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cine

en las películas los héroes son masculinos


[Barbara Meltz] Según constata nuevo estudio.
Un estudio de las películas para niños aprobadas por la Asociación Cinematográfica de América [Motion Pictures Association of America] MPAA más populares de los últimos 15 años ha constatado que tres cuartos de los personajes son masculinos, agravavando la preocupación de que Hollywood está inconscientemente diciendo a los niños que las mujeres son menos importantes que los hombres.
El estudio examinó 101 películas de gran taquilla aprobadas por la MPAA entre 1990 y 2004 y constató que un 75 por ciento de los personajes son masculinos. Un 72 por ciento de los roles con diálogo eran hombres, y un 83 por ciento de los personajes en escenas con grupos eran masculinos. El estudio, titulado ‘Where the Girls Aren’t’ [Dónde no están las chicas], analizó 4249 personajes con diálogo en películas de acción y animadas para niños de menos de 11 años.
El estudio, hecho por la Annenberg School for Communication de la Universidad de California del Sur, fue financiado por See Jane, un programa de la organización sin fines de lucro Dads & Daughters [Padres e Hijas] que propone un equilibrio en la representación de los géneros en productos de comunicación para niños. Davis, madre de tres niños, es la fundadora de See Jane.
"Las niñas ocupan la mitad del espacio del planeta, pero los espectáculos que ven niños y niñas desde su más tierna edad enseñan que las historias de niños son más importantes que las de niñas", dijo Davis en una conferencia telefónica.
Debido a que los niños tienden a mirar los mismos videos una y otra vez, el mensaje es reforzado constantemente, dijo Stacy L. Smith, la directora de investigación del proyecto. "Estas representaciones poco realistas pueden influir poderosamente en los niños de menor edad", dijo.

La Lista de 101 Películas
Davis dijo que See Jane espera colaborar con los estudios de cine para superar el desequilibrio. También dijo que espera que los resultados pongan en alerta, no paranoicos, a los padres. El estudio recomienda que los padres muestren a sus hijos películas con diversidad de géneros y hablen con ellos sobre los desequilibrios de género.
Joe Kelly, presidente de Dads & Daughters, señaló como ejemplo la película animada de 1995, ‘Historia de juguetes’ [Toy Story]. "Es una película maravillosa, divertida, inteligente, y tiene un mensaje realmente importante: que es posible que personalidades que chocan y tienen valores diferentes puedan trabajar en conjunto en la búsqueda de un objetivo común", dijo. Pero también tiene un solo un juguete femenino con diálogos, Bo Peep.
Cuando sus hijas eran más pequeñas, Kelly vio la película muchas veces, "y nunca me di cuenta". Si la viera ahora con un niño de 5 a 11 años, él me señalaría lo ladeada que es: "Me di cuenta de que de todos los juguetes que hablan, sólo uno es una niña, y no dice demasiado. Si Woody fuera un juguete niña en lugar de niño, ¿no crees que la película se vería diferente? Si estuvieras haciendo una película con juguetes que hablan, y la mitad de ellos fueran juguetes masculinos y la mitad femeninos, ¿qué tipo de película harías?"
Un portavoz de Pixar, el estudio que hizó ‘Historia de juguetes’ y varias otras películas animadas, incluyendo ‘Buscando a Nemo’ [Finding Nemo], se negó a comentar el estudio.
Davis -que hace de presidente de Estados Unidos en ‘Comandante en Jefe’ [Commander in Chief] de la ABC- dijo que ella se interesó por primera vez en los estereotipos de género después de su papel de ‘Thelma & Luisa’ en 1991.
"Fue extraordinario ver la influencia positiva que tuvieron esas imágenes en las mujeres", dijo Davis, que creció en Wareham y se graduó en la Universidad de Boston.
Cuando empezó a mirar los videos de su hija, Alizeh, se puso a contar los personajes femeninos y masculinos. "Me sorprendió ver que los personajes femeninos con los que me hubiese gustado que se identificara eran tan pocos".
Felizmente, dijo, el video favorito de Alizeh en estos días es ‘Mulán’, uno de las siete películas de la lista de 1001 destacada por su equilibrio de género.

9 de febrero de 2006

©boston globe

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desde la cabina de un camión


[Manohla Dargis] Por las áridas tierras de Brasil, sin que pase mucho.
La película brasileña ‘Cine, aspirinas y buitres’ es, como sugiere su quijotesco título, una historia sobre películas, analgésicos y carroñeros. Pero esta película de carretera sobre dos hombres que viajan por los polvorientos caminos secundarios del país más grande de América Latina gira también sobre cómo un poco de imaginación y un director de primera pueden triunfar sobre la escasez de medios.
Ambientada en 1942 y principalmente en la cabina de un camión, es el tipo de producciones a escala humana que cautiva tu atención por su buena actuación, guapa iluminación y un guión que prefiere el pensamiento por sobre la acción, el reflexivo incidente por sobre el episodio bien desarrollado. Aquí, ni la gente ni los buitres picotean huesos.
La película empieza y termina con imágenes fijas de un hombre conduciendo un camión a través de una cegadora luz blanca en un país que parece estar hirviendo. El primer hombre, Johann (Peter Ketnath), es un vendedor de aspirinas que, tras huir de la Alemania antes de la guerra, ahora trata de vender su producto a los campesinos utilizando como cebo películas publicitarias crudamente efectivas.
A la vez cauto y despreocupado, Johann disfruta de la compañía de los ocasionales autostopistas, que es como encuentra al segundo chofer y al hombre que lleva la historia a su fin, Ranulpho (João Miguel). Un refugiado del árido norte de Brasil y, como Johann, huyendo a la vez del pasado y del futuro, Ranulpho está buscando más una salida que un viaje.
Cumple su deseo, pero antes de que eso ocurra, el director de la película, Marcelo Gomes, que escribió el guión con Karim Ainouz y Paulo Caldas, lleva a los viajeros a un viaje en el que cada momento cotidiano parece temblar de misterios y posibilidades. (Gomes ayudó a Ainouz a escribir su bien acogida película debut, ‘Madama Satã’). Entre campesinos aturdidos por el calor y la sequía, platos de cabra, mujeres llorando, vistas bellamente resecas y la imagen de São Paulo brillando en las ventas en blanco y negro de Johann, los dos descascaran capas de diferencias nacionales, sociales y de clase abreviando tentativamente sus divisiones. Con el tiempo, estos desconocidos devienen menos extraños uno para el otro. Pero nunca amigos.
En ‘Cine, aspirinas y buitres’ no hay revelaciones a última hora ni epifanías solemnes -ni asesinatos, ni dramas, ni sangre en la alfombra. En realidad, es la historia de dos personas corrientes sin ambiciones ni lealtades políticas, hombres consumidos no por la historia, sino simplemente tratando de llegar al día siguiente. De vez en vez, uno de ellos enciende la radio, trayendo la guerra un poco más cerca, pero la mayor parte del tiempo es una película sobre los tipos de individuos poco remarcables que sobreviven épocas extraordinarias antes que triunfar sobre ellas. Cuando se conoce, Ranulpho le dice a Johann: "Como diría mi abuela, ‘Feliz es el animal que se come al otro’". Durante gran parte de la película esperamos que los hombres empiecen a mirarse dando rodeos como buitres. En realidad, hablan, conducen, pasan el tiempo. ¿Qué más se puede querer?

Cine, aspirinas y buitres
Dirección Marcelo Gomes Guión Gomes, Karim Ainouz y Paulo Caldas Fotografía Mauro Pinheiro Montaje Karen Harley Arte Marcos Pedroso Producción Sara Silveira, Maria Ionescu y João Vieira Jr. Distribución  Global Film Initiative. Duración: 99 minutos.

Reparto Peter Ketnath (Johann), João Miguel (Ranulpho), Fabiana Pirro (Adelina) José Leite (Man at Restaurant), Zezita Matos (Woman With Chicken) and Hermila Guedes (Jovelina).

9 de febrero de 2006

©new york times
©traducción mQh

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persistente tufo del cine con olor


[Martin J. Smith y Patrick J. Kiger] Los atormentados intentos de hacer con olfato demostraron que es mejor dejar algunas cosas solamente a la imaginación. La temporada del Oscar es una buena ocasión para celebrar una de las peores ideas de la historia del cine.
En 1960 cuando la película policiaca ‘Perfume de misterio’ [Scent of Mistery] se estrenó en Los Angeles, Nueva York y Chicago, el público fue recibido con algo más que vistas y sonidos. Mientras zumbaba el proyector, un aparato conocido como rotor bombeaba hacia las butacas de los espectadores treinta aromas diferentes -vino, pan recién hecho, tabaco de pipa, brisa marina- a través de un sistema de pequeños tubos.
Fue el debut del glorioso ‘Smell-O-Vision’, la pieza maestra de Hans Laube, presentado en las descripciones publicitarias de la época como "osmólogo de fama mundial", y de Michael Todd Jr., el extravagante productor que amaba los trucos. Aunque ‘Perfume de misterio’ no fue el primer intento de emplear aromas en el cine, fue de lejos el intento más intrincado tecnológicamente. Más allá de eso, fue la primera -y aparentemente la única- que utilizó los aromas como parte integral de la trama. Y Laube y Todd tenían grandes esperanzas. Los anuncios de la película proclamaban: "¡Primero se movieron! (1895) ¡Luego hablaron! (1927) ¡Ahora huelen!"
Dejando de lado su extraordinaria naturaleza, Smell-O-Vision no impresionó ni al público ni a los críticos, y ‘Perfume de misterio’ desapareció rápidamente de las salas de cine. Hoy se la recuerda, si acaso, como un elemento en la sección de trivialidades de los sitios de aficionados al cine en la red.
Sin embargo, el intento de Laube y Todd de jalar al público cinéfilo por las narices auguraba una cultura post-moderna en la que la manipulación de los aromas se ha convertido en una poderosa herramienta de manipulación de la conducta del consumidor, con fabricantes que atacan las ventanas de la nariz con alfombras con olor a manzanilla y sofás con olor a rosas, y relojes de pulsera y celulares que huelen ligeramente a café. Los aromas sintéticos se han hecho tan ubicuos que alguna gente los considera riesgos del ambiente. De hecho, Laube y Todd fueron visionarios.
Casi desde la invención del cine, los directores han tratado de explotar los sentidos, además de la vista. Algunos trucos, como el sistema THX que provee de sonido de alta calidad a las salas de cine, han sido exitosos. Otros, como el Sensurround -una violenta tecnología que simula el movimiento, usada en la película ‘Terremoto’ [Earthquake] en 1974-, fueron un desastre.
El sentido del olfato ha tentado a los directores durante largo tiempo, y por buenas razones. Las neuronas olfativas en la cavidad nasal, que detectan los componentes químicos de los olores, y el bulbo olfativo del cerebro -un grupo de células que identifica los impulsos nerviosos y que determina, por ejemplo, que no confundamos al jazmín con los pétalos de rosas- son capaces de sentir e identificar unos diez mil olores. Investigaciones han demostrado que los olores pueden estimular respuestas fisiológicas de la gente antes incluso de que se den cuenta de que están oliendo.
No fue accidente que los antiguos festivales griegos tales como los misterios eleusianos estuvieran repletos de poderosos aromas, entre ellos el del incienso quemado y flores. En el siglo 19, los escenógrafos usaban a veces olores como efectos especiales de las piezas. Desparramaban en los teatros agujas de pino para sugerir el olor de un bosque, o comida cocida para simular los aromas de un restaurante.
De hecho, el uso de los olores en la industria cinematográfica precedió la introducción del sonido. En 1916 los propietarios del Familty Theater en Forest City, Pensilvania, untaron bolas de algodón en agua de rosas y los colocaron ante un ventilador eléctrico durante un noticiario sobre un partido del Torneo de las Rosas. Similarmente, en 1929 un teatro de Boston puso aceite de lilas en el sistema de ventilación para poner al público a punto para ‘El gran combate’ [Lilac Time], una historia de amor escenificada en la Primera Guerra Mundial. Ese mismo año, cuando se estrenó en Nueva York ‘La melodía de Broadway’ [The Broadway Melody], uno de los primeros musicales de Hollywood, se roció perfume desde el techo.
A principios de los años cuarenta, Hollywood experimentó con el uso de aire comprimido para provocar varios aromas artificiales a través de los sistemas de aire acondicionado. En 1943 un teatro de Detroit proyectó ‘Halcón del mar’ [The Sea Hawk], una película de espadachines con Errol Flynn, con aromas como el olor de alquitrán de un buque de vela, para crear atmósfera. Y en la función estaba también ‘Fruto dorado’ [Boom Town], un drama en el que cada personaje tenía un perfume aparte: tabaco para Clark Gable, pino para Spencer Tracy, y perfume My Sin para Hedy Lamarr.
Había dos defectos evidentes en los primeros intentos de hacer cine con olfato. Como se agregaron a películas existentes, eran una ofensa para la estética del cine, una distracción de las intenciones del director. Además de eso, las nubes de perfume que se acumulaban en las salas causaron problemas, porque la nariz humana tiene dificultades en pasar a un nuevo aroma mientas no se libere de las moléculas espoloneadas por los aromas previos. La gente puede sufrir de ‘fatiga olfatoria’ y el olfato deja de funcionar poco a poco; pensemos en el fumador que ya no distingue el acre hedor de su cigarrillo. El invento de Hans Laube parecía una solución. Era un suizo alto, de pelo canoso, que llevaba unas gafas de severo negro y aire de búho, y ha sido identificado como profesor, ejecutivo de publicidad, ingeniero eléctrico y "experto en osmología, la ciencia de los aromas".
Según un informe, antes de la Segunda Guerra Mundial inventó un método para limpiar el aire de los grandes auditorios que fue usado ampliamente en toda Europa. Este éxito le llevó a una fascinación con invertir el proceso: poner olores de su gusto de vuelta en las salas. Desarrolló un proceso de suministro de aromas en el que los químicos era transportados a través de una red de tuberías conectadas a las butacas individuales en los teatros, de modo que se podía regular precisamente la ocasión y la cantidad de aroma. Con su colega Robert Barth, Laube produjo un ‘smell-o-drama’ de 35 minutos, una película titulada ‘Mein Traum’ [Mi Sueño] para la Feria Mundial de 1940 en Nueva York. El operador manejaba un panel de control con selectores que le permitían liberar 32 olores diferentes, incluyendo rosas, cocos, alquitrán, heno y melocotón.
El invento de Laube, informó un diario en 1943, "ha producido aromas tan rápida y fácilmente como produce sonidos la banda sonora". El New York Times observó que el público pensaba que la simulación de tocino de la película no era realista, pero que el incienso había salido muy bien.

Dulce Aroma del Exceso
Laube encontró un benefactor en Michael Todd Jr., el hijo del extravagante productor de Broadway y Hollywood, Michael Todd. El viejo Todd, mejor recordado como uno de los maridos de Elizabeth Taylor, había montado una serie de exitosos espectáculos musicales en la misma Feria Mundial de Nueva York en la que Laube había mostrado su corta película experimental. Una década y media más tarde, Todd y su hijo colaborador estaban buscando trucos que hicieran la estrafalaria epopeya de la pantalla ancha, ‘La vuelta al mundo en ochenta días’ [Around the World in 80 Days] todavía más espectacular.
Los olores eran una intrigante posibilidad, y los Todd consideraron varios proyectos diferentes. Finalmente optaron por no incluir los aromas en la película de 1956 -una sabia elección ya que ‘La vuelta al mundo en ochenta días’ había logrado suficiente cobertura como para convertirse en un éxito de taquilla y ganar un Oscar a la mejor película. Tras la muerte del viejo Todd en un accidente de aviación en 1958, el joven Todd -que había heredado de su padre la inclinación por lo estrafalario- decidió probar la tecnología de Laube. Contrató al inventor suizo para una película, con la condición de que lo que Laube llamó originalmente ‘Scentovision’ fuera llamado ‘Smell-O-Vision’. Cuando le preguntaron porqué no cambió el nombre a algo más digno, Todd Jr. replicó: "No entiendo cómo puedes ‘dignificar’ un proceso que introduce olores en los teatros".
El juego de palabras maravillosamente hortera de Todd Jr., tuvo gran éxito en los periódicos. El columnista sindicado Earl Wilson escribió con entusiasmo sobre Smell-O-Vision, diciendo que "puede producir cualquier olor, desde almizcle hasta perfumes, y removerlo instantáneamente".
Entretanto, Todd Jr. permitió que Laube usara como laboratorio el Teatro Cinestage de Chicago, de modo que pudiera perfeccionar el proceso patentado. Lo esencial del artefacto de Laube era su rotor -un surtido de contenedores de aromas unidos por una correa que a su vez giraba en torno a un carrete motorizado. Cuando empezaba a rebobinarse el metraje, los marcadores enviaban señales al rotor. Los contenedores, aparentemente ordenados de acuerdo al orden en que serían usados en la película, runruneaban colocándose en posición. En el momento preciso, las agujas pinchaban las membranas en el fondo de contenedor apropiado y soltaban el perfume. Ventiladores eléctricos mezclaban el perfume con el aire, que era entonces bombeado a través de casi un kilómetro de tuberías que se extendían hasta agujeros debajo de cada butaca en el teatro. Al final de la película, la correa era rebobinada y los contenedores vueltos a llenar.
Incluso Laube se dio cuenta de que Smell-O-Vision tenía ciertas limitaciones estéticas. Propuso la teoría de que los dramas más pesados no se llevarían muy bien con los aromas, aunque los materiales más ligeros podrían ser realzados con el aroma correcto. Todd asintió sabiamente, y programó que Smell-O-Vision debutara en la irónica película ‘Perfume de misterio’, en lugar de en una épica bíblica o un drama de época.
‘Perfume de misterio’ gira sobre un fotógrafo (el actor británico Denholm Elliott) de vacaciones en España que descubre una trama para asesinar a una bella heredera americana (la propia madrastra de Todd Jr., Elizabeth Taylor, en una sorpresiva y breve aparición). Con la ayuda de un chofer aficionado al brandy (la leyenda del cine, Peter Lorre), Elliot se embarca en una salvaje cacería a través del pintoresco campo español para desbaratar el plan.
‘Perfume de misterio’ hacía frente a la difícil tarea de estar a la altura de las expectativas que Todd Jr. había despertado tan diestramente para Smell-O-Vision. La tecnología fue anunciada como mucho más precisa y realista que todos los intentos previos de hacer cine con olfato, y muchos, como el escritor del New York Times, Richard Nason, pensaron que podría realmente significar un genuino avance del cine -del mismo modo que los primeros primitivos intentos de agregar sonido fueron seguidos finalmente por la banda sonora sincronizada.
La película se estrenó en tres salas equipadas especialmente en febrero de 1960. Algunos de los efectos aromáticos habían sido incluidos claramente para demostrar las capacidades de la nueva tecnología. Una vista del jardín de rosas de un monasterio iba acompañada, previsiblemente, por aromas florales. Cuando unos barriles de vino ruedan hacia abajo por una colina y se rompen contra una muralla, el aparato produjo el aroma del jugo de uvas. Además, el director Jack Cardiff había incluido varios trucos con olor, como en la escena en la que Elliot y Lorre están bebiendo café y la copa de Lorre despide olor a brandy, provocando que Elliot le de un sermón sobre la necesidad de mantenerse sobrios.
Más allá de eso, esta fue la primera película en la que los aromas eran parte integral de la historia, proporcionando claves básicas a la audiencia. El asesino, por ejemplo, es identificado por el aroma de su pipa de tabaco, y la heredera, por su perfume.
A pesar de los años de laboriosos esfuerzos de Laube, en la noche de estreno Smell-O-Vision no funcionó completamente como previsto. De acuerdo a Variety, los cinéfilos en la galería se quejaron de que los aromas les llegaban segundos después de la acción en la pantalla y eran acompañados por un siseo que les distraía. El crítico de New York Times, Bosley Crowther se quejó de que los aromas eran demasiado débiles, de modo que "los clientes olfateaban y resoplaban como perros pajareros, tratando de detectar los aromas". Sugirió irónicamente que Todd Jr. bombeara gas hilarante en lugar de olores, ya que la película y el guión le parecíeron tan poco densos como los aromas.
Los proponentes de Smell-O-Vision hicieron ajustes técnicos que resolvieron en gran parte el problema, pero era demasiado tarde. Las reseñas negativas y los rumores condenaron a la película al olvido. (El ocurrente cómico Henny Youngman: "No entendí la película -estaba resfriado"). Todd Jr. archivó los planes de instalar Smell-O-Vision en cien teatros en todo el mundo, y la película fue finalmente relanzada como ‘Holiday in Spain’, sin los aromas. Como observó el Daily Telegraph, "la película adquirió un desconcertante, casi surrealista calidad, ya que no había razón por la que, por ejemplo, una barra de pan debiera ser sacada del horno y colocada frente a la cámara por que lo pareció un inconcebible lapso de tiempo".

Ocaso del Smell-O-Vision
Con el fracaso de ‘Perfume de misterio’, Laube desapareció silenciosamente. La carrera en Hollywood de Todd Jr. también se esfumó. Anunció los planes de dos nuevas películas -una de ciencia ficción, ‘Creature from the Bronx’ y ‘Bumpkin’s Holiday’, en la que la acción consistiría en un hombre en un autobús, casi sin diálogo ni subtítulos. No se hizo ninguna de las dos, y Todd Jr. no volvió a producir otra sino dos décadas después. La canción del cisne del autor olfativo fue una versión dolorosamente seria de la novela ‘La campana de cristal’ [The Bell Jar], de la poetisa suicida Sylvia Plath.
Pero la versión de las ‘smellies’, como las llamaron algunos, fue tan obstinadamente persistente como el aroma del meado de gato en una alfombra. En 1981, un cineasta independiente, John Waters, hizo una parodia de la idea en ‘Polyester’, con tarjetas raspa-y-huele ‘Odorama’, y el chiste de Waters fue copiado por los autores de la película animada de 2003, ‘Vacaciones salvajes’ [Rugrats Go Wild], que reclamó que había sido hecha en su homenaje. La película de Laube y Todd Jr. revivió brevemente a mediados de los años ochenta cuando el canal de cable MTV emitió ‘Perfume de misterio’ en conjunto con una promoción de una cadena de tiendas nocturnas que ofrecía tarjetas raspa-y-huele.
En 2000, el director de Hong Kong, Ip Kam-Hung lanzó ‘Lavender’, un romance de fantasía en la que el dueño de una tienda de aromaterapia se enamora de un ángel herido que ha caído en su balcón. Para realzar el aire de la película, los productores gastaron un millón de dólares en aparatos que dispersarían aromas de flores en los sistemas de aire acondicionado de los teatros. Ip dijo al Morning Post del sur de China que se inspiró en historias en internet sobre películas aromatizadas anteriores.
Afortunadamente Ip olvidó el truco en la película ‘Elixir de amor’ [Elixir of Love] de 2004, que se centró en las tribulaciones románticas de una princesa afligida por un intolerable mal olor.

Fragmento de ‘OOPS: 20 Life Lessons From the Fiascoes That Shaped America’, de Martin J. Smith y Patrick J. Kiger, que será publicado el 14 de marzo de 2006.

10 de febrero de 2006

©los angeles times
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traducción mQh

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pantera rosa maúlla como minino


[Stephen Holden] Pero débilmente en mecánico remake con el torpe inspector francés.
En ‘La pantera rosa’, la imagen de Steve Martin girando frenéticamente con un par de vasos de gran valor en los que se les han atascado los puños, vuelve a revivir durante un instante los mareantes años de gloria (principios de los sesenta) de una franquicia cómica que se acabó hace más de veinte años. Cuando se zafa de uno de esos guantes de boxeo de porcelana (según nos enteramos, son unas imitaciones sin valor alguno), lo hace de manera delicada: rompiéndolos sobre una mesa invalorable, que se derrumba y convierte sin demora en un montón de astillas.
Pero porque estamos en 2006, también hay un saludo de cabeza obligatorio a la comedia de mal gusto. Se produce en una escena en la que Martin entra a tropezones en un estudio de grabación en la mitad de una sesión y corre hacia la cabina de sonido, sólo para soltar una explosión de flatulencias que son amplificadas para la audición de todo el mundo. ¿Qué haría hoy una comedia sin una pequeña explosión de gas? Yo diría que nada.
El tira y afloja entre el hoy y el ayer es ilustrado por una broma de Viagra, en la que Martin trata desesperadamente de recuperar una mágica píldora azul después de que esta cayera por accidente en el desagüe de una suite del Waldorf-Astoria. Tan metódicamente inepto que nunca tuvo en sus manos una bombilla que no explotara, su personaje emprende una improvisada expedición de fontanería que resulta en inundación, incendio y montañas de yeso mojado.
Por supuesto, ese personaje es el Inspector Jacques Clouseau, el idiota y torpe detective de policía francés con un impresionante ego, inmortalizado por Peter Sellers. Martin, en su honor, hace un concurso para ver a quién le calzan unos zapatos del sabueso. La buena noticia es que su meticulosa y e ingeniosa actuación ofrece una glosa fina y agradable de una clásica figura cómica. Con un flaco mostacho, sus ojos achicados a dos rajas de sospechosa estupidez, con los brazos pegados a los lados como un soldadito de plomo, el Clouseau de Martin sugiere una versión refinada y canosa del Hitler de Charlie Chaplin. El ridículo acento francés de Clouseau también provoca risitas durante una lección de inglés en la que estropea repetidas veces la palabra ‘hamburger’, haciéndolo peor con cada intento.
La noticia no tan buena es que el talento de Martin no puede competir con el genio instintivo de Sellers. Mientras que Martin se acerca a la farsa intelectualmente, Sellers lo hacía visceralmente. Un terremoto cómico imprevisible, era sublimemente ridículo desde dentro. Debido a que Martin lo hace al revés, podemos seguir desde el principio la idea detrás de cada una de las bien calculadas maniobras, y se pierde el factor sorpresa.
A pesar de sus momentos brillantes, gran parte de ‘La pantera rosa’ es como ponerse ropa vieja cuya talla ya no nos queda y se ve mucho más zarrapastrosa de lo que pensábamos que estaría cuando abrimos el armario. Puede no ser verdad del tema musical eternamente alegre de Henry Mancini, reciclado para la continuidad. Pero la vieja rutina de descorrer las cortinas para exponer ocultándose detrás a nadie o a la persona equivocada, que ha sido además recién brutalmente aporreada, es reciclada demasiadas veces de modos demasiado familiares.
Más a menudo que no, el blanco de estas rutinas es el ambicioso oficial superior de Clouseau, Dreyfus (Kevin Kline), que lo llama para solucionar el asesinato de un entrenador que ha dirigido al equipo de fútbol francés en su triunfo sobre China. En su momento de gloria, el entrenador es asesinado con dardos envenenados, mientras su amante, la estrella pop internacional Xania (Beyoncé Knowles) revolotea a su lado. En medio del alboroto desaparece su anillo de compromiso, un horrible (y horriblemente caro) diamante rosa (la pantera rosa).
Desesperado por ganar la Medalla de Honor, Dreyfus trama convertirse en un héroe nacional encargándose del caso y resolviéndolo después de que Clouseau y Ponton (Jean Reno), el compañero enviado para vigilar a Clouseau, estropeen la pesquisa. Este guión desechable es incluso más tonto y más improvisado de lo que parece.
‘La pantera rosa’ une a Martin con el director Shawn Levy, que pilotó su éxito ‘Doce en casa’ [Cheaper by the Dozen] a figuras de nueve cifras. Aquí, como en ‘Doce en casa’, la fría y racional dirección de Levy le da a la película un aire de artilugio mecánico manipulado por control remoto con un dedo nervioso en el botón de avanzado. Apenas podemos registrar los chistes, que ya estamos en mitad del siguiente. Blake Edwards, que creó ‘La pantera rosa’ y se aferró a la franquicia contra viento y marea, pensaba que la estupidez era suficiente para confiar que sus ritmos naturales impulsaran la historia.
La película hace descaradamente publicidad para la nueva película de James Bond (Daniel Craig) haciendo que Clouseau se codee con 006, como lo llaman, que está trabajando como agente encubierto. ¡Hablando de emplazamiento de productos!

La pantera rosa
Dirección
Shawn Levy Guión Steve Martin y Len Blum, basado en una historia de Blum y Michael Saltzman y otros personajes creados por Maurice Richlin y Blake Edwards y las películas de ‘La pantera rosa’ de Edwards Fotografía Jonathan Brown Montaje George Folsey Jr. y Brad E. Wilhite Música Christophe Beck Diseño de Producción Lilly Kilvert Producción Robert Simonds Distribución Columbia Pictures. Duración 92 minutos.

Reparto Steve Martin (Inspector Clouseau), Kevin Kline (Dreyfus), Jean Reno (Gilbert Ponton), Beyoncé Knowles (Xania), Kristin Chenoweth (Cherie), Emily Mortimer (Nicole) and Henry Czerny (Yuri).

10 de febrero de 2006

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venganza y redención en la frontera


[Michael Phillips] Tommy Lee Jones actúa y dirige historia de una muerte cerca de la frontera tejana con México.
En el centro del fascinante e imprevisible largometraje de Tommy Lee Jones, ‘Los tres entierros de Melquíades Estrada’ [The Three Burials of Melquiades Estrada], yacen dos actos maduros de buenas intenciones. El primero tiene que ver con el anticuado vigilante en el que un ranchero del oeste de Texas, Jones en su más vívida actuación en años, se venga del asesinato de su amigo, el indocumentado del título. El otro ejemplo de buenas intenciones plantea qué puede pasar, en un mundo poéticamente justo, si un brutal guardia fronterizo estadounidense se da cuenta de lo que le viene encima y redime su alma con un pacto.
Esto es lo que hacen guionistas y directores para sobrevivir: Tienen buenas intenciones y tratan de cumplir los deseos en la pantalla. ‘Los tres entierros’ no está interesada en el realismo de los docudramas, o en que una milicia ocupe la porosa y controvertida frontera entre Estados Unidos y México. Fiel a sus orígenes en las películas de vaqueros, los arquetipos de la película son trazados en gruesos trazos. Algunos de los dramáticos giros corren el riesgo de ser artificiosos.
Pero la película de Jones en realidad te lleva a un lugar que no has visitado en un millón de otras películas. Tiene una maravillosa sensación de lugar, y espacio, y lleva la sal y pimienta de un buen cuento. Mientras que ‘En terreno vedado’, el otro ítem en las alturas en este momento, es una excelente historia convertida en una película delicada, aunque ligeramente hinchada, ‘Los tres entierros’ no se ve ni demasiado pequeña ni demasiado grande. Es a la vez una fábula simple y una inteligente odisea moral. O una película de vaqueros del sudoeste.
Detrás de un mostacho curvado hacia abajo, Jones es el ranchero Pete Perkins, empleador y camarada del joven, tranquilo vaquero Melquíades Estrada (Julio César Cedillo), que está tratando de ganar el dinero suficiente para volver a su familia en Coahuila, México. Estrada no ha visto a su esposa o hijos durante años. Antes en la película le dispara y mata el novato de la patrulla fronteriza Mike Norton (Barry Pepper, el soldado tirador Jackson de ‘Saving Private Ryan’).
La película se concentra en Norton en las primeras escenas. Lo que vemos de este gamberro racista, que hace el amor perezosamente con su esposa (January Jones) en la cocina mientras mira televisión, es un retrato casi risiblemente ordinario de la pequeñez moral, entre el porno escondido en su camión y la crueldad con que maltrata a los que cruzan la frontera, por quienes le pagan para que capture. Vas a tener problemas, le dice uno de los superiores de Norton, "si sigues golpeando a esta gente". Norton no tiene ni idea de los problemas que le esperan.
La parte de pueblo pequeño de Texas de ‘Los tres entierros’ se parece al dramaturgo William Inge en un sombrero de 10 galones. La amada de Peter es una camarera del restaurante local (Melissa Meo, irónica y bellamente demacrada) que está casada con el cocinero, pero que también se acuesta con el sheriff (Dwight Yoakum). Por la camarera sabe Pete quién mató a Estrada. En ese punto la película de Jones empieza a trazar el improbable viaje hacia México que hacen Peter y Norton, secuestrado a punta de pistola, llevando a caballo el podrido cuerpo de un hombre muerto. La misión de Pete es que Estrada tenga un funeral decente en México, para compensar su innoble muerte en Estados Unidos.
Una vez que cruza el Río Grande, la película gira hacia un territorio más declaradamente alegórico sin perder su prestancia. Cuando Pete y Mike encuentran a un viejo ciego viviendo en el medio de ninguna parte, la escena evoca un puñado de precedentes fílmicos, incluyendo ‘Frankestein’ y ‘Saboteador’, de Hitchcock. Bajo un agobiante sol, en una sorprendente variedad de paisajes espléndidamente captados por el fotógrafo Chris Menges, la pareja del ranchero y el poli fronterizo intercambian homicidas miradas, no muy diferentes de las de Bogart, Huston y Holt en ‘El tesoro de Sierra Madre’.
En menos cantidad que en la convincente ‘Amores perros’ o la vanamente fracturada ‘21 gramos’, el guionista Guillermo Arriaga se las amaña para intercalar escenas retrospectivas entre las de acción en el presente, especialmente en las primeras partes de la película. Algunas pueden ser confusas en términos de cronología. Otras escenas abusan de la credibilidad. En un momento, Estrada y la inquieta, despechada esposa de Norton, Lou Ann, se encuentran en el cuarto de un motel, mientras Pete y la camarera Rachel disfrutan uno del otro en otro cuarto a algunos metros; más tarde, Norton topa cara a cara con otra mexicana ilegal a la que martirizó durante una redada. Sin embargo, la actuación es tan buena todo el tiempo y Jones, nativo de Texas, hace un trabajo de dirección tan nítido y espontáneo de una historia cara a su corazón geográfico y espiritual, que ‘Los tres entierros’ es una de esas raras películas que se ponen cada vez mejor.
En lo esencial es una historia sobre dos tipos transportando el cuerpo en rápida descomposición de un muerto a través de una línea en el mapa -"Traéme el cadáver de Melquíades Estrada". Pero como demuestran Arriaga y Jones, pasan un montón de cosas a ambos lados de la frontera.

Los tres entierros de Melquíades Estrada
Dirección
Tommy Lee Jones; guión Guillermo Arriaga; fotografía Chris Menges; diseño de producción Merideth Boswell; música Marco Beltrami; montaje Roberto Silvi; producción Michael Fitzgerald, Luc Besson, Pierre-Ange Le Pogam y Jones. Una película de Sony Pictures Classics. Duración: 2 horas 1 minuto.

Reparto Pete Perkins (Tommy Lee Jones), Mike Norton (Barry Pepper), Melquíades Estrada (Julio César Cedillo), Belmont (Dwight Yoakum), Lou Ann Norton (January Jones), Rachel (Melissa Leo)

mjphillips@tribune.com

3 de febrero de 2006

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horripilante crimen a la pantalla grande


[Pat H. Broeske] El espantoso crimen de Elizabeth Short será llevado al cine.
Los Angeles, California, Estados Unidos. Durante su breve vida, Elizabeth Short nunca apareció en una película. No hay ningún registro de que haya aparecido siquiera como figurante. Sin embargo, dentro de la cultura popular Short -que contaba frecuentemente a sus amigas que quería llegar a ser alguien en el mundo del espectáculo- ha emergido casi como una protagonista honoraria cuya misteriosa vida y violenta muerte se adapta a los contornos de un clásico guión de una película de misterio.
Ciertamente era guapa. Junto con su figura de hula-hop, poseía una gran sonrisa, piel de alabastro y rizados cabellos negros. Y murió bien: joven, misteriosamente y de manera horripilante. Los escandalosos titulares que informaron sobre su asesinato en 1947 advirtieron sobre un "maníaco hombre-lobo", cuando los diarios de la ciudad luchaban por hacerse con la primicia. Las fotos de su cadáver -el torso cortado en dos, la cara rajada en una espantoso de sonrisa- fueron omitidas.
Pero el apodo lo hizo pan comido. Se derivaba de una popular película de esa época titulada ‘La dalia azul’ [The Blue Dahlia], con Veronica Lake y Alan Ladd. Short, que a los 22 destacaba con su ropa negra, y su pelo oscuro, a veces adornado con flores, era conocida por sus amigos como La Dalia Negra.
Desde el principio la obsesión ha rodeado el asesinato de Short. Toda una lista de sujetos -hubo docenas- se entregaron, reclamando que ellos la habían asesinado. Pero hasta el día de hoy el caso sigue sin resolver, agregando más morbo a la leyenda. Ahora, casi seis décadas después de su muerte, Universal Pictures prepara el lanzamiento de ‘La Dalia Negra’ [The Black Dahlia], basada en la novela de 1987 de James Ellroy del mismo título, dando a Short su primer close-up en la gran pantalla. Dirigida por Brian De Palma y con un presupuesto de cerca de 45 millones de dólares, la película llegará a las salas en otoño, con un reparto que incluye a Josh Hartnett, Aaron Eckhart, Scarlett Johansson, Hilary Swank y, como la misteriosa mujer del título, a Mia Kirshner.
"No hay muchos casos con la cualidad mística de la Dalia", dijo De Palma hace poco en una entrevista. "Londres tiene a Jack el Destripador. Estados Unidos tiene su Dalia Negra".
Como ávido lector de novelas policiales y en películas de suspense basadas en hechos reales, De Palma se sorprendió sin embargo con la fascinación pública con la Dalia Negra. "Hay un montón de libros", dijo. "Y se siguen escribiendo. La gente obtiene más información, recobran la memoria, encuentran nuevos archivos y nuevas teorías".
Hablando sobre el atractivo de la novela de Ellroy, un oscuro misterio con triángulo de amor y corrupción, De Palma agregó: "Me gustan esas cosas de los años cuarentas, todas esas películas policiales rodadas en Los Angeles -y yo no he hecho demasiadas películas en Los Angeles. Me gustan esos personajes con traje y sombrero, y me gusta esa tipo de cinismo de cine negro que impregna las novelas de Ellroy".
En ‘La Dalia Negra’, Ellroy contó la historia de Short más o menos del mismo modo con que transformó los personajes de carne y hueso en su libro llevado al cine, ‘Los Angeles Confidencial’ [L.A. Confidential], utilizando su asesinato para propulsar los muchos giros y vuelcos de la novela. "Estaba interesado en el arte y el tema", dijo Ellroy, más que en resolver el caso real.
Ellroy, que fue atraído hacia el caso de la Dalia, cuando era niño, a través del libro ‘La placa’ [The Badge], de Jack Webb, también se obsesionó, en gran parte porque su propia madre fue asesinada cuando tenía 10 años. "De algún modo, Elizabeth Short y mi madre se convirtieron en una", dijo.
"Yo iba en bicicleta" a la escena del crimen de la Dalia, continuó Ellroy. "Y empecé a tener horribles pesadillas sobre Elizabeth Short". (Más tarde examinó el asesinato de su madre en su memoria de 1996, ‘Mis rincones oscuros’ [My Dark Places].
La película de De Palma es una enredada historia de amistad, amor y deseo sexual entre varios detectives de Los Angeles y un trío de misteriosas mujeres en sus vidas, y es tan laberíntica como el libro de Ellroy. "No es la historia de Elizabeth Short", dijo De Palma, explicando que la Dalia es mostrada en escenas retrospectivas. "La película es muy complicada. Gira sobre personajes que están impresionados y obsesionados con lo que le pasó".
Para mucha gente que ha seguido el caso de la Dalia en el transcurso de los años, Short ha sido la última mujer misterio, y representa todo, desde ilusiones perdidas hasta la barbarie misógina y el morbo de los crímenes no resueltos.

Lo que se sabe a ciencia cierta es que Elizabeth Short se crió en Medford, Massachusetts, como una niña de espíritu libre a la que le gustaba llamar la atención, y ser diferente.
Tenía 18 cuando se mudó a la Bay Area para reunirse con su padre, que había abandonado a la familia. Un mes más tarde se mudó a vivir sola, en Santa Barbara. Durante los años siguientes se mudó varias veces entre California del Sur y Miami, Chicago y Boston. "Andaba siempre con una maleta en la mano", dijo John Gilmore, cuyo libro de 1994, ‘Severed: The True Story of the Black Dahlia Murder’, fue seguido por una ola de libros de detectives de gabinete. "Siempre se estaba trasladando. No buscando dónde ir, sino huyendo".
De acuerdo a los informes de investigadores, Short pasó los últimos cinco meses de su vida moviéndose de lugar en lugar -tuvo al menos 11 residencias diferentes. Un informe dice que "al momento de su muerte, la mujer conocía al menos a cincuenta hombres". Se le veía frecuentemente en Hollywood Boulevard en compañía de agentes de policía. No era una prostituta. Pero le gustaba atraer a los hombres y seducirlos para que pagaran sus cuentas. Fue un vendedor casado quien la dejó en el Biltmore Hotel en el centro de Los Angeles, a eso de las diez de la noche el 9 de enero de 1947.
Una semana después, el 15 de enero, una mujer que pasaba por el lugar vio lo que pensó que era un maniquí en el suelo de un sitio eriazo cubierto de hierbas en Norton Avenue, entre la calles 39 y Coliseum Drive. Después de acercarse a echar una mirada, la aterrorizada mujer llamó a la policía.
Llegaron los agentes y hallaron un cuerpo desnudo que había sido expertamente cortado en dos y desangrado. Las dos mitades parecían haber sido depositadas cuidadosamente, y la cara de la víctima había sido acuchillada de modo que la boca se extendía en una espeluznante sonrisa. Había marcas de cuerdas en sus muñecas y tobillos, indicando que había sido amarrada, y otros signos de tortura.
Las fotos del cuerpo y cara mutilada de Short fueron consideradas tan impresionantes que los diarios tuvieron que "reconstruirlas", removiendo los signos de violencia. No fue sino hasta 19548 que varias de las fotos fueron publicadas sin retocar en el compendio sobre escándalos en Hollywood, de Kenneth Anger, ‘Hollywood Babilonia II’ [Hollywood Babylon II]. (Ahora ya nada impresiona: las fotos originales se pueden ver en sitios en internet y en tazones de café y en curiosidades como en globos de nieve de Dalia).

Se han propuesto muchas teorías sobre el asesinato de Short. ¿Estuvieron involucrados Bugsy Siegel y la mafia? ¿Un vagabundo llamado Jack Anderson Wilson? En un libro, un ex detective de la policía, llamado Steve Hodel, plantea que su propio padre, el doctor George Hodel, fue el asesino.
Entretanto, Larry Harnish, un corrector de Los Angeles Times, ha estado escarbando en los archivos, hablando con los tímidos miembros de la familia Short y trabajando en su propia hipótesis (y futuro libro): que el asesino fue un doctor llamado Walter Bayley. Fue Harnisch quien catalogó los archivos del caso que el despacho del fiscal del condado de Los Angeles puso sólo recientemente a disposición de investigadores.
"A la gente le encanta oír sobre el tema, pero no sé si alguien lo resolverá alguna vez", dijo Sandi Gibbons, agente de información al público para el despacho del fiscal de distrito. Además, dijo: "No hay nadie a quien procesar, porque de seguro están todos muertos".
Los archivos en el Departamento de Policía de Los Angeles siguen sin poder ser consultados hasta el día de hoy. "El caso sigue abierto", dijo Brian Car, un detective de la brigada de robos y homicidios que se llama a sí mismo "el conservador de los archivos de la Dalia".
"Leí las cartas que había en los archivos", dijo Carr. "Hay un tipo que usa numerología y triangulaciones".
Muchos detectives aficionados preguntan sobre el ADN, agregó, pero "no hay nada". La razón: "El cuerpo fue desangrado".
Y en cuanto a las teorías: "No tenemos ninguna posición oficial", dijo.
Dada su espantosa naturaleza y las misteriosas circunstancias, el caso de la Dalia sigue resonando culturalmente. La imaginería del caso se derivó de la novela de Ellroy, que inspiró al compositor de jazz y saxofonista Bob Belden a escribir la suite musical de 12 partes, ‘Dalia Negra’ [Black Dahlia]. (El heavy metal ha presentado su propio homenaje: un grupo llamado Black Dahlia Murder). Y el año pasado, un artista de Bay Area, Hailey Ashcraft, fue curador de una exhibición multimedia que exploró el místico ambiente que rodeaba a Elizabeth Short. Entre las piezas había una fotografía de un sitio eriazo con dos sillones abandonados.

De Palma, que es conocido por su exploración de temas siniestros en películas como ‘Cara Cortada’ [Scarface], ‘Doble cuerpo’ [Body Double], y ‘Vestida para matar’ [Dressed to Kill], dijo que creía que la mística de la Dalia se derivaba de las fotos de la escena del crimen reales y las tomadas por el juez de instrucción. "Una vez que has mirado las fotografías reales, nunca te olvidarás de la Dalia Negra", dijo. Varias de esas imágenes aparecen en la película cuando uno de los personajes (Eckhart) las pega en su pared. "Las ves en el fondo", dijo De Palma. "No las enfocamos de cerca. Pero lo que vemos es inquietante".
Para Josh Friedman, el guionista, que tuvo el terrible reto de adaptar las algo más de 300 páginas de la novela de Ellroy, su encuentro más memorable con Elizabeth Short y su triste historia, ocurrió hace un año, en el aniversario de su muerte. Ellroy, que había llegado a la ciudad a visitar a unos amigos, invitó a Friedman a unirse a ellos para la cena. "Después bajamos a la calle 39 con Norton", contó. "Y James nos llevó al lugar exacto donde se había encontrado su cuerpo".
Cuando le pedimos que recordara esa noche, Ellroy dijo: "Hacía frío. No nos pusimos muy tristes. Pero me gusta ir a ese lugar de vez en cuando".
Pero a Short se la seguirá recordando. No podría ser de otro modo. Después de todo, Ellroy dijo: "La Dalia es probablemente el asesinato no resuelto más conocido de Estados Unidos. Y no hay ninguna historia como la suya".

5 de febrero de 2006

©los angeles times
©traducción mQh

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boris karloff, el hombre y la bestia


[Terrence Rafferty] El famoso monstruo del cine de horror empezó su carrera como signo de interrogación. Homenaje en Nueva York.
En los créditos iniciales de la película que lo convertiría en estrella, fue anunciado como "?". Setenta minutos después, en los créditos finales de ‘Frankenstein’, de James Whale, 1931, se dio un nombre a un actor irreconocible que había encarnado (si esa es la palabra) la innatural creación del Dr. F., y era un apropiado nombre para una película de monstruos: Boris Karloff. El misterioso Karloff era de hecho Williams Henry Pratt, un actor de carácter inglés de edad mediana, medianamente exitoso, hábil y suficientemente profesional como para haber aparecido en docenas de películas en los 15 años previos, y sin embargo obstinadamente oscuro: Cuando lo propusieron como posible ‘Frankenstein’, Whale dijo: "Boris ¿qué?"
El Film Forum está celebrando el 75 aniversario de ese clásico del horror con una retrospectiva de una semana dedicad a la extravagante carrera de esta improbable estrella, que fue suficientemente versátil para evitar ser identificado exclusivamente con el papel que lo convirtió en un nombre familiar, pero que nunca fue capaz de zafarse del género de horror, el insalubre origen de su fama. La serie de Film Forum, que empieza hoy con dos películas de ‘Frankenstein’ y la demencial, espeluznante ‘La máscara de Fu Manchu’ (1932), consiste de 14 películas -alrededor de una décima parte de la intimidante obra de Karloff -y no se puede ignorar que las tres fueron producidas entre 1931 y 1935. Es decir, los últimos 34 años de su vida, durante los que apareció en más de 60 películas, son representados en la retrospectiva por una sola película por década: ‘El ladrón de cadáveres’ [The Body Snatchers] (1945), ‘El estrangulador fantasma’ [The Haunted Strangler] (1958) y ‘El héroe anda suelto’ [Targets] (1968).
Es triste, pero no es irrazonable. Después del breve auge del horror a principio de los años treinta, cuando las adaptaciones de Universal de ‘Drácula’ (1930) y ‘Frankenstein’ hicieran buenos negocios y los monstruos y científicos locos dominaran media década, el género se puso vago y chapucero con alarmante velocidad -hasta el punto que Karloff, su principal estrella, tendría finalmente que aceptar papeles en películas de Abbot y Costello y, más tarde, en películas de fiestas de playa, justo para ir tirando. En los años cincuenta y sesenta, fue más una figura decorativa que un monstruo viable: un anciano y, por entonces, más bien de aspecto frágil, que se ganaba la vida asustando a los niños.
Así esta serie se concentra correctamente en el Karloff de la era de ‘Frankenstein’, cuando el arte del género que fue su destino era al menos defendible y los actores podían concentrarse en la fructífera labor de crear un personaje antes que en la estéril, agotadora tarea de aferrarse a las deshilachadas hebras de su dignidad. Cuando tenía la oportunidad, Karloff era un acto bastante bueno. Su tambaleante, desconcertado monstruo recién nacido en ‘Frankenstein’, es una obra bella e imaginativa, un pequeño poema perfectamente económico de los peligros del descontrol. La asombrosa intensidad de esta mortal bestia fue una clara influencia para ‘King Kong’, que salió dos años después; también es el punto de contacto más cercano entre el ‘Frankenstein’ de Whale y la brillante novela de 1818 de Mary Shelley que fue -no demasiado fielmente- adaptada al cine.
El modo tenebroso, pero simpático, fue a menudo efectivo para Karloff, cuyos ojos eran más bien sensibles, cuya voz era suave y sonora y cuya dicción ceceante era siempre conmovedoramente precisa. En esta serie verás ese tipo de actuación no sólo en ‘Frankenstein’ y en la salvaje y cómica secuela de Whale, ‘La novia de Frankenstein’ [Bride of Frankenstein] (1935), sino también en la atroz ‘El cuervo’ [Raven] (1935), en la que Karloff, como actos secundario, desplaza sin esfuerzo, a su colega del horror de la Universal, Bela Lugosi, y en ‘El estrangulador fantasma’, un poco elegante Jekyll-y-Hyde en la que alterna fluidamente entre una desconcertada decencia y la imponente rabia homicida. Pero cuando se necesitaba el mal puro, mal puro era lo que Karloff entregaba conscientemente. Sería un reto encontrar su humanidad redentora en su implacable Fu Manchu, o en el sádico arquitecto adorador del demonio Hjalmar Poelzig (ese es un nombre del cine de horror) de la barrocamente divertida ‘El gato negro’ [Black Cat] (1934), de Edgar G. Ulmer. La ominosa quietud de su actuación en ‘La momia’ [Mummy] (1932), de Karl Freund, está en el lado inquietantemente terrorífico, aunque la implacable malevolencia del personaje es quizás en parte excusable por haber sido metido en una cripta durante varios miles de años: su falta de habilidades sociales y la general vileza de su carácter son, en las circunstancias, comprensibles.
Y lo mejor de Karloff, la actuación más profundamente inquietante, creo, está más cercana al extremo de mal absoluto de la escala, que del extremo tenebroso pero simpático. En un respiro demasiado breve del fango, hizo en los años cuarenta tres películas para el muy inteligente productor de películas de horror, Val Lewton, la más impresionante de las cuales, ‘El ladrón de cadáveres’, de Robert Wise, se proyecta el martes con un maravillosa función triple con ‘El gato negro’ y la hilarante comedia negra de Whale, ‘El caserón de las sombras’ [The Old Dark House] (1932). En ‘El ladrón de cadáveres’, Karloff es un taxista de Edimburgo llamado Gray, que roba tumbas para entregar cadáveres frescos a una facultad de medicina. (Es 1831, no mucho después del escándalo de los famosos ladrones de tumbas, Burke y Hare). Lo más alarmante sobre Gray, sin embargo, no es tanto su espeluznante ocupación como el regocijo con el que atormenta a su cliente favorito, un doctor MacFarlane (Henry Daniell), y el idealista asistente de MacFarlane. Gray afecta un tipo de descarado servilismo, una actitud de es-suficientemente-bueno-para-gente-como-yo, mientras se divierte espantosamente en recordar a los médicos su complicidad en sus crímenes. La verdadera vocación de este hombre (y es claramente una labor de amor) es la de corruptor, y lleva consigo el hedor de las tumbas donde quiera que vaya. Karloff trabaja aquí con tupidas cejas, fríos ojos y una repentina y sepulcral risa para crear al canalla de pesadez y complejidad shakespeareanas: un monstruo del resentimiento, como Richard III, y un hombre que sólo puede hacer algo bueno haciendo algo malo.
Pero roles como estos no fueron frecuentes para Boris Karloff, y consiguió de algún modo evitar ser consumido por la amargura. En una de sus últimas películas, ‘El héroe anda suelto’ [Targets], de Peter Bogdanovich, hace de vieja estrella del horror llamado Byron Orlok, quien finalmente, tras años de películas cada vez más malas, se prepara para colgar en la percha su traje de monstruo. Eso es algo que Karloff no hizo nunca: trabajó hasta el final -que llegó en 1969, cuando tenía 81- y siguió siendo, hasta el final, un obediente y resignado embajador del horror. Un extraño destino, quizás, para un ser humano corriente, pero Karloff era un actor, con la peculiar sabiduría de los actores. Lo puedes sentir, el escrupuloso oficio y conmovedora corrección que insuflaba en sus papeles menos agradecidos un tipo de humilde gratitud, un conocimiento de que había, al menos, logrado esquivar lo más horroroso del horror de su profesión. Ser Boris Karloff, sinónimo de corrupción, muerte y maldad, pueden haber tenido sus apuros, pero superó la de ser un signo de interrogación.

www.filmforum.org

3 de febrero de 2006

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©traducción mQh

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no habrá geishas en china


[David Barboza] Por precaución ante reacciones, China cancela lanzamiento de ‘Geisha’.
Shanghai, China. Una semana antes del estreno anunciado de ‘Memorias de una geisha’ [Memoirs of a Geisha] en las salas de cine aquí, el gobierno chino canceló la proyección de la película de Hollywood, supuestamente debido a preocupaciones de que podría provocar indignación pública y reavivar sentimientos anti-japoneses.
Directivos de Sony Pictures Entertainment dijeron que fueron notificados de la cancelación a principios de la semana. Funcionarios de la industria cinematográfica y de medios de comunicación chinos dijeron la semana pasada que los funcionarios de gobierno están preocupados de que el público pueda indignarse al ver a tres de las más importantes actrices chinas del mundo representando a geishas japonesas.
La decisión es un serio revés para Sony Pictures, que pensaba distribuir aquí la película de Columbia Pictures, así como para las estrellas chinas Ziyi Zhang y Gong Li, y la actriz nacida en Malasia, Michelle Yeoh, que es también popular en China.
Pero los sentimientos anti-japoneses han aumentado el año pasado después de que el primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, visitara el Sepulcro Yasukuni, donde se conmemora a algunos criminales de guerra japoneses.
Los diarios y programas de televisión chinos están a menudo llenos de artículos sobre la ocupación japonesa del país en los años treinta y cuarenta. Y muchos chinos expresan abiertamente sentimientos anti-japoneses, incluso en un país que acoge marcas japonesas y las enormes inversiones de Japón en las industrias chinas.
De acuerdo a directivos de la industria cinematográfica que fueron informados esta semana de la decisión del gobierno chino, la Administración Estatal de la Radio, Cine y Televisión canceló el estreno de la película anunciado para el 9 de febrero después de revisar el guión chino de ‘Memorias de una geisha’, revocando una decisión anterior de permitir la película.
Jim Kennedy, portavoz de Sony Pictures Entertainment en Los Angeles, dijo: "Estábamos complacidos por su aceptación de la película en noviembre, y estamos decepcionados por esta decisión".
Los funcionarios chinos no estuvieron disponibles para comentar esta decisión. Las oficinas del gobierno cerraron esta semana por el festivo del Nuevo Año Lunar, y los funcionarios de la cinematografía estatal no pudieron ser localizados.
Directivos de la industria cinematográfica que fueron informados de la decisión del gobierno dijeron que los funcionarios chinos expresaron preocupación de que el público pudiera reaccionar negativamente ante una película que muestra como geishas, que muchos consideran prostitutas, a las más conocidas actrices chinas.
Zhang, que fue nominada para un Globo de Oro como mejor actriz por su papel en ‘Memorias de una geisha’, apareció previamente en la película de Ang Lee, ‘El tigre y el dragón’ [Crouching Tiger, Hidden Dragon], la más taquillera de las películas extranjeras en la historia del cine estadounidense, y en las películas de acción de Zhang Yimou, ‘Héroe’ [Hero] y ‘La casa de las dagas voladoras’ [House of Flying Daggers].
A pesar de la prohibición oficial, la película ha estado ampliamente disponible en las calles de Pekín y Shanghai en DVDés pirateados, que se venden hasta por un dólar. Y muchos sitios en internet chinos ofrecen ahora descargas gratuitas de la película con subtítulos en chino.
‘Memorias de una geisha’ era ansiosamente esperada debido a que fue producida por Steven Spielberg y dirigida por Rob Marshall, que dirigió ‘Chicago’, la película que fue galardonada por la Academia de cine. Pero la película ganó sólo un Globo de Oro, por la mejor banda sonora, y aunque ha sido nominada para seis Oscares, ninguna nominación es para las categorías más importantes.
La película ya ha provocado controversia fuera de China antes por su elección de actrices chinas en lugar de japonesas para el papel de geishas. Muchos habían esperado que las críticas más severas de las actrices chinas en estos papeles provinieran de Japón.

1 de febrero de 2006

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