murió bernd von loringhoven
[David Rising] Estuvo con Hitler en sus últimos días.
Berlín, Alemania. Murió el barón Bernd Freytag von Loringhoven, testigo de los últimos días de Adolfo Hitler, que describió los últimos estertores de una desesperada jefatura nazi en un búnker berlinés, anunció su editor ayer. Tenía 93 años.
El barón von Loringhoven murió en febrero de causas naturales en su ciudad natal de Munich, dijo Wolf Jobst Siedler Jr., que publicó la versión alemana del libro del barón ‘En el búnker con Hitler' [In the Bunker with Hitler]. Siedler no mencionó una fecha exacta.
En una entrevista para el cincuenta aniversario de la Segunda Guerra Mundial, el barón von Loringhoven recordó la desesperación entre las dos docenas de jefes nazis y su entorno en el búnker cuando se acercaba el ejército soviético en 1945.
"Hablaban sobre si matarse a balazos o ingerir veneno", contó el barón de Loringhoven a Los Angeles Times. "Y hablaban sobre si, en caso de que decidieran matarse, si debían dispararse en la boca o en la sien".
El 29 de abril, el día antes de que Hitler y su nueva novia, Eva Braun, se suicidaran, el barón von Loringhoven relevado de funciones.
Como mayor del ejército regular cuya tarea era reunir para Hitler los despachos de la inteligencia militar, se quedó sin trabajo cuando el ejército soviético que se acercaba dejó fuera de servicio el radio transmisor que usaba el ejército para enviarle información.
"No tenía ganas de que me mataran allá, como a una rata, en el pasillo", dijo al Times. "Pedí que me dieran la posibilidad de salir y encontrar a las tropas combatientes o para salir de Berlín".
Recordó que Hitler reaccionó con entusiasmo, antes que reproches, ante la noticia de que él y otros dos camaradas pensaban huir.
"Cuando hablamos con él, tuvo la sensación de que él ya había decidido cuál sería su fin y que él, que era físicamente una ruina, tenía envidia de tres jóvenes fuertes que todavía podían tratar de escapar".
Los tres lograron eludir a los soviéticos y se dejaron capturar por los aliados occidentales.
Después de pasar dos años en un campo de prisioneros de guerra británico, el barón de Loringhoven fue dejado en libertad para reunirse con su familia.
Nació el 24 de enero de 1914, en el seno de una familia aristocrática en Arensburg, en lo que hoy es Estonia. La familia se mudó a Alemania del este para escapar del caos de después de la Primera Guerra Mundial.
El barón de Loringhoven pensó en estudiar leyes, pero cuando los nazis llegaron al poder en 1933 y ser miembro del partido se convirtió en una exigencia para la profesión, volvió su atención hacia lo militar.
"Había estudiado leyes, pero la profesión estaba siendo ocupada por los nazis", dijo al diario The Observer en 2005. "La Wehrmacht me pareció una carrera honorable".
Durante la Segunda Guerra Mundial, el barón von Loringhoven sirvió como comandante de una compañía de tanques, entre otras funciones, antes de ser ascendido al rango de mayor y asignado el general Heinz Guderian, que se cree colaboró en el desarrollo de la blitzkrieg, tácticas de tanque que le valieron a Alemania sus primeras victorias.
Tras la destitución de Guderian, el barón von Loringhoven prosiguió con su función como enlace, bajo el general Hans Krebs hasta su escape del búnker un mes más tarde.
Después de la guerra, el barón von Loringhoven se incorporó en 1956 al ejército alemán, y sirvió más tarde tres años en Washington como parte del comité permanente de la OTAN. Después de una larga carrera, se jubiló en 1973 con el rango de teniente general.
Sus memorias se publicaron en inglés el año pasado.
Incluso sesenta años después de la guerra, el barón von Loringhoven conservaba su desprecio de la jefatura nazi, que a menudo se reñía con el cuerpo de oficiales antes de la guerra.
"La única experiencia militar de Hitler la había adquirido como cabo durante la Primera Guerra Mundial", contó al Observer. "Sólo sabía una cosa: la resistencia fanática, y todavía puedo recordar sus palabras. La blitzkrieg no fue inventada por él, sino por los estrategas militares que él, más tarde, apartó".
"Tan pronto como empezamos a sufrir los primeros reveses, se volvió sordo a los llamados a cambiar hacia técnicas de defensa móviles y modernas", dijo el barón von Loringhoven. "Los consideraba derrotistas, ya que a veces había que ceder territorio".
Berlín, Alemania. Murió el barón Bernd Freytag von Loringhoven, testigo de los últimos días de Adolfo Hitler, que describió los últimos estertores de una desesperada jefatura nazi en un búnker berlinés, anunció su editor ayer. Tenía 93 años.El barón von Loringhoven murió en febrero de causas naturales en su ciudad natal de Munich, dijo Wolf Jobst Siedler Jr., que publicó la versión alemana del libro del barón ‘En el búnker con Hitler' [In the Bunker with Hitler]. Siedler no mencionó una fecha exacta.
En una entrevista para el cincuenta aniversario de la Segunda Guerra Mundial, el barón von Loringhoven recordó la desesperación entre las dos docenas de jefes nazis y su entorno en el búnker cuando se acercaba el ejército soviético en 1945.
"Hablaban sobre si matarse a balazos o ingerir veneno", contó el barón de Loringhoven a Los Angeles Times. "Y hablaban sobre si, en caso de que decidieran matarse, si debían dispararse en la boca o en la sien".
El 29 de abril, el día antes de que Hitler y su nueva novia, Eva Braun, se suicidaran, el barón von Loringhoven relevado de funciones.
Como mayor del ejército regular cuya tarea era reunir para Hitler los despachos de la inteligencia militar, se quedó sin trabajo cuando el ejército soviético que se acercaba dejó fuera de servicio el radio transmisor que usaba el ejército para enviarle información.
"No tenía ganas de que me mataran allá, como a una rata, en el pasillo", dijo al Times. "Pedí que me dieran la posibilidad de salir y encontrar a las tropas combatientes o para salir de Berlín".
Recordó que Hitler reaccionó con entusiasmo, antes que reproches, ante la noticia de que él y otros dos camaradas pensaban huir.
"Cuando hablamos con él, tuvo la sensación de que él ya había decidido cuál sería su fin y que él, que era físicamente una ruina, tenía envidia de tres jóvenes fuertes que todavía podían tratar de escapar".
Los tres lograron eludir a los soviéticos y se dejaron capturar por los aliados occidentales.
Después de pasar dos años en un campo de prisioneros de guerra británico, el barón de Loringhoven fue dejado en libertad para reunirse con su familia.
Nació el 24 de enero de 1914, en el seno de una familia aristocrática en Arensburg, en lo que hoy es Estonia. La familia se mudó a Alemania del este para escapar del caos de después de la Primera Guerra Mundial.
El barón de Loringhoven pensó en estudiar leyes, pero cuando los nazis llegaron al poder en 1933 y ser miembro del partido se convirtió en una exigencia para la profesión, volvió su atención hacia lo militar.
"Había estudiado leyes, pero la profesión estaba siendo ocupada por los nazis", dijo al diario The Observer en 2005. "La Wehrmacht me pareció una carrera honorable".
Durante la Segunda Guerra Mundial, el barón von Loringhoven sirvió como comandante de una compañía de tanques, entre otras funciones, antes de ser ascendido al rango de mayor y asignado el general Heinz Guderian, que se cree colaboró en el desarrollo de la blitzkrieg, tácticas de tanque que le valieron a Alemania sus primeras victorias.
Tras la destitución de Guderian, el barón von Loringhoven prosiguió con su función como enlace, bajo el general Hans Krebs hasta su escape del búnker un mes más tarde.
Después de la guerra, el barón von Loringhoven se incorporó en 1956 al ejército alemán, y sirvió más tarde tres años en Washington como parte del comité permanente de la OTAN. Después de una larga carrera, se jubiló en 1973 con el rango de teniente general.
Sus memorias se publicaron en inglés el año pasado.
Incluso sesenta años después de la guerra, el barón von Loringhoven conservaba su desprecio de la jefatura nazi, que a menudo se reñía con el cuerpo de oficiales antes de la guerra.
"La única experiencia militar de Hitler la había adquirido como cabo durante la Primera Guerra Mundial", contó al Observer. "Sólo sabía una cosa: la resistencia fanática, y todavía puedo recordar sus palabras. La blitzkrieg no fue inventada por él, sino por los estrategas militares que él, más tarde, apartó".
"Tan pronto como empezamos a sufrir los primeros reveses, se volvió sordo a los llamados a cambiar hacia técnicas de defensa móviles y modernas", dijo el barón von Loringhoven. "Los consideraba derrotistas, ya que a veces había que ceder territorio".
9 de abril de 2007
3 de abril de 2007
©boston globe
©traducción mQh
Carroll Johnson, un profesor de español de toda la vida en la Universidad de California en Los Angeles UCLA, cuyos freudianos análisis del novelista Miguel de Cervantes y su obra maestra ‘Don Quijote' provocaron conmoción, murió el martes en Chicago, tras un derrame. Tenía 69 años.
Algunos animales son asombrosamente sensibles a las dificultades de los otros. Los chimpancés, que no pueden nadar, se han ahogado en fosos de zoológico tratando de salvar a otros. Teniendo la posibilidad de obtener alimentos jalando de una cadena que también provoca una descarga eléctrica a un compañero, los macacos preferirán dejar de comer durante varios días.
La vida en sociedad requiere empatía, lo que es especialmente evidente en los chimpancés, así como mecanismos para poner fin a las hostilidades internas. Todas las especies de primates y monos tienen sus propios protocolos de reconciliación después de las peleas, según ha descubierto De Waal. Si dos individuos no logran reconciliarse, a menudo la hembra chimpancé reunirá a los rivales, como si comprendiera que la discordia estorba la comunidad y la hace más vulnerable a los ataques de los vecinos. O impedirán una pelea quitando las piedras de las manos de los rivales.
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El autor de más de un centenar de obras, entre ellas la clave ‘El Cepillo de Dientes', Premio Nacional de Artes Audiovisuales y de la Representación en 1993, murió a los 77 años de edad en su hogar de la comuna de Providencia.
La muerte del teórico francés Jean Baudrillard este martes en París, provocó algunas inusuales reacciones en internet, incluyendo ‘La Muerte de Baudrillard No Ha Ocurrido', ‘Jean Baudrillard No Ocurrió', ‘Baudrillard No Existía' y ‘Le Sobrevive Su Simulacro'.
Richard S. Prather, cuyas novelas de misterio sobre Shell Scott, un ex marine convertido en detective privado estaban ambientadas en el sur de California, murió en su casa en Sedona, Arizona, el 14 de febrero. Tenía 85 años.
Murió Henri Troyat, que huyó de la revolución cuando era un niño y se convirtió en uno de los más prolíficos, populares y respetados autores franceses, según informó el lunes la Académie Française. Tenía 95 años.
‘Shadow Man', de Cody Mcfadyen es posiblemente la novela policial más violenta que he leído nunca: obviamente, no está destinada a todo el mundo, aunque nunca se tiene la impresión de que su violencia sea gratuita. En su historia de la persecución de un asesino en serie por un agente del FBI, Mcfadyen trata de resolver el permanente conflicto entre el bien y el mal. En la medida en que lo logra, es porque Smoky Barret, su heroína de Los Angeles, es una mezcla tan poderosa de fortaleza y vulnerabilidad, coraje y temor. De cierto extraño modo, los papeles entremezclados de Barrett como mujer, víctima y vengadora, convierten a la novela a la vez en humana y violenta.