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derechos civiles

crece apoyo a legalización de marihuana


Crece apoyo a legalización de la marihuana entre los estadounidenses. En los últimos nueve años la aprobación a esa medida entre los norteamericanos ha crecido en un 13%, alcanzando actualmente un 44%.
Estados Unidos. Recientemente, los votantes de Maine, en Estados Unidos, rechazaron en un referendo el matrimonio homosexual, pero aprobaron con un alto apoyo la legalización de la marihuana.
Así lo revela hoy el diario norteamericano The Washington Post, según el cual, esa postura está aumentado rápidamente entre los estadounidenses.
De acuerdo a un sondeo reciente de Gallup, un 44% de los estadounidenses apoya la idea de legalizar la marihuana, 13% más que en el año 2000. De esa forma, según la encuestadora, si es que el apoyo continúa creciendo de esa forma, la mayoría de los estadounidenses apoyaría la medida de aquí a cuatro años.
Actualmente, en el Occidente de Estados Unidos, el 53% de la población aprueba legalizar la marihuana y en California se están reuniendo firmas para llamar a un referendo sobre el tema en 2010.
Además, la American Medical Association, que durante años atacó la legalización de la marihuana, ahora ha cambiado su posición y está llamando a los gobiernos federales a eliminar la marihuana del capítulo uno del Acta de Control de Sustancias, donde aparece a la par con drogas como la cocaína y la heroína.
En 14 estados norteamericanos se ha descriminalizado la posesión de pequeños montos de marihuana. Activistas a favor de esta medida estiman que la mitad de los estados aprobará la posesión de marihuana con fines médicos en el futuro cercano.

24 de noviembre de 2009
©la tercera 
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legalizan uso terapéutico de marihuana


El gobierno de Barak Obama legalizó el consumo de marihuana en los 14 estados en los cuales está contemplado su uso medicinal. "No usaremos los recursos del Estado para perseguir a pacientes con serias enfermedades", aseguró el fiscal general, Eric Holder, en contraposición a la política de la administración de George W. Bush.
Washington, Estados Unidos. En un documento distribuido a todos los fiscales, Holder les solicitó que no usen recursos federales "en individuos cuyas acciones están en cumplimiento claro e inequívoco de las leyes estatales existentes relacionadas con el uso médico de la marihuana".
Los gobiernos de Alaska, California, Colorado, Hawaii, Maine, Maryland, Michigan, Montana, Nevada, Nuevo México, Oregón, Rhode Island, Vermont y Washington son los estados que ya autorizan su consumo terapéutico.
Las nuevas directrices marcan un cambio de la política del ex presidente George W. Bush, que insistió en que se mantuvieran las leyes federales contra la marihuana, considerada una droga ilegal, sin tener en cuenta la normativa de cada estado sobre su uso.
El Departamento de Justicia deja claro que no se procesará a personas que cumplan con la legislación de los estados que permiten la marihuana para uso médico, pero no permitirá que se burle la ley.
"No será una prioridad usar recursos del Estado para perseguir legalmente a pacientes con serias enfermedades o sus cuidadores, si están cumpliendo con las leyes de los estados sobre la marihuana", dijo Holder.
No obstante hizo hincapié en que la policía y los fiscales continuarán trabajando para castigar a aquellos que se amparen bajo las leyes de estos estados para el uso de drogas ilegales o el tráfico de drogas.
"No vamos a tolerar a los traficantes de drogas que se escondan detrás de las leyes estatales para enmascarar actividades que son claramente ilegales", subrayó.
El documento de trece páginas fue enviado hoy a los fiscales de los 14 estados en los que está permitido el uso de la marihuana con fines médicos, así como a altos funcionarios de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) y de la Agencia Antidrogas de EE.UU.
La declaración de Holder está en la línea con la política que se ha introducido con la administración del presidente, Barack Obama, para respetar las leyes aprobadas por los estados a este respecto. "No es nada sorprendente porque es la política que ha puesto en práctica el Gobierno desde el principio de esta Administración", dijo el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs.

20 de octubre de 2009
©página 12
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inocente estuvo 3 años encerrada


Una mujer mexicana de edad mediana que fue encarcelada por el secuestro de seis agentes de la policía federal es dejada en libertad sin ofrecimiento de disculpas. Su caso ilustra las deficiencias de un sistema judicial que parece predestinado contra los pobres.
[Tracy Wilkinson] Ciudad de México. Las acusaciones, sostuvieron sus defensores, fueron absurdas desde el principio. Una mujer indígena de edad mediana, sin armas, de apenas un metro 52, fue acusada del secuestro de seis agentes de la policía federal.
Jacinta Francisco Marcial dijo que era inocente y que había sido condenada por cargos falsos. Esta semana, después de pasar tres años en la cárcel, fue dejada en libertad. El poder judicial mexicano que la había condenado a veintiún años de prisión decidió que, después de todo, probablemente no era tan culpable.
No le ofrecieron disculpas y fue puesta en la calle de la cárcel el miércoles antes del amanecer el Día de la Independencia de México, cuando gran parte de la atención nacional se desviaba hacia la algarabía de las vacaciones.
Su caso ilustra el más egregio de las deficiencias de un sistema judicial anquilosado, dispuesto a castigar a los pobres mientras deja que los narcotraficantes más grandes del mundo continúen su sangrienta orgía sin que nadie les estorbe.
"En lo que a mí concierne, los perdono", dijo Francisco Marcial, una india otomí de 47 años y madre de seis niños, después de su liberación.
Se convirtió en una especie de causa célebre, defendida por Amnistía Internacional, que declaró que era una "prisionera de conciencia", junto con otras organizaciones de derechos humanos aquí y en el extranjero.
Los cargos contra Francisco Marcial se derivan de un incidente en marzo de 2006, en el central estado de Querétaro, cuando seis agentes de la policía federal, en un operativo contra la venta de Cds pirateados, entraron en una feria india al aire libre.
Allá, fueron arrinconados por un grupo de enfadados, pero no armados, vendedores ambulantes. Las autoridades dijeron que el grupo se negó a liberar a los agentes hasta que pagaron el ‘rescate’ de unos seis mil dólares. La gente de la ciudad niega que los agentes fueran hechos rehenes.
Aunque varios testigos declararon que no vieron a Francisco Marcial en el enfrentamiento, una foto de diario parece mostrarla en los márgenes de un grupo de comerciantes, protestando. Suficiente, a ojos de los jueces, para condenarla. Y no por cargos menores, como obstaculizar a la policía, sino por el cargo mucho más serio de secuestro.
Francisco Marcial y otras dos mujeres fueron detenidas algunos meses después del incidente y condenadas rápidamente. Los defensores de Francisco Marcial alegaron que ella nunca tuvo un juicio justo, no tuvo un representante legal durante gran parte de los procedimientos en su contra y nunca le proporcionaron un intérprete. Habla un poco de español, pero sus lecturas y prácticas en la lengua nacional son limitadas.
"Cuando oí que el cargo era secuestro, no sabía lo que significaba secuestro, no sabía nada", dijo en una entrevista de una serie esta semana.
La sentencia a veintiún años le cayó como un cubo de agua fría. Inicialmente la hizo avergonzarse, como si ella tuviera la culpa. "No quería que lo supiera nadie", dijo.
Más tarde se dio cuenta de que sólo podría lograr que su caso fuera revisado si lograba que el mundo se enterara de todo.
Finalmente en abril las organizaciones de derechos humanos persuadieron a un juez de que reabriera la causa y de oír la apelación de Francisco Marcial. A medida que aumentaba la presión nacional e internacional, la fiscalía concluyó este mes que había suficientes contradicciones en las declaraciones de los testigos y de los agentes federales para formarse una duda razonable sobre la culpabilidad de Francisco Marcial.
Un juez ordenó que fuera puesta en libertad.
Una organización local, el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, que representó pro bono a Francisco Marcial, declaró que aunque celebraba su liberación, México "tiene muchas Jacintas".
"Queremos señalar las graves deficiencias de un sistema judicial que perjudica sobre todo a las mujeres y a la gente en situación de pobreza", dijo Luis Arriaga Valenzuela, un abogado que dirige la organización.
Francisco Marcial y organizaciones de derechos humanos están ahora volcando su atención a dos mujeres arrestadas y condenadas con ella, Alberta Alcántara y Teresa González. Funcionarios de la fiscalía dejaron en claro que la exoneración de Francisco Marcial no afectada esos casos.
Francisco Marcial también debe decidir si buscar compensación por los tres años perdidos.
"Lo peor", dijo, "fue estar tan lejos de mis hijos, de mi familia, por un crimen que no había cometido... Eso me hizo mucho daño".
Dijo que pensaba volver a su marido, a vender helados y refrescos en un puesto en el mismo mercado donde se metió en problemas hace tres años.

13 de octubre de 2009
19 de septiembre de 2009
©los angeles times
©traducción mQh
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el aliado de eua en asia


El criminólogo alemán Sebastian Scheerer, entrevistado por Página/12, director del Instituto de Criminología de Hamburgo, describió los pasos dados por Estados Unidos para inventar la penalización del consumo de drogas y favorecer sus intereses económicos.
[Horacio Cecchi] Argentina. La receta: se mezclan trenzas, opio, California, xenofobia y chinos y se parte de fines del siglo XIX. Como resultado, sorprendente, se obtendrá la carrera de criminalización de las drogas que sometió y somete al mundo según los intereses de expansión de Estados Unidos. Los ingredientes los fue describiendo durante esta entrevista el experto alemán Sebastian Scheerer, profesor de criminología en la Universidad de Harvard, titular del Instituto de Criminología de esa casa de estudios y director de "varios" –como los enumera él mismo– masters europeos en la materia, de buen sentido del humor y de hablar español jocoso y entrecortado, pero suficiente para entenderlo y sacar conclusiones.

¿Cómo dijo... que en California usaron las trenzas para criminalizar a los chinos?
Las trenzas y el opio. Para ellos fue un dilema, porque las trenzas eran un símbolo de veneración a su emperador. Las drogas, como las trenzas o la manera de vestir, son indicadores muy visibles. Pero el opio no era ilegal, estaba totalmente integrado en las costumbres en todo el mundo. Se lo usaba en centenares de productos, se vendía en la calle, en los kioscos, como una hierba contra el malestar, para los niños que no querían dormir. En 1898 Estados Unidos derrotó a España y ocupó Cuba y las Filipinas. Pasó que en las Filipinas los soldados americanos se encontraban con las prostitutas filipinas. Y las prostitutas filipinas fumaban opio. Un accidente histórico que las autoridades norteamericanas querían solucionar.

¿Que no se encontraran con las filipinas o que no fumaran opio?
Que no fumaran opio. Pero para eso tenían que acabar con el opio en las Filipinas. Se creó una comisión para analizar el problema. A la cabeza pusieron a un obispo canadiense, Charles Henry Brent, de la Iglesia Episcopal de Toronto. La comisión fue impulsada por el secretario de Guerra de Estados Unidos. Lo que sostenía Brent en esa comisión en 1903 era que para acabar con el opio de Filipinas había que acabar con el opio en el sudeste asiático y para ello invitaron a las naciones con algún interés en el área: Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda, y Estados Unidos. Y, por supuesto, China, la víctima del opio y de las agresiones inglesas.

¿Por qué víctima?
Los ingleses financiaban su reino en India con el comercio del opio. China, para Inglaterra, era una potencial colonia y le vendía cantidades de opio. En esa época Estados Unidos quería situarse en la arena de las potencias en el Asia y China era una oportunidad. Temían que Inglaterra avanzara sobre China y la ocupara como colonia. O sea, proteger a los soldados del opio en las Filipinas y resolver el problema del opio en China combinó muy bien. Y plantearon resolver el problema con una conferencia en Shanghai, en 1909, donde sólo las grandes potencias se reunieron. El obispo Brent fue el presidente de dicha conferencia y, aunque no se llegó a conclusiones formales, obtuvo una declaración a favor de la autonomía de China y de una reducción a niveles normales del comercio internacional de opio.

¿Los otros participantes por qué firmaron?
Para Alemania era un problema ajeno, que no le incomodaba. Holanda ya tenía el monopolio del opio para el comercio legal en sus colonias, tampoco le molestaba. Los ingleses estaban en contra, pero coincidió que hubo elecciones que llevaron a un gobierno liberal a Inglaterra, más próximo a las propuestas de Estados Unidos. Y también estaba la Iglesia. Los estadounidenses tenían un discurso que no era fácil de combatir, influían a la opinión pública.

¿En que consistía?
Decían: los chinos fuman opio, pierden por el opio su autonomía a manos de los ingleses. Caen en un declive moral, en la insania, el crimen y el vicio. Para el discurso cristiano, encaja perfecto la seducción por parte del Diablo representado por el opio y el vicio. Pero todavía no se pensaba en criminalizarlo, pensaban en un control, disminuir el tráfico a escala global. Primero lograron un acuerdo en Shanghai, que aunque no era una ley promovía el control y creaba una burocracia mundial para controlar el cultivo del opio, la recolección, la producción y su distribución y venta. El control sería a través de un órgano global con sede en Ginebra, un paso previo a las Naciones Unidas. En 1912 organizaron la Convención Internacional del Opio en La Haya. Es la primera ley penal global. Debían ratificarla los demás países, que quedaban obligados a sancionar la misma ley en cada país, bajo amenaza de quedar fuera del comercio de medicamentos. Es una fase importantísima porque globaliza la ley.

La firma del tratado perjudicaba a Inglaterra. ¿Pudo evitarla?
Los ingleses hicieron un truco. Dijeron que sólo aceptarían reducir su comercio de opio si Alemania sacrificaba la producción industrial de cocaína. Los alemanes habían inventado el método de extraer de la coca y producir la cocaína, en 1860. Fue la firma Merck (N.d.R.: La palabra "merca" deriva de Merck) la que la empezó a producir. Los ingleses imaginaban que Alemania nunca sacrificaría su comercio de cocaína, con lo que ellos no se verían obligados a firmar tampoco. Lo que no imaginaban fue que los alemanes perdieron la Primera Guerra y en el tratado de Versalles en 1919, de la rendición alemana, les metieron el artículo 295 por el que los obligaban a ratificar el tratado de La Haya. O sea que doce meses después, los alemanes sancionaban su propia ley antiopio, igual que los demás países. En el mundo entero empezó a cundir el discurso de "vamos a acabar con las drogas que roban tu autonomía, que ligan con la decadencia moral y física". Y siempre los Estados Unidos delante.

¿La cocaína no fue perseguida?
No todavía. Se eliminó la producción alemana. Para entrar con la cocaína, Brent utilizó a los rickshaws, los taxis humanos chinos, que utilizaban cocaína en reemplazo del opio. En La Haya dijo que tenía estadísticas sobre el daño que produce, pero en lugar de estadísticas, que nunca aparecieron, repartió fotos de rickshaws destruidos como un horroroso ejemplo de los daños de la cocaína. Estaban muy mal. Después de correr veinte años con el blanco cargado en el carrito, estarían destruidos con cocaína o sin cocaína (ríe). La cocaína empezaba de esa manera dentro de un plan global y mucha presión y voluntad por ayudar a los pobres chinos. La marihuana fue llegando de un modo diferente, porque era la hierba que consumían los pobres y los rebeldes del norte de Africa, porque no podían acceder al opio por su costo. Después de la Primera Guerra se estableció la burocracia del opio y su prolongación fue la Liga de las Naciones, con sede en Ginebra y precursora de las Naciones Unidas. En ese momento, los norteamericanos no accedieron porque no les interesó. Había un comité central del consumo del opio, y el jefe del comité central

... era Brent.
Sí (ríe). La idea era que cada central de cada país reuniera la cantidad medicinal de opio para cirugía, tantos gramos de cannabis, tantos de cocaína, todo con fines científico-medicinales. Y hay países productores legales. Cada país sabe lo que necesita y se tienen los productores. Es una economía planificada. Con eso, que aún hoy se hace, pensaban que de ese modo se va a producir sólo lo que se necesita para evitar que haya en el mundo ni un solo gramo que sea utilizado para otros fines que no sean medicinales. Es la idea central de esta economía planificada ridícula, que hace que hoy el mundo esté lleno de cultivadores ilegales.

¿En qué situación están hoy en Alemania?
Equilibrada. El consumo es parte integral de la vida de muchos jóvenes, pero no hay exceso, no hay mortalidad. No está legalizado, está admitido. En la Procuración sostienen que hay una jerarquía de urgencias. Es urgente combatir los carteles, no es urgente perseguir el consumo personal y los sitios donde se vende de una manera civilizada estas sustancias. Entonces se ven tiendas, simpáticas, que no tienen consumo de alcohol, pero sí sitios en los que se consumen marihuana de diferentes tipos, de Afganistán, de Colombia. Es simpático, como la tienda de una abuela. En un clima muy pacífico.

23 de septiembre de 2009
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al despenaliza las drogas


Países latinoamericanos están reformando la penalización por consumo personal.
Una comisión dirigida por los ex presidentes de Brasil, Colombia y México recomendó un nuevo paradigma para la guerra contra las drogas a principios de año y ahora América Latina está siguiendo sus consejos. México y Argentina han empezado a rebajar las penas por posesión de pequeñas cantidades de drogas ilícitas, tratando el consumo personal como un delito sin víctimas y economizando recursos para la lucha contra los grandes narcotraficantes en un negocio global que solamente en Estados Unidos se evalúa en más de trescientos mil millones al año. Esta es la sensata estrategia que aparentemente Brasil y Ecuador están dispuestos a adoptar y el gobierno de Obama ha adoptado prudentemente una posición más discreta sobre los cambios.
La semana pasada la Corte Suprema argentina anuló una ley que castiga a adultos con penas de hasta dos años y medio de cárcel por posesión de marihuana, diciendo que el uso personal es un asunto privado y las penas de prisión son, por eso, en esos casos, inconstitucionales. Los adultos son "responsables de tomar libremente decisiones sobre sus estilos de vida deseados sin la interferencia del estado ni causar daños a la propiedad o los derechos de los otros". En respuesta, el gobierno está preparando una ley para despenalizar la tenencia de pequeñas cantidades de drogas al mismo tiempo que prosigue persiguiendo a productores y traficantes.
La decisión argentina se produce en momentos en que México despenalizó la posesión no solamente de marihuana, sino de importantes narcóticos, como la cocaína, la heroína y la metanfetamina. Sin embargo la venta de drogas es un delito grave, y los dealers arriesgan sentencias de prisión.
La despenalización de las drogas para consumo personal elimina una lucrativa fuente de sobornos de agentes de policía. Los críticos de un lado dicen que la legalización total es la única que puede poner fin al tráfico ilícito, mientras que los críticos del otro afirman que cualquier cambio en dirección de la legalización condona las guerras entre y contra los carteles de la droga en México. Esta página reconoce los problemas del consumo de drogas en Estados Unidos y, cada vez más, en América Latina, con un mínimo de 460 mil drogadictos solamente en México.
La Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia argumenta que el consumo de drogas se puede reducir mejor mediante educación y prevención antes que penas de prisión, que la drogadicción es un problema de salud pública que debe ser tratado en programas de rehabilitación y que la gran guerra es contra el crimen organizado. Para esos países, librando duras guerras con recursos limitados, hace sentido eludir la policía, cortes y prisiones de poca monta y concentrarse mejor en desbaratar a los violentos carteles.

17 de septiembre de 2009
2 de septiembre de 2009
©los angeles times
cc traducción mQh
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sobre edward m. kennedy


El ‘león liberal del Senado’ muere a los 77 años. El demócrata de Massachusetts era el último hermano sobreviviente de una legendaria familia política. En 2008 le diagnosticaron un tumor cerebral.
[Rich Simon y Claudia Luther] El martes noche falleció en su casa en Hyannis Port, Massachusetts, el senador Edward M. Kennedy, demócrata de Massachusetts e icono del liberalismo estadounidense que era el último sobreviviente de una legendaria familia política. Tenía 77 años.
Kennedy tenía mala salud desde que sufriera un derrame en mayo de 2008. Exámenes subsiguientes determinaron que tenía un tumor cerebral maligno.
Kennedy no había estado en el Capitolio desde abril, perdiéndose la aprobación, en junio, de su trascendental moción para regular el tabaco. En julio, no pudo participar en la redacción de un proyecto de ley sobre la salud en su calidad de presidente del Comité de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado.
No asistió al funeral de su hermana Eunice Kennedy Shriver, que falleció el 11 de agosto, ni a la ceremonia en la Casa Blanca en la que le otorgaron la Medalla Presidencial de la Libertad.
"Hemos perdido el centro irremplazable de nuestra familia y la luz de nuestras vidas, pero la inspiración de su fe, optimismo, y perseverancia vivirán para siempre en nuestros corazones", declaró la familia en una declaración.
Figura popular en los dos lados de la nave del Senado, Kennedy electrificó a sus colegas en julio de 2008 cuando apareció brevemente para votar una moción para impedir una reducción en las tarifas que paga Medicare a los médicos que tratan a personas de la tercera edad, personal militar y sus familias y otros. La medida fue aprobada por 69 contra 30 votos.
En agosto de 2008, Kennedy fue saludado con una espontánea recepción de miembros del partido durante la primera noche de la Convención Nacional Demócrata en Denver. Se dirigió a la asamblea con una voz fuerte y firme, pronosticando que "este noviembre se le pasará la antorcha a una nueva generación de estadounidenses", una referencia al senador de Illinois, Barack Obama, que fue elegido presidente tres meses después. El respaldo que entregó a Obama en enero de 2008 fue considerado como una importante legitimación del propósito del senador de ganar la nominación contra la senadora Hillary Rodham Clinton, de Nueva York.
Como abanderado del ala liberal del Partido Demócrata, ‘Ted’ o ‘Teddy’, el senador de la mandíbula cuadrada creía en la capacidad del gobierno de ayudar en la solución de los problemas de la gente y durante décadas aprendió a ejercer el poder en el Senado para empujar al gobierno en esa dirección. Encontró numerosos modos de colaboración con gobiernos y senadores republicanos para dar forma a importantes proyectos sobre temas que le preocupaban.
Kennedy se convirtió en una figura nacional después de que sus hermanos, el presidente John F. Kennedy y el candidato presidencial, el senador Robert F. Kennedy, fueran asesinados en los años sesenta. Muchos estadounidenses todavía ansiaban que un Kennedy ocupara la Casa Blanca, y volcaron sus expectativas en el más joven de los hermanos Kennedy para realizar esas esperanzas.
Pero el 18 de julio de 1969 su imagen pública y fortuna política sufrieron una indeleble marcha cuando, conduciendo su Oldsmobile, se salió de un puente y cayó al agua en la Isla Chappaquiddick en Massachusetts. Sobrevivió sin sufrir lesiones graves, pero su acompañante, Mary Jo Kopechne, de veintiocho años, murió. En un lapsus de su sano juicio que no fue nunca explicado completamente, Kennedy buscó la ayuda de amigos y asesores y dejó pasar diez horas antes de informar a la policía sobre el accidente.
Nada de lo que hizo después borraría ese error de juicio de la memoria de la opinión pública. Aunque llenó su vida con décadas de trabajo por causas progresistas, y aunque se convirtió en el adorado patriarca de su numerosa y a menudo atormentada familia, su conducta después del accidente de Chappaquiddick todavía retuvo su capacidad de asombrar.
En parte debido a las persistentes dudas sobre sus actos y su relación con Kopechne, Kennedy no fue candidato a la presidencia ni en 1971 ni en 1976. En 1980, aparentemente creyendo que había pasado suficiente tiempo, lanzó una feroz campaña de primarias contra el poco popular presidente Jimmy Carter, que desgarró al Partido Demócrata. El republicano Ronald Reagan derrotó fácilmente a Carter en las elecciones generales.
Después de esa última incursión en la carrera presidencial, Kennedy se concentró en el Senado, convirtiéndose en uno de los miembros más efectivos de ese cuerpo.
Aunque no pudo lograr su objetivo legislativo más apreciado -el seguro de salud universal-, Kennedy ayudó a redactar numerosas leyes que iban desde facilitar que los trabajadores que cambiaran de trabajo o, si lo perdían, que pudieran conservar su seguro médico, otorgando el derecho a voto a los dieciocho años, desregulando las aerolíneas, ayudando a reducir las tarifas aéreas.
Varias veces impulsó proyectos de ley para elevar el salario mínimo y, a principio de los años setenta, propuso la ley que creó Meals on Wheels, el servicio que entrega comidas a personas de la tercera edad. Influyó en la reforma de las leyes de inmigración y en expandir los programas Head Start.
En 1982 ayudó a ganar una extensión de la Ley del Derecho a Voto, y fue el principal patrocinador de la Ley de Derechos Civiles de 1991, que anuló decisiones de la Corte Suprema que dificultaban que las minorías ganaran demandas por discriminación contra sus empleadores. En 1990 trabajó con el entonces senador Robert J. Dole (republicano de Kansas) para obtener la aprobación de la histórica Ley de Estadounidenses con Discapacidades, que, entre otras cosas, otorgaba a discapacitados un mayor acceso al empleo. Ese mismo año fue el autor de la Ley de Emergencia Ryan White de Recursos Integrales para el SIDA (CARE), que proporcionaba fondos para cuidados de salud comunitarios y servicios de apoyo.
Y todas las principales leyes de educación aprobadas desde los años sesenta llevan la impronta de Kennedy, de acuerdo a la Asociación Nacional de Educación, que en 2000 otorgó a Kennedy su principal galardón.
"Los estadounidenses sienten mucho afecto por la familia Kennedy, pero a menudo no ven más allá de la leyenda y la fama", dijo entonces el presidente de la organización, Bob Chase.
Gracias a su energía y voluntad para perseverar, Kennedy retaría a presidentes y galvanizaría a legisladores de los dos partidos sobre algunos temas.
Siguiendo las huellas de su hermano Robert, fue un temprano opositor a la participación de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam en los años sesenta. En los setenta, criticó la política energética de Carter. En 1987 fue crucial en la derrota de la nominación de Reagan del conservador Robert H. Bork a la Corte Suprema, destacándose por una enérgica denuncia de la elección del presidente en el Senado. También luchó contra los recortes presupuestarios de los programas sociales durante la presidencia de Reagan y, en 1989, Kennedy denunció la incursión del presidente H.W. Bush en Panamá para derrocar al presidente Manuel Noriega.
En 1993, Kennedy trabajó con el recién elegido presidente Bill Clinton para aprobar un proyecto de ley que permitía que los empleados pudieran gozar de un permiso para cuidar de sus hijos recién nacidos o en casos de enfermedades de familiares. Y en 2001, se unió al recién elegido presidente George W. Bush para ganar la aprobación de la Ley Que Ningún Niño Se Quede Atrás para fortalecer las normas educativas mediante pruebas y otros incentivos federales para distritos educacionales locales.
Sin importar si estaban los demócratas o los republicanos en la mayoría, Kennedy siguió siendo un resuelto activista, a veces reprendiendo a la vieja guardia republicana por no tratar temas sociales.
Cuando le preguntaron una vez cuál era su mejor cualidad como congresista, respondió: "La persistencia".
"Merece ser reconocido no solamente como el más importante senador de su época, sino también como uno de los grandes en la historia del Senado", escribió el periodista del New York Times Adam Clymer en su biografía de Kennedy de 1999.
El senador Orrin G. Hatch, el conservador de Utah que una vez describió algunos de los proyectos de Kennedy como "socialismo en germen", dijo, con ocasión de la celebración del cumpleaños número setenta de Kennedy en 2002 que una de las razones que tuvo para postularse al cargo fue sacar a Kennedy.
"Como lo muestran ampliamente los últimos veintiséis años, fracasé, y he llegado a la conclusión de que es mejor para el país que haya sido así", dijo Hatch, que en el curso de los años descubrió que tenía mucho en común con Kennedy en temas como la educación y la salud e incluso llegó a co-patrocinar un proyecto de ley sobre la creación de embriones clonados para obtener células madre bajo estricta supervisión federal.

Edward Moore Kennedy nació el 22 de febrero de 1932 en Brookline, Massachusetts, para heredar una gran fortuna y expectativas todavía más grandes. El benjamín de nueve hermanos, fue hijo de Joseph P. Kennedy Sr., un millonario hecho a sí mismo que descendía de inmigrantes irlandeses y llegó a ser el embajador estadounidense en Gran Bretaña. La madre de Ted, Rose, era la hija de John F. ‘Honey’ Fitzgerald, un antiguo alcalde de Boston.
Aunque la vida de  Kennedy estuvo llena de privilegios, también sufrió episodios trágicos casi desde el principio. Cuando tenía doce, su hermano Joe Jr., un piloto de la Armada, fue derribado en Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. A los dieciséis, Kathleen, una de sus hermanas, murió en un accidente aéreo. Antes, cuando tenía nueve, su hermana Rosemary, que era retrasada, fue enviada a un psiquiátrico, donde murió en 2005.
Kennedy estudió en la Universidad de Harvard, pero en el primer año fue expulsado después de que un amigo rindiera por él el examen de español.
Este temprano indicio de ‘juicio empañado’, escribió el biógrafo Max Lerner en 1980, estableció un patrón de "confusión, metidas de pata, remordimientos, expiación, rehabilitación, que tenía que repetirse en una lona más grande". Significativamente, el padre de Kennedy pudo impedir que la historia apareciera en la prensa hasta que Ted postuló al Senado once años después.
Después de ser expulsado de Harvard, Kennedy se enroló en el ejército, ascendiendo a soldado raso y licenciado honrosamente en 1953. Fue nuevamente aceptado en Harvard y se graduó en 1956. Terminó sus estudios en la facultad de derecho en la Universidad de Virginia tres años más tarde.
Kennedy se zambulló en la política casi inmediatamente, trabajando con director de campaña para los estados de las Montañas Rocosas en la campaña de John Kennedy para la presidencia en 1960.
Luego trabajó como fiscal auxiliar del condado de Suffolk, Massachusetts, y, en 1962, compitió con un prominente demócrata, el fiscal general del estado Edward McCormack, por la vacante que quedó en el Senado cuando JFK fue elegido presidente.
La campaña le dio el joven Kennedy su primer roce con un político a prueba de balas: McCormack. Un político veterano y sobrino del presidente de la Cámara, John W. McCormack, retrató a su contrincante como un peso ligero que estaba utilizando su apellido.
"Si su nombre fuera [simplemente] Edward Moore [en lugar de Edward Moore Kennedy], su candidatura sería un chiste", le dijo McCormack durante un debate.
Pero el nombre de Kennedy era Kennedy, y ganó las primarias. Luego derrotó al republicano George Cabot Lodge, hijo del antiguo senador Henry Cabot Lodge Jr.
Kennedy llegó a la Cámara a los treinta, la edad mínima para ser senador. Con un hermano en la Casa Blanca y otro, Robert, como fiscal general, no estaba excluido en la época que hubiera tres Kennedy como candidatos a la presidencia.
Entonces llegó el 22 de noviembre de 1963.
Kennedy estaba en Washinton cuando recibió la noticia de que el presidente había sido asesinado en Dallas. Fue el principio de una serie de tragedias familiares.
El 19 de junio de 1964, el avión privado que llevaba a Kennedy de Washington a Springfield, Massachusetts, se estrelló, muriendo en el accidente un ayudante y el piloto. Kennedy se rompió la espalda, lo que lo obligó a hacer la campaña por su primer término completo en el Senado desde la cama del hospital. Ganó la elección con casi el 75 por ciento de los votos.
Entonces, el 5 de junio de 1968, su hermano Robert, en la época senador por Nueva York, fue atacado en el Hotel Ambassador en Los Angeles la noche en que había ganado las primarias presidenciales de los demócratas en California; falleció al día siguiente. Kennedy leyó, con la voz rota, un elocuente y citado panegírico en el funeral en Washington, elogiando a su hermano como "un hombre decente y bueno, que cuando veía algo injusto trataba de repararlo, si veía sufrimiento trataba de aliviarlo, y si veía guerra trataba de detenerla".
Después de que Richard M. Nixon ganara por un estrecho margen las elecciones de 1968, Kennedy se convirtió en un temprano favorito para preparar el desafío cuatro años después.
El accidente en Chappaquiddick al año siguiente terminó con esas ambiciones. Como escribió Lerner en ‘Ted and the Kennedy Legend: A Study in Character and Destiny’ (1980), fue esta herida autoinfligida, más que cualquier otra cosa, la que "bloqueó su camino hacia la Casa Blanca, puso en cuestión su credibilidad y dañó la leyenda de los Kennedy". Kennedy había viajado a Chappaquiddick ese 18 de julio para participar en una regata y más tarde organizó una fiesta para seis jóvenes mujeres que habían trabajado en la campaña presidencial de Robert Kennedy. Chappaquiddick está cerca de Martha’s Vineyard, una isla frente a la costa de Massachusetts.
De acuerdo a una versión entregada por Kennedy en un discurso televisado transmitido a nivel nacional una semana después del accidente, la fiesta se prolongó hasta la madrugada. Kopechne, una de las asistentes de la campaña, quería volver a Martha’s Vineyard, donde estaba alojando el grupo. Kennedy se ofreció para trasladarla hasta el ferry.
Pero, contó Kennedy, tomó un camino equivocado y se salió de un estrecho puente de madera y cayó a un pozo de marea. El coche volcó y aterrizó sobre su techo. Kennedy dijo que trató de rescatar a Kopechne y que sufrió una conmoción cerebral y un shock en el accidente, lo que podría explicar "las cosas inexplicables, inconsistentes y dudosas que dije e hice", incluyendo haber tardado diez horas en notificar a las autoridades. Este retraso, dijo, era "indefendible".
Esta explicación, puesta en duda por muchos, la ofreció Kennedy tras haberse reunido durante varias horas después del accidente con una enorme cantidad de asesores políticos y legales. Al mismo tiempo que hizo su anuncio, Kennedy también comunicó que se declaraba culpable de haber abandonado la escena del accidente, por lo que fue condenado a una pena remitida de dos meses de prisión y a la suspensión de un año de su licencia de conducir. Puso su destino político en manos de sus electores.
El incidente marcó, se regodeó en privado el presidente Nixon entonces, "el fin de Teddy", al menos como un rival presidencial viable. "Lo llevará colgado del cuello toda la vida", dijo más tarde Nixon a su jefe de gabinete en la Casa Blanca, H.R. Haldeman.
Kennedy sorprendió a muchos al ganar fácilmente la reelección al Senado en Massachusetts en 1970, aunque con un menor margen que en 1964.
Pero, como predijo Nixon, Chappaquiddick amputó sus ambiciones presidenciales, como quedaría finalmente en claro en su intento más serio por ganar las primarias demócratas de 1980.
Kennedy se había enzarzado repetidas veces con Carter por el seguro médico nacional y la política energética, pero la decisión de montar un reto liberal contra un titular demócrata fue sin embargo asombrosa.
Y, desde el principio, quedó en claro que Kennedy había calculado mal y que las dudas sobre Chappaquiddick no desaparecerían.
Aunque se mantuvo hasta el final en la carrera, lo único que logró fue perjudicar las posibilidades de Carter contra Reagan.
Kennedy volcó sus talentos en el Senado. Un excelente legislador, pareció haber alcanzado todo su potencial en sus continuos esfuerzos por ayudar a los pobres, a los maltratados y a los desposeídos. Cuando su partido perdió la mayoría en el Senado, Kennedy se adaptó a ser miembro de la minoría y, respaldado por uno de los mejores equipos del Congreso, fue capaz de hacer cosas que los otros no podían.
Por ejemplo, en 1996, en colaboración con la senadora Nancy Kassebaum (republicana de Kansas), apoyó un proyecto de ley que garantizaba a los estadounidenses el derecho a comprar un seguro médico y limitar el tiempo durante el cual un asegurador podía negar cobertura para una enfermedad específica "preexistente".
En 1996 Kennedy encabezó un proyecto de ley para subir el salario mínimo, que fue aprobado en gran parte gracias a su disposición de acoplar esa causa liberal con un paquete de reducciones de impuestos que apoyaban los republicanos.
En 1999, patrocinó y logró aprobar un proyecto de ley para permitir que los discapacitados pudieran trabajar sin perder el seguro médico. Y fue uno de los senadores autores de la ‘declaración de derechos de los pacientes’.
Aunque en 2000 trabajó con el presidente George W. Bush para reforzar los estándares educacionales, Kennedy no abandonó la deshilachada bandera del liberalismo. A principio de 2002, fue uno de los pocos demócratas que llamó abiertamente a revocar partes de las reducciones de impuestos de Bush que había respaldado el año anterior.
Al final, viviría varias décadas más que su hermano John, que murió a los 46, y que su hermano Robert, que murió a los 42. Antes y después de que en 1983 terminara su matrimonio de veinticuatro años con Joan Bennett, Kennedy se había ganado la bien merecida reputación de ser un bebedor y que le gustaba parrandear con mujeres. En la primavera de 1991, fue obligado a declarar en el juicio de su sobrino de treinta, William Kennedy Smith, que fue acusado de violar a una mujer cerca de la casa de la familia en Palm Beach, Florida, después de una noche de juerga con su Tío Ted en un bar de la localidad. Smith, hijo de Jean, la hermana de Kennedy, y de su difunto esposo Stephen Smith, fue absuelto.
En octubre de 1991 Kennedy ofreció una suerte de disculpa pública en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, en Harvard, en la que reconoció "los errores en mi vida privada".
"Me di cuenta de que sólo yo soy responsable de ellos, y soy yo el que debe enfrentarlos", dijo. A diferencia de sus hermanos, dijo, se le había dado tiempo" y dijo que estaba decidido a dar todo lo que tengo para hacer avanzar las causas que he defendido durante casi treinta y cinco años".
En 1992 Kennedy se casó con la abogado de Washington, Victoria Reggie, una decisión que según sus amigos lo ayudó a asentarse y a insuflarle nuevas energías. El senador de 1 metro 88 adoptó un horario de trabajo más convencional y aceleró su ritmo de trabajo en el Senado.
"La gente me compara con mis hermanos", dijo Kennedy en una entrevista con el New York Times en 1983. "Siempre ha sido así. Pero me gustaría creer que durante el tiempo que he estado en el Senado he hecho algunas contribuciones. Eso me satisface de alguna manera. Mis hermanos eran personas muy independientes. Creo que yo también lo soy".
Además de su esposa, a Kennedy le sobreviven su hija Kara Kennedy Allen, su hijo Edward Jr. y otro hijo, Patrick, que siguió la huella de su padre en política y fue representante de Rhode Island. También le sobreviven sus nietos y su hermana Jean Kennedy Smith.

15 de septiembre de 2009
26 de agosto de 2009
©los angeles times
cc traducción mQh
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la activista kerry kennedy


Activista por los derechos humanos y sobrina de JFK. La hija de Robert Kennedy participó de un homenaje a los desaparecidos en la ESMA, habló de los vínculos de su familia con las víctimas de la dictadura, de Bush, de Obama y de la herencia recibida.
[Santiago O’Donnell] Saliendo de Los Angeles hacia el norte, pasando la gran bahía de Malibu, del otro lado de dos quebradas, aparece, inmenso, el valle de los campos de frutilla. Kilómetros y kilómetros de hileras de cultivo desde Camarillo hasta Ventura, desde la montaña hasta el mar, de donde sale buena parte de la producción de una de las frutas preferidas por el consumidor estadounidense. Un par de meses al año, en la época de cosecha, desde la autopista se puede ver a los trabajadores y trabajadoras rurales, emigrantes todos de México y Centroamérica, con las espaldas dobladas mientras pizcan y llenan canastos. A la distancia parecen grupos de hormigas.
En el centro del valle, a orillas del Pacífico, se alza orgullosa la ciudad de Oxnard, capital del condado. Durante muchos años Oxnard y alrededores fue una gigantesca plantación de remolacha. Donde hoy se erige la ciudad estaba la finca de los Oxnard y la planta procesadora, principal fuente de empleo de toda la región. Los campos de frutilla surgieron casi de casualidad porque los ciclos de cultivo eran opuestos a los de la remolacha, la tierra era fértil y los trabajadores aprovechaban su tiempo libre para completar sus ingresos sembrando fresa, como le dicen los mexicanos, en pequeñas huertas familiares. Cuando los Oxnard ya no pudieron competir con los magnates cañeros en la producción de azúcar, vendieron sus tierras y se formó la ciudad, que hoy luce rascacielos, shoppings, yacht club y una coqueta costanera con amplios chalets para los refugiados de la gran metrópolis.
Oxnard también alberga, del otro lado de las vías de un tren que ya no corre más, un barrio de de casitas de cemento y chapa llamado La Colonia, donde sólo se habla español. En tiempos de cosecha sus calles cobran vida con el sonido de las rancheras que salen de sus cantinas y el olor a chancho frito que despiden los carritos de los vendedores ambulantes. La Colonia tiene una escuela, un puesto de policía y un gimnasio de box, de donde surgió el ex campeón mundial y orgullo de todo el valle, Fernando ‘El Feroz’ Vargas.
Oxnard es la primera parada de los trabajadores rurales que siguen la cosecha de norte a sur, desde la frutilla en Oxnard al durazno en Fresno, al chile en Bakersfield, la naranja en San Joaquín y la uva en Napa, recorriendo todo el sur y el centro de California, viajando muchas veces en condiciones paupérrimas, escapándole a ‘la migra’, juntando monedas y billetes para llevar de regreso a sus familias del otro lado del río Grande.
Fue ahí, en La Colonia, en sus calles, en sus cantinas, en sus casitas, donde este cronista entró en contacto, por primera vez, hace veinte años, con el mito de los Kennedy. Cada vez que venía una elección, pasara lo que pasare, La Colonia votaba en bloque por los demócratas. Y cada vez que uno iba ahí y preguntaba por qué, la respuesta era más o menos la misma: "Porque los Kennedy son demócratas y nos ayudaron mucho".
En 1967, en el pico del movimiento por los derechos civiles, los campesinos de California se alzaron detrás de su legendario líder, César Chávez. Cuando Chávez se declaró en huelga de hambre en el valle de San Joaquín, Robert Kennedy, entonces senador por Nueva York, viajó hasta allí para estar a su lado. Fue el único político de Washington que no dudó en apoyarlo. La lucha de los United Fruit Workers comandados por Chávez y su compañera Dolores Huerta eventualmente forzó a la Legislatura de California a pasar las leyes laborales para trabajadores rurales que 30 años después siguen siendo las más progresistas de los Estados Unidos.
Kerry Kennedy, 50, una de las hijas de Robert, estuvo el viernes en la ESMA rindiéndoles homenaje a los desaparecidos. Llegó y se fue sin guardaespaldas, pero no estaba sola. La acompañaba su hija Michaela, 12, que venía para aprender, en las palabras de su madre, las atrocidades que se pueden cometer desde posiciones de poder. Y también para aprender cómo muchos sobrevivientes de esa opresión superaron la adversidad y el dolor para convertirse en protagonistas de una "democracia vibrante" como es hoy la Argentina. A mostrarle ejemplos como el señor canciller (Taiana), que estuvo ocho años preso durante al dictadura y hoy dirige las relaciones exteriores de su país. O como su amigo Héctor Timerman, que tuvo que exiliarse y hoy es el embajador en Washington.
Vestidas de negro y con miradas tristes, Kerry y Michaela esperaron a la presidenta Cristina en la puerta del casino de oficiales. Parecían Caroline y Jacqueline en el funeral de JFK. Kerry tenía cuatro años cuando mataron a su tío y nueve cuando se llevaron a su papá.
Después de la ceremonia, mientras espera a la Presidenta para despedirse, le digo a Kerry Kennedy que en Oxnard recordaban a su viejo con cariño. Entonces se le enciende la cara y muestra esa sonrisa dientuda que heredó de Bobby.
"Ah, sí. Su amigo César Chávez", contesta. "Ahora tenemos la misma lucha en el estado de Nueva York. Los trabajadores rurales no pueden formar sindicatos, no tienen días de descanso y se permite el trabajo infantil. Lo que se logró en California tenemos que extenderlo a todo el país."
Kerry Kennedy ha dedicado toda una vida a la defensa de los derechos humanos y de género desde la Fundación Robert Kennedy para la Defensa de los Derechos Humanos. Ha viajado por el mundo, desde Polonia a Sudáfrica, a República Dominicana bregando en favor de los oprimidos.
