irak
traición en la mafia
[William Glaberson] Entró por la puerta de atrás del tribunal de Brooklyn para arruinar al hombre que dice que es el padrino de una de las cinco familias mafiosas de Nueva York. Y fue al grano de inmediato.
Nueva York, Estados Unidos. "Era el jefe oficial de la familia Bonanno", dijo Salvatore Vitale a una corte federal tan sólo cinco minutos después de la vista preliminar del juicio por crimen organizado y asesinato de Joseph C. Massino, su cuñado.
La última y devastadora traición de Massino, en un caso construido sobre la cooperación sin precedentes con gente de Bonanno, estuvo puntuada por las preguntas en stacatto del fiscal, Greg D. Andres.
¿Cometió usted algún delito, preguntó Andres, por orden de Massino?
Vitale dijo que sí, mirando al fiscal a los ojos, y no al corpulento hombre sentado a la mesa de la defensa al que conoce desde que eran jóvenes en las calles de Nueva York.
"Sí cometí delitos por él", dijo Vitale, siempre evitando la mirada de Massino. "Cometí asesinatos".
Y así empezó lo que se ha dado en llamar el caso más grande de defección en la mafia desde que Salvatore Gravano, el lugarteniente conocido como Sammy el Toro ayudara a enviar a su jefe, John J. Gotti a morir en la cárcel.
Ayer fue solo el comienzo, cuando Vitale declaró como testigo hacia el final del día del juicio. Pero fue suficiente para mostrar lo perjudicial que podía ser el testimonio de Vitale, que se espera que tomará toda la semana.
Mencionó algunos de los delitos que dijo que Massino le había ordenado cometer: "Incendios, secuestros, robo y allanamiento, extorsión, usura". Todo un catálogo de la mafia moderna. Y dijo que los confesaría todos.
Hizo el cuadrangular de los informantes de la mafia: contó al jurado que Massino, 61, le había dado órdenes de matar a ocho hombres. Dio los nombres de los gángsteres asesinados que ahora son conocidos en la sala del tribunal del juez Nicholas G. Garaufis, donde los fiscales han tratado un asesinato tras otro: Sonny Red, Sonny Black, Russell, George.
A veces, Vitale, 56, que habló suave pero convincentemente, tuvo dificultades en recordar a algunos de los hombres que dijo que habían sido eliminados por orden de Massino.
Pero no vaciló cuando contó por qué se había volcado contra Massino, del que dijo que había sido su mejor amigo, el paraninfo de su boda, y quien le enseñó a nadar cuando eran jóvenes.
Dijo que a él lo habían traicionado primero. En los años noventa, dijo, Massino lo aisló de la familia. Conservó su título de lugarteniente, dijo, "pero me aislaron -tenía el título, pero no podía hacer nada".
Al otro lado de la sala del tribunal, en la primera fila, con sus labios apretados, estaba Josephine Massino, la esposa de Massino y hermana de Vitale. Escuchó cuando su hermano trataba de explicar por qué estaba ayudando a los fiscales a poner a su marido en prisión por el resto de su vida.
El hermano, en el programa de protección de testigos, dijo a la corte que en el pasado "no había nada que yo no hiciera por él". Pero entonces, dijo, fue detenido en 2001 y excluido por Massino. Dijo que creía que lo habían abandonado cuando los fiscales cerraban el cerco sobre la familia Bonanno.
"Iban a dejar a mi esposa y a mis hijos en la calle", dijo. Desde su posición en la sala del tribunal, Massino se arrellanó en la silla y suspiró, como si Vitale hubiera hecho algo prohibido.
Si se dio cuenta de la pequeña conmoción, no lo hizo notar. "Es por eso que decidí hacer lo que estoy haciendo hoy", dijo.
Se ha confesado culpable en once asesinatos y accedió a prestar testimonio para el gobierno a cambio de indulgencia.
El abogado de Massino, David Breitbart, dijo que atacará a Vitale por mentiroso y por ser un asesino.
Mientras hacía gala ante Andres de su enciclopédico conocimiento de la familia mafiosa, Vitale se mostró tranquilo. En un traje a la medida, con su cabello salpicado de canas peinado hacia atrás ordenadamente, describió los asesinatos, intrigas y planes del modo en que un contable hablaría de pérdidas y beneficios.
Tomó notes, declaró, sobre los miembros de la mafia en la ciudad y las entregó a los fiscales. Conocía los movimientos de Massino de los últimos 25 años, porque Massino se los contaba. Sabía todo de las posiciones de Massino en el mundo de la mafia, donde los hombres juran guardar los secretos.
Ayer Salvatore Vitale empezó a contar al jurado lo que él sabía.
29 de junio de 2004
17 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
Nueva York, Estados Unidos. "Era el jefe oficial de la familia Bonanno", dijo Salvatore Vitale a una corte federal tan sólo cinco minutos después de la vista preliminar del juicio por crimen organizado y asesinato de Joseph C. Massino, su cuñado.La última y devastadora traición de Massino, en un caso construido sobre la cooperación sin precedentes con gente de Bonanno, estuvo puntuada por las preguntas en stacatto del fiscal, Greg D. Andres.
¿Cometió usted algún delito, preguntó Andres, por orden de Massino?
Vitale dijo que sí, mirando al fiscal a los ojos, y no al corpulento hombre sentado a la mesa de la defensa al que conoce desde que eran jóvenes en las calles de Nueva York.
"Sí cometí delitos por él", dijo Vitale, siempre evitando la mirada de Massino. "Cometí asesinatos".
Y así empezó lo que se ha dado en llamar el caso más grande de defección en la mafia desde que Salvatore Gravano, el lugarteniente conocido como Sammy el Toro ayudara a enviar a su jefe, John J. Gotti a morir en la cárcel.
Ayer fue solo el comienzo, cuando Vitale declaró como testigo hacia el final del día del juicio. Pero fue suficiente para mostrar lo perjudicial que podía ser el testimonio de Vitale, que se espera que tomará toda la semana.
Mencionó algunos de los delitos que dijo que Massino le había ordenado cometer: "Incendios, secuestros, robo y allanamiento, extorsión, usura". Todo un catálogo de la mafia moderna. Y dijo que los confesaría todos.
Hizo el cuadrangular de los informantes de la mafia: contó al jurado que Massino, 61, le había dado órdenes de matar a ocho hombres. Dio los nombres de los gángsteres asesinados que ahora son conocidos en la sala del tribunal del juez Nicholas G. Garaufis, donde los fiscales han tratado un asesinato tras otro: Sonny Red, Sonny Black, Russell, George.
A veces, Vitale, 56, que habló suave pero convincentemente, tuvo dificultades en recordar a algunos de los hombres que dijo que habían sido eliminados por orden de Massino.
Pero no vaciló cuando contó por qué se había volcado contra Massino, del que dijo que había sido su mejor amigo, el paraninfo de su boda, y quien le enseñó a nadar cuando eran jóvenes.
Dijo que a él lo habían traicionado primero. En los años noventa, dijo, Massino lo aisló de la familia. Conservó su título de lugarteniente, dijo, "pero me aislaron -tenía el título, pero no podía hacer nada".
Al otro lado de la sala del tribunal, en la primera fila, con sus labios apretados, estaba Josephine Massino, la esposa de Massino y hermana de Vitale. Escuchó cuando su hermano trataba de explicar por qué estaba ayudando a los fiscales a poner a su marido en prisión por el resto de su vida.
El hermano, en el programa de protección de testigos, dijo a la corte que en el pasado "no había nada que yo no hiciera por él". Pero entonces, dijo, fue detenido en 2001 y excluido por Massino. Dijo que creía que lo habían abandonado cuando los fiscales cerraban el cerco sobre la familia Bonanno.
"Iban a dejar a mi esposa y a mis hijos en la calle", dijo. Desde su posición en la sala del tribunal, Massino se arrellanó en la silla y suspiró, como si Vitale hubiera hecho algo prohibido.
Si se dio cuenta de la pequeña conmoción, no lo hizo notar. "Es por eso que decidí hacer lo que estoy haciendo hoy", dijo.
Se ha confesado culpable en once asesinatos y accedió a prestar testimonio para el gobierno a cambio de indulgencia.
El abogado de Massino, David Breitbart, dijo que atacará a Vitale por mentiroso y por ser un asesino.
Mientras hacía gala ante Andres de su enciclopédico conocimiento de la familia mafiosa, Vitale se mostró tranquilo. En un traje a la medida, con su cabello salpicado de canas peinado hacia atrás ordenadamente, describió los asesinatos, intrigas y planes del modo en que un contable hablaría de pérdidas y beneficios.
Tomó notes, declaró, sobre los miembros de la mafia en la ciudad y las entregó a los fiscales. Conocía los movimientos de Massino de los últimos 25 años, porque Massino se los contaba. Sabía todo de las posiciones de Massino en el mundo de la mafia, donde los hombres juran guardar los secretos.
Ayer Salvatore Vitale empezó a contar al jurado lo que él sabía.
29 de junio de 2004
17 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
muerte sin honores
[David Zucchino] Para las familias de los contratistas que trabajan en la guerra encargada de Iraq, no hay cartas presidenciales ni salvas de 21 disparos, sólo consternación y pena.
Rosharon, Tejas, Estados Unidos. Cuando los parroquianos del Johnson's Market Bar and Grill se enteraron de que su amigo Allan Smith había muerto en Iraq, le rindieron tributo jugando a los dardos y bebiendo cerveza, dos de los pasatiempos favoritos de Smith.
"Allan lo hubiese aprobado", dijo Pat Johnson, el dueño, que se complació cuando en el funeral se mostró un video de Smith luchando con un oso de circo, e inmovilizándolo.
En otro suburbio de Houston, Dona Davis había recibido un email de su marido Leslie pocas horas antes de que le dijeran que había muerto en el mismo atentado suicida en el que murió Smith el 21 de diciembre. Entonces comenzó a preparar lo que llamó un "funeral patriota".
"Mi marido amaba a su país", dijo Davis. "Una de las últimas cosas que me dijo fue: Estamos haciendo algo bueno aquí'".
Leslie Wayne Davis y Allan Keith Smith no eran soldados. Eran contratistas civiles, parte de un ejército de mecánicos, carpinteros y electricistas que apoyan la misión militar norteamericana en Iraq. Empleados de Halliburton Co., murieron junto a dos de sus colegas y 14 soldados en un comedor militar en Mosul.
Estados Unidos nunca ha estado antes en una guerra como esta, donde el enemigo está en todas partes y en ninguna, donde los civiles tienen tareas que antes realizaban los soldados y donde abuelos de edad mediana mueren junto a soldados de infantería de 19 años. Esta es la primera guerra por encargo del país, donde los civiles proporcionan los dos pilares del ejército en la logística y los aprovisionamientos.
Es una guerra sin frente, donde los civiles comparten los riesgos y el peso del combate. La gente muere en las más prosaicas de las circunstancias: durmiendo, yendo al trabajo, almorzando.
A diferencia de los soldados y marines que mueren en acción, los contratistas que mueren en Iraq tienden a morir anónimamente, y se los menciona sólo al pasar. Un diario local publicó un reportaje sobre Davis y Smith, proporcionando algunos detalles biográficos mínimos.
Pero sus muertes no son menos trágicas, y los mismos estertores de pena y dolor que sacuden las familias de los militares, sacuden a las familias de los civiles.
