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[Dave Kehr] Película sobre la asolada Angola, parte ficción, parte documental.
Cuando la impactante película angoleña ‘The Hero' [El Héroe] de Zézé Gamboa ganó el Premio de Drama del Jurado de Cine del Mundo en el Festival de Cine Sundance en 2005, causó sorpresa de muchos asistentes enterarse de que Angola tenía una industria cinematográfica, incluso una que podía atraer la atención del mundo. De hecho, apenas lo hace. ‘The Hero', como muchas películas africanas, representa una colaboración entre las habilidades técnicas europeas y el arte narrativo africano, y fue una de las tres películas que se produjeron el año pasado en el país asolado por la guerra y la pobreza.
Todavía debe exhibirse en Angola, donde las salas prefieren los musicales de Bollywood y las películas de acción asiáticas. Pero la noche pasada, ‘The Hero' inició el festival anual de New Directors/New Films en Manhattan, auspiciado por el Museo de Arte Moderno y la Sociedad Cinematográfica del Centro Lincoln. Se exhibirá comercialmente en Nueva York más adelante esta primavera.
‘The Hero', en portugués con subtítulos, es una modesta parábola sacada de la trágica historia de 30 años de guerra civil de Angola. El tema de la película es la reunificación: a Vitório, un veterano de 20 años del conflicto que perdió una pierna al pisar una mina antipersonal , los niños de la calle le han robado su prótesis y la busca en los barrios bajos de Luanda, la capital. Un niño huérfano, Manu, y una apaleada camarera, Maria Bárbara, se unen a Vitório en su búsqueda, formando instintivamente una familia provisional que les ayuda a superar la pérdida de sus verdaderas familias. La guerra civil de Angola puede haber terminado oficialmente, pero las cicatrices son profundas.
El primer largometraje de Gamboa, ‘The Hero' se inspira en una fotografía de Reuters de 1992 de un angoleño veterano de la guerra herido, durmiendo en la calle. Trabajando con su productor portugués, Fernando Vendrell, y la periodista y guionista portuguesa Carla Baptista, Gamboa escribió los primeros borradores del guión en Lisboa, donde vive, pero tuvo que esperar 10 años a que el conflicto en su país amainara lo suficiente como para permitir el rodaje de un largometraje.
El guión final fue escrito día a día, a medida que se rodaba. En el fondo un documentalista, Gamboa, 50, tuvo cuidado de abrirse a la realidad ante él. Una de las escenas más emotivas de la película, en la que Maria Bárbara se une a una larga cola de solicitantes que esperan un programa de la radio local que ayuda a reunirse a familias separadas por la guerra, fue una escena improvisada cuando los camarógrafos toparon con una transmisión en vivo en un barrio pobre.
"Le preguntamos a la gente que estaba esperando si no les importaba que pusiéramos a nuestro actor en la cola con ellos, y ellos dijeron que estaba bien", dijo Gamboa, hablando en francés por teléfono desde Lisboa. "Y la filmamos. Si hubiéramos planeado la escena, no habríamos podido nunca reunir y pagar a todos los figurantes".
Aparte de Milton Coelho, que tiene el papel del niño, Manu, la mayoría de los actores de la película son profesionales. Oumar Makéna Diop, que es el soldado Vitório, es senegalés; Maria Ceiça, que hace de Maria Bárbara, es brasileña. En estos momentos, explicó Gamboa, hay sólo cuatro o cinco grupos de teatro semi-profesionales en Angola, de modo que los actores a menudo deben trasladarse a otros países para encontrar trabajo.
Gamboa también tuvo que importar un enorme equipo de cámara/sonido europeo, incluyendo al cineasta italiano Mario Masini (‘Padre Padrone') y a la montadora francesa Anna Ruiz (‘Shoa').
Gamboa creció en Angola, donde "tuve una infancia completamente normal", dijo, y agregó: "Yo crecí antes de la guerra, en una familia burguesa de Luanda, como colonos teníamos acceso a buenas escuelas primarias. Lo único malo de esa época era la colonización misma".
Políticamente, la guerra civil empezó antes incluso de que se lograra la independencia en 1975. En los años sesenta, dos partidos revolucionarios rivales proclamaron la independencia de Angola: el marxista-leninista Movimiento Popular para la Liberación de Angola, o MPLA, apoyado por rusos y cubanos, y la maoísta Unión Nacional Maoísta para la Independencia Total de Angola, o UNITA, dirigida por el antiguo ministro de Asuntos Exteriores, Jonas Savimbi. Poco después de que Angola recibiera su independencia -un producto secundario del golpe de estado de 1974 que derrocó a la dictadura de extrema derecha en Portugal- las tensiones entre los dos partidos se transformaron en choques violentos.
Cuando llegó la independencia, Gamboa estaba trabajando como director y productor para el canal de televisión del estado. "En esa época, yo estaba cercano al MPLA, fundamentalmente por razones familiares", dijo. "Pero luego no pude ponerme de acuerdo con el directorio del canal y renuncié". Dejó el país en 1980 y ahora observa con pesar que ha vivido la mayor parte de su vida fuera de Angola. Se mudó a París, donde estudió ingeniería del sonido y encontró trabajo en el cine.
Volvió a Angola, donde la guerra continuaba, transformándose en una violenta guerra fría por encargo, con la Unión Soviética apoyando al MPLA y Estados Unidos a la UNITA. Gamboa volvió a su país natal para hacer varios documentales sobre la guerra y sus víctimas, incluyendo ‘Breath of Angola' (1991) y ‘Dissidence' (1998). Finalmente, después de que Savimbi fuera asesinado por tropas del gobierno en 2002, Angola dio sus primeros pasos hacia la normalidad.
Gambia dijo que esperaba que ‘The Hero', junto con los otros dos largometrajes producidos en Angola el año pasado -‘Comboio de Canhoca', de Orlando Fortunato de Oliveira, y ‘Na Cidade Vazia', de Maria João Ganga-, ayuden a desarrollar el talento en casa.
"Nuestra película fue como un programa de aprendizaje para mucha gente", dijo. "Tienes que preparar a la gente para que trabajen en películas; no es como trabajar en una oficina. Pero si hacemos suficientes películas, lo lograremos".

26 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh

historia de una reencarnación


[David Carr] Después ‘Requiem for a Dream' y ‘Pi', Aronofsky trata la vida eterna en película con mayas y españoles y viajes intergalácticos.
Montreal, Canadá. En una gigantesca bodega rodeada de caravanas y generadores en las afueras de una ciudad congelada, decenas de guerreros mayas estaban alertas, todos armados con lanzas. El polígloto ambiente en el plató se pone cada vez más espeso: hombres con el culo al aire que hablan maya reciben instrucciones de actuación en español de norteamericanos que también dominan suficientemente el francés como para hacer migas con el equipo local de ‘The Fountain'.
La película es una épica de ciencia-ficción que abarca tres períodos históricos y se utiliza bastantes viajes en el tiempo. Fue dirigida por el nativo de Broklyn Darren Aronofsky, que salió de la nada con la película de suspense matemática ‘Pi' y siguió con el drama de adicción ‘Requiem for a Dream', las dos producidas con un montón de bríos y muy poco dinero, que fueron recibidas con la aclamación de los críticos. Financiada por Warner Brothers, se suponía que ‘The Fountain' sería la película de estudio despegue de Aronofsky, con un presupuesto aproximado de 100 millones de dólares y Brad Pitt en el rol protagonista. Pero justo semanas antes de que se empezara a rodar en 2002, con el equipo y los actores ya instalados en Australia, Pitt abandonó el proyecto por ‘Troya', diciendo que tenía problemas con el guión. En Hollywood, eso significa generalmente el fin de la historia.
Fue una aplastante desilusión para Aronofsky; recuerda vívidamente volviendo a Australia desde Los Angeles para decir al equipo que la película se había derrumbado. Pero su reluctancia a abandonar un proyecto en el que había estado trabajando durante años, junto con un apoyo sorprendentemente duradero de Warner, significa que la película está de vuelta, aunque con una visión reducida. ‘The Fountain', que gira la búsqueda de la vida eterna, parece tener su propia interpretación del concepto.
"Durante cuatro o cinco meses traté de encontrar otra cosa", dijo Aronofsky, comiendo una ensalada en su caravana durante la pausa del almuerzo. "Pero cada vez que empecé a considerar una nueva idea, me di cuenta de que estaba más cerca de ‘The Fountain' que de cualquiera otra película".
Así Aronofsky continuó peleando por su improbable épica, incluso aunque Warner le ofreciera la oportunidad de dirigir varias películas importantes, incluyendo ‘Batman Begins' (que finalmente llegó a manos de otro sofisticado joven director, Christopher Nolan).
¿Cuántos proyectos de película se le ofrecieron?", dijo Jeff Robinov, presidente de producción de Warner. "Pero volvió y me dijo: ‘Quiero hacer mi película' -¿qué tengo que hacer para que eso ocurra?" Aronofsky redujo su presupuesto a 35 millones, remplazó a Pitt con Hugh Jackman, famoso por ‘X-Men' y finalmente pudo hacer la película.
Con su gorra de béisbol flor-del-lirio y barba de mechas, Aronofsky, 35, podría ser uno de los técnicos franco-canadienses si no estuviera dirigiendo el show tranquilamente. En el plató, el proyecto no causaba la impresión de ser una película rescatada: se sentía más como una travesura. Durante una escena con una pelea, le desprendieron un pedazo de barba a Jackman y todo el elenco, incluyendo a Aronosfky, recorrieron el suelo con la vista, tratando de distinguir los grises mechones del abundante musgo.
"¡Encontramos la barba!", gritó triunfantemente uno de los técnicos. "¡Encontramos la barba!", repitió en un alegre coro burlón el resto del elenco.
Aronofsky ha estado haciendo películas con la misma resistente banda de familiares durante diez años, y ahora están trabajando con todos los fantasiosos juguetes y apoyo que van con los trabajos de estudio importantes. Su proyecto es muy ambicioso: ‘The Fountains' es una historia de amor que se desarrolla durante 1.000 años cuando un hombre busca una cura para su esposa fatalmente enferma.
En el plató, Jackman, como conquistador español del siglo 16 durante una parte de la película, desciende un amurallado corredor cerca de un templo maya con dos soldados detrás de él. La vegetación de la selva cuelga por todas partes y las máquinas de niebla arriba se aseguraron de que todo estuviera húmedo. Aronofsky dio una señal y repentinamente varios guerreros llegaron corriendo a la escena, dominando a Jackman que apuntaba frenético hacia el gentío. Una vez dominado, se lo echaron a la espalda para presentarlo al jefe espiritual de los mayas, que estaba instalado arriba en el templo. Jackman, que pasó el día recogiendo los rellenos que se le desajustaban con cada toma, dijo que todo era terriblemente divertido.
Aronofsky, mirando un monitor de video en su mano para analizar un pregrabado, dijo: "Pusimos un montón de tiempo y dinero en esta toma porque es la tercera escena de la película. He estado pensando en esta escena durante seis años". En su caravana durante una pausa del rodaje, continuó: "Esta película ha pasado por su nacimiento, muerte y resurrección, lo que es interesante porque es justamente de lo que trata la película. Cada que vez la película ha muerto y vuelto, ha vuelto más delgada y más viciosa. Lo que rodamos esta mañana era una escena de 15 millones de dólares".
Aronofsky se las arregla, algo a lo que está más que habituado. ‘Pi', un fulminante retrato en blanco y negro de una mente no muy bella, se hizo con 60.000 dólares, con su mejor amigo como estrella mientras su mamá se ocupaba de los encargos de comida. ‘Réquiem for a Dream', un retrato de relaciones enturbiadas y luego cristalizadas por las drogas, costó 5 millones de dólares.
‘Pi' obtuvo para Aronosfky el premio de dirección de Sundance en 1998, y Ellen Burstyn fue nominada a un Oscar por su rol en ‘Requiem'. Así, el prestigio de los cineastas creció hasta el punto de que varios estudios y productores estaban golpeando a su puerta.
"El hecho de que estemos en Montreal y que tengamos enormes estudios y un equipo grande que puede hacer casi todo, es diferente", dijo. "Pero me paso los días haciendo exactamente las mismas cosas, preocupándome de los mismos problemas y concentrándome en las mismas cosas".
Y, dijo, lo que se juega no es realmente más que antes: "Ha habido siempre un montón de presión y tensión en la línea. Si ‘Pi' no hubiera tenido éxito, no tendría ni idea de cómo hubiera sido mi carrera. No creo que hubiese hecho otra película. Si ‘Requiem' no resultaba, me habrían llamado ‘flor de una noche con bajones de segundo año'".
Aronosfky escribió ‘The Fountain' con Ari Handel, un colega de larga data que tiene además un doctorado en neurología. "Pasamos el tiempo caminando en las calles de Manhattan durante dos años", dijo Aronosfky. "Escribir nos tomó un tiempo. En lo esencial nos dedicábamos a hablar sobre el guión, y luego yo me marchaba y desaparecía y escribía, regresaba y volvíamos a hablar nuevamente".
El resultado, una historia de amor con escenas que transcurren en el espacio sideral, no es exactamente ‘Hitch'. "En lo esencial, gira sobre la búsqueda de un hombre de la fuente de la juventud", explicó Aronofsky. "Gira sobre un hombre que busca la vida eterna cuya esposa está muriendo, que hace cuenta con su propia mortalidad y acepta su propia vida y su propia existencia, tratando de salvar a su esposa. No es tan simple, pero es verdad de un modo que me atrajo".
Jackman, sentado en una silla de lona después de su mañana de ser machucado por los figurantes mayas, Jackman dijo que los rigores del proyecto le convenían. "Es el trabajo más difícil que he hecho, y de lejos el más satisfactorio. Darren quiere ver sangre. Como director, está siempre en mi cabeza".
Ciertamente, Aronosfky y sus colaboradores -incluyendo al productor Eric Watson, y el cineasta Matthew Libatique, con el que ha trabajado en el pasado- se han esforzado para dar autenticidad al extenso proyecto. Unos 20 de los 70 figurantes para hacer de guerreros mayas, son mayas. Y el trabajo del hombre que hace de jefe espiritual maya es, bueno, un líder espiritual maya. Cuando los mayas bajaron del avión que los traía de Guatemala en Montreal, les tomó 20 minutos acostumbrarse al hecho de que podían ver su aliento.
Todavía hay mucho que hacer, para captar a España y América Central en el siglo 16, una ciudad norteamericana contemporánea, y luego un viaje a una nebulosa cerca de Orión unos 150 a 500 años en el futuro.
Pero no es tan esotérico como suena, dijo Aronosfky: "Hay importantes éxitos de venta que giran sobre la vida eterna. Es el tema más importante en nuestra sociedad. Si analizas los makeovers extremos y todo eso, todos giran sobre el tema de seguir siendo joven. Esta película se nutre de todos esos temas".

20 de marzo de 2005
26 de marzo de 2005©new york times
©traducción mQh

soldados en el palacio


[A.O. Scott] Y muerte en las calles.
El título de ‘Gunner Palace', un vívido y héctico documental dirigido por Michael Tucker y Petra Epperlein, se refiere a la monstruosa cúpula del palacio en el barrio bagdadí de Adhamiya que perteneció en el pasado a Uday Hussein, uno de los corrompidos principitos del antiguo régimen.
Su opulencia ha sido algo reducida por las bombas norteamericanas y el edificio sirve ahora como cuartel para los soldados estadounidenses, que utilizan su piscina y césped cuando no están patrullando las peligrosas calles de la capital iraquí, allanando las casas de sospechosos de terrorismo y tratando de hacer malabares con los complicados y azarosos deberes de la ocupación.
Tucker, un estadounidense que vive en Alemania, pasó varios meses a fines de 2003 y principios de 2004 incrustado oficiosamente en la División de Artillería de Campaña del Ejército de Estados Unidos (conocida como los Astilleros) en el palacio. La película resultante es un desordenado y cautivante ensamblaje de anécdotas e impresiones. Las preguntas más amplias sobre la política y los militares en la guerra de Iraq son mantenidas deliberadamente en el fondo, lo que algunos espectadores pueden encontrar frustrante.
‘Gunner Palace' no presenta un punto de vista claro o coherente de por qué o cómo se ha hecho la guerra, pero esta limitación es también una virtud. La película sugiere que la claridad y la certeza son lujos que se obtienen con la distancia y retrospección. Las cosas a las que deben enfrentarse los soldados en el día a día son mucho más caóticas y cambiantes, así que hacer sentido de este caos no debería ser solamente un tema de los cineastas sino también un aspecto crucial de su método.
A principio de la película, Tucker invoca la televisión real para enfatizar el contraste entre espectáculos manufacturados como ‘Survivor' y el intento real de supervivencia, pero ‘Gunner Palace' debe tanto a la verdad de la pequeña pantalla como a la tradiciones más nobles de cine documental. Es difícil no ver las imágenes zarandeadas, sin resuello, de hombres en uniforme cruzando los barrios sin pensar en ‘Cops', o presenciar a jóvenes americanos pasando el tiempo en sus barracas, equipados de auriculares, ordenadores portátiles y otros accesorios de alta tecnología sin recordar ‘The Real World'. Quizás sin darse cuenta, Tucker y Epperlein han mirado Iraq a través de las lentes de la cultura popular americana, y su película es también un espejo, re-introduciendo en la cultura una imagen de sí misma a la vez completamente extraña y enteramente familiar.
La ocasional narrativa fuera de pantalla de Tucker es deliberamente plana y prosaica. La ruda poesía que captura su cámara de video pertenece al paisaje -un paisaje que es brillante, ajetreado y tenso en el día, espeluznante y lóbrego de noche- y a los soldados, varios de los cuales son talentosos raperos de estilo libre y declamadores de la voz hablada. Sus ritmos y acordes puntúan la película y le dan un densa y embriagante elocuencia.
Pero incluso los soldados con estilos retóricos más planos y diferentes modos de expresión se las arreglan para imprimir sus experiencias con algo de sus propias personalidades. Los oficiales más viejos hablan en tono de gastado burocratismo, su profesionalismo teñido por el cinismo y el orgullo. El bravo designado de la unidad, un soldado de cara redonda de Colorado que parece alternativamente sensible y sociópata, rasga su guitarra eléctrica y cuenta chistes. Un hombre joven habla excitadamente de la emoción del combate, mientras otro medita que nada mejora con quitar una vida.
Negándose a generalizar o juzgar, ‘Gunner Palace' permite varias interpretaciones, todas ellas coloreadas por las opiniones previas de los interpretadores sobre la guerra. El irreverente humor de los soldados, y la eficiente brutalidad con que irrumpen en casas iraquíes en su cacería de "los tipos malos" puede sugerir un preludio a los abusos de Abu Ghraib (que es adonde se lleva a muchos de los detenidos). La escena de un oficial americano, que no habla árabe, tratando de moderar una ruidosa sesión de un comité de barrio, revela tanto lo absurdo del desafío de imponer la democracia en Iraq como de la paciencia, seriedad y buena voluntad que exige.
Las interacciones entre los iraquíes y los americanos sugieren una ambivalencia mutua: el deseo de algún tipo de relación constructiva coexiste con la sospecha, incomprensión y a veces desprecio. Iraq y Estados Unidos son dos sociedades llenas de contradicciones, y ver ‘Gunner Palace' es verlas multiplicarse.
Y no sólo en la pantalla. Lo he visto dos veces -la primera vez en otoño pasado, en el Festival de Cine de Toronto, con las elecciones presidenciales norteamericanas en el horizonte, y la segunda vez no mucho después de las elecciones iraquíes en enero pasado- y cada vez mi reacción fue influida por sucesos fuera de la sala de cine. En ese sentido, el documental, como la guerra de la que hace la crónica, sigue siendo incompleto y debe ser terminado -o hecho más complicado- en los debates y reflexiones públicas y privadas de su audiencia. Cada espectador que encuentra que el retrato que se hace en el documental de las tropas es inquietantemente hostil, habrá otro que no lo encuentra suficientemente crítico. Pero esto dice más sobre su audiencia que sobre la película, que respeta la humanidad de sus sujetos mirándolos con una mezcla de admiración, sorpresa y preocupación, y la mayor parte del tiempo oyendo lo que tienen que decir, incluso aunque se contradigan.
La cruda ausencia de conclusiones de ‘Gunner Palace' es la verdadera medida de su autenticidad como un artefacto de nuestra época y de su valor para futuros intentos de comprender lo que está haciendo Estados Unidos en Iraq. Durante los últimos años, hemos estado sometidos a un montón de terribles certezas: de los partidarios d de la guerra, de sus críticos e incluso de sus vaciladores y equivocados. ‘Gunner Palace', con su salvaje, inteligente y bullicioso desorden, es un bienvenido antídoto a la auto-convencida retórica de expertos y políticos. Cada vez que lo he visto, he salido sintiéndome emocionado, enfadado, asustado, esperanzado, frustrado y desanimado -y agradecido de su confusión, que es su propia forma de comprensión.

Gunner Palace
Producida, dirigida y montada por Michael Tucker y Petra Epperlein; director de fotografía, Tucker; Palm Pictures. Duración: 86 minutos.


4 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh

tener y no tener


[Ginia Bellafante] La nueva autobiografía de Lauren Bacall.
En los años setenta, Lauren Bacall escribió lo que sería el primer volumen de su autobiografía ‘By Myself', un libro que haría la crónica de su vida como hija única, su descubrimiento por Diana Vreeland, su surgimiento en Hollywood, sus matrimonios -uno dichoso y otro turbulento- con Humphrey Bogart y Jason Robards.
"¿Han pasado 27 años?", se pregunta Bacall en el primer renglón de la secuela de 179 páginas, ‘And Then Some', que será publicada la próxima semana por HarperCollins (junto con una reedición de ‘By Myself' de 1978 en el mismo tomo). ‘No puedo creerlo. El tiempo vuela, incluso cuando no te estás divirtiendo".
El mundo ha conocido a promotores más ansiosos de la tercera edad pero Bacall ha decidido escribir y hablar sobre todo lo que ha ocurrido en los años entretanto con una inocencia que uno ha dejado hace mucho tiempo de asociar con los famosos. Se hizo estrella de Hollywood (‘Mujer del Año'), siguió hacia las películas (‘Dogville' en 2003, ‘Birth', el año pasado), se deshizo lamentándolo de una casa en la playa (Amagansett, Nueva York), perdió a amigos íntimos (Katharine Hepburn, Gregory Peck) y fue finalmente nominada para un Academy Award por su papel como la madre de Barbra Streisand en ‘The Mirror Has Two Faces' (1996). No la obtuvo.
Bacall tiene 80, y al contrario de todas las descripciones que hace de sí misma, parece más robusta de lo que implicaría la edad. "No me miro al espejo, no me gusta lo que veo, no me ha gustado nunca. No es falsa modestia, es la verdad", dijo una tarde hace algunas semanas en el salón de su apartamento en el Dakota con vistas al Central Park.
Su ama de llaves había entrado justo en ese momento con un pote de café protegido por un guante navideño y Bacall abrió la gaveta de una cómoda para sacar unos posavasos de su colección. "Hoy usaremos la del Café Flore", dijo, con un meditado floreo de actriz. "¿Le parece?"
El Dakota ha sido su casa -que compartió con Robards, con sus hijos y más recientemente con su papillón, Sophie- desde que se vino de Los Angeles en 1961. Ha vivido como una mujer soltera durante 35 años. En la pared del salón cuelga un retrato de un ancestro de Sophie, un caballero del Rey Charles llamado Blenheim, junto con pinturas e impresos de muchos otros animales (a Bacall le han gustado siempre los animales domésticos y se indignó cuando un periodista británico describió incorrectamente el color de Sophie como concha de carey).
"La primera persona que vi al entrar en el edificio fue Boris Karloff", recordó. En el edificio también ha vivido Judy Holliday. "Roberta Flack vive aquí. Todavía está aquí y es simpática", dijo Bacall.
Antes de que se transformara en un refugio para los que se movían en los altos rangos de las profesiones económicas, el Danoka era famoso por ser un santuario de artistas. "Había otra gente del mundo del espectáculo", dijo Bacall. "Todo el mundo se conocía. Era un lugar mucho más cálido. Nueva York era mucho más excitante no se giraba en torno al dinero".
Dice que nunca poseyó una gran fortuna. "Me gustaría tener un pequeño pied-à-terre en París, un chalet junto al mar en Malibu o Trancas", dijo Bacall. "No me interesaría dónde exactamente. Pero no puedo pagarme eso. No puedo tener casa en todas partes. Bogie no era un hombre rico. Jason tampoco".
El apartamento en el Dakota refleja ciertamente las experiencias de alguien que ha conocido grandes placeres, tanto sociales como monetarios. El salón tiene dos litografías de Calder, una serie de esculturas de Henry Moore, al que conoció, en la repisa de la chimenea, y fotografías de ella con muchas luminarias, incluyendo a Eleanor Roosevelt. Un pasillo está alineado de bosquejos de otro amigo, el artista Robert Graham.
El salón de Bacall tiene un amanerado eclecticismo; la mayoría de los muebles parecen salidos de un viaje muy romántico. En su visión, sin embargo, hay demasiadas cosas, gracias en parte a la venta de la casa de Long Island. "Yo sé de dónde viene todo, porque yo los escogí todos", dijo. Durante su juventud en Los Angeles se hizo amiga de una mujer llamada Mildred Jaffe, que la introdujo en las cosas finas. "Me enseñó todo, y me llevó a todas partes", dijo Bacall.
Una mesita de café redonda con textos en sánscrito inscritos está cerca de la pared norte de la sala. En ella hay una copia de ‘Chronicles', de Bob Dyland de 1997; ella lo describe como "adorable".
El bar con mesón de mármol en la esquina es francés, y fue comprado a la decoradora de interiores Gladys Belzer, que era la madre de Loretta Young.
"Tenía un gusto impecable", dijo Bacall. "Ella diría", dice imitando el acento aristocrático del Sur: "‘Esto viene de las Bellas Artes, querida'".
Por supuesto, en su salón el Oscar brilla por su ausencia. "Nunca pensé en que yo recibiría ese tipo de reconocimiento en el mundo del cine", dijo. Luego, recordando el nombre de un colega del pasado, bromeó: "Yo y Garbo". Bacall recordó haber asistido de la entrega de las Academy Awards en 1997. Cuando Kevin Spacey se acercó al estrado a presentar el premio a la mujer actriz secundaria, el corazón de Ball retumbaba tan furiosamente que pensó que no sería capaz de levantarse si era llamada.
"Desafortunadamente", dijo, su fría voz imperiosa y seductora, "fue el año de ‘El paciente inglés'. El premio fue otorgado a Juliette Binoche.
"Me sentí muy sola", escribe en ‘And Then Some'. "No importa cómo lo digas, pero este es un baile para ganadores".
La idea de escribir otro libro autobiográfico se le ocurrió, dijo, debido a que tanta gente joven le había escrito en los últimos años -gente que había visto ‘El sueño eterno' en DVD- preguntándole más sobre ella. (Es también la autora de otra memoria, ‘Now', publicada en 1994).
"Cuando tengo momento de calma en mi vida, escribo, y eso ocurre bastante a menudo", explicó. "Nada es nunca tan bueno como al principio", continuó, optimista. "Yo tuve repentinamente una vida de cuento de hadas, a una edad tan joven, ¿quién hubiera pensado que iba a ocurrir una cosa así?"
En conversaciones sobre su vida ahora no escabulle el tema de la soledad. "A veces cuando voy al teatro y no tengo a nadie que me acompañe, puede ser difícil. Pero ahora que tengo a Sophie, no me siento nunca sola".
Cree que la muerte de sus amigos es el aspecto más difícil de hacerse viejo.
"Lo peor fue Adolph Green", dijo, refiriéndose al dramaturgo y libretista que murió en 2002. "Nadie que lo conociera podía olvidarlo. Tenía una inteligencia increíble. Era un gran, gran amigo", continuó. "Creo que la amistad es la relación más valiosa que tienes en la vida".
Sophie, que aparece en la solapa del libro ‘And Then Some', son su orgullosa propietaria, es responsable de muchas de las interrupciones de la conversación con Bacall. "Yo ceno -bueno, si se le puede llamar ‘cenar' a eso", dijo antes de volverse a sujetar a Sophie, extraviando sus ideas.
"Mírala, mira el modo en que sienta como si fuera la dueña de todo", dijo Bacall , divertida.
Bacall saca ella misma a pasear a Sophie. Desde que vendió su casa en la playa a mediados de los años noventa, pasa la mayoría de los fines de semana en casa en el Dakota. "Entro y salgo de los closets y armarios y trato de deshacerme de cosas", dijo. "Es un tipo de ir no hacer nada que encuentro agradable".

2 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh

última película de cabrera infante


Se trata de ‘The Lost City', película dirigida por García, para la cual co-escribió el guión inspirándose en pasajes de su novela ‘Tres Tristes Tigres'. Obra final de Cabrera Infante es filme con Dustin Hoffman y Andy García. La cinta se estrena en septiembre y en su elenco también figura Bill Murray. Relata una historia que transcurre en La Habana de los años '50, período añorado por el escritor cubano fallecido el lunes.

Fallecido el lunes en Londres, a causa de una septicemia, Guillermo Cabrera Infante fue un nostálgico. Sus libros de cine y sus relatos dieron cuenta, a través de los años, de una marcada debilidad por los buenos viejos tiempos y precisamente uno de sus últimos trabajos es de este calibre. Se trata del guión de la película ‘The Lost City', filme producido, dirigido y protagonizado por el actor estadounidense de origen cubano Andy García. La película -que se estrena en septiembre en Europa y luego en Estados Unidos- se ambienta en La Habana de los años '50 y, según lo que informa la BBC, se inspira en pasajes de la novela ‘Tres Tristes Tigres'.
Andy García hace su debut en la dirección cinematográfica -antes había realizado un documental televisivo- con esta película que literalmente le costó casi dos décadas de trabajo. Durante todo ese tiempo, García planificó, reunió fondos, realizó el casting y, lo más importante, participó en el guión junto a Cabrera Infante. Cogiendo elementos de uno de los libros fundamentales del autor exiliado, la cinta aborda una intriga que mezcla el amor, el trasfondo político y una crónica costumbrista de La Habana de los tiempos del dictador Fulgencio Batista y los primeros días del gobierno de Fidel Castro.
‘The Lost City' -proyecto independiente de 10 millones de dólares, con distribución de la compañía Lions Gate- se encuentra actualmente en postproducción y entre sus actores más conocidos figuran Dustin Hoffman y Bill Murray. Mientras el primero tiene un breve rol como el mafioso estadounidense Meyer Lansky -dueño de varios casinos y clubes en La Habana entre los '30 y los '50-, el actor de ‘Perdidos en Tokio' interpreta a un escritor norteamericano que es testigo de los turbulentos tiempos inmediatamente previos a la Revolución. En el filme también hay espacio para personajes políticos centrales como Fidel Castro, el ‘Che' Guevara y Fulgencio Batista. El elemento romántico de la historia lo aporta el personaje de Aurora -encarnada por la modelo y actriz española Inés Sastre-, objeto del deseo de uno de los protagonistas.

García y Su Club
Sin embargo, el eje central de la trama se da en torno a tres hermanos. Dos de ellos son fieles seguidores de los guerrilleros comandados por Fidel Castro: uno es descubierto y apresado por las fuerzas del dictador Batista y el otro apoya a Castro hasta que, una vez en el poder, se da cuenta de que la revolución no es lo que pensaba. El tercer hermano, en tanto, es Fico -rol que se reservó Andy García-, propietario de un club nocturno de La Habana, cuyo bienestar económico se desploma cuando Fidel asume el gobierno. Después de varias tensiones con el régimen, Fico escapa a Estados Unidos.
La cinta fue filmada en República Domicana y de su carácter anticastrista hay pocas dudas, considerando las posturas del fallecido Cabrera Infante y del propio García. De acuerdo con The New York Times, la trama sugiere que el ‘Che' envía a matar a uno de los amigos del protagonista Fico. Según lo afirmado por García al periódico estadounidense, la cinta pretende reproducir fielmente el ambiente de bohemia y diversión de la Cuba precastrista. De acuerdo con el actor de ‘Los Intocables', "sólo El Padrino II y Antes Que Anochezca lograron capturar ese clima".
Guillermo Cabrera Infante deja este guión escrito a cuatro manos como una de sus tantas colaboraciones en el cine, disciplina que siempre amó y defendió. Entre sus mayores aportes, como guionista, está su trabajo en la adaptación de la novela ‘Bajo el Volcán', de Malcolm Lowry, dirigida por John Huston y protagonizada por Albert Finney y Jacqueline Bisset. Igualmente, se desempeñó durante largo tiempo como crítico de cine: en la época de Batista fue director de la Cinemateca de Cuba y editor de la revista ‘Carteles'. Entre sus libros cinéfilos destacan ‘Cine o Sardina', ‘Un Oficio del Siglo Veinte' y ‘Arcadia Todas Las Noches'.

23 de febrero de 2005
©tercera

hitler, el tío del perrito


[Julie Salamon] Reprochan al director de ‘Downfall' que muestre a Hitler como un ser humano comom cualquiera de nosotros.
"Yo no quise hacer a nadie menos o más simpático", dijo el escritor y productor de ‘Downfall', Bernd Eichinger. "Esto es cine. La vida real es gris".
Aplicada a la mayoría de las películas, esa declaración no sería polémica. Pero ‘Downfall' gira sobre los últimos 12 días de Hitler en su búnker, y la decisión de Eichinger de describir a Hitler y su círculo de íntimos como mortales corrientes más que como monstruos ha provocado consternación. ‘Downfall' provocó indignación y admiración en Alemania cuando se estrenó allá en septiembre. Pero mientras que los retratos de Hitler todavía pueden ser delicados en casa, a menudo funcionan bien en Hollywood en la temporada de los Óscar. ‘Downfall' ha sido nominada para mejor película extranjera, y de las cinco películas alemanas que han ganado nominaciones para el Oscar en los últimos quince años, cuatro han girado de un modo o de otro sobre los nazis.
En ‘Downfall' Hitler vive en su elaborado búnker subterráneo mientras el Reich se hunde. Mientras Berlín se desmorona arriba, él cena con porcelana china a una mesa con mantel blanco; mientras las bombas estallan, su amante, Eva Braun, descorcha una botella de champaña e insta a bailar a los soldados y secretarios que viven en el subterráneo. Poco antes de sus muertes, Adolf y Eva se casan.
Sin embargo, esos días finales son vistos no como la última parranda dionisiaca sino como el réquiem de una causa perdida y demente, tal como los vivieron los participantes. Joseph Goebbels no es visto en su papel histórico como el infame ministro de propaganda nazi, sino como un hombre de familia sellando un pesaroso pacto con su esposa para envenenar a sus hijos, antes que dejarles vivir en un mundo sin nacional socialismo. Esta no es una película sobre las atrocidades de los nazis, sino sobre la afiebrada lealtad que les permitió entregarse a la causa.
"Yo quería entender cómo fue posible que hombres que eran padres de familias normales se transformaron en monstruos que mataban a mujeres y niños inocentes y cómo todo un país adaptó esa ideología", dijo Oliver Hirschbiegel, el director de la película, mejor conocido por ‘Kommissar Rex', una popular serie policíaca de la televisión austriaca. Hablando en inglés por teléfono desde Alemania, Hirschbiegel continuó: "Quería mirar cuidadosamente a ese personaje, Hitler, que se ha sido tratado como un monstruo unidimensional. Ese hombre era también un ser humano, un criatura de Dios. Para mí, mostrarlo como hombre es todavía más monstruoso".
El actor suizo Bruno Ganz retrata a su Hitler con un pincel extraño y sutil. Este Führer desvaría, pero es también un psicópata amable, encorvado y gastado a los 56, llamando cariñosamente ‘niña' a su encantadora joven secretaria y acurrucando su enorme perro Blondie. (La secretaria, Traudl Junge, se ha transformado en la nota a pie de página en negritas de la histori. Su libro sobre sus experiencia, ‘Until the Final Hour', escrita con Melissa Müller, proporcionó el material de base para ‘Downfall'. Junge también habló sobre su participación, ignorancia y remordimiento en ‘Blind Spot: Hitler's Secretary', un documental lanzado en 2002, el mismo año de su muerte).
‘Downfall' es también una película apocalíptica. Con su descripción del Berlín nazi aporreado a muerte por una horrible y mortífera artillería rusa, Hirschbiegel ofrece un recordatorio visual brutal de la complicidad de los alemanes con Hitler. Su cámara se torna frecuentemente hacia médicos y enfermeras apresurados mutilando los miembros de soldados y civiles heridos, y hacia el desolado paisaje de la ciudad en ruinas. Estas pueden ser las partes de más sobresalto de la película para las audiencias americanas acostumbradas a representaciones del sufrimiento y del heroísmo de las tropas estadounidenses y el horror de los campos de exterminio.
¿Pero qué nos dice este retrato de los últimos días de Hitler? Almuerza. Se sienta. Tiembla. ¿Y así qué? Todos somos humanos, pero la mayoría de nosotros no somos catalizadores de 50 millones de bajas. Dada la efusión de dramas, películas y libros sobre la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, y las interminables discusiones sobre la naturaleza de este mal en particular, ¿qué llevó a estos cineastas a intentar nuevamente ilustrar lo inexplicable?
"Fue el período más oscuro de la historia del pueblo y nación alemanas", dijo Eichinger, en inglés por teléfono desde Alemania. Sus créditos como productor incluyen trabajos serios, como ‘Last Exit to Brooklyn' y ‘El nombre de rosa' y películas de fantasías futurísticas más recientes, como ‘Residente Evil' y su secuela ‘Resident Evil: Apocalypse'.
Eichinger continuó: "Traumatizó no sólo a la generación que estuvo implicada, sino también a mi generación, que sabía que tenía ancestros que fueron capaces de provocar un desastre de estas dimensiones".
Los críticos alemanes de la película, sin embargo, opinaron que su visión íntima y personal de los nazis en el búnker es abiertamente favorable.
Wim Wenders, el director alemán que ahora vive en Estados Unidos, se molestó lo suficiente como para escribir una diatriba en el semanario Die Zeit, algo que no había hecho en los 27 años. (Su estallido previo también tenía que ver con Hitler en un documental, ‘The Downfall', de Joachim Fest, el historiador cuyo libro ‘Inside Hitler's Bunker: The Last Days of the Third Reich' fue otra de las principales fuentes de esta película).
En Die Zeit, Wenders dice que la película es inexcusablemente neutral hacia el nacional socialismo y Hitler. "La carencia de una posición narrativa" escribió, mete "a la audiencia en un agujero negro en el que son conducidos, casi sin que se den cuenta, hacia mirar las cosas de esta época a través de los ojos de los perpetradores, y genera una especie de benévola comprensión de ellos".
Esto no debe sonar extraño a las audiencias americanas. Están acostumbrados a canallas con encanto, como Tony Soprano e incluso Hermann Göring, astutamente retratado en 2000 por Brian Cox en la mini-serie ‘Nuremberg', de TNT.
De cualquier modo, Eichinger desechó las críticas vehementemente: "No existe eso de decir la verdad y no tomar todo en cuenta", dijo. "De otro modo, tu visión de las cosas es stalinista. Dejas de lado lo que no se ajusta en tu posición o lo archivas, porque sólo quieres mostrar lo malo y lo bueno. Cuando escribí el guión, para mí lo importante era mostrar los grises".

20 de febrero de 2005
©new york times
©traducción mQh

últimos días de hitler


Demencia y raviolis; quizás demasiado condescendiente.
De acuero a ‘Downfall' una de las últimas comidas de Hitler antes de que se suicidara en su búnker de Berlín, fueron raviolis. Y queso, por supuesto, como esta película nos lo recuerda trabajosa, y a veces dolorosamente, el Führer no comía carne. Aparentemente, les gustaban los raviolis, felicitando al cocinero que los hacía y limpiando el plato mientras sus comensales, que incluían a su secretaria Traudl Junge, y su amante, Eva Braun, estaban demasiado preocupadas para hacer algo más que picotear el plato y fumar.
Su distracción es comprensible. El Ejército Soviético estaba a unas pocas manzanas de distancia, y la máquina militar nazi, otrora temida, estaba derrumbándose. La calma de Hitler puede haber sido un signo de su estado mental cada vez más de atar ya que, al menos en la descripción de la película de sus últimos días, se produjo entre ataques de delirante paranoia y conspiraciones locas para revivir sus aplastados ejércitos y parar el avance de las tropas aliadas.
Dirigida por Oliver Hirschbiegel, ‘Downfall' pasea su mirada entre la desastrosa situación militar en el terreno en Berlín y la bizarra situación doméstica en el búnker debajo de la ciudad, combinando el dramatismo de los tiempos de guerra con un gusto por los detalles mundanos que está cerca de lo surrealista. Sin ser especialmente ilustradora, fascina, y mantiene la atención durante toda la larga película, sin ofrecer demasiada satisfacción dramática o emocional al final.
En la película alemana, que es una de las finalistas para la Academy Award para la mejor película extranjera, tiene la intimidad cohibida del retrato de una celebridad tras los bastidores. Más a menudo, tiene el almidonado amaneramiento de uno de esos dramas históricos de televisión por cable que proporciona a los actores de prestigio (habitualmente británicos) la oportunidad de ponerse uniformes clásicos y representar a personajes de importancia histórica mundial, sea monstruosos o heroicos.
Bruno Ganz, el excelente actor nacido en Suiza, que en el curso de una larga carrera se ha inclinado más hacia el tedio existencial que hacia lo monstruoso, representa al más espantoso de todos ellos y aunque se ve, a sus 64, más viejo que Hitler a los 56 (y también más afable), ha claramente estudiado detenidamente los manierismos físicos y oratorios de Hitler.
El reto que enfrenta Ganz, el que Hirschbiegel, trabajando con un guión de Bernd Eichinger, no lo deja realizar, es hacer de Hitler un personaje plausible sin por eso humanizarlo. Representar a Hitler es entrar en una paradoja. Sesenta años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, sigue ejerciendo una poderosa fascinación: todavía queremos entender no sólo el contexto histórico del nacional socialismo alemán, sino también las fuerzas psicológicas y temperamentales que forjaron su líder. Al mismo tiempo, sin embargo, existe todavía un poderoso tabú contra presentarlo como uno de nosotros. Queremos acercarnos, pero no demasiado.
Hace algunos años, ‘Max', de Menno Meyjes, un intento fallido pero no deshonroso de explorar en el Hitler más joven en sus años de artista fracasado en Viena, fue ampliamente criticado (a menudo por gente que no había visto la película) por darle demasiada humanidad. La curiosidad conlleva un riesgo moral, como si entender a Hitler pudiera ser el primer fatídico paso hacia apreciarlo.
Pero, por supuesto, millones de alemanes -la mayoría de ellos corrientes y, para sí mismos, personas decentes- amaban a Hitler, y es ese hecho lo que necesita ser comprendido urgentemente, y eso pone en juego nuestra complacencia. Por lo tanto, el tema real de ‘Downfall', a pesar sin embargo de la horripilantemente carismática e intrigante actuación de Ganz, no es en absoluto Hitler, sino más bien sus seguidores: los agentes, burócratas y fieles civiles que estuvieron con él hasta el final.
Algunos de estos son bien conocidos, como Eva Brawn (Juliane Köhler), el arquitecto Albert Speer (Heino Ferch) y Joseph Goebbels (Ulrich Matthes), que murieron, junto con su esposa Magda (Corinna Harfouch) y sus seis hijos, en el búnker, con su jefe. Otra gente que figura en esta historia -que se las ingenia para ser a la vez descontrolada y claustrofóbica- son oficiales de bajo rango de las SS, y miembros del equipo de guardaespaldas de Hitler y personal de servicio, incluyendo a Traudl Junge (Alexandra Maria Lara).
Juntos, estos personajes forman un cambiante retrato de grupo, y mientras el Hitler de Ganz es obviamente la figura central, está frecuentemente fuera de escena. Incluso Eva Braun, que conocía mejor a Hitler, confiesa que es imposible conocerlo, y los cineastas están menos interesados en explorar el mal absoluto que representa que en explorar la conducta de sus seguidores -cobardes, confusos, crueles y ocasionalmente, valientes- mientras se derrumbaba su mundo.
Excepto un breve preludio escenificado en 1942, ‘Downfall' transcurre en el momento en que el proyecto nazi pasa del asesinato al suicidio. En las calles de Berlín, bombardeada por la artillería rusa, niños pequeños acarreaban cañones antitanques, mientras escuadrones de la muerte ejecutaban a civiles por colaborar supuestamente con el Ejército Rojo. Entretanto, Hitler alterna entre tramar fríamente su propio fin y acusar de traición a sus más leales lugartenientes. Los que estaban a su lado deben escoger entre las opciones disponibles: huir, rendirse o morir y sorprenderse de los límites de su propia lealtad. La más pura -vale decir, la más patológica- expresión de fidelidad, es de Magda Goebbels, que mete cápsulas de cianuro en las bocas de sus hijos durmiendo, antes que someterlos a la sombría perspectiva de "un mundo sin nacional socialismo".
El aspecto más inquietante de ‘Downfall' -y la razón por la que ha sido atacada en Alemania- es que permite que la simpatía de la audiencia gravite hacia algunos de estos personajes. Al lado de los Goebbels, y de Hitler, muchos de los otros no se ven tan malos. En parte, es el resultado de las convenciones de la narrativa fílmica, que, más a menudo que no, nos invitan a identificarnos con alguien en la pantalla, incluso si no hay nadie especialmente admirable.
Así, el general Monke (André Hennicke) empieza a parecerse a un áspero, franco viejo oficial de una película norteamericana de la Segunda Guerra Mundial, mientras que los rasgos abiertos y serios del profesor Ernst-Günther Schenck (Christian Berkel) delatan una conciencia intranquila y un buen corazón, a pesar de los rayos de las SS en su cuello. Y Traudl Junge, que Lara representa con un convincente combinación de arrojo y vulnerabilidad, llega a parecerse a un chica profesional de Hollywood en un melodrama de los años cuarenta.

‘Downfall', que se basa parcialmente en una memoria que Junge escribió con Melissa Müller (y también en el trabajo del historiador alemán Joachim Fest), parece aceptar la imagen de sí misma como una joven ingenua atraída a trabajar para Hitler más por "curiosidad" que por celo ideológico. Como ‘Blind Spot', un enervante documental sobre Junge (que vivió hasta 2002) deja claro que esta curiosidad no se extendía hacia lo que estaba haciendo su patrón. Pero mientras ‘Blind Spot' es fiel a su título, nos permite intuir las capas de negación y memoria selectiva que permitió a Junge seguir viviendo, ‘Downfall' afirma implícitamente su inocencia, y la extiende al pueblo alemán en general. Cuando Goebbels y Hitler se niegan a expresar compasión hacia sus propios civiles y declaran que los alemanes tienen el destino que se merecen, la película está enviando a su audiencia doméstica el reconfortante mensaje de que los alemanes de a pie fueron sobre todo víctimas del nazismo.
Lo que es hasta cierto punto verdad, aunque deben mantenerse algunas distinciones. Una nota al final nos recuerda los 50 millones de muertos en la guerra y los 6 millones de judíos masacrados por los nazis, y luego observa las largas vidas de que gozaron algunos de los personajes de la película, incluyendo a Junge y al profesor Schenck, al que la película trata como héroe por decepcionarse de Hitler poco antes de que se apareciera el Ejército Rojo.

Director Oliver Hirschbiegel Guión Bernd Eichinger, basado en los libros ‘Inside Hitler's Bunker: The Last Days of the Third Reich' de Joachim Fest y ‘Until the Final Hour: Hitler's Last Secretary' de Traudl Junge y Melissa Müller Director de Fotografía Rainer Klausmann Editado por Hans Funck Música de Stephan Zacharias Director de Producción Bernd Lepel Producida por Mr. Eichinger. Reparto Bruno Ganz (Hitler), Alexandra Maria Lara (Traudl Junge), Corinna Harfouch (Magda Goebbels), Ulrich Matthes (Joseph Goebbels), Juliane Köhler (Eva Braun), Heino Ferch (Albert Speer), Christian Berkel (Prof. Ernst-Günther Schenck) and André Hennicke (General Monke).

20 de febrero de 2005
©new york times
©traducción mQh

fidel por national geographic


[Rodrigo González] El canal norteamericano entrega su particular visión del líder cubano. Nacido como respuesta a ‘Comandante', de Oliver Stone, Fidel Castro es un documental de dos horas de duración que tomó cerca de un año de realización a su directora, Adriana Bosch. Con una exhaustiva cantidad de entrevistas a antiguos conocidos, analistas y disidentes, el filme se estrena mundialmente el domingo 13.
A mediados de abril del año 2003, la cadena de televisión HBO decidió no emitir el documental ‘Comandante', de Oliver Stone. Las razones que la compañía argumentó fueron la escasa neutralidad del filme, sobre todo en el candente momento que atravesaba Cuba: tres disidentes acababan de ser fusilados. Sólo unos días después la prestigiosa cadena televisiva PBS anunciaba que realizaría su propio filme sobre Fidel Castro. "Existe la necesidad de un documental objetivo y bien hecho sobre Castro", fueron las palabras de Margaret Drain, involucrada en el proyecto.
Casi dos años después, la cadena National Geographic estrena el documental que nació como una especie de respuesta desapasionada a la obra de Oliver Stone, un filme avalado por PBS y que el domingo 13 de febrero irá a las 22 horas por el canal National Geographic (24 en VTR y 15 en Metrópolis). "El primer intento de hacer este documetal es de 1994, cuando se produjo el colapso de la Unión Soviética y Cuba quedó en una posición muy difícil", explica desde Miami Adriana Bosch, la directora, productora y guionista del filme.
Nacida en Cuba, Bosch salió del país a los 14 años junto a sus padres y aún hoy confiesa tener sentimientos encontrados hacia la figura del comandante. "Mi primer recuerdo de Fidel es de cuando tenía cuatro años de edad. Cuando entró a La Habana... recuerdo de verlo en la televisión, y que yo solía darle besos, besos, y besos a la tele", afirma. Directora además de filmes sobre los presidentes Ronald Reagan, Jimmy Carter y Dwight Eisenhower -también para PBS-, Adriana Bosch explica que a pesar de ser una cubana en Miami trató de sostener su nuevo documental con una suerte de objetividad inexpugnable. "Entre los exiliados hay gente de muy distintas posturas", aclara, y explica que antes de la ascensión al poder de Fidel Castro el pueblo cubano bebió de una tradición política de centro-izquierda. "Esto se debió a la influencia de los inmigrantes españoles republicanos", sostiene.

Fidel Enamorado
Entre los muchos entrevistados del documental destacan Alina Fernández Revuelta -hija de Fidel Castro-, Alfredo ‘El Chino' Esquivel -compañero de colegio de Castro-, Wayne Smith -diplomático estadounidense-, Brian Latell -analista de la CIA- y el periodista Andrés Oppenheimer.
Uno de los aspectos relevantes sobre la personalidad de Fidel Castro que exhibe el documental es la correspondencia que mantiene con Naty Revuelta, la madre de su hija Alina. Prisionero de Isla de Pinos a principios de los años 50, el futuro líder escribe encendidas cartas de amor a esta mujer. "Al mismo tiempo, se va endureciendo su postura, que pasa a ser más política", explica Bosch. "Sus frases decían cosas como 'nuestro amor es como un brillante', por ejemplo", agrega.
El testimonio de su cuñado Rafael Díaz-Balart -otro disidente y miembro de la Juventud Batistiana en sus años mozos- apunta a que en la universidad Fidel era visto al mismo tiempo como un genio y loco. "Se lo identifica con un comportamiento gangsteril e incluso hay un diario de la época que afirma que mató personalmente a dos personas: un estudiante de bando contrario y un policía", explica Bosch, quien no oculta su actual antipatía hacia el régimen cubano.

Los Conocidos
Según la directora de la película, el punto de inflexión de su documental se ubica en el momento en que Fidel Castro se encuentra en Sierra Maestra. "El mismo Norberto Fuentes dice en uno de sus libros: 'Fidel se da cuenta que en ese momento él tiene a su gente y a su ejército'. Reconoce que ya no tiene nada que ver con los políticos, clase a la que una vez perteneció", explica. Sobre la campaña en la Sierra Maestra -que culminó con la caída de Fulgencio Batista-, Celia Sánchez -personaje importante de las guerrillas de la revolución- recuerda entrañablemente: "Esos fueron los mejores tiempos. Nunca volveríamos a ser tan felices. Nunca".
De la época universitaria de Fidel, su compañero Alfredo ‘Chino' Esquivel dice: "Una noche comenzamos a hablar acerca del futuro... me di la vuelta hacia Fidel y le pregunté: 'Guajiro, ¿qué es lo que tú deseas?' Y él dijo: 'Yo quiero la fama y la gloria'".
Poco después de estar en el poder, el líder cubano es entrevistado acerca de sus futuras intenciones. El material de archivo del documental recoge esta conversación, donde Fidel afirma: "Gustosamente renunciaría a cualquier posición, porque sinceramente no tengo ambiciones de poder ni dinero ni de nada. Sólo quiero servir a mi país". Al mismo tiempo, Fidel -en una entrevista con la televisión estadounidense de la época, reproducida en el filme- dice: "Ni yo ni nadie en mi familia somos comunistas". Poco después afirma que también pretende mantener buenas relaciones económicas y políticas con Estados Unidos.
Aunque sostenido por varios deslices anticastristas, el documental Fidel Castro logra mantener coherencia argumental en su desarrollo. Esta se la otorga, sobre todo, la gran cantidad de entrevistados y el material de archivo escrito, radial y televisivo utilizado. Quizás en este último punto la cinta haya cumplido el objetivo que en abril del 2003 anunciaba Margaret Drain.

Contenidos Destacados
Algunas de las principales características del documental se resumen en estos contenidos:
- Imágenes de la madre de Castro, Lina, y Las Manacas, la extensa plantación de azúcar de la familia de Castro, poco después de ser confiscada por el gobierno revolucionario
- La primera entrevista de Castro en la televisión estadounidense, solamente cinco meses después de llegar al terreno montañoso de la legendaria Sierra Maestra
- Escenas de los primeros días de la revolución, tal y como las vieron los lentes de los productores soviéticos
-Documentos y fotografías sacados de contrabando de las prisiones cubanas, algunos vistos aquí por primera vez.

7 de febrero de 2005
©tercera