Blogia
mQh

cine

cine iraquí en bagdad


[Sabrina Tavernise] Festival de cine en medio de la violencia de Bagdad.
Bagdad, Iraq. En lo que es quizás tanto un acto de desafío como un modo relajado de pasar una tarde, el sábado pasado más de 300 iraquíes entraron a un teatro y, sin detectores de metal ni guardias de seguridad, se sentaron y vieron una película.
Era el inicio del primer festival de cine de Bagdad desde la invasión americana de 2003 que derrocó a Saddam Hussein, un evento de seis días que para el miércoles noche había producido cientos de iraquíes felices y ni una sola baja.
Mientras la violencia echa raíces en otras partes de la capital, espectadores de todas las edades se apretujaron en el teatro para ver películas cortas hechas localmente que iban desde documentales sobre pastores hasta un largometraje con ocho actores que entran y salen, llorando y riendo, uno por uno, a una cabina telefónica.
"Estamos tratando de enviar un mensaje a la gente fuera de Iraq de que este es un país de verdad, no solamente una madriguera de terroristas", dijo el organizador del festival, Nizar al-Rawi, diseñador gráfico y presidente de la Sociedad de Artes Visuales Contemporáneas. "Tenemos miles de años de arte y conocimiento. Podemos fundar aquí una vida en sociedad".
El local de reunión, un teatro infantil en el centro de Bagdad, llamado La Linterna Mágica, se atiborró de cineastas y artistas en camisetas y vaqueros. La gente se apretujaba, rozando paredes cubiertas de fotografías enmarcadas de viejas películas. Dos niños servían vasos de plásticos de agua, de un jarro, para los espectadores.
Algunos de los 58 cortos mostrados son caprichosas animaciones. Otros cuentan la historias de las penurias desde la invasión americana. Pero quizás más importante, las películas, que compiten por premios por un valor de varios miles de dólares, fueron hechas exclusivamente por iraquíes, la mayoría de ellas desde la caída de Hussein.
"Cuando ves a esta joven gente linda empezando a hacer estas cosas valientes, te sientes contento", dijo Mufeed Jazaery, que fue ministro de Cultura durante el gobierno interino iraquí el año pasado. "Hay un montón de vida y movimiento que no se ve desde arriba".
La industria cinematográfica iraquí se remonta a los años cuarenta, y los iraquíes todavía guardan agradables recuerdos de haber ido al cine con sus familias en los años setenta y ochenta. Pero con la Guerra del Golfo Pérsico de 1991 y los años de privación que siguieron con la imposición de sanciones económicas, los teatros decayeron, y los iraquíes perdieron la costumbre.
El conflicto en 2003 también se cobró su precio. El teatro de la escuela de cine de la Universidad de Bagdad se quemó después de un atentado con bomba. Posteriormente los saqueadores se llevaron una gran parte de lo que quedaba de los equipos. De los 11 teatros de Bagdad, sólo un par de ellos se encuentran en operaciones, dijo Hamoudi Jassim, profesor de la Facultad de Bellas Artes que ayudó a organizar el festival.
Los participantes en el festival parecen determinados a llevar la crónica de la violencia y caos que se han echado sobre sus vidas. La primera película exhibida fue un documental sobre okupas que viven en un edificio bombardeado de la policía secreta, cerca de Bagdad.
El cineasta Hadi Mahood dijo que estaba tratando de mostrar cómo ahora las vidas de los iraquíes están llenas de miedo y dolor, no enteramente diferentes a la situación que vivieron con Hussein, y que ese edificio de la policía, donde los iraquíes eran torturados, lo simboliza.
"Lo más importante es captar esta época, filmarla, grabarla", dijo Mahood en una entrevista.
Las películas son un temprano inicio de este proyecto. Algunos pueden tener un sonido pobre y las inestables tomas que se producen manejando cámaras pequeñas con la mano, pero la falta de destreza técnica fue más que contrarrestado por el coraje y el entusiasmo. Los organizadores del festival esperaban que se presentaran unas 30 películas; llegaron 140.
"Ahora hay tantos temas importantes en Iraq", dijo Mais al-Kair, 22, que acaba de estudiar en el Instituto de Arte de Bagdad. "Es nuestro deber contar a la gente sobre los sufrimientos de los iraquíes".
Caminar por las calles de Bagdad con una cámara en la mano es una empresa arriesgada, y los cineastas contaron experiencias en que fueron atacados y sus materiales confiscados.
Los peligros son expuestos en un documental sobre el asesinato de periodistas iraquíes hecho por Ammar Saad, 27, de un barrio insurgente en el sur de Bagdad. Saad dijo que su película fue inspirada por la muerte en 2003 de un amigo que trabajaba para el canal de televisión Iraquiya, que fue asesinado por un disparo desde una base americana en Samarra, al norte de Bagdad.
"Los periodistas iraquíes están ahora en una situación crítica", dijo Saad. "La verdad es que la prensa iraquí puede realmente influir en los dos lados".
El título de su película, ‘Damn Gum', está imbuido de humor negro: es una referencia al difícil papel de los periodistas.
"La gente no acepta la verdad", dijo Saad, agregando que como el chicle, "no pueden ni escupir ni tragar".

Harb al-Mukhtar contribuyó al reportaje desde Bagdad.

29 de septiembre de 2005
©new york times
©traducción mQh

más allá con baño común


[A.O. Scott] En el género de comedias de ultratumba no será nunca un clásio.
‘Just Like Heaven', dirigida por Mark Waters con un guión de Peter Tolan y Leslie Dixon es una comedia metafísica sobre la segunda oportunidad, el tipo de comedia en la que las leyes del tiempo y el espacio son torcidas para dar a los personajes acceso al auto-conocimiento inaccesible en circunstancias ordinarias. El género ha tenido una larga y variada historia, remontándose al menos a ‘Qué Bello Es Vivir' [It's a Wonderful Life'] e incluyendo ‘Ghost', ‘Big' y las varias versiones de ‘Cielo Puede Esperar' [Heaven Can Wait]. Estas películas corren siempre el riesgo de la sensiblería, pero en sus mejores momentos -‘Atrapado En el Tiempo' [Groundhog Day], ‘All of Me', el espléndido remake de ‘Ponte En Mi Lugar' [Freaky Friday], de Waters- fermentan lacrimosas películas de aprendizaje, con un caprichoso deleite en lo ridículo.
‘Just Like Heaven', con Reese Witherspoon como un ambicioso doctor de San Francisco y Mark Ruffalo como una depresiva tipa que subalquila su apartamento, es demasiado delgada y empalagosa como ser incluida entre los clásicos. Sin embargo, dadas sus premisas algo morbosas, es impresionantemente ágil y simpática. Al principio Elizabeth Masterson (la señorita Witherspoon) completa un maratónico turno en una sala de emergencias (comprimida por Waters y su brillante editor, Bruce Green, en un tour de force de atropellada exposición cómica. Poco después, Elizabeth -o más su inmaterial aunque parlanchín espíritu- irrumpe contra David Abbott (Ruffalo), que ha estado arrastrándose en su vieja casa, bebiendo cerveza y disfrutando de las espectaculares vistas de la ciudad y la bahía. Ella quiere saber qué está haciendo él en su apartamento. Él se pregunta lo mismo.
Su primer encuentro sugiere un remake de ‘Al Se Va de Viaje' [The Goodbye Girl] como película de fantasmas. Elizabeth, la fantasma en cuestión, no cuelga a secar su ropa interior en la cortina de la ducha, pero sí tiene el hábito de entrar al baño cuando se está duchando David. Si los dos fueran una sola persona, se podría describir como pasiva-agresiva, pero a fin de cuentas Witherspoon, refunfuñando y fanfarrona, busca la agresión, mientras Ruffalo, otra vez, convierte la pasividad en una increíble forma de encanto. Después de un rato, previsible pero encantadoramente, su coexistencia de agua y aceite emulsiona en amor, y unen sus fuerzas para descubrir qué pasó exactamente con Elizabeth, cuyo recuerdo de su vida física es convenientemente borrosa.
Los dos personajes son simpaticos. Witherspoon se despoja de la falsa simplicidad que vivió en las películas de ‘Legalmente Rubia' [Legally Blonde] y en las primeras escenas (que pudieron haber sido llamadas ‘Médicamente Rubia'), redescubre la acerada viveza de Tracey Filck en ‘Election', su primer gran rol cómico. De cierto modo, Elizabeth, que debe ser al mismo tiempo divertida y amorosa, es un reto más grande, pero Witherspoon está a la altura. Y Ruffalo, con su pesado acento y tristona galantería, es el contraste ideal.
La adaptación de una novela del escritor espiritualista francés Marc Levy, ‘Just Like Heaven' teje sus mullidas presunciones en el fuego cruzado de las guerras culturales americanas. Sin sacrificar demasiado, debo observar que la película lleva a cabo la insólita hazaña de tratar los polémicas aspectos que rodean la vida y muerte de Terri Schiavo y los convierte en material de farsa. Waters debe tener el ligero toque de Hollywood, la habilidad envidiable, aunque desconcertante, de estrujar risas con el dolor, las dificultades éticas y el horror médico.
El reparto secundario ciertamente ayuda, en particular Donal Logue, que es amigo y terapeuta de David; Jon Heder (el tontorrón héroe de ‘Napoleón Dinamita' [Napoleon Dynamite]) como su inverosímil asesor espiritual; y Dina Waters como la hermana mayor de Elizabeth. Todos actúan con una espontaneidad que mantiene a raya los elementos más empalagosos, aunque estos inevitablemente se reafirman al final, cuando la lente de la cámara parece estar sumergida en jarabe de maíz, y los nudos crecen, en la garganta. No es exactamente el cielo, pero después del purgatorio de la temporada cinematográfica de fines del verano puede estar bastante cerca.

Just Like Heaven
Dirección Mark Waters Guión Peter Tolan y Leslie Dixon, basado en la novela ‘If Only It Were True', de Marc Levy Fotografía Daryn Okada Montaje Bruce Green Música Rolfe Kent Diseño de Producción Cary White Producción Laurie MacDonald y Walter F. Parkes Distribución DreamWorks Pictures. Duración: 95 minutos.

Reparto Reese Witherspoon (Elizabeth), Mark Ruffalo (David), Donal Logue (Jack), Dina Waters (Abby), Ben Shenkman (Brett) y Jon Heder (Darryl).

19 de septiembre de 2005
18 de septiembre de 2005
©new york times
©traducción mQh

novia cadavérica


[Manohla Dargis] Más guapa que una novia viva.
Una diversión necrófila para toda la familia, ‘La Novia Cadáver de Tim Burton' [Tim Burton's Corpse Bride] es la última aventura del director en el mundo de la animación con muñecos de material moldeable después de ‘Pesadilla Antes de Navidad' [Tim Burton's The Nightmare Before Christmas] y ‘James y el Melocotón Gigante' [James and the Giant Peach]. Como en ‘Pesadilla', empiezan a pasar cosas locas y fantasmales, esta vez al servicio de un romance ligeramente perverso sobre un chico melancólico, la niña con la que espera casarse y el enorme cadáver que accidentalmente se coloca entre ellos.
Dirigida por Burton y Mike Johnson, y escrita por John August, Caroline Thompson y Pamela Pettler, la historia gira sobre un tímido solterón con piernas de palos de cerillas y pálida complexión, Victor (con la voz de Johnny Depp), cuyos padres socialmente ascendentes concertan su matrimonio con Victoria (Emily Watson), la retraída hija de una familia de la pequeña nobleza empobrecida. Cuando fracasa el ensayo de la boda, Victor se refugia en el bosque, con lo que se convierte en el reluctante objeto de deseo de la Novia Cadáver, una belleza de tintes azules con los miembros roídos y los pechos preservados milagrosamente (Helena Bonham Carter, la vivísima compañera del director). Juntos, la espeluznante pareja desciende al mundo de las sombras, induciendo a Victor a cambiar el mundo de lo apenas vivo, por el reino de lo exuberantemente muerto.
Para Victor y para sus dos directores, el mundo subterráneo demuestra pronto ser un lugar más hospitalario que el mundo de arriba, y mucho más entretenido. Arriba, los vivos se arrastran tan soñolientos como zombis en medio de un arco iris de grises, mientras abajo, las paredes son de verde ajenjo y los esqueletos se menean, traquetean y bambolean. Rebosantes de travesuras y una especie de vida (pensad en las sonrientes calaveras del artista mexicano José Guadalupe Posada), los esqueletos se desmembran bailando un feroz número musical sólo estropeado por la insistencia del compositor Danny Elfman en reciclar la misma serie de notas una y otra vez. Las notas resuenan más agradablemente cuando un grupo de arañas remiendan el traje de Victor, porque entonces gorjean un pastiche de Gilbert y Sullivan mientras dan puntadas.
Por supuesto, todo termina felizmente, aunque no antes de que Burton y compañía hayan reunido a los muertos con los muertos vivos, y dado una patada en los pantalones a un pastor de cara pellizcada todavía más marchitado que la novia misma. Este elemento anticlerical le da a la historia un toque picante, mientras que la reunión entre los cadáveres y los ostensiblemente vivos aumenta la cantidad de zombis que últimamente corren enloquecidos en las salas de cine. La renovada fijación del cine con los muertos vivos sugiere que estamos poseídos por un anhelo imposible, o quizás es simplemente otro ciclo cinematográfico en curso. Cualquiera sea el caso, hay algo alentador sobre la pasión de Burton por los huesos y la pudrición, aunque sólo fuera porque sugiere que, a pesar de evidencias recientes, todavía no está listo para abandonar su oscuro reino.

B>Tim Burton's Corpse Bride

Dirección Mike Johnson y Tim Burton Guión John August, Caroline Thompson y Pamela Pettler Fotografía Pete Kozachik Montaje Jonathan Lucas y Chris Lebenzon Música Danny Elfman Diseño de Producción Alex McDowell Producción Burton y Allison Abbate Producción Ejecutiva Jeffrey Auerbach y Joe Ranft Distribución Warner Brothers Pictures. Duración 76 minutos.

Voces Johnny Depp (Victor Van Dort), Helena Bonham Carter (Novia Cadáver), Emily Watson (Victoria), Albert Finney (Finis Everglot), Joanna Lumley (Maudeline), Tracey Ullman (Nell Van Dort) y Paul Whitehouse (William).

18 de septiembre de 2005
©new york times
©traducción mQh

chica de calendario al cine


[Manohla Dargis] En Festival de Cine de Toronto.
Toronto, Canadá. Mientras más se acerca el 30 Festival Internacional de Cine de Toronto a su final el sábado, más difícil se hace clasificar este extenso y agotador evento. Con 256 películas de 60 países en el programa -incluyendo nada menos que 109 estrenos mundiales-, el programa se ha convertido en algo parecido a una prueba de resistencia para los asistentes. Con tantas películas por ver, los asistentes se ven a veces obligados a tomar decisiones difíciles, decidiendo, digamos, entre mirar a Charlize Theron como trabajadora de una mina luchando contra el acoso sexual en ‘North Country', de Niki Caro, o a Gretchen Mol retozar en su traje de cumpleaños en ‘Notorious Bettie Page' de Mary Harrons, una frívola diversión sobre la chica de calendario de los años cincuenta.
Dados la trayectoria de las cineastas -Caro dirigió ‘Jinete de Ballenas', la última película de Harron fue ‘American Psycho'-, esta decisión en particular fue fácil. Ganó el traje de cumpleaños. Escrita por Harron y Guinevere Turner, ‘Bettie Page' sigue al personaje del título desde sus humildes orígenes sureños hasta su transformación en la "reina de las chicas de calendario" en Nueva York durante la época de Eisenhower. Mol, que ha redondeado delicadamente su bella figura para el rol, da vida a su personaje con una resplandeciente sonrisa y una contagiosa alegría de vivir, a menudo con atuendos fetichistas o simplemente desnuda. Page nació para desnudarse, y Mol rinde tributo al natural talento de la bataclana, con una inteligencia y una falta de timidez que habla muy bien de ella y su directora.
‘The Notorious Bettie Page' es una de las varias películas biográficas que llegarán aquí a las salas en los próximos meses. Otras incluyen a ‘Capote', de Bennett Miller, en la que Philip Seymour Hofmman intenta representar al escritor con una apreciable falta de vanidad y ‘Walk the Line', de James Mangold, con Joaquin Phoenix como Johnny Cash y Reese Witherspoon como June Carter. La visión de Mangold del cantante tiene los elementos correctos; es una pena que sea a veces tan cauto. Ciertamente Phoenix, que, como Whiterspoon, canta él mismo, hace más que solamente mostrar a Cash en sus días de gloria y desgracia. Miller, por su parte, echa una mirada razonablemente despiadada sobre Capote, subrayando que no se puede otorgar humanidad a un personaje sin convertirlo en un santo.
Películas como ‘Walk the Line' sirven varios propósitos en los festivales: proporcionan, tanto para los estudios como para el festival un tesoro de publicidad de alfombra roja, y da a los periodistas tiempo para estar con las estrellas. Junto a los festivales de Telluride y Venecia, el Toronto se ha convertido en una valiosa plataforma de lanzamiento para compañías de cine que buscan introducir sus producciones de otoño. Eso ayuda a explicar por qué Toronto parece ahora razonablemente bien abastecido, con muchas de las selecciones de alto nivel apretujadas en la primera mitad del festival: publicistas de los estudios pueden viajar hacia el centro para el fin de semana de apertura y salir con resmas de publicidad. Disney llevó al festival a caballito y organizó viajes de jugadores para dos de sus próximos lanzamientos este fin de semana pasado: ‘Plan de Vuelo: Desaparecida' y ‘The Greatest Game Ever Played', ninguna de las cuales aparece en el programa del festival.
Una de las selecciones más justamente anticipadas y auténticas del festival era ‘Terreno Vedado' [Brokeback Mountain] de Ang Lee, su adaptación de un cuento de E. Annie Proulx. Conocida como la película de "cowboys homosexuales" y clasificada al menos por un bromista como ‘Lo Que el Viento Se Llevó' para homosexuales, la película es protagonizada por Heath Ledger y Jake Gyllenhaal como dos cowboys que, a principios de los años sesenta, empiezan una relación amorosa que se extiende durante más de dos décadas y sobrevive a varias esposas y novias, entre otros obstáculos. Aunque Lee tiende a mostrar su Occidente como una postal tan bonita como un anuncio de Marlboro, ha elegido bien a sus estrellas y, en un crucial papel secundario, a la inestimable Michelle Williams. El sensible retrato de Gyllenhaal no sorprenderá a sus admiradores; la dolorosa actuación de Ledger es la esencia de las historias de Hollywood.
Las celebridades y directores de fama previsiblemente se llevan la mayor parte de la atención aquí, pero el festival sigue siendo un destino para películas de fuera de Hollywood. Algunas de las mejores películas en la selección de este año incluyen ‘Oculto' [Caché], de Michael Haneke, sobre una familia francesa aterrorizada por comunicados anónimos, y ‘El Sol' [The Sun], de Alexander Sokurov, sobre el Emperador Hirohito tras la capitulación de Japón. Ambas tuvieron su estreno mundial en otros lugares y tienen su próxima parada en el Festival de Cine de Nueva York. Otras dos películas destacables que van a Nueva York son ‘Gabrielle', de Patrice Chéreau, una excéntrica adaptación del cuento de Joseph Conrad, ‘El Regreso' [The Return], y la excelente ‘Los Amantes Regulares' [Amants Réguliers], de Philippe Garrel. Una contrarréplica -y quizás un correctivo- de ‘Soñadores', de Bernardo Bertolucci, ‘Los Amantes Regulares' es protagonizada por el hijo del director, Louis Garrel (que también apareció en la película de Bertolucci), como un joven parisino en las tormentas de fines de los años sesenta.
El viejo Garrel ha estado haciendo películas desde los años sesenta, y mientras se ha hecho con una audiencia, sus trabajos siguen siendo inaccesibles en Estados Unidos. Es precisamente debido a cineastas como Philippe Garrel que los festivales de cine se han hecho cruciales en la cultura cinematográfica contemporánea. Con todos los viajes a casinos, Toronto se ve marcadamente diferente del festival que era hace seis, siete años, y aunque a veces parece más un mercado que un festival, sigue reuniendo a audiencias y películas que de otro modo no se encontrarían nunca en el ancho mundo. A menudo los festivales sólo son buenos mientras circulan las películas, y este año puede haber sido menos que ejemplar en Toronto, pero el evento de 10 días todavía ofrece amplias pruebas de que hay muchas más películas que en el multiplex.
Nada hizo mejor este punto que una serie de programas de vanguardia llamados Wavelenghts [Longitud de Onda], que presentó a algunos de los mejores trabajos en el festival. Un momento brillante fue ‘Mouse Heaven', un video digital de 10 minutos del legendario cineasta de vanguardia Kenneth Anger que hace para el Ratón Mickey lo que el cineasta hizo para los coches en su clásica ‘Kustom Kar Kommandos'.
Todavía más espectacular es ‘site specific_LAS VEGAS 05', de Olivo Barbieri, uno de los estudios aero-fotográficos del cineasta italiano. Grabado desde un helicóptero en 35 milímetros, el corto de 12 minutos consiste de una serie de vistas de la ciudad de Nevada y áreas adyacentes que han sido manipuladas visualmente para que parezcan un modelo a escala de un arquitecto. La espectacular irrealidad de esos paisajes es a la vez encantadora y enajenante, y un comentario terriblemente apto sobre la ciudad del desierto.