A diferencia de las familias de los militares, las familias de los contratistas no han tenido años para endurecerse con la posibilidad de la muerte en combate. Sus seres queridos no llevan rifles ni pesadas ametralladoras. Son civiles que hacen sus trabajos, y cada muerte repentina y violenta causa conmoción, sin importar cuántos contratistas mueren en el caos de Iraq.
El Pentágono y los órganos de prensa llevan una lista meticulosa de los soldados y marines caídos. Los diarios locales publican historias detalladas y obituarios elogiando sus servicios y valor. Los muertos reciben funerales militares con guardias de honor, salvas 21 disparos y ceremonias con banderas. Sus familias reciben cartas del presidente Bush.
Ninguna organización lleva una lista oficial de los contratistas muertos, de acuerdo a Stan Soloway, del Consejo de Servicios Profesionales, un grupo profesional entre cuyos miembros hay contratistas militares. Dijo que el grupo representa a 30.000 contratistas en Iraq, de un total de contratistas dos o tres veces mayor.
Soloway calcula que desde marzo han muerto en Iraq entre 200 y 250 contratistas. Las bajas no oficiales según informes de prensa que lleva el Conteo de Bajas de la Coalición en Iraq, un grupo de investigación privado, llegan a 202, entre las que hay 72 norteamericanos.
Halliburton, con 40.000 empleados y contratistas en Oriente Medio, dice que 63 de sus trabajadores han muerto en Iraq -más que los de las otras empresas, de acuerdo a Soloway.
Los militares norteamericanos, con 150.000 tropas en Iraq, han sufrido 1.356 bajas.
Las principales causas de muerte de los contratistas, listadas en la página web del Conteo de Bajas, son los ataques contra convoyes y emboscadas en carretera (48), ejecuciones realizadas por secuestradores (29), bombas improvisadas en la calle (18) y atentados suicidas con bomba y coches-bomba (25), incluyendo a Smith y Davis.
El Pentágono proporciona funerales con honores militares completos en cementerios de las fuerzas armadas para los militares muertos en Iraq. Las familias de los contratistas se encargan de sus propios funerales.
Después de que los militares enviaran los restos de Smith y Davis a la Base Aérea de Dover en Delaware, después de que los empleados de Halliburton escoltaran los cuerpos de vuelta a casa en Tejas, y después de que representantes de Halliburton pasaran dos horas con los seres queridos de los dos hombres muertos, las familias se quedan a hacer el resto.
Dona Davis tomó el anillo de bodas de su marido y la remplazó por el suyo propio, enterrándolo con él. Se aseguró de que su funeral incluyera un video de Leslie hablando en el reciente funeral de su hermano, donde dice que su hermano había "ido a un lugar mejor en el cielo". Ella cree que Leslie está allá ahora.
Los amigos de Smith pegaron un blanco de dardos a su ataúd. Rieron con el video de la lucha con el oso y lloraron cuando sonó la canción favorita de Smith, Silver Wings', de Merle Haggard. Hubo sollozos cuando se mostró una instantánea de Smith sosteniendo a su nieto recién nacido en el hospital.
Tanto Smith, 45, como Davis, 53, eran abuelos. Tenían el doble de edad que la mayoría de los soldados que almorzaban ese día en el comedor donde murieron. El soldado típico es soltero, terminó hace pocos años la escuela secundaria y tiene pocas deudas o compromisos. El contratista típico es un hombre de edad mediana, casado o divorciado, y persigue un salario grandioso.
Los amigos de Smith dicen que se marchó a trabajar para Halliburton en Iraq como capataz para ganar dinero y dar una mejor vida a sus dos hijas y a su nieto de cuatro meses, y para comprarle un coche a una de sus hijas. La familia de Davis dice que él se marchó por sentido del deber, a trabajar como controlador de calidad, con la esperanza de que Halliburton lo integrara a su plantilla permanente en el extranjero de modo que él y su esposa pudieran viajar por el mundo.
Hombres como Davis y Smith, con toda una vida de habilidades adquiridas y experiencia, son muy pedidos en una época en que unas fuerzas armadas reducidas se han volcado hacia los civiles para que hagan trabajos que antes hacían los soldados. Halliburton, una compañía de servicios de energía basada en Houston, ha estado entre los principales contratistas privados en Iraq, principalmente a través de su filial de ingeniería, la KBR.
Cuando se presentó la oportunidad de trabajar para la compañía en Iraq, Smith y Davis se aferraron a ella, a pesar de las súplicas de la familia y amigos de que no corrieran ese riesgo.
Lo Tengo Todo Bajo Control
Smith era un hombre fuerte con cara de pan y una personalidad despreocupada. Su vida se centraba en sus hijas, Brandy, 21, y Savanah, 18, y en su nieto, Koda. Era un parroquiano del Johnson's Bar, un bar que se ciñe a un estrecho camino condal que pasa por pastizales ganaderos y torres de perforación de petróleo en Rosharon en la punta sur de Houston.
Smith se ganaba la vida con una firma de servicios de jardinería. Vivía en una caravana a menos de un kilómetro y medio de Johnson y era socio, y un amigo de toda la vida, de una taberna llamada Hoot N Annie's.
Miranda Selvera, 29, que trabajaba para Smith como camarera, contó que había convencido a su marido de no ir a Iraq, pero no había podido convencer a Smith.
"Sólo sonrió y me dijo que quería una vida mejor para él y sus hijos", dijo.
Terry Alabama' Hartley, que jugó a los dardos con Smith durante más de una década, dijo que le había dicho la noche antes de que se marchara, en octubre: "Man, no necesitas ir allá". Hartley dijo que Smith "me tomó por el cuello y me dijo: Chico, lo tengo todo bajo control'".
La hija de Smith, Brandy Wilkison, vive en su caravana, adonde llegaron dos consejeros de Halliburton la tarde del 21 de diciembre a entregarle la noticia de la muerte de su padre.
Dijo que su padre pensaba volver en primavera para una breve visita para ver a su hermana, Savanah, que se graduaba de la secundaria y para el nacimiento del primer hijo de Savanah, que debía nacer en junio.
"Luego se volvería a marchar y terminaría el año, para volver a casa y criar a sus nietos", dijo Brandy. Le dijo que su salario "era más que suficiente" y "mucho mejor que cortar el césped".
Ella siente ahora la pérdida. "Era valiente. Yo dependía mucho de él, y ahora ya no está y me siento como perdida".
Cuando él se marchó a Iraq, dijo, Smith le pasó la firma de jardinería al novio de Brandy. "Vamos a mantener el nombre -Allan's Lawn Service", dijo.
Smith estaba preocupado de los ataques con mortero en la base de Mosul donde vivía, dijo su novia, Ellen Hanley. Le dijo que un mortero había impactado en una bodega cercana. "Pero no le tenía miedo a nadie", dijo Hanley.
El día antes de que muriera Smith, Hanley se operó de un cáncer. "Entonces me llegaron las noticias de Allen, y eso era más de lo que podía soportar", dijo.
La muerte de Smith ha dejado un hueco en Rosharon, una diminuta comunidad donde se conoce todo el mundo y la mayoría de la gente trabaja en la construcción de casas o en el petróleo. Todos reconocieron su camioneta Dodge beige, con la que iba al bar de Johnson o a comer al restaurante Chili.
Selvera dijo que su hijo de cuatro años todavía sonreía y saludaba cuando veía pasar la camioneta de Smith, que conduce ahora su hija.
"Entonces grita: ¡Llegó Allan!", dijo Selvera. "Y yo tengo que contarle: No, no es él'".
Cerca del Cielo
A 80 kilómetros, en Magnolia, en los suburbios del norte de Houston, Dona Davis trató de convencer a su marido de no ir a Iraq en junio pasado. Sigue pensando sobre el tiempo que pasó hace tres décadas cuando estuvo de servicio en las lanchas patrulleras de la Marina en Vietnam, y de cómo temía que alguien llamara a la puerta.
Cuando eso ocurrió el 21 de diciembre, no había un oficial militar en la puerta sino dos representantes de Halliburton. "Estoy completamente perdida", dijo al enterarse. Se puso histérica, llorando y gritando, dijo.
Finalmente encontró consuelo en lo que le había dicho su marido cuando ella trató de mantenerlo en casa. "Me dijo: Dona, estoy tan cerca del cielo en Iraq que en Houston'", dijo.
Leslie Davis, conocida como Bub', era un hombre religioso, un ex diácono que enseñaba el catecismo y rezaba antes de la comida. Apoyó al misión norteamericana en Iraq, dijo su viuda. Daba caramelos a los niños iraquíes hasta que los militares, preocupados de la seguridad de la base, construyeron una muralla que se lo impidió.
Dona dijo que su marido ganaba más o menos el mismos dinero con Halliburton que en sus trabajos previos como auditor de compañías petrolíferas norteamericanas.
"No me hablaba de los peligros, y eso lo hacía aposta", dijo. "Bromeaba sobre el hecho de que debía almorzar con el chaleco antibalas puesto. Si los habían atacado con morteros, me diría: Los chicos pasaron una noche bulliciosa'".
Leslie y Dona, con 35 años de matrimonio, intercambiaban emails todas las noches -los de Leslie decorados con banderas de Estados Unidos y de Tejas- y hablaban por teléfono casi todos los días. Él le hablaba a menudo del miedo y de la ansiedad que veía en los ojos de los jóvenes soldados. Leslie tenía 19 años cuando Vietnam, y Dona cree que estaba reviviendo su juventud en una zona de combate lejos de casa.
Después de un fatal atentado con coche-bomba en Mosul, dijo Dona, Leslie que contó que se había encontrado con un turbado y joven soldado que había sobrevivido.
"Dijo que quiso abrazar a ese joven, pero no lo hizo porque no quiso hacerlo frente a otros soldados", dijo. "Y entonces me contó que hubiese preferido morir él antes que esos chicos".
El día que murió, la familia estaba preparando una cena para las vísperas de Navidad. El novio de la hija de los Davis, Angie, 35, quería pedirla en matrimonio esa noche. La cena fue cancelada.
"Sabes", dijo Angie, limpiándose las lágrimas que mancharon su maquillaje, "lo primero que habría hecho es escribirle un email a mi papá, para contárselo. Lo habría hecho muy feliz".
A pesar de los peligros, dijo, su padre se marchó a Iraq "porque era allá donde lo necesitaba Dios".
Para Dona, que empezó a salir con Leslie cuando estaban los dos en el noveno, su muerte la ha destrozado. La pareja quería trabajar para Halliburton y viajar por el mundo antes de volver a ver crecer a sus nietos. Leslie había planeado tomar libre en marzo para reunirse con Dona en Roma.
"Es difícil imaginarse la vida sin él", dijo.
Ese día en Mosul Davis no quería almorzar, dijo Dona, pero sus colegas lo convencieron. Uno de ellos, Dennis Barcelona, le dijo a Dona que él trató de salvar a Leslie cuando este yacía sangrando de una herida en su muslo cerca de su ingle. Barcelona dijo que uso una camisa para hacer un torniquete, pero fue incapaz de parar el derrame.
Para su cumpleaños en noviembre, Leslie le envío a Dona una esterilla de oraciones que había hecho hacer en Iraq. Bordados en el reverso estaban los nombres y las edades de los cuatro hijos de la pareja y sus 11 nietos.
