cine
suicidio de menor mexicana
Una menor se suicidó el jueves en la ciudad de México tras no soportar la presión por una deuda contraída con traficantes de droga que la obligaban a vender cocaína, según una presunta carta póstuma publicada este viernes por la prensa mexicana.
Ciudad de México, México. En la misiva dirigida a su familia, la menor de 14 años explica que la decisión de suicidarse la tomó para proteger a su familia de las amenazas de los traficantes, quienes le exigían el pago de una deuda que contrajo tras perder la droga que vendía.
"Como hubo una revisión de útiles en la escuela, perdí y me robaron unas bolsas de dulces de las que vendía y junto con los dulces iban las grapas (pequeñas dosis de cocaína)", se lamentó en su misiva Stephanie Tellez.
Escrita a máquina, con letras mayúsculas, sin acentos, sin signos de puntuación y sin firma autógrafa, la carta fue encontrada por sus familiares y ha sido publicada en la mayor parte de la prensa mexicana.
Según la carta, la menor era obligada a vender 100 pequeñas dosis se cocaína a la semana en varias escuelas, incluida en la suya.
Al perder la droga, contrajo una deuda de 3.000 pesos (unos 272 dólares) y recibió amenazas de los traficantes.
"Y como la semana pasado vinieron y me advirtieron que me daban 8 días más para pagarles su dinero les dije que se los había prestado a mi novio y lo cierto es que no lo tengo y como no deseo meterlos en problemas a ustedes por eso no les dije", relata en su carta dirigida a sus padres.
En su misiva, la menor también explica que estaba obligada a entregarles a los traficantes 1.500 pesos (unos 136 dólares) a la semana.
"Creo que este momento tenía que llegar porque en verdad que ya no aguanto más (...) La verdad es que tengo miedo ya que una vez le quise decir a mi papá pero como estaba tomado (alcoholizado) no me hizo caso", añade en su misiva.
Directores de la escuela a la que asistía la menor no quisieron hacer declaraciones este viernes.
Joel Ortega, el jefe capitalino de Seguridad Pública dijo que en breve iniciarán algunos operativos en diversas colonias populares de la ciudad de México donde se han identificado puntos de venta de droga.
4 de febrero de 2005
©mi punto
Ciudad de México, México. En la misiva dirigida a su familia, la menor de 14 años explica que la decisión de suicidarse la tomó para proteger a su familia de las amenazas de los traficantes, quienes le exigían el pago de una deuda que contrajo tras perder la droga que vendía. "Como hubo una revisión de útiles en la escuela, perdí y me robaron unas bolsas de dulces de las que vendía y junto con los dulces iban las grapas (pequeñas dosis de cocaína)", se lamentó en su misiva Stephanie Tellez.
Escrita a máquina, con letras mayúsculas, sin acentos, sin signos de puntuación y sin firma autógrafa, la carta fue encontrada por sus familiares y ha sido publicada en la mayor parte de la prensa mexicana.
Según la carta, la menor era obligada a vender 100 pequeñas dosis se cocaína a la semana en varias escuelas, incluida en la suya.
Al perder la droga, contrajo una deuda de 3.000 pesos (unos 272 dólares) y recibió amenazas de los traficantes.
"Y como la semana pasado vinieron y me advirtieron que me daban 8 días más para pagarles su dinero les dije que se los había prestado a mi novio y lo cierto es que no lo tengo y como no deseo meterlos en problemas a ustedes por eso no les dije", relata en su carta dirigida a sus padres.
En su misiva, la menor también explica que estaba obligada a entregarles a los traficantes 1.500 pesos (unos 136 dólares) a la semana.
"Creo que este momento tenía que llegar porque en verdad que ya no aguanto más (...) La verdad es que tengo miedo ya que una vez le quise decir a mi papá pero como estaba tomado (alcoholizado) no me hizo caso", añade en su misiva.
Directores de la escuela a la que asistía la menor no quisieron hacer declaraciones este viernes.
Joel Ortega, el jefe capitalino de Seguridad Pública dijo que en breve iniciarán algunos operativos en diversas colonias populares de la ciudad de México donde se han identificado puntos de venta de droga.
4 de febrero de 2005
©mi punto
hollywood en la cocina
[Laurie Winer] La nueva generación de héroes del cine sabe batir y manejar el sacacorchos, e incluso un par de cosas más sobre los buenos vinos y la comida.
Las películas han cambiado desde los días en que un hombre con mandil era un personaje que pasaba por una crisis de masculinidad. ¿Se acuerda alguien de la mala, mala pinta de Jim Backus, el padre de James Dean en Rebelde sin causa', o el enamorado Edward G. Robinson en Perversidad'? Hoy, cualquier héroe que quiera ser sensible o mundano debe saber algo sobre comidas. Incluso puede llevar un delantal.
En Spanglish', la última película del director James L. Brooks, Adam Sandler hace de John, un dedicado marido y padre que se echa a llorar con sólo pensar en lo mucho que quiere a su hija. John es chef. No simplemente un chef, sino el mejor chef de todo el país (según el New York Times, que en el mundo de esta película publica reseñas sobre los restaurantes de Los Angeles, y que plantea la pregunta: ¿Qué somos, picadillo de higaditos?). Gracias a una reseña de cuatro estrellas en ese diario, la cocinería de John en Los Angeles alcanza un enorme éxito y se hace dos veces más lucrativa, y así hace lo que haría cualquier gran chef. Inmediatamente pasa el 20 por ciento del negocio a su chef de cuisine. No quiere renunciar ni a una pizca del tiempo que dedica a su familia.
Es difícil imaginar a Cary Grant, Dana Andrews o Gary Cooper haciendo de chef en sus días, pero ser chef ahora es una profesión pasablemente glamorosa como para ser héroe de cualquier largometraje, e incluso de un elegante programa de televisión. En The Great New Wonderful', una película en fase de post-producción dirigida por Danny Leiner, Maggie Gyllenhaal hace de diseñadora de tartas de alta calidad cuyos postres son carísimas obras de arte. Y Darren Star está haciendo un piloto de televisión para la Fox titulado Kitchen Confidential', basado en las memorias bestseller de Anthony Bourdain, del 2000.
Bourdain, por supuesto, es un chico ostensiblemente malo -un chef que toma drogas, lujurioso, mal hablado, franco. Star, el creador de Sexo en Nueva York', que se describió a sí mismo como "apasionado tripero", ha estado pensando durante años en un chef como el personaje principal de un programa de televisión. Y cree que ha encontrado al chef indicado en el momento justo.
"Velo como Shampoo' en un restaurante", dice Star, que utiliza el libro como un trampolín para el programa piloto. Dice que su héroe es un tipo que ha sido un cometa en el mundo de la culinaria, un drogadicto que vive la vida al borde. Ahora tiene una segunda oportunidad, aunque todavía está luchando contra sus demonios. "Ser el chef de un restaurante de moda es caminar en la cuerda floja", dice Star. "Tienes que combinar las exigencias del trabajo con las grandes tentaciones que llegan con la fama. Tienes todas las cosas ricas a tus pies. Tienes que seguir de pie sin caer en las tentaciones que hay en calle, y que no existían hace 25 años".
Hay espacio para varios tipos de chefs; Bourdain es el anti-Adam Sandler. En Spanglish', John es un padre y marido tan ejemplar que no duerme con Flor (Paz Vega), la adorada, adorable e impresionante ama de llaves, incluso aunque Flor es soltera y la esposa patológicamente egoísta de John le ha confesado que se está acostando con otro hombre (este tipo de renunciación sexual no se veía desde la época en que Henry James estaba vivo y escribía). Y el punto de la película no es que John sea endeble. El punto de la película es que es un gran tipo en todo sentido, un héroe. Basta con mirar el texto del cartel: "En toda familia hay un héroe". Y todos en la foto lo están mirando a él.
Un Sentimiento de Autenticidad
Brooks eligió la profesión de chef para John no tanto por razones relacionadas con la comida, sino "porque quería que se hubiese ganado el dinero gracias a su talento" y no por la ambición de hacer dinero. Brooks es un fan de Thomas Keller, y quería repetir el ambiente de la cocina de su restaurante French Laundry, que tanto Brooks como Sandler pasaron tiempo estudiando. "Siempre pensé que las cocinas eran lugares bulliciosos", dice Brooks. "Su cocina es tranquila. Hay un enorme cantidad de respeto ahí; todos se llaman chef' entre ellos". Keller también está en el reparto de Spanglish'.
La presencia de Keller le asegura un cierto grado de autenticidad. En un momento crítico, John está en la cocina en casa preparándose a sí mismo un club sandwich con queso fundido y un huevo no muy frito; Keller le dio la receta. Las cariñosas tomas del bocadillo anuncian lo importante que es este bocado para John. Realmente terminas queriéndote comer ese bocadillo, y es un bocadillo que te quieres comer de inmediato, cuando el huevo todavía está caliente. El resultado final de esta exhibición de pornografía culinaria es una escena de bocadillo-interrumpus. Flor entra, enfadada, justo cuando John está llevándose el bocadillo a la boca para ese primer y perfecto ñasco. Mientras ella se descarga (a través de su hija, que hace de intérprete), él arroja angustiadas, dolorosas miradas al bocadillo que su buena educación no le permite comer.
Esta escena es, de hecho, más convincente en su afición por la cocina que la más crucial (aunque casta) escena de seducción culinaria que viene después. En esa escena, John lleva a Flor a su restaurante vacío en la noche (debe ser un lunes), cuyo interior está físicamente inspirado en el French Laundry. Allí, John le prepara a Flor un plato (asado de tira, aunque lo vemos haciendo costillas de cordero) que es limpio y profesional. No revela nada de pasión. "Voy a recordar cada sabor toda la vida", le dice Flor a John. A juzgar por el plato, es dudoso, pero hay que tomar en cuenta que es una mujer enamorada.
La simpática película The Life Aquatic with Steve Zissou', de Wes Anderson, deja claro que ser despabilados en asuntos de cocina y vinos es hoy obligado para un personaje de una película mundana. El personaje de Bill Murray es un héroe para el nuevo siglo, un hombre de mundo (sobre y bajo del nivel del mar) reflexivo, encantador e imperfecto, con un profundo aprecio por los placeres de la vida. Zissou insulta a un camarero que se atreve a dar aprobar el vino a su hermano menor en lugar de él. "No sabe nada de vinos", solloza Murray y le arroja al camarero una última enfadada mirada antes de olisquear el vino él mismo.
Cuando damos una vuelta por el barco de Zissou, nos enteramos que la cocina es, tecnológicamente, el compartimento más avanzado tecnológicamente de todo el navío. Y cuando el equipo de Zissou' asalta el barco más elegante del rival de toda la vida, Hennessey (Jeff Goldblum), la única cosa por la que demuestra verdadero interés es en la máquina de capucchino, que se roba presto. Sólo tenemos una mirada de la comida de la tripulación a bordo de este barco encantado -bandejas de langostas y copas de Moet Champagne.
Por supuesto, el hito sorpresa del año es Sideways', la película más empapada de vino de toda la historia. Es una película de Alexander Payne (About Schmidt', Election', Citizen Ruth), así que su protagonista no tiene el calibre heroico de Spanglish' o de la fantástica dimensión de The Life Aquatic'. El inútil de Miles (Paul Giamatti) es difícilmente un héroe; es un hombre maduro que roba el dinero que esconde su madre en la cómoda, válgame Dios. Pero se las ingenia para ser enternecedor y optimista, una vez que crea intimidad con una camarera llamada Maya (Virginia Madsen) a través de conversaciones sobre vinos.
"¿Le puedo hacer una pregunta personal?", le dice Maya a Miles. "¿Por qué le gusta tanto el Pinot?" Su enternecedora seriedad cuando, en su primera cita, prueban un Fiddlhead Sauvignon Blanc e identifican tímidamente "pequeñas insinuaciones de clavo", nos dice que esta conversación creará un profundo vínculo entre ellos, como un modo para cada uno de mostrarse y ser visto. El gusto es un asunto que trae cola para Miles y para Maya.
Cuando describe su amor por el Pinot, queda desgarradoramente claro que Miles en realidad se está describiendo él mismo para ella, diciéndole lo que le gustaría ser amado. "Es una cepa difícil de cultivar", dice. "No es un resistente como el Cabernet, que crece en cualquier parte, que crece incluso cuando se lo descuida. De hecho, sólo puede crecer en estos rincones escondidos verdaderamente únicos, del mundo. Y sólo los viñateros más pacientes y cuidadosos pueden cultivarla".
La Cocina en el Teatro
Las piezas de teatro también están haciendo uso del conocimiento de la cocina para mostrar clase, cultura y gusto. En The Paris Letter', que acaba de estar en el Teatro Kirk Douglas en Culver City, y llegará este verano a la Roundabout Theatre Company de Nueva York, Jon Robin Baitz usa la conciencia del alimento como un seña de integridad personal. Su protagonista es un hombre con problemas morales. Sandy (Ron Rifkin) ha negado su propia vocación artística metiéndose en el negocio de finanzas de su padre y ha negado su vocación sexual siguiendo una terapia para "curar" su homosexualidad y casándose con Katie. Este es un hombre que tiene éxito en el mundo, pero está tan condenado como Fausto.
En contraste, las dos personas más próximas a él, Katie y su mejor amigo, Anton, conservan la sensatez de sus almas. Los dos han sido cocineros y propietarios de restaurantes. Un huésped que está terminando su plato de ostiones fritos en una cacerola con alcaparras, salvia y judías pintas, le pregunta a Katie: "¿Cómo lo haces? Está bien, no es que no haya probado esto en otras partes, pero es como si tuvieras una especie de magia".
Katie responde con una pregunta de ambientalista: "¿De dónde vienen los ostiones? ¿De dónde vienen los ingredientes? ¿Cómo se combinan las cosas? Es teniendo relaciones. Pescadores. Dedicados. Con respeto". El invitado de Katie, un hombre rico que resulta ser el malo de la obra, ni siquiera escucha su respuesta.
Naturalmente, la emergencia de la comida y de los vinos del mundo como telón de fondo pondrá a prueba la credulidad de todo entendido de la industria alimentaria.
En Sideways', por ejemplo, Miles casi hace un mantra de adorar al Pinot y odiar al Merlot , y también desdeña al Cabernet Franc (las ventas de Pinot en la Ciudad de Nueva York subieron tras el estreno, y el Merlot puede estar sufriendo una caída). Pero en el golpe de gracia de la película, Miles finalmente degusta su preciosa botella de Cheval Blanc 1961, la que había estado guardando durante demasiado tiempo, un vino que, de hecho, se ha transformado en una metáfora para Miles y su costumbre de dejar que la vida pase por su lado. El vino se hace de, adivinen -Cabernet Franc y Merlot, un ironía que los cineastas no comentan.
Además,volviendo a Spanglish', el New York Times no reseña, y menos reparte estrellas, a restaurantes de Los Angeles, gracias de todos modos. Cualquier jefe importante en esta ciudad hablaría y comprendería el español de cocina', pero no el John de Adam Sandler.
Pero del mismo modo que es posible analizar un vino y no disfrutarlo, la gente que analiza la ficción estrictamente por su apego a la realidad pasa invariablemente por alto los puntos más importantes. A medida que el conocimiento del alimento satura la cultura, los próximos años traerán más y mejores oportunidades para que los triperos muestren su conocimiento y pasen por alto lo importante. Hay que esperar una sátira sobre el asunto para 2006.