16 de septiembre de 2005
©new york times
©traducción mQh


¿en el nombre de dios?


[Eric T. Hansen] Nueva película examina un caso de exorcismo de 1976.
Berlín, Alemania. La primera persona en reconocer que Anneliese Michel estaba poseída por demonios fue una anciana que acompañaba a la niña en una peregrinación. Se dio cuenta de que Anneliese evitaba pasar frente a cierta imagen de Jesús, se negaba a beber de una fuente bendecida y olía mal -endemoniadamente mal. Un exorcista de un pueblo cercano examinó a Michel y su diagnóstico fue que se trataba de una posesión demoníaca. El obispo dio permiso para realizar el rito exorcista según el ritual romano de 1614.
Anneliese Michel no murió en la Edad Media,
sino en 1976 en el pequeño pueblo de Klingenberg, en el corazón de uno de los países más cultos y avanzados de Europa: Alemania.
El viernes, la historia que conmovió a Alemania llegará a las grandes pantallas. Aunque escenificada en Estados Unidos en el presente, ‘El Exorcismo de Emily Rose', que protagoniza Tom Wilkinson como el sacerdote que realizó el ritual y Laura Linney como su abogado defensor, se basa en la historia de Michel y se concentra no sólo en el sensacional exorcismo mismo, sino en el caso judicial que le siguió.
Dos años después de la muerte de Michel, un tribunal alemán encontró a sus padres y dos sacerdotes, culpables de negligencia criminal y los condenó a seis meses de prisión, suspendida por tres años de libertad condicional.
Lo que transtornó más a Alemania fue el hecho de que pudiera ocurrir en un país que se enorgullece a sí mismo de ser altamente racional -y fuertemente laico.
"Lo más sorprendente fue que la gente relacionada con Michel estaba absolutamente convencida de que ella estaba realmente poseída", dijo Franz Barthel, con el asombro todavía en su voz tres décadas después de que cubriera la historia para el diario regional Main-Post.
"Visité a la mujer que primero dio el diagnóstico de posesión demoníaca muchos años después", dijo Barthel. "Ella bendijo mi micrófono con agua bendita porque yo estaba trabajando para la radio y era probable que el Demonio estuviera controlándolo".
Michel fue educada en una estricta familia católica de Baviera, que rechazaba las reformas del Vaticano II y coqueteaba con grupos religiosos marginales. Mientras otras niñas de su edad se rebelaban contra la autoridad y experimentaban con sexo, ella trataba de expiar los pecados de sacerdotes extraviados y drogadictos, durmiendo en el suelo durante el invierno.
De acuerdo a los hallazgos de la corte, sufrió su primer ataque epiléptico en 1969, y para 1973 sufría de depresiones y pensó en suicidarse. Pronto empezó a ver caras de demonios en la gente y cosas que la rodeaban, y a oír voces que le decían que estaba condenada.
Bajo la influencia de sus demonios, Michel se arrancaba la ropa del cuerpo, realizaba compulsivamente 400 sentadillas al día, se metía debajo de la mesa y ladraba como perro durante días, comía arañas y carbón, le arrancó a un pájaro la cabeza a mordiscos y lamía su propia orina del suelo.
En 1975 Michel pidió un exorcismo. En la primer semestre de 1976 los reverendos Ernst Alt y Arnold Renz realizaron el rito 67 veces. Algunas de las sesiones tomaron hasta cuatro horas. Se grabaron en cinta 42 de las sesiones.
La voz grabada de Michel produce escalofríos. Es la voz de un demonio, gruñendo, ladrando, inhumana -y sorprendentemente parecida a la voz de Linda Blair en ‘El Exorcista', que había sido estrenada en Alemania dos años antes.
A veces los demonios se identificaban a sí mismos -Caín, Nerón, Judas, Lucifer, Hitler y otros- e incluso respondían a las preguntas de los exorcistas, explicando qué estaba mal con el infierno o por qué estaban en el infierno. "La gente es igual de estúpida que los cerdos", escupió Hitler. "Creen que con la muerte se acaba todo. Simplemente sigue todo". Judas dijo que Hitler no era más que un "fanfarrón" y no tenía nada que decir en el infierno.
De todos modos, no fue el exorcismo lo que mató a Anneliese Michel.
En algún momento empezó a hablar cada vez más sobre morir para expiar los pecados de la juventud extraviada de la época y los sacerdotes apóstatas de la iglesia moderna, y se negó a comer. Aunque había recibido tratamiento para su epilepsia, para entonces, por su propia voluntad, los doctores ya no eran consultados.
Ella, su padres y los exorcistas decidieron descansar completamente en el exorcismo. Para cuando Michel murió de inanición, pesaba apenas 31 kilos.
Después de su muerte, el juicio de Anneliese Michel puso a la razón contra la fe.
"Creo personalmente que este caso fue manejado de tal manera que minimizase la realidad del Demonio", dice Norbert Baumert, sacerdote jesuita y presidente de la comisión teológica de la Renovación Carismática Católica en Alemania, que no puede realizar ritos de exorcismo, pero practica la "sanidad a través de la oración".
El juicio tocó el corazón del credo: Si la Biblia es verdadera, entonces los milagros realmente ocurrieron, y Satanás debe existir.
Pero no es fácil predicar la existencia del Demonio en uno de los países más laicos de Europa. Un estudio del centro de investigación Infratest y publicado el mes pasado en Alemania por el semanario Der Spiegel mostró que inclusive entre feligreses, aproximadamente un tercio de los católicos bautizados y la mitad de los protestantes bautizados no creen en la vida después de la muerte.
"Entiendo la queja de que los teólogos alemanes son demasiado racionales", dice Klemens Richter, profesor de ciencias litúrgicas en Muenster. "Pero el exorcismo trata de curar a enfermos. En el caso de Anneliese Michel, la enfermedad fue comprobada. Cuando veo a una paciente y la apoyo en sus fantasías, elle tiene la impresión de que está realmente poseída".
El exorcismo está mucho más extendido de lo que imagina la mayoría de la gente. De acuerdo a Richter, hay unos 70 exorcistas en Francia y más o menos lo mismo empleados en Italia. En julio de este año, un congreso en Polonia reunió supuestamente a unos 350 exorcistas practicantes.
Alemania es la principal excepción en Europa. Aquí, sólo hay uno o dos exorcistas practicantes, y aunque han sido aprobados por sus obispos, operan en secreto.
"La secularización tiene a la iglesia en sus garras", dice Ulrich Niemann, sacerdote jesuita, médico y psiquíatra, al que los laicos llaman a menudo en casos de exorcismo. "Hacemos un montón por el Tercer Mundo, pero poco por la fe en un Dios transcendente... La iglesia alemana es demasiado cerebral".
Niemann no se considera a sí mismo un exorcista y no realiza el ritual romano de 1614. "Como doctor, yo digo que la posesión no existe", dice. "En mi opinión, estos pacientes sufren de enfermedades mentales. Pero al mismo tiempo, cuando el paciente viene de Europa del Este y cree que ha sido atacado por el demonio, sería un error ignorar su sistema de creencias".
Después del juicio de Michel, obispos y teólogos alemanes formaron una comisión para revisar el rito exorcista, y en 1984 pidieron a Roma que lo modificara.
El meollo del asunto, concluyeron, era la práctica de hablar directamente o "imperativamente" con el Demonio, es decir, "Te ordeno, espíritu impuro..." Esa parte del rito parecía causar el mayor daño, ya que confirmaba al paciente que él o ella estaba realmente poseída.
Los alemanes no lograron lo que querían.
"Nos asombró que Roma aprobara una fórmula de exorcismo modificada en 1999, que deja abierta la posibilidad de hablar directamente con el Demonio", dice Richter. "Pero tú no puedes saber realmente si un paciente está o no poseído por el Demonio".
Hoy, 30 años después de la muerte de Michel, los dos exorcistas y su padre (su madre no pudo ser localizada para este artículo), Michel todavía es venerada por un pequeño grupo de católicos que creen que expió los pecados de los sacerdotes extraviados y la juventud pecaminosa, y la honran como a una santa no oficial.
"A menudo vienen autocares, desde Holanda, creo, a la tumba de Anneliese", dice Barthel. "La tumba es un punto de encuentro para marginales religiosos. Escriben notas con peticiones y agradecimientos por la ayuda recibida, y las dejan sobre la tumba. Rezan, cantan y siguen viaje".

