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las dos américas de ang lee


[Stephen Hunter] ‘En terreno vedado’ -una película de amor entre dos vaqueros homosexuales-, su director no está en el púlpito, pero tampoco es inocente.
Las ocho nominaciones a premios de la Academia aseguraron esta semana a la película de Ang Lee, ‘En terreno vedado’, no solamente que continuaría prosperando en la taquilla, sino que la encarnizada guerra cultural que es el contexto de la película de vaqueros homosexuales continuará siendo librada.
Los liberales verán la película como un faro de tolerancia, un estudio sobre las crueles patologías de la intolerancia, un alegato por la aceptación del principio humanista de que el amor entre adultos consintientes, no importa su género u orientación, debería ser celebrado.
Los conservadores denunciarán la tiranía liberal de una cultura de la entretención que impone "valores progresistas" elitistas a los millones de reluctantes espectadores de los estados republicanos y que, en el proceso, mancharán la pureza del más americano de los viejos géneros americanos, la película de vaqueros, el hogar de Duke Wayne, Gene Autry y Roy Rogers.
Chicos, chicos, chicos, cálmense. Dejen los fierros en la puerta. Es sólo una película.
Pero la pregunta persiste: ¿Tiene ‘En terreno vedado’ algún objetivo? Después de todo, ciertamente no es un sermón. Es tan estoica como los hombres que retrata y la montaña que adora. Es una historia de amor que no se atreve a decir su nombre porque nadie en ella conoce su nombre.
Todo eso es verdad. Pero, nuevamente, una película es una colección de imágenes, no solamente de palabras. Lo que se dice es secundario con respecto a la imagen -imágenes que, en manos de un director hábil, como el gran Lee (‘El tigre y el dragón’ [Crouching Tiger, Hidden Dragon]’ es su película más conocida, ‘Comer, beber, amar’ [Eat Drink Man Woman], su mejor), son ideas. Transmiten ideas. Son proclamas. Quieren influir en decisiones.
¿Y qué nos dicen las imágenes de Lee?
Basada en un cuento de Annie Proulx, es la historia de dos jóvenes vaqueros, Ennis del Mar (Heath Ledger, un nominado, en una excelente actuación) y Jack Twist (Jake Gyllenhaal, también nominado), que son contratados para pasar el verano de 1963 en Brokeback Mountain, Wyoming, cuidando de un rebaño de ovejas lejos de la civilización. Los dos son proletarios del campo, criados en un rancho, orgullosos de los caballos, fuertes, ingeniosos, valientes, duros, trabajadores, pobremente educados. Puedes apostar que el rebaño que deben cuidar no les importa mucho; la pasarían mucho mejor cuidando del ganado vacuno, más noble. Ninguno de los dos es muy hablador, ni leen; su único solaz en las largas noches son los pitillos liados y el whisky solo.
Lo último que habrían pensado es que se enamorarían. Uno del otro.
Enseguida la película salta sobre los años, cuatro o cinco de una vez, mientras cada uno de ellos pelea contra lo que resulta ser su verdadera naturaleza y se obligan a inclinarse antes las estaciones del vía crucis de la cultura heterosexual: matrimonio, familia, responsabilidad. Sin embargo, si el amor no dice su nombre, ciertamente entona un tonito. Los dos lo escabullen durante años y eventualmente cada esposa se entera de la amarga verdad.
Finalmente, la tragedia inevitable y la comprensión por uno de ellos de la vida que desperdició. Cómo debió haber sido fiel a sí mismo; cómo lo eludió siempre la felicidad. Es difícil argumentar que la película constituya algún tipo de amenaza o de propaganda pro homosexual. Hay demasiado dolor auténtico en ella, es demasiado triste. La imagen final de la soledad del sobreviviente es conmovedora. Nunca fue un llorón; por supuesto, sabes que, por dentro, solloza. La película muestra, convincentemente, que el amor viene del corazón, no de las glándulas, y si el corazón está comprometido, el cuerpo obedece.
También muestra un montón de temas heterosexuales románticos, convencionales, en pleno esplendor: la idea de la persona especial o del "destino" que une a dos almas afines; la idea de que la base del amor tiene que ser la confianza y la amistad, no solamente el deseo; la idea de que, a largo plazo, alguien amado aprende a aceptar las debilidades del otro; y finalmente la idea de que hay ciertas cosas que deben ser lo que son y que sin ellas, la vida parece de algún modo incompleta y torcida. Es una película sobre corazones rotos y de otro modo. Es romance puro.
Sin embargo, entrega un argumento con imágenes hábilmente empleadas para comunicar ideas. Nada es arbitrario.
No hay más que comparar los motivos visuales con los que el director Lee opone la vida homosexual a la vida heterosexual.
En ‘En terreno vedado’ la homosexualidad está siempre asociada a un río: Es un gran torrente de la naturaleza, que no se puede controlar y que proporciona sostén, nutrición, satisfacción, alegría. La imagen más feliz en la película, y la más conmovedora, es cuando Ennis y Jack, dejados a su soledad, se sacan la ropa y saltan desde un acantilado en las plácidas, acogedoras aguas abajo. Realísticamente, es un río; metafóricamente es el gran río de la homosexualidad, y es seguro, y hundirse libremente en él es para ellos el goce absoluto. En realidad, gran parte de las riñas de los dos hombres y (la mayoría fuera de cámara), de sus encuentros amorosos tienen lugar junto a un río. Se lo ve en muchos de los fondos, usualmente un torbellino de aguas blancas y espumosas que significan el empuje y el poder de su amor y deseo. A veces es tranquilizador, está siempre ahí para ellos, y sufren con la distancia que se imponen que los separe de él.
Contrasta esto con la imaginería de la familia y el hogar. Esas imágenes son expresión de la pobreza del estilo de vida heterosexual. Ennis vive en un destartalado apartamento donde es constantemente asediado por su blanda, ingenua esposa (Michelle Williams, nominada al Oscar). Sus hijos berrean y piden cosas que él no puede satisfacer; su esposa se aferra a él y se resiente; nos vemos obligados a identificarnos con él y sentir el dolor que siente y el anhelo que lo domina cuando se tambalea hacia la "pureza" del río.
Lo mismo es verdad para Jack. Su familia es igualmente disfuncional, encabezada por un suegro matón y fanfarrón que vende maquinaria agrícola en Texas. Su esposa, Lurlene (Anne Hathaway) la conocemos primero como una increíblemente guapa jinete de rodeo, pero después del matrimonio envejece y se convierte en una chabacana y viciosa fumadora en cadena, de voluminoso pelo rubio y dientes malos.
Luego está la visita de Ennis a los padres de Jack en la hacienda familiar, que se podría titular "Ennis visita el Gótico Americano en Grant Woods". El viejo Ang Lee realmente usa aquí pinceladas gruesas. El actor elegido para el papel del padre de Jack (Peter McRobbie) ciertamente se ve como uno de los cadáveres vivientes de Wood -sombrío, un resollante cabeza rapada, sólo le falta la horquilla- y la casa misma tiene la cualidad de un esqueleto: desnuda y de maderas inconclusas, pudriéndose al sol. Nuevamente lo visual es apabullante: la vida familiar, la vida hogareña, la vida de un criador como una gestalt de empobrecimiento y rígida e inconfortable angulosidad. Al viejo le importa menos la vida de su hijo, que su muerte; su problema es que las cenizas del chico no sean esparcidas en Brokeback Mountain, como a Jack le hubiera gustado, sino que sea enterrado en el terreno de la familia, que él reclama hipócritamente por algo llamado decencia.
De hecho, en general, la película es cruel con la familia. Parece pensar que la familia es un engaño burgués; la pobre hija de Ennis termina en el chillón Trans Am de su novio, un presagio de los miserables desastres por venir. El niño de Jack es simplemente olvidado; su dolor último -y será considerable- no será comentado.
La película también pasa por alto las alegrías más profundas de la familia, que es ese sentido de conexión con la gran rueda de la vida. Tener hijos, educar y amar a un niño están entre las alegrías más profundas de la existencia humana. ‘En terreno vedado’ no se puede ni empezar a imaginar algo así; esa realidad simplemente no está en su radar, y si miraras la historia desde otro punto de vista -de los hijos-, sería una historia totalmente diferente: sobre unos homosexuales avaros, egoístas, indisciplinados que cerraron un contrato con el mundo heterosexual, y lo abandonaron. No eran verdaderos hombres; fracasaron en el deber más sagrado del hombre en la Tierra, que es proveer.
Es cuando la película se muda hacia arriba en la casa de los padres de Jack que ‘En terreno vedado’ alcanza su verdadero poder y universalidad. El tema ya no es la homosexualidad sino el clóset, que Lee presenta, de nuevo literalmente -éste es un armario- y metafóricamente. Ennis está solo en el cuarto, pero siente una presencia y mira en el clóset donde él ha vivido metafóricamente la mayoría de sus días más significativos y felices de su vida. Se mete en él como si se prostrara ante un altar, se arrodilla y, oculta atrás, encuentra la camisa de Jack, manchada con sangre después de una pelea que habían tenido; y dentro de la camisa de Jack, encuentra su propia camisa, con su sangre de esa pelea. Es todo lo que queda de Jack, y este hombre, que puede cabalgar y echar el lazo y pelear (lo hemos visto) y matar (a coyotes y alces) finalmente tiene un momento de ternura cuando acerca la ropa a su cara y la frota contra su mejilla. Presumiblemente la gente que siente náuseas con esta escena no habrán venido al cine en primer lugar, o habrán salido una hora antes después de la primera escena en la tienda. Los que nos quedamos recibimos todo el peso emocional de la escena cuando el reprimido hombre finalmente se permite a sí mismo el placer redentor de un poco de emoción.
Volvemos a ver las camisas, brevemente; ahora, sin embargo, su orden ha sido invertido, de modo que es la camisa de Ennis la que envuelve la de Jack, en un gesto, demasiado tarde pero todavía más conmovedor por ello, de protección. El sitio de la camisa, sin embargo, sigue siendo el clóset: Es el armario de Ennis en su caravana, donde vive solo, esencialmente un exiliado de toda sociedad, homosexual o heterosexual. En la parte de dentro de la puerta del clóset ha pegado una foto de lo que debe ser la verdadera montaña Brokeback, o simplemente una montaña que su imaginación ha puesto en Brokeback. Es una imagen del paraíso, ya que toda la imaginería de montaña es generalmente majestuosa, remontándonos derechamente al Shangri-La de James Hilton. Esta fotografía hace de la América homosexual un Shangri-La.
Pero cuando abre la puerta, esta se desprende de sus bisagras y cae sobre la pared. Por un brillante giro de diseño, queda junto a la ventana de la caravana, y a través de la ventana, vemos a otra América. La composición de la toma es el trabajo de un genio. Las dos imágenes están enmarcadas -la montaña por el marco de la foto, la realidad por el marco de la ventana, y ambas están enmarcadas por un tercer marco, que es la pantalla. La significación está clara: la película nos ofrece opciones. ¿Shangri-La o...?
¿Y cuál es la imagen de la verdadera América a través de la ventana? Si es algo, es una imagen chata. Es un aburrido paisaje rural, si quieres, sin puntos de interés para la vista, sin texturas que apacigüen el alma. No hay en él nada interesante. Expresa la idea de algunos de una América reprimida, donde los homosexuales son obligados a ocultar sus personalidades y el violento conformismo es la regla del día. Para parafrasear a Gertrude Stein, allá no hay nada allí.
Lee ha hecho su punto visceralmente; no está predicando en un púlpito, pero tampoco es inocente. Con sus imágenes está hablando con voz más alta que la mayoría de sus opositores ideológicos lo hacen con palabras.

2 de febrero de 2006

©washington post
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premian filmes sobre inmigrantes


[David Germani] En el Festival de Cine Sundance
Park City, Utah, Estados Unidos. Dos películas que exploran la vida de los inmigrantes en Estados Unidos, el drama de adolescencia hispano, ‘Quinceañera’, y el documental sobre refugiados de Sudán, ‘God Grew Tired of Us’ [Dios se cansó de nosotros] ganaron importantes galardones en el Festival de Cine Sundance.
‘Quinceañera’, escrita y dirigida por Wash Westmoreland y Richard Glatzer, con un reparto lleno de recién llegados y desconocidos, ganó el premio del jurado del festival y el galardón del público a las mejores películas dramáticas estadounidenses, este último elegido mediante votación de los asistentes al festival.
Con la actuación de Emily Ríos en un notable debut fílmico como una chica aislada por su familia después de quedar embarazada antes de los quince, ‘Quinceañera’ ofrece el retrato del choque cultural en el área del Echo Park en Los Angeles, tradicionalmente un vecindario hispano que se ha convertido en un enclave de moda.
‘God Grew Tired of Us’, de Christopher Quinn, que sigue a tres niños sudaneses que se adaptan a la vida en Estados Unidos después de la sangrienta guerra civil en su país, también recibió el premio del jurado y el del público al mejor documental estadounidense.
Otra historia sobre inmigrantes, la película mexicana ‘De nadie’, ganó el premio del público al mejor documental internacional. Dirigida por Tin Dirdamal, la película recrea el viaje de 2100 kilómetros hacia el norte de mujeres centroamericanas a la búsqueda de una vida nueva en Estados Unidos.
El premio especial del jurado a la mejor visión independiente fue otorgado al director So Young Kim por ‘In Between Days’, sobre un niña coreana recién llegada que trata de encontrar su lugar en Estados Unidos.
‘Iraq in Fragments’, que presenta francas observaciones sobre la vida de los iraquíes durante la ocupación norteamericana, ganó tres premios para documentales: en mejor dirección y fotografía, los premios para James Longley y el premio al mejor montaje para Longley, Billy McMillin y Fiona Otway.
El premio a la mejor dirección dramática fue otorgado a Dito Montiel por ‘A Guide to Recognizing Your Saints’, que también recibió el premio especial del jurado a la mejor realización dramática. La película presenta a Robert Downey Jr., Rosario Dawson, Dianne Wiest, Chazz Palminteri, Shia La Boeuf y Channing Tatum en una drama basado en la juventud de Montiel en las calles de Astoria en Queens a mediados de los años ochenta.
El premio Walt Salt al mejor guión fue otorgado al escritor-director Hilary Brougher por ‘Stephanie Daley’, con Tilda Swinton y Amber Tamblyn en un drama sobre una adolescente acusada de matar a su bebé recién nacido.
La película de suspense francesa, ‘13 Tzameti’, escrita y dirigida por Gela Babluani y que gira sobre un joven cuyo viaje decidido en caliente se convierte en peligroso, ganó el premio del jurado al mejor drama en la categoría de cine mundial.
El premio de la audiencia de cine mundial para películas dramáticas fue otorgado a ‘No. 2’, de Nueva Zelanda, del escritor-director Toa Fraser, un drama sobre una matriarca de Fiyi (Ruby Dee) y sus intentos de reunir a su familia.
La película ‘In the Pit’, del director mexicano Juan Carlos Rulfo, que lleva la crónica de la vida de los obreros que construyen una nueva capa de una atiborrada autopista de Ciudad de México, obtuvo el premio del jurado al mejor documental en la categoría de cine mundial.
Las películas ganadoras fueron exhibidas por última vez el domingo, cuando terminó el festival de 11 días.
Miembros de los varios jurados de Sundance incluyeron a Terrence Howard, estrella del ganador del premio de la audiencia al mejor drama, ‘Hustle & Flow’, y los directores Alexander Payne, Andrew Jarecki, Alan Rudolph y Miguel Arteta.
Entre otros ganadores en Sundance se encuentran:

-Tom Richmond, que recibió el galardón de mejor fotografía en películas dramáticas por ‘Right at Your Door’, el drama del director Chris Gorak sobre una pareja (Mary McCormack y Rory Cochrane) separada cuando un atentado terrorista libera toxinas letales en Los Angeles.
-Se otorgaron premios especiales del jurado a los documentales ‘American Blackout’, la versión del director Ian Inaba sobre la privación de derechos de los votantes negros; ‘TV Junkie’, el retrato de los directores Michael Cain y Matt Radecki, de la obsesión de un hombre con el poder de los videos; ‘Into Great Silence, de Philip Groening, una mirada a la vida de los devotos en el monasterio Grande Chartreuse en los Alpes franceses; y ‘Dear Pyongyang’, la exploración del director nacido en Japón, Yonghi Yang, sobre la lealtad de su padre a Corea del Norte.
-‘Eve & the Fire Horse’ de la escritora-directora Julia Kwan, sobre dos hermanas chinas que revierten la mala fortuna de su familia, recibió el premio especial del jurado al mejor drama en la categoría de cine mundial.

En la red: Sundance Film Festival: http://festival.sundance.org/2006

28 de enero de 2006

©washington post
©traducción mQh

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sexo adolescente causa conmoción


[Elisabetta Povoledo] Película sobre sexo adolescente toca un nervio italiano.
Milán, Italia. Cuando la película ‘Melissa P.’ llegó a fines del año pasado a las pantallas italianas, causó tanto impacto como la novela de 2003 en la que se basa: ‘Cien cepilladas antes de dormir’, el relato supuestamente autobiográfico de una promiscua adolescente italiana que se convirtió en un éxito de ventas internacional.
Aunque hay apenas desnudos y el guión de chicos-con-chica rezuma una moralidad de película de semana, al leer las reseñas y editoriales de primera plana podrías pensar que los adolescentes italianos hacen cola para ver una versión para menores de edad de ‘Garganta profunda’.
La "Lolita del nuevo milenio", como describió a Melissa el milanés Corriere della Sera, fue públicamente denigrada como un modelo negativo para las adolescentes de hoy. La semana pasada el psicólogo y columnista del Corriere della Sera, Francesco Alberoni, mencionó el "demoledor éxito" del libro y la película para explicar que la educación sexual contemporánea fomentaba el sexo "sin emociones y sin sentimientos".
Los críticos de cine la abuchearon y diputados conservadores aullaron cuando la productora de la película, la actriz Francesca Neri, obtuvo tiempo de emisión para promover la película un domingo durante un programa de entrevistas en televisión popular entre familias.
Luego, la Melissa P., Melissa Panarello original, que cumplió 20 hace poco, desdeñó la película como superficial y cliché. "Estoy tratando de olvidar que soy la autora del libro que la inspiró", escribió en una carta abierta publicada las agencias de prensa italianas. "Es tosca y está llena de prejuicios que se deterioran inevitablemente en psicología popular". Devotos de la novela, que provocaron hace poco nuevos debates después de que el Biblioteca Central Nacional en Florencia la nominaran para el Premio Internacional Literario Impac de Dublín de 2006, corrieron en defensa de Panarello. Su bitácora (www.melissap.org) se inundó de mensajes que despreciativamente rechazan todo vínculo entre el exitoso libro y la película.
"¿Por qué no demandarlos?", pregunta Marzia en un mensaje, mencionando varias inconsistencias. "En el libro, tú das los latigazos. Recuerdo que llevabas tacos altos. Impresionante".
A pesar de las malas reseñas, o quizás debido a ellas, ‘Melissa P.’ superó a ‘Harry Potter y el cáliz de fuego’ cuando estrenó en noviembre, y se ha convertido en uno de las cinco películas italianas más taquilleras del año pasado, con más de 6 millones de euros en ventas de billetes.
Financiada por Sony Pictures International, la película será lanzada en España este próximo mes, aprovechando la nacionalidad de la protagonista, María Valverde, y hay planes de distribución en otros países europeos y en Estados Unidos, dijo un representante de Sony, aunque las fechas de su lanzamiento no se han fijado aún.
El director, Luca Guadagnino, cree que la película dio en la clave con los jóvenes italianos debido a que su interpretación liberal de la novela de Panarello eludió el sexo para aislar temas más universales. El libro, dijo, ha hecho poco más que estimular la curiosidad morbosa de los lectores "por saber cuán lejos había ido en sus experiencias".
La película, por otro lado, quería "concentrarse en los temas que más me interesan: ser adolescente, las potentes posibilidades de la madurez", dijo en una entrevista en un elegante café romano. No había razón alguna, dijo, para escribir un guión que bordeara la pornografía blanda, para no decir nada de la dura. "En el cine de hoy ya hay mucho de eso", dijo.
Al final las comisiones de clasificación prohibieron la película para menores de 14.
Además, la primera película de Guadagnino, el corto ‘Qui’ de 1996, era una descripción gráfica del acto íntimo que convirtió a Monica Lewinsky en un nombre familiar.
"En lo que respecta a mí, ya hice mi propia investigación sobre cómo usar el sexo y el cuerpo", dijo. Cuatro películas después, "quería explorar el mundo a través de los ojos de una adolescente, más que mirar sexo en la pantalla".
Sin embargo, la sugerencia de sexo en la pantalla fue utilizado como para estimular la polémica, que fueron inusualmente apasionadas, resonando con el mismo bullicio en las páginas de diarios comunistas y conservadores.
Pero en un país donde adolescentes ligeras de ropa bailando seductoramente son un elemento permanente de los programas de variedades y juegos de televisión, el escándalo iba acompañado de una dosis de hipocresía.
"Al final, el tabú de la película es que las chicas italianas hacen cosas en las que los padres no quieren pensar", dijo el crítico de televisión Gianluca Nicoletti. "No quieren admitir que sus hijas están haciendo algo más que mirarse profundamente a los ojos".
Y guste o no, dijo Nicoletti, las adolescentes italianas son sexualmente precoces, y su emancipación ha sido facilitada por su habilidosa explotación de modas nuevas como los mensajes de texto (que los críticos describieron como un "deporte nacional"), en los que dos personas que se comunican por carta pueden alcanzar "más rápidamente que los rituales de cortejo del pasado un mayor nivel de intimidad".
Condenar la película sin reconocer lo que está ocurriendo en la sociedad italiana delata una "devastadora hipocresía", dijo Nicoletti durante una entrevista telefónica.
Guadagnino se ha tomado la conmoción con calma. "La respuesta está en la taquilla", dijo. "Esta es una película popular para niños, no una película aburrida sobre niños hecha para una audiencia juiciosa. No tiene ninguna pretensión de ser cine arte".
"Yo estaba dispuesto a adoptar la cultura popular osadamente, valientemente, y sin ningún sentimiento de inferioridad", dijo. "No es una novela, no es un discurso. Es una película y es convincente y entretenida".

25 de enero de 2006

©new york times
©traducción mQh

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quinceañeras


[Robin Abcarian] ‘Quinceañera’, de dos directores de Echo Park, escudriñan brechas culturales y generacionales.
Park City, Utah, Estados Unidos. Wash Westmoreland y Richard Glatzer se mudaron a Waterloo Street en Echo Park hace unos cinco años, cuando los precios de la propiedad inmobiliaria eran razonables y el barrio obrero latino parecía estar al borde del aburguesamiento -algo extraordinario para un par de cineastas que habían llegado recién, y un desarrollo potencialmente desastroso para las numerosas familias de inmigrantes que arañaban la tierra para quedarse.
La pareja no sabía prácticamente nada sobre las fiestas quinceañeras, los elaborados ritos de pasaje para las chicas de quince años que se parecen muchísimo a unas bodas sin novio. Pero entendieron que algo extraordinario estaba pasando en la casa de al lado cuando vieron a jóvenes parejas ensayando el cortesano vals que es parte del ritual. Los vecinos, José y María Campos, sabían que los hombres eran diestros con las cámaras y les pidieron que fotografiaran la ceremonia y fiesta de su hija.
Lo que Westmoreland y Glatzer obtuvieron fue la inspiración para ‘Quinceañera’, que será estrenada el lunes tarde en el Festival de Cine Sundance. Lo que Waterloo Street ganó fue un rol estelar en una conmovedora historia sobre -como dicen los cineastas- "lo que ocurre cuando chocan la sexualidad adolescente, los rituales milenarios y los precios de la propiedad inmobiliaria".
La película presenta a estrellas desconocidas como Emily Ríos, 16, estudiante en la Escuela Secundaria West Covina, en el papel de Magdalena, la quinceañera del título. Un rudo Jesse García es su primo gay, Carlos. (García aparece también en la próxima película de Edward James Olmos, de la HBO, ‘Walkout’, sobre el movimiento estudiantil del Poder Latino en 1968 en Los Angeles). La historia se centra en lo que ocurre cuando los dos primos son expulsados de sus casas -el padre predicador de Magdalena explota cuando ella confiesa tener relaciones sexuales, aun cuando está embarazada; Carlos ha cometido un pecado que se hace obvio a medida que progresa la trama. Los dos son acogidos por su tío abuelo, el amable viejo que es Charlo González, que alquila una casita detrás de una casa que acaba de ser comprada por una pareja gay de movilidad ascendente, representados por David W. Ross y Jason L. Wood.
De un modo refrescantemente transgresor, los homosexuales son los malos nominales de la película. "Pensamos que no había nada malo en hacerlo", dijo Glatzer, sonriendo. "Algunas de las cosas que dicen en la película son cosas que hemos dicho nosotros mismos. Nos mudamos a esta cuadra porque era realmente barato, y ahora todo el mundo dice: ‘Oh, es una gran inversión y el vecindario ha mejorado mucho’, y realmente es algo racista: Estamos echando a la calle a gente que ha vivido aquí durante tanto tiempo".
La película fluye fácilmente entre el inglés y el español, captando cómo hablan los dos idiomas inmigrantes de primera y segunda generación.
‘Quinceañera’ ha sido elegida como una de los 16 concursantes en la prestigiosa categoría de largometrajes. (La ganadora el año pasado, ‘Historias de familia’ [The Squid and the Whale], es una de las favoritas de los críticos y puede terminar con una o dos nominaciones al Oscar). Y aunque, como se sabe, ser nominado es un honor, Westmoreland y Glatzer también esperan un acuerdo razonablemente conveniente sobre la distribución.
"Estar en la competencia significa que llamarás la atención de los distribuidores, y quiere decir que vendrán al estreno y eso es todo lo que puedes pedir", dijo Glatzer, 44, un veterano del género reality show, que trabajó para ‘Los Osbournes’ y co-creó ‘America’s Next Top Model’ [La próxima modelo top de Estados Unidos]. Co-dirigió ‘El eatimulador’ [The Fluffer], un largometraje sobre un cierto nicho laboral job en la industria pornográfica, con Westmoreland, 39, que escribió y dirigió la película de 2004, ‘Gay Republicans’.
El martes tarde, cuando se ocultaba el sol y las torres del centro de Los Angeles empezaban a encenderse, Glatzer y Westmoreland charlaban sobre la película en la salita de su cabaña Crafstman, donde rodaron parte de la película. Afuera, desde el porche, podían mostrar las varias otras casas de la cuadra que utilizaron en el rodaje. Ahora la casa de al lado está a punto de ser demolida para hacer espacio para un nuevo condominio. Al otro lado, los Campos, que ayudaron a inspirar la película, fueron obligados a mudarse después de vivir ahí durante 28 años. Su hija de 16, Leslie, es una figurante que aparece como miembro del séquito de Magdalena. (Una quinceañera tiene siete chicas, ‘damas’, y siete chicos, ‘chambelanes’, que la ayudan durante el ritual).
"Queríamos una historia que fuera realista, pero al mismo tiempo muy inusual", dijo Westmoreland. "Algo que cogiera la vida de todos los días y la llevara un poco más lejos".
Westmoreland, que creció en la industrial Leeds en el norte de Inglaterra, dijo que se inspiraron en los dramas "de fregadero" del cine británico de fines de los cincuenta y principios de los sesenta. En particular citaron ‘Un gusto a miel’‘ [A Taste of Honey], la corajuda película de Tony Richardson sobre una adolescente inglesa, que queda embarazada de un marino negro, cuyo compañero de cuarto homosexual se prepara para criar al hijo como si fuera suyo. "En esa época, daba voz a personajes en el cine que no se habían visto antes", dijo Westmoreland. "Queríamos un realismo que tuviera una chispa".
La espontaneidad de los actores no profesionales agrega una sensación de autenticidad a la película, dicen los directores, que estuvieron sorprendidos de ver lo que pasó en la pista de baile en la escena de la fiesta, cuando terminan los valses de Strauss y empieza el reggaeton. Jóvenes parejas que estaban haciendo un minuet un minuto antes, estaban freaking en el siguiente, escandalizando a los más viejos, muchos de los cuales eran figurantes de Echo Park, mirando desde los lados.
Tampoco pudieron haber anticipado lo que pasaría cuando colocaron la cámara en un limusina Hummer alquilada (que juran que no es un product placement) que trasladó a la fiesta al séquito de la quinceañera. La Hummer, para sorpresa de todo el mundo, venía equipada con un poste de stripteasera.
"El stripper pole y el freak dancing", dice Glatze con un suspiro de alivio. "Para nosotros fueron regalos del cielo".
Cuando introduzcan la película en el festival este lunes, los directores dijeron que planean hablar sobre el profundo respeto que sienten por sus vecinos, los que durante los 18 días del rodaje pasaron de 14 a 15 horas al día como figurantes y porristas, como dice Glatzer, "simplemente para mantener viva la fiesta, sin frustrarse ni quejarse nunca, simplemente divirtiéndose. La película realmente es una especie de sanvalentín para ellos".

