última aria de tony soprano
Alto en la pared de un salón de conferencias de otro modo anodino en las oficinas de producción de ‘Los Soprano’, cuelga una pequeña fotografía enmarcada de un hombre cuya cara se ve ensombrecida por un sombrero de fieltro.Pasando por ahí con su lenta manera de andar, retrasado por una ligera cojera debido a una lesión reciente de su pierna, James Gandolfini se paró a mirar la foto. "¿Quién es ese?", preguntó.
"Fellini", dijo David Chase.
Federico Fellini puede parecer una extraña opción para regir la sala donde se planifica una serie para la televisión americana, pero ¿por qué no? Ha habido alguna vez algo más rico, más denso con las complejidades de vida familiar -con todas sus connotaciones- y, sí, en una palabra, más atmosféricamente italiano (y, en este caso, ítalo-americano) que ‘Los Soprano’? "Ha sido un gran proceso de descubrimiento", dice Chase, el creador y productor ejecutivo de la serie, resumiendo cómo se ha desarrollado. "En realidad, creo que Fellini dijo que hacer una película es como viajar".
El viaje de ‘Los Soprano’ es una de las series más celebradas de la historia de la televisión. La serie, la más popular en la historia de la televisión por cable, es una fuerza a tener en cuenta en todo el paisaje del medio, e incluso en la cultura más general. No han habido dos personas más instrumentales en guiar ese viaje que Chase, cuya mano se ha visto en todos los episodios de los siete años que lleva la serie, y Gandolfini, tres veces ganador del Emmy para Mejor Actor, que ha traído a la vida, con intensidad y vísceras, al personaje central de Chase, Tony Soprano.
En una entrevista conjunta en los Silvercup Studios en Queens, donde se filman los interiores de ‘Los Soprano’, los dos hombres reflexionaron el fascinante y volátil hombre, profundamente conflictivo, que han creado juntos.
Gandolfini, tan lacónico en persona como voluble en la serie, replicó: "Odio decirlo, pero en estos momentos lo veo un poco borroso".
Chase intervino: "Sabes, lo que es interesante es que tú mismo eres algo borroso".
Una cosa que los dos saben ahora con certeza es que el viaje de ‘Los Soprano’ está por terminar. Después de siete años de especulación, Chase y los ejecutivos de HBO llegaron a un acuerdo y la última temporada de doce episodios, que empieza el 12 de marzo, será la última de la serie -y entonces renegociaron y agregaron una mini temporada de ocho episodios más que serán filmados en los próximos meses a partir de enero.
Gandolfini calificó los episodios adicionales de "aplazamiento", permitiéndole retrasar por un rato pensar en lo que el fin de la serie significará para él.
Chase admitió que sabe cómo terminará la serie en general "en un par de años a partir de ahora".
Gandolfini dijo: "Me dijo otra cosa. Pero creo que ahora es diferente".
Aunque no parecen estar especialmente cerca, e incluso estando sentados en el salón de conferencias a varias sillas de distancia, los dos se sienten claramente cómodos juntos, bromeando sobre momentos de los pasados siete años de esfuerzo creativo conjunto. El trabajo ha sido siempre de colaboración, aunque no del tipo del que se oye a menudo en televisión, donde las estrellas empiezan a dictar tramas y personajes. Gandolfini no es ese tipo de actor -y Chase no es ese tipo de productor. "Algunos actores sugieren cosas y no saben por qué lo hacen", dijo Gandolfini. "Si yo empezara a imponer mis propias ideas, sería el más completo caos".
Chase, a pesar de su preferencia por el cine y una antipatía personal por la televisión -en una entrevista anterior confesó: "Lamento cada minuto que paso en la televisión"- trabajó la mayor parte de su carrera anterior a ‘Los Soprano’ en series de cable, así que habló con mucha experiencia cuando dijo: "Los actores dirían: ‘Mi personaje no diría eso’. ¿Quién dijo que era tu personaje?" Mientras Gandolfini reía, Chase agregó: "Dicho sea de paso, Jim nunca dijo eso".
