gastronomía y novela negra
Los mejores del género policiaco, en Barcelona.
Barcelona, España. El escritor griego Petros Márkaris, creador del inspector Jaritos, ha aseverado que hay una novela negra mediterránea "de Portugal a Grecia" que tiene en común "la gastronomía", en contraposición a la anglosajona y nórdica "donde los personajes comen salmón con vodka o bocadillos con cerveza".
Márkaris ha participado en una mesa redonda que ha abierto el Primer Encuentro Europeo de Novela Negra en la que también han participado la escritora norteamericana Donna León, afincada en Venecia, y Francisco González Ledesma, un debate que ha sido moderado por el también escritor de género policiaco Andreu Martín.
Donna León, que ha estado de acuerdo con Márkaris ya que la gastronomía está presente también en sus novelas protagonizadas por el inspector Guido Brunetti a quien su mujer le prepara platos de la cocina italiana, ha dedicado su intervención al concepto de turismo cultural.
La escritora norteamericana, afincada en Venecia desde hace 40 años y cuyas novelas se desarrollan en esa ciudad, ha hecho un alegato en contra del turismo de "compras".
Para Donna León "es imperdonable" que alguien viaje a Venecia y dedique su tiempo a ir de tiendas "en lugar de recorrer la ciudad mas hermosa del mundo".
Crítico Gastronómico
Francisco González Ledesma ha confesado que no está dotado para la cocina, aunque llegó a ser crítico gastronómico de 'La Vanguardia', y ha apuntado que su policía, el inspector Méndez, suele comer en las viejas tabernas que había en el del barrio Chino de Barcelona donde ni la comida ni la bebida eran recomendables por su calidad.
Andreu Martin ha dado un repaso histórico a la evolución de la novela negra, de la que ha dicho que nació con 'Los crímenes de la calle Morgue', de Edgar Alan Poe y que "la pelota " ha ido pasando de Estados Unidos a Europa durante más de 100 años.
A su juicio, en la actualidad existe una mayor calidad de la novela negra europea, ya que los escritores norteamericanos se ven sometidos a una serie de reglas que le imponen las editoriales "que les fijan determinados esquemas y el número de páginas que deben tener".
La Crueldad Nórdica
Márkaris ha puntualizado que dentro de la novela negra mediterránea hay una especie de subdivisión en la que ha englobado a los autores de Portugal, España y su país, Grecia, y que se caracterizan por hablar de un pasado bajo las dictaduras de Franco, Salazar o los coroneles griegos y de la transición a la democracia, un tiempo histórico cuyas heridas reflejan los escritores en sus novelas que "siempre terminan hablando de política", algo que no ocurre con los escritores del norte de Europa.
El ejemplo más claro de este tipo de autor, según Mákaris, es el malogrado Manuel Vázquez Montalbán, quien tiene en común con otros autores mediterráneos un pasado "izquierdista" y ha apostillado que este tipo de características literarias no se puede aplicar a Francia, "ni tan siquiera a Italia".
Márkaris ha resaltado también que una de las características de la novela negra nórdica "es la crueldad de los asesinos con sus víctimas: "Nosotros [los autores mediterráneos] somos angelitos a la hora de escribir nuestros crímenes comparados con los autores anglosajones y nórdicos".
20 de enero de 2005
©el mundo"
Barcelona, España. El escritor griego Petros Márkaris, creador del inspector Jaritos, ha aseverado que hay una novela negra mediterránea "de Portugal a Grecia" que tiene en común "la gastronomía", en contraposición a la anglosajona y nórdica "donde los personajes comen salmón con vodka o bocadillos con cerveza".Márkaris ha participado en una mesa redonda que ha abierto el Primer Encuentro Europeo de Novela Negra en la que también han participado la escritora norteamericana Donna León, afincada en Venecia, y Francisco González Ledesma, un debate que ha sido moderado por el también escritor de género policiaco Andreu Martín.
Donna León, que ha estado de acuerdo con Márkaris ya que la gastronomía está presente también en sus novelas protagonizadas por el inspector Guido Brunetti a quien su mujer le prepara platos de la cocina italiana, ha dedicado su intervención al concepto de turismo cultural.
La escritora norteamericana, afincada en Venecia desde hace 40 años y cuyas novelas se desarrollan en esa ciudad, ha hecho un alegato en contra del turismo de "compras".
Para Donna León "es imperdonable" que alguien viaje a Venecia y dedique su tiempo a ir de tiendas "en lugar de recorrer la ciudad mas hermosa del mundo".
Crítico Gastronómico
Francisco González Ledesma ha confesado que no está dotado para la cocina, aunque llegó a ser crítico gastronómico de 'La Vanguardia', y ha apuntado que su policía, el inspector Méndez, suele comer en las viejas tabernas que había en el del barrio Chino de Barcelona donde ni la comida ni la bebida eran recomendables por su calidad.
Andreu Martin ha dado un repaso histórico a la evolución de la novela negra, de la que ha dicho que nació con 'Los crímenes de la calle Morgue', de Edgar Alan Poe y que "la pelota " ha ido pasando de Estados Unidos a Europa durante más de 100 años.
A su juicio, en la actualidad existe una mayor calidad de la novela negra europea, ya que los escritores norteamericanos se ven sometidos a una serie de reglas que le imponen las editoriales "que les fijan determinados esquemas y el número de páginas que deben tener".
La Crueldad Nórdica
Márkaris ha puntualizado que dentro de la novela negra mediterránea hay una especie de subdivisión en la que ha englobado a los autores de Portugal, España y su país, Grecia, y que se caracterizan por hablar de un pasado bajo las dictaduras de Franco, Salazar o los coroneles griegos y de la transición a la democracia, un tiempo histórico cuyas heridas reflejan los escritores en sus novelas que "siempre terminan hablando de política", algo que no ocurre con los escritores del norte de Europa.
El ejemplo más claro de este tipo de autor, según Mákaris, es el malogrado Manuel Vázquez Montalbán, quien tiene en común con otros autores mediterráneos un pasado "izquierdista" y ha apostillado que este tipo de características literarias no se puede aplicar a Francia, "ni tan siquiera a Italia".
Márkaris ha resaltado también que una de las características de la novela negra nórdica "es la crueldad de los asesinos con sus víctimas: "Nosotros [los autores mediterráneos] somos angelitos a la hora de escribir nuestros crímenes comparados con los autores anglosajones y nórdicos".
20 de enero de 2005
©el mundo"
proceso por masacre de tlatelolco
[Kevin Sullivan] México acusará de genocidio a funcionarios por masacre de 1968.
Ciudad de México, México. El fiscal especial que investiga los asesinatos y desapariciones de personas durante la guerra sucia' de México dijo el jueves que presentará cargos por genocidio contra unos 25 ex funcionarios de gobierno y militares en relación con la masacre del 2 de octubre de 1968 de manifestantes en la plaza de Tlatelolco en Ciudad de México.
En una entrevista con periodistas extranjeros, Ignacio Carrillo Prieto dijo que en entre esos funcionarios se "puede incluir" a Luis Echeverría, que fue presidente de 1970 a 1976 y ministro del Interior, el segundo cargo más importante del país, durante lo que se llamó la Masacre de Tlatelolco'.
Carrillo Prieto dijo que en los próximos meses acusará de genocidio a 75 ex funcionarios por las desapariciones y asesinatos de alrededor de 500 personas en la campaña del gobierno de represión de estudiantes, activistas por la democracia y otros manifestantes entre fines de los años sesenta y principios de los ochenta.
La Masacre de Tlatelolco, que se transformó en un poderoso símbolo de los abusos de los gobiernos autoritarios de México, terminó con la vida de numerosos jóvenes activistas justo antes de que México hiciera de anfitrión de los Juegos Olímpicos de 1968.
El gobierno declaró entonces que en la masacre habían muerto 30 personas, pero grupos de derechos humanos y otros dijeron que la cifra era mucho más alta. También dijeron que los asesinatos fueron cometidos por soldados y pistoleros a sueldo del gobierno y que Echeverría estaba implicado por ordenar los asesinatos. El solitario ex presidente, que cumplirá 83 años este mes, ha negado las acusaciones.
Carrillo Prieto, nombrado por el presidente Vicente Fox en enero de 2002, intentó el año pasado acusar a Echeverría y otros 11 ex funcionarios de genocidio por una masacre en 1971 en la que alrededor de 30 estudiantes fueron asesinados en Ciudad de México por fuerzas de seguridad.
Sin embargo, el juez en ese caso se negó a firmar órdenes de detención, diciendo que la ley de los 30 años de limitación de la acusación de genocidio había expirado. El fiscal general federal, para el que trabaja Carrillo Prieto, ha recurrido esa resolución ante la Corte Suprema, que debe todavía dictar veredicto.
Carrillo Prieto dijo que presentará los nuevos cargos de genocidio independientemente del veredicto de la Corte Suprema. Dijo que en México, a diferencia de Estados Unidos, la resolución de la Corte Suprema sólo sería válida para el caso puntual y no establece un precedente.
Algunos críticos han acusado a Carrillo Prieto de exagerar tratando de acusar a Echeverría y otros de genocidio. Pero el fiscal argumentó que las leyes internacionales definen genocidio como el intento sistemático de eliminar a un grupo étnico, religioso o nacional, y que Echeverría y otros ex funcionarios utilizaron sistemáticamente el poder para tratar de exterminar a los disidentes políticos.
14 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Ciudad de México, México. El fiscal especial que investiga los asesinatos y desapariciones de personas durante la guerra sucia' de México dijo el jueves que presentará cargos por genocidio contra unos 25 ex funcionarios de gobierno y militares en relación con la masacre del 2 de octubre de 1968 de manifestantes en la plaza de Tlatelolco en Ciudad de México.En una entrevista con periodistas extranjeros, Ignacio Carrillo Prieto dijo que en entre esos funcionarios se "puede incluir" a Luis Echeverría, que fue presidente de 1970 a 1976 y ministro del Interior, el segundo cargo más importante del país, durante lo que se llamó la Masacre de Tlatelolco'.
Carrillo Prieto dijo que en los próximos meses acusará de genocidio a 75 ex funcionarios por las desapariciones y asesinatos de alrededor de 500 personas en la campaña del gobierno de represión de estudiantes, activistas por la democracia y otros manifestantes entre fines de los años sesenta y principios de los ochenta.
La Masacre de Tlatelolco, que se transformó en un poderoso símbolo de los abusos de los gobiernos autoritarios de México, terminó con la vida de numerosos jóvenes activistas justo antes de que México hiciera de anfitrión de los Juegos Olímpicos de 1968.
El gobierno declaró entonces que en la masacre habían muerto 30 personas, pero grupos de derechos humanos y otros dijeron que la cifra era mucho más alta. También dijeron que los asesinatos fueron cometidos por soldados y pistoleros a sueldo del gobierno y que Echeverría estaba implicado por ordenar los asesinatos. El solitario ex presidente, que cumplirá 83 años este mes, ha negado las acusaciones.
Carrillo Prieto, nombrado por el presidente Vicente Fox en enero de 2002, intentó el año pasado acusar a Echeverría y otros 11 ex funcionarios de genocidio por una masacre en 1971 en la que alrededor de 30 estudiantes fueron asesinados en Ciudad de México por fuerzas de seguridad.
Sin embargo, el juez en ese caso se negó a firmar órdenes de detención, diciendo que la ley de los 30 años de limitación de la acusación de genocidio había expirado. El fiscal general federal, para el que trabaja Carrillo Prieto, ha recurrido esa resolución ante la Corte Suprema, que debe todavía dictar veredicto.
Carrillo Prieto dijo que presentará los nuevos cargos de genocidio independientemente del veredicto de la Corte Suprema. Dijo que en México, a diferencia de Estados Unidos, la resolución de la Corte Suprema sólo sería válida para el caso puntual y no establece un precedente.
Algunos críticos han acusado a Carrillo Prieto de exagerar tratando de acusar a Echeverría y otros de genocidio. Pero el fiscal argumentó que las leyes internacionales definen genocidio como el intento sistemático de eliminar a un grupo étnico, religioso o nacional, y que Echeverría y otros ex funcionarios utilizaron sistemáticamente el poder para tratar de exterminar a los disidentes políticos.
14 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
iraquíes pedirán fin de ocupación
[Douglas Jehl] El gobierno iraquí que se forme tras las elecciones del 30 de enero pedirá casi con toda seguridad que Estados Unidos fije un calendario para la retirada de sus tropas, de acuerdo a nuevos informes del servicio secreto norteamericano mencionado por importantes funcionarios de gobierno.
Washington, Estados Unidos. Los informes también advierten que las elecciones serán seguidas de más violencia, incluyendo una mayor probabilidad de choques entre chiíes y sunníes, que posiblemente conducirá a una guerra civil, dijeron los funcionarios.
Este pesimismo es consistente con otros estudios de los últimos seis meses, incluyendo un cable clasificado enviado en noviembre por el jefe de la estación de Bagdad saliente de la CIA. Las nuevas evaluaciones, de la CIA y de los ministerios de Defensa y Asuntos Exteriores, se concentran más detenidamente en las secuelas de la elección, incluyendo sus potenciales implicaciones para la política exterior estadounidense, dijeron los funcionarios.
Los estudios se basan en la expectativa de que una coalición árabe chií gane las elecciones, en las que los chiíes constituirán la gran mayoría de los votantes, dijeron los funcionarios. Líderes de la coalición han prometido a los votantes que presionarán a Washington para que presente un calendario para la retirada de las tropas, y las evaluaciones dicen que el nuevo gobierno iraquí se sentirá obligado, al menos públicamente, a cumplir con ese compromiso.
Una petición semejante pondría nuevas presiones sobre el gobierno de Bush, que ha dicho que respetará una petición iraquí pero se ha negado a fijar un calendario para la retirada de sus 173.000 tropas norteamericanas y otras tropas extranjeras en Iraq. Los funcionarios, incluyendo a Colin L. Powell, el ministro de Asuntos Exteriores, han declarado que esas decisiones se tomarán sobre la base de las necesidades de seguridad del país, lo que incluye el adiestramiento de más iraquíes.