21 de enero de 2006

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interpretación de fray tormenta


[Reed Johnson] Película de Jared Hess muestra una visión razonablemente respetuosa de la cultura popular mexicana.
Tlacolula, México. Las cómicas payasadas de Black Jack a menudo dejan con puntos a la audiencia. Ahora Black mismo es cosido de vuelta, con una dentada línea de hilo negro bordada en torno a su ojo.
La improvisada cirugía era necesaria para una secuencia acrobática de ‘Nacho Libre’, su última aventura cinematográfica. Eso es lo que me pasa por ser un actor exitoso en Hollywood, con la tendencia a lanzarme de cabeza a la acción, literalmente.
"Soy delicado, como una pieza de porcelana", dice Black, con cuyo volumen y pecho de barril evoca más a la Gran Muralla que a un vaso de la dinastía Ming. "Salté de cabeza... y caí encima de unas personas y me pegué con una silla. Me rompí el ojo. Fue divertido: me dieron tres días de vacaciones. Quedé con una cicatriz para toda la vida -la cicatriz no va a desaparecer. Pero es parte del trabajo".
Es divertido el tipo, Black, y a su manera, sorprendentemente ágil y atlético -que es algo que ya sabes si lo viste hacer esos honrados solos de guitarra en ‘Alta fidelidad’ [High Fidelity] y ‘Escuela de rock’ [School of Rock]. Deben ser simplemente las cualidades que necesita para el sólido papel del título en ‘Nacho Libre’, una magulladora comedia que el director Jared Hess (‘Napoleón Dinamita’) y un equipo mexicano-americano rodaron aquí el otoño pasado. La película de Paramount Pictures, que produce Nickelodeon Movies, con la productora de Black, Black and White Productions, debe llegar a las salas este verano.
Recién terminada su aparición en la mantecosa película de acción de Peter Jackson, el remake de ‘King Kong’, Black aparece en ‘Nacho Libre’ como otro tipo de fogoso púgil que arriesga la vida, y la anatomía, en la lucha por conseguir sus sueños obsesivamente poco convencionales. Es Ignacio (alias de Nacho), un pinche de cocina mexicano-noruego y seminarista en un orfelinato mexicano, con un corazón de oro puro y una cintura de auténtica celulitis.
Naturalmente, surgen varias complicaciones y cuando se amenaza con cerrar el orfelinato, Nacho se pone una máscara y sale a ganar dinero como luchador, un practicante del estilo todo-es-posible de la lucha libre profesional mexicana. Black describe a su personaje como "un poco vano, pero también es inocente y cariñoso".
La lucha libre ha sido toda la vida parte del mobiliario de la cultura popular mexicana, que alcanzó su cenit comercial y creativo entre los años cuarenta y principios de los ochenta. Eso fue cuando personalidades de la lucha libre como el Santo y Blue Demon gobernaban en el ring y un montón de películas de Cine Luchador transformaron ese ‘deporte’ marginal en una subcultura con todas las de la ley. (‘Nacho Libre’ está escenificada en los días de gloria de la lucha libre en los años setenta). Varias de estas películas fueron obras maestras del camp, y sus melodramáticos guiones incluían a menudo un elemento más o menos sincero de lucha personal, en la que el heroico luchador se enfrenta a malvados adversarios y a un esquivo destino.
Y aunque el rol protagonista de ‘Nacho Libre’ lo tiene un no-latino, que calcula su vocabulario español en unas cuarenta palabras, los directores dicen que su película ofrece una mirada razonablemente respetuosa, aunque cómica, de la cultura popular mexicana. "No queríamos hacer una producción gringa de Hollywood", dice la co-productora, Julia Pistor.
Incluso admitiendo el inherente absurdo de la lucha libre, las bobas premisas de ‘Nacho Libre’ podrían ser vistas como cocinadas después de varios mescales más de los necesarios. Pero no es así. Se inspira libremente en un sacerdote mexicano de carne y hueso que, durante más de veinte años, llevó una doble vida como el luchador apodado Fray Tormenta, llegando a participar en unas cuatro mil luchas. Parte del dinero que ganó lo destinó a un financiar el orfelinato que dirigía.
Aunque el equipo de ‘Nacho Libre’ se reunió con Fray Tormenta, que todavía vive cerca de Ciudad de México, no era la idea hacer una "biografía", dice Mike White, co-guionista de la película y socio de producción de Black. "Es divertido", dice White. "Estamos haciendo una película sobre algo que aquí nos parece completamente falaz, y en México es completamente auténtico".
Aunque las convenciones de la lucha libre -elaboradas maniobras de lucha cuerpo a cuerpo, chillonas capas y máscaras, enanos luchadores- son menos conocidas en este lado de la frontera, la lucha libre ha logrado poco a poco una ferviente audiencia en Estados Unidos. Black es uno de sus devotos. "Yo conocía a luchadores mexicanos", dice, en una pausa entre escenas bajo el aplastante sol de Oaxaca, mientras un asistente carda su largo y desgreñado pelo y lo ordena para pelear. "Se veían chévere, pero no había estado nunca en un match. Hay un montón de llaves impresionantes. Pero mirar el teatro es también divertido".
En la película, lo único más teatral que los lanzamientos de la lucha libre es el dramático telón de fondo mexicano. Gran parte de ‘Nacho Libre’ está siendo rodada en este majestuosamente bello rincón del sur de México, a unas seis horas de Ciudad de México. Estimado por su rica cultura indígena, el estado de Oaxaca es también una de las grandes mecas culinarias de México. "Ha sido una lucha mantener un peso de púgil", dice Black, despachándose un elote, untado con mayonesa. "En gran parte de la película me veo sin camisa. La gordura es divertida".
A diferencia de muchas películas escenificadas en México, ‘Nacho Libre’ aspira a una verdadera sensibilidad bicultural. La mayoría de sus papeles principales y secundarios son talentos mexicanos y mexicano-americanos: Ana de la Reguera, como la angelical y joven monja, Sor Encarnación, que enseña en el orfelinato; Héctor Jiménez, como el socio luchador de Nacho y fiel compinche, Esqueleto; Carla Jiménez, como la mimada niña rica con una insatisfecha pasión por Esqueleto; Richard Montoya, del grupo de teatro bufo de Los Angeles, Culture Clash, como el principal rival de Nacho por la amistad y favores románticos de la bella Sor Encarnación; y los ‘Hermanos Galindo’, una dupla de luchadores seudo-hermanos de Oaxaca.
"No es simplemente una película de Jack Blackk, en la que él es el motor de la comedia", dice White, que trabajó en el guión con Hess y la esposa y colaboradora de Hess, Jerusha Hess. "Jack es realmente un elemento divertido entre otros muchos elementos. Este es un mundo al que te quieres meter y vivir con o sin Jack como protagonista".
White compara la descripción que se hace en la película del México provincial, con sus pintorescos pueblecitos y panoramas tachonados de cactus, con el afectuoso y juguetón modo con que apareció el Idaho de pueblos pequeños en ‘Napoleón Dinamita’. "No queremos hacer ‘Tres amigos’, en el que la fuente de la comedia proviene de estereotipos o películas que has visto antes", dice White.
Black no es la única razón de ser de la película. Pero nadie que visitara el plató este otoño pasado pasaría desapercibida su presencia, imponente como de boca de incendio, dando zancadas con el pecho desnudo y con mallas de luchador, rojas y azules, botas blancas y un mostacho de lápiz de ídolo de matiné. Para prepararse para el papel, dice Black, entrenó con un luchador en Los Angeles que "me enseñó a dar palizas" y cómo "usar las cuerdas para volar a tope".
Interrogado sobre su técnica favorita, Black achica los ojos y una maliciosa sonrisa cruza su cara. "Me gusta el abrazo de la serpiente pitón. ¡Ay del que dude de la furia del temible estrujón de la pitón!" Pero Black confiesa que algunas de las cosas más pesadas de la película -lanzarse de precipicios, ser engullido por las llamas- se lo deja a sus dobles especialistas, uno de los cuales, durante el rodaje, se quebró tres costillas.

Luchando Contra el Miedo... A los Saltamontes
Mientras Black se prepara para otra escena en la que un desconsolado Nacho se ha metido al desierto a la búsqueda de su alma, hace de tripas corazón para intentar una de las comidas características de Oaxaca: chapulines, o saltamontes. "Para mí, toda esta película ha consistido en enfrentarme a mis temores", dice. "Hoy me voy a enfrentar con uno de mis peores miedos: comer saltamontes".
White, Pistor y otros miembros del equipo que se han refugiado del sol debajo de una tienda de plástico blanco, ríen solapadamente de las palabras de Black. En la ladera de una colina, a unos cientos de metros de distancia, montones de gente de un pueblo cercano se han acercado a mirar el rodaje. A nadie del equipo o del personal de seguridad parece importarle -un reflejo del ambiente exuberante, pero bajo en tensión, que el equipo atribuye a la genial influencia de Black y Hess.
Desgarbado, con aspecto de cigüeña, en shorts y camisa a cuadros, Hess corretea por la rocosa colina donde se están filmando las escenas del día, esquivando los cactus y las boñigas de burro. Visibles en una cima directamente al otro lado del asoleado valle, están las desteñidas ruinas del antiguo sitio indio de Yagul. "Es muy pintoresco, y es una parte muy bonita de México", dice Hess, que aprendió a hablar fluidamente español cuando vivía como misionero mormón en Venezuela, hace algunos años.
Hess se ha cautivado con "toda la estética y las vibraciones" de la lucha libre. Pero mientras el deporte está arropado con míticas personalidades y heroicos encuentros entre técnicos y rudos, los luchadores no poseen cualidades sobrehumanas, recalca Hess. En lugar de eso, su atractivo se deriva de sus triunfos y derrotas de carne y hueso, y es esta cualidad demasiado humana la que ayuda al personaje de Nacho a adquirir vida en la pantalla, cree Hess. "Creo que es poco realista cuando los personajes de una película tienen un solo objetivo", dice Hess. "Nacho tiene un montón de características. Tiene un montón de aventuras como las de Don Quijote".
Hess se excusa cortésmente y corre a hablar con su equipo. El sol está empezando a deslizarse detrás de las montañas, y todavía hay que rodar algo más. "¿Ya tienes la primicia?", pregunta Black a un periodista. "La única que vas a tener es cuando me veas comer saltamontes".
Cuando termine de rodar la película, dice Black, va a necesitar vacaciones para "recuperarme de los golpes y cardenales". En cuanto a ‘Nacho Libre’, además de la película, ya se está trabajando en un videojuego. ¿Habrá también figuritas de acción, o quizás versiones de lucha libre de los viejos Rock ’Em Sock ’Em Robots?
"Debería haber una figurita de Galindo", dice Hess, refiriéndose al equipo de luchadores. "Esos tipos son alucinantes".

22 de enero de 2006

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cocineros de película


[Laurie Winer] Lo vimos en ‘El padrino’, y ahora en ‘Munich’: Si un asesino puede blandir un batidor, no puede ser tan malo.
Desde que el ‘Padrino’ dijera a su pistolero Clemenza, que dejara su arma a un lado y probara los cannoli, no había habido un momento tan interesante en el cine para la intersección entre el gusto por las comidas y la moral.
En la nueva película de Steven Spielberg, ‘Munich’, un grupo de asesinos de la Mossad se reúnen en torno a una mesa para revisar su super secreta misión. Beben vino y festejan con una variedad de platos -carnes, verduras asadas, cuscús- en una mesa que es la personificación de una reunión culta y civilizada. La música brama sensiblerías mientras hablan, ríen y filosofan.
Esta es una de las muchas escenas en las que se exhiben los hachazos culinarios del jefe del equipo de asesinos, un agente israelí llamado Avner (Eric Bana).
Hollywood tiene toda una historia de humanización de personajes violentos, mostrándolos en los papeles más simples y caseros: como cocineros, que alimentan y dan bienestar (cuando no están matando a gente disparándoles a la cabeza). Pero ‘Munich’ lleva esta táctica a un nivel enteramente nuevo.
En el libro en el que se basa ‘Munich’, ‘Venganza: La verdadera historia de un equipo antiterrorista israelí’ [Vengeance: The True Story of an Israeli Counter-Terrorist Team], de George Jonas, no se lee en ninguna parte que Avner (no es su nombre verdadero), en la vida real toque incluso una cazuela. Jonas escribe que al israelí no le gusta la "comida indigestible" del ejército, pero eso es todo lo que sabemos.
Sin embargo, el cineasta convierte a Avner en un sibarita de altura internacional, que aparentemente aprendió sus artes culinarias en la cocina de un kibutz.
¿Por qué?
Avner es un personaje que obviamente necesita algún refinamiento moral. En venganza por la masacre de once atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Munich en 1972, él y su equipo identifican, localizan y asesinan a una docena de hombres y una mujer, todos ellos implicados de alguna manera en el atentado. En otras palabras, estos hombres sólo matan a los que merecen ser matados. Sin embargo, los inocentes tienen la manía de meterse entre el asesino y su arma.
Jugándose por la humanidad de Avner, la película nos presenta a un tipo que está familiarizado con todo tipo de productos, no importa cuán obscuros. En un mercado de verduras parisino, informa a un francés sobre la naturaleza del ajo de oso (una frondosa planta con gusto a ajo), diciéndole correctamente que no es su temporada. Avner usa las cocinas de las casas de seguridad para preparar cenas absurdamente generosas (se podría decir que son spielbergianas). El director parece estar diciendo: "Puedes comer lo que está sirviendo este tipo. Adelante, confíen en él".
Los hechos descritos en ‘Munich’ tomaron lugar durante lo que fue para muchos estadounidenses una época menos conflictiva en términos de definir el bien y el mal en Oriente Medio. Todavía faltaban, por ejemplo, diez años para las masacres en los campos de refugiados de Sabra y Shatila en el Líbano, que inauguraron una época moral mucho más turbia. En 1972 todavía era posible, al menos para la mayoría de los judíos-americanos, ver a Israel como el irreprochable tipo bueno de una guerra terrible. Quizás es por la necesidad de recordar ese momento que es tan importante que el cineasta se asegure de que Avner se vea lo más de extrema derecha posible.

Complejidades de la Vida
El guión fue escrito por Tony Kushner (‘Ángeles en América’) y el guionista Eric Roth (‘Forrest Gump’). Como Arthur Miller antes que él, Kushner es un dramaturgo cuyos escritos prenden cuando sopesa las complejidades de la gente que trata de vivir honestamente en un mundo inmoral. Las substanciosas comidas que Avner prepara y comparte con sus colegas asesinos están claramente destinadas a reafirmar la esencial integridad y nostalgia de una vida normal centrada en la familia y el hogar.
En una decidora escena, cuando atormentan las dudas, Avner se siente inexorablemente atraído hacia la vitrina de una elegante tienda de cocinas parisina, la que examina lúgubremente. Para los espectadores de hoy, sus suspiros por la cocina se traducen en un anhelo de decencia y de un mundo más sensible, un mundo en el que nuestro héroe no sería obligado a convertirse en asesino.
¿Qué otra pasión terrenal podrían satisfacer con tanta efectividad estos dramáticos apuntes? El sexo es también complicado; otras obsesiones tienden a salir como trastornos obsesivos compulsivos.
La cultura de la comida en Estados Unidos ha avanzado bastante desde que Clemenza pronunciara la frase más famosa de la historia del cine sobre un pastel relleno de requesón. Y aunque comprara sus cannoli en la tienda, el hombrón sabía cocinar. Clemenza es el que enseña al joven Michael Corleone a hacer salsa de tomate -un arte que será tan vital para su futuro como padrino de la mafia, como ocultar un arma en los lavabos de un restaurante italiano.
Clemenza decide compartir su receta de salsa de tomate en las sombrías horas después de que balearan, mientras compraba naranjas, al padre de Michael, Vito Corleone.
"Oye, chico, ven acá", le dice. "Tienes que aprender algo. Nunca sabes si algún día no tendrás que cocinar para veinte tipos". La receta: aceite de oliva, ajo, luego "algo de salchichón o albóndigas, lo que quieras". Enseguida tomates, pasta de tomates, albahaca, vino, y el ‘secreto’ de Clemenza, un poquito de azúcar.
Para los personajes, este es un momento reparador, un trozo de vida normal en medio de su incipiente dolor. El director Francis Ford Coppola proporciona este y otros muchos detalles caseros para ayudarnos a identificarnos con los personajes, para pedirnos que los veamos como seres humanos como nosotros. Un escritor de cine ha contado sesenta escenas en la película que tienen que ver con comida y vino.

Familia y Comida
Leo Braudy, historiador del cine y profesor de inglés en la Universidad de California del Sur, dice que antes de Coppola, las películas de gángsteres "giraban sobre el trago. La gente entraba siempre a bares. Fue necesario Coppola y la cultura italiana para concentrarse en la comida. La trilogía de ‘El padrino’ gira sobre la familia y la comunidad y también sobre la descomposición de la comunidad: el asesinato de otros. Qué mejor imagen, más básica, de comunidad, que la imagen de gente cocinando y comiendo juntos?", pregunta.
Pero todas estas escenas en la cocina y en la mesa tienen otro propósito. Al mirar los regordetes dedos de Clemenza preparar la salsa, el espectador no puede sino recordar todas las muertes y matanzas de que son responsables estos hombres.
‘El padrino’ se estrenó el mismo año que los terribles acontecimientos de las Olimpíadas de Munich. Durante los siguientes diez años, Coppola, y también Martin Scorsese, trabajaron con montones de salchichones, ajo y vino, que nos ayudaron a identificarnos con hombres repugnantes, pero hambrientos.
A principios de los noventa, mientras maduraba la cultura de la comida en Estados Unidos, Scorsese nos ofreció escenas culinarias con referencias más precisas y eruditas, como aquella en ‘Uno de los nuestros’ [Goodfellas], en la que un barón de la mafia (Paul Sorvino) usa una navaja de afeitar para cortar un ajo en rebanadas tan delgadas como trufas, tan delgadas que "con un poquito de aceite de oliva, se licuarán en la cacerola", de acuerdo a la voz en off de otro mafioso.
Los directores norteamericanos convencionales no mostraron ningún interés en mostrar, antes de los setenta, como tipos tiernos a tipos duros, a pesar de la ocasional parrillada suburbana. Nuestros tipos malos más interesantes no hacían en la cocina nada con sus manos. Es imposible imaginar al Philip Marlowe, de Humphrey Bogart, por ejemplo, con un delantal. La escena culinaria con gángster más famosa sería James Cagney apachurrando un pomelo en la cara de su querida, Mae Clarke, durante el desayuno en ‘El enemigo público’ [The Public Enemy]. Pero era un pomelo crudo.
En las películas de vaqueros clásicas, malos y buenos cocinaban lo mismo: café o frijoles en una fogata; mostraban su autosuficiencia. Pero la actitud occidental hacia la comida la resume Sam, dueño de un restaurante de parrilladas en ‘Conspiración de silencio’ [Bad Day al Black Rock]. Cuando el personaje de Spencer Tracy le pregunta que hay en el menú, Sam responde: "Chile con frijoles o chile sin frijoles". Cuando Tracy hace una mueca de dolor, comenta: "Si no te gusta, para eso se inventó el ketchup".
Si la película se hiciera hoy, Tracy saltaría sobre la barra y prepararía rápidamente algunos huevos de granja frescos y salchichas al hinojo. (Se pone un delantal en ‘La costilla de Adán’ [Adam’s Rib], pero ese es otro género).
Interesante y sospechoso, en ‘Munich’, el conocimiento culinario de Avner es históricamente muy improbable.
De acuerdo a Jonas, el Avner real nació en 1947, el año de la repartición y el inicio de las hostilidades de hoy, en lo que entonces se llamaba Palestina. Era, para decirlo suavemente, una época y lugar ajetreados y difícilmente un semillero de cultura culinaria.
El crítico gastronómico, Daniel Rogov, escribiendo sobre la historia de la comida en Israel para el ministerio de Asuntos Exteriores israelí, observa que la gente que vivía en Jerusalén hace tres mil años "probablemente comía mejor que hace medio siglo".
En 1948, el año que se fundó Israel, había sólo dos tipos de queso: uno llamado blanco, y el otro, amarillo, "ninguno de los cuales tenía gracia ni gusto". En el frente culinario, observa, las cosas empezaron a mejorar recién a mediados de los setenta.
El verdadero Avner no habría distinguido un ajo de oso de un colinabo.

18 de enero de 2006

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película cómica sobre hitler


Comedia sobre Hitler gira sobre tema controvertido, pero ha recibido numerosos galardones.
El director suizo Dani Levy tiene predilección por los temas que provocan controversias. El año pasado causó sensación con una comedia sobre los judíos en Alemania, ‘Alles auf Zucker’. Este año trabaja en una comedia, esta vez sobre los nazis: ‘Mein Führer, la verdadera verdad sobre Adolfo Hitler’.
Uno de sus financistas, el consejo de los medios de comunicación Berlín/Brandenburgo, anunció la nueva película de Levy con un sumario extremadamente conciso: "Hitler vive y cuenta en la película cómo era él realmente, una persona debilucha que llegó a la cumbre gracias a la ayuda del judío Grünbaum"
El mismo Levy declaró en un diario berlinés: "Con esta película quiero enviar una señal contra los documentales históricos sobre Hitler. En esas películas esos personajes son colocados en un pedestal".
Según la prensa alemana los actores de la película son Klaus Maria Brandauer y el cantante/cómico Helge Schneider. No está claro quién representará a Hitler.
Las comedias sobre Hitler y los nazis tienen una larga historia. El ejemplo más famoso del género es la película de Chaplin, ‘El gran dictador’, de 1940, en la que Hitler baila con un globo del mundo con música de Wagner. Sin embargo, Chaplin rodó la película antes de que conociera la verdadera dimensión del genocidio. Chaplin declaró más tarde que no habría hecho nunca la película si hubiera sabido lo que hicieron los nazis.
‘Alles auf Zucker’ gira sobre una hilarante disputa entre los hermanos de una familia judío-alemana. Un ex periodista deportivo de Berlín del Este cae en desgracia y debe reconciliarse con su hermano ortodoxo de Frankfurt para que lo tomen en cuenta para una herencia. La película recibió en Alemania diversos premios y se exhibirá este años en Estados Unidos.

7 de enero de 2006

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candy barr, pionera del porno


[Myrna Oliver]Candy Barr, 70; la striptisera y actriz pornográfica de los años setenta personificaba el goce y el peligro del sexo.
Candy Barr, la notoria striptisera y actriz del cine pornográfico que estuvo alguna vez vinculada románticamente con el mafioso Mickey Cohen y asociada al dueño de un club nocturno de Dallas, Jack Ruby, ha muerto. Tenía 70 años.
Barr murió el viernes, de neumonía, en un hospital de Abilene, Texas. Vivió los últimos años de su vida alejada del bullicio, en su natal sur de Texas.
Nacida como Juanita Dale Slusher en Edna, Texas, el 6 de julio de 1935, Barr se forjó a mediados del siglo 20 una vida lo suficientemente exótica como para inspirar una película biográfica. (A fines de los ochenta se contempló la posibilidad de rodar una película sobre su vida, con Farrah Fawcett en el papel de Barr, pero nunca se realizó).
Antes de que en 1960 descarrilara la carrera de la bailarina por una condena de prisión por posesión de marihuana, estaba ganando dos mil dólares al mes en clubes de Las Vegas y Los Angeles.
Fue Barr la que preparó a la actriz Joan Collins para su papel como bailarina exótica en la película ‘Los siete ladrones’, de 1960, lo que le significó aparecer en los créditos como asesora técnica.
"Ella me enseñó más sobre sensualidad que todo lo que aprendí en mis años de contrato", escribió Collins en su autobiografía, ‘Pasado Imperfecto’. Collins describió a Barr como "una chica con los pies en la tierra con un cuerpo increíblemente bello y una cara angelical".
Barr se convirtió en un hito histórico de la liberación sexual de los hombres de Texas en los años cincuenta, escribió Gary Cartwright en un artículo para la revista Texas Monthly en 1976, el mismo año en que una Barr de 41 años, pero todavía con una estupenda figura, posó desnuda para la revista masculina Oui.
Cartwright escribió que en los inicios de su carrera, Barr había personificado "el conflicto entre el sexo como disfrute y el sexo como peligro". El cuerpo era perfecto, pero era la inocencia de la cara la que te seducía".
En 1984, Texas Monthly colocó a Barr entre luminarias como Lady Bird Johnson, como una "tejana perfecta".
"De todas las chicas malas del vecindario", escribió la revista, Barr "era la más mala".
Y Barr se ganó su sitial en el exhaustivo tomo de 2004 publicado por la Universidad de Oxford, ‘Striptease: The Untold History of the Girlie Show’.
Barr contó que su vida empezó como una "pobretona blanca". Tras la muerte de su madre cuando ella tenía 9 años, fue ignorada por su madrastra y abusada sexualmente por un vecino y una niñera.
Huyó a Dallas a los 13, se casó con un ladrón de cajas fuertes y cayó al poco tiempo en el mundo del baile exótico y la prostitución. Más tarde apareció en la película pornográfica ‘Smart Alec’, aunque dijo que había sido drogada y obligada a actuar.
Trabó amistad con Ruby, dueño del Carousel Club, de Dallas, que fue luego condenado por el asesinato de Lee Harvey Oswald, el asesino del presidente Kennedy. Los agentes federales interrogaron a Barr después del asesinato de Oswald, pero ella insistió en que no sabía nada sobre la participación de Ruby en ninguna conspiración para el asesinato de Kennedy.
A principio de los años cincuenta Barr obtuvo un trabajo como vendedora de cigarrillos en el Teatro de Barney Weinstein, en el centro de Dallas. Impresionado por su impresionante belleza, el hermano de Weinstein, Abe, le ofreció su primera actuación en las tablas, le hizo teñir el pelo y la presentó como la reina del frenesí del teatro burlesco en su Colony Club.
Barr diseñó su traje característico -un sombre de 10 galones, estrellones, "diminutas bragas" y un par de pistolones y botas de vaquero- y se convirtió rápidamente en la favorita de los clubes de estudiantes, personajes de la mafia de Dallas, hombres de negocios y líderes políticos, que la contrataban para sus despedidas de soltero.
Sin embargo, los vecinos conservadores de Dallas estaban mucho menos impresionados y empezaron a presionar a la policía y a los fiscales para que prohibieran el espectáculo de Barr.
En 1957 fue detenida con un poco de marihuana oculta en su sujetador. Sostuvo que fue engañada por la policía y que sólo guardaba la droga para un amigo.
"Creemos que podemos convencer al jurado de que una mujer con su reputación, una mujer que ha hecho todas las cosas que ha hecho ella, debería ir a la cárcel", dijo el fiscal del condado de Dallas, Bill Alexander al diario Dallas Morning News tras el arresto de Barr.
"Puede ser guapa", dijo Alexander, que procesaría a Ruby seis años después, al jurado en su alegato final, "pero según las evidencias que tenemos la muestran como pervertida y ordinaria".
Barr fue condenada y con las severas leyes nacionales para lo que ahora es apenas una falta, fue sentenciada a 15 años de prisión.
El juicio cosechó publicidad nacional y sólo hizo aumentar su gama. Incluso el juez le pidió ser fotografiado con ella en sus habitaciones.
A la espera de la apelación, Barr fue contratada para actuar en el Hotel El Rancho Vegas, de Las Vegas, y en el Club Largo, en Sunset Boulevard, de Los Angeles, donde ganó dos mil dólares.
Fue durante este período que Barr conoció y salió con Cohen durante dos meses. Dijeron públicamente que estaban comprometidos, y él viajó por el país con ella, consultando con abogados la apelación de su sentencia.
Pero ni el romance ni la apelación podían durar toda la vida.
"Se acabó todo", dijo el apuesto ex corredor de apuestas al Times en mayo de 1959. "Somos simplemente muy diferentes. No, no nos peleamos. Fue algo más parecido a una discusión".
Dos años más tarde, Barr dio su respuesta de Cohen a su sentencia por posesión de drogas cuando la llevaron a Los Angeles para testificar contra él en un juicio por evasión de impuestos, en el que encontrado culpable y sentenciado a 11 años de cárcel.
Barr declaró que aunque Cohen pagó 15 dólares a sus abogados, también le dio dinero y documentos de identificación falsos, le hizo teñir el pelo y volar hacia México. Dijo que se había aburrido y volvió a Estados Unidos poco antes de que su apelación fue denegada.
"Siempre quise tener una casa de ladrillo propia, y parece que ahora voy a tener una", dijo Barr a una multitud y a periodistas cuando finalmente entró a la cárcel de mujeres Goree Farm for Women en Huntsville, Texas, en diciembre de 1959.
El entonces gobernador de Texas, John B. Connally, la dejó en libertad condicional en 1963 y la indultó cuatro años más tarde.
Durante su estancia en la prisión siguió las asignaturas de la escuela secundaria, trabajó como costurera, cantó en el coro de la cárcel y tocó en la banda.
También escribió un libro de poesía, que publicó en 1972 con el título de ‘A Gentle Mind … Confused’. El poema del título decía:

Odio a ese mundo que te golpea,
Por una lección errónea aprendida rápidamente.
La rebelión, ese sonido universal,
No importa a nadie... A nadie preocupa.
Fatigada por la implacable lucha
Sólo la compasión de sí mismos consuela a los que han sido abusados,
Y el aporreo de la vida diaria
Deja atrás un mente dulce... y confundida.

En un allanamiento de su casa en 1969 Barr fue arrestada por segunda vez por posesión de marihuana, pero los cargos fueron desechados por falta de pruebas.
En 1967, trató brevemente de reiniciar su carrera como bailarina a la edad de 32, nuevamente en el club Largo de Hollywood, y actuó contra un telón de fondo de barrotes de celda.
"El tiempo ha sido gentil con la señorita Barr. La mujer que fue una vez la novia de Mickey Cohen está en buena forma, aunque ligeramente demacrada y es todavía una entusiasta bailarina", escribió el crítico del Times, Kevin Thomas. "Desde la audiencia, parece una joven con un aura de tristeza y pesar que está haciendo lo que mejor sabe hacer".
Barr se retiró para llevar una vida en gran parte aislada en Texas, rodeada de sus mascotas.
"Dejemos que el mundo encuentre a otra persona sobre la que hablar", dijo al Texas Monthly en 2001.
"Me gusta estar sola".
Barr se casó y divorció cuatro veces. Tuvo una hija y se convirtió en abuela.

3 de enero de 2006

©los angeles times
©traducción mQh