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dos tipos muy peligrosos


Procesaron a los represores Joaquín Gurrera y Ariel López. Gurrera era jefe de Operaciones Especiales del Destacamento de Inteligencia del Ejército. Mientras que López se desempeñaba como personal civil de inteligencia. Están acusados en 26 casos de secuestros, tortura y muerte.
[José Maggi] Argentina. El juez federal Marcelo Bailaque procesó esta semana a dos miembros del aparato represivo: se trata de Joaquín Tomás Gurrera -jefe de Operaciones Especiales del Destacamento de Inteligencia del Ejército- y a Ariel Antonio López -Personal Civil de Inteligencia como coautores de 26 casos de secuestros y torturas y por 16 homicidios, de detenidos que pasaron por Quinta de Funes, La Intermedia, Fábrica Militar de Armas Domingo Matheu. Se les dictó un embargo de 4 millones 400 mil pesos a cada uno de ellos, y se ordenó su prisión preventiva en dependencias del Servicio Penitenciario Federal.
Para Bailaque "los elementos probatorios reseñados y valorados hasta aquí alcanzan para tener por acreditada con el grado de probabilidad requerido la comisión por parte de Joaquín Tomás Gurrera y de Ariel Antonio López en carácter de coautores en relación a los delitos de privación ilegal de la libertad, agravada, por mediar violencia y amenazas en concurso real con el delito de tormentos en diecinueve oportunidades que damnificaron a Jaime Feliciano Dri; Tulio Valenzuela; Raquel Negro; Carlos Alberto Novillo; Alejandro Novillo; Marta María Benassi; Daniel Óscar Capella, Fernando Dante Dusse, Ana María Gurmendi, Stella Hildbrand de Del Rosso, Carlos Laluf, María Adela Reyna Lloveras, Jorge Novillo, Pedro Retamar, Teresa Soria de Sklate, Eduardo José Toniolli, Miguel Ángel Tossetti, María Marta Forestello y Liliana Nahs de Bruzone en concurso real con el delito de homicidio en catorce oportunidades, respecto de Marta María Benassi, Daniel Óscar Capella, Fernando Dante Dussex, Ana María Gurmendi, Stella Hildbrand de Del Rosso; Carlos Laluf; María Adela Reyna Lloveras, Jorge Novillo, Pedro Retamar, Teresa Soria de Sklate, Eduardo Jose Toniolli, Miguel Ángel Tossetti, María Marta Forestello y Liliana Nahs de Bruzone".
También se los procesó por los delitos de privación ilegal de la libertad, agravada, por mediar violencia y amenazas en concurso real con el delito de tormentos en siete oportunidades que damnificaron a Adriana Elba Arce, Juan Antonio Rivero, Ramón Aquiles Verón, Olga Regina Moyano, Hilda Yolanda Cardozo, Susana Miranda y Ariel Morandi, en concurso real con el delito de homicidio en dos oportunidades respecto de los dos últimos mencionados.
Bailaque también dicto la traba de embargo sobre los bienes de los encartados, hasta cubrir la suma de cuatro millones cuatrocientos mil pesos ($ 4.400.000), para cada uno de ello, y para el caso de no poder efectivizarse, sus respectivas inhibiciones general de bienes para poder disponer de ellos.
"Ello, en el entendimiento de que el monto antes enunciado resul ta ser el necesario para asegurar las eventuales penas pecuniarias y costas del proceso", reseña en su fallo.
Se encuentra acreditado que Joaquín Tomás Gurrera se desempeñaba como Jefe de la Sección Operaciones Especiales de Inteligencia del Destacamento de Inteligencia 121, ostentando el grade de capitán, en el momento en que ocurrieron los hechos endilgados. Ello surge de su legajo personal en donde puede leerse que ingresó al Ejercito Argentino el 20/1/1964. El 22/12/77, con el grado de Teniente Primero, continuó sus servicios en el Destacamento de Inteligencia 121 en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe . EI 30/11/77 se le otorgó la "Aptitud Especial de Inteligencia" Y el 30/12/77 hace su presentación en la Unidad del Destacamento de Inteligencia 121 , ascendiendo el 31 del mismo mes y año al grado de Capitán.
El 1/3/78 se lo designa Jefe de la Sección Operaciones Especiales de Inteligencia dentro del Destacamento 121 hasta el 16/10/79, fecha en la cual pasa a continuar sus Servicios en la Escuela Superior de Guerra Tte. Gral. Luis Maria Campos, como cursante del curso RC 010 ‘Básico de Comando’, en la provincia de Buenos Aires.
Cabe destacar que se encuentra probado que en aquellos años existió en el Destacamento de Inteligencia 121 del Ejército Argentino, una asociación ilícita conformada por miembros de la mencionada repartición militar, tanto civiles como militares, quienes desplegaron su actividad ilícita en distintos Centros Clandestinos de detención cuya investigación conforma el objeto procesal de la presente causa.
Siguiendo las conclusiones establecidas por la Cámara Federal de Apelaciones de esta ciudad que confirmó el auto por el cual se procesó a Juan Andrés Cabrera "supone un significativo indicio de que aquellos miembros de la citada repartición que actuaron en el centro clandestino de detención ‘Fábrica de Armas’, probablemente lo hicieron también en otros lugares semejantes que funcionaron durante aquellos años en la órbita del citado destacamento. Tal hipótesis se ve robustecida por el hecho de que esté acreditada la coincidencia subjetiva entre los protagonistas de los hechos presuntamente acaecidos en todos los centros clandestinos de detención antes mencionados, habiendose confirmado los respectivos procesamientos de Jorge Fariña, Pascual Guerrieri, Juan Amelong, Eduardo Costanzo, Walter Pagano, Alberto Pelliza, Marino González y Ariel Porra en las causas ‘Jordana Testoni’ y ‘Guerrieri’.
Se desprende también, de un análisis pormenorizado de la prueba obrante en autos, que en el marco de esa asociaci6n ilícita, quien se desempeñaba formalmente como Jefe de la Sección Operaciones Especiales de Inteligencia, dentro del Destacamento de Inteligencia 121, tenía entre sus tareas ilícitas, dentro del aparato represivo y secreta instaurado, la dirección de los distintos centros clandestinos de detención. Así, en el libro ‘Recuerdo de la Muerte’, cuyo contenido fue ratificado por el testigo Jaime Dri en sede judicial, se afirmó que: "... En aquel momento no podía asociarla a un rostro, ahora se vinculaba a las facciones despejadas e inteligentes de Sebastián, el oficial de Ejército que conducía el chupadero ... ". No debemos olvidar que, como ya ha quedado establecido, "Sebastián" era el apodo con el cual se conocía a Jorge Alberto Fariña, Capitán por aquel entonces y Jefe de la Sección Operaciones Especiales de Inteligencia.

11 de octubre de 2009
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brusa sigue dando que hablar


El acusado cuyo apellido nombra la causa por represión en Santa Fe, sumó dos nuevas denuncias. El ex magistrado fue señalado por una de las víctimas tras un encuentro en la 4º. Allí Brusa le dijo que si quería conocer la tortura lo llevaba a la pieza de al lado.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. Describió la escena como si fuera una trama de terror. Era el otoño de 1977, en una habitación de la comisaría 4ª. En un rincón, el sumariante del Juzgado Federal escribía a máquina, pero no lo veía porque el hombre estaba de espaldas y de cara a la pared. Le sacaron la venda de los ojos y lo sentaron en una silla. Después, apareció Víctor Brusa, que comenzó a darle vueltas a su alrededor ("iba y venía", dijo). Recordó que Brusa le mostró un papel: era la declaración que los torturadores de ‘La Casita’ un centro clandestino de detención en las afueras de Santo Tomé le habían arrancado a punta de picana. Los tormentos lo habían postrado. "Me costaba caminar, me arrastraba, no controlaba esfínteres. Hubo mucho ensañamiento". Y se lo dijo a Brusa, pero éste reaccionó con burla: "No hay torturas en la Argentina. Y si querés saber lo que son, te llevo a la piecita de al lado", le contestó.
Carlos Chiaruli, un ex militante político detenido en abril de 1977 en Esperanza, relató ante el Tribunal Oral Federal que juzga a Brusa y a otros cinco policías represores, aquel encuentro con el ex juez federal de Santa Fe, en la seccional 4ª.
Brusa es juzgado por "apremios ilegales" en ocho casos. Lo denunciaron Anatilde Bugna, Stella Vallejos, Ana María Cámara, los esposos Daniel García y Alba Sánchez, Roberto Cepeda, José Schulman y Mariano Millán, que son querellantes o testigos. Schulman y Millán ya declararon en el juicio, Cepeda lo hará el miércoles próximo; Bugna, Vallejos y Cámara el lunes 19 y los García el 3 de noviembre.
Pero el debate oral ya sumó dos denuncias más contra Brusa. La de Chiaruli esta semana y la de un ex delegado de UPCN, Francisco Klaric, que también acusó al ex juez federal cuando declaró en el primer día de audiencias, el 14 de setiembre. "Un día me interrogó en la cárcel de Coronda. Yo estaba esposado en una silla y él me daba vueltas alrededor con un cinto, golpeándose la mano. Brusa se desenvolvía como un hombre poderoso, un semidios", recordó Klaric.
El Tribunal deberá resolver entonces sobre estas denuncias de Chiaruli y Klaric. Hasta ahora, los fiscales Martín Suárez Faisal y José Ignacio Candioti han pedido que se envíe al juez federal Reinaldo Rodríguez dos declaraciones: la indagatoria al ex coordinador del Área 212, Juan Calixto Perizzotti, que involucró al ex subjefe del Destacamento de Inteligencia 122, teniente coronel Jorge Roberto Diab en la entrega de diez militantes de la Juventud Peronista que estaba secuestradas en ‘La Casita’. Y el testimonio de Cecilia Mazzetti, que reconoció a otro oficial de Inteligencia, el teniente coronel Domingo Morales, como uno de sus torturadores en la comisaría 4ª.
Entonces, ahora habrá que ver si el Ministerio Público o las querellas plantean la apertura de nuevas causas o esperan los alegatos para solicitar "en ese momento que se investiguen las denuncias que hubieran sumado en los cuatro meses del juicio.
Chiaruli declaró ante el Tribunal el miércoles pasado, a la tarde. Un grupo de tareas los secuestró en abril de 1977, en Esperanza, y lo llevó a ‘La Casita’, donde estuvo varios días y padeció "todo tipo de tormentos", dijo. Describió el centro clandestino como una casa con varias habitaciones y "un garaje, por donde entramos". A él lo trasladaron en el "baúl de un auto, vendado y maniatado".
"Me bajaron y en el mismo garaje estaba la parrilla: una cama de tortura, donde fui sometido con picana. Había otras habitaciones, donde otros compañeros y compañeras eran torturados. Me interrogó un señor de voz pausada que hacía preguntas muy concretas sobre dos años atrás. Hubo mucho ensañamiento. Creían que yo tenía información, así me sacaban y me volvían a torturar. Y en el medio, golpes de puño, que me dejaron disminuida la audición de un oído".
Chiaruli dijo que la capucha le impidió ver el lugar donde estaba, pero escuchó los gritos del terror. "En la habitación de al lado había mujeres, escuché sus gritos y sus llantos", dijo. Y también el sonido de una máquina de escribir. "Hubo amenazas con armas, me gatillaron", relató.
Un día lo volvieron a trasladar en el baúl de un auto, junto a otro compañero, Mariano Millán, que declaró en el juicio el martes pasado. Los llevaron a los dos a la comisaría 4ª. A Chiaruli lo dejan en una celda con un preso común, "un informante" "lo definió que no dejaba de interrogarlo. "Yo tenía graves problemas de movilidad, no controlaba esfínteres. Había quedado dañado por el ensañamiento. Me costaba caminar, me arrastraba. Y este hombre me seguía interrogando". A los dos días, pasó a otra celda que "miraba al patio", desde donde pudo reconocer a otros detenidos: (Pablo Aníbal) Pacheco, (Luis Eduardo) Baffico y Millán
"Después de unos días se presentó Brusa. Y me tomó declaración. Me mostró un papel que había firmado. Entonces, yo le dije que a esa declaración (en La Casita) me la habían sacado por apremios ilegales. Él me contestó: "No hay apremios ilegales en la Argentina. Y si querés saber lo que son, te llevo a la piecita de al lado". Yo no firmé otra declaración", afirmó Chiaruli.

¿Esta persona se presentó como Brusa?- le preguntó el presidente del Tribunal.
No se presentó. Para mí era el secretario del juez (Fernando Mántaras ya fallecido).
¿Estaba solo?
No. Lo acompañó un escribiente que estaba en una esquina. Yo estaba sentado y Brusa de pie, que iba y venía- contestó Chiaruli.

¿Brusa le hacía preguntas?- quiso saber el fiscal Suárez Faisal.
Yo no firmé nada. Lo que hubo fue una amenaza, que si no firmaba debía atenerme a las consecuencias. Con el tiempo me enteré que también estuvo en (la cárcel de) Coronda, interrogando a otra gente, pero a mí no me llamaron.

¿Sabe si después se hizo una investigación a raíz de los apremios? -insistió Suárez Faisal.
No, al contrario, recibí como respuesta no sólo burlas, sino una amenaza, que si yo quería apremios por parte de él, que no tenía problemas.

El abogado querellante Horacio Coutaz le preguntó entonces si podía describir al sumariante del Juzgado que estaba con Brusa. "¿Cómo era la persona que escribía a maquina?"
No lo recuerdo.

¿Tenía alguna participación?
No, el que hablaba era Brusa- concluyó Chiaruli.

11 de octubre de 2009
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entran y salen de tribunales


Megacausa: indagaron a ex juez de menores y a un coronel. Vera Candioti y el coronel Pavón declararon ayer ante Rodríguez por la supresión de identidad de Carolina Guallane, sobreviviente de la masacre de su familia biológica. El juez les concedió la eximición de prisión.
[Juan Carlos Tizziani] Argentina. El juez federal Reinaldo Rodríguez indagó ayer al ex juez de Menores, Luis Vera Candioti y al coronel Carlos Enrique Pavón en la megacausa que investiga medio centenar de crímenes de lesa humanidad y en la que ambos están imputados como supuestos partícipes de la "supresión, sustracción y ocultamiento de identidad" de una niña de un año y medio que fue la única sobreviviente a la masacre de su familia biológica, en febrero de 1977. Recién veinte años después, María Carolina Guallane, pudo saber que su verdadero nombre era Paula Cortassa, que su padre biológico, Enrique Cortassa, estaba desaparecido y su madre, Blanca Zapata, había agonizado dos semanas con un tiro en la cabeza en el hospital José María Cullen, donde dio a luz un bebé muerto. Ella pudo recuperar los restos de Blanca en 1998. Vera Candioti y Pavón salieron del Tribunal por la puerta por la que habían entrado porque el juez Rodríguez consideró que no hay riesgos que puedan burlar la acción de la justicia y les concedió la eximición de prisión.
Por el homicidio de los esposos Cortassa Zapata, el juez ya imputó a ocho detenidos en la megacausa. Seis son militares de alto rango: el ex jefe del Area 212, coronel Juan Orlando Rolón; su ex jefe de la plana mayor, coronel Adolfo Alvarez que es el único con pedido de captura ; el ex jefe del Distrito Militar, coronel Roberto Arrieta; el ex jefe del Destacamento de Inteligencia Militar 122, coronel Domingo Manuel Marcellini y sus segundos: los tenientes coroneles Jorge Roberto Diab y Domingo Morales. Los otros dos son comisarios: Mario José Facino y Juan Calixto Perizzotti. Los ocho más los indagados de ayer deberán responder también como presuntos "coautores de la supresión de identidad, sustracción y ocultamiento" de Carolina que es Paula.
Vera Candioti y Pavón ya habían declarado en la causa hace once años, en 1998, cuando la ex fiscal Griselda Tessio descubrió que era falsa una nota del Ejército que puso a Carolina y a otros dos niños a disposición del ex juez de Menores. Se trata de un oficio del Comando de Operaciones Tácticas (COT) del Area 212, firmado por Pavón el 4 de febrero de 1977 y recibido en el Juzgado de Menores el 8 de febrero. Lo curioso es que el ataque militar a la casa de la familia Cortassa, en calle Castelli 4531, ocurrió el 11 de febrero, siete días después de la fecha que figura en la nota del COT.
En su declaración testimonial, el 24 de setiembre de 1998, el coronel Pavón reconoció que él había redactado esa nota y la había firmado en su carácter de "auxiliar del COT y ayudante del comandante" del Área 212, coronel Rolón. "Yo redacto la nota conforme la información que me traían, desconozco de dónde provenían esos chicos. Yo sólo recibí una información y confeccioné la nota en esa fecha".
¿Y quién le pasó la información? preguntó Tessio.
Los que realizaron el operativo, pero no recuerdo quiénes fueron. Sinceramente no lo recuerdo, no puedo precisar si el procedimiento de calle Castelli fue anterior a esa fecha o no. No lo puedo precisar se atajó Pavón.
Ayer, el juez Rodríguez lo indagó sobre aquel episodio, ante la sospecha que planteó la Fiscalía en el requerimiento de instrucción, que todo tenía un fin: "ocultar la verdadera identidad de origen de Paula Cortassa".
Vera Candioti salió del Juzgado de Rodríguez alrededor del mediodía sin alertar a la ronda de periodistas que esperaba en las puerta. Pavón salió casi a las tres de la tarde. "No voy a hacer ninguna declaración", se atajó el coronel.
¿Qué pasó con esa orden del Ejército? preguntó Rosario/12. Y Pavón se remitió a su defensor. "Hablen con él", pidió.
El abogado José María Pavón Navarro dijo que la indagatoria se había cumplido "dentro de la gravedad de las actuaciones. Su señoría tomará las determinaciones en el tiempo que estime corresponder y las próximas medidas que disponga, por supuesto, nosotros vamos a estar atentos a cumplir con la requisitoria", explicó.

¿Cuál es la situación de su defendido?
Está afectado a la causa. Más que eso no le puedo decir porque es una causa de gravedad. Entonces, me imagino que el magistrado quiere mantener el dominio absoluto de las cosas y no que yo transmita lo que él es bien capaz de transmitir.

¿Usted le hizo algún pedido al juez?
No, no he hecho pedidos de ninguna naturaleza. El magistrado está velando en salvaguarda de las víctimas, los imputados y de la verdad. Es un hombre que tiene una trayectoria, no es necesario peticionarle cosas lo elogió.

10 de octubre de 2009
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el horror en el centro capitalino


Reconocimiento judicial en laCcomisaría 1ª.
Argentina. El Tribunal Oral Federal que juzga a seis represores santafesinos, entre ellos el ex juez Víctor Brusa y cinco policías, realizó ayer el primer reconocimiento judicial a la comisaría 1ª, que nunca antes había sido recorrida por magistrados y fiscales, a pesar de que está en pleno microcentro de la ciudad y denunciada desde hace 30 años como centro de detención de la dictadura. "La primera funcionaba como un campo de concentración y torturas", dijo Patricia Isasa, una de las víctimas que identificó los lugares donde fue sometida a tormentos y vejámenes cuando tenía 16 años. En la recorrida participó otro testigo en el juicio, Mario Millán Medina.
"Los lugares están casi igual", afirmó Isasa que pudo ver a otras secuestradas, entre ellas María Rosa Almirón. "Su estado era deplorable, con las piernas deformadas, moradas, quemadas, desnuda, balbuceando, con un pezón colgando, humillada, tratando de sobrevivir, porque las dos cosas que me dijo era tratar de sobrevivir" recordó Isasa. María Rosa era la madre de dos adolescentes que también fueron detenidos: Milagros y Luciano Almirón, de 14 y 16 años y quedó cuadriplégica por la tortura durante un año. Ella falleció hace poco tiempo.
"La comisaría 1ª fue para mi el principio de un circuito represivo. Me trajeron a la primera, después me llevaron a la Guardia de Infantería Reforzada (GIR), luego a la seccional 4ª y después nuevamente a la GIR. Mucha gente comenzó su circuito represivo en este lugar", explicó Isasa. Y mencionó otras víctimas de la dictadura que pasaron por la 1ª: Milagros Almirón y Viviana Cazol. "Acá estuvo mucha otra gente, yo soy una más".
"Recordé también que acá lo asesinaron a Juan Clemente Chazarreta, el 4 de junio de 1976, un día antes de que yo llegara a este lugar. Acá también estuvo colgado un chico que le decían ‘Turquito’. Todos estuvimos en posiciones estresantes. Viviana atada a la pata de una cama, a mi me tenían maniatada de rodillas, el ‘Turquito’ con los brazos colgando y a María Rosa Almirón también la colgaron de las piernas", agregó Patricia.
Isasa dijo que la trasladaron junto a un grupo de 20 personas. "Eran mujeres y varones que nos llevaron separados a la Guardia de Infantería Reforzada", agregó Patricia que estuvo en la comisaría primera desde el 30 de julio de 1976 hasta el 8 de agosto.
En el juicio a Brusa y compañía, el Tribunal tiene previsto la inspección de otros cinco centros clandestinos: el 20 de octubre, la comisaría 4ª (bulevar Zavalla y Tucumán), el 27 de octubre, ’La Casita’ (en la ruta nacional 19, en el kilómetro 2, antes del cruce de la autopista Santa Fe Rosario) y la Guardia de Infantería Reforzada (Nicasio Oroño 793, barrio Centenario); el 18 de noviembre, La casa de "los Borgia" (en calle del Sol s/n, a 200 metros de la ruta provincial 1, villa California, en las cercanías de San José del Rincón) y el 23 de noviembre, otra quinta sobre la ruta 19.

9 de octubre de 2009
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represores con arresto domiciliario


Arresto domiciliario para coronel González y general Settel. El juez Rodríguez concedió ayer el beneficio del arresto domiciliario en Buenos Aires a dos de los militares detenidos en la megacausa por delitos de lesa humanidad: el primer gobernador de facto de la dictadura y un general de brigada.
[Juan Carlos Tizziani] Argentina. El juez federal Reinaldo Rodríguez concedió ayer el beneficio del arresto domiciliario a dos de los militares detenidos en la megacausa por delitos de lesa humanidad: el primer gobernador de facto de la dictadura, coronel José María González y el general de brigada Carlos Alberto Settel y hoy indagará al ex juez de Menores, Luis María Vera Candioti y al coronel Carlos Enrique Pavón, ambos involucrados en la supresión de identidad de María Carolina Guallane, una joven que sobrevivió a la masacre de su familia biológica, el 11 de febrero de 1977, cuando tenía apenas un año y recién dos décadas después descubrió que su verdadero nombre era Paula Cortassa. Su papá biológico, Enrique Cortassa, está desaparecido y su madre, Blanca Zapata, agonizó dos semanas en el hospital José María Cullen con un disparo en la cabeza, donde dio a luz un bebé muerto.
González y Settel fueron indagados el martes y quedaron presos en el pabellón de lesa humanidad de la cárcel de Las Flores hasta que el juez les concedió la prisión domiciliaria: un pasaporte para que pudieran volver a sus departamentos en Buenos Aires.
El coronel González ya tenía arresto domiciliario por otra causa en la está procesado por el secuestro y asesinato del militante Mario Osvaldo Marini, el 9 de diciembre de 1975, cuando era jefe del Comando de Artillería 121 y jefe del Area 212. Tres meses después, el 24 de marzo de 1976, copó la Casa de Gobierno al mando de las tropas golpistas, removió al gobernador Carlos Sylvestre Begnis y asumió como el primer interventor de facto de la provincia. En mayo de 1976, lo reemplazó en el cargo el vicealmirante Jorge Anibal Desimoni.
En la megacausa, González fue imputado por veintidos homicidios cometidos antes y después del golpe, entre febrero y octubre de 1976. Según la acusación fiscal, fue uno de los ejecutores del "plan sistemático criminal que tenía como fin la eliminación física o neutralización ideológica de los opositores políticos desde el aparato estatal". Y lo consideró uno de los jefes del aparato represivo, donde se "comandaron, organizaron y ejectuaron las gravísimas violaciones a los derechos humanos" que se le reprochan en el juicio.
El general Settel era segundo jefe del Batallón de Comunicaciones 212 de Rosario sede de Area 211 cuando desapareció uno de los soldados que estaban bajo su mando, Edgardo Ferreyra, en enero de 1977. Settel está sospechado porque le encargó a Ferreyra "la confección de un plano de la sala de armas del Batallón para sustraerlo del grupo de conscriptos que terminaba el servicio militar y de esa manera hacerlo seguir más fácilmente" cuando saliera del cuartel. Ferreyra concluyó el trabajo, lo entregó y después viajó rumbo a la ciudad de Santa Fe, sin saber que era "seguido por un efectivo vestido de civil". Ya en la capital de la provincia se encontró con compañeros de militancia política en "un lugar cercano al domicilio paterno" en el barrio Mariano Comas, donde "irrumpió un grupo de policías y militares, luego de lo cual nunca volvió a saberse de él", relató la Fiscalía.
En tanto, el ex juez Vera Candioti y el coronel Pavón serán indagados por "actuaciones judiciales irregulares" en 1977 cuando María Carolina tenía poco más de un año y fue adoptada de buena fe por una familia de Venado Tuerto. La justicia ya probó que la orden militar firmada por Pavón como oficial del Comando de Operaciones Tácticas (COT) que dispone la entrega de la nena al ex juez Candioti es falsa. Está fechada el 4 de febrero de 1977, con un sello de recibida en el Juzgado el 8 de febrero, cuando en realidad el ataque a la casa de calle Castelli 4531, donde Carolina vivía con sus padres y otra familia, se produjo el 11 de febrero. Su papá, fue secuestrado y está desaparecido y su madre, sobrevivió hasta el 24 de febrero en el hospital Cullen, con un disparo en la cabeza y un embarazo a término.

9 de octubre de 2009
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a juzgar crímenes de lesa humanidad


Una abogada argentina, candidata a la Corte Penal Internacional. El gobierno nacional impulsa a la abogada cordobesa Silvia Alejandra Fernández para ocupar un cargo de jueza en la CPI. La elegida tiene una larga trayectoria como jurista en cuestiones de derecho internacional y derechos humanos.
[Mariana Carbajal] Argentina. El gobierno propone a una abogada cordobesa como candidata a jueza de la Corte Penal Internacional. La elegida es Silvia Alejandra Fernández, diplomática de carrera, con una larga y destacada experiencia como jurista en cuestiones de derecho internacional, derecho internacional humanitario y derechos humanos. Ayer fue recibida en la Comisión de Acuerdos del Senado, en una audiencia pública como parte del proceso de selección, el mismo que se aplica para los jueces de la Corte Suprema, que incluye consultas a organizaciones de la sociedad civil y entidades profesionales y académicas. Su nominación no recibió ninguna impugnación ni observación. Y podría aprobarse en la sesión especial de mañana en la Cámara alta. Compite por una vacante en la CPI –que corresponde a la región de Latinoamérica y el Caribe– con una chilena, un colombiano y un guyanés.
Es la primera vez que el gobierno argentino postula un/a candidato/a para magistrado de la CPI. En ese tribunal, encargado de juzgar crímenes de guerra, de lesa humanidad y genocidio, otro argentino, el abogado Luis Moreno Ocampo, se desempeña como fiscal desde 2003, cuando empezó a funcionar la CPI, que tiene sede en La Haya.
Fernández tiene 54 años y actualmente es directora de Derechos Humanos de la Cancillería. Pero conoce muy de cerca la CPI. Tuvo una extensa participación en el proceso de su creación y puesta en marcha. Además, condujo la elaboración internacional del procedimiento penal que utiliza la CPI, que incluye las disposiciones sobre protección y participación de víctimas. Y fue vicepresidenta de la Conferencia de Roma, de 1998, en la que se adoptó el estatuto que creó el tribunal. De 2003 a fines de 2006 estuvo trabajando en la CPI como directora de una de las tres divisiones de la Fiscalía, la encargada de la cooperación internacional para poder llevar adelante las investigaciones.
Avalaron su postulación la Universidad Nacional de Córdoba, la UCA de Córdoba, la Universidad Nacional del Litoral, la Asociación por los Derechos Civiles, la Federación Argentina de Colegios de Abogados, y la Fundación de Estudios para la Justicia y el Centro Internacional de Justicia Transicional, con sede en Nueva York, entre otras entidades académicas, profesionales y de la sociedad civil.
Ayer, tras la audiencia pública, los integrantes de la Comisión de Acuerdos del Senado, que encabeza el chubutense Marcelo Guinle (FpV), empezaron a firmar un dictamen para apoyar su nominación. Estuvieron presentes, entre otros, el jujeño Gerardo Morales, presidente de la bancada radical y su compañero de bloque el santacruceño Alfredo Martínez, los peronistas disidentes Adolfo Rodríguez Saá (San Luis) y Sonia Escudero (Salta), Guinle y Nicolás Fernández del FpV. No se escucharon cuestionamientos a la candidatura. El pliego podría aprobarse en la sesión de mañana, antes de la votación del proyecto de ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
El tratamiento en el Senado no debería postergarse demasiado dado que está prevista la elección del nuevo magistrado en La Haya a mediados de noviembre, cuando se reúnan los representantes de los 110 Estados Parte del Estatuto de Roma de la CPI. El o la elegida debe obtener el apoyo de dos tercios de las naciones presentes.
La CPI tiene 18 jueces, que representan en forma equitativa a las regiones del mundo. En enero se eligieron varios magistrados, entre ellos uno de Guyana, que nunca llegó a asumir por razones personales y renunció. Para cubrir esa vacante es que el Gobierno nominó a Fernández. No es el único país que propuso candidata. En las últimas semanas se conoció la postulación de Chile, que impulsa a la abogada Cecilia Medina, jurista de prestigio internacional, actual presidenta de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La Articulación Regional Feminista, integrada por diversas organizaciones que trabajan en derechos humanos y justicia de género en los países de la región expresaron su apoyo a ambas candidatas.
Además de la argentina y la chilena, por ahora, hay un postulante colombiano, Gerardo Monroy Cabra, ex miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y otro guyanés, Duke Pollard, integrante de la Corte Caribeña de Justicia. El período de cierre para presentar candidaturas se extendió hasta el 14 de octubre.

9 de octubre de 2009
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cartas escritas a los padres


El testimonio de un periodista de Rosario/12 en el juicio a represores. Tizziani se refirió a las cartas que les cedieron los padres de los militantes Bruzzone y Laluf, que hoy continúan desaparecidos. El otro testimonio fue de Adriana Quaranta, quien fue secuestrada el 4 de julio de 1977 en un departamento céntrico.
[Sonia Tessa] Rosario, Argentina. Juan Carlos Tizziani fue el primer testigo que declaró ayer en el juicio contra Pascual Guerrieri, Jorge Fariña, Juan Daniel Amelong, Walter Pagano y Eduardo Costanzo. El periodista de Rosario/12 se refirió a las entrevistas que mantuvo con los padres de Carmen Nahs Bruzzone y Carlos Laluf. El objetivo periodístico de Tizziani era averiguar sobre cartas recibidas después del secuestro de los militantes que hoy continúan desaparecidos. El padre de Laluf -ya fallecido- le dio copias de 13 cartas recibidas desde septiembre de 1977 hasta marzo de 1978, que el Tribunal aceptó recibirlas como documentos en el juicio. El segundo testimonio de la mañana fue el de Adriana Quaranta, quien fue secuestrada el 4 de julio de 1977 en el departamento de pasillo en el que vivía Graciela Zitta, en Tucumán entre Sarmiento y San Martín.
El testimonio de Tizziani se completó con la reproducción de un reportaje que le hizo a Carlos Laluf padre. El entrevistado se refiere en varias oportunidades a la entrega de su nieto, que se efectuó el 4 de septiembre de 1977. Ese día, Laluf había ido a la cancha de Colón a ver un partido, y su esposa recibe una llamada telefónica alertando sobre la presencia de dos niños pequeños en la plaza de las Banderas, en el barrio Candiotti de Santa Fe. La mujer decide tomar un taxi e ir a buscarlo, y allí encuentra a un niño y una niña, cada uno con una carta, así como otras dos cartas con otros destinatarios.
Laluf llevó a su nieto a la casa de los consuegros, porque el matrimonio de Carlos Laluf (hijo) y su compañera Marta Benassi decían expresamente en la carta que el niño quedara al cuidado de Carlos, hermano de Benassi. A la niña, María de los Angeles Lozano, Laluf la llevó a la dirección que figuraba en el sobre, a la casa de la familia de la pareja de María de los Angeles Castillo, madre de la nena. Laluf también repartió otras misivas que, según rastreó Tizziani en el informe de la Conadep, pudieron estar dirigidas a la familia de Graciela Capocetti y del matrimonio Carlos Bozzo y María Isabel Salinas, también secuestrados.
Sobre la correspondencia, Tizziani se refirió a la "honestidad del señor Laluf", ya que tres de esas cartas estaban fechadas en Asunción del Paraguay, San Pablo y Río de Janeiro. Luego, en coincidencia con la fecha de la Operación México, Laluf padre no sólo recibió una carta -que no estaba fechada en el país azteca- sino también una comunicación telefónica. Los cautivos también les indicaron un correo intermedio donde podían recibir correspondencia. "El señor Laluf se murió esperando que le dieran el cuerpo de su hijo", indicó Tizziani.
Después del documentado testimonio del periodista de Rosario/12, dio su testimonio Adriana Quaranta, que fue secuestrada en la casa de Graciela Zitta. Según relató, ella se recibió de abogada en 1975, y en el momento del golpe militar se desempeñaba en la fiscalía número 2 de los Tribunales Federales. En abril de 1977, el presidente de la Cámara de Apelaciones, Celestino Araya, le pidió que renunciara a su trabajo, pero ella se negó. La mujer alegó que si había cometido alguna irregularidad le hicieran un sumario, y si no, no había razón para perder su empleo. La respuesta del funcionario judicial fue intimidante. Le dijo que "no podía responder por su vida". Quaranta indicó que había pertenecido a la Juventud Universitaria Peronista cuando era estudiante de abogacía. En la fiscalía trabajaba junto a Rafael Bielsa.
El 4 de julio de 1977 concurrió a un negocio ubicado en Laprida y el bajo, donde un compañero del Poder Judicial, de apellido Ramasco Padilla, le manifestó su preocupación porque Bielsa estaba desaparecido desde hacía una semana. Desde allí, Quaranta se dirigió a la casa de su amiga, que vivía en un departamento de pasillo. Cuando está entrando, ve salir un hombre del domicilio, y empieza a correr asustada hacia la calle. Sin embargo, el hombre la alcanza, la alza y le dice que no se mueva. Es subida al mismo auto que Zitta, y desde allí son trasladadas al lugar donde las retienen. La testigo recordó que la interrogó una sola persona, pero había varios hombres en la habitación, y que no fue sometida a maltratos. Primero estuvo en un lugar que le pareció ser un espacio abierto, porque entraban y salían personas. Allí fue esposada a un barral de metal. En ese sitio escuchó cantar a Bielsa y también oyó las quejas de la madre de Graciela Zitta, que cuando iba al baño lamentaba en voz alta estar sometida a esa situación, a su edad.
Luego, a Quaranta la llevaron a un lugar que recuerda como un altillo, al que se iba por una escalera empinada. Allí estuvo hasta el jueves 7 de julio, cuando fue liberada. Cuando la querellante Ana María Figueroa le preguntó si sabía cuál había sido el centro clandestino, Quaranta indicó que en 2006 participó de un reconocimiento en Granadero Baigorria, en La Calamita, y que tuvo la sensación de que "podía ser", por la escalera empinada y los artefactos del baño.

7 de octubre de 2009
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testimonio de maría luisa rubinelli


Búsqueda y pesadillas.
[José Maggi] "Mi testimonio es quizás lo último que pueda hacer para tratar de saber qué pasó con él". La frase resonó ayer en la sala de audiencias del Tribunal Oral Federal Nº 1, en la voz emocionada de María Luisa Rubinelli, quien desde hace 32 años busca incansablemente a su esposo Aníbal Antonio Mocarbel, secuestrado junto ella el 28 de febrero de 1977. Su búsqueda la llevó a distintas cárceles argentinas, a los tribunales donde presentó hábeas corpus, al Ministerio del Interior, a la Vicaria castrense, al Comando del Segundo Cuerpo de Ejército, a la Organización de Estados Americanos, a Amnesty Internacional, y hasta la Cruz Roja. "Me llevó muchos años dormir sin tener pesadillas y algo más poder disfrutar de algunas cosas", confió Rubinelli.
María Luisa fue secuestrada en un departamento de pasillo ubicado en Ituzaingo 71 a la madrugada por un grupo de civiles que se identificaron como policías. "Nos llevaron en un auto tirados en el piso, a una casa apartada, en las afueras de la ciudad, que tenía el ingreso como de ripio. Allí escuchaba el paso del tren, el olor como a Celulosa, y el ruido de aviones".
Rubinelli sospecha que pudo estar embarazada porque al momento de ser secuestrada estaba haciendo un tratamiento de fertilidad. "Como tuve pérdidas, me llevaron a un altillo, donde permanecí unos días, mientras me recuperaba de una hemorragia, probablemente producida por un aborto. Allí mejoró la comida que me daban. Me atendió un médico joven al que llamaban Alejandro, quien ordenó una transfusión. Contaban con el apoyo de otro médico más viejo. Luego destinaron a una persona para que me auxiliara, debido a mis escasas fuerzas. Cuando pregunté por qué se tomaban esos cuidados, me respondieron que ellos eran responsables ante ’los de arriba’".
También relató que "al regresar al lugar de detención, durante el recorrido pude advertir que había una cocina azulejada, blanca, que parecía antigua. En una salita contigua a ésta aplicaban la picana eléctrica, en las sesiones de tortura. Al baño de hombres me acompañaba Miguel, quien junto a una mujer a la que llamaban María eran ex integrantes de organizaciones guerrilleras, que se ocupaban de tareas de limpieza, preparación de comida, teniendo aparentemente libre circulación por el interior de la casa".
"Algunos de los integrantes del grupo decían ser ex gendarmes, decían encargarse de las guardias exteriores y no participar de los operativos. Estaban subordinados al "comandante" Sebastián, quien no permanecía en la casa, salvo en caso de realizar algún interrogatorio.
"Al preguntarles acerca de la liberación de mi marido, me dijeron que lo retendrían un tiempo más, que seguramente no lo matarían, pero que no lo vería por un tiempo. Él fue trasladado a otro lugar, antes de mi liberación".

7 de octubre de 2009
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