Gandolfini, sin embargo, ha hecho importantes contribuciones -en particular, observó Chase, la sensación de profundidad emocional detrás de la ominosa presencia física de Tony, que dice tanto como sus ojos.
Gandolfini se apresuró a mencionar a los otros actores del reparto, incluyendo a Edie Falco y Michael Imperioli, diciendo: "Todos ellos conllevan esa profundidad -es por eso que todo este asunto es más que calidad de superficie".
Pero como dijo Chase, la serie "ha sido montada" en torno al punto de vista de Tony. Nada ilustró mejor, y ayudó a diferenciar más la serie de todas las sagas de gángsteres precedentes, dijo, que las escenas entre Tony y su terapeuta, Melfi (Lorraine Bracco). "Abrieron todo ese lado femenino de Tony", dijo Chase. "El asunto con su madre, y la relación con su jíbaro. Antes todo giraba sobre los hombres. Aquí se descubría otro aspecto de él".
Gandolfini calificó sus últimas escenas con Melfi como "un coro griego". Dijo: "Tú vas al terapeuta y él explica lo que le está pasando. Y tú ves cómo lo afecta a él. No estoy seguro de que la serie hubiera tenido tanto éxito sin esa parte".
Gandolfini y su imponente presencia física influyó en la interpretación de Chase del personaje desde los primeros días del rodaje. Chase recuerda que en el guión piloto, escrito originalmente a fines de los años noventa para el canal Fox (uno de los grandes errores en la historia de la televisión), había concebido una escena en la que el sobrino de Tony, Christopher, revela que está pensando en vender su historia a Hollywood. En el guión, Tony responde dándole un golpe a Christopher detrás de la oreja.
Después de que HBO finalmente accediera a rodar el guión, ese momento quedó en el guión piloto. Cuando llegaron a la escena, Chase, que estaba dirigiendo, gritó "¡Acción!" y en lugar de esa cariñosa palmadita, recordó: "Jim coge al tipo, lo levanta y simplemente lo arroja al suelo. Todavía puedo ver a Michael Imperioli. Simplemente estaba sentado con una botella de cerveza en la mano y lo que pasa después es que hay una imagen borrosa y la botella de cerveza está rodando por el suelo y Michael está colgando en el aire". Chase rió, recordando la impresión que le causó la movida de Gandolfini. "Por supuesto, así es cómo se dirige a la gente", dijo.
Ese gesto cambió la serie. "Iba a ser siempre un tipo rudo, una persona difícil de querer para la mayoría de la gente", dijo Chase. "Pero eso es lo que es un gángster".
Gandolfini no se enorgullece demasiado por su aporte. "Era simplemente lógico", dice. "Yo era más joven", dice, "y era todavía más volátil en esa época".
Otro momento de cambio se produjo cuando Fox pasó. "Retrospectivamente", dijo Chase, "la razón por la que creo que la serie no fue tomada por Fox es que no había ningún asesinato". Al menos, no uno que fuera cometido por Tony. "Y me di cuenta después, de que nadie querría una película de la mafia en que no hubiera ningún muerto".
Por supuesto, Tony sí mataba gente. En uno de los episodios más famosos de la serie, el cuarto después del piloto, suspende su recorrido, con su hija Meadow, de universidades prestigiosas en Maine, para matar a golpes a un ex gángster convertido en informante. Cuando vio el episodio, Chris Albrecht, el presidente de HBO, estaba impresionado. "Chris dijo: ‘Has inventado uno de los mejores protagonistas de televisión de los últimos 20 años, y lo vas a destruir’", dijo Chase. "Yo dije, en ese momento: ‘Ese tipo es un soplón. Tony es un capo de la mafia. Si no lo mata, vas a perder más público que el que vas a perder si lo hace’".
Fue también en esa época que la serie recibió un inesperado respaldo. Chase dijo que la serie, a veces, ha "oído indirectamente" cosas de mafiosos de carne y hueso. "Después de cuatro episodios", dijo Chase, "oímos que estábamos haciéndolo bien, con una advertencia: ‘Nos enteramos sobre esas escenas del asado a la parrilla en las que Jim aparece en pantalones cortos. Un padrino no lleva pantalones cortos’".
"Por supuesto, él anda todo el rato en calzoncillos", dice Gandolfini.
Otro punto de la trama que Chase concedió que no resistiría una comparación con la vida real es la decisión de Tony, después de la primera temporada, de permitir que su Tío Junior (Dominic Chianese) viva después de que Junior tratara de matar a Tony. Chase dijo que le gustaban demasiado las escenas con los dos personajes como para hacer eso. Pero Gandolfini lo encontró compensible. "Creo que hay un lugar que Tony sabe que si vas allá, no vas a volver, y ese es el lugar", dijo Gandolfini. "Si empiezas a matar a miembros de la familia, ¿a quién vas a matar después?"
Tony finalmente mató a un miembro de la familia, a su primo, pero sólo para que no sufriera un destino peor a manos de sus enemigos. De ese y otros modos, Tony se ha desviado de las convenciones de las películas de gángsteres. Siente claramente curiosidad sobre el mundo. Lo menos que hace es gastar tiempo mirando History Channel.
Pero otro factor significativo en el desarrollo -o percepción- del personaje de Tony fue su puesta en marcha inusualmente lenta. Entre las temporadas de ‘Los Soprano’, el reparto y el equipo han tomado largas pausas, algo que no se ha hecho en otras series. La pausa actual -no se han emitido episodios nuevos desde junio de 2004- ha sido la más larga. "Honestamente, la última pausa me afectó negativamente", admitió Gandolfini. "Fue demasiado larga. Creo que tu cabeza empieza a pensar en otras cosas. No creo que me haya afectado muy terriblemente, espero que no. Pero fue muy larga".
Retrospectivamente, tanto él como Chase confesaron estar algo asombrados de haber forjado un trabajo tan memorable, tan indeleble. "Recuerdo haber estado sentado en la escena del asado", dijo Gandolfini, recordando el escepticismo que había en la época, "mirando a todo el mundo y pensando: esta es una colección de gente como no ha habido nunca en una serie de televisión. Mirad este grupo. Estaba pensando: está bien, quizás miren la serie algunas personas de Jersey".
Chase -que, como Gandolfini, proviene de una familia italiana de New Jersey-, dijo: "Fue extraño. Recuerdo haber pensado que he estado en esos asados en North Caldwell, comiendo salchichas, cuando tenía 17. Y aquí estoy otra vez, pero ¿para qué? ¿Cómo fue que terminamos haciendo esto? Tenía la misma sensación que Jim: ¿Quiénes son todos estos tipos? Ciertamente no son de Hollywood; esta es gente de verdad".
Chase reconoció que han pensado en lo que significará cuando finalmente se acerque el final. Chase dijo que creía que "echaría de menos hacerla, en un 75 por ciento; y no la echaría de menos en un 25 por ciento". Gandolfini, que había dicho que la extrañaría a" la mitad", decidió que la ecuación de Chase sonaba mejor.
Interrogado sobre si le preocupaba tener que empezar algo nuevo después de haber hecho un personaje tan icónico, se rió por lo bajo. "De ninguna manera", dijo. "Pregúntale al equipo si soy un personaje icónico". Luego los elogió: "No son como un equipo de cine. Están realmente involucrados. Hacen contribuciones reales". Muchos están ahí desde que empezara la serie. El fin de la serie también será un gran cambio para ellos.
Así, ¿se acercan ‘Los Soprano’ al final? Chase no quiso decir nada, por supuesto, aparte de reiterar que "este es el fin absoluto". Pero agregó: "No puedo prometer que no volveremos con una película. Puede ser que de aquí a tres o cuatro años tenga alguna idea para hacer una película con ‘Los Soprano. No creo que ocurra. Pero algún día alguien se va a despertar y va a decir que se puede hacer una buena película con ‘Los Soprano’. No descarto que ocurra eso".
Gandolfini sólo tiene planes tentativos para sus primeros trabajos post-Soprano. Dice que actuará en una película sobre Ernest Hemingway.
Chase dijo que todavía no tiene planes para proyectos futuros. En el pasado se ha sentido escocido por las demandas de producir más episodios en condiciones de intenso escrutinio, incluyendo las protestas de un grupo ítalo-americano, con los reparos cada vez más exigente de algunos admiradores.
Ahora que todo eso está detrás de él, abrumado por la excelencia de lo que él, Gandolfini y los otros participantes de la serie han puesto en película desde 1999. Para Chase, el inminente fin de lo que, por donde se lo mire, es un logro clásico, definitivo, parece haber finalmente eliminado la ambivalencia que siempre sintió a la hora de expresarse a sí mismo en televisión, una forma de arte que, como dice él, "he tratado siempre de evitar". Ahora será conocido para siempre como el creador de una de las series más grandes de la televisión, y parece apreciar plenamente ese reconocimiento.
"Creo que ha sido parte de algo extraordinario", dice Chase. "Fue algo sorprendente. Esto no es coquetería. Trabajamos realmente duro. No puedo decir que no hemos trabajado. Pero tienes que creer que en algún nivel tuvimos suerte. Todavía tratamos de trabajar en lo que nos gusta. Pero, sabes, ocurrieron un montón de cosas. Por alguna razón, había un espíritu de la época, que permitió que la serie se conectara con algo que estaba pasando allá fuera. ¿Quién sabe por qué ocurre eso?"
<26 de febrero de 2006
©new york times
©traducción mQh
Tras la emotiva y exitosa presentación de ‘Volver’ este viernes en Puertollano (Ciudad Real) -la localidad manchega donde nació-, Pedro Almodóvar se debía enfrentar a los críticos de la capital española. Dos años habían pasado desde su última película y la prensa acudió en masa con la intención de saber cuál era la próxima ‘criatura’ que había generado la mente prodigio de uno de los más célebres directores del país.
Una de las muy, muy pocas reglas en el arte que puedes aplicar es que el escándalo envejece mal. Pero ‘Terciopelo azul’ [Blue Velvet], de David Lynch, soltado contra un público en gran parte inocente hace veinte años, está, me alegre decirlo, rompiendo esa regla tan despreocupada y decisivamente como, una vez, rompió la mayoría de las otras. Incluso después de dos décadas de excentricidades y trastornos sensuales de Lynch -años, además, en que el umbral para provocar serios escándalos en la cultura popular se ha elevado a alturas inalcanzables-, ‘Terciopelo azul’ se ve tan rara y bella como siempre, y sigue causando impacto.
Casi los únicos precedentes del método deliberadamente desorientador de su película se pueden encontrar en algunas de las películas posteriores de Alfred Hitchcock: en ‘Vértigo’ (1958), ‘Los pájaros’ (1963) y especialmente ‘Marnie, la ladrona’ (1964), que comparte con ‘Terciopelo azul’ un peculiar, torpe formalismo de tono y galopante trasfondo de anormalidad psico-sexual, y que no fue recibido calurosamente por la audiencia habitualmente leal de Hitchcock. Lynch había hecho tres largometrajes previos, sólo una de los cuales -su brillante debut, la fantasía de horror doméstico en blanco y negro, ‘Cabeza borradora’ (1977)- fue surrealismo lyncheano del más puro. En los otros, el delicadamente grotesco ‘El hombre elefante’ (1980) y la desgarbada épica de ciencia ficción ‘Dunas’, sus fantasías más extravagantes fueron mantenidas, al menos en parte, a raya.
Como actor y como persona, en la pantalla y fuera de ella, Lon Chaney, el célebre Hombre de las Mil Caras, domina mis sueños, disturba mi reposo y atormenta mis períodos de lucidez.
Es difícil encontrar respuesta a cualquiera de las preguntas de Chaney. Para comenzar, no tenemos acceso a todas sus películas, y probablemente no lo tendremos nunca. El biógrafo Michael Blake, que sabe sobre él más que nadie, dice que de las 158 películas que hizo Chaney (desde su debut de un carrete, ‘Poor Jake’s Demise’ en 1913 hasta su única película sonora, ‘El trío fantástico’ [The Unholy Tree] en 1930), sobreviven sólo 47 o 48 completa o parcialmente. Además, Chaney era un hombre que evitaba la luz del día, que insistía que "entre una película y otra no existe Lon Chaney".
Leonidas Chaney fue un actor prácticamente desde su nacimiento el 1 de abril de 1883, en Colorado Springs, Colorado. Sus dos padres eran sordos, y en cuarto año dejó la escuela para cuidar durante tres años de su madre enferma, convirtiéndose en su vínculo con el mundo exterior y en el proceso perfeccionando su impecables habilidades de mimo. Se dice incluso que tenía eso que los mudos llaman ‘cara de mudo’ -"con la que comunicas todo", dice su biógrafo Blake, "porque no tienes la capacidad ni de hablar ni de oír".
Que Chaney todavía nos seduzca y horrorice habla de la amplitud y profundidad de su talento. Un hombre de considerable fuerza física, podía ser sutil y cortés, era conocido por su audiencia por sus delicados movimientos de dedos y manos. También dominaba Chaney cabalmente el arte del maquillaje. Con una simple caja de aparejos de un pescador, ahora en la colección del Museo de Historia Natural de Los Angeles, Chaney se convirtió en tan gran maestro ("Es un arte", dijo. "No magia") que escribió la introducción a la materia para la 14a edición de la Enciclopedia Británica. Nadie pudo imaginar cómo creó su nublado ojo sin vista en ‘El tuerto de Mandalay’ [The Road to Mandalay], hasta que Michael Blake descubrió que el actor tenía un óptico local que le hizo una versión de las entonces desconocidas lentes de contacto, que cubrían completamente su ojo real.
‘Guardianes de la noche’ [Night Watch] es la primera entrega de una saga de tres partes inspirada en una serie de populares novelas rusas de ciencia ficción, y en los últimos dos años, la película ha conquistado su patria, superando en taquilla a ‘El hombre-araña 2’ [Spider-Man 2] y ‘El Señor de los Anillos’. Naturalmente, ahora busca imponerse en Estados Unidos, lo que parece inimaginable, ya que la película es un resonante cocido de sagas lucrativas del pasado: un poco de ‘La guerra de las galaxias’ y un poco de ‘Matrix’, con una pizca de esas películas ‘Underworld’ y más de un tufillo del catastrófico estilo de Jean-Pierre Jeunet en ‘Delicatessen’ y ‘Alien: Resurrección’.
En vida, cuando provocó las declaraciones de prensa de la Princesa Di, que la llamó la personificación del terremoto juvenil de mediados de los años sesenta, estilo Nueva York, Edie Sedgwick tenía todos los requisitos para el estrellato de los tabloides. Llegó por el dinero, pero parecía no importarle; era tan guapa que hacía que la gente se olvidara de su saludable doble Audrey Hepburn y, todavía más importante, nadie sabía realmente quién era la conocidísima señorita de sociedad convertida en chica de Warhol, aunque muchos pensaban que sí lo sabían.
‘Sophie Scholl: Los últimos días’ muestra lo que debe haber sido ser joven, idealista y disidente en la Alemania nazi, donde no se toleraba la disensión. Esta fascinante historia real, dirigida con un frío estilo de documental por el director alemán Marc Rothemund a partir de un guión de Fred Breinersdorfer, te reta a calibrar tu propio valor y entereza si te encontraras en circunstancias similares. ¿Arriesgarías tu vida como Sophie Scholl (Julia Jentsch) y un pequeño grupo de compañeros de la Universidad de Munich para repartir panfletos contra el gobierno? ¿Cómo te comportarías durante el tipo de implacable interrogatorio que aguanta Sophie? ¿Si te condenaran a muerte por tus actividades, pensarías todavía que tu resistencia valía la pena?
Estambul, Turquía. La muchedumbre aclamó, aplaudió y silbó cuando el agente turco hundió su cuchillo en el pecho del comandante enemigo.