turbulenta chinatown
[Jonathan Saltzman] Dos acusados de ejecuciones en un garito de apuestas.
Hasta los funcionarios policiales más trajinados retrocedieron ante lo que encontraron en un sótano de un club social después del cierre en Chinatown una mañana cubierta de nieve de enero de 1991.
Cuatro hombres con abrigos de invierno habían sido asesinados en una ejecución al estilo de la mafia. Estaban boca arriba como muñecos de trapos en el suelo embaldosado, uno de ellos con la cabeza apoyada contra una silla tapizada. Charcos de sangre marcaban donde estuvieron tendidos otros dos heridos -uno de los cuales murió minutos después- antes de ser llevados a toda prisa al hospital. En la atiborrada sala se encontraron cartuchos de balas y dos pistolas. En una mesa había naipes y dinero.
La masacre que ocurrió en la calle de Tyler número 85 a las 4 de la mañana del 12 de abril de 1991, una fecha recordada en un calendario de pared visible en una fotografía policial, fue uno de los crímenes más sangrientos de la historia de Boston. El antiguo alcalde Raymond L. Flynn, que había llegado a la escena con un policía a los pocos minutos, recordó hace poco haber dicho a los agentes: "Tenemos que perseguir a los tipos responsables de esto, aunque tengamos que llegar a los confines de la Tierra".
Lo hicieron. Y el martes, casi 15 años después de que fueran asesinados esos cinco hombres y otro fuera herido mientras suplicaban por sus vidas, dos acusados serán procesados por el Tribunal Superior de Suffolk. La cacería de los supuestos pistoleros, incluyendo a un tercero que sigue fugitivo, se extendió a los lugares más remotos del globo; ambos fueron detenidos en China en 998 por delitos no relacionados y devueltos a Boston vía Hong Kong en diciembre de 2001, después de delicadas negociaciones internacionales.
El juicio de Siny Van Tran, 48, también conocido como Wah el Desdentado' [Toothless Wah] y Nam The Tham, 46, también conocido como 'Johnny Cheung', debe arrojar luces sobre las pandillas asiáticas, o tongs, que se pelearon a principios de los años noventa por el control criminal de los bajos fondos de Chinatown, que hoy es más seguro.
Fue una época en que docenas de garitos de apuestas de poca monta operaban abiertamente, los gángsteres espumando los beneficios, las prostitutas ofreciéndose descaradamente en calles atascadas de restaurantes y mercados, y los jóvenes vendiendo drogas a los turistas.
Muchos en Chinatown ya estaban nerviosos sobre la violencia en la que están implicadas pandillas chinas y vietnamitas, pero el alboroto en el lúgubre club de la calle de Tyler sacudió a esta comunidad de 5.000 habitantes, que viven apretados en 23 hectáreas en el centro de la ciudad.
Alan Yen, que vivía en un edificio de apartamentos ubicado a unos 12 metros del club, dijo que dormía durante la balacera, pero cuando salió de casa esa mañana vio la cinta amarilla de la policía bloqueando el acceso al lugar de los hechos y oyó hablar de una masacre. Durante días, recordó, cruzó la calle para evitar pasar frente al club social.
"Ni siquiera quería pasar junto a la puerta", dijo Yen, 45, que es propietario de una heladería , Cindy's Planet, en la calle de Tyler. "Cuando la gente muere dentro, especialmente cinco personas, es muy espeluznante". El club social, que ahora alberga a una modesta peluquería, estuvo vacante durante años, dijo.
La masacre, horrible como fue, dicen algunos que marcó el principio de un cambio para mejor en Chinatown.
Roman Chan, presidente de la Chinese Consolidated Benevolent Association de Nueva Inglaterra, un grupo civil, dijo que horrorizados vecinos y comerciantes pidieron a los funcionarios policiales que reprimieran a las bandas. Dijimos que alguien tenía que hacer algo. La gente que vive en Chinatown o que vienen a Chinatown ya no se siente segura", dijo.
Flynn dijo que el ayuntamiento se dio cuenta de que con sólo un puñado de agentes asiáticos de una fuerza policial de casi 2.100 -y sin ningún detective de homicidios asiático-, era prácticamente imposible de penetrar en la cerrada comunidad para investigar la violencia de las bandas. Hoy, el número total de agentes asiáticos en Boston ha aumentado a 35, aunque constituyen menos del 2 por ciento del cuerpo, de acuerdo a un portavoz del departamento.
Varios juicios de alto perfil de gángsteres de Chinatown a mediados de los años noventa -incluyendo la condena en 1996 del jefe de la banda Ping On, Stephen Tse, en un tribunal superior por cargos de homicidio- expulsaron a la mayoría de las bandas, dijeron miembros de la comunidad
Y la apertura de los casinos de Foxwoods y Mohegan Sun en Connecticut espolonearon la decadencia de los casinos ilegales.
Hoy, Chinatown es mucho más pacífica que en la época de los homicidios, de acuerdo a estadísticas policiales. En 1991, en el distrito policial que incluye a Chinatown se cometieron nueve homicidios, incluyendo los cinco de la calle de Tyler. El año pasado hubo uno.
Los fiscales de Suffolk y de la policía de Boston no han revelado nunca los motivos de los homicidios de la calle de Tyler y se negaron a discutir el caso días antes del juicio. Los expedientes judiciales presentados por el despacho del fiscal general en las comparecencias de Tran y Tham en 2001, dicen que los dos acusados y el fugitivo, Hung Tien Pham, irrumpieron en el club con las armas desenfundadas y gritaron a los asombrados jugadores: "¡Esto es un asalto!"
Sin embargo, el abogado de oficio de Tran, Robert A. George, dijo que el asalto era un motivo poco verosímil porque los agentes encontraron entre 200 y 300 dólares en las mesas del club. Los detectives de Boston especularon en la época que figuras criminales asiáticas ordenaron el asesinato de varios jugadores con vínculos con una banda rival.
George reconoce que Tran estaba en el club cuando empezó el tiroteo. Pero dijo que su cliente no tenía lazos con el crimen organizado y que, en el caos, los testigos lo habían confundido con uno de los atacantes.
"Cualquiera que diga que mi defendido llevaba una pistola, está equivocado", dijo George.
El abogado de oficio de Tham, John F. Palmer, no devolvió nuestras llamadas telefónicas.
En la comparecencia de hace cuatro años, el fiscal de distrito adjunto, John E. Powers III, dijo que Tran, Tham y Pham obligaron a las víctimas, la mayoría de ellos empleados de restaurantes que jugaban a las cartas después del trabajo, a tenderse en el suelo, para dispararles metódicamente a la cabeza a bocajarro. Las víctimas "empezaron a rogar por sus vidas", dijo Powers.
Los asesinados eran Chung Wah Son, 58; Van Tran, 31; Man Cheung 55; David Quang Lam, 32; y Cuong Khank Luu, 26.
Un sexto, Pak Wing Lee, también conocido como Bruce Lee', fue disparado en la cabeza y perdió la conciencia, pero volvió en sí a los pocos minutos, después de que hubieran escapado los atacantes, y se arrastró hasta la puerta de atrás del club a pedir ayuda, dijo Powers.
Lee ha estado en el programa federal de testigos desde la masacre y se espera que sea uno de los dos principales testigos de la fiscalía, dijo George.
El otro testigo clave es Billy Yu Man Young, apodado Hombre de Cara Arrugada' [Wrinkled Face Man], que administraba el garito de cartas y convenció a los pistoleros de que le dejaran huir, dijo George.
Tras los asesinatos, los tres supuestos pistoleros desaparecieron. Se emitieron órdenes de detención del estado y federales, y las autoridades tomaron contacto con Interpol y otras agencias policiales en el exterior.
Tran y Tham, que llegaron los dos de Vietnam a Estados Unidos, fueron detenidos en 1998 en China por la policía provincial por delitos no relacionados, incluyendo la posesión de drogas. Pero China no tiene un tratado de extradición con Estados Unidos, y no quedó claro si serán devueltos a Boston.
Ralph C. Martin II, fiscal del distrito de Suffolk en esa época, dijo que las negociaciones "a nivel estratosférico" condujeron al retorno en 2001 de los dos acusados. Un factor clave fue la detención por el FBI en Nueva York de Qin Hong, uno de los fugitivos más buscados de China, que fue deportado a Perú, que lo envió de vuelta a China.
El juicio por homicidio, que George cree que durará unas tres semanas, es de intenso interés para muchos en Chinatown, a pesar de recordar tiempos turbulentos en el vecindario.
Chan, el presidente de la Chinese Consolidated Benevolent Association, dijo que espera asistir al menos a una parte del juicio, si su trabajo de gestionar un negocio mayorista se lo permite.
"Nos gustaría aprender de esta historia", dijo. "En esa época causó un enorme impacto, y a gente le gustará saber el resultado del juicio".
Al autor se puede escribir a: jsaltzman@globe.com.
19 de septiembre de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Hasta los funcionarios policiales más trajinados retrocedieron ante lo que encontraron en un sótano de un club social después del cierre en Chinatown una mañana cubierta de nieve de enero de 1991.Cuatro hombres con abrigos de invierno habían sido asesinados en una ejecución al estilo de la mafia. Estaban boca arriba como muñecos de trapos en el suelo embaldosado, uno de ellos con la cabeza apoyada contra una silla tapizada. Charcos de sangre marcaban donde estuvieron tendidos otros dos heridos -uno de los cuales murió minutos después- antes de ser llevados a toda prisa al hospital. En la atiborrada sala se encontraron cartuchos de balas y dos pistolas. En una mesa había naipes y dinero.
La masacre que ocurrió en la calle de Tyler número 85 a las 4 de la mañana del 12 de abril de 1991, una fecha recordada en un calendario de pared visible en una fotografía policial, fue uno de los crímenes más sangrientos de la historia de Boston. El antiguo alcalde Raymond L. Flynn, que había llegado a la escena con un policía a los pocos minutos, recordó hace poco haber dicho a los agentes: "Tenemos que perseguir a los tipos responsables de esto, aunque tengamos que llegar a los confines de la Tierra".
Lo hicieron. Y el martes, casi 15 años después de que fueran asesinados esos cinco hombres y otro fuera herido mientras suplicaban por sus vidas, dos acusados serán procesados por el Tribunal Superior de Suffolk. La cacería de los supuestos pistoleros, incluyendo a un tercero que sigue fugitivo, se extendió a los lugares más remotos del globo; ambos fueron detenidos en China en 998 por delitos no relacionados y devueltos a Boston vía Hong Kong en diciembre de 2001, después de delicadas negociaciones internacionales.
El juicio de Siny Van Tran, 48, también conocido como Wah el Desdentado' [Toothless Wah] y Nam The Tham, 46, también conocido como 'Johnny Cheung', debe arrojar luces sobre las pandillas asiáticas, o tongs, que se pelearon a principios de los años noventa por el control criminal de los bajos fondos de Chinatown, que hoy es más seguro.
Fue una época en que docenas de garitos de apuestas de poca monta operaban abiertamente, los gángsteres espumando los beneficios, las prostitutas ofreciéndose descaradamente en calles atascadas de restaurantes y mercados, y los jóvenes vendiendo drogas a los turistas.
Muchos en Chinatown ya estaban nerviosos sobre la violencia en la que están implicadas pandillas chinas y vietnamitas, pero el alboroto en el lúgubre club de la calle de Tyler sacudió a esta comunidad de 5.000 habitantes, que viven apretados en 23 hectáreas en el centro de la ciudad.
Alan Yen, que vivía en un edificio de apartamentos ubicado a unos 12 metros del club, dijo que dormía durante la balacera, pero cuando salió de casa esa mañana vio la cinta amarilla de la policía bloqueando el acceso al lugar de los hechos y oyó hablar de una masacre. Durante días, recordó, cruzó la calle para evitar pasar frente al club social.
"Ni siquiera quería pasar junto a la puerta", dijo Yen, 45, que es propietario de una heladería , Cindy's Planet, en la calle de Tyler. "Cuando la gente muere dentro, especialmente cinco personas, es muy espeluznante". El club social, que ahora alberga a una modesta peluquería, estuvo vacante durante años, dijo.
La masacre, horrible como fue, dicen algunos que marcó el principio de un cambio para mejor en Chinatown.
Roman Chan, presidente de la Chinese Consolidated Benevolent Association de Nueva Inglaterra, un grupo civil, dijo que horrorizados vecinos y comerciantes pidieron a los funcionarios policiales que reprimieran a las bandas. Dijimos que alguien tenía que hacer algo. La gente que vive en Chinatown o que vienen a Chinatown ya no se siente segura", dijo.
Flynn dijo que el ayuntamiento se dio cuenta de que con sólo un puñado de agentes asiáticos de una fuerza policial de casi 2.100 -y sin ningún detective de homicidios asiático-, era prácticamente imposible de penetrar en la cerrada comunidad para investigar la violencia de las bandas. Hoy, el número total de agentes asiáticos en Boston ha aumentado a 35, aunque constituyen menos del 2 por ciento del cuerpo, de acuerdo a un portavoz del departamento.
Varios juicios de alto perfil de gángsteres de Chinatown a mediados de los años noventa -incluyendo la condena en 1996 del jefe de la banda Ping On, Stephen Tse, en un tribunal superior por cargos de homicidio- expulsaron a la mayoría de las bandas, dijeron miembros de la comunidad
Y la apertura de los casinos de Foxwoods y Mohegan Sun en Connecticut espolonearon la decadencia de los casinos ilegales.
Hoy, Chinatown es mucho más pacífica que en la época de los homicidios, de acuerdo a estadísticas policiales. En 1991, en el distrito policial que incluye a Chinatown se cometieron nueve homicidios, incluyendo los cinco de la calle de Tyler. El año pasado hubo uno.
Los fiscales de Suffolk y de la policía de Boston no han revelado nunca los motivos de los homicidios de la calle de Tyler y se negaron a discutir el caso días antes del juicio. Los expedientes judiciales presentados por el despacho del fiscal general en las comparecencias de Tran y Tham en 2001, dicen que los dos acusados y el fugitivo, Hung Tien Pham, irrumpieron en el club con las armas desenfundadas y gritaron a los asombrados jugadores: "¡Esto es un asalto!"
Sin embargo, el abogado de oficio de Tran, Robert A. George, dijo que el asalto era un motivo poco verosímil porque los agentes encontraron entre 200 y 300 dólares en las mesas del club. Los detectives de Boston especularon en la época que figuras criminales asiáticas ordenaron el asesinato de varios jugadores con vínculos con una banda rival.
George reconoce que Tran estaba en el club cuando empezó el tiroteo. Pero dijo que su cliente no tenía lazos con el crimen organizado y que, en el caos, los testigos lo habían confundido con uno de los atacantes.
"Cualquiera que diga que mi defendido llevaba una pistola, está equivocado", dijo George.
El abogado de oficio de Tham, John F. Palmer, no devolvió nuestras llamadas telefónicas.
En la comparecencia de hace cuatro años, el fiscal de distrito adjunto, John E. Powers III, dijo que Tran, Tham y Pham obligaron a las víctimas, la mayoría de ellos empleados de restaurantes que jugaban a las cartas después del trabajo, a tenderse en el suelo, para dispararles metódicamente a la cabeza a bocajarro. Las víctimas "empezaron a rogar por sus vidas", dijo Powers.
Los asesinados eran Chung Wah Son, 58; Van Tran, 31; Man Cheung 55; David Quang Lam, 32; y Cuong Khank Luu, 26.
Un sexto, Pak Wing Lee, también conocido como Bruce Lee', fue disparado en la cabeza y perdió la conciencia, pero volvió en sí a los pocos minutos, después de que hubieran escapado los atacantes, y se arrastró hasta la puerta de atrás del club a pedir ayuda, dijo Powers.
Lee ha estado en el programa federal de testigos desde la masacre y se espera que sea uno de los dos principales testigos de la fiscalía, dijo George.
El otro testigo clave es Billy Yu Man Young, apodado Hombre de Cara Arrugada' [Wrinkled Face Man], que administraba el garito de cartas y convenció a los pistoleros de que le dejaran huir, dijo George.
Tras los asesinatos, los tres supuestos pistoleros desaparecieron. Se emitieron órdenes de detención del estado y federales, y las autoridades tomaron contacto con Interpol y otras agencias policiales en el exterior.
Tran y Tham, que llegaron los dos de Vietnam a Estados Unidos, fueron detenidos en 1998 en China por la policía provincial por delitos no relacionados, incluyendo la posesión de drogas. Pero China no tiene un tratado de extradición con Estados Unidos, y no quedó claro si serán devueltos a Boston.
Ralph C. Martin II, fiscal del distrito de Suffolk en esa época, dijo que las negociaciones "a nivel estratosférico" condujeron al retorno en 2001 de los dos acusados. Un factor clave fue la detención por el FBI en Nueva York de Qin Hong, uno de los fugitivos más buscados de China, que fue deportado a Perú, que lo envió de vuelta a China.
El juicio por homicidio, que George cree que durará unas tres semanas, es de intenso interés para muchos en Chinatown, a pesar de recordar tiempos turbulentos en el vecindario.
Chan, el presidente de la Chinese Consolidated Benevolent Association, dijo que espera asistir al menos a una parte del juicio, si su trabajo de gestionar un negocio mayorista se lo permite.
"Nos gustaría aprender de esta historia", dijo. "En esa época causó un enorme impacto, y a gente le gustará saber el resultado del juicio".
Al autor se puede escribir a: jsaltzman@globe.com.
19 de septiembre de 2005
©boston globe
©traducción mQh
hombre de familia
[David Segal] John Gotti dice que dejó la mafia y quiere volver a casa.
Nueva York, Estados Unidos. John A. Gotti no declaró nunca en su juicio -de cinco semanas de duración- ante el Tribunal de Distrito Federal por cargos de secuestro, extorsión y otros tipos de conductas altamente asociales, pero sí consiguió una inesperada posibilidad de gritar unas palabras en su defensa. Ocurrió el 12 de agosto, cuando un tránsfuga de la mafia llamado Frank Fappiano habló fríamente sobre la vida de la violenta y agresiva familia criminal Gambino, una organización que dirigió Gotti durante gran parte de los años noventa.
Mientras Fappiano agasajaba al jurado -¡bang!-, un sonido como el disparo de una escopeta rebotó en las paredes. Por un momento, todo el mundo en la sala 26A asumió lo peor: que Fappiano había sido reventado a la vista de todos y que se desplomaría, cubierto de sangre. Unos brincaron de sus sillas por un instante, otros se atoraban buscando aire.
Pero Fappiano estaba bien.
"¡No lo hice yo!", gritó Gotti.
El sonido debe haber sido un chirrido en el sistema de audio. Tomó un tiempo que terminaran todas las risitas nerviosas.
El juicio de Gotti, que empezó con el jurado el viernes, tenía todo lo que se puede desear de un drama de la mafia, incluyendo la violencia sin sentido y los apodos idiotas. (Un matón en particular era conocido por varios informantes solamente como Tubo de Gas [Gas Pipe], por razones que se puede suponer). Entre los espectadores -al mejor teatro de Nueva York este verano, y gratis- había un grupo de abogados, periodistas, parientes de Gotti y simpatizantes de Gambino. Parecían invitados a una boda en la que el novio era del Upper West Side y la novia del New Skyway Diner en Kearny, Nueva Jersey. Victoria, la hermana de Gotti, se apareció para el primer día vestida al estilo de la mafia. Los dos lados rara vez se mezclaron.
Se puede pensar que lo que gritó Gotti es simplemente otro modo de decir que no es culpable. Pero el hombre de 41, que se convirtió en el jefe en funciones cuando su padre, John el Padrino Valiente' [the Dapper Don] Gotti fue encarcelado en 1992, no está alegando que es un inocente y consentido director ejecutivo, ni que la mafia sea producto de la imaginación del fiscal. En realidad, su defensa se reduce a esto: Eh, yo era de la mafia, de acuerdo, pero ya no. Me retiré.
"No digo que no fue nunca un gángster, porque lo fue", dijo al jurado el primer día del juicio, el abogado de Gotti, Jeffrey Lichtman. "Simplemente estoy diciendo que está harto y que se retiró".
Gotti tiene cara. Tradicionalmente, ha habido dos maneras de salirse de la Cosa Nostra: por la puerta con la placa del Programa de Protección de Testigos, que exige delatar a los colegas, o una losa, que exige que mueras.
Junior, como le conocen sus amigos, no quiere cantar y, claramente, quiere vivir. Anhela, dijo al jurado, conducir una mini-furgoneta, criar a sus niños y llevar una vida legal y tranquila. Por eso, dijo su abogado, en 1999 Gotti renunció a la mafia.
Ese año, Gotti se declaró culpable de un montón de delitos y empezó un período de seis años de prisión.
Dice que hizo saber, cuando estaba en la cárcel, que él y el mundo del vicio ya no tenían nada que ver, y en los últimos años el único gángster que lo visitó fue su tío. Eso, dijo Lichtman en el juicio, fue sólo para ocuparse del funeral del viejo Gotti, que murió de cáncer en 2002.
Pero los federales no creyeron nunca en la historia de la renuncia de Junior. Dicen que al principio de su encarcelamiento, pidió las ganancias de unos préstamos usureros y, en otra ocasión, pidió que le devolvieran unas ametralladoras. Así que el año pasado, cuando Gotti se aprestaba para su libertad, los fiscales presentaron nuevas acusaciones, basadas en las declaraciones de un nuevo grupo de informantes de la mafia, anunciando que Gotti sería procesado por crímenes cometidos en los años noventa sobre los que nadie sabía nada hasta que Fappiano y otros tres colegas de Gambino se convirtieron en evidencia de la fiscalía. Entre los cargos de la nueva acusación se encuentran el secuestro, en 1992, de Curtis Sliwa, fundador de los Guardian Angels, en venganza según se dice por las cosas ofensivas que dijo Sliva en la radio sobre el viejo Gotti. La ley de prescripción de todas estas maldades expiró hace años -a menos que... Si Gotti todavía forma parte de una conspiración en curso -es decir, si el hombre es todavía de la mafia-, el reloj de la prescripción no empezó a hacer tictac nunca. Por otro lado, si el jurado resuelve que Gotti se retiró en realidad de la familia Gambino, podría concluir que ha cumplido su sentencia y dejarlo en libertad.
Pronto quedará claro qué piensan los jurados sobre la renuncia de Gotti. Pero no ha sido bien acogida por los expertos. "A la mafia no se renuncia. Eso no existe", dice Howard Abadinsky, profesor de la Universidad de St. John y autor de Organized Crime'.
"Es posible que John Gotti haya decidido que no quiere cometer más crímenes. Pero si el jefe que sea de la familia Gambino dice: Tenemos algo importante que tienes que hacer, y él no lo hace, se puede considerar un hombre muerto".
Canarios con Esteroides
El caso contra Gotti, así como contra los otros acusados, Michael Yannotti y Louis Mariani, reposa en gran parte en las robustas espaldas de esos cuatro tránsfugas de la mafia, que aceptaron todos cotorrearse a cambio de la posibilidad de una sentencia reducida. Aunque compuestos y educados en el estrado, estos hombres reconocieron crímenes que van de lo atroz a lo trivial. Uno de ellos contó que había sacudido a unos adolescentes que estaban robando 500 dólares a la semana en la rosquillería donde trabajaban. Otro robaba a normalmente traficantes de drogas. Todos parecen haber tenido serios problemas de gestión.
A uno de ellos, Michael DiDOnato, le preguntaron los fiscales si acaso tenía una relación volátil con su esposa.
"Era muy volátil", replicó.
Esperáis una historia sobre abusos, ¿no? Pero no fue eso. En abril de 1988, la esposa de DiDonato confesó que había comprado su coche a un hombre de la misma calle, y no a un familiar, como había contado a su marido. Esto molestó bastante a DiDonato.
"No quería que mi mujer aceptara favores de otros hombres", dijo DiDonato. "Así que fui a hablar con él".
Bueno, esa conversación se alteraron los ánimos. "Empezó a chillar y a gritarme. Yo dije algo de vuelta y... le disparé".
Le disparó en realidad exactamente en la cabeza, a una distancia de dos pulgadas. Milagrosamente, el tipo sobrevivió y DiDonato terminó cumpliendo una sentencia por intento de homicidio.
Las decaídas fortunas de la mafia de las últimas décadas se atribuye habitualmente a avances en las técnicas de vigilancia, mejor coordinación entre las agencias policiales, etcétera. Pero no se trata solamente de que los tipos buenos se están volviendo listos. Los malos son cada vez más idiotas. A un informante debió decírsele qué significaba la palabra "implicado".
DiDonato tuvo una célebre conversación con el juez Shira Scheindlin, que intervenía frecuentemente para aclarar preguntas.
Juez: En ese momento, le ordenó [Nicholas Corozzo, capitán de Gambino] a usted cometer un crimen?
DiDonato: No, en ese momento no me mandó a matarlo.
Juez: No, quiero decir, hasta ese momento, ¿le había ordenado alguna vez matar a alguien?
DiDonato: Hubo otro ejemplo unos meses antes cuando me dijo que le diera una lección a una persona.
Juez: ¿Qué lección le dio a esa persona? ¿Fue asesinado o golpeado?
DiDonato: No, le pegamos un balazo. Tratamos de matarlo.
Un tiroteo, parece, podría ser una lección muy valiosa. Pero nadie en la mafia parece aprender. Y no sorprende. Ahora que las grandes compañías como Merril Lynch están llenas de inmigrantes de segunda y tercera generación, sólo los prestamistas más tontos necesitan saber cómo quebrar rodillas para prestar dinero. La mafia se ha convertido en un negocio de última hora.
Los únicos solicitantes de trabajo, cuando lo hay, tienden a ser imbéciles violentos.
Menos Que Angelical
Depender de los testimonios de gángsteres que se han chivado para meter en cana a los que no, es arriesgado.
Los testigos llamados por la fiscalía sabían que mientras más porquería sirven, más posibilidades tienen de que un juez se muestre complaciente con ellos el día del ajuste de cuentas. Esto, de acuerdo a los abogados de la defensa, ha creado incentivos entre los testigos, llevándoles a mentir de modo incriminatorio sobre sus clientes. Como admitieron todos los informantes, la mentira estuvo siempre ahí, incluso durante el juramento.
"La fiscalía debería llamar a pilares meritorios de la comunidad", dijo el fiscal Michael McGovern al jurado. Pero esa gente "no participa en asesinatos. A los ciudadanos respetuosos de la ley no se les invita a discutir tramas y maquinaciones".
Los abogados de la defensa machacaron insistentemente la credibilidad de los informantes, y fiscales fueron vilipendiados por plantear la posibilidad de que estos engendros podrían salir a la calle. "Mi consejo: Ten cuidado de con quién discutes por un sitio en el aparcadero", dijo Lichtman al jurado.
Sorprendentemente la más patente debilidad en el caso de la fiscalía no fueron los viejos Gambino. Fue Curtis Sliwa, que llegó al tribunal con un grupo de Guardian Angels vestidos de satén, dispuestos a una confrontación diciendo que estuvo jactándose de su programa radial en la WABC durante años.
Se presentó para contar sus penurias el 19 de junio de 1992, cuando hizo parar a un taxi en ruta a su trabajo. A las pocas calles, del asiento delantero se asomó un tipo con una máscara y sombrero y disparó contra Sliwa varios veces en el estómago. Sliwa escapó lanzándose por la ventana.
La fiscalía dice que Junior ordenó ese ataque -que, por complicadas razones legales fue clasificada como secuestro en el juicio- y que el otro acusado, Yannotti, apretó el gatillo. Esta, de todos modos, es la versión de los hechos que ofreció Michael Mikey Cicatrices' DiLeonardo, otro de los tránsfugas de Gambino que declara en el juicio.
Cuando la defensa tuvo la posibilidad de interrogar a Sliwa, este admitió que en sus primeros días había cometido una serie de estafas para publicitar a los Angels, pero agregó que esos días ya eran pasado. Sin embargo, a medida que hablaba se hizo claro que tienen una relación muy fortuita con la verdad y no sabe quién le disparó. Su descripción del atacante, cuando habló la primera vez con la policía, no se parecía en nada a Yannotti. Cuando se le mostraron fotos de sospechosos en esa época, dijo que estaba "nueve veces de diez" seguro de que el que había disparado era un hombre llamado Steven Kaplan.
Peor, Sliwa empezó a cotorrear sin parar en su estrado. Al principio, dijo que su tarifa por hablar estaba entre los 1.000 y 5.000 dólares. Pocas preguntas después, esa cifra llegó a los 25.000 dólares. Una de las historias que cuenta en esas charlas suena misteriosamente a fábula. Se trata de una moneda de un dólar que le dio el difunto líder hasídico, el rabí Schneerson. Era lo único, dice Sliwa, que no estaba manchado de sangre el día que trataron de matarlo. ¿Cuáles son las posibilidades?
Esas balas, admitió a regañadientes, habían sido malas para su barriga, pero bastante buenas para los negocios, al aumentar su perfil y procurarle unas charlas beneficiosas.
Para cuando terminó, Sliwa se había despojado del manto de víctima. Simplemente parecía un oportunista más.
Asuntos de Familia
Lo que, pensándolo bien, también sirve para describir a John Gotti. O quizás no. Aparte de su "No lo hice yo", poco más oímos del hombre que está en el centro del juicio. Decidió a último minuto, cuando los abogados terminaban el alegato, que no subiría al estrado, dejando a Lichtman la tarea de contar la peculiar y trágica trayectoria de su vida.
"A veces un hijo hará cualquier cosa para estar al lado de su padre, para ser aceptado", dijo Lichtman al jurado. "Cuando tu padre es John Gotti, el elegante padrino de la mafia en cuya compañía quiere estar todo el mundo, la engordada personalidad con la que todos queremos estar en contacto, es más difícil pasar un minuto con él".
Así que Junior se inscribió para conseguir algún tiempo con un pariente. Pocos sentimientos son humanos y horrorosos al mismo tiempo, pero este, si es verdad, lo supera todo. Si logra convencer al jurado con su historia de la vida de Gotti -y si es Si mayúsculo-, tampoco estará Junior libre. Su Familia decidirá si puede volver a su familia. Y ese veredicto no se leerá en un tribunal.
15 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh
Nueva York, Estados Unidos. John A. Gotti no declaró nunca en su juicio -de cinco semanas de duración- ante el Tribunal de Distrito Federal por cargos de secuestro, extorsión y otros tipos de conductas altamente asociales, pero sí consiguió una inesperada posibilidad de gritar unas palabras en su defensa. Ocurrió el 12 de agosto, cuando un tránsfuga de la mafia llamado Frank Fappiano habló fríamente sobre la vida de la violenta y agresiva familia criminal Gambino, una organización que dirigió Gotti durante gran parte de los años noventa.Mientras Fappiano agasajaba al jurado -¡bang!-, un sonido como el disparo de una escopeta rebotó en las paredes. Por un momento, todo el mundo en la sala 26A asumió lo peor: que Fappiano había sido reventado a la vista de todos y que se desplomaría, cubierto de sangre. Unos brincaron de sus sillas por un instante, otros se atoraban buscando aire.
Pero Fappiano estaba bien.
"¡No lo hice yo!", gritó Gotti.
El sonido debe haber sido un chirrido en el sistema de audio. Tomó un tiempo que terminaran todas las risitas nerviosas.
El juicio de Gotti, que empezó con el jurado el viernes, tenía todo lo que se puede desear de un drama de la mafia, incluyendo la violencia sin sentido y los apodos idiotas. (Un matón en particular era conocido por varios informantes solamente como Tubo de Gas [Gas Pipe], por razones que se puede suponer). Entre los espectadores -al mejor teatro de Nueva York este verano, y gratis- había un grupo de abogados, periodistas, parientes de Gotti y simpatizantes de Gambino. Parecían invitados a una boda en la que el novio era del Upper West Side y la novia del New Skyway Diner en Kearny, Nueva Jersey. Victoria, la hermana de Gotti, se apareció para el primer día vestida al estilo de la mafia. Los dos lados rara vez se mezclaron.
Se puede pensar que lo que gritó Gotti es simplemente otro modo de decir que no es culpable. Pero el hombre de 41, que se convirtió en el jefe en funciones cuando su padre, John el Padrino Valiente' [the Dapper Don] Gotti fue encarcelado en 1992, no está alegando que es un inocente y consentido director ejecutivo, ni que la mafia sea producto de la imaginación del fiscal. En realidad, su defensa se reduce a esto: Eh, yo era de la mafia, de acuerdo, pero ya no. Me retiré.
"No digo que no fue nunca un gángster, porque lo fue", dijo al jurado el primer día del juicio, el abogado de Gotti, Jeffrey Lichtman. "Simplemente estoy diciendo que está harto y que se retiró".
Gotti tiene cara. Tradicionalmente, ha habido dos maneras de salirse de la Cosa Nostra: por la puerta con la placa del Programa de Protección de Testigos, que exige delatar a los colegas, o una losa, que exige que mueras.
Junior, como le conocen sus amigos, no quiere cantar y, claramente, quiere vivir. Anhela, dijo al jurado, conducir una mini-furgoneta, criar a sus niños y llevar una vida legal y tranquila. Por eso, dijo su abogado, en 1999 Gotti renunció a la mafia.
Ese año, Gotti se declaró culpable de un montón de delitos y empezó un período de seis años de prisión.
Dice que hizo saber, cuando estaba en la cárcel, que él y el mundo del vicio ya no tenían nada que ver, y en los últimos años el único gángster que lo visitó fue su tío. Eso, dijo Lichtman en el juicio, fue sólo para ocuparse del funeral del viejo Gotti, que murió de cáncer en 2002.
Pero los federales no creyeron nunca en la historia de la renuncia de Junior. Dicen que al principio de su encarcelamiento, pidió las ganancias de unos préstamos usureros y, en otra ocasión, pidió que le devolvieran unas ametralladoras. Así que el año pasado, cuando Gotti se aprestaba para su libertad, los fiscales presentaron nuevas acusaciones, basadas en las declaraciones de un nuevo grupo de informantes de la mafia, anunciando que Gotti sería procesado por crímenes cometidos en los años noventa sobre los que nadie sabía nada hasta que Fappiano y otros tres colegas de Gambino se convirtieron en evidencia de la fiscalía. Entre los cargos de la nueva acusación se encuentran el secuestro, en 1992, de Curtis Sliwa, fundador de los Guardian Angels, en venganza según se dice por las cosas ofensivas que dijo Sliva en la radio sobre el viejo Gotti. La ley de prescripción de todas estas maldades expiró hace años -a menos que... Si Gotti todavía forma parte de una conspiración en curso -es decir, si el hombre es todavía de la mafia-, el reloj de la prescripción no empezó a hacer tictac nunca. Por otro lado, si el jurado resuelve que Gotti se retiró en realidad de la familia Gambino, podría concluir que ha cumplido su sentencia y dejarlo en libertad.
Pronto quedará claro qué piensan los jurados sobre la renuncia de Gotti. Pero no ha sido bien acogida por los expertos. "A la mafia no se renuncia. Eso no existe", dice Howard Abadinsky, profesor de la Universidad de St. John y autor de Organized Crime'.
"Es posible que John Gotti haya decidido que no quiere cometer más crímenes. Pero si el jefe que sea de la familia Gambino dice: Tenemos algo importante que tienes que hacer, y él no lo hace, se puede considerar un hombre muerto".
Canarios con Esteroides
El caso contra Gotti, así como contra los otros acusados, Michael Yannotti y Louis Mariani, reposa en gran parte en las robustas espaldas de esos cuatro tránsfugas de la mafia, que aceptaron todos cotorrearse a cambio de la posibilidad de una sentencia reducida. Aunque compuestos y educados en el estrado, estos hombres reconocieron crímenes que van de lo atroz a lo trivial. Uno de ellos contó que había sacudido a unos adolescentes que estaban robando 500 dólares a la semana en la rosquillería donde trabajaban. Otro robaba a normalmente traficantes de drogas. Todos parecen haber tenido serios problemas de gestión.
A uno de ellos, Michael DiDOnato, le preguntaron los fiscales si acaso tenía una relación volátil con su esposa.
"Era muy volátil", replicó.
Esperáis una historia sobre abusos, ¿no? Pero no fue eso. En abril de 1988, la esposa de DiDonato confesó que había comprado su coche a un hombre de la misma calle, y no a un familiar, como había contado a su marido. Esto molestó bastante a DiDonato.
"No quería que mi mujer aceptara favores de otros hombres", dijo DiDonato. "Así que fui a hablar con él".
Bueno, esa conversación se alteraron los ánimos. "Empezó a chillar y a gritarme. Yo dije algo de vuelta y... le disparé".
Le disparó en realidad exactamente en la cabeza, a una distancia de dos pulgadas. Milagrosamente, el tipo sobrevivió y DiDonato terminó cumpliendo una sentencia por intento de homicidio.
Las decaídas fortunas de la mafia de las últimas décadas se atribuye habitualmente a avances en las técnicas de vigilancia, mejor coordinación entre las agencias policiales, etcétera. Pero no se trata solamente de que los tipos buenos se están volviendo listos. Los malos son cada vez más idiotas. A un informante debió decírsele qué significaba la palabra "implicado".
DiDonato tuvo una célebre conversación con el juez Shira Scheindlin, que intervenía frecuentemente para aclarar preguntas.
Juez: En ese momento, le ordenó [Nicholas Corozzo, capitán de Gambino] a usted cometer un crimen?
DiDonato: No, en ese momento no me mandó a matarlo.
Juez: No, quiero decir, hasta ese momento, ¿le había ordenado alguna vez matar a alguien?
DiDonato: Hubo otro ejemplo unos meses antes cuando me dijo que le diera una lección a una persona.
Juez: ¿Qué lección le dio a esa persona? ¿Fue asesinado o golpeado?
DiDonato: No, le pegamos un balazo. Tratamos de matarlo.
Un tiroteo, parece, podría ser una lección muy valiosa. Pero nadie en la mafia parece aprender. Y no sorprende. Ahora que las grandes compañías como Merril Lynch están llenas de inmigrantes de segunda y tercera generación, sólo los prestamistas más tontos necesitan saber cómo quebrar rodillas para prestar dinero. La mafia se ha convertido en un negocio de última hora.
Los únicos solicitantes de trabajo, cuando lo hay, tienden a ser imbéciles violentos.
Menos Que Angelical
Depender de los testimonios de gángsteres que se han chivado para meter en cana a los que no, es arriesgado.
Los testigos llamados por la fiscalía sabían que mientras más porquería sirven, más posibilidades tienen de que un juez se muestre complaciente con ellos el día del ajuste de cuentas. Esto, de acuerdo a los abogados de la defensa, ha creado incentivos entre los testigos, llevándoles a mentir de modo incriminatorio sobre sus clientes. Como admitieron todos los informantes, la mentira estuvo siempre ahí, incluso durante el juramento.
"La fiscalía debería llamar a pilares meritorios de la comunidad", dijo el fiscal Michael McGovern al jurado. Pero esa gente "no participa en asesinatos. A los ciudadanos respetuosos de la ley no se les invita a discutir tramas y maquinaciones".
Los abogados de la defensa machacaron insistentemente la credibilidad de los informantes, y fiscales fueron vilipendiados por plantear la posibilidad de que estos engendros podrían salir a la calle. "Mi consejo: Ten cuidado de con quién discutes por un sitio en el aparcadero", dijo Lichtman al jurado.
Sorprendentemente la más patente debilidad en el caso de la fiscalía no fueron los viejos Gambino. Fue Curtis Sliwa, que llegó al tribunal con un grupo de Guardian Angels vestidos de satén, dispuestos a una confrontación diciendo que estuvo jactándose de su programa radial en la WABC durante años.
Se presentó para contar sus penurias el 19 de junio de 1992, cuando hizo parar a un taxi en ruta a su trabajo. A las pocas calles, del asiento delantero se asomó un tipo con una máscara y sombrero y disparó contra Sliwa varios veces en el estómago. Sliwa escapó lanzándose por la ventana.
La fiscalía dice que Junior ordenó ese ataque -que, por complicadas razones legales fue clasificada como secuestro en el juicio- y que el otro acusado, Yannotti, apretó el gatillo. Esta, de todos modos, es la versión de los hechos que ofreció Michael Mikey Cicatrices' DiLeonardo, otro de los tránsfugas de Gambino que declara en el juicio.
Cuando la defensa tuvo la posibilidad de interrogar a Sliwa, este admitió que en sus primeros días había cometido una serie de estafas para publicitar a los Angels, pero agregó que esos días ya eran pasado. Sin embargo, a medida que hablaba se hizo claro que tienen una relación muy fortuita con la verdad y no sabe quién le disparó. Su descripción del atacante, cuando habló la primera vez con la policía, no se parecía en nada a Yannotti. Cuando se le mostraron fotos de sospechosos en esa época, dijo que estaba "nueve veces de diez" seguro de que el que había disparado era un hombre llamado Steven Kaplan.
Peor, Sliwa empezó a cotorrear sin parar en su estrado. Al principio, dijo que su tarifa por hablar estaba entre los 1.000 y 5.000 dólares. Pocas preguntas después, esa cifra llegó a los 25.000 dólares. Una de las historias que cuenta en esas charlas suena misteriosamente a fábula. Se trata de una moneda de un dólar que le dio el difunto líder hasídico, el rabí Schneerson. Era lo único, dice Sliwa, que no estaba manchado de sangre el día que trataron de matarlo. ¿Cuáles son las posibilidades?
Esas balas, admitió a regañadientes, habían sido malas para su barriga, pero bastante buenas para los negocios, al aumentar su perfil y procurarle unas charlas beneficiosas.
Para cuando terminó, Sliwa se había despojado del manto de víctima. Simplemente parecía un oportunista más.
Asuntos de Familia
Lo que, pensándolo bien, también sirve para describir a John Gotti. O quizás no. Aparte de su "No lo hice yo", poco más oímos del hombre que está en el centro del juicio. Decidió a último minuto, cuando los abogados terminaban el alegato, que no subiría al estrado, dejando a Lichtman la tarea de contar la peculiar y trágica trayectoria de su vida.
"A veces un hijo hará cualquier cosa para estar al lado de su padre, para ser aceptado", dijo Lichtman al jurado. "Cuando tu padre es John Gotti, el elegante padrino de la mafia en cuya compañía quiere estar todo el mundo, la engordada personalidad con la que todos queremos estar en contacto, es más difícil pasar un minuto con él".
Así que Junior se inscribió para conseguir algún tiempo con un pariente. Pocos sentimientos son humanos y horrorosos al mismo tiempo, pero este, si es verdad, lo supera todo. Si logra convencer al jurado con su historia de la vida de Gotti -y si es Si mayúsculo-, tampoco estará Junior libre. Su Familia decidirá si puede volver a su familia. Y ese veredicto no se leerá en un tribunal.
15 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh
exterminador de pedófilos
[Donna Gordon Blankinship] Hombre confiesa que mató a violadores de niños.
Bellingham, Washington, Estados Unidos. Un hombre que se entregó a la policía y declaró haber asesinado a dos convictos violadores de niños puede haberse inspirado en un notorio caso en Idaho, cuando a mediados de mayo fueron secuestrados dos niños.
Michael Anthony Mullen llamó el lunes a la policía para entregarse y confesó los asesinatos de Hank Eisses y Víctor Vásquez el 27 de agosto, dijeron agentes.
"Una razón posible es el caso de Idaho", dijo a la Associated Press AP el teniente de policía Craige Ambrose. Ambrose no proporcionó más detalles, diciendo que el caso está todavía bajo investigación.
Mullen fue detenido durante la investigación de los homicidios a la espera de su comparecencia ante el tribunal.
La policía dijo que cree que la confesión de Mullen, de que mató a dos delincuentes sexuales conocidos, porque conocía detalles que sólo el asesino podía conocer. Sabía que las víctimas murieron de un solo impacto de bala en la cabeza, y conocía el calibre del arma.
"Mullen dijo también que había planeado el asesinato durante algún tiempo y que el 13 de julio de 2005 visitó la página en internet sobre delincuentes sexuales del sheriff del condado de Whatcom, y de ahí escogió al menos a dos de las víctimas", de acuerdo a un comunicado de prensa del departamento de policía.
Como es normal en Washington, el sitio en la red del sheriff publica el domicilio de los delincuentes sexuales que deben notificarse ante las autoridades locales.
Mullen, 36, tiene antecedentes penales, pero no una historia de violencia, dijo Ambrose.
En el caso de Idaho, Joseph Edward Duncan fue acusado de golpear hasta la muerte a tres personas, con un martillo, en una casa en las afueras de Coeur d'Alene, Idaho, para secuestrar a dos niños por motivos sexuales.
Fue detenido el 2 de julio en un restaurante con uno de los niños, Shasta Groene, 8. Los restos de su hermano mayor, de 9, Dylan, fueron encontrados en un bosque de Montana dos días después.
De acuerdo a la policía, Mullen dijo que la semana pasada había enviado una carta sobre los asesinatos de Bellingham a varios órganos de prensa. El Bellingham Herald, el diario de esta cuidad universitaria y aserradora de unos 71.000 habitantes, informó el jueves que la carta contenía amenazas contra otros depredadores sexuales.
"Dijo que nos llegarían más cartas", dijo Ambrose sobre la confesión de Mullen.
Eisses, 49, y Vásquez, 68, fueron matados a balazos de su apartamento el 27 de agosto. Los dos estaban clasificados como delincuentes sexuales de Nivel 3, el tipo del que se considera que es probable que reincidan.
Sus cuerpos fueron encontrados por un compañero de piso, también un delincuente sexual, que dijo que un hombre con un mono azul y una gorra que decía "FBI" llegó al apartamento, les dijo que era un agente del FBI y dijo que quería conversar sobre su situación como delincuentes sexuales.
El pretendido agente federal les dijo que uno de ellos estaba en una "lista negra", dijo la policía.
El compañero de piso dijo que se había marchado cuando el impostor del FBI todavía se encontraba en el apartamento y encontró los cuerpos cuando volvió cuatro horas más tarde.
Vásquez fue condenado en 1991 por acosar a varios parientes, de acuerdo a documentos judiciales. Fue dejado en libertad hace unos dos años y estaba bajo la supervisión del Departamento de Correcciones.
Eisses fue sentenciado a 5 años y medio de prisión en 1997 por la violación de un niño de 13. Fue dejado en libertad hace dos años, dijo Kit Bail, el supervisor en terreno del Departamento de Correcciones del condado de Whatcom.
7 de septiembre de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh
Bellingham, Washington, Estados Unidos. Un hombre que se entregó a la policía y declaró haber asesinado a dos convictos violadores de niños puede haberse inspirado en un notorio caso en Idaho, cuando a mediados de mayo fueron secuestrados dos niños.Michael Anthony Mullen llamó el lunes a la policía para entregarse y confesó los asesinatos de Hank Eisses y Víctor Vásquez el 27 de agosto, dijeron agentes.
"Una razón posible es el caso de Idaho", dijo a la Associated Press AP el teniente de policía Craige Ambrose. Ambrose no proporcionó más detalles, diciendo que el caso está todavía bajo investigación.
Mullen fue detenido durante la investigación de los homicidios a la espera de su comparecencia ante el tribunal.
La policía dijo que cree que la confesión de Mullen, de que mató a dos delincuentes sexuales conocidos, porque conocía detalles que sólo el asesino podía conocer. Sabía que las víctimas murieron de un solo impacto de bala en la cabeza, y conocía el calibre del arma.
"Mullen dijo también que había planeado el asesinato durante algún tiempo y que el 13 de julio de 2005 visitó la página en internet sobre delincuentes sexuales del sheriff del condado de Whatcom, y de ahí escogió al menos a dos de las víctimas", de acuerdo a un comunicado de prensa del departamento de policía.
Como es normal en Washington, el sitio en la red del sheriff publica el domicilio de los delincuentes sexuales que deben notificarse ante las autoridades locales.
Mullen, 36, tiene antecedentes penales, pero no una historia de violencia, dijo Ambrose.
En el caso de Idaho, Joseph Edward Duncan fue acusado de golpear hasta la muerte a tres personas, con un martillo, en una casa en las afueras de Coeur d'Alene, Idaho, para secuestrar a dos niños por motivos sexuales.
Fue detenido el 2 de julio en un restaurante con uno de los niños, Shasta Groene, 8. Los restos de su hermano mayor, de 9, Dylan, fueron encontrados en un bosque de Montana dos días después.
De acuerdo a la policía, Mullen dijo que la semana pasada había enviado una carta sobre los asesinatos de Bellingham a varios órganos de prensa. El Bellingham Herald, el diario de esta cuidad universitaria y aserradora de unos 71.000 habitantes, informó el jueves que la carta contenía amenazas contra otros depredadores sexuales.
"Dijo que nos llegarían más cartas", dijo Ambrose sobre la confesión de Mullen.
Eisses, 49, y Vásquez, 68, fueron matados a balazos de su apartamento el 27 de agosto. Los dos estaban clasificados como delincuentes sexuales de Nivel 3, el tipo del que se considera que es probable que reincidan.
Sus cuerpos fueron encontrados por un compañero de piso, también un delincuente sexual, que dijo que un hombre con un mono azul y una gorra que decía "FBI" llegó al apartamento, les dijo que era un agente del FBI y dijo que quería conversar sobre su situación como delincuentes sexuales.
El pretendido agente federal les dijo que uno de ellos estaba en una "lista negra", dijo la policía.
El compañero de piso dijo que se había marchado cuando el impostor del FBI todavía se encontraba en el apartamento y encontró los cuerpos cuando volvió cuatro horas más tarde.
Vásquez fue condenado en 1991 por acosar a varios parientes, de acuerdo a documentos judiciales. Fue dejado en libertad hace unos dos años y estaba bajo la supervisión del Departamento de Correcciones.
Eisses fue sentenciado a 5 años y medio de prisión en 1997 por la violación de un niño de 13. Fue dejado en libertad hace dos años, dijo Kit Bail, el supervisor en terreno del Departamento de Correcciones del condado de Whatcom.
7 de septiembre de 2005
©chicago tribune
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crimen del batido de fresas
[Ching-Ching Ni] Una americana ha sido condenada por el asesinato de su marido banquero.
Pekín, China. Parecían una familia americana viviendo una perfecta vida de expatriados en Hong Kong. Él era un rico banquero. Ella, una atractiva ama de casa, criando a sus tres hijos en un apartamento de lujo con dos criadas.
Pero hace dos años se encontró el cuerpo en descomposición de Robert Kissel, envuelto en una alfombra en un depósito alquilado. El jueves, un jurado de Hong Kong condenó a su esposa, Nancy Kissel, de sedar a su marido con un batido de fresas con tranquilizantes, para apalearlo luego hasta la muerte.
El juicio del "asesinato del batido de fresa" ha cautivado la atención de la ex colonia británica desde que comenzaran las declaraciones de testigos en la primavera. Historias de sexo rudo, infidelidad marital, drogas, violencia y encubrimiento hicieron que el caso pareciera un episodio en el exterior del éxito en la televisión americana de Esposas Desesperadas'.
Los Kissel se parecían mucho a la esposa y marido ficticios de Bree y Rex Van De Kamp. Emergieron en el exclusivo centro de las finanzas globales en 1997, cuando fue enviado allá por la agencia de valores Merrill Lynch & Co. Ella cuidaba de los niños y hacía trabajo voluntario en la escuela internacional.
El abogado de Nancy Kissel, sin embargo, ha retratado a la morena de 41 años como una víctima de abusos conyugales que mató a su marido en defensa propia.
Kissel, que declaró en su propia defensa, dijo al jurado que su marido había cogido un bate de béisbol y la había amenazado con matarla durante una pelea de dormitorio. Dijo que había agarrado una pesada estatuilla de metal y le había golpeado cinco veces en la cabeza.
La defensa retrató a Robert Kissel como un estresado adicto al trabajo que esnifaba cocaína, obligaba a su esposa a practicar la sodomía y la aguijoneaba para que se agrandara los senos. También acusó al ejecutivo de navegar en internet para buscar servicios de sexo homosexual antes de un viaje de negocios.
Los fiscales rechazaron esas acusaciones y alegaron que Nancy mató a su marido para embolsarse los 18 millones de dólares de su testamento y ponerse a vivir con un técnico de televisión con el que había tenido una aventura en Vermont.
Antes de su muerte el 2 de noviembre de 2003, Robert Kissel, 40, nativo de Nueva York, había dicho a su esposa que quería divorciarse y quería la tutoría de sus tres hijos, de edades 5, 8 y 10, de acuerdo a su testimonio.
Él estaba disgustado por su aventura con el técnico, al que conoció cuando él y ella tomaron vacaciones en Vermont para eludir la epidemia del SARS asiático en el verano de 2003, de acuerdo a su declaración.
Una criada declaró que el hombre, Michael Del Priore, que vivía en un parque de viviendas móviles, visitaba la casa cuando los niños estaban durmiendo. Los fiscales presentaron cartas de amor explícitas con detalles de la aventura.
Robert Kissel instaló programas espía en el ordenador de su mujer y descubrió sus visitas a sitios en internet sobre fármacos letales, de acuerdo al testimonio de un amigo de la víctima. También había contado al amigo que sospechaba que su esposa estaba tratando de envenenarlo.
La defensa dijo que Nancy Kissel había investigado sobre fármacos porque estaba considerando suicidarse debido a su desdichado matrimonio.
Kissel reconoció haber servido a su marido un enorme batido rosado, pero negó haberlo mezclado con sedantes, y dijo que no recordaba qué había pasado después de que lo golpeara fatalmente. La fiscalía alegó que Robert Kissel estaba probablemente inconsciente cuando fue golpeado. Los informes de la autopsia hallaron varios tipos de tranquilizantes en su cuerpo.
El día después de la muerte de su marido, Nancy Kissel tuvo un ataque de compras impulsivas, y compró una alfombra nueva, colchas y cojines, de acuerdo al testimonio.
Luego llamó a personal de mantención para que se llevaran la alfombra enrollada y envuelta en cinta de pegar y plástico, que contenía el cuerpo de su marido. Cuando los trabajadores le preguntaron por qué eran tan voluminosa, ella les dijo que estaba rellena de almohadas y sábanas viejas. Después de llevar la alfombra al depósito, un trabajador dijo que el bulto apestaba a pescado salado; ella lo ignoró y cerró la puerta, de acuerdo a las declaraciones.Un colega de Robert Kissel presentó una denuncia de persona desaparecida el 6 de noviembre de 2003. Cuando los detectives encontraron el cuerpo al día siguiente, detuvieron a Nancy Kissel.
Después de un juicio de tres meses, un jurado de cinco hombres y dos mujeres deliberaron durante ocho horas antes de volver con el veredicto de culpable. Vestida de negro, como durante todo el juicio, la nativa de Michigan escuchó la sentencia a cadena perpetua sin ninguna expresión. No quedó claro si apelaría.
3 de septiembre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Pekín, China. Parecían una familia americana viviendo una perfecta vida de expatriados en Hong Kong. Él era un rico banquero. Ella, una atractiva ama de casa, criando a sus tres hijos en un apartamento de lujo con dos criadas. Pero hace dos años se encontró el cuerpo en descomposición de Robert Kissel, envuelto en una alfombra en un depósito alquilado. El jueves, un jurado de Hong Kong condenó a su esposa, Nancy Kissel, de sedar a su marido con un batido de fresas con tranquilizantes, para apalearlo luego hasta la muerte.
El juicio del "asesinato del batido de fresa" ha cautivado la atención de la ex colonia británica desde que comenzaran las declaraciones de testigos en la primavera. Historias de sexo rudo, infidelidad marital, drogas, violencia y encubrimiento hicieron que el caso pareciera un episodio en el exterior del éxito en la televisión americana de Esposas Desesperadas'.
Los Kissel se parecían mucho a la esposa y marido ficticios de Bree y Rex Van De Kamp. Emergieron en el exclusivo centro de las finanzas globales en 1997, cuando fue enviado allá por la agencia de valores Merrill Lynch & Co. Ella cuidaba de los niños y hacía trabajo voluntario en la escuela internacional.
El abogado de Nancy Kissel, sin embargo, ha retratado a la morena de 41 años como una víctima de abusos conyugales que mató a su marido en defensa propia.
Kissel, que declaró en su propia defensa, dijo al jurado que su marido había cogido un bate de béisbol y la había amenazado con matarla durante una pelea de dormitorio. Dijo que había agarrado una pesada estatuilla de metal y le había golpeado cinco veces en la cabeza.
La defensa retrató a Robert Kissel como un estresado adicto al trabajo que esnifaba cocaína, obligaba a su esposa a practicar la sodomía y la aguijoneaba para que se agrandara los senos. También acusó al ejecutivo de navegar en internet para buscar servicios de sexo homosexual antes de un viaje de negocios.
Los fiscales rechazaron esas acusaciones y alegaron que Nancy mató a su marido para embolsarse los 18 millones de dólares de su testamento y ponerse a vivir con un técnico de televisión con el que había tenido una aventura en Vermont.
Antes de su muerte el 2 de noviembre de 2003, Robert Kissel, 40, nativo de Nueva York, había dicho a su esposa que quería divorciarse y quería la tutoría de sus tres hijos, de edades 5, 8 y 10, de acuerdo a su testimonio.
Él estaba disgustado por su aventura con el técnico, al que conoció cuando él y ella tomaron vacaciones en Vermont para eludir la epidemia del SARS asiático en el verano de 2003, de acuerdo a su declaración.
Una criada declaró que el hombre, Michael Del Priore, que vivía en un parque de viviendas móviles, visitaba la casa cuando los niños estaban durmiendo. Los fiscales presentaron cartas de amor explícitas con detalles de la aventura.
Robert Kissel instaló programas espía en el ordenador de su mujer y descubrió sus visitas a sitios en internet sobre fármacos letales, de acuerdo al testimonio de un amigo de la víctima. También había contado al amigo que sospechaba que su esposa estaba tratando de envenenarlo.
La defensa dijo que Nancy Kissel había investigado sobre fármacos porque estaba considerando suicidarse debido a su desdichado matrimonio.
Kissel reconoció haber servido a su marido un enorme batido rosado, pero negó haberlo mezclado con sedantes, y dijo que no recordaba qué había pasado después de que lo golpeara fatalmente. La fiscalía alegó que Robert Kissel estaba probablemente inconsciente cuando fue golpeado. Los informes de la autopsia hallaron varios tipos de tranquilizantes en su cuerpo.
El día después de la muerte de su marido, Nancy Kissel tuvo un ataque de compras impulsivas, y compró una alfombra nueva, colchas y cojines, de acuerdo al testimonio.
Luego llamó a personal de mantención para que se llevaran la alfombra enrollada y envuelta en cinta de pegar y plástico, que contenía el cuerpo de su marido. Cuando los trabajadores le preguntaron por qué eran tan voluminosa, ella les dijo que estaba rellena de almohadas y sábanas viejas. Después de llevar la alfombra al depósito, un trabajador dijo que el bulto apestaba a pescado salado; ella lo ignoró y cerró la puerta, de acuerdo a las declaraciones.Un colega de Robert Kissel presentó una denuncia de persona desaparecida el 6 de noviembre de 2003. Cuando los detectives encontraron el cuerpo al día siguiente, detuvieron a Nancy Kissel.
Después de un juicio de tres meses, un jurado de cinco hombres y dos mujeres deliberaron durante ocho horas antes de volver con el veredicto de culpable. Vestida de negro, como durante todo el juicio, la nativa de Michigan escuchó la sentencia a cadena perpetua sin ninguna expresión. No quedó claro si apelaría.
3 de septiembre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
veinte años después
[Jenna Russell y Lisa Fleisher] Los recuerdos de una niña permiten identificar a asesino de su madre, 20 años después.
Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos. El asesinato de Patricia Clark, 32, mantuvo perpleja a la policía de Lowell durante dos décadas, incluso aunque al principal sospechoso, Walter H. Emeney, le encontraron restos de sangre en su coche después del asesinato. Ayer, Emeney, que había tratado de cortejarla, fue acusado de apuñalarla hasta la muerte en su apartamento de Lowell en noviembre de 1985. El caso archivado durante largo tiempo fue reabierto, dijo la policía, cuando una nueva revisión de la evidencia desencadenó un torrente de recuerdos de la hija de la víctima.
"Este es uno de esos puzzles donde las piezas estaban fuera; nunca se las había conectado antes", dijo el fiscal del distrito de Middlesex, Martha Coakley.
Emeney, 59, de Fitchburg, ex colega de trabajo de la mujer asesinada, se declaró inocente ayer en el Tribunal Superior de Middlesex. Su detención el lunes por la noche puede significar una nueva conclusión para una familia que fue hecha pedazos por el asesinato y esperó 20 años una respuesta. Los familiares no hicieron ayer ninguna declaración pública.
Una madre soltera que trabajaba para la firma de seguridad Billerica, Clark tenía tres hijos jóvenes, que fueron separados después de su muerte. Un hijo fue enviado a un hogar de acogida; una hija se marchó a vivir con su abuelo; y otro hijo fue adoptado por su maestra de primero, de acuerdo a detectives.
Dos de los hijos de Clark asistieron a la comparecencia de Emeney ayer en Cambridge. Alecia Clark, que a los 11 descubrió el cuerpo de su madre, sonreía ampliamente y cogió la mano de su hermano Mark Burton cuando el juez ordenó la encarcelación sin fianza de Emeney.
Una cajita de joyas vacía, encontrada en el coche de Emeney después del asesinato y guardada como evidencia hace 20 años, ayudaron a reavivar los recuerdos de Clark durante una reciente revisión de la nueva brigada de casos archivados. Su recuerdo vinculaba a Emeney, el principal sospechoso, con el lugar del crimen y condujo a su detención.
Clark fue interrogada apenas una vez por la policía después del asesinato, que se mostraron precavidos por el frágil estado emocional de la niña. Sus hermanos tenían 4 y 7 años en esa época.
Cuando los detectives en Lowell iniciaron la revisión del asesinato antes este año, entrevistaron nuevamente a Alecia Clark y se sorprendieron de lo agudo y precisión de sus recuerdos, dijo el sargento de detective R. Kelly Richardson.
Clark, a su vez, estaba sorprendida por su interés, dijo Richardson, cuyo padre, un sargento jubilado de Lowell, Raymond F. Richardson, había trabajado en el caso de Clark antes que él y no había olvidado nunca a los tres niños que quedaron huérfanos.
"Estaba aturdida; pensaba que habíamos olvidado a su madre", dijo Kelly Richardson.
El departamento nunca lo hizo, y "nosotros no nos olvidamos de Walter [Emeney]", dijo.
La pesadilla de la familia empezó el 19 de noviembre de 1985, cuando Alecia Clark llegó a casa de la escuela y halló a sus dos hermanos esperándola en la puerta. Cuando la abrió, encontró a su madre, que había sido apuñalada repetidas veces.
Los detectives se concentraron en Emeney, que había regalado a Clark un anillo de diamantes y esperaba casarse con ella, dijeron los fiscales. Pero Clark rechazó sus avances, dijo Marian Ryan, una asistente del fiscal de distrito de Middlesex. Como miembro de la unidad de homicidios hasta 1985, Ryan fue una de las personas llamadas al lugar de los hechos después de la muerte de Clark.
Después del asesinato, vecinos dijeron a la policía que el coche de Emeney, un Monte Carlo rojo y blanco, había estado el día que murió Clark aparcado cerca del complejo de viviendas sociales, donde vivía la famlia, de la calle de Morse. Tenía una llave de la casa y conocía la rutina diaria de la familia, dijeron los fiscales. La policía que lo retuvo para interrogarlo encontró restos de sangre en su coche, dijeron los fiscales.
Emeney también tenía antecedentes violentos, incluyendo agresiones contra mujeres jóvenes en 1963 y 1974, dijo Ryan ayer.
Pero el arma homicida, que se pensaba era un cuchillo de caza, no se encontró nunca y Emeney no cooperó con los detectives después del interrogatorio inicial. Las evidencias circunstanciales no fueron suficientes para su detención, dijeron los detectives.
Kelly Richardson dijo que para la brigada de casos archivados, cuando revisaron el trabajo hecho por sus predecesores, estaba claro que Emeney era el sospechoso más probable del asesinato de Clark. La incapacidad para presentar cargos contra Emeney frustró a toda una generación de detectives, incluyendo a su padre, dijo.
"Fue un crimen brutal contra alguien, una madre trabajadora, que estaba tratando de surgir y dejó huérfanos a tres niños", dijo Richardson. "Eso inquietaría a cualquiera, y definitivamente a mi padre".
Al final, lo que parecía ser un fragmento mínimo de evidencia -una pequeña caja de cartón, desechada, encontrada en el coche de Emeney después del asesinato- volvió a Alecia Clark a ese día de noviembre. Cuando Clark volvió a ver la cajita hace unos meses, dijeron los detectives, recordó que su madre la había abierto y le había dado la joya que estaba dentro, la mañana del asesinato, cuando la niña estaba inquieta porque tenía que posar para una fotografía de la escuela.
Su recuerdo asociaba la cajita con el día del asesinato y colocaba a Emeney en el apartamento de la familia el día que mataron a su madre.
Los fiscales dijeron que nuevas pruebas están en camino. Melissa Sherman, portavoz de Coakley, no dijo si las pruebas incluían análisis de ADN con la sangre encontrada en el coche de Emeney hace 20 años.
El abogado de Emeney, Daniel Bennett, dijo que los fiscales no habían aportado nuevas evidencias. "No veo nada diferente entre 1985 y hoy, 2005", dio Bennett. Emeney vive solo y tiene dos trabajos en el campo de la seguridad, dijo Bennet.
Los recuerdos de Clark de las últimas horas de su madre fueron cruciales para la acusación de la policía, dijeron los detectives, que reconocieron que Clark estaba escéptica al principio. El detective de la policía de Lowell, Crosby Brackett, dijo que Clark había sido contactada por los detectives en el pasado; esas veces el caso no pudo seguir adelante.
"No creo que fuera muy optimista", dijo Brackett, el que, junto con el detective Joseph Zanoli, trabajó en el asesinato de Clark desde enero.
Clark -residente de Westford que trabaja en un hotel, de acuerdo a su casero- no habló ayer con los periodistas. Una portavoz de Coakley dijo que los tres hermanos, que tienen ahora dos padres diferentes, siguieron en contacto después de la muerte de su madre. Un hermano, Douglas Welch, es un agente de policía en Carolina del Norte.
Los fiscales dijeron que Emeney vivió en Texas en algún momento después del asesinato, pero volvió al área. De acuerdo a los archivos del Registro de Vehículos Motorizados, Emeney fue acusado por el tribunal de distrito de Clinton -y finalmente encontrado culpable- por conducir peligrosamente y huir del lugar después de un choque que causó lesiones personales en un accidente en octubre de 2001.
Cuando los detectives de Lowell y de la Policía del Estado detuvieron a Emeney el lunes por la noche, le colocaron las esposas que pertenecían al detective jubilado Richardson. Kelly Richardson dijo que su padre le dio las esposas, grabadas con el nombre del viejo Richardson, cuando se jubiló en 1992 después de 40 años en el cuerpo de Lowell. El joven Richardson nunca las había usado, pero decidió hacerlo cuando detuvieron a Emeney.
"Esta es la última persona que las usará", dijo.
John Ellement contribuyó a este reportaje.
jrussell@globe.com.
10 de agosto de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos. El asesinato de Patricia Clark, 32, mantuvo perpleja a la policía de Lowell durante dos décadas, incluso aunque al principal sospechoso, Walter H. Emeney, le encontraron restos de sangre en su coche después del asesinato. Ayer, Emeney, que había tratado de cortejarla, fue acusado de apuñalarla hasta la muerte en su apartamento de Lowell en noviembre de 1985. El caso archivado durante largo tiempo fue reabierto, dijo la policía, cuando una nueva revisión de la evidencia desencadenó un torrente de recuerdos de la hija de la víctima."Este es uno de esos puzzles donde las piezas estaban fuera; nunca se las había conectado antes", dijo el fiscal del distrito de Middlesex, Martha Coakley.
Emeney, 59, de Fitchburg, ex colega de trabajo de la mujer asesinada, se declaró inocente ayer en el Tribunal Superior de Middlesex. Su detención el lunes por la noche puede significar una nueva conclusión para una familia que fue hecha pedazos por el asesinato y esperó 20 años una respuesta. Los familiares no hicieron ayer ninguna declaración pública.
Una madre soltera que trabajaba para la firma de seguridad Billerica, Clark tenía tres hijos jóvenes, que fueron separados después de su muerte. Un hijo fue enviado a un hogar de acogida; una hija se marchó a vivir con su abuelo; y otro hijo fue adoptado por su maestra de primero, de acuerdo a detectives.
Dos de los hijos de Clark asistieron a la comparecencia de Emeney ayer en Cambridge. Alecia Clark, que a los 11 descubrió el cuerpo de su madre, sonreía ampliamente y cogió la mano de su hermano Mark Burton cuando el juez ordenó la encarcelación sin fianza de Emeney.
Una cajita de joyas vacía, encontrada en el coche de Emeney después del asesinato y guardada como evidencia hace 20 años, ayudaron a reavivar los recuerdos de Clark durante una reciente revisión de la nueva brigada de casos archivados. Su recuerdo vinculaba a Emeney, el principal sospechoso, con el lugar del crimen y condujo a su detención.
Clark fue interrogada apenas una vez por la policía después del asesinato, que se mostraron precavidos por el frágil estado emocional de la niña. Sus hermanos tenían 4 y 7 años en esa época.
Cuando los detectives en Lowell iniciaron la revisión del asesinato antes este año, entrevistaron nuevamente a Alecia Clark y se sorprendieron de lo agudo y precisión de sus recuerdos, dijo el sargento de detective R. Kelly Richardson.
Clark, a su vez, estaba sorprendida por su interés, dijo Richardson, cuyo padre, un sargento jubilado de Lowell, Raymond F. Richardson, había trabajado en el caso de Clark antes que él y no había olvidado nunca a los tres niños que quedaron huérfanos.
"Estaba aturdida; pensaba que habíamos olvidado a su madre", dijo Kelly Richardson.
El departamento nunca lo hizo, y "nosotros no nos olvidamos de Walter [Emeney]", dijo.
La pesadilla de la familia empezó el 19 de noviembre de 1985, cuando Alecia Clark llegó a casa de la escuela y halló a sus dos hermanos esperándola en la puerta. Cuando la abrió, encontró a su madre, que había sido apuñalada repetidas veces.
Los detectives se concentraron en Emeney, que había regalado a Clark un anillo de diamantes y esperaba casarse con ella, dijeron los fiscales. Pero Clark rechazó sus avances, dijo Marian Ryan, una asistente del fiscal de distrito de Middlesex. Como miembro de la unidad de homicidios hasta 1985, Ryan fue una de las personas llamadas al lugar de los hechos después de la muerte de Clark.
Después del asesinato, vecinos dijeron a la policía que el coche de Emeney, un Monte Carlo rojo y blanco, había estado el día que murió Clark aparcado cerca del complejo de viviendas sociales, donde vivía la famlia, de la calle de Morse. Tenía una llave de la casa y conocía la rutina diaria de la familia, dijeron los fiscales. La policía que lo retuvo para interrogarlo encontró restos de sangre en su coche, dijeron los fiscales.
Emeney también tenía antecedentes violentos, incluyendo agresiones contra mujeres jóvenes en 1963 y 1974, dijo Ryan ayer.
Pero el arma homicida, que se pensaba era un cuchillo de caza, no se encontró nunca y Emeney no cooperó con los detectives después del interrogatorio inicial. Las evidencias circunstanciales no fueron suficientes para su detención, dijeron los detectives.
Kelly Richardson dijo que para la brigada de casos archivados, cuando revisaron el trabajo hecho por sus predecesores, estaba claro que Emeney era el sospechoso más probable del asesinato de Clark. La incapacidad para presentar cargos contra Emeney frustró a toda una generación de detectives, incluyendo a su padre, dijo.
"Fue un crimen brutal contra alguien, una madre trabajadora, que estaba tratando de surgir y dejó huérfanos a tres niños", dijo Richardson. "Eso inquietaría a cualquiera, y definitivamente a mi padre".
Al final, lo que parecía ser un fragmento mínimo de evidencia -una pequeña caja de cartón, desechada, encontrada en el coche de Emeney después del asesinato- volvió a Alecia Clark a ese día de noviembre. Cuando Clark volvió a ver la cajita hace unos meses, dijeron los detectives, recordó que su madre la había abierto y le había dado la joya que estaba dentro, la mañana del asesinato, cuando la niña estaba inquieta porque tenía que posar para una fotografía de la escuela.
Su recuerdo asociaba la cajita con el día del asesinato y colocaba a Emeney en el apartamento de la familia el día que mataron a su madre.
Los fiscales dijeron que nuevas pruebas están en camino. Melissa Sherman, portavoz de Coakley, no dijo si las pruebas incluían análisis de ADN con la sangre encontrada en el coche de Emeney hace 20 años.
El abogado de Emeney, Daniel Bennett, dijo que los fiscales no habían aportado nuevas evidencias. "No veo nada diferente entre 1985 y hoy, 2005", dio Bennett. Emeney vive solo y tiene dos trabajos en el campo de la seguridad, dijo Bennet.
Los recuerdos de Clark de las últimas horas de su madre fueron cruciales para la acusación de la policía, dijeron los detectives, que reconocieron que Clark estaba escéptica al principio. El detective de la policía de Lowell, Crosby Brackett, dijo que Clark había sido contactada por los detectives en el pasado; esas veces el caso no pudo seguir adelante.
"No creo que fuera muy optimista", dijo Brackett, el que, junto con el detective Joseph Zanoli, trabajó en el asesinato de Clark desde enero.
Clark -residente de Westford que trabaja en un hotel, de acuerdo a su casero- no habló ayer con los periodistas. Una portavoz de Coakley dijo que los tres hermanos, que tienen ahora dos padres diferentes, siguieron en contacto después de la muerte de su madre. Un hermano, Douglas Welch, es un agente de policía en Carolina del Norte.
Los fiscales dijeron que Emeney vivió en Texas en algún momento después del asesinato, pero volvió al área. De acuerdo a los archivos del Registro de Vehículos Motorizados, Emeney fue acusado por el tribunal de distrito de Clinton -y finalmente encontrado culpable- por conducir peligrosamente y huir del lugar después de un choque que causó lesiones personales en un accidente en octubre de 2001.
Cuando los detectives de Lowell y de la Policía del Estado detuvieron a Emeney el lunes por la noche, le colocaron las esposas que pertenecían al detective jubilado Richardson. Kelly Richardson dijo que su padre le dio las esposas, grabadas con el nombre del viejo Richardson, cuando se jubiló en 1992 después de 40 años en el cuerpo de Lowell. El joven Richardson nunca las había usado, pero decidió hacerlo cuando detuvieron a Emeney.
"Esta es la última persona que las usará", dijo.
John Ellement contribuyó a este reportaje.
jrussell@globe.com.
10 de agosto de 2005
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una enfermera ejemplar
[Alex Williams] Homicio sacude red de madres de alquiler.
Jannifer Calise, una joven mujer que espera gemelos con una madre de alquiler para marzo, estaba agradecida de contar con Melanie McGuire en su vida.
La señora McGuire era más que una eficiente enfermera en una importante clínica de fertilidad de Nueva Jersey en la que había confiado en su lucha por tener un hijo; eran también una aliada fiable, una confidente comprensiva y un firme sostén, que se comunicó casi a diario con ella durante los muchos meses en que la guió a través de las depresiones que son inevitables cuando una mujer permite a otra que lleve y de a luz a su hijo. En el cambiante mundo de los tratamientos de fertilidad, su papel era raro, como el de una especie de partera emocional.
"Todo el proceso es una afirmación de fe", dijo Calise. "Para una madre que confía a desconocidos su ADN -sus óvulos, su esperma, sus hijos futuros-, es realmente una perspectiva espeluznante".
Cuando Calise tenía alguna pregunta, dijo, o simplemente quería charlar, todo lo que tenía que hacer era coger el teléfono y llamar a McGuire.
Eso era lo que estaba tratando de hacer esa tarde del 2 de junio. Calise, 26, estaba en su casa de estilo colonial de cuatro dormitorios que comparte con su marido, un ingeniero, en Mount Olive, Nueva Jersey. McGuire no estaba localizable, dijo Calise, así que le dejó un mensaje. Nunca recibió respuesta. Esa noche, mientras la televisión parpadeaba en el fondo, Calise tomó contacto con su madre de alquiler, una mujer de Pensilvania, por medio de un mensaje online, preguntándole si sabía algo de la enfermera. A los pocos minutos la televisión respondió su pregunta. Al mirar, dijo Calise, se quedó pasmada al ver la imagen de McGuire en la pantalla, esposada.
Ese día, detectives de la Policía del Estado de Nueva Jersey habían detenido a McGuire, 32, en Brick Township, Nueva Jersey, y la acusaron del horrible asesinato de su marido, William T. McGuire, un analista de programación de 39 años del Instituto Tecnológico de Nueva Jersey. La detención se produjo más de un año después de que se hallaran en la Bahía de Chesapeake, cerca de Virginia Beach, Virginia, tres maletas con partes del cuerpo decapitado del señor McGuire.
La señora McGuire negó tener algo que ver, depositó 750.000 dólares para su fianza y se retiró a vivir con su madre y padrastro en su casa de Barnegat. Sus dos hijos pequeños fueron colocados bajo custodia de la hermana de McGuire. Para la mayoría de la gente, la historia se olvidó después de uno o dos días de sensacionalista cobertura periodística. Otro crimen bizarro en Nueva Jersey, otra página.
Pero la noticia de su detención causó conmoción en la cerrada, aunque discreta red de mujeres de Manhattan y sus afluentes suburbios que trabajaban con McGuire como su principal contacto en la clínica de fertilidad, Reproductive Medicine Associates, en Morristown. Repentinamente mujeres que en circunstancias normales tendrían pocas razones para seguir los sórdidos detalles del asesinato de un programador de informática desconocido en Nueva Jersey central, estaban buscando actualizaciones en Google e inundando los foros online con sus reacciones.
"Yo estaba comunicándome con Melanie exactamente al mismo tiempo que estaba pasando todo eso", escribió una mujer en la página en internet allaboutsurrogacy.com. "¡TERRIBLE! ¡ESPELUZNANTE!"
Sin embargo, en general, trataron de reconciliar la imagen de la enfermera que conocían, una competente y compasiva profesional, con la imagen que estaban tratando de establecer los fiscales, de alguien que había matado a su marido, desmembrado su cuerpo y continuado con su vida y carrera durante más de un año antes de que fuera detenida.
Como consultora, McGuire conocía los detalles más privados de sus clientes. Las guiaba a través de complicados procedimientos médicos, les ayudaba a chequear y seleccionar madres de alquiler potenciales, y las animaba cuando se sentían desesperadas por sus ansias de tener un hijo.
Pero la intimidad de la relación era necesariamente unilateral, ya que tiende a ser entre pacientes y otros profesionales médicos: sus clientes sabían muy poco sobre la señora McGuire. Ahora, sin embargo, estaban leyendo sobre un matrimonio infeliz, rumores de una aventura y un informe sobre la compra de un arma.
"Simplemente me trastornó", dijo una cliente, un ejecutiva de Manhattan, que sólo accedió a hablar a condición de guardar el anonimato para evitar que su situación en torno a la fertilidad se haga conocida. "No lo creía. Eso es algo sacado de una novela policíaca".
La ejecutiva, una "madre potencial" según se dice, debía llamar a McGuire hace unas semanas cuando una amiga que conocía a varias antiguas clientes de McGuire en Nueva York la llamó para contarle las noticias sobre la enfermera a la que se refería jocosamente como "la madre susurrante".
Las madre de alquiler estaban también asombradas. "No veo cómo una persona que es tan amistosa, cariñosa y amable, se puede transformar tan completamente y hacer algo contra un ser humano, aunque toda su carrera está basada en la compasión", dijo Linda Smit, 43, de Saco, Maine, una madre de alquiler que ha trabajado con McGuire, en una conferencia telefónica.
Pacientes y madres de alquiler dicen que McGuire estaba capacitada para su trabajo, tenía bastante del tipo A de personalidad para ocuparse de varias docenas de clientes al año mientras fomentaba la sensación de que estaba siempre disponible para todos.
"Me la presentaron como si fuera una gurú, la que sabía de todo", dijo la ejecutiva de Manhattan. "Siempre pensé que tendría todo el tiempo para mí si yo lo necesitara. Realmente pensaba, literalmente, que era la mujer en el trabajo correcto, y en la plenitud de su capacidad".
Melanie Slate creció en Ridgewood, Nueva Jersey, y sacó un diploma en estadísticas en la Universidad de Rutgers antes de matricularse en una escuela de enfermería. Es una mujer menuda de 1 metro 58, sus rasgos suaves enmarcados por una cascada de rizos de color caoba. Las pacientes en la clínica encarecieron su eficiente profesionalismo, pero la describieron personalmente como procaz, a veces picante.
"Me estaba contando sobre cómo someten a mujeres mayores a ultrasonido para ver si son todavía fértiles", dijo la ejecutiva de Manhattan, "y me dijo: De mucha gente lo sabes de inmediato, porque sus ovarios son como uvas pasas'. Pensé que era bárbaro. La mayoría de la gente en la profesión médica no habla de ese modo".
La señorita Slate se casó con el señor McGuire en 1999, el mismo año en que empezó a trabajar para Reproductive Medicine Associates, una de las clínicas de fertilidad más grandes del país. Es particularmente popular entre mujeres en Nueva York, donde las leyes del estado restringen enormemente toda forma de maternidad substituta.
La clínica, que dice en su sitio en internet que ha asistido en el nacimiento de 13.500 niños en nueve años, ofrece diagnósticos y análisis junto con un programa de donación de óvulos para mujeres que no pueden producir óvulos sanos y un programa de maternidad de gestación substituta para las que no pueden terminar bien su preñez.
En este procedimiento, un embrión, concebido por medio de fertilización en vitro usando sea el óvulo de una madre o un donante, es transferido a una portadora. (En la maternidad substituta tradicional, que es ilegal en Nueva Jersey, las madres de alquiler usan sus propios óvulos). El coste del proceso puede superar los 40.000 dólares, incluyendo cargas legales y la tarifa de la madre de alquiler.
Para la mayoría de las mujeres en el programa de gestación, la señora McGuire era su enfermera, la única en la clínica que estaba involucrada en el proceso y a la que podían acudir en búsqueda de apoyo moral.
"Es un proceso emocional", dijo McGuire en una respuesta escrita a preguntas del New York Times, leída por teléfono por su abogado, Henry Klingeman. "Una buena parte del trabajo consistía en mostrar interés y compasión. Por un lado, debes dar apoyo, y por otro debes ser franca y honesta, sin incomodar a las clientes".
Joni S. Mantell, psicoterapeuta de Pennington, Nueva Jersey, que se especializa en infertilidad y problemas de adopción y ha trabajado con pacientes de la clínica, dijo que para estas mujeres la maternidad de gestación no era "una opción".
"Es algo que hacen las mujeres después de haber tratado todo, su última posibilidad de tener un hijo que esté conectado a ellas genéticamente", dijo Mantell. "Una mujer en esa posición obviamente se siente inadecuada, porque no puede hacer algo que siempre se esperó de ella desde que era niña".
Calise, la cliente de Mount Olive, dijo que en sus frecuentes conversaciones, ella y McGuire conversaban sobre todo, desde los ciclos de ovulación hasta los protocolos de la medicación substituta y temas generales como la vida, la muerte y el destino. Algunos años antes, Calise había perdido una hija poco después de su nacimiento, y McGuire, se enteró, había perdido recientemente a su marido. "Hablamos un montón sobre cómo puede la vida cambiar tan rápidamente", dijo Calise. "Como si un día te despertaras y dijeras: ¿Cómo he llegado a vivir así?'" Agregó: "La consideraba una amiga".
Otra paciente dijo en una entrevista que McGuire podía ser refrescantemente franca. "Era una persona que te decía cómo eran las cosas", dijo la mujer, que viven en Manhattan y también habló anónimamente para evitar que se conozca públicamente su situación. McGuire, dijo, estaba tan crítica de una portadora potencial, que la mujer buscó a otra. Aunque esta mujer se mostró escéptica sobre sus posibilidades durante las primeras fases del proceso, fue su enfermera la que siguió testarudamente optimista: "Me dijo: Recuerda, mientras más feos los embriones, más guapos los bebés'".
McGuire y su marido vivían en un apartamento en Woodbridge con dos hijos, ahora de 3 y 5 años. Sus preocupaciones parecían las típicas de cualquier madre jove, dijo Julie Qualley, una portadora de Groton, Connecticut, que dijo que trabajó con McGuire desde la primavera de 2003 hasta mayo de 2004, el mes en que desapareció el señor McGuire. McGuire le había hablado sobre uno de sus hijos, que era autista, dijo Qualley, y una vez estaba preocupada por una filtración de monóxido en su casa.
"Hablando con ella, no sabrías nunca que algo pasaba con ella", dijo Qualley, "excepto que se quejaba de que su marido era un idiota, u otras palabras como éstas -nada excepcional".
Sin embargo, esa primavera la mujer que devolvía siempre las llamadas dentro de minutos, se convirtió de pronto en inalcanzable. A algunos pacientes les llevó más de un año enterarse por qué.
En mayo, la policía encontró el Nissan Maxima del señor McGuuire, que había sido abandonado en un aparcamiento en el Motel Flamingo en Atlantic City. El 5 de mayo se encontró una maleta con partes de un cuerpo envueltas en bolsas de plástico de basura, cerca del Bridge-Tunnel de la Bahía de Chesapeake. Más tarde fueron halladas dos maletas más, el 11 de mayo una, y el 16 de mayo la otra. Los detectives identificaron pronto el cuerpo como el del señor McGuire.
En sus respuestas a preguntas para el Times, la señora McGuire no trataría el caso mientras debiera todavía comparecer ante un gran jurado. Pero dijo que tomó libre seis semanas después de que se hallara el cuerpo de su marido y luego trabajó en más casos que nunca. "Obviamente, fue un desarrollo devastador y traumático", dijo McGuire a través de su abogado, "pero el trabajo era terapéutico".
Uno de sus casos fue el de Calise. "No estaba llorando", recordó Calise. "Pero diría que estaba adecuadamente entristecida. Pensé que él había muerto de alguna enfermedad terminal, debido a su edad. Fue sólo semanas después que alguien me dijo: Oh, su marido fue asesinado'. Pero no hablamos sobre su muerte. Me dijo: Mi marido murió'. Pensé que no era correcto pedirle detalles".
McGuire dijo que como esposa de la víctima fue interrogada dos veces por detectives después de que se hallara el cuerpo. De otro modo, la vida siguió como siempre. A fines de marzo compró una casa de 300.000 dólares en Brick. "Le estaba yendo fantástico; estaba muy optimista", recordó Sacha Weis, una madre de alquiler de Colorado que vio a la señora McGuire por última vez en el verano. Weis dijo que también habló con McGuire por teléfono el domingo antes de que fuera detenida. "No dijo nada fuera de lo normal", dijo Weis. "Hablamos sobre mi protocolo de medicación".
La detención se produjo cuando detectives pararon el Nissan Pathfinder 1999 de McGuire apenas minutos después de que dejara a sus hijos en una guardería en Metuchen. Más tarde ese día, el fiscal general de Nueva Jersey, Peter C. Harvey, anunció que los investigadores habían asociado las bolsas negras de basura que contenían partes del cuerpo con bolsas similares encontradas en la casa de la pareja, y que lo que originalmente pensaban que era pintura en la cinta usada para sellar una bolsa parecía ser en realidad esmalte para uñas.
Aunque no ofreció un motivo del crimen, Harvey puso en duda la versión de McGuire sobre la desaparición de su marido. Según ella, él tenía problemas de juego y se había estado comportando de manera paranoica desde que, el 29 de abril de 2004, se marchó después de una discusión en la que él la había maltratado físicamente. Harvey dijo que, aparentemente, McGuire había sido asesinado con al menos dos balazos con un revólver calibre 38. McGuire, dijo, compró un revólver calibre 38 en una armería de Easton, Pensilvania, tres días antes de la desaparición de su marido.
Los fiscales dicen que creen que McGuire tuvo ayuda para deshacerse del cuerpo. También dijeron que McGuire tenía una aventura en la época de la muerte de su marido, pero habían descartado al amante. Klingeman, el abogado de McGuire, dijo que esperaba que el gran jurado presente una acusación en otoño.
"Naturalmente, en cualquier investigación de un asesinato, los sospechosos iniciales son los más cercanos a la víctima, sea esposa o hermano o hermana", dijo Klingerman, cuya oficina está en Madison, Nueva Jersey. Agregó: "Daremos respuestas muy específicas a las acusaciones que probarán que Melanie McGuire no cometió este homicidio, pero el estado todavía tiene que acusarla formalmente y proporcionar más detalles, además de las ruedas de prensa".
En una declaración escrita, un representante de la clínica dijo que los empleados de la clínica no podían comentar el asunto porque todavía estaba siendo investigado, pero que estaba colaborando completamente y continuaban ofreciendo toda su gama de servicios.
"Llamé a R.M.A. y me dijo: ¿Qué está pasando con nosotros?'", dijo Weis, la madre de alquiler de Colorado. "Me dijeron que Melanie estaba con permiso. Les dije: Sé lo que pasó'. Pero no puedo ni siquiera imaginarlo, ni siquiera como ira. Es tan pequeña y siempre se vio como una persona fuerte".
Weis agregó: "Todavía estamos diciendo que tienen que haber circunstancias que no conocemos. Es una persona muy inteligente, y eso fue hecho de manera estúpida. Hay demasiadas incongruencias".
Calise dijo que después del shock inicial, el sentimiento que persistía era de tristeza, no de traición. Dijo que todavía creía en la mujer que la acompañó siempre.
22 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
Jannifer Calise, una joven mujer que espera gemelos con una madre de alquiler para marzo, estaba agradecida de contar con Melanie McGuire en su vida.La señora McGuire era más que una eficiente enfermera en una importante clínica de fertilidad de Nueva Jersey en la que había confiado en su lucha por tener un hijo; eran también una aliada fiable, una confidente comprensiva y un firme sostén, que se comunicó casi a diario con ella durante los muchos meses en que la guió a través de las depresiones que son inevitables cuando una mujer permite a otra que lleve y de a luz a su hijo. En el cambiante mundo de los tratamientos de fertilidad, su papel era raro, como el de una especie de partera emocional.
"Todo el proceso es una afirmación de fe", dijo Calise. "Para una madre que confía a desconocidos su ADN -sus óvulos, su esperma, sus hijos futuros-, es realmente una perspectiva espeluznante".
Cuando Calise tenía alguna pregunta, dijo, o simplemente quería charlar, todo lo que tenía que hacer era coger el teléfono y llamar a McGuire.
Eso era lo que estaba tratando de hacer esa tarde del 2 de junio. Calise, 26, estaba en su casa de estilo colonial de cuatro dormitorios que comparte con su marido, un ingeniero, en Mount Olive, Nueva Jersey. McGuire no estaba localizable, dijo Calise, así que le dejó un mensaje. Nunca recibió respuesta. Esa noche, mientras la televisión parpadeaba en el fondo, Calise tomó contacto con su madre de alquiler, una mujer de Pensilvania, por medio de un mensaje online, preguntándole si sabía algo de la enfermera. A los pocos minutos la televisión respondió su pregunta. Al mirar, dijo Calise, se quedó pasmada al ver la imagen de McGuire en la pantalla, esposada.
Ese día, detectives de la Policía del Estado de Nueva Jersey habían detenido a McGuire, 32, en Brick Township, Nueva Jersey, y la acusaron del horrible asesinato de su marido, William T. McGuire, un analista de programación de 39 años del Instituto Tecnológico de Nueva Jersey. La detención se produjo más de un año después de que se hallaran en la Bahía de Chesapeake, cerca de Virginia Beach, Virginia, tres maletas con partes del cuerpo decapitado del señor McGuire.
La señora McGuire negó tener algo que ver, depositó 750.000 dólares para su fianza y se retiró a vivir con su madre y padrastro en su casa de Barnegat. Sus dos hijos pequeños fueron colocados bajo custodia de la hermana de McGuire. Para la mayoría de la gente, la historia se olvidó después de uno o dos días de sensacionalista cobertura periodística. Otro crimen bizarro en Nueva Jersey, otra página.
Pero la noticia de su detención causó conmoción en la cerrada, aunque discreta red de mujeres de Manhattan y sus afluentes suburbios que trabajaban con McGuire como su principal contacto en la clínica de fertilidad, Reproductive Medicine Associates, en Morristown. Repentinamente mujeres que en circunstancias normales tendrían pocas razones para seguir los sórdidos detalles del asesinato de un programador de informática desconocido en Nueva Jersey central, estaban buscando actualizaciones en Google e inundando los foros online con sus reacciones.
"Yo estaba comunicándome con Melanie exactamente al mismo tiempo que estaba pasando todo eso", escribió una mujer en la página en internet allaboutsurrogacy.com. "¡TERRIBLE! ¡ESPELUZNANTE!"
Sin embargo, en general, trataron de reconciliar la imagen de la enfermera que conocían, una competente y compasiva profesional, con la imagen que estaban tratando de establecer los fiscales, de alguien que había matado a su marido, desmembrado su cuerpo y continuado con su vida y carrera durante más de un año antes de que fuera detenida.
Como consultora, McGuire conocía los detalles más privados de sus clientes. Las guiaba a través de complicados procedimientos médicos, les ayudaba a chequear y seleccionar madres de alquiler potenciales, y las animaba cuando se sentían desesperadas por sus ansias de tener un hijo.
Pero la intimidad de la relación era necesariamente unilateral, ya que tiende a ser entre pacientes y otros profesionales médicos: sus clientes sabían muy poco sobre la señora McGuire. Ahora, sin embargo, estaban leyendo sobre un matrimonio infeliz, rumores de una aventura y un informe sobre la compra de un arma.
"Simplemente me trastornó", dijo una cliente, un ejecutiva de Manhattan, que sólo accedió a hablar a condición de guardar el anonimato para evitar que su situación en torno a la fertilidad se haga conocida. "No lo creía. Eso es algo sacado de una novela policíaca".
La ejecutiva, una "madre potencial" según se dice, debía llamar a McGuire hace unas semanas cuando una amiga que conocía a varias antiguas clientes de McGuire en Nueva York la llamó para contarle las noticias sobre la enfermera a la que se refería jocosamente como "la madre susurrante".
Las madre de alquiler estaban también asombradas. "No veo cómo una persona que es tan amistosa, cariñosa y amable, se puede transformar tan completamente y hacer algo contra un ser humano, aunque toda su carrera está basada en la compasión", dijo Linda Smit, 43, de Saco, Maine, una madre de alquiler que ha trabajado con McGuire, en una conferencia telefónica.
Pacientes y madres de alquiler dicen que McGuire estaba capacitada para su trabajo, tenía bastante del tipo A de personalidad para ocuparse de varias docenas de clientes al año mientras fomentaba la sensación de que estaba siempre disponible para todos.
"Me la presentaron como si fuera una gurú, la que sabía de todo", dijo la ejecutiva de Manhattan. "Siempre pensé que tendría todo el tiempo para mí si yo lo necesitara. Realmente pensaba, literalmente, que era la mujer en el trabajo correcto, y en la plenitud de su capacidad".
Melanie Slate creció en Ridgewood, Nueva Jersey, y sacó un diploma en estadísticas en la Universidad de Rutgers antes de matricularse en una escuela de enfermería. Es una mujer menuda de 1 metro 58, sus rasgos suaves enmarcados por una cascada de rizos de color caoba. Las pacientes en la clínica encarecieron su eficiente profesionalismo, pero la describieron personalmente como procaz, a veces picante.
"Me estaba contando sobre cómo someten a mujeres mayores a ultrasonido para ver si son todavía fértiles", dijo la ejecutiva de Manhattan, "y me dijo: De mucha gente lo sabes de inmediato, porque sus ovarios son como uvas pasas'. Pensé que era bárbaro. La mayoría de la gente en la profesión médica no habla de ese modo".
La señorita Slate se casó con el señor McGuire en 1999, el mismo año en que empezó a trabajar para Reproductive Medicine Associates, una de las clínicas de fertilidad más grandes del país. Es particularmente popular entre mujeres en Nueva York, donde las leyes del estado restringen enormemente toda forma de maternidad substituta.
La clínica, que dice en su sitio en internet que ha asistido en el nacimiento de 13.500 niños en nueve años, ofrece diagnósticos y análisis junto con un programa de donación de óvulos para mujeres que no pueden producir óvulos sanos y un programa de maternidad de gestación substituta para las que no pueden terminar bien su preñez.
En este procedimiento, un embrión, concebido por medio de fertilización en vitro usando sea el óvulo de una madre o un donante, es transferido a una portadora. (En la maternidad substituta tradicional, que es ilegal en Nueva Jersey, las madres de alquiler usan sus propios óvulos). El coste del proceso puede superar los 40.000 dólares, incluyendo cargas legales y la tarifa de la madre de alquiler.
Para la mayoría de las mujeres en el programa de gestación, la señora McGuire era su enfermera, la única en la clínica que estaba involucrada en el proceso y a la que podían acudir en búsqueda de apoyo moral.
"Es un proceso emocional", dijo McGuire en una respuesta escrita a preguntas del New York Times, leída por teléfono por su abogado, Henry Klingeman. "Una buena parte del trabajo consistía en mostrar interés y compasión. Por un lado, debes dar apoyo, y por otro debes ser franca y honesta, sin incomodar a las clientes".
Joni S. Mantell, psicoterapeuta de Pennington, Nueva Jersey, que se especializa en infertilidad y problemas de adopción y ha trabajado con pacientes de la clínica, dijo que para estas mujeres la maternidad de gestación no era "una opción".
"Es algo que hacen las mujeres después de haber tratado todo, su última posibilidad de tener un hijo que esté conectado a ellas genéticamente", dijo Mantell. "Una mujer en esa posición obviamente se siente inadecuada, porque no puede hacer algo que siempre se esperó de ella desde que era niña".
Calise, la cliente de Mount Olive, dijo que en sus frecuentes conversaciones, ella y McGuire conversaban sobre todo, desde los ciclos de ovulación hasta los protocolos de la medicación substituta y temas generales como la vida, la muerte y el destino. Algunos años antes, Calise había perdido una hija poco después de su nacimiento, y McGuire, se enteró, había perdido recientemente a su marido. "Hablamos un montón sobre cómo puede la vida cambiar tan rápidamente", dijo Calise. "Como si un día te despertaras y dijeras: ¿Cómo he llegado a vivir así?'" Agregó: "La consideraba una amiga".
Otra paciente dijo en una entrevista que McGuire podía ser refrescantemente franca. "Era una persona que te decía cómo eran las cosas", dijo la mujer, que viven en Manhattan y también habló anónimamente para evitar que se conozca públicamente su situación. McGuire, dijo, estaba tan crítica de una portadora potencial, que la mujer buscó a otra. Aunque esta mujer se mostró escéptica sobre sus posibilidades durante las primeras fases del proceso, fue su enfermera la que siguió testarudamente optimista: "Me dijo: Recuerda, mientras más feos los embriones, más guapos los bebés'".
McGuire y su marido vivían en un apartamento en Woodbridge con dos hijos, ahora de 3 y 5 años. Sus preocupaciones parecían las típicas de cualquier madre jove, dijo Julie Qualley, una portadora de Groton, Connecticut, que dijo que trabajó con McGuire desde la primavera de 2003 hasta mayo de 2004, el mes en que desapareció el señor McGuire. McGuire le había hablado sobre uno de sus hijos, que era autista, dijo Qualley, y una vez estaba preocupada por una filtración de monóxido en su casa.
"Hablando con ella, no sabrías nunca que algo pasaba con ella", dijo Qualley, "excepto que se quejaba de que su marido era un idiota, u otras palabras como éstas -nada excepcional".
Sin embargo, esa primavera la mujer que devolvía siempre las llamadas dentro de minutos, se convirtió de pronto en inalcanzable. A algunos pacientes les llevó más de un año enterarse por qué.
En mayo, la policía encontró el Nissan Maxima del señor McGuuire, que había sido abandonado en un aparcamiento en el Motel Flamingo en Atlantic City. El 5 de mayo se encontró una maleta con partes de un cuerpo envueltas en bolsas de plástico de basura, cerca del Bridge-Tunnel de la Bahía de Chesapeake. Más tarde fueron halladas dos maletas más, el 11 de mayo una, y el 16 de mayo la otra. Los detectives identificaron pronto el cuerpo como el del señor McGuire.
En sus respuestas a preguntas para el Times, la señora McGuire no trataría el caso mientras debiera todavía comparecer ante un gran jurado. Pero dijo que tomó libre seis semanas después de que se hallara el cuerpo de su marido y luego trabajó en más casos que nunca. "Obviamente, fue un desarrollo devastador y traumático", dijo McGuire a través de su abogado, "pero el trabajo era terapéutico".
Uno de sus casos fue el de Calise. "No estaba llorando", recordó Calise. "Pero diría que estaba adecuadamente entristecida. Pensé que él había muerto de alguna enfermedad terminal, debido a su edad. Fue sólo semanas después que alguien me dijo: Oh, su marido fue asesinado'. Pero no hablamos sobre su muerte. Me dijo: Mi marido murió'. Pensé que no era correcto pedirle detalles".
McGuire dijo que como esposa de la víctima fue interrogada dos veces por detectives después de que se hallara el cuerpo. De otro modo, la vida siguió como siempre. A fines de marzo compró una casa de 300.000 dólares en Brick. "Le estaba yendo fantástico; estaba muy optimista", recordó Sacha Weis, una madre de alquiler de Colorado que vio a la señora McGuire por última vez en el verano. Weis dijo que también habló con McGuire por teléfono el domingo antes de que fuera detenida. "No dijo nada fuera de lo normal", dijo Weis. "Hablamos sobre mi protocolo de medicación".
La detención se produjo cuando detectives pararon el Nissan Pathfinder 1999 de McGuire apenas minutos después de que dejara a sus hijos en una guardería en Metuchen. Más tarde ese día, el fiscal general de Nueva Jersey, Peter C. Harvey, anunció que los investigadores habían asociado las bolsas negras de basura que contenían partes del cuerpo con bolsas similares encontradas en la casa de la pareja, y que lo que originalmente pensaban que era pintura en la cinta usada para sellar una bolsa parecía ser en realidad esmalte para uñas.
Aunque no ofreció un motivo del crimen, Harvey puso en duda la versión de McGuire sobre la desaparición de su marido. Según ella, él tenía problemas de juego y se había estado comportando de manera paranoica desde que, el 29 de abril de 2004, se marchó después de una discusión en la que él la había maltratado físicamente. Harvey dijo que, aparentemente, McGuire había sido asesinado con al menos dos balazos con un revólver calibre 38. McGuire, dijo, compró un revólver calibre 38 en una armería de Easton, Pensilvania, tres días antes de la desaparición de su marido.
Los fiscales dicen que creen que McGuire tuvo ayuda para deshacerse del cuerpo. También dijeron que McGuire tenía una aventura en la época de la muerte de su marido, pero habían descartado al amante. Klingeman, el abogado de McGuire, dijo que esperaba que el gran jurado presente una acusación en otoño.
"Naturalmente, en cualquier investigación de un asesinato, los sospechosos iniciales son los más cercanos a la víctima, sea esposa o hermano o hermana", dijo Klingerman, cuya oficina está en Madison, Nueva Jersey. Agregó: "Daremos respuestas muy específicas a las acusaciones que probarán que Melanie McGuire no cometió este homicidio, pero el estado todavía tiene que acusarla formalmente y proporcionar más detalles, además de las ruedas de prensa".
En una declaración escrita, un representante de la clínica dijo que los empleados de la clínica no podían comentar el asunto porque todavía estaba siendo investigado, pero que estaba colaborando completamente y continuaban ofreciendo toda su gama de servicios.
"Llamé a R.M.A. y me dijo: ¿Qué está pasando con nosotros?'", dijo Weis, la madre de alquiler de Colorado. "Me dijeron que Melanie estaba con permiso. Les dije: Sé lo que pasó'. Pero no puedo ni siquiera imaginarlo, ni siquiera como ira. Es tan pequeña y siempre se vio como una persona fuerte".
Weis agregó: "Todavía estamos diciendo que tienen que haber circunstancias que no conocemos. Es una persona muy inteligente, y eso fue hecho de manera estúpida. Hay demasiadas incongruencias".
Calise dijo que después del shock inicial, el sentimiento que persistía era de tristeza, no de traición. Dijo que todavía creía en la mujer que la acompañó siempre.
22 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
contra las peleas de gallo
La Sociedad Protectora de Animales ha presentado un proyecto de ley para terminar en California con la tolerancia hacia las peleas de gallo. Editorial de Los Angeles Times.
Casi 1.500 gallos de pelea, junto con 109 cuchillas que debían usar amarradas a sus patas, fueron requisados en el allanamiento de una banda de peleas de gallo en Escondido esta primavera. En mayo, en Fiddletown, un espectador en otra pelea de gallos dejó caer 4.000 dólares en billetes cuando intentaba huir del lugar. Una lista de incidentes similares que fue proporcionada por la Sociedad Protectora de Animales ocupa cuatro páginas, y es simplemente una muestra.
Las peleas de gallo, y las apuestas en el "deporte", son ilegales en California. Pero los blandos castigos no disuaden a nadie. Hasta un cierto grado pueden ser corregidos por un proyecto de ley del senador Nell Soto (demócrata de Pomona).
La medida, ahora en el Comité de Asignaciones del congreso, convertiría la violación repetida de las leyes que prohíben las peleas de gallo en un delito punible como una falta menor o una falta grave, a discreción del juez. De momento, se lo trata como un delito menor. Una condena por delito grave implica una sentencia de hasta un año de cárcel y una multa de 25.000 dólares.
Sería incluso mejor convertir la primera falta en un delito grave, pero los Jueces por la Justicia Penal de California dijeron que eso acarrearía el peligro de que los empresarios de las peleas de gallo puedan ser condenados a cadena perpetua en virtud de la ley californiana sobre la tercera reincidencia. Un análisis del staff del senado sobre el proyecto de ley dice: "La oposición dice que las peleas de gallo están enraizadas culturalmente en muchas comunidades de inmigrantes y no se dan cuenta de que es un delito grave".
Los argumentos de los opositores son débiles. La Sociedad Protectora de Animales, que presenta el proyecto, tiene razón al argumentar que los organizadores de peleas de gallo están dispuestos a correr riesgos con las agencias policiales debido en gran parte a la liviandad de las penas. Ciertamente la voz se difundiría rápidamente si las sentencias fueran más severas.
A menudo se asocian las pelas de gallo con el tráfico de drogas, las armas ilegales e incuso homicidios, dice la Sociedad Protectora de Animales, demostrando "los innegables costes sociales de tolerar esta práctica en California". Para no mencionar el tratamiento inhumano de los gallos de pelea, que son colocados en un círculo con cuchillas en sus patas para pelear hasta que uno de ellos muere. Apostar por el resultado es difícilmente un deporte.
19 de agosto de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Casi 1.500 gallos de pelea, junto con 109 cuchillas que debían usar amarradas a sus patas, fueron requisados en el allanamiento de una banda de peleas de gallo en Escondido esta primavera. En mayo, en Fiddletown, un espectador en otra pelea de gallos dejó caer 4.000 dólares en billetes cuando intentaba huir del lugar. Una lista de incidentes similares que fue proporcionada por la Sociedad Protectora de Animales ocupa cuatro páginas, y es simplemente una muestra.Las peleas de gallo, y las apuestas en el "deporte", son ilegales en California. Pero los blandos castigos no disuaden a nadie. Hasta un cierto grado pueden ser corregidos por un proyecto de ley del senador Nell Soto (demócrata de Pomona).
La medida, ahora en el Comité de Asignaciones del congreso, convertiría la violación repetida de las leyes que prohíben las peleas de gallo en un delito punible como una falta menor o una falta grave, a discreción del juez. De momento, se lo trata como un delito menor. Una condena por delito grave implica una sentencia de hasta un año de cárcel y una multa de 25.000 dólares.
Sería incluso mejor convertir la primera falta en un delito grave, pero los Jueces por la Justicia Penal de California dijeron que eso acarrearía el peligro de que los empresarios de las peleas de gallo puedan ser condenados a cadena perpetua en virtud de la ley californiana sobre la tercera reincidencia. Un análisis del staff del senado sobre el proyecto de ley dice: "La oposición dice que las peleas de gallo están enraizadas culturalmente en muchas comunidades de inmigrantes y no se dan cuenta de que es un delito grave".
Los argumentos de los opositores son débiles. La Sociedad Protectora de Animales, que presenta el proyecto, tiene razón al argumentar que los organizadores de peleas de gallo están dispuestos a correr riesgos con las agencias policiales debido en gran parte a la liviandad de las penas. Ciertamente la voz se difundiría rápidamente si las sentencias fueran más severas.
A menudo se asocian las pelas de gallo con el tráfico de drogas, las armas ilegales e incuso homicidios, dice la Sociedad Protectora de Animales, demostrando "los innegables costes sociales de tolerar esta práctica en California". Para no mencionar el tratamiento inhumano de los gallos de pelea, que son colocados en un círculo con cuchillas en sus patas para pelear hasta que uno de ellos muere. Apostar por el resultado es difícilmente un deporte.
19 de agosto de 2005
©los angeles times
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julieta y julieta
[Donovan Slack] Famosa pareja de cisnes es homosexual.
El estimado par de cisnes -celebrados por autoridades de la ciudad, residentes y turistas por igual como una de las atracciones de verano más famosas de Boston- son del mismo sexo. Sí, los análisis científicos han mostrado que los dos, llamados Romeo y Julieta, son en realidad Julieta y Julieta.
El departamento de Parques y Recreación de la ciudad realizó las pruebas hace meses, pero no las anunció por temor a destruir la imagen de una historia de amor shakesperiano que se desarrolla todos los años en los Jardines Públicos.
"Todos los años, cuando llegan los cisnes, los niños se acercan de inmediato a preguntar: ¿Cuál es Romeo, y cuál Julieta?'", dijo ayer la portavoz del parque, Mary Hines, en respuesta a una pregunta de Globe. "Es como un cuento de hadas, ¿por qué echarlo a perder?"
Este año, y el pasado, los cisnes han puesto huevos en la primavera y luego hicieron guardia en el nido mientras visitantes y residentes de cercanías hacían peregrinaciones regulares, esperando ver abrirse los cascarones. No ocurrió ninguna de las dos veces. Ahora se sabe por qué. Fue porque nunca fueron fertilizados por un cisne macho.
La noticias desencadenó algo parecido a un debate entre los espectadores de cisnes en los Jardines Públicos ayer, y algunos insistieron en que la ciudad debía ahora comprar un verdadero Romeo y otros, que la ciudad debería reconocerlos como pareja.
"Si estos dos cisnes hembras son felices juntos, no tienen por qué tener a un macho", dijo Emma Stokien, un niña de 15 de Nueva York. "Es bueno tener a esos cisnes hembras como un símbolo de aceptación en Massachusetts".
Algunos de los involucrados en el acalorado debate sobre el matrimonio homosexual aprovecharon la oportunidad de revivir sus argumentos, con un toque de frivolidad.
"Creo que esto prueba que hay algo en el aire de Massachusetts", bromeó en una entrevista telefónica Brian Camenker, director de Article 8 Alliance, una organización de Waltham que se opone al matrimonio homosexual. "Quizás es el agua la que causa esta locura".
La ciudad ha mantenido cisnes en la laguna de los Jardines Públicos durante 16 veranos. Empleados del parque de la ciudad adoptaron a los actuales Romeo y Julieta hace algunos años, tras la muerte de los otros. El criador dijo a la ciudad que los dos eran hembras, una buena opción para los Jardines Públicos, porque los especialistas dicen que los cisnes machos tienden a ser agresivos.
Pero cuando la primavera pasada aparecieron huevos y los cisnes empezaron a actuar como futuros padres, los cuidadores del parque pensaron que el criador se había equivocado. Empezaron a prepararse para la primera salida de pichones de cisnes en los Jardines Públicos.
Los cuidadores del parque levantaron una valla en torno al nido de nueve o más huevos y empezaron a hacer chequeos regulares, tratando de supervisar el progreso de los huevos. A mediados de julio, sin embargo, los huevos empezaron a desaparecer, uno por uno. Se había visto a los cisnes mismos empujándolos en una laguna cercana. Abundaban las especulaciones de que quizás los cisnes eran descuidados. Tendían a abandonar el nido durante horas. Quizás la atención del público había disturbado su conducta parental, dijeron algunos.
Los cuidadores lograron salvar un huevo con la esperanza de resolver el misterio. Después de las pruebas, descubrieron que el huevo no había sido fertilizado nunca. Y cuando los cisnes volvieron a su refugio de invierno en el Parque Zoológico Franklin, funcionarios del parque decidieron analizar sus sexos. No fue una tarea fácil, dijeron los especialistas.
No es solamente un asunto de volcar a los pájaros, dijo el ornitólogo Frederick Beall, curador general de Zoológico de Nueva Inglaterra, que realizó las pruebas. Exige darlos vuelta y realizar un detallado examen de los órganos reproductivos. Aunque hay un pequeño margen de error, Beall dijo que no tenía ninguna duda de que Romeo y Julieta eran hembras. "Estamos cien por ciento seguros", dijo.
Los cisnes aparean con miembros del mismo sexo si no hay parejas del sexo opuesto disponibles, y uno de ellos representará el rol del sexo opuesto. Tienden a permanecer juntos hasta la muerte, normalmente a la edad de 20 a 30.
"Puedes tener dos cisnes machos, y harán exactamente lo mismo, construir el nido, sentarse encima, pero nunca vas a tener huevos", dijo Beall.
A la hora del retorno de los cisnes a los Jardines Públicos en la primavera, Romeo y Julieta -ahora los cuidadores no lo saben- pusieron un solo huevo, construyeron un nido para albergarlo, y empezaron con el ritual pre-parental. Uno se sentaba encima del nido y el otro mantenía alejados a los patos o salían a beber y comer. A veces cambiaban de papel. Sin embargo, a la semana los cisnes abandonaron el nido, y el huevo estaba destruido. Los cuidadores sacaron el nido y la valla, sin lamentar el huevo que nunca germinaría. (Los cisnes ponen huevos una vez al año).
Mientras Romeo y Julieta, que tienen entre 6 y 7 años, estaban parados junto a la laguna ayer, donde los botes de cisnes se deslizan a sólo metros de su nido, los espectadores sacaban instantáneas y comentaban su belleza.
"Deberían tener un Romeo", se lamentó Laura Elsheimer, una residente de Hudson y propietaria de Sunshines Taxi Cab.
Un visitante de Fort Lauderdale, Florida, sugirió que la ciudad debería tratar de fertilizar uno de los huevos del próximo año para que Romeo y Julieta puedan ser padres del mismo sexo. "Estoy seguro que serían madres perfectas", dijo L.D. Hollingsworth, sonriendo mientras miraba a los cisnes acicalándose uno al otro.
Algunos partidarios de los matrimonios del mismo sexo esperaban que la fama de los cisnes no disminuyera con la revelación de pareja homosexual.
Marty Rouse, directora de campaña de MassEquality, dijo en una entrevista telefónica: "Todavía deberíamos querer y cuidar de nuestros cisnes, sin importar con quién naden".
Al autor se puede escribir a su e-mail: dslack@globe.com.
13 de agosto de 2005
©boston globe
©traducción mQh
El estimado par de cisnes -celebrados por autoridades de la ciudad, residentes y turistas por igual como una de las atracciones de verano más famosas de Boston- son del mismo sexo. Sí, los análisis científicos han mostrado que los dos, llamados Romeo y Julieta, son en realidad Julieta y Julieta.El departamento de Parques y Recreación de la ciudad realizó las pruebas hace meses, pero no las anunció por temor a destruir la imagen de una historia de amor shakesperiano que se desarrolla todos los años en los Jardines Públicos.
"Todos los años, cuando llegan los cisnes, los niños se acercan de inmediato a preguntar: ¿Cuál es Romeo, y cuál Julieta?'", dijo ayer la portavoz del parque, Mary Hines, en respuesta a una pregunta de Globe. "Es como un cuento de hadas, ¿por qué echarlo a perder?"
Este año, y el pasado, los cisnes han puesto huevos en la primavera y luego hicieron guardia en el nido mientras visitantes y residentes de cercanías hacían peregrinaciones regulares, esperando ver abrirse los cascarones. No ocurrió ninguna de las dos veces. Ahora se sabe por qué. Fue porque nunca fueron fertilizados por un cisne macho.
La noticias desencadenó algo parecido a un debate entre los espectadores de cisnes en los Jardines Públicos ayer, y algunos insistieron en que la ciudad debía ahora comprar un verdadero Romeo y otros, que la ciudad debería reconocerlos como pareja.
"Si estos dos cisnes hembras son felices juntos, no tienen por qué tener a un macho", dijo Emma Stokien, un niña de 15 de Nueva York. "Es bueno tener a esos cisnes hembras como un símbolo de aceptación en Massachusetts".
Algunos de los involucrados en el acalorado debate sobre el matrimonio homosexual aprovecharon la oportunidad de revivir sus argumentos, con un toque de frivolidad.
"Creo que esto prueba que hay algo en el aire de Massachusetts", bromeó en una entrevista telefónica Brian Camenker, director de Article 8 Alliance, una organización de Waltham que se opone al matrimonio homosexual. "Quizás es el agua la que causa esta locura".
La ciudad ha mantenido cisnes en la laguna de los Jardines Públicos durante 16 veranos. Empleados del parque de la ciudad adoptaron a los actuales Romeo y Julieta hace algunos años, tras la muerte de los otros. El criador dijo a la ciudad que los dos eran hembras, una buena opción para los Jardines Públicos, porque los especialistas dicen que los cisnes machos tienden a ser agresivos.
Pero cuando la primavera pasada aparecieron huevos y los cisnes empezaron a actuar como futuros padres, los cuidadores del parque pensaron que el criador se había equivocado. Empezaron a prepararse para la primera salida de pichones de cisnes en los Jardines Públicos.
Los cuidadores del parque levantaron una valla en torno al nido de nueve o más huevos y empezaron a hacer chequeos regulares, tratando de supervisar el progreso de los huevos. A mediados de julio, sin embargo, los huevos empezaron a desaparecer, uno por uno. Se había visto a los cisnes mismos empujándolos en una laguna cercana. Abundaban las especulaciones de que quizás los cisnes eran descuidados. Tendían a abandonar el nido durante horas. Quizás la atención del público había disturbado su conducta parental, dijeron algunos.
Los cuidadores lograron salvar un huevo con la esperanza de resolver el misterio. Después de las pruebas, descubrieron que el huevo no había sido fertilizado nunca. Y cuando los cisnes volvieron a su refugio de invierno en el Parque Zoológico Franklin, funcionarios del parque decidieron analizar sus sexos. No fue una tarea fácil, dijeron los especialistas.
No es solamente un asunto de volcar a los pájaros, dijo el ornitólogo Frederick Beall, curador general de Zoológico de Nueva Inglaterra, que realizó las pruebas. Exige darlos vuelta y realizar un detallado examen de los órganos reproductivos. Aunque hay un pequeño margen de error, Beall dijo que no tenía ninguna duda de que Romeo y Julieta eran hembras. "Estamos cien por ciento seguros", dijo.
Los cisnes aparean con miembros del mismo sexo si no hay parejas del sexo opuesto disponibles, y uno de ellos representará el rol del sexo opuesto. Tienden a permanecer juntos hasta la muerte, normalmente a la edad de 20 a 30.
"Puedes tener dos cisnes machos, y harán exactamente lo mismo, construir el nido, sentarse encima, pero nunca vas a tener huevos", dijo Beall.
A la hora del retorno de los cisnes a los Jardines Públicos en la primavera, Romeo y Julieta -ahora los cuidadores no lo saben- pusieron un solo huevo, construyeron un nido para albergarlo, y empezaron con el ritual pre-parental. Uno se sentaba encima del nido y el otro mantenía alejados a los patos o salían a beber y comer. A veces cambiaban de papel. Sin embargo, a la semana los cisnes abandonaron el nido, y el huevo estaba destruido. Los cuidadores sacaron el nido y la valla, sin lamentar el huevo que nunca germinaría. (Los cisnes ponen huevos una vez al año).
Mientras Romeo y Julieta, que tienen entre 6 y 7 años, estaban parados junto a la laguna ayer, donde los botes de cisnes se deslizan a sólo metros de su nido, los espectadores sacaban instantáneas y comentaban su belleza.
"Deberían tener un Romeo", se lamentó Laura Elsheimer, una residente de Hudson y propietaria de Sunshines Taxi Cab.
Un visitante de Fort Lauderdale, Florida, sugirió que la ciudad debería tratar de fertilizar uno de los huevos del próximo año para que Romeo y Julieta puedan ser padres del mismo sexo. "Estoy seguro que serían madres perfectas", dijo L.D. Hollingsworth, sonriendo mientras miraba a los cisnes acicalándose uno al otro.
Algunos partidarios de los matrimonios del mismo sexo esperaban que la fama de los cisnes no disminuyera con la revelación de pareja homosexual.
Marty Rouse, directora de campaña de MassEquality, dijo en una entrevista telefónica: "Todavía deberíamos querer y cuidar de nuestros cisnes, sin importar con quién naden".
Al autor se puede escribir a su e-mail: dslack@globe.com.
13 de agosto de 2005
©boston globe
©traducción mQh