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reinona con botas kinky


[Stephen Holden] Unión de obreros con reinona salva el día.
Lola (Chiwetel Ejiofor), la robusta heroína de la idiota, cuasi inspiradora comedia británica ‘Pisando fuerte’ [Kinky Boots], es el modelo mismo de la moderna reinona cinematográfica. Flamantemente polémica, pero bondadosa en el fondo de su sujetador, Lola, también conocida como Simon, personifica al transformista arquetípico que se pavonea cada vez más cerca del centro del escenario de la mitología pop. Llega justo a tiempo para ser el substituto del siglo 21 de ese conmovedor paria de una época anterior, la puta con el corazón de oro.
Recordaréis la chica buena/mala de los días de Belle Watling en ‘Lo que el viento se llevó’. Expulsada de la sociedad respetable, a menudo pelirroja, era la que debía decir la verdad y enfrentarse a la realidad en innumerables y espumosos dramas. Vivir honesta, aunque pecaminosamente entre los desvergonzados hipócritas que la convertían en paria, los perdonaba a todos con una sonrisa triste e irónica, y aun así a menudo era obligada a morir por sus pecados.
En contraste, la reinona normalmente triunfa. Y en el rechazo de los tabúes, el acicalado transformista supera a su precursora. Su grito de guerra -"Soy más hombre de lo que nunca llegarás a ser, y más mujer de lo serás siempre"- está destinado a inspirar miedo en el corazón de sus perseguidores masculinos. Pero después de ser toda la vida blanco de desprecio y rechazo, también ha adquirido compasión para esos asustados e ignorantes idiotas.
En ‘Pisando fuerte’, la historia de una fábrica de zapatos de hombre en quiebra en una aburrida provincia del interior que se salva de la ruina gracias a la ayuda de la reinona, que Lola sea negra le otorga una capa adicional de alienación y percepción de la opresión, que se traduce automáticamente en una capa adicional de nobleza. En una escena, pierde deliberadamente una echada de pulso con un matón para que salve la cara. Es lo que llamo santidad.
El versátil Mr. Ejiofor (‘Negocios ocultos’ [Dirty Pretty Things], ‘Plan oculto’ [Inside Man]), se aferra a la oportunidad y roe este carnoso papel como un perro hambriento. En su actuación chillona, pero sólo parcialmente convincente, se echa de menos un ingrediente crucial: la provocación sexual genuina.
Un artista travesti y estrella de un cursi cabaret londinense, Lola parlotea sobre la sexualidad y cómo sus botas de tacón de aguja hasta los muslos son ‘sexo tubular’. Pero aparte de su pavoneo callejero, nunca se comporta seductoramente, ni hay un indicio de sexo en su vida. Debido a que su rechazo de lo convencional no se extiende más allá del despliegue sartorial, su tipo de subversión trastornadora de géneros es casi reconfortante. ¿No es todo simplemente actuación? ¡Y, chicos, cómo echa el pulso!
‘Pisando fuerte’ es la última de una lucrativa línea de películas británicas inspiradas por el éxito de ‘The Full Monty’, el retrato del despertar de británicos de clase trabajadora de costumbres y prejuicios conservadores al nuevo mundo feliz del exhibicionismo y el narcicismo. Producidas por las mismas manos que estuvieron implicadas en ‘Las chicas del calendario’ [Calendar Girls], que fue todo un éxito internacional (pero no en Estados Unidos), parece un artículo estampado en una cadena de montaje.
Dirigida por Julian Jarrold, se dice que la película se basa en una historia real. Pero eso no es garantía de veracidad. Los hechos, cualesquiera sean, han sido encajados en un guión rígido y optimista, plagado de lagunas en la trama, que tiene la forma de un musical prefabricado. Hasta su vertiginosa finale en un desfile de moda de Milán recuperado por las reinonas, la película prácticamente grita que se la baile y cante en un escenario.
La transformación de la fábrica de zapatos empieza después de que su reluctante nuevo propietario, Charlie Price (Joel Edgerton), visita Londres y termina evitando que Lola sea asaltada. Después de ver su espectáculo (ella canta ‘Whatever Lola Wants’, ¿qué otra cosa?), decide convertir su negocio en una botería especializada en zapatos para transformistas y dominatrices, con Lola como asesora de diseño. Después de un par de salidas nulas, funciona de maravilla.
‘Pisando fuerte’ no te pide que creas ni una sola cosa de lo que pasa en la pantalla. Todo lo que quiere es que te diviertas durante cien minutos y dejarte con el brillo de la amistad por simpatía, cuando tíos de la clase obrera y reinonas se dan la mano para salvar el día. A los fetichistas del pie se les caerá la baba.

Pisando fuerte
Dirección Julian Jarrold Guión Tim Firth y Geoff Deane Fotografía Eigil Bryld Montaje Emma Hickox Música Adrian Johnston Diseño de producción Alan Macdonald Producción Nicholas Barton, Suzanne Mackie y Peter Ettedgui Distribución Miramax Films. Duración: 106 minutos.

Reparto Joel Edgerton (Charlie Price), Chiwetel Ejiofor (Lola), Sarah-Jane Potts (Lauren), Ewan Hooper (George), Nick Frost (Don), Linda Bassett (Mel) y Jemima Rooper (Nicola).

14 de abril de 2006
©new york times
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zombis y caníbales zarrapastrosos


[James Parker] El remake de ‘Las colinas tienen ojos’ [The Hills Have Eyes], de 1977, no es otra película sangrienta más. Pero la original tampoco lo era.
Nos gusta mirar películas B porque la vida es una película B: la vida, con sus sucios bordes, sus aburridas pausas, su incapacidad de sostener un ambiente o de ser tan completamente convincente como un guión. Y una película B de horror, especialmente de la variedad con salpicones de sangre, satisface nuestra intuición profana de que todos esos escenarios baratos han sido levantados con la mera intención de que sean aplastados por un maníaco o un zombi.
O por una familia de caníbales, como en ‘Las colinas tienen ojos’, de Wes Craven. Rodada en 1977 por 300 mil dólares, ‘Las colinas’ es todavía en realidad más que una película B: El absurdo guión y torpes efectos obligatorios del género no pueden impedir que se traspase una cierta calidad artístico-técnica.
La familia Carter -Big Bob, el poli jubilado; Ethel, la que teme a Dios; los tres niños grandes; un yerno; y una nieta chica- viven en una caravana en el desierto y pasan entre los blancos de una base de la Fuerza Aérea y sitios de pruebas nucleares. La fatalidad se cierne sobre ellos como una gárgola.
Cuando la enorme barcaza de clase media con aire acondicionado entra a una remota gasolinera, se puede oír el vacío a su alrededor. Los viajeros emergen parpadeando y desperezándose, pronunciando cortas frases, lanzando pequeños tufos de personalidad en el seco aire; están en el clásico estado pre-horroroso, recreado expertamente por el guionista y director Craven -en una especie de trance de normalidad, de cotidianidad, inconscientes de que esta ha sida suplantada. A unos kilómetros, en una curva equivocada, y un parachoques más tarde, los Carter son agredidos por un jefe caníbal de nariz partida, y su prole.
Una nueva versión de ‘Las colinas’, producida por Craven pero escrita por el director francés Alexandre Aja y Grégory Levasseur, está siendo proyectada actualmente en los teatros. Aja y Levasseur hicieron sus huesos, por decirlo así, con ‘Alta tensión’ [Haute Tension] en 2003, en la que los miembros de una simpática familia francesa son silenciosamente cortados en pedazos en su acogedora casa de campo. Para la presunción central de ‘Las colinas’ de Craven -el empate entre la civilización (los Carter) y la barbarie (los caníbales)- los directores han introducido ciertos tintes y tonos contemporáneos.
La violencia es generosa: Aja hace la coreografía de las escenas con hacha con toda la destreza y lustrosa sensualidad de un video de Pussycat Dolls. El arisco patriarca Big Bob es republicano ahora, y su yerno, Doug, un quejumbroso demócrata al que no le gustan las armas. Brenda, la hija menor de Bob (Emilie de Ravin) es una bomba sexual: La cámara ronda sobre su dorado cuerpo de un modo que en 1977 todavía no se inventaba -haría falta ‘Noche de Halloween’ [Halloween] y ‘Viernes 13’ [Friday the 13th] de los ochenta para consolidar la conexión entre la exhibición de un cuerpo joven y el ataque inminente.
Y aunque se ha amplificado la pulcritud, también se ha aumentado la monstruosidad. Los caníbales de la nueva ‘Las colinas’ ya no son simplemente feos, ahora son oficialmente mutantes (por las pruebas nucleares). Por supuesto, en la versión de 1977 había un notable elemento de demencia física, pero se concentraba en la extraordinaria persona de Michael Berryman (Pluto), cuyo largo y melancólico cráneo, delicada nariz, ojos sin pestañas y ausencia de uñas le daba el aire de una madre reptil que ha confundido a sus huevos. Los paletos radioactivos de Aja tienen las orejas en los lugares equivocados, y un pelín de rencor: "Vosotros nos habéis hecho como somos", croa un ser al estilo del Hombre Elefante desde su silla de baño.
El crítico de cine Robin Wood declaró estupendamente en su introducción a ‘American Nightmare: Essays on the Horror Film’ (1979) que "el verdadero tema del género de horror es la lucha por reconocimiento de todo lo que nuestra civilización reprime y oprime". Wood era un gran aficionado de Craven, encontrando todo tipo de significados en la primera película de Craven, ‘Última casa a la izquierda’ [Last House on the Left] (1972), y también en ‘Las colinas tienen ojos’, en la que, escribió, "la ‘normal’ familia varada es asediada por su oscura imagen en el espejo, la terrible familia de sombras de las colinas, que quiere matar a los hombres, violar a las mujeres y comerse al bebé".
Mirando ‘Las colinas’ original ahora, a la desgastada luz de 2006, surge la sospecha de que Wood y críticos como él fueron embaucados por el astuto Craven -un bien educado y estratégicamente pretencioso escritor que agrandaba sus guiones con referencias a mitos como si buscara precisamente este tipo de inflamada y erudita respuesta. El papi caníbal se llama Júpiter; sus hijos son Marte y Pluto; los Carter tienen dos pastores alemanes llamados Bella y Bestia (Bella es una de las primeras bajas), etc.
Por simpático que pueda parecer imaginar que los artistas baratos como Craven tienen un hueco en el lado oscuro de las cosas, generalmente no lo tienen; es por eso que son artistas baratos. Lo que tienen (o tenían) son pocas ambiciones y poco presupuesto, y el talento para hacer algo con esta coincidencia. Con ‘Las colinas’, Craven se movió rápido, no se acobardó y estrujó a sus actores para que actuasen con una demente clase de intensidad. La película, que fue sellada con la sensacional clasificación de X antes de unos cortes de última hora la colocaran dentro de la pálida R, fue un enorme éxito en los drive-ins en el país, remplazada al final por un Burt Reynolds contrabandista de cerveza en la avasalladora ‘Dos pícaros con suerte’ [Smokey and the Bandit].
Reynolds todavía está con nosotros, pero los drive-ins y la X desaparecieron, tragados por la industria pornográfica. Cuando las películas ‘adultas’ empezaron a anunciarse a sí mismas triunfantemente con doble y hasta triple X, la Asociación Cinematográfica de América se vio obligada a crear la clasificación N-17 -sexo o violencia explícita pero con significado, contenido, y alguna suerte de redención intelectual. La película ‘Las colinas’ original no tiene ninguna de estas cosas, era una perfecta X, excitación meramente vulgar. La excitación barata es más difícil de obtener de lo que uno cree, y extrañamente, mientras ‘Las colinas’ de 2006 (R) proporciona sacudida tras sacudida a nuestros corroídos receptores del horror, nos ponemos cada vez más nostálgicos de la zaparrastrosa sensación de 1977.

26 de marzo de 2006
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tirón en la puerta del clóset


[Norimitsu Onishi] Sorprendente película sobre una relación homosexual institucionalizada en el mundo de los payasos itinerantes de Corea.
Seúl, Corea del Sur. ‘El rey y el payaso’ [King and the Clown] carecía de alguna estrella de la bullente industria cinematográfica de Corea del Sur, o de los otros ingredientes usuales de los grandes éxitos de taquilla.
Y en un país donde la homosexualidad fue removida de la lista de la Comisión de Protección de la Juventud de actos "socialmente inaceptables" solamente en 2004, la película gira sobre un triángulo amoroso homosexual de la corte real del siglo 16: un joven payaso destrozado entre su amor por otro payaso y un rey enamorado.
Pero para sorpresa de todo el mundo, no menos del director, a mediados de marzo la película se convirtió en la más popular en la historia de Corea del Sur, vista por más de doce millones de personas, uno de cada cuatro habitantes. En términos estadounidenses, sería quizás el equivalente de ‘En terreno vedado’ [Brokeback Mountain] -con la que está película ha sido comparada superficialmente-, ingresando tanto como ‘Titanic’.
Como fenómeno cultural, ‘El rey y el payaso’ ha provocado discusiones a veces confusas, a veces incómodas aquí sobre la naturaleza de la homosexualidad, algo que era rara vez discutido públicamente hasta hace algunos años.
En el centro de la película, que los productores esperan que llegue a Estados Unidos, hay dos payasos hombre, uno masculino llamado Jang Saeng y otro femenino, de aspecto delicado llamado Gong Gil, que asume el papel femenino en los sketches. Artistas itinerantes que dependen de la limosna para su supervivencia, son un día condenados a muerte por un sketch subido de tono insultando a Yonsan, un rey recordado en la historia de Corea por su tiranía. Pero después de lograr que el rey se ría, los dos payasos son perdonados y se les permite que se conviertan en bufones de la corte.
El rey se enamora de Gong Gil, y la relación resultante enciende los celos de Jang Saeng. Las exhibiciones físicas de cariño son sutiles: en una breve escena, el rey besa al payaso dormido; en otra, que muestra a los dos payasos durmiendo juntos, Jang Saeng cubre cariñosamente a su colega.
Todo muy suave, quizás, pero muchos aquí consideran que la película, con su flemático tratamiento de la homosexualidad, rompe tabúes. La cultura popular han ignorado durante mucho tiempo a los homosexuales, o, en años recientes, los ha relegado a papeles caricaturizados.
"Una o dos películas trataron de describir las relaciones homosexuales de modo serio, pero comercialmente fueron fracasos", dice Tcha Sung-Jau, uno de los productores mejor conocidos del país y profesor de cine en la Universidad de Dongkuk. "Es por eso que todo el mundo se sorprendió tanto cuando El rey y el payaso’ se convirtió en un éxito".
"Yo lloré cuando vi la película", agregó Tcha, "y soy un heterosexual muy definido".
En adición a la homosexualidad, otros temas anteriormente tabúes, como las violaciones de los derechos humanos durante el gobierno militar de Corea del Sur y temas relacionados en Corea del Norte, son abordados en la película. Las películas reflejan, y a veces tratan de mantenerse al corriente de una sociedad coreana que se ha sufrido grandes cambios sociales y políticos durante la última década.
Hasta hace una década, cuando un grupo de coreanos-americanos empezaran un diminuto movimiento por los derechos homosexuales en algunas universidades aquí, la mayoría de los coreanos no sabían absolutamente nada de la vida de los homosexuales. Aunque Seúl cuenta desde hace tiempo con dos barrios con un pequeño grupo de bares gay, Itaewon y Chongno, estos estaban ocultos y la homosexualidad era un tema que no se mencionaba.
En 2000 el tema saltó al arena pública cuando un conocido actor de televisión, Hong Suk Chon, se convirtió en la primera figura pública importante en declarar su homosexualidad. Hong fue sacado inmediatamente del programa y su carrera se dio por terminada. Pero en 2003, en un signo de un cambio de actitudes, el actor empezó un exitoso retorno a la pantalla.
"Creemos que los últimos diez años son el equivalente de cien años debido a los muchos cambios que han ocurrido en un período tan breve", dijo en una entrevista Oh Ga Ram, un activista del Grupo de Derechos Humanos de Homosexuales de Corea, en la oficina de la organización en Chongno.
Ninguna otra figura pública ha salido del clóset, y la mayoría de los homosexuales coreanos siguen ocultos. Pero Oh dijo que ‘El rey y el payaso’ era un "paso positivo" porque "ahora hay un discurso que antes no existía".
El discurso, sin embargo, a menudo es confuso, dijo Oh. Debido a que el triángulo amoroso gira sobre un payaso hombre femenino, algunos espectadores dicen que la relación no es de ninguna manera homosexual. "En la mente de muchos coreanos, ahora ‘hombres guapos’ es sinónimo de gay", dijo.
En coreano el título de la película es más directo sobre la naturaleza de la relación: ‘El hombre del rey’.
Sin embargo, su director Lee Jun Ik se mostró indeciso a la hora de definir su película como teniendo un tema gay y quitó importancia a que rompiera tabúes.
"Esta no es la homosexualidad como se define en Occidente", dijo Lee en una entrevista. "Es muy diferente de ‘En terreno vedado’. En esa película, la homosexualidad es destino, no preferencia. Aquí, es una práctica".
Lee dijo que había estado más interesado en evocar el mundo de los payasos itinerantes, muchos de los cuales estaban involucrados en relaciones con parejas del mismo sexo.
Una persona consultada por el director fue Kim Gi Bok, 77, que es considerado como el último payaso itinerante sobreviviente. Kim se mostró divertido por la atención que ha recibido debido a la película.
"Antes se nos trataba como vagabundos, pero ahora se nos considera artistas tradicionales", dijo en una entrevista en Anseong, una ciudad a dos horas al norte de Seúl, donde se ha fundado un centro para mantener vivo su oficio.
Entre los payasos itinerantes surgían relaciones intensas, dijo Kim, porque trabajaban en compañías masculinas y viajaban juntos todo el tiempo.
"Era difícil conseguir una esposa", dijo. "Éramos vagabundos. ¿Quién se quería casar con un vagabundo?"
Como en la película, un payaso masculino y uno femenino forman a menudo pareja. El payaso masculino mostraba su amor a su colega, biri, comprándole un reloj, dijo Kim.
"Pasaban juntos todo el tiempo, dormían en el mismo cuarto, se ayudaban mutuamente", dijo. "El biri entraría a las cocinas de la gente e incluso mendigaría comida para los dos".
"Algunos biris eran muy guapos -se dejaban crecer el pelo hasta aquí", dijo Kim señalando su cintura, mientras sus ojos se iluminaban con el recuerdo. Agregó que algunos payasos casados a veces abandonaban a sus esposas por sus colegas payasos.
Kim mismo es casado y tuvo un hijo. Dijo que él también tuvo biris en su vida, aunque dijo que las relaciones no habían sido sexuales.
"Las relaciones entre los hombres eran muy sinceras y genuinas", dijo Kim. "Eran relaciones asombrosas, extraordinarias, mucho más íntimas que la relación entre marido y mujer".

1 de abril de 2006
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sobre el breve vestuario de bettie page


[Karen Durbin] Su identidad fue ser guapa semi desnuda, pero cuando llegó a la cuarentena se convirtió en una fanática misionera cristiana.
Mary Harron aborda temas candentes con películas que son buenas en varios sentidos. En ‘Yo disparé a Andy Warhol’ (1996), captó astutamente el vertiginoso amor propio de los habitantes de la Factoría de Warhol brindándole a Lili Taylor la oportunidad de ser tan indeleble como la pretendida asesina Valerie Solanas, la demente dramaturga del Lower East Side y colérica fundadora de SCUM (Sociedad para Cortar a Hombres en Pedazos). Y con ‘American Psycho’, Harron convirtió la novela estadounidense más injuriada desde ‘La caldera del diablo’ [Peyton Place] en la elegante y mordaz sátira de la codicia yuppie de los años ochenta que pretendía ser.
En ‘The Notorious Bettie Page’ Harron explora un icono permanente de otra época, que se estrena el 14 de abril con Gretchen Mol con flequillos castaños como la reina de las chicas de calendario de los represivos años cincuenta. Page, 82, es una paradoja: una mujer reservada y religiosa que parece radiante cuando posa con un gorro de Santa Claus para la foto desnuda de Navidad de Playboy de 1955 y con un sujetador con copas de cohete espacial y botas de tacón de aguja para escenas sádicas lesbianas. En una época de descaradas divisiones entre chicas buenas y malas, Page ponía color fuera de las líneas.
Lo mismo hace Harron, canadiense educada en Oxford cuya nueva película visualmente osada cosechó elogios en el circuito de festivales y algunas agrias quejas por no explorar más profundamente la mente de su personaje. Entrevistada hace poco desde su casa en Brooklyn, que comparte con el director John Walsh y sus dos hijas, habló sobre porqué ‘The Notorious Bettie Page’ elude los tropos habituales demasiado explícitos de las películas biográficas convencionales que muestran a una mujer que, domesticando el deseo tan efectivamente como Hugh Hefner, se convirtió en un imán para las retorcidas y culpables actitudes de la década hacia el sexo.

El renacimiento del interés en Bettie Page empezó a fines de los años setenta, y ahora su imagen está en todas partes, desde libros de arte hasta cajitas de almuerzo. ¿Es eso lo que despertó su interés?
Mary Harron: En 1993 trabajé en un programa para la Fox TV, muy breve, con Sam Green, que más tarde hizo ‘The Weather Underground’, y me dio un fanzine que incluía una de esas fotos banales de ella con ropa sado-masoquista. Fox dijo que podíamos hacer un programa sobre ella, pero a Bettie Page no le gusta ser fotografiada o filmada. Incluso en el canal de documentales hace algunos años, sólo se pudo escuchar su voz. Más tarde, Guin Turner, mi co-escritor de ‘American Psycho’ y yo decidimos hacer una película.
Mientras más misteriosa se puso Bettie, más interesante fue el mundo a su alrededor. Sam se convirtió en nuestro investigador y encontró transcripciones de la audiencia del Senado, con Kefauver, en 1956 sobre, imagínate, la delincuencia juvenil. La corrupción de la juventud era un gran tema en los años cincuenta y un buen modo de obtener publicidad. Este Kefauver quería postular a la presidencia.

Usted usa las audiencias para apoyar la experiencia de Bettie. La vemos al principio, esperando nerviosamente cuando tiene que declarar, y al final, cuando la dejan ir.
Las audiencias de Kefauver giraron sobre pornografía. La investigación de las revistas de chicas condujo al mundo clandestino de las revistas sado-masoquistas, y es ahí donde se hicieron la mayoría de los juicios por obscenidad. Bettie me interesó por sus contradicciones. Era de Nashville, y siempre fue religiosa -eso es parte de la cultura sureña.

Y, sin embargo, sus fotos muestran a una mujer que no piensa que está haciendo nada malo.
En contraste con la cultura a su alrededor. Siempre estuve interesada en ella y en los años cincuenta.

Los que usted evoca haciendo una gran parte de la película en blanco y negro. Hace que las vistas sean mucho más espantosas, mientras que la toma inicial de Times Square, brillante y tenebrosa, se ve conmovedoramente pecaminosa.
Quizás debido a que empecé haciendo investigación para documentales, siempre me ha interesado la persona en la historia, en su época. No puedo separar esas cosas, especialmente en el caso de las mujeres. Las mujeres en el siglo 20 son asombrosas, lo mucho que han cambiado sus vidas. Hoy, la gente piensa que lo que eres tiene que ver con psicología interior y con tus padres. Pero también tiene que ver con tu época y dónde naciste y tu clase, cosas que las películas americanas no tratan casi nunca.
Bettie y todas esas diosas del sexo eran chicas pobres: Marilyn Monroe, Rita Hayworth, Lana Turner y todas las stripteaseras. [Riendo] ¡Grace Kelly no era una chica de calendario! Así que pienso que eso es parte de lo que las hacía interesantes: las cosas que podían hacer gracias al sexo. Las chicas podían hacer una fortuna. Bettie no recibió una beca para la Vanderbilt, así que se convirtió en secretaria, y ganaba muy poco dinero. y tampoco pudo convertirse en actriz, así que se convirtió en reina de las chicas de calendario.

Pero usted señala que había factores psicosexuales en la vida de Bettie: fue abusada por su padre cuando era adolescente. Y cuando era una joven y todavía vivía en Nashville, tuvo un espantoso encuentro con un grupo de chicos que eran supuestamente buenos.
Sí, pero eso es muy delicado. Guin y yo no queríamos hacer un cuento con moraleja al estilo de Hollywood. El hecho es que Bettie no se sentía avergonzada, y eso se puede ver en su trabajo. Lo que ves en las fotografías no es la vergüenza normal, ni a una mujer en circunstancias peligrosas. En lugar de eso lo que ves es poder y disfrute, una actitud de ‘Mírame, te voy a mostrar, ¿no te parece fantástico?’ Creo que el modelaje le proporcionaba enormes satisfacciones. Creo que estaba muy sensualizada, como tienden a estarlo los niños que han sido abusados sexualmente, pero ella encuentra un modo de expresarlo que lo convierte en un triunfo para ella, y en algo seguro. Ella sentía la energía de la atención que se le prestaba, pero era una atención que podía controlar, porque ella era la estrella.

