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grupos sunníes rompen con al qaeda


[Sudarsan Raghavan] Conflicto borronea líneas de combate en Iraq.
Bagdad, Iraq. Importantes grupos sunníes están cortando sus vínculos con al Qaeda en Iraq, un grupo sunní que proclama lealtad a la organización encabezada por Osama bin Laden. El conflicto podría contribuir a aislar en Iraq a un importante enemigo de Estados Unidos, pero podría también fragmentar aun más la resistencia sunní y hacerla todavía más difícil de controlar, de acuerdo a líderes insurgentes y oficiales iraquíes y norteamericanos.
En el centro del territorio sunní de Anbar y otras provincias, grupos sunníes acusan a al Qaeda en Iraq de secuestrar, torturar y asesinar a decenas de sus combatientes, clérigos y seguidores. Una importante organización extremista sunní, el Ejército Islámico, dice que, en las últimas semanas, al Qaeda ha asesinado a más de treinta combatientes de diferentes grupos armados.
El fin de semana pasado, el Ejército Islámico subió a sitios insurgentes en la red una carta de nueve páginas instando a bin Laden a poner fin, en su nombre, a esos asesinatos. "Debería levantarse por su fe y asumir la responsabilidad religiosa y organizativa por al Qaeda y buscar la verdad", dice la carta. "No es suficiente con repudiar esas acciones; es imperativo corregir esa postura".
La resistencia sunní en Iraq ha estado dividida durante largo tiempo, en parte porque los nacionalistas laicos, los líderes tribales y los ex miembros del Partido Baaz y del ejército de Saddam Hussein han rechazado las tácticas de al Qaeda, especialmente las decapitaciones. Pero el emergente conflicto representa el esfuerzo más decisivo de grupos sunníes desde la invasión de 2003, de distanciarse a sí mismos de al Qaeda en Iraq.
"Se han dado cuenta de que esa gente no está trabajando por el bien de Iraq", dijo Alaa Makki, miembro sunní del parlamento con estrechos lazos con los rebeldes. "Se dieron cuenta de que sus operaciones podrían incluso destruir Iraq".
El emergente conflicto entre grupos sunníes y al Qaeda en Iraq es el último agregado a un vertiginoso mosaico de líneas de batalla. Tropas norteamericanas y fuerzas de seguridad iraquíes luchan contra los combatientes de al Qaeda, grupos sunníes y milicias chiíes. Las milicias chiíes pelean contra los rebeldes sunníes y al Qaeda. En el sur, las milicias chiíes luchan entre sí por el control. A occidente, los líderes tribales sunníes sospechan de los partidos sunníes que son miembros del gobierno. Y en el norte están aumentando las tensiones entre los kurdos y la vecina Turquía. Kirkuk, la ciudad rica en petróleo, es ella misma un hervidero ahora que árabes y turcomanos se enfrentan a los kurdos sobre el futuro de la ciudad.
Líderes insurgentes, en entrevistas en persona o por teléfono, ofrecieron diferentes explicaciones de su rompimiento. Muchos dijeron que su vínculo con los grupos de al Qaeda estaba dañando su imagen como una fuerza de la resistencia nacionalista. Otros dijeron que ya no querían seguir siendo herramientas en manos de los combatientes extranjeros que dirigen al Qaeda. Su guerra, insisten, la libran sólo contra las tropas norteamericanas, para obligarlas a dejar Iraq.
"No queremos matar a los sunníes ni desplazar a los chiíes inocentes, y lo que está haciendo la organización al Qaeda contradice al islam", dijo Abu Marwan, director religioso del Ejército Muyahedin en Baquba, al nordeste de Bagdad. "Atacaremos a todo aquel que viole las fronteras de Dios, sea de al Qaeda o norteamericano".
No se sabe todavía qué significa la división para Estados Unidos y sus intentos de pacificar Iraq. Por un lado, al Qaeda en Iraq parece estar perdiendo legitimidad y apoyo. Pero sigue siendo una fuerza potente y bien financiada, que atrae a combatientes de Afganistán hasta Marruecos, así como a un creciente número de iraquíes, según oficiales y analistas norteamericanos. En algunas zonas, los rebeldes sunníes están todavía colaborando con al Qaeda. Y mientras los grupos sunníes sigan fragmentados y políticamente alienados, las perspectivas de paz serán remotas.
En los últimos meses, jefes militares norteamericanos han tratado de sacar ventaja de la división. Líderes tribales sunníes en Anbar ahora están colaborando con las tropas norteamericanas en la lucha contra al Qaeda. Zalmay Khalilzad, el embajador norteamericano aquí hasta el mes pasado, y funcionarios del gobierno iraquí dijeron que han hablado con algunos grupos rebeldes en un intento de aislar a al Qaeda en Iraq.
El Estado Islámico de Iraq, una organización paraguas sunní que se dice fue creada por el grupo al Qaeda en Iraq, ha dicho que matarán a todo sunní sospechoso de ser un agente de Estados Unidos o del gobierno iraquí, de acuerdo al portavoz del Estado Islámico, Abu Hasnah al-Dulaimi.
"Esos grupos armados no tienen opción", dijo Dulaimi en una conferencia telefónica desde Ramadi, la capital de la provincia de Anbar. "Tienen que unirse a nosotros para dar vida al proyecto de Estado Islámico en las zonas sunníes o entregarnos las armas antes de que nos veamos obligados a actuar contra ellos. De nada les servirá que hayan luchado contra los norteamericanos y resistido en los últimos años".
Dijo que su grupo actuaría contra los sunníes "antes de que se sienten a la mesa de negociaciones con los norteamericanos, porque les hemos advertido antes".
"En la provincia de Anbar, al Qaeda ha matado a más sunníes iraquíes este mes pasado, que todas las bajas causadas por los soldados de la ocupación norteamericana en los últimos tres meses. La gente está cansada de la tortura", dijo Abu Mohammad al-Salmani, comandante del Ejército Islámico, que dijo que el grupo le había escrito una carta a bin Laden. "No podemos seguir guardando silencio".
La carta acusa al grupo de al Qaeda de "matar a gente inocente, con gases como cloro", refiriéndose al reciente atentados con bombas de gas cloro en Bagdad y Anbar. Reconoce que sus líderes fueron matados porque "expresaron su disposición a negociar con los norteamericanos sobre su salida de Iraq". En algunas zonas, dijo, los combatientes de al Qaeda estaban imponiendo códigos musulmanes "como los de los talibanes", refiriéndose a los edictos de los antiguos y estrictos gobernantes de Afganistán. Abriendo un frente contra los chiíes, dice la carta, "los únicos perdedores serán los sunníes que no tienen nada que ver con al Qaeda".
Khalid Awad, un comandante de las Brigadas Jamiat, otro grupo rebelde en Anbar, dijo: "Tenemos que confesar que si no fuera por al Qaeda, ni Iraq ni Afganistán habrían sido ocupados. Al Qaeda ha despertado al ogro norteamericano para atacar a la nación islámica después de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, y todavía está causando desastres".
Hace unos tres meses, los combatientes de al Qaeda empezaron a atacar a dirigentes de la resistencia. Ha habido enfrentamientos a tiros en barrios de Bagdad, como Abu Ghraib, y en ciudades como Taji, al norte de Iraq. En la provincia de Diyala, en las últimas semanas al Qaeda mató o secuestró a varios líderes insurgentes sunníes y personalidades religiosas y académicos, arrojando al menos uno de los cuerpos a un río, dijeron agentes de policía.
Ahora, los grupos insurgentes locales se han unido para luchar contra ellos, levantando puestos de control y patrullando Baquba y ciudades cercanas, dijo Abu Jasim, líder del Ejército Muyahedin. Más de cien combatientes de al Qaeda fueron capturados en las ciudades de Buhriz y Tahrir, áreas centrales controladas por el Estado Islámico de Iraq en Diyala, dijo.
"Francamente, no queremos un lucha interna entre sunníes, y no queremos un choque militar con al Qaeda, como lo que hicieron las tribus, aunque todos tenemos el derecho de hacerlo", dijo Salmani, comandante del Ejército Islámico, refiriéndose a la decisión de los líderes tribales de Anbar de unirse a los norteamericanos.
Pero la presión de los combatientes de al Qaeda está creciendo. Han colocado declaraciones en mezquitas y en la red amenazando con atacar a todo grupo sunní que se oponga. El 27 de marzo, mataron al sobrino de Harith al-Dari, el más prominente clérigo sunní en Iraq. El sobrino era un importante líder de las Brigadas Revolución de 1920, dijeron oficiales de la policía.
El lunes, hombres armados mataron a un líder del Ejército Islámico al sur de Samarra, dijo el capitán Zuhair al-Badri, en Samarra. La noche previa, otros dos combatientes habían sido eliminados. Los líderes del Ejército Islámico culparon de inmediato a al Qaeda, diciendo que el atentado era una represalia por la carta a bin Laden.
Sin embargo, muchos de los grupos rebeldes, se muestran reluctantes a unirse. Abu Aja Naemi, un comandante de las Brigadas Revolución de 1920, en Duluiyah, al norte de Bagdad, recordó un encuentro entre varios grupos para estudiar la formación de una organización paraguas. La idea fracasó, dijo, por preocupaciones territoriales.
"Todos los comandantes de la organización dijeron: ‘Tengo mis propios métodos, y los seguiré aplicando'", dijo Naemi, que dijo que sus combatientes han chocado con al Qaeda en varias ciudades, incluyendo Haditha y Husaybah. "Si hay una organización mayor, piensan que en el futuro pueden perder poder en esa zonas. Por eso trabajan por separado".
En las últimas semanas se ha dividido también su propio grupo, lo que llevó al surgimiento de un grupo de combatientes en su mayor parte palestinos, que se llaman a sí mismos Hamas, por la organización extremista palestina. Naemi dijo que de momento el nuevo grupo estaba todavía vinculado a las Brigadas Revolución de 1920 y haciendo las veces de su brazo militar.
Los grupos sunníes también se han dividido sobre si participar o no en el proceso político, dijo Makki, miembro del parlamento. Su Partido Islámico Iraquí actúa como enlace entre el gobierno chií y los insurgentes sunníes, incluyendo, dijo, al Ejército Islámico, las Brigadas Revolución de 1920, y muchos otros grupos.
"Pero, cuidado, no todos los subgrupos de esos grupos están dispuestos a ir en esa dirección. Todavía no están convencidos de la utilidad de las negociaciones", dijo Makki.
Hasan Suneid, miembro chií del parlamento y ayudante del primer ministro Nouri al-Maliki, describió otro importante obstáculo. Los insurgentes, dijo, "están tratando de negociar demandas que son estratégicas para sus intereses". Quieren un calendario para la retirada de las tropas norteamericanas, la revisión de la constitución iraquí y paridad de ministerios chiíes y sunníes.
"Si mantienen su autonomía muta y formula cada uno su propia estrategia, habrá caos en el terreno y caos en la mesa de negociaciones", dijo Tariq al-Hashimi, vicepresidente sunní del Partido Islámico Iraquí.
Saleh al-Mutlaq, otro miembro del parlamento con estrechos lazos con grupos rebeldes, dijo que muchos no eran serios en cuanto a las conversaciones con el gobierno. "Preferirían hablar directamente con los norteamericanos", dijo. "No confían en el gobierno. No quieren verse como reforzando al gobierno. Es por eso que quieren volver a redactar el proceso político desde el principio.
"Si no se unen, se debilitarán", dijo Mutlaq. "Luego al Qaeda se las arreglará para crear su propio estado islámico en Iraq, y será un día triste para el país y para el mundo".

Saad al-Izzi y Naseer Nouri en Baghdad, Yasmin Mousa en Amán, Jordania, contribuyeron a este reportaje.

15 de abril de 2007
©washington post
©traducción mQh

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atentado contra el parlamento


[Chris Kraul yTina Susman] Deja ver los errores. "Ni siquiera este lugar es seguro", dijo un sobreviviente después de un atentado en la cantina del parlamento. Murieron ocho personas.
Bagdad, Iraq. El aparente atentado suicida en el fuertemente custodiado edificio del parlamento, que mató a dos legisladores árabes sunníes y otras seis personas aquí el jueves, golpeó en el corazón de la pujante democracia iraquí y el plan de seguridad norteamericano que la está tratando de reforzar.
El atentado en la cantina del parlamento, que también dejó a 23 personas heridas, subrayó lo que muchos aquí han descrito como serias brechas en la seguridad en el perímetro del edificio donde los legisladores han estado trabajando para alcanzar un consenso que lleve la paz a Iraq.
El atentado a principios de la tarde también fue un severo recordatorio de que hay muy pocos bolsones de seguridad en Bagdad, incluso en la Zona Verde, la sede de los oficiales norteamericanos, contratistas y el gobierno iraquí.
Horas antes, un terrorista suicida hizo explotar su camión en el puente de Sarafiya, a unos seis kilómetros y medio de la Zona Verde, lanzando a una parte de este al río Tigris. Varios coches rodaron en el agua. Murieron al menos diez personas.
Un portavoz de los militares norteamericanos, el teniente de la marina Matthew Breedlove, dijo que había indicios de que el atentado contra el parlamento era el trabajo de alguien que llevaba un "cinturón suicida". No agregó detalles, pero algunas versiones de testigos corroboran esta explicación.
"Ahora ni siquiera este lugar es seguro. ¿Qué debemos hacer?", dijo un sobreviviente, que estaba en la cafetería. ‘Él y un colega estaban en estado de shock mientras se sacaban los restos humanos pegados a sus americanas a rayas. Ninguno de ellos sufrió heridas, pero los dos estaban cubiertos de sangre y polvo.
Otros, que culpan a las riñas entre legisladores la falta de seguridad en el país, dirigían su rabia contra los blancos aparentes. "Deja que prueben lo que comemos todos los días", dijo un ingeniero, que pidió no ser nombrado.
El presidente Bush condenó los asesinatos, diciendo que "nos conviene ayudar a esta joven democracia para esté en condiciones de sostenerse y gobernarse a sí misma y defenderse de estos extremistas y radicales".
Los miembros del parlamento habían terminado la sesión de la mañana, y estaban almorzando cuando ocurrió la explosión en la cafetería de la planta baja, derrumbándose parte del techo y llenando la habitación y los pasillos de un deslumbrante humo.
La gente tropezaba con las sillas volcadas de la cantina cuando corrían para salir. Imágenes de televisión mostraban a un hombre que era empujado fuera en una silla amarilla, desplomado e inerte.
Un funcionario de la seguridad que pidió no ser mencionado, dijo que las sospechas se centran en una mujer que pasó por los chequeos de seguridad del parlamento sin ser revisada. El funcionario dijo que él se había quejado varias veces de que no había una máquina de rayos x en la puerta de entrada al edificio y que "armas y explosivos C-4" pueden pasar sin ser detectados.
Algunos legisladores se quejaron de que los guardias no revisaban adecuadamente a los miembros del parlamento ni a sus séquitos de seguridad, y los rumores se extendieron el jueves de que un legislador o un guardaespaldas pudo haber ingresado los explosivos.
Los militares norteamericanos dijeron que encontraron dos mochilas con explosivos en la cafetería después de la explosión. El 31 de marzo se encontraron en el interior de la Zona Verde dos cinturones suicidas, y al menos dos coches bomba fueron desactivados en 2006. Proyectiles de mortero caen frecuentemente en el interior de la zona fortificada, y, el mes pasado, un soldado y un contratista norteamericanos murieron en uno de esos ataques.

Campaña de Seguridad Vacilante
Los atentados se produjeron justo antes de que Estados Unidos e Iraq entraran en el tercer mes de la campaña de seguridad que destinará decenas de miles de tropas adicionales a Bagdad y áreas adyacentes, y provincias conflictivas, como Al Anbar. La campaña no ha logrado sofocar los atentados suicidas y ataques contra áreas públicas que son consideradas el sello de los rebeldes árabes sunníes.
El representante especial de Naciones Unidas en Bagdad, Ashraf Jehangir Qazi, dijo que los ataques representaban asaltos contra los símbolos de la "orgullosa historia" de Iraq, una referencia al puente de setenta años, y la "esperanza en su futuro", una referencia al gobierno de después de Saddam Hussein.
Elegido en diciembre de 2005, la legislatura nacional fue una institución clave en el plan del gobierno de Bush para la reconciliación de los grupos étnicos y religiosos de Iraq. Pero el organismo de 275 miembros ha cojeando debido a esas mismas divisiones.
Los miembros se reúnen en el antiguo Centro de Congresos, una apagada estructura de cemento construida por Hussein para una cumbre de la Liga Árabe. Una fuente fuera está vacía, excepto por unos centímetros de aguas negras estancadas en el fondo, visitada de vez en vez por pájaros y algún gato caprichoso.
Los visitantes entran por puertas de cristal en una habitación cavernosa y sin amoblar más parecida a un terminal de buses. Un escalera lleva a las salas donde los legisladores realizan sus sesiones, y votan levantando sus manos en el aire sentados en sillas destartaladas. Frisos de la época de Hussein cuelgan junto a carteles pintados por niños norteamericanos.
Fue aquí que los oficiales norteamericanos pensaron que la democracia echaría raíces. En lugar de eso, durante acaloradas sesiones con aire acondicionado, a menudo tan escaso como las buenas maneras, los políticos echan mano de los insultos y trilladas acusaciones de corrupción y asesinatos.
Se suponía que los legisladores debían redactar una nueva constitución que incorporara elementos de los descontentos árabes sunníes, que no se sienten representados en la nueva legislatura dominada por los chiíes. Pero las facciones chiíes y kurdas continúan llevando la delantera en el parlamento y los grupos sunníes insurgentes amenazan de muerte a los sunníes que participen.
Mientras continúa el derramamiento de sangre, las cámaras a menudo han estado semi vacías.
La sesión de otoño empezó con el Presidente de la Cámara, Mahmoud Mashadani, un árabe sunní, dirigiéndose a hilera tras hileras de sillas vacías. Un tercio de los miembros no habían vuelto todavía de un receso de un mes.
Entonces los 36 legisladores leales al clérigo chií Muqtada Sáder se marcharon del parlamento y boicotearon al gobierno en protesta por un encuentro entre el primer ministro Nouri Maliki y el presidente Bush en Jordania.
De noviembre a enero, la legislatura no pudo reunir un quórum.
Entretanto, fuera de la Zona Verde, los iraquíes se han resentido con el horario de trabajo de tres días a la semana de los legisladores, un salario de cinco mil dólares al mes, más siete mil dólares en dietas para choferes, guardias y otros empleados. El salario mensual promedio de un funcionario público en Iraq es de unos doscientos dólares.
El signo más claro de los males del cuerpo de gobierno ha sido su incapacidad de hacer aprobar las leyes que exige Estados Unidos como medida de progresos que podrían conducir a la retirada de las tropas norteamericanas. Estas incluyen una ley para permitir que ex miembros del Partido Baaz de Hussein puedan trabajar en la administración y recibir sus pensiones, y otra que asegure una distribución honesta de los ingresos por el petróleo de Iraq.
El parlamento ha fracasado también en cuanto a resolver el problema de Kirkuk, una ciudad rica en petróleo cuyos habitantes deben votar este año si unirse a la región autónoma del norte de Kurdistán, una opción a la que se oponen los árabes y turcomanos étnicos de la ciudad y los países limítrofes de Turquía e Irán.
Joost Hiltermann, experto en Oriente Medio del Grupo Crisis Internacional en Amán, Jordania, dijo que su grupo se había vuelto tan pesimista que había recomendado que Naciones Unidas y los seis vecinos de Iraq impongan soluciones que han bloqueado a los legisladores.
Wayne White, experto del Instituto de Oriente Medio de Washington, dijo que el atentado en la cantina mostraba el grado de profundidad en que los insurgentes y sus simpatizantes han infiltrado incluso los rangos superiores del gobierno iraquí.
La legislatura está dominada por "parlamentarios conectados con las milicias, sin suficientes sunníes y además no es representativa ni siquiera de la comunidad chií", dijo.
Sin embargo, muchos iraquíes entrevistados dijeron que el atentado era un golpe a la libertad.
"Esté usted de acuerdo o no con lo que hacen, el parlamento es el resultado de elecciones libre. Yo quiero libertad para Iraq", dijo el analista político Khaled Jurabi.
Hadi Amiri, un legislador chií, dijo que el ataque mostraba que el gobierno se había descuidado incluso de su propia seguridad. Después de la explosión de una bomba en un séquito de coches cerca del edificio del parlamento en noviembre, los legisladores exigieron que todos los que entraran al edificio fueran checados por guardias de seguridad. "Pero algunos legisladores no se preocupan demasiado", dijo en el canal de televisión Al Arabiya. "Algunos de los guardias han sido negligentes con la seguridad de los miembros del parlamento".

chris.kraul@latimes.com
susman@latimes.com

Louise Roug en Beirut y Said Rifai, Suhail Ahmad, Saif Hameed y Raheem Salman en Bagdad contribuyeron a este reportaje.

14 de abril de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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funeral en un barrio sunní


Un bagdadí no puede encontrar un lugar seguro donde llorar a su madre. En el cementerio ya no es posible.
Bagdad, Iraq. A esto ha llegado Iraq: Un hijo ni siquiera puede sepultar a su madre.
Tengo un buen amigo llamado Jamal, y lo considero como a un hermano. Su madre estaba enferma y murió la semana pasada. Como todo hijo, quería sepultarla él mismo. Pero cuando lo llamé la mañana del funeral el jueves, me dijo que la mayoría de los hombres de su familia no irían al cementerio por temor a llamar la atención de la policía o de las milicias religiosas.
Yo también decidí no ir, porque la carretera pasa por Abu Ghraib, uno de los barrios más peligrosos de Bagdad.
Una vez que la procesión fúnebre salió de su casa, Jamal pasó a recogerme, para que fuéramos juntos al mercado. La costumbre iraquí es preparar una gran cena para los visitantes que vendrán a dejar sus condolencias.
Compramos carne, frijoles, damascos secos, uvas pasas, almendras, cardamomo, fideos, huevos, café y cigarrillos. También escogimos una oveja viva, para sacrificarla más tarde.
Cuando pusimos al animal en el maletero el coche, trató de escapar. Me hizo recordar a las víctimas de los secuestros, que son metidas en los maleteros y llevadas a lugares aislados de Bagdad para ser asesinadas.
Volviendo a casa de Jamal, vimos lo que parecían ser los restos de un todoterrenos en la carretera -supusimos que era otro atentado.
Jamal también necesitaba alquilar una sillas de plástico para los visitantes. Había algunas tiendas en las cercanías donde podíamos alquilarlas, pero eran de musulmanes chiíes de la zona y él es sunní. Así que tuvimos que pedir a familiares que viven en otra parte de la ciudad, que las trajeran.
Colocamos las sillas para los hombres en el jardín. Las mujeres se quedaron dentro. Yo quería invitar a un amigo, pero dudó, porque Jamal vive en uno de los llamados barrios difíciles. Le dije que la casa daba a la autopista, de modo que no tendría que atravesar calles peligrosas. Vino, pero sólo se quedó quince minutos.
Para el mediodía, había nueve hombres en el jardín. Hicimos juntos nuestras oraciones del mediodía y entramos a almorzar en la cocina. Antes de que termináramos de comer, oímos una fuerte explosión. Vi llamas y humo negro a través de la puerta de la cocina. Luego oímos balazos.
La mayoría de los hombres corrió al cuarto contiguo, donde estaban las mujeres. Yo me escondí detrás de la nevera.
Una de las mujeres irrumpió gritando en la cocina: "¿Dónde está Ziad? ¿Dónde está Ziad? ¿Estaba fuera?"
Alguien gritó: "¡Ahí está" y apuntó a un hombre con un niño en brazos.
La balacera amainó, pero estábamos preocupados de que allanaran la casa. No sería fácil probar que todos esos hombres no eran combatientes.
Después de un rato, nos asomamos y vimos coches yendo y viniendo. Eso significaba que no había tropas bloqueando la calle, así que me pareció una buena oportunidad para marcharme y buscar un taxi que me llevara a casa.
Cuando salía, vi un camión -que pertenecía probablemente a las fuerzas de seguridad iraquíes- quemándose al otro lado de la autopista.
Traté de hacer parar a un par de taxis, pero ninguno se detuvo, así que me monté en un autobús. Cuando los pasajeros vieron el vehículo incendiándose, empezaron a preguntar en voz baja que había pasado.
"Bomba", dije.
Cuando nos acercamos, vimos un cuerpo quemándose junto al camión.
Alguna gente expresó pesar por el espectáculo. Pero un hombre dijo: "Bien hecho".
El chofer reaccionó diciéndole que los agentes eran ciudadanos y que había que atacar a los norteamericanos.
El hombre replicó: "Son peores que los soldados norteamericanos. Sigo diciendo bien hecho".
Cuando llegamos a mi barrio, vimos el parabrisas de un coche y una llanta en la calle. Todos en el autobús estuvimos de acuerdo en que pertenecían al todoterrenos. Alguien comentó que en la mañana no había nada en el lugar.
Cuando llegué a casa, llamé a Jamal. Me dijo que las fuerzas iraquíes habían vuelto al barrio y que habían estallado balaceras. Dos balas impactaron en la cocina donde habíamos almorzado.

El autor de este informe sobre la vida diaria en Bagdad en un periodista iraquí de la oficina del Times en Bagdad. No publicamos su nombre para proteger su seguridad.

13 de abril de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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iraq, cuatro años después


En Iraq el triunfo no es posible y quedan pocas esperanzas.
Esta semana hace cuatro años, cuando las tropas norteamericanas hicieron su primera y triunfal entrada en Bagdad, regocijantes iraquíes* derribaron una gigantesca estatua de Saddam Hussein. Era un enérgico símbolo: un dictador asesino derrocado, los bagdadíes sin temor en las calles, los soldados norteamericanos acogidos como liberadores.
Después de cuatro años de humillación, innumerables víctimas de escuadrones de la muerte y terroristas suicidas, y de desgarradoras experiencias, como las de Abu Ghraib, pocos iraquíes miran a los soldados norteamericanos como liberadores. En lugar de eso, miles de iraquíes conmemoraron el aniversario de esta semana quemando banderas estadounidenses y marchando por las calles de Nayaf al grito de "Muerte a Estados Unidos".
Una vez más, decenas de miles de tropas norteamericanas están llegando a Bagdad. Ayer, el Pentágono anunció que las desgastadas unidades del ejército en Iraq tendrán que quedarse tres meses más, más allá de sus fechas de retorno programadas.
Bush está apostando desesperadamente a que estirando el ejército hasta los límites absolutos de su capacidad de despliegue, podrá imponer alguna calma relativa en la capital. Y parece que imagina que si resulta la apuesta, el gobierno chií del primer ministro Nuri Kamal al-Maliki tomará, sin ninguna presión seria de parte de Washington, las medidas necesarias hacia una distribución del poder político y de los recursos económicos a los que se ha opuesto tenazmente desde el día que asumiera el cargo hace un año.
A menos que Maliki tome esas medidas -eliminar a los miembros de las milicias y de los escuadrones de la muerte infiltrados en el ejército y policía iraquíes, repartir equitativamente los ingresos por el petróleo, y revocar las leyes que niegan oportunidades políticas y económicas a la clase media sunní-, no habrá ningún avance duradero en el terreno de la seguridad. Se sacrificarán más vidas iraquíes y norteamericanas.
Incluso entre los chiíes, que han sufrido enormemente en manos de Saddam Hussein y que se supone eran los beneficiarios de las miopes medidas de Maliki, existe una profunda desilusión e indignación. Esta semana, un periodista del Washington Post entrevistó a Khadim al-Jubouri, que hace cuatro años blandió su martillo para ayudar a derribar la estatua del dictador. Jubouri dijo que desde que vio construir la estatua, había alimentado el deseo de derribarla para anunciar tiempos mejores.
Ahora, con amigos y familiares asesinados, secuestrados o expulsados de sus casas, los precios de los artículos básicos por las nubes y la electricidad racionada a cuatro horas al día, Jubouri dice que el cambio de régimen "no logró nada" y ha llegado a odiar la presencia militar norteamericana que antes acogió.
Puede ser todavía más desconcertante oír a partidarios de Maliki. La manifestación esta semana en Nayaf fue organizada por el clérigo furiosamente antinorteamericano Moqtada al-Sáder, cuyo partido político y milicia puso a Maliki en el poder y es todavía uno de sus aliados más importantes.
A dos meses de iniciada la campaña de seguridad en Bagdad, las ventajas sobre las que pensaba capitalizar Bush no se han materializado. Continúan llegando más soldados norteamericanos y sus comandantes están hablando de subir el nivel de tropas durante el otoño o incluso hasta principios del próximo año. Después de cuatro años, los indicios políticos son todavía más desalentadores.
En Iraq el triunfo no es posible y quedan pocas esperanzas.

[*Se sabe que gran parte de ese ‘público espontáneo' que derribó la estatua estaba en realidad conformado por hombres de una milicia dirigida por un agente de Estados Unidos en Bagdad, Chalabi, que más tarde cayó en desgracia].

13 de abril de 2007
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archivo de la desesperación


[Sudarsan Raghavan] El trabajo de Saad Eskander es proteger la biblioteca de bombas y moho.
Bagdad, Iraq. Saad Eskander estaba sentado a su escritorio de color chocolate, otro día más en un lugar lleno de promesas, pero fracturado.
La luz del sol fisgoneaba a través de los agujeros de balas en la destrozada ventana del cuarto de servicio en su oficina en el piso más alto de la Biblioteca y Archivo Nacional Iraquí, de la que es director. Abajo, los apagones le han pasado la cuenta a los libros. Y temprano la mañana del 5 de marzo, dijo adiós a un empleado que se marchaba de la ciudad. Su hermano había sido asesinado.
A su derecha, las vitrinas guardaban los libros y manuscritos más raros del edificio. A su izquierda, las ventanas de suelo a techo ofrecían una vista del mundo exterior. A las 11:40, las ventanas se sacudieron. "Es de todos los días", dijo Eskander, endureciendo su suave voz. Calmado, se levantó y miró hacia la nube de humo negro y papel blanco que se elevaba en el cielo, a unos setecientos metros de distancia. "Este no es el atentado más cercano. Ya he perdido la cuenta de las bombas".
Tras la invasión norteamericana de 2003, los ladrones saquearon e incendiaron la biblioteca. Ahora, en vísperas del cuarto aniversario de la caída de Saddam Hussein, y varias semanas de iniciada la campaña de seguridad, Eskander y su equipo de colaboradores hacen lo imposible por preservar los fragmentos del antiguo legado de Iraq en un lugar que llama la "memoria histórica del país".
"Lo que hace que un kurdo o un sunní o un chií tengan algo en común es la biblioteca nacional", dice. "Es aquí donde empieza la identidad nacional de un país".
Hoy, la biblioteca zumba con jóvenes empleados. La religión y la política se dejan en portería. Pero las mismas fuerzas que están fragmentando Iraq obstaculizan el progreso en la biblioteca: violencia, burocracia, sectarismo, rivalidades políticas y ausencia de servicios básicos.
Eskander se alejó de su escritorio, donde guarda como recuerdo fragmentos de morteros, y revisó las vitrinas. "No se acerque a las ventanas", dijo.
Volvió a mirar la nube de humo en la distancia. "Creo que viene de la Calle de al-Mutanabi", dijo.
La Calle de Mutanabi era el corazón intelectual de Bagdad, llena de librerías y bibliófilos. Eskander visitaba a menudo el lugar a la búsqueda de ejemplares para las colecciones de la biblioteca. Más tarde se enteró de que el coche bomba que había oído fuera, había matado al menos a 26 personas, incluyendo a un vendedor de libros que conocía.
Ordenó a sus guardias que detuvieran a todo funcionario que quisiera salir del edificio, preocupado por su seguridad. Mirando por la ventana, vio pasar las ambulancias. En los días siguientes, confió sus pensamientos a su diario online (http://www.bl.uk/iraqdiary.html):

Lunes 5 de Marzo
Este día será recordado siempre como el día en que las fuerzas de la oscuridad, del odio y del fanatismo asesinaron los libros... Decenas de miles de papeles volaban por el aire, como si el cielo estuviese lloviendo libros, lágrimas y sangre. El espectáculo era irreal. Algunos de los papeles ardían en el cielo.


Eskander, 44, es delgado y firme, de cara angular, chico, de pelo rizado con motas canas, y gafas redondas. Como kurdo étnico nacido en Bagdad, se unió a la resistencia kurda en las montañas del norte de Iraq cuando tenía diecinueve años, y vivió más tarde en Irán y Siria. A los 28, se mudó a Inglaterra, donde sacó un doctorado y se convirtió en ciudadano británico.
Después de la invasión, Eskander fue parte de la falange de expatriados iraquíes que volvieron en masa a Bagdad para ayudar en la reconstrucción. Para entonces, miles de objetos antiguos habían sido saqueados del Museo Nacional y de sitios arqueológicos en un país con once siglos de historia. Durante el saqueo de tres días de la Biblioteca y Archivo Nacional, los ladrones se llevaron cientos de antiguos y valiosos documentos y textos musulmanes, incluyendo un tratado del siglo dieciséis del filósofo musulmán Ibn Sina. Los archivos militares y de la seguridad nacional fueron quemados, aparentemente para borrar evidencias. El fuego, el humo y el agua terminaron por dañar gravemente los textos sobrevivientes.
Antes de aceptar el trabajo, Eskander pasó en coche frente al edificio carbonizado, parcialmente destripado. Unos empleados estaban sentados afuera con la mirada vacía, recordó. El primer día, "no tenía una silla dónde sentarme. No había ni electricidad ni agua. En la biblioteca vivían perros y gatos".

Sábado 10 de marzo
Explotaron tres bombas en mi barrio. Dos de ellas estallaron a las 7:30. Mi apartamento se sacudió violentamente, cuando yo miraba tele. A las 12:30 explotó otra bomba. Hizo estremecer mi edificio.
Pasé todo el día en mi cuarto, escribiendo y leyendo.


A diferencia de otros edificios de gobierno, en la biblioteca no hay retratos de políticos ni de clérigos. Eskander no los permite, como tampoco las bromas con tintes religiosos.
"Cuando trabajas en el gobierno, no era ni kurdo ni sunní ni chií", dice Eskander. "Eres iraquí".
En una sociedad dominada por los hombres, la biblioteca apoya los derechos de la mujer, y tiene una asociación femenina y una guardería infantil. Los ascensos se deciden en base al mérito -no a la influencia política o a la afiliación religiosa.
"Es muy demócrata", dijo Nadia Hassan, que está a cargo de la página web de la biblioteca. "Está cambiando el modo de pensar de la gente".
En una habitación, seis mujeres y dos hombres trabajan con equipos de restauración modernos que fueron donados por Italia y la República Checa. Hoy están conservando los amarillentos archivos jurídicos del Imperio Otomano de hace 127 años.
Pero los tesoros más preciados de Eskander están en su oficina. Un librero contiene raros textos del siglo diecinueve. Otro contiene antiguos libros en hebreo. Durante el régimen de Hussein, estaban guardados en un rincón húmedo y olvidado, debido a que el personal temía que pudieran ser vistos como amigos de Israel, dice Eskander. Hoy, le preocupa la influencia que ejercen los chiíes fundamentalistas sobre la educación y la cultura de Iraq.
"Sé que esos libros podrían enfadar a mucha gente estrecha de mente", dijo.

Lunes 19 de marzo
Los francotiradores atacaron a varios civiles desde sus posiciones en al-Fadhel. La biblioteca tuvo apenas electricidad durante 40 minutos. Los apagones empiezan a afectar nuestro trabajo, especialmente en los departamentos con ordenadores y de micrográficos... La corrupción y las reglas restrictivas me han impedido reparar el generador, estropeado desde mediados de 2006.


La biblioteca está ubicada en una de las zonas donde se concentran los asesinatos más violentos de Bagdad, apretujada entre los santuarios insurgentes sunníes de la Calle de Haifa y el barrio de Fadhel. En febrero, un rebelde sunní emboscó a dos empleados, un sunní y un chií, cerca de la biblioteca y los obligó a punta de pistola a cruzar la calle hacia Fadhel. El sunní fue golpeado y dejado en libertad. El chií fue asesinado. Fue el quinto empleado asesinado el año pasado.
Otro día, un recepcionista llevó el ataúd de su hijo asesinado y pidió dinero para sepultarlo.
Cuando el ministerio de Defensa, controlado por los sunníes, quiso usar el tejado de la biblioteca como un puesto de vigilancia, Eskander se opuso. Estaba preocupado sobre el cercano ministerio de Salud, bajo el control del clérigo chií Moqtada al-Sáder. "Todo el mundo sabe que somos neutrales, ni sunníes ni chiíes", dijo Eskander.
Pero eso no ha impedido que los milicianos del Ejército Mahdi de Sáder disparen de vez en vez desde el tejado del ministerio de Salud, agregó.
En 2005, Eskander recibió una amenaza de muerte ordenándole que dejara de renovar la biblioteca. La ignoró. Desde entonces, como medida de protección de sí mismo, su mujer y su hijito, se ha mudado cuatro veces de casa y barrio.
Junto a la puerta de su oficina, una mujer se ha instalado, a petición de Eskander, con un puesto para vender tentempiés y caramelos. No quiere que sus empleados arriesguen la vida por un almuerzo.
"Estoy tratando de reconstruir la cantina, de modo que nadie tenga que salir del edificio", dice Eskander cuando pasa frente al puesto.

Domingo 25 de marzo
Varias balas impactaron en la fachada trasera del edificio. Una bala dejó dos agujeros: uno en la ventana exterior, y el segundo en la ventana interior de la sala de colecciones inglesas. La Señorita S, nuestro contacto con el ministerio de Cultura, estaba sollozando cuando entró a mi oficina. El apartamento que comparte con la familia de su hermana quedó feamente dañado en el atentado con coche bomba del sábado, que mató a treinta personas, la mayoría de ellas agentes de policía. El personal decidió reunir dinero para ayudarla.

En una sala con 32 ordenadores, donde el equipo de Eskander está tratando de crear una biblioteca digital para conservar textos antiguos, se ha ido la luz. Eskander tiene una expresión de pesar en la cara. Pero continúa la reunión. Está tratando de crear una nueva generación de empleados y eliminar los residuos de los años de Hussein, cuando lo que más importaba para conseguir un trabajo era la política y la afiliación tribal.
La dependencia llegó a tener 23 empleados. Ahora hay dieciséis. La violencia fuera obligó a renunciar a la mayoría. Un empleado nunca tuvo esa opción. En un rincón de la sala, cuelga junto a un ordenador fotografías de Ali Salih, 27, ex director de la página web. En diciembre fue asesinado por hombres armados cuando se acercaba a la Biblioteca Nacional, contó Hassan parada junto a su silla vacía, con lágrimas en los ojos. Era su mejor amigo, dijo.
"Pagamos el precio de diferentes modos", dijo Eskander. "Pero me mantengo ocupado. Hago bromas. Trato de que la vida aquí sea mejor que afuera. Un montón de ellos ven sus trabajos aquí como algo que los distrae de esa realidad".

Lunes 26 de marzo
La guerra volvió a empezar... La rotonda y calles estaban siendo bombardeadas con morteros, mientras hombres armados disparaban contra los transeúntes. Todo el personal de la biblioteca quedó atrapado en el fuego cruzado. Uno de mis bibliotecarios, que es parcialmente inválido, perdió el equilibrio y cayó con su cabeza contra el pavimento. Estaba sangrando, incapaz de ponerse de pie. Cuando el combate amainó, la gente salió a rescatarlo.


Eskander bajó, atravesando por una cacofonía de los martillos y serruchos de los trabajadores que renovaban las salas, pasando entre niños jugando, hasta que llegó al archivo en la planta baja. Dentro, libros, diarios y revistas de los siglos diecinueve y veinte, cubiertos antes por una gruesa capa de polvo, se ven ahora pulcramente organizados en estanterías de metal.
Pero se están deteriorando debido a la falta de ventilación y de electricidad, y a un desconcertante sistema de iluminación. Eskander y su equipo están escaneando los textos, tan rápidamente como posible, para guardarlos en microfichas.
"Estamos peleando por sus vidas", dice. "Eso me irrita".
En los diarios locales y en su diario online, ha criticado públicamente al ministro de cultura y a otros políticos por no hacer lo suficiente para proteger el legado iraquí. Habla con periodistas extranjeros sin pedir la autorización de sus superiores.
"Colocan obstáculos en nuestro camino. Así que tenemos que buscar modo de eludirlos. A veces ilegalmente, cuando nos conviene", dice Eskander. "Si eres tradicionalista y obedeces leyes y órdenes, no llegarás nunca a nada".
Admite que ha robado libros y documentos de la biblioteca. Una vez, dijo, recuperó todo un camión de documentos que databan de la época monárquica en Iraq en la Zona Verde, que alberga a la embajada norteamericana y al gobierno iraquí. Dijo a los oficiales norteamericanos que el alijo no tenía valor alguno. "En Bagdad hice un montón de cosas a lo Ali Baba", dijo. Viaja regularmente a Europa a pedir donaciones, incluso aunque sus jefes lo encuentran vergonzoso. En octubre visitó el Departamento de Estado y la Biblioteca del Congreso buscando ayuda para comprar más máquinas para escanear y crear la biblioteca digital.
También está ofreciendo al mundo una visión franca sobre Iraq. Millones de personas leen su diario online, que está enlazado a la página web de la biblioteca nacional británica.
"Él representa la esperanza", dice Catriona Finlayson, portavoz de la Biblioteca Británica. "Está tratando de asegurar un futuro para la siguiente generación. Es importante que los iraquíes reconstruyan su país. También es importante que no olviden su pasado".

Miércoles 28 de marzo
Me sorprendió enterarme de que la Señorita Kh se apareció a trabajar. Había sido secuestrada, junto a tres hombres, incluyendo al conductor, y seis mujeres... Los secuestradores golpearon al chofer y a los pasajeros, antes de liberar a las mujeres... Termina la conversación con la misma vieja pregunta: ¿Por qué no se marcha a Europa? Y le respondo como siempre: ¿Cómo podría abandonar a gente tan simpática como usted?

10 de abril de 2007
7 de abril de 2007
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ofensiva chií contra ocupación


[Sudarsan Raghavan] Sáder acusa a Estados Unidos de dividir a Iraq. El clérigo chií llama a los iraquíes a poner fin a la ocupación de Iraq.
Bagdad, Iraq. Llamando a Estados Unidos "el gran demonio", el clérigo radical Moqtada al-Sáder acusó el domingo a Estados Unidos de dividir a Iraq mediante la violencia, y llamó a sus milicianos del Ejército Mahdi y a las fuerzas de seguridad de Iraq a dejar de pelear unos con otros en Diwaniyah, donde durante el fin de semana hubo estallidos de violencia.
Pero el influyente clérigo musulmán chií no llegó a llamar a sus combatientes a levantarse y luchar contra las tropas norteamericanas, una maniobra que complicaría seriamente la campaña de seguridad en curso para pacificar la ciudad y otras partes de Iraq. En lugar de eso, Sáder ordenó a sus partidarios a permanecer unidos y salir a la calle a "manifestarse" para "poner fin a la ocupación".
El llamado se produjo en lo que fue un sangriento Domingo de Pascua para las tropas norteamericanas en Iraq. Las fuerzas armadas norteamericanas anunciaron la muerte de diez soldados. Cuatro soldados murieron y uno resultó herido el sábado en una explosión cerca de su vehículo en la provincia de Diyala, al norte de Bagdad, y seis murieron el domingo como resultado de cuatro ataques separados al norte y sur de la capital, dijeron los militares.
También el domingo, al menos 17 iraquíes murieron y 26 quedaron heridos cuando un coche bomba fue detonado en la ciudad de Mahmudiyah, a unos 32 kilómetros al sur de Bagdad, dijeron autoridades norteamericanas e iraquíes. El coche bomba, que estalló en las cercanías de un hospital, destruyó un edificio de tres pisos y demolió varios talleres industriales.
En Bagdad, siete personas murieron tras la explosión de un coche bomba conducido por un terrorista suicida.
La declaración de Sáder parece dirigida a parar los combates en Diwaniyah, al sur de Iraq, entre su milicia y las fuerzas de seguridad del gobierno iraquí. En una operación conjunta de tres días, llamada ‘Águila Negra, fuerzas norteamericanas e iraquíes han estado peleando contra el Ejército Mahdi por el control de la ciudad. De momento, se ha capturado a casi cuarenta milicianos y varios otros han muerto en balaceras, dijeron los militares norteamericanos en una declaración el domingo.
"Hermanos en el Ejército Mahdi y hermanos en los servicios de seguridad: basta ya de peleas y rivalidades, porque sólo significan éxito para nuestro, y vuestro, enemigo", dijo Sáder en una declaración rebosante de emociones y pasajes del Corán. "La lucha entre hermanos no está bien. Tampoco está bien que acatemos la sucia sedición norteamericana, ni que defendamos al invasor".
Diciendo que el "enemigo" quiere "empujarte a una guerra para terminar con el chiísmo, o más bien con el islam", instó al ejército y policía iraquíes a independizarse de las fuerzas norteamericanas. "No os dejéis engatusar por el invasor, porque él es vuestro peor enemigo", dijo Sáder.
El violento mensaje se transmitió en momentos en que miles de iraquíes se encaminaban hacia la sureña ciudad sagrada de Nayaf, obedeciendo un llamado de Sáder a montar una protesta masiva contra la presencia norteamericana en Iraq el lunes, con ocasión del cuarto aniversario del derrocamiento de Saddam Hussein.
"Para terminar con la ocupación, tendréis que salir y manifestaros", dijo Sáder en una declaración escrita, que llevaba su cuño y fue repartida en Nayaf. "Dios os ha ordenado ser pacientes frente al enemigo y unir vuestros esfuerzos contra él, no contra los hijos de Iraq".
Sáder no se ha dejado ver en las últimas semanas, y no se conoce a ciencia cierta su paradero. Los militares norteamericanos dicen que se ha refugiado en el vecino Irán, gobernado por chiíes. Sin embargo, ayudantes de Sáder insistieron en que se encuentra en Iraq.
En respuesta al llamado de Sáder, los chiíes atiborraron autobuses y coches el domingo, bloqueando la carretera de Bagdad a Nayaf. Ondeaban banderas iraquíes y cantaban lemas religiosos y antinorteamericanos. "¡No, no, no, no a Estados Unidos!", gritaban. "¡Moqtada sí, sí, sí!"
Los temores a una irrupción de la violencia sectaria o de los rebeldes en vísperas del aniversario del derrocamiento de Hussein, los militares iraquíes decretaron una prohibición de 24 horas de todo el tránsito vehicular en Bagdad, a partir de las cinco de la mañana del lunes.
Las fuerzas armadas norteamericanas proporcionaron escasos detalles sobre las últimas bajas en la guerra de cuatro años, que de momento se ha cobrado la vida de unos 3.280 militares norteamericanos y dejado heridos a 24 mil otros.
Tres soldados murieron al estallar una bomba improvisada y otro resultó herido cuando patrullaba en Bagdad el domingo, dijeron los militares en una declaración. Un incidente separado al sur de la capital costó la vida de un soldado norteamericano, quedando otros tres heridos, cuando cayeron bajo ‘fuego indirecto', dijeron los militares, refiriéndose a ataques con mortero. El domingo murieron otros dos soldados tras ser heridos "mientras realizaban operaciones de combate" en las provincias de Diyala y Salahuddin, de acuerdo a los militares.
Los militares anunciaron por separado la captura de un hombre que fue descrito como un "alto líder de al Qaeda" y dos seguidores. Una declaración identifica al hombre como "el guardián del emir de al Qaeda en Bagdad", y dijo que se lo cree vinculado a varios atentados masivos con coches bomba en la zona de Bagdad.
En un ataque con coche bomba el domingo en Mahmudiyah, un camión cargado con proyectiles de artillería fue detonado en el terreno de un taller de reparaciones, causando la muerte de varios mecánicos. El cercano Hospital General de Mahmudiyah sufrió daños ligeros, informaron las agencias de prensa.
En total, al menos 47 personas han muerto o fueron encontradas muertas el domingo, incluyendo a 17 víctimas de ejecuciones cuyos cuerpos fueron arrojados en calles de Bagdad, según informó la Associated Press.

William Branigin en Washington contribuyó a este reportaje.

9 de abril de 2007
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política contra realidad


[Thomas E. Ricks] Jefes militares buscan foco de largo plazo.
En Iraq se libran dos guerras, dicen oficiales militares en el terreno y expertos de defensa: la que se libra en las calles de Bagdad, y la guerra tal como la perciben en Washington.
El general de ejército David H. Petraeus, que es desde febrero el más alto jefe militar en Iraq, mencionó la disparidad la semana pasada. "El reloj de Washington se mueve más rápidamente que el reloj de Bagdad", dijo en una entrevista por televisión. "Así que estamos, obviamente, tratando de acelerar un poco el reloj de Bagdad para lograr más progresos en el terreno, quizás... poner algo más de tiempo en el reloj de Washington".
Aunque Washington parece ir encaminado hacia un final político en Iraq, con la Casa Blanca y el congreso riñendo sobre puntos de referencia y fechas de retirada, la guerra en el terreno es una marea menguante. Todas las partes -incluyendo a los estrategas militares norteamericanos y los líderes religiosos iraquíes y los rebeldes, así como actores regionales, como Irán, Siria, Arabia Saudí y Turquía- están esperando ver si funciona la nueva estrategia norteamericana para hacer más segura la capital iraquí. Los soldados en el terreno tienden a ver el debate en Washington como irrelevante, y la perspectiva de muchos políticos en Washington es que el calendario militar es simplemente demasiado lento.
"La escala de tiempo para vencer es de años", dijo John J. Hamre, ex subsecretario de defensa, mientras que "la escala de tiempo para la tolerancia aquí es de doce meses para los demócratas y dieciocho para los republicanos".
Una consecuencia de la disparidad es la emergencia de puntos de vista radicalmente diferentes sobre el impacto de la nueva estrategia, que ha sido llamada ‘oleada' porque envía más tropas a Iraq pero, lo que es más notable, por movilizar tropas norteamericanas desde enormes bases aisladas a pequeños puestos de avanzada en toda la capital.
El presidente Bush dijo el mes pasado que "ha habido avances positivos" y el senador John McCain (republicano de Arizona) concluyó, en un viaje que hizo a Iraq la semana pasada, que "tenemos una nueva estrategia que está dando resultados". Pero oficiales en Iraq tienden a ser más cautos. Petraeus mismo ha dicho repetidas veces que es demasiado pronto como para determinar si la nueva estrategia muestra un progreso sostenido. Él y otros dicen que para este otoño recién podrán evaluar si se hacen progresos o no. De ser así, el debate actual sobre una posible retirada en 2008, podría perder su razón de ser.
Un oficial en Iraq advirtió que poner en práctica la nueva estrategia tomará tiempo -quizás más del que Washington está dispuesto a conceder. "Los primeros signos son muy alentadores -una fuerte reducción de los asesinatos sectarios en Bagdad, el retorno de miles de familias de refugiados", dijo, hablando a condición de conservar el anonimato, para poder hablar con franqueza. "Pero no hay ninguna posibilidad de que podamos vencer a la resistencia este verano. Creo que para entonces podremos cambiar la marea, y creo que ya lo estamos haciendo. Derrotarlos completamente sería un proyecto de cinco a diez años como mínimo -y acelerarlo para satisfacer un capricho de Washington es correr hacia el fracaso".
Un oficial de ejército que ha servido en Iraq y se encuentra de regreso en Estados Unidos resumió la situación diciendo que "estamos presenciando la agonía... de un divorcio desordenado" entre la política de la guerra y su conducción". Los ‘chicos', marcados por la separación, predijo, serán el pueblo iraquí y el ejército norteamericano y el cuerpo de marines.
Además de la nueva estrategia militar, un nuevo equipo se está encargando de la ocupación norteamericana en Iraq. Por primera vez desde 2004, hay un nuevo jefe militar en Iraq, con el remplazo del general de ejército George W. Casey Jr., por Petraeus. Está trabajando con el nuevo subcomandante, el teniente general de ejército Raymond T. Odierno, y el nuevo embajador norteamericano en Iraq, Ryan C. Crocker. Hay cambios en el Pentágono -un nuevo jefe del estado mayor del ejército y el reemplazante de Donald H. Rumsfeld, el ministro de Defensa Robert M. Gates, y una vacante para el secretario del ejército- y el Mando Central, el comando militar norteamericano responsable de Oriente Medio. Los reemplazos son el más grande cambio de personal de la guerra, y los nuevos actores todavía están acomodándose.
En Bagdad hay pocos indicios de un mejoramiento de la situación, pero los que hay tienden a ser anulados por los preocupantes indicios de otros lugares en Iraq. Desde que empezara la nueva estrategia, los asesinatos religiosos se han reducido en un cincuenta por ciento, de acuerdo a portavoces militares norteamericanos. Los atentados con coches bomba han aumentado, pero también las denuncias de iraquíes. Es imposible saber cuánto de la disminución de la violencia ha de ser atribuida a la decisión de la milicia chií más grande -el Ejército Mahdi, del clérigo chií Muqtada Sáder- de reducir sus operaciones. Además, observó un oficial del ejército norteamericano que se prepara para su tercer período en Iraq, cuando en una guerra un lado modifica sus tácticas, el otro lado normalmente toma su tiempo para estudiar el cambio y evaluar las partes vulnerables antes de renovar los ataques. También, en la provincia de Anbar hay sólidos indicios de que los líderes tribales se están volcando contra los extremistas de al Qaeda.
Pero, contó un veterano de Fuerzas Especiales que ha trabajado en Iraq en las fuerzas armadas y como civil, "la campaña en Bagdad está empujando la violencia religiosa hacia otras partes de Iraq". Esa es una razón del recrudecimiento de los enfrentamientos cerca de la provincia de Diyala que llevó a comandantes norteamericanos a enviar un batallón Stryker, que era parte de un refuerzo de las tropas. Del mismo modo, el nuevo trunfo del Cuerpo de Marines en Anbar parece haber obligado a combatientes de al Qaeda a trasladar sus operaciones a Mosul, Baqubah y Tall Afar, que en 2006 fue presentado como una historia del éxito norteamericano, pero que en el mes pasado ha sido escenario de horribles atentados con camiones y asesinatos por venganza de la policía chií. También, un oficial de la inteligencia militar avisó sobre otros indicios graves fuera de Bagdad: Kirkuk, acercándose a la explosión, los turcos cada vez más descontentos con las actividades kurdas, y una inminente retirada británica en el sur que podría poner en peligro las rutas de suministro desde Kuwait.
Otro veterano de la inteligencia militar de Iraq dijo que piensa que la estrategia de Petraeus está dando algunos resultados, pero pronosticó que la violencia volverá a aumentar este verano, en parte como un intento de grupos iraquíes de influir en el debate político norteamericano. El resultado final, dijo Jeffrey White, ex analista de la Agencia de Inteligencia de la Defensa, es que para otoño este panorama habrá cambiado. "Las cosas se podrán ver substantivamente más positivas en Bagdad, y mucho peor en otras partes", dijo White, que trabaja ahora en el Instituto del Cercano Oriente [Institute for Near East Policy] de Washington.
Lo más que puede ocurrir es que para mediados del verano, dicen altos oficiales en Iraq, los militares norteamericanos empezarán a saber si el nuevo enfoque está funcionando o no.
"Tomará meses, no días ni semanas, antes de que podamos ver algunos indicadores reales de progreso", dijo Petraeus en su entrevista con Jim Lehrer de la PBS la semana pasada.
También, dicen oficiales, persisten interrogantes sobre la sustentabilidad de cualquier momento positivo. Las operaciones militares pueden ganar tiempo, pero no resolver el problema básico en Iraq: la creciente amenaza de una guerra civil. El gobierno norteamericano insiste en buscar la reconciliación, pero hay pocos indicios de movimiento en esa dirección. "No va a funcionar nada mientras las partes no estén dispuestas a hacer compromisos, y no veo ningún indicador de que lo vayan a hacer", dijo A. Heather Coyne, que ha trabajado en Iraq tanto como reservista militar que como civil. "Hasta entonces, todo efecto de la campaña será provisional".
Larry Diamond, profesor de la Universidad de Stanford que ha trabajado con la autoridad de la ocupación norteamericana y ha criticado la estrategia del gobierno de Bush, concordó en que "si no logramos un arreglo político, nada de lo que hagamos en el terreno militar va a resultar".
Ya se han dado progresos en Washington, dijo Hamre, cuando las elecciones de noviembre se convirtieron en un referendo sobre la guerra. "Los norteamericanos han estado esperando oír cómo vamos a ganar la guerra en Iraq, y nunca oyen nada de eso, así que se volvieron contra ella", dijo. "Pero la evolución política está avanzando mucho más rápidamente que los acontecimientos".
Sin embargo, con una nueva estrategia en camino en Bagdad, el debate en Washington es en gran parte irrelevante para las preocupaciones de los soldados en el terreno, dijo el oficial de ejército que volvió recientemente de Bagdad. "Toda esa cháchara sobre retiradas, votos y presupuestos en realidad no significa mucho para esos jóvenes de dieciocho años que cruzan Iraq con sus armaduras preocupados por las bombas improvisadas", dijo. "Para él, la vida consiste en tratar de sobrevivir 365 días para volver a casa -sólo para enterarnos de que tendremos que volver allá".

9 de abril de 2007
8 de abril de 2007
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eua ataca a milicianos chiíes


[Ned Parker] La ofensiva de Diwaniya persigue erradicar a los combatientes que huyeron de la campaña en Bagdad. Al oeste, al menos doce personas murieron en un atentado.
Bagdad, Iraq. Fuerza iraquíes y de la coalición entraron a Diwaniya poco antes del amanecer del viernes para expulsar a elementos de la milicia al Mahdi del clérigo chií Muqtada Sáder, que huyeron de la campaña de seguridad de Bagdad y provocaron un aumento de la violencia en regiones al sur de la capital.
El portavoz del ejército norteamericano, el teniente coronel Scott Bleichwehl, dijo que las tropas debieron hacer frente "a una firme resistencia todo el día" de parte de los milicianos de Sáder. Las tropas norteamericanas habían sido llamadas desde Bagdad para reforzar la Octava División del ejército iraquí y a los soldados dirigidos por los polacos.
Asustados residentes se encerraron en sus casas y se decretó un toque de queda en la ciudad, a unos 153 kilómetros al sur de Bagdad, mientras las fuerzas combinadas allanaban barrios que se cree son bastiones de la milicia, dijeron oficiales.
También el viernes estalló frente a una comisaría de policía en Ramadi, la capital de Al Anbar, una provincia predominantemente sunní, un camión cisterna cargado con explosivos y gas cloro. Los informes sobre las bajas son contradictorios. El oficial encargado de la seguridad en la provincia, el coronel Tariq Yousef, dijo que murieron 22 personas, con 37 heridos y 40 personas que debieron ser tratadas por exposición al cloro. Sin embargo, el portavoz de los marines, teniente segundo Richad Hollenbeck, dijo que el atentado suicida mató a doce personas, dejando heridas a 43.
Grupos asociados a al Qaeda han sido utilizados en al menos ocho atentados con gas cloro en ataques suicidas contra las tribus árabes sunníes que se oponen a su presencia en Al Anbar, una extensa zona desértica al oeste de Bagdad, en la frontera con Siria, Jordania y Arabia Saudí.
En Diwaniya, las tropas encontraron un edificio utilizado para montar potentes bombas capaces de penetrar los blindajes -llamadas proyectiles explosivos- que los militares norteamericanos dicen que han matado al menos a 170 norteamericanos desde mediados de 2004. Se incautaron cuatro bombas y otras en diferentes etapas de producción, dijeron los militares.
En los enfrentamientos murieron tres rebeldes, 27 fueron detenidos y seis resultaron heridos. Entre las fuerzas de la campaña hubo dos soldados iraquíes y uno de la coalición, heridos. No se reveló la nacionalidad del soldado de la coalición.
Sáder llamó a sus partidarios a respetar el plan de seguridad de Bagdad y a guardar las armas, pero han sido acusados de la creciente violencia al sur de la capital.
La ofensiva de Diwaniya empezó después de una campaña de asesinatos en la ciudad.
"Diwaniya ha estado presenciando asesinatos durante semanas, incluyendo a maestros, militares, agentes de policía e incluso milicianos de Sáder", dijo Nassar Rubaie, un legislador cercano a Sáder. "Uno de nuestros hombres que estaba trabajando en la oficina de Sáder también fue asesinado".
Leales a Sáder a acusado al derrocado Partido Baaz de los recientes asesinatos. Sin embargo, el general polaco a cargo de Diwaniya dijo que los enfrentamientos se derivan de la intensa rivalidad entre diferentes grupos políticos chiíes. Las fricciones entre partidarios de Sáder y el partido gobernante de la provincia, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, están aumentando, dijo hace poco el general de brigada Pawel Lamla.
Partidarios del Consejo Supremo han acusado a los seguidores de Sáder de participar en los asesinatos, acusaciones que el grupo ha rechazado.
Los dos partidos están preparándose para las elecciones convocadas tentativamente para este año. El Consejo Supremo controla el consejo provincial de Qadisiya, pero las fuerzas de Sáder con populares en las calles y han infiltrado a la policía, dijo Lamla. Eso ha convertido a Diwaniya en un barril de pólvora, dijo.
Lamla dijo que más milicianos de al Mahdi habían llegado a Diwaniya y que la violencia había aumentado desde el inicio del plan de seguridad de Bagdad el 13 de febrero. Comparó partes de Diwaniya con Ciudad Sáder, un bastión de al Mahdi al nordeste de Bagdad.
El gobernador de Diwaniya, Dhia Shubbar, negó cualquier tensión entre su partido y los milicianos de Sáder.
Haydar Natiq, director de la oficina de Sáder en Diwaniya, acusó a las tropas norteamericanas e iraquíes que bloquear las ambulancias y de matar a ocho civiles. Negó que los milicianos de al Mahdi se hayan incorporado a la violencia el viernes e insistió en que los norteamericanos estaban siendo recibidos solamente con una "resistencia honorable". Hacia la tarde, los enfrentamientos habían cesado.
En la oficina, un hombre llamado Jassim, seguidor de Sáder, dijo que los milicianos de al Mahdi estaban siendo ridiculizados por tropas que entran a la ciudad, con tanques y helicópteros, desde tres direcciones.
"En algunos vehículos norteamericanos, alguien que hablaba árabe retaba a los milicianos por un altavoz", llamándolos cobardes, dijo.
No quedó claro cómo la violencia del viernes podría afectar Bagdad, donde los chiíes, golpeados por un firme aluvión de atentados con coches bomba en las últimas semanas, han empezado a preguntarse si acaso no estaban mejor cuando los milicianos de Sáder operaban con menos limitaciones.
"Algunos insurgentes se han vuelto muy descarados", dijo el parlamentario Haidar Abadi, miembro del Partido Islámico Dawa, del primer ministro Nouri Maliki. "Ahora la gente se está preguntando si acaso la campaña contra las milicias es realmente una buena idea".
Partidarios de Sáder han sido acusados de participación en los escuadrones de la muerte que han atacado a sunníes desde el atentado contra un venerado santuario chií en Samarra, en febrero de 2006.
Entretanto, los militares norteamericanos informaron el viernes la muerte de un soldado en un ataque el jueves, cerca de Kirkuk, al norte de Iraq, que también dejó un soldado herido. Hoy viernes temprano, los militares dijeron que un proyectil explosivo mató a un soldado que hacía una patrulla al este de Bagdad; otros cuatro resultaron heridos. El número de militares norteamericanos muertos en la guerra hasta la fecha es de 3.268, agregando el anuncio de hoy al total en la lista de icasualties.org
Estados Unidos negó que un equipo del Comité Internacional de la Cruz Roja que visitaba a cinco iraníes detenidos, incluyera a un nacional iraní.
"Uno de los dos comités incluía a un individuo que habla farsi y que ha vivido en Irán, pero es un ciudadano británico de nacimiento", dijo en una declaración el teniente coronel Christopher Garver.
Una comisión de investigación formada por Maliki condenó el allanamiento del mes pasado en las oficinas de la inteligencia del ministerio del Interior en la sureña ciudad de Basra.
Fuerzas especiales iraquíes, acompañadas por tropas británicas, allanaron esas oficinas el 4 de marzo y dijeron que habían encontrado a treinta personas con indicios de haber sido torturados.
Una declaración del despacho del primer ministro dijo que las fuerzas británicas y norteamericanas debían ofrecer excusas y advirtieron que no detendrán a miembros de las fuerzas de seguridad sin una orden judicial.
Las fuerzas especiales iraquíes están bajo el mando operaciones de tropas de la coalición norteamericana.
Militares británicos en Basra dijeron que no comentarían inmediatamente las conclusiones de la comisión.
Como un indicio de las contradicciones que emergen entre diferentes grupos rebeldes sunníes, el Ejército Islámico llamó al cabecilla de al Qaeda, Osama bin Laden, a contener a la rama del movimiento en Iraq.
La declaración, publicada en internet, dice que los militantes de al Qaeda en Iraq han ido demasiado lejos con el asesinato de treinta rebeldes en los últimos meses.

ned.parker@latimes.com
Raheem Salman, Saif Hameed, Wail Alhafith y Said Rifai contribuyeron a este reportaje.

7 de abril de 2007
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