"Nadie quiere retirarse de tal manera que se deje a Iraq mal preparado para hacer frente a la resistencia, que no desaparecerá [con las elecciones]", dijo un funcionario de gobierno. "Así que el asunto es cómo maximizar nuestro programa de adiestramiento para preparar a la mayor cantidad de iraquíes como sea posible".
El funcionario dijo que Estados Unidos esperaba que el nuevo gobierno iraquí presente un plan basado en la situación militar, pero no un calendario. Pero el funcionario dijo que había incertidumbre sobre la insistencia que pondría el nuevo gobierno iraquí en una reducción de las tropas norteamericanas.
"En este momento hablar de un calendario y de cómo y cuándo quieren que nos vayamos, sería una especulación", dijo el funcionario. "¿Qué dirán públicamente y qué en privado? Obviamente, hay factores que tomar en cuenta. El asunto es que controlamos la mayor parte de sus capacidades, y eso es lo que está detrás de muchos de nuestros esfuerzos".
En una entrevista el jueves pasado para el programa de televisión de la PBS, Newshour With Jim Lehrer', Powell dijo que a él le "gustaría sacar a nuestras tropas lo antes posible". Pero agregó: "No es posible decir ahora que cuántas tropas menos tendremos a fines de 2005".
Funcionarios de gobierno que han descrito el informe de la inteligencia representan a varias agencias e incluyen tanto a críticos como partidarios de la guerra en Iraq. Todos ellos dijeron que habían leído el documento o que habían sido informados sobre él, pero insistieron en permanecer anónimos, diciendo que no querían hacer sombra a los recientes comentarios de Powell y del presidente Bush.
En una entrevista con el Washington Post publicada el fin de semana, Bush se negó a ser más específico sobre un eventual calendario de retirada. Pero funcionarios de gobierno dijeron que en una reunión el jueves pasado, los principales asesores de seguridad nacional de Bush habían discutido sobre cómo debía responder Estados Unidos si el nuevo gobierno iraquí presentara una petición semejante.
El sombrío tono del nuevo análisis de inteligencia fue mencionado por primera vez por los periódicos de Knight Ridder en artículos que aparecieron el lunes en el Miami Herald y otros.
La perspectiva del peor de los casos' -una guerra civil entre chiíes y sunníes- sigue siendo todavía más ominosa que la bosquejada en pública en las últimas semanas por importantes funcionarios del gobierno de Bush. Pero el mensaje se hace eco de anteriores advertencias de los servicios de inteligencia norteamericanos, incluyendo el National Intelligence Estimate publicado el verano pasado.
Hace algunos días Powell y otros de los asesores de Bush han sido más directos en reconocer que no es probable que se reduzca dentro de poco la resistencia anti-norteamericana.
"Hay una furiosa resistencia y no estamos tratando de desecharla o minimizarla", dijo Powell en la entrevista de Newshour'. "La resistencia no desaparecerá como resultado de las elecciones", dijo. "De hecho, quizás los insurgentes se envalentonen todavía más" si logran disuadir a grandes cantidades de sunníes de abstenerse de votar.
Durante el régimen de Saddam Hussein, los sunníes, que conforman el 20 por ciento de la población, fueron el grupo dominante en Iraq, pero participen los sunníes o no en las elecciones se da por sentado que ese rol pasará ahora a manos de los chiíes, que constituyen el 60 por ciento de todos los iraquíes. Los kurdos conforman el 20 por ciento restante.
Bush, en la entrevista con el Washington Post dijo sobre si las tropas norteamericanas comenzarían a retirarse de Iraq en 2005: "Tal como lo veo, las tropas norteamericanas comenzarán a retirarse tan pronto como sea posible, pero no dejarán el país mientras no completemos nuestra misión, y parte de esa misión es adiestrar a los iraquíes para que puedan enfrentarse a los terroristas. Y mientras más pronto estén preparados los iraquíes -mejor preparados, mejor equipados para luchar-, más pronto comenzarán nuestras tropas a llegar a casa".
En una reunión la semana pasada en la Casa Blanca, un funcionario militar de alto rango advirtió que Iraq ya se estaba perfilando como el "Afganistán occidental" y se estaba transformando en un imán y refugio de militantes, como lo fue Afganistán para Osama bin Laden durante el régimen de los talibanes.
En la entrevista del Washington Post, Bush dijo que compartía la preocupación de que "eso pudiera ocurrir", diciendo: "Si no nos mostramos firmes y eficientes, habrá bolsones de terroristas -partes del mundo que se transformarán en bolsones donde los terroristas encontrarán santuario y lugares para adiestrarse. Y tenemos el deber de impedirlo".
19 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. Los informes también advierten que las elecciones serán seguidas de más violencia, incluyendo una mayor probabilidad de choques entre chiíes y sunníes, que posiblemente conducirá a una guerra civil, dijeron los funcionarios.Este pesimismo es consistente con otros estudios de los últimos seis meses, incluyendo un cable clasificado enviado en noviembre por el jefe de la estación de Bagdad saliente de la CIA. Las nuevas evaluaciones, de la CIA y de los ministerios de Defensa y Asuntos Exteriores, se concentran más detenidamente en las secuelas de la elección, incluyendo sus potenciales implicaciones para la política exterior estadounidense, dijeron los funcionarios.
Los estudios se basan en la expectativa de que una coalición árabe chií gane las elecciones, en las que los chiíes constituirán la gran mayoría de los votantes, dijeron los funcionarios. Líderes de la coalición han prometido a los votantes que presionarán a Washington para que presente un calendario para la retirada de las tropas, y las evaluaciones dicen que el nuevo gobierno iraquí se sentirá obligado, al menos públicamente, a cumplir con ese compromiso.
Una petición semejante pondría nuevas presiones sobre el gobierno de Bush, que ha dicho que respetará una petición iraquí pero se ha negado a fijar un calendario para la retirada de sus 173.000 tropas norteamericanas y otras tropas extranjeras en Iraq. Los funcionarios, incluyendo a Colin L. Powell, el ministro de Asuntos Exteriores, han declarado que esas decisiones se tomarán sobre la base de las necesidades de seguridad del país, lo que incluye el adiestramiento de más iraquíes.
"Nadie quiere retirarse de tal manera que se deje a Iraq mal preparado para hacer frente a la resistencia, que no desaparecerá [con las elecciones]", dijo un funcionario de gobierno. "Así que el asunto es cómo maximizar nuestro programa de adiestramiento para preparar a la mayor cantidad de iraquíes como sea posible".
El funcionario dijo que Estados Unidos esperaba que el nuevo gobierno iraquí presente un plan basado en la situación militar, pero no un calendario. Pero el funcionario dijo que había incertidumbre sobre la insistencia que pondría el nuevo gobierno iraquí en una reducción de las tropas norteamericanas.
"En este momento hablar de un calendario y de cómo y cuándo quieren que nos vayamos, sería una especulación", dijo el funcionario. "¿Qué dirán públicamente y qué en privado? Obviamente, hay factores que tomar en cuenta. El asunto es que controlamos la mayor parte de sus capacidades, y eso es lo que está detrás de muchos de nuestros esfuerzos".
En una entrevista el jueves pasado para el programa de televisión de la PBS, Newshour With Jim Lehrer', Powell dijo que a él le "gustaría sacar a nuestras tropas lo antes posible". Pero agregó: "No es posible decir ahora que cuántas tropas menos tendremos a fines de 2005".
Funcionarios de gobierno que han descrito el informe de la inteligencia representan a varias agencias e incluyen tanto a críticos como partidarios de la guerra en Iraq. Todos ellos dijeron que habían leído el documento o que habían sido informados sobre él, pero insistieron en permanecer anónimos, diciendo que no querían hacer sombra a los recientes comentarios de Powell y del presidente Bush.
En una entrevista con el Washington Post publicada el fin de semana, Bush se negó a ser más específico sobre un eventual calendario de retirada. Pero funcionarios de gobierno dijeron que en una reunión el jueves pasado, los principales asesores de seguridad nacional de Bush habían discutido sobre cómo debía responder Estados Unidos si el nuevo gobierno iraquí presentara una petición semejante.
El sombrío tono del nuevo análisis de inteligencia fue mencionado por primera vez por los periódicos de Knight Ridder en artículos que aparecieron el lunes en el Miami Herald y otros.
La perspectiva del peor de los casos' -una guerra civil entre chiíes y sunníes- sigue siendo todavía más ominosa que la bosquejada en pública en las últimas semanas por importantes funcionarios del gobierno de Bush. Pero el mensaje se hace eco de anteriores advertencias de los servicios de inteligencia norteamericanos, incluyendo el National Intelligence Estimate publicado el verano pasado.
Hace algunos días Powell y otros de los asesores de Bush han sido más directos en reconocer que no es probable que se reduzca dentro de poco la resistencia anti-norteamericana.
"Hay una furiosa resistencia y no estamos tratando de desecharla o minimizarla", dijo Powell en la entrevista de Newshour'. "La resistencia no desaparecerá como resultado de las elecciones", dijo. "De hecho, quizás los insurgentes se envalentonen todavía más" si logran disuadir a grandes cantidades de sunníes de abstenerse de votar.
Durante el régimen de Saddam Hussein, los sunníes, que conforman el 20 por ciento de la población, fueron el grupo dominante en Iraq, pero participen los sunníes o no en las elecciones se da por sentado que ese rol pasará ahora a manos de los chiíes, que constituyen el 60 por ciento de todos los iraquíes. Los kurdos conforman el 20 por ciento restante.
Bush, en la entrevista con el Washington Post dijo sobre si las tropas norteamericanas comenzarían a retirarse de Iraq en 2005: "Tal como lo veo, las tropas norteamericanas comenzarán a retirarse tan pronto como sea posible, pero no dejarán el país mientras no completemos nuestra misión, y parte de esa misión es adiestrar a los iraquíes para que puedan enfrentarse a los terroristas. Y mientras más pronto estén preparados los iraquíes -mejor preparados, mejor equipados para luchar-, más pronto comenzarán nuestras tropas a llegar a casa".
En una reunión la semana pasada en la Casa Blanca, un funcionario militar de alto rango advirtió que Iraq ya se estaba perfilando como el "Afganistán occidental" y se estaba transformando en un imán y refugio de militantes, como lo fue Afganistán para Osama bin Laden durante el régimen de los talibanes.
En la entrevista del Washington Post, Bush dijo que compartía la preocupación de que "eso pudiera ocurrir", diciendo: "Si no nos mostramos firmes y eficientes, habrá bolsones de terroristas -partes del mundo que se transformarán en bolsones donde los terroristas encontrarán santuario y lugares para adiestrarse. Y tenemos el deber de impedirlo".
19 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
nadie conoce a los candidatos
[Louise Roug] Los empleados de la comisión electoral de Mosul renunciaron en masa. Ahora tiene tres miembros. Y nadie conoce a los candidatos. Sus nombres no se publican por temor a las represalias.
Mosul, Iraq. Una mañana hace poco un columna de vehículos blindados trajo aquí a soldados norteamericanos y albaneses para controlar el campo de aviación de Mosul.
Pocas horas después, llegaron en un enjambre de helicópteros el embajador norteamericano John D. Negroponte y los más importantes jefes militares norteamericanos el general George W. Casey y el teniente general Thomas Metz para reunirse con funcionarios electorales iraquíes. Las presentaciones no tomaron mucho tiempo. La comisión que supervisa las elecciones en la tercera ciudad de Iraq se compone de dos personas.
Aunque los funcionarios norteamericanos insisten en que las elecciones se llevarán a cabo, hay importantes obstáculos por superar antes de la votación del 30 de enero. Mosul, con sus 1.8 millones de habitantes, se ha hecho tan volátil que los soldados norteamericanos que trabajan en proyectos comunitarios ya no tienen contacto con la población local.
En las calles de la ciudad no hay carteles ni octavillas de la campaña electoral, pero algunos panfletos amenazan con decapitar a los que vayan a votar.
Todo el personal de la comisión electoral renunció el mes pasado y el gobierno local tiene dos semanas para reclutar y adiestrar a los 800 empleados que necesita para atender a los colegios electorales en toda la provincia.
"Empezaremos de cero", dijo el mayor Tony Cruz del Batallón Asuntos Civiles 426. Mosul, considerada una ciudad modelo a principios de la ocupación norteamericana, se ha transformado en un importante campo de batalla de los rebeldes que quieren impedir la votación y los funcionarios norteamericanos determinados a que tenga lugar. La credibilidad de las elecciones se vería amenazada si la violencia impide que grandes números de votantes aquí y en la provincia vecina que incluye a Faluya se acerquen a las urnas.
Algunos habitantes ya han declarado que se quedarán en casa el día de las elecciones. "Para ser honesto, mi vida es más importante para mí que las elecciones", dijo Nabil Nurildin, un maestro de 28 años. "El gobierno no es capaz de proteger a los ciudadanos para que puedan votar en los locales de votación".
Los norteamericanos que dirigen 150.000 tropas en Iraq han prometido "acciones agresivas" para asegurar que las elecciones sigan adelante en las dos provincias de "gran importancia": Nineveh, que incluye a Mosul, y Al Anbar, su vecina.
Mosul, ubicada cerca de importantes reservas de petróleo, es la capital de la provincia de Nineveh, que tiene fronteras con Siria.
La ciudad misma está en el límite entre las áreas controladas por los kurdos en el norte y el resto del país, dominado por los árabes. Los musulmanes sunníes constituyen casi la mitad de la población de la ciudad.
Hace poco los insurgentes lanzaron ataques desde mezquitas de Mosul. Tres importantes políticos kurdos fueron asesinados el jueves al ser atacados desde un coche en movimiento, y un soldado norteamericano murió en otro incidente.
La violencia ha escalado desde el asesinato del gobernador de la provincia en julio. Después de una importante batalla en Faluya en noviembre, los jefes norteamericanos dicen que los rebeldes buscaron refugio en Bagdad y en Mosul.
Ese mes hubo revueltas en Mosul, y en sitios claves, incluyendo una comisaría de policía, fueron atacados. Desertaron miles de agentes de la policía iraquí.
En diciembre pasado un terrorista suicida mató a 15 soldados norteamericanos y siete agentes de la policía iraquí en el comedor de una base militar cerca de aquí. El ataque fue el más mortífero hasta el momento contra una instalación norteamericana en Iraq.
Los jefes militares norteamericanos, que han estado tratando de "conquistar los corazones y la mente" aquí, han sufrido un serio revés la semana pasada cuando un avión de guerra estadounidense bombardeó por error una casa en Aitha, a unos 50 kilómetros al sur de Mosul, matando al menos a 14 personas. El incidente dio fuego a sentimientos anti-norteamericanos.
El año pasado, la unidad de asuntos civiles empleó a unos 20 intérpretes de la localidad. Pero después de amenazas de muerte, sólo quedan cinco.
Algunos soldados dicen que los ataques contra ellos han disminuido ligeramente en las últimas dos semanas. En diciembre pasado, militares norteamericanos capturaron a dos personas a los que identificaron como miembros de la red del militante jordano Abu Musab Zarqawi. Los hombres habían estado dirigiendo los atentados en la ciudad, dijeron oficiales militares.
El general de división Carter Ham, comandante del Destacamento Especial Olympia en Mosul, se ha referido a los dos funcionarios locales de la comisión electoral, Khaled Kazer y Ahmed Ali, como la gente más importante en la provincia porque coordinarán la contratación de personal para la votación y supervisarán las elecciones.
En la reunión en el aeropuerto, Kazer y Ali, antiguos soldados en la veintena, hablaron largamente con los generales y funcionarios norteamericanos. A partir de hoy, la prensa local publicará anuncios llamando a votar y anuncios de reclutamiento de empleados para la comisión electoral, dijo Kazer, cuya esposa también participa en el proyecto electoral.
Kazer mostró un folleto con fotocopias de carteles que estaban circulando en Mosul. "Votando mejoras tu futuro", decía uno. Otro declaraba: "Una voz es más rica que el oro".
Cruz, el oficial de asuntos civiles y asesor financiero de West Hills, dijo que muchos habitantes aquí no sabían demasiado sobre la votación, en la que los votantes elegirán a listas de candidatos para un parlamento nacional que a su vez elegirá al presidente y primer ministro.
"Un montón de gente aquí piensa que están votando por un presidente", dijo.
Abdul Wahid Khalil, 25, dijo que no conocía las listas ni los candidatos, pero debido a que los clérigos habían llamado a los chiíes a participar, él votaría incluso "si me cuesta la vida".
Pero Nurildin, un árabe sunní, se mostró escéptico. "Supe algo sobre algunos candidatos a través de los medios en Bagdad, pero no en Mosul, y no creo que haya elecciones en Mosul porque todavía no he visto ningún cartel, panfleto ni siquiera entrevistas, como está pasando en otras provincias".
En noviembre, los rebeldes quemaron materiales para la inscripción de votantes que se guardaban en una bodega. Pero llegarán nuevos suministros, dijo Cruz. "Mosul se ha transformado en el principal proyecto", dijo. "Habrá elecciones".
Duraid Kashmoula, gobernador de Nineveh, calcula que un 50 por ciento de los votantes de Mosul ya se han inscrito, y un 80 por ciento de los votantes de áreas circundantes participarán en las elecciones.
Kazer no es tan optimista, y calcula que la participación será de un 40 y 70 por ciento, respectivamente. Las predicciones, sin embargo, se basan en anécdotas.
"Incluso el gobernador que dice a la gente que todo marcha bien, está prejuiciado", dijo Cruz. "No hay modo de calcular esto".
Un grupo estadounidense, el Instituto Internacional Republicano, ha realizado varios sondeos sobre qué piensan los iraquíes sobre su futuro, pero en su último sondeo excluyeron a Mosul por razones de seguridad.
"Debido a que somos una de las peores provincias, será fácil arrojar la toalla", dijo Cruz. Pero "si las elecciones fracasan, la misión de la coalición habrá fracasado".
Una noche hace poco, hacia las diez, Cruz, Kazer y Ali estaban en un edificio que perteneció alguna vez a Uday Hussein, el hijo de Saddam Hussein. En la mesa había un mapa extendido de la provincia. El trío parecía cansado.
Entonces sonó el celular de Kazer. Era un amigo, diciendo que quería trabajar en la comisión electoral. Kazer sonrió radiante. La comisión tenía ahora tres miembros.
Roaa Ahmed contribuyó a este reportaje.
15 de enero de 2005
17 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Mosul, Iraq. Una mañana hace poco un columna de vehículos blindados trajo aquí a soldados norteamericanos y albaneses para controlar el campo de aviación de Mosul.Pocas horas después, llegaron en un enjambre de helicópteros el embajador norteamericano John D. Negroponte y los más importantes jefes militares norteamericanos el general George W. Casey y el teniente general Thomas Metz para reunirse con funcionarios electorales iraquíes. Las presentaciones no tomaron mucho tiempo. La comisión que supervisa las elecciones en la tercera ciudad de Iraq se compone de dos personas.
Aunque los funcionarios norteamericanos insisten en que las elecciones se llevarán a cabo, hay importantes obstáculos por superar antes de la votación del 30 de enero. Mosul, con sus 1.8 millones de habitantes, se ha hecho tan volátil que los soldados norteamericanos que trabajan en proyectos comunitarios ya no tienen contacto con la población local.
En las calles de la ciudad no hay carteles ni octavillas de la campaña electoral, pero algunos panfletos amenazan con decapitar a los que vayan a votar.
Todo el personal de la comisión electoral renunció el mes pasado y el gobierno local tiene dos semanas para reclutar y adiestrar a los 800 empleados que necesita para atender a los colegios electorales en toda la provincia.
"Empezaremos de cero", dijo el mayor Tony Cruz del Batallón Asuntos Civiles 426. Mosul, considerada una ciudad modelo a principios de la ocupación norteamericana, se ha transformado en un importante campo de batalla de los rebeldes que quieren impedir la votación y los funcionarios norteamericanos determinados a que tenga lugar. La credibilidad de las elecciones se vería amenazada si la violencia impide que grandes números de votantes aquí y en la provincia vecina que incluye a Faluya se acerquen a las urnas.
Algunos habitantes ya han declarado que se quedarán en casa el día de las elecciones. "Para ser honesto, mi vida es más importante para mí que las elecciones", dijo Nabil Nurildin, un maestro de 28 años. "El gobierno no es capaz de proteger a los ciudadanos para que puedan votar en los locales de votación".
Los norteamericanos que dirigen 150.000 tropas en Iraq han prometido "acciones agresivas" para asegurar que las elecciones sigan adelante en las dos provincias de "gran importancia": Nineveh, que incluye a Mosul, y Al Anbar, su vecina.
Mosul, ubicada cerca de importantes reservas de petróleo, es la capital de la provincia de Nineveh, que tiene fronteras con Siria.
La ciudad misma está en el límite entre las áreas controladas por los kurdos en el norte y el resto del país, dominado por los árabes. Los musulmanes sunníes constituyen casi la mitad de la población de la ciudad.
Hace poco los insurgentes lanzaron ataques desde mezquitas de Mosul. Tres importantes políticos kurdos fueron asesinados el jueves al ser atacados desde un coche en movimiento, y un soldado norteamericano murió en otro incidente.
La violencia ha escalado desde el asesinato del gobernador de la provincia en julio. Después de una importante batalla en Faluya en noviembre, los jefes norteamericanos dicen que los rebeldes buscaron refugio en Bagdad y en Mosul.
Ese mes hubo revueltas en Mosul, y en sitios claves, incluyendo una comisaría de policía, fueron atacados. Desertaron miles de agentes de la policía iraquí.
En diciembre pasado un terrorista suicida mató a 15 soldados norteamericanos y siete agentes de la policía iraquí en el comedor de una base militar cerca de aquí. El ataque fue el más mortífero hasta el momento contra una instalación norteamericana en Iraq.
Los jefes militares norteamericanos, que han estado tratando de "conquistar los corazones y la mente" aquí, han sufrido un serio revés la semana pasada cuando un avión de guerra estadounidense bombardeó por error una casa en Aitha, a unos 50 kilómetros al sur de Mosul, matando al menos a 14 personas. El incidente dio fuego a sentimientos anti-norteamericanos.
El año pasado, la unidad de asuntos civiles empleó a unos 20 intérpretes de la localidad. Pero después de amenazas de muerte, sólo quedan cinco.
Algunos soldados dicen que los ataques contra ellos han disminuido ligeramente en las últimas dos semanas. En diciembre pasado, militares norteamericanos capturaron a dos personas a los que identificaron como miembros de la red del militante jordano Abu Musab Zarqawi. Los hombres habían estado dirigiendo los atentados en la ciudad, dijeron oficiales militares.
El general de división Carter Ham, comandante del Destacamento Especial Olympia en Mosul, se ha referido a los dos funcionarios locales de la comisión electoral, Khaled Kazer y Ahmed Ali, como la gente más importante en la provincia porque coordinarán la contratación de personal para la votación y supervisarán las elecciones.
En la reunión en el aeropuerto, Kazer y Ali, antiguos soldados en la veintena, hablaron largamente con los generales y funcionarios norteamericanos. A partir de hoy, la prensa local publicará anuncios llamando a votar y anuncios de reclutamiento de empleados para la comisión electoral, dijo Kazer, cuya esposa también participa en el proyecto electoral.
Kazer mostró un folleto con fotocopias de carteles que estaban circulando en Mosul. "Votando mejoras tu futuro", decía uno. Otro declaraba: "Una voz es más rica que el oro".
Cruz, el oficial de asuntos civiles y asesor financiero de West Hills, dijo que muchos habitantes aquí no sabían demasiado sobre la votación, en la que los votantes elegirán a listas de candidatos para un parlamento nacional que a su vez elegirá al presidente y primer ministro.
"Un montón de gente aquí piensa que están votando por un presidente", dijo.
Abdul Wahid Khalil, 25, dijo que no conocía las listas ni los candidatos, pero debido a que los clérigos habían llamado a los chiíes a participar, él votaría incluso "si me cuesta la vida".
Pero Nurildin, un árabe sunní, se mostró escéptico. "Supe algo sobre algunos candidatos a través de los medios en Bagdad, pero no en Mosul, y no creo que haya elecciones en Mosul porque todavía no he visto ningún cartel, panfleto ni siquiera entrevistas, como está pasando en otras provincias".
En noviembre, los rebeldes quemaron materiales para la inscripción de votantes que se guardaban en una bodega. Pero llegarán nuevos suministros, dijo Cruz. "Mosul se ha transformado en el principal proyecto", dijo. "Habrá elecciones".
Duraid Kashmoula, gobernador de Nineveh, calcula que un 50 por ciento de los votantes de Mosul ya se han inscrito, y un 80 por ciento de los votantes de áreas circundantes participarán en las elecciones.
Kazer no es tan optimista, y calcula que la participación será de un 40 y 70 por ciento, respectivamente. Las predicciones, sin embargo, se basan en anécdotas.
"Incluso el gobernador que dice a la gente que todo marcha bien, está prejuiciado", dijo Cruz. "No hay modo de calcular esto".
Un grupo estadounidense, el Instituto Internacional Republicano, ha realizado varios sondeos sobre qué piensan los iraquíes sobre su futuro, pero en su último sondeo excluyeron a Mosul por razones de seguridad.
"Debido a que somos una de las peores provincias, será fácil arrojar la toalla", dijo Cruz. Pero "si las elecciones fracasan, la misión de la coalición habrá fracasado".
Una noche hace poco, hacia las diez, Cruz, Kazer y Ali estaban en un edificio que perteneció alguna vez a Uday Hussein, el hijo de Saddam Hussein. En la mesa había un mapa extendido de la provincia. El trío parecía cansado.
Entonces sonó el celular de Kazer. Era un amigo, diciendo que quería trabajar en la comisión electoral. Kazer sonrió radiante. La comisión tenía ahora tres miembros.
Roaa Ahmed contribuyó a este reportaje.
15 de enero de 2005
17 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
candomblé gana fieles
[Michael Astor] Religión brasileña prohibida en el pasado tiene cada vez más seguidores. Esclavos africanos llevaron a Brasil sus propias religiones, como el candomblé, que incluye sacrificios animales.
Belford Roxo, Brasil. Más allá de las fachadas de las iglesias y terrazas en el arenoso lado norte de Río, donde termina el asfalto y empiezan los caminos de tierra, Brasil se transforma en a África.
El sonido de los atabaques', o tambores africanos, se eleva en el aire de la noche desde una casa de ladrillos ilegal, y un tenor canta a todo pulmón invocaciones en la antigua lengua yoruba de Nigeria.
Dentro, niños algo aburridos juegan tranquilos mientras las mujeres con faldas desordenadas bailan en círculo, cantando para invocar a los orixas, los dioses adorados por sus ancestros africanos.
Este es el candomblé, una religión que en el pasado estuvo prohibida en Brasil y que ahora gana aceptación pública, superando una competencia feroz y a veces violenta.
Llevada a Brasil por esclavos africanos, religiones como el candomblé, tambor de mina, batuque y umbanda se han practicado durante mucho tiempo en secreto, con sus deidades disfrazadas de santos católicos. La diosa del mar Imanya, por ejempo, se transformó en la Virgen María.
Incluso después de que se aboliera la esclavitud en 1888, el candomblé siguió siendo considerado primitivo, si no blasfemo -terreno de los pobres y desposeídos.
Ahora las religiones afro-brasileñas están floreciendo en todo Brasil, incluso entre la clase media. "El candomblé sigue creciendo porque la gente está buscando apoyo espiritual. Están siempre yendo de iglesia en iglesia, pero cuando se ponen serios con el candomblé, se transforma en un asunto de la familia", dice la Madre Eliana, que dirige unos 4.000 terreiros', o templos candomblé en Río.
"Se están abriendo nuevos terreiros. Es imposible llevar la cuenta de todos", dijo Ricardo Oliveira de Freitas, un investigador asociado al Instituto Superior de Estudios Religiosos, un laboratorio ideológico de Río.
La oposición más fuerte proviene de las iglesias evangélicas, que también están creciendo rápidamente en el tradicionalmente católico Brasil.
Desde los años ochenta, los evangélicos han atacado físicamente los terreiros, lanzándoles piedras y realizando ruidosas protestas a las puertas de los templos.
Los predicadores los reprueban, especialmente su sacrificios rituales de animales de granja, calificándoles de obras del demonio.
Los sacrificios de animales son difíciles de ignorar.
Las ofrendas de sangre y de partes del cuerpo de los animales se ven normalmente en las esquinas de la calle. Algunos creen que los ataques de los evangélicos han fortalecido el candomblé.
En 2002, los seguidores del candomblé ganaron dos juicios por difamación contra la Iglesia Universal del Reino de Dios, que publicó fotos de ellos en su diarios diciendo que estaban poseídos por el demonio.
"Con los juicios, los seguidores del candomblé empezaron a descubrir que tienen derechos garantizados por la Constitución. Este fue un poderoso mensaje al pueblo, que durante años tuvo que disfrazar su religión", dijo José Marmo da Silva de Ato Ire, un grupo que trabaja distribuyendo información sanitaria en los terreiros.
El antropólogo Raúl Ludy, autor de libros sobre el candomblé, dice que los evangélicos han cambiado de tácticas: "En lugar de atacar el candomblé, algunas iglesias están incorporando algunos elementos del culto en sus servicios -no los rituales complejos, pero sí elementos que son familiares para los que se han criado en la religión".
Freitas, investigador, dice que los centros de candomblé tienen un atractivo social del que carecen muchas iglesias.
"En los terreiros la gente come, coquetea y corteja. Es una religión que celebra la vida", dijo. No tienen problemas en aceptar a los homosexuales, las prostitutas y otros que son marginados por las iglesias más importantes.
Brasil se ha presentado durante mucho tiempo como una sociedad multicultural, pero en los últimos años se ha dado cuenta de la mitad de piel más clara de la población de 182 millones de habitantes controla la mayor parte de la riqueza y poder de la nación.
En la década pasada el movimiento de derechos civiles para los negros ha estado exigiendo beneficios tales como cuotas raciales en las universidades, contratos, empleo y en la televisión y en roles de películas.
Silva dijo que muchos terreiros desempeñan una función, sirviendo como centros de la conciencia negra donde la gente se informa sobre salud, educación y derechos civiles.
Pero algunos se preocupan de que la creciente popularidad del candomblé lo distancie de sus raíces. "Un montón de gente sigue una clase y se declaran maestros", dice la Madre Eliana.
"Pero abrir un terreiro es una obligación seria. Hacemos un montón de cosas, como sacrificios de animales y escarificaciones rituales, que asustan a la gente. Tenemos que preparar a la gente para que entiendan por qué lo hacemos".
2 de enero de 2005
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Belford Roxo, Brasil. Más allá de las fachadas de las iglesias y terrazas en el arenoso lado norte de Río, donde termina el asfalto y empiezan los caminos de tierra, Brasil se transforma en a África.El sonido de los atabaques', o tambores africanos, se eleva en el aire de la noche desde una casa de ladrillos ilegal, y un tenor canta a todo pulmón invocaciones en la antigua lengua yoruba de Nigeria.
Dentro, niños algo aburridos juegan tranquilos mientras las mujeres con faldas desordenadas bailan en círculo, cantando para invocar a los orixas, los dioses adorados por sus ancestros africanos.
Este es el candomblé, una religión que en el pasado estuvo prohibida en Brasil y que ahora gana aceptación pública, superando una competencia feroz y a veces violenta.
Llevada a Brasil por esclavos africanos, religiones como el candomblé, tambor de mina, batuque y umbanda se han practicado durante mucho tiempo en secreto, con sus deidades disfrazadas de santos católicos. La diosa del mar Imanya, por ejempo, se transformó en la Virgen María.
Incluso después de que se aboliera la esclavitud en 1888, el candomblé siguió siendo considerado primitivo, si no blasfemo -terreno de los pobres y desposeídos.
Ahora las religiones afro-brasileñas están floreciendo en todo Brasil, incluso entre la clase media. "El candomblé sigue creciendo porque la gente está buscando apoyo espiritual. Están siempre yendo de iglesia en iglesia, pero cuando se ponen serios con el candomblé, se transforma en un asunto de la familia", dice la Madre Eliana, que dirige unos 4.000 terreiros', o templos candomblé en Río.
"Se están abriendo nuevos terreiros. Es imposible llevar la cuenta de todos", dijo Ricardo Oliveira de Freitas, un investigador asociado al Instituto Superior de Estudios Religiosos, un laboratorio ideológico de Río.
La oposición más fuerte proviene de las iglesias evangélicas, que también están creciendo rápidamente en el tradicionalmente católico Brasil.
Desde los años ochenta, los evangélicos han atacado físicamente los terreiros, lanzándoles piedras y realizando ruidosas protestas a las puertas de los templos.
Los predicadores los reprueban, especialmente su sacrificios rituales de animales de granja, calificándoles de obras del demonio.
Los sacrificios de animales son difíciles de ignorar.
Las ofrendas de sangre y de partes del cuerpo de los animales se ven normalmente en las esquinas de la calle. Algunos creen que los ataques de los evangélicos han fortalecido el candomblé.
En 2002, los seguidores del candomblé ganaron dos juicios por difamación contra la Iglesia Universal del Reino de Dios, que publicó fotos de ellos en su diarios diciendo que estaban poseídos por el demonio.
"Con los juicios, los seguidores del candomblé empezaron a descubrir que tienen derechos garantizados por la Constitución. Este fue un poderoso mensaje al pueblo, que durante años tuvo que disfrazar su religión", dijo José Marmo da Silva de Ato Ire, un grupo que trabaja distribuyendo información sanitaria en los terreiros.
El antropólogo Raúl Ludy, autor de libros sobre el candomblé, dice que los evangélicos han cambiado de tácticas: "En lugar de atacar el candomblé, algunas iglesias están incorporando algunos elementos del culto en sus servicios -no los rituales complejos, pero sí elementos que son familiares para los que se han criado en la religión".
Freitas, investigador, dice que los centros de candomblé tienen un atractivo social del que carecen muchas iglesias.
"En los terreiros la gente come, coquetea y corteja. Es una religión que celebra la vida", dijo. No tienen problemas en aceptar a los homosexuales, las prostitutas y otros que son marginados por las iglesias más importantes.
Brasil se ha presentado durante mucho tiempo como una sociedad multicultural, pero en los últimos años se ha dado cuenta de la mitad de piel más clara de la población de 182 millones de habitantes controla la mayor parte de la riqueza y poder de la nación.
En la década pasada el movimiento de derechos civiles para los negros ha estado exigiendo beneficios tales como cuotas raciales en las universidades, contratos, empleo y en la televisión y en roles de películas.
Silva dijo que muchos terreiros desempeñan una función, sirviendo como centros de la conciencia negra donde la gente se informa sobre salud, educación y derechos civiles.
Pero algunos se preocupan de que la creciente popularidad del candomblé lo distancie de sus raíces. "Un montón de gente sigue una clase y se declaran maestros", dice la Madre Eliana.
"Pero abrir un terreiro es una obligación seria. Hacemos un montón de cosas, como sacrificios de animales y escarificaciones rituales, que asustan a la gente. Tenemos que preparar a la gente para que entiendan por qué lo hacemos".
2 de enero de 2005
16 de enero de 2005
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candomblé gana fieles
[Michael Astor] Religión brasileña prohibida en el pasado tiene cada vez más seguidores. Esclavos africanos llevaron a Brasil sus propias religiones, como el candomblé, que incluye sacrificios animales.
Belford Roxo, Brasil. Más allá de las fachadas de las iglesias y terrazas en el arenoso lado norte de Río, donde termina el asfalto y empiezan los caminos de tierra, Brasil se transforma en a África.
El sonido de los atabaques', o tambores africanos, se eleva en el aire de la noche desde una casa de ladrillos ilegal, y un tenor canta a todo pulmón invocaciones en la antigua lengua yoruba de Nigeria.
Dentro, niños algo aburridos juegan tranquilos mientras las mujeres con faldas desordenadas bailan en círculo, cantando para invocar a los orixas, los dioses adorados por sus ancestros africanos.
Este es el candomblé, una religión que en el pasado estuvo prohibida en Brasil y que ahora gana aceptación pública, superando una competencia feroz y a veces violenta.
Llevada a Brasil por esclavos africanos, religiones como el candomblé, tambor de mina, batuque y umbanda se han practicado durante mucho tiempo en secreto, con sus deidades disfrazadas de santos católicos. La diosa del mar Imanya, por ejempo, se transformó en la Virgen María.
Incluso después de que se aboliera la esclavitud en 1888, el candomblé siguió siendo considerado primitivo, si no blasfemo -terreno de los pobres y desposeídos.
Ahora las religiones afro-brasileñas están floreciendo en todo Brasil, incluso entre la clase media. "El candomblé sigue creciendo porque la gente está buscando apoyo espiritual. Están siempre yendo de iglesia en iglesia, pero cuando se ponen serios con el candomblé, se transforma en un asunto de la familia", dice la Madre Eliana, que dirige unos 4.000 terreiros', o templos candomblé en Río.
"Se están abriendo nuevos terreiros. Es imposible llevar la cuenta de todos", dijo Ricardo Oliveira de Freitas, un investigador asociado al Instituto Superior de Estudios Religiosos, un laboratorio ideológico de Río.
La oposición más fuerte proviene de las iglesias evangélicas, que también están creciendo rápidamente en el tradicionalmente católico Brasil.
Desde los años ochenta, los evangélicos han atacado físicamente los terreiros, lanzándoles piedras y realizando ruidosas protestas a las puertas de los templos.
Los predicadores los reprueban, especialmente su sacrificios rituales de animales de granja, calificándoles de obras del demonio.
Los sacrificios de animales son difíciles de ignorar.
Las ofrendas de sangre y de partes del cuerpo de los animales se ven normalmente en las esquinas de la calle. Algunos creen que los ataques de los evangélicos han fortalecido el candomblé.
En 2002, los seguidores del candomblé ganaron dos juicios por difamación contra la Iglesia Universal del Reino de Dios, que publicó fotos de ellos en su diarios diciendo que estaban poseídos por el demonio.
"Con los juicios, los seguidores del candomblé empezaron a descubrir que tienen derechos garantizados por la Constitución. Este fue un poderoso mensaje al pueblo, que durante años tuvo que disfrazar su religión", dijo José Marmo da Silva de Ato Ire, un grupo que trabaja distribuyendo información sanitaria en los terreiros.
El antropólogo Raúl Ludy, autor de libros sobre el candomblé, dice que los evangélicos han cambiado de tácticas: "En lugar de atacar el candomblé, algunas iglesias están incorporando algunos elementos del culto en sus servicios -no los rituales complejos, pero sí elementos que son familiares para los que se han criado en la religión".
Freitas, investigador, dice que los centros de candomblé tienen un atractivo social del que carecen muchas iglesias.
"En los terreiros la gente come, coquetea y corteja. Es una religión que celebra la vida", dijo. No tienen problemas en aceptar a los homosexuales, las prostitutas y otros que son marginados por las iglesias más importantes.
Brasil se ha presentado durante mucho tiempo como una sociedad multicultural, pero en los últimos años se ha dado cuenta de la mitad de piel más clara de la población de 182 millones de habitantes controla la mayor parte de la riqueza y poder de la nación.
En la década pasada el movimiento de derechos civiles para los negros ha estado exigiendo beneficios tales como cuotas raciales en las universidades, contratos, empleo y en la televisión y en roles de películas.
Silva dijo que muchos terreiros desempeñan una función, sirviendo como centros de la conciencia negra donde la gente se informa sobre salud, educación y derechos civiles.
Pero algunos se preocupan de que la creciente popularidad del candomblé lo distancie de sus raíces. "Un montón de gente sigue una clase y se declaran maestros", dice la Madre Eliana.
"Pero abrir un terreiro es una obligación seria. Hacemos un montón de cosas, como sacrificios de animales y escarificaciones rituales, que asustan a la gente. Tenemos que preparar a la gente para que entiendan por qué lo hacemos".
2 de enero de 2005
16 de enero de 2005
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Belford Roxo, Brasil. Más allá de las fachadas de las iglesias y terrazas en el arenoso lado norte de Río, donde termina el asfalto y empiezan los caminos de tierra, Brasil se transforma en a África.El sonido de los atabaques', o tambores africanos, se eleva en el aire de la noche desde una casa de ladrillos ilegal, y un tenor canta a todo pulmón invocaciones en la antigua lengua yoruba de Nigeria.
Dentro, niños algo aburridos juegan tranquilos mientras las mujeres con faldas desordenadas bailan en círculo, cantando para invocar a los orixas, los dioses adorados por sus ancestros africanos.
Este es el candomblé, una religión que en el pasado estuvo prohibida en Brasil y que ahora gana aceptación pública, superando una competencia feroz y a veces violenta.
Llevada a Brasil por esclavos africanos, religiones como el candomblé, tambor de mina, batuque y umbanda se han practicado durante mucho tiempo en secreto, con sus deidades disfrazadas de santos católicos. La diosa del mar Imanya, por ejempo, se transformó en la Virgen María.
Incluso después de que se aboliera la esclavitud en 1888, el candomblé siguió siendo considerado primitivo, si no blasfemo -terreno de los pobres y desposeídos.
Ahora las religiones afro-brasileñas están floreciendo en todo Brasil, incluso entre la clase media. "El candomblé sigue creciendo porque la gente está buscando apoyo espiritual. Están siempre yendo de iglesia en iglesia, pero cuando se ponen serios con el candomblé, se transforma en un asunto de la familia", dice la Madre Eliana, que dirige unos 4.000 terreiros', o templos candomblé en Río.
"Se están abriendo nuevos terreiros. Es imposible llevar la cuenta de todos", dijo Ricardo Oliveira de Freitas, un investigador asociado al Instituto Superior de Estudios Religiosos, un laboratorio ideológico de Río.
La oposición más fuerte proviene de las iglesias evangélicas, que también están creciendo rápidamente en el tradicionalmente católico Brasil.
Desde los años ochenta, los evangélicos han atacado físicamente los terreiros, lanzándoles piedras y realizando ruidosas protestas a las puertas de los templos.
Los predicadores los reprueban, especialmente su sacrificios rituales de animales de granja, calificándoles de obras del demonio.
Los sacrificios de animales son difíciles de ignorar.
Las ofrendas de sangre y de partes del cuerpo de los animales se ven normalmente en las esquinas de la calle. Algunos creen que los ataques de los evangélicos han fortalecido el candomblé.
En 2002, los seguidores del candomblé ganaron dos juicios por difamación contra la Iglesia Universal del Reino de Dios, que publicó fotos de ellos en su diarios diciendo que estaban poseídos por el demonio.
"Con los juicios, los seguidores del candomblé empezaron a descubrir que tienen derechos garantizados por la Constitución. Este fue un poderoso mensaje al pueblo, que durante años tuvo que disfrazar su religión", dijo José Marmo da Silva de Ato Ire, un grupo que trabaja distribuyendo información sanitaria en los terreiros.
El antropólogo Raúl Ludy, autor de libros sobre el candomblé, dice que los evangélicos han cambiado de tácticas: "En lugar de atacar el candomblé, algunas iglesias están incorporando algunos elementos del culto en sus servicios -no los rituales complejos, pero sí elementos que son familiares para los que se han criado en la religión".
Freitas, investigador, dice que los centros de candomblé tienen un atractivo social del que carecen muchas iglesias.
"En los terreiros la gente come, coquetea y corteja. Es una religión que celebra la vida", dijo. No tienen problemas en aceptar a los homosexuales, las prostitutas y otros que son marginados por las iglesias más importantes.
Brasil se ha presentado durante mucho tiempo como una sociedad multicultural, pero en los últimos años se ha dado cuenta de la mitad de piel más clara de la población de 182 millones de habitantes controla la mayor parte de la riqueza y poder de la nación.
En la década pasada el movimiento de derechos civiles para los negros ha estado exigiendo beneficios tales como cuotas raciales en las universidades, contratos, empleo y en la televisión y en roles de películas.
Silva dijo que muchos terreiros desempeñan una función, sirviendo como centros de la conciencia negra donde la gente se informa sobre salud, educación y derechos civiles.
Pero algunos se preocupan de que la creciente popularidad del candomblé lo distancie de sus raíces. "Un montón de gente sigue una clase y se declaran maestros", dice la Madre Eliana.
"Pero abrir un terreiro es una obligación seria. Hacemos un montón de cosas, como sacrificios de animales y escarificaciones rituales, que asustan a la gente. Tenemos que preparar a la gente para que entiendan por qué lo hacemos".
2 de enero de 2005
16 de enero de 2005
©los angeles times
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áfrica y sus niños 2
[John Donnelly] Bidemi perdió a su madre y huyó de su padre. Hoy dirige una pandilla de niñas, huérfanas y escapadas, sableándose la vida en una villa miseria de Nigeria.
Playa de Kuramo, Nigeria. No era más que una casucha de cartón y bambú.
Pero para Bidemi Ademibo, 12, era todo. Durante más de dos meses, la casucha había sido un hogar para ella y otras ocho niñas. Algunas de ellas, como Bidemi, se habían escapado de casa. Otras eran huérfanas. Otras habían escapado de la esclavitud. Todas vivían por su cuenta.
Una mañana hace un año en esta villa miseria en la playa en los lindes sureños de Lagos, las nueve niñas miraban apáticas los restos de la casucha, palos carbonizados y los humeantes montones de cenizas. La noche anterior, una pandilla de hombres jóvenes habían echado gasolina sobre la casucha y encendido fuego. Las niñas despertaron con el calor y el humo, y se hicieron camino hacia la puerta, trepando unas sobre otras. Gritaron de miedo, sólo para ser silenciadas por los golpes de los hombres que esperaban fuera. Más tarde, las niñas se enteraron de que la pandilla estaba peleando con el dueño de la casucha por el control de la playa de Kuramo, y ellas eran simplemente un estorbo.
"Así piensa la gente aquí", dijo Bidemi, cuando sacaba espuma de un cojín quemado. "Todos sólo piensan en sí mismos, y en nadie más".
Bajo un cielo de un azul profundo, con el oleaje rugiendo en sus oídos, Bidemi y sus amigas entierran los dedos de los pies en la arena tibia. No saben dónde ir.
El motivo de la pelea no les interesa. Su casa ya no existe, y ellas están a la deriva. Otra vez.
Niñas como Bidemi son una vista inevitable en África, desde Senegal a Somalia, desde Egipto a Sudáfrica.
Una pobreza cada vez más aguda está llevando a muchas familias a echar a sus hijos a la calle a ganarse unos centavos por día. Las guerras y las enfermedades -el sida, en particular- han casi duplicado el número de huérfanos en el continente, de 3.5 millones en 1990 a casi 6 millones en 2001, y más millones hoy. Mientras que en el pasado estos huérfanos, abandonados y escapados habrían sido recogidos por familias extendidas, tribus y aldeas, la enorme cantidad de ellos ha barrido con esta tradición compasiva.
Y deben sobrevivir por sí mismos.
El año pasado, un reportero y un fotógrafo de Globe viajaron entre estos niños sobrevivientes y apuntaron sus historias: Niñas que no piensan dos veces en los peligros de vender sus cuerpos para pagarse una comida, y niñas que lo arriesgan todo por negarse a hacerlo. Un amable niño que confesó haber matado a otros niños para salvar su propia vida, y ahora se pregunta si acaso Dios le perdonará. Y una niña que perdió a sus dos padres, sólo para transformarse en la madre de sus hermanos menores y tener a cargo a su abuela -una matriarca, a los doce años.
Algunos de estos niños ruegan que algún adulto les ayude. Otros se aferran a su libertad.
Una niña menuda con sólo un ojo bueno, su izquierdo, está siempre al quite, mirando a su alrededor, atenta a la próxima oportunidad, y al próximo peligro.
Con el pelo corto, la pinta favorita de Bidemi es la camiseta sin mangas y pantalones bombachos o faldas sueltas; y a diferencia de muchas de sus amiguitas, rara vez se coloca pendientes. Muestra los primeros signos de que se está transformando en una mujer, y parece sentirse cómoda en la brecha entre la niñez y la adultez. Es tan popular con niñas de 10 como con jóvenes de 18.
Tiene algo especial, algo joven y frágil, y extrañamente indestructible. Su madurez, confianza en sí misma y conocimiento de la calle le ha ganado un séquito de seguidoras. Capta a la gente con sólo mirarla.
Pero aunque no le guste admitirlo, Bidemi es vulnerable. Se le nota a veces, cuando pone mala cara, o cuando alguien se burla de ella y la llama "tuerta", y ella se echa a llorar.
La playa de Kuramo, su mundo, es un estrecho tramo de arena, de sólo 120 metros de largo, atiborrada de gente que busca cualquier ventaja, por pequeña que sea. Aquí, Bidemi, con su magnética sonrisa, llama la atención. Las otras niñas, especialmente las de su edad, la ven como su confidente, su prestamista. La han visto librarse de casi todo. Y cuando fracasa, tiene el inexplicable don de escabullirse de las garras de los adultos que la han sorprendido en una mentira, o en algo peor.
Esta villa miseria es menos una comunidad que una colección de gente que tuvo problemas en otra parte y anda a la búsqueda de una nueva oportunidad en Lagos, una ciudad turbia y caótica de millones de habitantes que es el motor económico de Nigeria. La villa miseria de la playa en la de otro modo exclusiva Isla Victoria, a ocho kilómetros del centro de la ciudad, son realmente cinco aldeas conectadas con una población total de unas 15.000 personas. Ha sido un asentamiento ilegal por más de una generación, pero las autoridades no lo han demolido, en parte por temor a provocar disturbios.
No hay agua potable; los vendedores ambulantes la acarrean desde tierra firme y la venden a altos precios. No hay instalaciones sanitarias; una bahía que separa la faja de playa de la Isla Victoria es el retrete del pueblo. Y tampoco hay electricidad, aunque algunos se han colgado ilegalmente al tendido de la ciudad, conectando cables hacia sus casas.
Algunos en Kuramo sobreviven vendiendo pescado, que pescan en un canal contaminado en las cercanías o en el mar. Otros tienen pequeños negocios en sus casuchas. Pero la mayoría de las mujeres aquí venden su cuerpo para sobrevivir.
La buena vida está exasperantemente cerca, tan cerca que la pueden ver y oír -pero sin vivir en ella. Al otro lado de la bahía se ubican los hoteles más caros de África, donde una habitación corriente cuesta 320 dólares la noche, más que el salario anual de casi todos los que viven en Kuramo.
Un Niña Escapa de su Casa
Bidemi, ahora de 13, nació en un hospital justo al lado de la playa el 17 de enero de 1991. Su padre dijo que pesaba unos saludables 3 kilos y medio.
Su madre los abandonó cuando Bidemi tenía apenas 4 años; nunca le dijeron por qué ni adónde se había marchado, sólo que estaba en algún lugar de Lagos. Su padre, Ademibo Ogunyamoju, 46, no habla de su esposa, excepto para decir que es el demonio.
Ogunyamoju se volvió a casar poco después, y su segunda esposa y sus tres hijos viven en una desvencijada casucha sobre pilotes en la playa de Kuramo. Es una de las edificaciones más grandes de la aldea. Cuando Bidemi cumplió seis años, su padre la ponía a trabajar cuando no estaba en la escuela. Se dio cuenta de que era rápida con las matemáticas y la preparó para manejar sus múltiples negocios. Manejaba expertamente las cuentas de la venta de pescado, agua y licores, y de la recarga de baterías para motores. Durante sus ausencias, no era raro que ella manejara sumas de más de 50 dólares.
"Hice lo que pude por criarla", dijo su padre una tarde cuando reparaba una red de pesca. "Manejaba todo mi dinero, desde que era chica. Nunca sufrió conmigo. Le di un cuarto, la alimentaba, la envié a la escuela".
El padre, dijeron varios habitantes de la aldea, a menudo la castigaba duramente, a Bidemi y a su hermano mayor, Sunday, ahora de 21. La gente aquí tiene una alta resistencia a la violencia; no es raro en la aldea de la playa que las peleas terminen en los senderos de arena. Pero las golpizas de Ogunyamouju, cuando eran observadas por los vecinos, eran especialmente crueles.
"Tiene muy mal carácter", dijo Ade Alongo, 50, uno de los líderes del barrio. "Les pegaba con cualquier cosa que encontraba a la mano".
A veces, dijo Bidemi, su padre la golpeaba por las faltas más insignificantes. En otras ocasiones, admite, le robó dinero para comprar ropa o comida. Durante una paliza en 2001, dijo, la hebilla de su cinturón le dió en su ojo derecho, causándole una grotesca inflamación. Cuando finalmente logró abrirlo, ya no podía ver con él, dijo.
"Yo tenía diez años y mi padre y mi madrasta estaban buscando algo que era de uno de sus hijos y no lo podían encontrar", dijo, hablando en yoruba, la lengua dominante en esta parte de Nigeria. "Me acusaron de haberlo robado, y mi padre empezó a pegarme con el cinturón. Después de unos días mi ojo se había hinchado mucho, y me llevaron a un hospital. Querían operarme, pero mi padre se opuso".
En septiembre de 2003, después de terminar el quinto en la escuela primaria cerca de la playa, Bidemi se escapó de casa después de haber gastado unas 1.000 naira, el equivalente des 7 dólares con 25 centavos, del dinero de su padre, para comprarse dos blusas. Tenía miedo de que la golpeara.
Pero no llegó demasiado lejos. Terminó apenas a 150 metros de la casa de su padre, viviendo en un escondite con una pandilla de niñas. El padre dijo que durante las primeras semanas salió a buscarla todos los días, pero luego lo abandonó.
Niega haber golpeado a sus hijos y dijo que Bidemi había perdido la vista cuando fue atropellada por una motocicleta.
"¡Es una mentirosa!", gritó. "Nunca la he golpeado, nunca la he amenazado de ninguna manera".
Ogunyamoju se puso de mal humor. "Creo que la libertad que le di es lo que hizo que se descarriara. Se puso mala. Si la dejara vivir conmigo, me mataría. Fue mala desde el día mismo que nació. La traidora ataca a su propio padre".
No deja que ella se acerque a su casa, aunque dijo que le pagaría la matrícula escolar, que cuesta el equivalente de 120 dólares al año. Bidemi tampoco se acercaría a casa, ni aunque pudiera; le gusta demasiado su nueva independencia.
"A su edad, una niña que no pasa hambre, que no le falta nada, ¿qué hace para ganarse la vida? ¿A su edad? Pregúntele".
Se volvió hacia su red.
Con una Banda de Escapadas
En Kuramo, la pandilla de Bidemi cambia constantemente.
Seis meses después de que la casucha desapareciera entre las llamas, una niña volvió con su familia y otras tres se marcharon sin decir dónde. Pero varias otras niñas nuevas se han acercado.
Todavía andan juntas por la playa, a menudo haciendo el recorrido de varios restaurantes marítimos al aire libre con nombres como De Genius' y Black Ebony Spot'. Pero Bidemi extraña a sus viejas amigas.
"Éramos tan felices cuando jugábamos juntas", dijo. "La gente no nos molestaba. Nadie nos pegaba".
Bidemo y Sarah Olatunde, 12, estaban ahora durmiendo en lo que parece una videoteca. Tiene un piso de arena, un televisor en mal estado, y 60 videos, muchos de ellos hechos de películas de Nollywood', hechas en Nigeria. El dueño, Lati Ganiu, 25, uno de los matones de Kuramo, permite que varias de las niñas vagabundas alojen en su tienda por la noche. A veces duermen ahí más de una docena de niñas.
Ganiu, cuya esposa y dos hijos viven en otro lugar de Lagos, tenía una novia de 18 años de la playa llamada Amuda Idris. La ronca joven dijo que había escapado hace ocho meses de una familia que la había comprado a su padre y luego obligado a vender cosas en la calle. Idris dijo que soñaba con que Ganiu se casara algún día con ella. Por sugerencia de Ganiu, había tomado a Bidemi bajo su custodia.
Ganiu dijo que Bidemi lo impresionó desde el principio. "Es muy, muy obediente y trabajadora", y podía hacer cálculos matemáticos sin usar los dedos, dijo. "Es muy inteligente, de verdad".
Dijo también que era humilde, sin las bravatas de muchas niñas de la playa.
Bidemi se quedaba a menudo en la choza de Ganiu porque se preocupaba de que la tienda no estaba segura. En varias ocasiones habían entrado chicos en la noche, dijo, y habían tratado de quitarle la ropa.
A veces Ganiu le da de comer, pero Bidemi dijo que la mayoría de las veces mendiga dinero a los extranjeros y nigerianos ricos en un centro comercial en las cercanías y en torno a los restaurantes en la playa. A diferencia de otras muchas niñas, dijo, no hace contactos', o sexo, a cambio de dinero. "Nunca", dijo.
Dijo que todavía quiere ir a la escuela, y quedarse ahí varios años. "Quiero ser médico", dijo.
Durante un tiempo, la pandilla de Bidemi, cuyos miembros tienen entre 11 y 16 años, asistieron a una escuela en la playa gestionado por una iglesia local. Pero la iglesia había cerrado la escuela, y nadie sabía cuándo volverían a abrir.
Sin escuela, las niñas quedaron a la deriva. No había trabajo para ellas, en o fuera de la playa. Así que gorroneaban pequeñas sumas de dinero, la mayor parte de las veces a hombres o niños que conocían, y en raras ocasiones a parientes que vivían en las cercanías. Todo el dinero que obtenían lo gastaban de inmediato en galletas o en refrescos en alguna de las numerosas tiendas de Kuramo. Comida para una significaba comida para todas. Entre las niñas una norma ética no formulada es que el alimento se comparte.
Cuando satisfacían su hambre, y cuando no, el océano les hacía volver a ser niñas.
Tarde una noche, Bidemi e Idris llevaron a un grupo de 14 niñas y niños cerca de rompen las olas. La playa estaba llena de basura y magníficas cáscaras de naranja. Jugaron a la rayuela, bailaron, cantaron, y a una señal de Bidemi, corrieron a toda velocidad hacia el mar. Al principio se volvían cuando el agua les llegaba a las rodillas, pero una de ellas se agachó y una enorme ola le rompió encima. Chillaron de risa y pronto estaban todos en el oleaje, con el cuerpo batido por el agua espumosa.
"Es delicioso", dijo Bidemi al salir, una hora más tarde, empapada.
Pero, en el corto tiempo que toma a las niñas secarse, el ánimo puede pasar de la alegría al peligro en los calientes y arenosos pasillos de Kuramo, a 30 metros de ahí. Las mujeres, dijeron las niñas, a menudo las acosan y amenazan con pegarles a menos que les laven la ropa y les den dinero. Las peleas son habituales. Y los hombres les exigían sexo. Y los ladrones.
Un día Kuramo estalló de rabia. En un callejón, en un lapso de apenas 15 minutos, una vendedora de tomates de 8 años atacó a un niño dos veces mayor después de que él le birlara un tomate de su bandeja, y no dejó de arañarlo sino hasta que le arrancó su camiseta blanca. A unos pocos metros dos hombres se daban empujones y patadas y se arañaban, y terminaron cayendo contra una casucha, que casi echaron abajo. En una puerta, la sangre corría de un enorme tajo en la mano derecha de una de las amigas de Bidemi, una niña de 16 llamada Tawa Zubair, que dijo que un barbero la había cortado accidentalmente.
Pero lo que llamó la atención de los vecinos curtidos por la violencia, fue la vista de Ganiu, desnudo hasta la cintura, preparándose para dar de latigazos a dos niñas con un largo cable eléctrico blanco.
"¡Párenlo, párenlo!", gritó Sarah Olatunde, una de las mejores amigas de Bidemi, encogida de miedo y arrodillada debajo del cable levantado.
Bidemi se asomó a mirar la escena desde la videoteca.
La gente formó un círculo en torno a Ganiu y Sarah como espectadores en una pelea de gladiadores.
"¡Whack!", sonó el cable sobre la espalda de Sarah. Ganiu volvió a levantar el látigo. "¡Whack!" El sudor le corría por el torso.
"Nunca", gritó por sobre la multitud que murmuraba, golpeándola de nuevo. "¡Nunca vuelvas a hacer eso!"
Sarah se arrastró entre la multitud y se refugió detrás de unas piernas, como lo haría un perro. Ganiu cogió a la segunda niña, otra amiga de Bidemi, y la golpeó con igual ferocidad. La niña escapó, llorando.
Ganiu dijo que las dos habían llevado a otras niñas a la casucha la noche anterior, y ellas habían recibido a unos hombres para tener sexo a cambio de dinero.
"Yo los vi, y no voy a permitir que vuelva a ocurrir", dijo, jadeando pesadamente. "Lo que necesitan estas niñas es ir a la escuela, o trabajar. O simplemente marcharse de aquí".
Entonces arrojó el cable eléctrico a su tienda de videos.
Un Doctor Trata de Ayudar
La indignación de Ganiu no se extendió a Bidemi. Y él no era el único en ver en ella una promesa.
El doctor Job Ailuogwemhe, 35, médico e investigador afiliado a la Facultad de Salud Pública de Harvard, también se quedó intrigado. La conoció un día cuando controlaba la construcción de una clínica sanitaria en Kuramo, donde Harvard quiere trabajar para impedir la propagación del sida.
Ailuogwmhe, nigeriano, examinó detenidamente su ojo y dijo que conocía a un doctor en el Hospital Central de Lagos que podría tratarla. Le fijó una cita para el día siguiente. Bidemi, acompañada por su amiga Idris, estaba tranquila cuando el coche entró al hospital, a unos 10 minutos de la playa. Sólo una vez antes se había aventurado tan lejos de Kuramo, y fue sólo para vender ropa usada en un mercado de Lagos, a 25 minutos de autobús.
"El doctor Job", como es conocido entre sus amigos, la llevó a través de una sala atiborrada de archivos desde el suelo hasta el techo y la presentó a Anthony O. Anyameluna, optometrista. El doctor se volvió hacia Bidemi y abrió su ojo derecho, para examinarla. La lente de su ojo derecho estaba seriamente dañado. "Si sacamos las lentes, y la remplazamos, hay una posibilidad de que pueda volver a ver", dijo. "Pero tenemos que mirarla más de cerca".
La llevó a su despacho. Se transformó en el caso número 11421.
"¿Dónde están tus padres?", le preguntó. Ella no dijo nada. El doctor Job lo hizo por ella. "Fue su papá el que le hizo eso".
"¿La golpearon? Sabes que toda historia tiene dos lados", dijo el optometrista, enfocando la luz en su ojo derecho y cubriendo el izquierdo con un pedazo de papel. "Yo creo que eres una niña terca. Sabes, esto no es Estados Unidos. Aquí a los niños les pegamos. Es disciplina".
Apagó la luz del despacho.
"¿Puedes ver ahora?", preguntó, enfocando la linterna en su ojo derecho. "Toca la linterna".
Bidemi buscó con su brazo derecho. Pero no estuvo ni cerca. Él volvió a encender la luz, y suspiró.
"Los pronósticos son malos, muy malos", dijo el doctor. "Tiene dañada la retina. No puede ver la luz en absoluto. Hay una ligera desviación del ojo hacia la derecha. Un ojo está haciendo el trabajo de dos".
Pero dijo que una operación tendría propósitos cosméticos; si le sacaba las descoloridas lentes azul y blanco, los otros no se darían cuenta de que era ciega del ojo derecho. La operación costaría unos 360 dólares.
Bidemi lloró al salir.
"Yo quiero ver", susurró.
Estoy Dispuesta a Ser Obediente
Un día después de su paliza pública, Sarah Olatunde estaba en un cuarto de la clínica todavía en obras, un popular lugar de reunión de las niñas debido a que les daba privacidad y era fresco. Sarah estaba inquieta.
La niña de 12 años llevaba a menudo el ceño fruncido, como para alejar los problemas. Sentía a menudo que la vida era injusta con ella, y la paliza de Ganiu era la demostración más reciente. Dijo que ninguna de las niñas había tenido sexo esa noche.
Y sin embargo admitió espontáneamente que no era raro que ella, o las otras chicas, se prostituyeran. Dijo que hacía la calle en otras aldeas pobres cercanas, y ganaba 200 nairas por tener sexo con condón, y 400 sin condón -el equivalente de 1 dólar con 44 centavos, y 2 dólares con 88 centavos respectivamente. Prefería sin condón "porque necesito el dinero".
"Todas somos trabajadoras sexuales", dijo, encogiéndose de hombros. También Bidemi era una de ellas, dijo.
Sarah, con un vestido negro ajustado y pendientes en forma de cruces, describió una noche reciente en que Bidemi, ella misma y una tercera niña habían estado con un hombre cerca de la playa. Bidemi había accedido a tener sexo con él, pero cuando el hombre vio a Sarah y a la amiga mirando desde una ventana, la despachó con sólo 60 naira, unos 40 centavos de dólar.
Cuando terminó de contar la historia, Bidemi entró en el cuarto. Sonrió hacia Sarah, pero esta frunció el entrecejo.
Cuando se le dijo lo que había contado Sarah, Bidemi dijo simplemente: "Yo no hago trabajos sexuales".
Sarah rió y empezó a simular burlonamente incredulidad, hasta caerse contra un tabique de madera terciada.
"Bueno", dijo Bidemi, mirándola enfadada, "no quiero hacerlo más. Por eso dije que no lo hacía. Quiero volver a la escuela. Eso es lo que quiero hacer. Pero ¿cómo hacerlo? ¿Cómo hacerlo?"
Salió corriendo de la clínica y entró a un sendero de arena. Sarah y otras dos la siguieron gritando hasta que otros ruidos las silenciaron. Decenas de personas se acercaban a la aldea, pasando frente a la clínica. No estaba claro dónde iban ni por qué. Bidemi cogió a un amigo de la multitud.
"Se llevan a Ibrahim", gritó el amigo.
"¡No!", gritó Bidemi metiéndose en la turba.
Minutos después la multitud volvió a pasar, dirigida por un grupo de jóvenes que llevaban agarrado a un adolescente. El niño sollozaba.
Ganiu se apareció entonces y les obstruyó el paso. Bidemi le suplicó que interviniera y liberara al niño, Ibrahim, que vivía en la playa. Bidemi y sus amigas se reunían a menudo con los niños; Bidemi se sentía muy cerca de él.
Ganiu indicó al grupo de hombres que lo siguieran para hablar. Le contaron que Ibrahim, 14, era su pariente, que se había escapado y habían venido a recogerlo para llevarlo a casa. La familia estaba reclamando a su hijo.
Limpiándose las lágrimas, Bidemi dijo: "Es tan simpático, no quiero que se marche".
"Tiene que marcharse", dijo Nekan Bolade, 20, uno de los hermanos de Ibrahim, el sudor corriéndole por la cara y la espalda.
Ganiu se hizo a un lado. Bidemi no dijo nada cuando Ibrahim pasó de su familia a la de él. Esto no es nuevo en Kuramo. Es una aldea donde hay drama todos los días, y cambios constantes.
Ganiu también quiere marcharse. Dijo que espera marcharse pronto con un amigo a la Costa de Marfil, donde espera encontrar trabajo reparando equipos electrónicos.
Pero ha estado pensando en qué pasaría con Bidemi y las otras niñas si él se marchara. "Para ellas es terrible estar solas", dijo. "Pero tengo que empezar a pensar en mí mismo".
El doctor Job pasó por la villa miseria de la playa un día y se encontró con Bidemi. Ella llevaba una camiseta con las palabras Love Cat' y pantalones acampanados que se arrastraban por la arena.
"No te quiero obligar a nada", le dijo con su profunda voz de barítono. "Pero ¿vas a ir a la escuela? ¿Lo dices en serio?"
Ella miró hacia arriba la imponente figura del doctor, su ojo derecho cerrado. "Estoy lista para ponerme seria con los estudios", dijo. "Estoy dispuesta a ser obediente. Prefiero irme de aquí. Creo que tengo que marcharme".
Parecía triste, y sola. Le temblaba el cuerpo.
"¿Qué te pasa?", preguntó el doctor.
"Tengo hambre", dijo ella. "Tenía algo de comida, pero la compartí con mis amigas. Todas comieron, menos yo".
Job sacudió la cabeza. Y empezó a decir algo.
Pero entonces desde un callejón, una amiga de Bidemi la llamó, en yoruba. Bidemi desapareció con la velocidad de un rayo, corriendo por un sendero de arena.
Se puede escribir al autor: donnelly@globe.com
23 de noviembre de 2004
15 de enero de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Playa de Kuramo, Nigeria. No era más que una casucha de cartón y bambú.Pero para Bidemi Ademibo, 12, era todo. Durante más de dos meses, la casucha había sido un hogar para ella y otras ocho niñas. Algunas de ellas, como Bidemi, se habían escapado de casa. Otras eran huérfanas. Otras habían escapado de la esclavitud. Todas vivían por su cuenta.
Una mañana hace un año en esta villa miseria en la playa en los lindes sureños de Lagos, las nueve niñas miraban apáticas los restos de la casucha, palos carbonizados y los humeantes montones de cenizas. La noche anterior, una pandilla de hombres jóvenes habían echado gasolina sobre la casucha y encendido fuego. Las niñas despertaron con el calor y el humo, y se hicieron camino hacia la puerta, trepando unas sobre otras. Gritaron de miedo, sólo para ser silenciadas por los golpes de los hombres que esperaban fuera. Más tarde, las niñas se enteraron de que la pandilla estaba peleando con el dueño de la casucha por el control de la playa de Kuramo, y ellas eran simplemente un estorbo.
"Así piensa la gente aquí", dijo Bidemi, cuando sacaba espuma de un cojín quemado. "Todos sólo piensan en sí mismos, y en nadie más".
Bajo un cielo de un azul profundo, con el oleaje rugiendo en sus oídos, Bidemi y sus amigas entierran los dedos de los pies en la arena tibia. No saben dónde ir.
El motivo de la pelea no les interesa. Su casa ya no existe, y ellas están a la deriva. Otra vez.
Niñas como Bidemi son una vista inevitable en África, desde Senegal a Somalia, desde Egipto a Sudáfrica.
Una pobreza cada vez más aguda está llevando a muchas familias a echar a sus hijos a la calle a ganarse unos centavos por día. Las guerras y las enfermedades -el sida, en particular- han casi duplicado el número de huérfanos en el continente, de 3.5 millones en 1990 a casi 6 millones en 2001, y más millones hoy. Mientras que en el pasado estos huérfanos, abandonados y escapados habrían sido recogidos por familias extendidas, tribus y aldeas, la enorme cantidad de ellos ha barrido con esta tradición compasiva.
Y deben sobrevivir por sí mismos.
El año pasado, un reportero y un fotógrafo de Globe viajaron entre estos niños sobrevivientes y apuntaron sus historias: Niñas que no piensan dos veces en los peligros de vender sus cuerpos para pagarse una comida, y niñas que lo arriesgan todo por negarse a hacerlo. Un amable niño que confesó haber matado a otros niños para salvar su propia vida, y ahora se pregunta si acaso Dios le perdonará. Y una niña que perdió a sus dos padres, sólo para transformarse en la madre de sus hermanos menores y tener a cargo a su abuela -una matriarca, a los doce años.
Algunos de estos niños ruegan que algún adulto les ayude. Otros se aferran a su libertad.
Una niña menuda con sólo un ojo bueno, su izquierdo, está siempre al quite, mirando a su alrededor, atenta a la próxima oportunidad, y al próximo peligro.
Con el pelo corto, la pinta favorita de Bidemi es la camiseta sin mangas y pantalones bombachos o faldas sueltas; y a diferencia de muchas de sus amiguitas, rara vez se coloca pendientes. Muestra los primeros signos de que se está transformando en una mujer, y parece sentirse cómoda en la brecha entre la niñez y la adultez. Es tan popular con niñas de 10 como con jóvenes de 18.
Tiene algo especial, algo joven y frágil, y extrañamente indestructible. Su madurez, confianza en sí misma y conocimiento de la calle le ha ganado un séquito de seguidoras. Capta a la gente con sólo mirarla.
Pero aunque no le guste admitirlo, Bidemi es vulnerable. Se le nota a veces, cuando pone mala cara, o cuando alguien se burla de ella y la llama "tuerta", y ella se echa a llorar.
La playa de Kuramo, su mundo, es un estrecho tramo de arena, de sólo 120 metros de largo, atiborrada de gente que busca cualquier ventaja, por pequeña que sea. Aquí, Bidemi, con su magnética sonrisa, llama la atención. Las otras niñas, especialmente las de su edad, la ven como su confidente, su prestamista. La han visto librarse de casi todo. Y cuando fracasa, tiene el inexplicable don de escabullirse de las garras de los adultos que la han sorprendido en una mentira, o en algo peor.
Esta villa miseria es menos una comunidad que una colección de gente que tuvo problemas en otra parte y anda a la búsqueda de una nueva oportunidad en Lagos, una ciudad turbia y caótica de millones de habitantes que es el motor económico de Nigeria. La villa miseria de la playa en la de otro modo exclusiva Isla Victoria, a ocho kilómetros del centro de la ciudad, son realmente cinco aldeas conectadas con una población total de unas 15.000 personas. Ha sido un asentamiento ilegal por más de una generación, pero las autoridades no lo han demolido, en parte por temor a provocar disturbios.
No hay agua potable; los vendedores ambulantes la acarrean desde tierra firme y la venden a altos precios. No hay instalaciones sanitarias; una bahía que separa la faja de playa de la Isla Victoria es el retrete del pueblo. Y tampoco hay electricidad, aunque algunos se han colgado ilegalmente al tendido de la ciudad, conectando cables hacia sus casas.
Algunos en Kuramo sobreviven vendiendo pescado, que pescan en un canal contaminado en las cercanías o en el mar. Otros tienen pequeños negocios en sus casuchas. Pero la mayoría de las mujeres aquí venden su cuerpo para sobrevivir.
La buena vida está exasperantemente cerca, tan cerca que la pueden ver y oír -pero sin vivir en ella. Al otro lado de la bahía se ubican los hoteles más caros de África, donde una habitación corriente cuesta 320 dólares la noche, más que el salario anual de casi todos los que viven en Kuramo.
Un Niña Escapa de su Casa
Bidemi, ahora de 13, nació en un hospital justo al lado de la playa el 17 de enero de 1991. Su padre dijo que pesaba unos saludables 3 kilos y medio.
Su madre los abandonó cuando Bidemi tenía apenas 4 años; nunca le dijeron por qué ni adónde se había marchado, sólo que estaba en algún lugar de Lagos. Su padre, Ademibo Ogunyamoju, 46, no habla de su esposa, excepto para decir que es el demonio.
Ogunyamoju se volvió a casar poco después, y su segunda esposa y sus tres hijos viven en una desvencijada casucha sobre pilotes en la playa de Kuramo. Es una de las edificaciones más grandes de la aldea. Cuando Bidemi cumplió seis años, su padre la ponía a trabajar cuando no estaba en la escuela. Se dio cuenta de que era rápida con las matemáticas y la preparó para manejar sus múltiples negocios. Manejaba expertamente las cuentas de la venta de pescado, agua y licores, y de la recarga de baterías para motores. Durante sus ausencias, no era raro que ella manejara sumas de más de 50 dólares.
"Hice lo que pude por criarla", dijo su padre una tarde cuando reparaba una red de pesca. "Manejaba todo mi dinero, desde que era chica. Nunca sufrió conmigo. Le di un cuarto, la alimentaba, la envié a la escuela".
El padre, dijeron varios habitantes de la aldea, a menudo la castigaba duramente, a Bidemi y a su hermano mayor, Sunday, ahora de 21. La gente aquí tiene una alta resistencia a la violencia; no es raro en la aldea de la playa que las peleas terminen en los senderos de arena. Pero las golpizas de Ogunyamouju, cuando eran observadas por los vecinos, eran especialmente crueles.
"Tiene muy mal carácter", dijo Ade Alongo, 50, uno de los líderes del barrio. "Les pegaba con cualquier cosa que encontraba a la mano".
A veces, dijo Bidemi, su padre la golpeaba por las faltas más insignificantes. En otras ocasiones, admite, le robó dinero para comprar ropa o comida. Durante una paliza en 2001, dijo, la hebilla de su cinturón le dió en su ojo derecho, causándole una grotesca inflamación. Cuando finalmente logró abrirlo, ya no podía ver con él, dijo.
"Yo tenía diez años y mi padre y mi madrasta estaban buscando algo que era de uno de sus hijos y no lo podían encontrar", dijo, hablando en yoruba, la lengua dominante en esta parte de Nigeria. "Me acusaron de haberlo robado, y mi padre empezó a pegarme con el cinturón. Después de unos días mi ojo se había hinchado mucho, y me llevaron a un hospital. Querían operarme, pero mi padre se opuso".
En septiembre de 2003, después de terminar el quinto en la escuela primaria cerca de la playa, Bidemi se escapó de casa después de haber gastado unas 1.000 naira, el equivalente des 7 dólares con 25 centavos, del dinero de su padre, para comprarse dos blusas. Tenía miedo de que la golpeara.
Pero no llegó demasiado lejos. Terminó apenas a 150 metros de la casa de su padre, viviendo en un escondite con una pandilla de niñas. El padre dijo que durante las primeras semanas salió a buscarla todos los días, pero luego lo abandonó.
Niega haber golpeado a sus hijos y dijo que Bidemi había perdido la vista cuando fue atropellada por una motocicleta.
"¡Es una mentirosa!", gritó. "Nunca la he golpeado, nunca la he amenazado de ninguna manera".
Ogunyamoju se puso de mal humor. "Creo que la libertad que le di es lo que hizo que se descarriara. Se puso mala. Si la dejara vivir conmigo, me mataría. Fue mala desde el día mismo que nació. La traidora ataca a su propio padre".
No deja que ella se acerque a su casa, aunque dijo que le pagaría la matrícula escolar, que cuesta el equivalente de 120 dólares al año. Bidemi tampoco se acercaría a casa, ni aunque pudiera; le gusta demasiado su nueva independencia.
"A su edad, una niña que no pasa hambre, que no le falta nada, ¿qué hace para ganarse la vida? ¿A su edad? Pregúntele".
Se volvió hacia su red.
Con una Banda de Escapadas
En Kuramo, la pandilla de Bidemi cambia constantemente.
Seis meses después de que la casucha desapareciera entre las llamas, una niña volvió con su familia y otras tres se marcharon sin decir dónde. Pero varias otras niñas nuevas se han acercado.
Todavía andan juntas por la playa, a menudo haciendo el recorrido de varios restaurantes marítimos al aire libre con nombres como De Genius' y Black Ebony Spot'. Pero Bidemi extraña a sus viejas amigas.
"Éramos tan felices cuando jugábamos juntas", dijo. "La gente no nos molestaba. Nadie nos pegaba".
Bidemo y Sarah Olatunde, 12, estaban ahora durmiendo en lo que parece una videoteca. Tiene un piso de arena, un televisor en mal estado, y 60 videos, muchos de ellos hechos de películas de Nollywood', hechas en Nigeria. El dueño, Lati Ganiu, 25, uno de los matones de Kuramo, permite que varias de las niñas vagabundas alojen en su tienda por la noche. A veces duermen ahí más de una docena de niñas.
Ganiu, cuya esposa y dos hijos viven en otro lugar de Lagos, tenía una novia de 18 años de la playa llamada Amuda Idris. La ronca joven dijo que había escapado hace ocho meses de una familia que la había comprado a su padre y luego obligado a vender cosas en la calle. Idris dijo que soñaba con que Ganiu se casara algún día con ella. Por sugerencia de Ganiu, había tomado a Bidemi bajo su custodia.
Ganiu dijo que Bidemi lo impresionó desde el principio. "Es muy, muy obediente y trabajadora", y podía hacer cálculos matemáticos sin usar los dedos, dijo. "Es muy inteligente, de verdad".
Dijo también que era humilde, sin las bravatas de muchas niñas de la playa.
Bidemi se quedaba a menudo en la choza de Ganiu porque se preocupaba de que la tienda no estaba segura. En varias ocasiones habían entrado chicos en la noche, dijo, y habían tratado de quitarle la ropa.
A veces Ganiu le da de comer, pero Bidemi dijo que la mayoría de las veces mendiga dinero a los extranjeros y nigerianos ricos en un centro comercial en las cercanías y en torno a los restaurantes en la playa. A diferencia de otras muchas niñas, dijo, no hace contactos', o sexo, a cambio de dinero. "Nunca", dijo.
Dijo que todavía quiere ir a la escuela, y quedarse ahí varios años. "Quiero ser médico", dijo.
Durante un tiempo, la pandilla de Bidemi, cuyos miembros tienen entre 11 y 16 años, asistieron a una escuela en la playa gestionado por una iglesia local. Pero la iglesia había cerrado la escuela, y nadie sabía cuándo volverían a abrir.
Sin escuela, las niñas quedaron a la deriva. No había trabajo para ellas, en o fuera de la playa. Así que gorroneaban pequeñas sumas de dinero, la mayor parte de las veces a hombres o niños que conocían, y en raras ocasiones a parientes que vivían en las cercanías. Todo el dinero que obtenían lo gastaban de inmediato en galletas o en refrescos en alguna de las numerosas tiendas de Kuramo. Comida para una significaba comida para todas. Entre las niñas una norma ética no formulada es que el alimento se comparte.
Cuando satisfacían su hambre, y cuando no, el océano les hacía volver a ser niñas.
Tarde una noche, Bidemi e Idris llevaron a un grupo de 14 niñas y niños cerca de rompen las olas. La playa estaba llena de basura y magníficas cáscaras de naranja. Jugaron a la rayuela, bailaron, cantaron, y a una señal de Bidemi, corrieron a toda velocidad hacia el mar. Al principio se volvían cuando el agua les llegaba a las rodillas, pero una de ellas se agachó y una enorme ola le rompió encima. Chillaron de risa y pronto estaban todos en el oleaje, con el cuerpo batido por el agua espumosa.
"Es delicioso", dijo Bidemi al salir, una hora más tarde, empapada.
Pero, en el corto tiempo que toma a las niñas secarse, el ánimo puede pasar de la alegría al peligro en los calientes y arenosos pasillos de Kuramo, a 30 metros de ahí. Las mujeres, dijeron las niñas, a menudo las acosan y amenazan con pegarles a menos que les laven la ropa y les den dinero. Las peleas son habituales. Y los hombres les exigían sexo. Y los ladrones.
Un día Kuramo estalló de rabia. En un callejón, en un lapso de apenas 15 minutos, una vendedora de tomates de 8 años atacó a un niño dos veces mayor después de que él le birlara un tomate de su bandeja, y no dejó de arañarlo sino hasta que le arrancó su camiseta blanca. A unos pocos metros dos hombres se daban empujones y patadas y se arañaban, y terminaron cayendo contra una casucha, que casi echaron abajo. En una puerta, la sangre corría de un enorme tajo en la mano derecha de una de las amigas de Bidemi, una niña de 16 llamada Tawa Zubair, que dijo que un barbero la había cortado accidentalmente.
Pero lo que llamó la atención de los vecinos curtidos por la violencia, fue la vista de Ganiu, desnudo hasta la cintura, preparándose para dar de latigazos a dos niñas con un largo cable eléctrico blanco.
"¡Párenlo, párenlo!", gritó Sarah Olatunde, una de las mejores amigas de Bidemi, encogida de miedo y arrodillada debajo del cable levantado.
Bidemi se asomó a mirar la escena desde la videoteca.
La gente formó un círculo en torno a Ganiu y Sarah como espectadores en una pelea de gladiadores.
"¡Whack!", sonó el cable sobre la espalda de Sarah. Ganiu volvió a levantar el látigo. "¡Whack!" El sudor le corría por el torso.
"Nunca", gritó por sobre la multitud que murmuraba, golpeándola de nuevo. "¡Nunca vuelvas a hacer eso!"
Sarah se arrastró entre la multitud y se refugió detrás de unas piernas, como lo haría un perro. Ganiu cogió a la segunda niña, otra amiga de Bidemi, y la golpeó con igual ferocidad. La niña escapó, llorando.
Ganiu dijo que las dos habían llevado a otras niñas a la casucha la noche anterior, y ellas habían recibido a unos hombres para tener sexo a cambio de dinero.
"Yo los vi, y no voy a permitir que vuelva a ocurrir", dijo, jadeando pesadamente. "Lo que necesitan estas niñas es ir a la escuela, o trabajar. O simplemente marcharse de aquí".
Entonces arrojó el cable eléctrico a su tienda de videos.
Un Doctor Trata de Ayudar
La indignación de Ganiu no se extendió a Bidemi. Y él no era el único en ver en ella una promesa.
El doctor Job Ailuogwemhe, 35, médico e investigador afiliado a la Facultad de Salud Pública de Harvard, también se quedó intrigado. La conoció un día cuando controlaba la construcción de una clínica sanitaria en Kuramo, donde Harvard quiere trabajar para impedir la propagación del sida.
Ailuogwmhe, nigeriano, examinó detenidamente su ojo y dijo que conocía a un doctor en el Hospital Central de Lagos que podría tratarla. Le fijó una cita para el día siguiente. Bidemi, acompañada por su amiga Idris, estaba tranquila cuando el coche entró al hospital, a unos 10 minutos de la playa. Sólo una vez antes se había aventurado tan lejos de Kuramo, y fue sólo para vender ropa usada en un mercado de Lagos, a 25 minutos de autobús.
"El doctor Job", como es conocido entre sus amigos, la llevó a través de una sala atiborrada de archivos desde el suelo hasta el techo y la presentó a Anthony O. Anyameluna, optometrista. El doctor se volvió hacia Bidemi y abrió su ojo derecho, para examinarla. La lente de su ojo derecho estaba seriamente dañado. "Si sacamos las lentes, y la remplazamos, hay una posibilidad de que pueda volver a ver", dijo. "Pero tenemos que mirarla más de cerca".
La llevó a su despacho. Se transformó en el caso número 11421.
"¿Dónde están tus padres?", le preguntó. Ella no dijo nada. El doctor Job lo hizo por ella. "Fue su papá el que le hizo eso".
"¿La golpearon? Sabes que toda historia tiene dos lados", dijo el optometrista, enfocando la luz en su ojo derecho y cubriendo el izquierdo con un pedazo de papel. "Yo creo que eres una niña terca. Sabes, esto no es Estados Unidos. Aquí a los niños les pegamos. Es disciplina".
Apagó la luz del despacho.
"¿Puedes ver ahora?", preguntó, enfocando la linterna en su ojo derecho. "Toca la linterna".
Bidemi buscó con su brazo derecho. Pero no estuvo ni cerca. Él volvió a encender la luz, y suspiró.
"Los pronósticos son malos, muy malos", dijo el doctor. "Tiene dañada la retina. No puede ver la luz en absoluto. Hay una ligera desviación del ojo hacia la derecha. Un ojo está haciendo el trabajo de dos".
Pero dijo que una operación tendría propósitos cosméticos; si le sacaba las descoloridas lentes azul y blanco, los otros no se darían cuenta de que era ciega del ojo derecho. La operación costaría unos 360 dólares.
Bidemi lloró al salir.
"Yo quiero ver", susurró.
Estoy Dispuesta a Ser Obediente
Un día después de su paliza pública, Sarah Olatunde estaba en un cuarto de la clínica todavía en obras, un popular lugar de reunión de las niñas debido a que les daba privacidad y era fresco. Sarah estaba inquieta.
La niña de 12 años llevaba a menudo el ceño fruncido, como para alejar los problemas. Sentía a menudo que la vida era injusta con ella, y la paliza de Ganiu era la demostración más reciente. Dijo que ninguna de las niñas había tenido sexo esa noche.
Y sin embargo admitió espontáneamente que no era raro que ella, o las otras chicas, se prostituyeran. Dijo que hacía la calle en otras aldeas pobres cercanas, y ganaba 200 nairas por tener sexo con condón, y 400 sin condón -el equivalente de 1 dólar con 44 centavos, y 2 dólares con 88 centavos respectivamente. Prefería sin condón "porque necesito el dinero".
"Todas somos trabajadoras sexuales", dijo, encogiéndose de hombros. También Bidemi era una de ellas, dijo.
Sarah, con un vestido negro ajustado y pendientes en forma de cruces, describió una noche reciente en que Bidemi, ella misma y una tercera niña habían estado con un hombre cerca de la playa. Bidemi había accedido a tener sexo con él, pero cuando el hombre vio a Sarah y a la amiga mirando desde una ventana, la despachó con sólo 60 naira, unos 40 centavos de dólar.
Cuando terminó de contar la historia, Bidemi entró en el cuarto. Sonrió hacia Sarah, pero esta frunció el entrecejo.
Cuando se le dijo lo que había contado Sarah, Bidemi dijo simplemente: "Yo no hago trabajos sexuales".
Sarah rió y empezó a simular burlonamente incredulidad, hasta caerse contra un tabique de madera terciada.
"Bueno", dijo Bidemi, mirándola enfadada, "no quiero hacerlo más. Por eso dije que no lo hacía. Quiero volver a la escuela. Eso es lo que quiero hacer. Pero ¿cómo hacerlo? ¿Cómo hacerlo?"
Salió corriendo de la clínica y entró a un sendero de arena. Sarah y otras dos la siguieron gritando hasta que otros ruidos las silenciaron. Decenas de personas se acercaban a la aldea, pasando frente a la clínica. No estaba claro dónde iban ni por qué. Bidemi cogió a un amigo de la multitud.
"Se llevan a Ibrahim", gritó el amigo.
"¡No!", gritó Bidemi metiéndose en la turba.
Minutos después la multitud volvió a pasar, dirigida por un grupo de jóvenes que llevaban agarrado a un adolescente. El niño sollozaba.
Ganiu se apareció entonces y les obstruyó el paso. Bidemi le suplicó que interviniera y liberara al niño, Ibrahim, que vivía en la playa. Bidemi y sus amigas se reunían a menudo con los niños; Bidemi se sentía muy cerca de él.
Ganiu indicó al grupo de hombres que lo siguieran para hablar. Le contaron que Ibrahim, 14, era su pariente, que se había escapado y habían venido a recogerlo para llevarlo a casa. La familia estaba reclamando a su hijo.
Limpiándose las lágrimas, Bidemi dijo: "Es tan simpático, no quiero que se marche".
"Tiene que marcharse", dijo Nekan Bolade, 20, uno de los hermanos de Ibrahim, el sudor corriéndole por la cara y la espalda.
Ganiu se hizo a un lado. Bidemi no dijo nada cuando Ibrahim pasó de su familia a la de él. Esto no es nuevo en Kuramo. Es una aldea donde hay drama todos los días, y cambios constantes.
Ganiu también quiere marcharse. Dijo que espera marcharse pronto con un amigo a la Costa de Marfil, donde espera encontrar trabajo reparando equipos electrónicos.
Pero ha estado pensando en qué pasaría con Bidemi y las otras niñas si él se marchara. "Para ellas es terrible estar solas", dijo. "Pero tengo que empezar a pensar en mí mismo".
El doctor Job pasó por la villa miseria de la playa un día y se encontró con Bidemi. Ella llevaba una camiseta con las palabras Love Cat' y pantalones acampanados que se arrastraban por la arena.
"No te quiero obligar a nada", le dijo con su profunda voz de barítono. "Pero ¿vas a ir a la escuela? ¿Lo dices en serio?"
Ella miró hacia arriba la imponente figura del doctor, su ojo derecho cerrado. "Estoy lista para ponerme seria con los estudios", dijo. "Estoy dispuesta a ser obediente. Prefiero irme de aquí. Creo que tengo que marcharme".
Parecía triste, y sola. Le temblaba el cuerpo.
"¿Qué te pasa?", preguntó el doctor.
"Tengo hambre", dijo ella. "Tenía algo de comida, pero la compartí con mis amigas. Todas comieron, menos yo".
Job sacudió la cabeza. Y empezó a decir algo.
Pero entonces desde un callejón, una amiga de Bidemi la llamó, en yoruba. Bidemi desapareció con la velocidad de un rayo, corriendo por un sendero de arena.
Se puede escribir al autor: donnelly@globe.com
23 de noviembre de 2004
15 de enero de 2005
©boston globe
©traducción mQh
soldado mató a cinco compañeros
Un soldado, en aparente estado de perturbación mental, dio muerte a tiros a cinco de sus compañeros en los dormitorios de un batallón en Pasto, la principal ciudad de la frontera suroccidental con el Ecuador, informó el Ministro de Defensa, Jorge Alberto Uribe.
Colombia. Igualmente otros cuatro militares resultaron heridos como consecuencia del ataque del soldado que vació el cargador de su fusil de dotación.
"En el Batallón Boyacá de Pasto, alrededor de las cuatro de la mañana un soldado que estaba de guardia, en un acto de locura, empezó a disparar contra sus compañeros", dijo Uribe.
"Con dolor en el alma tengo que registrar la muerte de estos cinco muchachos, de estos cinco compañeros", agregó el ministro en reportaje con radio Caracol.
Dijo que al parecer el soldado, que fue detenido, cayó víctima de las intensas presiones materiales y sicológicos que conlleva el combate a los grupos armados al margen de la ley.
"Son circunstancias tan difíciles las que tiene que vivir un soldado o un policía en las condiciones del país. Están sometidos a presiones sicológicas muy grandes por la acción de los grupos criminales", comentó.
Este es el segundo episodio con víctimas entre las fuerzas militares que se registra en el Departamento de Nariño en menos de 24 horas.
En la madrugada del jueves un helicóptero Black Hawk se precipitó a tierra en una zona boscosa cercana a Tumaco, puerto sobre el Pacífico y 20 soldados murieron.
La aeronave hacía parte de una flotilla de ocho helicópteros que adelantaba una operación contra la guerrilla y el narcotráfico. Súbitamente se incendió y cayó a tierra, según un vídeo presentado por el Ministerio de Defensa.
"Este es un accidente muy doloroso, claramente es un accidente de origen meteorológico", dijo el Ministro de Defensa, quien anunció que ya fueron recuperados los cadáveres de las víctimas y su sepelio se hará el sábado.
15 de enero de 2005
©univisión
Colombia. Igualmente otros cuatro militares resultaron heridos como consecuencia del ataque del soldado que vació el cargador de su fusil de dotación."En el Batallón Boyacá de Pasto, alrededor de las cuatro de la mañana un soldado que estaba de guardia, en un acto de locura, empezó a disparar contra sus compañeros", dijo Uribe.
"Con dolor en el alma tengo que registrar la muerte de estos cinco muchachos, de estos cinco compañeros", agregó el ministro en reportaje con radio Caracol.
Dijo que al parecer el soldado, que fue detenido, cayó víctima de las intensas presiones materiales y sicológicos que conlleva el combate a los grupos armados al margen de la ley.
"Son circunstancias tan difíciles las que tiene que vivir un soldado o un policía en las condiciones del país. Están sometidos a presiones sicológicas muy grandes por la acción de los grupos criminales", comentó.
Este es el segundo episodio con víctimas entre las fuerzas militares que se registra en el Departamento de Nariño en menos de 24 horas.
En la madrugada del jueves un helicóptero Black Hawk se precipitó a tierra en una zona boscosa cercana a Tumaco, puerto sobre el Pacífico y 20 soldados murieron.
La aeronave hacía parte de una flotilla de ocho helicópteros que adelantaba una operación contra la guerrilla y el narcotráfico. Súbitamente se incendió y cayó a tierra, según un vídeo presentado por el Ministerio de Defensa.
"Este es un accidente muy doloroso, claramente es un accidente de origen meteorológico", dijo el Ministro de Defensa, quien anunció que ya fueron recuperados los cadáveres de las víctimas y su sepelio se hará el sábado.
15 de enero de 2005
©univisión