Dona pensó que era típico de su marido hacérselo todo más difícil tratando de recordar las edades y no solamente las fechas de nacimiento. Él había tenido que calcular la edad de todos, redondeándolos para arriba o para abajo. Las edades que escogió correspondían precisamente a las edades de sus hijos y nietos el día en que murió.
"Fue casi como una premonición", dijo Angie.
En el funeral de Leslie cientos de personas se agolpearon en la capilla, entre ellos los dos representantes de Halliburton. Se colocaron monitores en el exterior para los que quedaron fuera.
"La gente se acercaba a él. Le encantaba a todo el mundo", dijo Angie. "Si tú trabajabas un día para mi padre, te hacías amigo de él para toda la vida".
Había un águila y una bandera americana en el ataúd. Debido a que Davis era un veterano, dos marinos de la Marina estaban presentes para prestar sus respetos al ataúd, tocar a silencio y ofrecer a Dona una bandera norteamericana plegada.
Pocos días después, en la salita de su casa de estilo rancho, donde las ventanas dan a varias hectáreas de ondulados prados de magnolia, Dona y Angie no lloraban como cuando la despedida final.
"Ese funeral fue una celebración de su vida", dijo Dona.
Después de toda las turbulencias en Iraq, dijo Angie, su padre estaba finalmente en paz.
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
"Allan lo hubiese aprobado", dijo Pat Johnson, el dueño, que se complació cuando en el funeral se mostró un video de Smith luchando con un oso de circo, e inmovilizándolo.
En otro suburbio de Houston, Dona Davis había recibido un email de su marido Leslie pocas horas antes de que le dijeran que había muerto en el mismo atentado suicida en el que murió Smith el 21 de diciembre. Entonces comenzó a preparar lo que llamó un "funeral patriota".
"Mi marido amaba a su país", dijo Davis. "Una de las últimas cosas que me dijo fue: Estamos haciendo algo bueno aquí'".
Leslie Wayne Davis y Allan Keith Smith no eran soldados. Eran contratistas civiles, parte de un ejército de mecánicos, carpinteros y electricistas que apoyan la misión militar norteamericana en Iraq. Empleados de Halliburton Co., murieron junto a dos de sus colegas y 14 soldados en un comedor militar en Mosul.
Estados Unidos nunca ha estado antes en una guerra como esta, donde el enemigo está en todas partes y en ninguna, donde los civiles tienen tareas que antes realizaban los soldados y donde abuelos de edad mediana mueren junto a soldados de infantería de 19 años. Esta es la primera guerra por encargo del país, donde los civiles proporcionan los dos pilares del ejército en la logística y los aprovisionamientos.
Es una guerra sin frente, donde los civiles comparten los riesgos y el peso del combate. La gente muere en las más prosaicas de las circunstancias: durmiendo, yendo al trabajo, almorzando.
A diferencia de los soldados y marines que mueren en acción, los contratistas que mueren en Iraq tienden a morir anónimamente, y se los menciona sólo al pasar. Un diario local publicó un reportaje sobre Davis y Smith, proporcionando algunos detalles biográficos mínimos.
Pero sus muertes no son menos trágicas, y los mismos estertores de pena y dolor que sacuden las familias de los militares, sacuden a las familias de los civiles.
A diferencia de las familias de los militares, las familias de los contratistas no han tenido años para endurecerse con la posibilidad de la muerte en combate. Sus seres queridos no llevan rifles ni pesadas ametralladoras. Son civiles que hacen sus trabajos, y cada muerte repentina y violenta causa conmoción, sin importar cuántos contratistas mueren en el caos de Iraq.
El Pentágono y los órganos de prensa llevan una lista meticulosa de los soldados y marines caídos. Los diarios locales publican historias detalladas y obituarios elogiando sus servicios y valor. Los muertos reciben funerales militares con guardias de honor, salvas 21 disparos y ceremonias con banderas. Sus familias reciben cartas del presidente Bush.
Ninguna organización lleva una lista oficial de los contratistas muertos, de acuerdo a Stan Soloway, del Consejo de Servicios Profesionales, un grupo profesional entre cuyos miembros hay contratistas militares. Dijo que el grupo representa a 30.000 contratistas en Iraq, de un total de contratistas dos o tres veces mayor.
Soloway calcula que desde marzo han muerto en Iraq entre 200 y 250 contratistas. Las bajas no oficiales según informes de prensa que lleva el Conteo de Bajas de la Coalición en Iraq, un grupo de investigación privado, llegan a 202, entre las que hay 72 norteamericanos.
Halliburton, con 40.000 empleados y contratistas en Oriente Medio, dice que 63 de sus trabajadores han muerto en Iraq -más que los de las otras empresas, de acuerdo a Soloway.
Los militares norteamericanos, con 150.000 tropas en Iraq, han sufrido 1.356 bajas.
Las principales causas de muerte de los contratistas, listadas en la página web del Conteo de Bajas, son los ataques contra convoyes y emboscadas en carretera (48), ejecuciones realizadas por secuestradores (29), bombas improvisadas en la calle (18) y atentados suicidas con bomba y coches-bomba (25), incluyendo a Smith y Davis.
El Pentágono proporciona funerales con honores militares completos en cementerios de las fuerzas armadas para los militares muertos en Iraq. Las familias de los contratistas se encargan de sus propios funerales.
Después de que los militares enviaran los restos de Smith y Davis a la Base Aérea de Dover en Delaware, después de que los empleados de Halliburton escoltaran los cuerpos de vuelta a casa en Tejas, y después de que representantes de Halliburton pasaran dos horas con los seres queridos de los dos hombres muertos, las familias se quedan a hacer el resto.
Dona Davis tomó el anillo de bodas de su marido y la remplazó por el suyo propio, enterrándolo con él. Se aseguró de que su funeral incluyera un video de Leslie hablando en el reciente funeral de su hermano, donde dice que su hermano había "ido a un lugar mejor en el cielo". Ella cree que Leslie está allá ahora.
Los amigos de Smith pegaron un blanco de dardos a su ataúd. Rieron con el video de la lucha con el oso y lloraron cuando sonó la canción favorita de Smith, Silver Wings', de Merle Haggard. Hubo sollozos cuando se mostró una instantánea de Smith sosteniendo a su nieto recién nacido en el hospital.
Tanto Smith, 45, como Davis, 53, eran abuelos. Tenían el doble de edad que la mayoría de los soldados que almorzaban ese día en el comedor donde murieron. El soldado típico es soltero, terminó hace pocos años la escuela secundaria y tiene pocas deudas o compromisos. El contratista típico es un hombre de edad mediana, casado o divorciado, y persigue un salario grandioso.
Los amigos de Smith dicen que se marchó a trabajar para Halliburton en Iraq como capataz para ganar dinero y dar una mejor vida a sus dos hijas y a su nieto de cuatro meses, y para comprarle un coche a una de sus hijas. La familia de Davis dice que él se marchó por sentido del deber, a trabajar como controlador de calidad, con la esperanza de que Halliburton lo integrara a su plantilla permanente en el extranjero de modo que él y su esposa pudieran viajar por el mundo.
Hombres como Davis y Smith, con toda una vida de habilidades adquiridas y experiencia, son muy pedidos en una época en que unas fuerzas armadas reducidas se han volcado hacia los civiles para que hagan trabajos que antes hacían los soldados. Halliburton, una compañía de servicios de energía basada en Houston, ha estado entre los principales contratistas privados en Iraq, principalmente a través de su filial de ingeniería, la KBR.
Cuando se presentó la oportunidad de trabajar para la compañía en Iraq, Smith y Davis se aferraron a ella, a pesar de las súplicas de la familia y amigos de que no corrieran ese riesgo.
Lo Tengo Todo Bajo Control
Smith era un hombre fuerte con cara de pan y una personalidad despreocupada. Su vida se centraba en sus hijas, Brandy, 21, y Savanah, 18, y en su nieto, Koda. Era un parroquiano del Johnson's Bar, un bar que se ciñe a un estrecho camino condal que pasa por pastizales ganaderos y torres de perforación de petróleo en Rosharon en la punta sur de Houston.
Smith se ganaba la vida con una firma de servicios de jardinería. Vivía en una caravana a menos de un kilómetro y medio de Johnson y era socio, y un amigo de toda la vida, de una taberna llamada Hoot N Annie's.
Miranda Selvera, 29, que trabajaba para Smith como camarera, contó que había convencido a su marido de no ir a Iraq, pero no había podido convencer a Smith.
"Sólo sonrió y me dijo que quería una vida mejor para él y sus hijos", dijo.
Terry Alabama' Hartley, que jugó a los dardos con Smith durante más de una década, dijo que le había dicho la noche antes de que se marchara, en octubre: "Man, no necesitas ir allá". Hartley dijo que Smith "me tomó por el cuello y me dijo: Chico, lo tengo todo bajo control'".
La hija de Smith, Brandy Wilkison, vive en su caravana, adonde llegaron dos consejeros de Halliburton la tarde del 21 de diciembre a entregarle la noticia de la muerte de su padre.
Dijo que su padre pensaba volver en primavera para una breve visita para ver a su hermana, Savanah, que se graduaba de la secundaria y para el nacimiento del primer hijo de Savanah, que debía nacer en junio.
"Luego se volvería a marchar y terminaría el año, para volver a casa y criar a sus nietos", dijo Brandy. Le dijo que su salario "era más que suficiente" y "mucho mejor que cortar el césped".
Ella siente ahora la pérdida. "Era valiente. Yo dependía mucho de él, y ahora ya no está y me siento como perdida".
Cuando él se marchó a Iraq, dijo, Smith le pasó la firma de jardinería al novio de Brandy. "Vamos a mantener el nombre -Allan's Lawn Service", dijo.
Smith estaba preocupado de los ataques con mortero en la base de Mosul donde vivía, dijo su novia, Ellen Hanley. Le dijo que un mortero había impactado en una bodega cercana. "Pero no le tenía miedo a nadie", dijo Hanley.
El día antes de que muriera Smith, Hanley se operó de un cáncer. "Entonces me llegaron las noticias de Allen, y eso era más de lo que podía soportar", dijo.
La muerte de Smith ha dejado un hueco en Rosharon, una diminuta comunidad donde se conoce todo el mundo y la mayoría de la gente trabaja en la construcción de casas o en el petróleo. Todos reconocieron su camioneta Dodge beige, con la que iba al bar de Johnson o a comer al restaurante Chili.
Selvera dijo que su hijo de cuatro años todavía sonreía y saludaba cuando veía pasar la camioneta de Smith, que conduce ahora su hija.
"Entonces grita: ¡Llegó Allan!", dijo Selvera. "Y yo tengo que contarle: No, no es él'".
Cerca del Cielo
A 80 kilómetros, en Magnolia, en los suburbios del norte de Houston, Dona Davis trató de convencer a su marido de no ir a Iraq en junio pasado. Sigue pensando sobre el tiempo que pasó hace tres décadas cuando estuvo de servicio en las lanchas patrulleras de la Marina en Vietnam, y de cómo temía que alguien llamara a la puerta.
Cuando eso ocurrió el 21 de diciembre, no había un oficial militar en la puerta sino dos representantes de Halliburton. "Estoy completamente perdida", dijo al enterarse. Se puso histérica, llorando y gritando, dijo.
Finalmente encontró consuelo en lo que le había dicho su marido cuando ella trató de mantenerlo en casa. "Me dijo: Dona, estoy tan cerca del cielo en Iraq que en Houston'", dijo.
Leslie Davis, conocida como Bub', era un hombre religioso, un ex diácono que enseñaba el catecismo y rezaba antes de la comida. Apoyó al misión norteamericana en Iraq, dijo su viuda. Daba caramelos a los niños iraquíes hasta que los militares, preocupados de la seguridad de la base, construyeron una muralla que se lo impidió.
Dona dijo que su marido ganaba más o menos el mismos dinero con Halliburton que en sus trabajos previos como auditor de compañías petrolíferas norteamericanas.
"No me hablaba de los peligros, y eso lo hacía aposta", dijo. "Bromeaba sobre el hecho de que debía almorzar con el chaleco antibalas puesto. Si los habían atacado con morteros, me diría: Los chicos pasaron una noche bulliciosa'".
Leslie y Dona, con 35 años de matrimonio, intercambiaban emails todas las noches -los de Leslie decorados con banderas de Estados Unidos y de Tejas- y hablaban por teléfono casi todos los días. Él le hablaba a menudo del miedo y de la ansiedad que veía en los ojos de los jóvenes soldados. Leslie tenía 19 años cuando Vietnam, y Dona cree que estaba reviviendo su juventud en una zona de combate lejos de casa.
Después de un fatal atentado con coche-bomba en Mosul, dijo Dona, Leslie que contó que se había encontrado con un turbado y joven soldado que había sobrevivido.
"Dijo que quiso abrazar a ese joven, pero no lo hizo porque no quiso hacerlo frente a otros soldados", dijo. "Y entonces me contó que hubiese preferido morir él antes que esos chicos".
El día que murió, la familia estaba preparando una cena para las vísperas de Navidad. El novio de la hija de los Davis, Angie, 35, quería pedirla en matrimonio esa noche. La cena fue cancelada.
"Sabes", dijo Angie, limpiándose las lágrimas que mancharon su maquillaje, "lo primero que habría hecho es escribirle un email a mi papá, para contárselo. Lo habría hecho muy feliz".
A pesar de los peligros, dijo, su padre se marchó a Iraq "porque era allá donde lo necesitaba Dios".
Para Dona, que empezó a salir con Leslie cuando estaban los dos en el noveno, su muerte la ha destrozado. La pareja quería trabajar para Halliburton y viajar por el mundo antes de volver a ver crecer a sus nietos. Leslie había planeado tomar libre en marzo para reunirse con Dona en Roma.
"Es difícil imaginarse la vida sin él", dijo.
Ese día en Mosul Davis no quería almorzar, dijo Dona, pero sus colegas lo convencieron. Uno de ellos, Dennis Barcelona, le dijo a Dona que él trató de salvar a Leslie cuando este yacía sangrando de una herida en su muslo cerca de su ingle. Barcelona dijo que uso una camisa para hacer un torniquete, pero fue incapaz de parar el derrame.
Para su cumpleaños en noviembre, Leslie le envío a Dona una esterilla de oraciones que había hecho hacer en Iraq. Bordados en el reverso estaban los nombres y las edades de los cuatro hijos de la pareja y sus 11 nietos.
Dona pensó que era típico de su marido hacérselo todo más difícil tratando de recordar las edades y no solamente las fechas de nacimiento. Él había tenido que calcular la edad de todos, redondeándolos para arriba o para abajo. Las edades que escogió correspondían precisamente a las edades de sus hijos y nietos el día en que murió.
"Fue casi como una premonición", dijo Angie.
En el funeral de Leslie cientos de personas se agolpearon en la capilla, entre ellos los dos representantes de Halliburton. Se colocaron monitores en el exterior para los que quedaron fuera.
"La gente se acercaba a él. Le encantaba a todo el mundo", dijo Angie. "Si tú trabajabas un día para mi padre, te hacías amigo de él para toda la vida".
Había un águila y una bandera americana en el ataúd. Debido a que Davis era un veterano, dos marinos de la Marina estaban presentes para prestar sus respetos al ataúd, tocar a silencio y ofrecer a Dona una bandera norteamericana plegada.
Pocos días después, en la salita de su casa de estilo rancho, donde las ventanas dan a varias hectáreas de ondulados prados de magnolia, Dona y Angie no lloraban como cuando la despedida final.
"Ese funeral fue una celebración de su vida", dijo Dona.
Después de toda las turbulencias en Iraq, dijo Angie, su padre estaba finalmente en paz.
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
victoria de las elecciones en café
[Anthony Shadid] En la intersección del nuevo y del viejo Iraq, lo que importa es la votación misma.
Bagdad, Iraq. En Shahbandar, un célebre café de Bagdad cuyo nombre evoca un tiempo (el pasado) y un ambiente (el intelectual), tres hombres se sentaron a fumar cigarrillos y a matar el tiempo bebiendo un azucarado té el jueves y debatieron sobre lo que significan las elecciones venideras para un país golpeado por tres décadas de tiranía, guerra y amargas desilusiones.
"Ir a votar es una victoria para el pueblo iraquí", dijo Ali Danif, 45, escritor.
"Las elecciones son más importantes que los candidatos", insistió Jamal Karim, su locuaz amigo.
Para no quedarse atrás, un sonriente Suheil Yassin intervino diciendo: "Mi deseo es morir en la puerta de uno de los locales de votación", una expresión que era deliberadamente dramática. "Quiero ser el mártir de las urnas".
Las primeras elecciones competitivas de Iraq en décadas son un asunto torpemente contenido. La violencia acecha ominosamente el proceso, que terminará con la elección de un nuevo parlamento el 30 de enero. Los nombres de los candidatos no han sido publicados, por temor a que sean asesinados. Las manifestaciones son pocas, los carteles son a menudo despegados y casi nadie conoce algún programa electoral, mucho menos sus candidatos.
Pero en Shahbandar, un café de más un siglo que ha sido durante largo tiempo el corazón intelectual de esta fatigada ciudad, donde hombres con desgastadas chaquetas de traje y jerseyes se reúnen a debatir en pequeños círculos, hay un marcado optimismo sobre lo que significan las elecciones para la gente que anhela un cambio decisivo después de casi dos años de ocupación. Para muchos de los hombres reunidos aquí, sentados debajo de retratos de la historia de Bagdad, las elecciones son más importantes que los candidatos.
"Sin elecciones, habrá tiranía", dijo Kadhim Hassan, 37, escritor.
La luz al fin de la mañana bañaba el atiborrado café con un suave brillo y Hassan estaba sentado en una angosta banca de madera. Calificó la votación de "momento histórico", luego su cara adquirió una expresión adusta. "La guerra y los desastres", dijo, sacudiendo la cabeza -para eso son buenos los iraquíes.
"Ahora la mayoría de la gente cree que están viviendo en la oscuridad", dijo Hassan. "Es hora de salir a la luz".
Shahbandar, con su tejado abovedado y sus paredes de ladrillos, es un artefacto de lo que alguien podría llamar una época más civilizada de Bagdad, antes de que las conversaciones giraran sobre los secuestros que se han transformado en una epidemia, antes de las frustraciones con la electricidad que aún no mejora, antes de las quejas sobre las colas en las gasolineras que se extienden por kilómetros y duran ya más de un mes.
Viejas pipas de agua están ordenadas en hileras, junto con samovares y jarras de bronce acumulando polvo. Afuera está la conejera de librerías a lo largo de la calle de Mutanabi, llamada según un sabio del siglo 10, cuyas palabras todavía son recitadas de memoria por casi todos los árabes. En la esquina está la Qushla, la sede en Bagdad del gobierno otomano, que cayó en la Primera Guerra Mundial. Fue en esa época que el café fue renovado y llamado oficialmente con el nombre de sus antiguos dueños, quienes comenzaron a atraer a los hombres de letras de la ciudad.
Shahbandar no tiene mesas de backgammon, naipes ni dominós, el equipaje de la mayoría de los cafés árabes. En su lugar hay conversaciones -un buen montón-, especialmente al mediodía, cuando el espacio en los sofás es limitado y las colillas de cigarrillos se apilan en el suelo.
"No me convencen las elecciones", declara Abdel-Rahman Abbas, 60, ex empleado municipal con un cuidado mostacho y una chaqueta deportiva azul. "Los americanos pueden hacer lo que quieran, y ya tomaron una decisión".
Abbas estaba preocupado. Compartía el cinismo de muchos sobre los más importantes partidos políticos iraquíes, la mayoría de los cuales operaban en el exilio durante el régimen de Saddam Hussein. Dijo que pensaba que las elecciones sólo intensificarían las divisiones sectarias que, a pesar de las provocaciones, todavía no habían estallado. Y expresó una nostalgia evocada a menudo: En su mente, la monarquía que cayó en 1958 sería un gobierno tan bueno como cualquiera.
"No es más que un juego", dijo.
Pero Abbas es una voz solitaria. No es que los otros pensaran que las elecciones serán pacíficas; pocos son los que no predicen la violencia. Pero muchos de los escritores, críticos literarios e intelectuales parecían estar diciendo que el precio valía la pena de pagar.
Para los más entusiastas en Shahbandar, el ambiente recordaba otros momentos críticos en Bagdad desde la invasión norteamericana de marzo de 2003: El optimismo aumentaba en cada momento decisivo, anunciado como un nuevo comienzo, incluso si resultaba ser de corta duración.
"Si hubieran hecho las elecciones primero, no tendríamos la situación que tenemos ahora", dijo Heidar Mohammed, 37, vendedor de libros. "Si hubiera habido elecciones, la gente habría aceptado al gobierno desde el principio".
Un barbudo con una abultada mochila distribuyó octavillas entre los parroquianos. Una decía: "Hacia un Iraq democrático, unido y justo". Detrás de él había un vendedor de diarios pregonando sus mercaderías: "¡Lea el diario! ¡150 dinares!" Uno de los titulares anunciaba los daños causados el miércoles por la explosión de tres coches-bomba en Mosul, la tercera ciudad del país.
"Un país no progresa sin hacer sacrificios", dijo Mohammed.
Mencionó la guerra de Irán-Iraq y la batalla de 1988 para recuperar la península de Faw en el Golfo Pérsico. Murieron miles, dijo, "en nombre de la locura de Saddam. Si perdemos 100 o 200 personas como mártires de las elecciones, el sacrificio valdrá la pena".
"Es el precio que tenemos que pagar", agregó Mohammed Thamer, poeta. "No tenemos alternativa, no hay solución".
Junto a la puerta del café, chocan el pasado y el futuro de Iraq. En las paredes adentro hay fotografías de la historia de Iraq: el equipo de lucha con los torsos desnudos de 1936, la corte del Rey Faisal después de la Primera Guerra Mundial, el funeral del Rey Ghazi en 1939. Afuera, los carteles de la campaña electoral con promesas como: "Elecciones son seguridad y estabilidad". "Iraq primero", dice otro.
Danif, Karim y Yassin, amigos que se reúnen todos los jueves en el café, sonrieron cuando hablaron sobre la votación. Como otros, saben poco de los candidatos, los partidos o sus programas. Pero celebran lo que significan las elecciones.
"En política no confío en nadie", dijo Karim, 48. "Sólo confío en el pueblo iraquí".
Yassin sorbió de su té, luego habló
"Con las elecciones", dijo, "se pasarán las páginas del régimen totalitario y nunca volverán a ser abiertas".
La embajada norteamericana ha hecho esfuerzos por limitar su participación pública en las elecciones, y los militares norteamericanos, que desplegarán sus 150.000 tropas durante las elecciones, se mantendrán alejados de los colegios electorales. Dado el nivel de descontento y escepticismo sobre Estados Unidos en Iraq, puede ser la mejor manera de asegurar la legitimidad de las elecciones.
"A veces cuando los norteamericanos dicen Buenos días', nos ponemos desconfiados", dijo Yassin, crítico literario.
Pero no había nada de la furiosa indignación sobre la ocupación mostrada a menudo en lugares como Ciudad Sáder, leal al clérigo militante chií, o en barrios predominantemente sunníes, como Adhamiyah. En lugar de eso, los tres hombres dijeron que esperarían.
"Terminará, tarde o temprano", dijo Yassin. "Lo dice la historia".
En las paredes hay fotografías de una ocupación anterior: la entrada en Bagdad en 1917 del general de división británico Stanley Maude a la cabeza del ejército que había derrotado a los otomanos, el pontón que construyó en el Tigris, un puesto militar británico de 1923. Maude murió en la guerra; Iraq no alcanzó la independencia sino en 1932.
"Los norteamericanos se marcharán", dijo Karim. "Se marcharán como otros que ocuparon Iraq, tarde o temprano".
Entretanto, los tres hombres dijeron que tenían esperanzas.
"Tengo optimismo, mil por ciento", exclamó Danif.
Karim asintió. "Yo soy dos veces más optimista", dijo.
Yassin sonrió. "Soy optimista, pero sé que habría obstáculos y dificultades". Asintió con los otros y dijo: "Es sólo el principio".
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
"Ir a votar es una victoria para el pueblo iraquí", dijo Ali Danif, 45, escritor.
"Las elecciones son más importantes que los candidatos", insistió Jamal Karim, su locuaz amigo.
Para no quedarse atrás, un sonriente Suheil Yassin intervino diciendo: "Mi deseo es morir en la puerta de uno de los locales de votación", una expresión que era deliberadamente dramática. "Quiero ser el mártir de las urnas".
Las primeras elecciones competitivas de Iraq en décadas son un asunto torpemente contenido. La violencia acecha ominosamente el proceso, que terminará con la elección de un nuevo parlamento el 30 de enero. Los nombres de los candidatos no han sido publicados, por temor a que sean asesinados. Las manifestaciones son pocas, los carteles son a menudo despegados y casi nadie conoce algún programa electoral, mucho menos sus candidatos.
Pero en Shahbandar, un café de más un siglo que ha sido durante largo tiempo el corazón intelectual de esta fatigada ciudad, donde hombres con desgastadas chaquetas de traje y jerseyes se reúnen a debatir en pequeños círculos, hay un marcado optimismo sobre lo que significan las elecciones para la gente que anhela un cambio decisivo después de casi dos años de ocupación. Para muchos de los hombres reunidos aquí, sentados debajo de retratos de la historia de Bagdad, las elecciones son más importantes que los candidatos.
"Sin elecciones, habrá tiranía", dijo Kadhim Hassan, 37, escritor.
La luz al fin de la mañana bañaba el atiborrado café con un suave brillo y Hassan estaba sentado en una angosta banca de madera. Calificó la votación de "momento histórico", luego su cara adquirió una expresión adusta. "La guerra y los desastres", dijo, sacudiendo la cabeza -para eso son buenos los iraquíes.
"Ahora la mayoría de la gente cree que están viviendo en la oscuridad", dijo Hassan. "Es hora de salir a la luz".
Shahbandar, con su tejado abovedado y sus paredes de ladrillos, es un artefacto de lo que alguien podría llamar una época más civilizada de Bagdad, antes de que las conversaciones giraran sobre los secuestros que se han transformado en una epidemia, antes de las frustraciones con la electricidad que aún no mejora, antes de las quejas sobre las colas en las gasolineras que se extienden por kilómetros y duran ya más de un mes.
Viejas pipas de agua están ordenadas en hileras, junto con samovares y jarras de bronce acumulando polvo. Afuera está la conejera de librerías a lo largo de la calle de Mutanabi, llamada según un sabio del siglo 10, cuyas palabras todavía son recitadas de memoria por casi todos los árabes. En la esquina está la Qushla, la sede en Bagdad del gobierno otomano, que cayó en la Primera Guerra Mundial. Fue en esa época que el café fue renovado y llamado oficialmente con el nombre de sus antiguos dueños, quienes comenzaron a atraer a los hombres de letras de la ciudad.
Shahbandar no tiene mesas de backgammon, naipes ni dominós, el equipaje de la mayoría de los cafés árabes. En su lugar hay conversaciones -un buen montón-, especialmente al mediodía, cuando el espacio en los sofás es limitado y las colillas de cigarrillos se apilan en el suelo.
"No me convencen las elecciones", declara Abdel-Rahman Abbas, 60, ex empleado municipal con un cuidado mostacho y una chaqueta deportiva azul. "Los americanos pueden hacer lo que quieran, y ya tomaron una decisión".
Abbas estaba preocupado. Compartía el cinismo de muchos sobre los más importantes partidos políticos iraquíes, la mayoría de los cuales operaban en el exilio durante el régimen de Saddam Hussein. Dijo que pensaba que las elecciones sólo intensificarían las divisiones sectarias que, a pesar de las provocaciones, todavía no habían estallado. Y expresó una nostalgia evocada a menudo: En su mente, la monarquía que cayó en 1958 sería un gobierno tan bueno como cualquiera.
"No es más que un juego", dijo.
Pero Abbas es una voz solitaria. No es que los otros pensaran que las elecciones serán pacíficas; pocos son los que no predicen la violencia. Pero muchos de los escritores, críticos literarios e intelectuales parecían estar diciendo que el precio valía la pena de pagar.
Para los más entusiastas en Shahbandar, el ambiente recordaba otros momentos críticos en Bagdad desde la invasión norteamericana de marzo de 2003: El optimismo aumentaba en cada momento decisivo, anunciado como un nuevo comienzo, incluso si resultaba ser de corta duración.
"Si hubieran hecho las elecciones primero, no tendríamos la situación que tenemos ahora", dijo Heidar Mohammed, 37, vendedor de libros. "Si hubiera habido elecciones, la gente habría aceptado al gobierno desde el principio".
Un barbudo con una abultada mochila distribuyó octavillas entre los parroquianos. Una decía: "Hacia un Iraq democrático, unido y justo". Detrás de él había un vendedor de diarios pregonando sus mercaderías: "¡Lea el diario! ¡150 dinares!" Uno de los titulares anunciaba los daños causados el miércoles por la explosión de tres coches-bomba en Mosul, la tercera ciudad del país.
"Un país no progresa sin hacer sacrificios", dijo Mohammed.
Mencionó la guerra de Irán-Iraq y la batalla de 1988 para recuperar la península de Faw en el Golfo Pérsico. Murieron miles, dijo, "en nombre de la locura de Saddam. Si perdemos 100 o 200 personas como mártires de las elecciones, el sacrificio valdrá la pena".
"Es el precio que tenemos que pagar", agregó Mohammed Thamer, poeta. "No tenemos alternativa, no hay solución".
Junto a la puerta del café, chocan el pasado y el futuro de Iraq. En las paredes adentro hay fotografías de la historia de Iraq: el equipo de lucha con los torsos desnudos de 1936, la corte del Rey Faisal después de la Primera Guerra Mundial, el funeral del Rey Ghazi en 1939. Afuera, los carteles de la campaña electoral con promesas como: "Elecciones son seguridad y estabilidad". "Iraq primero", dice otro.
Danif, Karim y Yassin, amigos que se reúnen todos los jueves en el café, sonrieron cuando hablaron sobre la votación. Como otros, saben poco de los candidatos, los partidos o sus programas. Pero celebran lo que significan las elecciones.
"En política no confío en nadie", dijo Karim, 48. "Sólo confío en el pueblo iraquí".
Yassin sorbió de su té, luego habló
"Con las elecciones", dijo, "se pasarán las páginas del régimen totalitario y nunca volverán a ser abiertas".
La embajada norteamericana ha hecho esfuerzos por limitar su participación pública en las elecciones, y los militares norteamericanos, que desplegarán sus 150.000 tropas durante las elecciones, se mantendrán alejados de los colegios electorales. Dado el nivel de descontento y escepticismo sobre Estados Unidos en Iraq, puede ser la mejor manera de asegurar la legitimidad de las elecciones.
"A veces cuando los norteamericanos dicen Buenos días', nos ponemos desconfiados", dijo Yassin, crítico literario.
Pero no había nada de la furiosa indignación sobre la ocupación mostrada a menudo en lugares como Ciudad Sáder, leal al clérigo militante chií, o en barrios predominantemente sunníes, como Adhamiyah. En lugar de eso, los tres hombres dijeron que esperarían.
"Terminará, tarde o temprano", dijo Yassin. "Lo dice la historia".
En las paredes hay fotografías de una ocupación anterior: la entrada en Bagdad en 1917 del general de división británico Stanley Maude a la cabeza del ejército que había derrotado a los otomanos, el pontón que construyó en el Tigris, un puesto militar británico de 1923. Maude murió en la guerra; Iraq no alcanzó la independencia sino en 1932.
"Los norteamericanos se marcharán", dijo Karim. "Se marcharán como otros que ocuparon Iraq, tarde o temprano".
Entretanto, los tres hombres dijeron que tenían esperanzas.
"Tengo optimismo, mil por ciento", exclamó Danif.
Karim asintió. "Yo soy dos veces más optimista", dijo.
Yassin sonrió. "Soy optimista, pero sé que habría obstáculos y dificultades". Asintió con los otros y dijo: "Es sólo el principio".
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
coalición chií no quiere asustar
[Doug Struck y Bassam Sebti] Algunos dicen que la coalición implantará un gobierno al estilo iraní.
Bagdad, Iraq. La coalición de partidos chiíes que se espera que gane la mayoría de los escaños en Iraq el 30 de enero trató de sábado de desechar los temores de que instale en el país un gobierno al estilo iraní. La coalición insistió en que es un movimiento nacionalista que incluirá a todos los grupos.
"Esta no es una competencia entre sunníes y chiíes. No tenemos ninguna intención de formar un estado islámico o religioso en Iraq, o un estado chií o un gobierno al estilo iraní", dijo Mowaffak Rubaie, uno de los líderes de la coalición en una rueda de prensa para mitigar las preocupaciones de la minoría musulmana sunní de Iraq sobre lo que ocurrirá si los chiíes, largo tiempo oprimidos, acceden al poder.
Los líderes hablaron cuando la comisión electoral iraquí anunciaba procedimientos para seguir adelante con los comicios nacionales, a pesar de llamados de líderes sunníes a aplazar la votación debido a la persistente violencia en el país.
En un esfuerzo por prevenir los atentados, los coches particulares no serán permitidos en las calles en los tres días previos a la votación, dijeron funcionarios de la comisión. Dijeron que todo ciudadano en las dos áreas turbulentas que se siente demasiado intimidado como para inscribirse podrá inscribirse y votar el día mismo de las elecciones. Y prometieron que los resultados preliminares serán dados a conocer un día después de los comicios.
"Estas elecciones serán históricas", dijo Abdul Hussein Hindawi, el director de la comisión electoral. "Ya comenzó la cuenta regresiva".
El período de la cuenta regresiva, sin embargo, ha sido repetidas veces estropeada por la violencia. Un marine norteamericano murió el sábado en Babil, al sur de Bagdad, aunque las autoridades estadounidenses se ha negado a entregar detalles sobre la muerte del militar. Proyectiles de mortero estallaron el sábado cerca del enclave de la Zona Verde en Bagdad central, un convoy norteamericano sufrió el impacto de una bomba improvisada en una calle al oeste de Bagdad y un edificio del gobierno local en Ramadi fue impactado por proyectiles, de acuerdo a informes locales y testigos.
Un grupo militante islámico, el Ejército de Ansar al-Sunna, reclamó responsabilidad por el secuestro de 15 guardias nacionales iraquíes desde un autobús el viernes cerca de la ciudad de Hit. Nada se sabe sobre su destino.
"Vuestros hermanos muyahedines montaron una emboscada... y los cobardes se rindieron. Con la ayuda de Dios se capturaron a 15 guardias paganos, y requisaron sus armas", declaró el grupo en su página web.
Los militantes que se oponen a las elecciones han incrementado sus ataques y advertido a los iraquíes que no se acerquen a los colegios electorales. Funcionarios electorales iraquíes han dicho que la policía, comandos del ejército y la Guardia Nacional tratará de montar un círculo de seguridad en torno a los colegios, manteniendo alertas a las fuerzas multinacionales encabezadas por Estados Unidos para posibles respaldos.
El general de brigada norteamericano Carter Ham, cuyo mando incluye a las tropas norteamericanas en la agitada ciudad norteña de Mosul, juró el sábado que restaurará suficiente orden allí como para que las elecciones tengan lugar. De acuerdo a informes desde Mosul, las milicias que controlan parte de la ciudad han matado o amenazado a candidatos y trabajadores de la campaña y paralizado las preparaciones de las elecciones.
"Las elecciones tendrán lugar", dijo Ham en una rueda de prensa en Bagdad. "No será fácil, pero tendrán lugar. Hay esperanzas para la gente del norte de Iraq".
Los sunníes del norte y centro de Iraq, que representan un 20 por ciento de la población, votarán probablemente en bajos números debido a las amenazas. Un participación sunní disminuida probablemente incrementará el poder de los candidatos políticos chiíes a los 275 escaños de la Asamblea Nacional.
Los principales partidos chiíes han formado una coalición paraguas encabezada por Absul Azis Hakim, un clérigo con estrechos lazos con el régimen chií de Irán. Esos vínculos llevaron a muchos votantes sunníes a llamar la lista de candidatos la "lista iraní" y hay amplias especulaciones sobre la influencia iraní en el próximo gobierno.
La posibilidad inquieta hace tiempo a funcionarios norteamericanos. En abril de 2003, el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld dijo: "No permitiremos que la minoría estridente que clama transformar Iraq en un reflejo de Irán tenga éxito. No permitiremos que la transición democrática del pueblo iraquí sea tomada de rehén por los que quieren instalar alguna forma de dictadura".
Los chiíes, que comprenden un 60 por ciento de la población, y los partidos chiíes son ahora aliados de Estados Unidos en su oposición a los rebeldes que amenazan con descarrilar las elecciones.
"Como los chiíes somos la mayoría, la democracia nos conviene", dijo Abel Abdul Mahdi, miembro de la coalición chií y actual ministro de Finanzas. "No queremos un estado islámico, o un estado chií. Queremos un estado democrático".
Rubaie dijo que los iraquíes deben elegir entre la democracia y gente como "Osama bin Laden y Saddam Hussein y Zarqawi [el extremista jordano], que están llamando al pueblo iraquí a no tomar parte en las elecciones".
El intento de desalojar a los militantes de Al Qaeda de Zarqawu de Faluya hace tres meses causó una extensa devastación de la ciudad, principalmente debido a los bombardeos norteamericanos. El gobierno iraquí comenzó el sábado a pagar indemnizaciones a los habitantes que huyeron de Faluya y han permanecido en Bagdad. Pero el intento causó confusión y quejas.
"¿Qué haces con 150.000 dinares?", protestó Waleed Ahmed Qaisi, 46, cuya casa fue prácticamente destruida durante la operación militar. "¿Con este dinero voy a reconstruir mi casa o pagar el hotel, o comprarme ropa?"
Khalida Ahmed, 55, madre de siete hijos, dijo que necesitaba urgentemente el dinero. La familia perdió al jefe de familia durante el bombardeo norteamericano de Faluya hace tres meses. Cuando empezó una nueva operación militar, Ahmed decidió trasladarse a Bagdad, donde alojó en un cuarto de las antiguas barracas de la Fuerza Aérea Iraquí, que ahora alberga a mucha gente sin casa.
"Debe ser un chiste del gobierno", dijo Ahmed. "No este dinero no me alcanza ni para pagar el transporte a Faluya. Pero no tengo alternativas; tengo que aceptarlo, porque lo necesito".
Jackie Spinner en Baghdad contribuyó a este reportaje.
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. La coalición de partidos chiíes que se espera que gane la mayoría de los escaños en Iraq el 30 de enero trató de sábado de desechar los temores de que instale en el país un gobierno al estilo iraní. La coalición insistió en que es un movimiento nacionalista que incluirá a todos los grupos."Esta no es una competencia entre sunníes y chiíes. No tenemos ninguna intención de formar un estado islámico o religioso en Iraq, o un estado chií o un gobierno al estilo iraní", dijo Mowaffak Rubaie, uno de los líderes de la coalición en una rueda de prensa para mitigar las preocupaciones de la minoría musulmana sunní de Iraq sobre lo que ocurrirá si los chiíes, largo tiempo oprimidos, acceden al poder.
Los líderes hablaron cuando la comisión electoral iraquí anunciaba procedimientos para seguir adelante con los comicios nacionales, a pesar de llamados de líderes sunníes a aplazar la votación debido a la persistente violencia en el país.
En un esfuerzo por prevenir los atentados, los coches particulares no serán permitidos en las calles en los tres días previos a la votación, dijeron funcionarios de la comisión. Dijeron que todo ciudadano en las dos áreas turbulentas que se siente demasiado intimidado como para inscribirse podrá inscribirse y votar el día mismo de las elecciones. Y prometieron que los resultados preliminares serán dados a conocer un día después de los comicios.
"Estas elecciones serán históricas", dijo Abdul Hussein Hindawi, el director de la comisión electoral. "Ya comenzó la cuenta regresiva".
El período de la cuenta regresiva, sin embargo, ha sido repetidas veces estropeada por la violencia. Un marine norteamericano murió el sábado en Babil, al sur de Bagdad, aunque las autoridades estadounidenses se ha negado a entregar detalles sobre la muerte del militar. Proyectiles de mortero estallaron el sábado cerca del enclave de la Zona Verde en Bagdad central, un convoy norteamericano sufrió el impacto de una bomba improvisada en una calle al oeste de Bagdad y un edificio del gobierno local en Ramadi fue impactado por proyectiles, de acuerdo a informes locales y testigos.
Un grupo militante islámico, el Ejército de Ansar al-Sunna, reclamó responsabilidad por el secuestro de 15 guardias nacionales iraquíes desde un autobús el viernes cerca de la ciudad de Hit. Nada se sabe sobre su destino.
"Vuestros hermanos muyahedines montaron una emboscada... y los cobardes se rindieron. Con la ayuda de Dios se capturaron a 15 guardias paganos, y requisaron sus armas", declaró el grupo en su página web.
Los militantes que se oponen a las elecciones han incrementado sus ataques y advertido a los iraquíes que no se acerquen a los colegios electorales. Funcionarios electorales iraquíes han dicho que la policía, comandos del ejército y la Guardia Nacional tratará de montar un círculo de seguridad en torno a los colegios, manteniendo alertas a las fuerzas multinacionales encabezadas por Estados Unidos para posibles respaldos.
El general de brigada norteamericano Carter Ham, cuyo mando incluye a las tropas norteamericanas en la agitada ciudad norteña de Mosul, juró el sábado que restaurará suficiente orden allí como para que las elecciones tengan lugar. De acuerdo a informes desde Mosul, las milicias que controlan parte de la ciudad han matado o amenazado a candidatos y trabajadores de la campaña y paralizado las preparaciones de las elecciones.
"Las elecciones tendrán lugar", dijo Ham en una rueda de prensa en Bagdad. "No será fácil, pero tendrán lugar. Hay esperanzas para la gente del norte de Iraq".
Los sunníes del norte y centro de Iraq, que representan un 20 por ciento de la población, votarán probablemente en bajos números debido a las amenazas. Un participación sunní disminuida probablemente incrementará el poder de los candidatos políticos chiíes a los 275 escaños de la Asamblea Nacional.
Los principales partidos chiíes han formado una coalición paraguas encabezada por Absul Azis Hakim, un clérigo con estrechos lazos con el régimen chií de Irán. Esos vínculos llevaron a muchos votantes sunníes a llamar la lista de candidatos la "lista iraní" y hay amplias especulaciones sobre la influencia iraní en el próximo gobierno.
La posibilidad inquieta hace tiempo a funcionarios norteamericanos. En abril de 2003, el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld dijo: "No permitiremos que la minoría estridente que clama transformar Iraq en un reflejo de Irán tenga éxito. No permitiremos que la transición democrática del pueblo iraquí sea tomada de rehén por los que quieren instalar alguna forma de dictadura".
Los chiíes, que comprenden un 60 por ciento de la población, y los partidos chiíes son ahora aliados de Estados Unidos en su oposición a los rebeldes que amenazan con descarrilar las elecciones.
"Como los chiíes somos la mayoría, la democracia nos conviene", dijo Abel Abdul Mahdi, miembro de la coalición chií y actual ministro de Finanzas. "No queremos un estado islámico, o un estado chií. Queremos un estado democrático".
Rubaie dijo que los iraquíes deben elegir entre la democracia y gente como "Osama bin Laden y Saddam Hussein y Zarqawi [el extremista jordano], que están llamando al pueblo iraquí a no tomar parte en las elecciones".
El intento de desalojar a los militantes de Al Qaeda de Zarqawu de Faluya hace tres meses causó una extensa devastación de la ciudad, principalmente debido a los bombardeos norteamericanos. El gobierno iraquí comenzó el sábado a pagar indemnizaciones a los habitantes que huyeron de Faluya y han permanecido en Bagdad. Pero el intento causó confusión y quejas.
"¿Qué haces con 150.000 dinares?", protestó Waleed Ahmed Qaisi, 46, cuya casa fue prácticamente destruida durante la operación militar. "¿Con este dinero voy a reconstruir mi casa o pagar el hotel, o comprarme ropa?"
Khalida Ahmed, 55, madre de siete hijos, dijo que necesitaba urgentemente el dinero. La familia perdió al jefe de familia durante el bombardeo norteamericano de Faluya hace tres meses. Cuando empezó una nueva operación militar, Ahmed decidió trasladarse a Bagdad, donde alojó en un cuarto de las antiguas barracas de la Fuerza Aérea Iraquí, que ahora alberga a mucha gente sin casa.
"Debe ser un chiste del gobierno", dijo Ahmed. "No este dinero no me alcanza ni para pagar el transporte a Faluya. Pero no tengo alternativas; tengo que aceptarlo, porque lo necesito".
Jackie Spinner en Baghdad contribuyó a este reportaje.
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
candomblé gana fieles
[Michael Astor] Religión brasileña prohibida en el pasado tiene cada vez más seguidores. Esclavos africanos llevaron a Brasil sus propias religiones, como el candomblé, que incluye sacrificios animales.
Belford Roxo, Brasil. Más allá de las fachadas de las iglesias y terrazas en el arenoso lado norte de Río, donde termina el asfalto y empiezan los caminos de tierra, Brasil se transforma en a África.
El sonido de los atabaques', o tambores africanos, se eleva en el aire de la noche desde una casa de ladrillos ilegal, y un tenor canta a todo pulmón invocaciones en la antigua lengua yoruba de Nigeria.
Dentro, niños algo aburridos juegan tranquilos mientras las mujeres con faldas desordenadas bailan en círculo, cantando para invocar a los orixas, los dioses adorados por sus ancestros africanos.
Este es el candomblé, una religión que en el pasado estuvo prohibida en Brasil y que ahora gana aceptación pública, superando una competencia feroz y a veces violenta.
Llevada a Brasil por esclavos africanos, religiones como el candomblé, tambor de mina, batuque y umbanda se han practicado durante mucho tiempo en secreto, con sus deidades disfrazadas de santos católicos. La diosa del mar Imanya, por ejempo, se transformó en la Virgen María.
Incluso después de que se aboliera la esclavitud en 1888, el candomblé siguió siendo considerado primitivo, si no blasfemo -terreno de los pobres y desposeídos.
Ahora las religiones afro-brasileñas están floreciendo en todo Brasil, incluso entre la clase media. "El candomblé sigue creciendo porque la gente está buscando apoyo espiritual. Están siempre yendo de iglesia en iglesia, pero cuando se ponen serios con el candomblé, se transforma en un asunto de la familia", dice la Madre Eliana, que dirige unos 4.000 terreiros', o templos candomblé en Río.
"Se están abriendo nuevos terreiros. Es imposible llevar la cuenta de todos", dijo Ricardo Oliveira de Freitas, un investigador asociado al Instituto Superior de Estudios Religiosos, un laboratorio ideológico de Río.
La oposición más fuerte proviene de las iglesias evangélicas, que también están creciendo rápidamente en el tradicionalmente católico Brasil.
Desde los años ochenta, los evangélicos han atacado físicamente los terreiros, lanzándoles piedras y realizando ruidosas protestas a las puertas de los templos.
Los predicadores los reprueban, especialmente su sacrificios rituales de animales de granja, calificándoles de obras del demonio.
Los sacrificios de animales son difíciles de ignorar.
Las ofrendas de sangre y de partes del cuerpo de los animales se ven normalmente en las esquinas de la calle. Algunos creen que los ataques de los evangélicos han fortalecido el candomblé.
En 2002, los seguidores del candomblé ganaron dos juicios por difamación contra la Iglesia Universal del Reino de Dios, que publicó fotos de ellos en su diarios diciendo que estaban poseídos por el demonio.
"Con los juicios, los seguidores del candomblé empezaron a descubrir que tienen derechos garantizados por la Constitución. Este fue un poderoso mensaje al pueblo, que durante años tuvo que disfrazar su religión", dijo José Marmo da Silva de Ato Ire, un grupo que trabaja distribuyendo información sanitaria en los terreiros.
El antropólogo Raúl Ludy, autor de libros sobre el candomblé, dice que los evangélicos han cambiado de tácticas: "En lugar de atacar el candomblé, algunas iglesias están incorporando algunos elementos del culto en sus servicios -no los rituales complejos, pero sí elementos que son familiares para los que se han criado en la religión".
Freitas, investigador, dice que los centros de candomblé tienen un atractivo social del que carecen muchas iglesias.
"En los terreiros la gente come, coquetea y corteja. Es una religión que celebra la vida", dijo. No tienen problemas en aceptar a los homosexuales, las prostitutas y otros que son marginados por las iglesias más importantes.
Brasil se ha presentado durante mucho tiempo como una sociedad multicultural, pero en los últimos años se ha dado cuenta de la mitad de piel más clara de la población de 182 millones de habitantes controla la mayor parte de la riqueza y poder de la nación.
En la década pasada el movimiento de derechos civiles para los negros ha estado exigiendo beneficios tales como cuotas raciales en las universidades, contratos, empleo y en la televisión y en roles de películas.
Silva dijo que muchos terreiros desempeñan una función, sirviendo como centros de la conciencia negra donde la gente se informa sobre salud, educación y derechos civiles.
Pero algunos se preocupan de que la creciente popularidad del candomblé lo distancie de sus raíces. "Un montón de gente sigue una clase y se declaran maestros", dice la Madre Eliana.
"Pero abrir un terreiro es una obligación seria. Hacemos un montón de cosas, como sacrificios de animales y escarificaciones rituales, que asustan a la gente. Tenemos que preparar a la gente para que entiendan por qué lo hacemos".
2 de enero de 2005
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Belford Roxo, Brasil. Más allá de las fachadas de las iglesias y terrazas en el arenoso lado norte de Río, donde termina el asfalto y empiezan los caminos de tierra, Brasil se transforma en a África.El sonido de los atabaques', o tambores africanos, se eleva en el aire de la noche desde una casa de ladrillos ilegal, y un tenor canta a todo pulmón invocaciones en la antigua lengua yoruba de Nigeria.
Dentro, niños algo aburridos juegan tranquilos mientras las mujeres con faldas desordenadas bailan en círculo, cantando para invocar a los orixas, los dioses adorados por sus ancestros africanos.
Este es el candomblé, una religión que en el pasado estuvo prohibida en Brasil y que ahora gana aceptación pública, superando una competencia feroz y a veces violenta.
Llevada a Brasil por esclavos africanos, religiones como el candomblé, tambor de mina, batuque y umbanda se han practicado durante mucho tiempo en secreto, con sus deidades disfrazadas de santos católicos. La diosa del mar Imanya, por ejempo, se transformó en la Virgen María.
Incluso después de que se aboliera la esclavitud en 1888, el candomblé siguió siendo considerado primitivo, si no blasfemo -terreno de los pobres y desposeídos.
Ahora las religiones afro-brasileñas están floreciendo en todo Brasil, incluso entre la clase media. "El candomblé sigue creciendo porque la gente está buscando apoyo espiritual. Están siempre yendo de iglesia en iglesia, pero cuando se ponen serios con el candomblé, se transforma en un asunto de la familia", dice la Madre Eliana, que dirige unos 4.000 terreiros', o templos candomblé en Río.
"Se están abriendo nuevos terreiros. Es imposible llevar la cuenta de todos", dijo Ricardo Oliveira de Freitas, un investigador asociado al Instituto Superior de Estudios Religiosos, un laboratorio ideológico de Río.
La oposición más fuerte proviene de las iglesias evangélicas, que también están creciendo rápidamente en el tradicionalmente católico Brasil.
Desde los años ochenta, los evangélicos han atacado físicamente los terreiros, lanzándoles piedras y realizando ruidosas protestas a las puertas de los templos.
Los predicadores los reprueban, especialmente su sacrificios rituales de animales de granja, calificándoles de obras del demonio.
Los sacrificios de animales son difíciles de ignorar.
Las ofrendas de sangre y de partes del cuerpo de los animales se ven normalmente en las esquinas de la calle. Algunos creen que los ataques de los evangélicos han fortalecido el candomblé.
En 2002, los seguidores del candomblé ganaron dos juicios por difamación contra la Iglesia Universal del Reino de Dios, que publicó fotos de ellos en su diarios diciendo que estaban poseídos por el demonio.
"Con los juicios, los seguidores del candomblé empezaron a descubrir que tienen derechos garantizados por la Constitución. Este fue un poderoso mensaje al pueblo, que durante años tuvo que disfrazar su religión", dijo José Marmo da Silva de Ato Ire, un grupo que trabaja distribuyendo información sanitaria en los terreiros.
El antropólogo Raúl Ludy, autor de libros sobre el candomblé, dice que los evangélicos han cambiado de tácticas: "En lugar de atacar el candomblé, algunas iglesias están incorporando algunos elementos del culto en sus servicios -no los rituales complejos, pero sí elementos que son familiares para los que se han criado en la religión".
Freitas, investigador, dice que los centros de candomblé tienen un atractivo social del que carecen muchas iglesias.
"En los terreiros la gente come, coquetea y corteja. Es una religión que celebra la vida", dijo. No tienen problemas en aceptar a los homosexuales, las prostitutas y otros que son marginados por las iglesias más importantes.
Brasil se ha presentado durante mucho tiempo como una sociedad multicultural, pero en los últimos años se ha dado cuenta de la mitad de piel más clara de la población de 182 millones de habitantes controla la mayor parte de la riqueza y poder de la nación.
En la década pasada el movimiento de derechos civiles para los negros ha estado exigiendo beneficios tales como cuotas raciales en las universidades, contratos, empleo y en la televisión y en roles de películas.
Silva dijo que muchos terreiros desempeñan una función, sirviendo como centros de la conciencia negra donde la gente se informa sobre salud, educación y derechos civiles.
Pero algunos se preocupan de que la creciente popularidad del candomblé lo distancie de sus raíces. "Un montón de gente sigue una clase y se declaran maestros", dice la Madre Eliana.
"Pero abrir un terreiro es una obligación seria. Hacemos un montón de cosas, como sacrificios de animales y escarificaciones rituales, que asustan a la gente. Tenemos que preparar a la gente para que entiendan por qué lo hacemos".
2 de enero de 2005
16 de enero de 2005
©los angeles times
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coalición chií no quiere asustar
[Doug Struck y Bassam Sebti] Algunos dicen que la coalición implantará un gobierno al estilo iraní.
Bagdad, Iraq. La coalición de partidos chiíes que se espera que gane la mayoría de los escaños en Iraq el 30 de enero trató de sábado de desechar los temores de que instale en el país un gobierno al estilo iraní. La coalición insistió en que es un movimiento nacionalista que incluirá a todos los grupos.
"Esta no es una competencia entre sunníes y chiíes. No tenemos ninguna intención de formar un estado islámico o religioso en Iraq, o un estado chií o un gobierno al estilo iraní", dijo Mowaffak Rubaie, uno de los líderes de la coalición en una rueda de prensa para mitigar las preocupaciones de la minoría musulmana sunní de Iraq sobre lo que ocurrirá si los chiíes, largo tiempo oprimidos, acceden al poder.
Los líderes hablaron cuando la comisión electoral iraquí anunciaba procedimientos para seguir adelante con los comicios nacionales, a pesar de llamados de líderes sunníes a aplazar la votación debido a la persistente violencia en el país.
En un esfuerzo por prevenir los atentados, los coches particulares no serán permitidos en las calles en los tres días previos a la votación, dijeron funcionarios de la comisión. Dijeron que todo ciudadano en las dos áreas turbulentas que se siente demasiado intimidado como para inscribirse podrá inscribirse y votar el día mismo de las elecciones. Y prometieron que los resultados preliminares serán dados a conocer un día después de los comicios.
"Estas elecciones serán históricas", dijo Abdul Hussein Hindawi, el director de la comisión electoral. "Ya comenzó la cuenta regresiva".
El período de la cuenta regresiva, sin embargo, ha sido repetidas veces estropeada por la violencia. Un marine norteamericano murió el sábado en Babil, al sur de Bagdad, aunque las autoridades estadounidenses se ha negado a entregar detalles sobre la muerte del militar. Proyectiles de mortero estallaron el sábado cerca del enclave de la Zona Verde en Bagdad central, un convoy norteamericano sufrió el impacto de una bomba improvisada en una calle al oeste de Bagdad y un edificio del gobierno local en Ramadi fue impactado por proyectiles, de acuerdo a informes locales y testigos.
Un grupo militante islámico, el Ejército de Ansar al-Sunna, reclamó responsabilidad por el secuestro de 15 guardias nacionales iraquíes desde un autobús el viernes cerca de la ciudad de Hit. Nada se sabe sobre su destino.
"Vuestros hermanos muyahedines montaron una emboscada... y los cobardes se rindieron. Con la ayuda de Dios se capturaron a 15 guardias paganos, y requisaron sus armas", declaró el grupo en su página web.
Los militantes que se oponen a las elecciones han incrementado sus ataques y advertido a los iraquíes que no se acerquen a los colegios electorales. Funcionarios electorales iraquíes han dicho que la policía, comandos del ejército y la Guardia Nacional tratará de montar un círculo de seguridad en torno a los colegios, manteniendo alertas a las fuerzas multinacionales encabezadas por Estados Unidos para posibles respaldos.
El general de brigada norteamericano Carter Ham, cuyo mando incluye a las tropas norteamericanas en la agitada ciudad norteña de Mosul, juró el sábado que restaurará suficiente orden allí como para que las elecciones tengan lugar. De acuerdo a informes desde Mosul, las milicias que controlan parte de la ciudad han matado o amenazado a candidatos y trabajadores de la campaña y paralizado las preparaciones de las elecciones.
"Las elecciones tendrán lugar", dijo Ham en una rueda de prensa en Bagdad. "No será fácil, pero tendrán lugar. Hay esperanzas para la gente del norte de Iraq".
Los sunníes del norte y centro de Iraq, que representan un 20 por ciento de la población, votarán probablemente en bajos números debido a las amenazas. Un participación sunní disminuida probablemente incrementará el poder de los candidatos políticos chiíes a los 275 escaños de la Asamblea Nacional.
Los principales partidos chiíes han formado una coalición paraguas encabezada por Absul Azis Hakim, un clérigo con estrechos lazos con el régimen chií de Irán. Esos vínculos llevaron a muchos votantes sunníes a llamar la lista de candidatos la "lista iraní" y hay amplias especulaciones sobre la influencia iraní en el próximo gobierno.
La posibilidad inquieta hace tiempo a funcionarios norteamericanos. En abril de 2003, el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld dijo: "No permitiremos que la minoría estridente que clama transformar Iraq en un reflejo de Irán tenga éxito. No permitiremos que la transición democrática del pueblo iraquí sea tomada de rehén por los que quieren instalar alguna forma de dictadura".
Los chiíes, que comprenden un 60 por ciento de la población, y los partidos chiíes son ahora aliados de Estados Unidos en su oposición a los rebeldes que amenazan con descarrilar las elecciones.
"Como los chiíes somos la mayoría, la democracia nos conviene", dijo Abel Abdul Mahdi, miembro de la coalición chií y actual ministro de Finanzas. "No queremos un estado islámico, o un estado chií. Queremos un estado democrático".
Rubaie dijo que los iraquíes deben elegir entre la democracia y gente como "Osama bin Laden y Saddam Hussein y Zarqawi [el extremista jordano], que están llamando al pueblo iraquí a no tomar parte en las elecciones".
El intento de desalojar a los militantes de Al Qaeda de Zarqawu de Faluya hace tres meses causó una extensa devastación de la ciudad, principalmente debido a los bombardeos norteamericanos. El gobierno iraquí comenzó el sábado a pagar indemnizaciones a los habitantes que huyeron de Faluya y han permanecido en Bagdad. Pero el intento causó confusión y quejas.
"¿Qué haces con 150.000 dinares?", protestó Waleed Ahmed Qaisi, 46, cuya casa fue prácticamente destruida durante la operación militar. "¿Con este dinero voy a reconstruir mi casa o pagar el hotel, o comprarme ropa?"
Khalida Ahmed, 55, madre de siete hijos, dijo que necesitaba urgentemente el dinero. La familia perdió al jefe de familia durante el bombardeo norteamericano de Faluya hace tres meses. Cuando empezó una nueva operación militar, Ahmed decidió trasladarse a Bagdad, donde alojó en un cuarto de las antiguas barracas de la Fuerza Aérea Iraquí, que ahora alberga a mucha gente sin casa.
"Debe ser un chiste del gobierno", dijo Ahmed. "No este dinero no me alcanza ni para pagar el transporte a Faluya. Pero no tengo alternativas; tengo que aceptarlo, porque lo necesito".
Jackie Spinner en Baghdad contribuyó a este reportaje.
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. La coalición de partidos chiíes que se espera que gane la mayoría de los escaños en Iraq el 30 de enero trató de sábado de desechar los temores de que instale en el país un gobierno al estilo iraní. La coalición insistió en que es un movimiento nacionalista que incluirá a todos los grupos."Esta no es una competencia entre sunníes y chiíes. No tenemos ninguna intención de formar un estado islámico o religioso en Iraq, o un estado chií o un gobierno al estilo iraní", dijo Mowaffak Rubaie, uno de los líderes de la coalición en una rueda de prensa para mitigar las preocupaciones de la minoría musulmana sunní de Iraq sobre lo que ocurrirá si los chiíes, largo tiempo oprimidos, acceden al poder.
Los líderes hablaron cuando la comisión electoral iraquí anunciaba procedimientos para seguir adelante con los comicios nacionales, a pesar de llamados de líderes sunníes a aplazar la votación debido a la persistente violencia en el país.
En un esfuerzo por prevenir los atentados, los coches particulares no serán permitidos en las calles en los tres días previos a la votación, dijeron funcionarios de la comisión. Dijeron que todo ciudadano en las dos áreas turbulentas que se siente demasiado intimidado como para inscribirse podrá inscribirse y votar el día mismo de las elecciones. Y prometieron que los resultados preliminares serán dados a conocer un día después de los comicios.
"Estas elecciones serán históricas", dijo Abdul Hussein Hindawi, el director de la comisión electoral. "Ya comenzó la cuenta regresiva".
El período de la cuenta regresiva, sin embargo, ha sido repetidas veces estropeada por la violencia. Un marine norteamericano murió el sábado en Babil, al sur de Bagdad, aunque las autoridades estadounidenses se ha negado a entregar detalles sobre la muerte del militar. Proyectiles de mortero estallaron el sábado cerca del enclave de la Zona Verde en Bagdad central, un convoy norteamericano sufrió el impacto de una bomba improvisada en una calle al oeste de Bagdad y un edificio del gobierno local en Ramadi fue impactado por proyectiles, de acuerdo a informes locales y testigos.
Un grupo militante islámico, el Ejército de Ansar al-Sunna, reclamó responsabilidad por el secuestro de 15 guardias nacionales iraquíes desde un autobús el viernes cerca de la ciudad de Hit. Nada se sabe sobre su destino.
"Vuestros hermanos muyahedines montaron una emboscada... y los cobardes se rindieron. Con la ayuda de Dios se capturaron a 15 guardias paganos, y requisaron sus armas", declaró el grupo en su página web.
Los militantes que se oponen a las elecciones han incrementado sus ataques y advertido a los iraquíes que no se acerquen a los colegios electorales. Funcionarios electorales iraquíes han dicho que la policía, comandos del ejército y la Guardia Nacional tratará de montar un círculo de seguridad en torno a los colegios, manteniendo alertas a las fuerzas multinacionales encabezadas por Estados Unidos para posibles respaldos.
El general de brigada norteamericano Carter Ham, cuyo mando incluye a las tropas norteamericanas en la agitada ciudad norteña de Mosul, juró el sábado que restaurará suficiente orden allí como para que las elecciones tengan lugar. De acuerdo a informes desde Mosul, las milicias que controlan parte de la ciudad han matado o amenazado a candidatos y trabajadores de la campaña y paralizado las preparaciones de las elecciones.
"Las elecciones tendrán lugar", dijo Ham en una rueda de prensa en Bagdad. "No será fácil, pero tendrán lugar. Hay esperanzas para la gente del norte de Iraq".
Los sunníes del norte y centro de Iraq, que representan un 20 por ciento de la población, votarán probablemente en bajos números debido a las amenazas. Un participación sunní disminuida probablemente incrementará el poder de los candidatos políticos chiíes a los 275 escaños de la Asamblea Nacional.
Los principales partidos chiíes han formado una coalición paraguas encabezada por Absul Azis Hakim, un clérigo con estrechos lazos con el régimen chií de Irán. Esos vínculos llevaron a muchos votantes sunníes a llamar la lista de candidatos la "lista iraní" y hay amplias especulaciones sobre la influencia iraní en el próximo gobierno.
La posibilidad inquieta hace tiempo a funcionarios norteamericanos. En abril de 2003, el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld dijo: "No permitiremos que la minoría estridente que clama transformar Iraq en un reflejo de Irán tenga éxito. No permitiremos que la transición democrática del pueblo iraquí sea tomada de rehén por los que quieren instalar alguna forma de dictadura".
Los chiíes, que comprenden un 60 por ciento de la población, y los partidos chiíes son ahora aliados de Estados Unidos en su oposición a los rebeldes que amenazan con descarrilar las elecciones.
"Como los chiíes somos la mayoría, la democracia nos conviene", dijo Abel Abdul Mahdi, miembro de la coalición chií y actual ministro de Finanzas. "No queremos un estado islámico, o un estado chií. Queremos un estado democrático".
Rubaie dijo que los iraquíes deben elegir entre la democracia y gente como "Osama bin Laden y Saddam Hussein y Zarqawi [el extremista jordano], que están llamando al pueblo iraquí a no tomar parte en las elecciones".
El intento de desalojar a los militantes de Al Qaeda de Zarqawu de Faluya hace tres meses causó una extensa devastación de la ciudad, principalmente debido a los bombardeos norteamericanos. El gobierno iraquí comenzó el sábado a pagar indemnizaciones a los habitantes que huyeron de Faluya y han permanecido en Bagdad. Pero el intento causó confusión y quejas.
"¿Qué haces con 150.000 dinares?", protestó Waleed Ahmed Qaisi, 46, cuya casa fue prácticamente destruida durante la operación militar. "¿Con este dinero voy a reconstruir mi casa o pagar el hotel, o comprarme ropa?"
Khalida Ahmed, 55, madre de siete hijos, dijo que necesitaba urgentemente el dinero. La familia perdió al jefe de familia durante el bombardeo norteamericano de Faluya hace tres meses. Cuando empezó una nueva operación militar, Ahmed decidió trasladarse a Bagdad, donde alojó en un cuarto de las antiguas barracas de la Fuerza Aérea Iraquí, que ahora alberga a mucha gente sin casa.
"Debe ser un chiste del gobierno", dijo Ahmed. "No este dinero no me alcanza ni para pagar el transporte a Faluya. Pero no tengo alternativas; tengo que aceptarlo, porque lo necesito".
Jackie Spinner en Baghdad contribuyó a este reportaje.
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh