nuevas mafias paramilitares
chris.kraul@latimes.com 14 de mayo de 2008
[Chris Kraul] Santa Rosa, Colombia. Al final, hacerse una foto con el presidente Bush y alcanzar un cierto grado de fama local no le sirvió de nada a Miguel Daza. De hecho, su popularidad puede haberle significado la muerte.
El joven campesino fue asesinado en una emboscada en febrero, cerca de este centro minero y del tráfico de drogas en el centro-norte de Colombia, aparentemente por una nueva generación de grupos criminales que han surgido en los últimos dos años desde que los paramilitares de extrema derecha se desbandaran oficialmente.
El estatus de los paramilitares tiene graves ramificaciones para el presidente Álvaro Uribe, conservador y aliado de Estados Unidos que rompió públicamente con las milicias que estaban desestabilizando al país. Pero su presidencia se ha visto amenazada por revelaciones de que muchos de sus colaboradores más cercanos tienen vínculos con pistoleros de extrema derecha.
Los grupos paramilitares, formados originalmente para defender a los hacendados y ganaderos de los insurgentes de izquierda, se volcaron subsiguientemente al tráfico de drogas y otras actividades criminales, incluyendo la extorsión y los asesinatos por encargo, acusan los fiscales.
Las nuevas bandas son más desorganizadas y carecen de la estructura jerárquica de sus predecesores. En algunas zonas, como aquí en el estado de Bolívar, se dice que han cerrado pactos con los rebeldes de izquierda para la producción y el transporte de drogas, un desarrollo que era antes anatema para los combatientes.
Cómo debería clasificarse a los nuevos grupos y si están creciendo se ha convertido en un tema de debate. El gobierno de Uribe prefiere utilizar el término de "bandas emergentes", porque se ajusta a su posición de que los paramilitares es una cosa del pasado.
Pero los críticos, incluyendo organizaciones de derechos humanos y figuras de la oposición como el senador Gustavo Petro, dicen que los grupos están causando el mismo caos y cometiendo los mismos crímenes. El gobierno está simplemente "dando un nuevo nombre al mismo fenómeno", dijo Petro.
Lo que es indiscutible es que los nuevos grupos actúan con la misma homicida eficiencia cuando alguien como Daza amenaza su control de una región y su gente.
Las autoridades suponen que fueron miembros de los infames Águilas Negras los que mataron a Daza, 37, porque se había convertido en lo que los narcotraficantes más temen: un líder comunitario que convenció a más de 250 campesinos pobres de que había una alternativa para la producción de coca.
Él mismo un ex cocalero, Daza era un ruidoso partidario de la campaña oficial de erradicación manual de las plantas y en frecuentes intervenciones públicas describió la coca como una "maldición que debe ser extirpada del corazón del pueblo".
"Lo mataron porque creó un orden social que contradecía lo que necesitan los narcotraficantes: agitación social, secreto y una sociedad sumisa", dijo León Valencia, director de Corporación Nuevo Arco Iris, una organización pacifista con sede en Bogotá, la capital colombiana.
Daza era el motor detrás de la plantación de mil hectáreas de cacao en terrenos destinados antes al cultivo de coca. La asociación de campesinos que ayudó a formar, la Asociación de Productores de Cacao del Sur de Bolívar, recibió fondos de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y de la Organización de Estados Americanos.
"Había cambiado la manera de pensar de la gente", dijo Elías Bermúdez, un amigo al que Daza convenció de que se pasara de la coca al cacao. "No fue fácil porque la coca crece muy rápido y siempre hay un mercado. Pero Miguel nos hizo tomar conciencia de que había otra manera".
El coraje y liderato de Daza eran tan impresionantes que Uribe lo introdujo a Bush durante la visita del presidente a Colombia en marzo de 2007. Daza sorprendió a Bush entregándole un gigantesco cacao. Bush le preguntó a Uribe qué era el extraño fruto.
"Mi hijo era guapo", dijo su acongojada madre, Ana Cecilia Vaca, después de una ceremonia aquí el mes pasado en la que el embajador norteamericano William Brownfield le entregó una fotografía enmarcada de Daza con Bush. "Dijo que conocer a Bush iba a provocar grandes cosas".
El general José Roberto León, de la Policía Nacional de Colombia, calcula que hay al menos veintitrés "bandas emergentes", con unos dos mil doscientos integrantes, una pequeña fracción de los grupos paramilitares desmovilizados. Organizaciones pacifistas como el Grupo Crisis Internacional e Indepaz calculan que el número de pandilleros es al menos dos veces esa cifra.
La banda mejor conocida es la de los Águilas Negras, de la que se sospecha del asesinato de Daza, que opera en el valle del río Magdalena, una zona de tráfico de cocaína por excelencia. Después de acusar aquí en una rueda de prensa que las Águilas Negras habían formado una infernal alianza con el grupo insurgente de izquierda Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, para procesar y transportar drogas, Brownfield fue interrogado sobre sus fuentes.
"Porque aquí no hay conflicto entre ellos", dijo Brownfield. "En las regiones donde compiten por las drogas y las rutas de transporte, hay un montón de violencia".
El vicepresidente de Colombia, Francisco Santos, dijo en una entrevista que el gobierno había logrado una importante victoria al debandar a los grupos, matando a ochocientos paramilitares y capturando a otros dos mil trescientos en los últimos dos años. En los últimos días, la policía antinarcóticos mató a Víctor Manuel Mejía Munera y capturó a su hermano Miguel, que dirigía a la banda narco-paramilitar de los Mellizos. El gobierno norteamericano había ofrecido recompensas de hasta cinco millones de dólares por cada uno.
Santos y León, el general de la policía, dijeron que la violencia en Colombia, que empezó a declinar desde que Uribe asumiera la presidencia en 2002, continúa bajando.
"Hemos logrado controlar el problema porque lo estamos siguiendo de cerca", dijo Santos, agregando que las bandas emergentes no deben ser descritas como grupos paramilitares porque no se concentran en la extorsión ni en el saqueo de las arcas públicas, como hacían sus predecesores.
Pero Petro, el senador, dijo en una conferencia telefónica que las bandas todavía estaban "matando a dirigentes sindicales, formando ejércitos privados para expulsar a los campesinos de sus tierras y amenazando a la oposición". Dijo que su madre y hermana habían huido recientemente del país tras recibir amenazas de muerte de las Águilas Negras.
Organizaciones derechos humanos, incluyendo la Corporación Nuevo Arco Iris, de Valencia, dicen que sus funcionarios están recibiendo más amenazas.
Las bandas también se parecen a los grupos paramilitares en que algunas trabajan aparentemente en colaboración con unidades militares corruptas, dijo Mark Schneider, del Grupo Crisis Internacional, de Washington. Schneider está preparando un informe sobre las bandas.
El mes pasado un grupo de detectives arrestaron a siete oficiales del ejército por sospechas de complicidad con un grupo paramilitar llamado Los Paisas que se había instalado en los estados de Antioquia y el Choco.
Frustrados por la falta de trabajo, cientos de paramilitares desmovilizados se están uniendo a los nuevos grupos criminales. Según estimaciones del gobierno, el veinticinco por ciento de los miembros de bandas capturados o muertos en los últimos dos años eran paramilitares desmovilizados, dijo Schneider.
"Esto se relaciona con la naturaleza incompleta y el fracaso de la desmovilización", dijo Schneider. "Los ex paramilitares frustrados y enfadados porque no tienen trabajo, son fáciles de reclutar".
Pero Miguel Daza no era fácil de convencer. El prometedor dirigente se había inscrito hace poco en una facultad de leyes, dedicando seis horas al estudio.
"Yo lo quería no sólo porque era mi hijo, sino porque era bueno", dijo su madre, sollozando.
4 de mayo de 2008
©los angeles times
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