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Viaje al fondo de la biblioteca de Pinochet. La increíble y millonaria colección del dictador.
[Cristóbal Peña] Santiago, Chile. Entre los 55 mil libros que Pinochet atesoró en forma compulsiva y adquirió a punta de regateos y con fondos fiscales, se encuentra parte de la biblioteca privada de José Manuel Balmaceda, una carta original de Bernardo O’Higgins y una particular edición sobre Manuel Rodríguez con timbre de la biblioteca del Instituto Nacional. Peritos del juez Carlos Cerda determinaron el valor del patrimonio: 2,84 millones de dólares. Este artículo del periodista Cristóbal Peña, publicado por el Centro de Investigación e Información Periodística (Ciper), que acaba de ganar el primer lugar en categoría Texto del Premio Nuevo Periodismo, nos introduce a una faceta fascinante y desconocida del dictador.
La mañana del martes 17 de enero de 2006, una camioneta tipo van ingresó al fundo Los Boldos de Santo Domingo, en la costa central. Sus siete ocupantes un chofer, un funcionario de Investigaciones y dos peritos bibliográficos acompañados por tres ayudantes no tuvieron inconvenientes para ingresar a la propiedad de descanso de Augusto Pinochet Ugarte. Traían una orden del juez Carlos Cerda, instructor del caso por las cuentas del banco Riggs, para determinar el valor y origen de los volúmenes existentes en las bibliotecas que el general había ordenado construir en sus residencias.
Si bien ya se habían identificado en la guardia de entrada, al llegar a la bifurcación de avenida Don Augusto con paseo Doña Lucía, donde está la casa de los escoltas, la comitiva tuvo que repetir el procedimiento anterior. Mostraron sus identificaciones y la orden del juez. Como todo seguía en regla, continuaron la marcha por avenida Don Augusto y llegaron hasta una de las alas de la casa principal: un amplio espacio de entrada independiente y vista al mar donde el general tenía su biblioteca.
Al entrar, acompañados muy de cerca por cinco comandos vestidos con traje de campaña y armas de guerra a la vista, dos cosas llamaron la atención de los peritos. Una fue la gran cantidad de libros que había en ese amplio espacio, distribuidos en repisas, cajas de cartón y estantes corredizos o full space.
Otra, el desorden reinante que presentaba ese despacho, además de una evidente falta de aseo, en el que miles de libros empolvados se hacían un lugar entre adornos, recuerdos, chocolates y objetos personales como colonias, perfumes, desodorantes, toallas desechables, relojes, fotos, dagas, abrecartas y tarjetas de saludo, visita y Navidad, además de camisas, corbatas y calcetines nuevos, algunos aún con su papel de regalo a medio abrir que su propietario dejó alguna vez ahí y muy probablemente después olvidó, sin que nadie se atreviera a sacarlos o cambiarlos de lugar. Tampoco a pasarles un plumero.
No hubo tiempo ni lugar para comentarios. Eran cerca de las diez de la mañana cuando los cinco peritos bibliográficos, encabezados por Berta Inés Concha Henríquez y Hernán Gonzalo Catalán Bertoni, dieron inicio a la primera de varias jornadas de trabajo que se extendieron a las residencias de La Dehesa y El Melocotón, además de las bibliotecas de la Academia de Guerra del Ejército y de la Escuela Militar, a las que el general donó cuantiosas piezas poco antes de abandonar la Comandancia en Jefe. Había mucho trabajo por delante.
De acuerdo con el resultado de ese informe pericial, que quedó adjuntado entre fojas 71894 y 71912 y que hasta ahora ha permanecido inédito, el equipo de expertos bibliográficos trabajó 194 horas en terreno y otras 200 dedicadas a pesquisas e investigaciones tendientes a determinar el valor monetario y patrimonial de los volúmenes y su mobiliario.
El estudio persiguió cuantificar los montos que el general invirtió en este rubro, a partir de dineros que en su gran mayoría se suponen provenientes de fondos de gastos reservados asignados a la Presidencia de la República, a la Casa Militar y a la Comandancia en Jefe del Ejército.
El informe establece que los libros adquiridos por el general Pinochet son cerca de 55 mil, cuyo valor global fue estimado en 2,56 millones de dólares. A este monto se suman los valores del mobiliario, encuadernación y transporte de publicaciones editadas en el extranjero, todo lo cual fue tasado en 52 mil, 75 mil y 153 mil dólares, respectivamente. El estudio trasciende las consideraciones económicas.
Tras dar cuenta de la existencia de piezas únicas, primeras ediciones, antigüedades y rarezas, algunas que ni siquiera se encuentran en la Biblioteca Nacional, el informe concluye que "las bibliotecas objeto del peritaje contienen obras y colecciones de altísimo valor patrimonial".
Entre las muchas obras antiguas que atesoró Pinochet y que aún conserva su familia, aunque sujetas a embargo judicial, se cuenta una primera edición de la ‘Histórica Relación del Reino de Chile’, fechada en 1646; dos ejemplares de ‘La Araucana’ que datan de 1733 y 1776, respectivamente; un ‘Compendio de Geografía Natural’ y otro de Historia Civil, impresos en 1788 y 1795; un ‘Ensayo Cronológico para La Historia General de La Florida’, de 1722; una ‘Relación del Último Viaje de Magallanes de la Fragata S. M. Santa María de la Cabeza’, de 1788; y un libro de viajes a los mares del sur y a las costas de Chile y Perú, publicado en 1788 .
Además, el general se hizo de una parte de la biblioteca privada de José Manuel Balmaceda, incluida una edición a las honras fúnebres del ex Presidente chileno, en cuyo interior se encuentra una tarjeta de la viuda de éste; una carta original de Bernardo O’Higgins y una particular edición sobre Manuel Rodríguez que lleva el timbre de la biblioteca del Instituto Nacional.
"En términos generales, es una biblioteca cara por los volúmenes, muebles y encuadernaciones. Cara por las piezas únicas, por sus colecciones relevantes y, en algunos casos, por su valor documental", sostiene Berta Concha, editora y librera, quien por primera vez se refiere al trabajo realizado por encargo del juez Cerda.
"Encontramos por ejemplo una biografía de Francisco Franco que Manuel Fraga Iribarne dedicó a Pinochet. También un ejemplar dedicado al mismo por Manuel Contreras. Esos elementos le dan un innegable valor agregado".

Tenida Sport
¿Sabía el general qué tenía exactamente y cuál era su valor monetario y patrimonial? ¿Contaba con asesoría profesional? ¿Consultaba o leía con cierta regularidad las piezas más preciadas de su biblioteca? El informe pericial no responde esas preguntas. Tampoco parecen saberlo con precisión los comerciantes de libros, colaboradores y familiares de Augusto Pinochet que prestaron testimonio para esta investigación.
Al menos en público no se caracterizaba por demostrar una gran cultura, todo lo contrario. El general proyectaba ser un hombre básico, de conceptos elementales. Sus propios adeptos reconocen que era profundamente desconfiado, acostumbrado a compartimentar información y guardarse opiniones y sentimientos.
Una cosa es segura. El hombre que llegó a ser dueño de una de las colecciones bibliográficas más valiosas del país, con una inversión total que se calcula en cuatro millones de dólares si se le agrega el valor de la biblioteca napoleónica con sus bustos , tenía un aprecio particular por sus libros. Ese aprecio quedó de manifiesto la mañana del martes 17 de enero, a poco de iniciarse el primer peritaje en la casa de Los Boldos.
Acompañado por un médico, un asistente y dos o tres guardaespaldas debidamente armados, Pinochet apareció caminando por sus propios medios, ayudado por un bastón. Según recuerdan los peritos, porque esa imagen resulta inolvidable, vestía polera verde de manga corta marca Lacoste, shorts blancos tipo bermudas, zapatos sport claros y calcetines al tono y subidos casi hasta las rodillas.
Tras saludar de beso a uno de los asistentes de los peritos jefes, una muchacha joven que permanecía en la entrada, se instaló tras su escritorio principal para observar en silencio a los intrusos que revolvían su más personal y preciado tesoro.
"Debió haber sido espantoso para él que fuéramos a hurgar en su reino. Pinochet era el rey de ese caos y nosotros habíamos llegado a invadírselo", dice Berta Concha, quien sostuvo un curioso diálogo con el dueño de casa tras los saludos de rigor. Al notar que ella portaba como colgante una lupa de marco artesanal, adorno y a la vez instrumento de trabajo, el general quiso saber detalles.
Es una lupa mexicana, se explicó Berta.

¿Mexicana?
Mexicana. Yo viví en México desde 1973.
Yo tengo muchas lupas dijo el general, y procedió a buscar las lupas que había dejado en algún lugar de su biblioteca.
Los peritos siguieron en lo suyo. El general siguió buscando sus lupas sin éxito. Los guardaespaldas lo seguían y el médico abordó a los peritos para pedirles que no prestaran atención a los chocolates que el dueño de casa escondía en medio de los libros.
Es diabético, confidenció en voz baja.
Al rato Pinochet se olvidó de las lupas y procedió a retirarse acompañado de su médico, su asistente y escoltas. En la despedida creyó necesario recordar que a los presidentes de la República les suelen regalar muchas cosas, de preferencia libros, y que él lo había sido durante 17 años.
Los peritos continuaron trabajando durante todo el día. Augusto José Ramón Pinochet Ugarte no volvería a aparecer esa jornada. Tampoco las siguientes, ni en su casa de Los Boldos ni en La Dehesa, menos en El Melocotón. De acuerdo con el libro testimonial "Caso Riggs. La Persecución Final a Pinochet", firmado por su nieto Rodrigo García, "la impotencia de ver a pelafustanes entrar y salir de su escritorio, con sus libros entre sus manos, le hizo caer en cama por algunos días".

Compulsivo y Tacaño
Dos años y medio antes de ser objeto del primer peritaje bibliográfico, cuando las millonarias cuentas del banco Riggs aún permanecían secretas, Augusto Pinochet apareció sorpresivamente por una antigua galería comercial de calle San Diego, en el centro de Santiago. Sin previo aviso, acompañado de su escolta, llegó a visitar a su más fiel y entrañable librero.
En ese entonces Juan Saadé tenía tantos años como Pinochet, que iba para los noventa, y aún estaba al frente de la librería de viejo que había fundado en 1941 con el nombre de La Oportunidad. Decía conocer a su cliente predilecto desde que éste era subteniente y solía comprarle libros de historia y geografía de Chile con cheques a plazo. Una vez que quedó instalado en el gobierno, el general de Ejército comenzó a pagar con cheques al día a nombre de la Presidencia de la República.
La afición a los libros fue creciente y antecede a la toma del poder. En su declaración jurada de bienes, realizada el 21 de septiembre de 1973, declaró poseer una biblioteca particular por un valor de 750 mil escudos, correspondientes a poco más de seis millones de pesos de la actualidad (12 mil dólares).
De esa época se conservan antiguos ejemplares que llevan el timbre del teniente o ayudante mayor Augusto Pinochet Ugarte. También esas primeras ediciones rústicas de ‘Geopolítica’ (1968) y ‘Campaña de Tarapacá’ (1972), dos libros de su autoría que tuvieron una cierta repercusión en el mundo militar.
Desde joven fue aficionado a los libros, en particular a los de historia, guerra y geografía. De eso no parece haber dudas. Pero lo que resulta irrebatible, porque las cifras son demoledoras, es que a contar del golpe de Estado, su biblioteca personal experimentó un sorprendente y sostenido incremento, producto no sólo de regalos propios del cargo.
Luis Rivano es vecino de la librería de Juan Saadé y aún guarda cientos de fotocopias con portadas de libros usados que ofrecía con sostenida regularidad al general Pinochet. En su mayoría son textos de ciencias sociales, muchos de ellos de marxismo y política de las décadas de los sesenta y setenta, que se salvaron de la hoguera en los días posteriores al Golpe de Estado.
Cuando el general se interesaba por algún título, cosa bastante frecuente, marcaba con un visto bueno la fotocopia de la portada para que Rivano se lo hiciera llegar a través de algún oficial encargado especialmente del tema. De esta forma llegaron a sus manos títulos como ‘Si Yo Fuera Presidente’, de Tancredo Pinochet; ‘El Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo’, de Hernán Vidal; ‘El Gran Culpable’, de José Suárez Núñez; ‘El Guerrillero’, de Chelén Rojas; ‘Teoría Secreta de la Democracia Invisible’, de José Rodríguez Elizondo; y ‘El Mercurio y su Lucha contra el Marxismo’, de René Silva Espejo.
El procedimiento fue el mismo con otros libreros de viejos de las Torres de Tajamar, en Providencia. Uno de ellos, que pide guardar reserva de su nombre, recuerda que el general era un comprador compulsivo y de gustos muy definidos. Pedía todo lo que hubiese de Napoleón Bonaparte. Absolutamente todo. Era su gran obsesión. Casi tanto como Ortega y Gasset.
También los libros de línea, como enciclopedias, diccionarios y atlas. Los libreros de las Torres de Tajamar sabían qué ofrecerle y esperar de él: aunque era un cliente leal, que compraba de manera sistemática, a veces desenfrenada si estaban de por medio sus preferidos, solía adjudicarse rebajas unilaterales.
"Era ratón para pagar", refrenda Octavio, hijo de Luis Rivano, que trabaja en Providencia y tuvo la osadía de devolver a La Moneda un cheque por 80 mil pesos que el general había cancelado a cambio de un ejemplar de ‘La Independencia de Chile’, editado por Santos Tornero. "Yo sabía que el libro era bueno y que a él le servía, entonces por una cuestión de prestigio de librero insistí en que me pagara lo que valía".
Al poco tiempo Octavio Rivano recibió un sobre con el mismo cheque por 80 mil pesos y un adicional en dinero en efectivo. No se habló más del asunto.

Mi Primera Biblioteca
La última vez que Francisco Javier Cuadra se reunió con Pinochet fue hacia comienzos de 2006. Cuadra le contó que había conocido a la familia de Fernando Vega, un ex ministro de Fujimori que posee la colección más importante de textos antiguos sobre Chile.
Pinochet le contó que hace no mucho había muerto Juan Saadé, su librero de toda la vida, y le pidió que le recomendara el suyo. Cuadra y Pinochet, a decir del primero, hablaban este tipo de cosas, incluso cuando ambos ocupaban oficinas en La Moneda y las urgencias eran otras.
El ex vocero de Gobierno sostiene que en esa época, mediados de los ochenta, el general permanecía atento al proceso político soviético por medio de libros de actualidad sobre el tema que leía en francés. "Estaba al tanto de las últimas publicaciones sobre marxismo; si salía un libro nuevo, él tenía que tenerlo".
Dice Cuadra que para estas y otras materias modernas se abastecía a través de editoriales y librerías que solían enviarle catálogos con novedades. Dice también que compraba bastante en librerías especializadas del extranjero.
A este respecto, la investigación judicial por las cuentas del Riggs ha indagado en las compras de libros y otros objetos de uso personal que llevaron a cabo los agregados militares por encargo de Pinochet, a costa de los fondos públicos. En la resolución que el juez Cerda dictó en octubre último, se lee: "Algunos de los pedidos eran ejecutados por los oficiales del Ejército de Chile que oficiaban como agregados en las misiones de Washington y Madrid o en las diversas agregadurías".
Como se va viendo, las fuentes de abastecimientos fueron múltiples.
Hubo muchos regalos, por cierto. Algunos de importancia patrimonial, como el ‘Compendio de Historia Civil’ del Abate Molina que el almirante Merino compró a Luis Rivano con motivo de un cumpleaños del general. Ese ejemplar de 1795 permanece en la casa de La Dehesa, sujeto a embargo judicial, y fue tasado en 1.500 dólares. En una categoría similar está el ‘Epistolario’ de Diego Portales obsequiado por Cuadra.
Hubo ese tipo de gestos y también compras directas y de montos considerables que el general realizó a costa de dineros públicos.
Un gerente editorial de la época, que aún sigue ligado al negocio y pide reserva de su nombre, fue citado hasta los mismos salones de La Moneda para que expusiera colecciones y textos de línea, en especial sobre historia. Como era un proveedor nuevo, hubo que dejarle en claro que al general no le interesaba en lo más mínimo la ficción. Para qué decir la poesía.
El único texto propiamente literario que conservó en la biblioteca de Los Boldos se titula ‘El Rigor de la Corneta’ y es un clásico de la literatura militar chilena.
Cuando el librero llegó a la casa de gobierno, fue instruido para que dispusiera los textos en una sala contigua al despacho presidencial y se mantuviera en silencio en una esquina, dispuesto a responder las preguntas que pudiera formularle el general. Así lo hizo, pero cuando éste apareció, acompañado de un pequeño séquito, no le dirigió la palabra, siquiera una mirada.
Revisó los textos entre los que se contaban un libro de música con tapa de madera, varias enciclopedias y una historia taurina y otra de castillos españoles y se limitó a hojearlos y a dictarle a un asistente sus preferencias.
La ceremonia no duró más que unos pocos minutos. El librero se retiró en silencio con sus cosas y al día siguiente, siguiendo instrucciones, regresó a La Moneda para dejar la factura y cobrar un cheque girado a nombre de la Presidencia de la República.
Mediante este conjunto de prácticas, Pinochet llegó a acumular una cantidad impresionante de libros de todo tipo. Incluido el manuscrito original del ‘Diario Militar’ de José Miguel Carrera, que hace un par de años fue devuelto al Museo Militar. Pero todo eso, a entender de la perito Berta Concha, no hace necesariamente una buena biblioteca.
"Aunque tiene muy buenas cosas, y se nota que tuvo una asesoría detrás, es una biblioteca muy poco organizada, sin un gran orden, con un afán por atesorar por atesorar. Hay una cantidad de obras de referencia, enciclopedias casi escolares, que develan un escaso conocimiento y una escenografía del poder.
Después de leer al personaje a través de su biblioteca, mi conclusión es que este señor miraba con mucha fascinación, temor y avidez el conocimiento ajeno a través de los libros. Quien mandó a quemar libros forma la biblioteca más completa del país. Eso es interesante. De alguna forma conoce la dinámica y el poder de los libros".
De cualquier modo, el de Pinochet fue un proyecto en grande, megalómano, al borde del delirio, que no se fijó límites en gastos y procedimientos.
De acuerdo con el informe pericial ordenado por el juez Cerda, "no menos de un 5% (2.750 ejemplares) han sido especialmente encuadernados en piel", lo que supone una inversión de 41 millones 250 mil pesos. Lo que no precisa ese informe es que el trabajo realizado a piezas de todo tipo, desde valiosas colecciones completas de Benjamín Vicuña Mackenna a vulgares ediciones rústicas o simples revistas, fue hecho por Abraham Contreras, el más prestigioso encuadernador que ha tenido el país.
Como los grandes coleccionistas, el capitán general también tuvo la ocurrencia de marcar varios de sus ejemplares con un ex libris o sello de propiedad que mandó a fabricar a la Casa de Moneda de Chile. El sello tiene el diseño de una mujer alada que levanta una llama de la libertad al tiempo que sostiene un escudo con las iniciales de Augusto Pinochet Ugarte.
La idea surgió casi a la par con el proyecto de ampliación de la biblioteca de El Melocotón, en el Cajón del Maipo, que en los ochenta movilizó recursos y personal de Cema Chile. La modesta casa de piedra, que originalmente estaba destinada a los escoltas, quedó convertida en un lujoso espacio de 80 metros cuadrados al que muy pocos tuvieron acceso. Rodrigo García Pinochet fue uno de ellos.
El nieto del general recuerda que la biblioteca de El Melocotón era "como un lugar sagrado, un verdadero santo santorum" al que se introducía un poco a escondidas de su abuelo cuando lo acompañaba los fines de semana. "Era muy receloso de sus libros, siempre los ordenaba personalmente y llevaba una férrea contabilidad de los mismos".
Tan cómodo y a sus anchas se sentía el general en El Melocotón que, según su nieto, pensaba pasar ahí sus últimos días.
Todo cambió a partir de esa tarde de domingo 7 de septiembre de 1986, cuando regresaba a Santiago en compañía de su nieto. Tras salvar milagrosamente de una emboscada de aniquilamiento, en un hecho que dejó cinco escoltas muertos, nueve heridos y un libro llamado ‘Operación Siglo XX’, de Patricia Verdugo, que llegó a la biblioteca del general, la casa de El Melocotón comenzó a ser objeto de un progresivo abandono.

La Dispersión
En septiembre de 1989, ya resignado a dejar el gobierno y atrincherarse en la Comandancia en Jefe, Augusto Pinochet Ugarte inauguró la biblioteca de la Academia de Guerra del Ejército que lleva su nombre y reúne cerca de 60 mil títulos, la mitad de los cuales fueron donados por él.
Ahí están varios de los textos de ciencias sociales que durante años le vendieron Juan Saadé y Luis Rivano. También varias de las enciclopedias y libros de línea y divulgación que el general adquirió de manera frenética. Hay piezas valiosísimas en términos patrimoniales, algunas como el ‘Ensayo Cronológico para la Historia General de La Florida’ (1722), de Gabriel Cárdenas, tasado en más de tres mil dólares y que ni siquiera se encuentra en la Biblioteca Nacional.
Hay cosas extrañas, como una horripilante versión de ‘Martín Fierro’ forrada en cuero de vaca y dedicada por Raúl Matas hijo al "estimado Presidente". Hay cosas dignas de atención, como una reproducción del despacho que el general ocupó en La Moneda. Cosas históricas como una firma de Manuel Contreras en el libro de visitas ilustres. Y también una de las más completas colecciones de libros que analizan el régimen militar.
El fondo bibliográfico aportado por Pinochet a la mayor biblioteca del Ejército se calcula en cerca de 29.729 títulos, poco más de la mitad de lo que aún se mantiene en poder de la familia entre las residencias de Los Boldos y Los Flamencos. En El Melocotón no quedan más que 200 libros sin mayor valor.
Una importante colección relativa a Napoleón Bonaparte, además de once esculturas en miniatura del mismo personaje, permanecen en la bóveda del museo de la Escuela Militar, a la espera de que el juez Cerda levante su embargo o determine otra cosa.
Suman 887 volúmenes y fueron donados en septiembre de 1992 por su entonces comandante en jefe. Hay además, 633 títulos de diferentes temáticas que fueron a parar a la Fundación Pinochet y 37 que se encuentran en la biblioteca central de la Universidad Bernardo O’Higgins.
En el penúltimo caso, que no ha sido objeto de la investigación del juez Cerda, varios de los libros recibidos son relativamente recientes, en apariencia sencillos, sin mayor valor agregado. No hay grandes colecciones, rarezas ni antigüedades. Sin embargo, por razones diversas, tuvieron una significación especial para el hombre que los donó pensando en "la juventud chilena", a poco de su retorno de Londres.
Entre esos 633 libros, hay una autobiografía de Erich Bauer, almirante de la marina del Tercer Reich, que aparece subrayada en la definición que entrega el autor sobre el vicealmirante Von Ingenohl: "Resultaba difícil adivinar su pensamiento íntimo, pues no descubría jamás sus planes a los ojos de los demás de manera abierta".
Hay también marcas del lector en ‘El Libro Negro del Comunismo. Crímenes, Terror y Represión’, donde se subraya que las víctimas de los regímenes de la órbita soviética "ya se acercan a la cifra de cien millones de muertos", y una dedicatoria que el autor de ‘Estrategia y Poder Militar’, Fernando Milia, capitán de la marina argentina, escribe en noviembre de 1976 "al señor general Augusto Pinochet, reconocido geopolítico ayer y pilar antimarxista hoy, con todo mi respeto intelectual".

27 de julio de 2008
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la conspiración del caso soria


El ministro Alejandro Madrid investiga una trama para falsear pruebas y testimonios que fueron decisivos en el cierre del caso, en 1996. Ahora debe decidir si encausa al ex fiscal militar Sergio Cea y algunos de sus ayudantes, así como al ex secretario de Pinochet, brigadier (R) Jaime Lepe.
[Jorge Escalante] Santiago, Chile. La investigación del crimen del diplomático chileno-español Carmelo Soria, amnistiada en 1996, podría revivir en manos del ministro Alejandro Madrid. Si bien el proceso abierto por su homicidio cometido por la DINA en 1976 fue cerrado por la justicia militar y la Corte Suprema, que le aplicó la ley de amnistía y el principio de la ‘cosa juzgada’, el caso podría reactivarse desde otro ámbito judicial.
Se trata de una operación concertada, a partir de 1993, entre la inteligencia del Ejército de la época y la justicia militar, orientada a provocar una serie de acciones para entrabar la investigación, presionar al principal testigo y generar declaraciones procesales que, según estableció ahora el juez Madrid, fueron inducidas bajo amenaza y prebendas, e incluso configurarían el delito de falsificación de instrumento público.
Por ello el magistrado tendrá que pronunciarse acerca del eventual procesamiento del ex fiscal militar Sergio Cea Cienfuegos y algunos de sus colaboradores en la fiscalía militar en la época de 1993-1994, y de los coautores del crimen que libraron sin condena gracias a la amnistía, como el brigadier (R) Jaime Lepe Orellana, y el teniente coronel (R) Patricio Quilhot Palma. Los encausamientos le serán solicitados a Madrid en los próximos días por la parte querellante, y se espera que el juez resuelva positivamente algunos de ellos.
No obstante, el gran obstáculo para que a partir de este nuevo escenario se pueda reabrir la investigación judicial respecto del homicidio de Carmelo Soria, cometido por agentes de la Brigada Mulchén de la DINA el 14 de julio de 1976, es la ‘cosa juzgada’. Esta última se genera como resultado de la sentencia de última instancia con la que la Sala Penal de la Corte Suprema amnistió definitivamente la causa el 24 de agosto de 1996.

Los Hilos de la Conjura
La trama que sirve de fundamento a la investigación del ministro Madrid está llena de oscuridad. Un integrante hasta ahora desconocido de la Brigada Mulchén, Jorge Hernán Vial Collao, negó ante el magistrado una serie de antecedentes que, según la justicia militar, habría declarado cuando la investigación estuvo a cargo de esta judicatura castrense, a comienzos de la década de los noventa.
Estos hechos tienen relación con el descargo de culpas en las acciones criminales de la citada brigada, sobre todo respecto del asesinato de Carmelo Soria, y forman parte de la operación de ‘limpieza’ que se realizó a favor de algunos agentes, especialmente del brigadier Jaime Lepe, por esos años secretario del dictador Augusto Pinochet.
Por ello, la parte querellante sostiene que en las contradicciones se constituiría el delito de ‘falsificación de instrumento público’ por parte de las autoridades judiciales militares de entonces.
Pero la historia es más amplia. El principal testigo del crimen de Soria, el ex agente y suboficial (R) de las fuerzas de elite José Ríos San Martín, reconoció ante el juez Madrid que en 1993, mientras la investigación todavía estaba abierta, agentes de la inteligencia del Ejército lo presionaron, hasta amenazarlo de muerte, si no se desdecía del reconocimiento que había hecho ante la ministra Violeta Guzmán, entonces a cargo de la indagatoria.
Ríos San Martín fue el único de los autores del homicidio que, a comienzos de la década pasada, admitió que éste había sido cometido por la Brigada Mulchén.
Las presiones, lideradas por Lepe desde la Comandancia en Jefe del Ejército y coordinadas entre él y el Batallón de Inteligencia del Ejército (BIE), órgano operativo de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), tuvieron un ‘final feliz’ en agosto de 1993.
Una noche de aquel mes, Lepe y Quilhot ‘invitaron’ a comer a Ríos San Martín al restaurante Casas Viejas, en la calle Chile-España, Ñuñoa. El perímetro externo del local fue custodiado discretamente por un grupo de agentes del BIE. Antes de pedir la carta, le hicieron la siguente advertencia: "Mira huevón, te vai’ a desdecir de lo que le dijiste a la vieja Guzmán. Si lo hacís, te vamos a regalar una camioneta. Si no, ya sabís dónde apretamos nosotros".
Y Ríos San Martín se desdijo. Cuando después lo carearon con Lepe y otros ex agentes de la Mulchén, para respaldar en el proceso el cambio de sus declaraciones, el comando dijo: "A estos distinguidos señores aquí presentes no los conozco, su señoría".
Con dos millones y medio en dinero efectivo, otro agente del BIE, Leonardo Quilodrán, salió a comprar la camioneta y se la entregó a Ríos. Ninguno de estos antecedentes fue conocido por la Corte Suprema cuando amnistió el crimen de Soria, en 1996.
Sin embargo, para los querellantes que están tras quienes movieron los hilos de esta conspiración, Lepe y compañía no habrían cometido sólo el delito de inducción al falso testimonio, sino también constituyeron una asociación ilícita para delinquir.
El juez Madrid debe resolver además qué participación pudo caber en esta intriga al ex fiscal y auditor del Ejército, general Fernando Torres Silva, y a su brazo derecho, el coronel de justicia Enrique Ibarra.

Un Nuevo Actor en Escena
La aparición de Jorge Vial Collao en la escena aporta novedades. El hombre es otro comando de elite y estuvo adscrito a las operaciones más riesgosas incluso antes de llegar a la Brigada Mulchén, a comienzos de 1976. El 4 de octubre de 1974, por ejemplo, integró el grupo que, liderado por Armando Fernández Larios, secuestró desde la Penitenciaría de Santiago al ingeniero y ex gerente general de Cobre Chuqui, David Silberman. Su participación en este secuestro, hasta ahora desconocida públicamente, la relató Carlos Labarca Sanhueza, otro ex agente y comando de elite que también formó parte del grupo secuestrador.
El mismo Vial detalló ante el magistrado cómo la brigada a la que estaba adscrito
desembarcó en el siniestro cuartel de la avenida Simón Bolívar, en La Reina, donde la Brigada Lautaro y su Grupo Delfín se dedicaron a exterminar a la dirigencia clandestina del Partido Comunista a partir de 1975.
"La Mulchén era la brigada antiterrorista, que después [en 1977, luego del fin de la DINA] derivó en la brigada llamada J-7, cuyo mando directo lo asumió el director de la CNI, general Odlanier Mena. La J-7 se mantuvo hasta mediados de 1990", declaró Vial, que también pasó por Brasil en 1974, para recibir adiestramiento en tareas de inteligencia por agentes de la dictadura de ese país.

27 de julio de 2008
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hallan a otra víctima de dictadura


Decapitada de Arica: uruguaya detenida en 1973. Investigaciones identificó como Mónica Cristina Benaroyo Pencu el cuerpo momificado que apareció en un recinto militar del extremo norte. Su nombre no estaba en listas oficiales de detenidos desaparecidos.
[Jorge Escalante] Santiago, Chile. La Policía de Investigaciones informó hoy oficialmente al gobierno que el cuerpo sin cabeza encontrado en un recinto del Ejército de Arica corresponde al de una ciudadana uruguaya que fue detenida por militares luego del golpe de rstado de 1973.
Se trata de Mónica Cristina Benaroyo Pencu, nacida en Rumania y con residencia en Chile, cuyo caso no aparece en las listas oficiales de detenidos desaparecidos en manos de agentes de la dictadura de Augusto Pinochet.
Los efectivos policiales de Arica lograron llegar a la identidad de los restos, que se mantenían momificados en medio del desierto, gracias a un trabajo de hidratación de la piel con el que se revelaron huellas dactilares.
Con este material viajaron a Santiago para contrastar la imagen con las que se guardan en los archivos del Registro Civil dada la calidad de residente que tenía Benaroyo.
Se indicó que la mujer fue detenida después del golpe de Estado por militares y que se dictó un decreto de expulsión en su contra antes que se perdiera su paradero. De acuerdo a antecedentes que se disponen en el extranjero, fue vista por última vez antes del 11 de Septiembre trabajando en algo relacionado con la alcaldía de la ciudad.
Se indica que estudió en una Facultad de Filosofía y Humanidades, que dominaba perfectamente varios idiomas, entre ellos el francés y el rumano, y que antes de arribar a Chile trabajó como traductora en Buenos Aires, Argentina.
El cuerpo, exhumado el lunes último, fue hallado, al parecer por un soldado durante un entrenamiento, al interior de un recinto de entrenamiento militar perteneciente al Ejército en un lugar denominado Pampa o Cuesta Chaca, a 25 kilómetros al sur de Arica.
En ese trámite trascendió que entre sus ropas, que aún se conservaban, se encontró una cajetilla de cigarrillos marca Hilton que se fabricó en Chile a fines de década de los años sesenta, y un billete de moneda escudo de la misma época.
A su vez el director del Servicio Médico Legal, Patricio Bustos, confirmó que un equipo del organismo viajará a Arica para trasladar los restos de regreso a Santiago. Utilizarán para esta tarea un avión de la Policía de Investigaciones y de regreso en la capital, indicó Bustos, se realizará el peritaje de ADN, que consiste en tomar muestras óseas para contrastarlas con los exámenes de sangre que se tomarán a los familiares de la mujer que se ubiquen en Uruguay.
La tarea de traslado del cuerpo debería finiquitarse durante este fin de semana considerando la importancia que reviste el caso.
Mónica Benaroyo aparece mencionada en el Informe de Investigación Histórica sobre Detenidos Desaparecidos de Uruguay, documento equivale a nuestro Informe Rettig. Sin embargo, su incorporación al mismo sólo se materializó el 2007 y su registro es mencionado en el tomo cuarto, anexo ocho, que se refiere a ciudadanos uruguayos desparecidos en Chile.

25 de julio de 2008
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prohíben animales en circos


Festejan prohibición de animales en circos de Santiago. Con vista a las próximas Fiestas Patrias, Municipalidad de Santiago Centro no entregará permisos a los espectáculos que utilcen animales por considerarlo una forma de maltrato.
Santiago, Chile. Agrupaciones de defensa de los animales celebran hoy la decisión asumida este miércoles por la Municipalidad de Santiago de prohibir a los circos, habituales durante el período de Fiestas Patrias de septiembre, y a otros eventos realizar cualquier show con animales.
El alcalde Raúl Alcaíno anunció la aprobación por el Concejo Municipal de la ordenanza que prohíbe la realización de espectáculos que involucren la participación de animales salvajes o domésticos, con lo que se convierte en la primera comuna del país que adopta una medida de este tipo.
El presidente de la Coalición por los Derechos Animales (CDA), David Gómez, indicó que en el grupo esperan que la iniciativa "se replique en todo Chile y que con esto se termine con el tráfico de animales y el maltrato que éstos padecen durante toda su vida".
En declaraciones difundidas por radio Cooperativa, el activista consideró que este tipo de decisiones no afectan al trabajo de la familia circense, sino a una práctica "arcaica", alejada de lo que se debe valorar como entretenimiento.
En tanto, la Directora Ejecutiva de la Coalición por el Control Ético de la Fauna Urbana (CEFU), Alejandra Cassino, señaló que distintas organizaciones protectoras ya están trabajando para lograr la prohibición general del uso de animales en los circos.
La medida se suma a otras similares promovidas por el alcalde Alcaíno quien al asumir su cargo declaró a Santiago como la primera comuna no eutanásica de Chile tras prohibir que se sacrificara a mascotas abandonadas por lo que, según se informó en el edificio de Plaza de Armas, a la fecha han sido esterilizados más de 4.000 perros y gatos.
"No me parece bien que la gente se entretenga a costa del sufrimiento de estos animales, que en la mayoría de los casos viven en pésimas condiciones. Los circos y espectáculos pueden ser igualmente atractivos sin necesidad de tener animales que viven hacinados y alejados de su hábitat natural y que, en muchos casos, son maltratados", dijo.
El jefe municipal agregó que "con esta medida no sólo estaremos asegurando el respeto por los animales, sino que además generaremos conciencia sobre la necesidad de cuidarlos y otorgarles un buen trato".
La iniciativa, que entrará en vigencia de forma inmediata, se conoce semanas antes de que los circos comiencen a tramitar los permisos para instalarse en los distintos municipios del país, como ocurre tradicionalmente a partir de los festejos de septiembre.

24 de julio de 2008
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polémica por enclave boliviano


Fuerte polémica por enclave portuario para Bolivia. Senador Cantero propuso salida al mar para afianzar integración.
Antofagasta, Chile. Diversas reacciones provocó la propuesta realizada por el senador Carlos Cantero (independiente) en orden a entregar a Bolivia un enclave en la zona de Cobija, al norte de Antofagasta, a cambio de una porción similar de territorio en Puerto Suárez, en la Provincia de Santa Cruz.
Según Cantero, este intercambio ayudaría a poner fin a siglos de malas relaciones entre ambos países y, además, permitiría que Bolivia obtenga su propia puerta de entrada al Océano Pacífico, mientras Chile accedería a la red de hidrovías que posee la nación altiplánica.

Rechazo
Para el diputado Manuel Rojas (UDI), la propuesta de Cantero, si bien es interesante, plantea una serie de dudas que deben ser aclaradas, por ejemplo, si la cesión en una y otra nación implica o no la pérdida de soberanía para el país que entrega parte de su territorio.
"Hay que aclarar muy bien ese tema, porque una cosa es que permitamos cierta actividad extranjera en territorio chileno y otra muy distinta es que cedamos lo que es nuestro. Yo por lo menos estoy dispuesto a hablar de lo primero, pero de lo otro (soberanía) no", recalcó el legislador.
Manuel Rojas dijo que la mejor fórmula para lograr un acercamiento que favorezca los intereses comerciales y estratégicos de Bolivia sería brindando a esa nación un enclave con "soberanía económica y comercial" en la zona de Cobija.
"Ellos podrían hacer inversiones y obtener beneficios por un tiempo determinado con total independencia, como si se tratara de una concesión.
Eso yo lo apoyo y así lo he planteado con mucha fuerza cada vez que surge este tema, y a cambio podríamos ver la manera en que Bolivia nos ayuda a enfrentar nuestro problema energético con sus reservas de gas", sostuvo.
El diputado Pedro Araya (independiente) coincidió con Manuel Rojas en cuanto a que la propuesta de Carlos Cantero deja abiertas varias incógnitas que es necesario dilucidar antes de pensar seriamente en una posible implementación.
"Por lo que leí parece ser que Cantero propone una especie de permuta de terrenos y no me queda claro el contexto en que ésta se produciría, es decir, si estamos entregando soberanía sobre una parte de nuestro territorio, cosa que desde ya no comparto", explicó Araya.

Tratado
El ex DC recalcó que todas las propuestas son válidas y se pueden estudiar, sin embargo, hizo notar que Bolivia y Chile, más que pensar en fraccionar sus propios territorios, deben avanzar hacia una tratado comercial amplio que favorezca a las dos naciones.
"Podríamos imitar un modelo como el de la Unión Europea, donde las personas, los productos y capitales circulan libremente e incluso hay una legislación común.
Creo que por ahí va la cosa, porque así tendríamos un intercambio más fluido y una relación comercial que enriquecería tanto a Chile como a Bolivia", planteó Araya.

21 de julio de 2008
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pobres con bicicleta


Diputados proponen donar bicicletas a las familias más pobres del país. Los parlamentarios recalcaron que esta iniciativa implicaría un menor gasto de estos grupos familiares mensualmente que con Transantiago o con otro sistema de transporte.
Valparaíso, Chile. Los diputados PPD Enrique Accorsi, Ramón Farías y Tucapel Jiménez propusieron al gobierno donar bicicletas a las 250.000 familias más pobres del país, pertenecientes al Programa Puente, con el objeto de que ahorren en locomoción y ayuden a descontaminar no sólo las calles de la capital sino que también las de regiones.
Según el diputado Accorsi, ésta sería "una señal potente por parte del Estado para que las personas de escasos recursos puedan trasladarse a sus trabajos o lugares de estudio sin que estos costos impacten tanto en su presupuesto familiar. La condición sería que estas personas se comprometieran a no vender las bicicletas en un lapso de tiempo que podría ser de cinco años".
El parlamentario propuso además que aquellas personas que tengan una mejor situación económica abran una cuenta en el Banco Estado para adquirir sus bicicletas. "De esta manera, ahorrarían plata haciendo una actividad saludable y se podrían ocupar las ciclovías para descongestionar las calles", afirmó.
Los diputados PPD manifestaron que esta medida puede ser perfectamente implementada por el gobierno haciendo convenios con fabricantes de bicicletas, lo que "generaría empleo en forma permanente, ya que también beneficiaría a aquellos que se dedican a reparar las bicicletas".
Finalmente, los parlamentarios recalcaron que esta iniciativa tendría un impacto muy fuerte entre las familias más pobres, y el costo que implica es menor a lo que gasta una de estas familias mensualmente en el Transantiago o en otro sistema de transporte.

21 de julio de 2008
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aunque me cueste la vida


Así es el documental sobre el hombre que filmó su propia muerte. El 29 de julio se exhibirá en la Cineteca Nacional ‘Aunque me cueste la vida’, relato visual de la vida y muerte del argentino Leonardo Henrichsen quien fue asesinado en calle Agustinas mientras grababa el ‘Tanquetazo’.
[Rodrigo Quiroz Castro] Santiago, Chile. En calle Agustinas entre Morandé y Bandera, ahora hay un Starbucks. Ahí la gente espera su café. Afuera hay vendedores ambulantes en silla de ruedas que ofrecen lentes y portacd. Ninguno sabe quién es Leonardo Henrichsen (L.H.). Ningún transeúnte sabe que el camarógrafo argentino fue asesinado en esa calle el 29 de junio de 1973 en el levantamiento militar conocido como el ‘Tanquetazo’. Ninguno sabe que era un tipo alto de barba tupida, que tenía 33 años, tres hijos, que amaba los trenes y cazar imágenes.
A 35 años de los hechos y pese a ser el crimen más probado de la historia, la justicia no ha dictado condenas. Sólo hay una querella en manos de la Corte de Apelaciones de Santiago (ver recuadro) y una secuencia imborrable: él apuntando su cámara Éclair hacia la esquina de Agustinas con Morandé desde la calle a la altura del edificio del Banco Central. Un camión de militares que se estaciona donde ahora está el Scotiabank, desde lejos parece una carretilla con bayonetas o un escarabajo infernal. Bajan los soldados, tiran balas al aire y a los cuerpos. Los civiles corren desesperados. Él y su compañera de trabajo Sigrid Gumilla Molin (28) gritan: "¡Somos periodistas!". El plomo no cesa. Henrichsen persiste en la grabación posesionado por el registro. Captura a sus asesinos, cree que la cámara es una coraza. Sin embargo, tambalea y cae.
La historia del camarógrafo que registró su muerte vuelve a través del documental "Aunque me cueste la vida", que los argentinos Pablo Espejo y Silvia Maturana presentarán en Chile el 29 de julio. El trabajo basado en las investigaciones de Ernesto Carmona y Modesto Emilio Garrido, muestra la formación del reportero de riesgo Henrichsen y habla del convulsionado momento político de Latinoamérica.
"Las imágenes que filmó Leonardo Henrichsen nos parecen las más dramáticas de la historia, imagínate que una mañana cualquiera, personas que tienen el salvoconducto del Estado para portar armas y que son expertos tiradores, disparan munición antiaérea en el centro de Santiago", dicen desde Argentina.

Ciudad Violenta
La mañana del 29 de junio de 1973 los automovilistas que iban a sus trabajos se toparon con tanques en Santa Rosa con Alameda. Habían salido del Regimiento Blindados Nº2 de la guarnición de Santiago que se encontraba en la novena cuadra de esa calle y llegaron por Moneda hasta palacio.
Era día de pago y la gente caminaba tranquila por el centro cívico. A las 9:01 los militares abrieron fuego contra la sede de gobierno. La radio hablaba de golpe de Estado, y los colegios se vaciaban. El centro era un infierno. Desde Amunátegui hasta Estado nadie tenía segura la vida. Todos arrancaban, menos unos.
El cine Metro que se ubicaba en Bandera tenía en su marquesina el estreno de la semana: ‘Ciudad violenta’ con Charles Bronson y Telly Savalas. En el Hotel Crillón, Henrichsen tomaba desayuno y sintió los disparos. Abortó el café y salió a filmar. Antes fue a buscar a su compañera de la Televisión Sueca, a su oficina de calle Bandera. Estaban en el país preparando un documental para el que el día anterior habían entrevistado a Sergio Onofre Jarpa.
El equipo se instaló a filmar a unos 30 metros de los militares. La gente corría y en el documental Gumilla Molin dice que el silbido de una bala la dejó sorda, que por miedo se ocultó tras Henrichsen. Luego vio al camarógrafo sangrar por el pecho y por la espalda. Entonces él le pide que huya y ella corre. Desde calle Bandera ve cómo un uniformado le arrebata la cámara. L.H. no la suelta y resiste.
"Pensó que no le iban a tirar", dice su hermana Leticia en el documental. Y Tadeo Bartonowsky, su maestro en el oficio de cazar imágenes, recalca: "Estaba posesionado por la toma".
Ese día murieron 22 personas y luego de una lucha de tres horas las tropas leales a Allende lideradas por el general Carlos Prats detuvieron el alzamiento dirigido por Roberto Federico Souper Onfray y por civiles del movimiento de ultra derecha, Patria y Libertad que encabezaba Pablo Rodríguez Grez. Pinochet apareció cuando ya todo estaba consumado con ropa de combate. Nunca se condenó a quienes participaron en los hechos.
Ese día Leonardo Ristori atendió a L.H. en la Posta Central. En la película, el ahora funcionario de Clínica Indisa, recuerda que Henrichsen luchó contra los funcionarios, "que de repente se sentó en la camilla sangrando venalmente y que luego cayó de espaldas muerto". Era la primera vez que el doctor veía un chaleco de camarógrafo.
Mientras Henrichsen moría, un militar abría la cámara, arrancaba la cinta y la botaba a una alcantarilla. Desde ese húmedo lugar alguien la rescató y la hizo llegar a Chile Films.
Como la Éclair tenía doble cámara, el soldado despedazó la cinta equivocada. Ese día el mundo comenzó a venirse abajo y una cámara lo mostraba.

No Escape
El trabajo del documental ‘Aunque me cueste la vida’ comenzó el 2002 influenciado por las investigaciones del escritor venezolano Modesto Emilio Guerrero. Espejo y Maturana hicieron notas en Buenos Aires y en Chile. "Estuvimos con el médico que lo atendió, el abogado que está llevando adelante la causa (Hiram Villagra), personas que habían investigado el ‘Tanquetazo’ y la muerte de L.H. Lo más importante fue que encontramos al jefe de la patrulla que lo asesinó. El año pasado, en Conchalí, logramos grabarlo. No pudimos hablar con él porque escapó", dice Silvia Maturana.
Héctor Bustamante Gómez es el militar que sale disparando la pistola en primer plano en las imágenes famosas. Él se convirtió en el rostro de este crimen que dio la vuelta al mundo.
"El culpable directo no es Bustamante. No tenemos dudas de que fue un fusil y no una pistola, con esa arma que el tenía no pudo matarlo, pero ese hombre es el ícono de lo que estaba enfrentando Leonardo", dice Maturana.
"Bustamante vio dos veces en su vida una cámara. En 1973 mató al tipo que la tenía y el año pasado, 34 años y un días después, vio a unos tipos que no conocía y huyó. Para él una cámara era el símbolo del fin de la impunidad quizá en nuestro caso, una cámara, una noticia o una foto, sea el comienzo de la justicia", agrega Pablo.
El ex cabo Héctor Bustamante murió en una cama del Hospital Militar de Santiago el martes 18 de diciembre de 2007. Recién se difundió públicamente su deceso en enero de 2008 por "neumonía basal izquierda y cáncer pulmonar".

Los Cóndores
El vínculo de Henrichsen con Chile comenzó en su infancia cuando jugaba en la plaza del mismo nombre, mucho antes de abrazar el oficio de ‘camaraman’ en el programa ‘Sucesos argentinos’. Ahí filmó locomotoras en movimiento desde el techo de las mismas y se colgó desde un helicóptero para grabar un nido de cóndores. También estuvo en los funerales de Kennedy, en Bolivia en busca del ‘Che’ y en los conflictos argentinos de Córdoba y Ezeiza. En el primero unos paracaidistas se habían alzado contra el golpista Juan Carlos Onganía, y Henrichsen retrató esas imágenes. Bartonowsky recuerda que tuvo que arrastrarlo para huir de la metralleta de los aviones. También estuvo filmando a Somoza en el terremoto de Nicaragua y fue el primer camarógrafo en grabar exteriores para una teleserie argentina en ‘Rolando Rivas, taxista’.
"Era un camarógrafo extraordinario y en ese sentido nosotros hicimos una película con dos lecturas: por un lado la historia de su vida y el contexto político apasionante en el que se mueve y también una lectura para los que trabajamos en los medios de comunicación. Porque con las tomas del 29 de junio, con tres soldaditos y gente corriendo armaba la nota y la despachaba no era necesario hacerse matar. Pero él tenía una militancia periodística, sentía que tenía que informar porque era el único que estaba en ese momento para contar lo que estaba pasando", dice Pablo.
Y qué nos venía a contar: "Lo que pasaría en Latinoamérica, 30 mil desaparecidos en Argentina, 8 mil en Chile, ese 29 de junio lo que se quería era matar la posibilidad de informar".

Los Realizadores: "No a la Prescripción"
A pesar de la marcha del tiempo y de la muerte del rostro del ‘Tanquetazo’, Espejo y Maturana creen en la no prescripción de los crímenes de lesa humanidad. "Aspiramos a que nuestra película instale en la opinión pública y en la consideración de quienes tienen que tomar las decisiones judiciales, que semejante homicidio tiene que ser juzgado", declara Pablo.
La dupla que estará en Chile para la presentación (29 julio a las 20 horas en la Cineteca Nacional) hace trabajo social en Argentina a través de talleres de análisis de medios de comunicación en sectores con altos niveles de analfabetismo. "Estamos haciendo una series sobre TV que se llaman Tele macho, Telebobo, Telemiento y Telegarco, que muestra como la TV utiliza a la mujer, estafa a las personas, trafica ideologías y embrutece", cuentan.
Respecto al hecho de que los hijos de Henrichsen no aparezcan en el documental, Maturana dice: "Hablamos con los hijos de Leonardo, querían saber qué estábamos haciendo, íbamos a tener un alegato de ellos al final, pero por tiempo lo tenemos que estrenar sin ellos". "Aunque me cueste la vida" tiene una duración de 83 minutos y cuenta con el apoyo de la Academia de Humanismo Cristiano y La Embajada de Argentina.

Camino Legal
El caso de Henrichsen fue instruido por la Segunda Fiscalía Militar de Santiago (Rol 2765-73), sin establecer responsables. El 2005 los hijos del camarógrafo Andrés y Josephine Henrichsen presentaron una querella por el delito de homicidio calificado, asociación ilícita y delitos de lesa humanidad en el segundo juzgado del crimen de Santiago contra Héctor Bustamante y Pablo Rodríguez Grez. El 2006 Romy Rutherford desestimó por "prescripción" esa querella.
Sin embargo, el 2007 la Corte de Apelaciones de Santiago encomendó al ministro Jorge Zepeda Arancibia investigar los asesinatos de Henrichsen y de otros tres argentinos, Óscar Héctor Bugallo Celuzi, Miguel Angel Lacorte y Héctor Garzán Morillo.
Pese a la muerte de Bustamante conocida el 2008 esta diligencia judicial sigue su curso y apunta a todos quienes fueron responsables del crimen filmado.

20 de julio de 2008
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nudos de la dictadura


Carreño, Famae, Karin Eitel y los cinco.El último procesamiento dictado en el denominado caso de los cinco reabrió el debate sobre la compleja relación que tuvo la dictadura en el negocio de armas y trajo a la memoria episodios tan dramáticos como la detención de Karin Eitel.
Santiago, Chile. El desaparecido José Toribio Merino describió con bastante certeza y haciendo gala de su peculiar dialéctica, lo que sucedía en 1987. Hablo de "humanoides", "de semi bárbaros" y de un "septiembre rojo".
Sus dichos apuntaban al recién conocido secuestro del teniente coronel Carlos Carreño y a las inmediatas acusaciones de que el Frente Patriótico Manuel Rodríguez había intervenido en estos hechos. El paso del tiempo reveló que detrás de este plagio hubo otros episodios que si bien no son protagonizados por humanoides, sus artífices merecen a lo menos el título de magistrales hacedores de sendos nudos en los cuales aún trabaja por destrabarlos la justicia, en que las armas y la violencia tienen un punto esencial.
Primero se pensó que sólo fue una actuación de la desaparecida Central Nacional de Informaciones (CNI), pero con el paso de los años y la revelación de nuevos antecedentes el organigrama del caso de los cinco, los últimos detenidos desaparecidos de la dictadura, deja a la luz intervinieron muchos más entre ellos el Batallón de Inteligencia Militar que en definitiva los mantuvo cautivos en los calabozos del Cuartel Borgoño.
En su reciente procesamiento el ministro Mario Carroza precisa que "con ocasión del secuestro del Ejército Carlos Carrera Barrera, con fecha 1 de septiembre de 1987, funcionarios de la CNI participaron en un operativo, en el cual, entre los días 9 y 10 del mismo mes, recibieron instrucciones de detener, sin orden judicial, a cinco miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, para eventualmente canjearlos por dicho oficial".
Así se produce las detenciones de Julio Orlando Muñoz Otárola, José Julián Peña Maltés, Gonzalo Iván Fuenzalida Navarrete, Manuel Jesús Sepúlveda Sánchez y Alejandro Pinochet Arenas, todas entre el 9 y 10 de septiembre de 1987.
Las pesquisas del magistrado demostraron que la muerte de los jóvenes y el posterior lanzamiento de sus cuerpos al mar, en las costas de Quintay, se produce sólo una vez que Carreño recupera su libertad en Brasil y para ello un nuevo actor se suma al crimen, pues se utiliza para el traslado de las osamentas un helicóptero del Comando de Aviación del Ejército que parte desde Peldehue rumbo al litoral.
Estos informes son concluyentes para el magistrado que ataca directamente hacia los centros de poder de esa época y procesa al general (r) Arturo Sinclair (ex vicecomandante del Ejército, ex senador designado, ex miembro de la Junta Militar y otrora hombre de confianza de Augusto Pinochet) y junto a él ex jefe de la DINE, Hugo Prado Contreras, y el ex integrante del Batallón de Inteligencia Militar (BIE) actual coronel en servicio activo, Marco Antonio Bustos Carrasco, quien es el jefe del Departamento de Planificación de la División de Logística del Ejército.

Esas Raras Versiones de Antaño
La vinculación que siempre se mantuvo latente entre el secuestro de Carreño y la desaparición de estas cinco personas, se formaliza por vez primera en una resolución, dejando completamente en el pasado las declaraciones que en pleno 1987 realizaba la CNI y la Policía de Investigaciones que afirmaba que las personas eran buscadas "pero no han sido detenidas".
Más categóricos eran los dichos del entonces fiscal Fernando Torres Silva que hablaba de que existiría una relación entre los desaparecidos y personas vinculadas a actividades subversivas. Así, como era de esperar, la denuncia de presunta desgracia presentada en octubre de 1987 en el 14 Juzgado del Crimen tuvo una corta vida en tribunales.
En esa época, un comunicado de Investigaciones planteaba que "se hace deber señalar que no puede excluirse que este cuadro de información periodística y acciones judiciales formen parte de una campaña destinada a crear artificialmente un clima de inseguridad en la población, responsabilizando de ello a las instituciones de Orden y Seguridad".
Y si bien la prensa constataba la desaparición de los cinco y se permitía -al menos algunos medios no proclives al régimen- plantear la teoría de una revancha por el secuestro del coronel Carreño, el resto prefería concentrarse en el destino del uniformado.
Mientras el fiscal Torres Silva seguía uniendo cabos: "Hay situaciones que están apuntando derechamente hacia personas que ya han tenido intervención en hechos conocidos por toda la ciudadanía", e insistía al señalar que "que la participación no sólo dice una conspiración para la comisión de determinados delitos y estos requieren de una preparación bastante mayor que para cualquier otro".
En la práctica Carreño sólo fue hallado el 3 de diciembre de 1987 en la ciudad Sao Paulo, Brasil, tras 93 días de cautiverio, se procesó a decenas, se detuvo otros tantos y se levantaron acusaciones de toda índole, pero lejos el episodio más impactante tuvo que ver con Canal 7.

La Imagen de Karin
En medio de las pesquisas policiales se llegó hasta el nombre de la joven Karin Eitel, la estudiante permaneció incomunicada por días, acusada de participar en el secuestro y sindicada como miembro del FPMR.
Su nombre podría ser otro más de la lista de personas que deambularon para declarar, pero su aparición en la televisión fue lo que marco la señal de alarma.
Sus palabras pudieron ser vistas por todo el país. En TVN se difundió un video en que Karin Eitel con claras señales de haber sido torturada, con su rostro en exceso maquillado, respondía a consultas de un interrogador.
Decenas de cortes matizaban la cruel escena en que la joven, cuya sola voz evidenciaba trastornos, respondía sin cesar las consultas sobre su vinculación al plagio de Carreño. "Tu participación en el secuestro del coronel Carreño", decía el interrogado y ella respondía: "Mi actividad en relación con el secuestro del comandante Carreño se inicia el día 4 de septiembre, cuando mi jefe me propone, no me propone, me ordena que lo acompañe a hacer un llamada". El interrogador le pregunta: Nombra a tu jefe y ella señala "Fernando de hacer una llamada por teléfono comunicándome con la familia del Comandante, para avisarle que Carlos Carreño estaba en manos del Frente y que nos comunicaríamos en 48 horas. Después empiezo a realizar las otras llamadas con las mismas instrucciones de Fernando, para estar en contacto con la familia y posteriormente, con el padre Alfredo Soiza (quien intercedió para terminar con el secuestro)".

Época de Vuelcos
Mientras los familiares de los cinco veían como en tribunales se reabría la investigación y Karin Eitel intentaba recuperar su vida normal después de su detención, surgían nuevos antecedentes del caso Carreño.
La estela de dudas siempre se mantuvo en torno al publicitado secuestro tomó bríos con teorías de encubrimientos y armas. Un total de once archivos desclasificados por la CIA informaban de que el secuestro tenía matices. Uno de los documentos, en sus escasas partes legibles, indica que "Carreño estaba extremadamente aterrorizado y ofreció información a cambio de su vida aún antes de que comenzara el interrogatorio. Carreño dijo al FPMR que FAMAE vendió armas al comando de extrema derecha Once de Septiembre en el cual se encuentran comprometidos oficiales de la DINA, Ejército y Carabineros, y funcionarios de la firma de seguridad Alfa Omega, encabezada por el general Manuel Contreras. Carreño también dijo al FPMR dónde están localizados los depósitos de armas del Ejército". En otro informe se plantea que Carreño habría entregado también a sus captores información sobre negocios turbios de Augusto Pinochet y acciones pasadas de la DINA.
Pero el golpe vino después cuando estalló definitivamente el caso al descubrirse que Carreño debía viajar a Irán para avalar una fallida venta de bombas ‘avispa’ de Famae, travesía que no se concretó. Las ‘avispas’ eran una copia de las bombas de racimo fabricadas por el empresario Carlos Cardoen. El episodio derivó en una disputa judicial por robo de propiedad intelectual que ganó Ferrimar -la empresa pantalla de Famae- en la Corte Suprema.
En 1987, el teniente coronel Carlos Carreño era gerente de la Fábrica de Maestranzas del Ejército (Famae) y en ese rol estaba vinculado con viajes a Teherán y el negocio de armas. La idea era comerciar a través de Ferrimar las mentadas bombas ‘avispa’, pero hubo una falla y un avión iraní se desplomó. De inmediato el régimen pidió una compensación por la pérdida y así surge la formula de entregar un avión F-5, a lo que suma también la idea de lograr la venta de quince F-5 en la operación conocida como Foxtrot. El viaje que debía ratificar el negocio estaba programado para el 2 de septiembre de 1987, pero un día antes fue el secuestro de Carreño.
Los nudos comienzan a tejerse cuando se conoce que no todos estaban de acuerdo con los negocios con Irán, la Fuerza Aérea de hecho no simpatizaba con la idea, pero Carreño se sentía triunfante y lograba los respaldos necesarios para avanzar o al menos eso es lo que pensaba. Los círculos de inteligencia se movían y las pesquisas posteriores han demostrado de una fuerte infiltración de estos organismos en entidades como el Frente una explicación más que plausible para entender el plagio de casi tres meses y más para comprender los roles jugados por distintos agrupaciones como la BIE.
El caso no en vano guarda demasiadas semejanzas con la muerte del general Gerardo Huber, otra causa en que las armas marcan la pauta. Sobre Huber impera la teoría de que en su secuestro y posterior muerte intervino la Brigada de Inteligencia del Ejército (BIE) en una reacción después del fallido tráfico de armas de Croacia. De hecho Carreño ha declarado en el cuaderno secreto de este proceso.
Las pesquisas del ministro Carroza y ya ha comentado su interés de avanzar no sólo en la muerte de los cinco frentistas, sino que además en el secuestro de Carreño y sus vinculaciones.

Los Reos
Después de años de letargo, el primer golpe en la investigación lo otorgo justamente el entonces titular del Tercer Juzgado del Crimen, Mario Carroza, quien en su rol de juez con dedicación exclusiva establece en 2002 que se desarrolló un operativo por parte de la CNI encomendado a la denominada brigada ‘Verde’ cuyo fin era desarticular el Frente.
Así determina que como coautores del secuestro calificado de Peña y Piñoches existen presunciones fundadas de la participación del ex director de la CNI, general (r) Hugo Salas Wenzel, el mayor (r) Álvaro Corbalan y el teniente (r) Kranz Bauer Donoso. En tanto, por el secuestro de Pinochet son encausados César Acuña Luengo, René Valdovinos Morales y un agente civil. En el caso de Peña se procesa a Víctor Ruiz Godoy, Luis Sanhueza Ross, Luis Santibáñez Aguilera y otro civil.
Pasarían seis años para que en abril recién pasado el mismo Carroza declarara nuevos reos en la investigación. La lista incluye ahora a Gonzalo Maas del Valle, Heraldo Velozo Gallegos, Sergio Mateluna Pino, Roberto Rodríguez Manquel, José Fuentes Cortez, Juan Alejandro Astudillo Adonis y Patricio Leonidas González. A ellos ahora se suman Santiago Sinclair, Hugo Prado y Marcos Bustos.

19 de julio de 2008
©la nación
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