10 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh


cowboys enamorados


[Karen Durbin] Uno del otro, en ‘Brokeback Mountain'
Cuando le preguntaron por qué quería hacer ‘Terreno Vedado', una película que se convirtió en una patata caliente que se cayó de las manos de otros directores, Ang Lee dijo que era simple: "Cuando leí la historia por primera vez, me fascinó. Es una gran historia de amor americana, contada de tal manera que te hace pensar que se hace la primera vez. Al final de la película tenía mis ojos llenos de lágrimas. ¿Recuerdas? Ves cómo colocan las camisas en el clóset, lado a lado".
¿Quién podría olvidarlo? Cuando apareció la historia breve de Annie Proulx sobre dos cowboys enamorados en el New Yorker hace ocho años, fue tan asombroso y potente para tanta gente, la experiencia de leerla sigue siendo un recuerdo vívido, casi físico. En cuanto a las camisas, la imagen es única e indeleble: escondidas años antes en la parte de atrás de un clóset, cuelgan de una sola percha, la exterior, una tejana, ensangrentada por un viejo golpe, la segunda de cuadros escoceses, raída y sucia, cuidadosamente doblada dentro de la primera, sus mangas metidas en las mangas de la otra, el par de camisas como dos pieles, una dentro de la otra, dos en uno. Es un emblema de amor tan claro y familiar que sólo podía ser verdad.
Los trágicos amantes de ‘Terreno Vedado' son una pareja de vaqueros itinerantes apenas educados llamados Jack Twist y Ennis Del Mar (Gyllenhaal y Heath Ledger, respectivamente). Se conocieron en el verano de 1963, cuando fueron contratados para dividirse el trabajo de proteger a una gran manada de ovejas contra depredadores en una aislada montaña de Wyoming. De 19 y prácticamente sin amigos, encuentran un inesperado placer en hacerse compañía. Entonces una noche, abrumados por las hormonas, el whisky y ellos mismos, se sorprenden en una pasión tan potente y satisfactoria que les parece lo mejor que han vivido alguna vez, o vivirán. Cada vez más peligroso, pero irresistible, su romance secreto continúa mucho después de que se han casado y formado familias.
Lee estába en Italia disfrutando de sus últimas vacaciones antes de que empiece la ronda de festivales de cine de ‘Terreno Vedado', haciendo su estreno en Venecia, y luego trasladándose a la gran vitrina de Toronto a mediados de septiembre. (La película se estrenará en Nueva York, Los Angeles y San Francisco el 9 de diciembre). Habla suave y tímidamente, pero es franco en los asuntos que ha decidido tratar.
‘Terreno Vedado' es la última de nueve películas que ha rodado Lee en 1992. Se aventuran por todo el globo, desde la primera, ordenada progresión de tres agridulces dramas de dormitorio de una familia china, culminando en ‘Comer, Beber, Amar' [Eat Drink Man Woman] (1994), hasta el éxito de taquilla de acción, pero emocionalmente apagado, de ‘Hulk' (2003), una película que parece tan hinchada como el furioso antihéroe de la historieta. Entremedias produjo la exuberante y emocionante ‘Sentido y Sensibilidad' [Sense and Sensibility]; ‘La Tormenta de Hielo' [The Ice Storm], una disección casi clínica de los suburbios de los años setenta; el drama mudo de la Guerra Civil, ‘Cabalga con el Diablo' [Ride With the Devil'; y el deslumbrante tour de force, ‘Tigre y Dragón' [Crouching Tiger, Hidden Dragon], que medio en broma describió una ‘Sentido y Sensibilidad' con artes marciales.
Por diversas que sean las películas de Lee, se discierne en todas ellas un hilo conductor. Describió lo intimidante que fue que le ofrecieran ‘Sentido y Sensibilidad' -su primera película en inglés y con Jane Austen, nada menos, así como su primera película histórica y la primera vez que dirige a estrellas importantes. "Espeluznante, y sin embargo me era familiar", dijo. "Estaba a tono con las vibraciones de la película". Aunque Ang Lee y Jane Austen no son precisamente almas afines, tienen en común un afilado, calculador ojo para las tensiones entre la conducta humana y las convenciones, mores y tabúes, que deben ser mantenidos.
En cierto sentido, son los dos marginales. La soltería de Austen, el desesperado destino de sus heroínas, le permitió una útil distancia desde la percha de un observador. Lee, 50, está a horcajadas en dos culturas. Dejó Taiwán en 1978 para estudiar teatro en la Universidad de Illinois y obtuvo un posgrado en cine en la Universidad de Nueva York. Vive en Larchmont, Nueva York, con su esposa, una microbióloga, y sus dos hijos. "Pero viví en Taiwán hasta mis 23", dice. "Mis raíces, mi visión del mundo, ya estaban formadas. Lo que aprendí en Estados Unidos fue básicamente la técnica".
El arco de la carrera de Lee refleja esta identidad dual. En sus primeras películas explora con creciente fineza el choque entre generaciones entre las mores chinas y el ethos occidental más despreocupado y ubicuo. Se ha convertido, en el mejor de los casos, en un agudo y original estudiante de la cultura anglo-americana. En ‘Sentido y Sensibilidad', se abalanza sobre Austen con la usual exquisita penumbra cinematográfica para localizar la dureza y pasión debajo. Y ataca las transformaciones sociales de los años sesenta en Estados Unidos que se han convertido en las guerras culturales de hoy: ‘La Tormenta de Hielo', cuyos vacíos vecinos suburbanos de clase media tratan de conseguir una barata emoción de la nueva libertad sexual de la época, es la hermana torcida de ‘Terreno Vedado', en la que profundos deseos persisten frente al tabú más terrible.
"En términos de la cultura americana, creo que Ang tiene una enorme empatía hacia todo lo que somos", dijo James Schamus, incluyendo las cosas que no admitimos. Fundador ampliamente admirado de Good Machine, una compañía que ha logrado reunir el financiamiento de muchas películas independientes, Schamus es ahora co-presidente de Focus Features, bajo el alero de la Universal, que significa que tiene el presupuesto para aprobar películas. Ha sido productor de todas las películas de Lee y ha sido el guionista o uno de los guionistas de todas sus películas, excepto ‘Sentido y Sensibilidad' y ‘Terreno Vedado', que fue escrita por Larry McMurtry y Diana Ossana a fines de los años noventa.
"Primero traté de hacer ‘Terreno Vedado' cuando estaba en Good Machine, pero no encontré a nadie dispuesto a financiarla", dijo Schamus. "Un montón de gente trató de hacerla. Joel Schumacker coqueteó con ella. Scott Rudin trató de hacerla con Gus Van Sant".
Jake Gyllenhaal discutió el proyecto con Van Sant, cuyo trabajo admira. "Recuerdo haber dicho: ‘De ninguna manera, de ninguna manera'", dijo, riéndose de sí mismo. "Todo lo que había oído decir era que era una película de cowboys homosexuales. Yo tenía 16 y no podía ni pensar en ello". Seis años más tarde, uno de sus agentes le pasó el manuscrito, esta vez como un proyecto de Focus con Lee, y le habló sobre la historia. "Cuando lo leí, me emocionó tanto que no pude no hacerla".
El cuento ‘Terreno Vedado', de Annie Proulx, fue publicado el 13 de octubre de 1997, en The New Yorker, un año antes del asesinato de Matthew Shepard, 21, el estudiante abiertamente homosexual de la Universidad de Wyoming, que cometió el fatal error de gorronear un paseo en coche con los tipos equivocados en un bar local. Políticos locales denunciaron a la prensa nacional por observar en su cobertura que Wyoming no tenía leyes contra los crímenes de odio, a pesar de repetidos intentos de aprobar una en la legislatura.
‘Terreno Vedado', de Lee, se estrena en una época en que populares programas de televisión incluyen a personajes homosexuales que tienen relaciones sentimentales y, en algunos casos, pueden incluso unirse en matrimonio, una oportunidad que las legislaturas del país han estado, mediante leyes, impidiendo a los hombres y mujeres homosexuales de verdad. Algunos heterosexuales, incluso los que aprueban el matrimonio homosexual, o al menos las uniones libres, se mantendrán apartados de la película porque se trata de una relación amorosa entre dos hombres. Otros sólo quieren saber cómo se llevan Ledger y Gyllenhaal. A juzgar por la cantidad de chácharas en internet, la película ha causado gran anticipación.
Las reacciones en preestrenos fueron positivas, aunque notablemente aguadas. Después de uno, dijo Schamus, "mi esposa salió del lavabo de señoras y dijo: ‘Aquí dentro hay 15 mujeres y están todas llorando'. Yo le dije: ‘Tendrías que ver el de hombres'".
"La película tiene algo personal, es íntima", dijo Lee. "Creo que todos tenemos una ‘Terreno Vedado'. Algo a lo que quieres volver. Y, por supuesto, alguna gente no vuelve".
Lee tiene razón: en el medio que sea, ‘Terreno Vedado' cuenta una gran historia de amor. Parte de la seducción de la historia es el modo en que la atracción que une a los hombres escapa a los límites de las definiciones, de las categorías. Eso es lo que la hace tan elemental. Reconoces la verdad y el misterio de su experiencia.
Pero en un país que hace del tosco individualismo no solamente una virtud, sino un fetiche -y contra el telón de fondo de un gran cielo, más identificado con esa virtud-, ‘Terreno Vedado' toca una cuerda más profunda y más persistente: es la historia de personas a las que, por ninguna razón discernible, se les prohíbe que vivan sus vidas.

Karen Durbin es la crítico de cine de la revista Elle.

