ‘soberanía nutricional’.
"Es nuestra responsabilidad", dice Herrera, 57, que tiene una leve barba de mandarín y ha aprendido a hablar sobre la leche con el mismo entusiasmo que alguna vez reservó para el petróleo. "Esta es una cuestión de conciencia. Esta es una compañía que tiene que tener un objetivo socialista".
Chávez anunció la compra de Los Andes en marzo como una solución para la escasez de alimentos que han corroído la popularidad de su gobierno. Herrera y funcionarios de la compañía petrolera dijeron que no sabía cuánto había pagado el estado por Los Andes, aunque empleados de la industria lechera dijeron que se trató de 180 millones de dólares.
El presidente dijo que decidió comprar la lechera después de que Rafael Ramírez, presidente de Petróleos de Venezuela, la compañía estatal del petróleo, le hablara sobre el asunto.
"Me dijo: ‘Tengo buenas noticias: están vendiendo una compañía’", dijo Chávez hace poco en su programa en televisión nacional ‘Aló Presidente’. "Revisé las características de la compañía, y dije: ‘No perdamos un día más de tiempo. Comprémosla’".
Aunque algunos economistas atribuyen la escasez de alimentos aquí en parte a una demanda cada vez más alta, el presidente dijo que los culpables son el capitalismo desenfrenado, los especuladores inescrupulosos y las prácticas de acaparamiento iniciadas por sus opositores políticos. También ha definido la lucha por aumentar la producción de alimentos como parte de la épica guerra entre su revolución y las fuerzas imperialistas.
"Vamos a tener una buena nutrición para un pueblo que se la merece", dijo. "Vamos a derrotar el plan imperialista".
En la enorme planta donde leche y jugos son pasteurizados, refrigerados, empaquetados y enviados, los trabajadores con gorros duros y batas blancas dijeron que la nueva propiedad no se ha traducido en una transformación importante. Excepto Herrera, el nuevo presidente, los gerentes de producción siguen siendo los mismos. Los trabajadores hablaron elogiosamente de los antiguos dueños, pero varios de ellos aceptaron la nueva filosofía de concentrarse en la producción de leche.
"Ahora hay más leche", dijo Carlos Escalona, uno de los trabajadores. "Ahora hay leche en las tiendas".
Es demasiado pronto como para determinar si la creciente producción de Leche Los Andes tendrá algún efecto importante en la oferta nacional de leche. El objetivo de la compañía -unos 53 mil galones de leche al día- es producir el cinco por ciento de la producción nacional. Académicos y economistas que han estudiado el sector agrícola venezolano dudan que tenga algún impacto a gran escala.
"¿Por qué no se preocupan de aumentar la producción de petróleo en lugar de producir leche?", se burló Carlos Machado, experto en agricultura, refiriéndose al papel de Petróleos de Venezuela en Leches Los Andes. "¿Qué pasaría si los productores de leche se dedicaran a producir petróleo?"

Una encuesta reciente de Datanalisis, una firma de Caracas, mostró que los venezolanos están preocupados por la estrategia del presidente. Más del setenta por ciento de los encuestados desaprobaron la forma en que el gobierno ha hecho frente a la escasez de alimento -en octubre sólo lo hicieron el 42 por ciento.
Entretanto, académicos y productores de alimentos, dicen que los agricultores y ganaderos se muestran reticentes a intervenir en un país donde los controles de precios reducen las ganancias y donde las expropiaciones de latifundios son un rasgo prominente de la política agraria.
"Es una consecuencia de la política del gobierno de intervenir masivamente en la economía", dijo Machado, que estudia la agricultura para el Instituto de Estudios Superiores de Administración de Caracas y escribió el libro publicado hace poco ‘Consumo de alimentos en Venezuela’.
"No ha resultado nada de bien con los gobiernos que lo intentaron en el pasado", dijo, refiriéndose a países del antiguo bloque soviético, así como a Corea del Norte y Cuba.
En Venezuela, se han impuesto controles de precios a decenas de productos, y economistas y productores de alimentos dicen que esos controles han reducido la producción y generado un dramático aumento de las importaciones. El ganado bovino del país, por ejemplo, se contrajo a 13.5 millones de cabezas en 1999 a 12.6 millones ahora, mientras que la población subió de 23 a 28 millones. Ahora se importa casi el setenta por ciento de la carne que consume Venezuela.
El sistema que ha creado Venezuela ha provocado la ocasional escasez de artículos básicos, mientras que los productos cuyos precios no son fijados por el gobierno, como las frutas y las verduras, han aumentado sus costes. En las tiendas más caras, la escasez es evidente en la falta de ciertos tipos de corte. En los barrios pobres, se ven largas colas en los mercados subvencionados por el estado.
La escasez de leche es lo que, quizás, más ha perturbado a los consumidores.
"No hay suficiente leche, y no se puede inventar", dijo Roger Figueroa, presidente de la más grande asociación de productores lecheros del país. "Nosotros producimos entre el cuarenta y cuarenta y cinco por ciento de lo que consumimos, y el resto tiene que ser importado".
José Mendez Duarte, ganadero del occidental estado de Tachira, dijo que los productores de leche y ganaderos han observado con espanto que algunas fincas son expropiadas y ocupadas por campesinos, espoloneados por las políticas agrarias del gobierno. "¿Quién quiere producir cuando te están amenazando?", dijo. "O mantienes la producción en el nivel en que ha estado, o la reduces. No hay motivos para producir".
Méndez dijo que el precio de la leche fijado por el gobierno, aunque ha sido elevado hace poco de cerca de 2.80 dólares el galón a cerca de 3.30 dólares, ofrece poco incentivo en circunstancias de que su producción cuesta todavía más.
"Producir es un mal negocio", dijo. "El estado quiere controlar todo. Quieren apropiarse de las fincas. Quieren dirigir las compañías".
Sin embargo, no todas las noticias son agrias, dijo José Campos, presidente de la Confederación Nacional de Ganaderos y Agricultores de Venezuela. Dijo que la escasez es generada por el fuerte aumento de la demanda entre los pobres, que se han beneficiado con un gobierno que gasta liberalmente en subvenciones y programas sociales.
También dijo que las tasas de interés eran mucho más bajas que en gobiernos pasados. Eso está ayudando a crear el tipo de fundamento que Venezuela necesita para que aumente la producción.
"El mensaje positivo en toda esta situación es que tenemos el marco legal para que la producción de ganado en Venezuela empiece a despegar", dijo Campos, que produce leche en su finca en el estado de Maturín.
En las últimas semanas, la escasez se ha mitigado con el levantamiento del control de precios por parte del gobierno -al menos para algunos productos. Los reguladores aumentaron el precio pagado a los productores. También se ha creado una repartición, estrechamente asociado con la compañía nacional del petróleo, para distribuir alimentos.
Figueroa, de la asociación de lecheros, dijo que Chávez ha mostrado su disposición a reunirse con los productores para encontrar modos de aumentar la producción. "Si no resolvemos esta problema de producción nacional, en unos años tendremos una situación mucho más crítica", dijo.
Ciertamente, la producción de leche ha aumentado en Leche Los Andes de cerca de 5.300 galones al día en marzo a 45 mil galones al día en mayo, dijo Herrera, el presidente.
"Tenemos un buen plan", dijo. "No estoy hablando de sueños y utopías. Estoy seguro de que vamos a romper el récord en la producción de leche de esta compañía en toda su historia".

4 de julio de 2008
7 de junio de 2008
©washington post
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rescataron a ingrid betancourt


Y otros 14 rehenes de las FARC. Lo acaba de anunciar el ministro de Defensa de Colombia. La política y ex candidata presidencial estaba en poder de la guerrilla desde febrero de 2002.
Bogotá, Colombia La ex candidata presidencial de Colombia Ingrid Betancourt, rehén de las FARC desde 2002, fue rescatada hoy tras un operativo militar. Junto a ella, según informó el ministro de Defensa de ese país, otras 14 personas que estaban capturadas por la guerrilla fueron liberadas por el gobierno de Bogotá.
El titular de la cartera de Defensa, Juan Manuel Santos, anunció que en tras la llamada ‘Operación Jaque’ hay dos presuntos cabecillas de las FARC detenidos.
Entre los rescatados se encuentran tres estadounidenses: Thomas Howe, Marc Gonsalves y Keith Stannsen, en poder de esa organización desde el 13 de febrero de 2003
El ministro reveló que la operación tuvo lugar a 72 kilómetros de San José de Guaviare, cerca del lugar en el que se había liberado a Clara Rojas.
El operativo constó de dos etapas y había una tercera de contingencia. Un primer paso fue "una operación de inteligencia y de localización". El segundo fue el rescate propiamente dicho. Y si fallaba la liberación había una tercera fase de cerco humanitario.
Santos precisó que los ex rehenes se encuentran en la base militar de Tolemaida, en el centro del país.

2 de julio de 2008
©clarín
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