Cuenta su historia en un restaurante de la Costanera saboreando merluza negra mientras Michaela sorprende con trucos de magia o juega con su laptop con los auriculares puestos.
Cuenta Kerry Kennedy que su interés por los derechos humanos empezó desde muy chica, cuando su padre era fiscal general (ministro de Justicia) durante el auge del movimiento por los derechos civiles de los negros en la presidencia de Lyndon Johnson.
"En esa época las policías de los estados del sur perseguían a los manifestantes y papá mandaba a los agentes federales para rescatarlos. Me acuerdo de que su oficina siempre estaba llena de abogados y líderes de los derechos civiles."
Antes de viajar a Argentina, Kerry Kennedy escribió una opinión en homenaje a su tío Ted, recientemente fallecido, que este diario publicó. Allí hacía referencia a la enmienda Kennedy-Humphrey por la que el gobierno estadounidense cortó la ayuda militar a la dictadura de Videla. Le pregunto a Kerry Kennedy si la preocupación por los derechos humanos es un legado.
"Sí, yo creo que el compromiso con la justicia social y la defensa de los oprimidos es un valor familiar. Siempre me acuerdo una historia de mi tío el presidente Kennedy, de cuando era senador. En esa época no podías conseguir una visa para entrar en Estados Unidos si eras de cierta parte del mundo, salvo que un senador firmara una excepción. Por entonces una isla de la costa de Africa, no recuerdo cuál, sufrió un temporal devastador. Y mi tío se pasó dos noches enteras firmando formularios, miles de ellos, para que los refugiados pudieran venir."
Cuenta Kerry Kennedy que la decisión de dedicar su vida a hacer lo que hace la tomó a los veinte años, en 1981, y que la Argentina tuvo que ver, de alguna manera. "En el verano de mi segundo año en la facultad, hice una pasantía en Amnesty International y me pasé dos meses recorriendo el país y documentando abusos contra los refugiados salvadoreños. Quedé horrorizada por el desprecio con que mi país trataba a sus habitantes más pobres y desesperados. En Amnesty conocí también los abusos en la Unión Soviética, en Chile, y supe de la lucha de las Madres de Plaza de Mayo, de las comadres en El Salvador. Mi jefe era (el reconocido activista por los derechos humanos argentino) Juan Méndez. También ese verano leí ‘Prisionero sin nombre’, celda sin número, un libro que me marcó, y después supe que mi padre había sido amigo del hombre que lo escribió, Jacobo Timerman. Ese verano decidí que esto era lo que quería hacer el resto de mi vida."
Nunca se arrepintió de esa decisión, dice sin pensarlo. "He conocido a gente extraordinaria. Cuando me preguntan si no es una carga luchar por la justicia social, yo contesto que me encanta, que me inspira. He tenido la oportunidad de conocer al Martin Luther King, al Ghandi de cada país, de aprender de ellos. Gracias a Dios tengo un trabajo que amo."
O sea, podría estar navegando en Martha’s Vineyard, pero tuvo la suerte de poder mostrarle a su hija de doce años lo que ocurrió en un país lejano, en un infierno humano llamado ESMA. Kerry Kennedy representa el orgullo del clan Kennedy, ese optimismo a prueba de desgracias, esa fe ilimitada en la capacidad transformadora de los individuos comprometidos, los Cuerpos de Paz, la Alianza para el Progreso.
Pero también, en un sentido más amplio, representa a los Estados Unidos. La invasión de la Bahía de los Cochinos ocurrió durante la presidencia de Kennedy. También el preludio a la guerra de Vietnam, esa guerra que el padre de Kerry quiso terminar con una campaña presidencial que le costó la vida. El país que los Kennedy representan con orgullo es el país de Guantánamo, el país que invade Afganistán. Cuando las preguntas van por ese lado, el aura de Camelot se desvanece. Las bocas se tensan y las palabras se miden, hasta que no salen más.
El Google está lleno de elogios a Kerry Kennedy, pero también hay muchas críticas. Autoridades de los países que visita se quejan de las "lecciones" que esa rubia extranjera con apellido famoso les ha venido a impartir, como si Estados Unidos fuera el paraíso de los pobres, como si no tuviera que ver con los problemas del Tercer Mundo. También hay críticas desde Estados Unidos del tipo "a mí no me gustaría que venga alguien del extranjero a este país a decirnos lo que hacemos mal". Kerry Kennedy dice que se ríe de esas cosas, pero contesta en serio y con tono desafiante.
"Escucho esas críticas de los gobiernos, pero nunca escuché algo así de una víctima de la tortura. Me dicen que no entiendo los valores del país, que no entiendo la cultura, pero nunca escuché a una víctima de la represión decirme ‘andate, vos no entendés’ porque las denuncias siempre ayudan. Ojalá vinieran delegaciones de Argentina, de Kenia o de Sudán a conocer las condiciones de maltrato que reciben los trabajadores rurales en el estado de Nueva York, para presionar a la Legislatura para que cambie las leyes. Necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir."

Hablando de presionar a los gobernantes, ¿alguna vez habló con George W. Bush sobre derechos humanos?
"Una vez", contesta la hija de Bobby. "Fue dos meses después del 11-9. El Congreso había aprobado el Patriot Act (ley antiterrorista) y el fiscal general John Ashcroft había detenido hasta cinco mil hombres musulmanes de entre 18 y 50 años. Los obligaba a presentarse en sus estaciones de policía por el solo hecho de ser musulmanes. Entonces hubo una ceremonia en el edificio del Departamento de Justicia en Washington porque el Congreso había decidido ponerle el nombre de mi padre. Ahí lo vi a Bush y le dije: ‘Esto no es lo que Robert Kennedy representa. El no hubiera permitido esta clase de represión’".

¿Y qué contestó Bush?
"Nada importante. ‘Qué bueno verte’, o algo así."

La inevitable comparación entre Obama y JFK no entusiasma demasiado a Kerry Kennedy. Contesta con una frase hecha, como cumpliendo con una formalidad.

"El presidente Obama es un hombre que inspira a la gente, que cree que una sola persona puede hacer la diferencia. Durante la campaña presidencial movilizó a miles de personas que antes no habían participado en política, infundiéndoles esperanza. Es joven, buen mozo, y tiene una visión de país inclusiva y se interesa por los oprimidos. En eso se parece a mi tío."

Noto cierta distancia en la respuesta y pregunto si no tendrá que ver con ciertas promesas incumplidas, o postergadas, en materia de derechos humanos, como el cierre de la cárcel de Guantánamo.

"Como activista por los derechos humanos siempre hay más cosas que desearía, pero no voy a entrar en detalles", se ataja.

Hay mucha gente, sobre todo de izquierda, que ve una continuidad entre los gobiernos de Obama y de Bush, entre las guerras de Irak y Afganistán, se le dice. Entonces sí, Kerry Kennedy defiende a Obama con pasión.

"Si dicen eso es porque no leen los diarios. Desde los derechos humanos, a las libertades civiles, a las guarderías infantiles, a la salud reproductiva, al acceso a los programas de salud –en cada uno de esos temas se ha producido un vuelco completo–. En las relaciones raciales también. Su discurso en El Cairo fue muy importante. Su acercamiento con China. Su presencia en Africa para denunciar injusticias y pedir el fin de la corrupción. En su primer día de gobierno prometió cerrar Guantánamo y terminar con los programas secretos de la CIA. También ha dicho que va a investigar los abusos cometidos por la CIA durante el gobierno de Bush, lo cual es muy bueno, aunque algunos digan que distrae la atención del debate sobre la reforma del sistema de salud. Fue una decisión valiente."

Entonces le pido a una opinión sobre la guerra en Afganistán, un ítem que previsiblemente había quedado afuera de su lista. Entonces a Kerry Kennedy se le acaba la paciencia.

"¿Podemos terminar esta entrevista?", contesta con una sonrisa. Como diciendo ya está, ya tenés suficiente, todo bien pero ya está.

Michaela jugaba con su laptop, en cuya tapa había pegado dos enormes calcomanías. Una mostraba la imagen icónica de Obama del artista Shepard Fairey. La otra, más grande y más gastada, decía en inglés, en letras de molde, lo que su madre había elegido callar: "Si los hombres parieran hijos, las guerras no existirían".

14 de septiembre de 2009
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legalizan adopción gay en uruguay


Uruguay es el primer país del continente en legalizar la adopción por parejas gays. Ayer, el Senado uruguayo sancionó la ley que autoriza a las parejas bajo "unión concubinaria", cualquiera sea su género, a solicitar la adopción de un niño o niña. El único requisito es que la pareja gay sea aceptada como tal en su entorno.
[Pedro Lipcovich] Montevideo, Uriguay. Uruguay se convirtió en el primer país de América en legalizar la adopción por parejas homosexuales; el permiso va implícito en la inclusión como posibles adoptantes de las parejas bajo "unión concubinaria", cualquiera sea su género. El cambio forma parte de una nueva ley general de adopción, que procura resolver un problema también presente en la Argentina: el alto número de adopciones ilegales, en detrimento del circuito legal. En Uruguay –según explicó la senadora Margarita Percovich, autora del proyecto original–, la Iglesia había desarrollado una especie de sistema paralelo de adopciones; al mismo tiempo, muchos escribanos y funcionarios desleales lucraban con adopciones que pasaban por alto las normas de protección al niño y a su madre biológica. La nueva ley procura fortalecer al organismo estatal encargado de las adopciones y endurece el castigo para aquellos delincuentes. Respecto de la adopción por parejas gays, "simplemente tendrán que anotarse en el registro" y el único requisito es que "la pareja adoptante deberá ser aceptada como tal en su entorno", dijo Percovich. El primer país en aceptar la adopción por parejas gays fue Holanda, en 2001.
La ley, que reforma el Código de la Niñez y la Adolescencia, fue aprobada por 17 votos –15 del Frente Amplio y dos del partido Colorado–; votaron en contra seis senadores, pertenecientes al partido Blanco. Se descuenta que el presidente Tabaré Vázquez la promulgará.
En su texto, "se reconoce el derecho a adoptar para las parejas constituidas como ‘unión concubinaria’", explicó a este diario la senadora Percovich –del Frente Amplio–, y recordó que "el año pasado se dictó la ley que regula ese tipo de unión, para la que admite prácticamente los mismos derechos que establece el matrimonio civil; se mantuvo la denominación tradicional en Uruguay, porque ya existía mucha normativa administrativa reconociendo a los ‘concubinos’".
"En Uruguay, la cantidad de adopciones ilegales viene cuadruplicando a las legales –observó Percovich–. Muchos profesionales vivían de esto: escribanos que, cuando una chica le entregaba el hijo a una pareja, hacían un acta de tenencia; un año después, los adoptantes ilegales se presentaban ante un juez, que, ante el hecho consumado, legalizaba la tenencia. La Iglesia Católica había montado una organización, que tenía convenio con el Instituto de la Niñez y Adolescencia del Uruguay (INAU); hasta cuentan con un local para traer a parir a chicas pobres y entregar los bebés a parejas católicas."
La nueva ley reserva al Estado las decisiones en cada caso de adopción: "Fija reglas claras para el procedimiento, así como para perseguir penalmente a apropiadores e intermediarios", afirmó la senadora. El procedimiento para las adopciones será en todos los casos el que fija el INAU: "Esto permite verificar que la familia adoptante cumpla con los requisitos necesarios, y también respetar el plazo de 30 días, internacionalmente aceptado, durante el cual la madre biológica tiene derecho a arrepentirse y dejar sin efecto la adopción", aseguró la legisladora.
Percovich comentó que "la frecuencia de adopciones ilegales hacía que en la institución del Estado, el INAU, hubiera pocos chicos necesitados de adopción: muchos de estos nenes tenían, tienen discapacidades, o son huérfanos con VIH, o ya mayorcitos, o con algún comportamiento problemático, o afrodescendientes, y a todos éstos les era difícil encontrar padres adoptivos. Sin embargo, en el INAU hay técnicos de muy buen nivel, que en alguna medida han modificado esta situación".
En cuanto a la adopción por parte de parejas gays, "simplemente tendrán que anotarse en el registro del INAU, donde no hay mayores prejuicios en este sentido. Ciertamente, la pareja adoptante deberá ser aceptada como tal en su entorno y no ser a su vez discriminada, ya que la discriminación se trasladaría al hijo o hija", señaló Percovich.
Uruguay se convierte así en el primer país de América que acepta la adopción por parejas del mismo sexo. En Estados Unidos, 14 estados lo admiten, incluidos Nueva York y California. El primer país en autorizar la adopción por parejas homosexuales fue Holanda, en 2001 (en 1999, Dinamarca había permitido a homosexuales bajo unión civil adoptar al hijo de su pareja). En 2002, Suecia aceptó esta adopción; en 2005 lo hicieron España, Inglaterra y Gales; en 2006 Islandia y Bélgica, y en 2008, Noruega. La Corte Suprema de Sudáfrica lo autorizó en 2002, y en 2008 lo hizo la Justicia israelí. En Australia, la adopción por parejas gays se permite en Canberra y en el estado de Western Australia, desde 2002.

11 de septiembre de 2009
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