Club Sandwich de Spanglish', con huevo frito y queso fundido
Tiempo: 20 minutos
1 personas
De Thomas Keller
3 a 4 lonjas gruesas de beicon
2 lonjas de queso Montery Jack
2 rebanada de pan rústico, tostado
1 cucharada de mayonesa
4 rodajas de tomate
2 hojas de lechuga
1 cucharadita de mantequilla
1 huevo
1. Fría el beicon hasta que quede crujiente, seque en papel y aparte.
2. Coloque las lonjas de queso en una rebanada de pan tostado y ponga en horno para derretir el queso.
3. En la otra rebanada unte la mayonesa, ponga encima el beicon frito, las rodajas de tomate y la lechuga.
4. En una sartén derrita la mantequilla a fuego mediano. Fría el huevo.
5. Unte el huevo encima de la lechuga. Cubra con la otra tostada de pan, con el queso hacia arriba. Coloque el bocadillo en un plato y corte en dos.
Cada bocadillo (con cuatro lonjas de beicon): 1.115 calorías; 52 gramos de proteínas; 50 gramos carbohidratos; 4 gramos fibra; 78 gramos grasa; 30 gramos grasa saturada; 346 mg. colesterol; 2.192 mg. sodio.
30 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
En Spanglish', la última película del director James L. Brooks, Adam Sandler hace de John, un dedicado marido y padre que se echa a llorar con sólo pensar en lo mucho que quiere a su hija. John es chef. No simplemente un chef, sino el mejor chef de todo el país (según el New York Times, que en el mundo de esta película publica reseñas sobre los restaurantes de Los Angeles, y que plantea la pregunta: ¿Qué somos, picadillo de higaditos?). Gracias a una reseña de cuatro estrellas en ese diario, la cocinería de John en Los Angeles alcanza un enorme éxito y se hace dos veces más lucrativa, y así hace lo que haría cualquier gran chef. Inmediatamente pasa el 20 por ciento del negocio a su chef de cuisine. No quiere renunciar ni a una pizca del tiempo que dedica a su familia.
Es difícil imaginar a Cary Grant, Dana Andrews o Gary Cooper haciendo de chef en sus días, pero ser chef ahora es una profesión pasablemente glamorosa como para ser héroe de cualquier largometraje, e incluso de un elegante programa de televisión. En The Great New Wonderful', una película en fase de post-producción dirigida por Danny Leiner, Maggie Gyllenhaal hace de diseñadora de tartas de alta calidad cuyos postres son carísimas obras de arte. Y Darren Star está haciendo un piloto de televisión para la Fox titulado Kitchen Confidential', basado en las memorias bestseller de Anthony Bourdain, del 2000.
Bourdain, por supuesto, es un chico ostensiblemente malo -un chef que toma drogas, lujurioso, mal hablado, franco. Star, el creador de Sexo en Nueva York', que se describió a sí mismo como "apasionado tripero", ha estado pensando durante años en un chef como el personaje principal de un programa de televisión. Y cree que ha encontrado al chef indicado en el momento justo.
"Velo como Shampoo' en un restaurante", dice Star, que utiliza el libro como un trampolín para el programa piloto. Dice que su héroe es un tipo que ha sido un cometa en el mundo de la culinaria, un drogadicto que vive la vida al borde. Ahora tiene una segunda oportunidad, aunque todavía está luchando contra sus demonios. "Ser el chef de un restaurante de moda es caminar en la cuerda floja", dice Star. "Tienes que combinar las exigencias del trabajo con las grandes tentaciones que llegan con la fama. Tienes todas las cosas ricas a tus pies. Tienes que seguir de pie sin caer en las tentaciones que hay en calle, y que no existían hace 25 años".
Hay espacio para varios tipos de chefs; Bourdain es el anti-Adam Sandler. En Spanglish', John es un padre y marido tan ejemplar que no duerme con Flor (Paz Vega), la adorada, adorable e impresionante ama de llaves, incluso aunque Flor es soltera y la esposa patológicamente egoísta de John le ha confesado que se está acostando con otro hombre (este tipo de renunciación sexual no se veía desde la época en que Henry James estaba vivo y escribía). Y el punto de la película no es que John sea endeble. El punto de la película es que es un gran tipo en todo sentido, un héroe. Basta con mirar el texto del cartel: "En toda familia hay un héroe". Y todos en la foto lo están mirando a él.
Un Sentimiento de Autenticidad
Brooks eligió la profesión de chef para John no tanto por razones relacionadas con la comida, sino "porque quería que se hubiese ganado el dinero gracias a su talento" y no por la ambición de hacer dinero. Brooks es un fan de Thomas Keller, y quería repetir el ambiente de la cocina de su restaurante French Laundry, que tanto Brooks como Sandler pasaron tiempo estudiando. "Siempre pensé que las cocinas eran lugares bulliciosos", dice Brooks. "Su cocina es tranquila. Hay un enorme cantidad de respeto ahí; todos se llaman chef' entre ellos". Keller también está en el reparto de Spanglish'.
La presencia de Keller le asegura un cierto grado de autenticidad. En un momento crítico, John está en la cocina en casa preparándose a sí mismo un club sandwich con queso fundido y un huevo no muy frito; Keller le dio la receta. Las cariñosas tomas del bocadillo anuncian lo importante que es este bocado para John. Realmente terminas queriéndote comer ese bocadillo, y es un bocadillo que te quieres comer de inmediato, cuando el huevo todavía está caliente. El resultado final de esta exhibición de pornografía culinaria es una escena de bocadillo-interrumpus. Flor entra, enfadada, justo cuando John está llevándose el bocadillo a la boca para ese primer y perfecto ñasco. Mientras ella se descarga (a través de su hija, que hace de intérprete), él arroja angustiadas, dolorosas miradas al bocadillo que su buena educación no le permite comer.
Esta escena es, de hecho, más convincente en su afición por la cocina que la más crucial (aunque casta) escena de seducción culinaria que viene después. En esa escena, John lleva a Flor a su restaurante vacío en la noche (debe ser un lunes), cuyo interior está físicamente inspirado en el French Laundry. Allí, John le prepara a Flor un plato (asado de tira, aunque lo vemos haciendo costillas de cordero) que es limpio y profesional. No revela nada de pasión. "Voy a recordar cada sabor toda la vida", le dice Flor a John. A juzgar por el plato, es dudoso, pero hay que tomar en cuenta que es una mujer enamorada.
La simpática película The Life Aquatic with Steve Zissou', de Wes Anderson, deja claro que ser despabilados en asuntos de cocina y vinos es hoy obligado para un personaje de una película mundana. El personaje de Bill Murray es un héroe para el nuevo siglo, un hombre de mundo (sobre y bajo del nivel del mar) reflexivo, encantador e imperfecto, con un profundo aprecio por los placeres de la vida. Zissou insulta a un camarero que se atreve a dar aprobar el vino a su hermano menor en lugar de él. "No sabe nada de vinos", solloza Murray y le arroja al camarero una última enfadada mirada antes de olisquear el vino él mismo.
Cuando damos una vuelta por el barco de Zissou, nos enteramos que la cocina es, tecnológicamente, el compartimento más avanzado tecnológicamente de todo el navío. Y cuando el equipo de Zissou' asalta el barco más elegante del rival de toda la vida, Hennessey (Jeff Goldblum), la única cosa por la que demuestra verdadero interés es en la máquina de capucchino, que se roba presto. Sólo tenemos una mirada de la comida de la tripulación a bordo de este barco encantado -bandejas de langostas y copas de Moet Champagne.
Por supuesto, el hito sorpresa del año es Sideways', la película más empapada de vino de toda la historia. Es una película de Alexander Payne (About Schmidt', Election', Citizen Ruth), así que su protagonista no tiene el calibre heroico de Spanglish' o de la fantástica dimensión de The Life Aquatic'. El inútil de Miles (Paul Giamatti) es difícilmente un héroe; es un hombre maduro que roba el dinero que esconde su madre en la cómoda, válgame Dios. Pero se las ingenia para ser enternecedor y optimista, una vez que crea intimidad con una camarera llamada Maya (Virginia Madsen) a través de conversaciones sobre vinos.
"¿Le puedo hacer una pregunta personal?", le dice Maya a Miles. "¿Por qué le gusta tanto el Pinot?" Su enternecedora seriedad cuando, en su primera cita, prueban un Fiddlhead Sauvignon Blanc e identifican tímidamente "pequeñas insinuaciones de clavo", nos dice que esta conversación creará un profundo vínculo entre ellos, como un modo para cada uno de mostrarse y ser visto. El gusto es un asunto que trae cola para Miles y para Maya.
Cuando describe su amor por el Pinot, queda desgarradoramente claro que Miles en realidad se está describiendo él mismo para ella, diciéndole lo que le gustaría ser amado. "Es una cepa difícil de cultivar", dice. "No es un resistente como el Cabernet, que crece en cualquier parte, que crece incluso cuando se lo descuida. De hecho, sólo puede crecer en estos rincones escondidos verdaderamente únicos, del mundo. Y sólo los viñateros más pacientes y cuidadosos pueden cultivarla".
La Cocina en el Teatro
Las piezas de teatro también están haciendo uso del conocimiento de la cocina para mostrar clase, cultura y gusto. En The Paris Letter', que acaba de estar en el Teatro Kirk Douglas en Culver City, y llegará este verano a la Roundabout Theatre Company de Nueva York, Jon Robin Baitz usa la conciencia del alimento como un seña de integridad personal. Su protagonista es un hombre con problemas morales. Sandy (Ron Rifkin) ha negado su propia vocación artística metiéndose en el negocio de finanzas de su padre y ha negado su vocación sexual siguiendo una terapia para "curar" su homosexualidad y casándose con Katie. Este es un hombre que tiene éxito en el mundo, pero está tan condenado como Fausto.
En contraste, las dos personas más próximas a él, Katie y su mejor amigo, Anton, conservan la sensatez de sus almas. Los dos han sido cocineros y propietarios de restaurantes. Un huésped que está terminando su plato de ostiones fritos en una cacerola con alcaparras, salvia y judías pintas, le pregunta a Katie: "¿Cómo lo haces? Está bien, no es que no haya probado esto en otras partes, pero es como si tuvieras una especie de magia".
Katie responde con una pregunta de ambientalista: "¿De dónde vienen los ostiones? ¿De dónde vienen los ingredientes? ¿Cómo se combinan las cosas? Es teniendo relaciones. Pescadores. Dedicados. Con respeto". El invitado de Katie, un hombre rico que resulta ser el malo de la obra, ni siquiera escucha su respuesta.
Naturalmente, la emergencia de la comida y de los vinos del mundo como telón de fondo pondrá a prueba la credulidad de todo entendido de la industria alimentaria.
En Sideways', por ejemplo, Miles casi hace un mantra de adorar al Pinot y odiar al Merlot , y también desdeña al Cabernet Franc (las ventas de Pinot en la Ciudad de Nueva York subieron tras el estreno, y el Merlot puede estar sufriendo una caída). Pero en el golpe de gracia de la película, Miles finalmente degusta su preciosa botella de Cheval Blanc 1961, la que había estado guardando durante demasiado tiempo, un vino que, de hecho, se ha transformado en una metáfora para Miles y su costumbre de dejar que la vida pase por su lado. El vino se hace de, adivinen -Cabernet Franc y Merlot, un ironía que los cineastas no comentan.
Además,volviendo a Spanglish', el New York Times no reseña, y menos reparte estrellas, a restaurantes de Los Angeles, gracias de todos modos. Cualquier jefe importante en esta ciudad hablaría y comprendería el español de cocina', pero no el John de Adam Sandler.
Pero del mismo modo que es posible analizar un vino y no disfrutarlo, la gente que analiza la ficción estrictamente por su apego a la realidad pasa invariablemente por alto los puntos más importantes. A medida que el conocimiento del alimento satura la cultura, los próximos años traerán más y mejores oportunidades para que los triperos muestren su conocimiento y pasen por alto lo importante. Hay que esperar una sátira sobre el asunto para 2006.
Club Sandwich de Spanglish', con huevo frito y queso fundido
Tiempo: 20 minutos
1 personas
De Thomas Keller
3 a 4 lonjas gruesas de beicon
2 lonjas de queso Montery Jack
2 rebanada de pan rústico, tostado
1 cucharada de mayonesa
4 rodajas de tomate
2 hojas de lechuga
1 cucharadita de mantequilla
1 huevo
1. Fría el beicon hasta que quede crujiente, seque en papel y aparte.
2. Coloque las lonjas de queso en una rebanada de pan tostado y ponga en horno para derretir el queso.
3. En la otra rebanada unte la mayonesa, ponga encima el beicon frito, las rodajas de tomate y la lechuga.
4. En una sartén derrita la mantequilla a fuego mediano. Fría el huevo.
5. Unte el huevo encima de la lechuga. Cubra con la otra tostada de pan, con el queso hacia arriba. Coloque el bocadillo en un plato y corte en dos.
Cada bocadillo (con cuatro lonjas de beicon): 1.115 calorías; 52 gramos de proteínas; 50 gramos carbohidratos; 4 gramos fibra; 78 gramos grasa; 30 gramos grasa saturada; 346 mg. colesterol; 2.192 mg. sodio.
30 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
mutilación de acorazado potemkin
[Rodrigo Miranda] El más universal de los directores de la URSS, cuya obra puso a su país en el mapa del cine mundial en los tumultuosos años 20, fue uno de los blancos de la censura soviética, por incluir en la versión original de El Acorazado Potemkin' una introducción a cargo de León Trotski. Serguei Eisenstein vuelve a la luz pública gracias al estreno de la versión reconstruida de su película de 1925, que incluye los fotogramas eliminados en Alemania de la célebre secuencia de la caída de un coche con un niño por las escalinatas del puerto de Odessa, considerados en su minuto excesivamente crueles.
Junio de 1905. Los marineros del buque militar Potemkin se niegan a comer una carne agusanada. Estalla un motín, que es reprimido con balas. Muere el marinero Vakulinchuk y su cuerpo pasa a ser un símbolo de la rebelión contra el Zar para los habitantes de Odessa. En las escalinatas del puerto, una multitud enfurecida es masacrada por los cosacos del régimen.
La historia de El Acorazado Potemkin' (1925), la más célebre cinta del director ruso Serguei Eisenstein, es sencilla y bastante conocida. Menos divulgada, sin embargo, es la historia de su mutilación. Hasta el minuto, no se ha encontrado ninguna copia completa del filme original, cercenado en la Unión Soviética y Alemania.
A 80 años de su primera exhibición en Moscú -y a 100 años de los acontecimientos que retrata-, El Acorazado Potemkin' será presentado en una versión reconstruida y lo más fiel posible a las intenciones de su autor. La película se proyectará el 12 y 13 de febrero, en el contexto del 55° Festival de Cine de Berlín.
Los responsables de la reconstrucción, que contó con el apoyo del British Film Institute y el Archivo Cinematográfico Federal de Alemania, descubrieron que la cinta fue amputada en una campaña de Stalin para borrar la presencia de Leon Trotski de la revolución de 1905, en la que tuvo un liderazgo clave. Finalmente, Trotski fue deportado de la Unión Soviética por Stalin en 1929 y asesinado en México, 11 años más tarde.
La nueva versión incluye las palabras introductorias del enemigo de Stalin. También enmienda los cambios que en su minuto sufrió -esta vez en Alemania- la famosa secuencia del descenso de un cochecito de niño por la escalinata de Odessa en medio de un tiroteo que también sufrió de cambios. Asimismo, incorpora por primera vez los intertítulos rusos con su gráfica original.
"En el año 1926 el negativo original de la película fue vendido a Alemania, a la compañía de distribución Prometheus. Un cineasta alemán (Piel Jutzi) hizo una versión diferente de la película para el mercado alemán", señala desde Berlín Anna Bohn, coordinadora del proyecto de reconstrucción.
Y agrega: "Los censores alemanes hicieron varios cambios, como cortes en la secuencia de la escalera de Odessa. El negativo volvió a la URSS y a Stalin le agradó la idea de censurar esas escenas de crueldad. Posteriormente, la película fue relanzada y la introducción de Trotski fue cambiada por una de Lenin".
Críticas y Envidias
Tras su debut en el largometraje con La Huelga' (1925), Eisenstein -de padre judío y madre eslava- fue convocado por el Comité Central del Partido Comunista a filmar una película para celebrar el aniversario del alzamiento de 1905, aplastado por las fuerzas zaristas, que se convirtió en el antecedente de la Revolución de 1917.
En consonancia con el credo de Lenin, en cuanto a que el cine era "la más importante de todas las artes"), Eisenstein fue parte de El Año 1905', un proyecto concebido como saga épica: ocho partes que conmemorarían los cruciales acontecimientos del mencionado año, con locaciones en diferentes ciudades de la Unión Soviética. Pero el rodaje fue interrumpido por problemas climáticos que hicieron peligrar el cumplimiento de la fecha límite de las filmaciones (un nuevo aniversario de la Revolución de Octubre).
Mientras rodaba en el puerto de Odessa, el director decidió limitar la cinta a un episodio que ocupaba apenas media página de las cientas del guión total: la sublevación del Potemkin, que simbolizaba la fallida revolución contra el zar Nicolás II. El resultado fue una cinta canónica, que hasta hoy es elegida entre las mejores de todos los tiempos.
Aunque la historia era sencilla, Eisenstein supo darle un atractivo tratamiento que enriqueció la gramática del cine mundial: una audaz imaginería, estilizadas composiciones y un estudiado trabajo de montaje, ámbito sobre en cual el cineasta teorizaría durante años. Así logró convertir la famosa secuencia de la escalera de Odessa en una de los más electrizantes pasajes de la historia de la pantalla grande.
Eisenstein trabajó días y noches para completar el filme en el tiempo previsto, armando escenas con un ritmo frenético y experimentando hasta último momento con la yuxtaposición de imágenes.
El día del estreno, el propio realizador y su insepatable director de fotografía, Eduard Tissé, fueron llevando a toda prisa la película -bobina tras bobina- a las cabinas de proyección, tras haber dado los últimos toques al montaje.
La gala de estreno, en el Teatro Bolshoi de Moscú el 21 de diciembre de 1925, fue un gran éxito y el filme fue recibido con entusiasmo. La cinta ayudó a situar el cine soviético dentro del mapa mundial e hizo de su autor una celebridad de la noche a la mañana. Pero pronto el director fue objeto de críticas y envidias.
El Acorazado Potemkin' fue estrenada por las autoridades soviéticas sin la debida publicidad y relegada a salas de segunda categoría, que solían figurar medio vacías. El filme fue criticado, entre otras cosas, por su formalismo y por sobre la capacidad de comprensión del ciudadano medio.
La filmografía de Eisenstein fue intensa, pero no extensa, debido a los constantes frenos estalinistas que sufrieron muchos de sus proyectos, rechazos que culminaron con su retiro, en 1946, a los 48 años. Murió dos años después, tras largos enfrentamientos con la burocracia estatal de su país -respecto de la cual tuvo una ambigua fidelidad- e intentos fallidos por rodar en otras latitudes, incluido Hollywood.
27 de enero de 2005
©la tercera
Junio de 1905. Los marineros del buque militar Potemkin se niegan a comer una carne agusanada. Estalla un motín, que es reprimido con balas. Muere el marinero Vakulinchuk y su cuerpo pasa a ser un símbolo de la rebelión contra el Zar para los habitantes de Odessa. En las escalinatas del puerto, una multitud enfurecida es masacrada por los cosacos del régimen. La historia de El Acorazado Potemkin' (1925), la más célebre cinta del director ruso Serguei Eisenstein, es sencilla y bastante conocida. Menos divulgada, sin embargo, es la historia de su mutilación. Hasta el minuto, no se ha encontrado ninguna copia completa del filme original, cercenado en la Unión Soviética y Alemania.
A 80 años de su primera exhibición en Moscú -y a 100 años de los acontecimientos que retrata-, El Acorazado Potemkin' será presentado en una versión reconstruida y lo más fiel posible a las intenciones de su autor. La película se proyectará el 12 y 13 de febrero, en el contexto del 55° Festival de Cine de Berlín.
Los responsables de la reconstrucción, que contó con el apoyo del British Film Institute y el Archivo Cinematográfico Federal de Alemania, descubrieron que la cinta fue amputada en una campaña de Stalin para borrar la presencia de Leon Trotski de la revolución de 1905, en la que tuvo un liderazgo clave. Finalmente, Trotski fue deportado de la Unión Soviética por Stalin en 1929 y asesinado en México, 11 años más tarde.
La nueva versión incluye las palabras introductorias del enemigo de Stalin. También enmienda los cambios que en su minuto sufrió -esta vez en Alemania- la famosa secuencia del descenso de un cochecito de niño por la escalinata de Odessa en medio de un tiroteo que también sufrió de cambios. Asimismo, incorpora por primera vez los intertítulos rusos con su gráfica original.
"En el año 1926 el negativo original de la película fue vendido a Alemania, a la compañía de distribución Prometheus. Un cineasta alemán (Piel Jutzi) hizo una versión diferente de la película para el mercado alemán", señala desde Berlín Anna Bohn, coordinadora del proyecto de reconstrucción.
Y agrega: "Los censores alemanes hicieron varios cambios, como cortes en la secuencia de la escalera de Odessa. El negativo volvió a la URSS y a Stalin le agradó la idea de censurar esas escenas de crueldad. Posteriormente, la película fue relanzada y la introducción de Trotski fue cambiada por una de Lenin".
Críticas y Envidias
Tras su debut en el largometraje con La Huelga' (1925), Eisenstein -de padre judío y madre eslava- fue convocado por el Comité Central del Partido Comunista a filmar una película para celebrar el aniversario del alzamiento de 1905, aplastado por las fuerzas zaristas, que se convirtió en el antecedente de la Revolución de 1917.
En consonancia con el credo de Lenin, en cuanto a que el cine era "la más importante de todas las artes"), Eisenstein fue parte de El Año 1905', un proyecto concebido como saga épica: ocho partes que conmemorarían los cruciales acontecimientos del mencionado año, con locaciones en diferentes ciudades de la Unión Soviética. Pero el rodaje fue interrumpido por problemas climáticos que hicieron peligrar el cumplimiento de la fecha límite de las filmaciones (un nuevo aniversario de la Revolución de Octubre).
Mientras rodaba en el puerto de Odessa, el director decidió limitar la cinta a un episodio que ocupaba apenas media página de las cientas del guión total: la sublevación del Potemkin, que simbolizaba la fallida revolución contra el zar Nicolás II. El resultado fue una cinta canónica, que hasta hoy es elegida entre las mejores de todos los tiempos.
Aunque la historia era sencilla, Eisenstein supo darle un atractivo tratamiento que enriqueció la gramática del cine mundial: una audaz imaginería, estilizadas composiciones y un estudiado trabajo de montaje, ámbito sobre en cual el cineasta teorizaría durante años. Así logró convertir la famosa secuencia de la escalera de Odessa en una de los más electrizantes pasajes de la historia de la pantalla grande.
Eisenstein trabajó días y noches para completar el filme en el tiempo previsto, armando escenas con un ritmo frenético y experimentando hasta último momento con la yuxtaposición de imágenes.
El día del estreno, el propio realizador y su insepatable director de fotografía, Eduard Tissé, fueron llevando a toda prisa la película -bobina tras bobina- a las cabinas de proyección, tras haber dado los últimos toques al montaje.
La gala de estreno, en el Teatro Bolshoi de Moscú el 21 de diciembre de 1925, fue un gran éxito y el filme fue recibido con entusiasmo. La cinta ayudó a situar el cine soviético dentro del mapa mundial e hizo de su autor una celebridad de la noche a la mañana. Pero pronto el director fue objeto de críticas y envidias.
El Acorazado Potemkin' fue estrenada por las autoridades soviéticas sin la debida publicidad y relegada a salas de segunda categoría, que solían figurar medio vacías. El filme fue criticado, entre otras cosas, por su formalismo y por sobre la capacidad de comprensión del ciudadano medio.
La filmografía de Eisenstein fue intensa, pero no extensa, debido a los constantes frenos estalinistas que sufrieron muchos de sus proyectos, rechazos que culminaron con su retiro, en 1946, a los 48 años. Murió dos años después, tras largos enfrentamientos con la burocracia estatal de su país -respecto de la cual tuvo una ambigua fidelidad- e intentos fallidos por rodar en otras latitudes, incluido Hollywood.
27 de enero de 2005
©la tercera
el pasado mirado por un niño
[A. O. Scott] Chile de los años setenta visto a través de los ojos de un niño.
Los niños ven más de lo que entienden, y entienden más de lo que saben. Su intensa pero limitada manera de ver el mundo, a veces interpretada sensibleramente como inocencia moral, es una de las razones por la que son frecuentemente colocados en el centro de películas sobre guerras, revoluciones y otras formas de trastornos sociales y desastres políticos. Gonzalo (Marías Quer), el niño de 11 años en el centro de Machuca', de Andrés Wood, se inclina cautelosamente hacia la adolescencia, preocupado con la mezquina violencia del patio de la escuela y las subentendidas miserias de su casa de clase media alta de Santiago.
Pero debido a que su madurez toma lugar en Chile en 1973, sus penurias corrientes, alegrías y ritos de pasaje están cargados de una inmoderada pasión. La audiencia, consciente desde el principio de que el golpe militar contra el gobierno de Salvador Allende acecha en el horizonte, ve su simpatía por este niño -y su nostalgia más general de la infancia- ensombrecida por la ansiedad y la aprehensión.
En general, Wood, cuya película se basa en acontecimientos de su propia infancia, confina la historia a la perspectiva de Gonzalo. Insinuaciones sobre la volátil situación política de Chile surgen casi casualmente, a través de la televisión, las pintadas en la calle y las conversaciones entre adultos oídas por casualidad. Pero no queda ninguna duda de que el universo privado de Gonzalo, como el de su país, está en un estado de conmoción. Un amoroso y pasivo niño, Gonzalo se ve obligado a acompañar a su madre (Aline Küppenheim) a visitar a su amante, un hedonista rico y más viejo que compra la complicidad del chiquillo con una bonita edición encuadernada de las historietas de El Llanero Solitario. En casa, Gonzalo tiene que vérselas con su apático padre y el patán de novio de su hermana. En la escuela inglesa privada a la que asiste Gonzalo, el director (Ernesto Malbrán), un cura arrebatado con el espíritu experimental e igualitario del gobierno de Allende, otorga becas de estudio a algunos niños de unas barriadas cercanas.
Uno de ellos, Pedro Machuca (Ariel Mateluna), se hace amigo de Gonzalo, y lo introduce al otro lado de la vida en Santiago. Pedro también presenta a Gonzalo a Silvana (Manuela Martelli), una dura e intrépida niña de una villa miseria que se transforma en una compañera frecuente, y en el alma de un dulce triángulo romántico que hace que partes de Machuca' parezcan una juvenil versión de Jules y Jim'. Los tres amigos ayudan al padre de Silvana a sacar partido de la situación política vendiendo banderas en manifestaciones de los rivales, y juegan a darse besos en la ribera de un fangoso arroyo.
Machuca', la candidatura de Chile de este año a los Academy Awards, es a la vez dulce y ácida, ajustada tanto a las maravillas de la infancia como a su crueldad y terror. Wood deja que la historia se desenvuelva a un ritmo pausado, casi holgazán, que corresponde con la conciencia de su joven protagonista. Hay momentos que parecen forzados y esquemáticos -en especial esos en que insiste en mostrar la escuela de Gonzalo como un microcosmos de una sociedad dividida clases e ideología.
El logro más grande de la película es que muestra tanto la fragilidad como la tenacidad de esas divisiones. La amistad entre Gonzalo y Pedro muestra lo arbitrarias que son y cómo el afecto y la decencia pueden superar esas diferencias. Pero las circunstancias históricas excluyen los falsos consuelos o el optimismo de una redención.
Wood pone fin a la idilio juvenil de Gonzalo con unas breves y dolorosas escenas del golpe militar que captan la ruda y enfática fuerza con que el gobierno autoritario anuncia su llegada. La televisión proclama que el ejército ha restablecido el orden, y el titular de un diario el retorno a la normalidad. Pero las escenas de soldados ocupando la escuela de Gonzalo y sometiendo el vecindario de Pedro muestran la realidad más allá de todo eufemismo. Mientras las simpatías políticas de Wood están claramente con las víctimas del golpe, nunca sugiere que los acontecimientos de septiembre de 1973 fueran simples, o de puedan entenderse fácilmente. Machuca', sin embargo, tiene una severa y pesada claridad. Su objetivo no es ajustar cuentas o reabrir viejas heridas, sino más bien explorar, después de un largo período de represión, la posibilidad del pesar. La condición juvenil que evoca más fuertemente no es la inocencia, sino la impotencia -el descubrimiento de que eres incapaz de proteger a la gente que quieres, y también incapaz de protegerte a ti mismo de la vergüenza de tu propio fracaso.
Director Andrés Wood Guión Roberto Brodsky, Mamoun Hassan y A. Wood Fotografía Miguel Joan Littin Montaje Fernando Pardo Música José Miguel Miranda y José Miguel Tobar Diseño de Producción María Eugenia Hederra Producción A. Wood, Gerardo Herrero y Mr.Hassan Reparto Matías Quer (Gonzalo Infante), Ariel Mateluna (Pedro Machuca), Manuela Martelli (Silvana) and Ernesto Malbrán (Padre McEnroe).
19 de enero de 2005
23 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
Los niños ven más de lo que entienden, y entienden más de lo que saben. Su intensa pero limitada manera de ver el mundo, a veces interpretada sensibleramente como inocencia moral, es una de las razones por la que son frecuentemente colocados en el centro de películas sobre guerras, revoluciones y otras formas de trastornos sociales y desastres políticos. Gonzalo (Marías Quer), el niño de 11 años en el centro de Machuca', de Andrés Wood, se inclina cautelosamente hacia la adolescencia, preocupado con la mezquina violencia del patio de la escuela y las subentendidas miserias de su casa de clase media alta de Santiago.Pero debido a que su madurez toma lugar en Chile en 1973, sus penurias corrientes, alegrías y ritos de pasaje están cargados de una inmoderada pasión. La audiencia, consciente desde el principio de que el golpe militar contra el gobierno de Salvador Allende acecha en el horizonte, ve su simpatía por este niño -y su nostalgia más general de la infancia- ensombrecida por la ansiedad y la aprehensión.
En general, Wood, cuya película se basa en acontecimientos de su propia infancia, confina la historia a la perspectiva de Gonzalo. Insinuaciones sobre la volátil situación política de Chile surgen casi casualmente, a través de la televisión, las pintadas en la calle y las conversaciones entre adultos oídas por casualidad. Pero no queda ninguna duda de que el universo privado de Gonzalo, como el de su país, está en un estado de conmoción. Un amoroso y pasivo niño, Gonzalo se ve obligado a acompañar a su madre (Aline Küppenheim) a visitar a su amante, un hedonista rico y más viejo que compra la complicidad del chiquillo con una bonita edición encuadernada de las historietas de El Llanero Solitario. En casa, Gonzalo tiene que vérselas con su apático padre y el patán de novio de su hermana. En la escuela inglesa privada a la que asiste Gonzalo, el director (Ernesto Malbrán), un cura arrebatado con el espíritu experimental e igualitario del gobierno de Allende, otorga becas de estudio a algunos niños de unas barriadas cercanas.
Uno de ellos, Pedro Machuca (Ariel Mateluna), se hace amigo de Gonzalo, y lo introduce al otro lado de la vida en Santiago. Pedro también presenta a Gonzalo a Silvana (Manuela Martelli), una dura e intrépida niña de una villa miseria que se transforma en una compañera frecuente, y en el alma de un dulce triángulo romántico que hace que partes de Machuca' parezcan una juvenil versión de Jules y Jim'. Los tres amigos ayudan al padre de Silvana a sacar partido de la situación política vendiendo banderas en manifestaciones de los rivales, y juegan a darse besos en la ribera de un fangoso arroyo.
Machuca', la candidatura de Chile de este año a los Academy Awards, es a la vez dulce y ácida, ajustada tanto a las maravillas de la infancia como a su crueldad y terror. Wood deja que la historia se desenvuelva a un ritmo pausado, casi holgazán, que corresponde con la conciencia de su joven protagonista. Hay momentos que parecen forzados y esquemáticos -en especial esos en que insiste en mostrar la escuela de Gonzalo como un microcosmos de una sociedad dividida clases e ideología.
El logro más grande de la película es que muestra tanto la fragilidad como la tenacidad de esas divisiones. La amistad entre Gonzalo y Pedro muestra lo arbitrarias que son y cómo el afecto y la decencia pueden superar esas diferencias. Pero las circunstancias históricas excluyen los falsos consuelos o el optimismo de una redención.
Wood pone fin a la idilio juvenil de Gonzalo con unas breves y dolorosas escenas del golpe militar que captan la ruda y enfática fuerza con que el gobierno autoritario anuncia su llegada. La televisión proclama que el ejército ha restablecido el orden, y el titular de un diario el retorno a la normalidad. Pero las escenas de soldados ocupando la escuela de Gonzalo y sometiendo el vecindario de Pedro muestran la realidad más allá de todo eufemismo. Mientras las simpatías políticas de Wood están claramente con las víctimas del golpe, nunca sugiere que los acontecimientos de septiembre de 1973 fueran simples, o de puedan entenderse fácilmente. Machuca', sin embargo, tiene una severa y pesada claridad. Su objetivo no es ajustar cuentas o reabrir viejas heridas, sino más bien explorar, después de un largo período de represión, la posibilidad del pesar. La condición juvenil que evoca más fuertemente no es la inocencia, sino la impotencia -el descubrimiento de que eres incapaz de proteger a la gente que quieres, y también incapaz de protegerte a ti mismo de la vergüenza de tu propio fracaso.
Director Andrés Wood Guión Roberto Brodsky, Mamoun Hassan y A. Wood Fotografía Miguel Joan Littin Montaje Fernando Pardo Música José Miguel Miranda y José Miguel Tobar Diseño de Producción María Eugenia Hederra Producción A. Wood, Gerardo Herrero y Mr.Hassan Reparto Matías Quer (Gonzalo Infante), Ariel Mateluna (Pedro Machuca), Manuela Martelli (Silvana) and Ernesto Malbrán (Padre McEnroe).
19 de enero de 2005
23 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
elektra, ¿qué más quiere una chica?
[Manohla Dargis]La última película de Hollywood en dar un mal nombre al cómic, Elektra', tiene de protagonista de Jennifer Garner como una heroína que se viste como fetichista y con el color de la sangre antes de eliminar a todo hombre que se ponga por delante.
"Tus padre deben haber tenido sentido del humor", le dice a Elektra el prometedor guapo y valeroso posible amante sobre su mito-poético nombre. Su respuesta es negativa: no lo tenían, y ella tampoco. Esta chica debe tener un complejo (o dos), pero como el desvencijado vehículo que la transporta, Elektra no tiene sentido del humor de ninguna manera.
Creada en los años ochenta por el autor de historietas Frank Miller mientras trabajaba en Daredevil', de Marvel, Elektra inicialmente apareció como la locura romántica del superhéroe titular transformada en némesis. Volvió a aparecer décadas más tarde, esta vez en la apenas digerible mediocridad de lo mismo, con Ben Affleck.
Affleck, llevando un desafortunado ajustado traje más apropiado para un bailarín de Las Vegas, fue el héroe de esa película, de la que lo salvó la gracia de Garner. La actriz se robó todas las escenas y ahora ha sido recompensada con el rol protagonista de su igualmente aburrido derivado. Qué pérdida, no solo porque Elektra debería y podría causar impacto -después de todo, es una ingenua estudiante universitaria que se ha cambiado en ninja asesina-, sino también porque Garner también puede, y a veces lo logra.
Las superheroínas son una raza rara. Hay todo tipo de razones para explicarlo, incluyendo que culturalmente hay siempre algo perturbador, incluso inquietante en una mujer que anda (o vuela) sola. Eso puede explicar por qué tantas superheroínas andan en grupo o se unen a algún superhéroe. (Recuérdese que antes de que se vistiera de ese bonito traje rojo, azul y blanco, la Mujer Maravilla se pasaba todo el tiempo con sus hermanas en la Isla del Paraíso). Dados sus antecedentes cuando se trata de mujeres, no es sorprendente que Hollywood haya fracasado en crear superheroínas tan ricamente concebidas como las que vemos en la televisión o en las películas de Hong Kong, donde durante décadas chicas alfa han estado sobrevolando el cielo y luchando con sus tacos altos contra los malvados y, a veces, contra sus propios demonios personales.
Hollywood tiene también un historial bastante mísero cuando se trata de superhéroes, como testimonia la reducción de la licencia Batman' (que renacerá pronto) y las sobrevaloradas películas de los X-Men'. Sin embargo, la necesidad de nuevas estrellas femeninas con sonrisas tan amplias y seductoras como la de Julia Roberts, es lo bastante urgente como para que los estudios lanzaran Elektra' sin exigir más creatividad al director de la película, Rob Bowman, y a los guionistas -Zak Penn, Stuart Zicherman y Raven Metzner-, ni a sus modistas -Lisa Tomczeszyn- y de la adiestradora personal de Garner, Valerie Waters. La Elektra de Miller no tiene el pedigrí del personaje creado por Eurípides y Sófocles, pero es el tipo de creación -conflicto moral más super cuerpo- que allanaría de risas el camino hacia el banco de los productores.
Elektra provoca algunas risas, especialmente debido a que el guión es ridículo. La historia -lo que hay de historia- gira en torno a un amante posible (Goran Visnjic) y su hija (la mediocre Kirsten Prout), que son blanco de un oscuro grupo llamado La Mano. Una banda de asiáticos, en su mayoría, que sigue peligrosamente el estereotipo de la variead Fu Manchú, La Mano es dirigida por el elegante actor Cary-Hiroyuki Tagawa. Tagawa no hace mucho, excepto mirar misteriosamente; su personaje deja el trabajo sucio a un grupo de jóvenes asesinos con nombres como Tatttoo [Tatuaje] y Typhoid [Fiebre Tifoidea], que tratan de mirar amenazantes pero con demasiado rímel y el todo acompañado con algunos pegajosos y poco convincentes efectos especiales.
Sin duda, el mejor efecto especial de la película es Garner, especialmente cuando aparece vestida. Como Edna Mode explica, la modista del minúsculo traje en Los Increíbles', es el traje el que hace al superhéroe, y eso es también verdad en este caso. Como muchas mujeres de cómic, Elektra parece como si hubiera sido dibujada por un hombre con una profunda familiaridad con la obra de Russ Meyer. Tomczeszyn ha canjeado el vestuario fetichista del personaje por algo que se parece a un show de ventana del Día de los Enamorados de Victoria's Secret, pero el principio general se mantiene (super figura). Hay que observar que toda vez que Elektra se mete en su traje de satén, también se suelta el pelo, lo que uno pensaría que obstaculizaría sus artes guerreras. Nunca las estorba. Debe tener algún tipo de super suavizante.
Elektra' ha sido aconsejada PG-13 (se encomienda a los padres acompañar a los pequeños). La película muestra a Garner en varias fases de un muy modesto desnudo y algunas escenas de leve violencia.
Director Rob Bowman Guión Zak Penn, Stuart Zicherman y Raven Metzner, basada en el personaje de Marvel Comics por Frank Miller Fotografía Bill Roe Editado por Kevin Stitt Música Christophe Beck Vestuario Lisa Tomczeszyn Director de Producción Graeme Murray Productor Arnon Milchan, Gary Foster y Avi Arad. Reparto Jennifer Garner (Elektra), Terence Stamp (Stick), Kirsten Prout (Abby), Goran Visnjic (Mark), Cary-Hiroyuki Tagawa (Roshi), Will Yun Lee (Kirigi) y Natassia Malthe (Typhoid).
22 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
"Tus padre deben haber tenido sentido del humor", le dice a Elektra el prometedor guapo y valeroso posible amante sobre su mito-poético nombre. Su respuesta es negativa: no lo tenían, y ella tampoco. Esta chica debe tener un complejo (o dos), pero como el desvencijado vehículo que la transporta, Elektra no tiene sentido del humor de ninguna manera.Creada en los años ochenta por el autor de historietas Frank Miller mientras trabajaba en Daredevil', de Marvel, Elektra inicialmente apareció como la locura romántica del superhéroe titular transformada en némesis. Volvió a aparecer décadas más tarde, esta vez en la apenas digerible mediocridad de lo mismo, con Ben Affleck.
Affleck, llevando un desafortunado ajustado traje más apropiado para un bailarín de Las Vegas, fue el héroe de esa película, de la que lo salvó la gracia de Garner. La actriz se robó todas las escenas y ahora ha sido recompensada con el rol protagonista de su igualmente aburrido derivado. Qué pérdida, no solo porque Elektra debería y podría causar impacto -después de todo, es una ingenua estudiante universitaria que se ha cambiado en ninja asesina-, sino también porque Garner también puede, y a veces lo logra.
Las superheroínas son una raza rara. Hay todo tipo de razones para explicarlo, incluyendo que culturalmente hay siempre algo perturbador, incluso inquietante en una mujer que anda (o vuela) sola. Eso puede explicar por qué tantas superheroínas andan en grupo o se unen a algún superhéroe. (Recuérdese que antes de que se vistiera de ese bonito traje rojo, azul y blanco, la Mujer Maravilla se pasaba todo el tiempo con sus hermanas en la Isla del Paraíso). Dados sus antecedentes cuando se trata de mujeres, no es sorprendente que Hollywood haya fracasado en crear superheroínas tan ricamente concebidas como las que vemos en la televisión o en las películas de Hong Kong, donde durante décadas chicas alfa han estado sobrevolando el cielo y luchando con sus tacos altos contra los malvados y, a veces, contra sus propios demonios personales.
Hollywood tiene también un historial bastante mísero cuando se trata de superhéroes, como testimonia la reducción de la licencia Batman' (que renacerá pronto) y las sobrevaloradas películas de los X-Men'. Sin embargo, la necesidad de nuevas estrellas femeninas con sonrisas tan amplias y seductoras como la de Julia Roberts, es lo bastante urgente como para que los estudios lanzaran Elektra' sin exigir más creatividad al director de la película, Rob Bowman, y a los guionistas -Zak Penn, Stuart Zicherman y Raven Metzner-, ni a sus modistas -Lisa Tomczeszyn- y de la adiestradora personal de Garner, Valerie Waters. La Elektra de Miller no tiene el pedigrí del personaje creado por Eurípides y Sófocles, pero es el tipo de creación -conflicto moral más super cuerpo- que allanaría de risas el camino hacia el banco de los productores.
Elektra provoca algunas risas, especialmente debido a que el guión es ridículo. La historia -lo que hay de historia- gira en torno a un amante posible (Goran Visnjic) y su hija (la mediocre Kirsten Prout), que son blanco de un oscuro grupo llamado La Mano. Una banda de asiáticos, en su mayoría, que sigue peligrosamente el estereotipo de la variead Fu Manchú, La Mano es dirigida por el elegante actor Cary-Hiroyuki Tagawa. Tagawa no hace mucho, excepto mirar misteriosamente; su personaje deja el trabajo sucio a un grupo de jóvenes asesinos con nombres como Tatttoo [Tatuaje] y Typhoid [Fiebre Tifoidea], que tratan de mirar amenazantes pero con demasiado rímel y el todo acompañado con algunos pegajosos y poco convincentes efectos especiales.
Sin duda, el mejor efecto especial de la película es Garner, especialmente cuando aparece vestida. Como Edna Mode explica, la modista del minúsculo traje en Los Increíbles', es el traje el que hace al superhéroe, y eso es también verdad en este caso. Como muchas mujeres de cómic, Elektra parece como si hubiera sido dibujada por un hombre con una profunda familiaridad con la obra de Russ Meyer. Tomczeszyn ha canjeado el vestuario fetichista del personaje por algo que se parece a un show de ventana del Día de los Enamorados de Victoria's Secret, pero el principio general se mantiene (super figura). Hay que observar que toda vez que Elektra se mete en su traje de satén, también se suelta el pelo, lo que uno pensaría que obstaculizaría sus artes guerreras. Nunca las estorba. Debe tener algún tipo de super suavizante.
Elektra' ha sido aconsejada PG-13 (se encomienda a los padres acompañar a los pequeños). La película muestra a Garner en varias fases de un muy modesto desnudo y algunas escenas de leve violencia.
Director Rob Bowman Guión Zak Penn, Stuart Zicherman y Raven Metzner, basada en el personaje de Marvel Comics por Frank Miller Fotografía Bill Roe Editado por Kevin Stitt Música Christophe Beck Vestuario Lisa Tomczeszyn Director de Producción Graeme Murray Productor Arnon Milchan, Gary Foster y Avi Arad. Reparto Jennifer Garner (Elektra), Terence Stamp (Stick), Kirsten Prout (Abby), Goran Visnjic (Mark), Cary-Hiroyuki Tagawa (Roshi), Will Yun Lee (Kirigi) y Natassia Malthe (Typhoid).
22 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh