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historia del respeto


Ilse Fuskova y César Cigliutti homenajean con su recuerdo a las primeras 300 personas que tomaron la Avenida de Mayo, hace 18 años, para exigirle respeto a la sociedad y proclamar el orgullo de ser.
[Patricio Lennard] Argentina. Según fuentes de la organización, en la décimoctava Marcha del Orgullo de Buenos Aires, entre las personas que asistieron se contabilizaron alrededor de 230 mil besos en la boca. En cuanto a la cifra de abrazos, se estima que estuvieron en el orden de los 180 mil, número levemente superior a la cantidad de veces en que los y las participantes se hicieron caricias y/o tomaron de las manos. Como era previsible, ni la policía ni el gobierno de la ciudad difundieron cifras al respecto.
Pero lo cierto es que ayer hubo mucha gente en la Marcha del Orgullo que partió, como ya es costumbre, de la Plaza de Mayo. Hubo gente linda, gente alegre, gente rara, gente menos rara, gente común, gente vestida, con poca ropa, semidesnuda. Gente. Una multitud (¡una verdadera multitud!) que marchó bajo el lema "Libertad e igualdad de derechos. No a los códigos de faltas", y que les hizo honor a esos pioneros que el 28 de junio de 1992 (fecha en que se conmemora en todo el mundo la mítica revuelta del bar Stonewall en Nueva York) se reunieron frente al Cabildo para emprender la primera Marcha del Orgullo de la que se tuvo noticia en estas pampas. "Era una tarde muy fría. Eran alrededor de las 6 y ya se estaba haciendo de noche. Y nosotros, de pronto (no sé si llegábamos a sumar trescientos) empezamos a marchar por la Avenida de Mayo cantando: `¡Respeto, respeto, que caminan lesbianas y gays por las calles de Argentina!’ No caminábamos por Buenos Aires, sino por las calles de Argentina... Y no dejábamos de repetir esa frase porque brotaba de nosotros con una profunda convicción y orgullo." El recuerdo es de Ilse Fuskova, referente insoslayable de la militancia Lgbtti –lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersex– local y una de las primeras lesbianas que se atrevieron a dar la cara públicamente. "Yo ya había estado en la década del ‘80 en una marcha en Berlín, y había ido también a otra en San Francisco en la que se llegaron a reunir cerca de 300 mil personas. Imaginate, ¡acá éramos 300! Aunque nos sentíamos la vanguardia, y en más de un sentido lo éramos. Esa primera marcha fue para mí la más fervorosa. Era como romper un vidrio. Ni siquiera habíamos pedido permiso: nos largamos a marchar simplemente. Sentíamos el derecho de ocupar el espacio ciudadano al igual que el resto de las personas, y a pesar de que estábamos muy abrigados, con bufandas y gorros de lana, muchos terminamos afónicos porque el estribillo lo repetíamos a voz en cuello."
Entre los que seguramente perdieron la voz aquella fría tarde de junio estaba Carlos Jáuregui, alma máter de la CHA y organizador de esa primera marcha, la que sin duda constituyó una pieza fundamental en su prédica militante de que gays, lesbianas y trans debían hacerse socialmente visibles. César Cigliutti, actual presidente de la CHA y uno de sus mejores amigos (Jáuregui murió el 20 de agosto de 1996 a causa del sida), recuerda que en las reuniones previas Carlos no estaba del todo seguro de usar para la marcha la palabra "orgullo". "La palabra orgullo era muy fuerte en esa época. Nadie hablaba entonces del orgullo gay-lésbico, y al principio Carlos pretendía que usáramos otras palabras, como dignidad o libertad. Aunque enseguida entendimos que hablar de orgullo implicaba confrontar con esa vergüenza que la sociedad heterosexista quiso imponernos por ser gays, lesbianas y travestis."
Y así fue nomás que el Gay Pride anglosajón se tradujo aquí en Marcha del Orgullo. "Recuerdo que aquella tarde estábamos frente al Cabildo y teníamos una gran incertidumbre porque no sabíamos cuánta gente iba a venir –cuenta Cigliutti–. Habíamos hecho una volanteada por todos los lugares de nuestra comunidad, y estábamos con un megáfono y pancartas muy artesanales, escritas con fibra y pegadas con plasticola. Justo ese día había en Plaza de Mayo una manifestación de maestros, y me acuerdo de que Carlos decía: `¡Mirá qué bueno! ¡Parece que somos más!’, y guiñaba un ojo. Y esa incertidumbre con respecto a la concurrencia no sólo se debía a que era el primer acto público y a que la consigna, Marcha del Orgullo, podía parecerle fuerte a mucha gente de la comunidad, sino también al hecho de que iba a haber medios de comunicación, lo que sin duda era un factor disuasivo para quienes tenían miedo de ser vistos por sus familiares, o hasta perder el empleo si los veía su jefe. Por eso, más de la mitad de los que marcharon llevaban máscaras. Máscaras de cartón con una gomita, algunas de las cuales habíamos hecho nosotros mismos, y que lejos de ser un signo de cobardía dejaban a la vista los efectos de la homofobia. De hecho, eso fue un tema de debate: `¿Está bueno hacer una marcha con caretas?’, nos preguntamos. Y concluimos que lo que no se podía hacer era negar una realidad, y que si había gente que tenía miedo de salir a cara descubierta, eso había que mostrarlo."
Ya desde la primera marcha el itinerario consistió en ir de Plaza de Mayo hasta el Congreso (el verdadero lugar de reclamo), con el objetivo de hacerse dueñas y dueños de esa avenida por la que tradicionalmente han desfilado las expresiones populares y democráticas. "Año a año la marcha fue cambiando, fue un progreso gradual, aunque hubo un cambio muy grande cuando en 1997 decidimos pasar la fecha y hacerla el primer sábado de noviembre, justo cuando se conmemoraban los treinta años de la fundación de Nuestro Mundo, el primer grupo homosexual políticamente organizado que hubo en la Argentina –dice Cigliutti–. Ahí empezamos a incorporar otros elementos, como camiones de sonido, y también se empezó a sumar gente de otros ámbitos. No obstante, recién en la marcha de 2008 los medios hablaron por primera vez de multitud, porque fueron casi 30.000 personas." Una multitud que ayer se acrecentó, como viene sucediendo desde que la marcha comenzó a hacerse. Más allá de que los besos y los abrazos y las caricias de sus participantes no se hayan podido medir con la misma precisión con que, en función de los metros cuadrados, se calcula, en estos casos, la cantidad de gente.

9 de noviembre de 2009
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cómo no internar a los adictos


Cómo será el nuevo sistema de internaciones de personas adictas a las drogas. Las internaciones compulsivas serán fuertemente restringidas. Y los familiares no tendrán derecho a internar a un usuario contra su voluntad. Un anteproyecto de ley fija nuevas pautas para el tratamiento de usuarios problemáticos de drogas.
[Emilio Ruchansky] Argentina. La flamante Comisión nacional que coordina las políticas públicas en materia de drogas comenzó a distribuir responsabilidades entre los ministerios para adecuar la legislación a lo dictado en el fallo de la Corte Suprema, que declaró inconstitucional penar la tenencia para cualquier estupefaciente mientras sea para uso personal. "Los políticos tienen que ponerse en marcha –dijeron ayer desde esta comisión en referencia al paquete de reformas que el Congreso debería aprobar–, si quieren que en Argentina deje de criminalizar de una vez por todas a los usuarios y se los atienda, además de perseguir a los narcos."
Este diario tuvo acceso al anteproyecto de ley de Régimen de Asistencia e Internaciones en Establecimientos Asistenciales, que establece una serie de controles de las internaciones, voluntarias e involuntarias, o por orden judicial. En el articulado y en los fundamentos de este escrito pueden inferirse los posibles abusos, el retraso técnico y el desentendimiento estatal que imperan actualmente en la materia. De hecho, se promueve la creación de un órgano de revisión, en el ámbito del Ministerio Público de la Defensa, para proteger los derechos humanos de los usuarios ante los servicios de prevención y tratamiento de las adicciones.
"Desde el Estado tanto a nivel provincial como nacional, si bien se comprende su complejidad, a la hora de desarrollar políticas públicas que atiendan el daño de las personas adictas aparece la respuesta en forma fragmentaria o sectorial en el mejor de los ejemplos", advierte un tramo del argumento de este proyecto. Y continúa: "En el campo de la salud son limitadas e insuficientes las redes de asistencia preventiva, integral, participativa, de respeto por los derechos y la dignidad de las personas, un consumidor que demanda y aún más si es adicto, sufre en el modelo médico prevalente el mismo proceso que sufre y sufrieron los alcohólicos". Desde el primer artículo de este anteproyecto se estipula que la internación "es un recurso terapéutico de carácter restrictivo y excepcional", que sólo puede aplicarse cuando aporte mayores beneficios que el tratamiento ambulatorio y "en condiciones dignas". El aislamiento, una metodología común en algunos centros de tratamiento, está desaconsejado: "Debe promoverse el mantenimiento de vínculos, contactos y comunicación de las personas internadas con sus familiares, allegados y con el entorno laboral y social, salvo indicación médica".
En ningún caso, resalta el artículo 2, la internación puede ser indicada o prolongada para resolver problemáticas sociales o de vivienda.
En el caso de una internación voluntaria se establecen una serie de controles dentro las primeros dos días. A saber: una evaluación y diagnóstico interdisciplinario con la firma de dos profesionales del lugar (uno de ellos debe ser psiquiatra), la búsqueda de datos acerca de la identidad del paciente y el entorno familiar y el consentimiento informado de la persona internada o de su representante legal.
Sobre el consentimiento se hace una salvedad: "Sólo se lo considera válido cuando el involucrado se presta en estado de lucidez y con comprensión de la situación, y se considerará invalidado si durante el transcurso de la internación dicho estado se pierde, ya sea por el estado de salud de la persona o por efecto de los medicamentos o medidas terapéuticas aplicadas".
En el supuesto de que una persona llegue sola y, como se dice en la jerga, "fisurada" al punto de desconocer su identidad, la institución deberá obtener datos de su familiares o lazos afectivos. Una vez ubicados, el director del centro asistencial tiene que comunicarse "de inmediato". Quien se interne voluntariamente puede "decidir por sí mismo el abandono de la internación". Así lo dispone el artículo 6, donde consta que, en caso de que el paciente pase más de 20 días en el lugar, "el equipo de salud a cargo debe comunicarlo con el órgano de revisión".
Este órgano consultará con un juez, que evaluará en un plazo no mayor a 10 días si la internación continúa siendo voluntaria o puede considerarse involuntaria. "En caso de que la prolongación de internación fuese por problemáticas de orden social –aclara el texto–, el juez deberá ordenar al órgano administrativo correspondiente (en este caso los ministerios de Desarrollo Social y de Trabajo) la inclusión en programas sociales y dispositivos específicos y la externación a la mayor brevedad posible." En el caso "excepcional" de que la persona sea internada involuntariamente, la decisión sólo podrá tomarse a criterio del equipo de salud (y no de los familiares, que ahora muchas veces exigen y pagan por ello), siempre y cuando "mediare situación de riesgo actual e inminente para sí o para terceros". Hay tres requisitos para tomar esta medida: un dictamen profesional del servicio asistencial con la firma de dos especialistas de diferentes disciplinas (uno de ellos psiquiatra) "que no tengan relación de parentesco, amistad o vínculos económicos con la persona", la ausencia de una alternativa eficaz y un informe acerca de las instancias previas implementadas.
Las internaciones judiciales, como dicta el artículo 8, "deben notificarse obligatoriamente en menos de 24 horas al órgano de revisión. Dos días después, el magistrado a cargo puede autorizar o rechazar la continuidad de este tipo de tratamiento o "requerir informes ampliatorios de los profesionales tratantes o indicar peritajes externos". La decisión tiene que estar justificada, siempre. Al estar privado de su libertad, el paciente tiene derecho a designar un abogado o a que el Estado le proporcione uno para que tenga la posibilidad de negarse o controlar las actuaciones del centro asistencial.
Exceptuando las internaciones involuntarias, con o sin intervención judicial, "el alta, la externación y los permisos de salida son facultad del equipo de salud y no requieren autorización previa del juez; apenas cese la situación de riesgo, el equipo de salud debe procurar la externación". La posibilidad de salida, en el caso de que medie un juez, debe abrirse, obligatoriamente, en los primeros 45 días. Es el plazo en el que se debe "reevaluar" la continuidad de la medida. Pasados 90 días, el juez deberá pedir al órgano de revisión "que designe un equipo interdisciplinario que no haya intervenido hasta el momento" para una nueva evaluación. Cuando se trate de menores de edad, el asesor de menores e incapaces tendrá que aparecer en menos de 24 horas.
El anteproyecto estipula una serie de derechos del paciente internado, estipulados en un fallo de la Corte Suprema emitido el año pasado sobre el caso R. J. M. Entre otros puntos, se menciona el respeto por la vida privada, el no ser sometido a trabajos forzados, ni ser objeto de explotación y algo que parece trivial, pero no lo es: "El derecho a la libertad de comunicación, que incluye la libertad de comunicarse con otras personas de la institución, libertad de enviar y recibir comunicaciones privadas sin censura; recibir en todo momento apropiado a sus familiares y otros visitantes, salvo indicación médica, y el libre acceso a los servicios postales, telefónicos, prensa, radio y televisión".
Las internaciones, según plantea el texto, deben realizarse en hospitales generales o "en efectores habilitados para ello". Si una institución rechaza a un paciente –algo que suele sucederles a los usuarios de paco–, el acto será considerado discriminatorio. El anteproyecto abre la posibilidad de que los mismos integrantes del centro médico, profesionales o no, denuncien en forma anónima cualquier tipo de abuso.
En los fundamentos de este anteproyecto de ley se estima que, de aprobarse y cumplirse con las obligaciones y derechos propuestos, "un modelo médico anacrónico habrá sido desmontado". Mónica Cuñarro, al frente de la comisión que impulsa estos cambios, dejó en claro que será el Ministerio de Salud la autoridad de aplicación. "Con esto, agregaríamos más controles y fiscalización de las obras sociales, las prepagas y las ONG, que hasta ahora no eran controlados y permitía muchos casos de abuso."

9 de noviembre de 2009
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mucho tiempo después


Indagan a Víctor Manuel Montti, de la "patota judicial". El ex secretario del juzgado federal de Santa Fe presionaba. a las víctimas para que firmen lo declarado bajo tortura. Ahora, deberá dar explicaciones ante un juez por esos hechos.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. Durante la dictadura, Victor Manuel Montti era secretario del juez federal Fernando Mántaras, un activo colaborador de la represión. En 1983, un ex preso político, Orlando Barquín lo acusó por haberlo presionado para que firme una declaración arrancada bajo torturas en la comisaría 4ª, en 1977. Pero otro juez al que secundaba en la reapertura democrática, Héctor Tripicchio, lo sobreseyó y archivó la causa el 4 de abril de 1984. Casi un cuarto de siglo después, el 9 de mayo de 2008, un tercer magistrado, Ricardo Lazzarini, desarchivó el expediente y anuló el sobreseimiento porque descubrió que Montti nunca había sido investigado y ni siquiera indagado por lo que consideró un delito de lesa humanidad. Tuvieron que pasar otros quince meses para que la Cámara Federal de Rosario ratifique que no había cosa juzgada. La serie seguirá el jueves, a las 9 de la mañana, cuando Lazzarini amplíe la indagatoria de Montti y le pida explicaciones por esa denuncia que pesa en su contra desde hace 26 años y por la que nunca fue molestado. Hasta ahora.
Montti ya había sido indagado en la causa que instruye Lazzarini hace dos años, cuando actuaba como conjuez el abogado Leandro Corti, quien lo acusó por no dejar constancia en un acta judicial de las torturas que había denunciado otro ex detenido político, Roberto Cepeda y no requerir asistencia médico. Fue el 18 de octubre de 2007, cuando el ex secretario de Mántaras ingresó al Juzgado Federal por una puerta y salió por la otra.
El jueves, Lazzarini lo interrogará por la denuncia de Barquín, pero también por dos hechos que denunciaron otros ex presos políticos: Francisco Klaric y José Villarreal.
La investigación de Lazzarini es un desprendimiento del juicio a los represores santafesinos, en la que ya procesó por "asociación ilícita" a siete acusados: los seis que juzga el Tribunal Oral (Víctor Brusa, los comisarios Juan Calixto Perizzotti, Héctor Romero Colombini y Mario Facino, la ex carcelera María Eva Aebi y el ex oficial de inteligencia de la Policía, Eduardo Ramos), más el ex jefe del Destacamento de Inteligencia Militar 122, coronel Domingo Manuel Marcellini, que zafó del juicio por problemas de salud. El octavo imputado en la causa es Montti, pero sobre él no pesan los cargos de los demás.
El nombre de Montti comenzó a sonar en el juicio a Brusa y compañía ya desde el arranque, el 14 de setiembre, cuando declararon Barquín y Klaric. Un mes después, el 14 de octubre, lo señalaron Cepeda y José Villarreal.
Barquín ratificó que Montti lo presionó para que firme una declaración que le habían arrancado en una sala de tormentos en la comisaría 4ª. "Me dijo: ’ya viste que mal la pasaste, si no ratificas esto ante mi presencia, volvés y te va a pasar exactamente lo mismo", contó ante el Tribunal. Mientras que Klaric lo definió como un integrante de la "patota judicial". "Sabíamos quiénes eran Mántaras, Montti, Brusa y (el ex juez federal ya fallecido Miguel Angel) Quirelli. Era la patota judicial", precisó.
Cepeda dijo que el 14 de junio de 1977, cuando estaba detenido en la comisaría 4ª. denunció ante Mántaras, Montti y Brusa las torturas que había sufrido en dos centros clandestinos de Córdoba: La Perla y La Rivera, de donde lo habían trasladado a Santa Fe. "Tenía olor a muerto. Estaba muy mal, con cicatrices, golpeado, con una perforación en el pie que me habían hecho con un soplete. Me faltaba una parte del cuero cabelludo. Estaba podrido en vida", dijo. Entonces, preguntó cómo le podían tomar una declaración judicial en ese estado. "Mántaras y Montti se chocaron para decirme que tenía suerte, que otros no habían tenido esa oportunidad. Que la había sacado barata", recordó.
Villareal también relató un interrogatorio de Montti y Brusa. Estaba con otros detenidos. "Fuimos pasando de a uno. Montti estaba con Brusa y un escribiente, no muy alto, peinado para atrás. Tuvimos una discusión con Montti por los términos de la declaración. Intervino Brusa, que dijo: ’Si se pone en duro lo bajamos/matamos y ya’. Después, nos llevaron de nuevo a la 4ª, donde había un régimen de abandono, no nos daban de comer, ni nos sacaban para ir al baño", dijo.
La jueza Lidia Carnero le preguntó entonces cuál había sido la reacción de Montti. "En todos los interrogatorios había una complicidad entre los que nos golpeaban y los jueces", respondió Villarreal.
Uno de los laderos de Mántaras en la dictadura era Montti. El otro, Brusa. Los dos se reciclaron en la democracia. Brusa ocupó el mismo cargo de Mántaras hasta su remoción, en marzo de 2000. Mientras que Montti se desempeñó como juez federal Nº 2 de Santa Fe durante un año -desde setiembre de 1983 hasta octubre de 1984 , después se radicó en la provincia de Santa Cruz, donde ocupó altos cargos judiciales en el gobierno de Arturo Puricelli. Y finalmente, se instaló en Mar del Plata, donde se retiró como fiscal general, en 2002.

9 de noviembre de 2009
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investigan a juez por encubrimiento


El Tribunal Oral Federal Número 1 decidió investigar al ex juez Pedro Tiscornia por encubrimiento. Por pedido de la fiscal Mabel Colalongo, el Tribunal que juzga crímenes de lesa humanidad ordenó que se averigüe la actuación del ex funcionario judicial. Sobrevivientes relataron que se negó a tomar denuncias de secuestros y tormentos.
[José Maggi] "Sin la complicidad de Poder Judicial no hubieran podido ocurrir estos hechos en ningún lugar de la República Argentina", dice la fiscal federal Mabel Colalongo para darle marco a la primera investigación seria que se abrió esta semana en la justicia federal contra el ex juez y ex fiscal Pedro Tiscornia, señalado por varias víctimas como quien se negara a tomar las denuncias por torturas que le relataban.
Para Colalongo, todo comenzó a gestarse "durante esta audiencia sobre todo a partir de las declaraciones de la testigo Adriana Quaranta que era una abogada que trabajaba en el Poder Judicial federal rosarino, en la fiscalía de Tiscornia, que después fue juez quien relató que antes de ser privada de su libertad, le advirtieron que debía renunciar el Poder Judicial, porque no le garantizaban la vida. Y está claro que ese Poder Judicial le estaba dando el mensaje que tenían las fuerzas armadas para aquellos sospechosos, que eran en definitiva casi todos los miembros de esta sociedad, por el solo hecho de decir que no coincidían con la tortura y el asesinato".
"Ella dijo que no entendía por qué debía renunciar, porque no había hecho nada en ese lugar de trabajo, y les pidió que le inicien un sumario. Ella renunció, pero igual a los pocos días fue secuestrada y llevada a La Calamita. Allí fue interrogada sobre las actividades de Rafael Bielsa, que era su compañero en la fiscalía de Tiscornia, y una semana antes había sido privado de su libertad. Es más, cuando liberan a Quaranta ella va directamente a la fiscalía donde trabajaba para denunciar lo ocurrido, pero ellos no hicieron nada".
En rigor, ésta no era la primera vez que se lo denuncia a Pedro Tiscornia: la abogada Ana Figueroa lo había hecho en julio de 2006 patrocinando a Adriana Arce, en una testimonial. "El juez federal de instrucción era Germán Sutter Schneider y a pesar de que hubo incluso después de él un nuevo juez, sobre este tema no se ha investigado nada", dijo Figueroa a Rosario/12.

¿Qué otras victimas señalaron a Tiscornia en las audiencias de este juicio Guerrieri Amelong?
En las declaraciones de Adriana Arce, Juan Rivero y Ramón Verón, ellos comentaron cómo Tiscornia, como juez, se constituyó en el lugar donde estaba detenidos, por una pena impuesta por un Consejo de Guerra, mientras él llegaba allí para decirles que los iba a investigar nuevamente por los mismos hechos que ya los habían condenado. Ni hablar de la falta de legalidad y de legitimidad que significaba ese Consejo de Guerra porque eran civiles, a quienes se les tomaba declaraciones testimoniales cuando eran imputados en el expediente. Es más, Tiscornia termina legitimando ese proceso porque el mismo Consejo de Guerra le pide que los investigue.

¿El propio Ejército le ordenaba entonces a un juez federal que investigara?
Sí, aunque suene raro era así. Es más, Tiscornia le preguntó por escrito donde estaban detenidos Rivero, Verón y Arce, porque no lo sabía. Y peor aún, el Ejército demoró un mes para contestarle, por lo que debió repetir su consulta.

Es decir que Tiscornia tenía bajo su responsabilidad a tres detenidos que no sabía siquiera donde estaban alojados? ¿Cuál debió haber sido la actitud de Tiscornia como juez federal?
Más allá del acta de Reorganización Nacional, estaba la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, y la Junta Militar no tenía facultades para derogar esa Convención. Por lo tanto, el juez debió haber revisado y declarado la ilegalidad de este proceso. Pero supongamos que no lo hizo porque creyó que los decretos-leyes permitían esto, porque si podían secuestrar, torturar y desaparecer personas, esto debió haber sido nada para estas personas. Repito: Tiscornia debió haber declarado todo esto ilegal.
Pero lo más grave es que cada uno de estos testigos que fueron las víctimas de estos hechos, Arce, Rivero, Verón, Olga Moyano; las víctimas del encubrimiento de Tiscornia, de su participación y legitimación de todo este proceso terrible, firmaron estas declaraciones con los ojos vendados en el centro clandestino de detención Fábrica Militar de Armas Domingo Matheu. Y con esas declaraciones se los condenó en el Consejo de Guerra. Supongamos que era legítimo ese Consejo, que no lo era. Bueno, a Tiscornia las víctimas le recordaron que les hacía las mismas preguntas que les hacían en los interrogatorios en el "chupadero". Entonces es difícil separar a Tiscornia de la connivencia de quienes tenían la decisión sobre la vida, la muerte y la suerte de cada uno de los habitantes de este país. Y no puedo omitir denunciar ese encubrimiento. A esta altura está meridianamente claro que no se hubiese podido consolidar este proceso sin la participación del Poder Judicial argentino. En algunos casos ocurre que es muy clara la participación como el de Tiscornia, es decir que hay un nombre y apellido.

Santa Fe tiene un antecedente porque hay un ex juez federal detenido y procesado por delitos de lesa humanidad como es Víctor Hermes Brusa. ¿Hay puntos de contacto con este caso?
La mayoría de los hechos imputados a Brusa fueron como secretario del juzgado. Ahora bien, no hay mucha diferencia entre interrogar a los gritos a una personas, o constituirse en una cárcel como hacia Tiscornia y preguntarle a las víctimas las mismas cosas que le preguntaban cuando estaban en un centro clandestino. Y cuando le relataban los tormentos, no investigó nada. En el fondo, no hay mayores diferencias.

9 de noviembre de 2009
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detienen a criminal sfulcini


Detienen a represor Carlos Sfulcini.
Argentina. El represor Carlos Sfulcini fue detenido ayer en el departamento de España 344 piso 10, luego de que la Cámara Federal de Rosario ordenara su detención el 30 de octubre pasado. Según indicaron desde Hijos Rosario, "éste es uno de los cuatro asesinos que secuestraron a Tito Messiez el 22 de agosto de 1977 y el que más gozó de las increíbles protecciones que le brindaran los jueces federales y los servicios de seguridad". Para Hijos, "Sfulcini no es cualquier represor. Es un individuo que cínicamente ocupó la Dirección del Eempa 1284". Recién ayer, "después de presentaciones realizadas por la querella y la Unidad de Asistencia para Causas de Violaciones a los derechos humanos durante el Terrorismo de Estado, se ha logrado que Gendarmería cumpliera la orden judicial".

9 de noviembre de 2009
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otro día para el orgullo gay


Miles de personas se reunieron en la Avenida de Mayo. Con reclamos, con expectativas, música y consignas, se realizó la 18ª marcha con más gente que nunca. La fiesta y el desfile de carrozas arrancaron de tarde y se prolongaron hasta bien entrada la noche.
[Emilio Ruchansky] Buenos Aires, Argentina. La abuela Irma camina emocionada en medio de la multitud donde resaltan los colores del arcoiris en remeras, corbatas, sombreros, paraguas y las pequeñas tetas de una adolescente que zamarrea una bandera con los mismos colores junto a su novia. Se encolumna en la marcha del orgullo lésbico, gay, bisexual y trans detrás de su propia bandera, que dice "Es un asunto de amor y unión familiar". Hace 13 años fundó un grupo para padres, parientes y amigos de lesbianas y gays, "familias por la diversidad". Irma se inspiró en los conflictos que tenía con su hijo, que hoy vive en Stuttgart, Alemania, y que de vez en cuando vuelve y participa del grupo. La que milita es ella, reconoce después.
Esta marcha, la número 18, fue algo especial para ella y para muchos de los que se concentraron en Plaza de Mayo y bailaron hasta el Congreso siguiendo alguna de las carrozas. Aunque no se pudo festejar que las comisiones del Congreso aprobaran el proyecto de ley para incluir el matrimonio entre parejas del mismo sexo, algo que podría pasar la semana que viene, con chances por primera vez de que se enmiende el código civil. Bien dicen Mirta y Amelia, Stella Maris y Víctor, su compañeros de grupo, "todo amor es bueno".
"Muchos padres sienten que tener un hijo gay puede ser la tragedia de sus vidas, pero todos deberían tener la posibilidad de ser padres o adoptar en pareja. Para nosotros éste era un tema desconocido, pero aprendimos de nuestros hijos", dice Amelia. Hoy a las charlas se suman familiares de travestis y transexuales. El slogan de los panfletos que reparten dice: "No sólo se trata de aceptar, se trata de compartir su vida".
Las carrozas que desfilaron por Avenida de Mayo llevan escenografías que mezclan sueños y reclamos. Hay un altar donde una travesti va vestida de novia con un ramo entre sus brazos que amaga a tirar, también una cabina de DJ que promociona un boliche y lleva una bandera que dice: "Sr. Scioli, controles sí, límites horarios no" y Adanes y Evas que reparten manzanas junto al suplemento Soy, de Página/12, bajo una marquesina que reza: "A imagen y semejanza de mis deseos".
Mientras se pasea gente ataviada como geishas, monjas o colegialas y de las carrozas se oye salsa, cumbia, rock o punchi punchi, Lohana Berkins, de la asociación ALITT, y Diana Sacayán, de MAL, lideran una contramarcha. "Queremos radicalizar nuestra lucha", dice Berkins, la dirigente travesti más experimentada. La noche anterior, cuenta Sacayán, intentaron junto a varias agrupaciones acampar en la Plaza de Mayo y lograron quedarse hasta las 3, lo necesario para homenajear a las cientos de compañeras travestis muertas, muchas veces asesinadas, otras tantas abandonadas en medio de una enfermedad. "Queremos que traten la ley de Identidad de Género, no queremos ser las olvidadas de la democracia", comenta otra activista, Marcela Romero, de ATTA.
En la plaza, donde se armó una pequeña feria con publicaciones y bufettería, María Rachid, de la Falgbt, reparte volantes informativos sobre el proyecto de matrimonio para parejas del mismo sexo que permitía a miles de personas en todo el país cobrar pensión por viudez o compartir la obra social o la prepaga, heredar; además, de poner por escrito, la relación afectiva de dos personas, el germen de cualquier unión familiar, como señalan los familiares de gays y lesbianas. "El otro gran reclamo es derogar los códigos de faltas y contravencionales", dice Rachid. En este país se puede ir preso por una simple y privada elección sexual.
La celebración de sueños y reclamos comenzó a las 18 y se prolongó hasta el cierre de esta edición. Fueron miles de personas. No hubo quejas de taxistas ni automovilistas, ni un gran despliegue policial por tratarse, como dijo el activista español Tony Poveda, de "la marcha más grande que se convoca anualmente en Argentina".

9 de noviembre de 2009
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escenas de un encuentro


Los hermanos Amarilla cuentan el secuestro de sus padres y el momento en que vieron a Martín.
[Alejandra Dandan] Argentina. Mauricio está convencido de que hubo algo más, que no fue sólo la partida de nacimiento. Que treinta años atrás, mientras su madre estaba en cautiverio, se acariciaba la panza y le decía a su hijo que había otros tres hermanos, que iba a tener que buscarlos, que había una familia, que la tenía que encontrar. "Creo que sentía la convicción y que eso era la voz de mi vieja. Que cuando era bebé mi mamá sabía lo que a ella le esperaba, creo que le hablaba y no creo que una partida de nacimiento te pueda hacer dudar de tu identidad."
El lunes terminó ese camino que a lo mejor disparó aquella voz. Martín abrió una de las puertas de la casa de las Abuelas de Plaza de Mayo. Y del otro lado, en fila, apiñados, lo esperaban Mauricio, Joaquín e Ignacio, muertos de ansiedad. Se habían imaginado mil cosas de la persona que acababan de conocer como su hermano más chico. Que era un millonario, que hasta podía aparecer con pollera y tacos. Mauricio lo abrazó especialmente. Como siempre lo hizo con sus hermanos más chicos, como el hermano mayor. "Fue reemotivo", dice. "Cuando entra Martín también llora, y uno se da cuenta de que no importó lo que hubiese imaginado. Fuimos, corrimos, nos abrazamos, lloramos y a lo mejor el abrazo que no nos dimos nunca en la vida es como que eso lo quise hacer con ese abrazo, como el hermano mayor, lo que uno quiso hacer es como un bienvenido a casa."
Se dijo mil veces que los tres hermanos corrieron a verle las orejas. Todos nacieron con las orejas pegadas a la cabeza y Martín tenía la misma marca. Se sentaron juntos, rodeados de tíos y parientes. Cuando le preguntaron a Martín qué hacía, explicó que era músico, que tocaba la guitarra y estaba estudiando acordeón a piano. "Todos nos asombramos –dice el mayor– porque minutos antes de que llegara estábamos hablando de que todos los hermanos Molfino decidieron estudiar un instrumento distinto y justo mi mamá había estudiado acordeón a piano, y no es un instrumento común, ¿no?, como puede ser la guitarra, más para una mujer."
Mauricio está sentado en un bar de Avenida de Mayo y al lado está Joaquín, de 32, dos años más chico. Viene llegando Ignacio, otros dos años menor. Están en Buenos Aires desde hace una semana. En septiembre, un equipo de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad viajó a Chaco para tomar muestras de sangre de los hermanos de sus padres, Guillermo Amarilla y Marcela Molfino, dos ex militantes de Montoneros secuestrados en octubre de 1979 durante la contraofensiva y hoy desaparecidos. El viernes 30 de octubre los llamaron para confirmar que sus padres habían tenido otro hijo, que nació ocho meses después de su secuestro y quedó en manos de un agente de Inteligencia del Ejército. En 2007, Martín había empezado a sospechar que podía ser hijo de desaparecidos y empezó a hacer su búsqueda. Ninguno de los hermanos lo sabía.
En los sesenta, Marcela se puso a estudiar Filosofía y Letras mientras empezaba con la militancia política en el Peronismo de Base y luego en la Juventud Peronista. Venía del tronco de los Molfino, militantes de fibra, divididos entre Montoneros y el ERP. Guillermo era "el Negro" Amarilla, uno de los menores de diez hermanos, familia de trabajadores, padre criado en el primer peronismo. Con los años, Guillermo fue parte de la dirección de Montoneros y uno de los cuadros más importantes de la JP Regional IV. Los dos primeros hijos, Mauricio y Joaquín, nacieron en Argentina. En 1978, con buena parte de la familia presa o exiliada, la madre de Marcela volvió al país sólo para llevárselos camuflados durante la final del Mundial de Fútbol. Ignacio nació en Francia, pero todos volvieron poco después para la dramática experiencia de la contraofensiva montonera. El 17 de octubre de 1980, Guillermo cayó en un bar mientras esperaba una cita. Y ese mismo día cayó Marcela en una casa de San Antonio de Padua. Estaban los tres hijos, un hermano de Guillermo, la mujer y sus dos hijos. A Mauricio le faltaban tres meses para cumplir cinco años. Tiene la imagen del operativo grabada.
"Fue en octubre y varias de las cosas me cerraron después de algunas charlas con mis tíos, porque me acuerdo que había dos casas, una atrás, de madera, y otra de material, adelante. Nuestro tío Rubén estaba trabajando en la construcción de la casa. En esa época daban El Llanero Solitario. Me acuerdo que en la casa había unos caballetes, y nosotros jugábamos a los caballos con Mariano, el hijo de mi tío Rubén, y de golpe veo debajo de un colectivo muchos pies con botas militares. Entonces le dije al tío que estaba con una pala, haciendo una mezcla. En ese momento fue como que miré y cuando él mira y quiere irse para adentro, para reaccionar diría yo ahora, ahí se largan con todo. Lo agarran a él, lo tiran al piso. Nos agarran a nosotros, nos suben a un auto, imaginate que lo que siempre me quedó grabado fue que la agarran a mi mamá de los pelos."
Quienes recuerdan ese secuestro siempre repitieron una historia que, aparentemente, pudo no haber sido del todo cierta. Se dijo que Marcela salió a defenderse con un revólver y quedó herida. Por eso, sus hermanos creyeron que había muerto enseguida y nunca pensaron en un embarazo. No sólo porque ella no se lo dijo a nadie, ni siquiera a su hermana Alejandra, a la que había visto quince días antes, sino porque ante la herida varios la dieron por muerta. Mauricio dice que él se acuerda de que las cosas no fueron así. "La imagen que tengo grabada de mi vieja es sacándola de los pelos y ella abrazada a mi hermano menor. No estaba herida y no tenía arma: tenía a mi hermano, un bebé. Me acuerdo de los gritos de ella para no soltar a su hijo y alguien le saca a Ignacio, de diez meses, lo suben a un auto. A Rubén lo tenían en el piso, boca abajo, en la vereda. A nosotros nos suben en el auto donde está Ignacio, nos llevan a una casa, ahí, muy cerca, calculo a una cuadra."

¿Era de ellos la casa?
Puede ser, pero no sé: yo sé que estaba preparada porque apenas llegamos había gaseosas y masitas, nos sientan y nos dan eso como para calmarnos, como que nos estaban esperando y de ahí nos llevan a una casona vieja, muy antigua pero no en mal estado. La imagen que tengo es que eran cuatro dormitorios con un hall en el medio y donde éramos varios chicos. En una pieza estábamos nosotros, los cinco con cucheta y cama, y donde había todas mujeres policías. Estuvimos quince días desaparecidos, desde el 17 de octubre hasta el 2 de noviembre que nos llevan al Chaco.

¿Los devolvió un militar que conocía a un Amarilla?
No sé, pero me acuerdo que nos suben a un auto y nos llevan a la casa de mi tío Juan Carlos, que vivía en el Gran Buenos Aires, que yo ya conocía porque ahí vivieron con nuestros viejos. Golpean y golpean y no atiende nadie. Después supe, por mi tío, que cuando se enteró del secuestro se asustaron, por eso no estaban. Entonces nos regresaron a la casa unos días mas y después me acuerdo que nos llevan a un avión y nos llevan a un lugar que ni sabíamos que era el Chaco. Era la casa de una tía que nunca habíamos visto. Una hora después llegó mi abuela, que sí conocíamos, y no entendíamos nada.

¿Qué pasó con ustedes tres?
En una primera instancia Joaquín fue a vivir con una hermana de mi viejo, la tía Dora. Yo voy a la casa de mi abuela paterna, Ramona, e Ignacio que era el más bebito, vivía un tiempo con Dora, unos días con Angel Amarilla y así durante tres años, hasta que falleció mi abuela. Ahí, yo me quedé viviendo en la casa con otra tía. Estuvimos así cinco años, no vivíamos juntos, pero nos veíamos, hasta que un día Juan Carlos Amarilla, el hermano de mi papá, ese que vivía en el Gran Buenos Aires, va al Chaco. Nuestro viejo le había dicho que si le pasaba algo, le hubiese gustado que nosotros estemos con él, así que en un momento toma la decisión de dejar todo, dejar la casa, trasladar a los hijos para el Chaco. Va y nos une: teníamos 9, 7 y 5 años.

¿Cómo fueron esos años?
Yo creo que cuando uno es niño no dimensiona tanto lo que se está viviendo. Los primeros años, yo siempre tenía la esperanza de que nuestros viejos aparezcan. Tan pronto había pasado todo que no dimensionábamos el no vernos nunca más. Es como que eso era momentáneo, y así fue durante muchos años, por lo menos en mi caso. Calculo que como a los 10 años o a los 11 años asumí que no iban a aparecer más mis papás.

La familia había sido liquidada por la dictadura. A Noemí Gianetti de Molfino, madre de Marcela, la secuestraron en Perú en junio de 1980 y el cuerpo apareció un mes más tarde en el hotel Madrid de España. Marcela seguía desaparecida, su hermano Miguel Angel había estado detenido, Gustavo, otro de los hermanos, estuvo exiliado y Alejandra también. Del lado de los Amarilla, desaparecieron Guillermo, su hermano Rubén Darío y Ricardo, el hijo del hermano mayor.

9 de noviembre de 2009
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nieto después de veintinueve años


Martín Amarilla cuenta por primera vez su búsqueda y el encuentro con su familia. Tres hermanos, un nombre verdadero, el rostro de la madre, un huracán de descubrimientos y sensaciones. Martín acaba de descubrir quién es y de verse reflejado en los pequeños hábitos y los grandes parecidos de una familia que no sabía que existía hasta hace una semana.
[Alejandra Dandan] Argentina. Tiene 29 años, el cuerpo huesudo, la barba muy corta. A poco de hablar dice que está nervioso, con los pies fuera de la tierra, que el cuerpo le tiembla como tembló cuando tocó por primera vez un acordeón. Era uno que le habían prestado y todavía no sabía –faltaban muchos años para que supiera– que era el mismo instrumento que tocaba su madre. "Cuando lo toqué lo sentí y me temblaron las manos, no sé si lo probaste alguna vez: me gustó el sonido grave, es como tener un piano en medio del pecho, un instrumento que con cada nota que abrís o que cerrás sentís que tiembla todo." Hace menos de una semana, desde Abuelas de Plaza de Mayo lo llamaron para contarle su historia. "Recién ahora estoy poniendo los pies sobre la tierra" y de corrido intenta explicarse sin comas, casi sin respiración. "Estoy deslumbrándome, conociéndolos a ellos, conociéndome a mí mismo."
Son más de las once de la noche. Martín está en una terraza cerca del Congreso y un tumulto de voces se oye de fondo, como un murmullo. Treinta años atrás, exactamente el 2 de noviembre de 1979, los tres hermanos de Martín llegaban a la casa de sus abuelos en el Chaco después de quince días de cautiverio. Un grupo de tareas del Ejército había secuestrado a sus padres, Marcela Molfino y Guillermo Amarilla, el 17 de octubre, apenas volvieron al país en la contraofensiva de Montoneros. A Guillermo lo secuestraron en un bar, durante una cita. A Marcela se la llevaron de la casa de San Antonio de Padua donde estaban viviendo. También se llevaron a los tres chicos, a un hermano de Guillermo y sus dos hijos. Los cinco chicos permanecieron en una casona antigua al cuidado de un grupo de mujeres policía. El 2 de noviembre los sacaron de ahí, los subieron a un avión y los depositaron en una provincia que no conocían, al cuidado de una tía. Nadie supo hasta ahora de la existencia de Martín. El cuarto hermano nació ocho meses después del secuestro. Treinta años después, este 2 de noviembre, la historia volvió a poner las cosas en orden: las Abuelas llamaron a los tres hermanos Amarilla-Molfino y a Martín. Horas después, se daban el primer abrazo.
"Me pasó algo muy extraño todo este tiempo", arranca Martín. "Todo el tiempo me quería mudar a San Antonio de Padua, no sabía por qué. Hasta había hablado con una amiga y ella me preguntaba por qué Padua y yo le decía no sé, me gusta Padua."

¿Vivís cerca?
Vivo a media hora, cuarenta minutos. Pero nunca supe por qué quise ir ahí. Y me encuentro todo el tiempo con cosas así, pequeñas cosas que de a poco voy entendiendo que parecen un detalle insignificante, pequeño, pero no son tan así. ¡Me encontré con un montón de primos que se comen los dedos igual que yo! ¡El mismo tipo de comida! Y es la primera vez que me pasa.

¿Qué es lo que sucede en estos días?
Estoy viviendo. Eso. Ya pasaron varios días, tengo la sensación de que pasó mucho tiempo, los dos primeros días parecieron 54 meses. ¡No parece que hubiese pasado menos de una semana! Recién ahora se me están poniendo los pies en la tierra. Estoy bien, es gente muy linda y creo que esto es un momento muy importante para todos, sentí que estuvieron al lado mío, pero también que todavía hay cosas que no entiendo.

¿Como qué?
Los gustos musicales de ellos, todavía no los entiendo.

A vos te gusta la música.
Sí, y me gusta toda la música, pero soy acordeonista.

¿Cómo fue que empezaste con eso?
Yo toco la guitarra desde chiquito, pero un día me compré un acordeón. No sé si vos probaste alguna vez un acordeón: a mí siempre me llamó la atención porque me gustó el sonido. Una vez me prestaron uno y lo sentí: me temblaron las manos, es como tener un piano en medio del pecho, un instrumento que con cada nota que abrís o cerrás sentís que tiembla todo, sentís la vibración de la nota, las notas graves, te hacen vibrar. Todavía estoy aprendiendo, te digo, pero es como que entiendo cuando suena.

¿Cómo se vive el encuentro con tu familia?
Estoy todavía tratando de traducir lo que siento, ponerle palabras. Me siento muy protegido, muy cuidado, como que me comprendieron desde el primer momento, porque para las dos partes fue un shock. Yo siento que es una historia que recién estoy empezando a conocer y que ellos ya traían. Ahí se abren preguntas y por ahí en esos momentos es el amor lo que aparece en primer plano. Cuando los vi, dije: no me separo más de ellos porque ahora, después de todo lo que pasó y después de que intentaron separarnos... Pero con esto no quiero decir nada sobre la persona que yo considero que es mi madre del corazón. Hacia él sí. Es decir, quizá si yo reconozco un enojo hacia alguien es hacia él, hacia el que me capturó. Realmente conociendo ahora cómo fue la historia, sé que ella me acogió con todo el amor del mundo y ahora que acabo de charlar con ella, recién estoy disfrutando.

El Encuentro
Martín nació el 17 de mayo de 1980 en el Hospital Militar de Campo de Mayo, un edificio del Ejército donde daban a luz las mujeres detenidas en los centros clandestinos. Quedó en manos de un agente de Inteligencia militar que murió quince años después. Adolescente, empezó a preguntarse por sus orígenes. Los hermanos que acaba de conocer están convencidos de que Martín no necesitó descubrir ningún papel para saber lo que había pasado. Creen que su madre Marcela se lo dijo mil veces durante el embarazo, que le habló a la panza, que él tiene metida en el cuerpo la voz de ella diciéndole de sus hermanos y quién era.
Martín se dio cuenta de que no era hijo de quienes se suponía que era hijo por distintas cosas, pero una fueron las cuentas: la persona que hacía de su madre tenía más de cincuenta años cuando nació. El buscaba fotos de su embarazo. Dicen que jamás decía a qué se dedicaba su supuesto padre. Que decía que era oficinista. Y que no mostraba las fotos en las que aparecía con el uniforme militar. Apenas entró a su casa por primera vez, la novia imaginó que no era hijo de esa familia. Los hermanos dicen que si ella lo sabía, él también.
Los tres hermanos siguen viviendo en el Chaco. Mauricio tiene 34 años y es alto como Martín. Joaquín, de 32 años, es muy corpulento, e Ignacio, el de 30, es el más parecido a Martín. Los tres viajaron a Buenos Aires el lunes, iban a volver a Chaco el martes, pero hasta anoche todavía estaban acá.
"Al principio, yo no entendía nada de nada", sigue Martín. "Era como ver una película en la que yo era el espectador de mi vida; con los días hablé con los hermanos de mi papá y con otra gente y eso me sirvió porque me dijeron que me lo tome despacio, porque uno se acelera y todo parece muy rápido y se da a una velocidad vertiginosa."

¿Sabías la historia del país?
Es shockeante porque parece que el pasado se mezcla con la vida del país. Y yo no sé si tengo un gran conocimiento de la historia, pero sí tengo un conocimiento sobre lo que pasó con los militares y la dictadura y siempre me sensibilizó mucho y eso me llamaba la atención. Veía películas, leía cuestiones de la dictadura. Me sensibilizaban muchísimo, y me decía: ¿por qué yo no? Pero bueno, fue una decisión que costó tomar, pero no podía no tomarla: no podía pasar por esta vida sin saber la verdad o ejercer más bien la verdad. Y ahora sé que por mis padres, también era algo sanguíneo.

¿Qué te dijeron de ellos?
Que eran luchadores y la lucha, bajo las banderas que sean, siempre es por empujar una verdad y a lo mejor viene por ahí la mano. Y desde el amor. Y bueno, yo digo que es todo eso junto.

¿Es cierto que te alertó tu partida de nacimiento?
La partida de nacimiento no fue lo que me llamó la atención porque en el documento es donde figura como que soy nacido en Campo de Mayo. Pero no fue eso, en sí. Sino que fueron impresiones, marcas pequeñas. La historia del país en realidad, en un lugar y en una época donde le sucedió esto a mucha gente. Mucha gente que no lo sabe. La edad de mis padres a la edad de tenerme, la profesión de él. Y fotos que no veía...

Vos fuiste a Abuelas..
Yo fui a hacerme los estudios a la Conadi porque sospechaba. Todo los datos cerraban y al poco tiempo me dieron turno para la extracción de sangre, y cuando meses más tarde me dijeron que no, para mí era "no". Porque uno en realidad lo que espera es que "no". ¡Que no sea así! Uno se dice esas cosas. Pero bueno si era así, también estaba bien porque era la verdad. Y yo fui a buscar la verdad. Dos años después me llamaron, no sé si dos años porque mucha conciencia del tiempo uno no tiene, pero me llamaron. Fue el viernes pasado, y me dijeron que tenía una entrevista el lunes... Yo me quedé mudo. Fue un llamado que me sorprendió. Porque para mí era un caso cerrado: imaginate, había pasado un tiempo, ahora me enteré de que eran dos años, a mí me parecían menos, pero era tiempo.

¿Qué pensaste?
Cuando me llamaron al principio me quedé mudo y no me animé a preguntar para qué. Para más información, me dijeron. Y entonces yo busqué unas fotos que tenía, llevé más información. Y cuando llegué me atendió Claudia, la hija de Estela de Carlotto, y tuve una sensación que se intuye, que el cuerpo habla por sí mismo. Y yo lo vi en el cuerpo de ella. En ese momento me contó la historia, cómo fue y que estaba mi familia en Abuelas, esperándome. Y la verdad es que me sentí protegido porque en esos momentos necesitás contención, porque tenía miedo.

¿Miedo?
Sí, es una sensación animal, como la de los animales cuando sienten miedo viste que salen corriendo, eso. Pero... por suerte no salí corriendo. Me crucé con otros hijos con la misma experiencia en ese momento que te dicen dos o tres palabras y vos ves que te están entendiendo, todo es raro. Las Abuelas están cerca y de pronto vos que las veías allá lejos, no sé, las ves como de tu familia, te dicen: "Vestite bien que estás desprolijo".

¿Qué te pasó cuando entraron?
Claudia me llevó con un taxi para Abuelas, yo no entendía nada, era algo muy raro. Hasta ese momento era un lunes común, un lunes más de mi vida y de golpe me estaban diciendo: "Tenés tres hermanos que te están esperando". Guauuuu, dije yo. Claudia se reía. Y yo no puedo decir qué pasaba porque siento sensaciones amorfas y cuando llegamos la vi a Estela de Carlotto en la puerta, me miraba y de golpe me estaba esperando a mí y yo me pellizcaba. Me preguntaba si lo que estaba viviendo no era un accidente, si no estaba teniendo un sueño en terapia intensiva, pensé si no estaba Woody Allen dando vueltas o haciendo una película por ahí cerca. Y bueno la vi a Estela. Le di una abrazo gigante y di abrazos y abrazos, que nunca di tantos abrazos en toda mi vida.

¿Tus hermanos?
Cuando abrí la puerta eran 54 mil personas que vinieron y encima me dijeron: "Y eso que es el diez por ciento". Pero en el momento te quedás sin aire y cada persona que se me acercaba y me decía "yo soy tal" y "soy amigo de tu padre". Y te empiezan a hablar, se te empiezan a mezclar todos los nombres, y de pronto vi a otro hijo o alguien de Abuelas que me dice: quedate tranquilo, porque uno no sabe quién es quién y mi memoria es patética para los nombres.

¿Con los nombres de tus hermanos pasó lo mismo?
Con mis hermanos me costó acordarme los nombres... Pero no importa los nombres, no importa nada, es ese abrazo que nace del pecho. No hay manera, no hay nada. Ahí vi realmente, vi gente muy buena. Tengo la sensación de que es muy buena, no los conozco y es extrañísimo eso, porque son mi familia y no los conozco. ¿Por qué tengo que pasar por todo esto? Y eso me dio una mezcla de emoción, de bronca, de desorientación, de no entender nada. De interrogación, de signos por todos lados. Pasaron los días y seguía en el aire. No podía dormir la primera noche, la segunda fue como un infiernito. Mi novia fue fundamental, y creo que si no estaba con ella, sobre todo los primeros días, es como que me iba del suelo.

Era parte de lo poco conocido....
Las impresiones con mis hermanos son muy extrañas. Me pasaba con el más chico, lo miraba, me quedaba mirándolo, porque nunca vi una persona tan parecida a mí, porque hasta me parecía divertido y se los comentaba. Y mi novia me decía ¡hasta tienen los mismos dientes! Y se reía. Me contaban cosas y por momentos no escuchás nada, y me doy cuenta de que es como que las tengo olvidadas, por eso te decía lo de estar en una película. En medio de todo. Uno de ellos dijo que no hacía falta el ADN porque reconoció, no bien me vio, las orejas. Y eso fue muy gracioso después de tantas lágrimas y de tanto no entender nada.

Lo primero que hizo Martín ante su familia real fue pedir una foto de la madre. "No sé por qué –dice– pero la que me intrigaba era ella, quería saber qué pasó con ella, cómo era, y bueno, de a poco me estoy enterando y entiendo. No me lo imaginaba, sabía que iba ser una historia así, pero saber cómo era son cuestiones que tienen que ver con preguntas que se hace uno, es tan fuerte, pensar que después de todo lo que habrá vivido pude salir de ahí adentro, me tuvo y se dio todo de una manera tan especial."

¿Supiste algo de ella?
La familia me protege mucho y no me llena de información y eso está bueno. Y ahora estoy queriendo saber los pequeños detalles. Pero mi familia es como que no quiere invadirme, yo me siento aturdido a veces, te cuentan algunas cosas, pero se te empieza a mezclar todo, y yo necesito mis espacios de soledades. Todo esto no lo tomo con la idea de recuperar algo, sino de empezar algo. Porque yo lo tomo como que ganamos gracias a todos, a la gente que estuvo allí al lado mío, a mi novia, a mis amigos que mañana (por ayer sábado) van a conocer a mis hermanos.

Dicen que tus hermanos son raros porque son muy unidos.
Son muy unidos, y también eso fue raro. Si yo hubiese entrado a una familia donde había quilombos a lo mejor no hubiese sido tan fácil, pero los miro y me pone contento. Pero quiero ser también cuidadoso con eso porque es como que ahora te cuentan cosas de ellos, cosas que pasaron juntos, en las que uno no estuvo ahí, me digo: ¡la pucha, pero no estuve! Pude haber estado, y dado una manito. Y eso: te van cayendo las fichas muy de a poco. Pero es lindo, no lo estoy viviendo como algo triste, no. Es lindo tener todo eso, lo feo es estar con los ojos enceguecidos toda la vída, es lindo saber la verdad y convivir con ella y con ellos.

Cuando habla es como que todo el tiempo busca palabras. "Faltan palabras", dice. "Y estos son los momentos en los que a uno le gustaría ser poeta ahora y empezar a musiquear".

9 de noviembre de 2009
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