5 de septiembre de 2005
©new york times
©traducción mQh

balzac en china


[Alan Riding] Del cine a la literatura al cine.
Dreux, Francia. Normalmente son las novelas las que son adaptadas al cine. Lo que es raro es que un escritor de éxito dirija la versión cinematográfica de su propio libro. Sin embargo, la experiencia de Dai Sijie es todavía más inusual. Es cineasta que se pasó a la literatura porque su carrera fílmica estaba flaqueando. Ahora el éxito mundial de su primera novela, ‘Balzac y la Pequeña Costurera' ha vuelto a encarrilar su carrera en el cine.
"Hacer una película es mil veces más difícil que escribir un libro", dijo. Y en ello también incluía su versión fílmica de ‘Balzac y la Pequeña Costurera'.
No fue fácil. El escritor chino se mudó a Francia en 1984 para estudiar arte occidental, y luego cine. Ha vivido desde entonces aquí, aunque no es un exiliado político: conserva su pasaporte chino y puede viajar libremente a casa. Sin embargo, cuando pidió permiso para rodar sus primeras tres películas en chino, en China, fue rechazado. Finalmente se rodaron, dos de ellas, en Francia y una en Vietnam. Ninguna fue un éxito de taquilla.
Entonces, cuando decidió intentarlo en la literatura, estaba buscando, sobre todo, una audiencia. Así, con algo de audacia, escribió en francés, un idioma que habla fluidamente pero con un fuerte acento. La apuesta resultó. A los franceses les encantó la novela, y ha sido traducida a 25 idiomas.
La historia que contó también es china, y se basa en sus experiencias entre 1971 y 1974 cuando él y otros tres adolescentes de familias profesionales urbanas fueron enviados para su "re-educación" política a una remota aldea rural, como parte en la Revolución Cultural de Mao Tse-Tung.
En la novela y en la película, se trata de dos niños, Ma y Luo, ambos de 17, que acarrean excrementos humanos hacia unos campos cercanos bajo la mirada vigilante del jefe del pueblo. Sin embargo, para los campesinos, la llegada de los chicos de la ciudad fue igualmente extraña: uno tocaba algo llamado violín, el otro tenía un despertador, y ambos podían leer y escribir.
La historia empieza cuando los dos chicos conocen a "la pequeña costurera" (Xun Zhou en la película) que ayuda a su abuelo, un sastre de la localidad. Tanto Ma (Ye Liu) como Luo (Kun Chen) se enamoran de ella. A ella le encanta la atención que recibe, pero se excita todavía más cuando los chicos encuentran unas traducciones chinas de clásicos occidentales y le leen a escritores como Balzac, Flaubert y Dumas. En su mente, había encontrado la llave de la libertad.
Fue precisamente aquí que Dai empezó a tener problemas. Las autoridades chinas prohibieron el libro y entonces, después de permitirle que rodara la película en China, también la prohibieron. "A mí no me interesaba la Revolución Cultural", dijo Dai durante el almuerzo en esta ciudad al oeste de París, cerca de los estudios donde está montando su nueva película. "No aceptaron que la literatura universal pudiera cambiar a una niña china. Les expliqué que la literatura clásica es un legado universal, pero fue inútil".
Para Dai este es el punto de la historia. Es semi-autobiográfica en el sentido de que se tomó algunas libertades inventando un par de escenas -como cuando Luo, hijo de un dentista, le saca una muela podrida al jefe del pueblo- y fusionando las experiencias de dos jóvenes mujeres. Pero, observó, había una "pequeña costurera" cuya vida cambió tras conocer a Balzac. "Mi objetivo era rendir un homenaje a la literatura", agregó.
Sin embargo, hacer la película también le obligó a hacer un viaje diferente, uno que lo llevó tanto a su pasado como al de China. Volvió a visitar la región donde fue "re-educado", pero concluyó que estaba todavía demasiado aislada -una caminata de cinco horas desde la carretera más cercana- como para servir de locación. En lugar de eso, transportó una casa de madera hacia una montaña con vistas a un lago en la provincia de Sichuan y la convirtió en la "casa de la re-educación". Con 10 actores profesionales en su reparto, contrató a campesinos de la localidad como figurantes.
"Los campesinos son muy pobres", dijo. "Les pagaban 1 dólar al día. Pero había ocho pueblos en torno a la montaña, y pelearon, literalmente, por el derecho a trabajar en la película. Cada día tenía que contratar a gente de diferentes aldeas. Entendieron que el silencio era crucial para el rodaje y al cuarto día, cuando el asistente de dirección gritó "¡Silencio!", empezaron a meter bulla en todo el valle, de modo que tuvimos que pagarles".
En la película, aunque no en la novela, Dai termina su historia cuando Ma -que representa a Dai- vuelve después de años en el extranjero y se reúne con Luo en un lujoso apartamento de Pekín a recordar a la "pequeña costurera". Pero en cierto sentido, esto también se aplica al resto de la historia; Dai dijo que sigue teniendo contactos con sus colegas de la "re-educación" -los dos estudiaron en Estados Unidos y volvieron a China a enseñar- cuando visita Pekín.
"Este final agrega nostalgia, tanto a nuestra juventud como a la literatura que me gustaba, que salvó mi vida, que me cambió", explicó Dai. "Creo que esto funciona mejor en el cine que en la literatura. La nostalgia flota entre las escenas. Es más romántico".
Hacer la película también le abrió los ojos a los cambios que convulsionan el campo. "China está viviendo un período que es muy interesante para un artista", dijo. "Es un período de mucha corrupción y muy animado". Y es esta China la que quiere retratar en su nueva novela, ‘Mr. Muo Traveling Couch' (publicada por Alfred A. Knopf como ‘Balzac'). Es un relato cómico de un psicoanalista chino educado en Francia que vuelve a casa para tratar de sacar de la cárcel a un viejo amor y descubre que el soborno que exige el juez es una niña virgen.
"Hoy China tiene muchas más situaciones grotescas que las que describo yo", dijo. "Yo sólo me intereso en las cosas cómicas".
Su nueva película, ‘The Botanist Girls', también está escenificada en China, pero le negaron un permiso allá porque es una historia de amor entre dos mujeres. Fue rodada en Vietnam, con actores chinos. Y si ‘Balzac y la Pequeña Costurera' significa algo, estará disponible en China a través de videos piratas y DVDs.
"Con el dinero que gané en los últimos tres años, soñé que podría escribir y vivir en China", dijo, "pero no resultó así. Los censores no aceptan mis libros, ni mis películas ni mis proyectos. No puedo escribir en mi propia lengua. Es triste".

17 de agosto de 2005
27 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh

a tinta fría


[David Carr] El género que inició Capote.
Placería infinitamente a Truman Capote que no habrá una, sino dos películas sobre su vida, este año y el próximo. No sólo ‘Capote' y ‘Have You Heard?' giran sobre su tópico favorito -Truman Capote-, pero la convergencia de las películas, con la promesa de trabarse en un conflicto, agrega una promesa de delicias por las que él se habría amarrado felizmente su servilleta.
La fama y todos sus desencantos fueron obsesiones persistentes de Capote, que podría explicar por qué parecía dispuesto a hacer casi cualquier cosa para obtenerla. Mientras trabajaba en ‘A sangre fría', la pieza maestra que sirve de marco para ambas películas, Capote contó algunas mentiras para decir la verdad. Como tal, se convirtió en un tema de curso de cómo se obtiene y cuenta una verdad periodística. En el actual contexto de periodistas que están dispuestos a ir a la cárcel para proteger a sus fuentes, es fácil olvidar que gran parte de la profesión implica imperativos menos nobles.
En los cinco años que Capote dedicó al proyecto, que narraba en detalle los asesinatos en 1959 en Holcomb, Kansas, de cuatro miembros de una familia de granjeros por un par de vagabundos, forjó una relación emocional con los dos asesinos, especialmente con Perry Smith, otro hombre pequeño que se desvivía por ser reconocido. Pero esa relación no le impidió desarrollar un arraigado interés en sus muertes, sin las que no habría podido poner fin a su obra más importante.
‘Capote' gira en torno a la representación de Philip Seymour Hoffman, de Capote: el tema del autor era, como demuestra Hoffman, su propia maldición, pero llegó a personificar temas más amplios. Como novelista convertido en periodista, Capote sabía que en la preparación de su soufflé se romperían algunos huevos. En ‘A sangre fría', publicada en 1965, fue compuesta y narrada con su propia falta de escrúpulos: conquistó a los dos asesinos, convenciéndoles de contar sus historias, y luego las vendió, un motivo que la escritora Joan Didion ha sugerido desde entonces que es la transacción fundamental del periodismo.
"Capote es una de esas personas que representan algo más importante que sí mismas", dijo Bennett Miller, director de ‘Capote', que será distribuida por Sony Pictures Classics. "Creo que su ambición, su éxito, y la decadencia que le siguieron son muy actuales".
Aparentemente fue suficientemente contemporáneo y resonante para interesar a dos directores. ‘Capote' se basa en la biografía de Gerald Clarke, del mismo título (Random House, 1990), mientras ‘Have You Heard?' se basa en las entrevistas de George Plimpton en su libro ‘Truman Capote: In Which Various Friends, Enemies, Acquaintances and Detractors Recall His Turbulent Career' [Truman Capote: En el que varios amigos, enemigos, conocidos y detractores recuerdan su turbulenta carrera] (Nan A. Talese, 1997). Pero la diferencia básica termina ahí. Las dos películas tienen como contexto el reportaje y redacción de ‘A sangre fría' y toma como sus principales preocupaciones la motivación y métodos de Capote para contar esa tenebrosa historia.
El lanzamiento de ‘Capote' fue anunciado para el 30 de septiembre (el cumpleaños de Capote), mientras ‘Have You Heard?', con Sandra Bullock, Gwyneth Paltrow y Sigourney Weaver, entre otros, todavía está siendo montada y ha sido retrasada por su distribuidor, Warner Independent Pictures, hasta el otoño de 2006. Aunque puede haber, o no, un mercado para ambas películas -véase ‘Valmont' y ‘Las amistades peligrosas', las películas describen a un personaje similar, aunque menos encantador -hay un montón de cosas para apartar con un bastón.
Las dos películas empiezan cuando Capote, un novelista homosexual de Nueva York, llega improbablemente al campo de Kansas para empezar a trabajar en su historia tendiendo su tela de araña de seducción. Y los dos describen a un narrador talentoso pero tóxico, no un fabulador como Stephen Glass o como el fabulador y plagiario Jayson Blair, sino un escritor que escribió una novela de no-ficción que fijó las normas, para bien o para mal, de lo que vendría después. Podría argumentarse que sin ‘A sangre fría', no existiría ‘Ejércitos de la noche', de Norman Mailer, ni los libros de la serie documental sobre historia contemporánea de Bob Woodward.
La mayoría de la gente que escribe hoy le debe algo a Capote. Un novelista que mostraba un interés pasajero en acontecimientos verdaderos, convirtió el periodismo en algo mucho más literario y substancial.
"Nunca hubo en la historia americana un personaje como Truman Capote", dijo Mailer, que sugirió una vez que Capote era la mejor frase escrita viva. "No sorprende, por eso, que la gente todavía esté fascinada con él".
Desde el principio, Capote tenía una necesidad ambiental, un deseo de ser validado por todos y casi todos. La mayoría de los periodistas llegan a la profesión con una inclinación similar -¿por qué correr el riesgo de cometer errores en público si no es por la recompensa del reconocimiento? Pero el oficio requiere colaboración: El sujeto debe enlistarse en el proyecto, aunque sea rara vez en su interés. Capote demostró vívidamente el falso trabajo de campo: lo que es bueno para el escritor es vendido como si fuera bueno para el sujeto.
Al hacer así, empezó un género literario, el ‘periodismo literario', que se construye sobre la intimidad. En el mejor de los casos el autor y, a su vez, sus lectores se enteran de lo que piensa, siente y teme un individuo. Pero la intimidad exige un engaño específico: el periodista se sienta ante el sujeto, todo oídos, infinitamente simpático, determinado a ayudar al sujeto a contar ‘su' historia. Pero no es nunca ‘su' historia la que se cuenta, es una que ha elegido el escritor.
Y una vez que la pluma toca el papel, se arma la de Dios es Cristo.
Jeffrey R. MacDonald, antiguo cirujano y capitán de los Boinas Verdes que fue acusado de asesinar a su familia, encontró un oído comprensivo en Joe McGinniss, un novelista realista que escribió ‘The Selling of the President'. Le permitió a McGinnis unirse a sus reuniones con su equipo de abogados. Pero ocurrió algo divertido en el camino a la imprenta de ‘Visión fatal', la versión de McGinniss del caso -terminó creyendo que McDonald había hecho precisamente de lo que le acusaban.
Janet Malcolm escribió un informe sobre una seducción periodística que salió mal en el New Yorker, sugiriendo que "los periodistas deben trabajar en una especie de anarquía moral inducida deliberadamente". Malcolm misma fue más tarde demandada por una fuente desilusionada y furiosa.
Hay docenas de otros ejemplos, pero las fuentes primarias de Capote estaban en el extremo equivocado de la cuerda para mitigarlos. En la película ‘Capote', Perry Smith se entera de que Capote ha leído en Nueva York una muy anunciada historia que tituló ‘A sangre fría'. Capote le dice a Smith que es un error, que su libro no se titulará así.
"Para contar la historia que contó, se requiere una persona habilidosa y rápida que no esté por encima de manipular las esperanzas y sueños de la otra persona", dijo Douglas McGrath, director de ‘Have You Heard?'
El público tiene una bien establecida desconfianza de la prensa. Es la gente que sufre el periodismo, con todas sus manifestaciones francas y astutas, la que tiene la peor opinión. Han aprendido, a menudo dolorosamente, que el fraude está incrustado no tanto en la narración, como en la recogida de datos.
Aunque la producción periodística de Capote fue escasa, escribió otros trabajos, incluyendo una acusación de Marlon Brando de que le había hecho una larga entrevista no oficial en Japón y utilizado para un hiriente retrato. Lillian Ross, una contemporánea de Capote en el New York, dijo en un mensaje de e-mail que William Shawn, entonces editor de la revista, consideraba sospechoso el trabajo de Capote.
Shawn, escribió, "no sólo tenía dudas y lamentaba haber publicado el trabajo de Capote, especialmente el artículo sobre Brando, pero también ‘A sangre fría'.
"Su influencia no era literaria", agregó. "Mostró en la práctica a muchos periodistas cómo hacer dinero".
Los éxitos y métodos de Capote -a usted la elección- ofendieron a muchas personas, incluyendo a críticos y algunos de sus competidores. Tom Wolfe, que llevó el método narrativo ficticio a nuevas alturas con su ‘La hoguera de las vanidades', no es uno de ellos.
"Siempre he pensado que fue muy subestimado por el mundo literario", dijo Wolfe. "Debido a que era universalmente popular, no le ganó la amistad de escritores que no soportan a la gente que vive de lo que escribe".
El éxito de Capote se produjo con una importante consecuencia. Su planeada continuación de ‘A sangre fría', ‘Plegarias atendidas', se convirtió en una burla, una novela que nunca pudo terminar, en parte debido a que se predecía que alcanzar lo que uno desea puede ser demoledor, según la biografía de Clarke.
Después de muchos estímulos, a regañadientes, Capote presenció la ejecución de los dos protagonistas de ‘A sangre fría', pero al hacerlo, construyó su propia horca. Fue aparentemente incapaz de reconciliar las necesidades de su historia con el destino de los hombres implicados.
"Antes de ‘A sangre fría', Truman, aunque ambicioso, era una persona normal", dijo Clarke en una entrevista. "Dijo que en esa época que el libro lo redujo a los huesos. Lo cambió".

13 de agosto de 2005
13 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh