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al qaeda expulsada de ramadi


[Chris Kraul] Iraquíes recuperan Ramadi. Vecinos se vuelcan contra los militantes tras tres años de opresión extremista.
Ramadi, Iraq. Cerraron el cybercafé Hissam Hamed, enseñaron a rezar al profesor de historia Abid Mohammed y mataron a Ammar Alwani, 16, porque se burló de sus edictos religiosos.
Casi todo el mundo con el que hablas en Ramadi tiene una historia que contar sobre cómo la vida bajo el gobierno de los rebeldes que se llaman a sí mismos al Qaeda en Iraq, empezó a empeorar poco a poco en los tres años en que ejercieron el control aquí, empujando finalmente a los vecinos de esta ciudad del Triángulo Sunní a los improbables brazos de los militares norteamericanos.
Cuando llegaron en el verano de 2003, los musulmanes extremistas encontraron en Ramadi un terreno fértil para reclutar militantes y luchar contra los marines y soldados norteamericanos que habían ocupado la ciudad después del derrocamiento de Saddam Hussein. Al Qaeda en Iraq declaró incluso un estado islámico en Iraq, con Ramadi como su capital provisional.
Pero con el tiempo, los extremistas se fueron de banda al imponer su estricta doctrina religiosa, secuestrando al gobierno de la ciudad e imponiendo una brutal campaña de intimidación para mantener en línea a los residentes locales, dicen los vecinos.
"Mataban a la gente frente a tus ojos", dice Sameh Khalif, un vendedor de ropa en la Calle del Mercado, refiriéndose a los rebeldes de países extranjeros, entre ellos Siria, Argelia y Marruecos, que llegaron a Ramadi.
El teniente coronel del ejército norteamericano, Mike Silverman, que dirige una unidad a cargo del noroeste de Ramadi, se permite a sí mismo la esperanza de haber superado un período aquí en la provincia de Al Anbar, en gran parte gracias a los errores de al Qaeda en Iraq.
"Casi lo lograron: convertir a Al Anbar en un nuevo Afganistán", dijo Silverman. "Pero se dispararon en sus propios pies. Sus tácticas violentas sólo los desacreditaron más y más".

Ni Amigos Ni Enemigos
Sin embargo, nadie en la Tercera División de Infantería del Ejército, el comando a cargo de la ocupación de Ramadi, reclama haber derrotado a al Qaeda en Iraq, cuyo poder ha fluctuado antes.
Un oficial del ejército que pidió no ser identificado, dijo que el apoyo en el barrio podría desaparecer rápidamente y las lealtades volver a favorecer a los rebeldes si empeorará la situación de seguridad. "La gente aquí piensa lo que dijo Kissinger: No hay amigos ni enemigos; sólo hay intereses".
Oficiales norteamericanos dicen que ningún barrio en Al Anbar fue más receptivo a los militantes que Malaab, una empobrecida área ortodoxa de Ramadi con enormes contingentes de jóvenes desempleados. Pronto, los combatientes rebeldes estaban utilizando el vecindario como una base para almacenar armas y organizar incursiones contra las fuerzas norteamericanas, sosteniendo una lucha de tres años que dejó en ruinas a gran parte de Malaab.
"Este lugar ha sido el más tenebroso", dijo el coronel marine Jim Minick, que dirigía un pelotón patrullando el recientemente pacificado Malaab.
Pero las opresivas tácticas de los militantes y una serie de atrocidades, incluyendo el asesinato de un adinerado dueño de una flota de camiones conocido por ayudar a los vecinos necesitados, volvieron a muchos en el barrio contra al Qaeda en Iraq.
Nassim Abdullah Saleh, el dueño de la flota, fue secuestrado en la calle, apartado por hombres armados enmascarados y asesinado en enero después de que se difundiera el rumor de que estaba colaborando con los norteamericanos.
"Mataron a los mejores", dijo Khalif. "Estábamos indignados, pero no podíamos hacer nada. Teníamos miedo".
Varios residentes entrevistados la semana pasada estaba todavía llorando el asesinato del joven Alwani. Al ambicioso chico de 16 le gustaba salir. Pero entre sus compañeros de escuela hablaba con desdén de los dictados religiosos de los rebeldes. En febrero fue capturado cuando hacía compras para su padre, llevado al cementerio en el sector noroeste del barrio y ejecutado junto a otras cuatro víctimas. Los asesinatos fueron grabados en video y se distribuyó en DVD en el barrio como un aviso.
"Era un chico muy amistoso, ambicioso, y simplemente lo hicieron ocupar su lugar en la línea y lo mataron", dijo Attala Turki, un ingeniero desempleado. "Es por eso que estamos cansados de los terroristas y dispuestos a aceptar al ejército y la policía iraquíes y a los norteamericanos".

Asesinatos de Maestros
Los militantes también atacaron a los maestros de Ramadi, asesinando a varios profesores de primaria así como a diez docentes de la Universidad de Al Anbar, que se negaron a enseñar la sharia, o ley islámica, dijo el profesor de historia árabe Abid Mohammed. Como resultado, el sistema escolar de Ramadi estuvo cerrado durante meses porque alumnos y profesores estaban aterrados de que al Qaeda pudiera irrumpir en las aulas.
Pero desde septiembre la mayor parte de las escuelas de la ciudad han vuelto a abrir sus puertas, dijeron funcionarios, y Mohammed se está encargando de una escuela especial de alfabetización para reclutas de las fuerzas de seguridad en la nueva comisaría de policía en el barrio de Faraj.
El joven emprendedor y operador de cybercafé, Hamed, dijo que al Qaeda en Iraq amenazó con hacer volar su tienda a menos que inhabilite sus dos ordenadores. "Arruinaron mi negocio", dijo Hamed. "Luego, repentinamente, volvió la policía iraquí y la seguridad ha mejorado, así que he vuelto a abrir. Por supuesto, tengo el apoyo de las fuerzas de seguridad de aquí".
Ese apoyo se ha hecho evidente en el aumento de los reclutas para la policía y ejército, el descenso de los ataques contras las fuerzas norteamericanas y un aumento en los hallazgos de alijos de armas, un ciclo sostenido por el mejoramiento de la seguridad. La mayoría de los rebeldes fueron expulsados de Ramadi en diez operaciones militares norteamericanas entre enero y mediados de abril. Al marcharse, los militares dejaron varias comisarías de policía equipadas con nuevos reclutas.
"Podría haberme unido a ellos hace un año. Entonces me habrían decapitado", dijo el recluta de policía Nasser Ibrahim Hussein, 20, mientras hacía guardia en el Hospital General de Ramadi.
Al mismo tiempo, los vecinos de Malaab y otros barrios se apartaban cada vez más de los rebeldes.
En mayo pasado, el jeque Hameed Farhan Hays, que encabeza una tribu en el borde rural al norte de la ciudad, dijo a los insurgentes que estaba formando su propia milicia para impedir que siguieran usando su granja para lanzar ataques de mortero contra las fuerzas norteamericanas. La razón: Las fuerzas norteamericanas estaban respondiendo el fuego con proyectiles de artillería que estaban acabando con sus corderos y poniendo en peligro a su familia. Los militantes respondieron incendiando la casa del jeque y secuestrando brevemente a él y dos de sus hijos.
Eso fue la última gota para Hays, que pronto organizó una reunión de jeques para discutir sobre cómo resistir ante al Qaeda en Iraq. Entre los que asistieron se encontraba Abu Fahad Jabbar, cuyo hermano había sido asesinado por al Qaeda por pronunciarse contra las prácticas de chantaje de los extremistas.
"Descubrimos que todos teníamos historias tristes que contarnos", dijo Jabbar. "Empezamos a despertar".
Semanas más tarde, los jeques empezaron a difundir la idea de que los jóvenes de las tribus debían unirse a la policía por una cuestión de honor, provocando un aumento de los reclutas.
De momento al menos, los vecinos están respirando con más facilidad.
"No creo que vuelvan los insurgentes", dijo el profesor universitario Hassan Raikean. "Esos días malos no volverán porque la gente decidió que no los quiere volver a vivir".

chris.kraul@latimes.com

1 de mayo de 2007
29 de abril de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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el tatuaje entre los iraquíes


[Christian Berthelsen] Rodeados de muertes violentas, algunos chiíes optan por marcas distintivas para que sus familiares puedan identificarlos en caso de muerte.
Bagdad, Iraq. La espantosa procesión de cuerpos decapitados y cadáveres mutilados que ha dado forma a la muerte en Iraq llevó a Firas Adil Saadi a hacer algo que era antes aquí la provincia de convictos y degenerados: Hacerse un tatuaje.
El musulmán chií de 28 años tiene ahora una marca en su hombro derecho, de modo que su familia se ahorre la desesperación de no poder identificar sus restos. En una adornada caligrafía árabe, dice: "Mi hermano Husam", en homenaje a un primo que sufrió ese destino. Saadi también lleva documentos de identificación, pero cree que en un atentado con bomba podría resultar quemado de tal modo que haga imposible su reconocimiento.
"La idea se me ocurrió después de ver esos incidentes de todos los días en los que algunos cuerpos quedan mutilados y desfigurados, algunos incluso decapitados, y el hecho de que los carnés de identidad se pierden o destruyen", dijo Saadi, un comerciante que trabaja en el mercado Shorja de Bagdad, que ha sufrido numerosos atentados con bomba. "Incluso el agua de los bomberos los destruye, así que pensé sobre un carne de identidad que fuera imborrable, y ese es el tatuaje".

La Muerte Vence al Tabú
En Iraq, se ha convertido en esto: Enfrentados al espectro omnipresente de la muerte, un número creciente de personas, principalmente hombres chiíes, están dispuestos a contravenir el tabú sociológico para buscar un acomodo con ella.
Aunque los tatuajes no son exactamente haram, o prohibidos, según la ley islámica, en el Iraq moderno son mirados con el ceño fruncido. Hubo una época aquí en que hombres y mujeres llevaban tatuajes tribales, tales como marcas en las muñecas o pequeños puntos en la barbilla como un signo de belleza o por razones espirituales, para alejar los malos espíritus.
Sin embargo, en el pasado reciente los tatuajes han adquirido un nuevo papel: Eran usualmente llevados por hombres de las clases bajas y se convirtieron en un modo de identificar los cuerpos de los prisioneros en caso de que fueran torturados hasta la muerte por los gendarmes. Reprimidos por Saddam Hussein, los chiíes constituyen el grueso de las clases bajas, lo que podría explicar porqué están más dispuestos que los sunníes a dejarse tatuar.
"Creo que uso del tatuaje por gente de todas las clases sociales es algo así como un retorno a la barbarie, y eso es exactamente lo que quieren los norteamericanos, que Iraq vuelva a una época de antes de la civilización", dijo Hashim Hassan, profesor chií de la Universidad de Bagdad.
"Tanto las clases bajas como medias están haciéndose tatuajes en el cuerpo. Se da más entre hombres que entre mujeres porque se cree que los hombres son más frecuentemente atacados, así que no quieren perder los vínculos con sus familias", incluso si los matan, dijo. "Creo que llegará una época en que cada familia tendrá un tatuaje propio y serán reconocidas por ello".
La población de Iraq de 27 millones de habitantes es menor que la de California. Según un cálculo, desde la invasión norteamericana de 2003 han sufrido muertes violentas unas 601 mil personas, el equivalente de la pérdida de Long Beach y Thousand Oaks.
Iraq ha sido durante un largo tiempo un país violento y peligroso, pero la tasa de defunciones se ha cuadruplicado desde la invasión, y la violencia se ha hecho mucho más arbitraria que cuando el régimen de Hussein atacaba a sus ciudadanos por delitos reales o imaginarios, grandes o pequeños.
Aunque el nivel de violencia se ha reducido desde el verano pasado, los iraquíes todavía viven con una falta de seguridad personal que es casi inconcebible en cualquier otra parte del mundo. El simple acto de ir al mercado, a la mezquita o a la universidad es una empresa con riesgo de vida. Sin embargo, continúan llevando sus vidas, con pequeños ajustes, como los tatuajes.
Para los artistas del tatuaje, este se ha convertido en un negocio rentable, aunque se realiza en gran parte en la oscuridad, en sótanos sin letreros, en casas o en tiendas que, en sus fachadas, ofrecen otros servicios.
El artista Adil abu Salam, 45, un iraquí graduado de una academia de bellas artes y que trabajaba en tatuajes en el Líbano, donde su arte goza de más aceptación, se reúne con sus clientes en la tienda de ropa de un amigo en el barrio chií de Karada. Volvió a Iraq en 2004, después del derrocamiento de Hussein.
En los últimos meses, el público es cada vez más numeroso, dice Abu Salam. "Al principio, la gente lo usaba como elemento de embellecimiento. Ahora están pidiendo símbolos especiales, signos, colores y dibujos. La cantidad de gente que pide tatuajes ha aumentado debido a la mala situación de la seguridad".

Influencias Occidentales
Por supuesto, no todos los tatuajes se hacen puramente por motivos mortales. Posiblemente en respuesta a la influencia occidental, que va desde la presencia de guardias de seguridad occidentales fuertemente tatuados hasta imágenes de famosos norteamericanos tatuados en la televisión por satélite, algunos iraquíes están haciéndose tatuajes por razones cosméticas, con diseños para tipos rudos, como escorpiones o arañas. Las chicas adolescentes se están haciendo tatuajes en secreto, y Abu Salam está enseñando a una artista para que trabaje con ellas, "especialmente en algunos lugares del cuerpo", dijo.
Pero él y otros creen que el interés por poder ser identificados en caso de muerte sigue siendo la principal razón por el incremento del negocio. Los precios de Abu Salam empiezan a los treinta dólares -el salario de una semana para un iraquí promedio-, y puede llegar hasta ciento cincuenta dólares por el profundo tatuaje que piden los clientes cuando lo que quieren es un elemento de identificación.
"Me siento muy triste y me apena saber cómo estamos pensando, que queremos ser identificados después de nuestra muerte", dijo Saadi, el hombre tatuado recientemente. "Pero en nuestro país los métodos de asesinato son bárbaros, y el blanco es gente inocente".

christian.berthelsen@latimes.com

Raheem Salman y Zeena Karee contribuyeron a este reportaje.

30 de abril de 2007
20 de abril de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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jeques sunníes contra al_qaeda


[Chris Kraul] Jefes tribales iraquíes forman un partido contra al Qaeda con el que participar en elecciones.
Ramadi, Iraq. Un grupo de líderes tribales sunníes en la sitiada provincia de Al Anbar dijeron el jueves que tenían la intención de formar un partido nacional para luchar contra insurgentes como al Qaeda en Iraq y participar en el proceso político iraquí.
El anuncio se produjo después de que 200 jeques que representan a cincuenta tribus, se reunieran aquí y acordaran formar un concejo provincial de jeques y realizar en mayor el primer congreso de su nuevo partido, llamado Despertar Iraquí. También asistirán los jeques de otras tres provincias, dijeron los organizadores.
La fuerza motriz detrás del nuevo partido, el jeque Abdul-Sattar abu Risha, dijo en una entrevista que los líderes tribales presentarán una lista de candidatos para las elecciones provinciales en Al Anbar más tarde este año, así como en la próxima ronda de las elecciones parlamentarias nacionales, convocadas para 2009.
Uno de los objetivos del partido, dijo Sattar, es difundir una mejor imagen de las fuerzas norteamericanas "entre los iraquíes". Agregó que las tribus también participarán en los esfuerzos norteamericanos por restablecer el poder judicial en Ramadi, la capital provincial.
El jeque es líder de la tribu Abu Risha, que forma parte de la confederación tribal de Dulaimi, en Al Anbar. Su decisión política ha sido rechazada por algunos. Su base de apoyo se encuentra en los alrededores de Ramadi, aunque ha estado tratando de acercarse a otras ramas de la tribu Dulaimi en los alrededores de la provincia. Sin embargo, su historia sigue siendo un tema de especulación, y otros desconfían de él, incluso aunque busquen una asociación nominal con su movimiento ahora que los líderes tribales se agrupan para atacar a al Qaeda y sus afiliados.
Jefes militares norteamericanos aquí dijeron que saludaban el anuncio porque en los últimos meses la cooperación de los jeques en Al Anbar había contribuido a un incremento de los reclutas de la policía y ejército iraquíes y a una fuerte reducción de los ataques rebeldes contra las tropas norteamericanas y sus aliados iraquíes.
Después de permanecer neutrales o a favor de la resistencia tras la invasión norteamericana en 2003, muchos jeques de Al Anbar finalmente se decepcionaron de la resistencia debido a la brutalidad de los militantes extranjeros. Sattar dijo que él empezó a organizar a los jeques en septiembre, después de que su padre y tres hermanos fueran asesinados por los rebeldes.
"Los terroristas destruyeron la red de gente y sus medios de comunicación, y el nuevo concejo de jeques tiene la función de reinstalarla y luchar contra los rebeldes hasta que los saquemos del país", dijo Sattar.
Las mejores condiciones de seguridad en Al Anbar, que los militares norteamericanos atribuyen a las posiciones en curso de los jeques de la región, ha sido un punto positivo en Iraq en los últimos meses.
Los jeques, que han sido tradicionalmente los líderes culturales aquí, se sintieron marginados por el sistema político impuesto por la invasión de 2003. Algunos funcionarios de la ocupación norteamericana veían a los jeques y su control de las familias como poco democrático.
El gobernador de Al Anbar, Mamoun Sami Rasheed, dijo el jueves que los jeques se marginaron a sí mismos al negarse a participar en las elecciones iraquíes de 2005 y, en algunos casos, al apoyar a la organización al Qaeda en Iraq.
A su vez, los jeques se han burlado de algunos de los representantes provinciales, por ser políticos ausentes sin vínculos locales.
Pero algunos jeques en Ramadi y otras partes de Al Anbar han establecido desde el año pasado relaciones más estrechas con las fuerzas armadas norteamericanas, cuando empezaron a tomar posición contra la resistencia y al Qaeda en Iraq.
Con el apoyo de los jeques, las tribus de la provincia de Al Anbar han contribuido en los últimos meses con miles de reclutas a las fuerzas de seguridad iraquíes, permitiendo que las tropas norteamericanas conservaran y pacificaran partes de la inquieta provincia.
El número de ataques rebeldes en Ramadi y zonas adyacentes ha caído a sólo una fracción de lo que era hace un año, dijo el coronel de ejército John Charlton, comandante del Equipo de Combate de la Primera Brigada, Tercera División de Infantería, que es el comandante general para la zona de Ramadi.
Sattar dijo que el concejo de jeques rendiría "completa responsabilidad por cualquiera de su tribu. También identificarán a los extranjeros -hombres, mujeres o niños- que traten de introducirse en los barrios".
Analistas que han elogiado el anuncio de los jeques así como los intentos de Estados Unidos de colaborar con ellos, han advertido que la situación política sigue siendo muy volátil.
"Es sólo ahora que Estados Unidos parece convencido de la necesidad de construir una base local de apoyo contra al Qaeda", dijo Joost Hiltermann, consultor del Grupo de Crisis Internacional en Amán, la capital de Jordania. "Lo que esta gente quiere es una restauración del poder sunní, o conservar ciertos privilegios, o, más simplemente, protección de su comunidad contra la mayoría chií e Irán".
Vali Nasr, experto en Oriente Medio de la Escuela Naval de Posgrado de Monterrey, California, dijo que "el resultado más importante puede no estar en el campo de batalla, sino en la producción de nuevas voces sunníes con las que chiíes y kurdos puedan negociar".
Michael O'Hanlon, de la Brookings Institution en Washington, dijo que el mejoramiento de las relaciones de Estados Unidos con los jeques sunníes hacía "sentido", pero que los oficiales debían pensar en el "siguiente paso".
"Necesitamos establecer mejores contactos entre los sunníes con el objetivo de negociar el fin de la guerra civil", dijo. "Y esto podría ser la oportunidad para crear socios para el proyecto mayor, al mismo tiempo que sirve una necesidad inmediata".

chris.kraul@latimes.com

Ned Parker en Los Angeles contribuyó a este reportaje.

29 de abril de 2007
20 de abril de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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un muro separará a bagdad


[Edmund Sanders] Más barreras en Bagdad. Tropas norteamericanas levantan muro para limitar violencia. El muro aísla a un barrio sunní de las zonas chiíes circundantes.
Bagdad, Iraq. Una brigada militar norteamericana está construyendo una muralla de concreto de cinco kilómetros de largo para aislar una de las zonas árabes sunníes más inestables de la capital, de los barrios de chiíes musulmanes que la rodean, aumentando los temores de una mayor balcanización de la ciudad más populosa y violenta de Iraq.
Jefes militares norteamericanos en el norte de Bagdad dijeron que la valla de 3.6 metros de alto haría más difícil los ataques de los terroristas suicidas y que los escuadrones de la muerte y milicianos de grupos sectarios se atacaran unos a otros para luego retirarse a sus propios territorios. La construcción empezó el 10 de abril y se espera que esté terminada para fines de mes.
Aunque Bagdad está repleta de muros de contención antiexplosivos, puestos de control y otras vallas temporales, incluyendo una enorme muralla en torno a la Zona Verde, el muro que está siendo construido en Adhamiya será el primero que se levante esencialmente en razón de consideraciones sectarias.
Un barrio predominantemente sunní, Adhamiya es uno de los lugares más conflictivos de Bagdad, evitado no solamente por chiíes sino también por sunníes de otros barrios. La zona está rodeada casi completamente por barrios dominados por chiíes, tales como Shamayisa y Gurayaat.
El ambicioso proyecto es un signo de lo lejos que están dispuestos a llegar los norteamericanos para poner fin al derramamiento de sangre en Iraq. Pero oficiales norteamericanos negaron que fuera una táctica central de la campaña de seguridad iraquí-norteamericana que empezó el 13 de febrero.
"Respetamos a los comandantes en el terreno, pero dividir toda la ciudad con vallas no es parte del plan", dijo el jueves el portavoz militar norteamericano, el teniente coronel Christopher Garver.
La construcción de la muralla fue informada el jueves por el diario Stars and Stripes.
Chiíes y sunníes que viven a la sombra de la muralla compartieron su indignación por la imponente nueva estructura.
"¿Están tratando de dividirnos en cantones sectarios diferentes?', dijo el dueño sunní de una droguería en Adhamiya, que sólo accedió a identificarse como Abu Ahmed, 44. "Esto empeorará la guerra religiosa y sólo servirá para hacer fracasar los intentos de reconciliación".
Algunos de los clientes de Ahmed viene de barrios chiíes o mixtos que se encuentran aislados por enormes barreras junto a la carretera principal. Los clientes y otros que quieren cruzar hacia el barrio sunní debe aparcar sus coches fuera de Adhamiya y atravesar a pie un angosto pasaje en la muralla y abordar un taxi al otro lado.
Varios vecinos entrevistados compararon el proyecto con las enormes vallas construidas por Israel en torno a algunas zonas palestinas.
"¿Estamos en Cisjordania?", preguntó Abu Qusay, 48, un farmacéutico que dijo que ya no podría llegar a su restaurante de kebab favorito en Adhamiya.
Los vecinos se quejaron de que Bagdad ya estaba dividido por cientos de barreras que causan diariamente embotellamientos de tráfico.
Algunos pronosticaron que la nueva valla se convertirá en un objetivo de los militantes de los dos lados. La semana pasada, los equipos de construcción fueron atacados con armas ligeras, informaron los militares.
"Creo que es el principio de un esquema en el que todo Iraq se verá dividido por criterios sectarios y étnicos", dijo Abu Marwan, 50, un farmacéutico chií.
Marwan vive en una zona predominantemente chií adyacente a la muralla, pero trabaja en Adhamiya. Desde que empezara la construcción del muro, ha tenido que caminar a su trabajo, antes que conducir.
Najim Sadoon, 51, está preocupado de que pueda perder clientes en su tienda de artículos para el hogar. "Este cierre de la calle ocasionará graves problemas económicos", dijo. "Aumentarán los costes del transporte. Los clientes que venían acá en sus coches ahora preferirán otros lugares".
Majid Fadhil, 43, un comisario de policía en un barrio al norte de la muralla, dijo francamente: "Esta valla no resultará".
De momento, las barreras han cortado calles y aceras, evitando casas y patios, dijeron residentes.
Funcionarios del Pentágono abordaron primero la idea de crear ‘comunidades amuralladas' este año en Bagdad.
Pero hace poco los militares han enfatizado la negociación política así como el aumento de la presencia de tropas como una manera de mitigar el conflicto sectario.
De viaje por Oriente Medio esta semana, el ministro de Defensa Robert M. Gates llamó repetidas veces a la unidad y reconciliación. Se espera que se reúna hoy en Bagdad con líderes religiosos y funcionarios de gobierno.
La construcción de Adhamiya no es la primera vez que estrategas militares norteamericanos han intentado aislar regiones hostiles. En 2005, tropas norteamericanas trataron de cercar con bermas de barro la ciudad sunní de Samarra para impedir que los rebeldes entraran o salieran de la ciudad. Una estrategia similar se utilizó en Tall Afar y Faluya. Experimentos con vallas menos caras y trincheras también se han intentado en Bagdad y Kirkuk.
El último proyecto es el trabajo de la Brigada de Apoyo 407, parte de la División Aerotransportada 82, basada en el Campamento Taji al norte de Bagdad. Desde el 10 de abril, los soldados se han aventurado fuera casi todas las noches después del toque de queda, para supervisar la instalación de segmentos de valla de 6300 kilos, utilizando gigantescas grúasde construcción y empleando cuadrillas iraquíes, dijo el sargento del ejército Michael Pryor, especialista en relaciones públicas de la unidad.
Los soldados han apodado el proyecto como ‘La Gran Muralla de Adhamiya'. Los comandantes de la División 82 no pudieron ser localizados para que comentaran la noticia el jueves. En un comunicado de prensa el martes, los militares dijeron que la intención del proyecto era proteger a los ciudadanos de los dos lados.
La muralla está "sobre una frontera de sunníes y chiíes y la idea es limitar parte de la violencia, controlando el acceso a los barrios", dijo en el comunicado el capitán de ejército Marc Sanborn, ingeniero del proyecto. Dijo que el concepto se acercaba más al de las exclusivas comunidades amuralladas de Estados Unidos que a la Gran Muralla china.
En un e-mail, Pryor dijo que era demasiado pronto como para saber cómo reaccionarían los vecinos.
"Tenga en mente que este es un proyecto en curso", escribió Pryor. "No estamos completamente seguros de cómo se sentirá la gente, de uno y otro lado".

edmund.sanders@latimes.com

21 de abril de 2007
20 de abril de 2007
©los angeles times
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tensiones entre grupos chiíes


[Alissa J. Rubin] Manifestación en Basra delata crecientes tensiones entre los chiíes de Iraq.
Bagdad, Iraq. En el último signo del empeoramiento de las tensiones entre grupos chiíes, varias centenas de personas se reunieron el martes para pedir la dimisión del gobernador de Basra, una movida que podría provocar el caos en la sureña e inestable ciudad.
Los manifestantes se reunieron en trece tiendas a las riberas del río Ashar, en Basra, la segunda ciudad de Iraq, para iniciar una manifestación de tres días frente al despacho del gobernador. Pertenecen a diferentes grupos, pero entre ellos había gente que parecía tener vínculos con el clérigo chií Moqtada al-Sáder.
El movimiento de Sáder está cada vez más alejado del gobierno, incluso aunque su partido forma parte de la coalición chií que ayudó a subir al poder al primer ministro Nuri Kamal al-Maliki. El lunes, seis ministros aliados a Sáder anunciaron su dimisión del gobierno.
El gobernador, Muhammad al-Waeli, es de Fadhila, un partido chií que, también hace poco, se retiró de la coalición chií en el parlamento, aunque su partido no se entiende con el grupo de Sáder.
Funcionarios de gobierno en Bagdad dijeron que el gobernador estaba siendo presionado para que renunciara, pero no había todavía signos de que fuera a abandonar su cargo. Su renuncia podría exacerbar peligrosamente la lucha por el poder entre los partidos políticos chiíes en Basra -que luchan todos ellos por el control de la zona rica en petróleo y cercana al Golfo Pérsico.
En Basra, Diwaniya y Kut, todas áreas en el sur, han habido enfrentamientos entre la organización de Sáder y fuerzas del gobierno, aunque las dos son dominadas por chiíes.
El martes los manifestantes se quejaron sobre todo de la falta de servicios públicos en la ciudad, incluyendo la electricidad, el agua potable y trabajo. Varios manifestantes describieron a Waeli como un político corrupto que daba trabajo sólo a la gente de su propio partido.
"Queremos vivir como seres humanos, y nuestra ciudad carece de un montón de servicios básicos", dijo uno de los manifestantes. Assad Nusaef, que llevaba la ropa negra que caracteriza a los partidarios de Sáder. "No tenemos agua, y tenemos que comprarla en agencias oficiales".
"Dependemos del petróleo del estado, pero vivimos en la pobreza y el gobernador y su partido son responsables del desempleo", agregó. "Los seguidores de Fadhila ocupan todos los puestos de trabajo de la Southern Oil Company y no permiten que nadie más sea empleado en esta compañía". La Southern Oil Company es la empresa estatal del sur de Iraq.
Militantes de Fadhila negaron las acusaciones y dijeron que eran el blanco de animosidades debido a que se habían retirado de la gobernante coalición chií.
"Sé que se han cometido errores, pero nos oponemos al uso de la violencia contra nosotros", dijo Wael Samir, miembro del Partido Fadhila. "Esta protesta es contra el Partido Fadhila, no contra el gobernador, porque Fadhila se retiró del grupo chií".
En Diwaniya, otra provincia sureña, fuerzas del gobierno y tropas norteamericanas llevaban a cabo las últimas fases de la operación de varios días contra hombres armados aliados con Sáder. El martes, soldados norteamericanos repartieron folletos en la ciudad, instando a los vecinos a entregar a siete hombres "buscados por el asesinato de gente inocente".
Fuerzas norteamericanas continuaron revisando los vehículos que entraban a la ciudad, de acuerdo a la policía local. Unas 135 personas han sido detenidas en la operación, según fuerzas de seguridad iraquíes.
La violencia en Badgad pareció aminorar el martes, con sólo algunas personas heridas por proyectiles de mortero y tiros. Sin embargo, se encontraron 25 cadáveres, según informó un funcionario del ministerio del Interior -un número de bajas mayor que en las últimas semanas. Si la tendencia persiste, podría indicar el retorno de las actividades de los escuadrones de la muerte que habían aflojado desque que fuerzas norteamericanas e iraquíes empezaran la nueva campaña de seguridad en Bagdad el 14 de febrero.
En Mosul, la policía mató a un terrorista suicida cuando este se acercaba en su camión a los portones de una base del ejército iraquí, dijo el comandante Saeed al-Jibouri. El camión explotó, sea como resultado de los disparos o debido a que el terrorista hizo detonar la bomba antes de morir, matando a un civil y dejando heridos a otros cuatro. Sin embargo, los daños pudieron haber sido peores si el conductor hubiese llegado a su objetivo.
En Ramadi, en la provincia de Anbar, las fuerzas de seguridad encontraron diecisiete cuerpos enterrados en una escuela primaria, dijo el coronel Tariq Yousif, supervisor de seguridad de la ciudad. La zona había estado bajo el control de al Qaeda en Mesopotamia.
Las fuerzas armadas norteamericanas informaron que el lunes murió un soldado como resultado de heridas sufridas cuando su vehículo pisó una bomba improvisada.
Los militares también aclararon que sus primeros informes del lunes, de que un grupo de soldados había matado a tres agentes de policía iraquíes por error en un allanamiento en Ramadi, eran incorrectos. Los muertos eran hombres armados, no policías.

Gates Comenta Dimisión de Ministros
[Amán, Jordania] La dimisión de seis miembros del gabinete seguidores de Sáder podría ser un "desarrollo positivo" si su remplazo ayudara a reducir las tensiones sectarias, dijo el martes el ministro de Defensa Robert M. Gates.
Pero reconoció que los motivos del clérigo chií para retirar a sus seguidores del gobierno, seguía siendo un misterio. Gates dijo que los efectos de la decisión, que han aumentado los temores de que se intensifique la violencia sectaria, son todavía desconocidos.
Oficiales norteamericanos han presionado desde hace tiempo al primer ministro Maliki para que nombre a más sunníes en posiciones en el gobierno iraquí para reducir su apoyo a la resistencia.
"Creo que el efecto de estas renuncias dependerá en algún modo de quién sea elegido para remplazar a esos ministros y si esas vacantes son usadas de modo que puedan reforzar el proceso de reconciliación", dijo Gates a periodistas después de conversaciones con funcionarios de gobierno aquí.
Evitó pedir a Maliki que nombrara a sunníes en remplazo de los ministros dimitidos, pero dijo que "ampliar la representación en el gabinete" era una opción posible para hacer progresar el proceso de reconciliación.
Gates, en un viaje de una semana por la región, se reunió el martes con el rey Abdula II, de Jordania.

20 de abril de 2007
17 de abril de 2007
©new york times
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la movida de moqtada al-sáder


La salida de los ministros chiíes extremistas del gabinete de Maliki, no augura nada bueno para Iraq.
Justo cuando pensábamos que el gobierno de Iraq se había hundido todo lo que era posible, se hundió todavía más, después de una temeraria demostración de poder de Moqtada-al Sáder.
Hasta ahora, Sáder, un clérigo virulentamente antinorteamericano, ha sido el aliado político más poderoso del primer ministro Nuri Kamal al-Maliki. Pero el lunes, debido a su intervención, renunciaron los seis ministros de su partido en el gabinete de Maliki. El gobierno todavía depende de los votos en el parlamento del partido de Sáder, el grupo más numeroso del gobernante bloque chií.
Maliki, un soso e ineficaz político, lleva un año como primer ministro. Pero desde el principio su autoridad ha dependido del apoyo de Sáder, un carismático demagogo con un atemorizante ejército privado, un poderoso partido político y una impresionante capacidad para sacar a sus partidarios a la calle.
Maliki pensó probablemente que era mejor tener al partido de Sáder dentro del gabinete, exigiendo el apoyo de sus seguidores y la protección oficial de su agresiva milicia privada, que afuera, rechazando abiertamente las políticas del gobierno, incluyendo el apoyo de Maliki a la continuada presencia militar norteamericana en Iraq.
Ahora Maliki corre el riesgo de vivir la peor de las dos opciones. Sáder hizo renunciar a sus ministros en el gabinete en un intento de obligar al gobierno a fijar un calendario de retirada de las tropas norteamericanas de Iraq. Maliki no puede decir simplemente no, porque si el partido de Sáder se vuelve contra él, podría perder la mayoría en el parlamento. Tampoco puede decir simplemente sí, porque la supervivencia física de su gobierno todavía depende probablemente de esas tropas norteamericanas. Entretanto, Sáder se ha alineado con una causa altamente popular que probablemente incrementará todavía más su influencia.
Este estrujón deja al gobierno de Bush en Bagdad en una posición todavía más frágil que antes. El ministro de Defensa, Robert Gates, que ahora viaja por la región suplicando a los mandatarios árabes que dejen de lado sus recelos sobre los logros del gobierno de Maliki, y su probable remplazo por tecnócratas políticamente neutros, está tratando de convencerlos de que la partida de los ministros de Sáder podría en realidad ayudar a estabilizar al gobierno iraquí.
Pero el gobierno tecnocrático no será suficiente, especialmente ahora que Sáder está incitando a la división desde los lados. La campaña militar norteamericana en Bagdad tiene que mostrar todavía resultados significativos. Pero incluso si los hay, todo avance en la seguridad será rápidamente anulado si el gobierno iraquí no toma una serie de medidas decisivas. Estas medidas van desde la repartición del poder político y los recursos económicos con la minoría sunní, la erradicación de las milicias sectarias y la creación de fuerzas de seguridad comprometidas con la protección de todos los iraquíes sin distinción.
Las medidas requerirán voluntad y autoridad política, no solamente capacidad administrativa. Maliki no ha dado muestras de ninguna de las dos. Y parece todavía menos probable que las vaya a exhibir ahora.

19 de abril de 2007
18 de abril de 2007
©new york times
©traducción mQh
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chiíes abandonan gabinete


[Tina Susman] Políticos chiíes leales a Sáder abandonan gobierno. Chiíes se vuelcan contra Estados Unidos.
Bagdad, Iraq. Seis miembros del gabinete leales al clérigo radical chií Muqtada Sáder dimitieron hoy en protesta por el apoyo del primer ministro a la ocupación norteamericana, con lo que se incrementan las tensiones en el fracturado gobierno mientras lucha por contener la violencia sectaria.
La dimisión colectiva se produjo en una jornada especialmente sangrienta para los iraquíes que trabajan con las tropas norteamericanas en la campaña de seguridad que entra ahora en su tercer mes.
En Mosul, una ciudad al norte de Iraq, la policía dijo que hombres armados atacaron un puesto de control iraquí y mataron a trece soldados iraquíes. Al oeste de Bagdad, en el bastión rebelde de la provincia de al Anbar, tropas norteamericanas mataron a tres policías iraquíes en medio de la confusión durante un allanamiento de un sospechoso de la red al Qaeda en Iraq, dijeron los militares.
De acuerdo a la declaración norteamericana, fuerzas estadounidenses fueron atacadas por hombres armados en dos edificios diferentes durante la operación en las afueras de Ramadi, la capital provincial, y abrieron fuego. Más tarde se enteraron de que los tres hombres que mataron, eran agentes de policía iraquíes.
La declaración dice que antes de la operación, tropas estadounidenses habían sido informadas de que no había tropas iraquíes en la zona.
"Hacemos todo lo posible para reducir el riesgo para las fuerzas amigas", dijo más tarde un portavoz militar, el teniente coronel Christopher Garver. La declaración agrega que capturaron a siete sospechosos de terrorismo.
En Bagdad, al menos cuatro iraquíes murieron en incidentes violentos relacionados con la guerra entre sectas. Tres murieron cuando proyectiles de mortero cayeron en un barrio mixto chií-sunní, al sur de Bagdad. En la zona predominantemente sunní de Dora, una mujer murió tras ser alcanzada por la bala de un francotirador.
También hoy los militares anunciaron la muerte de un soldado estadounidense, elevando el número de bajas de soldados estadounidenses en Iraq desde la invasión de marzo de 2003, a 3.302, de acuerdo a la página web www.icasualties.org, que cubre las bajas de la guerra. La declaración dice que otro soldado murió el 12 de abril cuando su patrulla pisó una bomba improvisada en Bagdad.
La dimisión de los ministros partidarios de Sáder del gabinete había sido anunciada en amenaza en los últimos días y tapaba un enfrentamiento que empezó a principios de mes cuando miles de partidarios del clérigo realizaron una marcha demandando la retirada de las tropas estadounidenses. Al día siguiente, Maliki reiteró su apoyo a la presencia norteamericana.
En una declaración después del anuncio del bloque de Sáder, Maliki repitió su opinión de que la retirada de tropas estadounidenses no debería ocurrir sino cuando las fuerzas de seguridad iraquíes estuvieran en condiciones de proteger el país.
Maliki también dijo que se alegraba de la partida del bloque de Sáder, una bofetada en la cara a los ministros cuya lealtad en el parlamento ha contribuido a mantener el poder en manos de los chiíes.
Uno de los ministros de gabinete salientes, Saad Hashimi, cuya cartera era la de asuntos provinciales, negó que la dimisión puede debilitar al gobierno en estos momentos críticos y violentos.
"Queremos fortalecer el gobierno, no debilitarlo", dijo, insistiendo en que la decisión obligará a Maliki a enfrentar los problemas en su gabinete y remplazar a los ministros improductivos, por tecnócratas que no sean elegidos sobre la base de sus afiliaciones religiosa o étnica.
"Las cuotas provocan ministerios débiles, así que le estamos dando una oportunidad al primer ministro para que elija a los mejores", dijo, negándose a especificar qué ministerios pensaba él que eran débiles.
Ghufran Saidi, uno de los miembros del bloque parlamentario, culpó a la influencia estadounidense de las actuales divisiones sectarias en el gobierno y dijo que mientras hubiera tropas norteamericanas en Iraq, los líderes del país no podrían tomar decisiones libremente.
La dimisión tiene por fin obligar a Maliki a aceptar eso. "Esperamos que los otros bloques nos sigan y dejen de lado sus intereses individuales. Queremos ser los primeros en empezar una época libre de las cuotas sectarias", dijo Saidi.
La decisión no afecta la representación parlamentaria del bloque, que es de unos treinta escaños. Saidi dijo que seguirán formando parte de la Alianza Iraquí Unida, el principal bloque de partidos chiíes que incluye el de Maliki. Sin embargo, su partida del gabinete fue un claro indicio de la creciente impaciencia de Sáder con el primer ministro y con la campaña de seguridad norteamericano-iraquí.
El clérigo goza de un enorme respaldo entre los jóvenes de Iraq, entre pobres y a menudo indignados chiíes que se enfadan todavía más por la incapacidad del plan de seguridad de mitigar los ataques contra objetivos chiíes. También dirige una milicia que en el pasado luchó encarnizadamente contra las tropas norteamericanas.
Todo enfrentamiento entre él y el primer ministro podría traducirse en mayores conflictos en las calles de sus bastiones y provocar más dolores de cabeza a un gobierno que ya cojea por las luchas internas. Eso no augura nada bueno para los objetivos de Estados Unidos, de lograr que el gobierno de Iraq apruebe leyes destinadas a reconciliar a los diferentes grupos en conflicto en Iraq, dicen analistas.
"Si no logramos un acomodo político... entre los principales partidos políticos iraquíes en cuanto a algunos temas importantes, no habrá entonces ninguna esperanza de revertir la situación en Iraq, y lo que están haciendo nuestras tropas es postergando el inevitable desastre de una guerra civil de mucho mayor alcance", dijo el analista político Larry Diamond, que sirvió en 2004 como asesor de la Autoridad Provisional de la Coalición que gobernaba entonces Iraq.

susman@latimes.com
Suhail Ahmad en Bagdad, y Ruaa Al-Zarary en Mosul contribuyeron a este reportaje.

17 de abril de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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dos agencias de espionaje


[Ned Parker] Funcionarios chiíes desconfiados del servicio de inteligencia financiado por la CIA y dirigido por sunníes, han fundado una organización paralela.
Bagdad, Iraq. Desconfiando de la agencia nacional de inteligencia de Iraq, que es financiada por la CIA, miembros del gobierno iraquí han fundado un servicio secreto ‘en las sombras' que, dicen sus críticos, sirve los intereses de un programa chií y ha creado en el país dos agencias de espionaje rivales.
El ministro de estado para la seguridad nacional, un chií llamado Sherwan Waili, ha levantado un servicio de espionaje que se jacta de tener alrededor de 1.200 agentes de inteligencia de un ministerio de segunda clase con un personal mínimo y un magro presupuesto, dicen funcionarios occidentales.
"Tiene representantes en todas las provincias", dijo un diplomático occidental, hablando a condición de conservar el anonimato. "De momento, es una organización paralela ligeramente dudosa".
Funcionarios chiíes dicen que el ministerio está entregando información a al Qaeda y ex miembros del Partido Baaz de Saddam Hussein que no está siendo entregada por el Servicio Nacional de Inteligencia de Iraq SNII, el principal servicio secreto de Iraq.
El SNII fue fundado en la primavera de 2004 por la autoridad provisional de gobierno norteamericana y ha estado bajo el mando del general Mohammed Shahwani, un árabe sunní que participó en un intento de golpe de estado respaldado por la CIA, contra Hussein hace una década. En los últimos tres años, la agencia ha sido financiada por la CIA, dicen militares norteamericanos y funcionarios iraquíes.
El servicio depende directamente del primer ministro Nouri Maliki, chií, pero correligionarios en su gobierno desconfían de la agencia, que tiene agentes de la época de Hussein. Durante gran parte de 2005 y la primera parte de 2006, dijo Shahwani, fue excluido de reuniones de gabinete.
"La idea general es que el servicio de inteligencia no está funcionando o realizando sus tareas de manera apropiada", dijo el vicepresidente del parlamento, Khalid Attiya, chií.
Las dos agencias de espionaje corren el riesgo de convertirse en partidarios abiertos en la guerra civil de Iraq si los partidos políticos rivales no llegan a un acuerdo sobre cómo gobernar el país, advirtió un analista.
"Si no se llega a un compromiso importante, los servicios de seguridad se desbandarán a lo largo de líneas étnicas, religiosas y de partido", dijo Joost Hiltermann, director para Oriente Medio del Grupo Crisis Internacional. "Será un estado fracasado, como Somalia".
Desde su fundación, la agencia de Shahwani se ha opuesto a la nueva elite chií de Iraq. En septiembre de 2004, en el sur de Iraq sus hombres arrestaron al menos a cincuenta miembros de un partido chií llamado Hezbollah -pero sin vínculos con el grupo libanés del mismo nombre- y los detuvieron durante varios meses. En el mismo período, Shahwani acusó a uno de los principales políticos chiís del país, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, de estar en la nómina de pago de Irán y responsabilizó a su milicia por la muerte de diez de sus agentes.
La inquietud chií ha creado el servicio secreto paralelo que se remonta a la primavera de 2005, cuando Estados Unidos, receloso de los políticos chiíes con lazos con Irán, esquivó los esfuerzos del entonces primer ministro Ibrahim Jafari de encargarse del SNII.

Respaldo Norteamericano
Estados Unidos ha invertido fuertemente en la creación de un servicio de espionaje sólido y encargó a Shahwani, que fue un recurso crucial para los norteamericanos después de la caída del régimen de Hussein. Shahwani, que es dueño de una casa en Estados Unidos, les proporcionó acceso a viejos oficiales del ejército, y formó una unidad iraquí de fuerzas especiales, llamada ‘shahwanis', que lucharon en la batalla de noviembre de 2004 para recuperar Faluya de manos de los rebeldes sunníes.
El servicio de Shahwani "es financiado completamente por la Central de Inteligencia Americana, no por el gobierno iraquí", dijo un oficial norteamericano a condición de conservar el anonimato. "El financiamiento de Estados Unidos para el SNII llega a los tres billones de dólares para un período de tres años que empezó en 2004".
Interrogado sobre el financiamiento, el portavoz de la CIA, Paul Gimigliano dijo: "Como norma, la CIA no comenta en público los detalles de su relación con los servicios de inteligencia de otros países".
Tras fracasar en el intento de 2005 de remover a Shahwani, funcionarios chiíes trataron de llenar la brecha. Entonces el ministro de estado para la seguridad nacional, Abdul Karim Anizi, intervino ante Jafari para que convirtiera su puesto en un ministerio con todas las de la ley.
"Insistió en la creación del servicio. Fue muy activo. Ejerció un montón de presión y pidió convertir su puesto en un ministerio, pero la propuesta no prosperó", dijo un ex funcionario de gobierno, a condición de conservar el anonimato. "Empezó a reclutar informantes y simpatizantes. No podía ofrecerles salarios enteros, pero sí les podía conseguir privilegios del gobierno y construyó una red de informantes".
Cuando Anizi dimitió, fue remplazado por Waili. El servicio ha crecido dramáticamente el año pasado, dijo Waili, dándose vueltas con su limitado presupuesto oficial contratando a agentes por períodos.
La agencia defiende la visión de los extremistas chiíes en las reuniones de seguridad nacional, dicen observadores.
"Es ligeramente reaccionario, en un sentido chií", dijo el diplomático occidental. "Si hablas de la provincia de Anbar [sunní], ya sabes que va a adoptar una posición en gran parte poco caritativa hacia las tribus de Anbar".
Un funcionario norteamericano sugirió que algunos grupos religiosos se sentían frustrados por su incapacidad de controlar el SNII y usarlo en sus programas, y eso estaba nutriendo su insistencia en un servicio paralelo. El funcionario también implicó que Irán había tratado de socavar el SNII, en parte debido a sus estrechos lazos con Estados Unidos y la CIA.
"Puede haber alguna fricción por el modo de operación de este servicio -no opera sobre bases sectarias", dijo el funcionario norteamericano, a condición de no revelar su identidad. "Parece que hay gente en Iraq, y quizás en alguno de los países vecinos, a la que este hecho les molesta".
Un funcionario chií que trata temas relacionados con la resistencia, dijo que Waili estaba tratando de alejar su servicio de posturas religiosas, pero el problema lo tenían los que le rodeaban.
"Está tratando de alejarse todo lo posible del sectarismo y dice que este es un gobierno para proteger a la gente, pero algunos de sus agentes tienen puntos de vista extremistas", dijo el funcionario.
Waili dijo que sus principales objetivos eran reprimir a al Qaeda, baazistas, milicias y delincuentes. Pero su servicio no tiene un estatuto legal para espiar en el propio país ni pueden detener a personas, y está presionando por una ley que formalice sus actividades de vigilancia, convertirse en un ministerio entero y colocar al SNII financiado por la CIA, bajo su control. Pero la coalición chií gobernante no ha decidido todavía formalizar las atribuciones de Waili.
Los sunníes hablan con profunda desconfianza sobre el ministerio de Waili, describiéndolo como sectario.
"Pienso que los no-chiíes van a encontrar difícil ser aceptados en este ministerio. Es una organización no-profesional", dijo el legislador sunní independiente Mithal Alusi, que es un consultor informal de Maliki.
Alusi dijo que los hombres de Waili habían detenido a gente durante allanamientos.
En su operación más polémica, los agentes de Waili espiaron al menos a un miembro sunní del parlamento del que sospechaban de actividades terroristas. En el verano los agentes entregaron evidencias a la justicia iraquí en una campaña para despojar al jeque Abdel Nasser Janabi de su inmunidad parlamentaria.
Janabi, un clérigo fundamentalista, está acusado de ser responsable del asesinato de más de ciento cincuenta chiíes en el llamado ‘triángulo de la muerte', una región justo al sur de Bagdad, donde sunníes extremistas atacan regularmente a chiíes.

Autoridad Cuestionada
El presidente del parlamento, Mahmoud Mashadani, un aliado de Janabi, dijo que la investigación tenía motivos políticos, y era ilegal.
"La información depende del agente encubierto de un ministerio que ni siquiera tiene la autoridad jurídica para labores de vigilancia", dijo Mashadani.
Waili defendió sus acciones diciendo que sus agentes tienen la tarea oficial de reunir evidencias, y agregó que pueden participar en detenciones si son autorizados por el primer ministro. "Estamos haciendo nuestro trabajo de acuerdo a la ley y por el bien de la gente, y de momento no se ha dicho nada malo sobre nuestros agentes de seguridad", dijo.
El hecho es que Waili y el resto del gobierno chií no han realizado ninguna investigación sobre los legisladores chiíes sospechosos de estar implicados en los asesinatos sectarios.
Un político chií reconoció el problema. "Son cosas que han ocurrido que cuando tengamos paz, alguna gente tendrá que rendir cuentas", dijo el legislador, a condición de conservar el anonimato.
Al mismo tiempo, el SNII de Shahwani sigue enredándose en problemas con la elite chií.
La controversia más reciente de Shahwani implica acusaciones de que sus hombres secuestraron a un diplomático iraní en febrero en Bagdad. El ministro iraquí de relaciones exteriores, Hoshyar Zebari, dijo que había cuatro agentes de Shahwani implicados en el secuestro y habían sido detenidos.
Shahwani dijo al Times que los cuatro detenidos eran agentes suyos, pero que se encontraban en la zona en otra misión en los días del secuestro del diplomático iraní. Shahwani también acusó a los iraníes de inventar la historia del secuestro para poder secuestrar a uno de sus hombres que había estado espiando a su diplomático. El diplomático liberado dijo que fue secuestrado por una fuerza de seguridad iraquí y luego torturado por la CIA.
Tanto las agencias de Shahwani y Waili han sido acusadas de torcer la ley en un país que tiene un legado de golpes militares, regímenes autoritarios y agencias de seguridad inmunes.
"En Iraq, todo el mundo espía a todo el mundo, todos se matan entre sí", dijo Mashadani. "Todavía estamos viviendo en la cultura de Saddam".

ned.parker@latimes.com
Greg Miller en Washington contribuyó a este reportaje.

©los angeles times
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