se sentían como nuestros dueños
20 de octubre de 2009
[Juan Carlos Tizziani] Argentina. Dos ex militantes de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) secuestradas por un grupo de tareas de la dictadura y torturadas en un centro clandestino al que llamaban "La Casita" declararon ayer ante el Tribunal Oral que juzga delitos de lesa humanidad. Anatilde Bugna y Stella Vallejos señalaron como uno de sus torturadores al suboficial de Inteligencia del Ejército ya fallecido, Nicolás Correa (‘el Tío’), que fue asesor del ex gobernador Jorge Obeid entre 1996 y 1999 y ratificaron las denuncias que vienen haciendo desde hace 25 años contra cinco de los seis imputados que lograron llevar a juicio: el ex juez Víctor Brusa y los ex policías Juan Calixto Perizzotti, María Eva Aevi, Héctor Colombini y Eduardo Ramos. Sin embargo, dos de ellos, Colombini y Ramos, prefirieron no escuchar las acusaciones porque abandonaron el banquillo con el permiso de los jueces. "Ellos se sentían como nuestros dueños", dijo Bugna al relatar los días de terror y vejaciones.
Perizzotti ya admitió que a fines de marzo de 1977 trasladó a diez mujeres que estaban secuestradas en un centro clandestino. Dos de ellas eran Bugna y Vallejos. Reveló que el operativo se había hecho por orden del ex jefe del Area 212, coronel Juan Orlando Rolón y que el jefe del traslado fue el segundo del Destacamento de Inteligencia Militar, mayor Jorge Roberto Diab, hoy teniente coronel y detenido en la mega causa que investiga crímenes del terrorismo de estado en Santa Fe.
Según Perizzotti, él no llegó hasta el chupadero, recibió las detenidas en un sitio intermedio: un descapampado en Santo Tomé, que ubicó a unos 200 o 300 metros del final de la avenida Luján. Ese fue el lugar del trasbordo. Las mujeres llegaron en tres automóviles, las subieron a un camión del Servicio Penitenciario y las trasladaron hasta la Guardia de Infantería Reforzada (GIR), donde él les sacó las vendas de los ojos.
Perizzotti dijo que en el operativo lo acompañaron en su auto dos personas: su chofer y un suboficial, pero no identificó a ninguno de ellos y negó que hubiera participado su ex secretaria María Eva Aebi, con quien comparte el banquillo. Pero, ayer una de las denunciantes lo desmintió. Bugna ratificó que Perizzotti y Aebi llegaron hasta el chupadero, donde reconoció la voz de una mujer que preguntaba: "¿A quién hay que llevar?". Y después, en el trasbordo de los autos al camión penitenciario, esa misma mujer le apuntó con un arma en la cabeza: "Perdiste, flaca", le dijo. Escuchó el ruido del gatillo. Y después, le volvió a decir: "Zafaste, flaca". Vallejos ratificó que ella también sufrió un simulacro de fusilamiento en el mismo lugar.
Más tarde, cuando llegaron a la GIR y les sacaron las vendas, pudieron ver por primera vez a Perizzotti, Aebi y a una tercera persona: (el sargento ayudante Manuel Carlos) Ríos. "Ahí les vemos las caras", dijo Bugna. Y asoció la voz de la mujer del centro clandestino y del simulacro de fusilamiento con la de Aebi.
Perizzotti había dicho que en el traslado lo habían acompañado su chofer y un suboficial. Ayer, las denunciantes dijeron que "uno de los choferes era (Eduardo José) Córdoba", que ya fue mencionado en el juicio. Y aseguraron que el suboficial que las destabicó en la GIR era Ríos.
Bugna y Vallejos relataron el alto precio que pagaron por sus sueños de juventud. Ambas fueron secuestradas el 23 de marzo de 1977 y padecieron la perversión de "La Casita". Anatilde fue torturada junto con su novio de entonces, Juan José Perassolo, con quien se casó en la cárcel de Rawson, en 1979, ya fallecido. Y en la sala de tormentos le hacían escuchar la música de Los Beatles con lo discos que le habían robado a su hermano Rafael. Vallejos no pudo contener el dolor y las lágrimas cuando dijo que en el centro clandestino la habían violado dos veces.
Anatilde identificó a dos represores: a Colombini porque participó en la detención de su hermano, Rafael Bugna, en agosto de 1976. Y a Ramos porque lo reconoció en su secuestro. "Tocaron el timbre, no sé por qué. Mientras unos esperaban en la puerta, los otros asaltaban el patio. Reconocí a Ramos, porque habíamos sido compañero en la escuela primaria Juan José Paso", dijo. Y para probarlo entregó al Tribunal varias fotos de la época con los alumnos de su curso y entre ellos señaló quién era ella y quién Ramos.
Tres meses después de la detención, en junio de 1977, "nos abren una causa federal", dijo Bugna. "Me tomaron declaración a la noche. Era un salón con piso de madera que ya reconocimos. Entro y lo veo al doctor Brusa, al que yo conocía de la Facultad de Derecho. Me dijo que era el secretario del Juzgado Federal. Había otra persona con una máquina de escribir al que presenta como el ’Toto’ Núñez. Tenía en sus manos la declaración de ’La Casita’, entonces yo le dije que iba a denunciar las torturas y todo lo que había vivido" en el centro clandestino. "Brusa se puso furioso, iracundo, y empezó a tirar golpes de karate. Y me dijo: ’Agradecé que podés contarlo’. Y hoy, yo le digo al doctor Brusa: ’Le agradezco porque desde entonces no paré de contarlo’", concluyó Anatilde.
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[Sonia Tessa] Argentina. "Nunca más la vi", dijo en un hilo de voz Adela Panelo de Forestello, madre de la desaparecida Marta María Forestello, una de las prisioneras que estuvo en la Quinta de Funes. La mujer, de 86 años, fue la primera Madre de la Plaza 25 de Mayo que testimonió en el juicio oral y público de la causa Guerrieri. Relató que su hija fue secuestrada el 19 de agosto de 1977, en Lavalle entre 9 de Julio y 3 de Febrero. Estaba con su beba de un año. También rememoró las intensas gestiones para tener noticias sobre Marta María y su nieta Victoria. Fue a la sede del Comando del 2o Cuerpo de Ejército y presentó hábeas corpus. La respuesta era negativa. En la búsqueda de "la nena", concurrió a un Juzgado de Menores, donde le informaron que su nieta estaba en una dependencia policial. Cuando el testimonio terminó, el público aplaudió, se levantó y lanzó el emblemático ‘Madres de la Plaza, el pueblo las abraza’. La presidenta del Tribunal, Beatriz Barabani de Caballero, llamó al "orden y disciplina" y amenazó con desalojar la sala de audiencias, pero eso no ocurrió. También declararon ayer el periodista Reynaldo Sietecase y Jorge Gurmendi, hermano de la desaparecida Ana María Gurmendi, secuestrada junto a su esposo Oscar Capella el 15 de agosto de 1977, en la casa que compartían en el barrio Industrial.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. Cuatro testimonios en el juicio al ex juez federal Víctor Brusa y compañía por crímenes de lesa humanidad complicaron a su colega, Victor Manuel Montti, ex secretario del juez federal de la dictadura, Fernando Mántaras, que después se recicló en democracia hasta su retiro como fiscal general en Mar del Plata, hace algunos años. Montti ya es investigado en una causa que se desdobló de la que hoy se juzga en el Tribunal Oral de Santa Fe y en la que están procesados por "asociación ilícita" los seis del banquillo: Brusa y los ex policías Juan Calixto Perizzotti, Héctor Colombini, Mario Facino, María Eva Aebi y Eduardo Ramos, más el ex jefe del Destacamento de Inteligencia Militar 122, coronel Domingo Manuel Marcellini, que zafó del juicio por su estado de salud. En las audiencias, uno de los declarantes, Orlando Barquín, lo acusó de haberlo presionado para que firme una declaración arrancada bajo tortura en la comisaría 4ª, mientras que otro, Roberto Cepeda, le imputó no haber hecho nada ante los tormentos que había padecido en centros clandestinos.
Argentina. Gustavo y Diego López Torres radicaron ayer en el Juzgado Federal de Paraná una nueva denuncia penal por apropiación de menores y sustitución de identidad ocurrido durante la última dictadura militar. Se trata de los hijos del matrimonio de Graciela Susana Capocetti (en la foto) y Guillermo Angel López Torres, quienes fueron secuestrados el 18 agosto de 1977 de su vivienda de bulevard Segui 3198 de Rosario, cuya madre estaba embarazada y fue llevada al Hospital Militar de Paraná para dar a luz.
[Sonia Tessa] Rosario, Argentina. Carlos Ignacio Laluf tenía dos años cuando apareció en la plaza de Las Banderas de Santa Fe, el 4 de septiembre de 1977, con un bolso en el que había ropa y pañales en mal estado, un gato de peluche y cartas dirigidas a Carlos Laluf, su abuelo paterno y a Carlos Benassi, su tío materno. En esa carta, Carlos Laluf y Marta Benassi dejaban instrucciones para el cuidado del niño. Sus familiares intuyeron que la pareja había sido privada de la libertad, pero durante años no tuvieron certezas. Después supieron que los dos estuvieron secuestrados en la Quinta de Funes y aún hoy continúan desaparecidos. El pequeño, en los primeros tiempos de vida con sus tíos, vivía asustado, en estado de desasosiego. Si escuchaba una sirena, o gritos, se escondía debajo de la cama. Lloraba mucho, y acudía ansioso cuando sonaba el timbre. "Uno se aferra a querer estar con ellos. Lo mismo me pasaba cuando tocaban el timbre en mi casa. Siempre estaba ilusionado con que vinieran mis padres a buscarme. Cada vez que iba a la puerta, sufría una desilusión. Más allá de que nunca me faltó nada, me pasé muchos años esperando ese momento", dijo ayer sobre las secuelas del terrorismo de Estado en su vida. Por eso, al finalizar su testimonio ante el Tribunal Federal Oral número 1, afirmó: "Quiero decir que fui, soy y seré una víctima".
[José Maggi] Argentina. Carlos Novillo tenía 17 años el 28 de febrero de 1977. Ese día había llegado desde Venado Tuerto junto a su hermano Alejandro para darle una mano con la mudanza a otro de los Novillo, Jorge, que dejaba una propiedad ubicada en pasaje Nelson, en Arroyito. Desde allí se los llevaron hacia La Calamita donde estuvieron detenidos 14 días trágicos que marcaron a fuego la vida familiar de los Novillo: Carlos y Alejandro padecen aún hoy las secuelas del encierro y de la desaparición de Jorge. Ayer por la tarde Carlos, el menor de los tres, describió con emotividad los 32 años que los separan de aquella jornada: un año después su padre murió de un infarto; su madre tomó la posta batallando en cada lugar durante nueve largos cuando se le declaró un cáncer de pulmón que terminó con su vida. Fue después de despejar sus dudas sobre el destino de Jorge, "el Ignacio" secuestrado en Quinta Funes. "El Ejército no dejaba prisioneros vivos", le dijo el autor de Recuerdos de la muerte, Miguel Bonasso. Ayer también su hermano Alejandro enfrentó al Tribunal Oral Federal Nº 1, y concretó una de las medidas más contundentes desde el inicio del juicio: a pedido de la fiscal Mabel Colalongo, y con acuerdo del presidente Otmar Paulucci, se dio vuelta, y apuntando con su dedo índice identificó claramente a uno de sus captores: "Ese es el subteniente Juan Daniel Amelong", aseguró.
Argentina. Mercedes Domínguez fue la única testigo que declaró ayer por la mañana en el juicio oral y público por la causa Guerrieri, en la que están imputados Pascual Guerrieri, Jorge Fariña, Juan Daniel Amelong, Walter Pagano y Eduardo Costanzo. La mujer relató que el 6 de julio de 1977, un grupo de hombres ingresó al departamento de sus tíos, donde ella pasaba la noche, y la secuestró. La patota ingresó sin tocar el timbre de abajo, y luego la llevó en un auto que estaba estacionado en la cochera. Después del episodio, su tío pudo saber por los vecinos que el acceso al edificio fue franqueado porque allí vivía la pareja de Costanzo. En la misma jornada, la querellante Ana María Figueroa pidió que, en caso de no lograrse la extradición de Gustavo Bueno, el Tribunal se constituya en Belem do Pará (Brasil), donde está detenido, para tomarle declaración.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. El ex jefe del Destacamento de Inteligencia Militar 122, coronel Domingo Manuel Marcellini, zafó del juicio oral y público a los represores santafesinos por su estado de salud, pero sumó otra acusación. El conjuez Ricardo Lazzarini lo procesó por el delito de "asociación ilícita" que ya pesa sobre los otros seis imputados en el banquillo: el ex juez Víctor Brusa y los ex policías Juan Calixto Perizzotti, Héctor Romero Colombini, Mario Facino, María Eva Aebi y Eduardo Ramos. El fallo afirma que "Marcellini concurría regularmente a los centros clandestinos de detención, donde se llevaban a cabo las sesiones de tormentos".