Me sorprendió en la película que, aunque era agradable y encantadora, siempre mantuvo una cierta distancia con los hombres en su vida.
Sí, tenía una suerte de escudo invisible a su alrededor. Incluso aunque tuvo novios y se casó tres veces, nunca tienes la impresión de que estuviera completamente con esa persona. En realidad, hizo su vida en gran parte sola. Y nunca tuvo una amiga realmente íntima, una amiga con la que compartiera confidencias. Sólo estuvo cerca de sus hermanas.

¿De dónde sacó usted información sobre ella?
En entrevistas con gente que la conoció y dos biografías. La que utilizamos fue ‘The Real Bettie Page’, que trata con asuntos muy feos que le ocurrieron cuando se hizo mayor. Tuvo sus días de gloria en los años cincuenta, pero después de que se convirtiera en una cristiana renacida, se divorció de su segundo marido y se quiso convertir en misionera, así que volvió al sur y se volvió a casar con su primer marido. Eso también fracasó y se obsesionó con la religión, de manera muy fanática. A los cuarenta se volvió a casar y una vez obligó a su marido y a sus hijos a pararse durante horas mirando una imagen de Jesús, a punta de cuchillo. Obviamente estaba enferma y debió ser hospitalizada.

¿Cómo interpreta usted todo esto? ¿Y pensó en incluirlo en su película?
Sabes, yo creo que tú puedes estar sufriendo el principio de una enfermedad mental, pero si te va bien en la vida, la puedes poner a un lado. Pero eso no lo puedes hacer si estás a la deriva: a mediana edad, Bettie no tenía anclas y estaba perdiendo su belleza, que había sido su identidad. La religión fue su nueva identidad. Tratamos de hacer un guión que incluyera algo de esta historia. Pero inevitablemente se convirtió en una historia muy excesiva: abusos sexuales más sadomasoquismo, o sea locura. Y eso no es verdad en su vida, ni siquiera ahora.

2 de abril de 2006

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horrores de guerra de bosnia


[Daniel Williams] Violación en provocadora película expone cicatrices de la región.
Belgrado, Serbia. En Belgrado, a principios de marzo llegó una multitud al estreno de ‘Grbavica’, una película sobre una mujer musulmana que fue violada por un serbio durante la guerra étnica de Bosnia de los años noventa y su decisión de conservar la bebita a la que da a luz.
Antes de empezar el rodaje, hubo en la capital serbia amenazas de serbios que no reconocen que se cometieran esos crímenes, y que no estaban contentos con que se convirtieran en tema de una película. "Traidores", gritaron, mientras robustos acomodadores los sacaban del ayuntamiento.
"Es lo que esperábamos. Pero tuvimos que hacer frente a todo eso", dijo Mirjana Karanovic, la actriz que hace de madre.
Quizás más que otros participantes en la producción, Karanovic está en el centro de la polémica y de la curiosidad. Es la actriz serbia mejor conocida, y muy admirada. Era impensable que una serbia representara el papel de víctima de los serbios en un país donde mucha gente, si no reacia a reconocer las atrocidades de la guerra, al menos piensan que la culpa la llevan todas las nacionalidades.
Karanovic no tuvo dudas. "No me arrepentiría. Yo sabía que esas violaciones habían ocurrido. Quizás no conocía los detalles, pero sabía que era verdad", dijo en una entrevista. "Esta película cuenta esa historia. Se aplica a todo el mundo".
Grbavica es un barrio de Sarajevo, la capital de Bosnia, que era una ciudad poblada por serbios, musulmanes y croatas en el pasado. Grbavica fue dañada gravemente durante el sitio de tres años y medio de la ciudad, donde los serbios trataron de expulsar a musulmanes y croatas. Fuerzas irregulares serbia ocuparon y luego saquearon y violaron en Grbavica, que yace al otro lado del río en el centro de la ciudad.
Casi ningún edificio escapó a destrozos en Grbavica. Cuando las tropas serbias entregaron el áreas a tropas extranjeras en 1996, se retiraron quemando las casas. Más de una década después, Sarajevo sigue estando segregada. Los serbios se están asentando en las afueras en un área conocida como nueva Sarajevo; los musulmanes dominan ahora la ciudad propiamente.
"La Sarajevo de antes de la guerra no volverá a existir", dijo Karanovic. "Antes no pensábamos en términos de nacionalidad. Cuando la gente me pregunta cómo se siente representar a un mujer musulmana, les digo que ser musulmán no era parte de la vida de Bosnia como está siendo ahora. Serbios y musulmanes somos similares, diga la gente lo que diga. No tuve que cambiar mi personalidad".
Las divisiones étnicas en la Sarajevo de hoy convierten la producción multicultural de ‘Grbavica’ en algo extraordinario. Rodada en Sarajevo, la película es una producción conjunta austriaca, bosnia, alemana y croata. La directora, Jasmila Zbanic, es una joven directora bosnia de documentales.
La película ganó en febrero el premio Oso de Oro a la mejor película en el Festival de Cine de Berlín. Zbanic hizo noticia en el festival cuando, tras recibir el premio, llamó a la captura de los líderes serbios de Bosnia en tiempos de guerra, Radovan Karadzic y Ratko Mladic.
Esa observación terminó con cualquier oportunidad de que la película fuera proyectada en las partes dominadas por serbios en Bosnia. El distribuidor, Vlado Ljevar, dijo a los periodistas: "No queremos proyectar una película que provoque a los serbios y cause una revuelta, y con la que no podamos hacer dinero". Pero se proyectó en teatros en Sarajevo y otras zonas musulmanas y croatas del país.
En los estados que antes pertenecieron a Yugoslavia, alguna gente todavía cree que la guerra de los Balcanes no debió haber ocurrido y que la loca composición étnica de la región era una bendición, no una desventaja. Karanovic es una de ellas. Continúa teniendo el destrozado sueño.
Actúa en películas hechas en Serbia y Bosnia, y trabaja en teatro en Belgrado y Sarajevo. Ha trabajado con el director nacido en Sarajevo, Emir Kusturica, que fue nominado a un Oscar en 1985 por ‘Papá está en viaje de negocios’ [When Father Was Away on Business]. En esta, Karanovic hizo de madre en la Yugoslavia bajo dominio comunista, que trata de proteger a su hijo cuando se entera de la detención de su padre tras una descuidada observación política.
En 2004 Kusturica la dirigió en ‘La vida es un milagro’ [Life Is a Miracle], una película franco-serbia sobre una ciudad bosnia que persiste en seguir la construcción de una vía férrea en vísperas de la guerra.
El año pasado fue protagonista de ‘Go West’, una amarga y poco convencional comedia sobre una pareja de homosexuales -uno es serbio, el otro un musulmán bosnio- que huyen de Sarajevo y se marchan a un pequeño pueblo donde el bosnio trata de vivir disfrazado de mujer.
"Nuestras películas tocan estos temas sin dudarlo", dijo "No podemos competir con Hollywood a nivel de éxitos. Nosotros trabajamos a nivel humano".
En Belgrado, activistas de derechos humanos y pro-democracia rellenaron los teatros para ver ‘Grbavica’ y acogieron la película con una ovación de pie.
‘Grbavica’ cuenta la historia de una estudiante de medicina que es violada en su casa y queda embarazada de una bebita.
"Cuando nace, no la quiero ver... pero al segundo día, cuando la tomo para amamantarla, me doy cuenta de que es la última guapa que queda en el mundo, y decido quedarme con ella", dice Esma, el personaje de Karanovic.
Karanovic se preparó para el papel leyendo testimonios de víctimas de crímenes de guerra. Pocas mujeres tomaron la decisión de contar sus historias, observó: "Es una vergüenza en la sociedad. No son reconocidas como víctimas". Tras el estreno de la película en Sarajevo, el parlamento bosnio aprobó una ley que reconoce a las mujeres violadas como víctimas de la guerra y les proporciona ayuda económica.
La película se estrenará pronto en Belgrado. Karanovic piensa que será recibida pacíficamente. "Los serbios sufrimos una crisis espiritual. No sabemos quiénes son nuestros héroes ni quiénes nuestros propios canallas", dijo.
"En Serbia todavía no estamos preparados para contarnos estas historias", continuó, observando que en Belgrado todavía no se hace una película seria sobre la guerra. "La gente verá la película y hablará sobre ella. Eso será un progreso. Tenemos que empezar con pequeños pasos".

28 de marzo de 2006
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extraterrestres con hambre


[Manohla Dargis] Un guión deliciosamente retorcido.

Se supone que las babosas y pequeñas criaturas que se contraen en la boca de los personajes seriamente dementes de la película de horror ‘Slither’ [La Plaga] provienen del espacio. A decir verdad, estos bichos deliciosamente repugnantes, que parecen sanguijuelas que se mueven a gran velocidad, salieron del retorcido cerebro del guionista y director de la película, James Gunn, un sabio del horror que obviamente se ha dedicado a coleccionar las películas de George A. Romero y David Cronenberg. El país de los zombis de Romero viven en las sombras en ‘La plaga’, una película sobre un fecundo extraterrestre con un insaciable apetito por la carne. Pero parece ser el interés de principios de la carrera de Cronenberg en orificios chorreantes y protuberancias puntiagudas lo que causó el mayor impacto en Gunn.
Hay un montón de orificios, protuberancias y chorreadas en ‘La plaga’, junto con bastante carne cruda como para sugerir que, a pesar del descargo habitual de que durante la producción no se causó dolor a ningún animal, PETA estará pronto en las calles. El monstruo que engendra todos esos asquerosos bichos reptantes tiene el apetito del vaquero por el filete mignon. (¿Qué hay para cenar? Una vaca). Al monstruo también le gustan los perros y los gatos, y muestra un profundo cariño por el cuerpo prestado de la menuda señora, un matón de provincia llamado Grant (Michael Rooker -Henry, en ‘Henry: Retrato de un asesino’ [Henry: Portrait of a Serial Killer]) que fue obligado a dejar atrás. Su nombre es Starla (Elizabeth Banks) y la sonrisa de Starla brilla incluso después de que su marido Grant se ha transformado en un look-alike bastante desconcertante de Jabba the Hutt. "El matrimonio", dice, "es un vínculo sagrado".
También las películas; al menos, es la idea. El placer del horror no es simplemente que las mejores películas te hagan doblar los dedos de los pies y te obliguen a controlar las cerraduras, sino además requieren un conexión particularmente fuerte entre la audiencia y el director. Como la comedia, el horror es difícil de dominar porque requiere matices. Muchas películas de hoy simplemente se deleitan en la sangre y el sadismo; es absurdamente fácil fijar la atención de la audiencia en nada más que cercenar un brazo. El horror verdadero exige más que retozar en un osario; requiere terror, misterio, pavor. También requiere que la audiencia, una ruda multitud acostumbrada a todo tipo de carnicería hecha arte, suspenda su frialdad lo suficiente como para que el director demuestre lo que vale.
Gunn escribió el guión de un muy buen remake del clásico de zombis de Romero, ‘Amanecer de los muertos’ [Dawn of the Dead], que no debió tener éxito, pero que lo tuvo porque acató las reglas del género y las torció, principalmente haciendo a los zombis espeluznantemente más rápidos, como en la película ‘28 días después’ [28 Days Later], de Danny Boyle. El acelerado ritmo puede haber parecido herético (y Romero mismo sigue siendo un firme adherente de los muertos vivientes lentos), pero fue justo el tipo de pellizco que transforma en familiar un escenario fresco. De manera similar, mientras ‘La plaga’ parece a veces un puré de monstruos, lo que hace que funcione es la destreza con la que se desliza de puaj en puaj, pasando del horror a la comedia y al revés sobre sus sangrientos fundamentos.
El humor tiende a torcerse hacia lo obvio y lo torpe, aunque algunos de los mejores chistes son también los más subentendidos, como cuando el candidato a héroe, el jefe de policía Bill Pardy (el muy elegante Nathan Fillion, de ‘Serenity’), que se dirige a su encuentro con el monstruo acompañado de un grupo de alguaciles fuertemente armados, se detiene para bloquear su coche con un chirriante control remoto. Este nimio, inane gesto pone la acción efectivamente en pausa, desinflándola, y subraya lo ordinario del bueno de la película designado (incluso sugiriendo que puede no estar a la altura del desafío). También te hace pensar sobre logística, un componente crítico del género que exige un cierto desparpajo práctico de sus personajes.
Los personajes que salen vivos de una película de horror parecen venir equipados con un tipo de manual de supervivencia: saben cómo hundir una estaca en el corazón de un vampiro y cuándo disparar una bala de plata. Los hombres y mujeres de ‘La plaga’ parecen bastante desafortunados en comparación: sus armas no funcionan, y la granada que el departamento de policía guarda bajo llave parece que ha estado acumulando polvo desde la caída de Saigón. Gunn no parece estar interesado en revolver la trama con política, pero poco antes del gran final, querrá ser recordado como el héroe de esta historia. Incluso cuando el monstruo está a punto de arrasar la ciudad, este tipo sólo piensa en su imagen.

Slither
Guión y Dirección James Gunn Fotografía Gregory Middleton Montaje John Axelrad Música Tyler Bates Diseño de Producción Andrew Neskoromny Producción Paul Brooks y Eric Newman Distribución Universal Pictures.
Duración
: 96 minutos.

Reparto: Nathan Fillion (Bill Pardy), Elizabeth Banks (Starla Grant), Gregg Henry (Jack MacReady), Michael Rooker (Grant Grant) y Tania Saulnier (Kylie Strutemyer).

1 de abril de 2006
©new york times
©traducción mQh
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película sobre pinochet con críticas dispares


Los diarios The Telegraph y The Guardian la elogiaron, pero el escocés The Herald la descalificó. Filme de la BBC emitido el domingo en la televisión de ese país es protagonizado por el actor inglés Derek Jacobi, quien logró sin embargo aplausos unánimes por su caracterización como el ex general. La película de una hora y media de duración acaba de será adquirida por la cadena norteamericana HBO para ser exhibida este año.
La historia de los 500 días que el general (R) Augusto Pinochet permaneció en Londres tenía la suficiente emoción, vueltas de tuerca y humor como para llegar más temprano que tarde a la pantalla grande o chica. Así lo entendió el director inglés de televisión Richard Curson Smith, realizador de la película Pinochet in Suburbia, emitida el domingo por la señal BBC2 en Gran Bretaña. El filme de hora y media de duración ya recibió sus primeras reseñas en la prensa escrita británica, con resultados mezclados.
Mientras The Guardian y The Daily Telegraph -dos de los más importantes periódicos del país- le dedican elogios, el escocés The Herald -el diario de mayor venta en ese país- la descalifica con fiereza. El filme tiene a Derek Jacobi -conocido por la serie televisiva Yo, Claudio- en el rol del ex gobernante de facto y a Anna Massey, como Margaret Thatcher.
Recientemente la cadena norteamericana HBO adquirió los derechos para exhibir el largometraje durante 2006 en EE.UU., aunque aún no se define una fecha para Latinoamérica, Chile incluido.

Ágil Viaje
El periódico The Guardian -de centroizquierda- es el más entusiasta. Lo califica de un "ágil viaje que va desde el drama al documental", destacando "la sutileza de la caracterización de Sir Derek Jacobi". El comentarista Rupert Smith afirma: "El actor es la estrella del show, logrando hacer del vilipendiado torturador un atractivo anciano con problemas de vejiga. Es astuto, divertido, arrogante y conspirativo, cualidades muy útiles en un dictador, sin dudas".
Sobre la interpretación del ex ministro del Interior británico Jack Straw, Smith también alaba las cualidades del actor Michael Maloney, "quien hace de Straw un señor Spock sin orejas de látex, un hombre frío y sin humor". También se refiere a la actriz Phyllida Law en el rol de Lucía Hiriart de Pinochet como "espectacularmente desagradable", siempre fastidiando a su esposo.
Joshua Rozenberg, editor de Asuntos Legales de The Telegraph y quien cubrió para la BBC el caso Pinochet, coincide en destacar el trabajo de Jacobi y además resalta la relación -no verídica, por cierto- de "mutuo respeto" que se desarrolla entre el ex mandatario chileno y la mujer oficial a cargo de su custodia, "explorando en facetas desconocidas en el carácter del dictador".
La crítica del periódico conservador también enfatiza la pluralidad de la película al mostrar el caso de Lord Hoffmann, quien fue inhabilitado para dar su veredicto por estar vinculado a Amnistía Internacional.
El crítico Ian Bell -de The Herald-, por el contrario, sólo rescató la actuación de Derek Jacobi. "Es una película torpe, que le da demasiada importancia al juicio a Pinochet y poca a asuntos más importantes", comenta. "Quizás alguien demasiado joven para recordar el caso pueda aprender algo de este filme. Su gran falla, sin embargo, fue perder la oportunidad de decir algo más sobre el rol de Estados Unidos como protector de Pinochet", finaliza Bell.

28 de marzo de 2006
©la tercera
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ministro rice como bailarina turca


[Daniel Williams] En una película egipcia, los estadounidenses son los malos.
El Cairo, Egipto. Cuando la secretaria de estado Condeleezza Rice visitó esta ciudad el mes pasado, los egipcios tuvieron una opción inusual: mirarla en televisión explicando sus puntos de vista sobre la guerra y la paz en Oriente Medio, o ir a un teatro en el barrio y verla retratada por una actriz muy parecida a ella bailando la danza del vientre y colocada en situaciones ‘adultas’.
La película en cuestión es ‘The Night Baghdad Fell’ [La Noche Que Cayó Bagdad], que describe las obsesiones egipcias con la guerra, el sexo y Estados Unidos. Salvajemente anti-norteamericana, ha hecho pingües negocios durante dos meses, una larga vida en la pantalla para películas hechas en Egipto. En ‘Night’, los egipcios se mortifican pensando en una invasión estadounidense de Egipto, y sobre la potencial destrucción de su capital. Los americanos son matones, violadores y estúpidos asesinos.
Dicho sea de paso, ‘The Night Baghdad Fell’ es una comedia.
La película es sólo la última expresión de la cultura popular egipcia en desplegar una profunda animadversión hacia los estadounidenses. Hace dos años, los yanquis emergieron como los malos en los escenarios del Cairo. En una pieza, ‘Messing With the Mind’ [Metiéndose Con el Viento], la audiencia fue empujada por acomodadores de mirada demente vestidos de marines. En otra, una Estatua de la Libertad fue hecha volar en el vestíbulo.
Los feos americanos empezaron a emerger en las pantallas el año pasado. En ‘Alexandria, New York’, el director Yusef Chahine castiga la actitud norteamericana hacia los árabes. ‘No Problem, We’re Getting Screwed’ [No Hay Problemas, No Están Jodiendo], una comedia negra, cuenta la historia de un egipcio que envía a su hijo a Iraq a entregar mangos y luego debe viajar hasta allá para sacarlo de una cárcel estadounidense. En el camino, el padre tropieza con el hoyo donde estuvo oculto Saddam Hussein, queda atrapado en el fuego cruzado de los insurgentes, lo detienen los estadounidenses y es llevado al presidente Bush. Bush lo obliga a ponerse una barba y a confesar que ha puesto una bomba en la embajada estadounidense. De algún modo, el egipcio escapa, derrota a sus secuestradores, vende sus mangos y vuelve con su hijo a casa.
Los egipcios no son los únicos que describen a los americanos como los canallas de la pantalla. ‘Valley of the Wolves: Iraq’ [Valle de los Lobos], debutó el año pasado en Turquía con un héroe que se venga de las tropas americanas que detienen a tropas turcas en el norte de Iraq. Los americanos en la pantalla matan a civiles en una boda, queman una mezquita y ejecutan sumariamente a varios. También aparecen brevemente las torturas en la prisión de Abu Ghraib.
"Estas películas muestran que hay paranoia en todas partes", dice Nabil Shawkat, un columnista humorístico del diario Daily Star. "En el caso de Egipto, el sentimiento de impotencia con respecto a los norteamericanos es bastante común".
No todo el mundo considera el tema anti-norteamericano de ‘Night’ como válido. Muchos críticos lo consideran soporífico y típicamente egipcio en cuanto a echar la culpa de sus problemas a los extranjeros. Un crítico del diario al-Ahram lo llamó "una pueril comedia que expresa las opiniones de un adolescente entusiasta con poca visión política".
Oficialmente Egipto es uno de los más estrechos aliados de Washington en Oriente Medio. En general los egipcios son amables con los turistas americanos y les aseguran infinitamente que son queridos aquí. Los estadounidenses como los malos son una desviación en el cine egipcio. En el pasado distante, los colonialistas británicos eran el blanco de retratos negativos. Más tarde, en las pantallas aparecieron extranjeros sin etiqueta para explotar la riqueza egipcia. Los americanos, si es que eran retratados, lo eran como víctimas inocentes de astutos guías turísticos egipcios o como gente de costumbres encantadoras, aunque incomprensibles, como el uso de pantalones cortos en público.
Una vieja sátira titulada ‘The Visit of Mr. President’ [La Visita el Sr. Presidente], retrataba al alcalde un pueblo que se mostraba cómicamente ansioso de mostrar su entusiasmo con la amistad de Anwar Sadat por Estados Unidos -divertido porque el alcalde no sabe cómo explicar por qué, apenas unos años antes, Estados Unidos era enemigo de Egipto. La película estuvo prohibida en Egipto durante muchos años.
Los israelíes han sido el peligro más común en las pantallas, incluso en las comedias. En una película del año pasado titulada ‘The Embassy Is in the Building’ [La Embajada Está En el Edificio], un emigrado egipcio vuelve a casa, quiere tener relaciones sexuales en su viejo apartamento, pero no puede porque tiene de vecina a la embajada israelí. Los misiles pasan por las ventanas y los guardias de seguridad bloquean entradas y salidas. Los vecinos se han mudado todos. Cuando el abrumado hombre se querella contra los israelíes, se convierte en un héroe nacional.
En ‘Night’ un maestro trata de reclutar a un brillante ex alumno para crear un arma para usar en caso de que los americanos invadan Egipto. El estudiante se la pasa fumando hachís, pero debido en parte a su admiración hacia la radical hija pacifista del maestro, se mete al proyecto. El profesor accede a que su hija se case con el chico. "Házlo por la patria", la insta.
En la película, los hombres tienen problemas sexuales. El estudiante no logra excitarse con la novia la noche de bodas, y se pasa fantasías con Rice y también con un marine llamado Jack. El maestro y sus amigos son impotentes. Todos estos problemas se resuelven cuando las esposas y amantes los esperan en cama vestidas con uniformes de desierto norteamericanos.
Los informes sobre las atrocidades de los estadounidenses en Iraq se acumulan y los egipcios forman una harapienta milicia para hacer frente a una posible invasión. Cuando una prueba de la nueva arma defensiva fracasa, el profesor tiene una pesadilla sobre su hija, que es violada en Abu Ghraib. Cerca del clímax de ‘Night’, un egipcio que sale a saludar a los invasores estadounidenses, es matado a balazos por un soldado americano.
"Pensé que un acontecimiento como la caída de Bagdad no podía dejarse pasar sin hacer un comentario", dice el director Mohammed Amin. "Todo lo que podíamos hacer los árabes era sentarnos a mirarla por televisión. Así que decidí hacer una película sobre la impotencia. Se eso se trata".
La película es la segunda excursión cómica de Amin. El año pasado, hizo ‘Cultural Film’, que cuenta la historia de un grupo de jóvenes egipcios que tratan en vano de encontrar un lugar donde puedan estar solos para mirar videos pornográficos.
En ‘Night’ satiriza la vida y política egipcias, aunque no a través del tipo de chocantes imágenes que usa con los americanos. Cuando el profesor quiere elevar la moral de su milicia, produce un video sobre un logro egipcio desde la guerra de 1973 contra Israel. Se compone de un solo gol en un partido de fútbol, en el que Egipto empata con su rival. Se acerca a un general a preguntarle sobre el desarrollo de armas, pero el oficial le dice que la industria militar está produciendo paraguas. Un conocido dice que Egipto ya posee armas de destrucción masiva -lo sabe porque una vez el país entero sufrió un apagón cuando toda la energía fue utilizada para enriquecer uranio.
Las escenas de fantasía sexual con Condoleezza Tice recibieron un montón de comentarios negativos en Egipto, pero Amin las defiende diciendo que un personaje débil fantasea naturalmente con la idea de poseer a alguien más poderoso. "El estudiante odia a los militares norteamericanos, así que los derrota en la cama, en la forma de Rice. Rice viene siempre a Egipto a dictarnos conferencias. Es como tener fantasías con tu profesora de cuarto".
Insiste en que él no es anti-norteamericano. Su próximo proyecto, dice, es una película sobre los horrores de Iraq, pero también sobre lo bueno de una operación de doctores americanos que separaron a unos mellizos egipcios. "Quiero investigar cómo puede un país ser malo y bueno al mismo tiempo", dijo.

20 de marzo de 2006
©washington post
©traducción mQh
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